miércoles, 1 de febrero de 2023

Un informe sobre ferias del libro colombianas

Comenzamos nuestro año catorce, con una nota publicada el pasado 4 de enero, donde Vicente Gutiérrez produjo, en Milenio, de México, un breve informe sobre las distintas ferias del libro que se desarrollan en Colombia. En la bajada se lee: “El año pasado, juntas reportaron más de 1 millón 700 mil asistentes en 118 días de actividades presenciales”.

Las ferias del libro en Colombia unen fuerzas

La Red de Ferias del Libro de Colombia se creó en 2016 a iniciativa del Ministerio de Cultura junto con la Cámara Colombiana del Libro, y a casi nueve años de su creación ha sido un éxito, dice Adriana Cecilia Ángel, directora de la de Bogotá.

“Comenzó con nueve y ahora somos 16 ferias que se están haciendo en diferentes regiones con características distintas”.

Valorando los resultados, Ángel dice que todas llegan a públicos diversos “y se generan sinergias muy importantes entre las ferias, lo que permite la circulación de autores, distribuidores, libreros, académicos”.

En la red participan Bogotá, Bucaramanga, Cali, Cartagena, Chocó, Cúcuta, Itagüí, Manizales, Montería, Medellín, Pasto, Pereira, Popayán, Santa Marta, San Andrés y Villavicencio.

Juntas reportaron más de 1 millón 700 mil asistentes en 118 días de eventos presenciales en 2022, con un total de 7 mil 85 actividades culturales y profesionales.

“Las ferias del libro son escenarios ideales para la construcción de pensamiento crítico, fomento de lectura y escritura, espacios naturales de diálogo colectivo y propio, puentes para comunicar y expresar las diferencias y lo mutuo”.

Una parte interesante, comenta, es que cada una tiene propósitos distintos. “Además, se van enamorar de ellas pues están hechas desde el corazón y se ve en los grandes resultados que hemos tenido y que nos devuelven la esperanza y nos hace seguir luchando por las ferias del libro en nuestro país”.

Velia Vidal, directora de la Fiesta de la Lectura y Escritura del Chocó, dice que pertenecer a la red de ferias del libro de Colombia les ha dado mucho apoyo.

“Somos una feria chiquita y el principal aporte que nos da tener una red es porque contamos nuestros sufrimientos, angustias, expectativas, sueños y cada vez estamos aprendiendo más a apoyarnos. Nosotros nacimos del corazón de la comunidad. Somos mayoría de población afro, más del 85 por ciento. En segundo lugar somos población indígena y una minoría que es blanco mestiza, entonces, nuestros contenidos están pensados de acuerdo con nuestra comunidad, con nuestra población”.

Claudia Morales, directora de la feria del libro en la ciudad de Pereira, comentó: “La feria cumplió ocho años y es organizada (y en una muy buena parte financiada) por la Cámara de Comercio de la ciudad y se realiza en un recinto ferial que se llama Expo futuro”.

“Esencialmente, lo que hacemos con la feria es prestar un servicio social a dos nichos: la sociedad que quiere, necesita y aprecian los espacios de cultura y también le prestamos un servicio social a la cadena del libro, que es muy frágil”.

Ana Piedad, directora de la Fiesta del Libro de Medellín, explicó: “Yo le veo mucho futuro a la red de ferias, porque nos permite intercambiar buenas prácticas y es una manera de conocernos y fortalecer las distintas regiones y esperamos que la red permita crear ferias en todas las regiones de Colombia”.

Sin competencia

Adriana Cecilia Ángel Forero, directora de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, que este año tendrá a México como país invitado, detalló: “Gracias a estas sinergias que hacemos con la red de ferias podemos llevar a los autores a otras regiones del país y hacemos una suerte de tránsito de los escritores aprovechando su visita a Colombia”.

La Feria del Libro de Bogotá, cumplirá 35 años en 2023, es la más antigua y la más grande de Colombia, el año pasado recibió a más de 300 mil visitantes y tuvo alrededor de 1.600 eventos.

