miércoles, 7 de octubre de 2026

La FED se muda


El pasado 5 de diciembre, sin firma, el diario Perfil, de Buenos Aires, publicó la noticia de que la Feria de Editores, en 2027, va a mudarse a otro predio. Según la bajada, "La FED se trasladará al Centro de Convenciones de Buenos Aires después de cinco años en C Art Media. El nuevo predio permitirá ampliar la participación de editoriales y mejorar las condiciones para recorrer la feria".

La Feria de Editores cambia de sede en 2027 en la Ciudad de Buenos Aires: más espacio para sellos y lectores

La Feria de Editores (FED) se realizará en el Centro de Convenciones de Buenos Aires a partir de 2027, con una superficie de 22.000 metros cuadrados destinada a acompañar el crecimiento del encuentro. El cambio de sede permitirá sumar expositores y ofrecer más espacio al público, después de una edición que convocó a unos 40.000 lectores en agosto de 2026.

La decisión pondrá fin a un ciclo de cinco años en C Art Media, en el barrio porteño de Chacarita. Desde su llegada a ese espacio en 2022, la feria encontró allí el lugar para reunir a más de 300 expositores de Argentina, América Latina y España, en una propuesta centrada en la producción editorial independiente.

El próximo destino está ubicado en avenida Figueroa Alcorta 2099. La mudanza implica pasar de los 6.000 metros cuadrados disponibles en la sede actual a unos 22.000: una diferencia de 16.000 metros cuadrados que abre la posibilidad de reorganizar la distribución de los stands y ampliar la participación de sellos.

FED 2027: qué permitirá el cambio al Centro de Convenciones
Uno de los objetivos del traslado es incorporar más editoriales locales e internacionales. La mayor superficie dará margen para expandir la convocatoria de expositores y acompañar el aumento de la asistencia, que en la última edición alcanzó unos 40.000 lectores a lo largo de cuatro jornadas.

La comodidad durante la visita también forma parte de los motivos de la mudanza. El nuevo espacio permitirá disponer de pasillos más amplios y sectores de descanso, dos aspectos que buscan facilitar el recorrido y ofrecer mejores condiciones para detenerse frente a los catálogos.

Según explicó Víctor Malumián, uno de los organizadores de la FED, esas mejoras responden a pedidos habituales de los asistentes. Contar con lugares para sentarse, leer y permanecer en la feria aparece entre las necesidades que el equipo pretende atender en esta nueva etapa.

El desafío de ampliar la Feria de Editores
Malumián presentó el traslado como un paso que también supone una exigencia para quienes organizan el encuentro. “Empieza una nueva etapa con el CEC”, señaló, y describió el desafío de construir una feria de mayor escala con un equipo reducido de entusiastas.

La expansión tendrá así dos dimensiones: aumentar el espacio disponible para las editoriales y mejorar la experiencia de los lectores. El anuncio plantea una reorganización del encuentro en función de su convocatoria, después de años de crecimiento y sucesivos cambios de sede.

De FM La Tribu a una feria con cientos de editoriales
La trayectoria de la FED comenzó en 2013, en la sede de FM La Tribu, con la participación de apenas 15 pequeñas editoriales. Aquel primer encuentro constituyó el punto de partida de una feria que, con el tiempo, necesitó espacios más grandes para alojar a los sellos participantes.

En 2016 se trasladó a Central Newbery, donde reunió a 80 editoriales. Al año siguiente pasó a Santos 4040 y alcanzó los 140 sellos de distintos países. Esa secuencia de mudanzas acompañó la ampliación de una convocatoria que había surgido alrededor de un grupo pequeño de proyectos independientes.

Durante 2018 y 2019, la feria tuvo como sede Ciudad Cultural Konex. Después de las restricciones impuestas por la pandemia, realizó una edición al aire libre en 2021 y, en 2022, desembarcó en C Art Media, el espacio que sostuvo sus siguientes cinco encuentros.



martes, 6 de octubre de 2026

En Alemania también caen las ventas de libros

El siguiente artículo fue publicado sin firma, el pasado 3 de octubre, en La Jornada, de México. En él, en vísperas del comienzo de una nueva edición de la Feria de Frankfurt, se habla de la crisis que está sufriendo el sector del libro en Alemania.

Feria del Libro de Fráncfort enfrenta caída de lectores en Alemania

El ambiente en el sector del libro se presenta en Alemania bastante sombrío ante el inicio de la Feria del Libro de Fráncfort, que se inaugura el 7 de octubre.

