martes, 8 de septiembre de 2026

"El uso sistemático de la inteligencia artificial para traducir genera un empobrecimiento del vocabulario activo"

"El uso sistemático de la IA para traducir genera un empobrecimiento del vocabulario activo." Eso dice la bajada del artículo que, con firma de Delfina Gallo, se publicó en InfoBAE, el
pasado 16 de enero.

El costo cognitivo de delegar la traducción de idiomas a la inteligencia artificial

Durante años, dominar un idioma fue una de las habilidades más valoradas en el mundo corporativo. No solo por la comunicación, sino por lo que implicaba a nivel cognitivo: capacidad de análisis, flexibilidad mental, precisión conceptual y adaptación cultural. Hoy, con la traducción automática al alcance de un clic, esa ventaja parece haberse diluido. Pero lo que estamos perdiendo no es una habilidad técnica, es capital cognitivo.

Como fundadora y directora de una academia de inglés, observo un fenómeno cada vez más frecuente en estudiantes y profesionales: producen textos impecables en otros idiomas, pero tienen enormes dificultades para explicar una idea, argumentar o sostener una conversación sin asistencia. La traducción funciona, el pensamiento no siempre.

Un caso reciente lo ilustra con claridad. Un alumno que recién había ingresado a nuestra academia presentó ciertos trabajos escritos de alto nivel, con vocabulario amplio y estructuras complejas. Al momento de intentar explicarlos de forma oral, la escena fue otra: silencios prolongados, frases inconclusas, frustración. Al finalizar, lo sintetizó con crudeza: “Me doy cuenta de que no sé nada”. No era falta de conocimiento: era falta de ejercicio.

El uso sistemático de la inteligencia artificial para traducir genera un empobrecimiento del vocabulario activo. Comprendemos más de lo que somos capaces de producir. En términos empresariales, es la diferencia entre tener información y saber usarla. El idioma se vuelve pasivo, y con él, la capacidad de construir sentido propio.

Traducir no es un acto mecánico, es tomar decisiones. Elegir entre sinónimos, definir registros, interpretar contextos culturales. Cada elección fortalece habilidades críticas para el liderazgo: claridad conceptual, pensamiento estratégico y sensibilidad comunicacional. Cuando ese proceso se terceriza por completo, se pierde fricción cognitiva. Y sin fricción, no hay aprendizaje profundo.

Esto tiene impacto directo en el mundo del trabajo. Profesionales que “leen” en otros idiomas, pero no pueden negociar, persuadir o presentar ideas con solidez. Equipos que dependen de herramientas para expresarse, reduciendo su autonomía intelectual. Se instala una falsa sensación de competencia lingüística que, en situaciones reales, se desvanece.

No se trata de rechazar la inteligencia artificial. Bien utilizada, es una aliada poderosa para ganar eficiencia. El riesgo aparece cuando reemplaza procesos que deberían entrenarse, especialmente en etapas de formación y desarrollo profesional. La diferencia entre usar IA como apoyo o como sustituto define la calidad del talento que se construye.

En un contexto donde las habilidades blandas, la comunicación efectiva y la capacidad de pensar en entornos complejos son cada vez más valoradas, hablar otro idioma sigue siendo una ventaja competitiva. Pero solo si ese idioma se piensa, no si simplemente se copia.

La pregunta ya no es si usamos inteligencia artificial, sino qué dejamos de entrenar cuando la usamos sin criterio. Y en ese punto, el lenguaje sigue siendo uno de los activos estratégicos más subestimados del capital humano.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Charla sobre traducción de literatura irlandesa


El jueves 10 de septiembre, a las 18 hs., habrá una charla de Jorge Fondebrider sobre la traducción de autores irlandeses al castellano, en el Instituto Cervantes, de Dublín (Lincoln House, Lincoln Place D2 DO2 VH29 Dublin). La invitación es de la Maynooth University y del Trinity College Dublin, con el apoyo de Research Ireland. Quienes anden por ahí están amablemente invitados. 
La entrada es libre y gratuita

viernes, 4 de septiembre de 2026

Penguin Random House perdió en los tribunales de Washington: punto para los escritores

