lunes, 10 de agosto de 2026

"Los textos generados por inteligencia artificial eran fáciles de leer y asimilar"


Celeste Sawczuk, en un artículo publicado en InfoBAE, el pasado 7 de agosto, informa sobre una investigación que compara textos generados por humanos y por Inteligencia Artificial. En su bajada se lee: "Una investigación publicada en Judgment and Decision Making comparó relatos cortos de temática similar y midió interés, absorción y calidad percibida. Los generados por ChatGPT obtuvieron valoraciones más altas en ambas dimensiones".

Textos de IA o escritos por humanos: qué halló un estudio al medir la preferencia de los lectores

Un estudio publicado en Judgment and Decision Making halló que relatos generados por inteligencia artificial recibieron mejores valoraciones de calidad y capacidad de absorción que textos escritos por personas en pruebas con lectores adultos.

La doctora Deena Skolnick Weisberg, autora principal del trabajo y profesora de la Universidad Villanova en Pensilvania, sostuvo que ese resultado no vuelve prescindibles a los escritores humanos.

El estudio concluyó que, en sus pruebas, los participantes calificaron mejor los relatos creados con ChatGPT que los escritos por humanos, aunque también tendieron a puntuar más alto los textos cuando creían que su autor era una persona. El trabajo comparó relatos cortos de temática semejante y midió interés, absorción y calidad percibida.

En la primera prueba participaron 1.682 adultos. Cada uno leyó uno de seis relatos cortos. Tres textos habían sido escritos por humanos y tres por ChatGPT. Cada relato generado por inteligencia artificial tenía un tema similar al de uno escrito por una persona.

Los investigadores informaron a los participantes si el relato había sido escrito por un humano o por inteligencia artificial, aunque esa información no siempre era correcta. Después les pidieron evaluar cuán absorbente e interesante les había resultado el texto, además de su calidad.

Quienes leyeron un relato generado por inteligencia artificial le dieron notas más altas en absorción y calidad que quienes recibieron un texto humano. Aun así, la mera etiqueta de autoría también influyó en la percepción de los lectores.

Qué dice el estudio sobre la percepción de la autoría
Los participantes tendieron a valorar mejor los relatos que creían escritos por personas. Weisberg planteó que esa preferencia puede estar ligada a una búsqueda de autenticidad.

Al mismo tiempo, la investigadora señaló que los lectores parecieron preferir en la práctica los textos generados por inteligencia artificial porque eran más fáciles de leer y asimilar. También observó que una actitud más favorable hacia esta tecnología se asoció con notas más altas para los relatos atribuidos a ChatGPT.

“Los sistemas de inteligencia artificial ya pueden generar relatos cortos que se consideran al menos tan buenos como, e incluso mejores que, los escritos por humanos. Debemos actualizar en consecuencia nuestra visión sobre las capacidades de la IA”, la autora resumió en The Guardian.

Qué tan bien distinguen los lectores entre textos humanos y de IA
El equipo realizó dos experimentos adicionales con 905 adultos para medir si podían identificar la autoría. En esas pruebas, cada participante recibió dos relatos del mismo tema, uno humano y otro generado por inteligencia artificial.

En uno de los experimentos, los aciertos rondaron el 40%. En el otro, llegaron al 52%.

A partir de esos resultados, los autores sostuvieron que no hay pruebas generales de que los participantes pudieran distinguir entre relatos escritos por humanos y por inteligencia artificial. El estudio añadió que la experiencia declarada en ficción no mejoró la precisión, mientras que una mayor familiaridad con sistemas de IA sí mostró relación con ese desempeño.

Weisberg señaló además que la escritura producida por inteligencia artificial tiene un estilo propio que puede aprenderse a reconocer con práctica. Lo comparó con la capacidad de identificar la voz particular de distintos autores humanos.

Entre la creatividad humana y las críticas a la inteligencia artificial
Para Deena Skolnick Weisberg, estos resultados obligan a revisar lo que se da por hecho sobre la capacidad de la inteligencia artificial, pero no eliminan el valor de la creación humana. “Quizá tengamos que hacer espacio para novelas generadas por IA y para novelas escritas en conjunto por IA y humanos, pero eso no significa que ya no haya lugar para apreciar el proceso de la creatividad humana”, afirmó.

