jueves, 23 de julio de 2026

Lo que se hace en la Biblioteca Nacional

El pasado 15 de julio, sin firma, InfoBAE publicó el anuncio de una interesante muestra que se desarrolla en la Biblioteca Nacional "Mariano Moreno". Según la bajada, "La exposición recorre el detrás de escena que sostiene el acervo histórico. Del primer examen a las intervenciones técnicas. En el Hall de Hemeroteca, con entrada libre y gratuita".

La Biblioteca Nacional y una muestra sobre el trabajo invisible de la preservación de libros

La Biblioteca Nacional "Mariano Moreno" abre sus puertas el 18 de julio a una exposición que pone en primer plano el trabajo cotidiano y poco visible del Departamento de Preservación: el equipo de especialistas que frena el deterioro de los documentos que conforman el acervo histórico de la institución.

Conservar el tiempo: El trabajo de conservación y restauración en la Biblioteca Nacional se instala en el Hall de Hemeroteca del edificio y podrá visitarse de lunes a viernes de 9 a 21 horas y los sábados y domingos de 12 a 19 horas, con entrada libre y gratuita. La inauguración está prevista para el 17 de julio a las 18 horas.

La muestra recorre las distintas etapas del proceso de conservación y restauración documental: desde el diagnóstico inicial de cada pieza hasta las intervenciones técnicas sobre papeles amarillentos, fotografías desvanecidas y películas deformadas. El recorrido expone también los criterios que guían cada decisión: respeto por la integridad material e histórica del ejemplar, registro exhaustivo de los tratamientos aplicados y uso de materiales compatibles y reversibles que no comprometan futuras intervenciones.

El patrimonio documental que custodia la Biblioteca no se limita al papel. El Departamento trabaja sobre fotografías, registros sonoros, materiales audiovisuales y microfilmes, cada uno con sus propias vulnerabilidades frente a los diez agentes de deterioro que la disciplina identifica: fuerzas físicas, agua, fuego, plagas, contaminantes, radiación, temperatura y humedad inadecuadas, robo y vandalismo, y pérdida de información asociada al objeto.

Frente a esos riesgos, el departamento aplica dos líneas de acción. La conservación preventiva interviene sobre el entorno —condiciones ambientales, contenedores, sistemas de almacenamiento— sin tocar directamente los documentos. Cuando el deterioro ya ocurrió, entra en juego la conservación interventiva, que puede incluir limpieza en seco o húmeda, aplanado, consolidación de soportes debilitados, reparación del papel y restauración de encuadernaciones.

“Es un orgullo compartir nuestro trabajo a través de esta muestra. En unas pocas vitrinas condensamos una parte de la tarea que llevamos adelante cada día en el Departamento de Preservación”, dijo Victoria López Alcoba, responsable del área, al presentar la exposición. López Alcoba subrayó que se trata de “una labor minuciosa que exige conocimiento, dedicación y, sobre todo, paciencia y constancia”, y expresó su deseo de que el recorrido invite al público a descubrir el valor de la conservación del patrimonio documental.

La exposición también aborda la relación entre la preservación física y la digitalización. Según los criterios del departamento, estabilizar un documento antes y después de su reproducción digital es indispensable: la generación de copias digitales no reemplaza al soporte original, sino que lo complementa y reduce la necesidad de nuevas manipulaciones.

La muestra plantea, además, que la responsabilidad de preservar el patrimonio documental es colectiva: recae tanto en los equipos técnicos como en quienes consultan, usan y valoran esos materiales. La Biblioteca Nacional, ubicada en Agüero 2502, en el barrio porteño de Recoleta, atiende al público en los horarios ya indicados.


miércoles, 22 de julio de 2026

Homero festejado y reinterpretado según España


El pasado 11 de julio, David Morán publicó en elPeriódico.com, de España, un artículo sobre la ola de libros que se está publicando con motivo del estreno de La Odisea, de Christopher Nolan. Por supuesto, que en esta lista exhaustivamente española, no se menciona la reciente traducción anotada de la obra, realizada por Marta Alesso,  para Colihue, de Argentina.

Todos los caminos llevan a La Odisea, la aventura de volver a casa con la que nació la literatura occidental

La excusa, en este caso, es la sonada adaptación de Christopher Nolan de La Odisea y el enésimo intento de Hollywood de rentabilizar un poco más los clásicos grecolatinos, pero si existe un autor milenario que pueda presumir de saludable inmortalidad y pervivencia contra casi todo pronóstico es, sin duda, Homero. Superestrella de la antigüedad, poeta de existencia digamos que dudosa y héroe por accidente del verano literario. Un rápido vistazo a las mesas de novedades lo confirma: el acicate cinematográfico ha abierto la puerta a ensayos, cómics, adaptaciones y nuevas traducciones que vienen a reconocer que, de una u otra manera, todos los caminos conducen a La Odisea. A la antigua Grecia, la forja de los héroes de aura legendaria y, menudencias, el nacimiento de la literatura occidental.

"Casi siempre es más fascinante la raíz que las ramificaciones, y La Odisea es una raíz magnífica. Es un poema completísimo, tiene de todo. No son solo las aventuras contra gigantes y monstruos; también las de volver a casa y tener que humillarse por completo. Odiseo es un héroe que se tiene que negar a sí mismo para volver a ser quién es", defiende el helenista y traductor Pau Sabaté, responsable de la nueva traducción al catalán de La Odisea, la tercera en más de un siglo, que acaba de publicar La Casa dels Clàssics. "Las lecturas de un poema como La Odisea no se acaban nunca. Si los dioses hilaron a tanta gente la muerte y el desastre para que hicieran canciones los que venían después, los que venimos detrás, el poeta de La Odisea creó una obra que nunca llega a agotarse", reflexiona el editor Roger Aluja en el prólogo de esta nueva edición que corona el estío más helénico e ilustrado de los últimos años.

