martes, 8 de marzo de 2016

"Se enseña a leer de manera reproductiva, para repetir lo que dice la autoridad académica"


El 21 de febrero pasado, Clarín publicó sin firma la siguiente entrevista con Renata Dessau, Licenciada en Filosofía, que acaba de publicar Escribir en la Universidad, un libro que trata de acercar la escritura al ámbito universitario.


“Si los chicos escriben mal es porque no les enseñan a pensar”

Algunos expertos culpan al celular y a Internet; hay quienes diagnostican apatía generalizada o evocan supuestos tiempos mejores, cuando era inconcebible que un adolescente errara la concordancia entre sujeto y predicado. Las dificultades de escritura de los jóvenes suelen ser objeto de preocupación –e indignación– adulta. Lejos de la nostalgia y la denuncia apocalíptica, la licenciada en Filosofía Renata Dessau acaba de publicar Escribir en la Universidad  (Paidós), un libro que encara el desafío de acercar la escritura a los jóvenes, por medio de una reflexión teórica accesible y de ejercicios prácticos. Para Dessau, es hora de que el sistema educativo ponga el foco en los procesos de pensamiento previos a la escritura.

–¿Por qué es necesario un libro sobre escritura para universitarios? ¿No es algo que la escuela ya debería haberles enseñado?
–Vengo dando talleres de escritura en escuelas primarias, en bibliotecas y en la universidad. En todos los niveles noté que a los alumnos les cuesta conceptualizar, o sea, poder recortar una idea primero para después darle forma escrita. El problema no es tanto la redacción –sí hay problemas, pero son subsanables–: lo más grave es cuando no sabés qué se quiere decir, porque hay poca claridad mental en la idea. Entonces el alumno empieza a balbucear, a meter nexos y circunstanciales para llenar ese vacío.

–¿Es un problema de pensamiento antes que de gramática?
–Claro. Nosotros en los talleres de la facultad hacíamos mapas conceptuales, en los que se abstraen los conceptos de un texto y después se ven las relaciones que surgen entre ellos. Los alumnos detectaban bien los bloques conceptuales. Pero no veían las relaciones entre esos conceptos, que hacen al sentido del texto. Es un problema de lectura crítica, y es también un latigazo a la escritura. Porque no podés escribir si primero no pensás, si no tenés claridad mental, aunque los procesos puedan ser concurrentes y estés pensando mientras escribís. Nuestra propuesta apunta a prestarle atención a ese proceso pre-verbal de cómo se genera la idea, al proceso de conceptualización y a las relaciones conceptuales entre las ideas. 

–La agenda educativa suele poner la lupa más sobre las dificultades de comprensión lectora que sobre la escritura... ¿Es posible escribir bien sin comprensión de textos?
–Mi opinión es que se enseña a leer de manera reproductiva, para repetir lo que dice la autoridad académica. Cuando vos escribís, estás formalizando un pensamiento. Cuando leés, estás reconstruyendo el pensamiento de otro. El proceso de formalización de una idea propia no se enseña en la escuela ni en la universidad. Se enseña la lectura, pero no una lectura crítica. Sin eso es difícil que después puedas opinar algo diferente y escribirlo. Este proceso no está estimulado ni sistematizado en la enseñanza. Y me parece clave que el joven pueda recuperar su autoría, como un sujeto responsable de lo que escribe y lo que opina. Es muy importante lo que ese sujeto tenga para decir, sin quedar preso de la reproducción de lo ya dicho, para que pueda contribuir a la creación colectiva del conocimiento. 

–¿Cómo puede abordarse este desafío en el sistema educativo?
–A mí me enoja que se la agarren con los chicos, cuando no hay una autocrítica de las políticas educativas. Hay que revisar cómo se arma una currícula para enseñar a pensar antes de escribir. Pensar, escribir y leer son fenómenos que tendrían que ser abordados sistemáticamente desde la investigación y la enseñanza.

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