La investigadora añadió que las personas escriben como forma de expresión, de desafío personal o para dar sentido a sus experiencias. A su juicio, que una máquina produzca relatos parecidos a los humanos no altera esas funciones.

Frente a esa lectura, Luke Kennard, profesor de cine y escritura creativa en la Universidad de Birmingham, cuestionó el costo ético, material y cultural de estos sistemas.

“Como somos humanos, tendemos a personificar la inteligencia artificial y a imaginarla como una especie de robot luminoso con un rostro benigno y neutral, cuando en realidad no es más que código predictivo basado en una enorme base de datos robada de escritura real, alojada físicamente en centros de datos vastos, caros y destructivos, con repercusiones catastróficas para las comunidades de su entorno”, afirmó.

Kennard también rechazó la idea de que la inteligencia artificial sea una herramienta comparable a un corrector ortográfico o un diccionario de sinónimos. Aunque reconoció que puede producir textos coherentes y disfrutables, sostuvo que esa capacidad no justifica, a su juicio, el costo de su desarrollo.



viernes, 7 de agosto de 2026

A propósito del Booker Prize

Dado el comienzo de la temporada de premios internacionales, hablemos un poco del Booker Prize.

Puestos a hacer historia, el Booker Prize se creó en 1969 patrocinado por la empresa británica Booker McConnell, dedicada al comercio y la agroindustria. El primer ganador fue P. H. Newby por la novela Something to Answer For. En 2002  el  patrocinio quedó en manos del Man Group ("una empresa gestora global de inversiones alternativas, dedicada a buscar valor a largo plazo, signifique esto lo que signifique"), y el galardón pasó a llamarse Man Booker Prize. Luego, en 2019 la Crankstart Foundation ("una fundación familiar de San Francisco, dedicada a fortalecer los pilares de una sociedad justa: un acceso más amplio a una mejor educación, empleos con perspectivas de ascenso, seguridad habitacional, bienestar social y la protección de los derechos civiles") asumió el patrocinio. Desde entonces, el premio recuperó el nombre de Booker Prize. Se lo considera el más importante premio literario de la lengua inglesa. 

Casi el único criterio que predominó desde sus inicios fue el de la lengua. Si bien durante los primeros años el premio era sólo para autores de la  Commonwealth, Irlanda, Zimbabue y Sudáfrica, en 2014, se decidió que estaba abierto a la participación de cualquier escritor, independientemente de su nacionalidad, siempre que la obra hubiera sido escrita originalmente en inglés y publicada en el Reino Unido o Irlanda.

Resulta importante con confundir el Booker Prize con  el International Booker Prize, que distingue obras de ficción traducidas al inglés y que otorga un premio económico compartido entre el autor y el traductor, destacando la importancia de la traducción literaria.

Como todos los premios, el Booker Prize tiene jurados designados por el administrador del premio. Suelen ser escritores, críticos literarios, académicos, periodistas culturas, libreros y, últimamente, personalidades públicas con reputación de lectores. Son cinco o seis individuos que, luego de leer deciden entre 12 o 13 novelas (que constituyen la longlist), que luego se reducen a 6 finalistas (shortlist), de donde sale el ganador o la ganadora. 

El ganador del premio recibe 50.000 libras esterlinas. Los otros cinco finalistas, 2.500 libras y un ejemplar de la novela presentada especialmente encuadernado. Con todo, todos los participantes elegidos en las distintas instancias del premio recibe una enorme atención pública que se traduce en ventas, traducciones y, por lo tanto, reconocimiento internacional.

A modo de observación, y para que quede constancia, todos los premios literarios que se otorgan en el mundo dependen del conocimiento y gusto de los jurados, por lo que hay una relación directa entre quien premia y lo que se premia, que uno podría remontar a quienes eligen a los jurados. En algunos casos, hay suerte y en otros, no. Para no mencionar los muchos compromisos existentes entre los premios y las editoriales que, en algunos casos, como el del Premio Planeta, son motivo de frecuentes escándalos. 