Sobre todo los jóvenes leen menos, el número de novedades editoriales y de traducciones está disminuyendo, al igual que las ventas y la facturación, según datos de la Asociación Alemana de Libreros.

La facturación del sector del libro en 2025, de 9 mil 620 millones de euros (10 mil 800 millones de dólares), fue un 2.7 por ciento inferior a la de 2024. Tras los primeros ocho meses de 2026, la cifra siguió bajando y ahora se sitúa un 3.0 por ciento por debajo del mismo periodo del año anterior.

El número total de compradores de libros se redujo entre 2024 y 2025 en casi un 5 por ciento. Más alarmante aún: el número de lectores de entre 10 y 15 años se redujo en más de un 30 por ciento en comparación con el año anterior, y entre los de 20 a 29 años, en casi un 18 por ciento.

¿Qué se lee más y qué se lee menos?
El interés disminuye en la mayoría de las categorías temáticas: libros de viajes, un 11.6 por ciento menos; guías prácticas, un 8.1 por ciento menos; libros de no ficción, un 4.6 por ciento menos; y libros infantiles y juveniles, un 2.4 por ciento menos.

Las ventas sólo han aumentado en las categorías de ficción, un 1.2 por ciento; literatura para jóvenes adultos, un 4.8 por ciento más; y literatura para adultos jóvenes, un 9.6 % por ciento.

El número de primeras ediciones de libros también está disminuyendo: en 2025 se publicaron 52 mil 644 títulos nuevos, casi un 10 por ciento menos que en 2024. Y también se redujo el número de traducciones al alemán.

Mientras que el comercio en línea se mantuvo estable, las librerías físicas registraron un descenso del 3.7 por ciento en 2025. El negocio de los libros electrónicos se estabilizó en un nivel constante. En cuanto a los audiolibros, las ventas aumentaron más de un 13 por ciento.
Fuerte caída de la competencia lectora

Alrededor del 20 por ciento de los adultos —10.6 millones de personas— de entre 16 y 65 años en Alemania tienen dificultades para leer y escribir. Este fue el resultado de un análisis especial sobre la evolución de las competencias de lectura y escritura de los adultos, al que hace referencia la Fundación Lesen (Leer) de Alemania.

El último estudio PISA también lo pone de manifiesto en el caso de los alumnos. Uno de cada tres jóvenes de 15 años carece de la "competencia básica en lectura", según el director del estudio.

"El descenso en la compra de libros entre los jóvenes y los malos resultados del PISA en materia de competencia lectora son tendencias paralelas", afirmó el presidente de la Asociación Alemana de Libreros, Sebastian Guggolz.

Evolución del lector al fan
El director de la Feria del Libro de Fráncfort, Juergen Boos, espera que el propio certamen contribuya a despertar un nuevo interés por la lectura. La clave: crear un vínculo emocional con el autor o con el tema.

Para que el mayor número posible de visitantes "llegue a la lectura a través de su afición", la Feria de Fráncfort está en plena transformación. El número de eventos aumenta año tras año. En la zona "Meet the Autor", los fans hacen cola durante horas para hacerse selfies o conseguir autógrafos.

La novedad de esta edición son los "mundos de experiencias" con actividades participativas, por ejemplo, para aficionados a la novela negra, oyentes de podcasts o amantes de los cómics.

lunes, 5 de octubre de 2026

Lo más importante de este artículo es el menú: "ensalada de roquefort, rúcula, pera y nuez; una pasta rellena y tiramisú de postre"


"Más de cien rotarios recibieron al director de la Real Academia Española en el tradicional almuerzo de los miércoles; el académico participa de la Convención de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible, en La Plata." Tal es la bajada de la nota publicada por Daniel Gigena, el pasado 30 de septiembre, en el diario La Nación, de Buenos Aires.

Santiago Muñoz Machado: “La Argentina es uno de los países pioneros y más implicados en el movimiento de lenguaje claro”

Más de cien integrantes del Rotary Club de Buenos Aires, que preside Federico Eijo, recibieron al director de la Real Academia Española (RAE), el jurista Santiago Muñoz Machado, en el almuerzo de los miércoles en el hotel Libertador (avenida Córdoba 690). Muñoz Machado llegó al país para participar de la III Convención de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible, organizada por la RAE, como titular de la Secretaría de Coordinación de la Red, y la Suprema Corte de Justicia de la provincia de Buenos Aires. Se desarrollará en La Plata, en cinco sedes, el jueves y el viernes.

“Estoy viajando a la Argentina una vez por año”, dijo el director de la RAE a La Nación. Es muy probable que regrese en el otoño de 2027 para la Feria del Libro porteña, con España como país invitado de honor.

