martes, 17 de febrero de 2026

"En poco más de una década, Deep Vellum ha publicado más de 1.200 libros escritos originalmente en 15 idiomas y originarios de 100 países de seis continentes"

El 25 de diciembre de 2025, Sara Polo publicó la siguiente semblanza de Will Evans, traductor estadounidense y fundador de una editorial que es una rara avis en el paisaje de su país. Lo hizo en elmundo.es, de España.

El hípster de Texas que se convirtió en el mayor traductor literario de la historia de EEUU: "Leer algo escrito fuera de tu país es una buena vacuna contra el populismo. No existimos solos"

«Es un tipo fascinante, muy peculiar, una metralleta verbal». Está mal robar palabras al último Premio Nacional de Narrativa, pero es imposible describir mejor al personaje bigotudo y tatuado que ilustra esta página. Paco Cerdà desembarcó en EEUU el pasado septiembre para presentar la edición en inglés de El peón, y terminó faltando a su evangelio como valenciano en un restaurante español de Dallas intentando seguir como podía el verbo ágil, por no decir hiperactivo, de Will Evans, su editor al otro lado del océano, ese tipo fascinante cuyo empeño personal lo ha convertido en apenas 10 años en el mayor traductor de literatura extranjera de la historia de EEUU.

«Se empeñó en que cenáramos paella, porque le encanta, y yo no sabía cómo decirle que aquello era una turistada inaceptable para mí. Terminé aceptando -al fin y al cabo, era mi editor- y estaba muy buena, la verdad, pero cuando terminamos no pude evitar decirle: 'Will, esto no se hace. Es como pedir a un italiano que se tome un capuchino antes de ir a dormir'. Nos reímos mucho», recuerda. Paco Cerdà escribió su libro sobre ajedrez sin imaginar siquiera que los fans estadounidenses de Bobby Fisher pudieran jamás tener acceso a sus páginas. Hasta que una minúscula editorial con base en Texas se puso en contacto con su propia casa editora logroñesa, Pepitas de Calabaza, que se define a sí misma como «con menos proyección que un cinexin», y se obró el milagro. «Sólo desde la pasión se puede entender el proyecto de Will Evans. En Europa, la literatura traducida nos parece una evidencia; en EEUU, es una heroicidad», sentencia.

Pasional es, de hecho, otro gran adjetivo para el busto gesticulante que asoma al otro lado de la pantalla presto a desgranar a lo largo de una hora de conversación apabullante los pormenores de una vida entregada a los libros. A los libros que otros desprecian por poco comerciales, por estar escritos por minorías o, sobre todo, porque vienen de fuera. «EEUU tiene desde siempre un problema de aislamiento del mundo, ha sido así en sus casi 250 años de historia. Este país se fundó sobre principios fascinantes pero también sobre el miedo al forastero, así que traducir literatura extranjera es aquí toda una declaración política», expone. Will Evans fundó Deep Vellum en 2013 y la bautizó a partir de un juego de palabras entre el barrio hípster en el que recaló al llegar a la ciudad, Deep Ellum, y la vitela (en inglés, vellum), el pergamino elaborado a partir de piel tratada de animal en el que se imprimió, por ejemplo, la Biblia de Gutenberg. La combinación da una buena idea de su idea de fondo: conectar con lo global desde lo hiperlocal.

Todo empezó en el instituto con un libro que le cambió la vida, La vida de un hombre inútil, de Máximo Gorki. «No es uno de los clásicos de la literatura rusa, pero fue el que me impactó. Me hizo darme cuenta de que era un ser diminuto que no sabía nada del mundo, me dejó alucinado», rememora. «Si estoy hoy aquí hablando contigo es por aquello. Cualquier libro puede cambiar tu vida y yo quiero poner a tu disposición el catálogo más amplio posible para que puedas encontrarlo». Gorki despertó en el joven Will una fascinación por la literatura rusa que lo acompañó hasta la escuela de posgrado, donde en la solicitud para entrar en el programa de doctorado escribió: «Me encanta Dostoievski, quizá sólo lea a Dostoievski el resto de mi vida». Le aceptaron, pero renunció. El programa le parecía aburridísimo.

Así que se fue de gira con su grupo de rock del instituto, He Is Legend, que tras prescindir amablemente de sus servicios como cantante para fichar a uno mejor lograron triunfar y girar por todo EEUU. «Es normal, ellos son buenísimos y yo sólo gritaba al micrófono», asume. Aquella experiencia como tour manager se alargó cinco años y despertó en él una ambición que sigue guiando sus días: «Me obsesioné con conectar el entretenimiento con la alta cultura. Me impactó mucho salir al mundo real y ver lo poco que a la gente le importaba la literatura. Incluso los grandes lectores leían siempre lo mismo y se aburrían. Yo también», cuenta. «En la industria musical conocí a gente tremendamente emprendedora que demostraba que si quieres ver un cambio en el mundo tienes que remangarte y hacerlo, y cuando volví, cursé finalmente un posgrado en Literatura Rusa pero con la cabeza ya puesta en revolucionar el mundo editorial con algo tan aparentemente simple como complejo en la ejecución: poner al lector en el centro».

En poco más de una década, Deep Vellum ha publicado más de 1.200 libros escritos originalmente en 15 idiomas y originarios de 100 países de seis continentes. Sólo se le ha resistido la Antártida. «Cuando veo todas esas historias, todos esos narradores, esas culturas ahora disponibles en inglés para que la gente pueda descubrirlos, joder, es genial», reconoce. «El lugar de EEUU en el mundo es realmente desconcertante y nuestro objetivo es generar una conversación global. La cultura es política, la literatura es política, y cuando el diálogo se produce es cuando ves la verdadera humanidad de las personas frente al odio. Ser parte del cambio es impactante. Hacerlo desde una ciudad como Dallas, nacida como lugar de encuentro entre culturas, tiene todo el sentido». «Lo suyo no es un catálogo, es una obra», resume Paco Cerdà.

