jueves, 31 de agosto de 2023

El pasado 25 de agosto, Catalina González Restrepo, directora editorial de la editorial colombiana Luna Libros, publicó el siguiente suelto para conmemorar los quince años de la editorial. Desde el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, les deseamos muchas felicidades y muchos años más.


El 25 de agosto de 2008, Darío Jaramillo Agudelo y Juan Camilo Sierra fundaron Luna Libros, una nueva editorial independiente colombiana, inspirada en los versos de Jaime Jaramillo Escobar: "Suelen decirme –a manera de crítica– que vivo en la Luna. ¿Les he dicho yo –a manera de crítica– que viven en Tierra?".

Un mes después, me buscaron para que fuera su editora. Y así empezamos la aventura de pensar el catálogo, diseñar el logo para la editorial y cada una de las colecciones:

América: aporta conocimientos sobre el continente con análisis transversales, panoramas, síntesis y monografías. Leer América desde América. Un continente, una geografía, una historia, un universo creativo, sociedades paralelas, personajes comunes.

Humanidades: presenta textos útiles para estudiantes y docentes universitarios y lectores interesados en las ciencias sociales y humanas, principalmente filosofía e historia.

Creación: el gran capital común del continente americano es nuestro idioma y sus máximas expresiones son la poesía, la narrativa y el ensayo. Esta colección presenta autores y visiones que contribuyen a poner en valor la palabra.

Encargamos a Mateo López los dibujos y a Hugo Ávila el diseño y la identidad gráfica de los libros.

El primer título que publicamos fue la antología Del amor, del olvido de Darío Jaramillo, que había sido editada por Pre-Textos en España y que ha tenido dos ediciones en Colombia, sin duda uno de los favoritos de nuestros lectores. Luego vino El hombre nómada de Jacques Attali, con traducción de Elisabeth Lager y Emma Rodríguez, libro del año en 2010 cuando la revista Semana era otra.

En ese año empecé a comercializar los libros, llevándolos a librerías, y en 2011 asumí también la gerencia y me volví socia de la editorial.

Siempre hemos creído en las alianzas y el trabajo en conjunto. Por eso, participamos activamente en la creación de La Ruta de la Independencia, el Comité de Editoriales Independientes de la Cámara Colombiana del Libro y La Diligencia Libros, la distribuidora que entre siete editoriales independientes echamos a andar y que hoy acoge a más de veinte sellos y proyectos como el Laboratorio de creación.

Las colecciones han sido nuestra carta de navegación en estos años, con la que hemos resistido tormentas, disfrutado noches estrelladas y días con Luna y a veces hemos cambiado el rumbo y explorado territorios desconocidos. Así, fuimos sumando títulos a nuestro catálogo hasta completar los casi cincuenta de hoy, que han formado algunas constelaciones:

Amor: Del amor, del olvido de Darío Jaramillo, Historia de la pareja de Jean Claude Bologne.

Animales: Gatos de Darío Jaramillo, Ciertas personas de cuatro patas de Rafael Baena, Historia de los hombres lobo de Jorge Fondebrider.

Escritura: Método fácil y rápido para ser poeta de Jaime Jaramillo Escobar, La vida no es un ensayo de Paul Brito, La expresión poética de Luis Fernando Macías.

Lectura: La poética de la infancia de Yolanda Reyes, Hacia una literatura sin adjetivos de María Teresa Andruetto, Sobre la alegría de leer de Jorge Orlando Melo.

Antologías: Cien poemas colombianos, Cien poemas en español, Nuevo sentimentario.

Artes: Geografías del teatro en América Latina y Pintores en el escenario teatral de Marina Lamus Obregón, Pintura en América Hispana de Santiago Londoño, Sobre la fotografía de Walter Benjamin.

Viaje: El hombre nómada de Jacques Attali, La historia de Rasselas, príncipe de Abisinia de Samuel Johnson, J. M. Rugendas. Memorias de un artista apasionado y J. B. L., barón de Gros. Una vida entre cimas y abismos de Efrén Ortiz Domínguez.

Algunos títulos han llegado a otras lenguas. La biografía de Conrado Zuluaga sobre Gabriel García Márquez fue traducida al inglés por Kieran Tapsell y Lidia Bilbatua y al árabe por Al Arabi Publishing. Y los libros Baudelaire. El heroísmo del vencido de Juan Zapata y Geografías del teatro en América Latina de Marina Lamus están en proceso de traducción al francés, por Cécile Serrurier y Jean-Claude Arnould, respectivamente.

Gozar Leyendo ha sido uno de nuestros lemas. Darío Jaramillo, cada quincena, comenta y comparte los apuntes y subrayados de los libros que disfruta leer. Ha sido un oficio gozoso y disciplinado que pronto llegará a doscientos números, a disposición de los lectores en nuestro blog.

La Luna nos ha guiado a varios países, algunos en América y otros tan lejanos como Azerbaiyán y Corea del Sur. Cuando cumplimos diez años, por ejemplo, estuvimos en el Invitation Programme de la Feria del Libro de Frankfurt.

Cuando llegó la pandemia, buscamos otras formas de leer y creamos el Club itinerante de poesía para lectores lunáticos. También, por iniciativa de Víctor Malumián de Godot en Argentina, y en compañía de otras siete editoriales de la región, lanzamos el Premio de no ficción Latinoamérica Independiente, que el año pasado ganó el colombiano Efrén Giraldo con Sumario de plantas oficiosas, un libro que puede enseñarnos a sobrevivir en tiempos difíciles y tal vez salvarnos de la extinción, si los humanos aprendemos de la naturaleza y creamos como ella.

Por último, destacamos el primer Premio nacional de poesía María Mercedes Carranza, en alianza con Idartes y en coedición con Cardumen, que ganó en 2022 Laura Andrea Garzón, una de las voces más arriesgadas de la poesía colombiana actual.

Agradecemos a nuestros autores, traductores, correctores, diseñadores, ilustradores, coeditores, impresores, distribuidores, libreros, periodistas, promotores, bibliotecarios, profesores y lectores lunáticos por acompañarnos estos quince años. También agradecemos a nuestro equipo y a las instituciones que nos han apoyado.

Catalina González Restrepo

miércoles, 30 de agosto de 2023

Literatura argentina traducida: el contexto es clave

El pasado 24 de agosto, Luciano Sáliche entrevistó a Gabriela Adamo y Victoria Rodríguez Lacrouts con motivo del informe que ambas realizaron sobre "extraducción" para la fundación TyPA (ver, en este mismo blog, las entradas correspondientes a los días 18 y 22 de agosto). El resultado de esa conversación fue publicado por InfoBAE cultura.

Cortázar, editores enamorados y 1787 licencias: mapa de la traducción de la literatura argentina

“Este informe no es conclusivo en sí mismo. El objetivo, justamente, fue mostrar un estado de situación al que pudimos llegar con herramientas bastante limitadas, pero a partir de ahí abrir la conversación y empezar a tirar del ovillo para ver si se puede generar algún panorama más alentador para la venta de derechos de autores argentinos”. Quien habla es Victoria Rodríguez Lacrouts. Ella y Gabriela Adamo —y la colaboración de Victoria López Zanuso—, como referentes de la Fundación TYPA, acaban de presentar La extraducción en la Argentina III (2010 – 2022), una investigación sobre las traducciones de la literatura argentina en el último tiempo. “Lo bueno es poder empezar a contar con estas informaciones: tener datos que te permitan hacer comparaciones”, agrega Adamo.

Números iniciales for export
¿Qué datos se despliegan a partir de este relevamiento? Empecemos. En el período 2010-2022 se vendieron un total de 1787 licencias. El promedio anual es de 149. Pero si hablamos de títulos, el total es de 1224, con un promedio anual de 102. Se basaron en cuestionarios y encuestas enviados a más de 600 editores, agentes y autores del país y del exterior, la información del Programa Sur y la base de datos de ThreePercent, que depende de la Universidad de Rochester, Estados Unidos, que recolecta las traducciones hechas al inglés. El informe abre con esta pregunta: “¿Cómo llegan los autores y autoras argentinos a ser traducidos a otras lenguas?” Ese interrogante, dicen, es el que “guió gran parte de los trabajos llevados adelante por el área de Letras de la Fundación TyPA a lo largo de más de veinte años”.

El primer informe, que hizo Adamo junto a Valeria Añón y Laura Wulichzer, abarcó la franja 2002-2009 y llevó por título Venta de derechos de autor para otras lenguas. “Fue un parteaguas. Fue un trabajo muy grande, sirvió mucho, se usó mucho, se siguió leyendo mucho”, explica ahora Adamo. Luego vino un segundo informe, Interpretar silencios, de 2008-2012, a cargo de Añón. La continuidad fue la clave. Y si bien la información es amplia, no es suficiente: “En cuanto a las oficinas públicas o las cámaras del libro, no existe la costumbre de registrar estos datos”, por lo que “el libro argentino traducido queda en un limbo” y “se vuelve totalmente imposible rastrear datos monetarios; de hecho, hoy en día es imposible saber qué tamaño real tiene el mercado que estamos analizando”.

