martes, 9 de junio de 2026

Nueva traducción de Adan Kovacsics: la última novela de László Krasznahorkai

Con firma de Fernando Chávez Espinach, la siguiente nota, publicada en La Nación, de Costa Rica, el pasado 27 de mayo, refleja el interés despertado por la última novela traducida del último premio Nobel. En la bajada, se lee: "El nobel László Krasznahorkai publica en español Herscht 07769, una monumental radiografía sobre el colapso europeo escrita en una sola frase continua.

El truco literario del nobel László Krasznahorkai que desafía las reglas de la escritura una vez más

La obra del reciente Nobel de Literatura László Krasznahorkai acaba de sumar un nuevo título en español. La editorial Acantilado publicó Herscht 07769, una de las novelas más ambiciosas y comentadas del escritor húngaro, traducida por Adan Kovacsics, quien ha traído al castellano la mayor parte de su obra.

La aparición del libro llega pocos meses después de que Krasznahorkai recibiera el Premio Nobel de Literatura 2025, reconocimiento que consolidó internacionalmente a un autor considerado desde hace años una figura central de la narrativa europea contemporánea.

Su obra, célebre por las frases extensas, la densidad filosófica y una visión inquietante de la civilización moderna, ha sido asociada con cineastas como Béla Tarr, quien adaptó varias de sus novelas al cine, incluida Sátántangó.

Herscht 07769 continúa varias de las obsesiones del escritor: el colapso moral, la fragilidad del orden social y la sensación persistente de que algo está a punto de derrumbarse. La novela se sitúa en Kana, un pequeño pueblo de Turingia donde un grupo neonazi altera la vida cotidiana de la comunidad.

Allí vive Florian Herscht, un huérfano ingenuo y obsesivo que comienza a escribir cartas a la entonces canciller alemana Angela Merkel para advertirle sobre una inminente catástrofe universal.

La música de Johann Sebastian Bach aparece como una especie de refugio espiritual dentro de una narración atravesada por la paranoia, la violencia y el deterioro social. Todo ello desemboca en una historia donde también irrumpen misteriosos lobos en las afueras del bosque, reforzando la atmósfera casi apocalíptica de la novela, anuncia la editorial.

Uno de los rasgos más comentados del libro es su estructura formal: Krasznahorkai construye prácticamente toda la novela en una sola frase continua, sin puntos finales, en un flujo narrativo que busca transmitir caos, pensamiento y ansiedad.ç

La publicación en español también reafirma la relación de larga data entre Acantilado y el autor húngaro. La editorial ha publicado títulos fundamentales de su trayectoria, entre ellos Melancolía de la resistencia, Guerra y guerra y El barón Wenckheim vuelve a casa.

Más que una novela política en sentido convencional, Herscht 07769 elabora una radiografía del desconcierto contemporáneo: extremismos, miedo ambiental, aislamiento y una sensación de crisis permanente que atraviesa la vida cotidiana europea.




lunes, 8 de junio de 2026

"Otro problema es la injerencia cada vez mayor de los algoritmos en la decisión de lo que publican las grandes editoriales"

"El mítico editor y agente literario de 80 años, hoy dedicado en España a la consultoría de escritores, diagnostica los problemas de la industria del libro, analiza la mega-concentración editorial, el peso de los algoritmos y el rol de las editoriales independientes. Los cambios urgentes que habría que hacer." Tal es la bajada de la entrevista realizada por Patricio Féminis a Guillermo Schavelzon, publicada el pasado 20 de mayo en la sección de cultura del diario Tiempo Argentino.

“Hay que cambiar el modelo de negocio del libro”

Son las 9 am y el ex editor y agente literario Guillermo Schavelzon, de 80 años, ya planea actividades sobre el mundo editorial: “Llevo dos horas trabajando. Todavía tengo jet lag”, sonríe. “Willie”, como le dicen los amigos, es una figura fundamental de la edición de libros en Argentina: se inició en la legendaria editorial Jorge Álvarez, fundó Galerna y se exilió en México; luego trabajó para editoriales españolas como Alfaguara y en los ‘90 fue gerente de Planeta Argentina. Entonces dio un giro y se convirtió en agente literario, luego en consultor y vive en Barcelona hace veinticinco años. ¿Cómo fue su fugaz regreso a Buenos Aires?

Habló tres veces en la 50º Feria Internacional del Libro (“que tiene una magia y un interés de la gente que no es común en el mundo”) y brindó la charla “El ecosistema editorial de hoy. Lo que ya no funciona y los cambios que necesitamos”, para la web de noticias editoriales Señalador y la editorial Ampersand en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA): lo entrevistó el director general de Siglo XXI Editores, Carlos Díaz, y Schavelzon dijo: “Con las crisis económicas en Argentina, los editores argentinos dejaron de jugar fuerte en el mercado internacional de los derechos de autor”.

Schavelzon y Díaz reflexionaron sobre los cambios en la industria del libro y abordaron desafíos y caminos de salida en momentos de crisis, además de describir la mega-concentración editorial y el rol de las editoriales independientes. Al día siguiente, a las 9, Schavelzon -de cabello corto blanco, bigote y anteojos- profundiza su diagnóstico junto a Tiempo Argentino: “En la cadena de valor del libro -el autor, el traductor, el corrector, el editor, el diseñador, la fabricación, la distribución, la librería y el lector- todos están en crisis. El autor está ganando poco, el lector está pagando un sobreprecio por el libro y hoy hay una devolución en el mundo de entre un 40 y un 50 por ciento de los libros que se fabrican”.

