jueves, 7 de julio de 2022

"No se reconoce el esfuerzo que hay detrás,"

El 31 de mayo de este año, en El País, de Cali, salió la siguiente entrevista de L. C. Bermeo Gamboa con el traductor colombiano Juan Camilo Perdomo, a propósito de una reciente traducción de G. K. Chesterton. Los temas de la charla no se limitaron a ese libro. Abarcaron además una serie de otros asuntos como el reconocimiento y la remuneración de los traductores latinoamericanos, la situación de la traducción literaria en Colombia, etc.

El discreto encanto de traducir a Chesterton, diálogo con Juan Camilo Perdomo

La editorial Fallidos Editores, en su colección Babel Biblioteca Bilingüe, publicó en 2021, un pequeño libro con ‘Cinco ensayos’ de Gilbert Keith Chesterton dedicados a Byron, Pope, Stevenson, Rostand y Carlos II, que fueron traducidos por un colombiano: el filósofo Juan Camilo Perdomo. Esas 120 páginas de la mejor prosa inglesa vertida al español, podrían considerarse uno de los grandes acontecimientos literarios del año pasado, un hecho insólito —y con pocos antecedentes— en un país donde las traducciones y los traductores son relegados a un anonimato vergonzante. Pero este prodigio fue posible gracias al Premio Nacional de Traducción ‘José Manuel Arango’ que promueve desde el 2018 esta editorial independiente con una visión avanzada y gusto finísimo. Hasta la fecha, entre las traducciones publicadas por Fallidos Editores, se encuentran: Trabajar cansa de Cesare Pavese, Manfred de Lord Byron, Cuentos filosóficos y ocultistas de Fernando Pessoa, y Una temporada en el infierno de Arthur Rimbaud.

Juan Camilo Perdomo nació en Pereira hace 27 años, estudió filosofía en la Universidad Javeriana de Cali y, al margen de su labor académica, es un apasionado lector de escritores ingleses, principalmente del siglo XIX y principios del XX, entre cuyos genios destaca el autor de El hombre que fue jueves, Herejes, Ortodoxia, los cuentos del Padre Brown, entre muchos otros títulos.

En esta conversación, Juan Camilo cuenta cómo, por mediación de un genio latinoamericano, llegó a la obra de Chesterton y por qué, más que un traductor, se considera un lector generoso, de esos que desean compartir sus entusiasmos con los demás, así esto implique traer de otra lengua la voz de los escritores que admira.

—¿Cómo descubrió la obra de Chesterton?
—Gracias a Borges. Es conocida la anécdota de Borges con Chesterton al encontrarse en un pub inglés, o la comparación por su erudición, lo que siempre he admirado. Pero, sobre todo, me sorprendió la fascinación con la que Borges se refería a Chesterton en sus conferencias, es cierto que Borges admiraba a otros autores, pero dejaba entrever una gran reverencia por Chesterton. Algo que no sucedía con escritores, con Joyce, por ejemplo. Incluso, en el prólogo a Ficciones, Borges nombra a Chesterton como uno de los autores que continuamente relee. Decidí acercarme al autor que había embelesado a Borges, me invadía la curiosidad de por qué no se consideraba digno de dirigirle la palabra a Chesterton, de allí nació mi interés por él, me parecía que si había logrado cautivar tanto a alguien como Borges, era imprescindible leerlo. Curiosamente, por mi formación, inicié la lectura de Chesterton por sus ensayos, recuerdo que el primero que leí era uno sobre Santo Tomás y posteriormente uno sobre San Francisco de Asís. Luego, poco a poco, fui acercándome a otros de sus trabajos, encontrando, como en estos ensayos, ese sentido del humor, de ironía tan característicos que acompañan su sabiduría, ese tipo de burla tácita y soslayada que, en más de una ocasión sacan una sonrisa, te atrapan.

—¿Cómo nació su interés por la traducción literaria? ¿Cuál es su relación con la lengua inglesa?
—En un sentido muy estricto considero que no puedo decir que soy traductor, no propongo reflexiones o disquisiciones sobre los problemas metodológicos o las cuestiones semánticas del lenguaje que implican una traducción, es decir, mi labor no es la de un especialista. Obviamente debo realizarme algunas preguntas de método, por ejemplo, si conviene más a la obra una traducción literal o adecuación de ella, o enfrentarme a las múltiples dificultades gramáticas o lingüísticas. Mi interés por la traducción nació mientras cursaba la carrera de filosofía, en esa época encontré especial afecto por un autor inglés, Walter Pater, quizás poco conocido, pero de una sorprendente relevancia filosófica y cultural. Pater fue maestro de Wilde e influenció a Yeats, Proust y Joyce. La traducción al castellano más popular de Pater es su libro El Renacimiento, pero cuenta con una obra vasta y cautivadora que no ha sido traducida del todo, y me propuse traducir al castellano, por lo menos, un pequeño ensayo que me tenía cautivado, ‘Diaphaneite’. Este fue mi primer acercamiento a la traducción y encontré que era una labor que me complacía inmensamente. Quizás, en un sentido más amplio soy un traductor. Igualmente, la labor del filósofo ha estado ligada a la labor del traductor, en muchas ocasiones estas labores se han entremezclado, por ejemplo, sin los filósofos y traductores musulmanes no conoceríamos la obra de Aristóteles o Platón, o, sin los traductores católicos medievales, difícilmente tendríamos sus obras y reflexiones en castellano. Esto ha sucedido en muchas ocasiones, el filósofo, el académico o el intelectual, si se prefiere, tiende a traducir a su lengua las obras que lo han dejado perplejo. Un traductor es un lector apasionado. En literatura Pombo, Borges, Cortázar, Neruda o Paz, tienen incontables traducciones. Baudelaire y Mallarmé tradujeron a Poe, quien los había asombrado. En filosofía son valiosísimas las traducciones de García Morente, Eugenio Imás, José Gaos o, para no ir más lejos, en el país tenemos filósofos como Guillermo Hoyos con sus traducciones de Habermas, Cassirer. Además del inglés, he traducido del francés filosofía y ensayo, Massignon, Delbos, La Boétie. Pero sí es cierto que tengo una relación especial con la lengua inglesa. La literatura inglesa siempre ha estado presente, de niño me atraparon Treasure island de Stevenson o The time machine de Wells, de joven Wilde y por mi formación fue inevitable no acercarme a la filosofía inglesa o norteamericana. Pero fue justamente Borges quien me terminó de llevar, casi de la mano, hacia autores británicos, su pasión por la literatura inglesa o sus charlas sobre historia de la literatura, trajeron a mí los más diversos y admirables autores, De Quincey, Kipling, Conrad, Shaw, Beerbohm.