Todo esto nos lleva a una verdad de Perogrullo que, prensa mediante, no siempre se suele tener en cuenta: una cosa es la literatura y otra el negocio que se arma a su alrededor. La literatura puede seguir siendo una forma de cultura; los negocios, no. Borges solía decir que, a veces, a pesar de que un escritor reciba un premio, puede no ser malo. Basta con tenerlo en claro para no comprar espejitos de colores. Las mesas de oferta, en todo el mundo, están llenas de libros premiados

Jorge Fondebrider


 

jueves, 6 de agosto de 2026

"Los traductores humanos eran estudiosos de los autores y de sus idiomas"

El pasado 4 de agosto, la periodista María Elena Polack publicó en el diario La Nación, de Buenos Aires, la siguiente columna sobre traducción.


Traducción desangelada

Cada día me atraen más las librerías de usados. Y no es por una cuestión económica, o no únicamente, sino por una cuestión editorial. Las traducciones son muy desangeladas, casi las básicas de Google. En los últimos tiempos me he topado con novelas que me obligaron a ir al diccionario a buscar el significado de un modismo que no encajaba dentro de mi humilde saber del español que se habla por estas tierras. Hay excepciones, por supuesto, pero requieren de un tiempo de búsqueda y atención que no siempre tengo en los fines de semana. Entonces, a la salida de algún teatro por la calle Corrientes, me zambullo en alguna de las “librerías de viejo” para sorprenderme con alguna novela clásica. Nada es más disruptivo que una obra creada antes de que existiera tanta tecnología: la cantidad de objetos inventados por quienes no llegaron a conocer un avión o un cohete a la Luna deslumbran. Quien se animó a imaginar La vuelta al mundo en 80 días y después se sumergió, sin que existiera aún una nave que se lo permitiera para cumplir Veinte mil leguas de viaje submarino, me emociona. ¡Cuánta creatividad! Y lo imperdible: los traductores, humanos, eran estudiosos de los autores y de sus idiomas.

miércoles, 5 de agosto de 2026

"El guion es pésimo"

Siempre que el cine adapta un libro lo hace en sus propios términos, y estos no necesariamente se ajustan a lo que uno lee. En ocasiones, la cuestión supera a los autores, pero, aparentemente, por lo que está ocurriendo en la prensa estadounidense, parece que también a los traductores. El pasado 1 de agosto, The New York Times publicó un artículo de Neil Vigdor en el que se lee la muy dura crítica de Emily Wilson (foto), traductora de  La Odisea, a la versión cinematográfica de Christopher Nolan.

Una especialista destrozó La Odisea de Nolan y reabrió el debate sobre la fidelidad literaria

Mientras la épica La Odisea de Christopher Nolan se acerca a los mil millones de dólares en ventas de taquilla, una de las principales traductoras del relato homérico criticó con dureza el éxito veraniego, calificándolo como una película grandilocuente y superficial que se aleja de las interpretaciones clásicas.

La académica Emily Wilson, en un artículo para The London Review of Books, afirmó que se habría “avergonzado de haber escrito alguna parte de este guion”.

Su crítica, de más de 4.000 palabras sobre la película más comentada del año, provocó una caída temporal en el sitio web de The LRB y alimentó el debate sobre el equilibrio entre el éxito comercial y la autenticidad literaria.

Lo que se sabe sobre la controversia:

¿Quién es Emily Wilson?

En 2017, Wilson se convirtió en la primera mujer en traducir La Odisea del griego antiguo al inglés. Su interpretación fue celebrada en el ámbito académico y literario por ser exhaustiva, moderna y fiel al poema de casi 3.000 años atribuido a Homero.

El proyecto le llevó varios años a Wilson, de 54 años, quien ha publicado cuatro libros sobre literatura antigua, incluida una traducción de La Ilíada en 2023, otro poema épico de Homero.

En su reseña, Wilson reconoció que Christopher Nolan “está haciendo lo posible por lograr que el público vuelva a leer, y estoy agradecida por eso”.

En su traducción de La Odisea, publicada por W.W. Norton & Company, Wilson se apartó del enfoque masculino de sus predecesores. Ha señalado en varias ocasiones que esta decisión la expuso a acoso y misoginia en línea por parte de hombres y figuras de ultraderecha contrarios a su versión.

