miércoles, 4 de noviembre de 2026

Editorial española propone una edición completa de los cuentos de los hermanos Grimm

"Páginas de Espuma publica una edición íntegra de sus cuentos, incluidos textos desaparecidos de las primeras ediciones." Tal es la bajada de la nota publicada sin firma, en el diario La Razón, de España, el pasado 3 de noviembre.

El bosque inagotable de los hermanos Grimm

Érase una vez… Y vivieron felices y comieron perdices. Son principio y fin de nuestra vida desde que somos escuchadores de cuna hasta que se leen cuentos a los nietos. Entre esas dos frases hay siempre una historia mágica; también cientos de años de folclore y tradición oral hasta que un cuarteto de escritores a los que les debemos nuestro ADN infantil, Charles Perrault (siglo XVII), Jacob Grimm, Wilhelm Grimm y Hans Christian Andersen (siglo XIX) pusieron por escrito y canonizaron a madrastras, princesas bellas, esbeltos príncipes, ogros crueles y brujas horripilantes. Antes incluso de leerlos, conocemos a sus personajes; sabemos que Caperucita debe atravesar un bosque, que una chica pierde un zapato, que una princesa duerme durante años y que dos hermanos abandonados encuentran una casa donde la abundancia esconde una amenaza. Son historias que han sobrevivido a sus versiones originales, a las traducciones, a las adaptaciones cinematográficas y a incontables reescrituras, hasta el punto de que resulta difícil precisar dónde las escuchamos por primera vez. Andrés Seoane lo resume en el prólogo de los Cuentos completos de los hermanos Grimm con una frase que explica también la oportunidad de volver a ellos: «Los conocemos tanto que hemos dejado de mirarlos».

Se propone ahora precisamente eso: mirarlos de nuevo y, sobre todo, mirarlos juntos. La edición, con traducción de Alberto Gordo e ilustraciones de Arturo Garrido, recupera la última recopilación publicada por los Grimm en 1857, pero añade los cuentos presentes en ediciones anteriores que después desaparecieron, además de otros textos publicados de manera dispersa. El resultado permite comprobar enseguida hasta qué punto nuestra idea de los Grimm está construida sobre una selección mínima de su trabajo: detrás de «Blancanieves», «Cenicienta», «Caperucita roja», «Hänsel y Gretel», «La bella durmiente» o «Los músicos de Bremen» se extiende una multitud de relatos de muy distinta naturaleza.

Hay doscientos en la recopilación principal, seguidos por las llamadas leyendas infantiles; después aparecen los textos de ediciones previas que no llegaron a la última de 1856-1857 y, finalmente, los publicados en revistas. Entre los primeros encontramos títulos conocidos y otros que hoy resultan casi extraños; entre los recuperados figuran «El gato con botas» y «Barbazul», junto a «Los niños que jugaron a las matanzas», «El castillo asesino», «Los niños hambrientos» o «El ladrón y sus hijos». «Hubo un tiempo en que los cuentos de hadas eran cuentos sin hadas. También hubo un tiempo en que no pertenecían a los niños. Ni siquiera pertenecían a los libros», apunta Seoane. Los cuentos viajaban, cambiaban al pasar de una voz a otra y podían adquirir variantes diferentes según el lugar y quien los narrara. Los Grimm aparecen en un momento determinado de ese larguísimo recorrido, cuando deciden recoger y ordenar unas historias que los precedían y que probablemente habrían continuado transformándose sin ellos. Su importancia reside en la extraordinaria tarea de recopilación que emprendieron: «Escucharon, reunieron, compararon, ordenaron, corrigieron y reescribieron un inmenso caudal de narraciones populares». Esto permite entender tanto la procedencia colectiva de estas historias como la intervención de los Grimm en la forma bajo la cual muchas terminaron llegando hasta nosotros.

Tampoco nació aquella empresa pensando fundamentalmente en los niños. Ambos fueron filólogos, lingüistas y estudiosos de las tradiciones germánicas, y su trabajo con los cuentos formaba parte de un interés intelectual mucho más amplio por la lengua y por las manifestaciones de la cultura popular. El prologuista señala que su propósito inicial tenía «algo de excavación arqueológica»: intentaban preservar materiales transmitidos durante generaciones en un siglo XIX que avanzaba rápidamente hacia otras formas de vida y de cultura. Pero aquel proyecto terminó convertido en uno de los repertorios narrativos de mayor difusión de la historia.

