jueves, 12 de febrero de 2026

Reflexiones al cabo de una polémica

Profesor del Departamento de Filología y Traducción de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, Adrián Granados Navarro publicó, el pasado 15 de enero, en The Conversation el siguiente artículo sobre las funciones que les caben a las academias de la lengua española en el mundo.

Academias de la lengua española: ¿descriptoras o prescriptoras del lenguaje?

¿Cuál es la función de una academia de la lengua? ¿Debe limitarse a registrar el uso que los hablantes hacen del idioma, o está ahí para distinguir lo correcto de lo incorrecto y establecer unas normas? Lo primero, el “descriptivismo”, y lo segundo, el “prescriptivismo”, son dos corrientes lingüísticas históricamente opuestas, que hoy vuelven a ponerse de manifiesto en el reciente artículo del académico y escritor español Arturo Pérez Reverte y las reacciones que ha suscitado.

Reverte denuncia en su artículo que la Real Academia Española (RAE) está abandonando su papel normativo, doblegándose a usos mayoritarios en prensa y redes sociales y perdiendo de vista la “autoridad superior de los grandes escritores”. Las respuestas apuntan al papel de la academia como “descriptora”, aunque fuentes internas de la RAE afirman que se analizarán las críticas de Pérez Reverte y se abordarán debates y propuestas.

Prescriptivismo: cómo debe usarse la lengua
Durante siglos, la lengua que interesaba en los entornos académicos y las universidades no era la cotidiana, sino la lengua escrita de prestigio, especialmente textos literarios canónicos u obras de grandes autores. El objetivo principal no era entender cómo hablaba la gente, sino cómo debía escribirse y hablarse correctamente, tomando como modelo a esos escritores. Esta tradición es la raíz del prescriptivismo.

El prescriptivismo lingüístico sostiene que existen formas correctas e incorrectas de usar la lengua, y que una de las tareas del lingüista es establecer normas, basadas en la lengua escrita, los autores prestigiosos, o el uso por parte de las élites culturales y educativas. En este enfoque, el cambio lingüístico suele verse como corrupción, y la variación, como error.

Durante la mayor parte de la historia de la RAE, desde su creación en 1713, esta ha sido su misión, tal y como atestigua su lema: “Limpia, fija y da esplendor”, que data de 1715. Y esta es la función que, según Pérez Reverte, está abandonando lamentablemente la RAE, en una visión que dice compartir con otros académicos literatos.

El giro descriptivista: la lengua como objeto científico
A finales del siglo XIX y sobre todo en el XX, la lingüística empieza a definirse como ciencia empírica. Aquí surge el descriptivismo, que propone que la lingüística no debe decir cómo se debe hablar, sino describir cómo hablan realmente los hablantes. Para esta corriente, todas las variedades (dialectales, coloquiales, no estándar) son sistemas completos, no versiones “defectuosas”. Este cambio implica un desplazamiento del interés académico: de los textos literarios a los hablantes reales y sus usos lingüísticos.

El descriptivismo lingüístico en la RAE no aparece de golpe, sino como un proceso gradual que se consolida a lo largo del siglo XX, especialmente cuando la Academia deja de concebir el español exclusivamente desde España y empieza a asumirlo como una lengua pluricéntrica.

El verdadero punto de inflexión llega con la incorporación activa de las academias fuera de España y la creación de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) en 1951. Actualmente cuenta con 23 corporaciones, en América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial, e incluye países en los que el español nunca ha sido lengua oficial pero en los que hay una gran cantidad de hablantes. Por ejemplo, la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE), que atiende a más de 60 millones de hispanohablantes en Estados Unidos.

El descriptivismo se consolida claramente en obras panhispánicas elaboradas conjuntamente por todas las academias, como la Nueva gramática de la lengua española (2009), el Diccionario panhispánico de dudas (2005), o el Diccionario de americanismos(2010). En estas obras, se describen usos reales antes de valorarlos, se reconoce la variación geográfica y social, y la norma se presenta como resultado del uso, no como imposición externa.

El conflicto de fondo
El debate no es solo técnico, sino ideológico y académico. El prescriptivismo está ligado a autoridad cultural, tradición literaria, estandarización y educación formal. El descriptivismo está ligado a método científico, observación empírica e igualdad entre variedades lingüísticas.

Lo que es innegable es que el lenguaje y los hablantes evolucionan. “Ca si no fuessen, errarían en las cosas que ouiessen de fazer” (“Porque, de no ser así, se equivocarían en lo que deben hacer”, dicho en castellano alfonsí, del siglo XIII) y los textos actuales se leerían con este estilo.