—¿Cuáles son las condiciones necesarias para ser un traductor literario?
—No sabría cómo responder esa pregunta, como dije antes más que un traductor, en el sentido estricto, me considero un lector que quiere compartir una pasión. A menudo, me parece vacía esa discusión bizantina entre cual traducción de una obra es mejor que la otra, qué editorial o versión es superior, qué traductor traduce mejor tal o cual palabra. He encontrado joyas en editoriales emergentes y gran belleza en traducciones antiguas, aunque inexactas. Un mismo traductor le puede dar múltiples sentidos a una misma palabra, o realizar dos traducciones distintas de la misma obra, ¿cuál es mejor? No lo sé. ¿Cuál es la condición para ser un buen traductor? Tampoco, y esa es la maravilla y el asombro al enfrentarse a cada traducción.

—¿Cuándo se sintió en capacidad de traducir a autores como Chesterton?
—Si consideramos que Chesterton es uno de esos grandes escritores universales, autor de culto, creo que nunca me sentiré en capacidad de traducir y hacerle justicia a su obra. Simplemente quise traducir una obra que me había cautivado, quise acercarla a un público mayor. Además de ser ensayos de altísima calidad literaria, deseo que el lector sienta el mismo asombro que sentí al traducirlo. Sabía que estos ensayos solo habían sido traducidos y publicados parcialmente en España, por eso creí que era una buena oportunidad para acercarla a lectores colombianos que no tienen fácil acceso a las publicaciones españolas.

—¿Por qué de la amplia obra chestertoniana escogió estos Cinco ensayos?
—Estos ensayos hacen parte de más de una veintena de escritos sobre escritores, dramaturgos, artistas o personajes históricos que Chesterton publicó en periódicos titulándolos ‘Types’. Si pueden rastrear todos los ‘Types’ son más que recomendados para leerlos, pero escogí estos cinco porque fueron los primeros en ser compilados y publicados como libro. De ellos me llamó la atención su erudición, su sentido del humor y su estilo de escritura. Aunque curiosamente no son escogidos como ensayos de gran importancia. Auden los dejó de lado en su antología de Chesterton, y en la traducción al castellano de la obra completa ni si quiera aparecen mencionados. Ese detalle me pareció espectacular, tenían que ser traducidos y publicados.

—¿Qué otras obras de Chesterton aprecia? ¿Le gustaría traducir otras?
—Me he acercado a Heretics y Orthodoxy, también aprecio mucho The man who was Thursday, pero lo que más disfruto de Chesterton son sus ensayos. Actualmente estoy traduciendo unos apartes de un libro que le dedicó a su amigo Bernard Shaw junto a una obra de Shaw para presentarla en un mismo título. Estoy trabajando en ello, aunque no cuenta con editorial para publicarse.

—¿Qué aspectos del estilo y el pensamiento de Chesterton tuvo en cuenta para mantener en esta traducción?
—Intente mantenerme fiel al texto original, conservar sus mismas referencias, realizando una investigación previa que le permitiera tanto al lector como a mí, profundizar en la obra y el autor a través de los personajes, hechos o situaciones a los cuales Chesterton se refería. En cuanto al estilo, procuré cuidar su ironía, es algo que no se podía perder. Otro aspecto fue intentar mantener lo más semejante posible en castellano las obras en inglés que Chesterton citaba, por ejemplo, con los poemas de Byron, Dryden o Pope, quise, si bien no conservar su métrica, conservar su sonoridad. Con las citas de Stevenson procuré lo mismo, darles el sentido que tienen en inglés con un juego de palabras semejantes en castellano. Aunque, como escribí en la presentación del libro, siento que no fui para nada justo con sus letras. Sin embargo, creo que el tema del estilo es el principal reto para el traductor. ¿Cómo mantener en la lengua traducida el estilo del autor en su idioma original? La voz del autor debe ser mantenida en la traducción, si alguien por casualidad leyera una página debería reconocer de inmediato al autor, porque, parafraseando a Simmel, la traducción debería mantener esa forma de expresión tan auténtica y propia del autor, esa que permanece y acompaña cada una de sus obras. Pero el estilo tiene una arista: ¿qué pasa si el traductor tiene un estilo propio?

—¿Por qué Chesterton, a pesar de ser un autor marcadamente británico, ha sido tan influyente en Latinoamérica?
—Creo que, al igual que pasa con Borges, por su erudición. Sus conocimientos son tan amplios y relativos a tantos lugares o culturas que pasan a tener un carácter cosmopolita común a todos.

—¿Cómo analiza las diferentes facetas de Chesterton: el narrador, el ensayista, el poeta y el defensor del catolicismo? ¿Comparte sus posiciones religiosas?
—No soy ni pretendo ser un especialista en la obra de Chesterton, solo soy un lector que disfruta de sus escritos, de alguna faceta más que de otra, por supuesto. Personalmente prefiero el Chesterton ensayista, aunque también lo disfruto mucho como narrador, por ejemplo, con el Padre Brown. Como lector siento que no tengo el compromiso de compartir o no sus ideas religiosas, simplemente me maravillo al leer sus argumentos, sus posiciones o su apología del cristianismo tanto como lo hago con ‘Why i am not a christian’, de Russell.

—¿Por qué cree que se reconoce tan poco el trabajo de los traductores?
—Por lo general se demerita el trabajo del traductor, se le ve más como una herramienta o directamente se prescinde de él. Muchas veces las editoriales reeditan versiones de traductores de hace setenta años por la libertad en los derechos y por no financiar una traducción nueva. También es común que la traducción se considere un trabajo sencillo, no se reconoce el esfuerzo que hay detrás, ni todo el proceso que implica traducir una obra, una traducción es sumergirse en un autor, una obra, una lengua. Esto pasa con otras labores del sector editorial, claro está, no todas las editoriales lo hacen y puedo meter las manos al fuego por más de una, pero da la sensación de que se precariza la labor del traductor, del corrector de estilo, del editor, diagramador, ilustrador, etc., todos los engranajes del proceso editorial se ven afectados. La traducción es, quizás, la que se lleva la peor parte y, especialmente, quienes somos traductores independientes. Difícilmente una gran editorial apuesta por contratar un traductor o un grupo de traductores, y editoriales independientes e incluso académicas apuestan más por otro tipo de publicaciones que a la traducción. Por dar un ejemplo, las editoriales universitarias en el país difícilmente publican más de veinte o treinta traducciones por año, un número irrisorio comparado con los tres mil o cuatro mil ejemplares que publican anualmente. Claro, más allá de la crítica al mal pago (o en ocasiones nulo) a los traductores, también hay otra realidad en el país y es que muchas editoriales subsisten con lo mínimo, no hay apoyo ni fomento al sector desde los programas del gobierno y muchas editoriales no pueden permitirse dar un buen pago al traductor, muchas veces su pago son cien ejemplares del libro para que venda y se quede con las ganancias. También, las editoriales, especialmente independientes, no tienen financiación para pagar un proyecto de traducción, para tener un grupo de traductores, ni tampoco puede aumentar el precio de los libros, en un país como Colombia donde comprar un libro es casi un lujo, es caro, el lector de a pie no está dispuesto a pagar un poco más porque no es consciente de todo el trabajo que antecede la publicación de su ejemplar. En realidad, es algo dramático, el Ministerio de Cultura no apoya la traducción, son numerosos los proyectos que se quedan en espera de financiación estatal, a mí se me ha quedado más de uno en el tintero. La traducción es vista como algo poco importante, aun cuando hay libros en otros idiomas sobre Colombia que merecen ser traducidos y leídos. Para no ir más lejos, la reciente convocatoria del Ministerio de Cultura solo tenía uno o dos becas de traducción, sin ningún lineamiento específico sobre qué tipo de traducción le interesa a Colombia incentivar, fomentar o publicar. El poco reconocimiento a los traductores no solo pasa en Colombia, sucede en muchos países y es un problema con muchas aristas, pero a todo lo anterior sumémosle que Colombia no tiene una regulación laboral establecida sobre la labor del traductor, ni si quiera tácitamente, y no se percibe intención alguna de proteger a traductores y académicos.