Versiones y variantes
En cualquier caso, fijar por escrito una tradición oral supone inevitablemente transformarla. Los cuentos no llegaron a los Grimm como piezas intocables que bastara con copiar. Existían versiones, variantes, contaminaciones y procedencias diversas, y ellos mismos modificaron los textos a lo largo de las sucesivas ediciones. Por eso Seoane sitúa el conjunto en «un territorio fronterizo entre la oralidad y la escritura, entre la tradición colectiva y la intervención autoral, entre la investigación académica y la creación literaria». La imagen que elige para recorrer este universo es el bosque, escenario recurrente donde los personajes se pierden, escapan o afrontan peligros. El bosque de los Grimm puede contener una casa, una bruja, un animal que habla, una promesa o una amenaza y funciona como «un lugar de incertidumbre, pero también de revelación».

Aquí conviven campesinos y reyes, niños abandonados, soldados, sastres, criados, santos, diablos, gigantes, pájaros, zorros y objetos mágicos; relatos religiosos junto a otros humorísticos, historias crueles al lado de fábulas y narraciones de transformación, castigo, fortuna o supervivencia. Por eso, Seoane define el libro como «un inmenso archivo de la imaginación humana», y, en efecto, regresar hoy a los hermanos Grimm significa entonces reencontrarse con Caperucita, Cenicienta o Blancanieves, pero también seguir caminando cuando esos nombres conocidos han quedado atrás. El bosque empieza precisamente donde creíamos que terminaba.

martes, 3 de noviembre de 2026

Puede fallar, no digo que no.

El 28 de octubre pasado, Mónica Mateos publicó en el suplemento de cultura del diario La Jornada, de México, un artículo a propósito de las gravísimas fallas que presentan los detectores de Inteligencia artificial.

Modelos de lenguaje se nutrieron de buena literatura; la confunden con IA

A principios de este año se realizó un experimento que se volvió viral y demostró las graves fallas de los detectores de inteligencia artificial (IA), principalmente en textos que no están escritos en inglés, cuando una de esas herramientas clasificó los primeros párrafos de Cien años de soledad, del Nobel colombiano Gabriel García Márquez, publicada en 1967, como contenido artificial.

El escritor Jorge Carrión pasó ese texto por un detector y el falso positivo indicó: “generado entre 84 y 100 por ciento por IA”.

Al respecto, Saiph Savage, directora del Laboratorio de IA Cívica del Colegio Khoury de Ciencias de la Computación de la Universidad Northeastern, en Boston, advierte sobre el sesgo cultural y lingüístico en detectores como Pangram cuando se usan en escritos en nuestro idioma, “no es una anécdota, el sesgo nace de cómo funcionan estas herramientas. Que los primeros párrafos de Cien años de soledad aparezcan como totalmente escritos por IA, igual que pasajes del Génesis o la Constitución de Estados Unidos, es una consecuencia lógica de su diseño.

“Los detectores no saben quién escribió un texto ni con qué herramienta. Sólo miden dos rasgos estadísticos: la perplejidad, es decir, qué tan predecible es cada palabra, y la variación en el ritmo y la longitud de las frases. Si un texto fluye de forma armoniosa y esperable, concluyen que lo escribió una máquina.

“Ahí está la trampa: los modelos de lenguaje aprendieron a escribir leyendo buena literatura. Por eso, cuanto más pulida y rítmica es una obra humana, más se parece a lo que produce una IA. García Márquez dominaba la cadencia y la cohesión de forma impecable, y el detector confundió maestría con algoritmo”, puntualiza Savage.

Añade que “fuera del inglés, el error se agrava, pues estas herramientas se calibran con textos en inglés contemporáneo y no interpretan bien la sintaxis más flexible del español, su abundancia de oraciones subordinadas ni sus tradiciones retóricas. Además, castigan los estilos que no se ajustan al inglés nativo.

“Un estudio de Stanford mostró que los detectores clasificaron como ‘generados por IA’ más de 61 por ciento de los ensayos de personas no nativas en inglés, mientras que casi no se equivocaron con estudiantes estadunidenses. Una prosa medida, formal o con vocabulario controlado basta para levantar sospechas.

“El problema es convertir una estimación falible en una sanción. Ya hay estudiantes suspendidos y libros retirados por sospechas de uso de IA, como la novela Shy girl de Mia Ballard, que Hachette dejó de publicar en 2026. Tratar un porcentaje como prueba forense es un error de método: estos programas no detectan deshonestidad ni ausencia de humanidad, sino cercanía estadística a una forma estandarizada de escribir.