Durante la promoción de su película, Nolan mencionó la traducción de Wilson como una de sus influencias.

Wilson dirige el departamento de Estudios Clásicos en la Universidad de Pensilvania y fue reconocida como becaria MacArthur en 2019 por “acercar la literatura clásica a nuevas audiencias en obras que transmiten la relevancia de los textos antiguos en la actualidad”. Es licenciada en literatura clásica y filosofía por Oxford, tiene un máster en literatura inglesa por la misma universidad y un doctorado en clásicos y literatura comparada por Yale.

Cinco días antes del estreno de la película La Odisea, Wilson participó en el pódcast “The Daily” de The New York Times, donde aseguró estar “entusiasmada” por ver cómo la historia se adaptaba al cine.

“Será emocionante que tantas personas que pensaban que la literatura antigua es aburrida, inaccesible o no es para ellas, descubran que en realidad es una historia apasionante”, dijo Wilson. “Y una parte de quienes vean la película volverá al poema original, lo cual me parece estupendo”.

Consultada sobre si los puristas podrían rechazar las decisiones artísticas de Nolan, Wilson respondió que no sería la primera vez que los poemas homéricos se adaptan para ser representados.

“Me parece totalmente válido que un director explore su propia visión”, afirmó sobre Nolan.

Sin embargo, tras ver la película, Wilson abrió paso a una crítica contundente: escribió que la adaptación de Nolan carecía de muchos de los elementos que hacen grande al poema.

“No aporta nada convincente sobre el tiempo, la memoria, la historia, la guerra ni sobre la relación entre el regreso glorioso de un guerrero y la vida de su familia, adversarios, compañeros, amigos y vecinos”, escribió. “Carece de profundidad psicológica, emocional, política y ética. Su estructura narrativa es artificiosa. El guion es pésimo”.

Wilson sostuvo que la película prioriza el estilo sobre el contenido.

“Es un espectáculo audiovisual para toda la familia, como un elaborado show de fuegos artificiales del 4 de julio, y con un nivel de profundidad narrativa y emocional similar”, añadió. Las decisiones de Nolan sobre el reparto también recibieron críticas de Wilson.

“La mayoría de los actores no blancos —ZendayaLupita Nyong’oHimesh PatelCorey Antonio HawkinsTravis Scott— interpretan versiones del mejor amigo negro, cuyo único papel en la trama es ayudar al protagonista blanco”, señaló.

El miércoles, Wilson expresó en Bluesky su arrepentimiento sobre cómo formuló esa crítica.

“En este texto, lamento el párrafo sobre el uso de actores racializados, que son excelentes, pero en mi opinión están infrautilizados (¿y por qué Himesh Patel no pudo ser Odiseo?)”, escribió. “Sigo pensando que la película desaprovecha a su elenco, pero me expresé mal”.

¿Qué respuesta generaron las críticas de Wilson?

Nolan, cuyo filme Oppenheimer obtuvo siete premios Oscar en 2024, incluido mejor película y mejor director, no ha respondido públicamente a la crítica de Wilson.

Entre quienes defendieron a Nolan está la novelista Joyce Carol Oates, profesora emérita de humanidades en Princeton y ganadora del National Book Award.

“Sí, su tono de desdén y superioridad resulta desagradable”, escribió Oates en X. “En vez de discrepar sobre interpretaciones de Homero de manera colegiada, esta persona, que se ha beneficiado enormemente de la película de Nolan, utiliza el lenguaje tosco de los simpatizantes de MAGA para atacar a quien piensa diferente”.

Oates afirmó que esperaba más tolerancia de una traductora, dado el carácter subjetivo de ese rol.

¿Qué opinan otros especialistas?

En una columna para SlateTheo Nash, especialista en la historia textual de La Odisea, acusó a Wilson de usar “argumentos desconcertantes” para “despellejar” la película de Nolan.

El artículo llevaba por título: “Soy clasicista. ¿Vimos Emily Wilson y yo la misma película de La Odisea?” Nash consideró que Nolan tiene derecho a la interpretación artística.