“Las ferias no somos competencia, nos apoyamos siempre y estamos aprendiendo todos. La Red de Ferias del Libro de Colombia se está fortaleciendo y estoy segura de que el próximo año va a seguir creciendo porque hay muchas ferias que se están realizando, es necesario conocernos y reunirnos como lo hemos hecho”, finalizó Ángel Forero.

 

domingo, 1 de enero de 2023

Nos tomamos el descanso anual hasta febrero

Este año, como todos los años, el blog del Club de Traductores de Buenos Aires permanecerá cerrado hasta el 1 de febrero.  

Que descansen de nosotros y no usen el Diccionario de la Real Academia española.

viernes, 30 de diciembre de 2022

Muy feliz 2023 para todos los lectores de este blog


Como se podrá ver, este año los argentinos tuvimos algo que festejar y el obelisco, en el centro de la ciudad de Buenos Aires, fue testigo de nuestra pasión. 

Por eso, y deseando que los lectores de este blog tengan un muy feliz año nuevo que les permita festejos semejantes, nos vamos despidiendo hasta febrero. 

jueves, 29 de diciembre de 2022

Un recuerdo uruguayo para Marcelo Cohen

El siguiente artículo, publicado el 23 de diciembre pasado, en La Diaria, de Montevideo, por el narrador y periodista uruguayo Martín Bentacor, da cuenta de la trayectoria de Marcelo Cohen como traductor de una manera no reflejada por los medios argentinos. 

Los lápices de Marcelo Cohen

Una recorrida por los estantes de la biblioteca, ese espacio caprichoso construido por la suma de años de lecturas, trabajos, búsquedas y acumulaciones, propicia la separación de algunos volúmenes –Lady Susan, de Jane Austen; Libro de maravillas, de Nathaniel Hawthorne; El Crack-Up, de F Scott Fitzgerald; Los desafortunados, de BS Johnson; Historias inverosímiles, en general, de Alasdair Gray; La exhibición de atrocidades, de JG Ballard; La ley del silencio, de Budd Schulberg; Una chica en invierno, de Philip Larkin; La noche, de Al Alvarez; La máquina blanda, de William S Burroughs; Adagia, de Wallace Stevens– con los que se podría fundar una nueva biblioteca. El factor común: todos fueron traducidos al español por Marcelo Cohen. 

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Al terminar cada jornada de trabajo, antes de cerrar el original, Marcelo Cohen trazaba una marca con forma de zeta sobre el párrafo en el que detenía la traducción. Empleaba para ello, sistemáticamente, fuera cual fuera el libro sobre el que trabajara e independientemente del momento del día, la estación en curso y el nivel de cansancio acumulado, un lápiz de escribir Staedtler en su clásica presentación negra y amarilla. Con los años, el sistema de marca vuelto rutina se convirtió en una suerte de obsesión, al punto de que no dudaba en robar los lápices Staedtler que ocasionalmente encontraba en escritorios y gavetas en casas de amigos, bibliotecas de colegas u oficinas de editores. La rutina devenida obsesión vía neurosis le dio paso, además de a una importante acumulación de lápices, a una superstición: el día que se acabaran los lápices Staedtler sobre su mesa de trabajo se habría acabado la traducción. No la traducción de una obra en curso, sino la traducción.

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En uno de los ensayos del libro Música prosaica (cuatro piezas sobre traducción), Marcelo Cohen relata la experiencia de John Cage al entrar en una cámara anecoica. Cuando el músico por fin esperaba no escuchar absolutamente nada, oyó dos sonidos: uno bajo, que identificó como el del pulso de su sangre, y otro agudo, el de su sistema nervioso. “El silencio suele ser un hervidero de sonidos que la música disimula; lo mismo hace el lenguaje”, escribió Cohen. Nadie más seguro para afirmar lo anterior que alguien que tradujo una importante cantidad de libros de varias lenguas, aislándose en la cámara anecoica del idioma para captar el sonido propio del lenguaje. En el arranque de su icónico ensayo “Nuevas batallas por la propiedad de la lengua” expresó que “a veces pienso que, quizá más aún que escribir, traducir provoca en uno dulces o ácidas y siempre interesantes perplejidades sobre el lenguaje, el entendimiento y la política, el exilio como condición existencial generalizada y las verdades y falacias de la identidad”.