“Una obra literaria no resuena por la limpieza de su gramática, sino por la cicatriz que deja una voz que habla desde una condición mortal y situada en el mundo. La IA puede ser un andamio técnico extraordinario (un catalizador para iterar, explorar o estructurar), pero la dirección estética, el riesgo moral y la responsabilidad de lo dicho son intransferibles”, concluye.

Ese sesgo cultural también está presente en herramientas que conforman el siguiente nivel en la evolución de la IA: los “humanizadores”, un tipo de software que tiene como objetivo rescribir textos creados por inteligencia artificial, para que parezcan redactados por una persona, sobre todo, para engañar a otra IA y pasen las rigurosas revisiones.

Los primeros programas dedicados a camuflajear textos de IA comenzaron a aparecer a principios de 2023, apenas unos meses después de la explosión global del ChatGPT que fue lanzado a finales de 2022.

Los pioneros en burlar algoritmos de detección de inteligencia artificial fueron Undetectable AI, la primera plataforma masiva en acuñar el concepto “IA indetectable”. Después vino StealthWriter que prometía varios “niveles de humanización” al usar sus modelos Ninja o Ghost, lo cual permitía al usuario decidir qué tanto arriesgar la gramática a cambio de mayor evasión.

Poco después salieron al mercado GPTinf y StealthGPT, que dejaron de ser una simple página web donde se pega un texto a mano y se convirtieron en herramientas que trabajan solas en el fondo mientras el usuario hace otra cosa. Todas esas herramientas fueron hechas por jóvenes ingenieros en software.

En la actualidad, existen cientos de humanizadores de IA activos en Internet, sin contar las miles de instrucciones personalizadas (prompts) que se pueden ejecutar directamente en GPT-4o (el modelo de inteligencia artificial de lenguaje más avanzado y versátil de la empresa OpenAI, la letra “o” en su nombre significa “omni” y hace referencia “a su naturaleza multimodal nativa”); o Claude 3.5 Sonnet (de Anthropic, compañía que dice que Sonnet “representa el punto de equilibrio perfecto entre máxima velocidad y razonamiento avanzado”, es el rival directo de GPT-4o).

Por supuesto, para acceder a todas esas herramientas el costo va de los cinco a los 19 dólares mensuales, entre las más económicas.





lunes, 2 de noviembre de 2026

"La inteligencia del lector del futuro"

Damián Tabarovsky ocupó su columna de ayer, en el diario Perfil, de Buenos Aires, reflexionando sobre qué les pasa a las traducciones de clásicos con el paso del tiempo. Así, en la bajada se lee: "Los textos clásicos, los buenos textos, soportan cualquier traducción. Soportan ese pasaje de tiempo".

Ovni y traducción

Cuando era chico había una serie de televisión que se llamaba El túnel del tiempo. Era la historia de dos científicos que por error viajaban en el tiempo. Por ejemplo, estaban en el momento exacto en que estaban por asesinar a Lincoln o donde se iba a declarar la Primera Guerra Mundial y ellos no intervenían. Podían evitar que sucediera el desastre, pero decían “no, no toquemos nada, porque eso cambiaría el curso de la historia.” Para mí la traducción es lo opuesto a eso. Los textos también viajan en el tiempo y en el espacio, pero tienen como misión modificar la cultura local. Es como un OVNI que viene de otro universo para cambiar el mundo existente. La historia de la cultura -y en particular la historia de la cultura argentina- es también la historia de las traducciones que cambiaron esa cultura, que la modificaron. Tal vez habría que discutir la propia idea de políticas de la traducción entendida no tanto en sus aspectos técnicos de la relación entre el traductor, la editorial y el mercado, sino como la relación entre traducción y polis. Una pregunta que me parece central, de tan obvia y mínima que generalmente nunca tiene respuesta, es cómo puede ser que un texto escrito en otra lengua, en otra época, en otro lugar, sea actual aquí para nosotros. Ese me parece el disparador básico de cuando uno lee y traduce. Una primera respuesta a esta pregunta es la que podríamos llamar la “tradición esencialista”: los textos clásicos, los buenos textos, soportan cualquier traducción. Soportan ese pasaje de tiempo. Son ese OVNI que cae y en cualquier lugar en el que caen producen ese efecto. Eso me recuerda una idea que tienen algunos músicos de rock según la cual las buenas melodías soportan cualquier versión. Uno escucha ahora la pésima versión de los Rolling Stones en bossa nova, pero de alguna manera sigue siendo audible gracias a la calidad de la melodía original. Ahora, esta idea esencialista, que sostienen autores como, por decir algunos, Harold Bloom o Steiner, a mí no me resulta productiva. Es cierto que existen grandes textos, pequeños textos, obras mediocres, obras de arte; pero es siempre el horizonte de la época el que otorga sentido al texto, es siempre el presente el que decide. El horizonte de la época es siempre el ahora, el presente. Esta tentación esencialista reposa por un lado en el mito de la sustancialidad de los textos, en que los textos cargan con un sentido que no se modifica con el tiempo. A diferencia de la mermelada, los textos vendrían sin fecha de vencimiento. Pero ¿es realmente así? Yo creo que entre la mermelada y la literatura hay una continuidad que todavía no ha sido del todo develada... Pero sobre todo la tentación esencialista reposa en el mito del futuro. En la inteligencia del lector del futuro. La idea sería algo así como esto: lo que no se entiende en el presente, en el futuro se entenderá. En su tiempo no se entendió a Joyce, y hoy es casi un lugar común, de fácil acceso. Pero ¿por qué pensar que el lector del futuro va a ser más inteligente, culto, sensible que el lector actual? Si los textos radicales de una época con el tiempo se vuelven triviales y casi banales, es precisamente porque la lectura de ese lector del futuro se volvió trivial y banal. El presente es el único horizonte para la literatura y, por lo tanto, para la traducción.