Es cierto que los nuevos usos pueden chirriar a oídos de numerosos hablantes (incluso de los que se consideran descriptivistas), pero muchos de dichos usos son pasajeros y, si perduran, es porque habrán pasado el filtro democrático del uso mayoritario sostenido.

Evolución y tensión histórica
Este conflicto no es exclusivo del español, sino que se da en todas las lenguas. El escritor británico Stephen Fry, en su contribución a la obra What makes us human? (“¿Qué nos hace humanos?), dedica estas líneas a los prescriptivistas del inglés, entre los que él mismo se incluía en el pasado (traducción propia):

"¿Pero sienten burbujas en el estómago y salivan de disfrute por el lenguaje? ¿Dejan que el deslizar de la punta de la lengua sobre el paladar los sumerja en un éxtasis eufórico y embriagador? ¿Emparejan palabras imposibles por puro sexo fonético? ¿Usan la lengua para seducir, encandilar, excitar, satisfacer, reafirmar y estimular a sus interlocutores? ¿Hacen algo de esto? Lo dudo. Están demasiado ocupados mirando con desdén al dependiente de la tienda por su errata en un cartel”.

En conclusión, el debate suscitado por las palabras de Pérez Reverte no es, en realidad, una disputa coyuntural ni un simple desacuerdo personal, sino la manifestación visible de una tensión histórica que atraviesa toda la reflexión sobre el lenguaje.

La RAE se encuentra hoy en un punto de equilibrio complejo entre dos misiones legítimas pero potencialmente contradictorias: orientar normativamente a los hablantes y describir con rigor científico una lengua viva, diversa y en permanente cambio.

Quizás un término medio sería la creación de una sección con palabras o usos en cuarentena, hasta que el paso del tiempo dicte sentencia. En cualquier caso, es en esa tensión permanente –incómoda, imperfecta, pero necesaria– donde reside la función real de una academia de la lengua hoy.

miércoles, 11 de febrero de 2026

"No es la primera vez que Amazon instala una nueva función sin previo aviso a los titulares de derechos de autor"

Con firma de Daniel Gigena, La Nación, de Buenos Aires, publicó el siguiente artículo el pasado 15 de enero. En él se resumen las principales críticas que ha generado en los Estados Unidos un nuevo dispositivo de Inteligencia artificial empleado por kindle, que avanza sobre los derechos de los escritores.

Críticas de escritores y editores por la app “Ask This Book” creada por Amazon para Kindle

Por el lanzamiento en diciembre pasado de la aplicación “Ask This Book” [Pregunta a este libro], herramienta de inteligencia artificial (IA) para los usuarios de Kindle, Amazon enfrenta críticas de escritores y editores en Estados Unidos, donde por ahora está disponible la app que permite interactuar con un chatbot y solicitar resúmenes e interpretaciones sobre pasajes de libros.

Las críticas de los escritores, editores y agentes literarios se centran en dos cuestiones: la app no es optativa para los titulares de derechos y, además, utiliza IA generativa.

“Pregunta a este libro” permite resaltar cualquier pasaje de texto mientras se lee un libro y ofrece respuestas sobre temas como la motivación de los personajes, la importancia de una escena o el contexto histórico en que sucede la historia. La app estaría disponible para todos los dispositivos y el sistema operativo Android en 2026.

Amazon describe la función como “tu asistente experto en lectura, que responde al instante preguntas sobre detalles de la trama, relaciones entre personajes y elementos temáticos sin interrumpir tu ritmo de lectura”. Al resaltar una frase o una oración, se escribe una pregunta en un cuadro de búsqueda y la IA genera una respuesta directamente en la página.

Para los escritores, se trata de un chatbot que utiliza IA generativa. Hasta ahora, Amazon no informó detalles técnicos del servicio ni las protecciones utilizadas para prevenir “alucinaciones” (las típicas respuestas erróneas y “divagues” de la IA) o para proteger el texto del entrenamiento no consensuado con los titulares de derechos.

La empresa informó que para garantizar una experiencia de lectura consistente, la función siempre está activa y no hay ninguna opción para que los autores o editores excluyan títulos. Esto provocó el reclamo de escritores, agentes literarios y ejecutivos de editoriales estadounidenses, que directamente ignoraban la existencia de la app. Por estas reacciones, “Ask This Book” deberá someterse a una revisión legal y técnica “para comprender el proceso y las protecciones que Amazon está implementando, así como los derechos con los que cuentan para hacerlo”, según declaró un editor consultado por Publishers Weekly.