Aparentemente, al grupo Berteslmann, dueño del grupo Penguin Random House, le salió mal la jugada de intentar comprar la editorial Simon & Schuster para ampliar su oligopolio editorial en los Estados Unidos. Tal es la noticia que, partiendo de varios refritos de la agencia TELAM, publicó ayer, sin firma, el pasquín InfoBAE. En la bajada se lee: "Una jueza del Distrito de Columbia falló en contra de esa unión. El argumento es que la posición oligopólica perjudica a los autores".

Vetan la fusión de las editoriales Penguin Random House y Simon & Schuster para “proteger la competencia”

La compra de la editorial Simon & Schuster por parte de Penguin Random House fue vetada por una jueza de Washington debido a los riesgos para la competencia y el principal argumento es que la posición oligopolista dañaba la competencia en el mercado de los anticipos sobre derechos de libros superventas, afectando a los autores. La fusión implicaba que la mayor editorial de Estados Unidos, Penguin Random House, perteneciente al grupo alemán Bertelsmann, comprar Simon & Schuster, el tercer mayor grupo editorial del país, propiedad de Paramount, por 2.175 millones de dólares.

Tal como informó el diario El País de España, fue Florence Pan, la primera jueza asiático-americana del Distrito de Columbia, nombrada por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, la responsable del fallo celebrado por el Departamento de Justicia de ese país. “La decisión de hoy protege la competencia vital para los libros y es una victoria para los autores, los lectores y el libre intercambio de ideas”, señaló el fiscal general adjunto Jonathan Kanter, de la División Antimonopolio.

“La fusión propuesta habría reducido la competencia, rebajado la remuneración de los autores, disminuido la amplitud, la profundidad y la diversidad de nuestras historias e ideas y, en última instancia, empobrecido nuestra democracia”, completó. En su resolución, la jueza explica: “Tras el examen del extenso expediente y la cuidadosa consideración de los argumentos de las partes, el tribunal considera que el Gobierno de Estados Unidos ha demostrado que el efecto de la fusión propuesta puede disminuir sustancialmente la competencia en el mercado de los anticipos de derechos de publicación en Estados Unidos de los libros más vendidos”.

La sentencia completa aún no se ha hecho pública, porque alberga contenido confidencial y las partes tienen derecho a solicitar que sea ocultado antes de que se difunda el fallo, consignó el diario español. En noviembre de 2021, el Departamento de Justicia anunció su acción contra la fusión acordada en 2020, alegando que esta adquisición le daría a Penguin Random House el control de casi la mitad del mercado de anticipos para la adquisición de derechos de publicación de los libros más vendidos, dejando a cientos de autores con menos opciones e influencia.

El planteo sostenía que el propio grupo Bertelsmann consideraba el mercado editorial estadounidense como un “oligopolio” y su adquisición de Simon & Schuster pretendía “cimentar” su posición como editor dominante en Estados Unidos. “Los libros han dado forma a la vida pública estadounidense a lo largo de la historia de nuestra nación, y los autores son el alma de la publicación de libros en Estados Unidos”, advertía en un comunicado el fiscal general, Merrick Garland, y subrayaba que “solo cinco editoriales controlan la industria editorial estadounidense. Si se permite que la mayor editorial de libros del mundo adquiera a una de sus mayores rivales, tendrá un control sin precedentes sobre este importante sector”.

Se trata de las compañías Big Five (las cinco grandes) e incluyen, además de Penguin Random House y Simon & Schuster, a HarperCollins (filial de News Corporation, de Rupert Murdoch), Macmillan y Hachette. Por su parte, Penguin Random House anunció, a través de un comunicado, que apelará la sentencia, dijeron que están “muy en desacuerdo con la decisión” y la consideraron “un desafortunado revés para los lectores y los autores”. “Como hemos demostrado a lo largo del juicio, el hecho de que el Departamento de Justicia se centre en los anticipos a los autores mejor pagados del mundo en lugar de en los consumidores o en la intensa competitividad del sector editorial es contrario a su misión de garantizar una competencia leal”, remarcaron.