La encrucijada fronteriza texana propició, además, otro cruce de caminos totalmente inesperado que dio en una gran amistad y en un proyecto compartido que ha cambiado el paisaje cultural de la novena urbe de EEUU. El ingeniero de caminos riojano Javier García del Moral desembarcó en Dallas a principios de la década pasada a lomos de una gran multinacional española. Coincidió allí con un compañero, Paco Vique, con el que compartía dos grandes pasiones: los libros y las cañas. Con sus ahorros fundaron la primera librería-bar de la ciudad que sería, en realidad, también la primera librería independiente en un paisaje monopolizado por las grandes cadenas. La llamaron The Wild Detectives en homenaje a Roberto Bolaño. ¿Recuerda aquello de crear conversación que movió a Will Evans a crear Deep Vellum? Pues ahora ya tenía un espacio físico en el que desarrollar esas charlas. Fue en The Wild Detectives donde Paco Cerdà presentó The Pawn, por ejemplo. Fue también, por cierto, García del Moral quien aconsejó a Evans traducir una novela española de ajedrez buenísima que acababa de leer.

«Queríamos crear un espacio en el que poder hablar de literatura, invitar a autores, recuperar esa idea de la librería como punto de encuentro de la comunidad que se había perdido, primero, a causa de las grandes cadenas y, después, por culpa de Amazon», describe el ingeniero aquel proyecto que hoy es su medio de vida. No era su intención convertir The Wild Detectives en una librería española; de hecho, el 95% de los títulos que vende son en inglés, pero sí reconoce que la literatura latinoamericana traducida es la que más llena sus estanterías. Traducida por su amigo Will, claro. El 40% de la población de Dallas es de origen latino. «Se da una paradoja interesante: en México, el español es un idioma muy asociado al Estado frente a la marginación de las lenguas indígenas. Conduces 400 kilómetros, cruzas la frontera y el español se convierte en idioma de resistencia, en una declaración política», afirma el ingeniero. «Eso es precisamente lo que hace la literatura: explicar cómo el contexto cambia completamente los significados y demostrar que los términos absolutos, en general, no valen para nada».

Corren malos tiempos en la tierra de la libertad para los discursos aperturistas. No en vano, una de las primeras órdenes ejecutivas que dictó Donald Trump poco después de regresar a la Casa Blanca fue declarar el inglés como única lengua oficial de EEUU por primera vez en su historia, en lo que constituyó la primera piedra de una persecución al latino que saltó de la lengua a la calle. «Si hace 15 años propones una serie con lo que está pasando hoy aquí, te la tiran por inverosímil», asegura García del Moral. «Hay mucha gente que no sale de su casa por miedo a las redadas, muchísimos niños que no van al colegio por si los separan de sus padres, y también hay una cierta autocensura, no tanto por el aparato de Gobierno como por las hordas de bots y de cenutrios que sólo buscan hacer ruido. En las librerías, que son espacios en los que saben que se administra un contenido contrario a sus ideas, es habitual que traten de intimidarnos».

Sabe bien de lo que habla el librero. Hace algunas semanas, con motivo del Hay Festival que The Wild Detectives acoge en Dallas, una mujer irrumpió en un encuentro con el reportero y autor de cómics maltés Joe Sacco, autor de varios libros críticos con la actuación israelí en Palestina, y empezó a grabar los rostros de los trabajadores del local entre gritos de «terroristas». «Al final, para evitar esas situaciones desagradables, a veces te ves a ti mismo colocando algún libro más atrás, menos visible, o evitando ciertos temas espinosos», reconoce el español. Para él, el intercambio de ideas en torno a una cerveza genera un vínculo que va mucho más allá del simple entretenimiento: «Es el germen de la empatía, y ese es, a su vez, el germen del cambio».

La identificación con el otro empapa también el discurso político de Will Evans. «Está científicamente demostrado que leer ficción genera empatía, que te hace mejor persona. Conozco a mucha gente inteligente que no lee ficción, son analfabetos emocionales funcionales. Saben leer pero no interactúan con el mundo de las ideas que la literatura representa», acusa. «Hay libros que son portales que te hacen ver el mundo de otra manera, y en ese sentido, leer literatura creada fuera de tu país, de tu cultura, es una buena vacuna contra el populismo. ¿Te va a proteger un libro extranjero de los movimientos internacionales de extrema derecha? No necesariamente. Pero forma parte de la solución entender que no existimos solos».

En su cruzada por dar voz a quienes otros rechazan, Deep Vellum nació con un discurso que apelaba a publicar a los escritores infrarrepresentados. Lo abandonaron después de que algún autor europeo se ofendiera. «Puedes ser el escritor más vendido de tu país, pero en EEUU no vales nada», tuvo que explicar el editor a alguno de ellos. Para hacernos una idea, su editorial fue la casa norteamericana del noruego Jon Fosse antes de que ganara el Nobel de Literatura en 2023, y también cuenta en su catálogo con el rumano Mircea Crtrescu y la turca Leylâ Erbil.

Evans acaba de regresar de Nueva York, donde ha acompañado a Ethan Rutherford en el National Book Award, del que era finalista. «La nuestra era la única editorial en aquella mesa que no tenía sede en Manhattan. Estábamos sentados junto a empresas que tienen un presupuesto un millón de veces mayor que el nuestro y, aun así, nuestro autor era del mismo nivel. Y es ahí donde quiero que estemos, donde quiero llevar a mis autores aunque me haga un agujero en el presupuesto. Merecemos estar en esa mesa», argumenta el editor. Deep Vellum es una organización sin ánimo de lucro por principios, pero también por necesidad. EEUU tiene una larga tradición de editoriales independientes que eligen ese régimen para llenar los huecos que deja la voracidad del mundo corporativo.