Cortázar, el más traducido
Los cinco autores con más licencias vendidas son Julio Cortázar (65) César Aira (50), Claudia Piñeiro (40), Roberto Arlt (40) y Ricardo Piglia (39). El primero, Cortázar, mantiene tiene cierta ventaja por sobre el resto. ¿A qué se debe? “Cuando teníamos el primer informe pensábamos que era algo coyuntural, pero ahora se ve que Cortázar se sostiene en el tiempo”, dice Adamo, y continúa: “Las respuestas que puedo dar son intuitivas, pero claramente una de ellas es que se convirtió en literatura clásica de la Argentina, en un autor que se traduce y se vuelve a traducir. Están también Borges, Bioy, Silvina, Sabato, todos nombres que están entre los primeros puestos, pero Cortázar gana por lejos. Es un autor que se traduce a lenguas nuevas y a veces a lenguas que ya lo habían traducido pero lo vuelven a traducir”.

Por su parte, Rodríguez Lacrouts explica que “Cortázar fue como el mascarón de proa de un movimiento dentro de la literatura latinoamericana. Cuando esa literatura latinoamericana se mundializa, Cortázar era el nombre que estaba encabezando en nuestro país eso”. Y agrega algo que quizás para nosotros, acá, en Argentina, sorprenda: “Todavía en Europa, para leer gran parte de la literatura contemporánea latinoamericana, se sigue utilizando la categoría de realismo mágico. Son categorías que quedaron muy cristalizadas después del boom de la literatura latinoamericana. Fue un estallido tan fuerte que quedó impresa ahí una marca que no se va más. Quizás por eso Cortázar sigue siendo el abanderado. Está siempre en el top cinco; pasan los años y sigue ahí”.

Hay más autores en esa lista. Arlt, por ejemplo. “Seguro está relacionado a que está ahora liberado de derechos, entonces tienen muchos títulos”, dice Rodríguez Lacrouts. Pero además, comenta Adamo, “hay una segunda línea de autores que fluctúa más. Son los autores fuertes en el momento para la Argentina que entran en esa primera franja de autores más traducidos, pero después desaparece de ahí. Salvo algunos: Tomás Eloy Martínez en la primera vuelta y Claudia Piñero ahora. Un autor que fue haciendo esa subida fue Piglia: al principio estaba como un autor más bien nuevo que no sabíamos si se iba a sostener o no, y ahora se sostiene cada vez más. Claramente está entrando en este grupo de autores que están permanentemente traducidos”.

La simpatía italiana
De los derechos vendidos, Italia compró el 26.6% y Estados Unidos el 18.2. Le siguen Francia con 14.2, Brasil con 10.4, Alemania con 9.8, Reino Unido con 7.0 y Bulgaria con 5.7.“Pareciera que Italia tiene un interés especial para Argentina, ¿no?”, dice Rodríguez Lacrouts, y cita el caso puntual de Edizioni Sur, que “se especializa en literatura latinoamericana, pero que tiene en el catálogo cantidad de autores argentinos, tanto clásicos como contemporáneos. Eso está buenísimo porque muchas empiezan, publicando a los clásicos y a los ya no llegan. Pero Sur publicó todo. Yo soy una convencida que el motor más poderoso de tracción no es el marketing ni las grandes publicidades, sino el entusiasmo de uno o dos personas que hacen que que todo sea mucho más perdurable en el tiempo”.

Por su parte, Adamo dice: “Lo de Italia es muy llamativo. Hay como alguna simpatía cultural, una cercanía cultural entre ambos países. En ese país hay dos editoriales que traducen muchísimo. La mayoría traduce dos o tres títulos y después no siguen traduciendo; en cambio estas dos traducen mucho y con constancia. También fue muy llamativo y muy interesante ver cómo creció el inglés. En nuestro primer informe el inglés no estaba entre las cinco lenguas que más traducían y ahora sí”. Además, las diez editoriales más compradoras fueron Edizioni Sur (Italia), Edizioni Arcoiris (Italia), New Directions (Estados Unidos), Open Letter (Estados Unidos), Charco Press (Reino Unido), La Dernière Goutte (Francia), Meander Publishing (República Checa), Asphalte Éditions (Francia), Fili D’Aquilone (Italia) y Colibri (Bulgaria).

Frankfurt y el Programa Sur
En el año 1999, Gabriela Adamo fue invitada a la Feria de Frankfurt para participar del programa de editores. En ese entonces trabajaba en Editorial Sudamericana. Ahí, en ese gran encuentro alemán, tuvo por primera vez contacto con lo que ella define como “el mundo editorial en Europa”. “Lo realmente impactante fue ver cómo se traducían las lenguas europeas, y Estados Unidos también, y cómo Argentina estaba fuera de ese circuito. Yo conocía la literatura argentina y pensaba: si Argentina tiene una literatura de altísima calidad que podría estar compitiendo codo a codo sin problemas con estos libros, ¿por qué no estamos acá? Había muy poquito de literatura argentina en ese ida y vuelta de traducciones. Y ahí fue, te diría, que empezó el interés y la curiosidad de pensar por qué se daban esas cosas”.

Ese mismo año, cuando volvió de Frankfurt, empezó a trabajar con Américo Castilla, el fundador de de la Fundación TYPA. “La primera propuesta que le hice fue trabajar en ese campo armar la Semana de Editores en Argentina, que era hacer lo mismo que yo había visto en Frankfurt pero al revés: traer editores de todo el mundo a la Argentina para mostrarles lo que hacemos. Y la Semana de Editores en Argentina fue un programa de mucho tiempo: se hizo durante quince años. Porque la sensación de ese momento era que no nos traducían porque no nos veían, porque no estábamos en ese circuito. Una cosa muy entusiasta: si nos vieran nos van a traducir”, cuenta quien publicó en 2012 el libro La traducción literaria en América Latina.

Los editores enamorados
“La editorial italiana Sur empezó siendo una librería, después empezó editar, y después la que traducía la mayoría de los libros de autores latinoamericanos se convirtió en la editora del sello. Generalmente son proyectos bastante autogestivos”, explica Rodríguez Lacrouts, y Adamo subraya la idea: “Acá hay mucho que tiene que ver con intereses personales: de pronto aparece un editor que por x motivo está enamorado de la literatura argentina y se pone a traducir un montón. Como es relativamente chico el número absoluto de libros argentinos traducidos este tipo de cosas puede generar cambios fuertes en las tendencias.

Potencia y contexto
El contexto acá es clave. Victoria Rodríguez Lacrouts explica que, “en relación a Uruguay y Chile, por ejemplo, tenemos muchísimas más traducciones nosotros. Obviamente que con Estados Unidos, con las lenguas centrales, no te podés comparar nunca. Estamos hablando de una lengua que, si bien es central, siempre tiene la dominancia todavía de España. Habría que hacer un estudio comparativo más serio, pero en principio lo que me parece un gran éxito es lo parejo: se mantuvieron en un programa medio relativamente parejo durante más de diez años las traducciones de autores argentinos. Para mí eso ya es un montón. ¿Se pueden hacer un montón de cosas para que ese número pueda aumentar un poco más? Sí, seguro. Son un montón de cosas”.

¿Y qué cosas? “Cosas que no tienen que ver únicamente con una mejor aplicación del Programa Sur o políticas de Estado que se complementen un poco con eso. Tiene que ver también con las dificultades que todavía tenemos en nuestro país para conectarnos económicamente con el mundo: el cobro de divisas acá siempre es muy complejo. Entonces te metes como en una maraña de cosas donde muchos editores prefieren no mirarla y dedicarse a otra cosa que a vender autores. Son un montón de aspectos en los que se pueden trabajar para que este número vaya creciendo. No me parece un número menor. El promedio sostenido año a año está muy bien, me parece un buen pronóstico”, asegura Rodríguez Lacrouts.

“Lo más notable del informe —opina Adamo— es que se mantiene el interés por la literatura argentina. Si uno la mueve bien y la muestra, está. A veces suena un poco ombliguista, decir ‘nos tienen que mirar’; no es eso, sino que realmente hay un convencimiento de que la calidad de la literatura argentina es tan buena que merece estar en ese circuito de literatura traducida. Lo más reconfortante fue confirmar esto y ver cómo año tras año siempre un poco más se traduce. Hay todavía un largo camino para recorrer. En el concierto internacional de lenguas Argentina no tiene un lugar central, pero dentro de lo que se puede aportar la literatura argentina va creciendo. Y eso lo confirmamos y eso da entusiasmo”.


martes, 29 de agosto de 2023

Esquilo vuelto a traducir en México


"La Universidad Autónoma de México suma a su colección de clásicos grecolatinos una cuidada edición bilingüe de la trilogía de Esquilo con traducción y notas del experto helenista David García Pérez." Ésta es la bajada de la nota publicada el pasado 26 de agosto en InfoBAE Cultura por el especialista en literatura clásico Hugo Francisco Bauzá.

A propósito de una nueva traducción de la Orestíada

Desde hace varias décadas la Universidad Nacional Autónoma de México, fiel a arraigada tradición humanista, a través del Instituto de Investigaciones Filológicas viene emprendiendo la tarea, notable por su rigor académico y encomiable al estar sostenida en el tiempo, de editar obras de autores griegos y latinos en su colección, ya célebre, Bibliotheca Scriptorum Graecorum et Romanorum Mexicana, dirigida hoy por Aurelia Vargas Valencia.

