viernes, 28 de agosto de 2026

"Los grandes modelos de lenguaje necesitan enormes cantidades de texto"

La siguiente nota, publicada en por The Conversation, el 21 de agosto pasado, lleva la firma de 
Paloma González Díaz, profesora asistente en la Universitat Oberta de Catalunya. Trata sobre los libros comos materia prima de la Inteligencia Artificial.

¿Por qué las empresas de inteligencia artificial están comprando millones de libros?

Durante años, buena parte de la inteligencia artificial actual se entrenó con contenidos disponibles en internet. Páginas web, foros, artículos, enciclopedias y repositorios digitales proporcionaron enormes cantidades de texto para enseñar a los grandes modelos de lenguaje. Pero la red empieza a mostrar sus límites. Algunas empresas tecnológicas han buscado otra fuente de conocimiento y han encontrado en los libros la solución.

A principios de 2026, The Washington Post reveló una de estas estrategias a partir de documentos judiciales relacionados con Anthropic, la empresa responsable del asistente de IA Claude. La investigación sacó a la luz “Project Panama”, un proyecto secreto iniciado en 2024 para adquirir libros impresos a gran escala. Los ejemplares se escaneaban y sus textos se incorporaban a los procesos de desarrollo de modelos de IA. Para acelerar el proceso, millones de libros fueron cortados, digitalizados y después enviados a reciclar.

Anthropic no es la única compañía interesada en acceder a grandes colecciones de libros. En mayo de 2026, cinco grandes editoriales estadounidenses y el escritor Scott Turow demandaron a Meta y Mark Zuckerberg. Los acusaron de utilizar millones de libros y artículos procedentes de repositorios piratas para entrenar a su modelo Llama. Otros litigios contra empresas de IA apuntan en la misma dirección.

El procedimiento muestra un cambio importante en la forma de valorar el libro. El objeto físico pierde importancia frente a su contenido. El texto puede extraerse, convertirse en datos y utilizarse para alimentar modelos de inteligencia artificial.

Los libros han adquirido así un nuevo valor estratégico. Ya no son solo objetos que contienen y transmiten conocimiento. También son grandes conjuntos de datos en la competición por desarrollar mejores modelos de inteligencia artificial.

Los grandes modelos de lenguaje necesitan enormes cantidades de texto. Sin embargo, cantidad y calidad no son necesariamente lo mismo. Internet ofrece una diversidad difícil de encontrar en otro lugar. Pero también contiene textos breves, repetidos o poco revisados.

Además, desde 2022, cada vez hay más contenidos creados con IA en internet. Un estudio publicado en 2026 analizó páginas web aparecidas entre 2022 y 2025. A mediados de 2025, alrededor del 35 % de las nuevas páginas estudiadas incluían textos generados o modificados con IA. Esto no significa que el 35 % de internet haya sido creado por máquinas, pero sí muestra que estos contenidos tienen cada vez más presencia en la red.

El problema no es solo distinguir quién ha escrito qué. Una investigación publicada en Nature ya mostró en 2024 que entrenar sucesivas nuevas generaciones de modelos con contenidos producidos por modelos anteriores puede provocar una degradación progresiva de los resultados.

En este contexto, los libros anteriores a la expansión de la IA generativa adquieren un nuevo valor. Ofrecen a las empresas tecnológicas contenidos extensos y estructurados que, en muchos casos, han pasado por procesos profesionales de edición y corrección. Además, han sido escritos por personas.

Cuando el patrimonio se convierte en datos

Durante siglos hemos creado bibliotecas, archivos y universidades para conservar una parte de nuestra memoria colectiva. Estas instituciones no se limitan a almacenar sus fondos, también los catalogan, los preservan y los hacen accesibles.

La inteligencia artificial está dando un nuevo valor a ese patrimonio. No interesa el ejemplar físico; importa la información que contiene. Al digitalizarlo, el texto puede convertirse en datos y utilizarse para entrenar modelos de IA.

Desde la pasada primavera, libreros de España, Alemania, Australia y Nueva Zelanda han alertado de pedidos masivos y poco habituales realizados por la empresa canadiense Zoom Books. Esta compañía se dedica a la venta de libros de segunda mano por internet. Sus compras suelen realizarse a través de grandes plataformas como AbeBooks o Biblio. En ellas se pueden encontrar desde títulos baratos hasta ediciones raras y difíciles de conseguir.

Estos patrones de compra –y el precedente de Anthropic– han despertado sospechas. Sobre todo, por su volumen y por el interés en obras antiguas, descatalogadas o que no están disponibles en formato digital. Zoom Books niega que sea para alimentar a la IA y, por el momento, no existen pruebas concluyentes que permitan atribuirle ese fin.

Pero el fenómeno muestra hasta qué punto el contenido de los libros ha adquirido un nuevo valor. La información puede extraerse del objeto, convertirse en datos y circular de forma independiente. Muchos de estos textos nunca se han digitalizado, y algunos contienen conocimientos locales, especializados o publicados en lenguas con poca presencia en internet. Ofrecen información que todavía no está disponible en grandes bases de datos digitales.

Una nueva carrera por el conocimiento

Durante los últimos años hemos hablado de la carrera de la IA en términos de procesadores, energía, centros de datos y algoritmos. Pero la compra masiva de libros pone sobre la mesa otro recurso estratégico, mucho menos visible: el conocimiento humano.

Destruir un ejemplar puede parecer poco relevante cuando existen miles de copias. Pero no todos los libros están en esa situación. Muchos están descatalogados, tuvieron tiradas pequeñas o pertenecen a editoriales y ámbitos locales. Otros son difíciles de encontrar. En estos casos, cada ejemplar que desaparece dificulta el acceso a su contenido.