“Para la convención se esperan 1200 asistentes y habrá 275 ponencias sobre seis ejes temáticos -destacó-. Además del número, que es muy elevado, la diversidad es muy importante porque reúne a instituciones públicas y privadas, poderes públicos, universidades y entidades de la organización civil. La Argentina es uno de los países pioneros y más implicados en el movimiento de lenguaje claro”. Los ejes de la convención abarcan el lenguaje de los poderes públicos; terminología, recursos lingüísticos y comunicación especializada; formación académica, profesional y ciudadana; inteligencia artificial y tecnología del lenguaje; accesibilidad cognitiva y lectura fácil, y diálogo iberoamericano sobre lenguaje claro.

En el almuerzo del Rotary -al que asistieron empresarios, ejecutivos, abogados, economistas y gestores culturales- Muñoz Machado brindó la disertación “Los retos actuales de la lengua española: lenguaje claro e inteligencia artificial”, que duró unos veinte minutos. Luego, la periodista Clara Mariño le hizo preguntas. Mientras tanto, los comensales degustaban ensalada de roquefort, rúcula, pera y nuez; una pasta rellena y tiramisú de postre; se sirvió vino tinto, agua y café. Para pedir silencio, se usó el clásico método del tintineo de copas. La laudatio estuvo a cargo del jurista Juan Carlos Cassagne.

En los almuerzos del Rotary se recibe por semana a un invitado especial: ya concurrió en gran parte el gabinete de ministros del Gobierno (Javier Milei fue en 2022, antes de llegar a la presidencia); el miércoles próximo irá el responsable del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas, el almirante Marcelo Alejandro Dalle Nogare.

Después de un repaso por la historia de la RAE, creada en 1713, Muñoz Machado insistió en que el lenguaje claro debe primar en los poderes públicos y privados. Un mensaje claro debe ser comprendido por una persona con una formación básica de manera fácil y rápida, sin necesidad de relecturas, algo que el lenguaje usado en expedientes judiciales, leyes y comunicaciones oficiales y corporativas suele obstaculizar. También existe una variante: el lenguaje claro y accesible.ç

“Usar bien el idioma no es solamente una cuestión de cortesía; es el empleo correcto de la lengua, pero también es un deber democrático. Los poderes públicos tienen la obligación de expresarse en términos reconocibles y los ciudadanos tienen derecho a comprender lo que les dicen para ejercer sus libertades y defender sus derechos”, afirmó el autor de Fundamentos del lenguaje claro.

Sobre la inteligencia artificial, sostuvo que se impone un “pacto universal” para su regulación y reveló que la RAE mantiene diálogos y acuerdos con las grandes corporaciones tecnológicas de Estados Unidos para que los modelos de lenguaje sigan las reglas comunitarias del español. “Quien use la IA se dará cuenta de que esto es así. No tenemos un poder sancionador; funcionamos sobre la base de la autoridad moral que las Academias han construido y que 600 millones de personas siguen voluntariamente”, dijo.

Consultado por Mariño sobre las críticas del escritor y académico Arturo Pérez-Reverte, que había dicho que la RAE había perdido autoridad normativa y se había convertido en un “bebedero de patos donde todo vale”, el director de la RAE respondió que la opinión del escritor era la “de un académico más, que no siempre coincide con las opiniones de los demás académicos”. Y recalcó: “No hay ninguna improvisación en el trabajo que se hace en la Academia”. Explicó además el modo en que un argentinismo ingresa al diccionario de la RAE. Considero que la Asociación de Academias de la Lengua Española, fundada en México en 1951, era “un milagro de unidad”.

Cuando la periodista le preguntó por el lenguaje inclusivo, el académico señaló que este tenía un sesgo ideológico, si bien admitió que los desdoblamientos léxicos (del tipo “señores y señoras” o “todos y todas”) son correctos aunque no siempre necesarios.

Al finalizar el evento, la rotaria Marta Álvarez Molindi, de la Comisión de Cultura del Rotary Club y presidenta de la Federación Argentina de Amigos de Museos, le entregó al director de la RAE un valioso obsequio: los tres tomos de Autobiografía, de Victoria Ocampo, relanzada por Fundación Sur y la Asociación de Amigos de Villa Ocampo este año.




jueves, 1 de octubre de 2026

"Queda mal decir que una lee en digital"

La siguiente columna de la escritora Betina González apareció en la revista Ñ, del diario Clarín, de Buenos Aires, el pasado 14 de septiembre. En la bajada se lee: "Con una oferta cultural dominada por la novelad, las obras parecen importar cada vez menos que lo que se dice sobre ellas".