Y eso tiene dos problemas: “El primero es la huella de carbono que se produce -dice Schavelzon-. O sea, el libro tiene el doble de logística porque no se vende. Y el segundo es un problema financiero: el libro vuelve sin ningún rendimiento. El derecho de devolución no fortaleció a las librerías, que siguen siendo débiles, aunque si ese derecho no existiera cerraría la mayoría. Hoy, el derecho la devolución es utilizada para que las grandes editoriales comerciales decidan qué venden las librerías y eso las uniformiza. Y estos problemas llevaron a la gran aceleración de rotación de los libros. A eso hay que cambiarlo”.

Schavelzon abre otro foco: “En los años ‘70 se fabricaban en Argentina 50 millones de libros. Hoy se fabrica la misma cantidad, pero la población es el doble. ¿Cómo se sostiene esto? Se multiplicó por cuatro el número de títulos y se bajó por cuatro el tiraje de cada libro. Antes se hacía un promedio de 10.000 ejemplares por título y la mitad se exportaba. Hoy se hace 1.500 por título. ¿Esto qué implica? La pérdida de rentabilidad de todo el circuito: las editoriales pierden dinero. Además, a las independientes les cuesta consolidarse y son castigadas por las grandes editoriales a través del descuento: si las librerías compran más les dan más descuento, pero las más chicas compran poco y la fragilidad es brutal”.

Y en Argentina “el cambio es mucho más urgente que en España -sabe Schavelzon-, porque el editor y el librero español tienen acceso al crédito y pedir dinero a un banco cuesta menos del 3 por ciento anual: solicitar financiamiento es sostenible. Eso no pasa en la Argentina. Entonces, hay que cambiar el modelo de negocio del libro y eso se hace con el consenso de los distintos sectores: las editoriales ganarían un 30 por ciento más. La sobreproducción es una bola de nieve espantosa. Yo estoy convencido de que las grandes editoriales serían las primeras en hacerlo, porque trabajan como locas pero ganan poco o dependen de que haya una coyuntura de consumo floreciente. Y estos son períodos de altibajos económicos”.

Otro problema que ve Schavelzon es la injerencia cada vez mayor de los algoritmos en la decisión de lo que publican las grandes editoriales. “Hasta hace veinte años, los libros se publicaban por el olfato del editor o de la editora, y de cada diez libros publicados tenía éxito uno -dice-. Ahora la información algorítmica es tan agobiante, tan clara y tan definida, que ha reemplazado la capacidad de decisión del editor. Y lo que dice el algoritmo no es lo que la gente quiere leer: es lo que se vendió. La inteligencia artificial es una herramienta poderosísima que nos puede ayudar mucho, pero difícilmente reemplace totalmente la capacidad de control sobre el lector. Veremos qué pasa en el futuro”.

Schavelzon y Díaz
Schavelzon conoce la dificultad de los editores locales para insertar a los libros en el mercado internacional: “Desde los negocios son muy pocos los que miraron a la Argentina como si estuvieran sentados en Londres. Pero si podés ver el negocio del libro desde afuera, no importa dónde estás. Entonces, hay que utilizar ese talento editorial y de diseño para imaginar productos para todo el mundo. Hoy, en que la población se duplicó y no se exporta nada, se produce una situación asfixiante. Y los libros no deberían hacerse sólo para el propio país. Los cambios se generan cuando las cosas están mal: hoy es una buena oportunidad”.

En lo que concierne a exportación de libros también pesa el rol -presente o ausente- del Estado: “El Programa Sur, algoritmos de decisión de Cancillería, hizo que se produjeran 2.000 o 3.000 libros de autores argentinos en todo el mundo, en todos los idiomas. El programa aún existe, pero con un presupuesto ridículo y se acabó la traducción. Y que se traduzca a escritores argentinos no es sólo importante: es una estrategia nacional”, concibe Schavelzon. ¿Qué piensa, a la vez de la concentración editorial en el mercado español? “Es brutal, pero las ventas de los dos grandes grupos -Planeta y Penguin Random House- son menos de la mitad del total, y la otra mitad, 3.000 millones de euros anuales, está en manos de editoriales independientes”.

El mercado español “es muy maduro, muy estable, con una situación económica que permite financiarse a unos costos muy razonables. Pero también ellos enfrentan este problema de la devolución”, dice Schavelzon. Hoy ya no trabaja en Barcelona como agente literario, y también dejó su rol de asesor en la venta de derechos de novelas a cine y televisión: se dedica a la consultoría para autores. ¿Qué extraña de la agencia? “La relación con los escritores. Me desentendí del trabajo administrativo de la agencia literaria, que es la parte oculta del iceberg. A la oficina la dirige Bárbara Graham y le va muy bien”.

En su rol actual de consultor para escritores, ¿qué tareas abarca Schavelzon? “Ellos tienen una enorme cantidad de problemas que yo les ayudo a resolver. ¿Qué es lo que yo aporto? Conocimiento del negocio y sentido común”, define. ¿Cuál es uno de los problemas acuciantes que los escritores tienen que resolver? “Los contratos firmados sin leer -prosigue Schavelzon-: eso implica que el escritor cede una cantidad de derechos, que van desde la traducción hasta una gran variedad de posibilidades que tiene una obra. La máxima posibilidad es la adaptación al cine y televisión”.

