martes, 23 de agosto de 2016

Una encuesta para periodistas (II)

Segundo día de la encuesta destinada a evaluar la manera en que los periodistas consideran las traducciones en los medios para los cuales trabajan.

Una encuesta para periodistas (II)

Mariana Enriquez
(Radar Libros, Página 12 – Argentina)

1)¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
Un 50 % aproximadamente

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
No

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
A veces los reseñistas suelen hacerlo; muchas quejas sobre traducciones demasiado "españolas". En general como editores, les bajamos el tono a las quejas, porque suelen ser recurrentes y es repetitivo (aunque estemos de acuerdo).
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Juan David Correa
(Arcadia – Colombia)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–En Arcadia se comentan aproximadamente 20 a 30 libros traducidos mensualmente, tanto en su plataforma web como en su versión impresa.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–No, y con la pregunta, me hacen caer en cuenta de una terrible y triste omisión. Lo haremos de ahora en adelante.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
– Muy pocas veces. Si  soy franco, y no por ufanarme, era de los pocos que cuando comentaba libros criticaba o elogiaba las traducciones, durante mi etapa como columnista en El Espectador. Pero lo tendré como derrotero para sugerirlo a nuestros comentaristas.


Soledad Platero Puig
(El Cultural, El País; La Diaria, Caras y Caretas, etc. – Uruguay)

1)¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio 
No podría responder por La Diaria porque no me ocupo de la sección cultural. En El País Cultural la proporción es alta (Lazslo Erdelyi lo sabrá con más precisión, porque es el coordinador del suplemento). En la revista de ensayos usamos algunas veces textos ya traducidos de autores extranjeros, pero lo más frecuente es que nosotros mismos nos encarguemos de las traducciones del material que todavía no circula en español o no nos es posible conseguir en Uruguay.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
No siempre. En la revista de ensayos sí consignamos siempre el nombre del traductor, pero en El País Cultural el criterio es más desparejo. Creo, sin embargo, que la tendencia es, cada vez más, a incluirlo.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
Recuerdo especialmente haber mencionado la excelencia de una traducción de Sagarana, de João Guimarães Rosa, que hizo Adriana Toledo de Almeida para la edición de Adriana Hidalgo. Por lo general, solo me detengo en las traducciones cuando son muy buenas (algo que se nota unicamente en los textos muy difíciles desde el punto de vista de su traducibilidad) o cuando son malas. Son muy incómodas las traducciones de Anagrama, por ejemplo, porque usan un español peninsular muy cerrado. Es especialmente molesto leer textos en los que hay mucho argot (pienso en Irvine Welsh) y que se vuelven imposibles para un lector rioplatense no familiarizado con, digamos, los sociolectos madrileños. También recuerdo con fastidio la versión española de El guardián entre el centeno, de Salinger, publicada por editorial Debate. Y aunque no tuve que comentarlo, hace poco necesité tres versiones del artículo “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, de Walter Benjamin, porque la traducción que tenía a mano, en papel, era francamente mala, y yo no entiendo el alemán

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