—¿Cuáles son los principios estéticos y críticos bajo los cuales realiza sus traducciones?
—Lo principal es mantenerme fiel a la obra, si bien no traducir con exactitud literal cada palabra, intento que permanezca en el mismo cause del manantial. Intento también que sea agradable de leer, como algo que me gustaría leer a mí, ameno, diáfano, sin engaños, no pretendo confundir al lector con dobles sentidos o al sugerir alguna posible malinterpretación de un pasaje, por ejemplo, hay una frase de Chesterton que podría dejar un sinsabor o serviría para ser acusado de racista. Entonces, procuro brindar al lector una información completa sobre la obra, el autor o el tema que se esté abordando, siendo detallista en ello, si se observa en esta traducción de Chesterton escribí múltiples notas a pie explicando o añadiendo información que creo le sería útil al lector para entender o ampliar el texto; es algo que como lector me place encontrar.

—Retomando la pregunta que planteó hace un momento, ¿se podría considerar la traducción como un arte literario y creativo? ¿Es posible una traducción de autor?
—Paz consideraba que la traducción era un proceso creativo en sí mismo, esto es indiscutible, aunque no sé si pueda ser llamado un arte, no lo creo —en un sentido estricto—, pero ciertamente implica todo un proceso estético. Una traducción jamás puede ser la obra original, es un texto completamente diferente, aunque, paradójicamente, igual. ¿Es posible traducir una obra o un autor? Sí, de múltiples formas y cada una es una obra en sí misma. Aquí vuelve el problema del estilo. Podríamos decir que cada traducción es una obra aparte, producto de la creación del traductor como autor, o coautor, pero también podemos pensar en ella como una copia o, mejor aún, como la falsificación de un original y, como en éstas, el falsificador debe ser capaz tanto de hacer creíble el estilo del artista, es decir, que el espectador piense que el cuadro es auténtico, como de dejar rastros de su propio trabajo, al fin y al cabo, fue su creación. Cortázar fue un prolífico traductor, tal vez sus traducciones más conocidas sean las de Allan Poe (aunque también tradujo a Chesterton, Defoe, entre otros). Él tiene algo particular, no sé si es sugestión al saber que la obra pasó por sus manos, pero al leer, por ejemplo, ‘La caída de la casa Usher’ uno sabe que está leyendo a Poe y a Cortázar, a veces, en algunas traducciones, pareciera que Cortázar cuenta la historia de alguien más, como si él también fuera autor del libro, a fin de cuentas su traducción no deja de ser un producto estético, diferente y exacto al original, y tal como el autor plasma su estilo, el traductor lo hace también, el reto es cómo armonizar ambas voces y reconocer el mérito de cada uno.

—¿Qué opina de esa crisis de traducciones al español latinoamericano que nos obliga a leer obras en castellano?
—España tiene toda una tradición histórica que se remonta a siglos en traducción, la Escuela de Toledo fue quizás el mayor centro cultural y de traducción durante siglos y es una tradición que se ha mantenido vigente hasta el día de hoy. Académicamente la traducción ha sido muy apoyada desde las universidades españolas, como mencioné al principio son muy reconocidas las traducciones de García Morente, García Bacca, Imáz, Gaos, entre otros. La crisis de la traducción en Latinoamérica es variada, por ejemplo, países como México, Argentina o Brasil son reconocidos por su tradición en el sector, es innegable su papel como faro cultural e intelectual. Quizás, México deba su trayectoria a que tras la guerra civil muchos intelectuales españoles se exiliaron allí y continuaron su labor académica editorial, o al contribuir a fundar editoriales como el Fondo de Cultura Económica, difícilmente hay una editorial latinoamericana tan importante.En Colombia no hay, estrictamente, una tradición de traducción establecida. Es cierto que contamos con traductores históricos notables, Nariño, Pombo, Caro, pero no existe formalmente un sector especializado en la traducción, aunque si uno editorial. Además, la mayoría de las editoriales optan por publicar o encargar pocas traducciones, de autores comunes y populares, no hay especialización ni en temáticas, ni en autores, lo que lleva a importar libros de países que sí han fomentado esta labor, por ejemplo, si queremos leer algo de estética como Walter Pater o Matthew Arnold debemos, inevitablemente, acercarnos a España o Inglaterra.

—¿Por qué es necesario traducir también para lectores de latinoamericanos y no conformarse con las que llegan de España?
—Me incomoda un poco la palabra “conformarse”, leer obras traducidas en España es, por lo general, leer una traducción muy bien cuidada, aunque el uso de ciertas palabras ajenas al público general latinoamericano puede generar alguna incomodad, en general no es un problema y depende de gustos, personalmente no me molesta, sobre todo, teniendo en cuenta la calidad de la traducción. Sin embargo, creo fielmente en que fomentar estos procesos en el país es necesario y otorga ciertas ventajas. Aparte de las ventajas intelectuales o culturales que implican fortalecer el sector académico y editorial en el país, está la posibilidad de abaratar costos del libro, poder hacer una tirada mucho mayor o visibilizarlo, a través de ferias nacionales, para hacer que llegue a más lectores.

—¿Qué otros autores está interesado en traducir?
—Me encantaría traducir autores u obras de humor, ya comencé con una comedia de Shaw y quizás me atreva a traducir algo de Saki o darle un repaso a Wodehouse. Es difícil comprender un chiste o una broma en su idioma original y retratarlo en otro con su mismo sentido, me parece un reto gigante, pero disfruto tanto con su lectura que quiero aventurarme a traducirlas; aún no sé cómo resulte el experimento. Actualmente estoy traduciendo para una editorial española unos ensayos de Thomas de Quincey y planeo traducir algunos cuentos de Katherine Mansfield, su calidad es admirable y conecta con un interés personal por traducir autoras y filósofas, reivindicando su labor como intelectuales, tan a menudo olvidada y, para mi agrado, ya hay alguna editorial en el país con el mismo interés que, incluso, ya ha lanzado una colección. Igualmente espero, con tiempo, continuar con la traducción de autores ingleses, en proyectos están Wilde, Swift, Hawthorne, Coleridge y Kipling.