Textos bilingües (originales griegos o latinos enfrentados a la traducción española), escrupulosamente colados –es decir, escogidos luego del cotejo de diferentes variantes textuales–, junto a cuidadas introducciones, numerosas notas y la pertinente bibliografía. A los volúmenes ya aparecidos –obras de Homero, Hesíodo, Píndaro, Virgilio u Ovidio, entre otros–, se suma ahora la Orestíada de Esquilo en un trabajo de valía tanto por la fidelidad de las versiones, cuanto por su rica introducción (137 páginas de prólogo y otro tanto de notas) de la pluma del helenista David García Pérez.

Desafío riesgoso el de emprender una nueva versión de una obra dramática –de casi 4.000 versos– compuesta en griego clásico hace más de dos milenios, labor que el estudioso ha sorteado con holgura. Concebido también con finalidad didáctica, el trabajo presenta correspondencia exacta entre los versos griegos y su versión española. El texto base es la edición de Agamemnon. Libation Bearers. Eumenides. Fragments de Herbert Weir Smyth (volumen de la Harvard University Press) con auxilio, en ocasiones que se indican, de la clásica de Martin L. West, herederas estas de la editio canónica de Ulrich von Wilamowitz.

García Pérez, filólogo clásico y ensayista, se desempeña como traductor e investigador en el Centro de Estudios Clásicos del mencionado Instituto. Entre otros trabajos de su pluma menciono el sustancioso estudio Prometeo, el mito del héroe y del progreso (2006), obra de consulta insustituible, así como Los retornos de Electra y de Orestes (2013).

Esquilo –autor de unas noventa piezas muy celebradas y héroe de las batallas de Maratón y Salamina–, poco ante de morir, en la cumbre de su carrera, compuso y presentó ante la festividad de la Grandes dionisias en la primavera del 458 a.n.e. su Orestíada, única trilogía clásica llegada completa hasta nosotros. Y no digo escribió sino compuso ya que fue el autor del texto dramático, de la música, de la danza de los coros, en suma, de la régie escénica toda, como era habitual en ese entonces. Obra sublime, pese a que tal como ha llegado hasta nosotros, faltan su música, apuntaciones sobre las danzas corales y otras cuestiones escénicas.

Este corpus poético consta de tres piezas –Agamenón, Coéforas y Euménides–, seguidas de un drama de sátiros –Proteo– del que sólo conocemos su nombre (estas pequeñas farsas se añadían a las trilogías ya para levantar el ánimo de los espectadores, alicaído después de asistir a la puesta en escena de tres tragedias; ya por tradición ritual dado que los sátiros –seres daimónicos– integraban el séquito de Dioniso, de cuyos sacrificios nació este género dramático). La trilogía versa sobre el aciago destino de los atridas, i. e., los descendientes de Atreo, el primitivo monarca del Peloponeso. Su temática procede de la época heroica, concretamente, de la tradición homérica, aunque Esquilo, influido por Hesíodo, añade una perspectiva didáctica tendente a que sus piezas eleven y dignifiquen a los espectadores: idea de la poesía como formadora del buen ciudadano, como más tarde destacó Schiller cuando nos habla de la “educación estética del hombre”. De esta obra emana un aura sacerdotal que valora a Esquilo como guía de la conducta ciudadana.

De la ingente variedad de pareceres recogidos por García Pérez en la edición que nos ocupa, atiende a ideas pitagóricas al reflexionar sobre la condición humana cuando en su evolución política la democracia ateniense entró en colisión con el pensamiento religioso. Remite también al parecer de J. Torrano para quien los planteos esbozados por el dramaturgo son desafíos que dan cuenta de una perplejidad dolorosamente asumida frente a la necesidad de equilibrar la acción individual con la colectiva, en favor del logro de una convivencia armónica en la pólis. Desde una mirada simbólica asistimos al tránsito que va de la descomposición del cosmos hasta su ulterior recomposición –lograda gracias al amparo de Díke ‘la Justicia’–, aun cuando, tras la “aparente” resolución del conflicto, “el núcleo de lo trágico queda latente” (D. García, p. 26).

La primera pieza da cuenta de la muerte de Agamenón cuando, al volver vencedor de la guerra greco-troyana, sucumbe a manos de Clitemnestra, su mujer, en complicidad con Egisto. Clitemnestra, autora material e intelectual del asesinato, sorprende por la fuerza de su éthos –de corte masculino– frente a la minusvalía de su amante. Las Coéforas, segunda pieza, cuyo nombre procede de las portadoras de ofrendas del coro, evoca el encuentro de Electra –hija del malhadado rey– con su hermano Orestes y cómo aquella lo insta para que dé muerte a Clitemnestra, madre de ambos, por haber matado a su marido. El joven cumple esa acción tan horrenda como paradójica: justa al vengar a su padre, pero injusta al ultimar a su progenitora –lo que remite al tema de la “justicia injusta”, uno de los tópoi de las piezas de Esquilo–; tras ese acto nefando es perseguido por las Erinias.

En la tercera, estas deidades, vengadoras de los delitos de los consanguíneos, claman venganza y piden compensación. Orestes, hostigado por estas furias, huye desesperado refugiándose en Delfos en pos del amparo del dios oracular. Allí Apolo le aconseja dirigirse a Atenas para que la deidad que preside la ciudad resuelva. Y es entonces cuando Atenea anuncia que establecerá un tribunal humano para que juzgue al matricida y que, en caso de paridad de votos, ella con el suyo dirimirá la cuestión.

La diosa –no nacida de vientre materno, sino surgida de la cabeza de Zeus como evoca el mito– privilegiando lo masculino al igual que Apolo, vota en favor de Orestes. Mas como las Erinias, despechadas, reclaman castigo, Atenea las muda en Euménides, diosas benéficas, prometiéndoles culto en el Ática, y, en efecto, así lo cumple. Hoy, cuando en Atenas el peregrino asciende por los propíleos, la entrada monumental por la que se accede a la acrópolis, halla a su paso el templo de las Euménides, todavía en pie pese a más de dos milenios de construido.

Así pues, Esquilo presenta “una solución jurídico-política al tema de la justicia” según refiere D. García en su “Estudio Preliminar” (p. 12), poniendo fin a una suerte de ley del Talión característica de la sociedad tribal en la que “los delitos de sangre se dirimían dentro de los clanes” (ibid.), donde un crimen se paga con otro crimen. Frente a ese horizonte atroz, el dramaturgo propone un sistema de justicia secularizada –materializada en la conformación del Areópago, ‘el tribunal de justicia’– en la que, gracias a la persuasión de la diosa y no sin cierta cuota de clemencia, se arriba a una solución. (Añado que, ahondando en esa postura que habla del tránsito de lo tribal a lo democrático, P. P. Pasolini –que en 1959 había traducido del griego al italiano la Orestíada a pedido de V. Gassman, quien quería montar esta trilogía en el célebre teatro griego de Siracusa– retoma el citado tránsito en su film Apuntes para una Orestíada Africana en el que prioriza la cuestión política). Al solucionarse el conflicto, aunque no en la conciencia de Orestes ya que el matricidio –hecho abominable– es indisoluble, Goethe, en carta al canciller Von Müller de junio de 1824, sostiene que la Orestíada no es una obra propiamente trágica pues, a la postre, se soluciona el conflicto (lo trágico implica una oposición inconciliable: tan pronto surge una solución, desaparece lo trágico, cf. K. Jaspers, pas.).

El autor de Werther entiende esta trilogía como un drama en el que se dan situaciones trágicas para, finalmente, llegar a una conciliación armoniosa, una suerte de happy end. Gilbert Murray, el célebre helenista de Oxford, respecto de este corpus dramático, pone el acento en la salvación de los valores y del mundo gracias al arbitrio de la sabiduría divina. Después del crimen, la expiación y, tras esta, el conocimiento, tal como refiere el coro en un verso harto citado (tô páthei máthos ‘por el sufrimiento, el aprendizaje’, cf. Agamenón, v. 177). En el plano de lo sociopolítico asistimos al pasaje que va de la aristocracia exaltada por la épica a un nuevo orden signado por la democracia, expresado en el género trágico. Para otra mirada, se trata del tránsito de lo matriarcal, afincado en lo ctónico y en lo sombrío –así el mundo de las Erinias y de Clitemnestra–, hacia lo patriarcal donde rigen la luz y el equilibrio representados por los dioses nuevos –por ej. por Apolo– bajo la égida de Zeus.

Para el citado Murray, el Agamenón, pieza majestuosa, “es obra suprema de poesía”. Comienza con un episodio trágico –el asesinato del rey– y concluye con un acto religioso como es la fundación del culto de las Euménides (no en vano Esquilo había nacido en Eleusis, ciudad ática famosa por la sacralidad y celebración de sus misterios). De una atmósfera teñida de sangre, mediante el sufrimiento, se alcanza una dimensión de libertad y justicia con lo que el mensaje del dramaturgo parece proyectarse como un kthêma eis aeì –’una adquisición para siempre’–, como podría haber dicho Tucídides (I 22).

Siguiendo a A. Podlecki y a otros autores, D. García entiende que “la Erinia es reemplazada por la justicia que se alcanza mediante un proceso legal, esto es, una creación humana que personifica al ejemplar divino” (p. 54, en nota). Así, la Orestíada se impone como un encomio de la democracia. A modo de síntesis, transcribo un pasaje del citado estudioso donde refiere: “Si los hombres piensan a sus dioses, es decir, éstos son resultado de la ideología, no es de extrañar que Esquilo llevara este proceso teleológico al ámbito estricto de los seres humanos, donde la lucha es igualmente descarnada para alcanzar el poder y modificar el statu quo” (ibid., p. 56).