También importa qué libros se eligen. No todos los conocimientos están igual de representados en los datos que utilizan los modelos de IA. La selección puede reforzar desequilibrios que ya existen en internet.

La lengua es un buen ejemplo. También lo son el origen geográfico, la época o el tipo de conocimiento. Algunas culturas, perspectivas y formas de entender el mundo pueden estar muy presentes. Otras, mucho menos. Y otras pueden quedar al margen.

A esto se suma el debate sobre los derechos de autor. Escritores, editoriales y otros creadores cuestionan que sus obras puedan utilizarse para entrenar sistemas comerciales de IA sin permiso ni compensación. En Europa, la normativa sobre inteligencia artificial intenta aportar algo más de transparencia. Entre otras medidas, exige a las empresas responsables de los grandes modelos informar sobre los contenidos utilizados para entrenarlos y adoptar medidas para respetar la legislación europea sobre derechos de autor.

La cuestión, en todo caso, no es solo qué pueden aprender las nuevas herramientas tecnológicas de nuestros libros. Debemos preguntarnos qué ocurre con ellos tras su digitalización y procesamiento masivo, qué se conserva, qué puede llegar a desaparecer y qué conocimientos quedan fuera. Porque seleccionar los contenidos con los que aprende una IA también significa decidir qué voces estarán más presentes en sus respuestas y qué sesgos puede reproducir.


jueves, 27 de agosto de 2026

A un año de ser nombrada "capital del libro" por la UNESCO, Medellín celebra la edición número veinte de su Fiesta del Libro

La noticia, firmada por Carlos Jaramillo Palacio y publicada por La República, de Colombia, el pasado 24 de agosto, da cuenta de la próximo Fiesta del Libro y la Cultura, de Medellín, que cumple veinte años.




Medellín celebra su Fiesta del Libro con 3.600 actividades y Corea del Sur como invitado

Medellín se prepara para celebrar dos décadas de la Fiesta del Libro y la Cultura, uno de los principales encuentros literarios del país, que este año se realizará entre el 11 y el 20 de septiembre con entrada libre. Bajo el concepto “Travesías de la lectura”, la edición número 20 propone un recorrido por diferentes territorios, memorias, culturas y generaciones a través de los libros y la literatura.

La programación se desarrollará principalmente en el Jardín Botánico, el Parque Explora y la zona norte de la ciudad, espacios que durante diez días acogerán 3.600 actividades entre conversaciones con escritores, presentaciones de libros, talleres, exposiciones y diferentes experiencias alrededor de la lectura.

La magnitud de esta edición también se refleja en la cantidad de actores vinculados. De acuerdo con la Alcaldía de Medellín, la Fiesta del Libro contará con una red de 269 organizaciones, entre entidades aliadas y patrocinadoras, instituciones, colectivos y expositores que harán parte de la programación.

“El compromiso que tenemos nosotros en este momento que estamos acá, como Secretaría de Cultura, como Alcaldía Distrital, y del alcalde Federico Gutiérrez, es seguir haciendo estas apuestas poderosas”, señaló Santiago Silva Jaramillo, secretario de Cultura Ciudadana de Medellín.

El funcionario destacó que la celebración de los 20 años representa también una apuesta de ciudad por los libros, la lectura y la diversidad cultural. “Aquí, la Fiesta del Libro, con sus 20 años, el otro año con la capitanía definida por Unesco y, de nuevo, sobre la decisión colectiva que tomó esta ciudad, de que creer en los libros, la lectura, el escrito y la pluralidad es una forma fundamental de trabajar por la cultura”, agregó.

Corea del Sur será el invitado de honor
Uno de los principales atractivos de la edición 2026 será la participación de Corea del Sur como país invitado de honor, que llegará a Medellín con una programación de 38 actividades para ampliar el intercambio cultural entre ambos países.

La delegación estará encabezada por la historietista Keum Suk Gendry-Kim, reconocida internacionalmente por 'Hierba', novela gráfica que ha sido traducida a más de 40 idiomas. A ella se sumarán escritores como You-jeong Jeong, Un-su Kim, Geum-yi Lee, Jae-hoon Lee y Seolyeon Park, además de la ilustradora Hee Kyung Eun y el artista Guho Cho.

La presencia internacional se ampliará con la participación de la editorial mexicana Almadía, de Oaxaca, representada por su editor Guillermo Quijas y una delegación de autores de ese país. También estarán la escritora española Luna Miguel y la argentina Selva Almada.

A esta lista se suma el escritor rumano Mircea Cărtărescu, considerado una de las figuras más importantes de la literatura europea contemporánea y quien ha sido mencionado como candidato al Premio Nobel de Literatura.

Más de 2.500 actividades para niños y jóvenes
La programación también tendrá un fuerte componente dirigido a públicos infantiles y juveniles. La franja Jardín Lectura Viva reunirá 2.500 actividades, con la participación de 72 entidades.

Talleres de lectura, escritura y oralidad, narración, ilustración, teatro, música, fanzines y cartografía harán parte de una programación dirigida a niñas, niños, jóvenes, familias y comunidades.

Las instituciones educativas de Medellín y otros municipios que quieran participar ya pueden realizar su inscripción a través de la plataforma habilitada por la organización.

La oferta editorial será otro de los componentes centrales de la Fiesta del Libro. En la franja Lanzamientos del Libro se presentarán 366 novedades literarias, mientras que la muestra comercial contará con 162 expositores. En este espacio participarán editoriales independientes y universitarias, distribuidores, librerías y otras iniciativas vinculadas con la industria editorial, lo que permitirá a los asistentes conocer nuevas publicaciones y acercarse directamente a diferentes actores de la cadena del libro.

