miércoles, 3 de junio de 2026
Por el dinero que le pagan al hijo, Clarice Lispector ya no podrá ser leída en traducciones argentinas
martes, 2 de junio de 2026
Canadá, siempre a la vanguardia de lo ilegal
| Marçal Font, en su depósito |
La misteriosa empresa que compra libros viejos para entrenar a la IA y los destruye: “Es un expolio literario”
El primer pedido le pareció normal, el segundo ya le hizo sospechar. Marçal Font, propietario de la librería de viejo Fènix de Badalona, lleva semanas viendo cómo una misteriosa empresa canadiense le compra libros extraños: principalmente ejemplares en catalán que llevan años en su almacén, todos de no ficción y sin apenas salida comercial.
“Me pueden llegar siete pedidos seguidos del mismo comprador, con un minuto de diferencia entre ellos”, apunta este librero, que sospecha que quien hace las compras es un robot.
No es el único al que le ha ocurrido. Hay una veintena de librerías de viejo en España que también han vendido ejemplares a esta compañía desde finales de abril. Algunas incluso han recibido pedidos de más de mil libros, muchos de ellos descatalogados. Lo mismo está ocurriendo en tiendas de Alemania, EEUU, Nueva Zelanda, Australia…
Los libros elegidos van desde una edición sobre el mundo de los castellers en Granollers (Barcelona) en los años 70, hasta un manual técnico sobre cómo hacer vino, actas de congresos celebrados hace 50 años o dietarios de la Guerra Civil.
“De media suelen ser libros de unos cinco o diez euros, con poco valor”, apunta Font, “y muchos son prácticamente imposibles de encontrar”.
El sector está desconcertado. ¿Para quién está comprando esta empresa decenas de miles de libros y los hace mandar a un centro logístico de EEUU? ¿Para qué quiere estos ejemplares que llevan años pillando polvo?
Este viernes, otra compañía de Silicon Valley (EEUU) vinculada a la IA ha contactado con una librería de viejo española, que prefiere no revelar su nombre, y le ha planteado un pedido de más de 3.000 libros.
El objetivo, según apuntan diversas fuentes, es entrenar modelos de Inteligencia Artificial (IA) antes de destruir estos volúmenes y reciclar su papel.
La apuesta no es nueva. Una investigación de The Washington Post desveló en enero un proyecto secreto de la startup Anthropic, que opera la herramienta de IA Claude, para “escanear y destruir todos los libros del mundo”, según señalaba un informe interno de la compañía.
“No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto”, remachaba el documento.
La estrategia se enmarca en la necesidad de seguir alimentando esta tecnología una vez ya se ha nutrido de toda la información disponible en Internet.
“Cuando el conocimiento gratuito se agotó, las empresas corrieron a repositorios piratas de e-books para seguir alimentando sus modelos”, explica Xavier Vinaixa, experto en IA y una de las personas que han tirado del hilo de este caso. “El uso de estos recursos desencadenó demandas millonarias por violación de derechos de autor”, añade.
Las tecnológicas se enfrentaron entonces, explica Vinaixa, a lo que se conoce como el “data wall”: sin textos nuevos, inéditos y largos para entrenar el algoritmo, la IA corría el riesgo de sufrir un estancamiento cognitivo y acabar incluso alimentándose de documentos creados por su propia tecnología.
La solución que encontraron estas compañías fue comprar en librerías de segunda mano de todo el mundo, normalmente ejemplares totalmente marginales de no ficción.
Un juez federal de EEUU dictaminó que la práctica es legal porque el uso que se hace de los libros es “transformativo”. Es decir, que no sustituye a las obras originales, sino que las emplea para crear algo nuevo: en este caso, un modelo de inteligencia artificial.
El magistrado llegó a comparar el entrenamiento del algoritmo con “enseñar a escribir a estudiantes”.
La práctica, sin embargo, genera rechazo en parte del sector porque implica la destrucción física de los ejemplares para optimizar el proceso: cuando los libros llegan a la planta de procesamiento, se les corta el lomo, las páginas se escanean de forma automatizada y, posteriormente, los volúmenes se trituran para convertirlos en pasta de papel.
Contradicciones en el sector
Los libreros de viejo llevan semanas inmersos en una profunda contradicción: por un lado, nunca habían vendido tantos libros. Por otro, tienen serias dudas sobre el destino de estos ejemplares. Hasta el punto de que han alertado al Ministerio de Cultura de lo que está ocurriendo.