Porque, en efecto, La Odisea no se acaba nunca. Lo sabe bien el actor y escritor Stephen Fry, de quien Anagrama en castellano y Ara Llibres en catalán acaban de publicar su propia versión del clásico homérico. Un libro con el que el intérprete británico cierra un ciclo de cuatro títulos dedicados a los mitos griegos, los héroes y la Guerra de Troya reinterpretando y a veces reimaginando las aventuras de Odiseo, Ulises para los romanos, en su viaje de regreso a Ítaca.

Para Fry, estamos ante un "logro más moderno, novelístico, o quizá cinematográfico" que La Ilíada, pero no es (solo) eso lo que explica su asombrosa vigencia. "La Odisea es la representación primordial de la dinámica esposo-esposa y padre-hijo, con muchísimas pruebas y aventuras a lo largo del camino. Y define lo que puede llegar a ser una epopeya”, aseguraba en una entrevista reciente. Eso por no hablar del "realismo psicológico y el sentido casi cinematográfico de la narración que Homero legó al mundo". "Homero 'corta' hacia adelante y hacia atrás como un director. Casi a la mitad del libro, descubrimos qué hizo Odiseo tras abandonar Troya. Nos lo cuenta en un flashback en primera persona de una belleza deslumbrante", celebra.

Leyendas de la antigüedad
De un modo didáctico, descifrando y explicando una obra que Homero escribió (o recopiló) utilizando el hexámetro dactílico, Fry repite con algo más de humor y perspicacia lo que el escritor alemán Gustav Schwab ya hizo en el siglo XIX. Esto es: adaptar en clave narrativa y para lectores más jóvenes las peripecias de Odiseo, Euríloco y Eumeo. Limar asperezas para, en fin, "leer sobre la furia de Aquiles o sobre la desgracia de Ícaro en buen alemán sin notas ni comentarios", como dijo en su día Hermann Hesse. Fue así como nació Las más bellas leyendas de la antigüedad clásica, volumen que Blackie Books recupera ahora en tres títulos de bolsillo bajo el título de 'El ciclo de Troya': 'La guerra', 'El viaje de Ulises' y 'La patria de Eneas'.

Sin salir de la editorial barcelonesa, otra jugosa relectura de aparición reciente: la edición portátil y catalana de esa 'Odisea' liberada que, entre poemas de Nick Cave y Dorothy Parker y textos de Margaret Atwood y Augusto Monterroso, recogía la versión en prosa que Samuel Butler firmó en 1900. Un clásico de brillo renovado gracias a las fabulosas ilustraciones de Calpurnio, dibujante fallecido en 2022 que dedicó los últimos años a  La Odisea y La Ilíada. "Es un libro arduo, y con mis dibujos intentaba ayudar al lector a no perderse en la maraña de personajes y situaciones", dejó dicho el creador de Cutlass sobre su mano a mano con Odiseo y compañía.


Otro dibujante, el maestro italiano Milo Manara, acaba de publicar su propia versión de  La Odisea, una fantasía helénica a todo color en la que el gran protagonista no es Odiseo, sino su hijo Telémaco. "Si el relato homérico es un círculo (de Ítaca a Ítaca) cuya circunferencia temporal tiene una extensión de veinte años, el relato manariano es un círculo que Telémaco recorre en el mismo lapso que dura la ausencia de otro modo (...). El paralelismo es claro: el autor, que se identifica con Telémaco, construye él solo su propio obra, siguiendo las huellas de todas las historias anteriores", explica en el prólogo el historietista Boris Battaglia.

Ecos inagotables
Más formal y canónico, Carlos García Gual constata lo evidente en las primeras páginas de la nueva edición de su traducción del poema homérico que acaba de publicar Alianza. Con La Ilíada y La Odisea, asegura el filólogo y escritor, comienza "la tradición literaria occidental". Así de simple. Así de fácil. No solo es el relato más influyente de toda la literatura occidental; también el más duradero. "Los ecos y los matices que pueden rescatarse del texto homérico siguen siendo inagotables", defiende García Gual tras citar a Harold Bloom —"ningún personaje literario es tan recurrente como Odiseo"— y Borges —"La Odisea cambia como el mar. Algo hay distinto cada vez que la abrimos"—. La versión en prosa del helenista, relanzada con ilustraciones del dibujante neoclásico inglés John Flaxman, comparte estanterías y protagonismo con una edición de coleccionista con traducción de Juan Rabasseda Gascón y Fernando Gutiérrez e ilustraciones también de Flaxman impresa por Molino.

En Penguin Clásicos, un estuche conmemorativo reúne las traducciones de La Odisea y La Ilíada de Fernando Gutiérrez publicadas también por separado este año, mientras que por el flanco de la autoayuda, mutación que convierte a los clásicos grecolatinos en bisabuelos de la psicoterapia moderna, emergen títulos como Mentalidad Odisea, con el que la psicóloga clínica Sam Akbar desentraña las claves del "antiguo viaje de autoconocimiento" de Odiseo; y El viaje de Ulises, una reflexión de J. P. Graham sobre "el mito homérico, el estoicismo moderno y el camino hacia el dominio del propio destino".


martes, 21 de julio de 2026

"Homero no es un historiador. Lo que hace es contar un gran mito de tradición oral"

Con la locura desatada por La Odisea, el film de Christopher Nolan inspirado en la obra de Homero, proliferan las traducciones de esa obra y de su predecesora La Ilíada, ambas atribuidas al mismo autor mnítico, aun cuando entre una y otra medie un siglo de diferencia. Como suele suceder en estos casos, hay nuevas ediciones y ediciones recuperadas. Tal es el caso de la publicada por Luis Segalá, en 1908, revisada por el traductor en 1927. Ésta última, acaba de ser reeditada en España. La nota sin firma, de La Libertad Digital, da cuenta de ella. El título, por supuesto, es una exageración al gusto de nuestro desdichado presente.