Y esa instancia “implica que los escritores puedan vivir de su trabajo. Ningún escritor mediano, en el mundo, vive de las regalías por ventas de derechos de autor. Pero si no desarrolla esos otros aprovechamientos de su obra no obtiene esos ingresos”, dice. Y amplía: “Para los autores con los que yo trabajo, que en la jerga llamamos la ‘mid list’, vender una novela para un medio audiovisual puede implicar más o menos como vender 50.000 ejemplares de un libro: la realidad cambia brutalmente. ¿Y cuántas novelas llegan a vender 50.000 ejemplares? Muy pocas”.

¿Qué satisfacciones le dio a Schavelzon haberse volcado, hasta hace siete años, a las adaptaciones de libros al cine y la televisión? “Recibí muchas enseñanzas -siente-. Pero los escritores no suelen estar conformes con la adaptación de su libro a una película o una serie: tienen que entender que ambas cosas no son la versión audiovisual de una novela. Es una obra del guionista, de un productor y de un director. Son las reglas del juego de este negocio y un modelo diferente”. Es más: “Hoy las producciones audiovisuales no son más una obra absoluta de quien dirige, como estamos acostumbrados los que somos más viejos”.

Aunque Schavelzon no es nostálgico: siempre mira hacia adelante. ¿Cómo imagina sus años futuros en el sector de los libros? “Creo que lo que puedo y debo hacer es lo que estoy haciendo, que es tratar de rescatar algo de la experiencia y de la tradición para que la gente que empieza en el mundo editorial no arranque de cero. A mí me interesa ayudar a quienes entran al mundo de la edición. Ese es mi objetivo central. El mundo de las multinacionales del libro es muy duro, pero se puede trabajar para cambiar las cosas”.

domingo, 7 de junio de 2026

La Inteligencia Artificial y los protocolos panhispánicos; o sea, vaya uno a saber qué chantada

El 27 de mayo pasado, el diario InfoBAE publicó sin firma el siguiente artículo sobre la posición que ha adoptado la RAE a propósito de la Inteligencia Artificial. 

La RAE hace propios los desafíos de adaptar la IA al español

La Real Academia Española ha identificado a la inteligencia artificial como “el gran reto de nuestro tiempo”, según declaró Santiago Muñoz Machado en las jornadas preparatorias de la III Convención de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible, que se celebrará en octubre en la ciudad argentina de La Plata. Estas jornadas preparatorias han marcado el inicio de un programa estratégico que coloca la adaptación y supervisión de la IA en el uso del español como prioridad, al subrayar la inminente hegemonía de las herramientas automatizadas en la comunicación pública.

El lanzamiento de dos proyectos editoriales clave para la industria lexicográfica hispana: el Diccionario fácil de la lengua española, diseñado bajo los principios de lectura fácil e inclusión, y el Diccionario esencial en lenguaje claro, que reunirá entre 6 mil y 7 mil términos de uso común.

El acto ha contado con la participación de representantes institucionales, académicos y expertos en tecnología del lenguaje de toda Iberoamérica; entre ellos Rafael Felipe Oteriño, presidente de la Academia Argentina de Letras. Durante dos días, las ponencias se han centrado en la integración de la IA en la mejora de la accesibilidad lingüística, la optimización del procesamiento del lenguaje natural y la adaptación automática de textos para usuarios con distintas capacidades cognitivas. Destaca la presentación del Observatorio de Neologismos, una herramienta impulsada desde el proyecto LEIA, que monitoriza diariamente cerca de 1 millón de palabras extraídas de medios digitales para detectar nuevos usos permanentes en español.

Protocolos panhispánicos para validar la IA
Uno de los puntos destacados de estas jornadas ha sido la intervención de Francisco Marcos-Marín, director en funciones del Research Institute of United States Spanish (RIUSS), quien ha reivindicado la urgencia de dotar a la IA de protocolos panhispánicos de validación. Su propuesta requiere el uso sistemático de usuarios reales para contrastar y evitar errores o “alucinaciones de los modelos automáticos”. Marcos-Marín ha resumido su postura en una consigna de agenda institucional: “La Administración debe pasar de publicar a comunicar".

La visita institucional ha dado visibilidad a proyectos académicos con vocación aplicada: desde la Universidad de Alicante, Isabel Espinosa Zaragoza ha expuesto avances en la adaptación automática de textos orientados a la accesibilidad de personas con discapacidad cognitiva. Por parte de la Universidad Politécnica de Madrid, Mari Carmen Suárez de Figueroa ha detallado desarrollos en lectura fácil automática. Cecilio Garriga, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad Nacional de Colombia, ha presentado MarIATerm, un asistente lexicográfico basado en IA con funcionalidad de acceso ciudadano a terminología especializada.

La Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), organismo internacional de cooperación, representada por Ana Paula Laborinho, ha delineado directrices para una inteligencia artificial ética, inclusiva y lingüísticamente variada. El énfasis de la OEI se ha colocado en el alineamiento con principios de servicio comunitario y diversidad.