“Wilson destaca, como es natural, al hablar del poema: es una obra a la que ha dedicado años y que conoce profundamente”, escribió Nash. “Pero con frecuencia, simplemente critica a Nolan por apartarse del texto, como si las decisiones del cineasta no fueran también un acto de interpretación. El minucioso análisis textual que caracteriza la traducción de Wilson falta en su lectura de la película, y niega que Nolan pueda aportar algo nuevo sobre La Odisea”.

Daniel Mendelsohn, profesor de humanidades en Bard College y traductor de La Odisea en 2025 para la Universidad de Chicago, escribió en The New York Review of Books que lo más auténtico de la película es su “narrativa densamente trenzada”, aunque “el héroe atormentado suena como los protagonistas de las películas de Christopher Nolan”.

“Por más que le fascine el poema épico, Nolan solo ha recreado al héroe homérico a su propia imagen, así como ha impuesto a las aventuras de Odiseo valores completamente ajenos a Homero”, escribió Mendelsohn.


“Tenemos una relación de propiedad sobre el contenido generado por la IA, pero no derechos de autoría”

El 1 de agosto pasado, Elrinet Gómez publicó en La Jornada, de México, el resumen de una conferencia de Jesús Parets (foto), director jurídico de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem). Allí habló de a quién le corresponde recibir derechos de autor y a qué no.

Crear contenidos con IA no otorga derechos de autor, sostiene experto

“El peligro de la inteligencia artificial (IA) para los escritores y los generadores de contenidos audiovisuales, cinematográficos, escultóricos, dramáticos, está en que el producto de la IA quiera ostentarse como una obra cuando no lo es, y se quiera vincular con un crédito que no existe”, dijo Jesús Parets, director jurídico de la Sociedad General de Escritores de México (Sogem).

Durante la conferencia La creatividad literaria y la originalidad humana frente a los contenidos generados por inteligencia artificial, realizada en el contexto de los 50 años de la Sogem, se hizo énfasis en que no debe equipararse al ser humano con un ente ficticio, “el primero es un sujeto de derechos, el segundo –a través de medios computacionales– es un objeto”.

Parets hizo este planteamiento en un contexto de expansión de herramientas de IA generativa, que han abierto debates sobre la autoría de contenidos, el uso de obras protegidas para entrenar modelos de IA y el reconocimiento de los derechos de autor.

“No hay que mezclar ni confundir el sujeto con el objeto. No hay que darle un alcance mayor que no tiene y que no se reconoce”, puntualizó.

Explicó que el derecho al crédito está reconocido en instrumentos internacionales, como la Declaración Universal de los Derechos del Autor. En el caso de México, es requisito de publicación, y sólo se autoriza no incluirlo en anuncios publicitarios y la propaganda.

“Tenemos una relación de propiedad sobre el contenido generado por la IA, pero no derechos de autoría”, reiteró.

Una de las características de estos procesos generativos, subrayó el abogado, es la incertidumbre sobre el origen del material con el que se generan, de qué está compuesto y si existe la posibilidad de violar derechos de autor. “No porque yo encargue la producción de un contenido me va a dar lugar de autor”.

Recordó que un caso sobre el registro de una imagen generada por IA llegó hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación, y ésta confirmó que la autoría de la obra corresponde únicamente a personas físicas.

Jesús Parets estableció que en el proceso de creación de obra hay una trilogía indisoluble: la idea, el hombre y la creación.

Consideró que la inteligencia artificial no debe usarse para sustituir, minimizar o limitar la creatividad, por el contrario, la IA debe ser una herramienta auxiliar en el desarrollo de contenidos creativos. “La originalidad de la obra debe tener dos elementos: la creación independiente y la creación suficiente”.

En el caso de los escritores, destacó que en el proceso de creación, “nuestra mente no tiene un programa de cómputo; nuestro proceso cognitivo se retroalimenta de diversas fuentes de conocimiento. Por tanto, a la hora de escribir y lo que emitimos, los textos, los contenidos, están interrelacionados con una diversidad de interpretaciones”.