¿Existió realmente la guerra de Troya? La nueva edición inédita de La Ilíada reabre el gran debate

La Ilíada es considerada la obra literaria más antigua de Occidente y, casi tres milenios después de su creación, continúa inspirando novelas, películas y nuevas traducciones. Ahora, la editorial EDAF recupera una edición poco conocida: la revisión que el filólogo Luis Segalá publicó en 1927 y que permanecía eclipsada por su primera traducción de 1908.

En Es la Mañana de Fin de Semana de esRadio, el profesor de Griego Antiguo de la UNED Juan Piquero Rodríguez, responsable del prólogo y las notas de esta edición, explica por qué este texto supone una recuperación relevante. "Generalmente lo que se ha venido reeditando hasta ahora ha sido la primera versión que hizo Segalá en 1908", señala. Sin embargo, años después el propio traductor introdujo numerosos cambios que ahora vuelven a ver la luz.

Una traducción más fiel al mundo griego
La principal diferencia entre ambas versiones está en el tratamiento del propio universo homérico. Mientras la edición de 1908 utilizaba los nombres latinos de los dioses, la revisión de 1927 recupera las denominaciones griegas originales.

"En esta aparecen Zeus y Atenea, en lugar de Júpiter o Minerva", explica Piquero. Además, Segalá incorporó pequeñas aclaraciones para facilitar la lectura y ayudar al lector a identificar quién habla en cada momento, un recurso que hace más accesible un poema de enorme extensión.

El profesor también destaca otra decisión pionera para su época: traducir la obra en prosa. "Fue el primero que se atrevió a hacerlo en español", afirma. Esa elección permitía mantener las repeticiones y fórmulas características de Homero, elementos que muchas traducciones en verso eliminaban por motivos estéticos.

Un libro que sigue marcando la cultura occidental
Más allá de su valor literario, Piquero recuerda que la influencia de La Ilíada sigue presente en buena parte de la cultura occidental. "Si uno no tiene una idea de la mitología griega o de la historia bíblica, difícilmente puede entender gran parte del arte europeo", sostiene.

La huella del poema se extiende desde la pintura hasta la literatura contemporánea o el cine. El especialista recuerda novelas recientes inspiradas en Aquiles y Troya, además de las nuevas adaptaciones cinematográficas dedicadas al universo homérico.
Mucho más que una historia de guerra

Aunque el poema gira en torno al conflicto entre griegos y troyanos, Piquero subraya que su vigencia reside en los grandes temas humanos que aborda. "Hablar de la guerra, más en el mundo en el que vivimos actualmente, sigue siendo algo cotidiano", explica.

Junto a las escenas de combate, el experto destaca algunos de los episodios más conmovedores de la obra. Uno de ellos es la despedida entre Héctor y Andrómaca antes del duelo contra Aquiles. Otro, el encuentro final entre Aquiles y el anciano Príamo, cuando el rey de Troya suplica recuperar el cuerpo de su hijo. "Son probablemente los dos pasajes más conmovedores de toda la obra", asegura.

¿Existió realmente la guerra de Troya?
La base histórica del poema sigue siendo objeto de estudio, aunque Piquero considera que hoy existe un consenso mucho mayor que hace décadas. "Sí parece haber acuerdo en que la guerra de Troya tuvo lugar", afirma. Los hallazgos arqueológicos en la antigua ciudad de Troya y las referencias conservadas en documentos hititas apuntan a que el conflicto narrado por Homero pudo inspirarse en acontecimientos reales ocurridos hacia los siglos XII o XIII antes de Cristo.

Eso sí, el profesor recuerda que el objetivo de Homero nunca fue escribir una crónica histórica. "Homero no es un historiador. Lo que hace es contar un gran mito de tradición oral", resume.

lunes, 20 de julio de 2026

Un poco de números después de la fiesta


"La Cámara Argentina del Libro mostró los números que, según sus afiliados, tuvo el gran encuentro literario en 2026. El protagonismo de la literatura infantil y juvenil en un año que rompió el record de visitantes." Así es la bajada del artículo publicado sin firma en InfoBAE, el pasado 13 de julio.

La Feria del Libro vendió más ejemplares, pero cada comprador gastó menos, según la CAL

La Cámara Argentina del Libro (CAL) publicó su encuesta de ventas de la 50.ª edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, elaborada junto al Núcleo de Innovación Social (NIS), y el resultado muestra que casi la mitad de los expositores relevados aumentó sus ventas en unidades respecto de 2025. En un año que rompió el record de visitantes - 1.340.000 asistentes- el ticket promedio, informan, subió en pesos pero cayó en términos reales. Y los compradores del exterior registraron el retroceso más pronunciado del informe.