Español y legado digital: posicionamiento de la industria ante la IA

Durante la sesión temática sobre IA y tecnología del lenguaje, empresas y organismos han subrayado el papel del español como "vector cultural de 600 millones de personas", en palabras de Josetxo Soria, responsable de relaciones institucionales y públicas de inteligencia artificial de Google. Soria ha indicado que la transformación digital impulsada por IA supone una “revolución de gran calado” y ha afirmado que Google mantiene su compromiso con el idioma como patrimonio global: “Queremos cimentar ese desarrollo con un uso correcto del español en el mundo”.

En el plano operativo, han tomado la palabra representantes de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, la Universidad Carlos III de Madrid, la Universidad Complutense y la UNED, exponiendo líneas de trabajo en procesamiento de lenguaje natural, sistemas de pregunta-respuesta supervisados y visores terminológicos para captar tendencias léxicas y tecnológicas.

El bloque de innovación ha culminado con la intervención simbólica de un sistema automatizado de IA, programado para conversar en directo con la académica Asunción Gómez-Pérez. El sistema ha enfatizado su rol como soporte activo para mejorar la comprensión y adaptación del español: “Hoy puedo sugerir correcciones, ofrecer respuestas rápidas y herramientas para que el español se entienda como hasta ahora y os permita comunicaros”. La secuencia ha cerrado con la frase: “Bienvenidos al futuro del español; uno en el que nos entendemos aún mejor”.

jueves, 4 de junio de 2026

Granta pone en juego su prestigio publicando un cuento sospechado de haber sido escrito con IA

Jamir Nazir
El pasado 23 de mayo, Daniel Gigena publicó en el diario La Nación, de Buenos Aires, un artículo que da cuenta del escándalo generado por un cuento ganador de un concurso organizado por la Fundación Commonwealth y publicado por la revista Granta, sospechado de haber sido escrito con inteligencia artificial. En la bajada se lee: "Tras la denuncia, esta semana, la Fundación Commonwealth, organizadora del certamen, y la revista Granta, que publica las obras ganadoras, emitieron sendos comunicados dando explicaciones por la acusación sobre la supuesta autoría del caribeño Jamir Nazir".

Sospechan que premiaron textos escritos con IA en un concurso anglosajón de cuentos publicados por Granta

Después de que editores y lectores denunciaran que al menos uno de los cinco cuentos premiados en el concurso de cuento organizado por la Fundación Commonwealth, que se publican en la revista británica Granta, había sido escrito con herramientas de inteligencia artificial (IA), autoridades de la fundación y de la revista salieron a dar explicaciones. La sospecha recayó sobre el relato “The Serpent in the Groove” [La serpiente en la arboleda], del trinitense Jamir Nazir (ganador de la región del Caribe), por el uso de metáforas y comparaciones incoherentes, estructuras coordinativas repetitivas (“no era esto, sino aquello; no solo tal cosa, sino además tal otra”) y un tono seudolírico que se asocia con los modelos generativos de IA. La historia transcurre en el ámbito rural de Trinidad y Tobago.

El miércoles, el escritor jamaicano Marlon James, ganador del Premio Booker con la novela Breve historia de siete asesinatos, posteó en su cuenta de Facebook: “Olvídate de la IA por un momento. Un relato ganó un concurso internacional con una frase como esta: ‘La chica sonrió como un amanecer sobre un lavabo’”. Usuarios de detectores automáticos de IA (como Pangram) concluyeron que el cuento premiado había sido “generado en 100% por IA, si bien especialistas consultados por The New York Times afirmaron que estos detectores suelen arrojar “falsos positivos”, en especial en textos literarios.

Pero contactado por el diario El País, el tal Nazir dijo que el relato es solo suyo: “Lo escribí yo. Desde mi infancia he escrito, y eso ha continuado mientras me fue absorbiendo mi vida profesional. Ahora una enfermedad me ha obligado a quedarme en casa, y así retomé la escritura. Vi el anuncio de este concurso y me presenté”. Ahora, agrega: “He aportado pruebas de que efectivamente yo lo escribí”. Y tiene planes de futuro: “Trabajo en otros proyectos, entre ellos la historia de la expulsión forzosa de mi abuelo desde India y su traslado a Trinidad y Tobago. Una historia muy, muy triste”.

De Nazir, solo se conoce la descripción de su biografía publicada en la página web de Granta. Se trataría de “un prolífico poeta y autor, con libros publicados y otros de próxima publicación”, de 63 años. Entre sus obras se encuentra un poemario autopublicado, Night Moon Poems for All Who Have Loved or Dreamed of Love. Del certamen participan autores de los 56 países de la Commonwealth (muchos de ellos son excolonias británicas).

Este jueves, Razmi Farook, director general de la Fundación Commonwealth dio a conocer un comunicado en el que afirma que la entidad “se toma muy en serio las acusaciones de uso de inteligencia artificial contra varios de los autores ganadores” del concurso. “En la medida de lo posible, sin comprometer la integridad artística, hemos tomado medidas para comprender y cuestionar dichas acusaciones, revisando todas las pruebas disponibles. Asimismo, reconocemos que, en este momento, tenemos el deber de respetar las decisiones del jurado independiente de expertos que seleccionó los relatos y de apoyar a todos los autores que participan en el premio”, agrega. El jurado del certamen es anónimo. No obstante, Farook admite que “el rápido desarrollo de la IA plantea desafíos cada vez mayores para la literatura y otras disciplinas creativas”.