Este juicio se llevó a cabo en Washington durante la primera mitad de agosto y entre los testigos declaró el escritor Stephen King, cuyas novelas publica el sello de Simon & Schuster. El autor de Cementerio de animales declaró contra esta editorial y se manifestó “preocupado” por lo que pueda suceder de tal fusión valorada en casi 2.200 millones de dólares. A la salida del Tribunal, el maestro del terror le dijo a la prensa: “Estoy aquí porque creo que la consolidación es mala para la competencia”.

“Llevo unos 50 años en el sector del libro. Cuando empecé, había literalmente cientos de editoriales. Una a una fueron absorbidas por otras o cerraron el negocio”, afirmó King, autor de obras como El resplandor, Carrie, Misery, It, Después y muchos más, que durante años publicó sus libros con Simon & Schuster. King consideró que a medida que avanza la concentración editorial, los efectos de ese monopolio recaen en los escritores, a quienes “les resulta cada vez más difícil encontrar dinero suficiente para vivir”. Y lamentó que sus colegas trabajen en “un mundo difícil”. Mientras que los directivos de las dos compañías inmersas en la operación testificaron a favor de la misma, ejecutivos de sus rivales Hachette y HarperCollins lo hicieron en contra.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Los traductores, en primera línea ante el impacto de la IA

"La presidenta de la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes (Asetrad) advierte de una "fuga de cerebros" en el sector ante la reducción de tarifas y plazos asociada al uso de la IA". Tal es la bajada del artículo publicado por Jasmin Gómez Fattah, el pasado 2 de septiembre, en El Mundo, de España.

 "Tener que renunciar a tu profesión por una herramienta que hace tu trabajo de forma mediocre es durísimo"

Menos encargos, menos contratos y más presión para bajar tarifas. Mientras las empresas recurren a estas herramientas para reducir costes y ganar tiempo, los traductores ven cómo desaparecen trabajos que hasta hace poco dependían de su conocimiento y experiencia. Algunos han tenido que aceptar encargos de revisión y posedición por menos dinero y otros han visto cómo se esfuman clientes o proyectos enteros.

"Se está generalizando la creencia errónea de que la IA puede sustituir por completo traductores, correctores e intérpretes. La IA no traduce ni interpreta como un especialista", comenta Rosa Llopis, presidenta de Asetrad y traductora e intérprete de inglés y alemán, en una entrevista con EL MUNDO.

Según un estudio de Asetrad y la Universidad Complutense de Madrid (UCM), el 43,17% de los profesionales asegura que todavía no utiliza la IA y el 36,44% solo recurre a ella ocasionalmente. El informe describe así un sector en plena transición, en el que la preocupación por el impacto de la IA es mucho mayor que su uso habitual.

Alicia Martorell, de 69 años, lleva en la profesión desde 1985, cuando empezó a traducir con maquina de escribir. Ha trabajado en traducción editorial e institucional para agencias y multinacionales. En estas cuatro décadas ha vivido los cambios tecnológicos del sector, que han mejorado la productividad, pero también han reducido el control sobre su trabajo. "El resultado ahora mismo son jornadas infrahumanas que no dan para ganarse la vida, y encima en precario y sin perspectiva de evolución o de futuro", comenta.

De traductor a poseditor
Parte de los encargos que antes consistían en traducir un texto desde cero, ahora llegan a los profesionales después de haber pasado por IA. De esta manera, su trabajo se está desplazando a la posedición, que consiste en contrastar la traducción con el original, corregir errores e incoherencias y asumir la responsabilidad legal por el producto final. Según el informe, el 73,75% de los profesionales en activo realizan encargos de este tipo, es decir, casi tres de cada cuatro, pero solo el 38,83% incluye las posedición entre sus actividades principales.

