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martes, 27 de octubre de 2026

"Una luz inevitablemente distinta sobre la escritura"

En La Jornada Semanal, de México, el pasado 17 de octubre, el escritor y editor José María Espinasa publicó la siguiente columna a propósito de los diarios de los escritores, que se reproduce a continuación.

Los diarios: otra dimensión de la escritura

Desde que –creo que fue Ortega y Gasset– la literatura en español tenía pocos ejemplos de buena literatura autobiográfica –escrituras del yo, las llaman los franceses–, ya sea memorias, autobiografías y sobre todo diarios, el panorama ha cambiado mucho. Los hispanohablantes se han puesto a escribir en ese registro, sobre todo en España y en Argentina. ¿En México? También, pero no con la misma constancia y, sobre todo, hasta ahora, no hay un modelo que instaure un canon. El Diario de Alfonso Reyes, publicado muy tardíamente es, literariamente, poco atractivo. En todo caso los modelos están en otras lenguas –los de Pavese, Virginia Woolf, Kafka, Musil, Valéry. Sobre todo estos últimos, que incluso acuñan un término que define un género: los cahiers, los cuadernos. En todo caso en nuestro país la Generación de medio siglo sintió la tentación levemente. Y se suele decir que el mexicano es muy reservado.

En la senda de Valéry conocemos El tiempo en los brazos (tres tomos), de Tomás Segovia, desde un punto de vista reflexivo el de mayor ambición en la literatura mexicana. En el otro extremo los hasta hoy desconocidos, sin título, apenas intuidos fragmentariamente en citas y extractos, de Jorge López Páez. Los primeros apuntes reflexivos, los segundos, muy en vinculación con su obra narrativa, descriptivos, superficiales, a veces hasta triviales, lo del autor de El solitario Atlántico. Se suele decir que escribir diarios implica una disciplina, o más precisamente, una constancia, y que su práctica es distinta de lo que llamamos, pretenciosamente, obra de creación. Se suele decir, incluso cuando se publican en vida, que hay siempre una sombra de lo póstumo en ellos. Hace ya bastantes años despertaron mucho interés, a la muerte de Salvador Elizondo, los que el autor de Farabeuf había llevado a lo largo de muchos años. La selección que publicó el FCE fue, sin embargo, decepcionante. Hoy, según parece, El Colegio Nacional prepara una edición completa. Habrá que esperar.

Recientemente también despertaron interés los Diarios de Alejandro Rossi en tres tomos. Su lectura me despertó el interés en preguntarme sobre la manera en que se leen los diarios. Y la razón de que algunas veces –Woolf, Kafka, Pavese, Musil– se lean reflejados en su extraordinaria obra, e incluso señalar a veces que corona el conjunto. Muchas veces la crítica se ha preguntado sobre la forma en que se escriben esos diarios, de cara a uno mismo, de cara al lector, de cara al instante o a ese otro instante que llamamos posteridad. Aquí, a la pregunta de cómo se los lee, agrego una pizca de sal: ¿cómo se leen si uno conoció al autor?

¿Busca la persona o busca a la escritura, busca datos, chismes, sorpresas, ideas, incluso se busca a sí mismo?

Leí mucho a Alejandro Rossi, pero lo conocí poco, lo vi en persona algunas veces. Algunos de mis amigos fueron a su vez amigos suyos –Adolfo Castañón, Juan Villoro, Christopher Domínguez– y sabía de él indirectamente, pocos elementos para formarme una idea del escritor, aunque suficientes para hacerlo de la figura pública. ¿Por qué entonces sus Diarios me sorprenden? Más allá de la valoración literaria, los de Segovia corresponden claramente con su persona (con la que yo percibía en el trato personal). Igual me ocurre con los fragmentos que conozco de los de López Páez. En el caso de Rossi, al tratarlo poco, la persona se sustituye por el personaje literario y me declaro sorprendido. No me esperaba así sus diarios; ¿tal vez más reflexivos? Puede ser. O más bien, lo primero que me sorprende es que llevara un diario. No veo al autor de Manual del distraído escribiéndolo, entre otras cosas porque ese escritor, lleno de humor y gracia, tiene una sombra de sufrimiento: le cuesta trabajo escribir, y pienso que llevar un diario debe ser un gozo, nunca una tortura (o quién sabe), y menos una obligación.

El diario implica un diálogo consigo mismo y en el de Rossi es notable, un “consigo mismo” que no es ni el personaje político ni el intelectual, sino con el escritor. Y allí uno de los primeros elementos de la sorpresa: la inseguridad manifiesta en lo que escribe y la necesidad de reconocimiento. También, y eso es una de las cosas más importantes, la amistad, en especial la amistad decepcionada (que no es lo mismo que la traicionada). Y no hay que confundir esa inseguridad con su apariencia, el ajuste de cuentas, el veneno.

Una de las consecuencias de los diarios es que proyectan una luz inevitablemente distinta sobre la escritura. Pienso en los de Kafka. Y una de las vivencias que recorre estas páginas es las del desarraigado: ¿cuál es su patria? Italia, Venezuela, México, Argentina… es decir, ninguna, la zozobra. Esa luz mencionada exige una condición poliédrica. La esencia misma del diario, el tiempo, su transcurso, su duración, implica una nueva dimensión de la escritura, pide una nueva manera de leerlo. Los diarios pueden volverse, además, una afición lectora: hay quien tiene miles de novelas policíacas en sus libreros, hay quien –espacio más reducido– tendrá también muchos diarios. Y su frecuentación, en estos tiempos de Inteligencia Artificial amenazante, nos devuelve a la condición esencial de la inteligencia, su volubilidad emocional que constituye, más que su fortaleza, su sentido.

martes, 27 de junio de 2023

Premio M'illumino d'immenso 2023: castellano/italiano



El Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México, la Embajada de Suiza en Méxicoy el Laboratorio Trādūxit, bajo el patrocinio de Biblioteche di Roma, la Embajada de México en Italia yla IILA, con el fin de fomentar la traducción y difusión de la poesía en lengua española,

Al ya tradicional premio de traducción "M'Illumino d'immenso" del castellano al italiano, el Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México, la Embajada de Suiza en México y el Laboratorio Trādūxit, bajo el patrocinio de Biblioteche di Roma, la Embajada de México en Italia yla IILA, con el fin de fomentar la traducción y difusión de la poesía en lengua española, convocan a la primera edición de un nuevo premio

Premio Internacional de Traducción de Poesía del español al italiano

 BASES

1. Se premiará la mejor traducción alitaliano de dos poemas en lengua española, uno de Eduardo Lizalde (México)y otro de Daniel Samoilovich (Argentina).

2. La selección de ambos poemas estuvo a cargo del poeta Fabio Morábito.

3.Los participantes tienen que traducir al italiano los dos poemas que se encuentran al final de la presente convocatoria.

