jueves, 30 de septiembre de 2021

¡Los traductores se reproducen!


El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires quiere hacerles llegar a Andrés Ehrenhaus y Laura Fólica, ambos grandes traductores, socios destacados y amigos, un gran abrazo y nuestras mayores felicitaciones por el nacimiento de su nuevo hijo. Asimismo, les desea que puedan dormir de vez en cuando.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Otra feria del libro, otro escándalo internacional

Las “ferias del libro” son eventos comerciales que tienen por objeto la venta de libros, con el consiguiente beneficio para editoriales y, eventualmente, libreros. Los escritores, en ellas, sirven como acicate para que esos encuentros puedan promocionarse como “culturales”. A los escritores les sirven para promocionar un libro, para establecer contactos con otros escritores (y, por supuesto, con el público) o, simplemente, para hacer turismo.

Cuando las ferias tienen como estrella a un país invitado, éste tiene que desembolsar grandes sumas, a las que deben añadirse muchos otros gastos (pasajes, estadías, honorarios, etc.), razón por la cual la elección de quienes viajan siempre resulta compleja y polémica.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la segunda en importancia en el mundo entero después de la de Frankfurt, ya ha conocido escándalos vinculados a la elección de las delegaciones (Chile, Argentina, Gran Bretaña, etc.). Ahora, se suma Perú. Es lo que se desprende del artículo de Jacqueline Fowks, reproducido por el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 24 de septiembre. En su bajada se lee: “Después de Colombia, ahora Perú modifica la lista de escritores de una delegación oficial Nueve autores peruanos renuncian a ir a la Feria del Libro de Guadalajara por los cambios en la lista de invitados del gobierno de Castillo; la nueva nómina incorpora a más escritores de regiones pero descarta a narradoras feministas”.

Después de Colombia, ahora Perú modifica la lista de escritores de una delegación oficial

A dos meses de que abra sus puertas la FIL Guadalajara, la polémica ha agrietado la delegación oficial de Perú, el país invitado de honor en esta edición. Nueve autores, hasta la noche de este jueves, han anunciado que no acudirán a la feria más importante de América Latina por los cambios que el Gobierno de Pedro Castillo ha hecho sobre la lista de intelectuales elegidos para representar a Perú en México. Los 60 nombres del país invitado de honor a la FIL habían sido hecho públicos antes del cambio de Ejecutivo, el 27 de julio, por el ministro de cultura saliente, Alejandro Neyra, y la directora de la FIL, Marisol Schulz. La nueva lista, difundida este miércoles, ha causado malestar entre los escritores que fueron desconvocados y entre los incluidos.

Las escritoras de mayor perfil excluidas de la delegación peruana son las narradoras Katya Adaui, Karina Pacheco y Gabriela Wiener, reconocidas por su obra y por sus posiciones feministas. Las tres han publicado libros este año. También quedó fuera de la invitación la historiadora Carmen McEvoy. El Ministerio de Cultura anunció en un comunicado que ampliaba el número de integrantes de la delegación para el principal evento editorial latinoamericano, “con la finalidad de contar con una mayor diversidad de autores de las regiones”.

El Gobierno de Pedro Castillo llegó al poder sin el voto capitalino y con la preferencia mayoritaria de los ciudadanos de regiones y de pueblos originarios. Por ello, en su primera entrevista a un diario a fines de agosto, el ministro de Cultura, Ciro Gálvez —un abogado quechua-hablante— ya advirtió de que revisaría la lista de la delegación oficial a la FIL para incluir a intelectuales de algunas de las “55 culturas diferentes” que existen en Perú.

En la anterior lista, un tercio de los incluidos representaba a las regiones fuera de Lima. En la nueva lista, de 69 personas, 33 nacieron fuera de la capital. En la delegación anunciada en julio casi había paridad de género: 33 hombres y 30 mujeres; mientras en la nueva hay tres mujeres más, pero después de sacar a cuatro mujeres y a tres hombres: los narradores Renato Cisneros, Cronwell Jara y Jorge Eslava.

El Ministerio de Cultura mencionó el miércoles como otro de los criterios de exclusión “la participación de algunos escritores en ferias del libro internacionales en años recientes”. Preguntada por este diario, la entidad informó que desestimó la participación de autores que conformaron en 2018 la delegación oficial peruana en la Feria del Libro de Santiago (Filsa).

Sin embargo, Adaui sospecha que a Wiener, Pacheco y a ella las han excluido por ser “escritoras incómodas por su feminismo”. “Gabriela, Karina y yo estamos políticamente comprometidas con un proyecto de país que incluya y celebre también las diversidades en la escritura. A varones no se los reemplaza; a las mujeres sí, con otras. En el rubro llamado ‘escritura’ de la lista, de 45 invitados, solo 18 son mujeres”, anota la autora del libro de cuentos Geografía de la oscuridad, publicado por Páginas de Espuma.

Adaui recuerda que en su discurso de esta semana en Naciones Unidas, el presidente Pedro Castillo dijo que las mujeres importan. Pero “¿cómo estamos pensando la literatura peruana de cara al Bicentenario -motivo por el cual Perú es invitado de honor- si se parte de la premisa de una inclusión que excluye?”, cuestionó.

“Hasta cierto punto, al excluirnos, hay un intento de censura o pretensión de invisibilizar nuestros trabajos, como autoras mujeres”, coincidió Pacheco, quien acaba de publicar su nueva novela El año del viento y es la narradora más importante de Cusco.

La escritora y también directora del sello editorial Ceques, Pacheco, explicó que la decisión del Gobierno de modificar la delegación oficial refleja un desconocimiento básico del funcionamiento de una feria internacional del libro, pues “perjudican a los organizadores internos y externos, ya que muchos estábamos programados no solo para actividades en la sede principal, sino en colegios o universidades. Además, desorganizan las mesas planificadas temáticamente”.

Consultado el ministerio de Cultura sobre el impasse que está causando a la FIL, respondió que está “ajustando la programación de actividades a fin de incorporar a los nuevos integrantes de la delegación. La Universidad de Guadalajara ya está al tanto de la modificación”.

“Lo que necesitamos es una política cultural y editorial de largo aliento y descentralizada, para que cuando tengamos que hacer una lista de escritores representativos de todo el país, no estemos improvisando y se tengan diferentes posibilidades. La política cultural y educativa no se improvisa, y se requiere apoyo a las editoriales”, planteó Grecia Cáceres, escritora peruana residente en París que ha participado en delegaciones oficiales en ferias anteriores.

Rechazo y renuncia
Pasado el mediodía de ayer, nueve autores ya habían declinado participar. El primero fue el narrador Juan Carlos Cortázar. “Más allá de los detalles, queda cada vez más clara la forma torpe y simplona como la actual gestión ministerial piensa orientar las políticas culturales. Si así, de manera tan poco transparente y sin criterios sobre la mesa, excluyen a personas tan relevantes del quehacer literario nacional, tiemblo al pensar cómo se manejarán cosas más complejas. No me siento cómodo en una delegación así. No me siento cómodo, además, con el maltrato a escritoras y escritores que leo. Que alguien más ocupe el espacio”, dijo en Facebook el autor de la novela Como si nos tuvieran miedo.

La poeta y editora Victoria Guerrero, Premio Nacional de Literatura 2020, destacó lo confuso de los criterios de exclusión y la falta de seriedad con quienes ya habían sido presentados públicamente como invitados oficiales hace dos meses. “Si una revisa la lista, el criterio de que ya fueron a ferias internacionales no se cumple”, precisó la autora a este diario, quien no fue desconvocada pero ha renunciado a participar en la FIL.

Adicionalmente, han renunciado a la delegación oficial la autora de literatura infantil Micaela Chirif, los narradores Gustavo Rodríguez, Alonso Cueto y Rafael Dummet, y la dramaturga Mariana de Althaus. La periodista Nelly Luna renunció a la delegación oficial en agosto, luego de que el ministro Gálvez informara que revisaría la lista para evitar que solo hubiera representantes “de la aristocracia” y los sectores socioeconómicos A y B. A última hora del jueves renunciaron la autora de no ficción Teresina Muñoz-Nájar y el periodista Joseph Zárate.