Este cambio no implica una reducción de la carga de trabajo. Llopis explica que la IA no traduce ni interpreta como una especialista y genera una "falsa confianza" porque resulta ser "muy elocuente" y la gente "confunde fluidez con veracidad". La máquina puede producir un texto gramaticalmente correcto, pero, "cuando no entiende algo inventa" y deja de reflejar lo que dice el original. "Tenemos menos tiempo para hacer ese trabajo y además nos intentan pagar muchísimo menos, pero toda la responsabilidad civil es para nosotros", agrega.

A ese riesgo se suma el de vulnerar la confidencialidad. El artículo 5 de la Ley Orgánica de Protección de Datos obliga a quienes tratan información personal, incluidos los traductores, a protegerla. La presidenta de Asetrad alerta de que, al introducir archivos personales o profesionales en herramientas de IA, entre ellas el traductor de Google o servicios similares, el usuario está cediendo de facto la información que contienen. "No lo entienden en absoluto y sucede más de lo deseable. Es decir, se incumple con esa ley que los profesionales sí estamos obligados a cumplir y demostrar que cumplimos", advierte.

Llopis reclama también corresponsabilidad a las instituciones que utilizan traducciones generadas con IA, ya que, a su juicio, legitiman su uso ante la ciudadanía. Recuerda que, al consultar la web de los fondos europeos Next Generation para buscar terminología de cara a una interpretación, encontró un aviso que indicaba que la versión española de una de las páginas había sido traducida con IA. "La Unión Europea está usando dinero público para utilizar una herramienta que está haciendo peor el trabajo, pero que encima le está quitando el trabajo a los ciudadanos", cuestiona.

Una profesión cualificada que expulsa talento
La precariedad golpea a un colectivo altamente cualificado. El 61,01% de los encuestados tiene un posgrado o un máster y el 21,36%, una licenciatura. Pero la formación no se traduce necesariamente en estabilidad. El 45,99% declara que sus ingresos disminuyeron respecto a 2024 y el 34,06% prevé otra caída en 2026. Para el 29,72%, lo que gana apenas cubre las necesidades básicas, mientras que el 20,61% considera que sus ingresos son insuficientes.

La presidenta de Asetrad habla de una "fuga de cerebros" que afecta a recién graduados, veteranos y, cada vez más, a profesionales de edades intermedias, sobre todo a mujeres que dejaron de dedicarse durante unos años a la traducción porque fueron madres y, al intentar retomar la profesión, se encuentran con estas dificultades. "Tener que renunciar a tu profesión por algo que hace tu trabajo de manera mediocre es durísimo", lamenta.

La incertidumbre aumenta cuanto más se alarga el horizonte profesional. El 23,21% no está seguro de continuar en el sector dentro de dos años, el porcentaje asciende al 41,87% cuando se pregunta por los próximos cinco años y al 43,60% al mirar hasta la jubilación.

Sabela Rodríguez, intérprete de 23 años, se incorporó al mercado laboral en 2025 tras finalizar su máster en Interpretación de Conferencias. Cuenta que muchos compañeros que intentan abrirse camino en la profesión han renunciado a vivir de ella ante la dificultad de conseguir sus primeros encargos. Sabela continúa formándose, tanto en ámbitos complementarios como en otros alejados de la interpretación, por si necesita buscar otra alternativa. "Si el precio a pagar por hacerme un hueco es el de precarizar el sector, prefiero cambiar de trabajo", afirma.

Alicia observa la incertidumbre desde el otro extremo de la vida profesional. A punto de jubilarse, no sabe si lo que está pasando ahora "forma parte de un ciclo o es el apocalipsis". Su retiro le ofrece una salida que no tienen quienes empiezan su trayectoria. "Yo ya no tengo una carrera por delante; me jubilo, mejor o peor, y ya está. Pero mi caso es excepcional, no es la norma", reconoce.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

Corea sigue invirtiendo en traducciones


Corea del Sur destina una cantidad enorme de recursos a la difusión de su cultura en el mundo entero, y la traducción literaria es un tema que los coreanos se toman muy en serio. Así lo demuestra, una vez más, la noticia publicada el 1 de septiembre pasado en Korea.net, donde, con firma de Uyen Nguyen, se lee lo que sigue.

