miércoles, 8 de junio de 2016

El embajador Víctor Massuh vinculó al traductor Julio Cortázar a una lista de "delicuentes subversivos" elaborada por la última dictadura

Un reciente artículo publicado en el diario Clarín, de Buenos Aires, con firma de Rodolfo Terragno, permite reconstruir, a partir de la desclasificación de documentos por parte de la UNESCO, la otra cara de Víctor Massuh y, llegado el caso, extrapolar en su figura a los intelectuales que ayudan a las dictaduras.

La otra cara de Víctor Massuh

Según explica el artículo ad hoc de Wikipedia, “Víctor Massuh  (1924-2008) fue un filósofo argentino. Nacido en 1924 en San Miguel de Tucumán, estudió en la Universidad Nacional de Tucumán, donde obtuvo el título de Doctor en Filosofía. Posteriormente realizó estudios de postgrado en las Universidades de Tübingen, en  Alemania Occidental (1957 y 1958)  y en la de Chicago, en Estados Unidos (1964)”.  

El artículo aclara además: “Fue profesor en las universidades de Buenos Aires y del Sur, y de la Escuela de Aviación Militar, Córdoba; decano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba. Director del Departamento de Filosofía de la Universidad de Buenos Aires por dos periodos; y miembro de la Carrera de Investigador en el CONICET desde 1975”.

Por último, agrega: “Fue embajador del gobierno dictatorial durante el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional ante la UNESCO, organización de cuyo Consejo Ejecutivo fue miembro entre 1978 y 1983, y cuya presidencia ocupó entre 1980 y 1983. A lo largo de casi cuarenta años de vida de la Organización, fue el cuarto latinoamericano y el segundo argentino elegido para presidir ese Consejo.En 1984 fue galardonado con el Premio Konex de Platino en la disciplina Ensayo Filosófico”. Y concluye: “Falleció el 18 de noviembre de 2008, a los 84 años de edad”.

Un día después del fallecimiento de Massuh, hubo un sentido artículo anónimo en el diario La Nación, de Buenos Aires. Allí, el miércoles 19 de noviembre de 2008, se leía: “A los  84 años, falleció ayer Víctor Massuh, filósofo de sólido prestigio intelectual, maestro del pensamiento, que apreciaba el valor de la sensatez y de la mesura, en una actitud sencilla que ponderaba más el esfuerzo que la brillantez y rechazaba la tendencia a la irracionalidad”. El resto del artículo detallaba sus logros y finalizaba con las conmovedoras  loas a Massuh de diversos intelectuales argentinos.

El 5 de junio pasado, un artículo publicado en el diario Clarín, completa el perfil de Massuh en el marco de una noticia esperada. Con firma del periodista y político radical Rodolfo Terragno, se lee: “El Ministerio de Relaciones Exteriores solicitó en abril a la Unesco que diera acceso a documentos reservados relativos a las denuncias sobre desapariciones forzadas en la Argentina (1976-1983) y las respuestas ofrecidas por la organización.

“El pedido, al cual accedió la Unesco, forma parte de la política de esclarecimiento iniciada con la solicitud presentada por el Presidente Mauricio Macri al Presidente Barack Obama, a fin de que Estados Unidos desclasifique documentos del mismo período que obran en distintas reparticiones del gobierno norteamericano.

“La petición a la Unesco fue formalizada por mí ante la Directora General de la organización, Irina Bokova. La documentación me fue entregada diecisiete días más tarde por Eric Falt, Sub-Director General de la Unesco para las Relaciones Exteriores.

“En Buenos Aires, el Ministerio sometió la documentación recibida a un riguroso análisis, luego de lo cual el vice-canciller Carlos Foradori, y el Secretario de Derechos Humanos, Claudio Avruj, anunciaron el 12 de mayo que el Gobierno tenía esa información.

“La canciller Malcorra se comunicó la semana pasada con la Directora General, a quien le agradeció la receptividad que tuvo el pedido del gobierno argentino y la celeridad de la respuesta de la organización.

“Los antecedentes recibidos consisten en actas del Comité de Convenciones y Recomendaciones del Consejo Ejecutivo de la Unesco, encargado de examinar “las comunicaciones relativas a casos y asuntos concernientes al ejercicio de los derechos humanos en las esferas de competencia” de la organización: es decir educación, ciencia y cultura.

“Ese Comité estuvo presidido hasta fines de 1978 por el noruego Gunnar Garbo, a quien el entonces embajador argentino ante la Unesco, Víctor Massuh, acusó de tener una actitud ‘inquisitiva y fiscalista’ respecto del gobierno de la Junta presidida por Jorge Rafael Videla.