La gestión de Gálvez en el sector Cultura ha recibido otras críticas porque aún no ha nombrado los reemplazos del viceministro de Interculturalidad, del director de la Biblioteca Nacional y del presidente de los medios de comunicación estatales.

martes, 28 de septiembre de 2021

Una brevísima historia de los "bouquinistes"


El pasado 26 de septiembre, en La Jornada Semanal, de México, Vilma Fuentes publicó un artículo que resume la historia de los kioskos de libros que se amontonan en los bordes del Sena, en París.

Les bouquinistes: los caminos de la lectura

El más distraído de los viajeros que se dirige a la capital francesa, por carretera o por tren, sabe que está llegando a París cuando ve de lejos la Torre Eiffel. La fisonomía parisiense afina sus rasgos cuando se penetra en la ciudad y los monumentos aparecen con nitidez, imponentes en toda su realidad, descubriendo las múltiples facetas de su vida. El palacio del Louvre, donde se aloja el más grande museo del mundo con la exhibición permanente de 35 mil de sus obras, la basílica del Sacré-Coeur en lo alto de una colina al norte de París, la Catedral de Notre-Dame escondida por el momento tras los gigantescos andamios levantados para su reconstrucción después del terrible incendio, la bella avenida de Champs-Elysées entre el Arco del Triunfo y la Plaza de la Concorde con su obelisco… Y, desde luego, el ondulante río Sena que atraviesa París de este a oeste, recorrido por sus barcos para turistas y sus largas péniches o barcazas fluviales. El paseo a lo largo de los muelles permite descubrir otra de las curiosidades más típicas de París: los bouquinistes, esos vendedores de viejos libros de ocasión, a veces auténticas rarezas de la bibliofilia. Estos peculiares libreros guardan su mercancía en grandes cajas de fierro o madera instaladas sobre las balaustradas del muelle a lo largo de una buena parte del Sena. En esos mismos cofres, una vez abiertos, exhiben sus libros extendidos en su interior y sobre mesas y bancas colocados contra la parte baja de la balaustrada. No hay paseante que no se detenga, aquí o allá, para hojear un libro viejo o una revista vuelta histórica con la edad: “Es imposible, para un parisiense, resistir al deseo de hojear viejas obras expuestas por un bouquiniste,” escribe Gérard de Nerval en Les filles du feu (1854).

El término bouquin, que originalmente significa “liebre”, toma el significado de libro, boucquain, en 1459, para designar un viejo volumen de poco interés, y no será sino hacia 1866 que designará cualquier libro en general.

Vendedores al aire libre, estos libreros ambulantes tiene un aire familiar que los hace reconocibles: “El bouquiniste tenía verdaderamente una cara de bouquiniste: un viejo tipo huraño con anteojos, tan polvoriento como su tienda”, señala Bernard Grasset con un tinte irónico. Más generoso, Anatole France, en El crimen de Sylvestre Bonnard (1881), nos dice de estos vendedores de libros de ocasión: “Los bouquinistes colocan sus cajones sobre el parapeto. Estos bravos marchantes del espíritu, que viven sin cesar afuera, la blusa al viento, son tan bien trabajados por el aire, la lluvia, las heladas, las nieves, las neblinas y el gran sol, que terminan por parecerse a las viejas estatuas de las catedrales.”

Hoy día, con sus novecientas cajas verde botella provistas de unos 400 mil bouquins, estos vendedores ambulantes, verdaderos símbolos de los muelles del Sena, aparecen en el siglo XIII como libreros juramentados y bajo la vigilancia de la Universidad de París con autorización de exponer sus manuscritos originales en tiendas portátiles. Con el nacimiento de la imprenta, el comercio de libros toma otro giro y los vendedores ambulantes aumentan, instalados principalmente en el Pont-Neuf. Pero los libros establecidos en direcciones fijas les hacen la guerra. Se reglamenta la venta de libros y se prohíben los vendedores ambulantes. A principios del siglo XVII son autorizados a vender a cambio de un impuesto, pero la tregua es corta y se ven a punto de extinguirse durante la Fronda. Por un lado, autoridades, libros y policías tratan de suprimir las tiendas portátiles clandestinas; por otro, los panfletistas no sometidos a la censura y las gacetas de escándalos intentan comerciar. Entre persecuciones y treguas, la suerte de los ambulantes evoluciona con la Revolución francesa y el término bouquiniste entra en el diccionario de la Academia Francesa en 1789. Es un período próspero para estos marchantes, cada vez más numerosos sobre el Pont Neuf, centro de todas las diversiones; lecturas públicas, animaciones musicales y espectáculos callejeros. Bajo Napoleón I ganan terreno con los nuevos muelles, y bajo Napoleón III son autorizados a ejercer su oficio. Al fin, en 1859, la alcaldía de París establece concesiones para instalar sus cajas en lugares fijos. En 1930, el largo de las instalaciones era de ocho metros. Hoy son tres kilómetros de libros, antiguos o contemporáneos, revistas, grabados, timbres, cartas postales, pero también souvenirs, juguetes y objetos diversos como gorras, camisetas y ropa diversa con imágenes de la Torre Eiffel u otro monumento parisiense.

Los nuevos gustos de los turistas evolucionan: las imágenes y otros objetos ganan terreno sobre los libros. Y no sólo los bouquinistes se ven obligados a vender artilugios diversos para sobrevivir: las grandes librerías están hoy invadidas por juegos de video y aparatos numéricos de todo tipo. Se puede sentir un cierto pesar cuando se piensa en el verdadero bouquiniste, hombre libre por excelencia, viejo anarquista amoroso de libros expuestos al aire libre.

lunes, 27 de septiembre de 2021

En septiembre, Georgina Fraser y su grupo de investigación visitan el SPET




En el próximo encuentro, que tendrá lugar el miércoles 29 de septiembre a las 19 (hora argentina), se presentará el proyecto de investigación dirigido por Georgina Fraser “Cartografía de la formación de intérpretes en lenguas originarias en Argentina”

Georgina Fraser es traductora literaria y técnico-científica en francés por el IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”. Actualmente se desempeña como docente en el Traductorado en Inglés de dicha institución, así como también en la Licenciatura en Comunicación y en la Diplomatura en Estudios Avanzados del Lenguaje en Sociedad en la UNSAM. Allí cursa el doctorado en Ciencias Humanas con beca de la Escuela de Humanidades-UNSAM. Su investigación se centra en el rol de los traductorxs e intérpretes en lenguas originarias en el acceso a la justicia en la Provincia de Chaco. Forma parte del proyecto PICT 2018-0807 “Bilingüismo y procesos de revitalización/transmisión de las lenguas guaraní, quichua, qom, moqoit y wichi (Corrientes, Santiago del Estero y Chaco): etnografías sociolingüísticas en colaboración” y, en el marco del Programa de Investigación del Lenguas Vivas, dirige el proyecto “Cartografía de la formación de intérpretes en lenguas originarias en Argentina”.

Integrantes del grupo de investigación que participarán en la exposición:

Melina Daniela Guevara es traductora literaria y técnico-científica en francés por el IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”. Actualmente trabaja como traductora independiente. En 2019, participó en el proyecto de la aplicación MoWiQapp, en el cual se elaboró el manual de uso de un glosario bilingüe español – lenguas originarias (moqoit, qom, wichi).

Paulina Lapalma es estudiante del Traductorado en Francés del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”.

Franco Monterroso es estudiante del Traductorado en Inglés y del Traductorado en Francés del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”. Durante 2021 trabajó en la re-difusión de los materiales elaborados en el 1° Encuentro Internacional de Traductores e Intérpretes en Lenguas Originarias y Minoritarias (2019). Es consejero estudiantil por la Lista 8 - La Pluri en el Consejo Directivo del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”.

Sofía Pesaresi es traductora literaria y técnico-científica en francés por el IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”. Actualmente se desempeña en esa institución como docente y directora de carrera del Traductorado en Francés. Además, es adscripta de las cátedras de Estudios de Traducción y SPET curricular bajo la dirección de Griselda Mársico y cursa la Diplomatura en Estudios Avanzados del Lenguaje en Sociedad en la UNSAM.

Sabina Ramallo es licenciada en psicología y traductora literaria y técnico-científica en francés por el IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”. Actualmente, se desempeña como docente en el Traductorado en Francés de dicha institución y es estudiante de la Especialización en Traducción Literaria de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. También trabaja como traductora independiente en el área de la traducción científica y como correctora y editora literaria para el Centro de Estudios Argentinos del Instituto de Estudios de América Latina de la Academia China de Ciencias Sociales (ILAS-CASS).

