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miércoles, 16 de septiembre de 2026

Lectores de mentes simples que prefieren historias simples generadas con Inteligencia Artificial

El pasado 14 de septiembre, el diario Clarín, de Buenos Aires, publicó sin firma un artículo donde se revela que los lectores eligen como mejores los textos simples y faltos de matices que se escriben con inteligencia artificial, lo que habla de las fallas en la educación de quienes participaron en el experimento.

Los lectores califican mejor los textos de IA cuando creen que son humanos

Los lectores prefieren las historias creadas por sistemas de inteligencia artificial que las escritas por autores humanos, especialmente cuando creen de forma errónea que las ha redactado una persona real, según han comprobado investigadores de la universidad estadounidense de Villanueva.

Las personas que participaron en los experimentos otorgaron las calificaciones más altas en calidad y en claridad a los textos que fueron generados con inteligencia artificial, y la investigación demostró además que el público tiene grandes dificultades para distinguir entre ambos orígenes.

Según los expertos, la inteligencia artificial atrae más debido a que su estilo es más directo y predecible, a diferencia de la complejidad y de la sutileza propia de la literatura humana, y han señalado que sus hallazgos sugieren un sesgo favorable hacia lo humano. Los resultados del trabajo se han publicado en la revista Judgement and Decision Making.

Para el estudio, se evaluó a participantes adultos de entre 18 y 81 años para determinar si podían distinguir entre relatos cortos escritos por humanos y relatos generados por inteligencia artificial, cómo valoraban la calidad y el atractivo de cada uno, y si podían identificar el contenido generado de forma sintética.

Los investigadores utilizaron tres cuentos cortos de ficción escritos por autores humanos publicados en una revista literaria o colección de cuentos de renombre, junto con tres cuentos cortos generados por uno de los sistemas de inteligencia artificial más populares (el ChatGPT).4

En el primer experimento, se pidió a 1.682 participantes que leyeran una historia y se les dijo, correcta o incorrectamente, que había sido escrita por un humano o por una IA; luego calificaron la calidad de la historia y el grado de interés que les pareció.

En el segundo y tercer experimento, los participantes recibieron una historia escrita por un humano y otra generada por inteligencia artificial, pero no se les informó sobre el origen de las historias, y después de leeTambién se pidió a los participantes que valoraran su experiencia con el uso de plataformas de IA o su experiencia con la literatura de ficción, y los resultados mostraron que las historias generadas por inteligencia artificial recibieron calificaciones más altas que las historias escritas por humanos, sobre todo cuando creyeron que habían sido escritas por humanos.

Los investigadores también descubrieron que los participantes que aseguraron que tenían un mayor dominio de la IA eran más capaces de identificar textos escritos por una de estas herramientas, pero no así los participantes que afirmaron que tenían una mayor experiencia con la literatura.

La investigadora Deena Weisberg, autora principal del estudio del Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales de la Universidad de Villanova, ha apuntado que la escritura generada por IA tiende a ser más clara, más directa y más fácil de procesar, mientras que las historias escritas por humanos suelen ser más sutiles y complejas.



martes, 8 de septiembre de 2026

"El uso sistemático de la inteligencia artificial para traducir genera un empobrecimiento del vocabulario activo"

"El uso sistemático de la IA para traducir genera un empobrecimiento del vocabulario activo." Eso dice la bajada del artículo que, con firma de Delfina Gallo, se publicó en InfoBAE, el
pasado 16 de enero.

El costo cognitivo de delegar la traducción de idiomas a la inteligencia artificial

Durante años, dominar un idioma fue una de las habilidades más valoradas en el mundo corporativo. No solo por la comunicación, sino por lo que implicaba a nivel cognitivo: capacidad de análisis, flexibilidad mental, precisión conceptual y adaptación cultural. Hoy, con la traducción automática al alcance de un clic, esa ventaja parece haberse diluido. Pero lo que estamos perdiendo no es una habilidad técnica, es capital cognitivo.

Como fundadora y directora de una academia de inglés, observo un fenómeno cada vez más frecuente en estudiantes y profesionales: producen textos impecables en otros idiomas, pero tienen enormes dificultades para explicar una idea, argumentar o sostener una conversación sin asistencia. La traducción funciona, el pensamiento no siempre.

Un caso reciente lo ilustra con claridad. Un alumno que recién había ingresado a nuestra academia presentó ciertos trabajos escritos de alto nivel, con vocabulario amplio y estructuras complejas. Al momento de intentar explicarlos de forma oral, la escena fue otra: silencios prolongados, frases inconclusas, frustración. Al finalizar, lo sintetizó con crudeza: “Me doy cuenta de que no sé nada”. No era falta de conocimiento: era falta de ejercicio.