La organización también anunció la distribución gratuita de 40.000 ejemplares del Cuentico Amarillo #19, perteneciente a la colección 'El Quijote de barriada', escrito por Gilmer Mesa e ilustrado por Laura Ospina.

A estos se sumarán 4.000 ejemplares de Chunhyangjeon, una nueva traducción de una novela clásica de Corea del Sur, como parte del intercambio cultural que tendrá lugar durante esta edición.

La vigésima edición de la Fiesta del Libro y la Cultura tendrá además un significado especial para Medellín, pues se desarrolla en el marco del reconocimiento otorgado por la Unesco, que llevará a la ciudad a convertirse en Capital Mundial del Libro en 2027. La celebración de los 20 años se convierte así en un punto de transición hacia el próximo año, cuando Medellín tendrá una mayor exposición internacional alrededor de la literatura, la lectura y la industria editorial.

Los principales aliados del Distrito para la realización del evento son EPM, Comfama y Comfenalco Antioquia.

Con entrada libre durante sus diez días de programación, la Fiesta del Libro y la Cultura busca mantener su carácter abierto y acercar la literatura a públicos de diferentes edades y procedencias, al tiempo que fortalece el intercambio entre autores, editoriales, lectores y otros actores de la industria cultural.

miércoles, 26 de agosto de 2026

"Estamos ante una reasignación de las preferencias dentro de un mercado que se achicó"

El pasado 24 de agosto, el diario Clarín, de Buenos Aires, publicó un artículo sin firma en el que se ofrecen las conclusiones de la Encuesta Anual del Sector del Libro, que todos los años elabora la Cámara Argentina del Libro. Los resultados, a continuación.

Ocho de cada diez libros que la gente compra son para resolver problemas económicos y sociales

Según estimaciones de plataformas de venta online como Mercado Libre, los rankings de las grandes cadenas de librerías y de la Encuesta Anual del Sector del Libro elaborada por la Cámara Argentina del Libro, el 80 por ciento de los libros comprados en la Argentina en los últimos dos años abordan temas relacionados con la crisis económica y social. “Nuestro trabajo demuestra claramente que estamos ante una reasignación de las preferencias dentro de un mercado que se achicó”, señala en el documento Fernando Iannace, titular de la consultora Ghostwriter Argentina.

El relevamiento detecta así un fenómeno que tiene dos caras: por un lado, la “llamativa persistencia de títulos de psicología, bienestar y desarrollo personal entre los libros más buscados y vendidos durante los últimos veinticuatro meses”. También registraron un crecimiento exponencial de la cantidad de lectores interesados en obras de finanzas, emprendimiento y desendeudamiento.

Pero, al mismo tiempo, esas elecciones tienen lugar en un contexto de “fuerte retracción del mercado editorial, crecimiento de la morosidad familiar e indicadores de precariedad laboral”, según detallan.

El informe, difundido este lunes en el contexto del Día del Lector por la consultora dedicada a brindar servicios de asesoramiento y publicación de manuscritos no profesionales, señala que la fecha instituida por la Ley 26.754 en homenaje al nacimiento de Jorge Luis Borges encuentra una situación que “parece tener poco de celebración y mucho de radiografía social: en medio de una de las transformaciones económicas más profundas de los últimos años, también está cambiando la clase de respuestas que una parte del público busca en los libros”.

Para elaborar este informe, el Observatorio de Hábitos de Ghostwriter Argentina realizó relevamientos propios en los puntos de venta más importantes del país, además del entrecruzamiento de datos públicos de la industria editorial, plataformas de comercio electrónico y organismos oficiales.

La primera observación es clara: desde 2024, “mientras la venta general de libros se contrajo, numerosos títulos relacionados con psicología, hábitos, bienestar, finanzas y desarrollo personal conservaron posiciones privilegiadas entre las preferencias del público”.

Por caso, en la plataforma de ventas Mercado Libre, durante 2024 se vendieron más de 3,13 millones de libros y, entre los cinco títulos más buscados del año, cuatro pertenecían al universo de la psicología y el desarrollo personalLa felicidad, de Gabriel Rolón; Este dolor no es mío, de Mark Wolynn; 50 cápsulas de amor propio, de Sara Espejo; y Hábitos atómicos, de James Clear.

Un año después, el fenómeno continuó. El ranking de libros más vendidos en Mercado Libre durante 2025 fue encabezado nuevamente por La felicidad, seguido por Hábitos atómicos y Este dolor no es mío. En quinto lugar apareció el clásico de Viktor Frankl El hombre en busca de sentido.

La única obra de ficción entre esos cinco primeros lugares fue El Eternauta, impulsada además durante el año por el fenómeno audiovisual asociado con su adaptación.

“Nuestro trabajo demuestra claramente que estamos ante una reasignación de las preferencias dentro de un mercado que se achicó”, explica en el reporte Iannace y agrega que “los datos muestran que el lector argentino está buscando herramientas para gestionar la incertidumbre”.

Cámara Argentina del Libro

La Encuesta Anual del Sector del Libro de la Cámara Argentina del Libro y el Núcleo de Innovación Social aporta datos en sintonía: el 80% de las editoriales relevadas registró una caída de ventas entre 2023 y 2024. Entre ellas, un 27% sufrió bajas de entre 26% y 49%, mientras otro 9% reportó retrocesos superiores al 50%. También declararon disminuciones el 78% de las distribuidoras y el 68% de las librerías consultadas.