Laura Tejera es traductora técnico-científica y literaria en francés por el IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”, es profesora en francés por el ISP “Joaquín V. González” y posee una licenciatura en ciencias del cenguaje por la Universidad de Paris V, La Sorbonne. Se desempeña como intérprete permanente del Centro Franco Argentino y como intérprete freelance en diversas áreas temáticas. Es docente de la cátedra de Introducción a la Interpretación en el IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández” y de la cátedra de Lengua Francesa II en el ISP “Joaquín V. González”. Es ayudante de Trabajos Prácticos del Requisito Francés en la Facultad de Psicología de la UBA.

Micaela Vain es estudiante del Traductorado en Inglés del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”. Trabaja como traductora independiente en el área de la traducción técnico-científica. En 2019, participó en el proyecto de la aplicación MoWiQapp, en el cual se elaboró el manual de uso de un glosario bilingüe español – lenguas originarias (moqoit, qom, wichi).

Lectura sugerida

Howard, R., de Pedro Rico, R. y Andrade Ciudad, L.: “Translation policy and indigenous languages in Hispanic Latin America”. En: International Journal of the Sociology of Language, 251 (2018), pp. 19-36. https://doi.org/10.1515/ijsl-2018-0002

Aviso

La sesión se realizará como videoconferencia. Quienes quieran participar pueden enviarnos un mail con el asunto SPET 141 hasta el 29/9 a las 15.00. La dirección de mail será utilizada para hacerles llegar el código que servirá como entrada a la videoconferencia. Por favor, revisen el micrófono y la cámara de sus dispositivos antes de la sesión. Si quieren desinscribirse, les pedimos que nos manden un mail con el asunto SPET 141 DESINSCRIPCIÓN.

viernes, 24 de septiembre de 2021

"Escritores que rara vez son poetas"

Este mes, el poeta y traductor Jorge Aulicino publicó Poesía y política, un volumen editado por Ediciones del Dock, donde, además de reunir sus columnas publicadas en el Periódico de Poesía, de la U.N.A.M., suma otras escritas especialmente y, hasta ahora, inéditas. La concepción del libro es amplia y aborda distintos aspectos del concepto de “política”. A modo de ejemplo, ofrecemos a continuación un breve artículo, más que pertinente, que deja en claro cuál es la posición de Aulicino –y del Administrador de este blog, entre muchos otros– respecto de la política de invitaciones de la gran mayoría de los festivales literarios y ferias del libro en el mundo entero.

Hacen bien en no invitar a Baudelaire a las mesas redondas

Habrán visto que las ciudades están llenas de mesas redondas, seminarios y congresos de escritores. De escritores que rara vez son poetas. De prosistas.

Buenos Aires está lleno de estas cosas, hoy. A veces de poetas –algunas veces–, pero eso sí, nunca de prosistas y poetas, si de lo que se trata es de hablar seriamente de literatura, del país o de la globalización o de la tecnología, o de otros ítems contemporáneos.

Los poetas, sin embargo, ha sabido discutir su oficio, y el mundo, desde los más distintos puntos de vista: políticos, culturales, económicos. Están genéticamente entrenados en ello. Lo hicieron siempre a lo largo de su existencia, al menos en la dura etapa de la modernidad, que los relegó a cenicientas de las letras.

La cuestión no es hoy que sean cenicientos: no se los considera literatos.

Ahora, vean esto: la mayor capacidad intelectual de renovación en el siglo XX estuvo en las vanguardias; las vanguardias fueron simplemente realizadas por los poetas y por los pintores. Gente toda a la que hoy se tiende a pensar sin cabeza: a los pintores porque solo conocen técnicas y texturas, a los poetas porque siguen embarcados en las profecías de la palabra, aunque se disfracen de prosaicos, de minimalistas.

Los poetas, claro, fueron y son la potencia intelectual de la literatura y de las letras en general, es decir, del idioma. Son los que piensan el idioma porque lo viven.

Pero vean un poco, no hablemos ya de a quiénes considera escritores la industria: si hay que discutir temas intelectuales, se llama a los prosistas, no a los poetas. Aunque el fundador de la palabra crítica, del discurso que abarca a un tiempo la circunstancia, la literatura y el arte en general no fue un prosista; no fue –lo siento– ni siquiera un prosista como Cervantes, como Balzac, como Tolstoi… Fue nuestro querido y nunca bien ponderado Baudelaire, amigo de todos cuantos escribimos poesía, lejano pariente, ardiente visitante de la polis. El modelo del intelectual que ha sabido usar el discurso, sus filos poéticos y críticos, para hablar de la moda, de política o de poesía, era un poeta. Porque los poetas entienden la integridad del discurso –Rimbaud pudo legítimamente decir que hablaba “en sentido literal y en todos los sentidos posibles”–. Son a su vez poetas, o entienden la poesía, los mejores prosistas. Quizá la entiendan alguna vez los ensayistas. Tal vez los pedagogos. Me temo que nunca los políticos.

La palabra del poeta, hoy que las redes virtuales la propagan, hoy que en cierto sentido se ha simplificado, pues la metáfora procura parecerse al lenguaje corriente, a la denotación, sigue pareciendo –a los políticos sobre todo– un galimatías. Corrijamos, seamos justos: no un galimatías propiamente, sino más bien el acertijo de la Esfinge. Se escucha al poeta como al chamán, como al poseído, poseedor de verdad, pero de una verdad políticamente inútil. En verdad, más bien un idiota que a veces acierta. Y el problema es que acierta en cosas de las que es mejor no hablar.

Baudelaire, el caminante urbano, vio en la ciudad la última forma de la verdad: la disolución de toda certeza sobre el porvenir. Esto, a derecha o izquierda, es mejor ocultarlo. Es mejor prometer un porvenir, incluso creer en él. Y es cierto que se cree en él, ya sea porque lo prometieron las leyes de la historia, o porque es cierto que el capitalismo en tres siglos ha mejorado, en términos generales, la vida de la humanidad. No para todos, pero para muchos más que hace –digamos– cinco siglos.

En términos históricos, hay avance.

Y sin embargo, los poetas insisten en señalar un gran vacío el medio de las cosas, que devora una y otra vez al caminante. Una ciudad entera, Nueva York, se jacta de sus multitudes, de su modo de vivir, de su ensimismamiento, de su indiferencia, de su modo de asumir aquel vacío en el que se movía el paseante de Baudelaire. Y con Nueva York, todas las grandes ciudades de América, Asia y Europa.

Es que tal vez eso sea Dios. Ese gran agujero.

El poeta se engaña tanto o más que cualquiera acerca de que mañana, sin dudas, volverá a amanecer. Su poesía, no. Su poesía pone en escena otra escena. Una escena peligrosa y que, para colmo, habla por sí misma. Entonces, tienen razón en no invitarlo a mesas redondas en las que se hable sobre la actualidad, la política y la tecnología. Baudelaire no hubiese tenido nada que hacer allí tampoco. 

jueves, 23 de septiembre de 2021

Carlos Gamerro y su versión de "Romeo y Julieta"

El novelista Carlos Gamerro acaba de publicar su versión de Romeo y Julieta, en la editorial Interzona. Especialista en William Shakespeare, el autor de La jaula de los onas acompaña su traducción de un muy interesante prólogo del que, a continuación, ofrecemos un breve fragmento.