viernes, 30 de octubre de 2026

Editoriales a favor y en contra la IA


Daniel Gigena, el pasado 27 de octubre, publicó en La Nación, de Buenos Aires, un artículo que da cuenta de las medidas que tomará la editorial francesa Gallimard contra las obras escritas con Inteligencia Artificial. Asimismo, en la misma nota, se anuncian varios concursos que permiten la inclusión de trabajos escritos con IA.

Una editorial francesa aplicará un software de detección y en la Argentina premiarán a nouvelles escritas con inteligencia artificial

Tras los casos de uso no declarado de herramientas de inteligencia artificial (IA) en varios libros de ficción en Francia, como la ópera prima del haitiano-canadiense Thélyson Orélien, el holding editorial francés Madrigall (propietario de sellos como Gallimard, Flammarion, Denoël y Casterman, entre otros) anunció que, a partir de 2027, someterá los manuscritos de sus editoriales a un software de detección para saber si fueron escritos sin IA o con IA y, en ese caso, con qué porcentaje. Los algoritmos pugnan por el dominio de la industria editorial.

Especialistas indicaron que los sistemas de detección no solo son falibles sino que además muchas veces “detectan” como uso de IA recursos habituales en la escritura, como copiar y pegar o desgrabar audios. Como existen muchos “falsos positivos” de los sistemas de detección en archivos PDF, los expertos aconsejan aplicarlos a archivos de texto o Word. Por otro lado, son los autores (inéditos o no) quienes deberían autorizar ese análisis de IA que, paradójicamente, “alimentaría” los modelos de lenguaje de la IA.

No obstante, el empresario y editor francés Antoine Gallimard comunicó a los editores de su grupo, por correo electrónico, que a partir de enero de 2027, todos los textos recibidos serán analizados por un software de detección de IA. La medida afecta a todas las editoriales del cuarto grupo editorial más importante de Francia, que tiene sellos como POL, Minuit y J’ai lu, además de los mencionados. No se especificó cuál será el software en cuestión ni las consecuencias de un resultado positivo para la publicación de un libro. Tampoco se informó si el sistema de detección se aplicará también a las traducciones.

Según reveló la emisora France Inter, en la editorial Albin Michel ya se utiliza un software de detección, aunque su veredicto no es un criterio decisivo para la publicación. La revisión humana sigue siendo la prioridad.

Semanas atrás, la editorial quebequense Boréal anunció el fin del contrato con Orélien tras una revisión de los documentos de trabajo de su primera novela, C’était ça ou mourir [Era eso o morir], publicada en Francia por la editorial Grasset, que reveló el uso de IA. El análisis encargado por la editorial canadiense reveló que se habían encontrado rastros de etiquetas relacionadas con la IA en los metadatos. Sin embargo, la empresa admite que ignora hasta qué punto esto influyó en el proceso de escritura. El autor haitiano-canadiense sigue negando el uso de IA.