El uso sistemático de la inteligencia artificial para traducir genera un empobrecimiento del vocabulario activo. Comprendemos más de lo que somos capaces de producir. En términos empresariales, es la diferencia entre tener información y saber usarla. El idioma se vuelve pasivo, y con él, la capacidad de construir sentido propio.

Traducir no es un acto mecánico, es tomar decisiones. Elegir entre sinónimos, definir registros, interpretar contextos culturales. Cada elección fortalece habilidades críticas para el liderazgo: claridad conceptual, pensamiento estratégico y sensibilidad comunicacional. Cuando ese proceso se terceriza por completo, se pierde fricción cognitiva. Y sin fricción, no hay aprendizaje profundo.

Esto tiene impacto directo en el mundo del trabajo. Profesionales que “leen” en otros idiomas, pero no pueden negociar, persuadir o presentar ideas con solidez. Equipos que dependen de herramientas para expresarse, reduciendo su autonomía intelectual. Se instala una falsa sensación de competencia lingüística que, en situaciones reales, se desvanece.

No se trata de rechazar la inteligencia artificial. Bien utilizada, es una aliada poderosa para ganar eficiencia. El riesgo aparece cuando reemplaza procesos que deberían entrenarse, especialmente en etapas de formación y desarrollo profesional. La diferencia entre usar IA como apoyo o como sustituto define la calidad del talento que se construye.

En un contexto donde las habilidades blandas, la comunicación efectiva y la capacidad de pensar en entornos complejos son cada vez más valoradas, hablar otro idioma sigue siendo una ventaja competitiva. Pero solo si ese idioma se piensa, no si simplemente se copia.

La pregunta ya no es si usamos inteligencia artificial, sino qué dejamos de entrenar cuando la usamos sin criterio. Y en ese punto, el lenguaje sigue siendo uno de los activos estratégicos más subestimados del capital humano.

jueves, 3 de septiembre de 2026

Los traductores, en primera línea ante el impacto de la IA

"La presidenta de la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes (Asetrad) advierte de una "fuga de cerebros" en el sector ante la reducción de tarifas y plazos asociada al uso de la IA". Tal es la bajada del artículo publicado por Jasmin Gómez Fattah, el pasado 2 de septiembre, en El Mundo, de España.

 "Tener que renunciar a tu profesión por una herramienta que hace tu trabajo de forma mediocre es durísimo"

Menos encargos, menos contratos y más presión para bajar tarifas. Mientras las empresas recurren a estas herramientas para reducir costes y ganar tiempo, los traductores ven cómo desaparecen trabajos que hasta hace poco dependían de su conocimiento y experiencia. Algunos han tenido que aceptar encargos de revisión y posedición por menos dinero y otros han visto cómo se esfuman clientes o proyectos enteros.

"Se está generalizando la creencia errónea de que la IA puede sustituir por completo traductores, correctores e intérpretes. La IA no traduce ni interpreta como un especialista", comenta Rosa Llopis, presidenta de Asetrad y traductora e intérprete de inglés y alemán, en una entrevista con EL MUNDO.

Según un estudio de Asetrad y la Universidad Complutense de Madrid (UCM), el 43,17% de los profesionales asegura que todavía no utiliza la IA y el 36,44% solo recurre a ella ocasionalmente. El informe describe así un sector en plena transición, en el que la preocupación por el impacto de la IA es mucho mayor que su uso habitual.

Alicia Martorell, de 69 años, lleva en la profesión desde 1985, cuando empezó a traducir con maquina de escribir. Ha trabajado en traducción editorial e institucional para agencias y multinacionales. En estas cuatro décadas ha vivido los cambios tecnológicos del sector, que han mejorado la productividad, pero también han reducido el control sobre su trabajo. "El resultado ahora mismo son jornadas infrahumanas que no dan para ganarse la vida, y encima en precario y sin perspectiva de evolución o de futuro", comenta.

De traductor a poseditor
Parte de los encargos que antes consistían en traducir un texto desde cero, ahora llegan a los profesionales después de haber pasado por IA. De esta manera, su trabajo se está desplazando a la posedición, que consiste en contrastar la traducción con el original, corregir errores e incoherencias y asumir la responsabilidad legal por el producto final. Según el informe, el 73,75% de los profesionales en activo realizan encargos de este tipo, es decir, casi tres de cada cuatro, pero solo el 38,83% incluye las posedición entre sus actividades principales.