Frente al auge de la IA generativa, con plataformas cada vez más sofisticadas, el experto consideró que se deben defender los valores de la creatividad humana, sin que eso signifique que no se pueden utilizar contenidos sintéticos. Pero fue enfático en mencionar que es imprescindible limitar lo que es humano de lo que no.

“Puedes emplear contenidos sintéticos, claro, ese no es el problema. El problema es cuando en una producción, en un contenido está revuelto lo humano con lo artificial y no está delimitado. Ese es el gran peligro”, dijo. “No debe haber coautoría con la IA”, reiteró.

Para Parets la originalidad sigue siendo un atributo exclusivamente humano y la IA debe entenderse como una herramienta auxiliar, no creadora, y su uso debe ser transparente y estar acreditado.

lunes, 3 de agosto de 2026

"El verdadero libro de arena es aquel que produce la ilusión de que siguió escribiéndose en nuestra ausencia"

Guillermo Piro
, en su columna semanal del diario Perfil, el pasado 26 de julio publicó el texto que sigue.

Los libros de arena

Borges imaginó un libro monstruoso. Un volumen sin principio ni fin, cuyas páginas cambiaban de lugar cada vez que alguien intentaba encontrarlas. Un libro infinito y por eso mismo ilegible. El narrador del “Libro de arena” termina por comprender que la posesión de semejante objeto es una condena. Lo es porque el lector necesita límites. Necesita saber que existe una primera página, una última, un recorrido posible. Sin esas certezas, la lectura se vuelve una forma de extravío.

Pero la idea de Borges admite una variante menos fantástica y más inquietante. Existen muchos libros de arena. No son infinitos. Tienen un número preciso de páginas. Ocupan un lugar determinado en una biblioteca. Se pueden abrir siempre en la misma página. Sin embargo, producen un efecto semejante al del libro borgiano: cada vez que regresamos a ellos, encontramos algo que antes no estaba.

La explicación más simple consiste en decir que los libros no cambian; quienes cambiamos somos nosotros. Es verdad, pero la frase resulta insuficiente. Hay obras que parecen colaborar activamente en ese fenómeno, libros que guardan frases, escenas o relaciones secretas que permanecen invisibles durante años, libros que contienen más de lo que una lectura puede extraerles.

Uno, ninguno y cien mil, de Luigi Pirandello, pertenece a esa categoría. Una primera lectura suele concentrarse en la anécdota: un hombre descubre que los demás tienen de él una imagen distinta de la que él tiene de sí mismo. Más tarde aparece otra novela, más filosófica, más cruel. Después surge otra todavía: una reflexión sobre la identidad, sobre el desgaste de las máscaras sociales, sobre la imposibilidad de coincidir con uno mismo. Cada regreso al libro parece añadir páginas nuevas. En realidad siempre estuvieron allí, desde el comienzo, solo que esperaban que el lector adquiriera la experiencia necesaria para verlas.

Algo parecido ocurre con Mil extraordinarios objetos, publicado por la redacción de la revista Colors. A primera vista se presenta como un catálogo, una colección de curiosidades, una reunión de artefactos sorprendentes. Una lectura más lenta descubre otra cosa: una historia lateral de la imaginación humana. Luego aparece una tercera capa, hecha de obsesiones, de soluciones extravagantes a problemas inexistentes, de la capacidad que tiene el hombre para inventar objetos que parecen responder más a un sueño que a una necesidad. Cada vez que uno vuelve a recorrer sus páginas, encuentra una lógica nueva que organiza el conjunto.

La literatura está llena de esos libros. Algunos son novelas, otros ensayos, otros colecciones imposibles de clasificar. Los reconocemos porque sobreviven a la relectura. Más aún: porque la exigen. Un libro que se agota en la primera lectura puede ser excelente, pero difícilmente sea un libro de arena. El verdadero libro de arena es aquel que produce la ilusión de que siguió escribiéndose en nuestra ausencia.

Tal vez por eso ciertos volúmenes nos acompañan durante décadas. No buscamos en ellos confirmaciones sino descubrimientos. Abrimos una página que ya leímos tres o cuatro veces y encontramos una frase desconocida. No es que la memoria nos haya traicionado. La frase, en cierto sentido, era realmente nueva. Carecíamos de las herramientas para verla cuando teníamos veinte años. O cuando teníamos treinta. O incluso la semana pasada.

