miércoles, 15 de abril de 2026

“¿Qué pasará si los editores o agentes empiezan a usar estas herramientas de IA con todos?”


Con el título "Where Does Publishing’s A.I. Problem Leave Authors and Readers?", la periodista especializada en libros Alexandra Alter publicó, el pasado 10 de abril, un artículo en el New York Times, que, el 13 de abril, con una traducción no firmada, publicó InfoBAE. En la bajada se lee: "La creciente desconfianza sobre la autoría de los textos afecta cada vez más a quienes intentan publicar su primer libro, en un contexto donde las editoriales temen aceptar manuscritos por sospechas de uso de herramientas automatizadas".

¿Qué consecuencias tiene el problema de la IA en el sector editorial para autores y lectores?

Otoño pasado, Antonio Bricio, un consultor de ingeniería que vive en Guadalajara, México, terminó el borrador de su primera novela, un thriller de ciencia ficción sobre una conspiración gubernamental para ocultar la historia del primer contacto de la humanidad con refugiados alienígenas.

Tras enviar su manuscrito a 20 agentes literarios y recibir una serie de rechazos, dedicó varios meses a revisarlo con la esperanza de conseguir algún día un editor.

Ahora, Bricio teme que el ya exigente proceso de obtener un contrato editorial como autor debutante se haya vuelto aún más complicado. Le preocupa que agentes y editoriales eviten arriesgarse con autores desconocidos por temor a que el libro haya sido escrito con inteligencia artificial.

El pánico y la paranoia en torno a los libros generados con IA se dispararon el mes pasado, cuando la importante editorial Hachette decidió cancelar el lanzamiento de una novela de terror, Shy Girl, de Mia Ballard, en Estados Unidos, tras encontrar indicios de que había sido producida parcialmente con IA. Hachette también retiró el libro en el Reino Unido, donde lo había publicado el año anterior después de que Ballard lo autopublicara originalmente.

Cuando Bricio se enteró de la cancelación de la novela en redes sociales, sintió un vuelco en el estómago. Afirma que no usa IA para escribir, salvo para traducir ocasionalmente alguna palabra o frase suelta del español al inglés, idioma en el que también es fluido, utilizando el traductor IA DeepL. Pero se preguntó qué diría un detector de IA sobre su propio trabajo.

Pagó una suscripción a Originality.ai y subió un capítulo de su novela. El detector aseguró con un 100 por ciento de certeza que había utilizado IA de alguna manera.

Bricio buscó las frases que habían activado el detector, eliminó algunas oraciones y volvió a probar. Esta vez, el programa indicó que estaba 100 por ciento seguro de que lo había escrito un humano. Finalmente, Bricio conversó con un representante del servicio al cliente, quien le indicó que si recibía resultados que señalaban erróneamente su obra como generada por IA, podría necesitar otro modelo del programa.

El ir y venir sólo dejó a Bricio más intranquilo. Los informes de Originality.ai sobre su borrador, que compartió con The Times, mostraron que añadir o eliminar apenas unas pocas frases producía resultados completamente diferentes.

“¿Qué pasará si los editores o agentes empiezan a usar estas herramientas de IA con todos?”, se preguntó Bricio. “A partir de ahora, todos vamos a andar con pies de plomo”.

Mientras la industria editorial busca cómo afrontar la irrupción de la IA en casi todos los aspectos del negocio, parece haber poco consenso sobre qué pueden o deben hacer las editoriales para regular el uso de esta tecnología por parte de los autores. Muchos coinciden en que la situación actual es insostenible.

Cada vez más escritores enfrentan sospechas infundadas sobre el uso de IA. Otros utilizan IA sin declararlo. Muchos lectores se sienten confundidos y recelosos, sin saber si los libros que leen fueron escritos por un humano o por una máquina.

Varios autores autoeditados han sido señalados por el uso evidente de IA y criticados por lectores y otros escritores. Pero la controversia de “Shy Girl” podría marcar un punto de inflexión para todo el sector editorial.

Tras la cancelación de la novela, muchos lectores y autores cuestionaron cómo una editorial importante no detectó señales de escritura generada por IA. Usuariosde Goodreads y Reddit llevaban meses señalando lo que consideraban evidencias claras de lenguaje de chatbot. El escándalo llevó a algunos lectores a preguntarse cuánto examinan las editoriales las obras que adquieren.

“Estamos llegando a una era de desconfianza, sin una forma sencilla de demostrar la veracidad de tu propia escritura”, dijo Andrea Bartz, autora de thrillers y demandante principal en la demanda colectiva de autores contra Anthropic, que acordó un pago de 1.500 millones de dólares.

Bartz puso recientemente algunos de sus propios textos en Ace, un verificador de IA, y se sorprendió cuando el programa etiquetó su trabajo como 82 por ciento generado por IA. El programa luego le ofreció una solución: “¿Quieres humanizar tu texto?”

Cuando Bartz contó su experiencia en Substack, decenas de escritores participaron en la conversación. “Supongo que eso pasa cuando tus libros fueron robados para programar la IA”, comentó la novelista Rene Denfeld, quien señaló que un detector de IA también había determinado erróneamente que parte de su escritura era generada por IA.

“Tiene que ser un llamado de atención para la industria”, opinó Jane Friedman, consultora editorial.