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En “Persecución. Pormenores de la mañana de un traductor”, Marcelo Cohen describió el caos de su mesa de trabajo, campo de batalla inmediato en la permanente confrontación con los idiomas: “En mi altillo idílico, el papelerío vario, libros de todo género y postura, mamotretos de referencia, dossiers, recortes de prensa, facturas, libretas, es el retrato de un desarreglo mental que el oficio sabe instrumentar para sus fines. Lenguas, gramática, hermenéutica, ejecución, orden de los componentes, argumentación, sucesiones y sincronías, tonos, trayectos, criaturas, culturas, técnicas, lugares: la traducción me ha pautado la vida en una suerte de nomadismo sedentario”.

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Marcelo Cohen inclinado sobre un diccionario de ornitología mientras traduce un pasaje de The Peregrine, de JA Baker. Silbones, mosquiteros, agujas, arrendajos, avefrías, cárabos, camachuelos y un centenar de especies de aves más cruzan el aire de Chelmsford, condado de Essex, Inglaterra, para ser apresados por el traductor en el altillo de su casa en el barrio de Belgrano, ciudad de Buenos Aires, Argentina. Al final de la tarde, luego de trazar con medio lápiz Staedtler una marca en forma de zeta al inicio de un párrafo, Marcelo Cohen descubre a un hornero en el alféizar, a poco menos de un metro de su mesa de trabajo.

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Marcelo Cohen en plena traducción de la novela de Chris Kraus: “Uno siempre está en medio de una frase; y entre lo que ya escribió, y es pasado, y el descubrimiento que vislumbra cerca del punto está el momento de pugna con las palabras en un umbral: esa duda inexorable es la fatiga del oficio, pero también la dádiva”. 

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Ahora que Marcelo Cohen ha muerto, los lápices Staedtler que acumuló con los años se fusionarán con las paredes de algún portalápices, juntarán polvo en una gaveta o se dispersarán por ahí, liberados de marcar nuevas zetas al inicio de párrafos de traducciones en marcha. Lamentablemente, ya no habrá nuevas traducciones firmadas por Marcelo Cohen, pero todos los libros que durante décadas vertió a nuestro idioma continuarán desestabilizando el orden de las bibliotecas, amplificando el maravilloso (e inquietante) hervidero de sonidos del lenguaje.

 

miércoles, 28 de diciembre de 2022

Acá están pasando cosas espantosas

Jorge Aulicino se exaspera, y con razón, porque el verbo “compartir” se volvió progresivamente pronominal, escalando posiciones a partir de un mal uso infantil que se popularizó. Así que les compartimos esta nota.

“Un tártaro finlandés”

Mi última acometida contra el uso del “les comparto” eligió esta frase para el Facebook: “Fran nos comparte en este libro los secretos para trabajar con masa madre”. Está tomada, se crea o no, del flyer -aviso- de una librería, enviado por spam -correo electrónico con muchos destinatarios-. Pero yo diría que el texto viene de la editorial del libro y fue copiada sin miramientos.

No hago este tipo de acometidas en nombre de la Academia de España, sino de una gramática básica, que es la que va rigiendo el pensamiento. Su estructura. No me la tomo con algunos usos porque están “mal” sino porque me alarma el tipo de ideas que traslucen, la trivialidad, a veces, la falta de atención del dicente en aquello que -de acuerdo con las convenciones vigentes- él mismo dice (o escribe). Algo vale la pena conservar: una mínima elegancia de pensamiento. Lo cual viene siendo de lenguaje. Si Flaubert murió sin encontrar una solución que no repita el “de” en la frase “una corona de flor de laurel” creo que toda cruzada por esa elegancia vale la pena.

