viernes, 16 de noviembre de 2018

Frank Wynne compiló una monumental antología internacional de cuentos traducidos al inglés

El irlandés Frank Wynne (nacido en el Condado de Sligo en 1962) es escritor y traductor literario de, entre otros, Michel Houellebecq, Claude Lanzmann, Yazmina Khadra, Marcelo Figueras, Almudena Grandes, Andrés Caicedo, etc. Proviniendo del ámbito de la lengua inglesa, donde se traduce realmente muy poco, tuvo una idea extraordinaria: realizar una portentosa antología de cuentos de todo el mundo, que, con el título Found in Translation: 100 of the Finest Short Stories Ever Translated, publicó el sello británico Apollo, en septiembre de este año. 

Se trata de una antología monumental que incluye algunos de los mejores cuentos de muchas de las más importantes lenguas habladas en el mundo. Solamente del dominio del castellano, se incluyen textos de Miguel de Cervantes, Pedro Antonio de Alarcón, Horacio Quiroga, Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Guillermo Cabrera Infante y Roberto Bolaño, quienes comparten las 936 páginas del volumen con Gustave Flaubert, E.T. A. Hoffmannn, Ivan Turgeniev, Lev Tolstoi, Joaquim Maria Machado de Assis, Alphonse Daudet, Knut Hansum, Anton Chejov, Thomas Mann, Lu Xun, Dino Buzzatti, Samuel Beckett, Leonardo Sciascia, Italo Calvino, Vladimir Nabokov, etc.  


jueves, 15 de noviembre de 2018

Industria editorial: un barco a punto de hundirse


“En un nuevo coletazo tras el devastador informe de la CAL, escritores, ilustradores, editores, docentes, narradores, libreros/as y bibliotecarios/as difundieron una carta que denuncia la destrucción que el macrismo está llevando a cabo en áreas culturales.” Tal es la bajada del artículo, sin firma, publicado en el diario Página 12 en el día de ayer.

“El Estado quiere un país ignorante”

“La industria editorial está en peligro”, afirman en una carta un grupo de escritores, ilustradores, editores, docentes, narradores, libreros y bibliotecarios, entre los que se destacan Mempo Giardinelli, Claudia Piñeiro, Luisa Valenzuela, María Rosa Lojo, Elsa Osorio, Guillermo Martínez, Márgara Averbach, Gabriela Cabezón Cámara, Julián López, Silvia Schujer, David Wapner, Luciano Saracino, Sandra Comino y Mario Méndez. “Las pequeñas y medianas editoriales argentinas subsisten (las que lo logran) a duras penas y cada día cierran librerías de todo el territorio. Las políticas de gobierno en vez de cuidar a nuestra industria editorial, la agreden: se fomenta la importación mientras cae ruinosamente el mercado interno; se discontinúan planes de compras de libros por parte del Estado y, cuando se los pone en marcha, se ofrecen pagos por debajo de lo legítimo”, alertan los creadores y trabajadores del mundo del libro.

Esta carta en defensa de la industria del libro fue impulsada por Mempo Giardinelli y el “Colectivo LIJ”, integrado por escritores, ilustradores, editores, narradores y trabajadores de la literatura infantil y juvenil; un colectivo que se aglutinó a partir del repudio que generó la represión a la murga Los Auténticos Reyes del Ritmo, en la Villa 1–11–14, a mediados de enero de 2016. “Las editoriales son el puente entre los escritores y los lectores. Las necesitamos. Cuando la industria está en peligro, todo empeora. La posibilidad de editar se vuelve muy complicada porque las editoriales se reducen y publican solamente lo que les da dinero, no arriesgan, empiezan a decir, como me dijeron una vez a mí, siempre lo cuento: 'No, es demasiado literario para nosotros' y es imposible firmar un contrato nuevo”, revela Márgara Averbach a Página/12. “En el otro extremo del proceso, las ventas bajan, y eso hace que las editoriales grandes se concentren más en los best sellers y las chicas dejen de publicar o directamente cierren, para no hablar de algunas –pocas, la verdad– que no te pagan. La parte económica es mala para todos, nosotros recibimos menos derechos de autor. El Estado antes compraba libros LIJ para llevar a escuelas y eso se terminó”, explica la autora de El año de la vaca. “Como es lógico comprender, las consecuencias son desoladoras para quienes escriben en este país sumido en una irresponsable e inaudita crisis, al igual que para el resto de los trabajadores”, advierte Luisa Valenzuela. “Pero el daño que se le hace a nuestra cultura y a nuestra literatura, que supo ser un faro en el mundo –tenemos con qué– es aún más devastador”.

Giardinelli precisa que “la acción destructiva del macrismo no es grave sólo para los escritores, sino para la sociedad toda”. “El Estado ha abandonado el Plan Nacional de Lectura, y con esa estúpida medida afectó el desarrollo lector de las nuevas generaciones. Sólo mentes retrógradas y colonizadas pueden no advertir que con esto se deteriora también la identidad de la nación”, agrega el escritor chaqueño. ¿Qué rol debería cumplir el Estado respecto de la industria editorial del país? “Al Estado le cabría ampliar, tal como prometió en campaña, el rol que supo ejercer el gobierno anterior, dando verdadero apoyo al quehacer literario y cultural; pero eso sería creer en sus globos de colores”, ironiza Valenzuela, presidenta del Centro PEN Argentina, y añade una pregunta retórica como una manera de alentar la reflexión crítica: “¿Por qué este Estado despiadadamente neoliberal habría de fomentar al enemigo en esta 'guerra de cuarta generación' que tan eficaz le ha resultado, este novedoso terrorismo institucional que no se ejerce con fusiles –aunque ganas no les falta– sino con fake news y posverdad, al invadir con trolls las redes sociales para distorsionar las opiniones de los crédulos que han olvidado lo que es leer en profundidad y tras las palabras engañosas?”. Para Averbach todo el arte, en el que incluye al cine, al teatro, a la pintura, a la fotografía y a la literatura, está directamente relacionado con las identidades culturales argentinas. “La única meta de este gobierno es el dinero de los grandes jugadores económicos. En ese sentido son coherentes; hablan de relaciones coloniales con España o con Europa en general y con Estados Unidos también porque ser colonia les parece fácil y cómodo: sin identidad, dedicados solamente a hacer dinero; el 1 por ciento, claro está. Por eso no fomenta ni subsidia ni lleva libros ni pone dinero en cine y hace que el Ministerio de Cultura pase a ser Secretaría”.