“El amor vencido”

La preeminencia de Romeo y Julieta ha tenido su costo, al convertirla en la madre de todos los folletines, melodramas, novelas rosas, películas románticas, revistas del corazón, teleteatros y canciones melódicas, y hoy resulta difícil acercarse a ella directamente. Este sedimento kitsch que fueron depositando todas estas reelaboraciones, versiones y adaptaciones ha terminado por adherirse a la obra de tal manera que resulta imposible de despegar, por lo quedan dos opciones: ignorarlo, lo que ineludiblemente lleva a terminar encarnándolo, como le sucede a Franco Zeffirelli en su versión de 1968, o asumirlo y celebrarlo, como sucede en la magnífica versión de Baz Luhrmannde 1997. La incomodidad, de todos modos, persiste. En el prólogo a su traducción de la obra, Martín Caparrós y Erna von der Walde dos veces llaman a los protagonistas los “jóvenes nabos,” calificativo que revela más sobre quienes lo endilgan que sobre quienes lo reciben: los intelectuales y los artistas serios se sienten un poco incómodos con la obra, como si por admirarla se les fuera a pegar el aura kitsch que la rodea. Está bien visto hablar de ella con cierta distancia, un poco irónica, no vaya a ser que a uno lo confundan con la mersada. Más que ninguna otra obra de Shakespeare, Romeo y Julieta es la niña mimada de las parodias,  que pueden revestir diversas formas: Julieta es fea –un bicho–, Romeo y Julieta se odian, Romeo y Julieta sobreviven a los planes perfectos de Fray Lorenzo y terminan como una pareja de viejos que no se aguantan y se la pasan peleando, etc. De todas estas opciones, la favorita es quizás la última, ya que responde a cierto rencor envidioso de los espectadores maduros: ‘sí claro, así, muriéndose después de la primera noche, cualquiera puede creer en el amor eterno; pero los quiero ver viviendo toda una vida juntos’. El propio Shakespeare, sin duda hubiera estado de acuerdo: su teatro no se caracteriza precisamente por cantar las delicias de la vida conyugal, y lo que sabemos de la suya puede explicar en parte el por qué – si hubo en su vida un modelo para Julieta, seguramente no se trató de AnneHathaway. Su representación más acabada y convincente de un matrimonio que funciona se da en Macbeth, con lo cual está todo dicho. Para Harold Bloom, la sabiduría pragmática de Shakespeare sobre las relaciones de pareja puede resumirse en una fórmula: o se mueren los amantes, o se muere el amor. Romeo y Julieta deben morir para que su amor sea eterno.

Pero esta eternidad no es la de la perduración en los siglos venideros, ni la de la inmortalidad del arte. La eternidad que se alcanza en el estado de amor es la del puro presente, sustraído al devenir del tiempo. ‘Que este momento dure para siempre’ es un deseo que sólo pueden formular un místico en presencia de Dios o un amante en presencia de su amado. El presente se expande, desplaza al pasado – no importa todo lo que hayamos sido –y al futuro– no importan, no importan para nada, las consecuencias que este momento de amor eterno puedan traer. El presente del amor ocupa entero el espacio del ser, liberándolo, por lo tanto, de la tiranía del tiempo – así como el alma, fundiéndose con otra en el amor, se libera de la tiranía del yo. 

El tiempo, y el yo, tarde o temprano regresan: con el día, con el mundo exterior, con los otros, con la vuelta de los enamorados a sus identidades separadas. La noche, refugio de los amantes, llega a su fin: por más que traten de negarlo, es la alondra y no el ruiseñor quien ha cantado. Por eso el hogar permanente de un amor así solo puede ser esa otra noche sin fin, la muerte – que trae la anulación definitiva del tiempo y el yo. La muerte, en Romeo y Julieta, no es enemiga del amor, sino su garantía, y el final trágico, tan fácilmente evitable a nivel de la acción – bastaba que el mensajero de Fray Lorenzo llegara a tiempo para que todo hubiera terminado bien – resulta ineludible en términos de la metafísica del amor que Shakespeare ensaya. Desde el prólogo se nos habla de un “amor signado por la muerte,” y ya en el primer acto Julieta, acabando de conocer a Romeo, exclama: “Si casado está / la tumba mi lecho nupcial será.” Las imágenes que igualan al amor con la muerte se agolpan en las últimas escenas, culminando en la metáfora de la muerte como amante y esposo, desvirgando a Julieta, poniéndole los cuernos a Romeo. La pasión de ambos se consuma, inevitablemente, en la cripta, y la tumba es su lecho nupcial:

 Ay, querida Julieta, / ¿por qué insistes en ser tan bella? ¿Tendré que creer / que la incorpórea muerte sabe amar, / que el escuálido y odioso monstruo te guarda / acá en la oscuridad, para que seas su amante? / Para prevenirlo me quedaré contigo / y nunca más saldré de este palacio de tenue luz. Acá, acá me voy a quedar / con los gusanos, tus damas de compañía.

La unidad esencial de sexo, amor y muerte (que a veces, para abreviar, llamamos erotismo) nunca había sido –ni sería– tan bien cantada en la literatura.

Por eso la mejor manera de acercarse a la tragedia de los jóvenes amantes sigue siendo con el corazón abierto, en un estado de candor e inocencia. Quienes se burlan, o toman distancia, lo hacen a su propio costo. Nuestro corazón – no importa la edad – siempre está listo para decirnos que ha llegado la hora de dejarlo todo– familia, casa, amistades, posición y posesiones – solo porque quiere pasar de piedra inerte a llama de amor viva, cambiar por un instante de dicha plena la sucesión entera de los días y los años. Shakespeare sabía que esta visión del amor no se limita a la juventud: años más tarde crearía en Antonio y Cleopatra un modelo similar para la edad madura. Sus protagonistas están bastante creciditos y tienen mucha vida encima, pero cuando están juntos se comportan como jóvenes enamorados, y al final, Antonio prefiere perder un imperio antes que perder a su reina, y ambos eligen suicidarse antes que vivir el uno sin el otro. Shakespeare no escribió una versión para la vejez: esa tarea quedaría para Gabriel García Márquez, que en El amor en los tiempos del cólera escribió el Romeo y Julieta de la tercera edad.

Sabemos que la versión de Arthur Brooke ofrecía una enseñanza definida. ¿Cuál es la que ofrece la de Shakespeare? No –de ninguna manera– el remanido clisé de que el amor vence todos los obstáculos. El sentimiento de amor puede ser invencible (aunque Geore Orwell, en 1984, haya hecho mucho por socavar esta convicción: la certeza de no haber traicionado a Julia es la tabla de salvación de Winston, pero al final, frente al terror, en lo más profundo de su corazón, la traiciona), pero su consumación no lo es, y en la tragedia de Shakespeare termina dándose en la muerte, y no en la vida. En su intento por triunfar en la vida, el amor de Romeo y Julieta es vencido por cada uno de los obstáculos con que se topa – desde el odio entre las familias, la autoridad paterna, la moral, la ambición, el egoísmo, el rencor, hasta la mala suerte pura y simple. Pero es justamente en su fragilidad que demuestra su fuerza, es en su derrota que triunfa. Porque todas estas fuerzas que lo destruyen, al hacerlo, se vuelven odiosas y pierden sentido. ¿Qué son el honor de la familia, la autoridad de los padres, la sabiduría de los mayores, el sentido común de los criados, las leyes del estado, si su confluencia destruye la felicidad y las vidas de dos jóvenes que se aman? Todo aquello en lo que creíamos con tanta fuerza deja de importarnos. Brooke quiso enseñarnos a juzgar el amor en nombre de todos esos principios, Shakespeare nos enseña a juzgarlos en nombre del amor.

miércoles, 22 de septiembre de 2021

Por suerte, no todas las novedades son nuevas


El pasado 21 de septiembre, Silvina Friera publicó en el diario Página 12, una entrevista con Elisabet Riera, escritora, editora y propietaria del sello español Wunderkammer, que comienza a ser distribuido en la Argentina. Según la bajada, “En esta editorial conviven las más diversas corrientes, a través de autores como Victor Hugo, Ruben Darío, Gérard de Nerval, Éliphas Lévi, Clare Jerold, Raymond Roussel, Lizzie Doten, Vladimir Nabokov y Pierre Loti, entre otros”.

Llega a la Argentina el sello literario Wunderkammer

El gabinete de maravillas editoriales cumple cinco años y llega a la Argentina con sus rarezas literarias, textos singulares, únicos, obras olvidadas o ignoradas de grandes autores y obras excepcionales de autores desconocidos. Hay mujeres soñadoras que logran materializar proyectos inauditos, a contramano de los consumos hegemónicos. Elisabet Riera, escritora, periodista y editora española, fundó un pequeño sello, Wunderkammer (palabra alemana que significa “cuarto de maravillas” o “gabinete de curiosidades), donde conviven simbolismo, malditismo, erotismo, dandismo, sibaritismo, alquimia y surrealismo, a través de autores como Victor Hugo, Ruben Darío, Gérard de Nerval, Éliphas Lévi, Clare Jerold, Raymond Roussel, Lizzie Doten, Vladimir Nabokov y Pierre Loti, entre otras y otros. La editorial le rinde homenaje al editor francés Jean-Jacques Pauvert (1926-2014) con un diseño vintage, cubiertas impresas manualmente en una vieja Minerva con tipografía Bodoni fundida por Swamp Press, y una estampa a color del naturalista Ernest Haeckel de regalo en cada ejemplar.