La mayoría de las grandes editoriales no tienen reglas claras sobre el uso de IA por parte de los autores y se basan en la confianza y la expectativa de transparencia. Pero ante la multiplicidad de formas en que la IA se integra en la creación de libros, desde la investigación hasta la edición y la redacción de frases, reina la confusión sobre qué usos cruzan la línea, y crece el temor de que la escritura con IA pueda sortear a los editores profesionales.

Cuando Rachel Louise Atkin, quien reseña libros en Goodreads, Instagram y TikTok para miles de seguidores, supo de “Shy Girl” en redes sociales, pensó que era un libro que le encantaría: una historia de terror feminista intrigante y retorcida. Lo leyó en un día y lo recomendó ampliamente. Se sorprendió al saber que lo habían retirado por indicios de uso de IA.

“Si supiera con certeza que algo fue escrito con IA, lo habría evitado”, afirmó. “Creo que deberíamos poder elegir si queremos leer algo escrito con IA o no”.

La influencer literaria Stacy Smith encontró “Shy Girl” en NetGalley, un sitio donde los lectores pueden acceder a libros antes de su publicación, y le dio una reseña de cinco estrellas en Goodreads. También se sintió decepcionada al enterarse de las acusaciones.

“Leería libros escritos con IA, pero me gustaría saber que fueron escritos por IA”, comentó. “Lo que duele es la falta de honestidad”.

Mientras tanto, los autores suelen sentirse amenazados desde todos los frentes. El número de libros publicados cada año, incluidos los escritos con IA, crece sin parar y dificulta que los escritores encuentren público en un mercado saturado y fragmentado. Además, quienes no usan IA sienten ahora la presión de probar que su trabajo es humano, sin grandes opciones más allá de transmitir en vivo mientras escriben.

Algunos autores están añadiendo un logotipo a sus libros y sitios web que indica “escrito por un humano”. La certificación, ofrecida por Authors Guild, permite a los autores declarar que escribieron sus libros sin IA para generar o modificar sustancialmente el texto. Aunque el gremio no verifica de forma independiente las declaraciones de los autores, quienes infrinjan las condiciones del logo pueden ser demandados por violación de marca registrada.

A.M. Dunnewin, autora autoeditada de novelas de terror, se registró para la certificación y puso el símbolo en su sitio web. “Pensé que tal vez ese certificado podría ser un salvavidas, para que la gente sepa que es mi trabajo”.

Sarina Bowen, autora que ha publicado tanto de forma independiente como con grandes editoriales, fue acusada de usar IA para crear la portada de una de sus novelas. Fue una acusación que pudo refutar fácilmente: la novela se publicó años antes de que la IA generativa se popularizara. Ahora, sin embargo, le preocupa el arte de portada que obtiene en línea —una práctica común entre los autores autoeditados— y si el artista pudo haber usado tecnología para producirla.

“No sé hacia dónde vamos, pero ese momento en que me acusaron de tener una portada hecha con IA fue realmente desalentador”, señaló. “Todos los que publicamos libros estamos en un mundo donde no podemos estar seguros del origen de nuestro contenido”.

Los lectores que eligieron “Shy Girl” fueron de los primeros en detectar señales de generación por IA en sus páginas, y claramente no les gustó. Algunos autores consideran eso alentador.

“Si van a gastar dinero en un libro, quieren que salga del cerebro y el corazón del autor y no de una computadora que ha robado la mente del escritor”, dijo Laura Taylor Namey, autora de literatura juvenil. “Aplaudo eso”.

Otros temen que más libros generados por IA pasen inadvertidos. Y a medida que la tecnología avanza, las señales típicas del lenguaje de chatbot podrían desaparecer.

“No quiero que llegue el día en que los lectores no puedan distinguir la diferencia”, afirmó Bowen.


martes, 14 de abril de 2026

"El volumen de novedades literarias abruma"


"La multiplicación de novedades, la concentración en grandes grupos y los riesgos para la bibliodiversidad preocupan a Cegal, la confederación del sector, cuyo estudio más reciente concluye que solo el 4,5% de las obras supera los 100 ejemplares." Tal es la bajada del artículo publicado por Tomasso Koch, en el diario El País, de Madrid, el pasado 12 de abril.

La mitad de los títulos que tienen disponibles no venden nada

Se supone que un libro quiere ser leído. Igual que una película necesita espectadores. Y un disco, oyentes. Incluso El libro que no quería ser leído, texto infantil del sueco David Sundin, busca lo mismo que cualquier creación cultural: público. Aunque sea una persona. Sin embargo, a cada vez más obras literarias les cuesta hasta eso: el 49,4% de los títulos impresos disponibles en las librerías de España vende cero ejemplares a lo largo de un año. La cifra abarca novelas, ensayos o cómics, incluye novedades y fondo, también de autoedición, en establecimientos independientes, así como en grandes cadenas. No se contabilizan, eso sí, manuales de texto ni Amazon. El dato se reveló hace pocas semanas en el último Congreso de Librerías. Y lleva años subiendo, según Cegal, la confederación de los libreros que organiza el evento. Tanto que la entidad ya ha puesto su foco en analizarlo, desglosarlo y, a ser posible, solucionarlo. Las respuestas llegarán en futuras ediciones de la cita. Pero, mientras tanto, da para unas cuantas preguntas.