Un trabajo valioso, sólidamente documentado, que echa luces también para repensar el sentido de la libertad y de la justicia en el mundo en que hoy nos movemos.


viernes, 25 de agosto de 2023

"Una nueva estudiantina alrededor del libro"



Curiosamente, de pronto, todo el mundo vuelve a poner la atención en la existencia de los libros y decide promocionarlos. Así, con bombos y platillos, a las ya muchas ferias del libro existentes, a las conferencias sempiternas, los mundiales de escritura, los múltiples aniversarios y los juegos florales en general, se suma la recurrente iniciativa de incentivar la lectura. No lo hace, como en otras ocasiones, el Ministerio de Educación, sino la Fundación El Libro, a través de una campaña en la que intervienen "músicos, artistas, humoristas gráficos, escritores, periodistas, empresarios". La lista de los intervinientes es, cuanto menos, curiosa. Todo indica que no son los escritores, responsables de esas cosas que después se convierten en libros, los encargados de convencer a los hipotéticos lectores, sino quienes los anteceden en en la lista que pone a quienes escriben en cuarto lugar, apenas precediendo a los periodistas y, en el colmo de la extravagancia, a los empresarios, cuya inclusión admite suspicacias. 

Otro tanto ocurre con "la lectura", que en abstracto no significa nada. Se supone entonces que, detrás de la lectura, están los libros, que es el lugar donde parece centrarse buena parte de la iniciativa. Ahora bien, el libro es un objeto que transporta un contenido. Y lo que importa cuando se lee es fundamentalmente ese contenido que, por otra parte, ya no es privativo de los libros porque existen además otras plataformas. Entonces, poner tanto énfasis en el objeto permite albergar sospechas ya que aquí no se habla de lo que escriben los escritores, sino de su expresión material. Y tratándose de cosas materiales, uno bien puede imaginar que alguien produce esos objetos para luego venderlos por mayor y por menor, con lo que llegamos a la fiesta de la industria antes que a la de la lectura y las palabras. 

Aquí corresponde señalar que la industria, por ahora, no tiene más remedio que invitar a sus fiestas a los escritores. En este mismo blog, ya hemos hablado en varias ocasiones de lo injusta que es la repartición de beneficios: primero están las librerías, después las distribuidoras, siguen las editoriales y se termina en los escritores (que reciben entre el 8 y el 10% del valor del precio de tapa) y en los traductores (que reciben entre el 4 y el 1% de ese mismo valor), a razón de dos liquidaciones semestrales que se suelen pagar noventa días después de realizado el informe de las ventas. Considérese aquí lo que significan estos números en un país con una inflación como la argentina. ¿Constituye esa operación una manera de honrar a quienes escriben los libros cuya lectura se busca promocionar? 

Vuelvo en este punto a algo que ya he manifestado en repetidas ocasiones: sin escritores y sin traductores, no hay libros. Por eso, a las ferias del libro y a las de los editores habría que sumar las de los escritores, pensando una lógica distinta que la del mero negocio disfrazado de otra cosa.

Concluyo refiríendome al leit motiv de esta nueva campaña "para poner al libro de moda". Sus inventores han recurrido a Borges y a esa frase suya que dice: "La lectura debe ser una de las formas de la felicidad". Entiendo que ésa frase está sesgada, porque Borges solía decir que uno de sus vicios era no leer a Enrique Rodríguez Larreta, autor de La gloria de Don Ramiro, para no hablar de los cientos de libros que criticó por no considerarlos valiosos. Así, teniendo en cuenta esas contradicciones, uno podría concluir que no siempre leer tiene que ver con la felicidad. De hecho, ni los libros de autoayuda de Pilar Sordo, ni las simplificaciones de la filosofía de Darío Sztanjszrajber, ni las ficciones o poemas de María Negroni son formas de la felicidad. Con todo, podría matizarse la cuestión señalando que el "debe" podría imaginarse como un "debería", lo que serviría para mitigar el carácter obligatorio que parece deducirse de la convocatoria a esta nueva estudiantina de los empresarios y los burócratas del libro.

Jorge Fondebrider





jueves, 24 de agosto de 2023

Otras tres librerías se suman a las muchas de Buenos Aires

El pasado 22 de agosto, Natalia Blanc publicó en el diario La Nación, de Buenos Aires, el siguiente artículo que habla de tres nuevas librerías porteñas. En la bajada se lee: "Te Llamaré Viernes, Verne Libros y Naesqui tienen por detrás a editores literarios, periodistas y gestores culturales; el desafío de fidelizar clientes y vender libros en medio de la crisis"

Del otro lado del mostrador: nuevas librerías porteñas atendidas por expertos

Son editoras, comunicadoras y ahora, también, libreras. Paola Lucantis y Paulina Cossi, exintegrantes del plantel de la filial local de editorial Planeta, que cuentan con gran experiencia y trayectoria en el rubro editorial, inauguraron hace dos meses Te Llamaré Viernes, una librería en Belgrano, a pasos del Barrio Chino, que apuesta al maridaje entre vinos y literatura.

Pero no son las únicas expertas que pasaron del otro lado del mostrador: el periodista cultural Maximiliano Tomas acaba de abrir Verne Libros, en Villa Crespo, y otro ex Planeta, Ignacio Iraola, que fue director editorial entre 2005 y 2022, avanza a toda marcha con un proyecto más ambicioso: Naesqui, un espacio cultural en Villa Ortúzar, que incluirá una tienda de libros, un café, salas para presentaciones y talleres, entre otras propuestas que también incluye la idea de sacar los libros a la vereda y “copar” la plaza 25 de agosto, ubicada enfrente, con lecturas, música y encuentros.

Mientras Te Llamaré Viernes y Verne Libros ya funcionan a pleno conquistando a los vecinos de sus respectivos barrios y los visitantes ocasionales atraídos por la oferta gastronómica y cultural de cada zona, Naesqui todavía está en desarrollo: Iraola y su socio, el abogado Pablo Slonimsqui, compraron la casona de la esquina de Charlone y 14 de julio, que están remodelando con el estudio de arquitectura Bruto, para que funcione allí un bar y sumarle una terraza para disfrutar en primavera y verano. “Si bien podríamos inaugurar en diciembre, estamos apuntando a febrero o marzo. Va a ser mucho más que una librería”, dijo Iraola a La Nación.

En la cuenta de Instagram, donde aparece la aclaración “Próximamente” en el logo, muestran los avances de la obra. Naesqui, nombre formado por la palabra esquina al revés y, también, por la primera sílaba de “Nacho”, apodo con el que el ambiente literario conoce al exdirector de Planeta (trabaja en la industria editorial hace 32 años) y el final del apellido del abogado y también autor, apuesta a la potencialidad del barrio. “Es impresionante cómo cambió la zona a partir de la pandemia -cuenta Iraola-. Además de los vecinos que descubrieron Villa Ortúzar, hay una especie de polo cultural con editoriales, librerías amigas, salas que organizan muchísimas actividades”.

En los tres casos, cuando se les pregunta por qué decidieron lanzarse a la aventura de vender libros en este contexto económico crítico, las respuestas son coincidentes: en un país inestable como la Argentina, con crisis cíclicas, nunca hay “un” momento ideal para encarar un proyecto.

“En nuestro caso -asegura Slonimsqui- surge de una idea de Nacho, que yo compré enseguida, y tiene que ver con nuestro profundo amor por los libros: la importancia que tuvieron los libros en nuestras vidas, desde lugares completamente distintos”.

El desafío, como en cualquier negocio, es conseguir y fidelizar clientes. Y en eso andan estos nuevos libreros que tienen el plus de ser expertos: conocen la industria editorial desde todos los ángulos y etapas del proceso.
Catas literarias

Para abrir Te Llamaré Viernes, Cossi y Lucantis eligieron un local (después de visitar varios) de una zona del bajo Belgrano donde no había librerías. “Hay muchas opciones gastronómicas y muchas oficinas, pero nada parecido a lo nuestro. En dos meses notamos que la gente se acerca, entra, pregunta, pide actividades y asesoramiento y se va con libros y vinos”, contó Cossi. El maridaje entre vinos y literatura es el foco de esta propuesta. “La cata literaria es nuestro hit. Abrimos el cupo y se completa en dos horas –dice Lucantis–. Participan enólogos y sommeliers y nosotras proponemos un juego con autores, historias y géneros”.

Así como hicieron una curaduría de títulos para seleccionar qué exhiben en la vidriera y las estanterías (tienen de todo, incluido best sellers y catálogos de sellos independientes), los vinos que ofrecen también son “elegidos”. “No están en plataformas comerciales y en estos dos meses fuimos ampliando la oferta”, agregó Lucantis. Los precios van desde 3 mil pesos la botella a 13 mil; más o menos, la misma escala de valores de los libros.

Te Llamaré Viernes (título “prestado” de una novela de Almudena Grandes, de quien Lucantis fue editora en Tusquets, en la que la escritora española rinde homenaje a Daniel Dafoe y Robinson Crusoe) inauguró a principios de junio con un brindis, como no podía ser de otra manera, al que asistieron escritores, editores, libreros, periodistas.