Un taller de traducción impulsa la difusión de la literatura coreana en más idiomas

El creciente interés mundial por la literatura coreana ha incrementado la demanda de traductores cualificados capaces de traducir estas obras a otros idiomas. En este contexto, el Instituto de Traducción Literaria de Corea (LTI Korea, según sus siglas en inglés) organiza programas y eventos para formar a futuros traductores.

La Academia de Traducción, el principal programa regular del instituto, se ofrece en siete idiomas: inglés, francés, alemán, español, ruso, chino y japonés. El Taller de prácticas de traducción para lenguas minoritarias también ofrece formación especializada a futuros traductores de idiomas que no forman parte del programa regular.

Tras una primera edición en 2023 dirigida a traductores de rumano, sueco y polaco, el taller se centró en el italiano en 2024 y en el vietnamita el año pasado. En esta ocasión, el programa estuvo orientado a especialistas en vietnamita, italiano y turco. 

La edición de este año, que se llevó a cabo del 13 al 31 de julio, combinó sesiones en línea con un programa presencial en Seúl. Los participantes procedentes del extranjero recibieron pasajes de avión de ida y vuelta, alojamiento y comidas, mientras que quienes residían en Corea recibieron apoyo para alojamiento, transporte y comidas en función de su lugar de residencia.

El taller se centró en la práctica de la traducción de obras literarias a los respectivos idiomas de los participantes, y se complementó con cuatro conferencias de expertos orientadas a profundizar en la literatura coreana y las técnicas de traducción.

Las sesiones "Encuentro con el autor" permitieron a los participantes reunirse con los autores de las obras que estaban traduciendo, hacer preguntas e intercambiar opiniones. Como parte de las visitas culturales, el programa también permitió conocer de primera mano la cultura literaria y editorial de Corea mediante visitas al Museo de Tipografía Book City, Forest of Wisdom y el Museo de Arte Mimesis, en Paju, en la provincia de Gyeonggi-do.

El encargado del taller de traducción al vietnamita de este año fue Nguyen Ngoc Que, profesor del Departamento de Interpretación y Traducción Coreano-Vietnamita de la Escuela Superior Internacional de Educación Lingüística de Seúl. En 2021, recibió el gran premio de los Premios de Traducción de Literatura Coreana por su traducción de Samguk Sagi 2 (Historia de los Tres Reinos 2).

Participó en todos los aspectos del taller, desde la selección de las obras que serían traducidas y el diseño del programa académico hasta la revisión de las traducciones y la orientación individual. "Fue una gran oportunidad para orientar directamente a jóvenes traductores y ayudarlos a familiarizarse con la traducción literaria para que continúen por ese camino", señaló.

El taller de traducción al vietnamita eligió para sus prácticas de traducción la colección de fábulas Pebble, del poeta Jeong Ho-Seung, y se reunió con él en una sesión de preguntas y respuestas sobre sus obras. Los participantes se comprometieron a continuar con la traducción para completarla a finales de este año y publicar la edición en vietnamita el próximo año.

Al respecto, el profesor Nguyen dijo: "Esta traducción es el fruto de la pasión y dedicación que todos los participantes demostraron hacia la literatura coreana y la traducción literaria", y añadió: "Este proyecto fue posible gracias al apoyo activo del LTI Korea".

El taller de traducción al vietnamita de este año recibió 125 solicitudes, de las cuales solo ocho personas fueron seleccionadas. Una de ellas, Nguyen Thi Hai Yen, dijo: "La parte más memorable del taller fue 'Encuentro con el autor'. Escuchar directamente a Jeong Ho-Seung hablar sobre su obra nos ayudó mucho a comprenderla y traducirla".