En la frase publicitaria citada al comienzo hay tres estigmas de la trivialidad reinante en la Argentina, no ya en Facebook, sino en el periodismo y la publicidad, en la lengua académica y en el ensayismo de periódico. Fran no es sino el diminutivo de Francisco, que en la intimidad familiar o amistosa es expresiva. Fuera de esos lugares, es una trivialidad, una estupidez, una infantilización del leguaje, que, vamos a decirlo, corre a la par de la apropiación de la intimidad y la confianza por parte del lenguaje publicitario, y la destitución del trato de usted en los avisos y mensajes comerciales. El uso del verbo “compartir” junto con los pronombres “les”, “nos”, “te”, “le”, es otra de esas banalidades. La masa madre como tal es un esnobismo, pero no solo del lenguaje.

Cuando un contacto del Facebook repitió la cantinela de “la lengua cambia en el uso” etc. se me encendió una alarma, como se dice cancheramente ahora, en ingenioso lenguaje figurado. Supe ahí mismo que la RAE había aceptado esta falta de elegancia como tantas otras pavadas, con el mismo argumento: “El lenguaje cambia…” No sé si el lenguaje es un organismo vivo que cambia por su cuenta o depende de un núcleo “ni siquiera iletrado” (diría nuestro escritor “icónico” y “emblemático”), pero me parece que una Academia que dice basar sus definiciones en estudios filológicos debería mejorar sus argumentos.

El sitio de la FundéuRAE dice que es “adecuado” el “trasladar” el complemento introducido por con a un complemento indirecto. La cháchara académica no oculta que no hay ningún otro fundamento que el uso para aceptar este “traslado”, pero el sentido que le encuentra no se verifica siempre, además de que es una mera suposición sobre las intenciones del que habla o escribe. Lean este párrafo:

“La construcción tradicional de este verbo era compartir algo con alguien, pero, sobre todo en el ámbito de las redes sociales, se ha extendido el uso de compartir algo a alguien, asentada en el español americano, como indica la Real Academia Española. Esta estructura, que traslada el complemento introducido por con a un complemento indirecto, se usa con un significado que combina el sentido original de ‘hacer a alguien partícipe de algo’ con el de ‘enviar’ o ‘permitir ver’, de modo que lo que hay es un emisor y un conjunto de receptores de una información, una imagen, un audio, etc.

“Así pues, tan adecuado es Comparto con ustedes una canción como Les comparto una canción.”

Dudo, y llevo ya mis años en las “redes”, de que siempre haya la intención a la vez de compartir y enviar en el uso de este verbo. En la frase que cité al principio, el libro del que se habla no nos envía nada, pero nos quiere compartir. Vaya a saber con quién.

Lo que debemos celebrar es la novedad de que la Academia reconozca ya la existencia de un “español americano”, frase que carece de toda elegancia y sentido “adecuado”. Como decir “un tártaro finlandés”, donde no sabemos si el tártaro es un idioma o un caballero de la Tartaria que migró a Finlandia. Esto viene de tanta omisión y tragada de palabras, claro, por comodidad, por un “se entiende” universal. Más preciso sería decir “idioma castellano de América”, al que no deberíamos hacer responsable de giros como les comparto, entre otros.

La otra buena noticia es que la Academia perdió toda autoridad, y afortunadamente no parece que tenga la intención de recuperarla. 

martes, 27 de diciembre de 2022

Nuevas definiciones en el Cambridge Dictionary


“Desde octubre, el prestigioso diccionario británico incluyó nuevas acepciones para los términos y se reavivó un debate sobre la identidad de género.” Esto es lo que dice la bajada de la nota firmada por Daniel Gigena, publicada el pasado 21 de diciembre en el diario La Nación, de Buenos Aires.
 
