jueves, 8 de diciembre de 2022

Convenio entre México y Brasil para publicar literatura brasileña en el FCE

En una nota sin firma, El Universal, de México, el pasado 30 de noviembre, publicó que, por tercer año consecutivo, México y Brasil llegan a un convenio para la traducción y publicación de autores brasileños en castellano. 

Literatura brasileña llega al FCE

Un convenio de coedición por el equivalente a 9 mil dólares, para publicar cuatro títulos en 2023 de autores brasileños, clásicos y contemporáneos, traducidos al español y que serán distribuidos en sus filiales nacionales e internacionales, es el acuerdo que por tercer año consecutivo firmó el Fondo de Cultura Económica (FCE) con la Embajada de Brasil en México, en el marco de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

 

Aun cuando no se han definido los cuatro autores ni los cuatro títulos que serán traducidos y coeditados, este convenio tiene la intención de “que los autores brasileños sean conocidos en lengua hispana en México y en todos los países de habla hispana de América Latina”, afirmó Francisco Pérez Arce, gerente editorial del Fondo.

 

“Para nosotros trabajar con el Fondo es una gran alegría, reconocemos la fuerza del Fondo en toda Latinoamérica, sabemos que estos libros que son publicados se distribuyen en todos los rincones de nuestra región y por eso nos da mucho gusto poder contribuir. Cuatro este año, cuatro el pasado y ojalá que el próximo se pueda incluso aumentar el número”, afirmó Fernando Coimbra, excelentísimo embajador de Brasil en México. 

El diplomático dijo que este convenio que por tercer año consecutivo sostienen con el FCE es una forma de reconocer nuevos talentos y en especial autoras femeninas “que nos parecen uno de los caminos de integración y acercamiento de nuestros pueblos”.

Como resultado de los dos primeros convenios se han coeditado: Cuentos sobre la esclavitud, de Joaquim Maria Machado de Assis; Paisaje con dromedario, de Carola Saavedra; La confesión de Leontina, de Lygia Fagundes Telles; Los negros, de Monteiro Lobato; Memorias de un sargento de milicias, de Manuel Antonio de Almeida, y Campo general, de Joao Guimaraes Rosa; tanto en la colección Popular como en Vientos del Pueblo.

El Fondo de Cultura informó que, en este momento, están en la producción de Destierro, de Sheyla Smanioto, y La cabeza del santo, de Socorro Acioli.

Pérez Arce dijo que en el FCE han publicado a muchos escritores clásicos y contemporáneos, aún antes de firmar este convenio pero, desde que sostienen este acuerdo, lo conciben como un compromiso, una declaración de intenciones, una búsqueda de cara conocer autores brasileños en los países latinoamericanos.

“Más allá de que publiquemos cuatro libros, recibimos un apoyo muy importante de la embajada para llevar a cabo la contratación de estos autores y la traducción al español, y la edición que corre a cargo nuestra. Más allá de que sean cuatro libros es una declaración de intención, queremos que la literatura y la cultura brasileña se difunda en nuestro país y en los países de América Latina. Por eso es muy simbólico en la FIL”, señaló Pérez Arce.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

"No se trata solo de hacer libros, sino de pensar en lo que se está haciendo"

El pasado 5 de diciembre, Damián Huergo publicó en Coolt una entrevista con la directora editorial de Eterna Cadencia. En la bajada se lee: “El sello dirigido por Leonora Djament aspira a aportar ‘nuevas maneras de pensar el presente’ a través de voces actuales y clásicas”.


Eterna Cadencia: constelación editorial


Leonora Djament se sienta en la silla de un bar de Villa Urquiza, en los bordes de Buenos Aires. Antes de pedir un café cortado, abre su bolso y empieza a sacar libros con tapas de colores rojos, amarillos, azules, magentas. Los apoya sobre la mesa de madera, con cuidado, uno sobre otro, como si estuviera armando una casa de bloques. Sobre la cima se puede leer Ricardo Piglia, Silvia Molloy, Claire Keegan, entre otros, muchos otros. A un costado, entre los libros y la azucarera, deja un folleto. En el frente, sobre un fondo galáctico, dice: “10 años. Eterna Cadencia. Editora”. Luego, cuando la taza de café esté vacía, Djament lo abrirá despacio, igual que si estuviera calibrando un periscopio. Al desplegar las ocho partes, flotará —en sus palabras— “una constelación editorial”. En lugar de estrellas, también brillando, aparecerán los libros que la editorial Eterna Cadencia fue publicando bajo la selección y cuidado de Djament, su editora desde la fundación del proyecto.