"También fue estupendo recibir los comentarios del profesor Nguyen, ya que me ayudaron a mejorar la calidad de mi traducción".

El LTI Korea tiene previsto seguir organizando talleres en países donde crece la demanda de literatura coreana, centrándose en las lenguas minoritarias, con el objetivo de descubrir y desarrollar nuevos talentos en el ámbito de la traducción.



martes, 1 de septiembre de 2026

"A diferencia de la cultura, el espectáculo necesita presente y necesita público"

Otra vez Guillermo Piro pone el dedo en la llaga. Esta vez en su columna del pasado 29 de agosto en el diario Perfil. Allí intenta una división entre las palabras "cultura" y "espectáculo". Así es como le fue.

La palabra equivocada

La palabra cultura tiene un problema bastante más grave que el de haberse vuelto imprecisa: empezó a servir para todo. Raymond Williams decía que era una de las palabras más complicadas de la lengua inglesa, pero tal vez es una palabra complicada en todas las lenguas. Se habla de cultura para referirse a un concierto, una feria, una película, un museo, una política pública, una fiesta municipal, una serie de televisión, una exposición, una conferencia, una degustación de gin con música electrónica, un recital de bachata. Cuando una palabra empieza a significarlo todo, por lo general ya no significa gran cosa. La mayoría de las veces que decimos cultura deberíamos haber usado otra palabra. A veces queremos decir arte. Otras, espectáculo. También industria, patrimonio, educación, tradición, consumo, turismo, mercado, difusión. Incluso propaganda. Pero nadie quiere ser secretario de Entretenimiento Municipal ni director de Consumo Artístico.

Un recital necesita escenario, sonido, productores, entradas, difusión, auspiciantes. Todo perfectamente legítimo. Lo extraño empieza cuando a ese conjunto de operaciones se lo llama cultura, como si la palabra transfiriera al acontecimiento una profundidad automática. Conviene entonces traducir. “Evento cultural”: espectáculo; “industria cultural”: industria; “consumo cultural”: consumo; “agenda cultural”: cartelera; “experiencia cultural”: algo por lo que tendremos que echar mano a la billetera. Una sociedad necesita teatros, editoriales, cines, conciertos, museos, festivales y personas capaces de organizarlos. El equívoco consiste en imaginar que cultura es el nombre general de todo eso, cuando tal vez sean apenas algunos de los lugares por donde la cultura pasa. Este mismo suplemento se llama “Cultura”. Debería llamarse “Los Papeles de Caifás”. O “El Topo”.

Una tragedia griega puede sobrevivir siglos sin escenario. Un verso de Quevedo atraviesa generaciones sin departamento de prensa. Un tango mal grabado hace ochenta años todavía puede arruinarle la tarde a alguien. Roma desapareció como poder político y Virgilio siguió circulando. Cultura podría ser precisamente eso: algo capaz de persistir cuando el aparato que lo produjo ya desapareció. El espectáculo tiene otra fisiología. Necesita presente y necesita público. De ahí su fascinación por las cifras: treinta mil asistentes, dos millones de visualizaciones, entradas agotadas, noventa por ciento de ocupación hotelera. Esas cifras pueden demostrar éxito, circulación o rentabilidad. No necesariamente cultura.

