viernes, 22 de abril de 2016

"Un McDonald’s lingüístico"

René Montero Montano publicó una columna en La Jornada, de Veracruz, México, el pasado 21 de abril, a propósito de la entente creada entre el Instituto Cervantes, la Universidad de Salamanca, la UNAM y la Universidad de Buenos Aires, con Telefónica, con el objeto de certificar el castellano.  

Nuevo negocio con piel de academia

Política hegemónica y negocios se despliegan hoy sobre el uso y construcción permanente del español como idioma y lengua compartida, sin duda, una intentona contra la diferencia cultural, la multivocidad del significante y la indiferencia de las culturas mesoamericanas que, de alguna manera, han sido inundadas lingüísticamente desde el encuentro colonizante con el mundo occidental, hasta hacer suya una técnica/herramienta de comunicación y formas de estar en el mundo.

El Instituto Cervantes, la Universidad de Salamanca y Telefónica (USAL), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Universidad de Buenos Aires (UBA), junto con otras 60 universidades iberoamericanas se integran ya en un consorcio, un McDonald’s lingüístico, para que a través de centros expandidos en todo el mundo "autoricen" de manera rápida a quien lo solicite, de una certificación, de una autorización de buen dominio de la lengua española.

Este nuevo intento homogeneizador y quimérico de la restauración de la hegemonía, se ha instalado como el Servicio Internacional de Evaluación de la Lengua Española (SIELE), que no sin un simbolismo imperial, se presentó recientemente en el VII Congreso Internacional de la Lengua Española de San Juan de Puerto Rico, luego de cabildeos realizados durante cerca de cuatro años. El mercado considerado: Estados Unidos, Brasil y China.

No sin interés protagónico, al interior de esta intentona, España aspira a instaurarse como el lugar de "arbitraje" del uso y límites de la lengua castellana, y por supuesto que en ello pondrán en juego su propia debacle. Ya los argentinos del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires destacan el dejo de soberbia de la intelectualidad académica española, que se asume distante del no saber, asegurando su cercanía a un "verdadero castellano", una actitud que ya Jorge Luis Borges, Gabriel García Márquez y Carlos Fuentes han cuestionado desde siempre.

Este retorno a una "hegemonía encubierta" con el discurso académico ya en desuso para el mundo contemporáneo, sólo es sostenible desde un discurso universitario (en el sentido lacaniano del concepto) que al día de hoy, luego del cabildeo mencionado, no se ha desarticulado de la política española que, incluso en Podemos, sostiene a la hegemonía como la única para desarticular la supervivencia de la y los políticos que sufrimos.

Indiscutiblemente que esta política de mercado encontrará espacios de éxito y una temporalidad propia al business, siendo apuntalada por el academicismo sapiente del idioma español que se ha instalado en las universidades que forman parte de la iniciativa. Lo más inquietante es que recupera la vieja tradición del "tumba burros" que vivimos con el diccionario, y que como tal, reinstala la certidumbre del buen saber, frente a la complejidad de lo diferente, multívoco y complejo. Va sobre el aseguramiento desde un acto de fe que lo dicho y significado, la sintaxis y la semántica "autorizada", darán sentido y seguridad a la existencia en la lengua española a quienes se han atrevido a vivir dentro de ella.

"La lengua nos permite pensar y actuar fuera de los espacios cerrados de las ideologías políticas o de los gobiernos despóticos. La palabra actual del mundo hispano es democrática o no es." Decía Don Carlos Fuentes en su intervención inaugural del III Congreso Internacional de la Lengua Española ("Identidad lingüística y globalización"), el texto completo de su intervención desarticula cualquier intención hegemónica respecto a la lengua castellana, posicionando las múltiples voces que la han acuñado. Curiosamente, es el Instituto Cervantes, quien resguarda el documento completo y lo circula a través de su portal, y sin duda sería clave recuperarlo como pretexto para reabrir la discusión que en su momento la administración del instituto instó a dar en aquel año 2004.

A 12 años de distancia, con una geografía política "gatopardo", y permeada por una razón instrumental renovada, el reconocimiento a la construcción histórica de la lengua castellana en América, el indoespañol, como lo llamaba Don Carlos, pasa de la indiferencia a la exclusión, evadiendo todo compromiso con la interculturalidad que lo construye, para instaurar la posibilidad de su acotamiento al discurso de los mercados. Bonita cosa.


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