“En España se venden muchos libros: unos 76 millones de obras impresas en 2025, un 4% más respecto al año anterior, según la consultora GfK. Pero estamos ante un mercado sobresaturado. Salen más novedades de las que se venden y de las que un librero es capaz de seleccionar. Se dejó de velar por la calidad y se decidió apostar por la cantidad”, reflexiona Pilar Asuero, escritora de Las cabras (Altamarea) y editora en Siglo XXI. La facturación de la industria editorial vive tiempos de subida consecutiva, igual que los lanzamientos: más de 90.000 libros al año, en cálculos del sector. Si se criban solo obras literarias con enfoque comercial, la cifra baja: hasta 30.000 o 10.000, en la estimación más conservadora. Significa mínimo 27 novedades al día. Y eso a falta de los miles de títulos del fondo. ¿Hay lector para tanto libro?

“Una clave está en el espacio. Hay títulos que no salen para vender, sino para ocupar sitio en las estanterías, sobre todo por parte de los grandes grupos. A menudo tienen alta rotación, a la semana siguiente les sustituye otro”, tercia Enrique Redel, editor del sello independiente Impedimenta. “No se trata de que quien quiera escribir no pueda. Pero nadie es capaz de asimilar este volumen. Y no tiene sentido meter en el canal un libro que genera cero ventas”, agrega Javier Cámara, encargado del establecimiento en Bilbao que lleva su apellido, y de la exposición donde se abordó el asunto en el congreso. El librero descubrió hace poco el caso de una editorial que bajó el ritmo para centrarse en la calidad, pero reculó a los dos años, porque estaba perdiendo superficie de exposición. Aunque Redel asegura que esa es su apuesta: “Intentamos reducir la producción. Sacamos 25 libros al año, clavados. Queremos arroparlos con la promoción, que las librerías los mantengan y cuidar nuestro nicho fiel de lectores”.

Tanto librero como editor recurren al mismo símil: la aplicación de citas Tinder. Porque cada semana Cámara hojea 300 o más títulos y debe escoger unos 120 para sus estanterías. Dice que algunos los tiene claros, pero la mayoría de la selección se va pareciendo al célebre match sentimental: sí o no, en pocos segundos, y a lo siguiente. El amor literario también va deprisa: flechazo o hasta nunca. Y por más que Impedimenta avise de que no acepta manuscritos, igual que muchas editoriales, recibe unos 10 al día. Por la mesa de Redel pasan entre 600 y 1.000 al año, de los cuales lee 100 y publica una cuarta parte. Así, por ejemplo, se le escapó La temporada de las frutas envenenadas, de Vera Bogdanova: cuando pudo verlo y quiso pujar, tras adorarlo, estaba adjudicado. Las plantillas habitualmente pequeñas de editoriales y librerías independientes tampoco dan para más. Y desde Cegal añaden otra tendencia: aumenta la desaparición de títulos. Demasiado libro hay ya, como para cuidar las viejas perlas. Así puede darse la paradoja de no hallar lo que se busca en un catálogo desmesurado.

“Si como editores disponemos de más tiempo para leer y trabajar los textos, salen mejores obras. Si los y las libreras lo tienen para leer y seleccionar, se construyen escaparates con sentido. Si los lectores reciben una propuesta abarcable, cuentan con más herramientas a la hora de escoger. Aunque parezca contraintuitivo, una oferta exacerbada atenta contra la bibliodiversidad. Se vuelve puro ruido: comienzas a ver siempre los mismos libros en la mesa de novedades y en los suplementos culturales. Y todos leemos lo mismo”, señala Asuero. Otros datos de Cegal lo refuerzan: en librerías, únicamente el 4,5% de los títulos despacha más de 100 ejemplares al año. Y más del 40% de las copias vendidas corresponde a dos grupos, Penguin Random House y Planeta. Los establecimientos independientes duplican a las cadenas en variedad: más de 525.000 títulos, frente a 229.633. Sin embargo, los grandes espacios acaban de adelantarse por primera vez en ejemplares vendidos: el 52% del total. Así, solo unas pocas obras logran un lugar al sol. El resto navega sepultado en el fondo del iceberg. A priori, las oportunidades se han multiplicado. La práctica dice algo distinto. O contrario.

Entonces, ¿cómo conseguirlas? Contratar a un agente aumenta las opciones del escritor y garantiza al editor un filtro de confianza. El anuario estadístico del Ministerio de Cultura ofrece más pistas: el tema es la principal razón para escoger un libro, por delante del autor, las opiniones de amigos y familiares o las redes sociales. Ni el 5% de los encuestados dijo tener en cuenta críticas, publicidad y, menos aún, los premios. Aunque Redel propone lo opuesto: “Cuando estalló el fenómeno de Cincuenta sombras de Grey una revista me preguntó: ‘¿Cuántas novedades eróticas sacas este año?’. Pero nosotros, cuando el tema está de moda, huimos”. Las cifras de Cultura dicen también que triunfa sobre todo la novela contemporánea, en particular histórica y de ficción criminal.

Siempre y cuando se lea, eso sí: lo hace al menos una vez al año el 64,9% de la población, frente al 65,8% en 2018/2019. Un tercio de la ciudadanía lo incluye entre sus costumbres semanales. Pero uno de cada 10, por el contrario, asegura que no le gusta leer, porcentaje idéntico al de los hogares con menos de 10 libros. La mitad de la población (48,8%) tiene menos de 50 en casa. A saber cómo lo encajaría el fallecido Umberto Eco, defensor de la acumulación de libros sin leer. Su “antibiblioteca”, como la bautizó, tenía 50.000 títulos.