Nuestra época, que desconfía de lo que no puede medirse, intenta medirla también. Cuenta espectadores, ejemplares, clics, seguidores. El problema es que la cultura suele producir sus efectos donde la estadística pierde el rastro. Un libro leído por trescientas personas puede modificar una literatura. Otro del que se vendieron dos millones de ejemplares puede desaparecer antes que su autor. Por eso resulta cómico escuchar que determinada política “acerca la cultura a la gente”, como si estuviera guardada en un depósito esperando camiones que la distribuyan. Una mujer que escucha todas las tardes la misma grabación de Gardel puede tener con la cultura una relación más intensa que un funcionario que inaugura siete centros culturales por semestre. Pero esa mujer no produce una buena foto. Y la foto importa porque el espectáculo debe probar constantemente que existe. La cultura puede funcionar al revés: pasar inadvertida cuando nace, dormir cincuenta años en una biblioteca y reaparecer en manos de alguien que ni siquiera había nacido cuando fue escrita. No habría nada malo en llamar espectáculo al espectáculo. Puede ser magnífico, inteligente, inolvidable. Tampoco la cultura es por definición buena, elevada o edificante. La diferencia no establece jerarquías: intenta devolverle a cada cosa su verdadero nombre.

Tal vez convendría usar menos la palabra. Cada vez que estemos por pronunciarla, probar antes con otra: arte, libro, música, cine, teatro, costumbre, tradición, industria, espectáculo, mercado, entretenimiento, memoria, publicidad. Si ninguna alcanza, entonces quizá sí estemos hablando de cultura.

"Para mi que estaba mal traducido”

En su columna del sábado 29 de agosto, en el diario Perfil, el escritor Daniel Guebel (foto) confiesa haber metido la pata y los ecos de ese hecho vuelven a él.


El cuerpo de Sterne

Esto ya lo conté una vez, pero como le voy a agregar nuevas cosas va a ser distinto. Solo quienes se hayan bañado dos veces en el mismo río no me comprenderán. Hace quichicientos años fui acampar al lago Futalaufquen, previo paso por la ciudad de Esquel, donde iba a pernoctar esa noche. Allí compré una edición de Aventuras de un cadáver, de Robert Louis Stevenson. Empecé a leerlo y, por alguna razón, el libro no me gustó. Hice entonces algo de lo que todavía me avergüenzo. Le arranqué prolijamente unas páginas y fui a devolverlo a la librería, acusando falla en la edición, y lo cambié por otro cualquiera. Tiempo más tarde, en Barcelona, visité a Marcelo Cohen y me llevó a pasear por la ciudad. En un momento entramos en una librería y me dijo que me iba a regalar un libro, que tomó de una mesa. Era Aventuras de un cadáver. Recordando lo ocurrido, le dije que había intentado leerlo pero que no me había interesado. Para no ser descortés con su gesto, y tomando en cuenta que Stevenson pasa por un autor inobjetable, omití mi condición de riguroso monolingüe incapaz de cotejar un original con sus versiones en otras lenguas. Le dije: “No digo que el libro sea malo. Para mi que estaba mal traducido”. Cohen sonrió suavemente y me contestó: “Puede ser. Seguro. Lo traduje yo”.

Un par de décadas después de ese bochornoso momento, escribí una novela llamada La vida por Perón, que contaba las conspiraciones alrededor de un difunto que era maquillado para que pareciera el propio Perón recién fallecido, como parte de una serie de operaciones necrofílicas ligadas a la toma del poder. Luego de escribirla se me hizo evidente la verdadera razón de mi disgusto con el texto de Stevenson. No es que Aventuras de un cadáver no me hubiese gustado, sino que en aquel momento algo de esa novela había abierto una puerta que en lo sucesivo yo quería seguir solo, era condición de una posibilidad a desarrollar en el futuro.

Bien. El lector atento sabe que este año estoy dando clases sobre autores clásicos y que en septiembre me toca abordar a Laurence Sterne, un genio que muestra casi todo lo que es factible de hacerse en una novela. Su obra se compone de dos libros, el Tristram Shandy y el Viaje sentimental por Francia e Italia. Por Mercado Libre adquirí el segundo, que ya tenía en mi biblioteca, porque era una edición que no conocía y que contaba con un prólogo de Edgardo Cozarinsky. Lo abro. Leo. En la primera página, Cozarinsky menciona que, muerto Sterne, su cadáver fue robado por estudiantes de anatomía, y que eso dio lugar a un cuento de Stevenson. Larga resonancia tienen las palabras.