La biblioteca ideal no estaría formada por miles de títulos sino por unos pocos libros de arena. Libros capaces de renovarse sin modificarse. Libros que envejecen junto a nosotros. Borges imaginó uno solo y lo escondió en los sótanos de la Biblioteca Nacional de la calle México para librarse de él. Nosotros convivimos con muchos. Los guardamos en los estantes, los prestamos, los olvidamos durante años. Después los abrimos otra vez y comprobamos, con una mezcla de sorpresa y gratitud, que alguien agregó páginas nuevas mientras no mirábamos.

domingo, 2 de agosto de 2026

Más reacciones sobre la intención del gobierrno de derogar la Ley 25.542, de precio único de los libros

La nota, firmada por Patricio Feminis, fue publicada el pasado 30 de julio por el diario Tiempo Argentino. Según la bajada, "Ley de Defensa de la Actividad Librera: cámaras y editores se oponen a su eliminación". Llama la atención que ningún editor, librero o periodista señale que los libros en la Argentina son tan caros como en España, sin que ello implique una paridad de salario para los compradores.

Ley de Defensa de la Actividad Librera: cámaras y editores se oponen a su eliminación

La ley de precio único del libro estimula la bibliodiversidad. Es lo que sostienen las cámaras del libro, los editores y los libreros, que se oponen al plan del gobierno de Javier Milei de derogar la Ley 25.542, de protección a la actividad librera, la cual asimila condiciones de venta entre pequeñas y grandes librerías fijando un precio único en el país: derogarla impactaría negativamente en locales independientes en favor de grandes plataformas, que podrían vender libros a precios mucho más bajos. Sin la ley, el mercado saldría beneficiado.

“En favor de la Ley de Defensa de la Actividad Librera, la CAL se opone a su derogación”, es el título del comunicado de la Cámara Argentina del Libro (CAL), integrada por 500 editoriales pequeñas y medianas de todo el país. Allí se explica que “la Ley 25.542 impulsa el precio único del libro; no para intervenir en el mercado, sino para garantizar que el mercado no limite el acceso a la cultura. Su objetivo es que haya más librerías, más editoriales, más autores y, en definitiva, que los lectores tengan más libros entre los cuales elegir”.

La Ley 25.542 de Precio Uniforme de Venta al Público de Libros es “una herramienta fundamental de política pública para promover el acceso al libro y a la lectura, fortalecer la producción editorial nacional y preservar una red federal de librerías que garantice a la ciudadanía una oferta amplia, diversa y plural”, dicen en la CAL. Sancionada en 2001, la ley dice que el editor fija el precio de venta de cada libro y que debe ser respetado en todos los canales de comercialización: librerías, cadenas, supermercados o plataformas de venta online.

Según la CAL “este sistema reconoce la naturaleza dual del libro, como un bien económico, pero sobre todo como un bien cultural cuya circulación resulta esencial para el ejercicio del derecho a la educación, el acceso al conocimiento, la libertad de expresión y la diversidad cultural”. ¿El precio uniforme elimina la competencia? Al contrario, dicen desde la CAL: “La orienta hacia la calidad del servicio, el asesoramiento, la amplitud del catálogo y la promoción de nuevos autores, lo que evita que la competencia se reduzca exclusivamente a la capacidad financiera para ofrecer un precio menor”.

Así, la Ley de Defensa de la Actividad Librera permite que librerías, cadenas y plataformas compitan en condiciones más equilibradas, “lo que favorece la existencia de una red diversa de puntos de venta en todo el país”. La eliminación del precio único “permitiría que grandes actores y plataformas utilizaran políticas agresivas de descuentos para desplazar a las librerías, especialmente en ciudades del interior y en los barrios, provocando el progresivo cierre de estos comercios y reduciendo la competencia real”. Con la concentración disminuiría la diversidad de títulos y se debilitaría el acceso de los lectores a una oferta plural.