“Influyen muchos factores en la venta: desde la editorial en que se publica (si pertenece o no a un gran grupo, su prestigio, los recursos para la promoción, el interés en medios, la fidelidad del público), si a las librerías les gusta, el boca a boca. Pero muchas veces juega el azar. Antes de que Altamarea apostara por Las cabras, otras editoriales lo rechazaron alegando que no tenía trama y no creían que podría funcionar de la mano de una autora novel”, relata Asuero. Pero su ópera prima celebra un impacto de ventas positivo. Y se lo agradece también a muchas bookstagramers (prescritoras de libros en redes sociales): “Influyen porque su contenido se dirige a un público muy lector, las mujeres entre 25 y 35 años”.

El libro, además, puede buscar indicios a su alrededor. El volumen de novedades literarias también abruma y preocupa en otros grandes países de la UE. Y, por comparar, el 60% del cine español exhibido en salas en 2025 vendió menos de 500 entradas, en datos de Cultura. Aun así, la cantidad de novedades fílmicas no para de subir, con semanas donde coinciden hasta 14 o 16. Y eso que, desde hace tiempo, apenas una veintena de películas suele concentrar en torno a la mitad de la taquilla anual. En los videojuegos también se habla de saturación: Steam, la principal plataforma para ordenadores, incorporó 21.551 títulos solo en 2025. Aunque un largometraje que nadie haya disfrutado en la gran pantalla siempre tiene la esperanza de resucitar online: en streaming ya se ve tanto cine como en salas, o más. La mayoría de libros, en cambio, se juega (casi) todo en semanas, con suerte pocos meses, en las estanterías. De ahí, vuelta a las editoriales. Y a las sombras. O incluso la eliminación física. No precisamente el epílogo soñado tras meses o años de esfuerzo de un creador.

“Si en una editorial un libro no vende, puede que otro logre un gran alcance y levante los números (aunque no siempre es así, sobre todo en los sellos realmente independientes). Y si en una distribuidora hay una editorial que no vende mucho, otra lo compensa. Cuando eres autor/a, sobre todo novel, eres tú y tu libro. Puedes dar las gracias si aguanta una semana en la mesa de novedades, es fácil que al mes lo devuelvan, al año destruyan la tirada y quede en el olvido”, subraya Asuero. Para definir al sector editorial se han usado muchas metáforas: bicicleta, rueda del hámster, todo o nada. Se refieren a más y más obras para que el sistema siga adelante y un potencial éxito de mañana cubra los eventuales agujeros de ayer. Aunque el modelo reparte al autor cartas con las que cuesta ganar: adelantos cada vez menores, o hasta inexistentes; una tirada media inferior a los 4.000 ejemplares; y apenas un 10% de ingresos sobre el precio de las ventas. “Quien se mete en esta industria sabe que muchas veces lo que va a moverle es el entusiasmo antes que el dinero. Pero no debería sacrificarse una cosa por la otra. Me entusiasma escribir, pero también poder pagar el alquiler”, agrega Asuero.

“Cualquiera puede editar un libro, pero no significa que sea un autor. Igual que tener una cámara no se traduce en ser fotoperiodista”, matiza Cámara. Hay quien publica por su cuenta, o a través de una editorial que solo ejerce de imprenta; despuntan jóvenes narradores que arrasan primero en plataformas online y luego en papel; y están los autores tradicionales, vinculados a sellos reconocidos. Desde Cegal sospechan que justamente el boom de la autoedición explique en parte por qué tantos libros no venden nada. Pero Redel aplaude también a compañeros de otros sellos: Libros del Asteroide, Acantilado, Sexto Piso, Galaxia Gutenberg, Errata Naturae o Nórdica. Javier Cámara afirma: “Si solo me dejo llevar por la corriente, me convierto en un librero de grandes sellos. Hay que hacer una tarea de independencia”. Y Pilar Asuero agrega: “Como lectores debemos creernos el peso que tenemos en la cadena del libro: sin nosotros, se desmorona. Así que elijamos bien a quién le damos nuestro dinero”. Entre tantísimas opciones, debe de haber una perfecta para cada lector. Se trata de encontrarla.

lunes, 13 de abril de 2026

El SPET propone su primera actividad de 2026

En el primer encuentro de 2026, y en una nueva actividad compartida con la XI Escuela de Otoño de Traducción Literaria “Lucila Cordone”, nuestra invitada Denise Kripper expondrá sobre "Ficciones y realidades: traducir y escribir sobre traducción"

La sesión se llevará a cabo el miércoles 22 de abril a las 18.30, en el aula Lapacó (ex 400) del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”, Carlos Pellegrini 1515. También se podrá participar por videoconferencia, en el siguiente link: https://meet.google.com/xwx-qidp-wvg. Les agradecemos que confirmen asistencia.

Denise Kripper es traductora literaria por el IES en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández” y doctora en letras por la Georgetown University. Es la editora general de traducción de la revista bilingüe Latin American Literature Today (https://latinamericanliteraturetoday.org/es/) y actualmente preside el jurado del premio de traducción PEN/Heim. Escribió Narratives of Mistranslation: Fictional Translators in Latin American Literature (Routledge, 2022) y co-editó The Routledge Handbook of Latin American Literary Translation (Routledge, 2023). Es miembro fundadora del colectivo de traducción Third Coast Translators Collective (https://tctranslatorscollective.org/).