La producción acompañó ese escenario. En 2024 se registraron 31.574 novedades editoriales, 8% menos que un año antes, y la tirada promedio del sector editorial comercial pasó de 1.891 a 1.646 ejemplares. En 2025 volvió a crecer la cantidad de títulos registrados, pero la tirada total cayó 34%, en buena medida por el retroceso de las ediciones estatales y compras institucionales.

“Cuando comprar un libro deja de ser una decisión automática y pasa a competir con gastos cada vez más sensibles, el lector se vuelve selectivo. Y una parte de ese público parece estar eligiendo títulos que percibe como herramientas: para entender una emoción, modificar un hábito, atravesar una crisis, producir mejor o recuperar alguna sensación de control”, sostiene Iannace.

“La biblioteca funciona muchas veces como un sismógrafo social”, interpreta Iannace. “En épocas de estabilidad puede ganar el deseo puro de entretenimiento o descubrimiento. Cuando aumenta la incertidumbre, crece también la necesidad de respuestas. No necesariamente respuestas correctas ni soluciones mágicas, sino la búsqueda de un método, una explicación o una hoja de ruta. Y eso es exactamente lo que prometen buena parte de estos libros desde sus títulos, sus contratapas y su propuesta editorial”.

En las mesas de novedades

En las librerías, primer contacto con los lectores y lectoras, el termómetro muestra la misma situación. En el ranking general de Cúspide de agosto aparecen Hábitos atómicos, Deja de ser tú, Este dolor no es mío El hombre en busca de sentido, todos un paso adelante o a la par de novedades literarias, infantiles, políticas y fenómenos masivos.

Editorial Planeta Argentina, por su parte, también marca actualmente como “más vendidos” o “imprescindibles” varios títulos de ese universo, a los que suma La teoría Let Them, de Mel Robbins, y Recupera tu mente, reconquista tu vida, de Marian Rojas Estapé.

Al universo emocional se suma otro cada vez más visible en las vidrieras físicas y digitales: las finanzas personales, la productividad y el emprendimiento. Clásicos como Padre rico, padre pobre, junto con obras como La psicología del dinero, siguen ocupando espacio en los catálogos argentinos, acompañados por manuales de ventas, marketing, liderazgo, negocios y creación de emprendimientos.

Sobre estos últimos, Ghostwriter Argentina también afirma que “se observa un crecimiento del 30 % en la preferencia de los argentinos por la lectura de libros de finanzas o desendeudamiento”, aunque aclara que todavía no existen datos públicos suficientes para afirmar que la venta nacional de esos ejemplares se haya traducido en el mismo porcentaje”.

“Detectamos una presencia creciente de esa oferta y un contexto objetivo que puede explicarla, aunque los datos aún no se reflejan en las ventas”, confirma el sondeo de hábitos de lectura.

“Lo que sí podemos demostrar es más revelador: entre los años más difíciles para el sector editorial, cuatro de los cinco libros más buscados en las principales plataformas y librerías del país hablan de felicidad, dolor, amor propio o hábitos, demostrando que existe un cambio cultural que merece ser estudiado”, señala el estudio.

“Durante mucho tiempo dijimos que cada crisis obliga a las personas a reinventarse. Quizás ahora podamos agregar algo: también las obliga a reinventar su biblioteca”, cierra Iannace.


martes, 25 de agosto de 2026

"Siento que la gente ama odiar la traducción"


Publicada en ADN 's Substack, la siguiente entrevista de Omar Guerrero con la traductora estadounidense Megan McDowell fue publicada el pasado 12 de agosto.

"Soy una mediadora muy pequeña en toda esta máquina de publicar libros"

Una de las invitadas internacionales de la 30° Feria del Libro de Lima #FilLima2026 fue la traductora literaria Megan McDowell (Kentucky, Estados Unidos, 1978), quien se ha especializado en traducir a varios escritores latinoamericanos contemporáneos para el mercado anglosajón. Ha trabajado con la obra de Mariana Enriquez, Alejandro Zambra, Brenda Navarro y muchos más. En 2022 ganó el National Book Award por la traducción del libro de cuentos Siete casas vacías, de Samanta Schweblin, por lo que ambas, autora y traductora, subieron al estrado para recibir tan importante galardón. Aprovechamos su visita a nuestro país para conversar sobre su trabajo.

La traducción literaria es mucho más que la reescritura de un libro a otro idioma. Involucra lecturas, interpretación, estilo, ritmo; además de la comunicación constante con el autor. ¿Cómo es el método de trabajo de Megan McDowell una vez que asume la labor de traducción y qué elementos o recursos son prioritarios al momento de desarrollarla?
Primero leo el libro, que suena obvio, pero no lo es. Luego hago un borrador, que es un borrador automático. Sucede que no hago investigaciones, sino que opto por este borrador donde empiezo a trabajarlo. En ese momento me pongo a leer otros libros que siento que tienen algo en común con el libro que voy a trabajar. O hay otros libros que están mencionados en el libro que voy a traducir. Por ejemplo, ahora estoy traduciendo Noche negra de Pilar Quintana, que trata de una pareja que se va a la selva a construir su casa y viven aislados en la naturaleza. Para eso estoy leyendo Éste es el mar, por ejemplo, que hace referencia a dos libros más: La caída de la casa Usher y Northanger Abbey, que están ahí por alguna razón. También estoy leyendo El corazón de las tinieblas porque todos estos libros están en conversación. Después de trabajar esa segunda versión, recién ahí empiezo a hablarle al escritor, a hacerle preguntas sobre cosas que quizás no entiendo o que quiero entender mejor. Y ahí es donde a mí me resulta importante tener esa relación de confianza con el escritor porque muchas veces mis preguntas son para saber si estoy en lo correcto, o quiero saber qué es lo que el escritor estaba pensando cuando lo escribió para hacerme una idea de todo el proyecto, de todo lo que tenía en mente al momento de escribir. Yo sé que es un lujo poder preguntar eso. Luego viene otra etapa. Entrego el libro, lo lee el editor, me lo devuelve con más preguntas. Y así. Esa es la última lectura. Leo el libro viendo cómo lo leyó una persona en inglés que no tiene el español en su cabeza. Y eso también es un momento muy clave para mí. Ahí lo considero terminado.