El primer paso o movimiento para que la constelación ocurriera sucedió en 2007. Leonora Djament daba un taller de edición en Casa de Letras; un espacio donde podía condensar su dimensión como docente universitaria junto a la de editora: ambos recorridos los había iniciado en simultáneo en 1996; por un lado, docente en la cátedra Teoría Literaria de la carrera de Letras de la Universidad de Buenos Aires; por el otro, editora en Alfaguara, donde dio sus primeros pasos armando las líneas de no–ficción. Su recorrido editorial continuó en Norma, donde —a los pocos meses de haber entrado a trabajar de la mano de Fernando Fagnani— quedó a cargo de la dirección editorial durante nueve años.


Leonora y Pablo Braun, el dueño del proyecto Eterna Cadencia, se conocían por su roles de editora y librero, respectivamente. Cuando Leonora Djament vio a Braun, sentado en una silla entre alumnos y alumnas del taller, se sorprendió. “Qué haces acá”, cuenta que le dijo. Braun, abriendo una puerta o corriendo un mueble que tapaba una ventana, le contestó: “Un día me gustaría formar una editorial, por eso estoy acá”.


Al encuentro fortuito le siguió una propuesta. Luego un hilado de reuniones para pensar juntos catálogos, proyectos estéticos, autores, cronograma, estructura, inversión. Cuando alcanzaron un suelo común, entusiasmada Leonora Djament renunció a Norma y empezó la aventura de Eterna Cadencia.


–Empecemos por el nombre, ¿por qué Eterna Cadencia?

–Pablo cuenta siempre que eran dos palabras que le gustaban mucho y así quedaron como nombre de la librería que es el primer proyecto que abrió. Es gracioso porque pareciera que es una cita de algún libro, pero son solo dos palabras cuya musicalidad y sentido le gustaron.


–¿Cómo armaron el catálogo de largada? ¿Qué líneas pensaron?

–Por un lado, estaba la idea de no repetir lo que yo estaba haciendo en Norma: mantener algunas líneas, pero también hacer algo diferente para que fuera un desafío y no simplemente la continuación de lo mismo en otro lugar. Sin embargo, algunos nombres de autores nos acompañaron inmediatamente, como Miguel Vitagliano, con una confianza que agradezco hasta el día de hoy; su novela Cuarteto para autos viejos es uno de los primeros tres libros que editamos en agosto de 2008, junto a dos libros de ensayo de Oscar Massota, Introducción a Lacan y Sexo y traición en Roberto Arlt.


–¿Qué buscaban y qué querían evitar?

–La primera etapa de una editorial siempre es muy exploratoria. Incluso me acuerdo que pensamos en algún momento “vamos a dedicarnos a autores de Europa del Este”, pero era un delirio, porque ya había editoriales españolas que lo hacían muy bien y ninguno de nosotros lee esas lenguas. Pero esas ideas nos ayudaron a tantear qué queríamos hacer. Tampoco empezamos redactando un manifiesto, como a veces se hace. Creíamos que el catálogo se construía también en la interacción con el tiempo, con el contexto, con los lectores, con los libreros, con los periodistas. En el hacer hay algo que se va definiendo, moldeando con el tiempo, pensábamos. Sí sabíamos que queríamos armar una editorial de ficción literaria y ensayo, pensando en nuevas escrituras pero también en rescates editoriales.


–¿Qué rupturas y continuidades encontrás con tu trabajo hecho en Norma?

–Habría que sentarse con más tiempo y ver los dos catálogos para pensar la respuesta. Igual me parece que por debajo hay una misma preocupación crítica y estética. Por ejemplo, pensando en los libros de ficción, nos importan más las escrituras, la lengua, que las tramas. Una diferencia entre ambos catálogos es que en Eterna Cadencia le pudimos dar un espacio  a escritores y escritoras jóvenes, algo que en Norma era más difícil porque había más instancias intermedias de decisión. Si pienso otra diferencia entre Norma y Eterna Cadencia es que en un proyecto independiente podés mirar el todo y tomar decisiones en función de eso. En cambio, en una multinacional a veces se ponen en juego ecuaciones, algoritmos, mediciones tan curiosas y en el fondo poco confiables que terminan mostrando de manera engañosa la situación de la editorial. Acá vos sabes qué es lo que querés y encontrás los medios para hacerlo. A veces sale y a veces no.


–¿Cómo te llevás con el sintagma “editoriales independientes”?