Pueden coexistir dos afirmaciones que parecen contradictorias: casi la mitad de los expositores vendió más libros que en 2025 y, al mismo tiempo, el público mostró mayor sensibilidad al precio y compró títulos más baratos. La respuesta no está en la inflación —el informe de la CAL mide variación en unidades físicas vendidas, no en pesos— sino en que ambas preguntas describen fenómenos distintos. Que el 47,3% de los expositores haya mejorado en volumen significa que dentro de una torta que se redistribuyó, algunos ganaron y otros perdieron. El canal institucional —la compra masiva de las bibliotecas populares a través del Programa Libro % de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip)— explica buena parte de esa mejora entre quienes mejoraron. La demanda del público general, en cambio, se contrajo o se desplazó hacia títulos más económicos.

Qué mide el informe y quiénes respondieron
El estudio se basa en un cuestionario autoadministrado enviado durante mayo de 2026 y respondido por 110 expositores socios de la CAL con al menos dos años de participación consecutiva en la Feria —pero una antigüedad promedio de 18 años—. La encuesta no releva al universo total de expositores del evento. La CAL no es la única entidad que representa al sector: la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP) también nuclea actores del mercado del libro.

Los 110 encuestados emplearon en conjunto 556 personas para la atención de sus stands —un promedio de cinco por expositor—, y el 22,7% participó en un stand colectivo integrado en promedio por seis expositores.

Las temáticas más comercializadas
Las obras infantiles, juveniles y educativas lideraron la lista de temáticas con amplia ventaja: el 62,7% de los expositores ofreció títulos de ese segmento. La ficción y temas afines ocupó el segundo lugar con el 41,8%, seguida por biografías, literatura y estudios literarios con el 35,5%. Más atrás aparecieron sociedad y ciencias sociales (26,4%), filosofía y religión (25,5%), novela gráfica y cómics (18,2%), salud y desarrollo personal (20%), historia y arqueología (17,3%), pedagogía y educación (17,3%) y estilos de vida y ocio (11,8%).

La distancia entre el segmento infantojuvenil y el resto —más de 20 puntos porcentuales sobre la ficción— ratifica su posición como el segmento más extendido entre los expositores de la muestra, un patrón que se repite en ediciones anteriores de la Feria.

Ventas al público general: casi la mitad mejoró, pero el comprador cambió su comportamiento
El 47,3% de los expositores declaró que sus ventas al público general aumentaron respecto de 2025; el 28,2% las mantuvo estables y el 24,5% las redujo. Entre quienes crecieron, la mayoría —el 72,5%— lo hizo en un rango de entre 1% y 25%. Un 23,5% logró incrementos de entre 26% y 49%, y apenas un 4% superó el 50% de aumento. Entre quienes retrocedieron, las caídas fueron más acotadas: el 70,4% lo hizo en el rango de 1% a 25%, y ningún expositor registró una baja del 50% o más.

Ese desempeño convive con un cambio de comportamiento del comprador, que el propio informe registra. Más de la mitad de los expositores —el 54,5%— observó una mayor sensibilidad al precio o cambios en las decisiones de compra del público general respecto a 2025. El 35,7% señaló que el principal cambio fue la realización de compras más pequeñas o de títulos más económicos, y el 21,4% detectó mayor cautela e indecisión al elegir. También se registraron referencias a la postergación de compras y a una menor disposición a las adquisiciones impulsivas: un patrón de consumo planificado ante la retracción del poder adquisitivo.

El canal Conabip: el segmento de mayor crecimiento
El Programa Libro % de la Conabip fue el canal con mejor desempeño relativo. Casi el 72% de los encuestados participó del programa tanto en 2025 como en 2026. Entre quienes estuvieron presentes en ambas ediciones, el 54,4% aumentó sus ventas, el 27,8% las mantuvo y el 17,7% las redujo.

Entre quienes crecieron dentro de ese canal, el rango más frecuente fue de entre 1% y 25% (58,1%), aunque un 32,6% lo hizo entre 26% y 49%, y casi un 10% en un 50% o más. Los rangos de caída fueron más heterogéneos: de cada diez expositores que retrocedieron, aproximadamente 4 lo hicieron entre 1% y 25%, 3 entre 26% y 49%, y 2 en un 50% o más.

Jornadas profesionales: el segmento más fragmentado
Las jornadas profesionales presentaron el panorama más dividido del informe. En esa ocasión, el 38,2% de los expositores mantuvo sus ventas, el 32,7% las aumentó y el 29,1% las redujo. De quienes crecieron, uno de cada cuatro lo hizo en un 50% o más. Las caídas también fueron pronunciadas: el 62,5% de los que retrocedieron perdió más del 25%, y más de la mitad de ese grupo cayó un 50% o más.

Las ventas a profesionales locales mostraron una distribución casi en tercios: el 33,6% las consideró mejores o mucho mejores, el 34,5% similares y el 31,8% peores o mucho peores. El segmento internacional tuvo un retroceso más claro: el 43,7% de los expositores declaró que las ventas a profesionales del exterior fueron peores o mucho peores que en 2025, contra solo el 13,6% que las vio mejorar. El 42,7% las evaluó como similares, un dato que se alinea con las menciones sobre escasa afluencia de invitados internacionales registradas.

El ticket promedio: sube en pesos, cae en poder real
En 2026, el ticket promedio fue de $ 28.487, lo que representa un aumento del 23% en términos nominales respecto de 2025, cuando fue de $ 23.156. Al deflactar ese valor por el Índice de Precios al Consumidor —con una inflación interanual de 32,4% entre abril de 2025 y abril de 2026, según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC)—, el ticket equivale a $ 21.516 en pesos constantes: una caída del 7,1% en términos reales. Más pesos por compra, pero menos poder adquisitivo detrás de cada transacción.
La agenda que los expositores proyectan hacia adelante

Tras la feria, los encuestados identificaron seis grandes ejes para futuras ediciones. La difusión, el marketing y la captación de público concentraron el 16,9% de las menciones, con énfasis en la necesidad de trabajar con bookfluencers, escuelas, bibliotecas y medios para ampliar la llegada al público objetivo. Los programas y canales profesionales —Conabip, chequelibro, jornadas— sumaron el 14,3%, con la observación de que el segmento institucional creció en volumen y compensó la retracción del consumidor final.

