martes, 21 de julio de 2026

"Homero no es un historiador. Lo que hace es contar un gran mito de tradición oral"

Con la locura desatada por La Odisea, el film de Christopher Nolan inspirado en la obra de Homero, proliferan las traducciones de esa obra y de su predecesora La Ilíada, ambas atribuidas al mismo autor mnítico, aun cuando entre una y otra medie un siglo de diferencia. Como suele suceder en estos casos, hay nuevas ediciones y ediciones recuperadas. Tal es el caso de la publicada por Luis Segalá, en 1908, revisada por el traductor en 1927. Ésta última, acaba de ser reeditada en España. La nota sin firma, de La Libertad Digital, da cuenta de ella. El título, por supuesto, es una exageración al gusto de nuestro desdichado presente.

¿Existió realmente la guerra de Troya? La nueva edición inédita de La Ilíada reabre el gran debate

La Ilíada es considerada la obra literaria más antigua de Occidente y, casi tres milenios después de su creación, continúa inspirando novelas, películas y nuevas traducciones. Ahora, la editorial EDAF recupera una edición poco conocida: la revisión que el filólogo Luis Segalá publicó en 1927 y que permanecía eclipsada por su primera traducción de 1908.

En Es la Mañana de Fin de Semana de esRadio, el profesor de Griego Antiguo de la UNED Juan Piquero Rodríguez, responsable del prólogo y las notas de esta edición, explica por qué este texto supone una recuperación relevante. "Generalmente lo que se ha venido reeditando hasta ahora ha sido la primera versión que hizo Segalá en 1908", señala. Sin embargo, años después el propio traductor introdujo numerosos cambios que ahora vuelven a ver la luz.

Una traducción más fiel al mundo griego
La principal diferencia entre ambas versiones está en el tratamiento del propio universo homérico. Mientras la edición de 1908 utilizaba los nombres latinos de los dioses, la revisión de 1927 recupera las denominaciones griegas originales.

"En esta aparecen Zeus y Atenea, en lugar de Júpiter o Minerva", explica Piquero. Además, Segalá incorporó pequeñas aclaraciones para facilitar la lectura y ayudar al lector a identificar quién habla en cada momento, un recurso que hace más accesible un poema de enorme extensión.

El profesor también destaca otra decisión pionera para su época: traducir la obra en prosa. "Fue el primero que se atrevió a hacerlo en español", afirma. Esa elección permitía mantener las repeticiones y fórmulas características de Homero, elementos que muchas traducciones en verso eliminaban por motivos estéticos.

Un libro que sigue marcando la cultura occidental
Más allá de su valor literario, Piquero recuerda que la influencia de La Ilíada sigue presente en buena parte de la cultura occidental. "Si uno no tiene una idea de la mitología griega o de la historia bíblica, difícilmente puede entender gran parte del arte europeo", sostiene.

La huella del poema se extiende desde la pintura hasta la literatura contemporánea o el cine. El especialista recuerda novelas recientes inspiradas en Aquiles y Troya, además de las nuevas adaptaciones cinematográficas dedicadas al universo homérico.
Mucho más que una historia de guerra

Aunque el poema gira en torno al conflicto entre griegos y troyanos, Piquero subraya que su vigencia reside en los grandes temas humanos que aborda. "Hablar de la guerra, más en el mundo en el que vivimos actualmente, sigue siendo algo cotidiano", explica.

Junto a las escenas de combate, el experto destaca algunos de los episodios más conmovedores de la obra. Uno de ellos es la despedida entre Héctor y Andrómaca antes del duelo contra Aquiles. Otro, el encuentro final entre Aquiles y el anciano Príamo, cuando el rey de Troya suplica recuperar el cuerpo de su hijo. "Son probablemente los dos pasajes más conmovedores de toda la obra", asegura.

¿Existió realmente la guerra de Troya?
La base histórica del poema sigue siendo objeto de estudio, aunque Piquero considera que hoy existe un consenso mucho mayor que hace décadas. "Sí parece haber acuerdo en que la guerra de Troya tuvo lugar", afirma. Los hallazgos arqueológicos en la antigua ciudad de Troya y las referencias conservadas en documentos hititas apuntan a que el conflicto narrado por Homero pudo inspirarse en acontecimientos reales ocurridos hacia los siglos XII o XIII antes de Cristo.

Eso sí, el profesor recuerda que el objetivo de Homero nunca fue escribir una crónica histórica. "Homero no es un historiador. Lo que hace es contar un gran mito de tradición oral", resume.

lunes, 20 de julio de 2026

Un poco de números después de la fiesta


"La Cámara Argentina del Libro mostró los números que, según sus afiliados, tuvo el gran encuentro literario en 2026. El protagonismo de la literatura infantil y juvenil en un año que rompió el record de visitantes." Así es la bajada del artículo publicado sin firma en InfoBAE, el pasado 13 de julio.

La Feria del Libro vendió más ejemplares, pero cada comprador gastó menos, según la CAL

La Cámara Argentina del Libro (CAL) publicó su encuesta de ventas de la 50.ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, elaborada junto al Núcleo de Innovación Social (NIS), y el resultado muestra que casi la mitad de los expositores relevados aumentó sus ventas en unidades respecto de 2025. En un año que rompió el record de visitantes - 1.340.000 asistentes- el ticket promedio, informan, subió en pesos pero cayó en términos reales. Y los compradores del exterior registraron el retroceso más pronunciado del informe.

Pueden coexistir dos afirmaciones que parecen contradictorias: casi la mitad de los expositores vendió más libros que en 2025 y, al mismo tiempo, el público mostró mayor sensibilidad al precio y compró títulos más baratos. La respuesta no está en la inflación —el informe de la CAL mide variación en unidades físicas vendidas, no en pesos— sino en que ambas preguntas describen fenómenos distintos. Que el 47,3% de los expositores haya mejorado en volumen significa que dentro de una torta que se redistribuyó, algunos ganaron y otros perdieron. El canal institucional —la compra masiva de las bibliotecas populares a través del Programa Libro % de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip)— explica buena parte de esa mejora entre quienes mejoraron. La demanda del público general, en cambio, se contrajo o se desplazó hacia títulos más económicos.

Qué mide el informe y quiénes respondieron
El estudio se basa en un cuestionario autoadministrado enviado durante mayo de 2026 y respondido por 110 expositores socios de la CAL con al menos dos años de participación consecutiva en la Feria —pero una antigüedad promedio de 18 años—. La encuesta no releva al universo total de expositores del evento. La CAL no es la única entidad que representa al sector: la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) también nuclea actores del mercado del libro.

Los 110 encuestados emplearon en conjunto 556 personas para la atención de sus stands —un promedio de cinco por expositor—, y el 22,7% participó en un stand colectivo integrado en promedio por seis expositores.

Las temáticas más comercializadas
Las obras infantiles, juveniles y educativas lideraron la lista de temáticas con amplia ventaja: el 62,7% de los expositores ofreció títulos de ese segmento. La ficción y temas afines ocupó el segundo lugar con el 41,8%, seguida por biografías, literatura y estudios literarios con el 35,5%. Más atrás aparecieron sociedad y ciencias sociales (26,4%), filosofía y religión (25,5%), novela gráfica y cómics (18,2%), salud y desarrollo personal (20%), historia y arqueología (17,3%), pedagogía y educación (17,3%) y estilos de vida y ocio (11,8%).

La distancia entre el segmento infantojuvenil y el resto —más de 20 puntos porcentuales sobre la ficción— ratifica su posición como el segmento más extendido entre los expositores de la muestra, un patrón que se repite en ediciones anteriores de la Feria.

