martes, 2 de mayo de 2017

"Eco fue un maestro de vida"

Barbara Bertoni
Barbara Bertoni es una traductora italiana establecida en México. Lo que se lee a continuación es su primera colaboración para este blog. Se trata de un diálogo entre ella y la española Helena Lozano Miralles, desde 1995 traductora al castellano de la obra de Umberto Eco.

El placer de traducir a Eco

Helena Lozano Miralles
Helena Lozano Miralles (Madrid) es profesora en la Universidad de Trieste y traductora de Umberto Eco al español. Buena parte de su labor como investigadora universitaria la ha desarrollado en el campo de la traducción. Ha colaborado con varios grupos de investigación dentro dela lexicografía, didáctica de lenguas extranjeras, traductología, traducción especializada y lingüística de corpus. Tiene un sinfín de artículos y ponencias en los que reflexiona sobre su experiencia al traducir a Eco y donde aborda dificultades concretas de su día a día como traductora. Entre sus traducciones de Umberto Eco destacan La isla del día de antes (1995), Kant y el ornitorrinco (1999), Baudolino (2001), Segundo diario mínimo (2003), La misteriosa llama de la reina Loana (2005), Decir casi lo mismo (2008), El cementerio de Praga (2010) y Número Cero (2015). Todas ellas publicadas por Lumen.  En 2006 recibió el Premio Nazionale per la Traduzione de la República Italiana.

–¿Qué formación tenías cuando empezaste a traducir? ¿Tuvo algo que ver Umberto Eco, que fue tu maestro en la Universidad de Bolonia en los años ochenta y tu director de tesis, con tu decisión de dedicarte a la traducción?
–En realidad yo no me formé en una Facultad de Traducción. Me titulé en semiótica con Umberto Eco en la Universidad de Bolonia. El estudio profundo de los mecanismos comunicativos de cualquier tipo de texto o de sistema semiótico ha sido fundamental para mí labor como traductora. Yo trabajaba como traductora técnica para mantenerme en los estudios y un día el profesor Eco me pidió que le diera mi opinión sobre una traducción. Escribí un informe a la editorial y ahí empezó mi colaboración con Esther Tusquets, que dirigía la editorial Lumen, y, por supuesto, con Eco, en calidad de traductora.

–Has dedicado casi exclusivamente tu actividad como traductora a la traducción de los libros de Eco. ¿Qué significa traducir muchas obras del mismo autor? ¿Cuál de los libros de Eco ha sido el que te ha costado más trabajo y por qué? ¿Y cuál es el que te ha dado mayor satisfacción?
–Traducir muchas obras de un mismo autor, cuando el autor te gusta, es un auténtico placer. Al menos, para mí lo ha sido. Además, con Eco no te aburres nunca, siempre estás aprendiendo. Supongo que el libro más complejo fue La isla del día de antes, traducido en una época pre-internet donde la documentación requería de muchas horas de trabajo en bibliotecas, pero creo que también por eso es el que me dio más satisfacción: el olor de los libros antiguos y el contacto con ese papel son algo que se echa de menos ahora que hay muchísimos textos ya digitalizados o que, si los necesitas, te los digitalizan con facilidad y te los mandan por correo electrónico.

–¿Cómo fue tu relación con Eco como alumna y cómo era tu relación con él como traductora?
–Era un profesor que amaba ser profesor y su relación con los alumnos era excelente. Siempre tenía el punto de ironía y la palabra sabia que te guiaban. Y esa relación la tenía también con sus traductores. Pero siendo la gran persona que era, trabajar con él –porque a él le gustaba ver cómo crecían sus libros en otras lenguas– siempre te lo agradecía. Y, por supuesto, apoyaba siempre a los traductores.

–¿Fue Eco para ti también un maestro de vida?
–Sí, Eco fue un maestro de vida. En la universidad, por su dedicación a la labor docente y por el respeto que siempre tenía hacia los estudiantes. En nuestra relación autor-traductor, por su lealtad. En la vida de todos los días, por su integridad y su lucidez. 

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