martes, 28 de noviembre de 2017

Con todas las palabras y de manera clara y expresiva, no hay poronga que nos venga bien


Está claro que todos somos hijos del rigor. Y al cabo de tantas quejas (de las que este blog no ha sido ajeno), parece que algo empieza a moverse en la política editorial de las empresas multinacionales, acaso afectadas en sus ventas en este lado del mundo. 

Lo que el lector puede ver en la séptima línea de la foto que ilustra esta página, es una serie de créditos presentes en Según venga el juego (Play It As It Lays es su título original), de la escritora Joan Didion, bien traducida por traductora española Cruz Rodríguez Juiz, y recientemente publicada localmente por Penguin Random House. Allí, en la séptima línea, se lee que la traducción ha sido "revisada para el Cono Sur" (vale decir para Argentina, Chile y Uruguay), por lo que los lectores locales, por una vez, se salvan del refranero español y su gracejo. 

Ahora falta que en los créditos figure el nombre de quien estuvo a cargo de la revisión porque, más allá de que la traducción original nos guste o no, resulta importante saber quién llevó a cabo las correcciones y, eventualmente, quien pudo haber introducido algún error no presente en la labor de Rodríguez Juiz. No se trata de ser quisquilloso, sino justos, y para eso nada mejor que cuidar el detalle. 


2 comentarios:

  1. Querido Jorge: hay elementos concretos que indiquen que se hizo una revisión en toda regla, una edición para el "cono sur"? Es que, como antecedente, me parece peligrosísimo: es como los libros que aquí, en todas partes, indican que han sido hechos respetando el medio ambiente..., que para ellos se ha utilizado papel ecológico y se han sembrado dos árboles. Puro cuento. Y después de todo, algo de mala onda me da eso de que a estos del cono sur les vamos a dar una comiditaa distinta. Ojalá que todo no acabe en una especie de clasificación zoológica: "Venga, ponle ahí que ha sido trabajado el texto para argentinos y uruguayos", y luego, por detrás: "Que compren los boludos". (Declaro que no tengo demasiada conciencia de la repercusión de esta última palabra: boludo). Un grande abrazo, Aníbal

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  2. Querido Aníbal:
    No, no hay ningún tipo de elemento concreto de nada. Como dice la entrada, no se sabe ni siquiera quién hizo la corrección ni qué criterio adoptó, y eso sí es bien importante. Hay, sin embargo, una preocupación ligada a las ventas, ya que las quejas sobre la incomodidad de leer en un castellano que nos es ajeno son cada vez mayores y tienen como consecuencia una baja en las ventas de los libros. Vale decir, el motivo es de naturaleza económica y no mero altruismo.
    Yo, de todos modos, no me molestaría demasiado, sobre todo porque ésta es una práctica que, en España, los latinoamericanos venimos padeciendo por parte de los españoles desde hace muchos años. Ya nos hemos ocupado de eso en este blog en muchas ocasiones. Hay catálogos enteros que fueron comprados en bloque en diversos países latinoamericanos, que luego fueron sometidos a un proceso de "españolización", que incluyó cambios radicales en vocabulario y prosodia, y no pocas veces, en la eliminación del traductor (cfr. la finada Bruguera o la enormidad llevada a cabo por Edhasa, que publicó buena parte del catálogo de Sudamericana, atribuyéndole la traducción de casi todos los libros a una misma traductora, pero sin preocuparse de eliminar las notas al pie de los traductores argentios, con lo que el engaño tuvo patas cortas). Luego, ese proceso no es exclusivo de nuestra lengua. Nick Caistor, el traductor británica de mucha literatura de lengua castellana, se quejaba en una entrevista que le publicamos que en los Estados Unidos le corregían sus traducciones porque el inglés que empleaba no era el que se usaba en ese país. Luego, Lori Saint Martin, traductora canadiense, decía otro tanto de lo que pasaba con sus traducciones en Francia.
    Por último, antes de pensar en la naturaleza de este tipo de prácticas, tendría sentido pensar por qué hemos llegado hasta aquí, cuando durante décadas no hicieron falta. ¿Será que nos cansamos de la prepotencia editorial española? ¿Será que finalmente nos mosqueamos por leer sistemáticamente en los medios peninsulares que toda traducción llegada desde Latinoamerica es una mala traducción? ¿O será que las súbita sensibilidad de Penguin Random House es traducción de las bajas ventas de este lado del charco y que España no es mercado suficiente para una multinacional que gobierna sus decisiones lingüísticas desde la Península?

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