Los resultados que arroja el detector Pangram siguen provocando polémicas en el mundo editorial y literario. Días atrás, un informe publicado por El País denunció que la novela ganadora de la primera edición del Premio Internacional de Novela Breve Almadía Ventosa-Arrufat, Donde trabaja el agua, del peruano David Silva Rojas, habría usado IA en un 99%. Pese al porcentaje inverosímil que tres prestigiosas escritoras no pudieron detectar, los organizadores del certamen comunicaron que procederían a una revisión detallada de la novela. Almadía y la Fundación Ventosa-Arrufat lanzaron la segunda edición del certamen, con el mismo jurado: la mexicana Cristina Rivera Garza, la ecuatoriana Mónica Ojeda y la argentina Selva Almada.

En simultáneo con los escándalos, en Francia se lanzó el Premio Pascal de Literatura para libros coescritos con IA que sirvan para “alertar o ayudar a resolver de una manera original uno de los desafíos ecológicos, sociales y éticos que amenazan a la humanidad”, según informaron los organizadores.

La Argentina no se queda atrás. Ediciones Prompt, a cargo de los escritores Walter Godoy y Camilo Sce, acaba de anunciar la primera edición del Concurso Internacional de Novela Breve con Inteligencia Artificial destinado a personas mayores de 18 años, de cualquier nacionalidad, que presenten obras originales escritas en español.

El concurso “busca reconocer obras literarias que exploren las posibilidades narrativas, estéticas y conceptuales de la escritura contemporánea mediante el uso de inteligencia artificial generativa”. Al menos un 60% de la obra -de 20.000 a 40.000 palabras- debe estar escrita con IA. La iniciativa surgió tras la polémica desatada en Hispanoamérica por el dictamen de Pangram en la verificaión del presunto origen no humano de Donde trabaja el agua. “El uso de inteligencia artificial no será motivo de descalificación: constituye una condición central de esta convocatoria”, se lee en las bases.

Si bien se admitirán personajes, situaciones, conflictos y representaciones de ideas controvertidas, “incluidas aquellas relacionadas con la violencia, la discriminación, el racismo, la xenofobia, el odio o las conductas ilegales”, serán rechazadas las obras que funcionen como vehículos de propaganda o panfletos destinados a promover, justificar o difundir discursos de odio contra personas o grupos y conductas ilegales.

El cierre de la convocatoria es el 28 de abril de 2027 y el anuncio de la obra ganadora será el 1° de mayo del año próximo; el premio consiste en la publicación de la novela ganadora. La recepción de originales se hace en el mail promptediciones@gmail.com.

jueves, 29 de octubre de 2026

El gobierno de ultraderecha de Colombia ya se ensaña con la Biblioteca Nacional



"Ana Roda, Consuelo Gaitán, Diana Patricia Restrepo y Adriana Martínez-Villalba cuestionaron las recientes acciones del Ministerio de las Culturas y la parálisis de la institución." Tal es la bajada de la nota que, firmada  porla periodista Licsa Gómez, publicada en la vesión colombiana de InfoBAE, el pasado 24 de octubre.

Exdirectoras de la Biblioteca Nacional alertan riesgos para las políticas de lectura y patrimonio cultural tras decisiones del Gobierno De la Espriella

Cuatro exdirectoras de la Biblioteca Nacional de Colombia hicieron un llamado sobre las consecuencias que podrían tener las recientes decisiones del Gobierno de Abelardo de la Espriella para el funcionamiento de la institución y la continuidad de las políticas públicas relacionadas con la lectura, el libro, la literatura y la preservación del patrimonio documental.

La declaración fue difundida en el Día Internacional de las Bibliotecas, que se celebra cada 24 de octubre, con el propósito de exponer el papel de la entidad y de las bibliotecas públicas en el país.

Las firmantes, Ana Roda, quien dirigió la institución entre 2008 y 2013; Consuelo Gaitán, directora entre 2013 y 2019; Diana Patricia Restrepo, quien estuvo al frente entre 2019 y 2022, y Adriana Martínez-Villalba, directora entre 2022 y 2026, expresaron su respaldo al trabajo desarrollado durante generaciones y advirtieron sobre los riesgos de interrumpir procesos institucionales que han contribuido a consolidar una política pública en este campo.

En el documento, las exdirectoras señalaron que las bibliotecas cumplen funciones relacionadas con la conservación de la memoria colectiva, la investigación, la circulación de información y la garantía de los derechos culturales. También plantearon que la continuidad de los programas debe mantenerse bajo criterios técnicos, con participación de los sectores involucrados y recursos suficientes para asegurar su ejecución.

“Desconocer esta continuidad de esfuerzos, frenar sus procesos o imponer visiones e ideologías, lo que pone en riesgo no es un edificio o un programa, sino la garantía del derecho de los colombianos a la lectura, la educación, la investigación y la cultura”, afirmaron en el pronunciamiento.