–Creo que al principio, hace 10, 15 años, fue una manera rápida, un guiño, para nombrar un tipo de edición diferente al de las multinacionales, o para nombrar una concepción diferente del libro. Por suerte, con el tiempo, y gracias a las reflexiones críticas de editores y de muchos especialistas que se dedican a pensar la edición, se fue puliendo esta denominación para cuestionarla y volverla más compleja y rica. Hoy es muy interesante poder pensar en las editoriales a partir de su tamaño, por ejemplo, y en ese sentido pueden ser definidas como pequeñas o medianas. Pero también se pueden pensar las editoriales como independientes, autogestionadas o artesanales, por ejemplo. Y ahí entran en juego otras dimensiones de la edición (la factura del libro, la comercialización, cuestiones económicas, etc.), y también la manera en que cada editorial se piensa y se imagina a sí misma. Hay muchísimas maneras de pensar lo que habitualmente recortamos como “editoriales independientes” para poder ver las diferencias en su interior. Esto vuelve tan rica, vital y contestataria a toda esta nueva camada de editoriales que surgieron en los últimos 20 años.


–Incluso, muchas de estas editoriales exceden la publicación de libros. Por ejemplo Eterna Cadencia, con la librería, el blog y el FILBA se puede pensar más como un dispositivo cultural que como una editorial.

–Es interesante pensar la figura del desborde. Todas las editoriales de una u otra manera desbordan la edición en sí misma; y esto es una diferencia con lo que sucedía con la edición hace 30, 40 ó 50 años. En el caso de Eterna Cadencia, cada uno de los espacios que nombraste comparten un mismo espíritu y a la vez cada uno tiene su propio perfil, sus propias búsquedas e inquietudes. Y pensando en el desborde, habría que pensar cómo la asociatividad es otro de los modos de existencia (o supervivencia) de estos últimos años, y da riqueza a los proyectos editoriales del presente.


–¿Cuáles fueron las voces que sienten propias o identifican a la editorial?

–Obviamente, todas las que publicamos. Tendríamos que rastrear bien lo que sucedió en el 2008, 2009. Recuerdo como escritoras del comienzo a Lina Maruane, Gabi Cabezón Cámara, Hernán Ronsino, Margo Glantz. En 2009 sacamos una antología hermosísima que se llama Excesos del cuerpo, hecha por dos investigadores venezolanos, Javier Guerrero y Nathalie Bouzaglo, que compilaba relatos de escritores latinoamericanos que pensaban la relación cuerpo, enfermedad y escritura. Ahí había cuentos de Diamela Eltit, Chejfec, Pauls, Glantz, Bellatin. Siento que ese libro marcó una búsqueda editorial que se fue abriendo y continuando con otros libros que vinieron después. Pensando en el catálogo, nosotros no tenemos colecciones, pero sí zonas. Por ejemplo, una que podemos llamar biopolítica, donde pensamos justamente la relación entre cuerpos/poder/sujetos/escrituras; otra que piensa la historia, la memoria, el territorio, que la integran los libros como los de Nona Fernández, Hernán Ronsino, Daniel Mella; también está la zona que piensa los modos de narrar, más vinculada a las llamadas literaturas del yo, donde aparecen los libros de Tamara Kamenszain, Édouard Levé, Joe Brainard, que es el antecesor de Perec y de Levé. Luego tenemos diferentes zonas dentro de nuestros ensayos: hay todo un conjunto de libros frankfurtianos que giran en torno a la llamada Escuela de Frankfurt; hay otra zona de crítica literaria argentina donde están Josefina Ludmer, Molloy, Jorge Panesi, Piglia, Daniel Link, Carlos Gamerro; están los franceses posmarxistas como Badiou, Ranciere… y así se puede recorrer el catálogo entrando por diferentes lugares.


–También publican clásicos.

–Hemos publicado muchos clásicos en complicidad con muchos grandes traductores. Jorge Fondebrider ha traducido y prologado Madame Bovary y Tres cuentos de Flaubert (y pronto publicaremos una nueva traducción de Bouvard y Pecuchet que será la más completa hasta el momento). Jorge tradujo además a Jack London y Corazón de las tinieblas de Conrad. También publicamos El doble de Dostoievsky en traducción y prólogo de Alejandro González y El desaparecidode Kafka, traducido por Ariel Magnus y con prólogo de Mariana Dimópulos. Creemos que vale la pena volver a traducir los clásicos de tanto en tanto. En esa retraducción hay una actualización de esas escrituras tanto porque la lengua cambia con el tiempo como también cambian los contextos de recepción. Se trata de ponerlos a circular de vuelta en la lengua y en el presente; son los libros que siguen hablando, diciendo cosas. Ni hablar cuando la importancia de la reedición de un clásico tiene que ver también con publicar textos que fueron censurados por los albaceas, como es el caso de los cuadernos de Katherine Mansfield que acabamos de publicar, Sopa de ciruela, con traducción y prólogo de Eleonora Gonzalez Capria y con un trabajo de edición invalorable de Virginia Ruano. En este sentido, nuestra edición de El desaparecido de Kafka también rescata la edición original, previa a las intervenciones que Max Brod hace una vez que Kafka muere.