«El principal problema de la industria editorial en EEUU es que todos los libros son iguales: todos están escritos por las mismas personas, de la misma clase social, del mismo nivel económico y educativo. El 96% de los libros que se publican son de autores blancos, menos del 3% son traducidos y sólo un 0,1% traducen novedades. Todo forma parte de la misma mentalidad cerrada contra la que luchamos», resume Evans. «Las ventas no pueden ser nuestro indicador de éxito porque nuestro principal desafío es el acceso al mercado. ¿Cómo puede una editorial pequeña imprimir los suficientes ejemplares de un libro para triunfar, incluso si se vende lo suficientemente bien?», se pregunta.

Y sin embargo, la pasión que le atribuía Cerdà no decae cuando mira al futuro: «Estamos haciendo lo que nadie más hace y vamos a seguir haciéndolo. Aunque parezca una locura, algunos creemos en esto. Y 12 años después, aquí seguimos. Es un milagro».

lunes, 16 de febrero de 2026

Una "falla mínima", defendida con espíritu corporativo por la Cámara Peruana del Libro

"Un título del best seller de literatura infantil español Jordi Sierra i Fabra llegó a las librerías peruanas con defectos que dificultaban la lectura." Tal es la bajada de la nota publicada por Daniel Gigena, en La Nación, de Buenos Aires, el pasado 21 de enero.

Multan al grupo Santillana en el Perú por comercializar un libro para chicos con errores de impresión

Una resolución administrativa impactó en los últimos días en el ámbito editorial del país invitado de honor de la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el Perú. La Comisión de la Oficina Regional del Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi), en Arequipa, multó al grupo español Santillana S.A. por vender un libro con defectos de impresión (formato invertido y paginación no consecutiva) que dificultaban la lectura de Querido hijo: estamos en huelga (Loqueleo), del escritor español Jordi Sierra i Fabra.

El lunes, la Cámara Peruana del Libro expresó su preocupación mediante un comunicado y advirtió sobre las “sanciones desproporcionadas”; no solo en el Perú los editores temen un “efecto contagio” de denuncias (debido, en parte, a que los procesos de control de calidad en las editoriales no serían tan estrictos como lo eran antes).

Aunque Santillana apeló la medida, el Indecopi ratificó la multa de 2,44 Unidades Impositivas Tributarias (UIT), más de trece mil soles peruanos, casi cuatro mil dólares, lo que equivale a 312 veces el valor comercial del libro, por infringir el deber de idoneidad previsto en el Código de Protección y Defensa del Consumidor al comercializar un producto que no cumplía con las condiciones mínimas de calidad. El libro, que costaba 43.05 soles peruanos, tenía páginas invertidas y desordenadas.

El caso se originó a partir de la denuncia de una mujer que había comprado dos libros en marzo de 2025, uno de los cuales -Querido hijo: estamos en huelga, que narra una “huelga de padres” de un hijo desobediente que en casa tiene, día a día, “todo servido”- presentaba errores en el orden y la impresión de algunas páginas. Tras evaluar el expediente, se determinó que vender un libro fallado daba lugar a la infracción administrativa que fue confirmada en segunda instancia.

Los responsables de Santilllana, que no negaron los errores de impresión, sostuvieron que se trataba de una “falla mínima” en el proceso de producción editorial. Sin embargo, el Indecopi sostuvo que la magnitud del defecto no era el elemento determinante de la sanción, sino el hecho de que el producto hubiera sido comercializado sin cumplir con los estándares de calidad exigidos por la normativa de protección al consumidor.

El Indecopi confirmó que Santillana S.A. había infringido el artículo 19 del Código de Protección y Defensa del Consumidor, que establece la responsabilidad del proveedor por la calidad e idoneidad de los productos ofrecidos. E indicó que las acciones posteriores del grupo editorial, como ofrecer la devolución del dinero o el reemplazo del libro por otro legible, no eliminaban la responsabilidad administrativa.

Al apelar, la empresa afirmó que había actuado con diligencia al atender el reclamo de la consumidora y proponer soluciones en un plazo breve. Además, alegó que el defecto no lo hacía inutilizable y que la multa era desproporcionada. El ente estatal desestimó la defensa y consideró resonsable al proveedor de comercializar un libro fallado. Solo revocó la multa adicional de 3,00 UIT que había sido impuesta en primera instancia por una supuesta infracción al deber de información. Además de la multa de 2,44 UIT, el Indecopi confirmó la medida que ordena a Santillana S.A. devolver el monto pagado por el libro defectuoso en un plazo de quince días hábiles y a hacerse cargo de los costos del procedimiento administrativo.

La Cámara Peruana del Libro salió en defensa de Santillana S.A. con un comunicado de seis puntos en el que advierte que la sanción aplicada al grupo español podría generar “graves implicancias” para el sector editorial en el Perú. La entidad remarcó que el caso se había originado por la venta de un único ejemplar con una falla en la compaginación de cuatro páginas y no por fallas múltiples, y solicitó a las autoridades revisar el caso.