Riera (Barcelona, 1973), autora de las novelas La línea del desierto, Fresas silvestres para Miss Freud, Llum y Efendi, cuenta en la entrevista con Página/12 que después de la primera parálisis y el pánico total por la pandemia en 2020, las ventas de los libros de Wunderkammer –editorial que publica de 6 a 8 títulos anuales– se trasladaron al canal online. “No puedo decir que el parón nos afectó demasiado, salvo en las presentaciones y actividades presenciales. De hecho la gente leyó más. Veremos ahora si el hábito permanece o no”, plantea la editora, autora de varios manuales sobre cultivo de marihuana y el libro de semblanzas biográficas Vidas gloriosas.

–Wunderkammer toma como modelo editorial el quehacer del editor francés Jean-Jacques Pauvert, que reeditó textos de autores considerados transgresores y pornográficos, como el Marques de Sade. ¿Por dónde pasa la transgresión en el siglo XXI? ¿Qué implica ser una editorial transgresora o una editora transgresora?
–Para mí la transgresión en estos momentos pasa por reivindicar lo heterodoxo dentro de un mercado que tiende cada vez más a la uniformización de los gustos y las formas, a la homogeneidad. Si todos los que hacemos libros apuntáramos hacia ese amplio término medio, terminaríamos en una suerte de dictadura del pensamiento único. La diversidad editorial, la posibilidad de leer literatura fuera de lo común, las rarezas, los márgenes… es indispensable para un pensamiento libre. Eso intento transmitir con mi catálogo y también con la forma de hacer los libros en la que es nuestra colección principal: con un punto artesanal y unos atributos singulares que apelan a los sentidos (la textura, el volumen, el color), y que son irreproducibles en formato digital sin que se pierda gran parte del valor del libro. Reivindico el libro también como objeto, y por tanto toda la cadena de oficios que hay detrás. Transgredir, pues, es ir contracorriente de la tendencia de consumo mayoritaria que se nos impone.

–¿Qué es una rareza literaria? ¿Cómo la definirías?
–Me gusta la rareza en el sentido del término anglosajón rare, como algo escaso y de gran valor. Como una piedra preciosa. Tiene una connotación positiva que no tiene la palabra “raro”, que nosotros usamos con cierto desprecio. Raro en nuestro catálogo son grandes obras de autores desconocidos u olvidados, o textos menores de autores muy conocidos. Raymond Roussel es un raro (y es genial). Villiers de l’Isle Adam es un raro (y nos dejó al inolvidable Axel o a la Eva futura, como un visionario). Éliphas Levy es un raro, y la poeta médium Lizzie Doten, y tantos más. No en vano uno de los títulos con los que arrancamos la editorial fue Los raros, de Rubén Darío, una serie de semblanzas biográficas que el autor escribió durante una estancia finisecular en París, y en la que reúne a autores que serían todos ellos propios de nuestro catálogo. La mayoría murieron en el olvido o en la miseria, o ambas cosas a la vez.

–¿Por qué empezaste la editorial publicando "Lo que dicen las mesas parlantes", de Victor Hugo?
–En primer lugar, porque fue un flechazo, un coup de foudre en toda regla. Paseaba por los puestos de los bouquinistes junto al Sena, en París, y vi de lejos un libro que llamó poderosamente mi atención, por el inusual formato alargadito y por el color verde absenta de la cubierta. Era Ce que disent les tables parlantes, de Victor Hugo. Me quedé boquiabierta porque no tenía ni idea de la faceta espiritista de Hugo. Lo había publicado Pauvert en los años cincuenta, rescatando ciertos manuscritos perdidos. Por supuesto me lo compré. No solo se convirtió en el primer título de la editorial sino que su diseño sirvió de modelo para la colección Wunderkammer.

–En un momento de la edición de libros en donde pareciera que se ha cancelado la idea de belleza (o se la ha abandonado por anticuada), ¿qué significa apostar por la edición artesanal?
–Como dije al principio, significa recuperar la idea de fascinación no solo por la lectura sino por el objeto libro y todos los oficios que hay detrás. Nuestras cubiertas se imprimen manualmente en una vieja máquina Minerva que tiene cien años y que ya solo se usa para esta función. Es de una belleza sobrecogedora asistir al trabajo de este impresor: ver cómo compone la portada con las tipografías móviles, letra a letra, cómo ajusta cada tornillo de la máquina, cómo vierte la cantidad de tinta justa… y de repente, tras toda esta preparación silenciosa, se hace la magia: la Minerva empieza a rugir y, golpe a golpe, una a una, va dejando su huella en cada cubierta. Es emocionante.

–Si los algoritmos filtran lo que se lee, si supuestamente saben lo que le interesa leer a los usuarios, ¿habrá un algoritmo que pueda cumplir la función del editor? ¿Cómo está afectando el algoritmo al universo de la edición de libros?
–Esta es la cuestión que me parece realmente insustituible de un editor, algo a lo que yo no renunciaría jamás: mi elección completamente subjetiva y personal de los títulos que publico, aunque en alguno sepa que voy a vender muy pocos ejemplares. Un editor de carne y hueso (y alma) no solo edita pensando en las cuentas, sino en el aporte cultural que supone cada libro y también, por qué no, en factores mucho más emocionales y a veces incomprensibles. Eso nos distingue de las máquinas y los algoritmos, afortunadamente. De no ser así, nos acecha el pensamiento único.

martes, 21 de septiembre de 2021

Noticia del primer diccionario Wichí-Castellano

El pasado 3 de septiembre, se publicó en el diario Los Andes, de Mendoza, la noticia de un diccionario wichí-castellano. Verónica Nercesian (foto), presidió el equipo que realizó la tarea. Según la bajada, “Se denomina DIWCA. Un grupo de investigadores elaboró el este compendio bilingüe y pluridialectal. Representantes de la lengua wichí de las provincias de Formosa, Salta y Chaco participaron de su creación”.

Científicos del Conicet publican el primer diccionario online Wichí-Castellano

Diwica es el nombre del primer diccionario virtual wichí-castellano que reconoce los complejos dialectales pilcomayeño y bermejeño. Tras años de trabajo, el grupo de investigación logró el diccionario de acceso libre, de autoría colectiva y construcción permanente. Para confeccionarlo, se constituyó un equipo técnico, compuesto por representantes de ambas lenguas, y en el caso del wichí, miembros de las distintas comunidades en las que se hablan las variantes dialectales.

El trabajo fue lanzado recientemente por un equipo de investigación liderado por Verónica Nercesian, investigadora del CONICET en el Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas “Doctor Amado Alonso” (IFLH, UBA), en articulación con el Instituto de Investigaciones sobre Lenguaje, Sociedad y Territorio (INILSYT, Universidad Nacional de Formosa) y el auspicio del Área de investigación del Laboratorio de Documentación e Investigación en Lingüística y Antropología (DILA, CAICYT-CONICET). Además, participaron de su confección cuarenta y siete hablantes nativos de las tres provincias argentinas en las que se habla actualmente el wichí: Formosa, Salta y Chaco.

“En algunos casos, además, contiene variantes de subvariedades dentro de esos dos complejos”, explica Nercesian. Y continúa: “Con esto, procuramos respetar la pluricentralidad de la lengua y la tendencia a la simetría entre las variedades que el pueblo wichí siempre ha defendido”. Además, la actualización del diccionario es una tarea dinámica y perpetua, “incluso los usuarios pueden contribuir a través del sitio web”, agrega.

En el camino, el equipo técnico debió tomar todo tipo de decisiones. Cuestiones como qué información agregar hasta cuál era la forma conveniente de listar las palabras, es decir las formas de cita, fueron puntos a debatir dentro del grupo de trabajo. “Dado que la ortografía de la lengua wichí se encuentra en proceso de estandarización, ese tipo de decisiones aún no están tomadas”, argumenta la lingüista. Por este motivo, suelen coexistir variantes ortográficas para una misma palabra, que en el caso del Diwica se ven plasmadas en cada entrada léxica, “a fin de representar esta convivencia de tendencias ortográficas y acompañar el proceso de estandarización en curso”.