“Somos solo una de las muchas organizaciones que se enfrentan a este reto. Mediante una revisión exhaustiva, nos aseguraremos de que se tomen las medidas adecuadas para que nuestro proceso de evaluación pueda hacer frente a la creciente amenaza que la IA supone para la creatividad”, anticipa. Y asegura que velan por trabajo de los “escritores actuales y anteriores del premio”.

“Creemos que es vital reconocer el malestar que sienten todos los involucrados o afectados por el reciente discurso en torno al Premio de Cuento Corto. Ofrecemos nuestro apoyo a nuestros ganadores, escritores preseleccionados, jueces, exalumnos y a la comunidad en general”.

Según Farook, para participar del concurso, los autores deben confirmar que las obras presentadas son de su propia autoría (ninguno dijo que había usado IA). “Hasta que surja una herramienta o un proceso suficiente para detectar de forma fiable el uso de la IA, que además pueda abordar los retos relacionados con el trabajo con ficción inédita, la Fundación y el Premio de Cuento de la Commonwealth deben basarse en el principio de confianza”, sostiene.

Granta también debió dar explicaciones. “Desde 2012, Granta publica en su sitio web los relatos ganadores del Premio de Cuento de la Commonwealth. Los editores de Granta no participaron en la selección de estos relatos, más allá de la corrección de estilo al recibirlos. Este año, se ha especulado con la posibilidad de que algunos relatos hayan sido generados, al menos parcialmente, mediante inteligencia artificial. Nos tomamos muy en serio la acusación de que los autores hayan presentado material que no es de su autoría, pero hasta que no se presenten pruebas concluyentes, mantendremos estos relatos en nuestro sitio web”, se lee en la introducción al cuento cuestionado. Otros dos relatos premiados también están bajo sospecha.

Por otro lado, la editora de Granta, Sigrid Rausing, difundió una carta abierta. “Le mostramos a Claude.ai el artículo y le preguntamos si fue generado por IA”, admite. “La respuesta fue extensa, concluyendo que ‘casi con toda seguridad no fue producida sin la ayuda de un humano’. Sin embargo, finalizó con una nota cautelosa [sobre algunos pasajes]”. Acotó que era posible que se hubiera otorgado “un premio a un caso de plagio de IA; aún no lo sabemos, y quizá nunca lo sepamos”. Por último, encontró “irónico” el uso (por parte de Granta) para detectar si el cuento premiado había sido generado por IA. El comunicado de Rausing fue criticado por lectores y escritores en redes sociales.

Este año, el Grupo Hachette canceló en Estados Unidos el lanzamiento de la primera novela de terror, Shy Girl, de Mia Ballard (cuya existencia fue puesta en duda, al igual que la de Nazir), ante las denuncias de los lectores de que había sido escrita con IA. Días atrás, el director ejecutivo de la cadena de librerías Barnes & Noble, James Daunt, declaró que vendería libros de ficción escritos con IA, “siempre y cuando no se disfrace ni pretenda ser algo que no es, que tenga una calidad esencial y que el lector quiera comprarlo”.



miércoles, 3 de junio de 2026

Por el dinero que le pagan al hijo, Clarice Lispector ya no podrá ser leída en traducciones argentinas

"Editoriales argentinas perdieron los derechos sobre los títulos de la autora de Cerca del corazón salvaje, que ya empezaron a comercializarse por Siruela y DeBolsillo." Tal es la bajada de la nota publicada por Daniel Gigena, en el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 22 de mayo.


La obra de la “icónica y disruptiva” Clarice Lispector pasa a un sello de formato pequeño y precios accesibles del grupo Penguin Random House

Las ediciones en español De este modo, editoriales como Corregidor –donde se publicaron las grandes novelas de la autora en traducciones hechas en la Argentina desde la década de 1970, con La araña– perdieron los derechos. Antes, sus libros salían en El Cuenco de Plata. La noticia se puede leer como otra señal del debilitamiento del sistema editorial argentino en el mercado internacional de derechos de autor.de los libros de la escritora brasileña nacida en Ucrania Clarice Lispector (1920-1977) serán publicadas por el sello DeBolsillo, del megagrupo Penguin Random House (PRH). Tras el acuerdo firmado por el hijo de la autora, el economista y escritor brasileño Paulo Valente, las obras de la autora de Cerca del corazón salvaje -que administra la agencia literaria Carmen Ballcells- seguirán saliendo en el sello español Siruela en formato de tapas duras (trade) y, a partir de este año, en DeBolsillo (con las mismas traducciones de Siruela), de PRH, en un formato más económico de tapas blandas. Ambos tipos de ediciones se comercializarán en el mercado local.

Las ediciones en español de los libros de la escritora brasileña nacida en Ucrania Clarice Lispector (1920-1977) serán publicadas por el sello DeBolsillo, del megagrupo Penguin Random House (PRH). Tras el acuerdo firmado por el hijo de la autora, el economista y escritor brasileño Paulo Valente, las obras de la autora de Cerca del corazón salvaje -que administra la agencia literaria Carmen Ballcells- seguirán saliendo en el sello español Siruela en formato de tapas duras (trade) y, a partir de este año, en DeBolsillo (con las mismas traducciones de Siruela), de PRH, en un formato más económico de tapas blandas. Ambos tipos de ediciones se comercializarán en el mercado local.