—¿Qué recomendaciones daría para reconocer y valorar una buena traducción?
—Creo que no podría dar ninguna, simplemente recomendar que si les interesa un autor o una obra intenten acercarse a él desde todas las traducciones posibles, maravillarse con cada una, con sus particularidades, e intentar, con todo el rompecabezas que ello implica, armar y acercarse al original.

miércoles, 6 de julio de 2022

Un recuerdo para el querido Miguel Wald

Con profunda tristeza, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires anuncia el fallecimiento del querido Miguel Wald, gran amigo y traductor, dueño de un fantástico sentido del humor, quien, desde todos los ángulos posibles, pensó la profesión y compartió lo que sabía con todo el mundo.

Para recordarlo, copiamos a continuación la presentación que hizo de él mismo en la página de Linkedin.

“Miguel Wald empezó su carrera como traductor profesional en 1984, cuando ya no le quedó más remedio que admitir que ni con el violonchelo ni con el saxofón llegaría a nada en la vida. Se ha especializado en la traducción de textos periodísticos, marketing, publicidad, recursos humanos, educación, cultura y ciencias sociales, así como también en la traducción cinematográfica (para subtitulado). Es además profesor de traducción. Fue jefe de redacción de la revista Idiomanía y de la revista mensual del Colegio de Traductores Públicos de Buenos Aires (CTPBA), y fue creador de El Lenguaraz, la revista académica del CTPBA, y coordinador de su Consejo editorial. Fue también productor y guionista de Idiomanía-TV. Le encanta correr, y asegura que algún día terminará de decidir si corre desde o hacia. O las dos cosas al mismo tiempo, lo cual explicaría su creciente esquizofrenia.”

Para mayores datos, esto es lo que hizo como traductor, como editor y ensayista, y como educador:

Como traductor Freelance
1985 – actualidad 37 años

• Globotext
• International Baccalaureate Organization
• PRNewswire
• U.S. Translation Company
• Oxford University Press
• World Book
• South-Western Educational Publishing
• Victory Productions, Inc.
• Aique Grupo Editor
• Gedisa Editorial
• Editorial Celtia

Como editor y colaborador de revistas
1992 – 2004 12 años

Editor de “cTPba” (boletín mensual del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires)
Editor de El Lenguaraz (revista del Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires)
Editor de la revista Idiomanía
Editor of “REDvista Pico de Oro” (online)
Artículos para “El trujamán” (cvc.cervantes.es/trujaman)

Lugares donde se desempeñó como docente
1995 – 2015 20 años

Universidad de Buenos Aires
Universidad Nacional del Comahue
Universidad Nacional de Córdoba
Colegio de Traductores Públicos de Buenos Aires
Colegio de Traductores de la provincia de Santa Fe
Colegio de Traductores Públicos del Uruguay
Asociación Argentina de Cultura Inglesa (AACI), Buenos Aires
Asociación de Traductores e Intérpretes de la Provincia de Buenos Aires (ATIBA)
Tarbut High School, Buenos Aires

Quienes deseen enterarse del tipo de reflexión que Miguel hacía sobre la traducción, puede recurrir a las muchas entradas que firmó en este blog o leer su propio blog al que se accede en esta dirección: https://algundiavuatenerunblo.wordpress.com/

martes, 5 de julio de 2022

El mercado editorial local: estrategias y nombres

El pasado 26 de junio, Milena Heinrich publicó en el sitio de la agencia TELAM el siguiente artículo, donde diversos editores independientes explican cuáles son sus estrategias y qué autores internacionales eligen para insertarse en el mercado.


Muchos sellos apuestan a sumar voces internacionales en la comunidad lectora argentina

Si la tarea del editor, de la editora, supone siempre asumir un riesgo, entonces qué tipo de perspicacia entra en juego en los sellos argentinos cuando apuestan por poner en circulación literaturas internacionales en principio ignotas o con trayectorias ajenas a la comunidad lectora de nuestro país: ¿Cómo se piensa un proyecto de construcción a largo plazo cuando se decide publicar autores internacionales por fuera de los nombres más célebres?

Desde el fenómeno que generó Los elementales de Michael McDowell, el fervor de Mi abandono de Peter Rock, también autor estadounidense; pasando por el interés en Cynan Jones, Jamaica Kincaid, Deborah Eisenberg o Jesse Ball, sin olvidar rescates como la reedición de libros de Stanislaw Lem o de Kurt Vonnegut, el catálogo editorial que se publica en Argentina de narrativas internacionales está plagado de joyitas escondidas, descubrimientos y traducciones de calidad, que aportan mucho a la bibliodiversidad y expanden las conversaciones de la escena internacional por fuera de los best sellers del momento o autores hiper reconocidos.

Si todo libro implica un riesgo, ¿cómo toman impulso las editoriales medianas y pequeñas para publicar voces que en principio son poco conocidas en nuestro país, tienen una circulación muy menor entre la comunidad lectora local o quedaron quizá un poco en el olvido, a pesar de que sus libros hayan cosechado sustanciosos reconocimientos? Detrás de un editor o editora, se sabe, hay buenos lectores y detrás de esos libros que llegan con la impronta de cada editorial argentina, buenas traducciones. Un poco de la fórmula que trae la industria editorial independiente para abrir el juego en el mercado.

“El riesgo es muy grande para una autor conocido, pero es mucho mayor cuando se trata de uno desconocido. A los costos de la traducción, hay que sumar la corrección de la traducción y los derechos en moneda extranjera. El costo es tan grande que exige vender muchos ejemplares para solo cubrir los gastos”, explica Diego D'Onofrio a Télam, editor de La Bestia Equilátera, sello que en su catálogo apuesta por rescates de libros de autores como Michael McDowell, Elizabeth Taylor, Muriel Spark, entre otros.

Mucha de la apuesta de La Bestia en estas publicaciones cuyas ediciones originales fueron hace décadas responde a una premisa: ”Nada mejor que el paso del tiempo para evaluar lo que queda de un libro”, como sostiene su editor. “La necesidad de los agentes, editores, prensa, por imponer una novedad muchas veces no permite discriminar la calidad de un libro de una cuestión meramente publicitaria. Cuando ya pasaron 40, 50, 60 años desde el momento de publicación, ese lapso permite tener en cuenta solo aquellos libros que han sobrevivido: por lo habitual solo resiste el paso del tiempo aquellos libros muy buenos”.

Por otro lado, también es cierto que hay “muy poco de una elección o preferencia” para publicar autores ignorados o poco leídos, dice D´Onofrio e inserta una variable clave en la medida que una editorial es también un actor en el mercado y necesita diferenciarse: “En España existen unas 200 editoriales que están activamente traduciendo todos los best sellers, libros premiados, y aquellos con muy buena crítica. Entonces queda muy poco para publicar y no existe otra opción más que ir hacia lo desconocido u olvidado. Allí la exigencia aumenta porque no existe la repercusión internacional del libro, y en muchos casos tampoco se puede entrevistar a los autores ya que están muertos. Por lo tanto solo queda como argumento de venta la calidad del libro. La exigencia termina siendo enorme”.