¿Tienes libertad de escoger el libro que deseas traducir o estas decisiones siempre provienen de la editorial?
Tengo ciertos escritores con los que siempre trabajo. He traducido todos los libros de Alejandro Zambra, de Samanta Schweblin, de Mariana Enriquez; y cuando tienen un libro nuevo da lo mismo si lo pide la editorial porque dan por hecho de que lo voy a traducir. Y ellos me dan bastante trabajo. Cuando hay una nueva novela de Alejandro, lo termino y enseguida tomo uno de Samanta, lo que ya resulta bastante porque trabajo muy lento. Aparte de ello, tomo otros proyectos. A veces son cosas que llevo años tentando como Juan Emar, que es uno de los primeros escritores que me interesó hace mucho tiempo y he seguido un poco con eso. Otros escritores me mandan sus libros. Y ahí sí puedo escoger un poco. Muchas veces me escriben los agentes o los editores, que ya han comprado los derechos del libro y que están buscando traductor. Pero la verdad es que rechazo mucho. Hay muchos proyectos muy interesantes que simplemente no puedo trabajarlos porque tengo tiempo. De vez en cuando tomo algo nuevo, como la novela de Pilar Quintana. Ahora también estoy trabajando un libro de Leila Guerriero, que me encantó. A veces funciona. A veces lo puedo hacer.

En una entrevista para The Paris Review comentas que no te gusta la frase “Lost in translation”. ¿Podrías comentar más sobre este concepto y por qué no es de tu agrado?
Siento que la gente ama odiar la traducción. Cuando hablamos de traducción, la primera reacción que la gente hace es pensar: “bueno, yo no lo diría así”, “esto no se dice así, entonces esta traducción está mal”, pero hay mucho más que contribuye a la construcción de una traducción. Hay muchas decisiones. No es algo literal, como cambiar palabra por palabra. Estamos pensando en voz, música, registros, juegos de palabras. Esa es una primera reacción. Yo lo que hago, y no debería hacer, es leer los comentarios en Amazon o en Goodreads. Y muchas veces veo que hay reseñas o comentarios que dicen que les encantó el libro, pero que es una traducción, por lo que les dan cuatro de cinco estrellas. Entonces hay ese prejuicio. Lo consideran algo menor, no es tan perfecto como el original. Y esa forma de pensar es muy dañino a la literatura porque, a mi forma de verlo, la traducción agrega mucho a la cultura literaria. En mi caso, del inglés. La traducción de voces de otros países tiene mucho que contribuir. Y decir que un libro escrito en inglés es mejor que un libro traducido del español para mí resulta muy ofensivo. Siento que hay que concentrarse mucho más en lo que se gana con la traducción. Claro, los traductores somos seres humanos, por lo que a veces cometemos errores, pero los autores también son seres humanos, por lo que también cometen errores, lo que no sería muy justo concentrarse en los errores de los escritores al momento de escribir. Hay que ver el proyecto total y hay que entenderlo en el plano en el que está funcionando. Y el plano de la traducción es mucho más que los errores.

También has hecho traducciones a muchos escritores chilenos como Lina Meruane, Alejandro Zambra o Diego Zúñiga, quizás porque has vivido buen tiempo en Chile. ¿Cómo traduces palabras tan propias del habla chilena como polola, cachay o po?
Esa pregunta de cómo traducir ciertas palabras es difícil a veces responder porque no hay una forma de traducir una palabra exacta. Siempre tienes que pensar la situación en el libro, los personajes que dirían estas palabras. Con “polola” tenemos una palabra en inglés y uso esa palabra, que muchas veces es “girlfriend”. Si es necesario hacer una diferenciación, como por ejemplo en un libro de Paulina Flores, que estoy trabajando ahora, su personaje, que está en España, y le pregunta a su “pololo”, a su amante peruano: ¿quieres pololear conmigo? Y luego hay un chiste sobre que no están en Chile, por lo que no es vigente ese trato, digamos. En ese sentido tengo que mantener la palabra “polola” porque lo importante es la chilenidad. Pero muchas veces no importa que la palabra sea chilena sino el significado. Hay que ver qué te llama, qué te pide cada instancia.

No he leído aún la traducción que has hecho de Poeta chileno, de Alejandro Zambra, pero me inquieta saber cómo hiciste con las traducciones absurdas e hilarantes que se mencionan en el capítulo “Poetry in motion” con respecto a los nombres de estos poetas chilenos: Pola Andthecow, Alexandra of the River, Ralph Blonde o Xavier Beautiful.
Eso fue fácil. Mantuve las traducciones absurdas al inglés y solo agregué una línea que corresponde al personaje de Vicente que piensa lo ridículas que le resultan las traducciones al inglés de los nombres de los poetas chilenos.