4. Podrán participar concursantes de cualquier país.

5. Los concursantes deberán enviar sus propuestas de traducción en un archivoWord(Times New Roman, 12 puntos, interlineado doble) a milluminodimmenso.italiano@gmail.comcon el asunto “M’illuminod’immenso 2023”. El archivo que contiene la traducción debe llamarse “Traducción” y no debe incluir ningún dato del participante ni notas al pie de las traducciones. En un archivo aparte del mismo correo, que se llamará “Datos personales”, se deberán incluir los siguientes datos:

APELLIDO:

NOMBRE:

FECHA DE NACIMIENTO:

LENGUA MATERNA:

NACIONALIDAD:

PAÍS DE RESIDENCIA:

TELÉFONO:

EMAIL:

MEDIO DONDE SE ENTERÓ DE LA CONVOCATORIA (página web, red social o correo electrónico, etc. Especificar de qué institución):

 

6. La convocatoria se cierra el 20 de agosto de 2023 a las 23:59 (GMT). No se recibirán propuestas después de esta fecha y hora.

7. El jurado es internacional y está conformado por poetas y traductores: Barbara Bertoni (Italia), VanniBianconi (Suiza), Valerio Magrelli (Italia) y Fabio Morábito (México).

8. El fallo se dará a conocer a más tardar el día6 de octubre de 2023a través de la página web del Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México (https://iicmessico.esteri.it/iic_messico/it/).

9. La ceremonia de entrega del premio será el viernes 20de octubre de 2023a las 19:00en el Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México, ubicado en Francisco Sosa #77, Col. Villa Coyoacán, Alcaldía Coyoacán, Ciudad de México, en el marco de la XXIII Semana de la Lengua Italiana en el Mundo.

10. El premio consiste en:

a)      1000 euros[1];

b)      constancia de reconocimiento;

c)      publicación de las traducciones en los siguientes medios: Biblit. Idee e Risorse per Traduttori (Italia) y Specimen. The Babel Review of Translations(Suiza).

11. Se aceptará solamente una propuesta de traducción de los dos poemas por concursante.

12. El premio puede declararse desierto.

 

Canción del burócrata

 

Amanuenses amigos, tómenlo seriamente en cuenta:

no pasará a la historia una maldita línea

de todos esos górgoros y espasmos oratorios;

ni una sola frase de toda esa esplendente

bazofia literaria, que alumbra oídos albos,

consignarán los siglos justicieros.

¡Y miren quién lo dice!

Este burócrata, este Bartleby aterrado

que a su mesa se agarra en la tormenta

y cuyos pálidos poemas

naufragarán, es previsible y justo,

bajo las mismas ondas del odio y del olvido

que a los serviles cubren con el tiempo,

como un manto bajuno,

un estigma bestial y deplorable.

Este maltrecho creador, de pequeñeces con cuello de jirafa,

es el burócrata eterno:

y sólo oficios, lápices, registros, memoranda,

discursos de ocasión, estigmas, folios, pruebas de galera,

pasan bajo sus manos durante media vida,

sin la gloria del sueño metafísico,

la angustia heroica de la auténtica miseria material.

No quisiera decirlo frente a nobles testigos,

pero es obvio que este discurso involuntario

y desgarbado constará en mi expediente marrullero

como la más nostálgica y sonora canción de náufrago

y como el menos entusiasta y verdadero canto a mí mismo.

Salve, Walt Whitman.

 

Eduardo Lizalde,Nueva memoria del tigre (poesía 1949-1991), FCE,México, 1993.

 

Ypacaraí

 

En decenas de sombreros

tendidos a lo largo de un alambre

vuelan los pájaros en detenidos círculos

entre letras encantadas:

 

     CARAÍ RE,

 ERDO DE YPACA,

   CUERDO DE Y,

      RAÍ RECU.

 

Pero ni un alma se desliza sobre el lago

y parece improbable que alguien quiera

recordar mañana lo que no quiere vivir hoy,

no hay cabezas para estos sombreros,

la feria fracasa, y con ella

el romántico prestigio del lago, fracasa este país,

el subcontinente en el que está ubicado, salvo

que no estuvieran acá para triunfar,

se tratara tan sólo de las notas redondas

de un pentagrama de alambre, la música

colorida, ritual, que toca el viento

en la mañana de un áspero domingo.

 

Daniel Samoilovich, Siete colinas de jade. Antología 1973-2013, Conaculta, México, 2015.



[1] Menos gastos de transferencia bancaria.

jueves, 13 de octubre de 2022

"Prácticamente todas las lenguas mexicanas se podían escribir"

Ayer, 12 de octubre, en el diario La Jornada, de México, se publicó un suelto que recoge una charla del escritor y periodista Hermann Bellinghausen, a propósito de la proliferación de escritores mexicanos que escriben en lenguas indígenas.

Escritores indígenas trascenderán en literatura mexicana

Ciudad de México. “A veces pienso que algunos de los más interesantes, o mejores, escritores mexicanos actuales lo están haciendo en lengua indígena”, expresó el periodista y poeta Hermann Bellinghausen, al participar en la 33 Feria Internacional del Libro de Antropología e Historia, con el conversatorio Literatura indígena.

“Claro, conocemos más a los de la lengua dominante que es el castellano. Sin embargo, para mi algunos de los narradores y, sobre todo, poetas en lenguas originarias son de lo que trascenderá de este presente literario en México”, precisó Bellinghausen en la sesión moderada por Mario Córdova Delgado.

El editor de Ojarasca, suplemento de La Jornada, dijo que desde esa publicación “alcanzamos a ver que en ningún otro país de América Latina sucede algo así. Por supuesto, hay expresiones literarias, algunas extraordinarias entre los mapuches, sobre todo, que tal vez sería la única excepción”. Recordó que la población indígena en México representa la cuarta parte en total de este sector del continente americano.

Bellinghausen hizo un recuento de la literatura indígena en los últimos 40 años, concepto que no existía aunque, “claro, había autores sobre todo en ciertas tradiciones como los nahuas modernos y los zapotecos del Istmo moderno, quienes eran la excepción y nadie les prestaba atención”.

El levantamiento zapatista de 1994 fue un momento “notable” para muchos autores de literatura indígena que en ese entonces eran “muchachitos”, porque les hizo sentir que se podía escribir en su lengua originaria. “Eso pasó en las montañas de Guerrero, en la Tarahumara, con los huicholes, con los mixes”, acotó Bellinghausen.