El escritor chaqueño, creador de la Fundación Mempo Giardinelli orientada especialmente a fomentar la lectura, plantea que el Estado tiene “el deber de cuidar el trabajo de todos los trabajadores, entre ellos los de la industria editorial y el comercio librero”. Esos trabajadores incluyen a decenas de miles de personas: autores, editores, impresores, distribuidores, libreros y educadores de todas las disciplinas. “Gracias a un Estado presente se fortaleció siempre la identidad nacional y la otrora orgullosa cultura que admiró el mundo”, recuerda Giardinelli. “Pero hoy todo eso se demuele como se demuele toda producción nacional. El Estado macrista no cuida ni fomenta ni subsidia a la industria editorial porque desprecia el ascenso social basado en la instrucción, la lectura y la inteligencia. Por eso destruyen la educación pública, obligatoria y gratuita: porque su modelo aspiracional es un país de pocos, blancos, ricos e instruidos en sistemas no  nacionales. Quieren un país de no lectores, de no pensantes, porque es fácil manipular la ignorancia”.  

miércoles, 14 de noviembre de 2018

Más sobre el escandaloso boicot de las multinacionales de Chile a la Feria del Libro de Santiago, que deja un interrogante para el futuro


Este blog publicó en el día de ayer una entrada que daba cuenta de la complicada situación del mundo editorial chileno, cuya última manifestación fue el boicot a la Feria Internacional del Libro de Santiago (FILSA), realizado por la Corporación del Libro, que decidió realizar su propia feria en otra parte de la ciudad.

Para que los lectores no chilenos puedan hacerse una mejor idea, hay que recordar que en un país como Chile, donde el libro es un objeto suntuario que además paga IVA, hay cuatro grupos que disputan con diversos grados de violencia la representatividad de la industria editorial: la Cámara Chilena del Libro es una asociación gremial compuesta por 79 socios (a marzo de 2016) provenientes de empresas editoriales, distribuidoras de libros y librerías (ver lista completa en:https://camaradellibro.cl/socios/listado-de-socios/).

Por su parte, la Corporación del Libro y la Lectura, separada de la anterior en 2015, constituye un grupo de casas editoriales –fundamentalmente multinacionales españolas y cadenas de librerías– que, por su poderío económico y su fuerza de lobby, hasta ahora hizo lo que quiso en desmedro de la producción local. La lista de sus socios puede consultarse aquí: https://libroylectura.cl/socios/

Finalmente, el resto de los editores chilenos se nuclean en dos importantes grupos: por un lado, Editores de Chile, una asociación gremial que reúne a editoriales independientes, universitarias y autónomas (ver lista en http://editoresdechile.cl/editoriales-asociadas/); por otro, en la Cooperativa de Editores de la Furia (sus miembros son: http://editoresdelafuria.cl/content/4-nosotros). Unos y otros constituyen, por lejos, lo mejor que sucede del otro lado de la cordillera términos de edición.
Se señala, por último, que la noticia fue firmada por Paula Valles en la edición de ayer del diario La Tercera, generalmente tendencioso y del todo servicial a los intereses de las multinacionales chilenas, en desmedro de la edición independiente.

Finalizaron las dos ferias de libros:
FAS se proyecta y Filsa acusa baja de público

Ayer cerró el evento de la Corporación del Libro en el GAM y la muestra de la Cámara en la Estación Mapocho.

Mientras en la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa), la banda costarricense MartinSón daba cierre a la última jornada, luego de 18 días, el Festival de Autores de Santiago (FAS) en el GAM presentaba a Raúl Zurita y su recital poético como actividad final. Dos caras del bullado escenario literario que se dio en las últimas semanas, luego de que grandes editoriales como Penguin Random House, Catalonia, y los demás socios de la Corporación del Libro decidieran no participar del evento de Estación Mapocho. En su lugar, organizaron el FAS, encuentro que tuvo fechas en la UC (26 y 27 de octubre) y en GAM, el fin de semana recién pasado.

“Dentro de lo que planificamos, creo que ha sido un éxito mucho mayor a nuestras expectativas”, señala Arturo Infante, presidente de la Corporación del Libro.

Según él, el formato de ingreso gratuito tuvo aceptación entre los autores participantes, y no descartan proyectar el evento en el futuro. “Esto no es absolutamente incompatible con ningún tipo de feria, pero el tiempo dirá de la proyección del FAS. Ha nacido una alternativa que supongo perdurará en el tiempo”, agrega.

Por otro lado, Paula Gaete, presidenta de Cooperativa de la Furia, que participó en Filsa este año, asegura que en relación al año pasado se mantuvieron las cifras de venta. Sin embargo, las falencias de la feria, que cobró entre $ 2.000 y $ 3.000 de entrada, son las mismas de años anteriores. “Hay una baja de público constante. Se promociona muy poco, la gente va porque es una feria que lleva años y la conoce. Siempre hemos pedido rebajar o liberar la entrada, y rebajar los costos de los stands”, comenta. A pesar de eso, considera que este año tuvieron más oportunidad de participar de la programación cultural. “A falta de los autores que publican en las transnacionales, para nosotros significó tener más acceso a la programación. En ese sentido quedamos contentos”, añade.