Los libros ya no necesitan ser leídos: la cultura de la novedad y sus paradojas

Como crecí en una casa sin biblioteca, me salvé del fetiche de la acumulación. A los doce años, empecé a ir a una biblioteca pública con mi abuela y me convencí de que no importaba tanto tener los libros, de que era mejor recibirlos de manos de extraños que habían dejado entre sus páginas comentarios impertinentes, rosas disecadas o boletos de colectivo. A lo largo de los años mantuve esa carencia esencial: mi biblioteca es muy pequeña. Vivir en otro país y en varias ciudades confirmó mi escepticismo en cuanto a la acumulación –en toda posesión hay algo maldito, como bien lo sabía Rossetti, que trató en vano de deshacerse de un libro que siempre volvía–. Esto quiere decir que hoy leo mayormente en digital. Me maravilla viajar con un aparatito capaz de almacenar 6000 volúmenes. Es todo lo que necesito. ¿Extraño el subrayado real, con lápiz negro? Claro que sí. Pero lo reservo para cada vez menos autores, que van ingresando a la biblioteca de mi casa solo después de meditar bastante las consecuencias de esa adquisición. Siempre a punto de huir de mi propia vida, sé bien cuánto pesa dejar atrás no solo un puñado de libros.

En una época de hipocresías descaradas, que se regocija en la nostalgia y el fetiche pero no en la experiencia profunda de la lectura, queda mal decir que una lee en digital. Pero así lee la mayoría, aunque no necesariamente libros. Leer hoy es leer el comentario del comentario de la novela de moda. O escuchar una entrevista. O ver la foto del libro con la taza de café. Tampoco somos tan especiales. En 1904, Vernon Lee ya se burlaba de un conocido que tenía varios estantes de libros falsos: eran solo los lomos. Se trataba de un “caballero científico” que creía ganar puntos al decorar así su estudio. Lee da una vuelta por esos “pseudo estantes” y provee una lista de los títulos –uno más banal que el otro– para concluir con esta máxima que se aplica muy bien a nuestra época: “para los verdaderamente educados, un libro puede hacer su trabajo sin que necesitemos leerlo. Al final tengo que admitir que esos volúmenes destripados podían prescindir de sus páginas: ya lo habían dado todo en la cubierta.”

En ese mismo ensayo, Lee se divierte creando subcategorías de “libros que no necesitan ser leídos para cumplir su función”, entre los cuales se destacan “aquellos que nos prestaron sin que los pidiéramos y, en un grado superior, aquel libro que se ha discutido tanto en sociedad que ha amoblado miles de conversaciones, por lo cual, leerlo sería un acto de pedantería, o sea aceptar que una es esclava de los títulos de las cosas sin percibir su esencia, en este caso ya agotada en la función que ese libro ya ha sido capaz de realizar”.

En esa misma lógica, más de un siglo después, se multiplican los clubes de lectura y los comentaristas en redes. Se da una paradoja rara: se lee cada vez menos, pero el circuito demanda cada vez más novedad. Por otra parte, la dictadura de la actualidad determina un único modo de (pseudo) lectura: desde el realismo, buscando contenidos, temas que se resuman bien en redes. En una especie de distopía que hubiera horrorizado a Steiner, la copia y el comentario sepultan a las obras. Ni siquiera se trata ya de expertos. Los mecanismos de legitimación del siglo XX no corren más. Ni la academia, ni los premios, ni el periodismo cultural son lo que eran. La época ama lo que Beatriz Sarlo llamó “el cualquierismo”. Eso produce una especie de territorio sin mapa, un mar compuesto de olas de fama efímera y un fondo misterioso, inexplorado. A nadie le interesa ya la forma, que es lo único que diferencia a la literatura de todo lo demás en ese mar de espuma.