¿Al traducir a una autora como Mariana Enriquez resulta necesario insertar más palabras o frases para intensificar el terror que transmite en sus historias?
Esta pregunta supone que hay una cierta cantidad de palabras que trae la traducción y que es más o menos la misma cantidad de palabras que trae la versión en español, pero no es así. A veces tengo que explicar o dar un poco de contexto quizás para cosas que no se van a entender, que quizás en Argentina, o en el mundo de habla español se entiende o se sobreentiende, y que en inglés no se entiende. Entonces a veces hago algo así, pero más que nada para lograr el terror pienso en la música y en el ritmo de las traducciones solo para intensificarlo. Eso y las palabras que deben ser muy específicas como pensar en los términos que tienen que ver con las sensaciones corporales. Mariana usa muchas palabras que se refieren al sonido, a sensaciones físicas, a olores, por lo que siempre trato de hacer esas sensaciones más inmediatas.

También has traducido la novela Ceniza en la boca (Eating Ashes) de la escritora mexicana Brenda Navarro, cuya historia transita entre México y España con el tema de la migración. ¿Esto trajo consigo alguna dificultad en la traducción?
Sí, justamente traía problemas de traducción o dificultades. La prosa de ese libro es bien coloquial. Las frases son muy largas. Es como si alguien estuviera dando un gran monólogo. Su personaje central, que es mexicana, viaja primero a Madrid y luego a Barcelona. Y en cada lugar donde va tiene que encontrarse con otro tipo de español. Entonces ese libro tiene el español mexicano, pero también el español de España o de otras regiones o países de Sudamérica, incluso hay un español hablado por un gringo. Entonces todas esas versiones del español yo tenía que diferenciarlas en mi traducción. Esa fue una dificultad, pero para mí fue muy importante. De nuevo traté de “enseñarles” las palabras a mis lectores como “pendejo” para simbolizar el habla mexicana. Les enseñé palabras españolas como “tía” o “qué guay”, y mencioné que estas palabras pertenecen a tal lugar. Solo así se podía diferenciar las distintas voces, pero no incluí las palabras españolas sin explicación. Pero también sentí que si los lectores no entienden ciertas palabras eso tiene que ver con el libro en sí, de sentirte un poco descolocada lingüísticamente, por lo que traté de abrazar un poco esa incertidumbre lingüística.

Después de traducir al inglés a varios escritores latinoamericanos contemporáneos, ¿crees que ha surgido otra vez un gran interés por parte del mercado anglosajón sobre la literatura de nuestro continente, sobre todo después de los éxitos aislados del boom latinoamericano y el fenómeno Bolaño? ¿Te sientes una mediadora de lo que está ocurriendo?
Yo creo que los lectores anglosajones están abriéndose cada vez más a la traducción en general. Yo cuando voy a Estados Unidos y hago eventos, hace diez años sin falta alguien sacaba el tema del boom, y eso ahora ya no pasa. Eso quiere decir que los lectores están ampliando sus ideas sobre la literatura de América Latina. En cuanto al fenómeno Bolaño pasa al mismo tiempo que el fenómeno Elena Ferrante o el fenómeno Knausgård. Entonces todos esos libros de estos escritores, como mostraron los editores en Estados Unidos, demuestran que la traducción es viable. Esa idea de que publicar traducciones siempre va a ser una pérdida no es cierto o no tiene que ser cierto. Siento que las grandes editoriales hoy en día están buscando voces nuevas de América Latina que no necesariamente tienen que ser voces consagradas como los del boom. Y sí, están buscando al próximo Bolaño, la próxima Samanta Schweblin, la próxima Fernanda Melchor. Y no solo las editoriales independientes, como sucedía en el pasado, porque eran ellos los que se arriesgaban a publicar una traducción. Hoy en día las grandes editoriales también están haciéndolo. Y siento que los lectores lo buscan. Ya no es un problema ser traducido porque los lectores tienen más un concepto para leer un libro de Chile o un libro de Argentina. Por tal razón, me siento una mediadora porque trabajo con la literatura contemporánea y tengo una visión de la traducción que quiero que sea una conversación inmediata y constante. Soy una mediadora muy pequeña en toda esta máquina de publicar libros.

lunes, 24 de agosto de 2026

El gobierno mexicano interviene para ayudar a una importante editorial independiente de ese país


Con sesenta y seis años de existencia, ERA es una de las más importantes editoriales independientes de México. Eso, en los tiempos que corren, significa mucho menos que lo que alguna vez pudo significar y ahora, al cabo de varios años complicados, ha decidido cesar sus actividades por importantes problemas financieros. Luego haber hecho pública su situación, ERA recibe el inesperado apoyo de la presidente Claudia Sheinbaum y del Fondo de Cultura Económica. Es lo que explica la nota, publicada por Reyes Martínez Torrijos, en la edición del diario mexicano La Jornada, del pasado 22 de agosto. 

Anuncian venta especial de libros de Era en Los Pinos

El Complejo Cultural Los Pinos (CCP) anunció que el próximo 29 y 30 de agosto se llevará a cabo en sus instalaciones una venta especial del catálogo de Ediciones Era.

Además, representantes del Fondo de Cultura Económica (FCE) confirmaron que ayer se reunieron con autoridades de ese sello independiente y acordaron tres medidas de apoyo ante la crisis financiera que vive Era, informó a La Jornada Paco Ignacio Taibo II, titular de la editorial del Estado mexicano.

El historiador adelantó que las acciones, resultado del acercamiento, “se van a concretar a lo largo de la próxima semana”.

La primera colaboración es “una compra de saldos de bodega de Era destinada a clubes y salas de lectura, para que el Fondo regale estos ejemplares en clubes y salas de lectura”, explicó.