La organización general y la gestión del propio stand compartieron el tercer lugar, con un 13% cada una. Los expositores señalaron que optimizar la distribución de los libros y la selección estratégica del catálogo sirve para mejorar la exhibición.

El gran evento cultural argentino es, también, el momento en que la industria editorial local mide su fuerza. En 2026 hubo mucha gente, visitantes destacados -como el cubano Leonardo Padura y los premios Nobel J.M Coetzee y Mo Yan- y disposición a comprar libros, aun haciendo malabares con el precio. Un espejo de la Argentina.
 

domingo, 19 de julio de 2026

"No vale lo mismo decir 'boludo' que 'pelotudo'. Si le decís 'pelotudo' a un amigo ya te va a mirar de otra manera"

Oscar Conde es poeta, ensayista, filólogo y educador nacido hasce 65 años en la Ciudad de Buenos Aires. Como docente, enseña Literatura y culturas populares en la Universidad Pedagógica Nacional y Lunfardo en la Universidad Nacional de las Artes, y también en el doctorado en Filosofía en la Universidad Nacional de Lanús. La siguiente entrevista, realizada por Maxi Kronenberg, fue publicada por el diario Clarín, de Buenos Aires, el pasado 13 de julio.

¿Por qué decimos “che”, “boludo” o “buenardo”? Oscar Conde revela la historia del lenguaje argentino

“A las palabras se las lleva el viento”, según la creencia popular. Pero, ¿realmente sabemos lo que decimos cuando hablamos “en argentino, en criollo, o en lunfardo”? ¿De dónde nacen las palabras, nuestro lenguaje, nuestro ADN argento, una marca registrada en cualquier parte del mundo? Esas palabras, junto a una innumerable variedad de significados, vocablos y expresiones –algunas ya en desuso– podrán encontrarse en Lenguaje argento (Taurus), el flamante libro de Oscar Conde: docente universitario, ensayista y escritor, miembro de la Academia Argentina de Letras y la Academia Porteña del Lunfardo, entre múltiples facetas.

Su obra recorre la historia del español en la Argentina, desde las hablas del siglo XIX, el impacto que generó la llegada de inmigrantes al país desde 1870 hasta 1930 –principalmente por la llegada de inmigrantes italianos y españoles, también por influencias europeas, americanas, africanas y gauchescas–, en el que analiza los orígenes del lunfardo y también las más recientes creaciones del siglo XXI como “ATR”, “buenardo”, “fantasma” o “fingir demencia”, entre otras palabras surgidas entre los jóvenes.

En diálogo con Clarín, Conde cuenta los pormenores de este libro que dará que hablar –y mucho– en la vida y cotidianidad de los argentinos.

–¿Cómo define Lenguaje argento, su nueva obra?
–Es un libro para un lector culto interesado por conocer las raíces de la variedad de español que hablamos en Argentina. Trato de que sea un libro de divulgación, no es para lingüistas ni especialistas, sino que está destinado para que el lector común le interese la argentinidad y la relación que tiene el lenguaje con la identidad argentina. Intenté presentarlo en tres partes o capítulos para mostrar cómo se hablaba en el siglo XIX antes de la llegada de la inmigración. La primera parte se llama “Las palabras que estaban”. Luego viene “Las palabras que nos trajeron”: qué sucede cuando viene la inmigración y, finalmente, “Las palabras que inventamos”: aquellas que fueron creadas desde que terminó la inmigración hasta estos días.

–¿Qué es el lunfardo?
–Técnicamente, el lunfardo es el argot de la Argentina. ¿Qué quiere decir el argot? Es un vocabulario de registro popular que manejamos todos los argentinos. Su uso no es exclusivo de las personas provenientes de las clases populares, lo usamos y conocemos todos porque, incluso, quien no lo usa, también lo comprende. Es algo que nos compete a todos. También revela un poco, por la manera en que se fue formando el lunfardo a partir de 1870, las capas lingüísticas: los sustratos aborigen y africano que había en ese momento, naturalmente el sustrato español con la lengua de la colonia y luego el lenguaje rural, el gauchesco hasta que, de pronto llega, la inmigración. Su llegada generó el crecimiento brutal de este lenguaje, de este vocabulario.

–¿Cuándo comenzó a ser popular el lunfardo?
–A comienzos del siglo XX ya había una gran variedad de publicaciones, entre ellas, diarios, revistas, folletos que se vendían en los kioscos con poemas, cuentos y relatos que incluían palabras en lunfardo. El diario Crítica hizo del lunfardo una bandera en los primeros cinco años de existencia. Se fundó en 1913, era un diario vespertino y bien popular para el laburante que salía del laburo: compraban el diario, se subían al tranvía y viajaba leyendo durante una hora desde Flores hasta Núñez. La sección de policiales del diario Crítica contenía material del lunfardo. Además, la revista Caras y Caretas tenía columnas de los escritores Fray Mocho, Félix Lima y de otros autores que también usaban el lunfardo. Fue el primer grado trascendental en términos de popularidad. El segundo término se manifestó en las obras de teatro, por el sainete y por el teatro por horas, son obras cortas que por lo general llevaban una matriz o contenido cómico. En esos guiones, el lunfardo estaba a full. También se usaba el cocoliche, que es el habla de transición de los italianos. Luego llegó el tango: con la explosión del tango como canción antes de la época Contursi y Gardel, pero con la explosión de El Zorzal Criollo grabando tangos comenzó una era de 20 años de lunfardo a pleno respecto a las letras del tango. Todo eso confluye para popularizar el lunfardo, ya que la gente lo usaba con vergüenza en los conventillos, dentro de su barra o grupo de amigos o también en ámbitos familiares o cerrados.