Sin embargo, una actividad histórica dentro de Filsa eran los Diálogos Latinoamericanos. El encuentro organizado con el Ministerio de las Culturas ahora tendrá lugar en la Furia del Libro que se hará el próximo mes, entre el 13 y 16 de diciembre.

Desde la Cámara Chilena del Libro no respondieron los llamados de Culto.

Proyecciones
El destino de ambos eventos no está del todo resuelto. Se proponen ideas para modificar Filsa, y no se descarta instalar FAS como un evento más dentro de la industria. “Nos gustaría que se hiciera una feria a nivel nacional, donde todos tomáramos decisiones sobre cómo se hace. En el fondo, imitar el sistema que tienen en Buenos Aires en que se hace mediante una fundación y participan diversas instituciones”, señala Paula Gaete. En tanto, Infante ve oportunidad para el nuevo encuentro literario. “Nadie puede prever el futuro, pero FAS es algo que se inventó para quedarse”, dice. “Ahora, no es para nada incompatible con una feria grande como Filsa. Pueden ser eventos en tiempos distintos o que incluso se realicen en conjunto. Es tema de voluntad y organización”, concluye.

martes, 13 de noviembre de 2018

Las multinacionales boicotearon la Feria Internacional del Libro de Santiago 2018

Acaba de terminar la última Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile (FILSA), que este año fue duramente boicoteada por las multinacionales, hasta ahora, dueñas y señoras del espacio donde todos los años se venía realizando desde siempre. Así, la FILSA, claramente disminuida no contó con todos los expositores posibles, sino con apenas con aquéllos que decidieron confiar en que la vieja Estación Mapocho, sede de la feria, fuera un lugar más democrático. El resultado es que, a pesar de algunas ausencias destacadas entre las editoriales independientes, el evento mostró a un Chile más real, con menos materiales de rezago de esos que España les encaja a sus filiales latinoamericanas.

En la bajada de la nota se lee: “Una vez más las multinacionales, en su afán constante de poder absoluto, de tener el control de todo, de lucrar más y de manera rápida, juegan el rol de destructores del ecosistema en el cual viven. La historia la conocemos, y una y otra vez la repetimos, pero nunca es tarde para despabilarnos y activar las solidaridades que ayuden a resistir el dominio del dinero, como dice el sociólogo Pierre Bourdieu al describir el campo cultural y editorial como ese espacio en continua tensión entre el polo comercial y el polo del arte.”.

Con firma del combativo Paulo Slachevsky (foto), director general de la editorial chilena LOM, fue publicada de manera digital por El Mostrador, del 7 de noviembre pasado.





Las multinacionales de los libros:
la rana y el escorpión que muerde a Filsa 2018

Por su extensión, la nota completa puede leerse en https://www.elmostrador.cl/noticias/opinion/columnas/2018/11/07/las-multinacionales-de-los-libros-la-rana-y-el-escorpion-que-muerde-a-filsa-2018/

lunes, 12 de noviembre de 2018

Ahorita Astérix se traduce en México

Con firma de Luis Carlos Sánchez, el pasado 25 de octubre, se publicó en El Excélsior, de México, la noticia de la "mexicanización" de Astérix, que, de este modo, junto con la versión argentina, pasará a independizarse de los muchos errores de la traducción española.

Mexicanizan la popular historieara
de Astérix y Obélix

Astérix, el valoroso rubio galo, y su rechoncho amigo Obélix ya no hablaron más en este territorio como dos guerreros llegados de Castilla; a partir de ahora, los diálogos de la célebre historieta, surgida en 1959 con guión de René Goscinny y dibujos de Albert Uderzo, aparecerán en versiones cien por ciento mexicanas y traducidas directamente del francés a "un español más neutro" y cercano a la gente. 


La versión de Astérix existe con un español ibérico. La novedad es que ahora las  tenemos en ‘español mexicano’; ya están en librerías con una versión en español neutral. En lugar de encontrar por ejemplo: ‘¡venid, venid, que los romanos atacan!’, ahora vamos a leer: ‘¡apúrense, los romanos nos van a caer’”, cuenta Ruy Albarrán, responsable de Vinculación Cultural para la Francofonía de Hachette Livre México, quien posee los derechos de edición de Astérix desde 2008 cuando incorporaron a Les Éditions Albert-René.

Desde su aparición, la historieta se convirtió en un éxito de ventas en Francia; con los años, el renombre alcanzó el mundo entero y las aventuras de la pequeña aldea gala resistiendo el embate de los romanos fueron traducidas a 117 idiomas. En México, la versión que más circuló en castellano fue la que se hizo en Barcelona por Jaime Perich y Víctor Mora (la misma que se distribuyó en toda América Latina) y que pasó por diferentes editoriales como Grijalbo. La versión, sin embargo, siempre fue criticada, aunque prevaleció.

Lo que lanzamos son versiones totalmente mexicanas, traducidas a un español neutro y traducidas directamente del francés. Se trata de la primera edición impresa desde aquí”, dice Albarrán.

La nueva versión de Astérix incluye 10 de los 24 volúmenes que originalmente conformaron la serie. Entre estos se encuentran Astérix el galo, Astérix y Cleopatra, El combate de los jefes, La vuelta a la Galia y Astérix en Bretaña. De cada uno se han tirado mil 350 ejemplares y el próximo año está prevista la aparición de los 14 volúmenes que completan la serie.

De acuerdo con Albarrán, desde su llegada a México, Astérix logró vender unas 30 mil historietas; antes de que Hachette Livre las comercializara lo hacía el sello Salvat, pero “éstos tenían un precio alto y muchos términos de España, difíciles de comprender para el mercado latinoamericano”. Otras fallas en la traducción llegada de España fueron señaladas en diferentes ocasiones, un ejemplo es el de la página del comienzo en que se presenta a los personajes: de Obélix se dice que es “repartidor de menhires de su estado”; en el francés original aparece como “livreur de menhirs de son état”, que más correctamente debiera ser traducido como “de oficio repartidor de menhires”.

