jueves, 28 de mayo de 2020

Lo que está pasando con el libro chileno


Paula Valles y Andrés Gómez Bravo publicaron el pasado 3 de abril, en La Tercera, de Chile, un informe sobre el estado de la industria editorial trasandina. La bajada sintetiza los alcances de la catástrofe, en un país donde el libro es todavía un artículo suntuario: “Con librerías cerradas y lanzamientos cancelados, la industria editorial enfrenta un escenario de pérdidas. Mientras reducen su plan de publicaciones, se vuelcan a la edición digital. El gremio pedirá ayuda al Estado” Si bien la noticia es anterior a las que publicamos en días previos sobre México, hoy, en Chile, las cosas están peor que a principios de abril. 
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El mundo del libro en estado de emergencia
A fines de marzo, la Estación Mapocho sería sede de una nueva feria del libro. Una vinculada a la contingencia y que esperaba convocar a los interesados en el debate constitucional, la primera Feria Constituyente. La muestra reuniría venta y presentaciones de libros, conferencias y mesas redondas en torno al plebiscito. Pero la epidemia que golpea al mundo en estos días obligó a cancelar la feria.

Con más de un millón de personas en cuarentena en el país, la lectura se presenta como una de las actividades más favorecidas por el aislamiento social. Pero para la industria editorial local, que depende casi exclusivamente de la venta de libros físicos, la epidemia ha significado una emergencia.

Con librerías y canales de distribución cerrados, el sector se enfrenta a un escenario con rasgos de crisis. “Al igual que para cualquier sector, la emergencia ha sido un impacto tremendo para nosotros”, dice Josefina Alemparte, del grupo Planeta. “Efectivamente, se habla mucho de que el confinamiento es un espacio para la lectura y sin duda lo es, pero, paralelamente, con la mayoría de las librerías cerradas y la gente en sus casas, la operación comercial se ha visto tremendamente perjudicada”.

El diagnóstico es ampliamente compartido en el sector, si bien aún no cuentan con cifras al respecto. La preocupación se acrecienta por lo imprevisible del escenario. “En relación con la industria, naturalmente que sufrirá -como todo negocio- en los meses venideros. Esperamos poder retomar con fuerza en junio o julio, si las condiciones lo permiten”, dice Melanie Josch, directora editorial del grupo Penguin Random House.

“El cierre de la casi totalidad de las librerías genera un impacto inmediato en la circulación del libro”, subraya Silvia Aguilera, de editorial Lom, “así también todos los otros circuitos de ventas se vieron afectados y las ventas radicalmente disminuidas. El sector está detenido”. como un mes que podría levantar las cifras y los ánimos en el gremio. El estallido de octubre afectó las ventas, cambió la agenda y presionó para suspender actividades, entre ellas la Feria del Libro de Santiago.

El mes pasado las librerías alcanzaron a funcionar dos semanas cuando el virus llegó al país. Presentaciones y charlas comenzaron a ser canceladas, entre ellas la visita del escritor americano Teju Cole, invitado al ciclo La Ciudad y las Palabras de la UC. Ya con cuarentena declarada, el escenario se volvió más complejo: novedades en torno al estallido como Sobre la marcha, de Patricio Fernández, o La casa de todos y todas, de Patricio Zapata, y novelas como El amante indeciso, de Ernesto Ayala, y Gente en las sombras, de Jaime Collyer, tuvieron una vida breve en vitrinas.

“Tuvimos un año 2019 de muy bajas ventas, con un fin de año complejo, con librerías cerradas y horarios cortados”, recuerda Eduardo Castillo, presidente de la Cámara Chilena del Libro. “Empezamos a soñar con este año y se nos vino esta pandemia. Vamos a tener consecuencias económicas durísimas. Es difícil dimensionar hoy cuál será el impacto final, porque aún no se ve la luz al final del túnel. Puede significar cierres de microempresas, pérdidas de puestos de trabajo, todo el ecosistema del libro se ve afectado”, agrega. 

Cambio de planes
Si el coronavirus ha remecido el comercio en el mundo, también desdibujó los planes de las editoriales. Para enfrentar la emergencia, muchas de ellas alterarán el ritmo de sus publicaciones. “Los lanzamientos están suspendidos y el plan editorial del año se ha movido a fechas tan inciertas como el tiempo de superación de la pandemia”, dice Arturo Infante, director del sello Catalonia.
En Random House ya decidieron introducir cambios: “Por esta razón tendremos que posponer planes y reducir la oferta de novedades durante estos meses”, cuenta Melanie Josch.

En Planeta, ajustaron el plan editorial en un 20%. “Muchos libros los hemos retrasado para el 2021, dado que asumimos que abril y mayo serán meses difíciles en los que tendremos que evaluar el lanzamiento de novedades. En España se han postergado muchas de las apuestas que teníamos programadas para el primer semestre, por lo que las importaciones también se retrasarán”.
Como dice Galo Gigliotto, de ediciones Usach, “el foco de atención se desplazó totalmente a un tema que nadie tenía considerado y que es la crisis sanitaria”. La editorial estaba organizando la Feria Constituyente y disponía de varios libros en torno al movimiento social. Por lo pronto, decidió publicar La Constitución Comentada, donde 32 autores comentan la Carta de 1980, solo en digital.

En la situación actual, acota Infante, “la única estrategia posible es potenciar el comercio electrónico y el formato digital”.

E.Books
La redes sociales, la web y las plataformas para clientes son hoy el principal canal de comunicación de las editoriales. Del mismo modo, prestan apoyo a las librerías que hacen venta online y están fortaleciendo la venta de ebooks y audiolibros. En Random lanzaron la campaña #YoMeQuedoEnCasaLeyendo (www.yomequedoencasaleyendo.cl), en la que participan 25 autores, a través de conversaciones por streaming. Esta semana inauguró el ciclo el escritor Pablo Simonetti. A su vez, en Planeta ofrecen presentaciones, talleres y charlas para acompañar a los lectores, y promueven el ebook.

Si bien la venta de publicaciones digitales nunca ha sido significativa en el país, los editores creen que ahora podría incrementarse.

En el caso de sellos de menor envergadura, la epidemia puede sentirse con más fuerza. Por ejemplo, puede frustrar las aspiraciones de un editor emergente, como Guido Arroyo, de Alquimia: “Este era nuestro año más ambicioso. Íbamos a publicar 19 títulos, más dos reimpresiones, distribuyendo en Chile y Argentina. Y el primer costalazo es que obviamente se retrasaron nuestras novedades y las pospusimos”.

En ediciones Overol editaron ¿Qué nos ha dado con Kafka?, un volumen de artículos de Enrique Lihn, pero no lograron distribuirlo.

Todos estiman que las ventas decaerán irremediablemente. “La estructura de la industria del libro en Chile no está en condiciones de sostener una paralización de meses; lamentablemente tendremos pérdidas significativas en la cadena, las librerías son el hilo más delgado y seguramente ahí veremos las pérdidas más irreversibles”, dice Arturo Infante.

En vista de ello, la Cámara Chilena del Libro prepara una solicitud que presentarán al Ministerio de Cultura. “Estamos trabajando en una propuesta de apoyo para el sector, que apunta a conseguir ayuda con inyecciones de recursos directas, porque creemos que el sector del libro debe ser apoyado de manera específica para no retroceder en lo que hemos logrado”, afirma Eduardo Castillo.

“Si no hay medidas concretas para el sector en general, y para el libro en particular, esto se tornará extremadamente difícil. La resistencia tendrá que ser colectiva”, concluye Silvia Aguilera.


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