“Casi se puede fechar de manera exacta el 2000, y el cambio de milenio, como el momento en que se empieza a escribir en lenguas indígenas, y cada vez mejor. Los que lo venían haciendo de pronto se hacen de notar, sobre todo, en las lenguas”. Para el periodista este hecho es el resultado de varios factores, por ejemplo, en ese entonces “prácticamente todas las lenguas mexicanas se podían escribir”.

miércoles, 4 de mayo de 2022

Más de seis décadas publicando grandes libros

“Con una buena mezcla de nostalgia y acierto crítico, este artículo celebra el cumpleaños sesenta y cinco de una de las editoriales emblemáticas de México, en cuyo amplio catálogo a lo largo de los años ha reunido títulos de literatura reciente, clásicos, divulgación, traducciones, coloquios, teatro, poesía, ensayo, cuento, filosofía y memorias.” Eso dice la bajada del presente artículo, publicado por José María Espinaza, en La Jornada Semanal, del pasado 30 de abril.

Hallazgos y continuidades: 65 años de la editorial de la Universidad Veracruzana

Cuando se mide la importancia de una editorial se suele pensar primero en términos estadísticos y numéricos: ventas, número de títulos, reediciones, pero se dejan de lado otros parámetros, de diferente índole, menos visibles, pero tal vez más profundos. Por ejemplo, se me ocurre pensar en los ejemplares que uno ha regalado de un determinado sello. Recuerdo los años setenta, cuando algunos amigos buscábamos afanosos en librerías de viejo los ejemplares del Bergson de Vladimir Jankelevitch, del cual teníamos uno profusamente subrayado, no para leerlo nosotros sino para regalarlo a quien no lo conociera: era casi un rito de iniciación amistoso. El libro era innecontrable en las librerías normales, pero en cambio aparecía de manera frecuente en las de usado. La editorial hacía años que lo había descatalogado y aún faltaban varios lustros para que el extraordinario filósofo judío francés viviera una cierta moda lectora en español. Por otro lado, nuestra filosofía mexicana, fertilizada en sus años pioneros por el filósofo francés autor de La risa, vivía entonces cautiva de la ortodoxia marxista más plana, así que el libro en cuestión era una especie de santo y seña entre un grupo de disidentes o heterodoxos.

No es el único título de la Universidad Veracruzana (UV) que vive esa condición de regalo iniciático: también le ocurría a un delgado volumen de poesía, prologado por Octavio Paz y firmado por Blanca Varela, Ese puerto existe. Se le buscaba y se daba de regalo, incluso como franco instrumento de ligue –sí, hubo un tiempo en que los libros servían para ligar– y esa distribución gota a gota tuvo su consecuencia: la escritora peruana es hoy un clásico de la lírica hispanoamericana y Jankelevitch un autor presente en los mejores pensadores y críticos de nuestra lengua. Cuando pienso en esta condición afectiva del libro regalado se me ocurre que es un termómetro más fiel de la importancia de una editorial y que, con ello, rindo un mínimo homenaje a la labor editora de la Universidad Veracruzana en su aniversario sesenta y cinco.

Y los libros se me presentan en cascada: voy a enumerar algunos de manera desordenada: El Diario de Lecumberri, de Álvaro Mutis, fue durante años el libro más difícil de conseguir del poeta colombo-mexicano, en parte debido a que el mismo Mutis lo dejaba un poco de lado para que se apreciara mejor su extraordinaria poesía, y ni siquiera el éxito de sus novelas a mediados de los setenta llevó a una reedición sino hasta un par de décadas más tarde. Igualmente, La ofrenda para una virgen loca, de Rosa Chacel, circulaba de mano en mano como un libro que había que leer en secreto, de la tal vez mejor narradora española del siglo XX.

A fines de los cincuenta, recogiendo las enseñanzas de la labor de Juan José Arreola en Los presentes, y acompañando de manera virtuosa al crecimiento de proyectos editoriales como Joaquín Mortiz y Era, y un poco después Siglo XXI, la editorial de la UV no sólo ocupó un lugar destacado en el contexto universitario sino en la puesta al día de nuestro conocimiento de la literatura de otros países y lenguas, y de alguna manera también como plataforma del boom antes de Carmen Balcells. Uno de los principales factótums de la calidad del sello fue Sergio Galindo, narrador veracruzano de notable talento, autor de clásicos como Polvos de arroz, La justicia de enero y Otilia Rauda. Con él se dieron a conocer autores hoy de renombre, como Jorge López Páez, Emilio Carballido y Juan Vicente Melo.

El surgimiento y consolidación de la Generación de Medio Siglo no se podría entender sin la labor editorial de la UV. El impulso de una generación excepcional tanto en México como en Hispanoamérica permitió que el proyecto editorial echara raíces, se robusteciera bien, pronto, y se consolidara en el tiempo. Hoy cumple sesenta y cinco años. Me interesa destacar que no fue sólo un proyecto centrado en un grupo de escritores, sino también de historiadores, filósofos y académicos que acompañaron al proyecto, desde las páginas de los libros, y de la revista La Palabra y el Hombre (y algunas otras que fueron surgiendo en el tiempo). Además de Fernando Salmerón, quien ocupó importantes cargos en la institución, incluido el de rector, y que dio cobijo y apoyo a la iniciativa cultural, hay otras figuras. Es una buena muestra el ya mencionado Bergson líneas arriba: el traductor de dicho libro fue Francisco González Aramburu, niño de Morelia, y muestra de que el exilio español, en su llamada generación hispano-mexicana, acompañó a la editorial (allí publicaron escritores como José de la Colina, Tomás Segovia y César Rodríguez Chicharro). Insisto: la editorial de la UV se volvió una carta de identidad cultural del México de la última mitad del siglo XX.

En mi generación crecimos como lectores a la par de la editorial en la década de los setenta, nos volvimos lectores constantes. No sé si la situación fetichista descrita al principio también la vivieron generaciones posteriores, pero me atrevo a suponer que sí, aunque tal vez no con los mismos libros. Esto me lleva a otra cualidad: la editorial ha tenido con frecuencia al frente del proyecto a escritores, además del ya mencionado Galindo hasta Agustín del Moral (su actual responsable), autores tan queridos como Sergio Pitol, pasando por José Luis Rivas y Luis Arturo Ramos. Si no recuerdo mal fue Rivas quien impulsó la reedición del Bergson obsesivamente presente en estas páginas.

La presencia de escritores, no sólo enfrente sino atrás y a los lados, arropando el proyecto, ha permitido que no naufrague en las veleidades de la grilla interna de una institución. Vuelvo a recordar a Sergio Pitol –cuando viajaba a Xalapa era obligada la cita a comer con él– y cómo repasaba entusiasta las traducciones que había hecho de escritores centroeuropeos y cómo repetía que era importante que la editorial mirara hacia afuera (quería decir a otras lenguas y latitudes). Es decir, en un sentido extraterritorial, para usar un término de George Steiner. Un buen ejemplo es la muy reciente colección Mar de poesía en ediciones bilingües.