Un ejemplo de cómo funcionan esas olas. Hace unos días, el diario inglés The Guardian celebró en redes a una nueva generación de poetas que “está rompiendo récords de venta”. Encima, el artículo aclaraba que no era culpa de La Odisea refiriéndose al film y no al libro, obvio). Lo que me llamó la atención no fue tanto que un diario que siempre privilegió las críticas serias cayera en estrategias clickbait sino la cantidad y virulencia de los comentarios de los usuarios. Cito: “la mitad de estos autores no tiene educación alguna en poesía. Escribir la primera frase que te viene a la mente y quebrarla en cualquier lado para crear un verso no la transforma en poesía. Lean algo de Heaney o de Plath si buscan poemas auténticos”. Otro decía que las redes democratizaron la literatura, “lo cual equivale a decir que celebran la mediocridad”. Me impresionó aún más que una de las poetas celebradas por el artículo (alguien que tiene 237 mil seguidores en IG) contestara a varios de los comentarios. Su defensa era el “trabajo”. Citaba la cantidad de libros que había publicado y los años que le había llevado escribirlos… Debajo de su nombre y su foto, el posteo del diario consignaba los premios que había ganado y los temas a los que se dedicaba: “sexo, maternidad, nostalgia, política, poder y amor”. Quizás sus poemas sean magistrales, no lo sé. Solo sé que yo también, igual que Vernon, me quedo con la idea de que ya los leí.

miércoles, 30 de septiembre de 2026

El SPET en octubre



Investigaciones en el SPET curricular

En el próximo encuentro se expondrán dos investigaciones realizadas en SPET curricular. Con esta modalidad de reunión, estrenada en la sesión del 7/08/2019, ofrecemos nuestro espacio para que graduadxs recientes muestren sus trabajos a la comunidad académica y para que lxs estudiantes que aún no lo cursaron puedan conocer anticipadamente sus características. En esta ocasión, dedicaremos parte del encuentro a conversar sobre el funcionamiento del seminario y a responder preguntas e inquietudes. Por ello, están especialmente invitadxs a participar lxs estudiantes de primero a cuarto año de los traductorados.

La sesión se llevará a cabo el miércoles 7 de octubre a las 18.30, en el aula Lapacó (ex 400) del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”, Carlos Pellegrini 1515. También se podrá participar por videoconferencia, en el siguiente link: https://meet.google.com/xwx-qidp-wvg. Les agradecemos que confirmen asistencia.

María Gabriela Borba

"La traducción de Lacan en la revista Literal: legitimación, capital simbólico y canon literario"

María Gabriela Borba es Profesora de enseñanza media y superior en Letras y Licenciada en Letras con orientación en Literatura Argentina y Latinoamericana (Universidad de Buenos Aires) y Traductora en francés (IES en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”). Actualmente se desempeña como docente de Literatura y Prácticas del Lenguaje en el nivel medio y es adscripta en la materia Estudios de traducción del Traductorado de Francés en el IES en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”.

Lecturas sugeridas
Dujovne, Alejandro (2017). “Campo editorial y traducción. Valor y formación de valor de la traducción en las ciencias sociales y humanas en Argentina (1990-2011)”. En: Desarrollo económico, 56, 220, pp. 443-468. Disponible en: https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/46153

Peller, Diego (2011). “Lacanismo literal”. En: Boletín del Centro de Estudios de Teoría y Crítica Literaria, 16. Disponible en: https://ahira.com.ar/wp-content/uploads/2018/08/Peller-Lacanismo-literal.pdf

Villagarcía, Martín (2024). “Sobre La edad de la teoría. De Tel Quel a Literal: el lado B de los 70, de Juan José Mendoza”. En: Revista Ex Libris, 13, pp. 541-544. Disponible en: https://revistas.filo.uba.ar/index.php/exlibris/article/view/4243


Miguel Santana

"Traducción, política y editorial: Diego Abad de Santillán y la publicación de Incitación al socialismo en editorial Nervio (1932)"

Miguel Santana es Licenciado en Ciencias Políticas y Administrativas por la Universidad Central de Venezuela en la Quinta República, Licenciado en Letras con orientación en Lenguas y Culturas clásicas por la Universidad de Buenos Aires y Traductor en alemán por el IES en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”. Actualmente, forma parte del grupo de estudio e investigación del SPET.

Lecturas sugeridas
Domínguez Rubio, Lucas (2017). “Un itinerario por los proyectos editoriales del anarquismo en Argentina: cambios, maniobras y permanencias”. En: Izquierdas, 33, pp. 21-41. Disponible en: https://ri.conicet.gov.ar/handle/11336/77134

Mársico, Griselda (2017). “Traductología e historia intelectual: una exploración de las posibilidades de diálogo interdisciplinario”. En Lenguas V;vas, 13, pp. 39-51. Disponible en: https://ieslvf-caba.infd.edu.ar/sitio/wp-admin/upload/Lenguas_Vivas_13_corregido_el_15.3.2018.pdf

Saferstein, Ezequiel (2013). “Entre los estudios sobre el libro y la edición: el ‘giro material’ en la historia intelectual y la sociología”. En Información, Cultura y Sociedad, 29, pp. 139-166.


martes, 29 de septiembre de 2026

"Pocas ciudades tienen una circulación tan visible del libro que ya perdió su condición de novedad"

El pasado 27 de septiembre, Guillermo Piro publicó la siguiente columna en el diario Perfil. Trata de aquellos libros que no entran en las estadísticas.