“La empresa vendió un (1) libro que presentó el defecto específico en la compaginación de cuatro páginas, y no varios como se pretende comunicar -sostiene el comunicado-. El error detectado no fue humano ni intencional, sino que ocurrió de manera involuntaria debido a la automatización de los procesos de elaboración de un libro. Siempre existe un margen de error o defecto en todo proceso automatizado. Ante esta situación, se activó de inmediato el protocolo de atención al cliente, permitiendo optar por el cambio del libro o la devolución del dinero. El caso se encuentra aún en discusión ante las autoridades competentes puesto que es técnicamente imposible lograr una tasa de cero defectos en la elaboración automatizada de un producto. Ante el cambio de criterio por parte de las autoridades al momento de imponer una sanción por defectos indetectables, las empresas no tienen la más mínima oportunidad de evitarlas. Lo cual contribuye un abuso y una arbitrariedad manifiesta que no obedece a la realidad de la industria en ninguna parte del mundo”.

Desde la Cámara consideran que la multa impuesta -que “representa 312 veces el valor del producto defectuoso”- es una “medida desproporcionada”.

“El gremio editorial reafirma su compromiso con la calidad de los contenidos y con el fortalecimiento de la cultura y la educación en el país. No obstante, casos como este generan una legítima preocupación en el sector, al tratarse de sanciones desproporcionadas para las empresas editoriales, que con gran esfuerzo contribuyen al desarrollo nacional. Exhortamos a las instancias competentes a revisar el caso y a evitar que se establezca un precedente que afecte a una de las industrias más necesarias y, a la vez, menos protegidas del país”, concluye el comunicado.

viernes, 13 de febrero de 2026

"Otra forma de la cobardía, más cómoda, más barata y menos literaria"


El pasado 18 de enero, Guillermo Piro hizo una reflexión sobre la importancia que antes se le asignaba a la literatura y el lugar al que, durante buena parte de las últimas décadas, quedó relegada. Fue en su columna dominical del diario Perfil.

Cuando la literatura era importante

En el siglo XIX –y con un impulso que se estira hasta bien entrado el XX– la literatura no era solo una actividad sedentaria: también implicaba, como se suele decir para hablar de compromiso, poner el cuerpo. Hoy un escritor se indigna, escribe un tuit sarcástico, bloquea a su agresor y sigue con su vida como si nada. Entonces, en cambio, la cosa se resolvía a primera sangre, a primera bala, o si la suerte acompañaba, a primera anécdota vergonzosa que alguien podría contar décadas después.

Aleksandr Pushkin murió como mueren los románticos consecuentes: por una mezcla de celos, orgullo y una idea exagerada del honor. Un poema podía arruinar una reputación, una reseña podía arruinar una vida, y la respuesta lógica era citar al ofensor en un descampado, medir la distancia y disparar. El resultado es conocido: Rusia perdió a su poeta mayor y ganó una leyenda que todavía hoy sirve para recordarnos que el genio no es inmune a la estupidez viril.

Pero no hace falta morirse para entrar en esta tradición. Giuseppe Ungaretti y Massimo Bontempelli, dos figuras centrales de la literatura italiana del siglo XX, se retaron a duelo –una práctica en 1926 prohibida por ley, pero tolerada si se desarrollaba con cierta compostura– por discrepancias que hoy resultarían casi cómicas. Bontempelli acusaba a Ungaretti de difamación, un hecho que no podía quedar impune. Se dirigió al Caffè Aragno de Roma (hoy un Apple Store), que solía frecuentar Ungaretti, se paró delante del poeta y lo desafió con dos guantazos proverbiales. Se enfrentaron en la villa de Luigi Pirandello, tan adepto a las viejas costumbres, y finalizó cuando Ungaretti resultó levemente herido. El duelo, como suele pasar, fue más teatral que sangriento, pero el gesto quedó: la crítica literaria como deporte de riesgo.

Marcel Proust también pasó por ahí. En 1897 se batió en duelo con Jean Lorrain, crítico mordaz y profesional del veneno verbal, un típico vampiro literario que periódicamente necesitaba una dosis de sangre metafórica. El motivo fue un artículo insultante, en el que Lorrain dalataba a Proust como amante de Lucien Daudet, hijo del respetado escritor Alphonse Daudet; el escenario, el de siempre; el resultado, dos disparos fallidos y ninguna herida leve. Nadie murió, nadie ganó, pero durante unos minutos la alta sociedad parisina pudo comprobar que el autor de Los placeres y los días no era solo un asmático encerrado en su habitación, sino también un hombre dispuesto a defender su vida privada con pólvora.

Albert Camus esperando a Maurice Merleau-Ponty en un banquete solo para propinarle una trompada en pleno rostro: el fenomenólogo había publicado un libro excelente sobre los procesos de Moscú, pero lo había concluido diciendo que esos asesinatos atroces eran necesarios para la revolución.

En la Argentina tal vez el último y más célebre haya sido David Viñas, “Viñas de ira”, como lo llamaba Borges, que por una disidencia literaria le dio una célebre trompada a Héctor Murena.

Todo esto suena hoy a opereta, y sin embargo revela algo que perdimos. No el duelo, por supuesto –nadie en su sano juicio lo reivindicaría–, sino la convicción de que las palabras importan tanto como para exigir consecuencias. El honor era una ficción, pero una ficción compartida, y como toda ficción eficaz organizaba la realidad. Un insulto no se diluía en el ruido general: tenía un destinatario y un precio.

Ahora el precio es otro: la indiferencia. Las polémicas literarias duran lo que dura una tendencia, y la violencia se ejerce de forma más higiénica, más abstracta, menos romántica, más silenciosa. Con desinterés, en suma. Nadie grita, nadie sangra, nadie cae. Quizás sea un progreso. O quizás sea solo otra forma de la cobardía, más cómoda, más barata y menos literaria.

jueves, 12 de febrero de 2026

Reflexiones al cabo de una polémica

Profesor del Departamento de Filología y Traducción de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, Adrián Granados Navarro publicó, el pasado 15 de enero, en The Conversation el siguiente artículo sobre las funciones que les caben a las academias de la lengua española en el mundo.