También vale la pena recordar que el crecimiento de la editorial acompañó un momento dorado, en el cual surgieron sellos como Joaquín Mortiz, Siglo XXI y ERA, a los que alimentó con sus descubrimientos y a los que complementó de manera armónica para encontrar, no sin dificultad, un espacio propio. No quiero dejar de señalar que ha padecido, como todas las editoriales mexicanas, grandes y chiquitas, períodos de mala distribución casi de carácter cíclico.

Hay en mis palabras, como suele suceder en las efemérides, un cierto tono nostálgico que ahora quiero corregir un poco. La editorial ha publicado a muchos escritores que admiro de mi generación –pienso ahora, por ejemplo, en Adolfo Castañón, en Héctor Subirats, en Fabienne Bradu, o incluso más jóvenes (destaco entre estos la obra reunida de Miguel Ángel Chávez, libro al que hay que volver). También vale la pena destacar las series Sergio Pitol traductor y la Biblioteca Carlos Fuentes. Así reúne literatura reciente, clásicos, ediciones de divulgación, libros académicos, traducciones, coloquios, memorias, teatro, poesía, ensayo, cuento, filosofía.

Para cerrar estas palabras, una última evocación: hace unos años encontré varios ejemplares de Magia de la risa a precio de remate, seguramente consecuencia de ese inevitable robo hormiga que toda editorial padece, y los compré para irlos regalando a mis amigos.

miércoles, 13 de abril de 2022

500 años después, una revisión

Con firma de Antonio Soria, el pasado 3 de abril, en su suplemento cultural,  La Jornada Semanal, de México, publicó el siguiente artículo sobre la colección Material de Lectura, lanzada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) hace tres décadas y media, en 1977, fecha desde la cual han sido publicados más de trescientos cincuenta títulos. Entre ellos, los 15 denominados "1521, un atado de vidas".

Material de Lectura de la UNAM: a 500 años de la Conquista

Para quien desconozca su origen y naturaleza, va una breve nota: la colección Material de Lectura (MdeL) fue lanzada por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) hace tres décadas y media, en 1977, fecha desde la cual han sido publicados más de trescientos cincuenta títulos. En términos materiales, MdeL consta de pequeños cuadernillos –emparentados en grosor y formato con lo que suele conocerse como plaquettes–, cuyo tamaño no rebasa la media carta y que, en función de su delgadez, suelen encuadernarse con el antiguo método de engrapado. A partir del treinta aniversario de la colección, la UNAM ha ido incorporando títulos en formato digital.

En términos de contenido, MdeL es reflejo fidelísimo del más profundo espíritu universitario, volcado en el ámbito literario: en ella han cabido lo mismo traducciones de autores indispensables de la literatura mundial, que autores mexicanos emergentes, en un arco tan amplio como la escritura misma. Grosso modo, se divide en las secciones Cuento contemporáneo, Poesía moderna y Especiales.

A esta última pertenece lo que MdeL ha titulado “1521, un atado de vidas”, toda una colección dentro de la colección, generada a propósito del medio milenio transcurrido entre la caída de México-Tenochtitlan y el tiempo presente. Se trata de quince ensayos en los que se abordan tanto los temas y protagonistas, digamos, habituales al respecto de la Conquista –verbigracia Bernal Díaz del Castillo y sus crónicas, o el papel del tlatoani Cuitláhuac en la defensa de su pueblo y el de Malintzin en su aún muy discutida “colaboración” con los invasores–, como otros bastante menos frecuentados y, por ende, mayoritariamente desconocidos o desatendidos, inclusive por especialistas en la materia. Vayan aquí sólo un par de ejemplos: la figura de Catalina Suárez, quien contrajo matrimonio con Hernán Cortés y cuyo deceso sigue siendo un tema controvertido, así como las princesas tlaxcaltecas Tecuelhuetzin, Toltequequetzaltzin, Zicuetzin, Zacuancozcatl y Huitznahuacihuatzin, todas ellas clave en la alianza española-tlaxcalteca. A propósito, llama la atención, y de manera muy positiva, el hecho de que prácticamente la mitad de los ensayos –siete– se refieren a mujeres: Ana Tiacapan, Juana de Zúñiga, Juana y Castilla, las referidas princesas tlaxcaltecas, Malintzin y Catalina Suárez, así como Isabel Moctezuma, en activo desmentido a la idea tácita de que la historia tiene al género masculino como protagonista casi único. Por si no fuera suficiente, más de la mitad de los títulos son escritos por mujeres. Paridad así no es poca cosa.

De ágil lectura y elaborados a partir de investigaciones rigurosas, estos quince títulos especiales de MdeL son una aportación enriquecedora no sólo para historiadores y antropólogos, sino para cualquier persona interesada en ampliar sus conocimientos sobre este tema capital en la construcción de la identidad mexicana.

A continuación, se transcribe la ficha mínima de cada uno de los títulos.

1

Tres veces tres. En clave Malintzin: nueve aproximaciones a su figura, Yásnaya Elena A. Gil.

2

Isabel Moctezuma, familia y encomienda, Margarita Menegus Bornemann y María Castañeda de la Paz.

3

Juana y Castilla, entre dos dinastías, Martha Atzin Bahena Pérez.

4

Moteuczoma Xocoyotzin. Un huei tlatoani frente a su adversa fortuna, Gabriel K. Kruell.

5

Catalina Suárez, a la sombra de Hernán Cortés, María del Carmen Martínez Martínez.

6

Princesas tlaxcaltecas, su palabra y su guerra, Margarita Cossich Vielman

7

Xicoténcatl Axayacatzin, un guerrero indómito, Jonatan Moncayo Ramírez.

8

Cuitláhuac: señor de la casa de los dardos, Clementina Battcock.

9

Carlos V, el rey extranjero, Diego Carlo Amendolla Spinola.

10

Bernal Díaz del Castillo. Narrar la Conquista entre volcanes, Víctor Castillo.

11

Hernán Cortés, ambicioso, aventurero, valiente y mujeriego, Úrsula Camba Ludlow.

12

Juana de Zúñiga o la primera nobleza castellana de América, María Vicens Hualde.

13

Antonio Valeriano, gobernante y sabio nahua del siglo XVI, Berenice Alcántara Rojas.

14

Fray Pedro de Gante. Espiritualidad y sabiduría en tiempos de misión, Francisco Morales, OFM.