Ventas al público general: casi la mitad mejoró, pero el comprador cambió su comportamiento
El 47,3% de los expositores declaró que sus ventas al público general aumentaron respecto de 2025; el 28,2% las mantuvo estables y el 24,5% las redujo. Entre quienes crecieron, la mayoría —el 72,5%— lo hizo en un rango de entre 1% y 25%. Un 23,5% logró incrementos de entre 26% y 49%, y apenas un 4% superó el 50% de aumento. Entre quienes retrocedieron, las caídas fueron más acotadas: el 70,4% lo hizo en el rango de 1% a 25%, y ningún expositor registró una baja del 50% o más.

Ese desempeño convive con un cambio de comportamiento del comprador, que el propio informe registra. Más de la mitad de los expositores —el 54,5%— observó una mayor sensibilidad al precio o cambios en las decisiones de compra del público general respecto a 2025. El 35,7% señaló que el principal cambio fue la realización de compras más pequeñas o de títulos más económicos, y el 21,4% detectó mayor cautela e indecisión al elegir. También se registraron referencias a la postergación de compras y a una menor disposición a las adquisiciones impulsivas: un patrón de consumo planificado ante la retracción del poder adquisitivo.

El canal Conabip: el segmento de mayor crecimiento
El Programa Libro % de la Conabip fue el canal con mejor desempeño relativo. Casi el 72% de los encuestados participó del programa tanto en 2025 como en 2026. Entre quienes estuvieron presentes en ambas ediciones, el 54,4% aumentó sus ventas, el 27,8% las mantuvo y el 17,7% las redujo.

Entre quienes crecieron dentro de ese canal, el rango más frecuente fue de entre 1% y 25% (58,1%), aunque un 32,6% lo hizo entre 26% y 49%, y casi un 10% en un 50% o más. Los rangos de caída fueron más heterogéneos: de cada diez expositores que retrocedieron, aproximadamente 4 lo hicieron entre 1% y 25%, 3 entre 26% y 49%, y 2 en un 50% o más.

Jornadas profesionales: el segmento más fragmentado
Las jornadas profesionales presentaron el panorama más dividido del informe. En esa ocasión, el 38,2% de los expositores mantuvo sus ventas, el 32,7% las aumentó y el 29,1% las redujo. De quienes crecieron, uno de cada cuatro lo hizo en un 50% o más. Las caídas también fueron pronunciadas: el 62,5% de los que retrocedieron perdió más del 25%, y más de la mitad de ese grupo cayó un 50% o más.

Las ventas a profesionales locales mostraron una distribución casi en tercios: el 33,6% las consideró mejores o mucho mejores, el 34,5% similares y el 31,8% peores o mucho peores. El segmento internacional tuvo un retroceso más claro: el 43,7% de los expositores declaró que las ventas a profesionales del exterior fueron peores o mucho peores que en 2025, contra solo el 13,6% que las vio mejorar. El 42,7% las evaluó como similares, un dato que se alinea con las menciones sobre escasa afluencia de invitados internacionales registradas.

El ticket promedio: sube en pesos, cae en poder real
En 2026, el ticket promedio fue de $ 28.487, lo que representa un aumento del 23% en términos nominales respecto de 2025, cuando fue de $ 23.156. Al deflactar ese valor por el Índice de Precios al Consumidor —con una inflación interanual de 32,4% entre abril de 2025 y abril de 2026, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC)—, el ticket equivale a $ 21.516 en pesos constantes: una caída del 7,1% en términos reales. Más pesos por compra, pero menos poder adquisitivo detrás de cada transacción.
La agenda que los expositores proyectan hacia adelante

Tras la feria, los encuestados identificaron seis grandes ejes para futuras ediciones. La difusión, el marketing y la captación de público concentraron el 16,9% de las menciones, con énfasis en la necesidad de trabajar con bookfluencers, escuelas, bibliotecas y medios para ampliar la llegada al público objetivo. Los programas y canales profesionales —Conabip, chequelibro, jornadas— sumaron el 14,3%, con la observación de que el segmento institucional creció en volumen y compensó la retracción del consumidor final.

La organización general y la gestión del propio stand compartieron el tercer lugar, con un 13% cada una. Los expositores señalaron que optimizar la distribución de los libros y la selección estratégica del catálogo sirve para mejorar la exhibición.

El gran evento cultural argentino es, también, el momento en que la industria editorial local mide su fuerza. En 2026 hubo mucha gente, visitantes destacados -como el cubano Leonardo Padura y los premios Nobel J.M Coetzee y Mo Yan- y disposición a comprar libros, aun haciendo malabares con el precio. Un espejo de la Argentina.
 

domingo, 19 de julio de 2026

"No vale lo mismo decir 'boludo' que 'pelotudo'. Si le decís 'pelotudo' a un amigo ya te va a mirar de otra manera"

Oscar Conde es poeta, ensayista, filólogo y educador nacido hasce 65 años en la Ciudad de Buenos Aires. Como docente, enseña Literatura y culturas populares en la Universidad Pedagógica Nacional y Lunfardo en la Universidad Nacional de las Artes, y también en el doctorado en Filosofía en la Universidad Nacional de Lanús. La siguiente entrevista, realizada por Maxi Kronenberg, fue publicada por el diario Clarín, de Buenos Aires, el pasado 13 de julio.

¿Por qué decimos “che”, “boludo” o “buenardo”? Oscar Conde revela la historia del lenguaje argentino

“A las palabras se las lleva el viento”, según la creencia popular. Pero, ¿realmente sabemos lo que decimos cuando hablamos “en argentino, en criollo, o en lunfardo”? ¿De dónde nacen las palabras, nuestro lenguaje, nuestro ADN argento, una marca registrada en cualquier parte del mundo? Esas palabras, junto a una innumerable variedad de significados, vocablos y expresiones –algunas ya en desuso– podrán encontrarse en Lenguaje argento (Taurus), el flamante libro de Oscar Conde: docente universitario, ensayista y escritor, miembro de la Academia Argentina de Letras y la Academia Porteña del Lunfardo, entre múltiples facetas.

Su obra recorre la historia del español en la Argentina, desde las hablas del siglo XIX, el impacto que generó la llegada de inmigrantes al país desde 1870 hasta 1930 –principalmente por la llegada de inmigrantes italianos y españoles, también por influencias europeas, americanas, africanas y gauchescas–, en el que analiza los orígenes del lunfardo y también las más recientes creaciones del siglo XXI como “ATR”, “buenardo”, “fantasma” o “fingir demencia”, entre otras palabras surgidas entre los jóvenes.

En diálogo con Clarín, Conde cuenta los pormenores de este libro que dará que hablar –y mucho– en la vida y cotidianidad de los argentinos.

–¿Cómo define Lenguaje argento, su nueva obra?
–Es un libro para un lector culto interesado por conocer las raíces de la variedad de español que hablamos en Argentina. Trato de que sea un libro de divulgación, no es para lingüistas ni especialistas, sino que está destinado para que el lector común le interese la argentinidad y la relación que tiene el lenguaje con la identidad argentina. Intenté presentarlo en tres partes o capítulos para mostrar cómo se hablaba en el siglo XIX antes de la llegada de la inmigración. La primera parte se llama “Las palabras que estaban”. Luego viene “Las palabras que nos trajeron”: qué sucede cuando viene la inmigración y, finalmente, “Las palabras que inventamos”: aquellas que fueron creadas desde que terminó la inmigración hasta estos días.