No es la primera vez que Amazon instala una nueva función sin previo aviso a los titulares de derechos de autor. En 2009, la compañía lanzó una función de texto a voz que leía libros digitales en voz alta, violando los derechos de audio. En esa ocasión, el portavoz de Amazon, Drew Herdener, sostuvo que no eran audiolibros sino “simplemente un software que se ejecuta en dispositivos y lee el contenido”. No obstante, Amazon debió disponer que la función fuera opcional, por lo cual tuvo que modificar el sistema para que los titulares puedan decidir, título por título, si desean activar o desactivar la función de texto a voz.

Escritores y agentes estiman que el uso de una IA generativa que analiza una obra protegida por derechos de autor es la materialización de una obra derivada y reafirman que todo aquello relacionado con la IA generativa es un derecho independiente reservado exclusivamente al autor.

El Gremio de Autores de Estados Unidos remarcó que la app “convierte los libros en productos interactivos y con capacidad de búsqueda similares a los libros electrónicos mejorados o las ediciones anotadas: un nuevo formato para el cual los derechos deberían negociarse específicamente”.

Por su parte, Amazon señaló que la función solo utiliza el contenido del libro como estímulo y que “no se retiene ni se utiliza para entrenar el modelo de IA subyacente”; según la empresa, no sería necesario el pago de una licencia. “Los lectores llevan años haciendo estas preguntas a través de búsquedas en internet y esta función es más nativa, sin spoilers y ayuda a los clientes a seguir leyendo en lugar de salir del libro, como ocurre actualmente con todas las demás formas de responder preguntas sobre el libro que se está leyendo”, argumentaron.

“Hemos compartido nuestras inquietudes con Amazon y agradecemos su disposición a compartir información y escucharnos, así como las mejoras que ha realizado desde su lanzamiento -comunicó el Gremio de Autores-. Sin embargo, consideramos que funciones como ‘Pregunta a este libro’ y otras mejoras de IA en libros deben estar licenciados y ser compensados. Se trata de usos completamente nuevos que quedan fuera de los derechos otorgados por la mayoría de los contratos editoriales, acuerdos minoristas y términos de servicio de la plataforma”. Los autores instaron a Amazon a adoptar un modelo de pago con permisos.

“Básicamente, la app usa IA generativa –explicó a La Nación el director de Proyecto451, Daniel Benchimol-. La herramienta es muy útil, porque se entra al libro y se puede conversar con una IA que te resume parte del contenido o explicar algún concepto que no se entiende. Pero para que la IA haga eso antes se tiene que haber leído el libro. Por eso existe, desde hace más de un año, la indicación de algunos autores de prohibir que sus libros sean usados para entrenamiento. Amazon estaría dando un servicio para el que no está autorizado. El problema es que haya usos derivados de la obra. La función está bien, pero es lógico que aparezcan reclamos”.

La empresa empezó a hacer algunos cambios. Antes, la app analizaba el texto completo y respondía preguntas sobre la totalidad de la obra. Tras las quejas de que el chatbot “espoileaba” detalles de la trama o el contenido, la aplicación se limita solo al texto seleccionado. De este modo, ahora “Pregunta a este libro” a menudo responde que “no contiene la información buscada”, eufemismo para el tan conocido como humano “no sé”.

martes, 10 de febrero de 2026

"¿Ha oído usted hablar de Abdelfattah Kilito?"

El pasado 10 de enero, en La Jornada Semanal, de México, el poeta, ensayista y editor José María Espinasa publicó este comentario a propósito de Abdelfattah Kilito, escritor de origen árabe que escribió La lengua de Adán, un libro que trata sobre cómo se lee y cómo se escogen hoy las lecturas.


El mejor método para escoger una lectura

Se suele decir que lo mejor es el encuentro fortuito, al capricho del azar, pero sabemos que no es del todo cierto. Los caminos cambian según la época. En un tiempo lo fueron las reseñas en revistas y suplementos, en otro las mesas de novedades y ahora, según me comentan mis alumnos nativos digitales, las recomendaciones de amigos en las redes, equivalente del ancestral y siempre efectivo boca a boca. ¿Ha oído usted hablar de Abdelfattah Kilito? Supongo que no. Yo tampoco hasta hace algunas semanas que Francisco Segovia me preguntó si lo había leído. A la sonrisa que disimulaba mi ignorancia, él agrego sonriendo, “como kilo, pero chiquito” y me prestó La lengua de Adán.

Para mi una revelación y una sorpresa: toca temas muy abstrusos con enorme gracia y sencillez sin perder profundidad, aunque a veces parezcan bizantinos: el mito, la lengua, la traducción. Son tópicos muy presentes en otros autores con un alto grado de abstracción, presentados aquí con la sencillez de un relato. Por ejemplo, ¿qué lengua hablaba Adán en el paraíso? No es novedoso escribir ensayos como cuentos ni a la inversa, pero lo hace con tanta gracia que rápidamente quise leer otros libros del autor y en la red vi que Turner le publicó La curiosidad prohibida (Leyendo Las mil y una noches).