“No somos sólo comerciantes sino que tenemos funciones de preservación, conservación y restauración del patrimonio bibliográfico”, apunta Miguel Ángel Ortega, librero y presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguo.
“Resultaría muy contradictorio que estuviéramos vendiendo libros con la finalidad de destruirlos”.
“Estamos ante una forma de expolio literario”, opina Font, el librero de Badalona, que mientras habla con este periódico recibe otro pedido de la empresa canadiense.
“Estamos viendo el tsunami que viene, creo que las instituciones deben intervenir”.
Font explica que con estas prácticas no se perderá, por ejemplo, lo que publicó Mercè Rodoreda. “Lo que está en riesgo es el libro que explica qué hizo Rodoreda el día que fue a algún lugar”, precisa. “De lo que se alimenta esta IA es de esta literatura secundaria”.
En foros especializados de todo el mundo hay cientos de mensajes de libreros asustados ante un aumento inusual de los pedidos. Los mensajes en Reddit, de libreros americanos, empezaron en enero. Al principal foro de Alemania las dudas llegaron a finales de abril.
“Ayer recibí un pedido (un libro). Lo envié. Durante la noche, recibí diez pedidos distintos, cada uno de un libro, algunos de los cuales eran consecutivos y estaban relacionados temáticamente”, escribe un librero alemán en un foro especializado.
Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguo, el pasado jueves en Barcelona. Kike Rincón
Las primeras publicaciones versaban sobre si las compras podían ser un timo. Pasadas unas semanas y tras constatar que el dinero llegaba a los vendedores, el debate se ha centrado en quién está comprando miles de volúmenes sin recorrido comercial y por qué lo hace de una manera tan extraña: de manera escalonada y con costes de envío que en ocasiones triplican el precio de un ejemplar.
“Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre”, alerta Ortega, que define como “perversa” la situación a la que se enfrentan. “Te entran escalofríos si te hacen un gran pedido y no sabes qué ocurrirá con los libros”.
Carlos Hernández, propietario de la librería de viejo Mautalos en Madrid, ha vendido a esta empresa unos 200 libros en el último mes y no es tan pesimista. “Mucha parte de nuestro stock son libros que la gente quiere tirar”, explica por teléfono. “Incluso muchos de los que vendo los recoge gente en los contenedores”.
Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre
La compañía no responde a las preguntas La empresa que está adquiriendo de forma masiva estos libros, Zoom Books, tampoco explica abiertamente cuál es el destino final de estos ejemplares que, en muchos casos, carecen de salida comercial. Formalmente, Zoom Books se dedica al reciclaje y la compraventa de libros, pero la empresa tenía hasta cinco publicaciones en su web sobre comprar ejemplares de segunda mano para alimentar algoritmos de IA y después destruirlos. Los posts también recordaban que a través de su plataforma se cumplían los requisitos legales para hacerlo.
Ninguna de estas publicaciones está ya disponible en la web de Zoom Books, pero esta redacción ha podido acceder a su contenido tras introducir las direcciones en tres modelos de IA —Gemini, ChatGPT y Claude: todos coinciden a la hora de describir el contenido eliminado.
“Zoom Books es una librería de segunda mano; compramos excedentes y existencias usadas y las revendemos”, explica la empresa en un comunicado remitido a elDiario.es, en el que niega colaborar directamente con Anthropic.
Este periódico preguntó a la compañía si podía confirmar que sus libros no se destruían o se utilizaban para entrenar modelos de IA. También preguntó por las publicaciones eliminadas de la web en las que defendían estas prácticas.
Barcelona prende la revolución contra los “tiranos” digitales: “No hay que dejar que creen desconfianza entre nosotros”
“No hacemos comentarios sobre nuestros clientes ni sobre nuestros acuerdos comerciales, que están sujetos a acuerdos de confidencialidad”, se ha limitado a responder la compañía.
lunes, 1 de junio de 2026
Fnac, Grasset y la Biblioteca Nacional
La siguiente es una contratapa aparecida en el diario Página 12, el pasado 22 de mayo, donde el escritor Mario Goloboff (foto), residente en Francia durante muchos años, reflexiona a título estrictamente personal, a propósito del estado de los libros y las editoriales en ese país.