Academias de la lengua española: ¿descriptoras o prescriptoras del lenguaje?

¿Cuál es la función de una academia de la lengua? ¿Debe limitarse a registrar el uso que los hablantes hacen del idioma, o está ahí para distinguir lo correcto de lo incorrecto y establecer unas normas? Lo primero, el “descriptivismo”, y lo segundo, el “prescriptivismo”, son dos corrientes lingüísticas históricamente opuestas, que hoy vuelven a ponerse de manifiesto en el reciente artículo del académico y escritor español Arturo Pérez Reverte y las reacciones que ha suscitado.

Reverte denuncia en su artículo que la Real Academia Española (RAE) está abandonando su papel normativo, doblegándose a usos mayoritarios en prensa y redes sociales y perdiendo de vista la “autoridad superior de los grandes escritores”. Las respuestas apuntan al papel de la academia como “descriptora”, aunque fuentes internas de la RAE afirman que se analizarán las críticas de Pérez Reverte y se abordarán debates y propuestas.

Prescriptivismo: cómo debe usarse la lengua
Durante siglos, la lengua que interesaba en los entornos académicos y las universidades no era la cotidiana, sino la lengua escrita de prestigio, especialmente textos literarios canónicos u obras de grandes autores. El objetivo principal no era entender cómo hablaba la gente, sino cómo debía escribirse y hablarse correctamente, tomando como modelo a esos escritores. Esta tradición es la raíz del prescriptivismo.

El prescriptivismo lingüístico sostiene que existen formas correctas e incorrectas de usar la lengua, y que una de las tareas del lingüista es establecer normas, basadas en la lengua escrita, los autores prestigiosos, o el uso por parte de las élites culturales y educativas. En este enfoque, el cambio lingüístico suele verse como corrupción, y la variación, como error.

Durante la mayor parte de la historia de la RAE, desde su creación en 1713, esta ha sido su misión, tal y como atestigua su lema: “Limpia, fija y da esplendor”, que data de 1715. Y esta es la función que, según Pérez Reverte, está abandonando lamentablemente la RAE, en una visión que dice compartir con otros académicos literatos.

El giro descriptivista: la lengua como objeto científico
A finales del siglo XIX y sobre todo en el XX, la lingüística empieza a definirse como ciencia empírica. Aquí surge el descriptivismo, que propone que la lingüística no debe decir cómo se debe hablar, sino describir cómo hablan realmente los hablantes. Para esta corriente, todas las variedades (dialectales, coloquiales, no estándar) son sistemas completos, no versiones “defectuosas”. Este cambio implica un desplazamiento del interés académico: de los textos literarios a los hablantes reales y sus usos lingüísticos.

El descriptivismo lingüístico en la RAE no aparece de golpe, sino como un proceso gradual que se consolida a lo largo del siglo XX, especialmente cuando la Academia deja de concebir el español exclusivamente desde España y empieza a asumirlo como una lengua pluricéntrica.

El verdadero punto de inflexión llega con la incorporación activa de las academias fuera de España y la creación de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) en 1951. Actualmente cuenta con 23 corporaciones, en América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial, e incluye países en los que el español nunca ha sido lengua oficial pero en los que hay una gran cantidad de hablantes. Por ejemplo, la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE), que atiende a más de 60 millones de hispanohablantes en Estados Unidos.

El descriptivismo se consolida claramente en obras panhispánicas elaboradas conjuntamente por todas las academias, como la Nueva gramática de la lengua española (2009), el Diccionario panhispánico de dudas (2005), o el Diccionario de americanismos(2010). En estas obras, se describen usos reales antes de valorarlos, se reconoce la variación geográfica y social, y la norma se presenta como resultado del uso, no como imposición externa.

El conflicto de fondo
El debate no es solo técnico, sino ideológico y académico. El prescriptivismo está ligado a autoridad cultural, tradición literaria, estandarización y educación formal. El descriptivismo está ligado a método científico, observación empírica e igualdad entre variedades lingüísticas.

Lo que es innegable es que el lenguaje y los hablantes evolucionan. “Ca si no fuessen, errarían en las cosas que ouiessen de fazer” (“Porque, de no ser así, se equivocarían en lo que deben hacer”, dicho en castellano alfonsí, del siglo XIII) y los textos actuales se leerían con este estilo.

Es cierto que los nuevos usos pueden chirriar a oídos de numerosos hablantes (incluso de los que se consideran descriptivistas), pero muchos de dichos usos son pasajeros y, si perduran, es porque habrán pasado el filtro democrático del uso mayoritario sostenido.

Evolución y tensión histórica
Este conflicto no es exclusivo del español, sino que se da en todas las lenguas. El escritor británico Stephen Fry, en su contribución a la obra What makes us human? (“¿Qué nos hace humanos?), dedica estas líneas a los prescriptivistas del inglés, entre los que él mismo se incluía en el pasado (traducción propia):

"¿Pero sienten burbujas en el estómago y salivan de disfrute por el lenguaje? ¿Dejan que el deslizar de la punta de la lengua sobre el paladar los sumerja en un éxtasis eufórico y embriagador? ¿Emparejan palabras imposibles por puro sexo fonético? ¿Usan la lengua para seducir, encandilar, excitar, satisfacer, reafirmar y estimular a sus interlocutores? ¿Hacen algo de esto? Lo dudo. Están demasiado ocupados mirando con desdén al dependiente de la tienda por su errata en un cartel”.