Las nuevas versiones de Astérix en un español “más mexicano” vienen acompañadas de una exposición que será inaugurada este domingo en la Biblioteca Vasconcelos. Se titula El tour de Galia y está compuesta por 20 láminas en las que se presenta el proceso que siguieron Goscinny y Uderzo para crear las historias que acontecen en el año 50 antes de Cristo, cuando toda la Galia, menos una pequeña aldea, es ocupada por los romanos.

En el tour vamos a ver los bocetos originales y cómo nacen los primeros trazos de la ruta que los galos, dirigidos por Astérix. Esos bocetos que finalmente van a pasar a su dibujante y amigo de aventuras, Uderzo; veremos como él va interpretando las indicaciones que le da Goscinny para convertir el guión en un dibujo, en una caricatura; lo que vamos a ver es cómo nace la idea del tour de la Galia, veremos explicaciones que fueron escritas en francés, pero hoy tienen indicaciones en español”, señala.

La intención, afirma Albarrán, es reforzar el conocimiento de Astérix y su mundo entre el público mexicano. No sólo se verá al bigotón Astérix y a su inseparable amigo Obélix, también estará ahí el pequeño Idéafix que hace su aparición en La vuelta a la Galia, un perrito de Lutecia que empieza a seguir a los protagonistas en su viaje alrededor de las Galias sin que ninguno note su presencia hasta literalmente la última página del álbum. Pero también están el druida de la aldea, Panorámix; el bardo Asurancetúrix y el jefe de la tribu, Abraracúrcix.

En sentido histórico, Astérix es un galo. Tendrían que pasar siglos para que se creara Francia; sin embargo, Galia sigue representando uno de los espíritus originales del pueblo francés. Astérix, como galo, está ubicado en la región norte de la actual Francia”, explica.

Para muchos, el éxito de la historieta se basa en la combinación del dibujo y las narraciones cómicas, sobre todo las asociadas a la guerra, que atrapan a los más pequeños, pero también esa dosis de elementos históricos que le atrajeron al público adulto. “En el sentido artístico, Astérix es una de las grandes historietas; representa para los franceses lo que Disney para los estadunidenses. Para Francia es un orgullo tener un personaje nacional que se aleja de los estereotipos occidentales”.

La exposición es organizada conjuntamente con la Alianza Francesa México. La oficina de Albarrán se encarga de establecer alianzas en el país en pro de la francofonía: “Buscamos hacer ese vínculo entre la francofonía a través de nuestros socios en México; pueden ser mexicanos pero también de otras nacionalidades. Cuando traemos a algún autor de Francia con el apoyo de Hachette Livre, buscamos hacer actividades en común para que los mexicanos tengan acceso. En este caso trabajamos con Alianza Francesa, pero podemos trabajar con la embajada francesa o de Québec”.


viernes, 9 de noviembre de 2018

A diez años de la muerte de José Luis Mangieri


Publicado en Cultura InfoBAE el pasado 1 de noviembre, el siguiente artículo escrito por el Administrador da cuenta de la vida y la obra del poeta y editor argentino José Luis Mangieri a diez años de su fallecimiento. En los tiempos que corren, su figura luminosa sigue siendo un ejemplo, aun cuando no siempre los jóvenes editores estén atentos a lo que significa la verdadera independencia editorial.

Qué diría Mangieri

“Con José Luis Mangieri se va un pedazo luminoso de la historia y la cultura de este país. Después de 52 años de amistad, ¿quién puede abrir la boca? Solamente el dolor”. Tales fueron las palabras de Juan Gelman, pocos días después de la muerte de su histórico editor, hace exactamente diez años.
                                        
Los testimonios podrían multiplicarse infinitamente. De hecho, Es rigurosamente cierto, de Karina Barrozo y Hernán Casabella –publicado en su momento por Libros del Rojas– es un intento de autobiografía y memoria plural de Mangieri, “un porteño pícaro”, como lo definiera Jorge Aulicino, que en cuarenta años de editor y tres editoriales –La Rosa Blindada, Ediciones Caldén, Libros de Tierra Firme– llegó a publicar a más de mil autores, cruzando a escritores, poetas y pensadores con artistas plásticos y músicos, a gente de izquierda y no tanto, a viejos y a jóvenes, logrando en ese tránsito que unos y otros se conocieran mutuamente y participaran en otros proyectos comunes. Ricardo Piglia, en el libro citado, había escrito: “Creo que, primero que nada, habría que señalar esa capacidad de organizar, italiana digo yo, italiana en el sentido de gramsciana, de lo que Gramsci llamaba la organización material de la cultura, porque la cultura necesita redes y José Luis se ha pasado la vida construyendo esas redes. Me acuerdo muy bien no solamente de la Rosa Blindada, sino de los libros que José Luis publicaba, el tipo de iniciativa, de originalidad que tuvo en el momento de publicar esos libros, que se vendían de a cuatro, en pequeñas ediciones. Entonces conservo esa idea primera de alguien capaz de organizar y de trabajar sobre la construcción de redes y circulaciones múltiples que, desde hace muchos años, ha terminado por constituirse en una referencia central de la poesía en la Argentina. Creo que mucho de lo que se dice de la poesía en la Argentina está ligado al tipo de trabajo que ha hecho José Luis, básicamente con la colección ‘Todos Bailan’”. A este respecto, el poeta D.G. Helder, dijo de Mangieri que su pasión “sutura las heridas de la historia argentina”. Por todas estas razones, siendo consejal metropolitana, Teresa Anchorena consiguió que lo nombraran ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires. En los fundamentos de la designación se lee: “"Tejió una compleja trama de relaciones, que comprende a no menos de cinco generaciones de escritores, artistas y lectores argentinos. Hizo todo eso sin contar con estructura alguna y, en más de una oportunidad, hipotecando su casa”. Así, muchos de sus autores lo recuerdan con su invariable bolsito repleto de originales, atendiendo en su “oficina”, una pizzería en la esquina de Oro y Santa Fe, a la que llegaba invariablemente desde Floresta en el colectivo 34. Solía decir en público que cuando una editorial se convierte en una “empresa editorial”, forzosamente la parte de empresa empieza a pesar más que la meramente editorial y de ese modo desvirtúa su razón de ser. Acaso una idea a la que le deberían prestar más atención muchas editoriales de las llamadas “independientes”. 