–¿Qué es el lunfardo?
–Técnicamente, el lunfardo es el argot de la Argentina. ¿Qué quiere decir el argot? Es un vocabulario de registro popular que manejamos todos los argentinos. Su uso no es exclusivo de las personas provenientes de las clases populares, lo usamos y conocemos todos porque, incluso, quien no lo usa, también lo comprende. Es algo que nos compete a todos. También revela un poco, por la manera en que se fue formando el lunfardo a partir de 1870, las capas lingüísticas: los sustratos aborigen y africano que había en ese momento, naturalmente el sustrato español con la lengua de la colonia y luego el lenguaje rural, el gauchesco hasta que, de pronto llega, la inmigración. Su llegada generó el crecimiento brutal de este lenguaje, de este vocabulario.

–¿Cuándo comenzó a ser popular el lunfardo?
–A comienzos del siglo XX ya había una gran variedad de publicaciones, entre ellas, diarios, revistas, folletos que se vendían en los kioscos con poemas, cuentos y relatos que incluían palabras en lunfardo. El diario Crítica hizo del lunfardo una bandera en los primeros cinco años de existencia. Se fundó en 1913, era un diario vespertino y bien popular para el laburante que salía del laburo: compraban el diario, se subían al tranvía y viajaba leyendo durante una hora desde Flores hasta Núñez. La sección de policiales del diario Crítica contenía material del lunfardo. Además, la revista Caras y Caretas tenía columnas de los escritores Fray Mocho, Félix Lima y de otros autores que también usaban el lunfardo. Fue el primer grado trascendental en términos de popularidad. El segundo término se manifestó en las obras de teatro, por el sainete y por el teatro por horas, son obras cortas que por lo general llevaban una matriz o contenido cómico. En esos guiones, el lunfardo estaba a full. También se usaba el cocoliche, que es el habla de transición de los italianos. Luego llegó el tango: con la explosión del tango como canción antes de la época Contursi y Gardel, pero con la explosión de El Zorzal Criollo grabando tangos comenzó una era de 20 años de lunfardo a pleno respecto a las letras del tango. Todo eso confluye para popularizar el lunfardo, ya que la gente lo usaba con vergüenza en los conventillos, dentro de su barra o grupo de amigos o también en ámbitos familiares o cerrados.

–¿Cuándo comenzó el voceo?
–En mi libro están los países donde hablan de “vos”. Hay regiones donde hay fluctuación. En Argentina, prácticamente el cien por ciento de los hablantes hablamos de “vos”. En Uruguay también hay fluctuación: algunos dicen “vos tienes” en lugar de decir “tú tienes”. También dicen “Tú tenés”. Pero, en realidad, el voceo es muy anterior a todo esto: ya existía en el sur de España cuando los españoles llegaron a América. Luego, los conquistadores lo trajeron a América. Se dice que hubo muchos extremeños y andaluces que vinieron al sur de Sudamérica y que habrían traído estas formas del voceo. El voceo en España terminó por desaparecer. Cuando se usaba indicaba algunas diferencias: está el tuteo, el voceo y el ustedeo. Para nosotros, está la creencia de que el voceo es más de confianza y el ustedeo sería lo contrario. En Medellin es al revés: “vos” es de respeto y “usted” se le dice a la mujer o al hijo, es de total confianza. El voceo es muy antiguo, intentaron luchar denodadamente contra esta forma de expresión. El gramático Juan José Moner Sans no era español sino catalán, su lengua era el catalán y no el castellano pero quería imponer a toda costa el español en América. Lo mismo quería hacer Américo Castro: en 1941 escribió el libro “La peculiaridad lingüística rioplatense” y destruyó el modo en que hablan los argentinos diciendo “Qué mal que hablan. Qué horror”. Entonces, Borges le hizo una reseña de dos páginas de su libro y lo destruye. De todos modos, el voceo es algo se venía discutiendo: desde la aristocracia españolizante o hispanófila intentaban erradicarlo al considerarlo una señal de incultura.

–¿Por qué afirma que el lunfardo nos define como argentinos?
–Lo que yo noto es que, a partir del título del libro Lenguaje argento, cuyo título utilizo con total intención la palabra “argento” que es una palabra lunfarda, me parece que en ese modo lúdico, juguetón y pícaro de hablar se condensa mucho de lo que somos y cómo pensamos la vida, de qué manera entendemos que funciona el mundo y sentimos y pensamos qué es la vida. No quiero obligar a nadie, pero cada uno habla como habla. Estuve dando seminarios de maestría en la universidad y el trabajo final consistía en que cada estudiante tenía que entrevistar a 20 personas y preguntarles ciertas cosas. Había que mostrarles una lista de 20 palabras y preguntarles si usaban esa palabra, sabían lo que quiere decir. Algunas palabras las conoce todo el mundo pero otras solamente la sabían los jóvenes o los mayores, según la edad. La gracia del asunto era preguntarles al final: “¿Usted, utiliza el lunfardo”? ¿Conoce palabras lunfardas? “No las uso”, me decían, pero todas las palabras que les pregunté antes son palabras lunfardas. “Ah, no sabía”, respondían.

–Las palabras “che” o “boludo”, juntas o separadas, son términos muy argentino ¿Eso no nos define como argentinos en el mundo?
–A mí no me da alegría que nos reconocieran de esa manera, pero debo admitir que es así. No me alegra que nos reconozcan por la palabra “boludo”. Lo de “che” no es por el Che Guevara, sino porque usábamos antes la palabra “che”, una interjección del sur de España que trajeron los colonizadores. Decían que en mapuche quiere decir “gente” pero es todo mentira, es una interjección para llamar la atención a otro.

–¿Por qué dice en su libro que los argentinos somos todos boludos?
–Es llamativo que todos aceptemos pasivamente. Nuestros mejores amigos nos llaman “boludos”, también nuestras mujeres, maridos, y ese significado lo aguantamos tranquilos. Parece natural pero no podemos olvidarnos lo que quiere decir. En las redes aparecen inventos chinos: decían que la palabra “boludo” tenía que ver con unos soldados que tiraban bolas. Es la idea muy acendrada en Europa, especialmente en Italia. Hay dos ideas relacionadas con los testículos: una es que pueden inflarse y cuando se te inflan ya estás hinchado las pelotas, te enojás. La otra idea es que tipos de testículos grandes, pesados, es una fantasía, nadie lo comprobó nunca, pero el imaginario popular lo asocia a una persona lenta “¿Che, me traés una taza?”. Si, bueno, ahí, voy… y camino lento, despacito. ¿Pero, qué te pasa, te pesan los huevos?” Por eso el término “bolas tristes”, que son bolas caídas, es un insulto. De ahí viene el “boludo” y también el “pelotudo”, que es mucho más fuerte: tiene una potencia, como la hizo notar el gran Fontanarrosa, al punto que no vale lo mismo decir “boludo” que “pelotudo”. Si le decís “pelotudo” a un amigo ya te va a mirar de otra manera.

–¿Por qué hay frases o palabras que se van reinventando o reciclando a través del tiempo mientras otras quedan en desuso?
–Es un misterio, nadie lo sabe. De eso habla el poeta latino Horacio en su libro “Arte poética” cuando se refiera al lenguaje, dice: “las palabras que hoy todos conocemos caerán”. Habla de cómo hay palabras que dejan de usarse y aparecen otras nuevas en su lugar. Pudo percibirlo como poeta, pero normalmente la gente no lo percibe hasta llegar a ser adultos mayores. Por ejemplo, macanudo es una palabra argentina de 1900, pero hoy no se usa de ninguna manera. Mi hija tiene 21 años se me ríe en la cara si me escucha decir “macanudo”.

–¿Cómo nos ven afuera?
–Creo que seduce, tiene algo especial, y no es porque existan argots en todas las lenguas. En las grandes ciudades y capitales del mundo siempre hay argots, es una creación urbana. En Italia hay un argot de Génova, otro de Napoles, también de Sicilia.