Las exdirectoras recordaron que la Biblioteca Nacional de Colombia cumplirá 250 años de existencia en enero de 2027 y destacaron que tanto su edificio como sus colecciones forman parte del patrimonio nacional. La institución reúne más de 3.700.000 ejemplares en sus colecciones bibliográficas y documentales, conformadas, entre otros mecanismos, mediante la ley de depósito legal.

Este mecanismo permite recopilar las publicaciones producidas en Colombia y contribuye a conservar materiales que sirven como fuentes para la investigación y la consulta pública. Las firmantes señalaron que las colecciones han permanecido abiertas al público y han permitido a ciudadanos, investigadores nacionales y extranjeros acercarse a distintos momentos de la historia del país.

En el texto, las exdirectoras identificaron la salvaguarda, la preservación y el acceso al patrimonio bibliográfico y documental como una de las tres responsabilidades fundamentales de la institución. Las otras dos corresponden a la coordinación de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas y, desde 2024, a la coordinación del grupo del libro y la literatura.

Sobre esta última función, explicaron que comprende el diseño y la ejecución de políticas públicas y programas relacionados con la creación literaria, la edición y la circulación del libro en Colombia. Entre las iniciativas mencionadas se encuentran la Red Relata de escrituras creativas y tertulias literarias, el fortalecimiento de editoriales y librerías, la internacionalización de la literatura colombiana y la secretaría técnica del Consejo Nacional del Libro, instancia asesora de la política pública en la que participan asociaciones del sector.

La continuidad de las bibliotecas públicas y las políticas de lectura
El pronunciamiento también destacó la dimensión de la Red Nacional de Bibliotecas Públicas, coordinada por la Biblioteca Nacional. De acuerdo con las cifras incluidas en el documento, la red está compuesta por 1.569 bibliotecas municipales, departamentales, rurales y étnicas, además de 689 Bibliotecas Rurales Itinerantes distribuidas en el territorio nacional.

Las firmantes señalaron que estos espacios responden a las características de sus comunidades y desarrollan servicios relacionados con las necesidades culturales y sociales de sus usuarios. Por ello, sostuvieron que el trabajo bibliotecario no puede entenderse únicamente como la administración de edificios o programas, sino como parte de una estructura que facilita el acceso a la información, la lectura y el conocimiento en distintas regiones del país.

En esa línea, defendieron la continuidad de los esfuerzos realizados por diferentes administraciones y afirmaron que las bibliotecas colombianas son el resultado de una política de Estado construida a lo largo de varias generaciones.

En el documento, señalaron que desconocer esa trayectoria puede afectar tanto los procesos institucionales como el ejercicio de los derechos culturales. “Las bibliotecas jamás prohíben, por el contrario, orientan, acompañan, ofrecen conversación y posibilidades. Las bibliotecas no imponen nunca una sola lectura: procuran que podamos encontrarnos en la diversidad de sus colecciones y pensar por nosotros mismos. Las bibliotecas no destruyen el conocimiento, lo ponen en circulación”, expresaron.

El pronunciamiento concluyó con una advertencia sobre las consecuencias sociales de limitar el acceso a la cultura y a las fuentes de información y conocimiento. “Una sociedad a la que se limita el acceso a la cultura y las múltiples fuentes de conocimiento e información está abocada a polarizarse y a escoger herramientas distintas a las palabras para tramitar la convivencia”, señalaron Roda, Gaitán, Restrepo y Martínez-Villalba en el documento conjunto.


miércoles, 28 de octubre de 2026

China y el castellano, según un informe español


El siguiente artículo, elaborado a partir de material de la agencia española EFE, fue publicado, con firma de Mateo Chacón Orduz, el pasado 25 de octubre, en el diario El Tiempo, de Colombia. 

El español supera los 640 millones de usuarios potenciales y crece en las aulas de China

El español superó en 2026 los 640 millones de usuarios potenciales en todo el mundo, un 1,5 % más que el año anterior, según el Anuario del Instituto Cervantes presentado este sábado por primera vez fuera de España, en Pekín, que destaca además un aumento del 12,6 % de las matrículas del idioma en China entre 2023 y 2025.

La nueva edición de El español en el mundo 2026 cifra en más de 520 millones los hablantes nativos, a los que se suman 95 millones de personas con competencias limitadas y más de 24 millones de aprendices, según el Observatorio Global del Español.

En China, el informe calcula cerca de 98.000 usuarios potenciales del español, incluidos 18.497 hablantes nativos y 66.051 aprendices, mientras que el aumento de matrículas registrado desde 2023 abarca estudios universitarios, asignaturas optativas y cursos de español como lengua extranjera.