Pensado en primera instancia como material impreso, el diccionario fue mutando hacia la virtualidad conforme el contexto. Por tanto, el rol de programación para crear un entorno agradable fue esencial. Así, la posibilidad del intercambio con el usuario enriquece el acervo original: “Las búsquedas serán un insumo. Más allá del trabajo lexicográfico, ampliar la cantidad de palabras es algo que en un diccionario impreso es más costoso”, asegura la investigadora.

Para Nercesian, un diccionario es importante para el desarrollo de lo social en varios sentidos: En primer lugar, constituye una herramienta para la comunicación entre comunidades de hablantes de lenguas diferentes. “Por este motivo, el Diwica es útil para toda la sociedad, no sólo para los pueblos indígenas”, enfatiza. Y agrega: “Muchos maestros y médicos, o empleados de instituciones públicas que no son hablantes nativos de wichí podrían sentir limitaciones por no conocer esta lengua cuando su trabajo lo requiere”.

En segundo lugar, resalta la científica, este diccionario sirve para la alfabetización bilingüe, no sólo porque ofrece la traducción de las palabras de una lengua a la otra, sino también porque sirve de consulta para saber su ortografía. En tercer lugar, un diccionario tiene un valor documental de la lengua, ya que según la investigadora es un registro de las palabras que se usan en la sociedad en una zona y momento determinados. Y finalmente, un diccionario bilingüe ostenta un valor simbólico para la construcción de la equidad lingüística en el país. “Dos lenguas que históricamente fueron colocadas en una posición de asimetría por intereses políticos y económicos, conviven en una obra académica en una situación de paridad, demostrando que aquella asimetría entre las lenguas es, en efecto, una construcción social”, puntualiza Nercesian.

Hacia el futuro, hay aspectos que quedan abiertos: la estandarización y la actualización serán, según el equipo, puntos a considerar. En cuanto a la experiencia, Nercesian explica: “Fue interesante haber experimentado un proceso de construcción de algo novedoso y que tiene potenciales tecnológicos para el uso de las lenguas hacia delante. En definitiva, la publicación on line es la culminación de una primera parte de un trabajo que debe mantenerse y continuar en el tiempo”.

lunes, 20 de septiembre de 2021

"Una mesa, buen café y unos libros"


Jorge Bustamante
publicó el pasado 12 de septiembre, en La Jornada Semanal, de México, una columna que tiene como eje las reflexiones autobiográficas de George Steiner, presentes en algunos de sus textos más personales. En la bajada, se lee: “Dos libros, entre la vasta obra de uno de los pensadores más contundentes de nuestro tiempo, George Steiner (1929-2020): Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento (2005) y Errata. El examen de una vida (2009), son el asunto de este artículo. En el sustrato de los grandes temas que lo ocuparon durante su vida, que no fueron pocos, subyace un espíritu lleno de asombro y gratitud por ser ‘un invitado de la vida’”.

George Steiner: Ningún lugar es aburrido

Nuestro conocimiento será siempre incompleto.
Stephen Hawking

George Steiner (1929-2020) creció poseído por la intuición de lo particular, de una diversidad tan tumultuosa que ningún trabajo de clasificación y enumeración podría agotar. Este hecho contundente de la multiplicidad incesante, emparienta al polígrafo y poliglota francés, inglés, alemán e italiano (porque esas eran las lenguas en las que se movía y en las que radicaba su pertenencia) con las preocupaciones de Heráclito y Kierkegaard. Sabía con extraordinaria lucidez que todo fluye, que la razón de la vida y el universo (si es que hay alguna) es el movimiento permanente de todo lo que existe o ha existido, que esa acumulación infinita de sucesos rebasa cualesquier teoría o concepción filosófica o científica acerca del universo, la materia o las pequeñeces más ínfimas de lo existente, que cada vez algo se escapa permanentemente, lo que significaba para él una razón más para la tristeza del pensamiento. Diez (posibles) razones para la tristeza del pensamiento (2005) es un libro breve y punzante: en cada línea se abren espacios para nuevas miradas.

A partir de una respuesta que el pensador dio en su casa de Cambridge al periodista español Borja Hermoso en una entrevista que le realizó en 2016, me vi motivado a revisitar su libro Errata, que había leído y subrayado unos años antes. La pregunta era la siguiente: “¿Qué momentos o hechos cree que forjaron más su forma de ser?Entiendo que tener que huir del nazismo junto a sus padres y saltar de París a Nueva York –magistralmente evocado en su libro Errata…” A lo que Steiner respondió de manera un tanto desconcertante: “Le diré algo que le impactará: ¡Yo le debo todo a Hitler! Mis escuelas, mis idiomas, mis lecturas, mis viajes… todo. En todos los lugares y situaciones hay cosas que aprender. Ningún lugar es aburrido si me dan una mesa, buen café y unos libros. Eso es una patria. ‘Nada humano me es ajeno.’ ¿Por qué Heidegger es tan importante para mí? Porque nos enseña que somos los invitados de la vida. Y tenemos que aprender a ser buenos invitados.”

Es a esa patria a la que me quiero referir, a ese espíritu con el que Steiner examina su vida desde la niñez, obteniendo –más que una biografía intelectual– una bitácora de sus aprendizajes, de sus incursiones por las más diversas lenguas, de su pasión por el entorno natural, pero también por la otredad que lo perfecciona, completa y permite ser.

Este reconocimiento se mantiene a lo largo de Errata. El examen de una vida, libro en el que Steiner intenta, sin pretensiones académicas ni ínfulas de sabihondo trasnochado, comunicarnos el devenir intenso de su experiencia vital: su infancia en el París de la preguerra escuchando en la radio, junto a su padre, las noticias provenientes de la Alemania nazi, que ya se erguía como una amenaza; su estancia en el Liceo Francés de Manhattan que “era un hervidero en los años de la guerra” y el resplandor de la vida cotidiana en la Universidad de Chicago, a finales de los años cuarenta, que “sólo un Philip Roth podría expresar con palabras certeras”; su particular apreciación de la música, en la que forma y contenido son apenas pleonasmo, como la poesía de esos virtuosos que fueron Mallarmé y Hopkins, y que Steiner condensa en una idea singular: “la poesía aspira a la condición de música, que es la de una perfecta tautología de forma y contenido”; su preocupación permanente por los aspectos del lenguaje y la traducción, sin los que habitaríamos en provincias lindantes con el silencio; su multilingüismo exacerbado a través de tres lenguas que le eran nativas (inglés, francés, alemán) y muchas otras aprendidas después, que lo emparientan con la estirpe de los Beckett, Nabokov y Borges, quienes transitaban entre las lenguas con absoluto virtuosismo; su inquietud ante los inmensos enigmas e imposibilidades de la ciencia actual, aunque el feroz positivismo nos afirme lo contrario.

Este libro de Steiner es sencillo y delicioso. Es también, a veces, irreverente y burlón. Es un libro lleno de lecturas de otros libros, de ecos, de resonancias inauditas, de reflexiones extraviadas en la memoria de un mundo sin memoria, de hechos que se consolidan sólo en la realidad del lenguaje y el silencio. Su prosa levemente intemperada, un tanto negligente, puede socavar de igual manera los postulados circenses de los posestructuralistas, como los mitos más solemnes de las teorías de Freud. Al “no hay nada fuera del texto” de los primeros, opone el contexto que es el mundo, sin el cual no puede haber ni significado ni comprensión. El psicoanálisis, por su parte, lo llena de incredulidad. No es más que, en su breve y mejor momento con Freud, un relato mitológico del genio. La noción del padre como rival sexual no le parece más que un melodrama irresponsable.

En Errata, el examen de una vida (Ediciones Siruela, 2009) no hay una profunda exploración de ideas ni nada por el estilo, sino apenas una aproximación humana, ética, transparente, a los asuntos que a Steiner le interesaron de esta estación espléndida y extraña que es la vida.

viernes, 17 de septiembre de 2021

Un anuncio promisorio de la Fundación El Libro

 

El 16 de septiembre pasado, InfoBAE Cultura publicó, sin firma, la escueta noticia del nombramiento de Ezequiel Martínez. De acuerdo con la bajada, “El reconocido periodista, gestor cultural y editor argentino también estará al frente de la Feria del libro, que desde el inicio de la pandemia se realiza de forma virtual”

Ezequiel Martínez es el nuevo director general de la Fundación El Libro


No hay dudas: la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es uno de los grandes eventos de la escena literaria latinoamericana. Desde que estalló la pandemia, todo se redujo a la modalidad virtual, pero todo indica que el año que viene, entre abril y mayo, volverá a ser presencial.