–Hay palabras que, con el correr del tiempo, se fueron deformando su significado. Sin embargo, las empleamos diariamente sin saber bien de qué se tratan.
–Ahí está la gracia de la etimología, algo que me fascina. Por eso, termino dedicándome a esto: me fascina saber de dónde vienen las palabras ¿De qué raíz viene? ¿Qué quiere decir esa raíz? Esto comenzó cuando me dedicaba a enseñar griego y latín. Con el tiempo, descubrí que conocer a fondo el significado de las palabras es una manera de enseñar nuestra historia, que nuestra lengua está viva, cambia, se mezcla y se reinventa, y así construir nuestra argentinidad a través del habla.

jueves, 16 de julio de 2026

"El desafío consiste en mantener la esencia del texto original y, al mismo tiempo, lograr que la lectura se sienta natural"

Brenda Ríos
es una excelente escritora mexiana. Además de poesía y ensayo, también realiza traducciones fundamentalmente del portugués. Recientemente fue entrevistada por Milenio-Multimedios. El texto resultante fue luego publicado, el 11 de julio pasado, en Telediario, de Monterrey, México. En la bajada del artículo firmado por Damaris González, se lee: "La traductora literaria revela los desafíos de adaptar matices culturales y emociones de un idioma a otro, y vislumbra el futuro del oficio frente a las nuevas tecnologías."

Brenda Ríos y el arte detrás de la traducción literaria: por qué la Inteligencia Artificial todavía no supera al ojo humano

Detrás de cada libro traducido existe un trabajo que pocas veces llega a los lectores.

El traductor literario no sólo transforma palabras de un idioma a otro: también interpreta el estilo del autor, adapta referencias culturales y busca preservar las emociones que dan vida a una historia.

La traductora literaria Brenda Ríos explicó en entrevista con la plataforma MILENIO-Multimedios que este oficio va mucho más allá de conocer dos idiomas, pues también requiere creatividad y una comprensión profunda de la obra.


"Un traductor literario es una persona que traduce ficción, cuento, novela o poesía. También tiene una parte de creador y eso ayuda a complementar la comprensión del texto literario", explicó la traductora literaria Brenda Ríos durante la entrevista.

La traductora literaria también indicó que cada libro representa un reto distinto, ya que existen expresiones, juegos de palabras y matices que no siempre tienen una equivalencia exacta.

Aseguró, además, que el desafío consiste en mantener la esencia del texto original y, al mismo tiempo, lograr que la lectura se sienta natural para quienes la descubren en otro idioma.

Aunque la inteligencia artificial avanza en este campo, todavía enfrenta dificultades para interpretar contextos, dobles sentidos y la sensibilidad detrás de cada texto.

"(A) la IA todavía me parece que le falta mucho. En el futuro, los traductores vamos a ser revisores de traducción", señaló Ríos.

Gracias a este oficio, obras escritas en distintos idiomas pueden cruzar fronteras y acercar a los lectores a otras culturas, demostrando que traducir también es una forma de conectar historias y personas, así como destinos y conciencias de todo el mundo.





miércoles, 15 de julio de 2026

"La confusión: en equiparar 'interés' con 'ideología'”

Profesor del Departamento de Filologías Hispánica y Clásica de la Universidad de La Rioja, España, Alberto Escalante Varona publicó en The Conversation un artículo sobre la identidad que define a los lectores. El mismo fue levantado por InfoBAE, el pasado 7 de julio. En su bajada se lee: "Las redes sociales y los consumos informativos estrechan la diversidad y fomentan la autoafirmación, mientras crece la tentación de equiparar los libros elegidos con una postura política2.

La identidad lectora, entre la curiosidad intelectual y la presión de pertenecer

En cuanto a gustos lectores, no hay nada establecido. Si leemos, es probable que hablemos de lo que leemos (y de lo que no leemos). Ello parece transmitir qué nos interesa y, muchas veces, asumimos que representa quiénes somos.

Además, en determinados contextos, la presión social nos obliga a opinar. Entrar en las conversaciones culturales públicas sobre literatura requiere tomar partido. Ponemos sobre la mesa nuestra ideología, creencias y pensamiento. Y, lamentablemente, este puede ser un terreno fértil para que florezcan los prejuicios.

Por ejemplo, estoy leyendo un libro sobre la guerra civil española. Mucha gente puede pensar que al hacerlo es porque coincido con la forma que tiene el autor de entender este conflicto, que comparto su ideología. Pero… ¿y si lo hago porque quiero conocer otro punto de vista? ¿Para poder corregirlo, refutarlo o, incluso, incorporarlo al mío?

Dos identidades
Entonces, ¿“somos lo que leemos”? Lo complejo es definir la idea misma de “quiénes somos”. Y ahí reside la confusión: en equiparar “interés” con “ideología”, y en entender que “identidad” es sinónimo de lo que pensamos, no tanto de lo que podríamos llegar a pensar.

Definir qué es la identidad es complejo. A grandes rasgos, es un concepto que se refiere a la perspectiva que tenemos de nosotros mismos como personas. Es decir: nuestros valores, gustos, sentimientos, actitudes individuales y sociales.

La identidad lectora deriva de esto. Puede definirse como la forma en la que nos vemos como lectores: qué ideas y sentimientos nos produce leer, y qué valores y usos le asignamos. Y se basa necesariamente en nuestras prácticas. ¿Qué nos gusta leer y qué no? ¿En nuestros círculos sociales se aceptan esos libros? ¿Qué parte de esa identidad es privada y cuál proyectamos hacia los demás?

Tenemos que tener en cuenta que leer es una acción consciente: para hacerlo, debemos tener predisposición a coger un libro y dedicarle parte de nuestras horas. En un sentido práctico, leemos aquello en lo que nos interesa emplear nuestro limitado tiempo libre.

Sin embargo, la lectura no es solo eso. Implica una curiosidad que determina qué queremos aprender, aunque el tema o el enfoque no encaje con nuestras ideas previas. En ese caso podemos hablar de que tenemos predisposición para coger ese libro, no solo en sentido práctico sino también intelectual.

Igualmente, qué leemos está cada vez más limitado por nuestro entorno mediático. Creemos que lo que encontraremos en él mostrará qué piensan otros, cómo reaccionan, cómo actúan. Pero las redes sociales funcionan antes como “cámara de eco” masiva y descontrolada que como vía de acceso a un conocimiento variado y múltiple. Esto nos encierra en un bucle continuo de autoafirmación. También los medios de comunicación que consumimos consolidan nuestras ideas, sin darnos opción a que recibamos otros puntos de vista. La “cámara de eco” sustituye a la “burbuja de conocimiento”: no ignoramos involuntariamente otras voces, sino que las excluimos activamente.

Por eso, conviene reflexionar sobre si nuestro entorno refleja identidades auténticas o “fachadas”. ¿Es más importante establecer “qué leemos” o “para qué leemos”?

El autor no es nadie sin el receptor
A partir de los años 60 del siglo XX, autores como Roland Barthes y Michel Foucault defendieron la “muerte del autor”. Según ellos, una obra literaria tiene el sentido que los lectores le asignamos, más que el original que le dio su escritor. El escritor Umberto Eco, de hecho, aseguraba que toda obra tiene un “lector modelo”. El autor escribe condicionado por quién va a leer su texto y podrá entenderlo: la literatura se sostiene principalmente sobre interpretaciones externas.

Actualmente, este punto de vista se ha “suavizado” bastante. Es cierto que el valor de una obra literaria depende mucho de cómo se recibe. Pero también que un autor puede escribir con una intención personal, no solo limitado por el contexto y las expectativas. No está tan “muerto” como parecía.