Desde entonces, además de sumar clientes de todas las edades (tienen pequeños lectores que ya son habitués y se tiran a leer en el sector dedicado a la infancia, además de muchos jóvenes y mujeres), organizaron presentaciones, charlas, talleres y un ciclo de poesía con la participación de Ivonne Bordelois y Santiago Loza, entre otros, que tiene lugar los segundos viernes de septiembre, octubre y noviembre.

Entre las próximas actividades (algunas gratuitas; otras aranceladas; se anuncian por Instagram) ya confirmaron para el jueves 24 una cata con Chai Editora y Bodega Urqo, “dos proyectos con búsquedas de sencillez y placeres”, y la presentación del nuevo número de la revista literaria El gran cuaderno, el viernes 25. “En septiembre vamos hacer lecturas, con Mariana Travacio (martes 12) y Liliana Viola que leerá textos de Aurora Venturini (viernes 22). Queremos que sea un espacio donde pasen distintas cosas todo el tiempo”, completa Lucantis.

Con una suerte de prueba en los últimos veranos en el Viejo Hotel Ostende, Te Llamaré Viernes tiene en su local de La Pampa 1569 dos valiosos tesoros para sus fundadoras: una reproducción de un afiche de la primera visita de Grandes a Buenos Aires el 7 de julio de 1993 y un libro destacado sobre una mesa redonda al lado de un sillón para que clientes y visitas puedan sentarse a leer más allá de si luego compran un libro o un vino. La tarde de la visita de La Naciónen el rincón de los favoritos estaba Una inmodesta desproporción, de Luis Chitarroni.

Un catálogo de autor
Verne abrió al público hace una semana, después de cuatro meses de obra, en Juan Ramírez de Velazco 1427, una zona de “ChacaCrespo” con restaurantes exitosos como Anchoíta y galerías de arte como Ruth Benzacar. “Maxi” Tomas y su socia, Guillermina Wiegers, eligieron el nombre de la librería después de una intensa tormenta de ideas que duró varios meses e incluyó bromas como la de ponerle “Pescadito” (en alusión al famoso restó vecino de Enrique Piñeyro que tiene enfrente un bar también llamado Anchoíta).

En su cuenta de Instagram, definen la propuesta como una librería “de autor”. “El concepto es el mismo que el de una galería de arte. Es una librería curada como una galería: en lugar de cuadros, libros. Yo exhibo o muestro solo lo que me gusta, lo que leí, lo que me gustaría volver a leer”, explica Tomas.

Decorado con objetos que remiten al universo Verne y con las novelas del autor de La vuelta al mundo en 80 días y Viaje al centro de la Tierra, entre otros títulos, exhibidas en las estanterías, en el local se destaca un mural pintado por el estudio de diseño Luc.at con un globo aerostático y otros elementos de las ficciones de Verne que sirve de postal de fondo para las presentaciones y charlas.

“No hay un solo título que no hayamos elegido a ‘dedo’. Del universo de novedades, que es inagotable, seleccionamos a partir de un eje centrado en literatura argentina y extranjera, ensayo, poesía y no ficción. Esto no quiere decir que no vamos a vender algunos libros de perfil más comercial, pero no todo porque el espacio es finito”, agrega Tomas.

Su socia, que es ingeniera y trabajó cerca de veinte años en la industria petrolera, fue alumna en uno de los talleres literarios que dicta el periodista. En una charla sobre años sabáticos y “sueños del pibe”, ella le contó que planeaba abrir una librería. “Verne nace de ese encuentro y de una misma pasión: la lectura y la escritura”, confirman ambos.

a primera actividad, que sirvió para dar a conocer el espacio, contó con María Negroni y el editor Manuel Borrás, del sello Pre-textos, que publicó su libro Arte y fuga. Entre el púbico había autores, editores, colegas, que aprovecharon para espiar en los estantes. También, en la mesa de “favoritos” de los flamantes libreros, donde conviven El mal menor, de C.E. Feiling; Los enamorados, de Alfred Hayes; The Buenos Aires Affair, de Manuel Puig; y Las islas, de Carlos Gamerro, entre otros títulos. También hay un sector especial dedicado a la literatura infantil y otro a usados seleccionados: allí se pueden encontrar joyas como París, de Mario Levrero, y El gaucho insufrible, de Roberto Bolaño.

Entre los proyectos cercanos está dictar talleres y organizar entrevistas públicas una vez por mes, en un ciclo coordinado por Tomas que empezará con Margarita García Robayo y Ariana Harwicz. Una aventura, un desafío, que recién empieza a rodar.


miércoles, 23 de agosto de 2023

"El contenido de revista de crítica literaria, con el criterio de recomendación de Trip Advisor y la socialización de Facebook"

"Los analistas describen los hostigamientos y cancelaciones vigentes en los sitios de recomendación, posteos de booktubers o rankings de inteligebcia artificial y apuntan a que los algoritmos son opuestos a la diversidad ya que ofrecen más de lo mismo." Así es la bajada de la nota publicada por Ana Clara Pérez Cotten, el pasado 20 de agosto, en el sitio de la agencia TELAM.

Las plataformas amenazan la diversidad editorial y la subjetividad del lector

Los algoritmos, los rankings generados con inteligencia artificial, los posteos de los booktubers y las plataformas de recomendación como Goodreads imprimen una nueva lógica en el mercado editorial, pero también en las rutinas de los lectores, en la construcción del gusto personal y en la opacidad de las recomendaciones que circulan.

Goodreads- una plataforma creada en 2006 que mezcla e
l contenido de revista de crítica literaria, con el criterio de recomendación de Trip Advisor y la socialización de Facebook - funciona como una suerte de bitácora en la que los usuarios construyen una biblioteca digital con sus lecturas, puntúan los libros de 0 a 10, publican críticas y se acercan a otros con lecturas comunes. Y aunque en un principio aparecía como un continente blanco en el que, a diferencia de lo que ocurría en redes sociales, no había ironía ni agresividad entre los usuarios-lectores, también eso se contagió del espíritu de la época, cargado de cancelación y hostigamiento.

Elizabeth Gilbert, la autora de Comer, rezar, amar, contó en junio que su próxima novela, The snow forest, estaría ambientada en Rusia durante el período de la Unión Soviética, y que contaría la relación de una niña con la naturaleza. La mención a Rusia y la coincidencia del lanzamiento con el segundo aniversario de la invasión de Ucrania generaron un caldo de cultivo de comentarios negativos en las redes sociales que pronto se trasladaron a Goodreads. Incluso antes de llegar a las librerías y de contar con lectores más allá de los editores de Gilbert, The snow forest acumuló 534 valoraciones negativas (una estrella sobre cinco), una crítica regular de dos estrellas y ninguna por encima de esa calificación.

La campaña en la plataforma hizo que Penguin decidiera postergar la edición de la novela hasta que termine la guerra en Ucrania. Es decir que la obra de Gilbert pasó de ser uno de los lanzamientos del año a no tener fecha cierta de publicación. Claro que la plataforma también supo encantar a muchos autores porque una recomendación contundente allí puede multiplicar rápidamente las lecturas de una obra. En octubre de 2020, la edición en inglés de Cadáver exquisito de la escritora argentina Agustina Bazterrica, Tender is the flesh, que relata una distopía de una pandemia que ha dejado sin carne animal al mundo, compitió por un premio en Goodreads, junto a otros catorce autores de terror entre los que estaba el mismísimo Stephen King. Y aunque finalmente no ganó, la novela de Bazterrica consiguió nuevos lectores en distintos puntos del mapa.

Agustina González Carman es licenciada en Ciencias de la Comunicación y autora de la novela Ventanas rotas, editada por 17 grises editora y de Amores que matan, una compilación de crónicas literarias sobre Felicitas Guerrero y Camila O´Gorman. Y es, además, una usuaria muy activa de la plataforma. “Uso Goodreads hace muchos años, más como bitácora de lectura que como una red social literaria. Me sirve para anoticiarme de las publicaciones nuevas que editan escritores que me gustan o para espiar qué están leyendo amigos y conocidos. Leo literatura de todas las épocas y géneros (si es que eso existe). No me caso con las novedades pero tampoco soy reticente a la escritura de mis contemporáneos. He leído novelas bien valoradas en Goodreads que me han parecido malas, así que con el tiempo comencé a prestar menos atención a las estrategias de marketing editorial y más a la intuición estomacal”, cuenta Carman a Télam y advierte que no ser “lectora solemne” le permite abandonar libros aburridos y también decepcionarse con un libro muy recomendado en redes sociales.

La escritora cree que el arte de recomendar es en sí complejo, algo que va más allá de la plataforma. Con los años, aprendió a sospechar de las recomendaciones generalistas, especialmente de obras literarias: “Algunos terminan leyendo algo porque está de moda en redes sociales, porque le gustó a tal persona conocida, o para tener tema de conversación con los amigos, y eso limita la capacidad crítica. Por otra parte, recomendé libros que me parecen alucinantes a personas que supuse que los iban a valorar y me fue mal. A veces pareciera que los algoritmos funcionan mejor”.