El diccionario de Cambridge actualizó las definiciones de las palabras “hombre” y “mujer” y hay polémica

A finales de octubre, el Cambridge Dictionary actualizó las entradas para las palabras “hombre” y “mujer” en inglés con el objetivo de incluir a las personas transgénero. La primera acepción del diccionario para “mujer” es “un ser humano femenino adulto” y la segunda, desde octubre, “un adulto que vive y se identifica como mujer, aunque se haya dicho que tiene un sexo diferente al nacer”. “Hombre” se define como “un ser humano masculino adulto” y también como “un adulto que vive y se identifica como hombre, aunque se haya dicho que tiene un sexo diferente al nacer”. Con un poco de delay, desde mediados de mes se encendió en el Reino Unido y Estados Unidos un nuevo debate en torno a la cuestión.

Si bien las actualizaciones entraron en vigencia el 27 octubre, cobraron notoriedad este mes cuando la definición ampliada de “mujer” del diccionario británico generó críticas. “Nos gustaría que reflexionen y tal vez expliquen públicamente cómo es posible ‘vivir como mujer’ si no eres mujer o, de hecho, si eres mujer –tuiteó el exvicepresidente del Partido Verde de Inglaterra y Gales, Shahrar Ali–. ¿Es cuestión de hacer las tareas del hogar? ¿Usar tacones altos? La implicación de que hay una manera de vivir ‘como mujer’ es un tropo condescendiente, regresivo y sexista que las mujeres han luchado durante mucho tiempo para superar. No deberíamos esperar verlo aparentemente respaldado por los editores del Cambridge Dictionary”. Otros condenaron la actualización como un nuevo intento de “borrar a las mujeres”.

“Este significado se agregó el 27 de octubre y refleja cómo se usa la palabra ‘mujer’”, dijo a Reuters un portavoz del diccionario de Cambridge cuando comenzaron a aparecer las críticas en redes sociales. “La primera definición en la entrada para mujer permanece sin cambios y sigue siendo ‘un ser humano femenino adulto’”. El diccionario brinda ejemplos de uso para la segunda acepción: “Ella fue la primera mujer trans electa para un cargo nacional” y “Mary es una mujer que, al nacer, le fue asignado el género masculino”.

Otros diccionarios habían hecho cambios similares. En 2020, Merriam–Webster amplió su definición de “femenino” al incluir la acepción “tener una identidad de género opuesta a la masculina”. Se hizo, además, una incorporación similar a la palabra “masculino”. Esos cambios también ocasionaron críticas.

Consultada por La Nación, la presidenta de la Academia Argentina de Letras (AAL), Alicia María Zorrila, se refiere a la posibilidad de que esas actualizaciones se reflejen próximamente en el Diccionario de la lengua española. “Desde mi punto de vista, deberemos esperar a que las veintitrés Academias estudien estas nuevas acepciones y se expresen al respecto –dijo Zorrilla–. De cualquier modo, considero que son suficientes las que están en el Diccionario de la lengua española, pues, sin discriminar, incluyen a los varones y a las mujeres que no se sienten mujeres, sino varones, y a los varones y mujeres que se sienten mujeres”.

En el Diccionario de la lengua española, la tercera acepción de “hombre” es “varón que ha llegado a la edad adulta”, y la segunda acepción de “mujer” es “mujer que ha llegado a la edad adulta”. “En nuestra sociedad, muchas personas ‘trans’ se denominan a sí mismas ‘mujeres’ o ‘varones’, según sea su inclinación sexual, y no ‘transexuales’, lexía que también define el Diccionario –concluye la presidenta de la AAL–. Por lo tanto, se identifican con alguna de las dos definiciones que da el Diccionario de la lengua española”.