Lecturas sugeridas


Fólica, Laura / Ramon Lladó (2017). “El giro ficcional de la traducción: introducción”. En: Doletiana, 7, pp. 1-6. Disponible en: https://raco.cat/index.php/Doletiana/article/view/360264/452252.


Kripper, Denise (2022). Introduction”. EnNarratives of MIstranslation: Fictional Translators in Latin American Literature. Nueva York: Routledge, pp. 1-14. Disponible en: https://www.taylorfrancis.com/books/mono/10.4324/9781003179986/narratives-mistranslation-denise-kripper.


Novey, Idra (s.f.). Formas de esfumarse (selección de fragmentos). Traducción de Denise Kripper. En La Otra Margen Revista. Disponible en: https://laotramargen.actti.org/formas-de-esfumarse/.  

viernes, 10 de abril de 2026

Conviene saber que el contenido de los libros va por un lado y su comercio va por otro

La siguiente noticia fue publicada sin firma en el diario mexicano La Jornada. Proviene de un suelto de Prensa Latina y habla de casi lo mismo que todas las noticias sobre las transformaciones que están ocurriendo en el mundo editorial.

La industria editorial se transforma entre la IA y la reinvención del libro

El comercio del libro tiene hoy una transformación casi indescriptible, con la preocupación de los editores de reinventar el libro y un nuevo tipo de lector.

De esa suerte, el mercado global del libro transita por una transformación estructural en la que la inteligencia artificial (IA) redefine la creación, la distribución se fragmenta en nuevos canales y el formato impreso recupera terreno como objeto de valor cultural.

Actualmente el mercado editorial mundial está inmerso en una transformación que sus principales actores califican como la más profunda desde la irrupción de la imprenta industrial en el siglo XIX.

Lejos de las predicciones apocalípticas que auguraban la desaparición del libro impreso frente al avance digital, la industria evoluciona hacia un ecosistema híbrido en el que conviven el papel, el libro electrónico, el audiolibro y, como novedad disruptiva, la IA aplicada a toda la cadena de valor.

Para comprender la magnitud del cambio actual, el historiador editorial estadunidense Michael Castleman, autor de The Untold Story of Books (La historia no contada del libro), propone una mirada de largo plazo.

Señala que desde Gutenberg hasta Amazon, la industria del libro atravesó tres épocas distintas con tres estrategias económicas diferentes.

La primera comenzó en 1450 con la invención de la imprenta, que permitió la producción masiva, aunque con bajos índices de alfabetización (Gutenberg quebró tras no vender suficientes biblias para pagar a su acreedor).

La segunda época comenzó a finales del siglo XIX con la introducción de maquinaria industrial, que abarató la producción pero aumentó los costos de inversión, dando origen a las grandes editoriales como las conocemos hoy.

Y la tercera época, en la que aún estamos inmersos, empezó con la era digital y ahora suma la IA como su último y más disruptivo capítulo.

Castleman documenta cómo la industria enfrentó crisis recurrentes: en 1913, la revista Lesley’s Weekly ya se preguntaba si alguien tenía tiempo para leer libros, una queja que se repite cíclicamente desde hace más de un siglo.

La inteligencia artificial se convirtió asimismo en el principal factor de transformación del sector editorial en 2026, según quedó de manifiesto en la edición 43 del Seminario de Formación Avanzada de la Escuela de Libreros Umberto y Elisabetta Mauri, celebrado recientemente en Venecia.

Durante las jornadas, editores, libreros y expertos internacionales coincidieron en que la IA no es una posibilidad futura, sino una realidad ya operativa en toda la cadena del libro.

Incremento de las publicaciones digitales
El mercado de la publicación digital ya alcanzó 56 mil 510 millones de dólares este año, con una tasa de crecimiento anual de 11.3 por ciento, que se mantendrá en niveles similares hasta alcanzar 87 mil 430 millones en 2030.

Estos datos los aporta el informe Digital Publishing Global Market Report 2026 de The Business Research Company.

El auge responde a la creciente digitalización de libros y materiales educativos: en 2023, cuando 7.2 por ciento de los residentes de la Unión Europea adquirieron libros electrónicos, frente a 6.6 por ciento del año anterior, según datos de Eurostat.

El mercado de audiolibros muestra un dinamismo aún mayor, con una tasa de crecimiento anual superior a 26 por ciento proyectada hasta 2025, hasta alcanzar 11 mil 100 millones de dólares (formato que ya es un pilar central junto al libro impreso tradicional).

Una de las transformaciones más significativas de 2026 es la evolución de los sistemas de recomendación.

Plataformas como StorySift en Europa, LibroLink en América Latina y ReadMandala en India y el sureste asiático utilizan señales contextuales como el ritmo de lectura, patrones de pausa durante la reproducción de audiolibros y los apuntes anónimos de los usuarios para ofrecer recomendaciones.

Esta evolución aplanó las jerarquías tradicionales: en el primer trimestre del año pasado, 41 por ciento de los títulos debutantes que alcanzaron los primeros puestos en las listas regionales provenían de microeditoriales que utilizan interfaces de descubrimiento de acceso abierto, no de grandes sellos tradicionales.

Sin embargo, contra los pronósticos más pesimistas, las ventas de libros impresos crecieron 8.3 por ciento globalmente en 2025, según Statista.