Nacido el 14 de diciembre de 1924 en un conventillo de Parque Patricios –que lo haría hincha empedernido de Huracán–, fue hijo de un obrero municipal anarquista y de una profesora de corte y confección. Como eran otras épocas, hizo sus estudios primarios y secundarios, y logró entrar a la Universidad de Buenos Aires, donde hizo tres años de Odontología. Después, interrumpió todo y se fue a vivir por un tiempo a Bariloche. A su vuelta, en 1953, se afilió al Partido Comunista, donde desarrolló una intensa actividad en el ámbito cultural, trabajando como coordinador de la revista del Instituto Argentino-Soviético. Luego, en 1959, fue expulsado del PC con Juan Gelman, Andrés Rivera, Juan Carlos Portantiero, José Aricó y otros jóvenes artistas e intelectuales, que acusaron el impacto de la revolución cubana y que empezaban a resultarles incómodos a los jerarcas pro-soviéticos de entonces.

Con su amigo Carlos Alberto Brocatto, en 1962, Mangieri creó Ediciones Horizonte, que posteriormente, en homenaje al libro del poeta Raúl González Tuñón –una de las pocas voces que dentro del PC se había mostrado solidario con los disidentes–,  tomó el nombre definitivo de La Rosa Blindada. El resto forma parte de la historia mítica: las ediciones de varios miles de libros de poesía –entre ellos los del propio Tuñón, Hugo Acevedo, Juan Gelman, Javier Villafañe, Néstor Mux, Héctor Negro, Laura Devetach, Eduardo Romano, el poeta turco Attila József,  Bertold Brecht–, vendidos en paquetes de a cuatro; la publicación de libros de Antonio Gramsci, Vo Nguyen Giap, Ho Chi Minh, Mao Zedong, Ernesto Guevara, Regis Debray, Roger Gaurady,  y John William Cooke; la revista del mismo nombre de la editorial, donde firman artículos, los pintores Carlos Gorriarena, Enrique Aguirrezabala, Luis Felipe Noé, el psicoanalista Antonio Caparrós (padre de Martín Caparrós, compañero de primaria de los hijos de Mangieri), la escritora y traductora Estela Canto, el historiador León Pomer, el filósofo León Rozitcher, el sociólogo Juan José Sebreli, etc. (hoy existen un volumen que reunía un estudio y antología dedicados tanto a la revista como a la editorial, responsabilidad de Néstor Kohan que se publicó como La Rosa Blindada, una pasión de los una pasión de los '60, y una edición facsimilar publicada por la Biblioteca Nacional, cuando todavía era dirigida por Horacio González); la edición de discos, entre los que alternaban los del Cuarteto Cedrón con los de Vittorio Gassman, Carlos Puebla, Bola de Nieve, canciones de la Guerra Civil española o Yves Montand (Mangieri solía recordar, lleno de pudor, uno en el que sus propios poemas eran recitados por Héctor Alterio); el viaje a China, junto con Andrés Rivera, y luego a París, donde ya se preparaba el Mayo de 1968; la imprenta de una manzana en la calle Ulrico Schmidl en Liniers; los allanamientos policiales; el robo de sus bibliotecas; la actividad en el Sindicato de Prensa; la cercanía con el E.R.P.; la pérdida de la imprenta, de varias bibliotecas, el silencio obligado, el exilio interior en casa de la célebre Tía Raquela, “obrera fosforera”, según la definía el propio Mangieri.

De la época de la dictadura, hay una anécdota que Beatriz Sarlo contó durante el homenaje que en 2004 le realizara el Centro Cultural “Ricardo Rojas”, con la presencia del entonces rector de la Universidad de Buenos Aires, Jaime Jaim Etcheverry. Según ese relato que ya forma parte de la picaresca de Mangieri, estando en la clandestinidad, se arriesgó a visitar a su madre ya mayor, que vivía en el caserón familiar de la calle Mercedes, en Floresta. Lo hizo con tal suerte que llegó en el mismo momento en que el ejército estaba realizando un procedimiento en la casa, con el objeto de apresarlo. Tocó el timbre, vio a su madre que abrió la puerta sin decir palabra, rodeada de militares, y Mangieri dijo: “Señora, soy el electricista. Veo que está ocupada. ¿Le parece que pase en otro momento?”. “Sí, venga más tarde”, fue la respuesta de la madre, que no en vano había criado a ese hijo. Y así Mangieri se salvó de un destino probablemente fatal.