 

Ya hace un tiempo que Oche Califa no está más al frente de la Feria. Hoy se anunció la incorporación de Martínez a la Fundación El Libro -quien, entre otras tareas, estará a cargo del evento mayor- mediante un comunicado: el reconocido periodista, gestor cultural y editor argentino Ezequiel Martínez fue “elegido mediante un minucioso proceso de selección que comenzó en junio de 2021″, explican.

 

Martínez fue Director General de Cultura de la Biblioteca Nacional entre 2016 y 2020, prosecretario de Redacción Sección Cultura y Revista Ñ desde entre 2003 y 2016, así como también de la revista Viva, colaboró en distintos medios como Infobae y tiene un posgrado internacional Gestión y Política en Cultura y Comunicación.

 

Ha publicado libros de investigación periodística , fue docente en TEA, Universidad de Belgrano y Universidad de Buenos Aires. Además desde 2010 preside la Fundación Tomás Eloy Martínez: es uno de los siete hijos del gran periodista y escritor argentino.

 

La Fundación El Libro es una entidad civil sin fines de lucro que está constituida por la Sociedad Argentina de Escritores, la Cámara Argentina del Libro, la Cámara Argentina de Publicaciones, el Sector de Libros y Revistas de la Cámara Española de Comercio, la Federación Argentina de la Industria Gráfica y Afines, y la Federación Argentina de Librerías, Papelerías y Afines. De ahora en más, Ezequiel Martínez será el Director General de la Fundación.

 

jueves, 16 de septiembre de 2021

Alguien que de veras sabe escribe sobre Dante

El pasado 14 de septiembre, el poeta y traductor Jorge Aulicino firmó en el diario Clarín una nota sobre el aniversario de Dante Alighieri. A diferencia de otros artículos alusivos, éste lleva la marca de una lectura de varias décadas que condujo a una de las más importantes traducciones de la Divina Comedia publicadas en castellano. Se trata, por lo tanto, de una voz calificada.

700 años sin Dante Alighieri: de cómo la corrupción lo inspiró a escribir su obra maestra

Decir que Dante Alighieri vivió en una época difícil, es decir poco y nada. Casi todas las épocas han sido difíciles. Las particularidades de su época son las que a veces tenemos en cuenta para comprender si no en su totalidad su obra principal, la Divina Comedia, al menos su caldo de cultivo.

Hace 700 años las cosas no eran muy distintas, esencialmente, a lo que son hoy. Esto no por la eterna repetición de los ciclos o de la inmutable condición humana sino porque la altísima corrupción de la Iglesia de entonces es equiparable a la alta corrupción del poder político actual, al punto de que Dante dudara, como nosotros dudamos, de que las instituciones se salvasen de aquel espantoso drenaje de su misión y de su autoridad.

En el caso de Dante, casi diríamos que esa duda, ese temor a la disolución de la institución fundada por Cristo, es el origen de su libro, hoy un mito, es decir una verdad –una narración– que no envejece.

Dante Alighieri nació en 1265 en una familia con algún antecedente nobiliario, y de mediana riqueza. Su padre era, precisamente, un mediano prestamista en una ciudad que fue cuna de los más grandes banqueros de la baja Edad Media y del Renacimiento.

¿Un gremio de poetas?

Dante dice en la Vita Nuova (1293) que se enamoró de una vecina, Beatriz Portinari, a los nueve años. Ella tenía dos o tres meses menos. De entrada divinizó aquel amor: fijó su comienzo a edad tan temprana que parecía un destino. Pero sobre todo divinizó a Beatriz, a la que convirtió en portadora de sabiduría y fe, al punto de que el resplandor de su rostro, y sobre todo el de sus ojos, irá siempre acompañado de irresistible seducción y de sapiencia en el tercer tomo de su libro, Paraíso.

Política, amor y filosofía están muy unidos a la vida de Dante y especialmente al nacimiento de la Comedia, así llamada por él en primera instancia en atención a las categorías establecidas por el aristotelismo.

Giovanni Boccaccio, admirador de Dante, la llamó divina, quizá no tanto porque tuviera carácter de libro sagrado sino porque trataba de temas religiosos.

El libro está relacionado directamente con hechos afectivos y políticos en la vida de Alighieri. A la muerte de Beatriz, con la que nunca tuvo ninguna relación, se sumerge en un período de estudios profundos en conventos franciscanos y dominicos. A ese período de ostracismo y lecturas de los escritores clásicos latinos, más alguno griego traducido, y de los teólogos, en especial Tomás de Aquino, sigue una etapa de acción y también de alguna disipación o caos afectivo, según le reprocha Beatriz en el Purgatorio.

Dante participa de la vida política, dividida entre los que defienden el poder de Roma contra la reivindicación del Imperio laico por parte de los príncipes alemanes. Eran llamados los primeros, es decir, los papistas, “güelfos”, y los defensores del imperio, “gibelinos”.

Pero cuando Dante asume cargos en la república florentina, la ciudad la dominaban los güelfos, solo que los más conciliadores entre ellos, llamados blancos.

La condición de república de Florencia no era poca cosa. Permite afirmarnos en aquello de que la época era justamente difícil. La nobleza tenía prohibido ejercer los cargos oficiales y la república era gobernada por los gremios de artesanos. Como no había un gremio de poetas, Dante fue incluido en el de los “especieros” (boticarios) y para tal fin se agregó a la denominación del gremio “y de poetas”.

Impedir los combates callejeros frecuentes entre “blancos” y “negros” fue tarea de los priores de la ciudad, y a raíz de esto Dante se vio envuelto en una decisión complicada: debió aprobar el destierro de varios “blancos” y varios “negros” como castigo por una de sus escaramuzas.

Entre los “negros”, estaba su entrañable amigo Guido Cavalcanti, uno de los más talentosos y herméticos poetas florentinos de la época, a cuyo padre encontrará Dante en el infierno.

Pero, aunque fueran “blancos” los güelfos, el papa Bonifacio VIII tenía a Florencia parada sobre un callo, de modo que en 1301 permitió que fuera invadida por güelfos “negros” apoyados por el francés Carlos de Valois.

Dante estaba justamente en Roma en misión diplomática ante el Papa, que no lo recibió nunca. Peor: desde allí no pudo volver jamás a su ciudad. Fue desterrado junto con muchos otros güelfos “blancos”.

La Comedia, una autobiografía

Este es el portal de la Comedia, seguramente. La famosa “selva oscura” del segundo verso de “Infierno” no puede ser otra que ese período de luchas civiles y seguramente de vacío afectivo que Dante vivió desde mediados de los noventa del 1200 hasta su destierro en 1301.

No por nada tres figuras le impiden volver a la plenitud de la vida: una pantera que representa a la mismísima Florencia en poder de los “negros”, salvajes y demoníacos para Dante; un león que alegoriza a Francia y específicamente al francés de Valois, y una loba, Roma.

Mediante una referencia que introduce en el discurso de un diablo en el canto XXI, Dante hace saber que su salida de la “selva oscura” y su descenso al infierno, guiado por el poeta latino Virgilio, se produce en 1300, un año antes de su destierro.

Parecerá que no, pero estamos ante una obra autobiográfica. La primera autobiografía que sigue al protagonista por un viaje que no puede menos que ser imaginario… Cosa que sabemos como lectores, pero que para Dante es simplemente una crónica.

Es la detallada explotación imaginativa de una derrota política –o la precisión del relato de una real experiencia de ultratumba, si creemos en ella– lo que hace a la vigencia de la Comedia. Lo que permite que (salvados los inconvenientes de datos que podemos consultar y de giros que al cabo podemos comprender, y sobre todo el hecho, poco común en la actualidad, de una narración en versos) disfrutemos de una revelación, una visión que nunca nadie había tenido, y en la que cabe el mundo entero de aquella época y de la nuestra, llenos ambos de los mismos seres mezquinos, miserables y falsos, empezando por los de mayor poder, pero incluyendo el lumpen y la picaresca de las cloacas.

Y que podamos ver cómo por sobre este torbellino de torturados por sus propias ambiciones rige un mundo religioso, que el no creyente podría llamar moral. A este se sube purificándose, abandonando lentamente en cada paso en el monte Purgatorio el fardo de nuestra miseria.