Los libros que no cuentan

En Buenos Aires los libros reaparecen. Uno los abandona en un volquete, los vende una familia que necesita hacer lugar, los compra un librero por kilo, los rescata alguien de una mesa instalada en la vereda y después de una cantidad indeterminada de años vuelven a entrar en una casa. El ejemplar cambia de dueño, el libro vuelve a ser leído y para las estadísticas no pasó nada.

Cada tanto se publican cifras alarmantes sobre la caída de la lectura. Se imprimieron tantos ejemplares, se vendieron tantos, los lectores abandonaron tal género. Los números tienen esa autoridad un poco abusiva del llegó a horario a una reunión y pasó lista. El problema es que cuentan lo que pueden contar, y lo que pueden contar coincide on lo que el mercado quiere saber: cuántos libros nuevos salieron de las librerías, qué títulos recuperaron la inversión, qué autor vendió más. La lectura queda reducida a una operación comercial.


Los libros usados no figuran. Tampoco suelen figurar los saldos, ese subsuelo de la industria editorial que en Buenos Aires ocupa depósitos, locales, ferias, mesas callejeras, kioscos de diarios y librerías enteras. Un título cuyo precio lo volvía inaccesible reaparece a una cuarta parte de su valor, amontonado junto a novelas que alguna editorial liquidó para recuperar espacio. Alguien lo compra, lo lee, lo recomienda, se lo presta a otro. Ninguno de esos movimientos modifica las estadísticas que afirman que se lee cada vez menos.

Buenos Aires vuelve especialmente absurda esa omisión. Pocas ciudades tienen una circulación tan visible del libro que ya perdió su condición de novedad. En la avenida Corrientes, en Parque Rivadavia, en Parque Centenario, en Mercado Libre, en las librerías de usados los libros viven una segunda, una tercera o una cuarta vida. Algunos esperan décadas al lector que no encontraron cuando aparecieron. Otros fueron éxitos y sobreviven porque se imprimieron en cantidades enormes. También están los que vendieron poco, desaparecieron rápido y regresan convertidos en rarezas, cuando una conversación devuelve a su autor a la superficie.

La industria considera agotado un título cuando ya no dispone de ejemplares. El libro puede seguir circulando durante cincuenta años mientras para la editorial dejó de existir. Su vida comercial terminó; su vida verdadera a lo mejor recién empieza. Cada ejemplar usado contradice con discreción la idea de que publicación y lectura son fenómenos simultáneos. Se publica en una fecha; se lee cuando se puede, cuando se encuentra o cuando cuesta lo que alguien está dispuesto a pagar.

Los saldos agregan otra dificultad. En ellos se vuelve visible una zona que las cifras generales mantienen borrosa: el precio decide buena parte de lo que llamamos hábitos culturales. Un libro que a treinta mil pesos parecía no tener público descubre, a cinco mil, una multitud de lectores. Sería injusto concluir que el interés nació con la rebaja. Lo que cambió fue la posibilidad de convertirlo en compra. La estadística va a registrar la mala venta inicial, pero difícilmente va a contar con el mismo entusiasmo la resurrección posterior.

Esto no significa que las cifras sean falsas. Significa que contestan otra pregunta. Informan cuántos ejemplares nuevos se vendieron por los canales que aceptan ser medidos, no cuántas personas leyeron, qué leyeron ni de qué manera llegaron a esos libros. Confundir los datos permite transformar una crisis de ventas en una crisis de lectura y atribuir al desinterés del público lo que también puede explicarse por el precio, la distribución, la desaparición de títulos o la obstinación de considerar muerto lo que ya no figura en un catálogo.

Tal vez por eso las bibliotecas particulares de Buenos Aires se parecen tan poco a las listas de novedades. Están hechas de herencias, préstamos nunca devueltos, compras de ocasión, liquidaciones, mesas de saldo y ejemplares levantados de la calle. Cuando llegue la próxima estadística para informarnos cuánto leemos, convendría recordar esa circulación subterránea. Debajo de cada cifra quedan miles de libros que pasaron de una mano a otra sin dejar comprobante.

lunes, 28 de septiembre de 2026

"Una política deliberada de Rusia"


La noticia fue publicada el pasado 24 de septiembre en el sitio de la agencia Associated Press y la firma Hanna Arhirova, la corresponsal de la agencia en la ciudad de Kiev.              