Este cambio no implica una reducción de la carga de trabajo. Llopis explica que la IA no traduce ni interpreta como una especialista y genera una "falsa confianza" porque resulta ser "muy elocuente" y la gente "confunde fluidez con veracidad". La máquina puede producir un texto gramaticalmente correcto, pero, "cuando no entiende algo inventa" y deja de reflejar lo que dice el original. "Tenemos menos tiempo para hacer ese trabajo y además nos intentan pagar muchísimo menos, pero toda la responsabilidad civil es para nosotros", agrega.

A ese riesgo se suma el de vulnerar la confidencialidad. El artículo 5 de la Ley Orgánica de Protección de Datos obliga a quienes tratan información personal, incluidos los traductores, a protegerla. La presidenta de Asetrad alerta de que, al introducir archivos personales o profesionales en herramientas de IA, entre ellas el traductor de Google o servicios similares, el usuario está cediendo de facto la información que contienen. "No lo entienden en absoluto y sucede más de lo deseable. Es decir, se incumple con esa ley que los profesionales sí estamos obligados a cumplir y demostrar que cumplimos", advierte.

Llopis reclama también corresponsabilidad a las instituciones que utilizan traducciones generadas con IA, ya que, a su juicio, legitiman su uso ante la ciudadanía. Recuerda que, al consultar la web de los fondos europeos Next Generation para buscar terminología de cara a una interpretación, encontró un aviso que indicaba que la versión española de una de las páginas había sido traducida con IA. "La Unión Europea está usando dinero público para utilizar una herramienta que está haciendo peor el trabajo, pero que encima le está quitando el trabajo a los ciudadanos", cuestiona.

Una profesión cualificada que expulsa talento
La precariedad golpea a un colectivo altamente cualificado. El 61,01% de los encuestados tiene un posgrado o un máster y el 21,36%, una licenciatura. Pero la formación no se traduce necesariamente en estabilidad. El 45,99% declara que sus ingresos disminuyeron respecto a 2024 y el 34,06% prevé otra caída en 2026. Para el 29,72%, lo que gana apenas cubre las necesidades básicas, mientras que el 20,61% considera que sus ingresos son insuficientes.

La presidenta de Asetrad habla de una "fuga de cerebros" que afecta a recién graduados, veteranos y, cada vez más, a profesionales de edades intermedias, sobre todo a mujeres que dejaron de dedicarse durante unos años a la traducción porque fueron madres y, al intentar retomar la profesión, se encuentran con estas dificultades. "Tener que renunciar a tu profesión por algo que hace tu trabajo de manera mediocre es durísimo", lamenta.

La incertidumbre aumenta cuanto más se alarga el horizonte profesional. El 23,21% no está seguro de continuar en el sector dentro de dos años, el porcentaje asciende al 41,87% cuando se pregunta por los próximos cinco años y al 43,60% al mirar hasta la jubilación.

Sabela Rodríguez, intérprete de 23 años, se incorporó al mercado laboral en 2025 tras finalizar su máster en Interpretación de Conferencias. Cuenta que muchos compañeros que intentan abrirse camino en la profesión han renunciado a vivir de ella ante la dificultad de conseguir sus primeros encargos. Sabela continúa formándose, tanto en ámbitos complementarios como en otros alejados de la interpretación, por si necesita buscar otra alternativa. "Si el precio a pagar por hacerme un hueco es el de precarizar el sector, prefiero cambiar de trabajo", afirma.

Alicia observa la incertidumbre desde el otro extremo de la vida profesional. A punto de jubilarse, no sabe si lo que está pasando ahora "forma parte de un ciclo o es el apocalipsis". Su retiro le ofrece una salida que no tienen quienes empiezan su trayectoria. "Yo ya no tengo una carrera por delante; me jubilo, mejor o peor, y ya está. Pero mi caso es excepcional, no es la norma", reconoce.

lunes, 10 de agosto de 2026

"Los textos generados por inteligencia artificial eran fáciles de leer y asimilar"


Celeste Sawczuk, en un artículo publicado en InfoBAE, el pasado 7 de agosto, informa sobre una investigación que compara textos generados por humanos y por Inteligencia Artificial. En su bajada se lee: "Una investigación publicada en Judgment and Decision Making comparó relatos cortos de temática similar y midió interés, absorción y calidad percibida. Los generados por ChatGPT obtuvieron valoraciones más altas en ambas dimensiones".

Textos de IA o escritos por humanos: qué halló un estudio al medir la preferencia de los lectores

Un estudio publicado en Judgment and Decision Making halló que relatos generados por inteligencia artificial recibieron mejores valoraciones de calidad y capacidad de absorción que textos escritos por personas en pruebas con lectores adultos.