En conclusión, el debate suscitado por las palabras de Pérez Reverte no es, en realidad, una disputa coyuntural ni un simple desacuerdo personal, sino la manifestación visible de una tensión histórica que atraviesa toda la reflexión sobre el lenguaje.

La RAE se encuentra hoy en un punto de equilibrio complejo entre dos misiones legítimas pero potencialmente contradictorias: orientar normativamente a los hablantes y describir con rigor científico una lengua viva, diversa y en permanente cambio.

Quizás un término medio sería la creación de una sección con palabras o usos en cuarentena, hasta que el paso del tiempo dicte sentencia. En cualquier caso, es en esa tensión permanente –incómoda, imperfecta, pero necesaria– donde reside la función real de una academia de la lengua hoy.

miércoles, 11 de febrero de 2026

"No es la primera vez que Amazon instala una nueva función sin previo aviso a los titulares de derechos de autor"

Con firma de Daniel Gigena, La Nación, de Buenos Aires, publicó el siguiente artículo el pasado 15 de enero. En él se resumen las principales críticas que ha generado en los Estados Unidos un nuevo dispositivo de Inteligencia artificial empleado por kindle, que avanza sobre los derechos de los escritores.

Críticas de escritores y editores por la app “Ask This Book” creada por Amazon para Kindle

Por el lanzamiento en diciembre pasado de la aplicación “Ask This Book” [Pregunta a este libro], herramienta de inteligencia artificial (IA) para los usuarios de Kindle, Amazon enfrenta críticas de escritores y editores en Estados Unidos, donde por ahora está disponible la app que permite interactuar con un chatbot y solicitar resúmenes e interpretaciones sobre pasajes de libros.

Las críticas de los escritores, editores y agentes literarios se centran en dos cuestiones: la app no es optativa para los titulares de derechos y, además, utiliza IA generativa.

“Pregunta a este libro” permite resaltar cualquier pasaje de texto mientras se lee un libro y ofrece respuestas sobre temas como la motivación de los personajes, la importancia de una escena o el contexto histórico en que sucede la historia. La app estaría disponible para todos los dispositivos y el sistema operativo Android en 2026.

Amazon describe la función como “tu asistente experto en lectura, que responde al instante preguntas sobre detalles de la trama, relaciones entre personajes y elementos temáticos sin interrumpir tu ritmo de lectura”. Al resaltar una frase o una oración, se escribe una pregunta en un cuadro de búsqueda y la IA genera una respuesta directamente en la página.

Para los escritores, se trata de un chatbot que utiliza IA generativa. Hasta ahora, Amazon no informó detalles técnicos del servicio ni las protecciones utilizadas para prevenir “alucinaciones” (las típicas respuestas erróneas y “divagues” de la IA) o para proteger el texto del entrenamiento no consensuado con los titulares de derechos.

La empresa informó que para garantizar una experiencia de lectura consistente, la función siempre está activa y no hay ninguna opción para que los autores o editores excluyan títulos. Esto provocó el reclamo de escritores, agentes literarios y ejecutivos de editoriales estadounidenses, que directamente ignoraban la existencia de la app. Por estas reacciones, “Ask This Book” deberá someterse a una revisión legal y técnica “para comprender el proceso y las protecciones que Amazon está implementando, así como los derechos con los que cuentan para hacerlo”, según declaró un editor consultado por Publishers Weekly.

No es la primera vez que Amazon instala una nueva función sin previo aviso a los titulares de derechos de autor. En 2009, la compañía lanzó una función de texto a voz que leía libros digitales en voz alta, violando los derechos de audio. En esa ocasión, el portavoz de Amazon, Drew Herdener, sostuvo que no eran audiolibros sino “simplemente un software que se ejecuta en dispositivos y lee el contenido”. No obstante, Amazon debió disponer que la función fuera opcional, por lo cual tuvo que modificar el sistema para que los titulares puedan decidir, título por título, si desean activar o desactivar la función de texto a voz.

Escritores y agentes estiman que el uso de una IA generativa que analiza una obra protegida por derechos de autor es la materialización de una obra derivada y reafirman que todo aquello relacionado con la IA generativa es un derecho independiente reservado exclusivamente al autor.

El Gremio de Autores de Estados Unidos remarcó que la app “convierte los libros en productos interactivos y con capacidad de búsqueda similares a los libros electrónicos mejorados o las ediciones anotadas: un nuevo formato para el cual los derechos deberían negociarse específicamente”.

Por su parte, Amazon señaló que la función solo utiliza el contenido del libro como estímulo y que “no se retiene ni se utiliza para entrenar el modelo de IA subyacente”; según la empresa, no sería necesario el pago de una licencia. “Los lectores llevan años haciendo estas preguntas a través de búsquedas en internet y esta función es más nativa, sin spoilers y ayuda a los clientes a seguir leyendo en lugar de salir del libro, como ocurre actualmente con todas las demás formas de responder preguntas sobre el libro que se está leyendo”, argumentaron.

“Hemos compartido nuestras inquietudes con Amazon y agradecemos su disposición a compartir información y escucharnos, así como las mejoras que ha realizado desde su lanzamiento -comunicó el Gremio de Autores-. Sin embargo, consideramos que funciones como ‘Pregunta a este libro’ y otras mejoras de IA en libros deben estar licenciados y ser compensados. Se trata de usos completamente nuevos que quedan fuera de los derechos otorgados por la mayoría de los contratos editoriales, acuerdos minoristas y términos de servicio de la plataforma”. Los autores instaron a Amazon a adoptar un modelo de pago con permisos.