Futuro literario de Ucrania pende de un hilo por ataques rusos que han destruido millones de libros   

Segundos antes de que impactara el dron ruso, Viktor Kruglov pensaba en libros de texto: decenas de miles de ellos y cómo hacerlos llegar más rápido a las escuelas ucranianas.

Minutos después, un segundo dron Shahed cargado de explosivos impactó y arrasó con el centro de operaciones de su editorial, Ranok, en la ciudad nororiental de Járkiv.

“El acero ardía y se consumía en llamas”, relató Kruglov sobre el ataque del 1 de agosto, y añadió que el hormigón armado del enorme almacén se fundió y el techo se desplomó.

El incendio duró casi una semana y redujo a cenizas millones de libros.

La industria editorial de Ucrania se enfrenta a su peor crisis hasta la fecha, provocada por ataques rusos dirigidos, parte de una guerra cultural más extensa en la que cerca de 5.000 catedrales, iglesias, museos, teatros y otros sitios culturales han sido destruidos o dañados, y 35.000 obras de arte han sido saqueadas.

Más de 13 millones de libros —un tercio del tiraje anual del país— fueron destruidos en dos meses de este verano, lo que provocó daños por al menos 39,3 millones de dólares (1.750 millones de grivnas), reportó el Ministerio de Cultura.

Dmitri Peskov, portavoz del Kremlin, no respondió a una solicitud de comentarios que le hizo The Associated Press respecto a los ataques rusos a la infraestructura editorial de Ucrania.

A pesar del aumento en la demanda de libros en ucraniano tras la invasión rusa de 2022, la destrucción está frenando al sector y las pérdidas van más allá de lo económico. Se cree que las editoriales invertirán menos en autores noveles, lo que amenaza el futuro de la literatura ucraniana. Las editoriales pequeñas e independientes podrían publicar menos o cerrar definitivamente, lo que reduciría la oferta, mientras que las grandes editoriales optan por lo seguro y se apoyan en los éxitos de ventas.

“Esta es una política deliberada de Rusia, porque ellos saben que la cultura es lo que nos hace sentir resilientes, lo que nos hace sentir dueños de nuestra tierra y de nuestro destino”, expresó Tetiana Berezhna, ministra de Cultura de Ucrania.
Rusia libra una guerra deliberada contra la industria editorial ucraniana

Además de Ranok, al menos otras 40 editoriales y numerosas librerías han sufrido daños en las últimas semanas.

“Es un golpe enorme para la industria y, si no actuamos con rapidez para implementar medidas estratégicas de apoyo... la industria podría venirse abajo por completo”, expuso Kruglov, quien añadió que el sector editorial forma “parte de la seguridad nacional de Ucrania”.

El almacén de Ranok destruido por Rusia se inauguró en 2013 como un centro logístico automatizado capaz de procesar decenas de miles de libros al día, agregó.

“Hubo periodos difíciles” para Ranok, añadió, relacionados con la crisis económica mundial de 2008 y la pandemia de COVID-19, “pero nadie habría podido imaginar que casi el volumen de ventas de todo un año de Ranok pudiera ser destruido de golpe”.

El ataque arrasó con 8 millones de libros, incluidos 620.000 libros de texto que Ranok suministra a casi todas las escuelas de Ucrania.

No obstante, Kruglov manifestó que la empresa cuenta con almacenes de reserva y que todos sus archivos están almacenados en la nube. “Eso es probablemente lo que nos permite seguir adelante, ya que podemos reimprimir los libros, y hemos conservado a nuestro equipo”, agregó.

Para Berezhna, la ministra de Cultura, los últimos ataques forman parte de la destrucción “sistemática” del patrimonio ucraniano por parte de Moscú. “Lo han hecho durante siglos”, expresó.

Hizo referencia al siglo XIX, cuando gran parte de la actual Ucrania formaba parte del Imperio ruso, el cual promulgaba decretos que prohibían o restringían severamente el uso del idioma ucraniano, en publicaciones y en el ámbito público.

“Pero, aun así, el idioma ucraniano existe. La literatura ucraniana existe. Tenemos libros en nuestras bibliotecas que se conservaron en secreto desde tiempos muy remotos y todavía existen”, señaló.

“Esto nos da la esperanza de que Ucrania se mantendrá fuerte”.

El futuro de la literatura ucraniana está en peligro
No obstante, existen muchos retos inmediatos.