El director del Cervantes, Luis García Montero, encabezó la presentación en Pekín, coincidiendo con el vigésimo aniversario del centro de la institución en la capital china, una efeméride a la que el Anuario dedica una sección monográfica sobre la evolución del español en el país asiático.

La transformación de la enseñanza en China

El crecimiento del español está acompañado de cambios en la formación universitaria ante la demanda de profesionales que combinen el idioma con conocimientos empresariales y técnicos, explicó Yang Ming, vicedecano de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái.

En respuesta a una pregunta de EFE, Yang señaló que las empresas chinas ya no buscan "simplemente traductores o intérpretes", sino profesionales con conocimientos de "contabilidad, de ciencias empresariales, de derecho", una transformación vinculada a sus inversiones en América Latina y España.

El académico explicó que las universidades reciben peticiones para "reducir las horas lectivas" de formación lingüística y dejar espacio a otras disciplinas, un cambio que considera "un desafío" porque dominar una lengua "necesita tiempo". García Montero vinculó esta evolución al "proceso de mercantilización que sufre el mundo", en el que el español gana presencia económica mientras retroceden las humanidades, y advirtió de que "lo que baja no es el español exactamente, sino los departamentos de humanidades".

El director destacó asimismo la importancia de Latinoamérica para el aprendizaje del idioma en China, donde "al hablar de español no se está hablando de España", y relacionó ese interés con la creciente presencia económica y cultural china en la región.

García Montero subrayó además que "hacen falta profesores" para responder al aumento de la demanda tras la pandemia, mientras que Yang cifró en unos 55.000 los graduados en estudios hispánicos de las universidades chinas hasta 2025.

El  español ante la IA

El mismo director de la institución advirtió de que la inteligencia artificial (IA) y las máquinas representan una "tentación para crear un idioma neutro que quite todas las diferencias", frente a lo que defendió la necesidad de "respetar la diversidad" de las distintas variedades del español.

En esa línea, Francisco Moreno Fernández, director del Observatorio Global del Español, señaló que la traducción automática presenta dos problemas principales para el idioma: la dependencia de modelos basados en el inglés y la insuficiente representación de las variedades minoritarias frente a las mayoritarias.

El Anuario dedica además una sección a la presencia del español en la ciencia y la tecnología, en la que se abordan los desafíos de la hegemonía del inglés en la investigación y la necesidad de disponer de contenidos científicos en la lengua hispana para el desarrollo de sistemas de IA.

El español en el mundo

El informe sitúa al español como la tercera lengua con más hablantes nativos, detrás del mandarín y el hindi, y destaca que uno de cada diez reside en países donde el idioma no es oficial, principalmente debido a los movimientos migratorios.

El número de aprendices creció un 7 % entre 2024 y 2025 si se excluye Brasil, donde cayó un 46 % entre 2021 y 2025 por cambios legislativos en la enseñanza, mientras que varios países africanos registraron una expansión del aprendizaje del español.

La presentación del Anuario forma parte del simposio internacional 'El español en China: evolución y nuevas dinámicas', celebrado del 23 al 25 de octubre con motivo del vigésimo aniversario del Instituto Cervantes de Pekín, fundado en 2006 y al que se sumó en 2024 el centro de la megalópolis de Shanghái.

martes, 27 de octubre de 2026

"Una luz inevitablemente distinta sobre la escritura"

En La Jornada Semanal, de México, el pasado 17 de octubre, el escritor y editor José María Espinasa publicó la siguiente columna a propósito de los diarios de los escritores, que se reproduce a continuación.

Los diarios: otra dimensión de la escritura

Desde que –creo que fue Ortega y Gasset– la literatura en español tenía pocos ejemplos de buena literatura autobiográfica –escrituras del yo, las llaman los franceses–, ya sea memorias, autobiografías y sobre todo diarios, el panorama ha cambiado mucho. Los hispanohablantes se han puesto a escribir en ese registro, sobre todo en España y en Argentina. ¿En México? También, pero no con la misma constancia y, sobre todo, hasta ahora, no hay un modelo que instaure un canon. El Diario de Alfonso Reyes, publicado muy tardíamente es, literariamente, poco atractivo. En todo caso los modelos están en otras lenguas –los de Pavese, Virginia Woolf, Kafka, Musil, Valéry. Sobre todo estos últimos, que incluso acuñan un término que define un género: los cahiers, los cuadernos. En todo caso en nuestro país la Generación de medio siglo sintió la tentación levemente. Y se suele decir que el mexicano es muy reservado.