Para la escritora, la plataforma simplemente expresa la tendencia del mercado editorial a desplegar estrategias de comercialización que exceden la calidad literaria del libro o la reputación del escritor. “Es un eslabón más dentro de la cadena de posicionamiento de un libro que, además, debe cumplir con otros factores que demanda la época. Pareciera que sin el apoyo de influencers de literatura, tapas en línea con el Pantone del año, ratings en Goodreads o Tik Tok o contratapas con expresiones radicales, los libros quedarían juntando polvo en las librerías”, arriesga sobre el efecto de todos los factores que hoy concurren en la salida de un tìtulo.

Carman cree que el consumo permanente del formato digital va haciendo con nuestros cerebros también moldee el tipo de experiencia lectora del presente: “No es tan automático cambiar la compensación y la liberación de endorfinas que nos da el scrolleo por la lectura activa de Los hermanos Karamazov. Entonces, a veces existe la sensación de que la degradación de la calidad literaria es inversamente proporcional a las estrategias mercantiles pero hoy todos los libros, incluso los buenos, necesitan el posicionamiento editorial y mercantil para aparecer en el radar de los lectores. Incluso pareciera que para que un libro funcione se necesita que el escritor tenga un personaje visible que posicionar. El foco está puesto en el paratexto”. ¿Y qué ocurre cuando la obra leída, recomendada y compartida es la propia? “Alguna vez entré a mirar, vi reseñas amorosas de amigos y entendí que no era un parámetro. Pero si hubiera tenido un aparato editorial empujando la novela, probablemente le hubiera prestado más atención”, asume la autora sobre su experiencia con la novela Ventanas rotas.

¿Pero cómo impactan las plataformas en la diversidad de los consumos culturales? Daniela Szpilbarg es socióloga e investigó durante años la industria editorial desde fines de los 90 a la actualidad, la trayectoria de editores locales y los vínculos entre el campo editorial local e internacional. En 2019 publicó Cartografía argentina de la edición mundializada. Modos de hacer y pensar el libro en el siglo XXI, editado por Tren en movimiento. Szpilbarg advierte que la llamada “plataformización de la literatura” o “los consumos literarios” son tópicos que se están empezando a desarrollar cada vez más. “Las plataformas introducen la cuestión del algoritmo definiendo opciones de personalización en los consumos. En ese sentido, la posibilidad de acceder a consumos diversos se reduce en el sentido de que las opciones ofrecidas son similares a las ya consumidas. Sumado a esto, los algoritmos que intervienen no tienen parámetros que conozcamos”, explica.

Cierta democratización introducida por sistemas de escritura automática como el ChatGPT hizo que, en los últimos meses, se multiplicaran con dinámica viral los rankings del estilo “Las diez mejores películas de terror de la década”, “Las mejores novelas para leer en verano” o “Las tres comedias románticas que no podés dejar de ver el fin de semana”. Lógica algorítmica, las convocatorias a “maratonear” y las puntuaciones opacas y cuestionables invitan a repensar si acaso se puede “rankear” el gusto. “El `gusto´ es un concepto que obedece a muchos factores sociales. Goodreads y los listados que ofrece -tanto listas temáticas como listas supuestamnete ya consumidas por lectores/as- posibilita una reducción de las posibilidades, que probablemente obedece a cuestiones de mercado y de hegemonía de ciertas editoriales que intervienen de forma publicitaria en estas plataformas”, analiza la ensayista. Y advierte que al momento del análisis es importante considerar “qué actores intervienen en esta plataforma -dueños, accionistas, editoriales, grandes grupos- para comprender que hay una exposición de listados de libros que interpelan a los lectores en una cantidad limitada de opciones”.

Szpilbarg explica la operación algorítmica suma cierta reducción y reordenamiento de los consumos: “La intermediación que podría antes haber producido una librería, el librero como intermediario fuente de recomendaciones, ahora está en manos del algoritmo de una plataforma, y eso por fuerza genera un ordenamiento distinto, con menos opciones de selección, si bien el mercado de libros tiene una gran oferta”.

Guido Herzovich, investigador del Conicet, coeditor de la revista de literatura El Ansia y autor del recientemente publicado Kant en el kiosco (Ediciones Ampersand), explica por qué cree que “el monstruo entró por la ventana” en el mundo editorial. “Muchos esperaban que el libro electrónico reemplazara al libro impreso, pero eso no pasó: la digitalización del libro y la literatura ocurrió de otro modo, sobre todo a partir de las plataformas y los filtros algorítmicos que organizan cada vez más el universo de los libros (electrónicos e impresos) y el modo en que los lectores nos conectamos con ellos y formamos comunidades”, pantea. Advierte, además, que los signos de esas transformaciones son muchos y pueden parecer contradictorios: “Tanto la aparición de los booktubers o booktokers -los influencers del libro- como la proliferación de editoriales independientes y pequeñas librerías, y tanto el debilitamiento de las revistas literarias como la difusión de los grupos de lectura dependen en parte de estos enormes cambios actuales”.

Herzovich explica que cuando los algoritmos o la inteligencia artificial "rankean" cosas, no importa tanto el orden como el conjunto de cosas que proponen, porque esa selección se hace de manera cada vez más específica para la persona que pregunta. “Los algoritmos usan `datos´ de cada usuario y de sus contactos (además de los intereses de las empresas que publicitan) para ofrecer a cada uno lo que suponen que nos interesa, y así replican pero también inventan comunidades más o menos frágiles y fantasmáticas”, analiza.

Pero no todo es novedad. Para el investigador del Conicet, en verdad no hay nada nuevo en que pensemos ciertos libros o autores como pertenecientes a grupos o géneros diferentes, o destinados a un público o a otro: las colecciones, los lugares de venta o las revistas culturales tienen también esa función (entre otras). “Los algoritmos construyen y reúnen series de libros y comunidades de lectores de otro modo, y de un modo más dinámico que nunca, por su propio funcionamiento y porque se reformulan todo el tiempo”, sostiene.

¿El mayor acceso y la hiperconectividad redundan en lectores con mayor acceso o en mayor circulación de la literatura? “Esta realidad del libro parece marcada por paradojas -plantea Herzovich- Nunca hemos tenido acceso a tantos libros, autores, comentarios y experiencias diversas como hoy, y nunca como hoy fueron tan eficientes las herramientas para segmentar los universos de libros y reducir la diversidad de los que ve cada usuario. Nunca el lector cualquiera ha tenido tanta participación y posibilidad de intervenir en la circulación de los libros, y sin embargo nunca han sido tan centralizadas y monopólicas las infraestructuras que organizan esas actividades”.

Pese a los temores, el libro físico sobrevivió en su materialidad, pero su entidad ontológica sí cambió. Herzovich advierte que aquello del “libro electrónico” se cumplió por otros medios. “La existencia social del libro en la actualidad es híbrida: los libros impresos conviven con diversas formas de difusión, discusión y distribución digital, pero en la medida en que la circulación material depende cada vez más de lo que hacemos en las redes (y lo que las redes hacen con nosotros), se puede decir ya que hoy todo libro, incluso el que vimos en la vidriera y nos recomendó el librero de la pequeña y coqueta librería nueva de nuestro barrio, es en buena medida un libro electrónico”, explica.

 

martes, 22 de agosto de 2023

El tercer informe sobre extraducción de literatura argentina

Gabriela Adamo y Victoria Rodríguez Lacrouts realizaron un minucioso informe sobre la extraducción de literatura argentina. A propósito de esto, Valeria Tentoni, del blog de Eterna Cadencia, les realizó una entrevista que se publicó en este mismo blog el pasado 18 de agosto.

El informe en cuestión puede consultarse en la página web de TyPA.

Al abrir la página, se lee: "Quince años después del primer informe y una década después del segundo, Fundación TyPA presenta "La extraducción en Argentina III (2010 - 2022)", una investigación realizada por Gabriela Adamo y Victoria Rodríguez Lacrouts.

El propósito de la publicación es brindar información concreta y confiable como herramienta básica para que tanto los actores privados como los públicos puedan desarrollar más y mejores estrategias a la hora de promover la traducción de autores argentinos a otras lenguas.

La investigación se realizó a través de cuestionarios enviados a más de 600 editores, agentes y autores del país y del exterior, además de un análisis detallado de las bases de datos como las del Programa Sur (Cancillería). A partir de hoy, es de acceso gratuito y abierto para todo público".

Acto seguido, está el link para entrar en la publicación.

lunes, 21 de agosto de 2023

“En físico es caro publicar en la Argentina por el costo del papel"

"El gerente de Editorial de la Universidad de Buenos Aires (EUDEBA), Luis Quevedo comentó la cantidad de títulos que se publican por año en América Latina y cómo se posiciona el país en la región." Eso es lo que dice la bajada de la nota, sin firma, transcrita a partir de una entrevisa radial en Perfil E, del diario homónimo, el pasado 14 de junio, lo que, en las condiciones actuales de la economía argentina, es algo así como el Pleistoceno.

Por qué es más caro publicar un libro en Argentina respecto a los países de la región

“Si nosotros tomamos a toda América Latina como un solo mercado, podríamos ver que aproximadamente se publican 250 mil nuevos títulos por año”, expresó Quevedo. Sobre este dato, agregó que si sumamos a España y Portugal “esto subiría casi 100 mil títulos más y serían unos 350 mil por año”.