“Básicamente, la app usa IA generativa –explicó a La Nación el director de Proyecto451, Daniel Benchimol-. La herramienta es muy útil, porque se entra al libro y se puede conversar con una IA que te resume parte del contenido o explicar algún concepto que no se entiende. Pero para que la IA haga eso antes se tiene que haber leído el libro. Por eso existe, desde hace más de un año, la indicación de algunos autores de prohibir que sus libros sean usados para entrenamiento. Amazon estaría dando un servicio para el que no está autorizado. El problema es que haya usos derivados de la obra. La función está bien, pero es lógico que aparezcan reclamos”.

La empresa empezó a hacer algunos cambios. Antes, la app analizaba el texto completo y respondía preguntas sobre la totalidad de la obra. Tras las quejas de que el chatbot “espoileaba” detalles de la trama o el contenido, la aplicación se limita solo al texto seleccionado. De este modo, ahora “Pregunta a este libro” a menudo responde que “no contiene la información buscada”, eufemismo para el tan conocido como humano “no sé”.

martes, 10 de febrero de 2026

"¿Ha oído usted hablar de Abdelfattah Kilito?"

El pasado 10 de enero, en La Jornada Semanal, de México, el poeta, ensayista y editor José María Espinasa publicó este comentario a propósito de Abdelfattah Kilito, escritor de origen árabe que escribió La lengua de Adán, un libro que trata sobre cómo se lee y cómo se escogen hoy las lecturas.


El mejor método para escoger una lectura

Se suele decir que lo mejor es el encuentro fortuito, al capricho del azar, pero sabemos que no es del todo cierto. Los caminos cambian según la época. En un tiempo lo fueron las reseñas en revistas y suplementos, en otro las mesas de novedades y ahora, según me comentan mis alumnos nativos digitales, las recomendaciones de amigos en las redes, equivalente del ancestral y siempre efectivo boca a boca. ¿Ha oído usted hablar de Abdelfattah Kilito? Supongo que no. Yo tampoco hasta hace algunas semanas que Francisco Segovia me preguntó si lo había leído. A la sonrisa que disimulaba mi ignorancia, él agrego sonriendo, “como kilo, pero chiquito” y me prestó La lengua de Adán.

Para mi una revelación y una sorpresa: toca temas muy abstrusos con enorme gracia y sencillez sin perder profundidad, aunque a veces parezcan bizantinos: el mito, la lengua, la traducción. Son tópicos muy presentes en otros autores con un alto grado de abstracción, presentados aquí con la sencillez de un relato. Por ejemplo, ¿qué lengua hablaba Adán en el paraíso? No es novedoso escribir ensayos como cuentos ni a la inversa, pero lo hace con tanta gracia que rápidamente quise leer otros libros del autor y en la red vi que Turner le publicó La curiosidad prohibida (Leyendo Las mil y una noches).

Como se ve, su nombre y sus temas no ocultan su origen árabe: nació en Rabat, Marruecos, en 1945, y es una de las figuras de la actual literatura de esa zona cultural. En Francia es bastante conocido, lo es menos en inglés y muy poco en español. No me voy a ocupar sino tangencialmente de él y lo tomo de pretexto para un asunto que aparece y reaparece en mis colaboraciones en este suplemento: ¿Cómo se lee? ¿Cómo se escogen hoy las lecturas? No, desde luego, en función de la publicidad apoyada en algoritmos. Y eso es, también, de manera más profunda tema para Kilito. En esta época en que la revistas en papel son pocas y ya no cumplen la función que tuvieron hace cincuenta años, y las mesas de novedades en las librerías están marcadas por la moda y los intereses económicos, autores como éste tienen algo de secreto. Pero el boca a boca, el bit a bit, sigue funcionado. Eso fue lo que hizo Segovia recomendándome leer a Kilito. No creo que hubiera llegado a él por otros caminos.

Leo a pocos escritores árabes, recientemente lo he hecho con Adonis, sé que es una limitación. Aunque el poeta libanés se ha puesto en cierta manera de moda, su lectura sigue siendo, como dice Rosa Chacel de toda lectura, un secreto, no un secreto a voces, pero sí uno que queremos compartir, o más aún provocar, como un contagio, crear una cadena de trasmisión del secreto, un rio subterráneo, una paradoja, una moda secreta. Los lectores digitales podrán buscar los libros de Kilito en la red, yo sigo prefiriendo el papel y fui a buscar La curiosidad prohibida. No estaba en ninguna de las librerías que visité ‒Gandhi, Sótano, Péndulo‒ pero en esta última había otro, El caballo de Nietzsche (Losada). Desde luego no en la mesa de novedades y más bien al fondo del almacén porque tardaron en traerlo, delgado volumen que no llega a las 150 páginas y que cuesta casi 500 pesos. Lo dudé, pero acabé comprándolo. Esta vez el título sí habría despertado interés por si mismo sin saber más cosas sobre el autor, pero de ser estricto tiene poco que ver con su contenido, el autor de La gaya ciencia apenas aparece en un par de páginas. Se trata de un curioso ejercicio de memoria ficcionalizada y de ficción memoriosa. Cuenta los orígenes de su/una vocación de escritura a partir de la importancia de la copia de textos como aprendizaje, equivalente físico de memorizar. Pero si el libro no menciona casi a Nietzsche no me sentí decepcionado. Lo personal aquí sirve para crear una extraña incertidumbre en lo que ocurre, lo que se relata tiene una condición ‒o diríamos, con la física‒, un principio de incertidumbre en el cual quiero ver un antídoto contra las religiones teocráticas, proclives al dogmatismo.