15

Ana Tiacapan, el mundo desde las faldas del cerro, Gibran Bautista y Lugo.

jueves, 31 de marzo de 2022

"Una literatura indígena en sus propios términos"

“El camino que han seguido las lenguas indígenas, desde la tradición oral, para llegar a la escritura y de ahí a la literatura, ha sido arduo y complicado. Este artículo explora y documenta las fases principales de dicho recorrido, los trabajos de la etnografía, la antropología, la lingüística y los muchos esfuerzos editoriales que se han realizado para hacer frente a ‘la amenaza de muerte de muchas lenguas’.” Esto dice la bajada de la pormenorizada nota firmada por el escritor mexicano Hermann Bellinghausen, publicada el domingo 20 de marzo pasado, en La Jornada Semanal, de México.

Hitos y mitos: lenguas originarias y literatura indígena mexicana

La idea de que contar y cantar en lenguas originarias es literatura, es contemporánea. Hasta hace no mucho, la transmisión de historias y canciones se producía por la vía oral; en cada pueblo venía ocurriendo así hace siglos. Como respirar. Pueblos ágrafos en unas siete decenas de lenguas habladas en México inventaban, traducían, repetían, adaptaban mitos, rezos y trovas festivas sin alcanzar nunca la página. Ni cómo escribir en esos idiomas. Con la excepción notable de la lengua de los mexicas que enseguida de la conquista comenzó a ser transmitida en el alfabeto traído por los españoles, la mayoría se pudo escribir hasta finales del siglo XX.

Sin embargo, salvo cosillas y divertimentos de Sor Juana y momentos aislados en la obra de los cronistas e historiadores, la dignidad literaria del náhuatl no fue reivindicada sino hasta los años veinte o treinta del siglo pasado, por Ángel María Garibay Kintana y Pablo González Casanova padre (o más bien abuelo). Con formación clásica, Garibay hurgó en los manuscritos de los “antiguos” mexicanos y extrajo el primer corpus de “poesía” en náhuatl, trasladado por él mismo al castellano. Hay quien dice que “inventó” esa poesía desde el concepto occidental de la misma; Nezahualcóyotl como un vate, un Horacio o Virgilio.

“La emigración de los cuentos”
Otro pionero, más humilde en su aproximación a los cuentos indígenas, fue el malogrado Pablo González Casanova (Mérida, 1889-Ciudad de México, 1936). Filólogo ante todo, mostró temprana atención a las lenguas, y de sus treinta y seis textos recobrados sobre lingüística y folklore, el estudioso Carlos Martínez Marín destaca La lengua de Yucatán, Los indios popolocas y su clasificación, El tapachulteca, Un vocabulario chichimeca, El mexicano del Valle de Teotihuacán, Un cuento mexicano de origen francés, Un cuento griego en el folklore azteca, El orígen de los cuentos en el México indígena, entre otros.

Todo un catálogo para la época.
Su trabajo definitivo y más conocido, que no llegó a ver impreso, es Cuentos indígenas. Diez años después de su muerte lo editó la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, 1946). En náhuatl y castellano transcribe y escribe catorce relatos de lo que llama “folklore náhuatl”, y lo hace en calidad de escritor. Los vuelve literatura. De manera temprana, es consciente de que la “pureza” autóctona no existe, que los cuentos son un río que recorre el mundo: “la emigración de los cuentos”.

En ese momento, hacia 1923, González Casanova explica: “la escasez del material reunido en lenguas indígenas, en cora y huichol, por el etnólogo alemán Konrad Theodor Preuss, y en mexicano, por el sabio antropólogo y lingüista doctor Franz Boas y por mí, no pone a mi disposición pruebas tan numerosas como sería indispensable” para dilucidar “definitivamente” si los cuentos son originales o no.

Va encontrando en ellos a los Grimm y a Scherezada, el Rig Veda y los folklores más diversos de los otros continentes. Mal que bien habían pasado cuatro siglos de la conquista y los sincretismos desatados por ella. La intuición de González Casanova y otros estudiosos ha sido confirmada por sus sucesores, destacadamente Elisa Ramírez Castañeda, como confirman tres colecciones publicadas en tiempos recientes: Tradición oral de México, en cuatro tomos (Pluralia, 2014), Del surco a la troje. Mitos y textos sobre el maíz (Pluralia-UNAM, 2020) y Mitos y cuentos indígenas de México, en dos tomos (Fondo de Cultura Económica, 2021).

El auge de la etnografía posterior a González Casanova enriqueció el acervo de cuentos, mitos e historias populares, como un producto colateral de los estudios antropológicos y lingüísticos, igual que en Preuss y Boas.

Al mismo tiempo progresa la transcripción directa de tradiciones, mitos y mentiras veras de los pueblos, conforme se fue posibilitando la escritura. Las instituciones académicas y educativas comenzaron a espulgar el folklor ya recabado, y se dieron también a la tarea de “recoger en campo” cualquier cantidad de relatos, parecidos o distintos, tema y variaciones, aportaciones autóctonas, errores de transcripción o traducción. Quizás nadie llegó más a fondo en esta danza de mitos, leyendas y recordaciones sincréticas que Alfredo López Austin.

En esta narrativa oral transcrita resulta menor el peso, al menos directo, del catecismo, la mitología cristiana y los protestantismos que conquistaron mentes y corazones indígenas traduciendo el Evangelio en lenguas, mediante el Instituto Lingüístico de Verano con matriz en Estados Unidos, sobre el caldo de cultivo de cuatro siglos de evangelización católica.

Hoy existe una literatura indígena en sus propios términos, moderna si se cree necesario decirlo así, en las lenguas más extendidas: náhuatl, zapoteco, maya peninsular, otomí, y otras incorporadas recientemente a la Galaxia Gutenberg (McLuhan dixit) como tzotzil, tzeltal y el universo “mixteco”. Puede ya establecerse el terreno propio de la tradición oral bilingüe en libros y revistas.

El eslabón perdido
La recolección de cantos, mitos y cuentos en México ha sido históricamente las más rica del continente amerindio, aún con sus censuras, manipulaciones e invenciones. Así lo reconoció el estudioso peruano Luis Millones al urdir con López Austin Los mitos y sus tiempos: creencias y narraciones de Mesoamérica y los Andes (Era, 2015). Pero había que entresacarla de las obras “serias” de los cronistas de Indias, los pedagogos liberales, los escritores indigenistas, los etnólogos y lingüistas. Pese al paternalismo postrevolucionario del Estado, no fue sino hasta 1978 que se inició la alfabetización en lengua materna “a los niños indígenas y se lanzó la difícil tarea de hacer cartillas y libros de lectura en distintos idiomas y variantes”, recuerda Elisa Ramírez Castañeda (Mitos y cuentos indígenas de México). Entonces pudo hablarse de una educación indígena bilingüe.

Aunque también sea vista como una práctica integracionista en detrimento de la cultura y la identidad de los indígenas, esta tarea de educación tuvo efectos importantes en la relación de los pueblos con su lengua y en una cierta conciencia en la sociedad mayoritaria de la diversidad lingüística nacional: nuestros muchos idiomas, que no “dialectos”.