La estética de la recepción parte de estas ideas para ampliarlas. Como lectores, relacionamos los textos que leemos con otros que ya conocemos. Así, nuestra identidad lectora establece un “horizonte” de expectativas. El contenido del texto conectará con ellas y condicionará cómo lo vamos a entender y analizar. No somos agentes “pasivos”, que solo recibimos lo que un autor nos dice. Al contrario, somos miembros “activos” de la conversación literaria.

¿Y qué tiene que ver esto con la identidad? Mucho, en realidad. Porque las expectativas previas nos empujan a querer leer lo que nos interesa. Pero ¿nos interesa solo lo que coincide con nuestro punto de vista, o nuestro “horizonte” es más amplio?

Aquí se juntan dos perspectivas. La primera, que cuantos más puntos de vista adquiramos, más complejas serán las conexiones que podamos establecer entre ellos. Y la segunda, que esto forma parte de nuestra identidad lectora, basada no tanto en qué queremos leer como en que queremos leer. Confundir esas definiciones limita enormemente la riqueza de esta forma de acceder al conocimiento.

La única conformidad de la que partimos es la de leer como acto, no la que podamos tener, o no, con el contenido de lo que leemos.

Cómo entrenar nuestra identidad lectora
Las cámaras de eco preocupan en diferentes ámbitos: la política, la prensa, el entorno familiar. Pero también, y especialmente, en educación. Por ello se busca fomentar la capacidad de los alumnos de decidir autónomamente qué leer, guiándoles para que compartan sus experiencias lectoras.

El objetivo es que ya desde niños desarrollemos la identidad lectora: leer por ocio se debe mezclar con el análisis de otros textos para que, tras trabajar con lo que nos interese, podamos ir ampliando nuestros intereses hacia nuevos libros.

Y esto también se aplica al público adulto. Varios estudios sostienen que las actitudes y valores se estabilizan en torno a los 18-25 años. Pero eso no significa que la inquietud cultural se estanque. Al contrario, puede mantenerse en el tiempo si seguimos abiertos a conocer otras opiniones, aunque no las incorporemos.

Compartir ideas y contrastarlas enriquece el aprendizaje, infantil o adulto. Poco podremos avanzar si nuestra propia postura no es crítica, si nos enrocamos en una única visión sobre los temas de los que conversamos, si culturalmente adoptamos bandos, no posiciones fundamentadas. En definitiva, si nuestra identidad lectora solo coincide con una concepción limitada de nuestra identidad personal.

Por eso es bueno educar con predisposición a conocer lo nuevo, a mantener la curiosidad intelectual que debe sostener el hábito práctico de leer.






martes, 14 de julio de 2026

Entre el proyecto editorial y la empresa

"De paso por Santiago, la cabeza del prestigioso sello editorial repasa el histórico vínculo de la casa barcelonesa con Roberto Bolaño, analiza el mercado del libro en papel y fija su postura frente a la inteligencia artificial." Así dice la bajada de la entrevista de Pablo Retalmal N. con Sandra Ollo, la directora editorial de Acantilado, publicada el pasado 2 de julio, en el diario La Tercera, de Chile.

“El siglo XX en castellano no se puede entender sin los grandes poetas chilenos”

Por estos días, la española Sandra Ollo (48), la editora y directora de la editorial Acantilado, se encuentra de paso por Chile. La casa barcelonesa es uno de los nombres relevantes del mundo editorial en castellano, en cuanto a editoriales independientes se refiere. Junto a otros como Libros del Asteroide, Anagrama o Impedimenta, conforman un interesante ecosistema de autores y títulos que han dado que hablar en el mundo de habla hispana, incluyendo a Latinoamérica.

Fundamentalmente sello de autores europeos y clásicos, en su catálogo se pueden encontrar nombres como Svetlana Aleksiévich, Javier Cercas, Edgardo Cozarinsky, a Natalia Ginzburg, León Tolstoi, Joseph Roth o Stefan Zweig. Pero siempre hay un chileno. En su momento Acantilado publicó dos libros de Jorge Edwards; a Adan Kovacsics, el traductor al castellano de László Krasznahorkai; además de los libros de poesía de Roberto Bolaño. Con ese sello aparecieron, por ejemplo, las primeras ediciones de Los perros románticos (1995) o el notable Tres (2000).

La idea de su visita, cuenta Ollo a Culto, es conversar con los libreros chilenos. “Hace un año y medio cambiamos la distribución de nuestro sello aquí en el país y empezamos a distribuir con Penguin Random House. Tras el trabajo logístico y administrativo más importante, queríamos ver, un año después, cómo está siendo la nueva implantación”.

No es su primera visita a Chile, asegura Ollo. “Hacía 10 años que no visitaba Santiago y queríamos ver cómo estaban las librerías tradicionales, las de toda la vida, y conocer el nuevo tejido librero de la ciudad. También queríamos tener una reunión cercana con los equipos comerciales y con los libreros para planificar la nueva implantación del sello y las nuevas estrategias de comunicación de la editorial aquí en Santiago y en todo el país. Chile es un país muy importante para Acantilado”.

-¿Cuáles han sido las diferencias que has notado entre lo que viste hace 10 años y ahora?
-He conocido muchas nuevas librerías que se han ido abriendo. Hay librerías de todo tipo: generalistas, más enfocadas a un público joven y otras con una vocación más librera y de fondo. Hemos conocido bastantes y esta tarde seguiremos un rato con otras tantas. Por otra parte, he comprobado con mucha alegría que algunas de las librerías tradicionales de la ciudad que ya conocía hace 10 u 11 años siguen funcionando, como Altamira, Catalonia y Takk. Esto siempre es una alegría.

-Acantilado en su minuto publicó la poesía de Bolaño. ¿Cuál es tu vínculo con la literatura chilena?
-Mi vínculo con la literatura chilena como lectora es muy estrecho, porque el siglo XX en castellano no se puede entender sin los grandes poetas chilenos. Como editora es más escaso, porque nosotros, como probablemente sabes, no tenemos demasiados autores latinoamericanos ni chilenos en nuestro sello. Tuvimos la suerte de publicar esas primeras obras de poesía de Bolaño debido a la amistad estrecha que él tuvo con el fundador de la editorial, Jaume Vallcorba. Fuera de eso, hemos tenido poco contacto editorial con la literatura chilena. Ahora, como lectora, soy una gran admiradora de los grandes poetas chilenos, desde Huidobro, por supuesto Neruda, Gabriela Mistral y tantos otros.

-¿Cómo ha sido el proceso de llevar adelante una editorial? ¿Qué es lo más complicado de gestionar una empresa como esta?
-No sé si tenemos tanto rato para explicarte todo lo que es complicado de llevar adelante una editorial. Dirigir una editorial es maravilloso, es una felicidad y un privilegio. Eso tiene que ir por delante de todo; el que diga lo contrario está en un camino equivocado y tiene que repensar su vida, como decía Rilke. Yo me considero una mujer muy afortunada. Como en tantos oficios y empeños, hay dificultades. En una editorial hay dos vertientes fundamentales que se necesitan y se deben cuidar. Por un lado está la parte más puramente de proyecto editorial e intelectual, que es la creación del catálogo, la selección de los títulos y el acompañamiento de los autores. Por el otro está la parte menos romántica, que es la meramente empresarial: la gestión y administración de la empresa, que al final es lo que sostiene el proyecto intelectual.

-¿Y cuál es la principal dificultad de eso?
-La dificultad radica en encontrar un equilibrio entre ambas partes y en saber rodearte de un equipo capaz y de confianza que te ayude a sostener la gestión, permitiéndote dedicarle un tiempo fundamental al proyecto más puramente literario e intelectual.