–¿Siempre se pensaron como una editorial para toda la lengua hispana?

–Desde el comienzo nos interesaba que nuestros libros llegaran a toda América Latina y España. Cuando empezamos era un momento en el que era dificilísimo leer a un autor latinoamericano si no era publicado primero por una editorial española. El tráfico entre países latinoamericanos era muy escaso. España había copado casi en su totalidad las vías de distribución a México, a Colombia, a Buenos Aires, siempre desde España y en una sola dirección. En ese sentido, las editoriales independientes, sobre todo después del 2000, vinieron a reconstruir esos lazos, esas rutas alternativas entre países cercanos, del continente, sin mediaciones españolas.


–¿Cuál es el aporte que sentís que la editorial viene haciendo a la sociedad?

–Lo que nos interesa al momento de intervenir en la sociedad, tanto desde la ficción como en los ensayos, es poner en circulación no sólo ideas, sino también palabras, perspectivas, tonos, estéticas, sintaxis. Ranciere diría “nuevos repartos de lo sensible”. Creemos que los libros que publicamos pueden aportar nuevas maneras de pensar el presente siempre tan complejo en el que vivimos.


–Por último, ¿cómo se hace una editora? ¿Qué virtudes tiene que tener?

–¡Qué difícil pregunta! Por suerte, desde hace varios años existen muchos lugares para formarse en el mundo editorial. Cuando empecé uno se formaba con la generosidad de los editores que tenía al lado. No había maestrías, cursos, talleres, nada de eso. Me parece que la formación es importante para pensar en la práctica editorial (o en la edición como una práctica). No se trata solo de hacer libros, sino de pensar en lo que se está haciendo. Y también poder hacer la mejor versión del libro que se está por publicar. De ayudar al autor a encontrar esa búsqueda que el libro está haciendo, más allá de los gustos personales de cada uno.

 

martes, 6 de diciembre de 2022

Convocatoria para pasar marzo en Galicia traduciendo literatura gallega

El 2 de noviembre, en La Opinión, de la Coruña, Galicia, España se publicó la siguiente convocatoria

Abierta la convocatoria para la traducción de obras en gallego a otras lenguas del mundo

La Xunta ha convocado ya la tercera edición de la Residencia Xacobeo para traductores y traductoras de literatura gallega, en colaboración con la Residencia Literaria 1863, de la escritora Yolanda Castaño, para que traductores de todo el mundo viajen a La Coruña y puedan desarrollar su labor en la ciudad.

“En las dos convocatorias anteriores comprobamos el interés que hay fuera de Galicia por nuestras letras y es preciso darle continuidad con propuestas como esta que nos permiten incentivar la importante labor de la traducción literaria al tiempo que promovemos el intercambio internacional”, explicó el director General de Cultura, Anxo M. Lorenzo.

En esta edición, el autor o autora seleccionado viajará a La Coruña durante el mes de marzo de 2023 para preparar su proyecto de traducción. Se le facilitará un acceso prioritario a museos, galerías, bibliotecas, conciertos, visitas guiadas, encuentros literarios, obras de teatro y otros actos culturales. El plazo se cerrará el 30 de diciembre y podrá concurrir cualquier profesional para traducir una obra en gallego a otra lengua.

lunes, 5 de diciembre de 2022

¿García Márquez le abrió la puerta a la literatura latinoamericana en China? Really, bitch?

Árbol genealógico en chino de la familia Buendía

El pasado 10 de noviembre, el diario La Jornada, de México, reprodujo un artículo de Xinhua News Agency, de China, a propósito de la importancia de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, en el diálogo entre la culturas. latinoamericana y china.

Cien años de soledad propicia un gran encuentro entre Latinoamérica y China

La novela Cien años de soledad, del escritor colombiano Gabriel García Márquez, comenzó el “gran encuentro” entre las literaturas latinoamericana y china, que influyó a muchos escritores del país asiático y propició el hallazgo de similitudes desapercibidas hasta entonces, afirmó la experta mexicana Liljana Arsovska.