En la senda de Valéry conocemos El tiempo en los brazos (tres tomos), de Tomás Segovia, desde un punto de vista reflexivo el de mayor ambición en la literatura mexicana. En el otro extremo los hasta hoy desconocidos, sin título, apenas intuidos fragmentariamente en citas y extractos, de Jorge López Páez. Los primeros apuntes reflexivos, los segundos, muy en vinculación con su obra narrativa, descriptivos, superficiales, a veces hasta triviales, lo del autor de El solitario Atlántico. Se suele decir que escribir diarios implica una disciplina, o más precisamente, una constancia, y que su práctica es distinta de lo que llamamos, pretenciosamente, obra de creación. Se suele decir, incluso cuando se publican en vida, que hay siempre una sombra de lo póstumo en ellos. Hace ya bastantes años despertaron mucho interés, a la muerte de Salvador Elizondo, los que el autor de Farabeuf había llevado a lo largo de muchos años. La selección que publicó el FCE fue, sin embargo, decepcionante. Hoy, según parece, El Colegio Nacional prepara una edición completa. Habrá que esperar.

Recientemente también despertaron interés los Diarios de Alejandro Rossi en tres tomos. Su lectura me despertó el interés en preguntarme sobre la manera en que se leen los diarios. Y la razón de que algunas veces –Woolf, Kafka, Pavese, Musil– se lean reflejados en su extraordinaria obra, e incluso señalar a veces que corona el conjunto. Muchas veces la crítica se ha preguntado sobre la forma en que se escriben esos diarios, de cara a uno mismo, de cara al lector, de cara al instante o a ese otro instante que llamamos posteridad. Aquí, a la pregunta de cómo se los lee, agrego una pizca de sal: ¿cómo se leen si uno conoció al autor?

¿Busca la persona o busca a la escritura, busca datos, chismes, sorpresas, ideas, incluso se busca a sí mismo?

Leí mucho a Alejandro Rossi, pero lo conocí poco, lo vi en persona algunas veces. Algunos de mis amigos fueron a su vez amigos suyos –Adolfo Castañón, Juan Villoro, Christopher Domínguez– y sabía de él indirectamente, pocos elementos para formarme una idea del escritor, aunque suficientes para hacerlo de la figura pública. ¿Por qué entonces sus Diarios me sorprenden? Más allá de la valoración literaria, los de Segovia corresponden claramente con su persona (con la que yo percibía en el trato personal). Igual me ocurre con los fragmentos que conozco de los de López Páez. En el caso de Rossi, al tratarlo poco, la persona se sustituye por el personaje literario y me declaro sorprendido. No me esperaba así sus diarios; ¿tal vez más reflexivos? Puede ser. O más bien, lo primero que me sorprende es que llevara un diario. No veo al autor de Manual del distraído escribiéndolo, entre otras cosas porque ese escritor, lleno de humor y gracia, tiene una sombra de sufrimiento: le cuesta trabajo escribir, y pienso que llevar un diario debe ser un gozo, nunca una tortura (o quién sabe), y menos una obligación.

El diario implica un diálogo consigo mismo y en el de Rossi es notable, un “consigo mismo” que no es ni el personaje político ni el intelectual, sino con el escritor. Y allí uno de los primeros elementos de la sorpresa: la inseguridad manifiesta en lo que escribe y la necesidad de reconocimiento. También, y eso es una de las cosas más importantes, la amistad, en especial la amistad decepcionada (que no es lo mismo que la traicionada). Y no hay que confundir esa inseguridad con su apariencia, el ajuste de cuentas, el veneno.

Una de las consecuencias de los diarios es que proyectan una luz inevitablemente distinta sobre la escritura. Pienso en los de Kafka. Y una de las vivencias que recorre estas páginas es las del desarraigado: ¿cuál es su patria? Italia, Venezuela, México, Argentina… es decir, ninguna, la zozobra. Esa luz mencionada exige una condición poliédrica. La esencia misma del diario, el tiempo, su transcurso, su duración, implica una nueva dimensión de la escritura, pide una nueva manera de leerlo. Los diarios pueden volverse, además, una afición lectora: hay quien tiene miles de novelas policíacas en sus libreros, hay quien –espacio más reducido– tendrá también muchos diarios. Y su frecuentación, en estos tiempos de Inteligencia Artificial amenazante, nos devuelve a la condición esencial de la inteligencia, su volubilidad emocional que constituye, más que su fortaleza, su sentido.