Posteriormente, explicó que de esos 350 mil títulos, en América Latina, el 75% aproximadamente son en formato papel. Con respecto a los libros digitales, el entrevistado dijo que se dividen en dos tipos, “los de origen nativos, que solo tienen una versión digital que es una pequeña porción” y “los que son versiones en ebook de los libros que han salido en papel”.

El desarrollo editorial traducido en números
“En Argentina se publican aproximadamente 35 mil nuevos títulos por año, un tercio de lo que se publica en España”, comentó el gerente de la editorial Eudeba. “Los consumos culturales en España siempre son entre 3 y 4 veces más fuertes que en la Argentina y es una comparación buena porque la población es aproximadamente la misma”, completó.

En la misma línea, Luis Quevedo dijo que de estos 35 mil títulos que salen en la Argentina no todos están dedicados al sector comercial, es decir, no van todos los libros a las librerías. “Solo un tercio de esa cantidad, es decir alrededor de 11 o 12 mil títulos están destinados al mercado comercial. Son mil títulos por mes”, detalló.

También tocó el tema que abarca a libros que no están destinados a la comercialización y son principalmente las publicaciones institucionales. Son los que pueden editar los gobiernos o estados y pueden hacerse dentro de determinadas comunidades educativas para el consumo mismo de docentes y profesores.

Los elevados costos del papel en la Argentina
“En físico es caro publicar en la Argentina por el costo del papel", explicó el entrevistado. Luego, añadió que esto se debe a que, "el papel es un commodity, tiene un costo internacional en dólares”. “En la Argentina, en dólares, el papel es más caro que en otros países, como por ejemplo en Uruguay, Chile y Brasil. Por lo cual hay una desventaja comparativa para publicar y editar en la Argentina”, completó.

Con respecto a la dificultad que maneja un autor argentino para publicar un libro, Quevedo dijo que, “es relativamente fácil acceder a publicar un libro, si tomamos en cuenta las publicaciones y los nuevos títulos cada 10 mil habitantes”. Para hacer una comparación real junto a otros países que tienen otra envergadura. El entrevistado tomó el caso de España que publica 19 títulos cada 10 mil habitantes y destacó a Uruguay como “el país de América Latina que más títulos publica cada 10 mil habitantes por año, publica 6,5 títulos”. Con respecto a ese dato, la Argentina se encuentra segunda con 6,4.

viernes, 18 de agosto de 2023

"El ecosistema de traducciones está vivo"

El pasado 17 de agosto, Valeria Tentoni publicó una entrevista con Gabriela Adamo y Victoria Rodríguez Lacrouts, de la Fundación TyPA, quienes ese día iban a presentar un informe sobre la “extraducción en la Argentina”. Las condiciones climáticas no lo permitieron, pero la entrevista fue publicada de todos modos en el blog de Eterna Cadencia.

¿Cómo llegan los autores y autoras argentinos a ser traducidos?


¿Cómo llegan los autores y autoras argentinos a ser traducidos? Esta tarde se presentará en la librería el tercer informe de la extraducción en la Argentina de Fundación TyPA, una actualización del presentado hace una década. ¿Cuántos libros se han traducido y a qué lenguas? ¿Cómo circulan estas traducciones? ¿Qué papel cumplen las agencias, las ferias o las editoriales? Estas son algunas de las preguntas que motorizan la investigación detallada que compartirán, junto a Alejandro Dujovne.

"Vamos a presentar los resultados y hablar sobre los viajes siempre misteriosos, siempre necesarios, de la literatura a través de las lenguas”, explica Gabriela Adamo, una de sus responsables junto a Victoria Rodríguez Lacrouts, con la colaboración de Victoria López Zanuso. “Cuando en 2009 tomamos la decisión de realizar un informe que nos permitiera conocer el estado de situación de los libros de autores argentinos traducidos a otras lenguas, casi no había mapas para seguir”, admiten, y celebran que desde la Fundación TyPA (Teoría y Práctica de las Artes, una organización radicada en Buenos Aires y fundada en 2004), hayan comenzado a acopiar datos para organizar un mapeo que ahora les sirve de base.

Desde hace más de quince años en el área editorial, también traductora del alemán y del inglés, Gabriela Adamo fue Directora Ejecutiva de la Fundación El Libro, responsable de la organización de la Feria del Libro de Buenos Aires (2011-2014) y también supo ser Directora de la Fundación Filba, donde trabajaron codo a codo con Victoria Rodríguez Lacrouts, quien todavía se desempeña allí como programadora. Las dos respondieron en conjunto algunas preguntas:

–Da la sensación de que hay un interés creciente en la traducción de los libros argentinos en el exterior, ¿es sólo una sensación? ¿Qué pueden contarnos desde TyPA?
–No diríamos que es un interés específico por la literatura argentina, sino por la traducción en general. Desde hace ya una década los indicadores –no sólo las cantidades de traducciones, sino iniciativas como premios a la traducción, campañas de visibilización de traductores, etc.– le van otorgando un lugar cada vez más relevante a las literaturas traducidas y a la práctica de la traducción. A la vez, es un tema muy complejo de estudiar, lleno de variables (como la lectura misma), por lo que es difícil sacar conclusiones tajantes. La literatura argentina, desde ya, se beneficia de un escenario internacional un poco más generoso e interesado. Y lo que sí queda claro de los números del estudio es que el total crece: lento, pero seguro, cada año se traduce un poquitito más que el anterior. Tenemos que trabajar entre todos para reforzar esta tendencia.

–¿Qué dificultades se encuentra TyPA para el acceso a datos suficientes como para leer este recorte de la realidad literaria? ¿Hay algún otro organismo o institución haciéndolo?
–Dedicamos una buena parte del informe a describir las dificultades, no con ánimo de queja sino, precisamente, porque son dificultades que podrían removerse con voluntad de las partes. Hoy en día la única información disponible es la que provee el Programa Sur (y eso es una mejora abismal con respecto a lo que sucedía diez años atrás). Pero es muy difícil reunir información sobre libros traducidos que no recibieron el subsidio; el ámbito privado es muy celoso a la hora de compartir esos datos y no terminamos de entender por qué. Compartimos la opinión con otros investigadores que también vienen trabajando el área desde hace tiempo y con seriedad, como Alejandro Dujovne del Centro de Políticas del Libro de la UnSam.

–¿Por qué consideran importante para la salud del ecosistema del libro argentino la compra y venta de derechos de traducción?
–Creemos que es importante en más de un sentido: en principio, para bien y para mal, no podemos pensar la cultura en términos cerrados, aislados. El flujo de literaturas mundiales que se generan en las ferias, en los festivales, son instancias muy ricas, y es deseable que los autores argentinos sean parte de esos diálogos. Para que eso suceda, tiene que haber traducciones, tiene que haber venta de derechos. Además, cuando un autor trasciende las fronteras, suceden varias cosas: no solo se lee a ese autor en particular, se lee un sector de la literatura argentina, un sistema de relaciones con la tradición y la innovación, y eso es importantísimo. Y un autor puede ser una puerta hacia muchos otros.Por último, estamos convencidas de que puede ser una instancia de beneficio económico, tanto para los autores como para los editores. Como decimos en el informe, este ítem es el más difícil de desentrañar por la escasez de información al respecto. Si bien conlleva mucho trabajo que a veces las editoriales pequeñas o medianas no pueden afrontar, cuando hay una experiencia positiva al respecto, hay un resultado económico también beneficioso.

–¿Cómo conversa esto con el camino inverso, las traducciones argentinas de libros extranjeros? Argentina tiene una gran tradición de traducciones, ¿qué pueden contarnos de esto?
–Sí, efectivamente, Argentina fue un gran país intraductor de literatura, y contamos con excelentes traductores hoy en día, que cumplen una tarea fundamental para que el viaje de una lengua a otra sea disfrutable y llegue a buen puerto. Pero traducir hoy en día significa pagar adelantos en moneda extranjera, es decir, producir un libro en traducción tiene otros costos. Varios editores con los que conversamos, que tenían un catálogo mayoritariamente de traducción, están dejando paulatinamente de hacerlas por esto que exponemos. Y es una pena enorme. Pero –y esto es importante remarcarlo– el ecosistema de traducciones está vivo y eso es gracias a las editoriales independientes (y, lo repetimos, a los buenos traductores que tenemos), que son las que más apuestan por este tipo de libros. Si bien la CAL tiene un número de la cantidad libros traducidos que hay dentro del mercado, no hay un estudio profundo de qué traducimos. Nos debemos eso, porque como toda variable cultural, eso te sigue completando el rompecabezas de la industria editorial y junto a eso, te permite seguir analizando los tipos de lectores que tenemos en nuestro país.

–¿Qué hay de cara al futuro con TyPA? ¿Qué balance pueden hacer, además, del trabajo de todos estos años
–TyPA es un lugar fantástico, que desde el día uno estuvo impulsado por la pasión, el interés y el conocimiento de Américo Castilla y las distintas personas que la fueron conformando. A la vez, es muy difícil sostener proyectos de este calibre en un país con muy pocos fondos destinados a la investigación en artes y cultura. Eso dificulta planear el futuro. Pero mientras haya entusiasmo, seguiremos trabajando con los temas que nos obsesionan y, creemos, son fundamentales para sostener los espacios de creación y discusión públicos, que -está a la vista después de las elecciones- cada día son más necesarios.

jueves, 17 de agosto de 2023

Para los amantes de la historia del libro

Ayer, 16 de agosto, Tomás Villegas publicó en la revista virtual El diletante una reseña sobre Al margen del texto, el libro de Ann M.Blair recientemente publicado por la editorial Ampersand. Se ofrece a continuación.