Los ataques han afectado económicamente a las editoriales, explicó Berezhna, lo que ha perjudicado su capacidad para invertir en nuevos autores. Es costoso publicar a escritores noveles en comparación con la apuesta más segura y rentable que suponen los éxitos de ventas y la literatura traducida de autores consagrados.

Estos “nuevos talentos, la literatura de autores noveles, dentro de 100 años se convertirán en clásicos ucranianos que le contarán al mundo sobre Ucrania”, enunció, y agregó que teme que disminuya el apoyo a los autores ucranianos jóvenes.

Por eso, el ministerio trabaja en la elaboración de un paquete de apoyo financiero para el sector, incluida la compra estatal de libros ucranianos para las bibliotecas escolares, subvenciones para ayudar a las editoriales pequeñas a cubrir los costos de impresión, compensaciones a las librerías por el alquiler, y un programa de seguros contra riesgos de guerra para los tirajes de impresión.

Pero muchos miembros de la industria editorial consideran que ello es insuficiente.

Meses después de que un misil ruso atravesara el techo de la imprenta Konvi en julio, páginas quemadas de libros de inglés de cuarto curso seguían esparcidas en el suelo y el papel aún estaba en el interior de la máquina de impresión destruida.

Antes del ataque, en este lugar se imprimían millones de libros al año, pero ahora no hay más que pilas de existencias hinchadas y arruinadas luego de que los bomberos extinguieran el incendio. La imprenta se especializaba en ficción, material educativo y literatura científica.

Viktoriia Haidai, directora comercial de la empresa, refirió que sustituir la maquinaria de impresión costará 1,2 millones de euros (1,37 millones de dólares), y que le tomará entre cuatro y cinco años recuperar plenamente la capacidad operativa.

Los rusos atacan imprentas como la suya, dijo, porque “somos una infraestructura crucial; porque damos forma al futuro: trabajamos en la educación, en la cultura. Trabajamos para preservar la historia”.

“Sin esto, ninguna nación tiene un futuro”, sentenció.

La impresión de libros de texto, que antes se llevaba entre tres y cuatro meses, pasará a requerir de seis a siete meses, manifestó. Esto pone en peligro los plazos de entrega para el próximo año y los siguientes.

“No son sólo las grandes imprentas las que sufren”, agregó. “Muchas imprentas pequeñas, que no suelen darse a conocer públicamente, también han sido destruidas”.

La ayuda extranjera y la intervención del Estado podrían salvar a la industria editorial
“Las pérdidas que ha sufrido la industria editorial ucraniana en meses recientes no tienen precedente en toda la historia de la independencia del país”, dijo Iryna Baturevych, cofundadora de Chytomo, el principal referente ucraniano en materia de libros y publicaciones.

Entre los riesgos, añadió, figura la supervivencia de las pequeñas editoriales independientes, lo que amenaza con reducir la diversidad del mercado, particularmente en el ámbito de la literatura especializada y de nicho.

La literatura infantil también está en crisis, refirió. Dado que muchos niños se han ido del país, las editoriales diversifican su oferta hacia otros géneros, y los autores dejan la profesión.

Baturevych expresó que es probable que el Estado encuentre financiación para mantener la impresión de libros de texto, pero existe menor certidumbre respecto al resto del sector.

Los recursos financieros de Ucrania son insuficientes para reconstruir infraestructura como la de las imprentas y los almacenes, ya que la prioridad del Estado es combatir a Rusia. Roksolana Pidlasa, presidenta de la Comisión de Presupuesto del Parlamento ucraniano, dijo que, hasta septiembre, un solo día de guerra le cuesta a Ucrania 190 millones de dólares.

“No olvidemos que, en este momento, si no se apoya a las fuerzas armadas, es posible que no quede nada que reconstruir”, agregó Baturevych. “Por eso, yo diría que existe una enorme necesidad de que los socios extranjeros apoyen al sector editorial ucraniano, porque sin ese respaldo, no creo que la industria logre sobrevivir”.

Kruglov expuso que el sector necesita tres cosas del gobierno ucraniano: préstamos preferentes y seguros similares a los créditos, con tasas inferiores a las del mercado y coberturas de riesgo de guerra como las que reciben otros sectores industriales; inversión para reconstruir la infraestructura de la industria; y medidas para fomentar la lectura y la demanda de libros.

Actualmente, las editoriales no pueden acceder a esos préstamos porque sus activos involucran propiedad intelectual, y no los bienes inmuebles ni el equipo que se requieren como garantía.

“Espero que el Estado ayude, porque no puede haber una Ucrania independiente sin una industria editorial independiente”, observó Kruglov. “El libro ucraniano es el único producto que no puede ser importado”.