Este repunte responde a tres factores: las bibliotecas y escuelas priorizan recursos duraderos libres de pantallas, los lectores buscan experiencias táctiles para géneros de lectura profunda como filosofía, poesía o manuales técnicos, y los coleccionistas valoran las ediciones limitadas.

En este contexto, el crítico editorial sudcoreano Jang Eunsu observa que en un entorno de sobrecarga de información, es difícil para los lectores decidir qué merece su confianza.

Así, el mercado global del libro en 2026 presenta un panorama complejo, pero dinámico, la tecnología irrumpe con fuerza; sin embargo, encuentra límites en la creatividad humana, los formatos digitales crecen sin desplazar al libro impreso y la industria aprende a navegar.

jueves, 9 de abril de 2026

Empedocles en Lieja

"La Universidad de Lieja lidera una investigación que desafía lo establecido. Los manuscritos recuperados abren caminos inexplorados en la historia del pensamiento griego y sus herederos. Una narrativa todavía llena de misterios por revelar." Así dice la bajada de la nota publicada por Celeste Sawczuk, en InfoBAE, el pasado 5 de abril.  

El papiro perdido de Empédocles en El Cairo: versos inéditos, percepciones antiguas y la reconstrucción de una filosofía esencial

Treinta versos inéditos atribuidos a Empédocles salieron a la luz tras el hallazgo de un papiro de más de dos mil años en El Cairo, en una investigación liderada por expertos de la Universidad de Lieja. El acceso directo a estos textos originales permite explorar con mayor profundidad el pensamiento del influyente filósofo presocrático, cuya obra se conocía únicamente por citas de autores posteriores.

El descubrimiento de estos versos es relevante porque permite conocer, por primera vez, un testimonio directo y completo de la obra de Empédocles, uno de los pensadores fundamentales de la filosofía antigua. Gracias a este hallazgo, los especialistas pueden reconstruir conceptos claves sobre la naturaleza y la percepción tal como los formuló originalmente este autor, algo hasta ahora imposible por la fragmentación de los textos disponibles.

El papiro fue identificado entre los archivos del Instituto Francés de Arqueología Oriental en El Cairo por Nathan Carlig, papirologo de la Universidad de Lieja. Se trata de un fragmento del poema conocido como “Física”, la única copia conservada de esta obra esencial del siglo V a. C.

La edición, traducción y comentario de los versos inéditos, publicada junto a Alain Martin y Olivier Primavesi, aporta una novedad sustancial al campo de los estudios clásicos.

Los versos están centrados en la teoría de los efluvios de partículas y la percepción sensorial, con especial atención al fenómeno de la visión. El análisis detectó conexiones directas con pasajes de Plutarco, así como vínculos con textos de Platón y Teofrasto.

Además, la investigación señala ecos de Empédocles en autores como Aristófanes y Lucrecio, y destaca su papel como precursor en el diálogo con los atomistas, incluidos Demócrito de Abdera.

La Universidad de Lieja remarcó que, hasta ahora, solo se disponía de referencias dispersas de Empédocles en obras como las de Platón, Aristóteles o Plutarco. Nathan Carlig explicó que el papiro P. Fouad inv. 218 “nos permite leer al filósofo en su texto original, sin la intermediación de fuentes a menudo parciales o sesgadas”, lo que representa un avance significativo en el campo de los estudios clásicos.

Importancia del hallazgo para la filosofía antigua
La publicación de estos versos transforma el conocimiento sobre el pensamiento presocrático, al facilitar la reconstrucción directa de la doctrina de Empédocles y su influencia en la tradición filosófica antigua.

El acceso al texto original permite entender mejor la posición del filósofo en relación con sus contemporáneos y sucesores. Por primera vez, se puede confirmar que algunos pasajes antiguos, como los de Plutarco o Platón, tienen una dependencia más directa de estos versos ahora recuperados.

El hallazgo también contribuye al estudio de la evolución literaria y filosófica de Grecia. Los especialistas podrán investigar cómo resonaron estos conceptos en corrientes posteriores y cómo influyeron en debates sobre la percepción sensorial y la naturaleza de la materia.

La Universidad de Lieja subrayó que la investigación “abre nuevas perspectivas para comprender la doctrina de Empédocles y su lugar en la historia de la filosofía griega”.

Un “segundo Renacimiento” para los estudios clásicos
Para ilustrar el impacto de este hallazgo, los investigadores comparan la situación con el hipotético caso de hallar páginas originales de Victor Hugo siglos después de que su obra solo sobreviviera en fragmentos y referencias esporádicas.

La búsqueda de manuscritos olvidados, una labor que emprendieron los humanistas del Renacimiento, encuentra un paralelo en el redescubrimiento del papiro de El Cairo por parte de los papirólogos actuales. Así, el avance encabezado por Nathan Carlig representa un renacimiento para quienes estudian la herencia de la literatura antigua.

La recuperación de estos versos de Empédocles no solo enriquece la labor académica, sino que impulsa una revisión profunda de la filosofía y la literatura griega. Con este descubrimiento, la Universidad de Lieja inaugura una etapa donde la tradición presocrática deja de ser fragmentaria y pasa a ser contemplada desde una perspectiva renovada.

miércoles, 8 de abril de 2026

Un carancho sobrevuela Buenos Aires

En la entrada de este blog, correspondiente al pasado 27 de marzo pasado, nos ocupamos brevemente de Antonio J. Rodríguez, un joven petimetre (nació en Oviedo, España, en 1987), que se apresta a visitar Buenos Aires para ver qué partido puede sacarle al turismo.