Como se ve, su nombre y sus temas no ocultan su origen árabe: nació en Rabat, Marruecos, en 1945, y es una de las figuras de la actual literatura de esa zona cultural. En Francia es bastante conocido, lo es menos en inglés y muy poco en español. No me voy a ocupar sino tangencialmente de él y lo tomo de pretexto para un asunto que aparece y reaparece en mis colaboraciones en este suplemento: ¿Cómo se lee? ¿Cómo se escogen hoy las lecturas? No, desde luego, en función de la publicidad apoyada en algoritmos. Y eso es, también, de manera más profunda tema para Kilito. En esta época en que la revistas en papel son pocas y ya no cumplen la función que tuvieron hace cincuenta años, y las mesas de novedades en las librerías están marcadas por la moda y los intereses económicos, autores como éste tienen algo de secreto. Pero el boca a boca, el bit a bit, sigue funcionado. Eso fue lo que hizo Segovia recomendándome leer a Kilito. No creo que hubiera llegado a él por otros caminos.

Leo a pocos escritores árabes, recientemente lo he hecho con Adonis, sé que es una limitación. Aunque el poeta libanés se ha puesto en cierta manera de moda, su lectura sigue siendo, como dice Rosa Chacel de toda lectura, un secreto, no un secreto a voces, pero sí uno que queremos compartir, o más aún provocar, como un contagio, crear una cadena de trasmisión del secreto, un rio subterráneo, una paradoja, una moda secreta. Los lectores digitales podrán buscar los libros de Kilito en la red, yo sigo prefiriendo el papel y fui a buscar La curiosidad prohibida. No estaba en ninguna de las librerías que visité ‒Gandhi, Sótano, Péndulo‒ pero en esta última había otro, El caballo de Nietzsche (Losada). Desde luego no en la mesa de novedades y más bien al fondo del almacén porque tardaron en traerlo, delgado volumen que no llega a las 150 páginas y que cuesta casi 500 pesos. Lo dudé, pero acabé comprándolo. Esta vez el título sí habría despertado interés por si mismo sin saber más cosas sobre el autor, pero de ser estricto tiene poco que ver con su contenido, el autor de La gaya ciencia apenas aparece en un par de páginas. Se trata de un curioso ejercicio de memoria ficcionalizada y de ficción memoriosa. Cuenta los orígenes de su/una vocación de escritura a partir de la importancia de la copia de textos como aprendizaje, equivalente físico de memorizar. Pero si el libro no menciona casi a Nietzsche no me sentí decepcionado. Lo personal aquí sirve para crear una extraña incertidumbre en lo que ocurre, lo que se relata tiene una condición ‒o diríamos, con la física‒, un principio de incertidumbre en el cual quiero ver un antídoto contra las religiones teocráticas, proclives al dogmatismo.

Con esto quiero señalar que Kilito es un escritor de su tiempo, ese marcado por el regreso del fascismo en Estados Unidos, Argentina y, desde luego y en primer lugar Israel, que ha sumido a Palestina en un infierno. Pero es de su tiempo porque sutilmente se sitúa contra él. A la vez su ritmo de lectura no tiene para nada la aceleración característica de nuestra época, sino una actitud de serenidad casi ascética. Eso vuelve su literatura algo familiar, como si conversara con el lector y esperara a escuchar sus respuestas. Así, preguntarnos qué lengua hablaba Adán en el paraíso es asomarnos a un abismo. Supongo que Trump diría que hablaba inglés, porque no puede concebir nada sino desde sí mismo y su autosatisfacción. ¿Cuál es el matiz que aporta el escritor a Occidente? Bueno, yo pienso que el preguntarse sobre la lengua concreta de ese paraíso y no preguntarse de manera más abstracta ‒más occidental‒ si en el paraíso Adán hablaba. Si ciertas reflexiones transforman la maldición de Babel en una bendición, es tal vez porque en el paraíso no se necesitaba el habla, el silencio lo decía todo y la hacía innecesaria. ¿Cómo escoges, lector, lo que lees? Ojalá le hicieras caso, como yo, al consejo de Francisco Segovia y busques textos de Kilito. No te será fácil encontrarlos, pero eso lo vuelve más emocionante l

lunes, 9 de febrero de 2026

"La mayor parte de estas traducciones no están firmadas y las que sí lo están tienen seudónimo o iniciales"

El pasado 8 de enero, Laura Lucía Romero Mireles escribió un artículo en Gaceta UNAM, de México, sobre la invisibilización de las mujeres traductoras. Se basó en la investigación de 
Lucia Campanella Casas (foto), investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya  Se reproduce a continuación.