Sobre enciclopedias y paratextos

Las inquietudes y quejas que despierta el incesante flujo de información, ese fenómeno moderno que, con el arraigo de las redes y las nuevas formas de la web, se multiplica exponencialmente, no parecen ser, de acuerdo con la académica norteamericana Ann M. Blair (1961), reacciones específicas de nuestra algorítmica actualidad. Salvando las distancias –que son muchas– ya desde fines de la Edad Media y comienzos del Renacimiento la humanidad occidental se ha enfrentado a la asfixia y al desborde que suscita la abundancia informativa. Pero vayamos por partes con Al margen del texto, esta nueva joya para los obsesivos de la letra, el papel y la marginalia, que la editorial Ampersand ofrece en su colección Scripta Manent.

En rigor, el volumen consta de dos partes que supieron conformar, originalmente, dos libros por separado. El primer capítulo de Al margen del texto se compone de Too much to known (2010), que tiene por centro la preocupación (para nada moderna) mencionada al comienzo. Séneca, el célebre moralista romano, afirmaba ya en los primeros años del cristianismo –con un aforismo que había recortado de Hipócrates–, ars longa, vita brevis: corta es la vida, largo el camino. Si la existencia resulta corta se debe, para el filósofo, a que nos demoramos en nimiedades, en superficialidades, en fuegos fatuos. Nos demoramos, del mismo modo, en libros que no valen la pena. Concibió, al respecto, un recordado aforismo, distringit librorum miltitudo: “la abundancia de libros estorba”. Más de mil seiscientos años después, aparición de la imprenta mediante, Adrien Baillet (1649-1706), biógrafo de Descartes, homologaba la sobreabundancia de libros con un retorno a la barbarie. Escribió: “Tenemos motivos para temer que la multitud de libros que crece cada día de manera prodigiosa haga que los próximos siglos caigan en un estado tan bárbaro como el de los que siguieran a la caída del Imperio romano”. No todos son refunfuños, sin embargo.

Una posición opuesta se entronca en la fundación de la Biblioteca de Alejandría (331 a.C.) y en la figura de Plinio (23-79 a. C.), el autor de la inmensurable Historia natural, ejemplo paradigmático del sentimiento acumulativo. Los jóvenes renacentistas, sostiene Blair, solían citar una línea que Plinio el Joven atribuía a su tío: “no hay libro tan malo que no se pueda sacar algo bueno de él”. Sea como fuere, la hipótesis de la autora podría resumirse de la siguiente manera: sobre todo a partir del Renacimiento, y con la ayuda inestimable –aunque costosa– de la imprenta, la sobreabundancia de información y de libros obedece a un trauma que los humanistas no están dispuestos a padecer de nuevo: la incontable pérdida de manuscritos antiguos a causa de la pobre calidad del papiro –o incluso del más resistente pergamino–, de las mezquindades, rivalidades, azares, o simples negligencias. “Los primeros eruditos modernos –dice Blair– estaban ansiosos por salvaguardar la información: almacenándola, compartiéndola con otros en manuscritos e impresos, y fomentando que príncipes y mecenas adinerados fundasen grandes bibliotecas”.

Con la llegada de la imprenta, a mediados del siglo XV, los autores experimentan, ahora sí, un sentimiento relativamente nuevo: el saberse leídos por miles y miles de personas. Y un nerviosismo, relativamente nuevo, se apodera de ellos: cómo hacerse del control del texto, cómo transparentar enteramente sus intenciones; cómo no ser, en última instancia, mal comprendidos o criticados. Los paratextos, que ocupan el corazón del segundo capítulo de Al margen del texto, cumplirían dos funciones capitales. Por un lado, interesar a la mayor cantidad de compradores posibles; por otro, con una figura que puede rastrearse hasta Cicerón, la captatio benevolentiae, atraer la comprensiva, la benevolente, atención del lector u oyente por medio de la modestia. La portada, la dedicatoria, el privilegio, el prefacio, la fe de erratas, el poema introductorio, apuestan, si no a ambas, por lo menos por una de las dos funciones. “El objetivo del impresor era vender el libro a toda costa –sostiene Blair– el del autor era encontrar lectores comprensivos (...). Las dos principales tácticas para hacerlo consistían, por un lado, en disculparse por los defectos de la obra, a veces asumiendo sus errores, a veces culpando de ellos a los demás, y por otro lado en mostrar el favor de contemporáneos bien situados que figuraban como destinatarios de las dedicatorias, escritores de odas de elogio y distribuidores oficiales de privilegios o permisos para imprimir”.

Blair escribe con la certeza que trae consigo la investigación meticulosa y Jorge Fondebrider sabe replicarla con una traducción cuidada. Las imágenes de los distintos paratextos en el capítulo 2 aportan su cuota a la inteligibilidad de lo leído y, sobre todo, engalanan el volumen con la belleza de tiempos pasados. Cabe preguntarse si la yuxtaposición de lo que alguna vez fueron dos libros separados no rechina, aunque suavemente, con el fragor de lo forzado. De cualquier manera, los amantes de la materialidad del libro (los amantes, así mismo, de la historia del libro) no hacemos sino regocijarnos con una colección que insiste en su amor por esa literatura hecha de tiempo y cuerpo, de tinta y papel.

miércoles, 16 de agosto de 2023

Otra vez "El principito", ahora en aymara

De acuerdo con un cable sin firme de la agencia española EFE, durante la 27 edición de la Feria Internacional del Libro de La Paz, Bolivia, la Editorial del Estado, publicó en su colección de "Obras universales en idiomas originarios de Bolivia", una edición de El Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, traducido al aymara por Rubén Hilari Quispe y Martín Canaviri Mamani.

El Principito fue traducido por primera vez al idioma aymara en Bolivia

Warawar wawa es el título de la traducción en aymara de la obra clásica de El Principito, que por primera vez fue traducida en Bolivia a este idioma originario, que también cuenta con audio a través de un QR y que llegará hasta Francia, la tierra del autor Antoine de Saint-Exupéry.

La Editorial del Estado Plurinacional de Bolivia presentó el texto en el marco de la 27.ª edición de la Feria Internacional del Libro de La Paz y se emitieron unos mil ejemplares que están a disposición de la población. “Hemos tomado la decisión de que El Principito sea la primera obra traducida a nuestros idiomas originarios”, declaró la gerente ejecutiva de la editorial, Estela Machicado.

Esta traducción inaugura una línea editorial, de la Editorial del Estado, denominada “Obras universales en idiomas originarios de Bolivia”, que tiene la finalidad de poner al alcance del pueblo las letras destacadas a nivel mundial y de fomentar el uso de los idiomas indígenas-originarios reconocidos por la Constitución Política del Estado. Se escogió esta obra por su importancia “universal”, pero también porque es uno de los libros más traducidos en el mundo que pueden leer los niños “desde la fantasía y la inocencia”, pero también se puede disfrutar de adulto cuando el texto “te cuestiona” la relación con el mundo o con uno mismo, agregó Machicado.

La obra fue llevada a uno de los 36 idiomas reconocidos por la Constitución Política del Estado por Rubén Hilari Quispe y Martín Canaviri Mamani. Ambos traductores son lingüistas, profesores universitarios, investigadores del idioma aymara y pertenecen a la Fundación Jaqi Aru, desde donde promueven el uso del aymara en diferentes ámbitos de la sociedad boliviana y en la Internet, por ejemplo, con la traducción al aymara de la plataforma de Facebook, Telegram, entre otros. “Ahora el aymara está a nivel de esos 230 idiomas en los cuales se ha traducido El Principito y creo que eso nos tiene que enorgullecer”, sostuvo.

El libro también cuenta con un código QR para que las personas puedan acercar su teléfono y acceder al audio de la lectura en aimara, de gran ayuda para quienes estén aprendiendo o sientan curiosidad de escucharlo en este idioma. Warawar wawa cuenta con las ilustraciones originales del libro, ya que a la Fundación Jean-Marc Probst Pour Le Petit Prince en Suiza les “encantó” el proyecto en Bolivia y dio la autorización para su uso.

“Estos libros se van a ir a Francia a la fundación para estar en la biblioteca de El Principito en Francia y eso nos hace sentir mucho más orgullosos porque nuestro principito aimara estará allí”, enfatizó Machicado. La directora comentó que junto a la Embajada de Francia en Bolivia llevarán algunos ejemplares a escuelas rurales y de las ciudades para que tengan a su disposición estos textos.

Warawar wawa es parte de una colección de obras universales que serán traducidas a distintos idiomas originarios de Bolivia con la intención de acercar esta literatura a toda la población. Esta iniciativa también está enmarcada en el Decenio Internacional de las Lenguas Indígenas, comentó Machicado.

Las Naciones Unidas declararon el decenio 2022-2032 como la Década de las Lenguas Indígenas para evitar la desaparición de miles de estos idiomas. La editorial también está trabajando en la traducción de El Principito a otros idiomas originarios como el quechua y el guaraní. Además están en reuniones con otras embajadas como la de España y la de Rusia para escoger otras obras para su traducción, finalizó Machicado.