Este libro, estos mundos, fueron escritos en el idioma vulgar que entonces hablaban los poetas. No en el latín oficial. De manera que la intención política es por lo menos tan potente en él como la espiritual: el propósito fue que lo leyera la mayor cantidad de gente, o que le fuera leído –ya que la mayoría era analfabeta–, como lo hizo el propio Boccaccio en lecturas públicas en Florencia en 1375.

El punto de vista de Dante es, por lo demás, lo que hoy llamaríamos moderno. No hace en este sentido concesiones al lector culto de entonces, acostumbrado a un desfile más o menos ordenado de los hechos. Las situaciones en el infierno suelen interrumpirse, los relatos se entremezclan, los diálogos se superponen.

La posición de espectador y cronista de Dante no puede ser más clara: las almas se le acercan en tumulto para que lleve noticias de ellas al volver al mundo, para que aclare sus entuertos o preserve sus nombres. En el Paraíso, Beatriz le encomienda expresamente anotar en la mente lo que vea.

Más que un Papa puesto de cabeza en el infierno, son políticas las constantes diatribas en la Comedia, desde las del propio Dante hasta la del mismísimo San Pedro, contra el clero corrupto y totalmente despreocupado de su tarea doctrinal y espiritual.

Dante temía que la Iglesia realmente colapsara bajo sus propios pecados. Pero para que se comprendiese la naturaleza misma de la misión eclesiástica, comenzó por dibujar en el infierno nuestro propio mundo. A cada rato lo recuerda, en sus paisajes, en su vida campesina y urbana, quizá para que se tiña de la penumbra del Orco antes de que todo entero caiga bajo el dominio del diablo.

Cuando murió, el 14 de septiembre de 1321, hace 700 años, poco después de terminar el libro del Paraíso, tal vez creyese que la redención era posible, que quedaba esperanza. Y porque su libro no era una tragedia lo tituló simplemente así: Comedia. La comedia del otro mundo, pero también de este.

miércoles, 15 de septiembre de 2021

Chiste de gallegos: la ambigüedad de la RAE en sus definiciones y la corrupción en Colombia


La noticia se publicó en eldiario.es, de España, el pasado 12 de septiembre, con firma de Felipe G. Gil. Según la bajada, “Miles de personas comenzaron a usar 'abudinar’ o ‘abudinear’ como sinónimo de robar o estafar, para criticar con sorna un escándalo de corrupción de la ministra Karen Abudinen (foto), que finalmente ha dimitido”.

La RAE irrumpe en la política colombiana al documentar una palabra inventada en redes sociales

La corrección lingüística y los entornos digitales suelen tener una relación complicada. La herencia de las contracciones provenientes del lenguaje SMS y la informalidad o las expresiones coloquiales que impera en muchos de estos espacios (desde Twitter hasta Whatsapp) hacen complicado mantener las normas a raya. Lo que es menos usual es que una palabra inventada en redes sociales involucre a un caso de presunta corrupción en Colombia y a la RAE.

En muchas ocasiones se sigue haciendo una distinción entre lo que sucede en entornos digitales frente a lo que sucede en los presenciales. Como ya hemos visto con los memes que terminan siendo pancartas en manifestaciones, la realidad es más terca y las relaciones entre ambas esferas son mucho más complejas. ¿Cómo termina un representante político usando en el Plenario de la Cámara de Representantes la expresión “no me abudinee la palabra”? ¿Qué significa abudinear y cómo surge?”. El origen está en el apellido de la, hasta hace poco, ministra de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, Karen Abudinen.

La política colombiana perteneciente al partido liberal Cambio Radical, que forma alianza con el partido conservador Centro Democratico del actual presidente Iván Duque (envuelto a su vez en otra polémica en la Feria del libro de Madrid), llevaba meses envuelta en una polémica y antes de su reciente dimisión iba a afrontar una moción de censura en el Congreso. El origen de la polémica es que su ministerio adjudicó a la empresa Unión Temporal Centros Poblados un contrato de 1,07 billones de pesos (260 millones de dólares) para conectar a Internet a 7.000 colegios de zonas rurales y ésta presentó garantías bancarias falsas. Además de estas irregularidades denunciadas por varios periodistas, la empresa recibió un pago por adelantado de 70.000 millones de pesos (unos 19 millones de dólares) que siguen sin aparecer.

Las redes sociales comenzaron a usar las palabras “abudinear” y “abudinar” a finales de agosto. “El crecimiento del uso del término parece orgánico. Ha habido unas voces que dijeron que fue coordinado. Desde nuestra organización encontramos que la primera mención que hay y parece un bot, por lo que existe la teoría de que hubo un inicio articulado. Pero lo que no se puede negar es que luego se desarrolló de forma orgánica”, comenta Carolina Botero, directora de la Fundación Karisma, dedicada a la promoción y defensa de los derechos humanos en Internet. La producción de contenidos fue imparable durante los días siguientes, llegando a generar todo tipo de memes. O la conjugación completa del supuesto verbo.

Como suele ser habitual en estos casos, las redes sociales continuaban la fiesta-protesta con alegría y profusión, como cada vez que se unen crítica y humor. El hype eclosionó cuando un usuario decidió hacer una consulta a la RAE acerca de los verbos ABUDINAR o ABUDINEAR. Y la institución contestó: “Documentamos las formas «abudinar» y «abudinear» en textos de redes sociales como verbos de reciente creación, usados en el habla popular de Colombia con el sentido de ‘robar, estafar’”.

“Estaba claro que era una parodia que se usaba como forma de protesta ante la insistencia del gobierno en apoyar a la ministra frente a las críticas. Pero cuando la RAE contestó...fue como gasolina sobre fuego. Se volvió viral y encima ella se ofendió, lo cual generó un efecto Streisand”, comenta Botero. Karen Abudinen no solo se ofendió, sino que en medio de esta convulsión digital y política, tomó una decisión arriesgada: se dirigió en Twitter a la RAE a través de un hilo en el que se quejaba la institución había sido usada “por las jaurías digitales para incubar la falsa creencia de que mi apellido fue adoptado por ellos como verbo que significa “robar o estafar” en Colombia”.

La RAE ya había precisado previamente en su cuenta de Twitter en respuesta a otro usuario que que documentar “en absoluto implica su reconocimiento oficial ni mucho menos su inclusión en el diccionario académico”. Lo que ocurre es que algunos medios asimilaron “documentar” como “aceptar” y eso generó mucho más ruido: “La RAE es neutra para el género...pero aquí no se dieron cuenta de que se estaban metiendo en una disputa política”, comenta sorprendida Botero. De hecho, resulta llamativa la diferencia entre la generosidad con la que la RAE se ha pronunciado para reconocer que esto estaba sucediendo frente a la firmeza con la que suele intervenir cuando se trata de su postura con respecto al masculino genérico y al uso de la letra “e” como marcador de género inclusivo.

Muchas palabras terminan por ser aceptadas en el diccionar a raíz de su popularización. No es algo nuevo. En algunos casos sucede con apellidos que terminan siendo adjetivos (dantesco) o sustantivos (sadismo). Lo que es un poco menos habitual es que un apellido termine por conformar un verbo. Por ejemplo, tanto “linchar” como “guillotinar” comparten una historia similar a la de “abudinear/abudinar” con respecto a su origen. Charles Lynch fue un terrateniente y revolucionario estadounidense que encabezó un tribunal irregular en Virginia para castigar a los pro-británicos durante la Guerra de Independencia de los Estados Unidos. Su nombre dio origen al término "linchamiento" y al verbo “linchar”. El cirujano francés Joseph Ignace Guillotin, diputado en la Asamblea Nacional recomendó el uso de una máquina decapitadora durante la Revolución Francesa. De ahí los términos “guillotina” y “guillotinar”.

El jueves por la mañana Karen Abudinen dimitía asegurando en un vídeo mientras leía un comunicado que había actuado con honradez y transparencia. “Desde luego no puede decirse que las redes sociales fueron quienes tumbaron a la ministra. Porque hubo investigaciones periodísticas y presiones políticas. Pero sí ha contribuido de forma significativa”, zanjaba Carolina Botero. O como dijo un ciudadano colombiano en Twitter: “Tristán Tzara el maestro DADA soñaba con que algún día el lenguaje tuviera el poder de un puñetazo, unos siglos después la conjugación de un verbo (Abudinear) tumba una Ministra corrupta, al fin las palabras son las cosas”.