“Por medio de García Márquez y su principal obra se hace ese famoso boom de la literatura latinoamericana en China, en el que no podemos hablar de una asimilación por parte de una o de la otra, sino de un encuentro que favoreció que los escritores chinos volvieran a sus raíces y tradición”, dijo Arsovska en entrevista con Xinhua.

La profesora de lengua, lingüística y traducción en el Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México (Colmex) consideró que García Márquez fue “el gigante que empujó el primer paso” de la literatura latinoamericana en China.

La también traductora al español de literatura china contemporánea consideró que como parte de ese boom literario latinoamericano en China, registrado a partir de los años 80 del siglo pasado, luego de que el colombiano recibió el Premio Nobel de Literatura (1982), al país asiático entraron los grandes literatos de Argentina, México y de prácticamente toda la región.

Arsovska afirmó que desde entonces hay una búsqueda por parte de los chinos, tanto de editoriales como de círculos de intelectuales de Latinoamérica, “búsqueda sistemática mediante la que se tradujo al chino la mejor representación de la literatura latinoamericana”.

La académica del Colmex, quien realizó sus estudios de licenciatura en Pekín durante los años 80, recordó que en esa década y la siguiente hubo “una ola gigantesca” de traducciones de obras, en que las editoriales chinas buscaron la forma de publicar títulos occidentales.

“La preferencia habitual estaba en el inglés, pero por medio de García Márquez la literatura latinoamericana entró a China”, ponderó la entrevistada.

Con más de una docena de traducciones de obras literarias chinas al español, Arsovska consideró que el encuentro de las literaturas latinoamericana y china, con sus consiguientes influencias, contribuyó también a que en Occidente se despertara el interés por la literatura del país asiático.

La entrevistada subrayó que Cien años de soledad abrió un camino en el que la literatura latinoamericana fue “avasalladora” a nivel global por “su riqueza lingüística, de espacios, tiempos, personajes y realismo mágico”.

En China influyó mucho a escritores como Mo Yan, también Premio Nobel de Literatura (2012), cuyas obras han contribuido a la internacionalización y conocimiento de la literatura china, en un proceso que la experta deseó que fuera más continuo y caudaloso, debido a “lo mucho que todas las artes chinas tienen para compartir al mundo”.

Recordó que cuando Mo Yan conoció la afamada novela del colombiano ya era un escritor formado y de trayectoria, pero su obra posterior deja ver que “hizo un encuentro con la literatura latinoamericana”, específicamente la de García Márquez.

En varias ocasiones, el propio Mo Yan se ha asumido como admirador de Gabo y ha reconocido la influencia que Cien años de soledad tuvo en sus procesos creativos.

“El realismo mágico subvirtió radicalmente a nuestra generación. Cuando leí Cien años de soledad, en 1984, sentí lo que había sentido García Márquez a la hora de leer La metamorfosis, de Franz Kafka, en París: ¡Oh, una novela se puede escribir de esta manera!”, comentó el reconocido autor.

Búsqueda de las raíces
Estudios sobre la literatura china de las últimas décadas del siglo XX y la contemporánea han destacado que García Márquez y su novela cimera impactaron de manera notoria el panorama literario de China, al punto de fomentar el surgimiento de la escuela literaria Xungen en 1985, movimiento de búsqueda de las raíces.

Varias novelas de esa corriente reflejaron la transformación histórica y cultural de China a lo largo del tiempo, con historias que suceden en una región o un poblado, con las peculiaridades culturales y de idiosincrasia propias del país asiático.

La obra Sorgo rojo, de Mo Yan, es una de esas novelas sobre la que Arsovska comentó que se asemeja a Cien años de soledad a través de la descripción de Gaomi, la aldea que el autor chino hizo centro de su historia, al estilo del Macondo de García Márquez.

“A través de la influencia literaria y de las diferentes culturas, nuestras miradas encuentran puntos de similitud”, dijo la experta, quien calificó al escritor chino de “grande” por su capacidad de convertir “la descripción de la realidad en un testimonio”.

Comentó que a la hora de describir esa realidad, la influencia de todo lo que ha leído “ahí está”, ya sea directa o indirecta, asumida o asimilada, transparente o velada.

La experta añadió que Sorgo rojo es la historia de una época de China y no sólo de un lugar, porque ahí se encuentran “muchas cosas” de la historia del país asiático, en que el escritor “tiene un ojo clínico” para tomar momentos o personajes y de ahí hacer grandes historias.