Durante los primeros años de la democracia, Mangieri se acercó a los que por entonces eran los nuevos poetas. Estableció sólidos vínculos con Víctor Redondo y la gente de la revista y editorial Último Reino y también con Javier Cófreces y la Danza del Ratón (que después, ya como editorial sería Ediciones en Danza). Otro tanto sucedería algo después con Diario de Poesía y, posteriormente, con los jóvenes reunidos alrededor de la revista 18 Whiskies. A su vez, fundó Libros de Tierra Firme, su última editorial. Allí publicó, nuevamente a González Tuñón y a Gelman (y hay que decir que éste le debe a Mangieri, varios de sus libros del exilio –para cuya publicación el editor hipotecó su casa en dos ocasiones–, y haber seguido en circulación entre los jóvenes, mucho antes de que la lo considerara para su catálogo la editorial Planeta). Pero la nueva lista de publicados incluía ahora a Raúl Gustavo Aguirre, Leopoldo Marechal, Francisco Madariaga, Joaquín O. Giannuzzi, Leonidas Lamborghini, Juana Bignozzi, Luisa Futoransky, Arnaldo Calveyra, Alberto Szpunberg, Diana Bellessi, Jorge Aulicino, Alberto Laiseca, Daniel Freidemberg, Jorge García Sabal, Mirta Rosenberg, Irene Gruss, Leopoldo Castilla, Víctor Redondo, Javier Cófreces, Jonio González, Daniel Samoilovich, Martín Prieto, D.G. Helder, Osvaldo Aguirre, Pablo Chacón y Fabián Casas, entre muchísimos otros. Y hubo asimismo nuevas colecciones de poesía traducida: antologías de poesía francesa contemporánea, de poesía irlandesa, catalana, colombiana y libros de autores como Henri Deluy e Yves Di Manno. A sus tareas, Mangieri sumaba no sólo los frecuentes envíos de polenta y ginebra al exilio francés de Gelman, sino también acordarse del cumpleaños de la mamá de Szpunberg y llevarle un ramo de flores en nombre del hijo, o inventar unos derechos de autor que casi no existían para ayudar a Laiseca.

Famoso por sus muletillas –“Es rigurosamente cierto”, “Hay que ser modesto por necesidad”, “Hay que leer a los jóvenes que vienen del rock y de la droga”– y por sus increíbles y complicadas bromas (ver video del cumpleaños del poeta jujeño Andrés Fidalgo), iba y venía, incansable, relacionando gente insospechada de toda relación, como, por ejemplo, las veces en que les llevaba los libros de Gelman a Horacio Armani y María Esther Vázquez y estos lo invitaban a tomar el té. O cuando le presentaba a su gran amigo Néstor Groppa, el poeta porteño radicado en Jujuy, a los poetas más jóvenes; o cuando en el bar La Paz o la antigua Liber/Arte –otras de sus “oficinas al paso”– se juntaba a discutir sobre política con su amigo David Viñas o José Aricó, sin olvidar, claro, a algún referente sindical de La Fraternidad y, después de 2001, de las asambleas barriales. Por otra parte, su casa hacía las veces de hotel para más de un amigo. De hecho, en sus primeros viajes a Buenos Aires allí solía recalar el Tata Cedrón, quien termino amigo del peluquero de la mitad de cuadra, otro de los “Pilgrim fathers del barrio”, según la curiosa denominación que Mangieri se aplicaba y le aplicaba a los viejos vecinos. Él, para sus amigos, fue alternativamente “el loco”, “el gringo”, “la bruja”, “Luisito” y, al decir de los más jóvenes, “Cowley”, el jefe en la serie inglesa “Los profesionales”, que se emitía entre 1977 y 1983.

Ya muy enfermo, gracias a los esfuerzos de los Javier Cófreces y Silvia Camerotto, Mangieri, que tantos libros hizo, vio finalmente publicados sus conmovedores poemas completos, con los que tantos años amenazó. Con un hilo de voz, preguntó por la tirada y el precio de tapa. Unos días más tarde, se murió. Entonces Beatriz Sarlo habló con Horacio González, y fue velado en la Biblioteca Nacional. Hubo allí un desfile increíble de intelectuales, artistas, escritores, políticos y politólogos, organizaciones por los derechos humanos –con las cuales Mangieri colaboró de todos los modos posibles– y también gente de a pie, vecinos, curiosos.  Dos días después de su muerte, me tocó escribir una columna sobre él en otro medio. En esa oportunidad dije: “Hablando frente a académicos u obreros ferroviarios; en un comité de escritores o en la asamblea vecinal de Floresta, fue siempre el mismo: su decencia, su don de gente y su sentido del humor resultaban igualmente visibles para todos. Por eso Fabián Casas, uno de los jóvenes poetas a quien José Luis más quiso, ante el espectáculo de su energía decía que Mangieri era ‘Highlander, el inmortal’. Sin embargo, por increíble que parezca, se murió. La pérdida que deja para la cultura argentina es enorme. El cráter en la ciudad, gigantesco.”

Ya pasaron diez años desde esa fecha y todavía José Luis Mangieri sigue siendo una referencia mayúscula para quienes lo conocieron. A tal punto que, frente a determinados escándalos e injusticias que a diario nos propone la realidad argentina, uno tiende a preguntarse qué diría.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Aulicino corrige y aumenta. Dante, piola

La editorial LOM, de Chile, acaba de publicar una versión corregida de la traducción que, en su momento, Jorge Aulicino realizó de la Divina Comedia, de Dante Alighieri, previamente publicada por la editorial Edhasa.

Habrá dos presentaciones chilenas: una tendrá lugar el próximo sábado 10 de noviembre en  Valparaíso, en el marco del Festival Puerto de Ideas, que organiza todos los años Chantal Signorio.

La otra, corresponde a la información que se lee abajo:


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Un montón de gente reunida y discutiendo sobre el libro y la edición

Nuestra amiga Magdalena Cámpora nos ha hecho llegar la siguiente información: entre el 7 y el 9 de noviembre del corriente año tiene lugar en Buenos Aires el III Coloquio argentino de Estudios sobre el Libro y la Edición. 