Como dice Hernán López Winne, cofundador de Godot, el riesgo siempre es el mismo: “No hay forma de saber si el libro va a vender bien o no. La lógica para asumir riesgos es siempre la misma: el libro nos gustó mucho y suponemos que puede vender bien. Después hay que lograr que eso suceda, y ahí está presente esa incertidumbre que solo se puede zanjar una vez que el libro fue publicado y llegó a las librerías”.

El catálogo de Godot se especializa sobre todo en no ficción pero también editó literatura de Woolf, Cheever o Beckett. Sin embargo, la incorporación del contemporáneo Peter Rock con el libro Mi abandono es un caso que desde el propio sello consideran “extraño”. “No es algo que esté en nuestros planes, en principio, publicar autores contemporáneos extranjeros de ficción”, aclara.

Pero “como pasa siempre (o casi) en el mundo de la edición, nos llegó la novela a través de una agencia, la leímos en cuestión de horas y la contratamos –cuenta López Winne–. Así que el primer paso fue medio un salto al vacío: la novela nos partió la cabeza, como nos pasa con libros de no ficción, hicimos una oferta y avanzamos. Después pasó lo deseable: el libro se vendió muy bien, y las otras novelas que escribió Peter son igualmente extraordinarias, tenemos publicadas dos más, tenemos contratadas dos más, y vamos a seguir adelante con el resto de su obra, todo lo que podamos”.

Bien distinta es la experiencia de Chai Editora, un sello que se gestó con la idea de publicar y traducir narrativa contemporánea extranjera. Soledad Urquia, su fundadora junto a Santiago La Rosa, piensa que en el riesgo está la definición de su editorial, donde la apuesta va más allá del libro. ”Eso genera un pacto con los lectores y lectoras, que no buscan el nombre un autor conocido o autora conocida o un libro sobre un tema resonante sino la curaduría”, dice la editora.

Se teje así una “complicidad” y “confiamos en que eso vibrante que nosotrxs encontramos en los textos que decidimos publicar también resuena y es interesante para los lectores y lectoras. Priorizamos sobre todo la experiencia de lectura”, dice Urquia sobre la propuesta de Chai de “incorporar nuevas voces a la escena literaria de Latinoamérica y España, con todos los riesgos y el trabajo de presentación que eso implica”.

Para Chai un ingrediente fuerte de esa apuesta está en la traducción, tarea que encomiendan a escritores: a Laura Wittner y Esther Cross para Cynan Jones; a Virginia Higa para Amy Fusselman, y a Federico Falco para Deborah Eisenberg. ”Leemos mucho antes de decidir publicar un libro. Es cierto que buscamos textos que a nosotrxs nos parecen de calidad literaria, por llamarlo de alguna manera, pero sobre todo elegimos libros que nos encantan y que sentimos que vale la pena traducir. Es decir, que aportan algo nuevo al panorama literario”.

Con esa convicción trabajan desde el año 2002 en Interzona, que publica literatura, ensayo y teatro local pero también internacional. En palabras de Luciano Páez Souza, su editor, ”a veces los autores o autoras que elegimos traducir son voces reconocidas en sus países o fuera de ellos pero no tanto en Argentina o Latinoamérica. Pero creemos, aunque empecemos desde muy abajo, que siempre se puede construir y la audiencia lectora aumenta porque el aporte que se hace a la constelación literaria es necesario y está en diálogo con las tradiciones que manejamos”, dice y ejemplifica el caso de Stanislaw Lem con Borges y la tradición fantástica local, desde Oesterheld hasta Cortázar.

A Páez Souza le gusta decir que en Interzona son ”una editorial de autores” con “un fondo editorial”. Esto es “textos inoxidables e imperecederos con los que se puede construir un sólido fondo editorial de catálogo y de calidad. La idea de fondo editorial se apoya en esta construcción del recorrido con los autores y en que nos refugiamos en la literatura. Y por eso estamos un poco más lejos de las tendencias o modas”.

Como señalaba D´Onofrio, publicar voces de afuera implica esfuerzos económicos que cotizan en otra moneda, eso en el caso de que los derechos de autor estén todavía en vigencia. Por eso Páez Souza dice que “riesgo siempre hay” pero que también hay mecanismos que acompañan estas circulaciones. Así como en “Argentina está el Programa Sur, para quien quiera traducir autores de Argentina, lo que hace que el riesgo que asume un editor sea menor”, también existen otras alianzas cuando se quiere publicar a un autor o autora internacional “ya sea para la ayuda en términos económicos como la sinergia que se arma para la difusión y actividades culturales”. Así, celebra el editor, “una lectura invita a otras lecturas, por lo que muchas veces nuestro recorrido lector arroja luz sobre esas escrituras excelentes pero un poco escondidas”.

Para D´Onofrio, de La Bestia Equilátera, en los blogs literarios internacionales se pone a prueba el olfato, donde como entrecomilla él, está el “descubrimiento”. Sin embargo con eso no es suficiente: “Luego hay que leerlo y tratar de imaginar su traspaso a la lengua española. En general la ficción vende por su tema: debe tener algún toque existencial, tratar de alguna manera el tópico de los vínculos de pareja y las relaciones familiares. Pero el tema atractivo sin talento literario, desprovisto de estilo, no tiene valor”.

lunes, 4 de julio de 2022

Editoriales argentinas en el exterior



Carolina Orloff de Charco Press, Sebastián García Schnetzer de Libros del Zorro Rojo y Andrés Tacsir de equidistancias conversaron con Infobae Cultura sobre sus emprendimientos y la idea de renovar la imagen de la literatura latinoamericana en el dominante mercado anglosajón.” Eso dice la bajada del artículo publicado por Gabriela Mayer, en InfoBAE Cultura, el pasado 2 de julio.

Expectativa y realidad: cómo trabajan las editoriales independientes argentinas en el exterior


Desde Edimburgo, Londres y Barcelona, a través de América Latina y Estados Unidos, los editores independientes argentinos van dejando su huella en el mapa global de los libros. Aún con márgenes estrechos, materializan aspiraciones y sueños en catálogos que eluden el camino fácil de los bestsellers y hacen circular otras voces y formatos.

 

Los editores Carolina Orloff de Charco Press, Sebastián García Schnetzer de Libros del Zorro Rojo y Andrés Tacsir de equidistancias compartieron sus experiencias en diálogo con Infobae Cultura. ¿Cuánto de utopía los acompaña en sus proyectos? ¿Con qué metas crearon estas editoriales? ¿Y en qué medida lograron abrirse camino en el mercado?

 

Charco Press se presenta como la única editorial en el mundo anglosajón que está dedicada a la literatura latinoamericana. Con sede en Edimburgo, publica principalmente novelas y también volúmenes de cuentos y partió en 2017 con cinco libros de autores y autoras argentinos actuales.