Voces a favor de la ley
Desde Barcelona, el entrañable editor y agente literario Guillermo Schavelzon, de 80 años, analiza el plan de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación y Transformación del Estado, de eliminar la Ley 25.542: “Me resulta tan incomprensible que este ministro ocupado en grandes transformaciones se meta con una actividad de bajísimo valor económico y que a ninguno de los participantes del sector del libro le conviene. Me pregunto para qué estará utilizando un tema que trae mucha repercusión”.

Acentúa Schavelzon: “Lo explícito es absurdo. No lo quieren ni las multinacionales, ni los independientes, ni los autores, ni les conviene a los lectores. Hay un solo operador que podría salir ganando, que es Mercado Libre, ya que podría ofrecer todos los libros existentes con un 20 por ciento de descuento y se llevaría a una mayoría de clientes, obligando a cerrar a las librerías de barrio y poniendo en riesgo a las grandes cadenas. Pero esa venta, que sería mucho para la industria editorial, para Mercado Libre -como para Amazon en el resto del mundo- es muy poco significativa”.

La ley 25.542 “obliga a que la competencia sea por calidad, por selección de la oferta, por servicio, pero no por el precio -dice Schavelzon-. Si alguna gran compañía se impone en el mercado bajando mucho los precios, obviamente se centrará en los libros de mayor venta, dejando de lado a la gran mayoría de los títulos, que se venden poco pero aportan a la diversidad cultural. Al poco tiempo, no sólo cerrarán librerías y editoriales, sino que caerá aún más el nivel educativo de la población”. La experiencia en los países donde no hay precio fijo “es dramática: en poco tiempo el precio de los libros sube en lugar de bajar”.

Del jueves 6 al domingo 9 de agosto, transcurrirá en el C Art Media (Av. Corrientes 6271) la 15° Feria de Editores (FED), para potenciar el encuentro entre lectores y editoriales. La FED es un multitudinario espacio de confluencia en pos de la bibliodiversidad y por eso uno de sus directores, el editor Víctor Malumián, explica el peso de la ley 25.542: “La normativa no es que impide que baje el precio de los libros, porque de hecho permite que se hagan promociones. La ley dice que se tiene que vender el mismo precio del libro en cualquier canal de venta”.

Amplía Malumián: “La importancia que tiene esta ley es que permite que todos puedan jugar en igualdad de condiciones y no que los más grandes se apropien de toda la torta. Uno de los grandes malentendidos que estamos teniendo en esta discusión, en gran parte porque la gente que la está llevando adelante, del lado del Estado, no tiene ningún tipo de formación en el rubro y no conoce cómo funcionan estas cosas, es que el que está a favor parece que es kuka y el que está en contra es libertario, sin escuchar ningún tipo de argumentos”.

Las principales potencias del mundo editorial “tienen una ley como la nuestra: Alemania, Francia, España, Portugal, Japón, Corea del Sur y Austria, que están muy lejos de ser kirchneristas o libertarios, o de querer que la población pague caros los libros -dice Malumián-. ¿Qué pasó en los países donde tuvieron esta ley y luego se derogó? Como el caso inglés o el caso griego, los libros no bajaron de precio a mediano y largo plazo, y lo que se dio fue una destrucción de las librerías independientes. En Inglaterra también cerró una cadena y unas quinientas librerías”.

¿Qué propone Malumián? “Si lo que se quiere es bajar el precio de los libros, lo que hay que hacer es derogar el IVA que se le cobra al papel. El que se usa para imprimir libros es menos del 10 por ciento de la producción total del papel que hay en Argentina, además de que hay pocas productoras para el tipo de papel que usan los libros. Eso impactaría en el precio de venta al público”. El gran problema es que “esta discusión se está dando con gente que no entiende cómo funcionan estas cosas y los argumentos son bastante tristes y pobres -sigue Malumián-, pero querer que la gente lea más es un deseo que tenemos todos”.

Entonces “es un problema más complejo, y reducirlo a que hay un monopolio que no quiere que los libros bajen es un conflicto, porque nos saca del foco de todos los grandes problemas que tenemos”, analiza Malumián. “Para mí el tema no sólo hace a la protección del ecosistema de librerías independientes, sino también a la construcción de un ecosistema crítico: que haya una variedad de libros y disponibilidad. Entonces, si la intención es que los libros bajen de precio, la desregulación no es el camino”.