Se revela invisibilización de la mujer en trabajos para traducir y editar

La invisibilización de las mujeres en la historia se solapa con la de las prácticas de traducción y edición que, como labores intelectuales de mediación, han sido reveladas muchas veces como espacios supuestamente neutros de conexión entre lugares, señaló Lucia Campanella Casas, investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya, España.

Un traductor lleva un texto de una lengua a la otra pero no es un autor, mientras que un editor pone en contacto a los autores con los lectores. Y aunque esos espacios de “puente” muchas veces han estado ocupados por mujeres, es difícil encontrarlas.

La utilización de herramientas de las humanidades digitales nos ha permitido comenzar a reparar un poco algunas de esas invisibilizaciones, dijo Campanella Casas en la Sala Interactiva de la Hemeroteca Nacional de México.

Al ofrecer la charla “Las mujeres mediadoras: editoras y traductoras. Una mirada desde las humanidades digitales y la historia de la traducción”, añadió que esa invisibilización también se produce cuando se habla de ellas desde un espacio de ignorancia.

La experta mencionó que se especializa en el mundo intelectual y cultural de un movimiento político radical como el anarquismo. “Me identifico con estas dos realidades: la del territorio del trabajo y la de la protesta, en un mundo que se está volviendo muy peligroso”.

Los datos, una vez analizados y puestos en relación, permiten educar sobre el papel de las mujeres en prácticas culturales esenciales, como son la traducción y la edición, consideró.

La especialista presentó casos “en donde he podido trabajar con humanidades digitales, con traducción y con edición”. Uno de ellos lleva por título 150 años de traducción literaria en imprentas editoriales de Uruguay, en colaboración con académicas de la Universidad de la República, de aquella nación sudamericana.

En el proyecto se propuso el uso de las humanidades digitales en la medida posible, ya que “apropiarnos de ciertas herramientas nos ha costado y estamos todavía en un proceso de aprendizaje” para hacer un relevamiento bibliométrico de las obras literarias traducidas y publicadas en aquel país en un periodo largo: 1871-2021.

“Partimos de la base de la historia digital de la traducción”, y para hacer esa tarea se contó con un grupo interdisciplinario que incluyó un analista programador y un desarrollador web. “Trabajamos con los datos catalográficos, algunos de 150 años de existencia, para poner ‘el foco’ en quién tradujo”.

Campanella precisó que el proyecto, desde el principio, estuvo pensado a partir de las humanidades públicas: “Nos interesaba cuál iba a ser el contacto con el usuario o persona interesada, que no necesariamente fuera a trabajar con una base de datos, por más simple que fuera. Por eso se creó una aplicación web que tiene una serie de informaciones acerca de los hallazgos de la investigación y un buscador”. Se incluyeron mil 424 registros de traducciones de 29 lenguas y 629 autoras y autores.

Entre los hallazgos se encontró que la primera traducción literaria realizada por una mujer en el catálogo es, en realidad, una traducción colectiva. En este tema “aún hay mucho trabajo por hacer, pero hemos avanzado bastante”.

Otro proyecto presentado fue el del análisis a gran escala de las traducciones literarias publicadas en la prensa anarquista de ciudades portuarias entre 1890 y 1910. “Una de las características de ese movimiento a nivel mundial fue que tempranamente incluyó a las mujeres”.

Al final “logré una transcripción automática más o menos viable de un corpus muy grande, en un estado de conservación diverso (páginas manchadas, rotas, etcétera); y con ayuda de científicos de datos, apliqué un sistema de reconocimiento de entidades”.

También “intenté replicar automáticamente un proceso que hacía manualmente: leo un periódico buscando traducciones literarias, pero muy difícilmente aparecen. De ese modo trato de encontrar nombres propios para luego filtrarlos y encontrar autores literarios”.

En 94 traducciones recuperadas de tres periódicos, sólo hubo una mujer autora, y de traductores, “la nada, porque la mayor parte de estas traducciones no están firmadas y las que sí lo están tienen seudónimo o iniciales y, de ellos, los que pude investigar son todos hombres”. Donde sí hay mujeres es en el ámbito de la edición, finalizó.

viernes, 6 de febrero de 2026

Nueva traducción mexicana de Shelley

El pasado 3 de enero, en una nota sin firma, el diario El Universal, de México, dio cuenta de la nueva traducción de un famoso poemas del poeta romántico inglés Percy Bysshe Shelley, a cargo del poeta y traductor mexicano Victor Manuel Mendiola.