 

Desde sus inicios, apuntó a demostrar “que la literatura latinoamericana no es realismo mágico, no es pobreza, violencia ni narco. Y que de un solo país y de una misma generación están saliendo libros absolutamente disímiles; en formato, en aspiraciones estilísticas, en contenido”, indica Orloff a Infobae Cultura.

 

Por su parte, desde su fundación en Barcelona en 2004, Libros del Zorro Rojo se consolidó como una editorial de referencia internacional en libros ilustrados, donde confluyen la literatura y las bellas artes.

 

“En el origen, nos iniciamos desarrollando libros ilustrados para jóvenes y adultos, e imaginamos que este proyecto ocuparía, en un futuro cercano, un espacio relevante dentro del mundo editorial”, dice García Schnetzer. Y agrega que, muchos años después, siguen “ilusionados con esta utopía”.

 

Los reconocimientos para estas dos editoriales no se hicieron esperar. Charco Press ya logró tener tres nominaciones al Premio Booker International, una a la longlist y dos a la shortlist. La más reciente fue para Claudia Piñeiro, con Elena Knows (Elena sabe, con traducción de Frances Riddle).

 

“Es un reconocimiento profundo de que estamos haciendo bien las cosas. Hay gente que nos está leyendo, nos está prestando atención y está cambiando en base a lo que estamos publicando”, asegura la editora y traductora argentina radicada en Escocia.

 

Libros del Zorro Rojo se adjudicó, entre una frondosa lista de galardones, el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial del Ministerio de Cultura de España en 2011 y el Premio a la Mejor Editorial Europea 2015 de la Feria del Libro de Bolonia.

 

Su director García Schnetzer recuerda en diálogo con Infobae Cultura que fueron uno de los primeros sellos que abordó en España un proyecto integral sobre este tipo de obras. “Acaso Galaxia Gutemberg era nuestra referencia, pues editaba en esa época, y con finura, esmerados libros ilustrados”.

 

Y, aunque algunas editoriales habían emprendido experiencias en este terreno, “creo que ninguna había focalizado la esencia de su proyecto en este formato que reúne las letras y las artes”. A la pregunta de si Libros del Zorro Rojo se convirtió en un referente, prefiere contestar: “No es relevante. Las referencias confunden y pueden ser nocivas”.

 

Mientras tanto, equidistancias, fundada por Andrés Tacsir y Enrique Zattara, se enfoca en escritores y escritoras hispanoamericanos que eligieron vivir en culturas diferentes a la propia o cultivan un fuerte vínculo con la migración. Ambos autores conocen de propia mano el fenómeno de la escritura en otra tierra: Tacsir vivió cerca de 15 años en Londres y Zattara lleva más de 30 años en Europa.

 

“Al estar afuera, muchos escritores se van alejando de los ‘círculos culturales’ de su país de origen. Existe una cantidad importante -y creciente- de escritores que ‘escriben afuera’ y equidistancias viene a llenar el espacio que permite reconectarlos con sus lugares de origen”, destaca Tacsir.

 

A la hora de concebir este sello –que funciona entre Buenos Aires y Londres y lanzó sus primeros títulos en diciembre de 2021- la experiencia migratoria fue fundamental. Porque “le permitió entender “esa ‘tierra de nadie’, esa tierra entre los dos lugares en que quedan los escritores cuando están afuera y no están del todo conectados en ninguno de los dos espacios a los circuitos habituales de producción, edición o difusión”.

 

Destartalando estanterías

¿Qué metas se fijaron inicialmente para sus proyectos editoriales? ¿Y en qué medida se fueron concretando?

 

Orloff cuenta que Charco Press “nació justamente con la aspiración de hacer temblar, de destartalar un poco las estanterías en general de los lectores en el mundo anglosajón”. El objetivo era “traer a la mente de estos lectores una versión renovada, más genuina, de lo que es la literatura latinoamericana y de lo que es la literatura que viene de otros lados”.

 

Por eso, apuntan a “traer de América Latina los títulos contemporáneos que estén haciendo eco y también ‘resucitar’ autores y autoras que por alguna arbitraria razón no han sido traducidos, como la enorme Ida Vitale o Diamela Eltit”, explica la cofundadora de esta editorial.

 

Libros del Zorro Rojo, por su parte, repiensa cada libro “con la astucia y la tenacidad de un zorro, un colorido zorro rojo de fábula”. Entre sus metas, García Schnetzer señala “resistir sin sucumbir a la tentación del mercado. Realizar, dentro de nuestras posibilidades, el mejor libro posible combinando autores, obras y artistas con la mayor sintonía. Realizar libros capaces de perdurar en el tiempo, libros que puedan permanecer”.

 

El editor y diseñador gráfico argentino recuerda que la ilustración como oficio existe desde tiempos inmemoriales, “pero el trabajo de algunos ilustradores e ilustradoras ocupa hoy un lugar destacado entre las artes. De Aubrey Beardsley a Carlos Nine, de Hannah Höch a Suzy Lee, por citar algunos, son una referencia y fuente de inspiración mundial”.

 

En su catálogo se destacan, entre otros, Julio Cortázar ilustrado por Emilio Urberuaga, José Muñoz o Enrique Breccia, Harry Clarke dando vida a los cuentos de Hans Christian Andersen, Edgar Allan Poe o el Fausto de Goethe, Alejandra Pizarnik en los trazos de Santiago Caruso y los collages de Isidro Ferrer en diálogo con Los Sueños de Helena de Eduardo Galeano.

 

Durante este año, equidistancias prevé publicar una docena de libros, con voces de Argentina, Chile, Colombia, España, Perú, Cuba, México, Costa Rica y Venezuela. Sus perfiles son diversos, entre ellos un diplomático español que residió en el Congo, un colombiano que fue periodista en Nueva York o una médica chilena que vive en Londres.

Tacsir se enorgullece de que sus autores y autoras puedan ser leídos tanto en su lugar de residencia como en el de origen. Y lo juzga especialmente importante, porque “las comunidades migrantes de habla hispana en el mundo crecen y no siempre disponen en sus lugares de residencia de la visibilidad necesaria. A nivel individual, además, muchos inmigrantes que escriben no tienen siempre la cabeza focalizada en cómo se está desarrollando el mercado editorial en su país; en general, sus contactos con otros escritores y grupos de lecturas se van diluyendo a medida que pasan tiempo afuera”.

 

De nombres, de soportes

En Charco Press, apostaron a ese nombre porque hace referencia “a la idea de cruzar el charco, de ser puentes entre culturas, entre idiosincrasias, entre universos. Y recuerdo que nos detuvimos mucho pensando en la dificultad que iba a tener el lector anglosajón al pronunciar la palabra y justamente decidimos ir con ese nombre, porque también de eso se trata”.

 

Así, decidieron no amoldarse a la comodidad del lector angloparlante, con la elección de una palabra en castellano que “se puede aprender a decir, como se puede aprender a ser curioso por el otro, por el mundo del otro”. “Más allá de lo metafórico del significado, también tiene esa aspiración de desafiar al lector anglosajón”, señala Orloff.