- ¿Cómo ha cambiado la industria editorial en el último tiempo? Sobre todo considerando la aparición de la inteligencia artificial y los libros en formato digital.
-El mundo editorial ha cambiado en los últimos 10 años como ha cambiado el mundo: rápidamente, de sopetón y prácticamente sin avisar. El rudimento fundamental del oficio no ha cambiado, al menos tal y como yo lo entiendo y como concibo un sello independiente como Acantilado, que consiste en escoger títulos de calidad y ponerlos a disposición del lector. En eso poco ha cambiado con respecto a hace 20 años. Sin embargo, las tareas que tenemos que llevar a cabo sí han cambiado. Cada vez hay más necesidad de alimentar y comunicar a través de redes sociales, algo que hace 15 o 20 años no existía. Y en los últimos años, con el desarrollo de aplicaciones de inteligencia artificial, supongo que la industria ha cambiado mucho. Nosotros, de momento, no utilizamos ningún rudimento de inteligencia artificial ni ningún apoyo de ese tipo; seguimos trabajando de forma artesanal y manual. Tenemos nuestros programas informáticos de maquetación, no es que estemos en las cavernas, pero no utilizamos los programas que existen para traducciones. Seguimos creyendo e-Creo que todavía apenas podemos intuir y esbozar las consecuencias de la inteligencia artificial aplicadas a la industria del libro. Hay un tipo de libro y de industria que se puede ver mucho más afectada, que es la que tiene contenidos menos ambiciosos y más fácilmente replicables, por decirlo de una manera suave y diplomática. Pero hay un tipo de literatura que nace desde otro lugar del ser humano y me parece que eso será muy difícil de imitar. Le llamamos inteligencia, pero no lo es; son modelos de entrenamiento, de réplica de esquemas, de manejo y análisis de información. La inteligencia humana es muy sutil, tiene muchas aristas y muchos matices. Habrá un tipo de libros, de literatura y de arte que difícilmente será sustituido por ningún programa generativo. Aun así, claro que me preocupa en general, no solo en su aplicación al mundo editorial. Me preocupa desde muchos puntos de vista, aunque reconozco lo bueno y las aplicaciones tan extraordinarias que tiene en otros campos, algo que tampoco hay que ignorar.

-En tiempos de pantallas, donde todo se consume más rápido en redes sociales, ¿consideras que el libro en papel ofrece una experiencia de lectura que sigue siendo única e irremplazable?
-Desde un punto de vista estrictamente personal como lectora, sin duda lo es. Y a juzgar por lo que demandan mis lectores y por las cifras de venta de nuestros libros en papel en comparación con el formato electrónico, sin duda alguna. Nosotros hacemos libros electrónicos, están a disposición de los lectores, pero tienen cifras de venta muy reducidas. El libro en papel se sigue vendiendo y se sigue apreciando. También es verdad que nuestros libros tienen una factura especialmente cuidada y gustosa; los lectores lo aprecian y entienden que están comprando un objeto con una manufactura muy especial, pensado para durar. Afortunadamente seguimos vendiendo libros en papel y cada año vendemos unos poquitos más, así que debe de haber muchas otras personas que quieren leer de esta manera.

-¿Cómo se forma un lector?
-Este es uno de los grandes misterios, casi como la adquisición del lenguaje, que está estudiadísima hasta que se llega a un punto en el que los científicos no saben exactamente qué pasa. Un lector se forma desde una edad temprana cuando descubre una magia en los libros que le parece irremplazable. Creo que un lector se forma con buenos libros. A veces se piensa que da igual lo que se lea con tal de que se lea, pero eso tiene una fecha de caducidad. Es como pensar que está muy bien comer porque es mejor a morirse de hambre, pero decir que da igual lo que se coma con tal de comer no es correcto; todos aspiramos a que las personas se nutran y que lo que coman les beneficie, no les enferme. Con la literatura pasa lo mismo: hay una literatura que no nos alimenta. La literatura es ocio, algo extraordinario, pero también es algo más. No solo se forma el que se pone a leer a Kierkegaard; te puedes formar leyendo buenísima literatura que te va a hacer disfrutar. Los lectores se forman desde la infancia con un hábito familiar, si hay libros en casa y si se les acompaña. Hay una etapa en la primera infancia en la que nos encanta leer a nuestros hijos, pero cuando empiezan a leer solitos, los abandonamos a su suerte. Está muy bien seguir acompañándolos y mostrarles que los libros son una fuente de diversión, de conocimiento y de evasión que nos conforma de una manera muy especial. La literatura es el mundo de las posibilidades infinitas y el gran espacio de libertad. Es un campo de pruebas para la vida extraordinario porque todo lo que le puede pasar a un ser humano está reflejado en ella. A base de leer las aventuras y desventuras de alguien, vas extrayendo un aprendizaje humano que te servirá para transitar tu propio camino.

-Dentro del catálogo de Acantilado hay muchos libros que son longsellers, títulos que perduran en el tiempo. ¿Cómo eliges los títulos para el catálogo? ¿Qué tiene que tener un libro para que te motive a publicarlo?
-Tiene que ser un buen libro. Con eso ya me basta, que no es poco. Es una respuesta facilona y simple, pero tiene mucho contenido. Se refiere a que debe tener una muy buena escritura y una buena construcción. En el caso de la ficción, tiene que haber una imaginación literaria muy potente detrás, que es lo que más me gusta. En el caso de la no ficción, me gustan los libros que me mueven la silla constantemente; que me hacen pensar, replantearme las cosas y me abren puertas a otros lugares del pensamiento. Me considero una persona muy curiosa, no porque me guste cotillear en la vida de otros, sino porque me gusta entender cómo funciona el mundo y cómo funcionamos nosotros. A través de los libros encuentro muchas más preguntas que respuestas, pero creo que a través de las preguntas correctas encontramos un poco de luz. La buena literatura no da respuestas, sino que plantea buenas preguntas. Esa es la que me interesa.

-El año pasado el Premio Nobel de Literatura fue para el autor húngaro László Krasznahorkai, quien pertenece a Acantilado. ¿Qué significó para ustedes recibir la noticia?

-¡Imagínate qué alegrón! Fue un alboroto en la editorial y un torbellino increíble. Un autor que lleva 20 años en la casa, con el que hemos publicado nueve libros, de repente obtiene el máximo reconocimiento de las letras. Es una alegría en lo personal por él, por lo que supone como espaldarazo a su apuesta vital, y una alegría enorme en lo profesional para nosotros. Es el refrendo de que aquel tesón, empeño e intuición de que este autor estaba en el lado correcto eran buenos; un reconocimiento al trabajo hecho durante muchos años. Además es una fiesta, porque un autor muy querido en un ámbito más acotado de repente está en boca de todo el mundo, recibe toda la atención y tienes la oportunidad de hacerlo llegar a muchísimas más personas. Esto es extraordinario.

-¿Pudiste hablar con Krasznahorkai cuando le entregaron el premio?
-No logré hablar con él por teléfono, pero le puse un correo electrónico esa misma mañana y él me lo respondió al día siguiente, muy emocionado. Los dos estábamos muy emocionados. Y después tuve oportunidad de hablar con él, de estar con él, pude acompañarle en Estocolmo. Lo hemos podido celebrarn la capacidad extraordinaria de nuestros traductores, que son de total confianza. La traducción literaria y ensayística que llevamos a cabo es bastante delicada y difícilmente podrá ser sustituida por una máquina, por muy entrenada que esté. En lo que respecta a los trabajos editoriales cotidianos de revisión y edición de textos, seguimos creyendo en la inteligencia humana y no estamos utilizando IA. Algo que empezamos a explicar y que refleja nuestra filosofía es que Acantilado es una editorial que hace libros hechos por personas. Para mí, las personas siguen contando.

lunes, 13 de julio de 2026

"La IA supone ahora un ámbito de comunicación donde, si no está bien cuidado, el idioma se deteriora"

"El director del Instituto Cervantes advierte sobre los riesgos de la autocomplacencia en una lengua que crece. Pero su fortaleza, afirma, depende del respeto a la diversidad." Tal es la bajada de la entrevista con Luis García Montero, publicada por Claudia Lorenzo Rubiera, editora de Cultura y Humanidades en la revista The Conversation, posteriormente levantada por InfoBAE, el pasado 3 de julio.