Rodríguez tuvo su breve momento estelar en España cuando el muy llorado editor Claudio López, desde Mondadori y luego desde Penguin Random House, le dio una oportunidad. Así, publicó Exhumación (con Luna Miguel, hija de los dueños de El Gaviero, una pequeña editorial especializada de Almería y también protegida de Rodríguez, autora con la qu Rodríguez estaba ligado sentimentalmente; 2010), El principio de incompetencia (novela que se sospecha autobiográfica; 2013) y Candidato (2018), además de los ensayos  La nueva masculinidad de siempre (2020) y El dios celoso (2024). 

Según su CV, durante un tiempo, con Luna Miguel, dirigió el sello editorial Caballo de Troya, un subsello de Penguin Random House, dedicado a publicar a jóvenes, aparentemente por el mero hecho de ser jóvenes. Lo que no se dice es que fue apenas por dos años y en el marco de una renovación constante de editores. De acuerdo con la presentación que hace PRH, el subsello fue creado en 2004 para la publicación de "autores españoles o latinoamericanos como Mercedes Cebrián, Elvira Navarro, Fernando San Basilio, Óscar Aibar, Natalia Carrero, Iosi Havilio, Alberto Lema, Javier Pascual, Pelayo Cardelús, Damián Tabarovsky, Lolita Bosch, Milo J. Krmpotic, Teresa Aranguren, Miguel Ángel Ortiz o Marcelo Lillo". Estos, "encontraron en su catálogo la hospitalidad necesaria para sus propuestas, el apoyo necesario para el afianzamiento de sus trayectorias o un primer impulso. En junio de 2014, Constantino Bértolo, alma del proyecto desde su fundación, se jubiló y se anunció un nuevo modo de trabajar: cada año un autor sería invitado a participar en el sello como editor y así poder ahondar en la idea esencial de Caballo de Troya como plataforma editorial para nuevas voces literarias hispánicas y caldo de cultivo de nuevas voces literarias. Así, desde 2015, los editores invitados que se han ido sucediendo al cargo de la selección del catálogo para cada ejercicio han ido siendo Elvira Navarro, Alberto Olmos (2016), Lara Moreno (2017), Mercedes Cebrián (2018), Luna Miguel y Antonio J. Rodríguez (2019 y 2020), y en 2021, Jonás Trueba".

Luego, en 2025, Rodríguez lanzó Alighiera, una empresa de servicios a editoriales donde, entre muchas otras lindezas, propone la Inteligencia Artificial para mejorar la productividad. Dicho en criollo, se caga olímpicamente en los traductores literarios, una práctica ya instalada en España. Así, luego de someter textos en las más diversas lenguas a algún motor de IA, relega a los traductores al nivel de editores especializados en corrección, con una paga muy inferior a la que les correspondería si fueran contratados para traducir.

En una reciente entrevista con Juan Carlos Saloz Barcelona, de La Vanguardia, respondió una serie de preguntas. Entre otras:

"¿Qué es Alighieria?
Es un software de procesos editoriales. A finales del año pasado, me obsesioné con la IA generativa y busqué cómo podía coger esta ola para integrarla en industrias que conozco de primera mano: medios de comunicación, agencias o editoriales. Pero pronto me di cuenta, al hablar con editores, que lo más interesante de la IA no era tanto el contenido que podía generar como sus procesos de automatización. Y nos pusimos a ello.

¿Cómo funciona exactamente?
Su interfaz se divide en dos áreas clave: una biblioteca de usuario (donde se pueden subir textos, audios o vídeos) y un conjunto de funciones automatizadas que abordan tareas fundamentales del mundo editorial; desde generar sinopsis o informes de lectura hasta detectar errores o inconsistencias narrativas.

¿En qué se diferencia de ChatGPT u otros modelos de lenguaje directos?
Sinceramente, esto que estamos haciendo ahora no lo está haciendo nadie. Alighieria es una herramienta hecha para trabajar con grandes cantidades de texto. Después de hablar con muchas editoriales, vimos que había una falta en este sentido, así que la desarrollamos —y nos divertimos mucho haciéndola—. No solo funciona a nivel ortotipográfico. Te pongo un ejemplo rápido de lo que puede hacer. En la página setecientos y pico de una novela, los personajes hacen algo que no es históricamente coherente: están en la Barcelona del siglo XIV, y esa costumbre no aparece hasta el siglo XVI. Pues el sistema te lo marca con una alerta y te clasifica la gravedad del problema como baja o moderada.

Es decir, te marca incoherencias... y ya decides tú qué hacer con ellas.
Claro, este es un punto interesante de la herramienta, porque lo que queremos es que sea de ayuda al editor o al profesional, no que lo sustituya. Las correcciones, de hecho… quedan al criterio del editor o del autor. Porque en todo escrito hay errores graves, evidentes, pero la mayoría son sutiles. Una de sus funciones permite es que sirve para detectar contradicciones dentro del propio texto. Cosas que un personaje hace en la página 20, que luego se contradicen en la 200, y después otra vez en la 552. Yo lo he probado con novelas mías y me han salido inconsistencias que no había visto, incluso después de muchas correcciones."