Shelley, vigente con nueva traducción de su "Adonáis"

Al igual que el soneto "Ozymandias", la elegía "Adonáis", ambos del poeta inglés Percy Bysshe Shelley (1792-1822), forman parte de los referentes del Romanticismo del siglo XIX, movimiento que atravesó las diferentes expresiones artísticas, entre ellas la literatura.

Por todas las diferencias que marcan las lenguas inglesa y española, es que el editor y traductor Víctor Manuel Mendiola (CDMX, 1954) decidió realizar una nueva traducción de Adonáis, un texto complejo con el que actualiza la vigencia de Shelley en la literatura universal, y que fue publicado recientemente por Bonilla Artigas.

Mendiola apunta que cada traducción que se hace a una obra literaria es una invención, que conlleva un trabajo de interpretación propio. "La traslación es una invención, conservando la referencia literal, pero dicha referencia va a implicar una serie de transformaciones, sobre todo del inglés al español, de carácter sintético, porque lo que en inglés se dice a veces en ocho palabras, tú lo tienes que decir en cinco, necesariamente, eso implica reinventar", señala.

Mendiola asegura que al realizar la traducción de Adonáis no encontró frases que le provocaran nudos o confusiones, sino que reinterpretó más acerca de esta elegía, dedicada a la muerte del poeta John Keats, uno de los principales poetas del Romanticismo.

"'I weep for Adonáis' es el lamento constante en este gran poema, un lamento que está en la primera parte del texto", explica el editor, quien también subraya que el poema fue una crítica a un crítico literario que atacó a Keats en vida, hecho que marcó negativamente la existencia del poeta.

Luego del lamento, detalla Mendiola, el poema lleva al lector a una celebración por la muerte de Keats, en el sentido en que se encuentra con otros grandes personajes de las letras, como Lucrecio, Philip Sidney y Thomas Chatterton.

"Celebra su reunión con estos arquetipos, dice que en realidad no ha muerto, porque vive, vive en el mundo de los arquetipos, de los inmortales, lo hace con una lírica muy peculiar", apunta.

Reinterpretar "Adonáis" llevó a Mendiola a comprender que Shelley se aproximó a la poesía moderna del siglo XX, por eso, señala, es un texto vigente y fundamental. "Comprendí porqué el Adonáis es un poema leído en nuestro tiempo, porque presenta un desdoblamiento, y es que la poesía de hoy no presenta eso, prefiere el realismo crudo, unidimensional, yo creo que eso es un problema, hoy se presenta un realismo sumamente degradado, sin fantasía, sin más allá", explica.

jueves, 5 de febrero de 2026

"El oficio de traductor literario está entre los más desagradecidos del desagradecido oficio de crear"

 "El día 31 de diciembre, a primera hora de la mañana, falleció uno de los mejores traductores literarios de nuestro país, Antonio Rivas Gonzálvez." Tal es la bajada de la nota firmada, el pasado 3 de enero, por Jesús Gómez Gutiérrez, en eldiario.es, de España.

El traductor

No es de extrañar que, al salir del hospital, me viniera a la cabeza El talón de hierro, de Jack London. Cada cual afronta su duelo como puede, y supongo que algo optó en mí por atajarlo un rato, concentrarse en el distópico contexto y derivar el dolor y la rabia hacia un espacio donde la razón no se sintiera impotente: el de las salas abarrotadas, la falta de medios, los guardias de seguridad por todas partes, la manifiesta pobreza de la mayoría. Habrá quien lo considere imposible, pero eso se puede cambiar; no es, a diferencia del motivo que me había llevado allí, irrevocable. Hasta la ciudad lo afirmaba tras el paisaje de la hora, que sumaba el páramo de la madrugada que era, última del año, 31 de diciembre, al páramo de cualquier madrugada en los barrios de trabajadores cuando el alba ya se barrunta.

Arriba, en la esquina de una estancia larga y estrecha, un padre y una madre velaban a su hijo, el esposo de la mujer que los acompañaba y sostenía el mundo entero con sus menguadas fuerzas mientras el hombre al que amaba se acercaba a su último minuto, por culpa de un ictus. “No me lo puedo creer”, dijo ella, Marisa, en determinado momento; nadie podía, puede. Había sido repentino, sin proceso anterior, imprevisible; había sido –es todavía, y lo seguirá siendo– un suceso de los que cuesta asumir no sólo por su importancia, sino también por su arbitrariedad y su rapidez, en mitad de una frase, interrumpiendo para siempre la narración. De hecho, no tiro de metáfora al plantearlo en esos términos, porque el hombre al que velábamos, Antonio Rivas Gonzálvez, Gorinkai, había hecho de la literatura su forma de vida, y todos los que compartimos esa forma de vida estamos permanente y literalmente en algún tipo de narración; en su caso, como uno de los mejores traductores literarios que ha habido nunca en nuestro país.