–¿Cuándo comenzó el voceo?
–En mi libro están los países donde hablan de “vos”. Hay regiones donde hay fluctuación. En Argentina, prácticamente el cien por ciento de los hablantes hablamos de “vos”. En Uruguay también hay fluctuación: algunos dicen “vos tienes” en lugar de decir “tú tienes”. También dicen “Tú tenés”. Pero, en realidad, el voceo es muy anterior a todo esto: ya existía en el sur de España cuando los españoles llegaron a América. Luego, los conquistadores lo trajeron a América. Se dice que hubo muchos extremeños y andaluces que vinieron al sur de Sudamérica y que habrían traído estas formas del voceo. El voceo en España terminó por desaparecer. Cuando se usaba indicaba algunas diferencias: está el tuteo, el voceo y el ustedeo. Para nosotros, está la creencia de que el voceo es más de confianza y el ustedeo sería lo contrario. En Medellin es al revés: “vos” es de respeto y “usted” se le dice a la mujer o al hijo, es de total confianza. El voceo es muy antiguo, intentaron luchar denodadamente contra esta forma de expresión. El gramático Juan José Moner Sans no era español sino catalán, su lengua era el catalán y no el castellano pero quería imponer a toda costa el español en América. Lo mismo quería hacer Américo Castro: en 1941 escribió el libro “La peculiaridad lingüística rioplatense” y destruyó el modo en que hablan los argentinos diciendo “Qué mal que hablan. Qué horror”. Entonces, Borges le hizo una reseña de dos páginas de su libro y lo destruye. De todos modos, el voceo es algo se venía discutiendo: desde la aristocracia españolizante o hispanófila intentaban erradicarlo al considerarlo una señal de incultura.

–¿Por qué afirma que el lunfardo nos define como argentinos?
–Lo que yo noto es que, a partir del título del libro Lenguaje argento, cuyo título utilizo con total intención la palabra “argento” que es una palabra lunfarda, me parece que en ese modo lúdico, juguetón y pícaro de hablar se condensa mucho de lo que somos y cómo pensamos la vida, de qué manera entendemos que funciona el mundo y sentimos y pensamos qué es la vida. No quiero obligar a nadie, pero cada uno habla como habla. Estuve dando seminarios de maestría en la universidad y el trabajo final consistía en que cada estudiante tenía que entrevistar a 20 personas y preguntarles ciertas cosas. Había que mostrarles una lista de 20 palabras y preguntarles si usaban esa palabra, sabían lo que quiere decir. Algunas palabras las conoce todo el mundo pero otras solamente la sabían los jóvenes o los mayores, según la edad. La gracia del asunto era preguntarles al final: “¿Usted, utiliza el lunfardo”? ¿Conoce palabras lunfardas? “No las uso”, me decían, pero todas las palabras que les pregunté antes son palabras lunfardas. “Ah, no sabía”, respondían.

–Las palabras “che” o “boludo”, juntas o separadas, son términos muy argentino ¿Eso no nos define como argentinos en el mundo?
–A mí no me da alegría que nos reconocieran de esa manera, pero debo admitir que es así. No me alegra que nos reconozcan por la palabra “boludo”. Lo de “che” no es por el Che Guevara, sino porque usábamos antes la palabra “che”, una interjección del sur de España que trajeron los colonizadores. Decían que en mapuche quiere decir “gente” pero es todo mentira, es una interjección para llamar la atención a otro.

–¿Por qué dice en su libro que los argentinos somos todos boludos?
–Es llamativo que todos aceptemos pasivamente. Nuestros mejores amigos nos llaman “boludos”, también nuestras mujeres, maridos, y ese significado lo aguantamos tranquilos. Parece natural pero no podemos olvidarnos lo que quiere decir. En las redes aparecen inventos chinos: decían que la palabra “boludo” tenía que ver con unos soldados que tiraban bolas. Es la idea muy acendrada en Europa, especialmente en Italia. Hay dos ideas relacionadas con los testículos: una es que pueden inflarse y cuando se te inflan ya estás hinchado las pelotas, te enojás. La otra idea es que tipos de testículos grandes, pesados, es una fantasía, nadie lo comprobó nunca, pero el imaginario popular lo asocia a una persona lenta “¿Che, me traés una taza?”. Si, bueno, ahí, voy… y camino lento, despacito. ¿Pero, qué te pasa, te pesan los huevos?” Por eso el término “bolas tristes”, que son bolas caídas, es un insulto. De ahí viene el “boludo” y también el “pelotudo”, que es mucho más fuerte: tiene una potencia, como la hizo notar el gran Fontanarrosa, al punto que no vale lo mismo decir “boludo” que “pelotudo”. Si le decís “pelotudo” a un amigo ya te va a mirar de otra manera.