La cita es en el UMET (Sarmiento 2037) y la programación completa con todos sus horarios y los logos de las instituciones intervinientes pueden consultarse en
https://drive.google.com/file/d/1u_wiEE6D6t-4P69pN2hDGavHekkj5ivt/view?fbclid=IwAR2cCC7Mfdq8Q87NaVRAeHSlZOuinTSaqfSck-X0dneNpcyBty3hpzu5ZdY.


martes, 6 de noviembre de 2018

"A este gobierno no le interesamos en lo más mínimo"


Luego del informe de la Cámara Argentina del Libro (ver la entrada del día de ayer en este blog), el escritor Enzo Maqueira y el editor Carlos Díaz respondieron a las preguntas que les formulara la periodista Silvina Friera, en el diario Página 12, del 2 de noviembre pasado.

“No hay perspectiva de que esto mejore”

La caída en la producción de libros y en las ventas, el cierre de las librerías y las dificultades en la cadena de pago, condensadas en el informe que difundió esta semana la Cámara Argentina del Libro (CAL), preocupa por las consecuencias en el mediano y largo plazo. Ningún país se suicida –al menos hasta ahora, el suicidio es monopolio exclusivo de las personas–, pero lo que se destruye cuesta mucho esfuerzo recuperar. El escritor Enzo Maqueira plantea que se está perdiendo “todo lo que se había construido con el boom de las editoriales independientes en los últimos años”. El autor de Electrónica y Hágase usted mismo analiza esta construcción que cada vez peligra más. “Después de 2001, por la concentración editorial de los años 90 y la importación indiscriminada de libros, era muy difícil para un escritor publicar. Un escritor joven era un escritor que tenía más de 40 años. Y solo podías publicar si ganabas algún premio que te abriera las puertas de las grandes editoriales, que no solían estar demasiado abiertas; llegaba mucho material de afuera, había mucha competencia desleal que venía de España y había muy pocas editoriales independientes que daban espacio a autores nuevos; era un espacio muy chiquito”, recuerda el escritor.

Maqueira (Buenos Aires, 1977) cuenta que se salió de esa encrucijada gracias a las editoriales independientes, la autogestión, la Feria del Libro Independiente y Alternativo (FLIA). “A veces nos preguntamos qué fue primero, si el boom de las editoriales independientes o los escritores que empezaron a salir por todas partes. Creo que una cosa fue potenciando a la otra. En las primeras FLIA me acuerdo de que había fotocopias y tapas dibujadas a mano, y ahora tenemos la Feria de Editores, que es como su sucesora, con ediciones súper profesionales. Ese boom de editoriales independientes les abrió las puertas a muchos autores. Ser joven hoy en la literatura no es tener 40 años como antes, es tener 20 o 25 –compara el escritor en diálogo con PáginaI12–. Se abrió una multiplicidad de voces y de autores que acompañaron en gran medida los procesos políticos que vivimos y se dio mucha visibilidad, una visibilidad que fue favorecida por las redes sociales”. Integrante de la Unión de Escritoras y Escritores, un colectivo que ya cumplió un año de existencia, Maqueira precisa que muchos escritores son “hijos del boom de las editoriales independientes y del uso de las redes sociales como forma de promocionarse y encontrar lectores”.

“También fuimos hijos de las políticas públicas destinadas a favorecer la distribución de los libros, la publicación de autores argentinos y latinoamericanos, y la proliferación de eventos y proyectos en los que estábamos presentes”, agrega Maqueira. “El informe de la CAL demuestra que los primeros que pierden son los autores que todavía no publicaron, que se van a ver otra vez ante el desafío de conseguir una editorial en un contexto en el cual las editoriales no pueden afrontar el pago de papel, la cadena de pago está interrumpida y las librerías cierran. Hay mucha literatura que no vamos a conocer o que nos va a costar mucho conocer por culpa de esta situación. A quienes ya publicamos o tenemos cierto lugar, nos limita muchísimo y terminamos siendo más presas del mercado de lo que deberíamos ser”, lamenta el escritor y alerta sobre una pelea pendiente que será cada vez más complicada. “Como somos un engranaje muy relegado de la producción editorial, todas las reivindicaciones y los reclamos que tenemos, desde la Unión de Escritoras y Escritores, respecto a cómo se nos trata en el mercado editorial, el poco dinero que recibimos cuando lo recibimos, se vuelven más inalcanzables, como pedir una jubilación digna para los escritores. Hace mucho tiempo que queremos pelear por más del 10 por ciento que recibimos por el precio de tapa de nuestros libros. Hace mucho que estamos peleando para poder ser considerados trabajadores, poder tributar y pagar jubilación. Ahora es el peor contexto para estas demandas. Me parece que se está deshaciendo lo hermoso que significó el apogeo de las editoriales independientes, y todas las autoras y los autores que salimos de ahí. Creo que vamos hacia otro escenario que ya conocimos, en el que las voces jóvenes serán pocas y el mercado nos impondrá autores extranjeros en una posición de dominación cultural y económica, que sin duda debilita nuestra literatura, debilita nuestra cultura y nos debilita como trabajadores”.