Conociendo a Antonio, me consta que le habría parecido divertido que me acordara de London en semejante situación. ¿El talón de hierro? ¿Y por qué no Huxley en Un mundo feliz, o J. G. Ballard, Dick, el Vonnegut de Matadero cinco? Ni yo mismo lo sé. Pero de ninguna manera se podría afirmar que fue un detalle extemporáneo; la literatura es la literatura y, si además se comparten –como compartíamos nosotros– preocupaciones sociales, el resto se adivina sin necesidad de explicaciones. La emoción busca lo que necesita, y es obvio que mi rabia no iba a buscar, por ejemplo, La noche a través del espejo, de nuestro querido Fredric Brown, llena de lo que mi amigo describió una vez como “un universo de Lewis Carroll salpicado de asesinatos, robos de bancos y casas encantadas”; ni eso ni ninguna de las obras donde tuvimos ocasión de trabajar juntos, desde La verdadera guerra de los mundos (João Barreiros) y Espadas en la niebla (Fritz Leiber) hasta Solo (Stanford Whitmore), cuya corrección corrió a su cargo. Habría sido demasiado personal, demasiado doloroso, justo lo que mi enfado político intentaba impedir.

El oficio de traductor literario está entre los más desagradecidos del desagradecido oficio de crear. En España, se paga tan mal que muy pocas personas pueden vivir de ello y, para empeorar las cosas, se considera una ocupación menor, indigna de reconocimiento alguno. Tiene gracia que uno de los aspectos más complejos de la palabra escrita y, en consecuencia, del pensamiento, reciba ese trato; dice mucho sobre esta esquina de Europa. Sin embargo, y como he adelantado antes, el hombre que falleció alrededor de las nueve de la mañana del miércoles pasado en un hospital del sur de Madrid, cerca del barrio donde se crió (Villaverde Alto), vivía de y para la traducción literaria contra viento y marea, como se suele decir. No estaba en ella para el imposible de que las instituciones nacionales reconocieran su amplia trayectoria; amaba la literatura y, como era un magnífico profesional y una gran persona, su muerte ha dejado conmocionado al sector donde más se prodigaba, el de la ciencia ficción y la fantasía, el más comprometido –al menos, por el lado de los lectores y lectoras– de todo el sector de la edición.

Quien no tuviera el honor de conocerlo y quiera saber quién fue, quién sigue siendo en el corazón de los que jamás le olvidaremos, lo tiene tan fácil como leer los mensajes de escritores, traductores y editores en los rincones donde la verdad cuenta y lo importante importa, es decir, lejos de los grandes medios, cuyo negocio es otro. Quien no conozca su trabajo, descubrirá que el problema no es encontrarlo, sino elegir: Héroe en las sombras (David Gemmell); Metropol (Walter Jon Williams); Bill, héroe galáctico (Harry Harrison), en colaboración con Natalia Cervera de la Torre; El jinete de la onda del shock (John Brunner); La caida (George R.R. Martin); La jungla de cemento (Charles Stross); El fénix en la espada (Robert E. Howard), etcétera, etcétera, hasta llegar a los últimos tiempos, que eran los de la Saga de los huesos verdes, de Fonda Lee, con quien estuvimos cenando en noviembre tras su paso por el XVII Festival Sui Géneris, “consagrado a la memoria, la imaginación y la disidencia”.

Creo recordar que el estado en el que me encontraba cuando salí del hospital rozaba la definición de casi totalmente disociativo; incluso ahora, he acudido a él para escribir este texto sin perder la perspectiva necesaria, deformarla con el egoísmo del sentimiento mal entendido o, peor aún, ser incapaz de terminar. Que Antonio Rivas Gonzálvez formara parte de mi familia elegida no es relevante aquí; que mejorara el mundo por el procedimiento de crear y haberse convertido en modelo a seguir, lo es sobradamente. Había nacido un 4 de enero de 1965 y, para ser sordo, nos ganaba a bastantes en oído literario.


miércoles, 4 de febrero de 2026

Estados Unidos sigue su furibunda carrera hacia la brutalidad y la ignorancia

La noticia de la interdicción a la obra más famosa del colombiano Gabriel García Márquez corrió como reguero de pólvora en los medios. Así la publicó, sin firma, el diario argentino Ámbito Financiero. En la bajada se lee: "La prohibición fue evidenciada por un informe sobre la libertad de expresión. La decisión abarcó al menos 45 estados del país norteamericano".