–¿Por qué hay frases o palabras que se van reinventando o reciclando a través del tiempo mientras otras quedan en desuso?
–Es un misterio, nadie lo sabe. De eso habla el poeta latino Horacio en su libro “Arte poética” cuando se refiera al lenguaje, dice: “las palabras que hoy todos conocemos caerán”. Habla de cómo hay palabras que dejan de usarse y aparecen otras nuevas en su lugar. Pudo percibirlo como poeta, pero normalmente la gente no lo percibe hasta llegar a ser adultos mayores. Por ejemplo, macanudo es una palabra argentina de 1900, pero hoy no se usa de ninguna manera. Mi hija tiene 21 años se me ríe en la cara si me escucha decir “macanudo”.

–¿Cómo nos ven afuera?
–Creo que seduce, tiene algo especial, y no es porque existan argots en todas las lenguas. En las grandes ciudades y capitales del mundo siempre hay argots, es una creación urbana. En Italia hay un argot de Génova, otro de Napoles, también de Sicilia.

–Hay palabras que, con el correr del tiempo, se fueron deformando su significado. Sin embargo, las empleamos diariamente sin saber bien de qué se tratan.
–Ahí está la gracia de la etimología, algo que me fascina. Por eso, termino dedicándome a esto: me fascina saber de dónde vienen las palabras ¿De qué raíz viene? ¿Qué quiere decir esa raíz? Esto comenzó cuando me dedicaba a enseñar griego y latín. Con el tiempo, descubrí que conocer a fondo el significado de las palabras es una manera de enseñar nuestra historia, que nuestra lengua está viva, cambia, se mezcla y se reinventa, y así construir nuestra argentinidad a través del habla.

jueves, 16 de julio de 2026

"El desafío consiste en mantener la esencia del texto original y, al mismo tiempo, lograr que la lectura se sienta natural"

Brenda Ríos
es una excelente escritora mexiana. Además de poesía y ensayo, también realiza traducciones fundamentalmente del portugués. Recientemente fue entrevistada por Milenio-Multimedios. El texto resultante fue luego publicado, el 11 de julio pasado, en Telediario, de Monterrey, México. En la bajada del artículo firmado por Damaris González, se lee: "La traductora literaria revela los desafíos de adaptar matices culturales y emociones de un idioma a otro, y vislumbra el futuro del oficio frente a las nuevas tecnologías."

Brenda Ríos y el arte detrás de la traducción literaria: por qué la Inteligencia Artificial todavía no supera al ojo humano

Detrás de cada libro traducido existe un trabajo que pocas veces llega a los lectores.

El traductor literario no sólo transforma palabras de un idioma a otro: también interpreta el estilo del autor, adapta referencias culturales y busca preservar las emociones que dan vida a una historia.

La traductora literaria Brenda Ríos explicó en entrevista con la plataforma MILENIO-Multimedios que este oficio va mucho más allá de conocer dos idiomas, pues también requiere creatividad y una comprensión profunda de la obra.


"Un traductor literario es una persona que traduce ficción, cuento, novela o poesía. También tiene una parte de creador y eso ayuda a complementar la comprensión del texto literario", explicó la traductora literaria Brenda Ríos durante la entrevista.

La traductora literaria también indicó que cada libro representa un reto distinto, ya que existen expresiones, juegos de palabras y matices que no siempre tienen una equivalencia exacta.

Aseguró, además, que el desafío consiste en mantener la esencia del texto original y, al mismo tiempo, lograr que la lectura se sienta natural para quienes la descubren en otro idioma.

Aunque la inteligencia artificial avanza en este campo, todavía enfrenta dificultades para interpretar contextos, dobles sentidos y la sensibilidad detrás de cada texto.

"(A) la IA todavía me parece que le falta mucho. En el futuro, los traductores vamos a ser revisores de traducción", señaló Ríos.

Gracias a este oficio, obras escritas en distintos idiomas pueden cruzar fronteras y acercar a los lectores a otras culturas, demostrando que traducir también es una forma de conectar historias y personas, así como destinos y conciencias de todo el mundo.





miércoles, 15 de julio de 2026

"La confusión: en equiparar 'interés' con 'ideología'”

Profesor del Departamento de Filologías Hispánica y Clásica de la Universidad de La Rioja, España, Alberto Escalante Varona publicó en The Conversation un artículo sobre la identidad que define a los lectores. El mismo fue levantado por InfoBAE, el pasado 7 de julio. En su bajada se lee: "Las redes sociales y los consumos informativos estrechan la diversidad y fomentan la autoafirmación, mientras crece la tentación de equiparar los libros elegidos con una postura política2.

La identidad lectora, entre la curiosidad intelectual y la presión de pertenecer

En cuanto a gustos lectores, no hay nada establecido. Si leemos, es probable que hablemos de lo que leemos (y de lo que no leemos). Ello parece transmitir qué nos interesa y, muchas veces, asumimos que representa quiénes somos.

Además, en determinados contextos, la presión social nos obliga a opinar. Entrar en las conversaciones culturales públicas sobre literatura requiere tomar partido. Ponemos sobre la mesa nuestra ideología, creencias y pensamiento. Y, lamentablemente, este puede ser un terreno fértil para que florezcan los prejuicios.

Por ejemplo, estoy leyendo un libro sobre la guerra civil española. Mucha gente puede pensar que al hacerlo es porque coincido con la forma que tiene el autor de entender este conflicto, que comparto su ideología. Pero… ¿y si lo hago porque quiero conocer otro punto de vista? ¿Para poder corregirlo, refutarlo o, incluso, incorporarlo al mío?

