El pasado 27 de marzo, Alma Gelover publicó en el diario mexicano Milenio una extensa entrevista con los responsables de la editorial Nitro/Press. En la bajada se lee: "En entrevista, Mauricio Bares, fundador y director de Nitro/Press, y Lilia Barajas, directora creativa de esta editorial, repasan su historia y hablan de los retos y proyectos que les aguardan".
Nitro/Press: por una literatura robusta y sin concesiones
En su página oficial (nitro-press.com), los editores de Nitro/Press rematan la entrada en la que cuentan su historia con una frase que los define: “nos importan las letras, no los números”. Con dos épocas: de 1997 a 2004 y de 2009 a la fecha, la editorial fundada por el escritor y traductor Mauricio Bares se ha mantenido al margen de las modas y tendencias comerciales; con la incorporación de la diseñadora Lilia Barajas en 2009 como directora creativa, Nitro/Press adquirió un sello inconfundible en sus libros y colecciones y ha fortalecido su presencia en librerías, ferias del libro y todos aquellos espacios en los que se promueve la lectura. Desde 2009, escriben en su sitio: “la editorial pone énfasis en la narrativa y el ensayo de vanguardia, así como en géneros editoriales obviados por las grandes cadenas, divididos en siete colecciones” (entre ellas Nitro Noir, dedicada a la novela negra y Habitaciones Propias, que, inspirada en el ensayo clásico de Virginia Woolf, está dedicada a libros escritos por mujeres).
Mauricio Bares y Lilia Barajas, en entrevista, nos hablan de esta editorial, de sus retos, de la librería que abrieron en Un paseo por los libros (en el Pasaje Zócalo-Pino Suárez del metro), así como de la importancia de las redes sociales en la difusión de su proyecto, uno de los más sólidos en el ámbito de las editoriales independientes.
–La historia de Nitro/Press se divide en dos momentos, el primero de 1997 a 2004 y el segundo de 2009 hasta la actualidad. Mauricio, ¿qué nos puede decir de la primera época de Nitro/Press? ¿Quiénes participaron en esa primera etapa y qué provocó que terminara?
–Estábamos viviendo el cambio de década, de siglo y de milenio. Se vislumbraban cambios drásticos debidos al internet, el celular, la cirugía estética. Se cuestionaba si el ser humano se “echaría a perder” o si éramos algo imperfecto que urgía mejorar. Quise reflexionar sobre todo esto con el espectro más amplio posible, a través de cinco números de la revista Nitro, siete libros, los tres números de la video-revista Glycerina, una colección de arte postal y una de calcomanías, así como de una página de internet que era una propuesta artística —más que comercial— en sí misma. Nos fue muy bien, agotamos casi todo nuestro material. Como suele suceder, había un grupo muy entusiasta integrado por René Velázquez de León, Antonio Arango, Héctor Ballesteros, Víctor Hugo Rivera, Héctor Rodríguez, y varios amigos más, pero siempre debe haber alguien coordinando todo y asumiendo responsabilidades, y pronto me di cuenta de que me tocaba hacerlo a mí.
La terminación de esa etapa se entiende mejor con el inicio de la segunda, en 2009, cuando encontramos muchísimos más autores (que en la primera etapa eran unos jovencitos), también más facilidades de contactarlos gracias al internet y las redes sociales. Más librerías, más editoriales independientes, más espacios ganados por estas en ferias de libro como los pabellones de independientes en las ferias del Zócalo y Guadalajara. Varios encuentros de escritores y editores independientes, algunos todavía vigentes. Y más facilidades de distribución gracias a un mayor sistema de paquetería. Pero, sobre todo, un público afín a nuestras propuestas cada vez más numeroso. Todo esto se hallaba en pañales o era inexistente durante la primera etapa.
–Lilia, tengo entendido que usted se incorpora en 2009 a la editorial. ¿Cuál podría ser, resumido, su balance de este tiempo como Directora Creativa de Nitro/Press? ¿Cuáles han sido los proyectos más arriesgados y los más exitosos que han emprendido?