“El representante argentino utilizaba frente a cada denuncia la estrategia que le confió al canciller Brigadier (RE) Carlos Washington Pastor: “Oponer reservas y observaciones en cuanto a la competencia, oportunidad o cumplimiento de tal o cual requisito”, y requerir que la denuncia fuera declarada ‘inadmisible’.

“El 7 de junio de 1978, el Ministerio de Relaciones Exteriores le envió a Massuh (Nota N° 4580/978 Secreta) ‘una carpeta conteniendo nombres de delincuentes subversivos, organización a que pertenecen y acciones en las que participaron’. El propósito era proveerle elementos a usar en potenciales denuncias. La nota requería, por indicación del Presidente Videla, que la delegación enviara un ‘informe evaluativo’ sobre dicha lista. Cuatro días más tarde, el embajador envió (Nota N° 262 Secreta/78) una respuesta en la que decía que ‘solamente uno de los mencionados’ en esa lista de ‘delincuentes subversivos’ estaba ‘vinculado a la Unesco’. Era Julio Cortázar, que desde hacía 25 años formaba parte del plantel de traductores de la organización. Massuh agregó: ‘No se ha tenido trato con él ni tiene relación alguna con las tareas de la delegación’.

“Ese mismo año entró en vigencia un procedimiento para tratar las denuncias cuando los gobiernos no proveyeran información: esas denuncias no serían archivadas sino que se mantendrían en una ‘lista de comunicaciones pendientes’. Massuh criticó el procedimiento porque ‘frente una acumulación de denuncias que permitan deducir que no se trata de circunstancias aisladas y ocasionales, el Consejo Ejecutivo puede llegar a tratar en sesiones públicas la situación de los derechos humanos de un país’ (SIC).

“Pero en 1980 las cosas empezaron a cambiar, y no sólo porque los secuestros menguaron en la Argentina.

“Garbo fue reemplazado por el escritor venezolano Arturo Uslar Pietri, de quien Massuh dijo que mantenía ‘relaciones amistosas con nuestro país’ y que serviría para ‘moderar’ la acción del Comité, ‘en desmedro de los que querrían hacer veladamente de la Unesco un tribunal de conducta internacional’.

“Massuh tuvo, por otra parte, una relación estrecha con el Director de la División de Derechos Humanos y Paz de la Unesco, el checo-francés Karel Vasák. El embajador argentino envió el 14 de diciembre de 1978 una carta al canciller, Brigadier (RE) Carlos Washington Pastor, en la cual informaba sobre una conversación que había mantenido con Vasak. ‘Tuve ocasión de conocer la existencia de un número considerable de nuevas denuncias por supuestas violaciones de los derechos humanos en la Argentina, muchas de las cuales habían sido demoradas en su tramitación a fin de no afectar, según me expresó en una actitud de franca cordialidad (…) la elección de la Argentina en el Consejo Ejecutivo’.

“Todo esto consta en la Nota Secreta N° 498 “s”/78, de la cual se encontró copia en una vieja caja fuerte de la delegación argentina, donde había también documentos que estaban guardados allí desde 1983. Esos documentos fueron entregados a la Unesco por el ex embajador Miguel Ángel Estrella.

“La aproximación de Massuh a Vasák le permitió a la Argentina ingresar al Consejo Ejecutivo aquel año. Y a partir de 1980, Massuh sería presidente del cuerpo. Ostentaría el cargo hasta el fin del gobierno militar. El Comité se volvió menos activo en 1981-1983.

“La acción de la Unesco había sido notable en el período 1978-1980. Y aun con la mengua sufrida a partir de 1980, el tratamiento de las denuncias, incluidos los requerimiento de información al gobierno, resultaron presiones efectivas. Junto con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y otras organizaciones (con las cuales estuvo en permanente relación) la Unesco hostigó a la dictadura. Es imposible saber qué habría pasado sin ese hostigamiento, pero es probable que haya tenido fuerza disuasiva y prevenido más desapariciones.

“En todo caso, los documentos provistos por la organización al actual gobierno permiten extraer lecciones. ‘La protección de los derechos humanos futuros’, decía el ex presidente Raul Alfonsín, ‘requiere indagar las violaciones pasadas’.”

El artículo de Terragno sigue, reproduciendo varios sumarios referidos a los casos entregados por la UNESCO a la Cancillería argentina. Su lectura permite una serie de reflexiones sobre el papel de muchos intelectuales durante las dictaduras, algo que, por supuesto, no se limita a la Argentina.  

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