Prohibieron Cien años de soledad junto a otros 4.000 libros en EE.UU. 

Un informe reciente de una organización dedicada a la defensa de la libertad de expresión, reveló que 4.000 libros fueron prohibidos en 87 distritos escolares de Estados Unidos, entre ellos Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. En el escrito, también denunció una "expansión sin precedentes de la censura literaria" en el sistema educativo público.

La prohibición tuvo lugar durante el ciclo escolar 2024-2025, consolidando una tendencia que crece desde hace tres años y que pone en riesgo el acceso a la lectura en las aulas.

El estudio de PEN America, titulado “La normalización de la prohibición de libros”, registró 6.870 casos de censura en todo el país, un número que, según sus autores, “nunca antes han visto los estadounidenses una cifra semejante en su historia”.

La entidad advirtió que se implementó un modelo de control sistemático que afecta tanto a los materiales literarios como a la estructura educativa pública en su conjunto.

Una política de Estados Unidos
Desde 2021, PEN America contabilizó 22.810 acciones de prohibición en 45 estados, que abarcan desde restricciones totales hasta limitaciones por edad o requerimientos de permisos especiales.

Entre los libros afectados se encuentran clásicos de la literatura mundial como Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, retirados de circulación en distintos condados. Estas obras del Nobel colombiano se suman a una larga lista de títulos señalados por su contenido sobre identidad, diversidad o crítica social.

Los estados con mayor cantidad de prohibiciones son Florida, con 2.304 casos, seguida por Texas, Tennessee y Pensilvania. El informe también alerta que otros como Michigan y Minnesota podrían replicar estas medidas en el corto plazo.

PEN America atribuye esta oleada a la presión de grupos conservadores que promovieron una estrategia coordinada para restringir el acceso a materiales relacionados con raza, género, diversidad e historia reciente. “Han explotado los miedos y las ansiedades de los padres para ejercer control ideológico sobre la educación pública en todo Estados Unidos mediante tácticas consistentes y coordinadas”, denuncia el documento.
Ejemplos de censura y métodos aplicados

El informe destaca como caso emblemático el del estado de Tennessee, donde fueron retiradas de los programas escolares obras como Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, y una adaptación gráfica del Diario de Ana Frank. Según los investigadores, estas decisiones “no respondieron a criterios pedagógicos”, sino a intentos de imponer una visión ideológica sobre los contenidos educativos.

En este marco, durante el último año, PEN America identificó tres tipos principales de restricciones, desde prohibiciones totales, que eliminan los libros de bibliotecas y aulas, a limitaciones por edad o grado escolar. También detectaron libros sujetos a revisión o con requisitos de acceso especial.

Incluso el gobierno federal intervino en algunos casos: casi 600 libros fueron retirados de escuelas bajo administración del Departamento de Defensa, en cumplimiento de directrices internas vinculadas a temas de diversidad, inclusión y equidad.
Autores y obras bajo la mira

La ofensiva abarca a escritores de renombre internacional como Isabel Allende, Stephen King, Sara J. Maas, Ellen Hopkins, Atsushi Ohkubo y Elena K. Arnold. En el caso de Allende, su novela “La casa de los espíritus” figura entre los títulos eliminados.

El informe advierte que esta práctica genera daños económicos y emocionales tanto para los autores como para las editoriales, y en algunos casos la censura de una sola obra derivó en la exclusión completa de toda la producción del escritor, fenómeno que el estudio define como una “Letra Escarlata”.

Una proporción significativa de las prohibiciones se concentró en textos que abordan temas LGBTI+, señalados como “sexualmente explícitos” por las autoridades o los grupos que impulsaron las denuncias. También fueron retiradas obras que tratan sobre justicia racial, migración, violencia sexual y memoria histórica, calificadas como “inapropiadas” para estudiantes.

El impacto en la educación
La definición de censura adoptada por PEN America abarca cualquier medida que limite el acceso estudiantil a un libro por su contenido. Según el informe, la práctica afecta no solo al ámbito literario, sino también a otros recursos pedagógicos, como manuales escolares, ferias del libro y programas educativos.

En varios distritos, la censura derivó en cancelación de eventos, restricciones a donaciones literarias y revisión de contenidos curriculares. De esta manera, el fenómeno comenzó a alterar la vida académica y cultural de miles de escuelas públicas.

La organización concluye que esta tendencia amenaza uno de los pilares de la educación estadounidense: el libre acceso al conocimiento. En palabras del informe, “la censura dejó de ser una reacción aislada para convertirse en una política estructural, organizada y persistente”, una advertencia que encendió la alarma en el mundo literario y académico.