Protagonista del proceso editorial que derivó de la creación de la Dirección de Educación Indígena dentro de la Secretaría de Educación Pública (SEP), Ramírez Castañeda refiere: “A mi entender, fue la primera vez que se grabaron, transcribieron, escribieron y difundieron textos orales que no obedecían a la lógica especializada de la etnografía o la lingüística, a pesar de que se usaban técnicas de trabajo propias de estas disciplinas para recopilarlos y traducirlos”.

Para 1988 dicha dirección había producido ochenta y ocho publicaciones en treinta y dos lenguas y setenta y cuatro variantes, y una docena de libros de lectura, ocho de los cuales conformaron la serie Tradición Oral Indígena, coordinada por Ramírez Castañeda. De ésta proceden los dos volúmenes que publica el Fondo de Cultura Económica, en muchos casos con versiones revisadas y mejoradas, tanto en castellano como en la lengua originaria del caso. Contiene narraciones en tzotzil (la noveleta El Indio Rey, narrada por José Hernández Nuj en Zinacantán, Chiapas), wixárika (huichol) nahua, ayuuk (mixe), chinanteco, ñañhú (otomí), tzeltal y tu’un savi (mixteco de Guerrero). Los textos en otomí del Valle del Mezquital son todos de Javier Salinas, precursor de la escritura en lenguas mexicanas con procedimientos modernos, en aquella misma época. Con su nueva presentación editorial, en forma de libro a dos lenguas, y la posibilidad de una distribución más amplia, estamos ante un evento cultural interesante.

Los relatos se organizan en “I. Mitos, reyes y dueños” más o menos autóctonos, y “II. Cuentos” que tienen cualquier origen y constituyen un palimpsesto de fabricaciones libres en las distintas lenguas mexicanas. La “originalidad” es lo de menos. Al fin la ficción es de todos, como le gustaba sugerir a Borges. No tiene dueño, sólo voces.

Escribir en lenguas amenazadas
Después de aquella empresa compilatoria, muchos de estos relatos han tenido otras vidas en revistas, libros infantiles ilustrados, materiales de lectura, antologías, emisiones radiales, cortos animados y redes sociales. Estamos acaso ante el eslabón perdido que explicaría, al menos parcialmente, el nacimiento en colectivo de una “literatura” en lenguas originarias que hemos visto en lo que va del siglo XXI. Hombres y mujeres que hoy publican, dan recitales, obtienen becas, premios y estímulos, ejercen un magisterio comunal para sus pueblos y honran en sus propios términos el trabajo intelectual y creativo, en su infancia seguramente accedieron a esa “educación indígena” y leyeron alguno de estos libros que, así fuera desordenadamente, la SEP incluyó en sus programas bilingües.

Para cuántos fue allí donde por primera vez se vieron en el espejo escrito del idioma materno. Y descubrieron las palabras, aunque incomprensibles, de otros idiomas como el suyo. Imaginemos lo fragmentario pero excepcional de la experiencia en las juventudes indígenas de fin de siglo. Bajo los fardos del racismo, la pobreza, la migración, la negación, el olvido y la vergüenza de hablar “indio” surgió una afirmación convincente. Una nueva dignidad.

Hoy escriben poetas en casi todas las lenguas nacionales y hay narradores profesionales que, en número creciente, redactan en o traducen a su primer idioma. Enfrentan un reto tremendo: la amenaza de muerte de muchas lenguas. Elisa Ramírez ha ironizado: “Cada día se escriben más y se hablan menos las lenguas indígenas”.

Tras el hito de los años ochenta, surgieron buenas series de narrativa oral, como la colección Letras Indígenas Contemporáneas (Dirección General de Culturas Populares), que entre 1994 y 2008 publicó antologías en totonaco, tzeltal, tzotzil, huichol y purépecha. Tan sólo en Chiapas la UNAM, el Centro Estatal de Lenguas Indígenas (CELALI) y otros organismos promovieron las series de libros Y el Bolom dice… y Cuentos y relatos indígenas.

Ya venía ocurriendo antes de 1994, pero luego del alzamiento zapatista, en los pueblos de Oaxaca, Guerrero, Puebla, Yucatán, Michoacán, Hidalgo y otras entidades, mucha gente se da a la búsqueda renovada de sus mitos y tradiciones en lengua originaria.

Todo esto pavimenta el nacimiento indiscutible, aunque de pronóstico reservado, de una literatura indígena mexicana. El proceso no tomó más de cuatro décadas. Para 2008 la asociación Escritores en Lenguas Indígenas estuvo en condiciones de reunir un tomo de narrativa (y uno de poesía): México: diversas lenguas, una sola nación.

¿Qué alcance han tenido estas publicaciones? Existen otros proyectos, quizás más importantes para los pueblos mismos, fuera de las instituciones y la lógica educativa, folclórica o editorial, como Gusanos de la Memoria en la Montaña de Guerrero o las actividades creativas y de difusión que se han dado en Guelatao, Yalalag y Juchitán. Quizá sean el modelo a seguir: los pueblos construyendo escritura, pensamiento y testimonio en sí y para sí. Allí podría residir una garantía de futuro y hasta florecimiento de tanta hermosa e irrepetible lengua amenazada.

lunes, 7 de marzo de 2022

José Emilio Pacheco, traducido en el Líbano

El 26 de febrero pasado, sin firma, Cultura InfoBAE publicó un cable de la agencia española EFE, donde se da cuenta de la traducción de la poesía del poeta mexicano José Emilio Pachecho (1939-2014) al árabe. La bajada dice: “La iniciativa Poetas Cervantes en Árabe, del Instituto Cervantes, lanzó este fin de semana en el Líbano En resumidas cuentas, una obra que pasea al lector por las principales etapas de Pacheco”.

La poesía del mexicano José Emilio Pacheco llega al mundo árabe

La poesía del ilustre escritor mexicano José Emilio Pacheco (Premio Cercantes 2009) ha cruzado el océano para instalarse entre los lectores árabes en forma de antología bilingüe, convirtiéndole en el quinto Premio Cervantes traducido a este idioma en el marco de un programa de impulso a intérpretes emergentes.

 

Tras acercar a Gonzalo Rojas, José Hierro, María Zambrano e Ida Vitale al mundo árabe durante los últimos seis años, la iniciativa Poetas Cervantes en Árabe (POCENAR) del Instituto Cervantes lanzó este fin de semana en el Líbano “En resumidas cuentas”, una obra que pasea al lector por las principales etapas de Pacheco.

 

Esta selección, esta antología, lo que busca es dar un panorama completo de la obra poética de José Emilio Pacheco, es decir que abarque la mayor extensión en el tiempo desde los poemas más juveniles, que son de finales de los años 60″, explicó a Efe el experto Álvaro Ruiz Rodilla, quien colaboró en la creación del libro.