De este modo, editoriales como Corregidor –donde se publicaron las grandes novelas de la autora en traducciones hechas en la Argentina desde la década de 1970, con La araña– perdieron los derechos. Antes, sus libros salían en El Cuenco de Plata. La noticia se puede leer como otra señal del debilitamiento del sistema editorial argentino en el mercado internacional de derechos de autor.

Como esto no impacta en los títulos de Lispector lanzados por la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica –entre ellos, el recomendable Todos los cuentos, con traducción de la mexicana de origen brasileño Paula Abramo y prefacio y organización del estadounidense Benjamin Moser (biógrafo de Lispector)– los lectores latinoamericanos podrán optar entre al menos dos versiones de un mismo título.

Desde PRH, confirmaron que la obra de Lispector se publica en colaboración con Siruela, “en un acuerdo para potenciar la circulación de su obra en América Latina en una edición bolsillo de precios accesibles, desde $ 19.999 a $ 39.999” [en Europa, un libro de bolsillo cuesta entre ocho y doce euros]. En las portadas se consignan ambos sellos. “Celebramos a la escritora brasileña más icónica, disruptiva, venerada y atrevida del siglo XX, con la publicación de sus obras completas –remarcan–. Los lectores que lean estos libros por primera vez se encontrarán con una literatura absolutamente moderna, audaz y extraordinariamente sugerente, conocerán a una autora pionera del modernismo y el feminismo en la literatura”. La biblioteca completa de Lispector terminará de publicarse en 2027.

Al tratarse de una coedición con Siruela, en DeBolsillo se usan las traducciones del portugués que circularon en España. El escritor español Basilio Losada tradujo Cerca del corazón salvaje, la profesora española Elena Losada hizo una cuestionada versión de Agua viva, además de Todas las cartas; Cristina Sáenz de Tejada y Juan García Gayo tradujeron Aprendizaje o El libro de los placeres; la argentina exiliada en España Ana Poljak tradujo La hora de la estrella; el argentino Mario Merlino, Un soplo de vida; la uruguaya y Premio Cervantes Cristina Peri Rossi, Elena Losada, García Gayo y los escritores argentinos Marcelo Cohen y Mario Morales colaboraron para la polifónica edición española de Todos los cuentos, y el español Alberto Villalba Rodríguez tradujo la genial novela La pasión según G. H.



martes, 2 de junio de 2026

Canadá, siempre a la vanguardia de lo ilegal

Marçal Font, en su depósito

"Una compañía canadiense ha irrumpido en librerías de todo el mundo comprando miles de ejemplares sin recorrido comercial. Los libreros denuncian que su objetivo es alimentar un algoritmo y deshacerse de los volúmenes." Con esta bajada, comienza el artículo de Pol Pareja, publicado en eldiario.ar, el pasado 23 de mayo.

La misteriosa empresa que compra libros viejos para entrenar a la IA y los destruye: “Es un expolio literario”

El primer pedido le pareció normal, el segundo ya le hizo sospechar. Marçal Font, propietario de la librería de viejo Fènix de Badalona, lleva semanas viendo cómo una misteriosa empresa canadiense le compra libros extraños: principalmente ejemplares en catalán que llevan años en su almacén, todos de no ficción y sin apenas salida comercial.

“Me pueden llegar siete pedidos seguidos del mismo comprador, con un minuto de diferencia entre ellos”, apunta este librero, que sospecha que quien hace las compras es un robot.

No es el único al que le ha ocurrido. Hay una veintena de librerías de viejo en España que también han vendido ejemplares a esta compañía desde finales de abril. Algunas incluso han recibido pedidos de más de mil libros, muchos de ellos descatalogados. Lo mismo está ocurriendo en tiendas de Alemania, EEUU, Nueva Zelanda, Australia…

Los libros elegidos van desde una edición sobre el mundo de los castellers en Granollers (Barcelona) en los años 70, hasta un manual técnico sobre cómo hacer vino, actas de congresos celebrados hace 50 años o dietarios de la Guerra Civil. 

“De media suelen ser libros de unos cinco o diez euros, con poco valor”, apunta Font, “y muchos son prácticamente imposibles de encontrar”.

El sector está desconcertado. ¿Para quién está comprando esta empresa decenas de miles de libros y los hace mandar a un centro logístico de EEUU? ¿Para qué quiere estos ejemplares que llevan años pillando polvo?

Este viernes, otra compañía de Silicon Valley (EEUU) vinculada a la IA ha contactado con una librería de viejo española, que prefiere no revelar su nombre, y le ha planteado un pedido de más de 3.000 libros.

El objetivo, según apuntan diversas fuentes, es entrenar modelos de Inteligencia Artificial (IA) antes de destruir estos volúmenes y reciclar su papel.

La apuesta no es nueva. Una investigación de The Washington Post desveló en enero un proyecto secreto de la startup Anthropic, que opera la herramienta de IA Claude, para “escanear y destruir todos los libros del mundo”, según señalaba un informe interno de la compañía.

 “No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto”, remachaba el documento. 

La estrategia se enmarca en la necesidad de seguir alimentando esta tecnología una vez ya se ha nutrido de toda la información disponible en Internet. 

“Cuando el conocimiento gratuito se agotó, las empresas corrieron a repositorios piratas de e-books para seguir alimentando sus modelos”, explica Xavier Vinaixa, experto en IA y una de las personas que han tirado del hilo de este caso. “El uso de estos recursos desencadenó demandas millonarias por violación de derechos de autor”, añade. 