Como tercer acuerdo está evaluar la coedición de libros del catálogo histórico de Ediciones Era. “Hicimos una primera lista de 12 títulos que el próximo viernes revisaremos, porque se trata de decidir entre Era, el FCE y cada titular de los derechos de los libros, o sea, hay que ver si el autor está de acuerdo con estas coediciones para preservar el fondo de Era”.

Luego de la muy posible aprobación el viernes de los títulos incluidos en la lista, serían impresos en lo que resta de este año por el FCE y la nueva colección comenzaría a ser distribuida en enero del año que viene, mencionó Taibo II.

La conversación inicial de los equipos de ambas editoriales, adelantada ayer por este diario, fue en un tono “muy amable, muy de venimos a echarles una mano y en qué forma”, refirió el director del Fondo

El lunes se difundió un documento que anunciaba el cese de operaciones, por problemas financieros, de la editorial.

viernes, 21 de agosto de 2026

Atención traductores del coreano al castellano: hay noticias auspiciosas

La noticia tiene ya unos meses, pero no perdió actualidad. Fue publicada sin firma en Noticias sobre Corea. 

Corea abrirá en 2027 un posgrado en traducción para impulsar la expansión global de su literatura

Corea establecerá en septiembre de 2027 un posgrado en traducción para formar profesionales especializados en literatura coreana y contenidos culturales.

El Instituto de Traducción Literaria de Corea (LTI, por sus siglas en inglés) organismo afiliado al Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo, celebró el 28 de abril en Seúl el acto de lanzamiento del comité de promoción del proyecto y anunció que acelerará los preparativos con vistas a su apertura el próximo año.

El programa contará con un total de 60 estudiantes, 30 coreanos y 30 extranjeros, y abarcará siete idiomas: inglés, francés, alemán, español, chino, japonés y ruso.

El comité está compuesto por nueve miembros, entre ellos el poeta y exministro de Cultura Do Jonghwan, así como los escritores Moon Chung-hee, Ra Taejoo, Hwang Sok-yong y Eun Heekyung, los críticos literarios Kwon Yeongmin y Yoo Sungho, el traductor Darcy Paquet y el director ejecutivo de Simone Accesory Park Eun-kwan.

El proyecto contempla convertir la actual Academia de Traducción del instituto, creada en 2008 como el único programa especializado del país en literatura y contenido cultural coreanos, en un posgrado que otorgue títulos de máster.

Hasta la fecha, el LTI ha formado a más de 1.600 traductores, pero ha sido criticado por las limitaciones de un programa que no ofrece un grado académico para la formación de profesionales altamente cualificados.

Durante el evento, los participantes coincidieron en la necesidad de crear este posgrado.

Do Jonghwan señaló que, aunque la literatura coreana ya ha alcanzado un alto nivel, la profundidad de sus obras no se ha transmitido plenamente debido a las limitaciones del coreano como lengua minoritaria y subrayó que la formación de traductores profesionales es esencial para profundizar la proyección internacional de la literatura coreana.

Moon Chung-hee destacó que, sin la traducción a múltiples idiomas, la literatura coreana difícilmente habría podido difundirse a nivel global, y afirmó que la traducción es el principal canal que conecta estas obras con los lectores internacionales.

Ra Taejoo apuntó que, aunque la novela coreana ha ganado visibilidad en el extranjero, la poesía sigue siendo poco conocida, por lo que es necesario un apoyo equilibrado a la traducción que no se concentre en un solo género.

Yoo Sungho definió la traducción como un acto crítico de selección e interpretación, así como un proceso de incorporación de las obras a la literatura mundial, y señaló que el traductor no es solo un mero intermediario, sino un creador que transmite cultura y memoria, lo que exige una formación sistemática a nivel de posgrado.

Por su parte, Park Eun-kwan subrayó que la limitada proyección internacional de la literatura coreana no se debe a su calidad, sino a la falta de una estructura adecuada de traducción, distribución y marketing, y afirmó que el nuevo posgrado debe contribuir a subsanar estas carencias.

La presidenta del LTI, Chon Sooyoung, expresó su compromiso de establecer un sistema educativo más especializado y orientado al futuro y formar traductores de alto nivel, capaces de liderar los intercambios culturales globales en la era de la transformación digital.

Los miembros del comité de creación del posgrado en traducción posan para una foto grupal el 28 de abril durante la ceremonia de lanzamiento

jueves, 20 de agosto de 2026

Vargas Llosa en quechua

El peruano Luis Alberto Medina Huamaní (foto) es docente de quechua en Idiomas PUCP, traductor certificado por el Ministerio de Cultura y licenciado en Educación por la UNMSM. Su trabajo se centra en la traducción, edición y creación literaria en quechua, con especial atención a la incorporación de la lengua originaria a la literatura contemporánea. Es autor y coautor de diversas publicaciones y actualmente desarrolla un proyecto de traducción y edición de clásicos de la literatura peruana en quechua, orientado a ampliar el acceso de los lectores quechuahablantes al patrimonio literario nacional. El texto que sigue, publicado recientemente en Jugo, es una descripción que hizo en primera persona sobre cómo llegó a traducir clásicos de su país al quechua. 

Cuando los cachorros también hablan quechua

En el verano de 2018 me propuse traducir al quechua algunas de las obras que forman parte de nuestro imaginario literario y hacer que pudieran leerse también en una de las lenguas originarias más habladas del Perú. Una idea sencilla, pero muy retadora. Ocho años después, debo admitir que la deuda sigue siendo enorme. Hasta el momento he logrado traducir dos clásicos y medio: Paco Yunque (INALO, 2018), Uña allqukuna (Los cachorros, Penguin Random House, 2025) y Fabla salvaje de César Vallejo, que aún permanece inédita.