 

El joven, investigador posdoctoral en la Biblioteca Nacional de México, cree que las composiciones elegidas “reflejan” las principales temáticas del autor, empezando por aquella primera etapa marcada por acontecimientos sociales como la Guerra de Vietnam y el Movimiento Estudiantil de 1968.

 

“En resumidas cuentas” también pasea al lector por poesías posteriores que exploran la “literatura misma” o el tópico del tiempo, poniendo el broche en sus últimas páginas con estrofas más recientes sobre “el acercamiento a las otras culturas, a las otras lenguas”, agregó Ruiz.

 

“Por eso el poema final es ‘En Babel’, esa especie de incomprensión entre lenguas, pero que la poesía sí permite y creo que la traducción es la mayor prueba de ello”, destacó este doctorado en Literatura Hispanoamericana con foco en José Emilio Pacheco.

 

Hiba al Hassanie, una de los tres traductores de la antología, sabe muy bien a qué se refería el poeta mexicano con aquello de “En Babel balbuceo mi lengua bárbara / Les suena a los asirios como un ladrido / Blablablá de burbujas en el pantano”.

 

La joven libanesa, seleccionada para el programa de entre un gran número de postulantes de la nación de los cedros, Egipto y Jordania, confiesa a Efe que “las diferencias en la estructura de las frases en el árabe y el español” le plantearon “muchas dificultades” a la hora de traducir los poemas.

 

“Al principio había que entender muy bien lo que quería decir con cada palabra José Emilio Pacheco (...) para poder entender muy bien el significado en español y transmitirlo, y elegir la palabra más adecuada para introducir esta poesía al público árabe”, apuntó Hassanie.

 

Sin embargo, los esfuerzos valieron la pena y hoy muestra orgullosa las páginas de “En resumidas cuentas” donde aparecen impresas las once composiciones que ha trasladado al árabe, así como dos que trabajó durante un taller en conjunto con los otros traductores seleccionados para el programa, patrocinado por la Fundación Abertis.

 

La directora del Instituto Cervantes de Beirut, Yolanda Soler-Onís, indicó a Efe que esta es la primera vez que dicho “programa de formación, traducción y edición” se desarrolla en el Líbano desde su primera edición en Marruecos en 2016, cuando se dedicó a la obra del chileno Gonzalo Rojas coincidiendo con el centenario de su nacimiento.

jueves, 21 de octubre de 2021

El SPET en octubre lee a Juan Rulfo


En el próximo encuentro, que tendrá lugar el miércoles 27 de octubre a las 17 (hora argentina), nuestra invitada Clémence Belleflamme expondrá sobre “La retraducción entre texto, paratexto y extratexto: el ejemplo de El llano en llamas”


Clémence Belleflamme es romanista y traductora por la Universidad de Lieja (Bélgica); es investigadora del Centre Interdisciplinaire de Recherche en Traduction et Interprétation (CIRTI) de esa universidad. Actualmente se encuentra en la fase final de una tesis doctoral dedicada a la retraducción al francés de obras narrativas hispanoamericanas ligadas al boom, en el caso específico en que primera traducción y retraducción fueron publicadas por la misma editorial. Fue becaria de la UNAM para realizar una estadía de investigación en México DF en torno a la obra de Juan Rulfo y la Fundación Juan Rulfo. Presentó el fruto de sus investigaciones en varios congresos internacionales y en artículos científicos, publicados por las revistas Meta y Mutatis Mutandis. Tradujo al francés el último capítulo, inédito en esta lengua, del volumen de Christiane Nord La traduction: une activité ciblée, que co-editó para la colección “Truchements” de Presses Universitaires de Liège.

Lecturas sugeridas:

--Gustavo Guerrero: “La Croix du Sud (1945-1970): génesis y contextos de la primera colección francesa de literatura latinoamericana”, en Müller, Gesine, Locane, Jorge J. y Loy, Benjamin (eds.): Re-mapping world literature. Writing, book markets and epistemologies between Latin America and the Global South, Berlín/Boston: De Gruyter, 2018, pp. 199-208.

--Outi Paloposki y Kaisa Koskinen: “Reprocessing texts: the fine line between retranslating and revising”, en Across languages and cultures, 11,1 (2010), pp. 29-49.

Aviso

La sesión se realizará como videoconferencia. Quienes quieran participar pueden enviarnos un mail con el asunto SPET 142 hasta el 27/10 a las 13.00. La dirección de mail será utilizada para hacerles llegar el código que servirá como entrada a la videoconferencia y las lecturas sugeridas. Por favor, revisen el micrófono y la cámara de sus dispositivos antes de la sesión. Si quieren desinscribirse, les pedimos que nos manden un mail con el asunto SPET 142 DESINSCRIPCIÓN.

jueves, 18 de febrero de 2021

Sobre la traducción de la literatura de los aztecas


El 27 de agosto de 2020, el escritor mexicano
Hugo G. Freire publicó una columna en el diario Milenio, de su país, donde se refiere a la labor del sacerdote Ángel María Garibay (1892-1967), gran traductor de literatura azteca. Se reproduce a continuación.


La literatura azteca y el arte de la traducción

El libro del sacerdote mexiquense Ángel María Garibay La Literatura de los Aztecas publicado en 1964, nos lleva a preguntarnos si la traducción es una ciencia o un arte. ¡Enorme dilema! Ya que hay algunos que afirman que es una ciencia y los que se sienten orgullosos que se le considere un arte.

Quienes dicen que es una ciencia lo atribuyen a que se ha concebido una teoría y una práctica, mismas que sirven como guías, normas o consejos que dan juicios a los traductores para que ya no cometan los mismos errores. La manera de ver como ciencia a la traducción se ha generalizado principalmente en centros educativos.

Los teóricos que ven la traducción como un arte nos dicen que los traductores son artistas porque siempre están sujetos a un trabajo creativo y no sólo práctico y le atribuyen a que la interpretación, a la lengua en la que se traduce, tiene tantos sinónimos o variantes que sólo la unión de la creatividad y del conocimiento de la cultura, de las circunstancias o el entorno donde se desenvuelve el texto, dará una excelente traducción. Además agregan que el traductor debe considerarse un coautor o, mejor dicho, como si fuera él mismo el escritor original.

Estos dos puntos de vista suenan interesantes, nosotros recordaremos que una disciplina cualquiera que esta sea para que se llame ciencia, en lo más estricto del término, debe estar sujeta a lo que conocemos como método científico: observación, análisis, construcción y deconstrucción y desde luego la comprobación de los hechos. De acuerdo a la investigación realizada, nos sumamos más hacia el arte que a la ciencia.