Con esto quiero señalar que Kilito es un escritor de su tiempo, ese marcado por el regreso del fascismo en Estados Unidos, Argentina y, desde luego y en primer lugar Israel, que ha sumido a Palestina en un infierno. Pero es de su tiempo porque sutilmente se sitúa contra él. A la vez su ritmo de lectura no tiene para nada la aceleración característica de nuestra época, sino una actitud de serenidad casi ascética. Eso vuelve su literatura algo familiar, como si conversara con el lector y esperara a escuchar sus respuestas. Así, preguntarnos qué lengua hablaba Adán en el paraíso es asomarnos a un abismo. Supongo que Trump diría que hablaba inglés, porque no puede concebir nada sino desde sí mismo y su autosatisfacción. ¿Cuál es el matiz que aporta el escritor a Occidente? Bueno, yo pienso que el preguntarse sobre la lengua concreta de ese paraíso y no preguntarse de manera más abstracta ‒más occidental‒ si en el paraíso Adán hablaba. Si ciertas reflexiones transforman la maldición de Babel en una bendición, es tal vez porque en el paraíso no se necesitaba el habla, el silencio lo decía todo y la hacía innecesaria. ¿Cómo escoges, lector, lo que lees? Ojalá le hicieras caso, como yo, al consejo de Francisco Segovia y busques textos de Kilito. No te será fácil encontrarlos, pero eso lo vuelve más emocionante l

lunes, 9 de febrero de 2026

"La mayor parte de estas traducciones no están firmadas y las que sí lo están tienen seudónimo o iniciales"

El pasado 8 de enero, Laura Lucía Romero Mireles escribió un artículo en Gaceta UNAM, de México, sobre la invisibilización de las mujeres traductoras. Se basó en la investigación de 
Lucia Campanella Casas (foto), investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya  Se reproduce a continuación.

Se revela invisibilización de la mujer en trabajos para traducir y editar

La invisibilización de las mujeres en la historia se solapa con la de las prácticas de traducción y edición que, como labores intelectuales de mediación, han sido reveladas muchas veces como espacios supuestamente neutros de conexión entre lugares, señaló Lucia Campanella Casas, investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya, España.

Un traductor lleva un texto de una lengua a la otra pero no es un autor, mientras que un editor pone en contacto a los autores con los lectores. Y aunque esos espacios de “puente” muchas veces han estado ocupados por mujeres, es difícil encontrarlas.

La utilización de herramientas de las humanidades digitales nos ha permitido comenzar a reparar un poco algunas de esas invisibilizaciones, dijo Campanella Casas en la Sala Interactiva de la Hemeroteca Nacional de México.

Al ofrecer la charla “Las mujeres mediadoras: editoras y traductoras. Una mirada desde las humanidades digitales y la historia de la traducción”, añadió que esa invisibilización también se produce cuando se habla de ellas desde un espacio de ignorancia.

La experta mencionó que se especializa en el mundo intelectual y cultural de un movimiento político radical como el anarquismo. “Me identifico con estas dos realidades: la del territorio del trabajo y la de la protesta, en un mundo que se está volviendo muy peligroso”.

Los datos, una vez analizados y puestos en relación, permiten educar sobre el papel de las mujeres en prácticas culturales esenciales, como son la traducción y la edición, consideró.

La especialista presentó casos “en donde he podido trabajar con humanidades digitales, con traducción y con edición”. Uno de ellos lleva por título 150 años de traducción literaria en imprentas editoriales de Uruguay, en colaboración con académicas de la Universidad de la República, de aquella nación sudamericana.

En el proyecto se propuso el uso de las humanidades digitales en la medida posible, ya que “apropiarnos de ciertas herramientas nos ha costado y estamos todavía en un proceso de aprendizaje” para hacer un relevamiento bibliométrico de las obras literarias traducidas y publicadas en aquel país en un periodo largo: 1871-2021.

“Partimos de la base de la historia digital de la traducción”, y para hacer esa tarea se contó con un grupo interdisciplinario que incluyó un analista programador y un desarrollador web. “Trabajamos con los datos catalográficos, algunos de 150 años de existencia, para poner ‘el foco’ en quién tradujo”.

Campanella precisó que el proyecto, desde el principio, estuvo pensado a partir de las humanidades públicas: “Nos interesaba cuál iba a ser el contacto con el usuario o persona interesada, que no necesariamente fuera a trabajar con una base de datos, por más simple que fuera. Por eso se creó una aplicación web que tiene una serie de informaciones acerca de los hallazgos de la investigación y un buscador”. Se incluyeron mil 424 registros de traducciones de 29 lenguas y 629 autoras y autores.

Entre los hallazgos se encontró que la primera traducción literaria realizada por una mujer en el catálogo es, en realidad, una traducción colectiva. En este tema “aún hay mucho trabajo por hacer, pero hemos avanzado bastante”.

Otro proyecto presentado fue el del análisis a gran escala de las traducciones literarias publicadas en la prensa anarquista de ciudades portuarias entre 1890 y 1910. “Una de las características de ese movimiento a nivel mundial fue que tempranamente incluyó a las mujeres”.

Al final “logré una transcripción automática más o menos viable de un corpus muy grande, en un estado de conservación diverso (páginas manchadas, rotas, etcétera); y con ayuda de científicos de datos, apliqué un sistema de reconocimiento de entidades”.

También “intenté replicar automáticamente un proceso que hacía manualmente: leo un periódico buscando traducciones literarias, pero muy difícilmente aparecen. De ese modo trato de encontrar nombres propios para luego filtrarlos y encontrar autores literarios”.

En 94 traducciones recuperadas de tres periódicos, sólo hubo una mujer autora, y de traductores, “la nada, porque la mayor parte de estas traducciones no están firmadas y las que sí lo están tienen seudónimo o iniciales y, de ellos, los que pude investigar son todos hombres”. Donde sí hay mujeres es en el ámbito de la edición, finalizó.