La doctora Deena Skolnick Weisberg, autora principal del trabajo y profesora de la Universidad Villanova en Pensilvania, sostuvo que ese resultado no vuelve prescindibles a los escritores humanos.

El estudio concluyó que, en sus pruebas, los participantes calificaron mejor los relatos creados con ChatGPT que los escritos por humanos, aunque también tendieron a puntuar más alto los textos cuando creían que su autor era una persona. El trabajo comparó relatos cortos de temática semejante y midió interés, absorción y calidad percibida.

En la primera prueba participaron 1.682 adultos. Cada uno leyó uno de seis relatos cortos. Tres textos habían sido escritos por humanos y tres por ChatGPT. Cada relato generado por inteligencia artificial tenía un tema similar al de uno escrito por una persona.

Los investigadores informaron a los participantes si el relato había sido escrito por un humano o por inteligencia artificial, aunque esa información no siempre era correcta. Después les pidieron evaluar cuán absorbente e interesante les había resultado el texto, además de su calidad.

Quienes leyeron un relato generado por inteligencia artificial le dieron notas más altas en absorción y calidad que quienes recibieron un texto humano. Aun así, la mera etiqueta de autoría también influyó en la percepción de los lectores.

Qué dice el estudio sobre la percepción de la autoría
Los participantes tendieron a valorar mejor los relatos que creían escritos por personas. Weisberg planteó que esa preferencia puede estar ligada a una búsqueda de autenticidad.

Al mismo tiempo, la investigadora señaló que los lectores parecieron preferir en la práctica los textos generados por inteligencia artificial porque eran más fáciles de leer y asimilar. También observó que una actitud más favorable hacia esta tecnología se asoció con notas más altas para los relatos atribuidos a ChatGPT.

“Los sistemas de inteligencia artificial ya pueden generar relatos cortos que se consideran al menos tan buenos como, e incluso mejores que, los escritos por humanos. Debemos actualizar en consecuencia nuestra visión sobre las capacidades de la IA”, la autora resumió en The Guardian.

Qué tan bien distinguen los lectores entre textos humanos y de IA
El equipo realizó dos experimentos adicionales con 905 adultos para medir si podían identificar la autoría. En esas pruebas, cada participante recibió dos relatos del mismo tema, uno humano y otro generado por inteligencia artificial.

En uno de los experimentos, los aciertos rondaron el 40%. En el otro, llegaron al 52%.

A partir de esos resultados, los autores sostuvieron que no hay pruebas generales de que los participantes pudieran distinguir entre relatos escritos por humanos y por inteligencia artificial. El estudio añadió que la experiencia declarada en ficción no mejoró la precisión, mientras que una mayor familiaridad con sistemas de IA sí mostró relación con ese desempeño.

Weisberg señaló además que la escritura producida por inteligencia artificial tiene un estilo propio que puede aprenderse a reconocer con práctica. Lo comparó con la capacidad de identificar la voz particular de distintos autores humanos.

Entre la creatividad humana y las críticas a la inteligencia artificial
Para Deena Skolnick Weisberg, estos resultados obligan a revisar lo que se da por hecho sobre la capacidad de la inteligencia artificial, pero no eliminan el valor de la creación humana. “Quizá tengamos que hacer espacio para novelas generadas por IA y para novelas escritas en conjunto por IA y humanos, pero eso no significa que ya no haya lugar para apreciar el proceso de la creatividad humana”, afirmó.

La investigadora añadió que las personas escriben como forma de expresión, de desafío personal o para dar sentido a sus experiencias. A su juicio, que una máquina produzca relatos parecidos a los humanos no altera esas funciones.

Frente a esa lectura, Luke Kennard, profesor de cine y escritura creativa en la Universidad de Birmingham, cuestionó el costo ético, material y cultural de estos sistemas.

“Como somos humanos, tendemos a personificar la inteligencia artificial y a imaginarla como una especie de robot luminoso con un rostro benigno y neutral, cuando en realidad no es más que código predictivo basado en una enorme base de datos robada de escritura real, alojada físicamente en centros de datos vastos, caros y destructivos, con repercusiones catastróficas para las comunidades de su entorno”, afirmó.

Kennard también rechazó la idea de que la inteligencia artificial sea una herramienta comparable a un corrector ortográfico o un diccionario de sinónimos. Aunque reconoció que puede producir textos coherentes y disfrutables, sostuvo que esa capacidad no justifica, a su juicio, el costo de su desarrollo.