Hablemos ahora del sabio María Garibay y lo que él nos dice de sus traducciones de la lengua náhuatl: “El que es cuerdo sabe que no se puede dar en ninguna versión todo el contenido del original. Por eso se ensayan varias, para captar la belleza o la exactitud científica, según los fines del estudio.”

El libro La Literatura de los Aztecas es una versión corta de todo el trabajo que realizó el cura Garibay del mundo literario de los nahuas, aquí hallamos poemas: épicos sacros, épicos históricos, líricos, religiosos, dramáticos. Así como proverbios, discursos didácticos y una muestra de una saga histórica: La caída de Tula.

Si él en esta recopilación acomoda en sus secciones el nombre de un género literario, debemos tomarlo, sin más, como lo indica, ya que trató de semejar la literatura de estos pueblos con algo que conocía de forma admirable, los textos griegos. Los mismos que fueron traducidos por él y nos llegaron por la popular e histórica colección “Sepan Cuantos…” de editorial Porrúa.

Se inicia con la creación del Quinto Sol por los dioses en Teotihuacan y la negativa de éste para recorrer todo el cielo si no le dan sangre humana y que además los dioses se sacrifiqué como lo hizo él, los dioses aceptan y todos se sacrifican.

En el primer relato y en toda la obra, el concierto de nombres de los dioses es magistral, sabemos quiénes son y lo que representan: Tonacatecuhtli, dios de la vida, Nappatechtli, dios de los cuatro rumbos del mundo, Tlahuizcalpantecuhtli, dios de la aurora, Xochiquetzal, flor rica de plumas. Al principio estas palabras, como la de los humanos: Micohuatzin, Xayacamachan. Los lugares: Tepantoco, Temazcatitlan. La naturaleza: Chalchihuitl, Acxocuauhtli, se vuelven difíciles, pero conforme lees, te familiarizas.

Con el libro nos damos cuenta de la vasta tradición que la literatura y sobre todo la poesía tenían en la lengua náhuatl, sus profundos conocimientos de las emociones y de las actitudes humanas lo vemos reflejado con excelente maestría llevándonos a pensar que se cultivaron desde tiempos ancestrales.

Gocemos de algunos ejemplos: “Si en verdad eres estrella, no te alumbres con tea” “Sin darse cuenta el corazón se agria” “No dos veces se vive” “Yo soy cantor me yergo en la altura. Brilla el ave dorada donde las juncias se tienden. Hermoseo mi canto y lo adorno con flores

martes, 29 de septiembre de 2020

Un encomio a la labor del traductor mexicano Ángel María Garibay (1892-1967)


El pasado 27 de agosto, Hugo G. Freire publicó en el diario mexicano Milenio la siguiente reflexión sobre el trabajo del traductor Ángel María Garibay (foto), a propósito de la literatura azteca. 





La literatura azteca y el arte de la traducción 

El libro del sacerdote mexiquense Ángel María Garibay La Literatura de los Aztecas, publicado en 1964, nos lleva a preguntarnos si la traducción es una ciencia o un arte. ¡Enorme dilema! Ya que hay algunos que afirman que es una ciencia y los que se sienten orgullosos que se le considere un arte. 

Quienes dicen que es una ciencia lo atribuyen a que se ha concebido una teoría y una práctica, mismas que sirven como guías, normas o consejos que dan juicios a los traductores para que ya no cometan los mismos errores. La manera de ver como ciencia a la traducción se ha generalizado principalmente en centros educativos. 

Los teóricos que ven la traducción como un arte nos dicen que los traductores son artistas porque siempre están sujetos a un trabajo creativo y no sólo práctico y le atribuyen a que la interpretación, a la lengua en la que se traduce, tiene tantos sinónimos o variantes que sólo la unión de la creatividad y del conocimiento de la cultura, de las circunstancias o el entorno donde se desenvuelve el texto, dará una excelente traducción. Además agregan que el traductor debe considerarse un coautor o, mejor dicho, como si fuera él mismo el escritor original. 

Estos dos puntos de vista suenan interesantes, nosotros recordaremos que una disciplina cualquiera que esta sea para que se llame ciencia, en lo más estricto del término, debe estar sujeta a lo que conocemos como método científico: observación, análisis, construcción y deconstrucción y desde luego la comprobación de los hechos. De acuerdo a la investigación realizada, nos sumamos más hacia el arte que a la ciencia. 

Hablemos ahora del sabio María Garibay y lo que él nos dice de sus traducciones de la lengua náhuatl: “El que es cuerdo sabe que no se puede dar en ninguna versión todo el contenido del original. Por eso se ensayan varias, para captar la belleza o la exactitud científica, según los fines del estudio.” 

El libro La Literatura de los Aztecas es una versión corta de todo el trabajo que realizó el cura Garibay del mundo literario de los nahuas, aquí hallamos poemas: épicos sacros, épicos históricos, líricos, religiosos, dramáticos. Así como proverbios, discursos didácticos y una muestra de una saga histórica: La caída de Tula. 

Si él en esta recopilación acomoda en sus secciones el nombre de un género literario, debemos tomarlo, sin más, como lo indica, ya que trató de semejar la literatura de estos pueblos con algo que conocía de forma admirable, los textos griegos. Los mismos que fueron traducidos por él y nos llegaron por la popular e histórica colección “Sepan Cuantos…” de editorial Porrúa. 

Se inicia con la creación del Quinto Sol por los dioses en Teotihuacan y la negativa de éste para recorrer todo el cielo si no le dan sangre humana y que además los dioses se sacrifiqué como lo hizo él, los dioses aceptan y todos se sacrifican. 

En el primer relato y en toda la obra, el concierto de nombres de los dioses es magistral, sabemos quiénes son y lo que representan: Tonacatecuhtli, dios de la vida, Nappatechtli, dios de los cuatro rumbos del mundo, Tlahuizcalpantecuhtli, dios de la aurora, Xochiquetzal, flor rica de plumas. Al principio estas palabras, como la de los humanos: Micohuatzin, Xayacamachan. Los lugares: Tepantoco, Temazcatitlan. La naturaleza: Chalchihuitl, Acxocuauhtli, se vuelven difíciles, pero conforme lees, te familiarizas. 

Con el libro nos damos cuenta de la vasta tradición que la literatura y sobre todo la poesía tenían en la lengua náhuatl, sus profundos conocimientos de las emociones y de las actitudes humanas lo vemos reflejado con excelente maestría llevándonos a pensar que se cultivaron desde tiempos ancestrales. 

Gocemos de algunos ejemplos: “Si en verdad eres estrella, no te alumbres con tea” “Sin darse cuenta el corazón se agria” “No dos veces se vive” “Yo soy cantor me yergo en la altura. Brilla el ave dorada donde las juncias se tienden. Hermoseo mi canto y lo adorno con flores.”