Las tecnológicas se enfrentaron entonces, explica Vinaixa, a lo que se conoce como el “data wall”: sin textos nuevos, inéditos y largos para entrenar el algoritmo, la IA corría el riesgo de sufrir un estancamiento cognitivo y acabar incluso alimentándose de documentos creados por su propia tecnología. 

La solución que encontraron estas compañías fue comprar en librerías de segunda mano de todo el mundo, normalmente ejemplares totalmente marginales de no ficción.

Un juez federal de EEUU dictaminó que la práctica es legal porque el uso que se hace de los libros es “transformativo”. Es decir, que no sustituye a las obras originales, sino que las emplea para crear algo nuevo: en este caso, un modelo de inteligencia artificial.

El magistrado llegó a comparar el entrenamiento del algoritmo con “enseñar a escribir a estudiantes”.

La práctica, sin embargo, genera rechazo en parte del sector porque implica la destrucción física de los ejemplares para optimizar el proceso: cuando los libros llegan a la planta de procesamiento, se les corta el lomo, las páginas se escanean de forma automatizada y, posteriormente, los volúmenes se trituran para convertirlos en pasta de papel.

Contradicciones en el sector

Los libreros de viejo llevan semanas inmersos en una profunda contradicción: por un lado, nunca habían vendido tantos libros. Por otro, tienen serias dudas sobre el destino de estos ejemplares. Hasta el punto de que han alertado al Ministerio de Cultura de lo que está ocurriendo.

“No somos sólo comerciantes sino que tenemos funciones de preservación, conservación y restauración del patrimonio bibliográfico”, apunta Miguel Ángel Ortega, librero y presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguo.

“Resultaría muy contradictorio que estuviéramos vendiendo libros con la finalidad de destruirlos”.

“Estamos ante una forma de expolio literario”, opina Font, el librero de Badalona, que mientras habla con este periódico recibe otro pedido de la empresa canadiense.

“Estamos viendo el tsunami que viene, creo que las instituciones deben intervenir”.

Font explica que con estas prácticas no se perderá, por ejemplo, lo que publicó Mercè Rodoreda. “Lo que está en riesgo es el libro que explica qué hizo Rodoreda el día que fue a algún lugar”, precisa. “De lo que se alimenta esta IA es de esta literatura secundaria”.

En foros especializados de todo el mundo hay cientos de mensajes de libreros asustados ante un aumento inusual de los pedidos. Los mensajes en Reddit, de libreros americanos, empezaron en enero. Al principal foro de Alemania las dudas llegaron a finales de abril.

“Ayer recibí un pedido (un libro). Lo envié. Durante la noche, recibí diez pedidos distintos, cada uno de un libro, algunos de los cuales eran consecutivos y estaban relacionados temáticamente”, escribe un librero alemán en un foro especializado. 

Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguo, el pasado jueves en Barcelona. Kike Rincón

Las primeras publicaciones versaban sobre si las compras podían ser un timo. Pasadas unas semanas y tras constatar que el dinero llegaba a los vendedores, el debate se ha centrado en quién está comprando miles de volúmenes sin recorrido comercial y por qué lo hace de una manera tan extraña: de manera escalonada y con costes de envío que en ocasiones triplican el precio de un ejemplar. 

“Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre”, alerta Ortega, que define como “perversa” la situación a la que se enfrentan. “Te entran escalofríos si te hacen un gran pedido y no sabes qué ocurrirá con los libros”.

Carlos Hernández, propietario de la librería de viejo Mautalos en Madrid, ha vendido a esta empresa unos 200 libros en el último mes y no es tan pesimista. “Mucha parte de nuestro stock son libros que la gente quiere tirar”, explica por teléfono. “Incluso muchos de los que vendo los recoge gente en los contenedores”.

Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre

La compañía no responde a las preguntas La empresa que está adquiriendo de forma masiva estos libros, Zoom Books, tampoco explica abiertamente cuál es el destino final de estos ejemplares que, en muchos casos, carecen de salida comercial. Formalmente, Zoom Books se dedica al reciclaje y la compraventa de libros, pero la empresa tenía hasta cinco publicaciones en su web sobre comprar ejemplares de segunda mano para alimentar algoritmos de IA y después destruirlos. Los posts también recordaban que a través de su plataforma se cumplían los requisitos legales para hacerlo.

Ninguna de estas publicaciones está ya disponible en la web de Zoom Books, pero esta redacción ha podido acceder a su contenido tras introducir las direcciones en tres modelos de IA —Gemini, ChatGPT y Claude: todos coinciden a la hora de describir el contenido eliminado. 

“Zoom Books es una librería de segunda mano; compramos excedentes y existencias usadas y las revendemos”, explica la empresa en un comunicado remitido a elDiario.es, en el que niega colaborar directamente con Anthropic.

Este periódico preguntó a la compañía si podía confirmar que sus libros no se destruían o se utilizaban para entrenar modelos de IA. También preguntó por las publicaciones eliminadas de la web en las que defendían estas prácticas. 

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“No hacemos comentarios sobre nuestros clientes ni sobre nuestros acuerdos comerciales, que están sujetos a acuerdos de confidencialidad”, se ha limitado a responder la compañía.

lunes, 1 de junio de 2026

Fnac, Grasset y la Biblioteca Nacional

La siguiente es una contratapa aparecida en el diario Página 12, el pasado 22 de mayo, donde el escritor Mario Goloboff (foto), residente en Francia durante muchos años, reflexiona a título estrictamente personal, a propósito del estado de los libros y las editoriales en ese país. 