Hace ya tiempo me pregunté por qué quienes formamos parte de los pueblos originarios del Perú no podemos acceder a los clásicos de nuestra propia literatura en nuestra propia lengua. Dicho de otro modo: ¿por qué no leer a nuestros clásicos también en quechua, una de las lenguas oficiales de nuestro país?

Esa pregunta ha guiado buena parte de mi trabajo como traductor.

Con esa convicción, hace algunos años logré contactar a una agente literaria de Mario Vargas Llosa para contarle el proyecto. Mi intención era comenzar con La ciudad y los perros. La respuesta fue entusiasta, pero poco después la conversación quedó suspendida. Llegó la pandemia y terminé dedicándome por completo a otro proyecto: la traducción de la narrativa de César Vallejo.

Hasta que llegó el momento esperado.

Un día recibí la llamada de Johann Page, editor de Penguin Random House en Perú. Me propuso traducir la novela corta Los cachorros (1967). No tuve que pensarlo dos veces. Cuando conversamos sobre el cronograma, calculé que necesitaría al menos dos meses para hacer una traducción a la altura de la obra. Johann me respondió con una frase que todavía recuerdo:

—Tenemos diecinueve días.

Acepté el reto.

Fueron, probablemente, los diecinueve días y noches más intensos de mi vida profesional.

No solo traduje. Me sumergí, cual detective, en la Lima de los años cuarenta: investigué su entorno social, la música de la época, los barrios, los espacios que frecuentaban los jóvenes, sus costumbres, sus formas de hablar y todo aquello que Mario Vargas Llosa había incorporado a la novela.

Pero el verdadero desafío no estaba en el vocabulario.

El mayor reto consistió en comprender —ya no solo como lector, sino como creador— la extraordinaria polifonía narrativa de Los cachorros: esas voces que cambian sin previo aviso, ese narrador colectivo que obliga al lector a reconstruir constantemente quién habla. Captar esa arquitectura narrativa y hacerla vivir en quechua fue, quizá, la parte más compleja de toda la traducción.

Poco después supe que el Ministerio de Cultura había adquirido los derechos para publicar doce mil ejemplares de la obra traducida. Aquella era una magnífica noticia, pero también abrió un debate mucho más profundo. La Dirección de Lenguas Originarias revisó la traducción y surgieron diferencias de interpretación y, sobre todo, de enfoque. Allí comprendí que era necesario distinguir dos maneras muy distintas de entender la traducción.

La traducción técnica busca claridad, uniformidad y precisión terminológica. La traducción literaria, en cambio, busca recrear una experiencia estética. Trabaja con símbolos, metáforas, silencios, ritmos, ambigüedades y múltiples niveles de significado. No siempre dice exactamente lo mismo: intenta producir en el nuevo lector un efecto semejante al que produce el texto original.

Uno de los debates más intensos giró en torno al propio título.

Se propuso reemplazar Uña allqukuna (“Los cachorros”) por Maqtillukuna (“Los muchachos”). Desde una lógica técnica, el cambio parecía razonable: evitar que el lector pensara literalmente en perros.

Sin embargo, desde una perspectiva literaria, ocurría exactamente lo contrario.

Los “cachorros” constituyen uno de los grandes símbolos de la novela y dialogan, además, con otro universo narrativo de Vargas Llosa: La ciudad y los perros. Esos cachorros no son simplemente animales; son muchachos que intentan demostrar su hombría, encontrar su lugar dentro de la manada y atravesar los difíciles ritos de paso hacia la adultez.

La literatura no explica todos sus símbolos desde la portada. Confía en la inteligencia del lector. Y la traducción literaria tampoco debería subestimar esa capacidad de interpretar.

Algo semejante ocurrió con el uso del lenguaje.

En una traducción técnica suele privilegiarse la uniformidad: un término, una única equivalencia. En literatura ocurre lo contrario. El contexto, la intención del personaje, la musicalidad del texto y la carga emocional permiten elegir entre distintos sinónimos y matices. Traducir literatura no consiste únicamente en trasladar significados; consiste en recrear una voz.

Quizá el caso más polémico fue la traducción del insulto “maricón”.

En la revisión se interpretó que ese término hacía referencia a la supuesta cobardía de Cuéllar por no acercarse a las muchachas. Sin embargo, la tradición crítica sobre Los cachorros ha mostrado otra lectura: el apelativo surge porque sus amigos comienzan a sospechar de una supuesta homosexualidad, consecuencia de la castración que sufre tras el ataque del perro Judas. Cuéllar no evita relacionarse con las mujeres por cobardía, sino porque la mutilación ha afectado profundamente su identidad y su deseo.

Por esa razón opté por traducir el término como chinaku, una palabra que en quechua remite precisamente a alguien percibido como afeminado y que reproduce con mayor fidelidad la carga semántica que el insulto posee en la novela. Finalmente, durante el proceso editorial, entre otros términos, se decidió conservar el término “maricón” en castellano.

La traducción literaria no consiste únicamente en trasladar palabras de una lengua a otra. Consiste en interpretar una obra, comprender su tradición, respetar sus símbolos y reconstruir su universo para nuevos lectores.

La traducción de Los cachorros no debe entenderse como una demostración de que el quechua, como lengua viva hablada por millones de personas, es capaz de traducir a Mario Vargas Llosa. Esa discusión quedó superada hace mucho tiempo. El desafío ya no es demostrar qué puede hacer una lengua, sino preguntarnos para quiénes está disponible nuestra literatura.

En suma, quienes formamos parte de los pueblos originarios también tenemos derecho de acceder a la literatura peruana, de leer a nuestros clásicos, en nuestra propia lengua.