–Había hecho algunas colaboraciones antes de incorporarme formalmente a la editorial. Ya dentro mi objetivo principal fue hacer una empresa cultural rentable, pues decidimos renunciar a nuestros trabajos formales y dejar de ver a la editorial como un hobby, porque a partir de ese momento iba a ser nuestro trabajo de tiempo completo. Una de mis principales tareas fue hacer que nuestras ediciones fueran llamativas y bien cuidadas tanto en contenido, imagen y producción, porque tenía muy claro que la competencia en librerías es muy grande. A lo largo de estos años hemos logrado tener una identidad propia y el público nos identifica como una editorial con ediciones bonitas, de buena calidad y a un bajo costo.
Los proyectos más arriesgados han sido las colecciones NitroNoir y Habitaciones Propias, pues la gran mayoría de los autoras y autores son noveles o del interior de país, que no han podido colocarse en la vorágine comercial del mercado y eso los hace invisibles para la mayoría del público que está acostumbrado a que la mercadotecnia les diga qué leer, así que fue todo un reto crear la imagen de ambas colecciones, el resultado fue bien recibido y estas colecciones han crecido mucho en los últimos años.
–Mauricio, ¿cómo combina usted su carrera como escritor con la de editor? ¿En qué medida son compatibles, cuando ambas requieren una gran dedicación?
–En efecto son incompatibles. Es muy complicado, luego de leer textos y lidiar con autores todo el día, decir: ahora me voy a sentar a escribir. Por ahora, mi prioridad es la editorial porque de ella dependemos económicamente varias personas. En lo que me han resultado muy compatibles es en la lucha contra la página. Tuve la fortuna de comenzar a escribir y editar prácticamente al mismo tiempo en una revista estudiantil que se llamaba La Rana, en el CCH Sur. Tallereábamos concienzudamente los textos siempre con el fin de que quedaran lo mejor posible para su publicación. Realmente esa fue mi mejor escuela. Todo lo aprendido al escribir, me sirve al momento de editar. Y viceversa.
–Lilia, ¿qué significa para ustedes ser independientes?, ¿cuáles son los retos y recompensas? ¿Han tenido algún apoyo del Estado?
–Creo que el adjetivo se ha utilizado mal, pues en general todas las editoriales, chicas, medianas y grandes son independientes, es decir, siguen sus criterios para publicar libros, igual que nosotros. La diferencia es que como pequeña editorial estos criterios cambian mucho. No tenemos un aparato mercadológico que nos de línea para decidir qué es lo que se publica, no seguimos modas, ni tendencias, particularmente nos importan más las letras que los números, eso no significa que los descuidemos, ya que debemos tener finanzas sanas para seguir funcionando. Creo que lo más satisfactorio de tener una editorial pequeña es que solo un par de personas deciden lo que se va a publicar y la viabilidad de cada proyecto, no estás presionada por el mercado, publicas lo que te gusta y lo que sabes que tiene calidad y merece que otros lo conozcan, te entusiasma compartirlo con los demás.
–Mauricio, ¿cómo seleccionan a sus autores, qué hace que apuesten por ellos? ¿Qué importancia les dan a las jóvenes generaciones? ¿Cuáles serían los autores o autoras jóvenes más destacados de los que han publicado?
–Nos interesan los autores con una visión franca y directa capaces de encontrar una poética acorde. El resultado, desde luego, será una literatura robusta y sin concesiones, distante del preciosismo que caracteriza a nuestro medio literario. Por diferentes razones, es más común encontrar autores así entre las generaciones más jóvenes, de donde hemos publicado unos doscientos gracias a nuestras antologías. Hasta ahora, la autora más destacada, sin duda, es Elma Correa, flamante ganadora del Premio Biblioteca Breve, a quien le publicamos su primer libro, Que parezca un accidente, el cual también es de los más vendidos de la editorial. Pero hay otros más con premios importantes como Omar Delgado, Aldo Rosales Velázquez, Edgar Contreras, Sylvia Arvizu, Eve Gil, Sylvia Aguilar Zéleny, los argentinos Nicolás Ferraro y Kike Ferrari (“el escritor del subte”), y autores como Alejandro Espinosa Fuentes y Víctor Santana, que pronto darán de qué hablar.