A decir de Arsovska, Cien años de soledad es a su vez mucho más que una novela: “Es la historia de Latinoamérica en muchos aspectos vista por medio de la literatura. Se puede traslapar a muchos países, en los que se encuentra ese espíritu, esa melancolía y también esa alegría, esa tristeza”, añadió la investigadora.

Los treinta años que separan los premios Nobel de García Márquez y Mo Yan, así como las similitudes de sus respectivas obras, son para la experta frutos del encuentro de las literaturas latinoamericana y china.

“La literatura enlaza culturas. La latinoamericana no sólo se asentó en China, sino que dio frutos. Se ve en las obras y en los puntos de encuentro de las narrativas, pero también en cómo las ediciones chinas de títulos latinoamericanos cada vez requieren menos notas explicativas, porque el lector chino ya es un conocedor de Latinoamérica.”

viernes, 2 de diciembre de 2022

"Me alarma la represión bienpensante que recorre el mundo"

El petiso Jorge Aulicino no para de pensar. Y tiene razón, porque algo hay que hacer. Sobre todo, cuando la estupidez nos conduce, poco a poco, a convertirnos en una civilización de necios y mentecatos.


Negro que te quiero negro

Está claro que desde tiempos inmemoriales el color, el grosor, la altura y otros detalles del cuerpo ha servido para escarnecer a las personas. Todos recordarán el famoso pasaje de nuestro “poema nacional” en que Martín Fierro profiere, ante la entrada de una majestuosa negra: “Vaca... yendo gente al baile”. El racismo del personaje se ve más claro cuando se enfrenta en una payada con un moreno o cuando describe la vida en las tolderías indias. Nadie pensó por eso que se debe prohibir el Martín Fierro, que como todo libro de literatura, en este caso en verso, es ficcional. Y seguramente su personaje, tan prejuicioso cuanto heroico, y tan abominable en algunos aspectos cuanto sublime en otros, y tan víctima cuanto victimario, representa a cierto tipo de argentino, y no a los gauchos.

Pero la chatura marcha de la mano del nuevo pensamiento único, que se convierte cada vez más en oficial. Chatura que desconoce el valor que el contexto y el tono les dan a las palabras. Negro, en la Argentina, es el criollo mestizo. Por supuesto, el término nació denigratorio. Pero luego miles de personas han sido llamadas Negro y Negra, como sobrenombres, sin que eso contuviera desdoro. Por el contrario, eran y son apelativos cariñosos, como los referidos a otras características físicas. A mí me suelen llamar petiso y me llamaban el Petiso en cierto ambiente. Gente que me quería. Gordo o gorda, flaco o flaca, lungo o lunga se convertían naturalmente en apodos en aquellos tiempos (cuando yo era joven). Lo mismo las alusiones, intencionalmente erradas, a los lugares de nacimiento: todos los árabes eran turcos, todos los judíos rusos, todos los orientales chinos. Y la alusión al origen, ya sea el propio o el de los padres, derivaba en apodos personales: el Ruso; el Turco, etc. Todos los españoles fueron gallegos y los italianos, tanos, pero luego cada uno de ellos portaba la referencia al origen, propio o hereditario, como sobrenombre: “Ahí viene el Gallego”, “el Tano es muy leche hervida”.

Durante las grandes movilizaciones de las décadas de los sesenta y setenta en los Estados Unidos, miles de personas se sumaron a lo que genéricamente se llamó Black Power (poder negro). El movimiento incluía al violento Black Panther Party, pero también a otros grupos que se reconocían como negros. Luego, el llamado “pensamiento políticamente correcto” de la izquierda estadounidense y de los sectores progresistas de Nueva York y San Francisco decidieron que era discriminatorio llamar negros a los negros. Y que los que viven en los Estados Unidos, hayan nacido allá o no, deben ser llamados “afroamericanos”. Lo cual ignora, para empezar, que no todos los africanos son negros y que el intento de absorberlos es, a la vez, el de integrarlos al mismo sistema que tritura a casi todos. El caso es que llevamos treinta años escuchando que los yanquis de alma llaman afroamericanos o afrodescendientes a los negros sin que la violencia de los racistas (“supremacistas blancos”, en una mala traducción) haya disminuido un ápice.