Carlos Díaz, director editorial de Siglo XXI, subraya que el informe de la CAL refleja lo que está pasando en el sector del libro. “Entre todos estamos siendo mínimamente solidarios para que no nos lleve puestos la crisis. Entonces aguantamos a las librerías que te pagan como pueden; los imprenteros nos aguantan a nosotros, que le pagamos como podemos; los autores también nos aguantan que no les estamos pagando tan bien como nos gustaría, y entre todos ponemos el hombro y comprensión para que la cosa salga adelante”, reconoce Díaz. “En algún momento, la crisis va a pasar, porque los países nunca se suicidan y la industria editorial no va a desaparecer. El asunto es que llevamos tres años de caídas acumuladas muy significativas, no caídas menores como en otros sectores que también vienen cayendo, pero en proporciones mucho más pequeñas. Nosotros venimos de una caída muy brutal, no hay perspectiva de que esto mejore; la percepción sobre cómo va a ser el 2019 es una calamidad”. El editor de Siglo XXI traza el cuadro de situación de lo que quedará luego de esta crisis. “Creo que vamos a encontrar a un sector debilitado, con mucho menos músculo para desarrollarse, un sector donde las pequeñas editoriales y las pequeñas librerías habrán sufrido más. Esto va a terminar favoreciendo la concentración editorial, que de por sí ya es brutal, en dos grandes grupos que se van a recuperar con mayor facilidad y van a volver a ocupar un espacio central en la escena. La diversidad de editoriales y también de librerías se verá afectada cuando todo esto quede atrás y nos vamos a encontrar una trama menos diversa, menos rica, menos plural, menos heterogénea, y por lo tanto menos interesante. Me angustia y desespera el presente, pero está todo dicho. Me preocupa un poco más el mediano plazo, qué hacemos cuando todo esto pase y empecemos a juntar los pedazos, con qué nos vamos a encontrar. A este gobierno no le interesamos en lo más mínimo –afirma Díaz–. Tenemos que esperar a ver si el gobierno que venga en 2019 pondrá un ojo en la industria editorial para ayudar a que se reconstruya, o si vamos a seguir igual, llevados por la corriente de la crisis y a la deriva”.


lunes, 5 de noviembre de 2018

Si esto sigue así, pronto vamos a asistir al funeral del libro argentino tal como se lo conoció


Como venimos publicando a lo largo del último año y medio en este blog, la situación del libro en la Argentina es francamente terrible y se debe de manera exclusiva a las malas políticas económicas del actual gobierno y a la falta de apoyo por parte de la hoy Secretaría de Cultura de la Nación y del Ministerio de Cultura del Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires, cuyos funcionarios han demostrado una insensibilidad absoluta ante el problema. A continuación, los números de la Cámara Argentina del Libro (CAL). 

Sector Editorial: 
con todos los números en rojo

Buenos Aires, 29 de octubre de 2018: La situación en el mundo editorial y librero es alarmante: todos los números dan negativos y la caída parece no tener fin. Caen estrepitosamente las ventas en librerías y ferias, disminuye la producción editorial en un mercado en retracción y se suceden, de manera preocupante, los cierres de librerías a lo largo y ancho del país. 

La abrumadora mayoría de las editoriales –especialmente las pymes y la editoriales universitarias (estas están prácticamente paralizadas)- han recortado o suspendido sus planes editoriales. También han realizado reducción de personal. A estos despidos directos en la planta editorial, administrativa y comercial debe sumarse la merma de trabajo para contratados: correctores, diseñadores, traductores, ilustradores. A su vez, en junio de este año Juan Carlos Sacco, presidente de la Federación Argentina de la Industria Gráfica (FAIGA), denunció en el diario Perfil la pérdida de 5.100 empleos, lo que es adjudicable a la baja del consumo y a la importación de servicios gráficos (libros argentinos impresos en el exterior por la eliminación de barreras aduaneras) y de libros de saldo español, ingresos ahora atenuados por la escalada del dólar.

Los números del sector

Informes de producción editorial de la CAL 2017 y 2018
Los registros de producción de la Cámara del Libro alertan que mientras en el primer semestre de 2016 se publicaban más de 10.6 millones de libros, en 2018 apenas supera los 6 millones de ejemplares. Esta caída más del 40% de la producción en tres años, se agrava si se lo cruza con otro dato alarmante para el ecosistema del libro: la creciente concentración editorial.

Informes de ventas de la CAP 2017 y 2018
Según el informe de la Cámara Argentina de Publicaciones de 2017, la baja en los guarismos empezó hace un par de años: “entre 2015 y 2016 se produjo una caída de un 12% en las ventas del mercado privado, de las editoriales comerciales.” En el informe de 2018 (que refleja lo ocurrido en 2017) se registró un 5% de caída en las ventas, que profundiza la caída de 2016. Además, la importación de libros bajó un 10% respecto al año anterior y si bien la inflación fue creciente, el valor promedio del libro comprado fue de $360, igual valor que el año anterior.

Impacto en librerías
Para Ecequiel Leder Kremer, librero de estirpe y titular de la prestigiosa Librería Hernández: “Desde 2014 la caída de las ventas varía entre 45% y 30% en unidades, según el punto de venta. A esto hay que sumarle que los aumentos irracionales de servicios y costos de gestión potencian la caída. Además, las editoriales no pueden/no se animan a acompañar la inflación con aumentos acordes porque significaría potenciar aún más la caída de ventas. En resumen, la rentabilidad específica del libro se derrumba”. Recordemos que en la Argentina el 70% de los libros se venden a través de las librerías; es decir, son el canal principal, y que el 70% de las mismas son independientes, o sea no pertenecientes a cadenas.

Un Estado ausente
El Estado ha reducido o suspendido la compra de libros escolares y para planes de lectura. La Conabip (organismo de la Secretaría de Cultura de la Nación que asiste a unas mil quinientas bibliotecas populares) hace dos años que no realiza su tradicional compra centralizada.

Ante esta situación extrema, las autoridades de la Fundación El Libro enviaron a los diputados de la Nación, el día previo al tratamiento del presupuesto una nota en la que manifestaron“una genuina preocupación y pedido de reconsideración debido a la disminución de los diferentes guarismos referidos a Cultura en el Presupuesto Nacional 2019 que se debate. Especialmente el sector editorial y librero se encuentra en una difícil situación, en la que el papel promocional de ferias, festivales y campañas de incentivo a la lectura deben ser reforzados. Esperamos que tengan en cuenta este tema, en el que se juega el presente y el futuro de una herramienta central, que fortalece la cultura, es imprescindible en la educación y expresa la identidad de los argentinos en su propio país y en el mundo”.