“Con tantos hablantes y territorio, el español ha tenido la tentación de ser imperialista”


“Creo que quieres hablar de Lorca”, me dice Luis García Montero cuando nos conectamos para la entrevista. “De Lorca, de la importancia de la literatura y del español en el mundo”, contesto, brevemente, para introducir los temas que vamos a tratar. “Pues yo te cuento mi vida y a partir de ahí me vas diciendo, porque en mi caso se relaciona todo”, responde, sonriente.

Desde 2018, Montero es el director del Instituto Cervantes, el organismo público español que busca la promoción del idioma y de la cultura hispana en todo el mundo. Pero también es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ensayista, crítico y, sobre todo, poeta. Precisamente, ser esto último ha definido su vida y, sobre todo, su relación con el autor de Romancero gitano, de cuyo asesinato se cumplen 90 años este 2026.
En 2016, publicó el libro Un lector llamado Federico García Lorca en el que repasaba las lecturas del autor. En él, partía de la base de que “Todos nosotros somos, en esencia, aquello que leemos”. Hoy habla precisamente de eso, de aquello que leemos.

—¿Cuál es su relación con Federico García Lorca?
—Nací en 1958 en Granada y él fue el primer poeta al que leí. Mis padres tenían un salón de las visitas al que teníamos prohibida la entrada mis hermanos y yo. Pero me colé un día y encontré en la biblioteca las obras completas de Lorca. Tuve la suerte de abrirlo por un poema que se ajustaba a mis ojos y a mi edad: la canción de los lagartos. Y yo, niño de barrio, que me pasaba el día cazando lagartos y lagartijas a la orilla del río Genil, me quedé impresionado. Era la historia de dos lagartos que se enamoraban, que se casaban y que tenían su vida privada: ¿qué hacía yo matando lagartos si estas criaturas formaban familias?

—Ayuda mucho la literatura para ponernos en la piel de personas con las que no interactuamos en el día a día. O lagartos, en este caso.
—Poco después un profesor del colegio me regaló el libro que Ian Gibson había publicado sobre la guerra civil española en Granada y el asesinato de Lorca. Y me di cuenta de que cuando caminaba por la ciudad, iba pasando por lugares que tenían que ver con su vida. Entonces, de manera muy natural, se unió mi amor por la literatura a Federico García Lorca y a la toma de conciencia de los vínculos que hay entre la literatura y la vida. Cuando me matriculé en la Universidad, me enteré de que estaba organizando un homenaje a Federico a los 40 años de su muerte, en junio de 1976. Y decidí que iba a ir al homenaje, que se hacía en el edificio del rectorado de la Universidad y después en Fuente Vaqueros, el pueblo donde él había nacido.

—Entiendo que era el primero que se hacía.
—Sí, el primero que se hacía en público en Granada después de la muerte. Recuerdo que, en el trayecto en autobús hasta Fuente Vaqueros, se veían muchas furgonetas de la policía. El entonces ministro de Gobernación del final del franquismo, Manuel Fraga Iribarne, había intentado prohibirlo, pero era tanta la presión que había dicho: “Bueno, no se prohíbe pero solo se deja media hora”. Entonces, el 5 de junio de 1976, Manuel Fernández Montesinos, sobrino de Federico García Lorca, salió ante toda la gente reunida y dijo: “Después de 40 años de silencio, nos dejan media hora de libertad”. Y así empezó un homenaje que para mí fue muy emocionante. Al acabar yo me acerqué al poeta Blas de Otero y le dije: “Don Blas, por gente como usted, yo estoy aquí”. “Estar aquí” significaba estoy en un acto político, en un homenaje a Lorca frente al poder de la dictadura y en un acto poético. Él me acarició la cabeza y me dijo: “Muchacho, espero que algún día puedas perdonarme”.

—¿Lo ha perdonado?
—No solo lo perdono, sino que le estoy muy agradecido. Hemos tenido la suerte de vivir un momento de España muy positivo y en medio de todas las dificultades no se nos puede olvidar nunca lo que se ha conseguido. Afortunadamente, la España de 2026 ya no es la España de 1976.

—¿Qué le ha dado la poesía?
—Me ha enseñado algunas cosas que son fundamentales. La primera, intentar ser dueño de la propia conciencia. Yo creo que un poema es un diálogo con la propia intimidad, hable de política, de amor o de cualquier cosa. Para mí, la poesía supuso comprender que luchar por la democracia no era votar cada cuatro años, sino participar en una transformación. Y eso lo aprendí en Antonio Machado, que modernizar la poesía no es buscar palabras raras, sino transformar la educación sentimental, porque a la educación responden las palabras. ¿Qué digo cuando digo “soy yo”? ¿Qué digo cuando digo “soy hombre”? ¿Qué digo cuando digo “te quiero” o cuando digo “libertad”? La libertad puede ser el respeto a la conciencia individual contra cualquier tipo de poder autoritario. Hoy, por desgracia, se utiliza mucho la palabra libertad como la ley del más fuerte, ya sea invadir un país, provocar un genocidio o poner en duda la justicia internacional. La poesía ayuda a pensar las palabras.

—Ha dicho: “Considero que importa la defensa y la definición de un significado no mercantilista de la palabra utilidad”. ¿Para qué es útil la literatura?
—La literatura me parece un buen remedio contra un momento que ha conseguido convertir al tiempo en una mercancía de usar y tirar. Y eso tiene para mí dos peligros graves. El tiempo de usar y tirar intenta borrar la memoria: lo importante es el presente. Pero yo soy escritor porque leí a Lorca, alguien que había vivido antes que yo, y heredé su manera de sentir. Quien cancela la memoria lo que acaba cancelando es la posibilidad de pensar un futuro distinto. Y la otra cosa que me ha enseñado la literatura es que hace falta tiempo para hacernos dueños de nuestra propia conciencia. Vivimos en un mundo que nos invita a decir lo que pensamos sin pensar lo que decimos. Y por eso existen el fanatismo, los bulos.

—Hubo hace unos meses una discusión entre quienes decían que leer hacía mejor persona y quienes no. Me gusta mucho lo de que la literatura ayuda a intentar ser dueño de la propia conciencia.
—Joan Margarit, un poeta estupendo, decía que si uno escribe, existe el poema, pero hasta que no llega un lector y no habita el poema, no existe el hecho poético. Si yo escribo un poema de amor, pues está muy bien, pero el hecho poético se da cuando el lector deja de pensar en mi novia para pensar en su propia vida. El que escribe, escribe para que su historia no sea solo una confesión biográfica, sino algo que represente a la condición humana, y que el que la lea se sienta identificado con esa historia.
En la historia de la cultura contemporánea no hay mejor metáfora del contrato social que la lectura. El amor ya no es el amor del autor sino el mío. Y mi propio amor comprende que tiene mucho que ver con lo que siente el otro. Defiendo la lectura como un espacio de construcción de las experiencias individuales hacia las ilusiones colectivas y el reconocimiento de la propia libertad como una capacidad de reconocerse en el otro, de dialogar.
Tenemos proyectos políticos donde se defiende un nosotros que autoritariamente quiere borrar las experiencias privadas y, por otra parte, hay un predominio del individualismo que corta cualquier reconocimiento de cuáles son los valores colectivos que nos han podido hacer triunfar. Por eso me gusta tanto decir que la mejor metáfora que yo he sentido del contrato social es cuando aprendí a mirar a unos lagartos con los ojos de García Lorca.