Dos identidades
Entonces, ¿“somos lo que leemos”? Lo complejo es definir la idea misma de “quiénes somos”. Y ahí reside la confusión: en equiparar “interés” con “ideología”, y en entender que “identidad” es sinónimo de lo que pensamos, no tanto de lo que podríamos llegar a pensar.

Definir qué es la identidad es complejo. A grandes rasgos, es un concepto que se refiere a la perspectiva que tenemos de nosotros mismos como personas. Es decir: nuestros valores, gustos, sentimientos, actitudes individuales y sociales.

La identidad lectora deriva de esto. Puede definirse como la forma en la que nos vemos como lectores: qué ideas y sentimientos nos produce leer, y qué valores y usos le asignamos. Y se basa necesariamente en nuestras prácticas. ¿Qué nos gusta leer y qué no? ¿En nuestros círculos sociales se aceptan esos libros? ¿Qué parte de esa identidad es privada y cuál proyectamos hacia los demás?

Tenemos que tener en cuenta que leer es una acción consciente: para hacerlo, debemos tener predisposición a coger un libro y dedicarle parte de nuestras horas. En un sentido práctico, leemos aquello en lo que nos interesa emplear nuestro limitado tiempo libre.

Sin embargo, la lectura no es solo eso. Implica una curiosidad que determina qué queremos aprender, aunque el tema o el enfoque no encaje con nuestras ideas previas. En ese caso podemos hablar de que tenemos predisposición para coger ese libro, no solo en sentido práctico sino también intelectual.

Igualmente, qué leemos está cada vez más limitado por nuestro entorno mediático. Creemos que lo que encontraremos en él mostrará qué piensan otros, cómo reaccionan, cómo actúan. Pero las redes sociales funcionan antes como “cámara de eco” masiva y descontrolada que como vía de acceso a un conocimiento variado y múltiple. Esto nos encierra en un bucle continuo de autoafirmación. También los medios de comunicación que consumimos consolidan nuestras ideas, sin darnos opción a que recibamos otros puntos de vista. La “cámara de eco” sustituye a la “burbuja de conocimiento”: no ignoramos involuntariamente otras voces, sino que las excluimos activamente.

Por eso, conviene reflexionar sobre si nuestro entorno refleja identidades auténticas o “fachadas”. ¿Es más importante establecer “qué leemos” o “para qué leemos”?

El autor no es nadie sin el receptor
A partir de los años 60 del siglo XX, autores como Roland Barthes y Michel Foucault defendieron la “muerte del autor”. Según ellos, una obra literaria tiene el sentido que los lectores le asignamos, más que el original que le dio su escritor. El escritor Umberto Eco, de hecho, aseguraba que toda obra tiene un “lector modelo”. El autor escribe condicionado por quién va a leer su texto y podrá entenderlo: la literatura se sostiene principalmente sobre interpretaciones externas.

Actualmente, este punto de vista se ha “suavizado” bastante. Es cierto que el valor de una obra literaria depende mucho de cómo se recibe. Pero también que un autor puede escribir con una intención personal, no solo limitado por el contexto y las expectativas. No está tan “muerto” como parecía.

La estética de la recepción parte de estas ideas para ampliarlas. Como lectores, relacionamos los textos que leemos con otros que ya conocemos. Así, nuestra identidad lectora establece un “horizonte” de expectativas. El contenido del texto conectará con ellas y condicionará cómo lo vamos a entender y analizar. No somos agentes “pasivos”, que solo recibimos lo que un autor nos dice. Al contrario, somos miembros “activos” de la conversación literaria.

¿Y qué tiene que ver esto con la identidad? Mucho, en realidad. Porque las expectativas previas nos empujan a querer leer lo que nos interesa. Pero ¿nos interesa solo lo que coincide con nuestro punto de vista, o nuestro “horizonte” es más amplio?

Aquí se juntan dos perspectivas. La primera, que cuantos más puntos de vista adquiramos, más complejas serán las conexiones que podamos establecer entre ellos. Y la segunda, que esto forma parte de nuestra identidad lectora, basada no tanto en qué queremos leer como en que queremos leer. Confundir esas definiciones limita enormemente la riqueza de esta forma de acceder al conocimiento.

La única conformidad de la que partimos es la de leer como acto, no la que podamos tener, o no, con el contenido de lo que leemos.

Cómo entrenar nuestra identidad lectora
Las cámaras de eco preocupan en diferentes ámbitos: la política, la prensa, el entorno familiar. Pero también, y especialmente, en educación. Por ello se busca fomentar la capacidad de los alumnos de decidir autónomamente qué leer, guiándoles para que compartan sus experiencias lectoras.

El objetivo es que ya desde niños desarrollemos la identidad lectora: leer por ocio se debe mezclar con el análisis de otros textos para que, tras trabajar con lo que nos interese, podamos ir ampliando nuestros intereses hacia nuevos libros.

Y esto también se aplica al público adulto. Varios estudios sostienen que las actitudes y valores se estabilizan en torno a los 18-25 años. Pero eso no significa que la inquietud cultural se estanque. Al contrario, puede mantenerse en el tiempo si seguimos abiertos a conocer otras opiniones, aunque no las incorporemos.

Compartir ideas y contrastarlas enriquece el aprendizaje, infantil o adulto. Poco podremos avanzar si nuestra propia postura no es crítica, si nos enrocamos en una única visión sobre los temas de los que conversamos, si culturalmente adoptamos bandos, no posiciones fundamentadas. En definitiva, si nuestra identidad lectora solo coincide con una concepción limitada de nuestra identidad personal.

Por eso es bueno educar con predisposición a conocer lo nuevo, a mantener la curiosidad intelectual que debe sostener el hábito práctico de leer.