–Lilia, ¿cuáles son sus nuevos proyectos que tienen, qué alianzas tienen o están preparando con editoriales independientes de otros países?
–Estamos proyectando otra colección que abarque los géneros que por mucho tiempo se han considerado menores, y hay un público que no casi no ha sido atendido precisamente porque nunca le han visto una ganancia económica inmediata, pues se consideran de nicho, pero ahora las personas buscan todas esas historias.
Hemos hecho colaboraciones con editoriales chilenas, argentinas y cubanas, hemos dado a conocer en México autores de esos países que antes nadie volteaba a ver, como Gabriela Cabezón Cámara, Kike Ferrari, Nicolás Ferraro que actualmente la están rompiendo a nivel mundial, por el momento tenemos solo un proyecto de fuera que esperemos se pueda concretar al final del año. Es complicado para una editorial como la nuestra traer a cualquier autor acá, y eso es importante porque, como dice el dicho, “Santo que no es visto, no es adorado”, por lo que nos estamos enfocando en autores nacionales, que también hay muchos y muy buenos que solo necesitan a alguien que los acompañe en esta labor tan loable pero que no tiene muchas retribuciones económicas.
–Mauricio, para usted: ¿qué significa ser editor independiente? ¿Cómo ve el panorama de las editoriales independientes en México? ¿Cuáles son los principales obstáculos a los que se enfrentan?
–El término “independiente” suele asociarse con lo económico, cuando desde mediados de los ochenta hubo editores que se auto nombraron así a partir de sus criterios de selección de obra. Así, si yo no tengo dinero, lo buscaré donde sea, pero voy a publicar solo aquello que me parezca tener un valor cultural, nada de modas ni de tendencias comerciales, nada de best sellers que nos ayuden a “capitalizarnos”. Para ello empleamos estrategias como la elaboración de libretas con portadas vistosas y la venta de parafernalia lectora como separadores, tote bags, etcétera; es decir, nada que afecte a la configuración del catálogo. Dicho esto, el panorama es negrísimo. Y la pandemia vino a empeorarlo, pues varias editoriales quedaron sumamente mermadas. Algunas cambiaron de giro (hacia la historieta o la auto publicación), otras bajaron su producción, y otras casi han desaparecido. Sin embargo, ahí viene un nuevo grupito de editores jóvenes dispuestos a ganarse un lugar. Y aquí estamos para echarles una mano.
–Lilia, ¿podría hablarnos, por último, de la librería que abrieron en el Pasaje Zócalo-Pino Suárez del Metro? ¿Cómo ha sido su experiencia en este sentido? ¿Qué importancia tiene dentro de su proyecto editorial y qué importancia les dan a las redes sociales?
–La librería tiene apenas un año y meses, no es fácil apostar por este emprendimiento, nos hemos aferrado a no desistir, porque el año anterior fueron puros número rojos y es difícil sostener un negocio así, los gastos fijos te matan, pero para cualquier editorial es importante tener un punto de venta donde se puedan conseguir cualquier libro del catálogo, al menos así lo pensamos. Esperemos cerrar este año con números negros. Las redes sociales son fundamentales para cualquier negocio, las personas están muy influenciadas por ellas y tienes que estar ahí sí o sí, porque si no, es como si no existieras, creamos contenido periódicamente, anunciamos nuestra novedades, actividades, ofertas, puntos de venta, nuestra asistencia a ferias, realmente no sabes el impacto real que tienen, pero la las personas deben verte, ver que trabajas, que estás presente, que te tomas el tiempo para ofrecerles una oferta cultural y ellos puedan elegir, personalmente no me fio mucho del balance que hace, pero eso no importa, hay que estar y ahí estamos.
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