—Ha batallado contra el elitismo cultural. ¿Cómo podemos hacer para que no se asocie la cultura a una clase social concreta y que todo el mundo pueda acceder a ella y elegir a qué quiere dedicar su tiempo?

—Ese debate se puede abordar desde distintas perspectivas. Yo soy partidario de la educación pública porque creo que una sociedad construye su sentimiento de comunidad en la igualdad de la educación y esta es fundamental para que cada uno sea dueño de su propia conciencia. En ese sentido, a mí el elitismo de lo privado que quiere establecer ofertas para unos pocos me parece un peligro para la democracia. Otra cuestión que me parece importante tener en cuenta es que vivimos en una sociedad que ha comprendido que la gente culta es más difícil de manipular. Por ello, hay toda una corriente de opinión que está intentando sustituir la cultura por el entretenimiento. Interesa generar ofertas que den risas, que diviertan, pero que no enseñen a pensar.
Pero estos peligros también generan trampas. Porque… ¿acaso no es tramposo cuando la gente que apuesta por la cultura dice que lo importante es lo que es elitista? ¿Cuando se dice que la gente que se divierte y entretiene es tonta? Entonces, ¿qué tengo que hacer yo? ¿Confundir la calidad con aquello que entendemos cuatro? Siempre recuerdo que cuando García Lorca leía el “Responso a Verlaine” de Rubén Darío, al llegar a un verso que decía “Que púberes canéforas te ofrenden el acanto” se reía y decía: “Qué maravilla, solo entiendo el que”. Del mismo modo que hay que estar atentos a un populismo que rebaja calidad a la cultura, hay también que huir de la trampa de creer que la calidad hay que unirla con la dificultad, con aquello que convierte a la poesía, por ejemplo, en un dialecto para que hablen los poetas, pero que no entienda ni Dios.

—Esta accesibilidad al conocimiento entronca con su labor al frente del Instituto Cervantes.
—Como heredero de Lorca defiendo la cultura democrática representada en los libros e intento estar a la altura como director del Instituto. Cuando explicamos nuestro trabajo insistimos una y otra vez en que enseñar un idioma no es solo enseñar un vocabulario. Las líneas de trabajo que tenemos apoyan los valores del feminismo, la democracia, la defensa de la libertad ante las viejas dictaduras, los pensamientos reaccionarios y las nuevas formas de dictadura… Por ejemplo, nos emociona que, en algunos países islámicos, el Instituto Cervantes sea un centro de reunión donde las mujeres puedan quitarse el velo y tomarse un café mientras estudian español, o darle la mano a su novio. También nos emociona que en los centros de Estados Unidos se defienda el español como lengua de herencia mientras Donald Trump genera discursos de odio contra el mundo hispano. Creo que defender los valores de la igualdad tiene mucho que ver a la hora de conformar una imagen de una España democrática que quiere resistir frente al deterioro de los derechos humanos que está sufriendo el mundo.

—El español es un idioma en expansión.
—En el último anuario del Instituto Cervantes se registraron más de 520 millones de hablantes de español como lengua materna y casi 630 millones si sumamos los que han aprendido español. Ese horizonte internacional es muy importante a la hora de defender el multiculturalismo. En un idioma con tantos millones de hablantes y con tanto territorio, a veces se ha tenido tentación de ser imperialista. En ese sentido, todos los trabajos del español desde el Instituto Cervantes parten de una premisa: en España somos el 9% de los hablantes del idioma y participamos en la convivencia de una comunidad donde la diversidad es lo natural.

—De hecho, actualmente en España importamos artistas musicales en español. ¿Hemos entendido que el idioma es la verdadera patria?
—Esa idea, mi patria es mi idioma, culturalmente tiene ahora mucha importancia. En los anuarios del Instituto Cervantes comprobamos hasta qué punto la extensión de la cultura española tiene que ver con las dinámicas de la música hispana o de las telenovelas en español. Por ejemplo, todo lo que hizo Bad Bunny para reivindicar la presencia del español y lo hispano en la cultura internacional ha tenido mucha repercusión. Está muy bien tener un idioma mayoritario, pero la unidad se basa siempre en el respeto a la diversidad. La música latina y la narrativa latina han optado por un camino que me parece acertado. Nuestro idioma, que es muy fuerte y tiene muchos vínculos comunes, puede respetar la diversidad sin perder la unidad. De manera que es muy importante comprender la importancia que la cultura popular tiene a la hora de defender un idioma y de consolidar una comunidad no solo desde la barrera de lo académico sino también desde la cultura que está en la calle.

—También ha dicho que el español tiene que ser una lengua de ciencia y tecnología.
—Eso es muy importante porque se trata de contextualizar el idioma. El idioma está en movimiento. Y aunque cada vez hay mayor número de hablantes de español, no se puede confundir el orgullo con la autocomplacencia. No nos basta ser el idioma de Mario Vargas Llosa o de Cervantes, ahora es muy importante participar en toda la investigación científica y la transformación tecnológica. En ese sentido, potenciar el acuerdo entre universidades para favorecer la investigación del uso del español en la ciencia es fundamental. De hecho, una de nuestras colaboraciones en la próxima Cumbre Iberoamericana va a ser una reunión de universidades donde se analice el español como lengua de ciencia.
Pero, además, es fundamental en todo lo que significa la inteligencia artificial. Primero, porque la IA supone ahora un ámbito de comunicación donde, si no está bien cuidado, el idioma se deteriora. Está muy bien que las máquinas hablen español, pero siempre que se hable un español cuidado y que no suponga una degradación. Y en segundo lugar, esa degradación tiene muchos matices, porque no es simplemente que yo haga una pregunta y me conteste una máquina en un español torpe. Es que las máquinas están programadas y en sus respuestas pueden generar sesgos. Y a lo mejor se extiende la idea de que el mal español es el español que no se habla como se habla en Madrid o en Bogotá. Nosotros hemos hecho un decálogo ético del español y la IA porque queremos trabajar para que el lenguaje de la tecnología defienda los valores democráticos que queremos preservar en el idioma.

—En Un velero bergantín escribió que por cada novela contemporánea deberíamos leer cuatro clásicos. En honor al Día del libro,¿qué novela contemporánea recomienda en español y qué cuatro clásicos?
—Pues acabo de leer Coloquio de invierno, de Luis Landero. En medio del invierno, hay una serie de personas que se guarecen en un refugio rural para escapar de la tormenta Filomena, y empiezan a contarse su vida. Yo me acordé, claro, de Boccaccio, y de cómo se reúnen y se cuentan la vida en el Decamerón. También me acordé de El coloquio de los perros de Cervantes, de cómo los seres humanos aprenden a reconocerse cuando son capaces de escuchar al otro.
Y, aunque solo sean tres, voy a citar al poeta por el que hemos empezado. La gente debería leer Poeta en Nueva York, el libro que escribió García Lorca en 1929 en Nueva York, en medio de la crisis de Wall Street, cuando comprendió que el capitalismo norteamericano iba a provocar la Segunda Guerra Mundial y se subió al edificio Chrysler, y desde allí gritó hacia Roma para protestar contra el Papa, que había llegado a un acuerdo con Benito Mussolini y estaba empezando a colaborar con el fascismo. ¿Y qué es lo que reivindicó Lorca? El amor, la capacidad de amar. Es una buena manera de pensar en lo que está ocurriendo ahora en el mundo.