Primeras observaciones de un mundo cultural en descomposición
Todo tipo de aquellos productos de la modernidad están en los escaparates de los primeros pisos, y el tercero, reservado como siempre a los libros, abarrota los estantes y las cajas de nuevas y bonitas ediciones de las editoriales famosas y con textos de creación de todo el mundo. Predominan en este campo los franceses naturalmente, los italianos, con nuevos autores, algunos latinoamericanos sin importancia como Isabel Allende, o autores de moda como Leonardo Padura, las buenas escritoras argentinas, como Samanta Schweblin y Mariana Enríquez, y escritores de menor cuantía. También los clásicos rusos, los que han quedado a través del tiempo, pero (y eso también llama la atención, nada nuevo ni interesante de los otrora países socialistas después de más de un cuarto siglo de haber caído los muros. ¿Es que no hay autores después del comunismo? ¿Qué se ha hecho de los poetas y escritores que circul
aban los famosos samizdat y llenaban la boca de Occidente en los años del poder soviético?Entre los más de doscientos cincuenta autores que se han ido de Grasset en solidaridad con Olivier Nora están Dominique Bona, Jean-Paul Enthoven, Delphine Horvilleur, Bernard-Henri Lévy, Richard Malka, Tania de Montaigne, Michelle Perrot... Y el escritor Dan Franck ha denunciado: “Nosotros vivimos un momento fascista-stalinista”. Firmaron simultáneamente un documento de protesta que entre otras cosas sostenía: “Tenemos un punto en común: rechazamos ser los rehenes de una guerra que persigue imponer el autoritarismo en la cultura y en los medios”.
Si para algo sirve la historia, en este caso es bueno recordar el papel de competitividad que jugó el grupo Hachette en la distribución de la prensa después de la Segunda Guerra Mundial, habiendo tenido ya acusaciones de proximidad con el gobierno de Vichy (más que colaboracionista). No sorprende, pues, que los hechos hayan alcanzado dimensión fuera del hexágono y que haya autores internacionales, como el premio Nobel surcoreana Hans Kang, el islandés Jón Kalman Stéfansson, el multinacional All Smith, hayan adherido a la causa “Olivier Nora”.
Otro hecho que conmueve al mundo cultural francés, y más allá todavía, es la crisis que está viviendo la Biblioteca Nacional Francois Mitterrand, que ocupa 365.000 m2 con sus 15 millones de archivos que tocan todas las disciplinas, 3000 lugares para analizarlos, un cine, 1600 empleados de distinto rango y 1,2 millones de visitantes por año. Pero en el edificio principal de los siete sitios que cubre, incluidos los históricos de la rue Richelieu (IIeme) o del Arsenal (IVeme), no funcionan los ascensores, hay “fugas” a repetición de calefacción, la ventilación y la electricidad está vetusta y no hay conformidad con las normas de circulación de personas con movilidad reducida, señalándose una falta de inversión que se agrava por la ausencia de renovación, lo que llevaría a 500 millones de euros el gasto a contemplar en el futuro inmediato para poner todo en orden. Así “el templo de las bibliotecas parisienses” se viene abajo sin que detengan su caída los sucesivos ministros de cultura ni los cultos presuntos candidatos a las próximas elecciones.
Creo que las tres observaciones sirven para considerar el estado actual de la cultura en Francia, país que siempre se ha destacado por su potencia en tal terreno.
domingo, 31 de mayo de 2026
"Orvallo, voz que designa a la llovizna en Asturias, Galicia y León; que es el sirimiri en País Vasco"
“Es un diccionario que sirve para tener alternativas cuando formulamos una idea”, añadió Muñoz Machado para terminar, acabar, finalizar, concluir, rematar, finiquitar o agotar.ca una obra de consulta como esta, y en papel. No obstante, en la edición en línea del Diccionario de la Lengua Española (DLE) ya existe, desde su versión digital de 2023, la opción de ver en cada artículo sus sinónimos y, en caso de que los tenga, sus antónimos.
jueves, 28 de mayo de 2026
La fragilidad del papel vs. la de lo virtual
miércoles, 27 de mayo de 2026
Sergio Ramírez contra las pretensiones de pureza
“La academia no puede crear el idioma; la lengua se crea en las calles”