 

Libros del Zorro Rojo “desea rescatar de entre las sombras de la fábula al pobre animalito, un personaje obligado a participar a la fuerza en el club de los malos. Sin dejar de mencionar que en la actualidad el zorro rojo se encuentra en peligro de extinción. Es un superviviente”, dice García Schnetzer.

 

Y la denominación “equidistancias” viene a dar cuenta “justamente de ese espacio en que están los escritores que escriben afuera: entre su lugar de origen y su lugar de residencia”, afirma Tacsir, quien vive actualmente en Buenos Aires, a Infobae Cultura.

 

“Aprovechando las nuevas formas en que el lector se relaciona con el libro, trabajamos con publicación on demand”, explica. Los libros de equidistancias se consiguen en digital, así como en formato físico en Europa, Estados Unidos y en la mayoría de los países de América Latina.

 

Charco Press publica tanto en papel como en digital. “Todos los libros salen en formato tapa blanda y en e-book. En general solo se vende un treinta por ciento en digital. El resto es papel, papel, papel. Las ediciones son muy cuidadas”, aclara Orloff.

 

La experiencia de Libros del Zorro Rojo en materia de soportes es otra. En palabras de García Schnetzer: “No publicamos en formato digital por el momento. Vivimos en el Jurásico de la edición”.

 

Vivitos y coleando en el mapa editorial

¿Cómo se ubican dentro del complejo y muchas veces esquivo mapa editorial global? ¿Y cómo respondieron lectores y lectoras a sus iniciativas?

 

Orloff y García Schnetzer coinciden en que, desde que comenzaron sus respectivos proyectos, con las particularidades y los riesgos que les son intrínsecos, lograron una gran aceptación.

 

El artífice de Libros del Zorro Rojo evoca que la propuesta de la editorial “fue recibida con incredulidad y cierta amable desesperanza. Con el tiempo fuimos ganando entusiastas y hoy, luego de años de perseverancia y padecimiento, podemos decir que logramos ocupar unos milímetros del mapa editorial. Suficientes para sostener el proyecto, vivito y coleando”.

 

Y, sobre la expansión a otros países, a la que considera vital para la supervivencia de este sello, reflexiona: “Quizás se debió a que llegamos a Barcelona desde la Argentina. Percibimos rápidamente el mapa de la lengua castellana con perspectiva global, por ello desde el inicio trabajamos sin descuidar a nuestros lectores y lectoras en Latinoamérica, hecho que nos permitió una mayor difusión”.

 

Libros del Zorro Rojo lleva publicados unos 300 libros, sumando los catálogos infantil y juvenil-adulto. “Pero la cantidad no es un mérito, todo lo contrario. Debimos quizás haber publicado menos y mejor”, traza su balance García Schnetzer.

 

¿Con qué criterio eligen un libro para incorporar al catálogo?, le consultó Infobae Cultura. “Dependerá de muchos factores. El principal, su potencial para soportar el paso del tiempo”, puntualiza el editor.

 

Tacsir comenta que equidistancias -con sus colecciones de narrativa, poesía y ensayo- tuvo muy buena recepción “por su originalidad, pero, sobre todo, por la capacidad de efectivamente lograr darle fuerza a voces que no siempre se escuchan. Entre los lectores estamos avanzando muy bien, entendiendo que nuestros libros serán buscados primeramente por lectores con una sensibilidad especial al tema del ‘escribir afuera’”.

 

De todas maneras, los márgenes en los que se mueven estas editoriales suelen ser verdaderamente estrechos. Por ejemplo, hasta hace unos cinco años en el mundo anglosajón apenas el 3,2 por ciento de la literatura publicada era en traducción de otros idiomas, incluido el español. Un porcentaje que, según Orloff, ahora llega a algo más del cuatro por ciento, pero sigue siendo “ridículamente chico”.

 

Infobae Cultura le preguntó a Orloff si ocuparon un espacio vacante en el mapa editorial. “Me parece que no, porque la literatura latinoamericana contemporánea se viene publicando, de a puchitos, acá y allá. Pero la apuesta que hace Charco es que es la única editorial en el mundo anglosajón que está dedicada a la literatura latinoamericana. Y esa singularidad sin duda nos destaca, porque si hay algo que estaba vacante es hacer una oferta variada de la literatura latinoamericana en inglés”.

 

Y agrega: “Con eso me refiero a que nosotros no solo no publicamos los libros que les va bien, necesariamente, en términos comerciales. No publicamos bestsellers y hacemos una movida de alguna manera protegida o segura, sino que el objetivo que nos mueve, el motor, es que la representación de la literatura latinoamericana contemporánea en inglés sea justa a la variedad de voces”.

 

Desde el año pasado, también comenzaron a editar en español, con títulos como La azotea de Fernanda Trías, Habana Año Cero de Karla Suárez y Una ofrenda musical de Luis Sagasti. La intención de Charco Press es, siempre y cuando los derechos estén disponibles, publicar sus libros simultáneamente en ambas lenguas en Reino Unido, Canadá y Estados Unidos.

 

Sobre todo, apuntando a la realidad demográfica estadounidense, “donde habitan millones y millones de hispanoparlantes que a la hora de ir a la librería o a la biblioteca municipal no tienen buena ficción contemporánea de América Latina para leer en su idioma”, especifica la editora e investigadora. Próximamente Charco Press publicará allí títulos como Sodio de Jorge Consiglio, Confesión de Martín Kohan y Dos sherpas de Sebastián Martínez Daniell.

 

Como editora, concluye Orloff, le interesa ser lo más fiel posible a representar la variedad latinoamericana en términos de ficción y no ficción. “Que no sean siempre las mismas voces que se repiten, que no sean siempre los mismos traductores que traducen a los mismos autores. Vinimos a cambiar eso. Vinimos a aportar a que ese abanico de voces sea realmente un abanico”.

viernes, 1 de julio de 2022

Fealdades de la historia argentina de un libro

El escritor irlandés James Joyce (1882-1941) fue el mayor de diez hermanos. Otro de ellos fue John Stanislaus Joyce (1884-1955), quien publicó diversas obras a propósito de su célebre hermano. La más conocida de todas fue el volumen póstumo My Brother's Keeper: James Joyce's Early Years (1958), que se ocupa de narrar los primeros veintidós años de vida del autor de Ulises. El volumen fue publicado con edición e introducción del especialista Richard Ellman y un prefacio de T.S. Eliot.

La gran editorial argentina Fabril Editora –fundada en 1958 por Jacobo Muchnick (1907-1995)–, en la que, durante los años sesenta, se publicó mucha de la más importante literatura mundial, se ocupó tres veces de James Joyce. Así, existen una versión de Dubliners (1914), traducida como Gente de Dublín por Oscar Muslera, y otra de la pieza teatral Exiles (1915), traducida como Exiliados por Osvaldo López Noguerol. Ambos volúmenes fueron publicados en 1961, en la colección Libros del Mirasol. A ellos se suma My Brother's Keeper: James Joyce's Early Years, traducido como Mi hermano James Joyce por Berta Sofovich, con los textos de Ellman y Eliot, también en 1961 y con una reedición de 1968, dato que habla de un libro de gran circulación al que, en su momento, se le prestó mucha atención.