Primeras observaciones de un mundo cultural en descomposición


Entre las múltiples señales que me han llamado la atención, en este obligatorio retorno a Francia para estar junto a los míos en tiempos de depre y de debilidad, hay tres hechos a distinguir en el campo cultural. Una primera recorrida a la FNAC, fundada por dos militantes de izquierda, Max Théret y André Essel en 1954 para vender y distribuir libros baratos, que se llamó así para significar una Federación Nacional de Achats (compras), fundida ahora con otro gigante del comercio; DARTY, y convertida en un líder europeo de la distribución de bienes culturales, juegos, videojuegos, productos técnicos, electrodomésticos, con más de 1500 locales abiertos en el mundo, 30000 empleados y billones de euros de ventas aquí y allá.

Todo tipo de aquellos productos de la modernidad están en los escaparates de los primeros pisos, y el tercero, reservado como siempre a los libros, abarrota los estantes y las cajas de nuevas y bonitas ediciones de las editoriales famosas y con textos de creación de todo el mundo. Predominan en este campo los franceses naturalmente, los italianos, con nuevos autores, algunos latinoamericanos sin importancia como Isabel Allende, o autores de moda como Leonardo Padura, las buenas escritoras argentinas, como Samanta Schweblin y Mariana Enríquez, y escritores de menor cuantía. También los clásicos rusos, los que han quedado a través del tiempo, pero (y eso también llama la atención, nada nuevo ni interesante de los otrora países socialistas después de más de un cuarto siglo de haber caído los muros. ¿Es que no hay autores después del comunismo? ¿Qué se ha hecho de los poetas y escritores que circul

aban los famosos samizdat y llenaban la boca de Occidente en los años del poder soviético?

El otro fenómeno cultural que ensombrecía Francia a mi llegada es el copamiento por parte de la ultraderecha de la voluminosa Editorial Grasset. El grupo Hachette, propietario de Grasset, acaba de echar a un editor respetado, Olivier Nora, desplazado y reemplazado, en la práctica, por un hombre de la casa, el multimillonario Vincent Bolloré, quien atiende principalmente al ideólogo conservador Alain de Benoist, para el que J. J. Rousseau era un filósofo reaccionario, y a los políticos Jordan Bardella, Philippe de Villiers, Marion Marechal Le Pen y otros de la misma especie. Gisele Sapiro, socióloga y directora de investigaciones del CNRS (Centro Nacional de la Investigación Científica) sostiene en Le Monde, de manera alarmante, que el hecho “no representa solo un epifenómeno de la historia del capitalismo financiero” sino que “amenaza el patrimonio cultural e intelectual de Francia”. Dado el “poder de artillería” del grupo Hachette que no maneja solamente Grasset pero también señoras casas como Fayard, Stock, la mayoría de manuales escolares y el 80% del mercado de edición de África francófona.


Entre los más de doscientos cincuenta autores que se han ido de Grasset en solidaridad con Olivier Nora están Dominique Bona, Jean-Paul Enthoven, Delphine Horvilleur, Bernard-Henri Lévy, Richard Malka, Tania de Montaigne, Michelle Perrot... Y el escritor Dan Franck ha denunciado: “Nosotros vivimos un momento fascista-stalinista”. Firmaron simultáneamente un documento de protesta que entre otras cosas sostenía: “Tenemos un punto en común: rechazamos ser los rehenes de una guerra que persigue imponer el autoritarismo en la cultura y en los medios”.

Si para algo sirve la historia, en este caso es bueno recordar el papel de competitividad que jugó el grupo Hachette en la distribución de la prensa después de la Segunda Guerra Mundial, habiendo tenido ya acusaciones de proximidad con el gobierno de Vichy (más que colaboracionista). No sorprende, pues, que los hechos hayan alcanzado dimensión fuera del hexágono y que haya autores internacionales, como el premio Nobel surcoreana Hans Kang, el islandés Jón Kalman Stéfansson, el multinacional All Smith, hayan adherido a la causa “Olivier Nora”.

Otro hecho que conmueve al mundo cultural francés, y más allá todavía, es la crisis que está viviendo la Biblioteca Nacional Francois Mitterrand, que ocupa 365.000 m2 con sus 15 millones de archivos que tocan todas las disciplinas, 3000 lugares para analizarlos, un cine, 1600 empleados de distinto rango y 1,2 millones de visitantes por año. Pero en el edificio principal de los siete sitios que cubre, incluidos los históricos de la rue Richelieu (IIeme) o del Arsenal (IVeme), no funcionan los ascensores, hay “fugas” a repetición de calefacción, la ventilación y la electricidad está vetusta y no hay conformidad con las normas de circulación de personas con movilidad reducida, señalándose una falta de inversión que se agrava por la ausencia de renovación, lo que llevaría a 500 millones de euros el gasto a contemplar en el futuro inmediato para poner todo en orden. Así “el templo de las bibliotecas parisienses” se viene abajo sin que detengan su caída los sucesivos ministros de cultura ni los cultos presuntos candidatos a las próximas elecciones. 

Creo que las tres observaciones sirven para considerar el estado actual de la cultura en Francia, país que siempre se ha destacado por su potencia en tal terreno.