Las palabras no cambian las cosas. Las formas de llamar a personas de distinto color de piel, o con insuficiencias físicas o mentales, que inventó la ola progre, ya no sólo en los Estados Unidos sino en el mundo, serían graciosas, si no fuera que revelan una mente acosada tanto por la imbecilidad cuanto por el autoritarismo unificador. Me alarma la represión bienpensante que recorre el mundo (algunos se la aplican como silicio y luego la aplican a los demás), especialmente porque ese gran movimiento puritano atenta contra la literatura, donde las palabras intentan desplegar todos sus matices. La lengua perderá sus matices, su forma tan peculiar de expresar odio o afecto con la misma palabra, al menos en castellano de América. Los yanquis –los propiamente yanquis– no se perdonan haber usado a los negros como esclavos. Nosotros tampoco. Pero ya se nos pasó. La esclavitud fue abolida hace más de dos siglos en la Argentina. Y negro, como queda dicho, es un término que se puede usar con desprecio de clase (incluso desprecio de clase adquirido) o con familiaridad afectuosa. Dios no nos quite esto último.

jueves, 1 de diciembre de 2022

Consecuencia impensada del nacionalismo catalán

Jorge Luis Borges, a quien por cierto siempre le divertía irritar al prójimo, solía afirmar que al pueblo vasco ser aguerrido sólo le había servido para ser español o francés. No hay testimonio de que haya dicho lo mismo de los catalanes, pero tal vez podría pensarse otro tanto. Chistes de mal gusto aparte, más de un hablante de castellano venido de Latinoamericana ha tenido que sufrir la grosería de entrar a un comercio de Barcelona, preguntar algo en castellano no ibérico y recibir respuesta en catalán, como si fuera obligatorio hablarlo por el simple hecho de pisar esa tierra. Así, asimilados a un nacionalismo cerril que no cotempla excepciones, todos hemos sufrido desplantes de parte de los habitantes de Cataluña por su férrea negativa a ser asimilados a España, problema en el que los americanos nada tenemos que ver. Martín Caparrós, a quien, como a Borges, también le gusta irritar, recientemente fue víctima de esa descortesía en una universidad catalana. La noticia fue publicada por InfoBAE el pasado 29 de noviembre, pero el torpe periodista que tituló la nota, invirtió los términos, achacándole la descortesía al escritor argentino.

Martín Caparrós genera polémica en Barcelona

Martín Caparrós se vio envuelto en una polémica que lo excede. Días atrás participó de una conferencia sobre fútbol junto a la periodista Carme Barceló y el exfutbolista Julio Salinas en la facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). En un principio, y durante un tiempo cercano a la hora, la charla se produjo en español, así como las primeras preguntas del público. Hasta que un estudiante decidió hacer una pregunta en catalán. Primero consultó si era una lengua entendido por todos, a lo que Caparrós no contestó. Luego, al pronunciar la pregunta, el escritor argentino se mantuvo en silencio. Cuando le tocó el turno de volver a hablar, excusó su silencio en que tenía “el francés oxidado”.

 

En la siguiente pregunta, otro estudiante hizo una broma sobre el dominio de lenguas de Caparrós. Esto provocó que el escritor se levantara y se fuera de la conferencia. El episodio cayó en un espiral de comentarios en las redes sociales dando lugar a los discursos polarizados en torno al uso del idioma catalán como lengua principal en establecimientos educativos de Cataluña, discusión que transcurre actualmente en las tierras españolas. Un dirigente catalán de nombre Antonio Baños tuiteó que “al sabio hombre blanco no le ha gustado que los indígenas hablen en su jerga. ¡Disculpe, oh patroncito!” Luego lo calificó de “fascista”. Caparrós le respondió y en ese intercambio explicó su posición: “Escuché 10 o 15 minutos de respuestas en catalán -sin entenderlas- y me fui porque una panelista me tomó el pelo”. Luego citó un hilo de Ana González, que estuvo presente, cuyo usuario es @anaagnzz.


“Hoy en mi uni (UAB) se ha demostrado la falta de educación cuando se insistió en hacer preguntas en catalán a un periodista extranjero que no entiende la lengua, y cuando todos sabemos hablar en castellano. El catalán debe hablarse, perfecto. Pero no debe imponerse”, comenzó diciendo González, y agregó: “Veo en mi universidad a mucho antifascista que impone sus ideales y no se diferencia de aquello contra lo que lucha”. Otro usuario que atacó a Caparrós fue el guionista Marc Gabernet. En Twitter escribió que el autor argentino “abronca a los estudiantes de la UAB por preguntar en catalán” y “abandona la conferencia”. También lo acusó de no haber señalado a tiempo que no entendía el idioma.