Dicho de otro modo, no sólo los traductores pueden ser relegados por esta herramienta. También, los editores. Dicho lo cual, piensen muy bien qué propone y quién es este carancho cuando se presente en la próxima Feria del Libro de Buenos Aires.

Jorge Fondebrider








martes, 7 de abril de 2026

Una reseña de Mercedes Álvarez sobre un libro escrito a cuatro manos por Coetzee y Dimópulos


La editorial El Hilo de Ariadna (que esta ligada a propietarios del MALBA), acaba de publicar Don de lenguas, un libro donde dialogan J. M. Coetzee y Mariana Dimópulos, escritora y traductora argentina. Otra escritora, la excelente poeta y narradora Mercedes Álvarez, hizo la reseña para la revista Ñ, del pasado 2 de abril.

Coetzee y Dimópulos: la traducción en la encrucijada

Vivimos en una época de ignorancia. Inmersos en el oscurantismo propio del momento, y en la lógica de las redes sociales, con su simplismo rayano en la imbecilidad que fomenta la permanente puesta en escena de una opinión sin contenido, nuestro pensamiento crítico se ve reducido prácticamente a nada. Por contrapartida, entonces, los intelectuales van mutando sus discursos. Frente a aquello que casi nadie abordaría, y mucho menos entendería, el ensayo ha ido adquiriendo un perfil cada vez más explicativo.

La didáctica, parece, es el signo de los tiempos. Don de lenguas, de Mariana Dimópulos y J.M. Coetzee, no está exento de ese tono. Hermenéutica al alcance de todos, podríamos decir, la premisa de este diálogo escrito parte de la traducción de El polaco de Coetzee, que Dimópulos tradujo. Entre ambos tuvieron la idea de que el original se retirara a las sombras, y las traducciones se hicieran del español y no del inglés. Es decir, que la traducción ocupara el lugar del original. El plan no tardó en fracasar. Los editores de Polonia, Francia, Japón, entre otros, se negaron a traducir del texto español.

“Si se hubiera tratado de un libro redactado en albanés y traducido al español”, escribe Coetzee, “los editores habrían estado dispuestos a dejar de lado el principio de la lengua original y habrían encargado traducciones del español, no tengo dudas. ¿Por qué el compás de espera, entonces? Respuesta: porque el ‘original’ no estaba escrito en albanés, una lengua ‘menor’, sino en inglés, una lengua ‘mayor’ y de hecho, quizás, la lengua dominante hoy”.

El resultado del experimento, a todas luces fallido, dio el puntapié a esta conversación. La centralidad de la lengua inglesa y su mercado es uno de los temas sobre los que pivota, pero de ellos se desprenden otros. Así, el diálogo pasa por diferentes instancias. La marginalidad de ambos autores, por ejemplo, respecto de la lengua materna los lleva a la reflexión sobre el papel de los Estados nación en la creación de lenguas uniformes, y la actualidad los deposita, necesariamente, en los debates relacionados con el género, lo que concatena con otro tema central: ¿Hasta qué punto la traducción puede traicionar al texto original?

¿Qué estamos leyendo en realidad cuando leemos una traducción? Coetzee trae a colación la idea de Derrida, de que pensar el texto fuente como depositario de un sentido original que puede reproducirse con fidelidad en otro idioma es un despropósito. Dimópulos no duda en ir en contra de este escepticismo, cuestionando la premisa de Derrida de terminar con la preeminencia del autor.

En concordancia con la didáctica de los tiempos que corren, concluye: “En su momento se pensó que el enfoque daría lugar a una mayor libertad social, lingüística y política. Creo que produciría exactamente el efecto contrario en el contexto actual, dado que hoy necesitamos mayor orientación que en esos días, cuando a las culturas centrales –la francesa y la alemana, por ejemplo– se las percibía como extremadamente rígidas. Yo diría que nuestra tarea es más bien la opuesta”. Palabras que, más allá de lo expuesto, no sorprenden, ya que Dimópulos es traductora de filosofía, y se la conoce por sus traducciones al español de Walter Benjamin.

Para concluir, Coetzee habla en estas páginas sobre la uniformidad de estilo que se encuentra en las traducciones de lenguas extranjeras al inglés, concluyendo que el estilo de prosa se “acomoda” para que resulte cómodo a los lectores británicos y estadounidenses. Seguramente es así, ya que en español no estamos exentos de espantosas traducciones que básicamente, suenan todas iguales. Mal de muchos. En fin. Faltaría, en estas páginas, hablar del ritmo. Porque, como expuso Henri Meschonnic, “los mismos principios que hacen que se traduzca la Biblia detestablemente hacen que se traduzca detestablemente a filósofos. Detestablemente poemas”.

Meschonnic vino a poner de relieve que la ausencia del ritmo en casi todas las traducciones de la Biblia sumen a sus lectores en la más profunda ignorancia del sentido. Hubo quien le reprochó su elitismo, a lo que él respondía: “elitista para todos”. Pero Meschonnic era un discípulo de Saussure, y un crítico de Heidegger. Nada que ver con el diálogo entre Dimópulos y Coetzee.

Así que, por no sobreimprimir al texto que nos ocupa juicios que no vienen al caso, diremos que, puestos a pensar la traducción, se pueden decir muchas cosas. El diálogo de Dimópulos y Coetzee tiene la cualidad de poner sobre la mesa, de manera amplia, debates que nos permiten pensar qué hay en juego cuando nos llega a las manos un ejemplar de un libro traducido.