Cuando Adriana Hidalgo, en 1999, fundó la editorial que lleva su nombre, lo hizo llevándose de El Ateneo –la librería y editorial fundada por su abuelo Pedro García– a dos editores: Edgardo Russo y Fabián Lebenglik, quiénes, en rigor, fueron los que le dieron su perfil a la incipiente editorial.

Cualquiera que haya tratado con Russo, más allá de toda otra consideración, puede decir que vivía por y para los libros. Por eso, no debe extrañar que, además de considerar los títulos nuevos, se ocupara también de recorrer los viejos catálogos para rescatar de ellos autores y, como en el caso del libro de Stanislaus Joyce, buenas traducciones al castellano.  

Lebenglik, sabiendo de mi interés por la cultura irlandesa, le propuso a Russo que yo llevara a cabo la revisión del texto. Cuando la hice, considerando el excelente trabajo de Berta Sofovich, me limité a actualizar la ortografía y poco más que eso. Pero les propuse a ambos editores sumar un número significativo de notas que le permitieran al lector entender muchos de los detalles referidos a la historia y cultura irlandesas, presentes en el texto y probablemente desconocidos para los lectores de lengua castellana. Aceptaron y fue así como en la primera edición publicada por Adriana Hidalgo en 2000, lo único nuevo fue mi trabajo que, de hecho, consta en los créditos como “notas adicionales”.

Pasó el tiempo y, según las muchas referencias que Russo hizo al asunto, un día se fue en malos términos de Adriana Hidalgo. Lebenglik quedó a cargo de la dirección editorial. Russo, por su parte, fundó Interzona y, más adelante, Cuenco de Plata. En 2015, cuando justamente estaba terminando de editar la traducción del Ulises de Joyce, realizada por Marcelo Zabaloy, murió de un paro cardíaco.

Ahora bien, en 2022 se cumplió el centenario de la publicación de Ulises y, por lo tanto, James Joyce estuvo presente en reediciones de todo tipo que gozaron de la atención de todos los medios del mundo. Adriana Hidalgo, que este mismo año relanzó su sello como A.hache, volvió a publicar Mi hermano James Joyce. Lo hizo con un campaña de prensa que rindió sus frutos porque se festejó el evento como si fuera la primera vez que se editaba el libro que, de hecho, ya estaba en el catálogo de la editorial en su edición anterior. 

Como consecuencia de una serie de trabajos que hice para la editorial, los cuales, a partir de sus malos tratos, terminaron de manera desafortunada, entre los cambios más notables que registra la nueva edición, se eliminó mi nombre de la página de créditos y se lo puso, en letra muy pequeña, en una de las primeras notas al final del libro, señalando que cuando dice J.F. la nota me corresponde. Todo un gesto. 

Considerando la falta de investigación y la consecuente y notable desmemoria de los jóvenes periodistas culturales, salvo el detalle arriba aludido, el libro, de novedad, no tiene nada.  Supongo que nadie va a despeinarse: así funciona esto.

jueves, 30 de junio de 2022

En julio, en el SPET, la actividad de junio

Luego de una primera tentativa involuntariamente frustrada, el próximo encuentro del SPET, que tendrá lugar el martes 5 de julio a las 18:30 en el aula 400 del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”, Carlos Pellegrini 1515 (edificio nuevo), tendrá como invitadas Mabel Bellucci y Mariana Smaldone, quienes expondrán sobre “Simone de Beauvoir en el Río de la Plata: difusión, traducción y resignificaciones de su obra desde los feminismos y las disidencias sexo-generizadas (1940-1980)”

Mabel Bellucci
: archivista, investigadora y activista feminista queer. Coeditora de la revista digital Moléculas Malucas. Archivos queer y memorias fuera del margen. Compiladora junto a Mariana Smaldone de El segundo sexo en el Río de La Plata. Es autora de Orgullo. Carlos Jáuregui, una biografía política (Final Abierto, segunda reedición, 2020), Historia de una desobediencia. Aborto y feminismo (Capital Intelectual, cuarta reedición, 2020), Desde la Cuba revolucionaria. Feminismo y Marxismo en la obra de Isabel Larguía y John Dumoulin (Milena Caserola, Clacso, 2020).

Mariana Smaldone
: feminista. Profesora y Licenciada en Filosofía (FFyL, UBA). Especialista en Educación en Géneros y Sexualidades (FaHCE, UNLP). Docente del Departamento de Educación de la UNLu. Integrante del comité editorial de Descentrada, revista Interdisciplinaria de Feminismos y Género (CInIG/IdIHCS-UNLP). Compiladora junto a Mabel Bellucci de El segundo sexo en el Río de La Plata.


Lecturas sugeridas:

Bellucci, Mabel: “Simone de Beauvoir. Sus acciones públicas contra las guerras”, en blog Damiselas en Apuros. Buenos Aires. 30 de abril, 2022.

Disponible en:http://www.damiselasenapuros.com.ar/2022/04/simone-de-beauvoir-sus-acciones.html

Bellucci, Mabel: “Simone de Beauvoir revisitada desde el Río de La Plata. Las primeras veces de El segundo sexo”. Página 12. Buenos Aires. 19 de noviembre, 2021.

Disponible en:https://www.pagina12.com.ar/383004-las-primeras-veces-de-el-segundo-sexo

Smaldone, Mariana: “El rol, la praxis y las redes de las traductoras en la recepción de la obra de Simone de Beauvoir al Sur de América entre los años 1940 y 1980”, en Mutatis Mutandis, vol. 13 Nº 2: Mujeres y traducción en América Latina y el Caribe, (2020), pp. 255-279.

Disponible en:https://revistas.udea.edu.co/index.php/mutatismutandis/issue/view/3665
https://www.memoria.fahce.unlp.edu.ar/art_revistas/pr.11875/pr.11875.pdf

Bellucci, Mabel y Smaldone, Mariana (compiladoras): El segundo sexo en el Río de la Plata. Buenos Aires, La Marea, 2021.


Artículos y notas periodísticas virtuales sobre El segundo sexo en el Río de la Plata. Buenos Aires, La Marea, 2021.

Disponibles en:https://www.editorialmarea.com.ar/catalogo/sociedad-2/el-segundo-sexo-en-el-rio-de-la-plata-161


Aviso

La sesión será presencial (les pedimos que confirmen la asistencia), pero también se la podrá seguir por meet.

Quienes quieran asistir virtualmente pueden enviarnos un mail con el asunto SPET 146 hasta el 21/06 a las 13.00. La dirección de mail será utilizada para hacerles llegar el código de acceso.