La escritora, psicóloga social y activista travesti Marlene Wayar dijo a este diario que el debate le parecía poco interesante. “No nos afecta tanto a nosotras ni entiendo cuánto puede impactar el diccionario de Cambridge –sostuvo la autora de Furia travesti–. En general lo que ha venido del primer mundo ha impactado siempre de manera negativa para la comunidad travesti trans en América Latina. Mientras ellos tienen una medicina carísima, las latinoamericanas hemos tenido que trabajar mucho tiempo con la patologización de nuestras identidades porque allí no hay medicina gratuita asegurada por el Estado, como ocurre en la Argentina. Tenemos que decidir si vamos a luchar por un pequeño corsé identitario o por situaciones más complejas. A las personas latinoamericanas, racializadas y empobrecidas nos interesan las cosas más complejas porque de nada vale que te maten llamándote ‘mujer’. No sé si es bueno que nos metan en una definición discreta que nos limita, sobre todo pensando en cómo va a impactar en las infancias y a qué se van a tener que encorsetar antes de vivir su propia vida. Una cosa es que te sientas disconforme y busques elementos para construir una identidad, ese cuadro que de diferentes piezas que vas armando, y otra cosa es que tengas una sola alternativa, una definición que te va condicionar anímicamente, físicamemte, éticamente”.

Para Wayar, resulta “muy pobre el canje”. “Más que reeducar la transfobia, yo diría más bien el transodio porque fobia parece que tienen un problema aunque ese problema es el odio, hay que trabajar en la construcción del amor, en vez de palabras ideales que no tienen que ver con la realidad –agregó–.Mi cuerpo y mis experiencias no son las de las mujeres y eso no hace que yo no pueda reclamar la feminidad para mí en mi condición de travesti. Es empobrecedro que para que me dejen vivir tenga que acomodarme al término ‘mujer’. ¿Mujer golpeada, mujer sumisa, mujer explotada, mujer que gana menos que un hombre por la misma tarea? ¿Cuál es la propuesta política detrás de esto? Es la dádiva o la concesión de una academia de personas cis a las personas trans. Además, llega tardísimo la academia en hacer un desagravio en contra del transodio. No le rindo pleitesía a esta decisión”.

Semanas atrás, hubo un debate entre intelectuales de América Latina cuando la escritora colombiana Carolina Sanín –que se pronuncia habitualmente en contra del “borramiento de la mujer”– anunció en su cuenta de Twitter que la editorial mexicana Almadía había decidido dar de baja un contrato para publicar sus libros en las tierras de Elena Garro. Algunas colegas argentinas de Sanín que se solidarizaron con ella cerraron sus cuentas en Twitter luego de ser criticadas y calificadas de transfóbicas. Hasta ahora, los responsables del sello no comunicaron en forma pública los motivos de la decisión.

En noviembre, la filial mexicana de Siglo XXI informó que se había pospuesto la presentación del libro Cuando lo trans no es transgresor, de Laura Lecouna, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara por cuestionamientos de la comunidad trans. Según el comunicado, la autora había recibido amenazas por sus críticas al transactivismo.

lunes, 26 de diciembre de 2022

Marcelo Cohen (Buenos Aires 1951–2022)

El pasado 17 de diciembre murió inesperadamente en su casa, a los 71 años, Marcelo Cohen, un día antes de la final del Mundial de Fútbol de Qatar. Mencionamos este dato porque Cohen, además de ser un excelente y prolífico traductor y una relevante figura de las letras argentinas, era futbolero de alma. Andrés Ehrenhaus, colaborador habitual de este blog, compartió con él y muchos otros veinte intensos años de exilio en Barcelona y rinde sentido homenaje al amigo perdido que fue, además, quien lo inició, muchos años atrás, en los arcanos de la traducción editorial.





descansá, marcelito


con marcelín jugamos muchos años

formando una pareja de zagueros

que usaba los recursos literarios

para paliar los déficits del juego.

menciono su jugada preferida:

pisaba la pelota en media cancha,

henchía el pecho y alzaba la vista

y ante el asombro general silbaba

como si fuera el almirante nelson

sentado en el barril de trafalgar;

el tiempo se paraba hasta que un lelo

le afanaba la globa sin piedad.

así marcelo voy a recordarte:

sensible, corajudo y elegante.