Fue el propio Caparrós quien luego dijo: “Si me preguntan si entiendo una lengua en una lengua que no entiendo, no puedo contestarlo”.

En una columna en el diario español El Mundo, Juan Claudio de Ramón escribió: “Pesa sobre Caparrós un reproche de insinceridad: no es cierto, le acusan, que no pudiera entender lo que se le preguntaba. Caparrós podría invertir la acusación: si cuesta creer que un argentino no es capaz de entender el catalán, más difícil es creer que un catalán no puede hablar en español”. En el artículo fechado en el día de hoy, agrega: “La propaganda nacionalista insiste en que todos los catalanes dominan la lengua española. Siendo así, ¿qué motivo hay para no proseguir el coloquio en la lengua que los participantes tienen en común y optar por la «lengua indígena» (Baños dixit) si no es la voluntad de hacer del medio un mensaje, ajeno al objeto de conversación?”

En 2017 se produjo la declaración unilateral de independencia de Cataluña y desde entonces el debate público se ha agudizado. En estos momentos la Universidad Autónoma de Barcelona lleva adelante una campaña llamada “No em toquis la llengua” (No me toques la lengua), cuyo objetivo es “poner de manifiesto su compromiso con la presencia de la lengua catalana en la docencia y la investigación”. En simultáneo, el gobierno catalán rechazó “a cumplir las sentencias judiciales firmes que instan a impartir al menos un 25% de las clases en castellano en la enseñanza no universitaria pública de la autonomía, monolingüe y obligatoria en catalán desde hace tres décadas”, según informa el sitio español Crónica Global.

 

El catalán es una lengua romance histórica hablada por más de diez millones de personas en Cataluña, las Islas Baleares, Andorra, la Franja de Aragón, el Rosellón, la ciudad sarda de Alguer, la Comunidad Valenciana y la comarca murciana de El Carche —donde recibe el nombre de valenciano— , así como también en pequeñas comunidades de todo el mundo.

 

miércoles, 30 de noviembre de 2022

El espíritu colonizado de las editoriales latinoamericanas "independientes"

Se sabe que, con alguna frecuencia, los genios de la Real Academia española (RAE) deciden cambios, ya sea para justificar que trabajan, o para ganarse el favor del público mediante alguna maniobra demagógica.

Se sabe también que la mayoría de las academias hispanoamericanas, que conforme la ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española), suelen no contradecir a sus pares ibéricos porque, entre otras cosas, reciben distintas "ayudas" (fondos) para cumplir las urgentes tareas que los gobiernos de la región no consideran importantes.

Un caso interesante es el de las "tildes diacríticas".

Según la propia definición de la RAE, "se llama tilde diacrítica al acento gráfico que permite distinguir palabras de idéntica forma, pero que pertenecen a categorías gramaticales diferentes". No es descabellado entonces pensar que los pronombres demostrativos son distintos cuando cumplen funciones sustantivas o adjetivas. 

Sin embargo, la RAE decidió que "este", "ese" y "aquel" no deben diferenciarse mediante la tilde diacrítica. Así, la eliminación de esta marca, considerara redundante por la RAE, es frecuente fuente de confusiones tal como lo manifiestan... algunos de los integrantes de la RAE.

Otro tanto ocurre con la tilde diacrítica que diferencia "sólo" en función adverbial y "solo" en función adjetiva. Al eliminárselo, las confusiones pueden ser todavía mayores.

Ahora bien, la RAE no considera un error que las tildes diacríticas sigan utilizándose e, imposibilitada de ejercer un control total, se justifica diciendo que se trata apenas de una sugerencia.

En España, la mayoría de los diarios y las editoriales adoptaron de inmediato la normativa (que no es tal) y es dable suponer que tanto los diarios, asesorados por la FUNDEU (Fundación del Español Urgente, una verruga que le salió a la RAE, la agencia española EFE y Telefónica de España), como las filiales latinoamericanas de los dos grandes grupos españoles (Penguin Random House y Planeta), que tienen más del 60% del mercado de la lengua, hayan obligado a sus editores a seguir esas ¿reglas?

Pero lo que no se entiende y demuestra una total falta de independencia y criterio por parte de las editoriales que se dicen "independientes" es haber acatado sin chistar esos consejos, como si se tratara de una orden. 

Tal vez sería hora de que los independientes se dejaran de cacarear su supuesta independencia y admitieran que son unos colonizados, incapaces de criterio propio por más ferias y simposios que organicen.

Jorge Fondebrider