lunes, 26 de octubre de 2026

Libros físicos de la nueva literatura africana

El pasado 21de octubre, el escritor y periodista Osvaldo Aguirre publicó en el diario Clarín un artículo sobre Empatía, la editorial de Marcela Carbajo, dedicada a la literatura africana.

Literatura africana: la editorial argentina que busca romper estereotipos

Marcela Carbajo estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires pero “por esas cosas de la vida” una vez terminada la carrera, a principios de los 2000, comenzó a trabajar en una empresa de tecnología. “Igualmente hacía traducciones para diarios, correcciones y ediciones de libros”, según cuenta, y mientras tanto comenzó a pensar en una editorial propia. El proyecto pudo concretarse al cabo del tiempo y ahora define una iniciativa singular: Empatía, primera editorial argentina dedicada a publicar literatura africana contemporánea.

Empatía comenzó su actividad en 2018, tuvo un receso forzoso durante la pandemia, volvió al ruedo y hoy cuenta con 22 libros en su catálogo. El primer título, Antología. Escritores africanos contemporáneos, abrió el juego con una selección de autores de lengua inglesa y francesa de Nigeria, Camerún, Kenia, Yibuti, Sudáfrica y Uganda. “Fue muy buena experiencia –dice Carbajo–. Los nombres que conocía de la literatura africana ya estaban instalados y quise introducir otros que no estuvieran traducidos”.

Si en principio la editora buscaba escritores premiados, pronto comenzó a recibir libros para evaluar de editoriales africanas y francesas, hizo contactos personales en la Feria del Libro de Johannesburgo y planea visitas a Ruanda y Ghana: “Me interesa que los textos tengan valor literario y también que permitan comprender procesos y momentos históricos desde un lado empático, de donde viene el nombre de la editorial”, puntualiza.

El lanzamiento de la editorial puso el acento en la percepción común del continente africano como “un todo homogéneo”, un lugar común que desconoce “la realidad y la individualidad de sus más de mil millones de habitantes y sus cincuenta y cuatro países”.

Carbajo está convencida de la efectividad de la literatura para desmontar estereotipos: “Cuando lee una ficción narrada desde el lugar y con la propia vivencia, el lector incorpora ese mundo y lo entiende de una manera muy diferente a lo que puede alcanzar a través de una entrada en Wikipedia”.

El apartheid en Sudáfrica, el genocidio en Ruanda y los conflictos heredados de la colonia son temas recurrentes entre los autores de Empatía. La boca llena de sal, de Reem Gaafar (Sudán, 1983), transcurre así sobre el trasfondo de la situación actual en Sudán, y También te convencieron, de Futhi Ntshingila (Sudáfrica, 1974) expone los problemas de conciencia de un oficial del apartheid que ocultó sus crímenes ante la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de ese país.

Libros emblemáticos

“Por otra parte publicamos libros emblemáticos de la nueva literatura africana que queríamos en nuestro catálogo”, dice la editora de Empatía. Los títulos de referencia son La casa del hambre, “la primera novela moderna de Zimbabue”, escrita por Dambudzo Marechera (1952–1987), “una especie de Kerouac en ácido”. La novelista británica Doris Lessing admiró en la obra “un hombre negro que ha sufrido todas las estúpidas brutalidades de la opresión blanca en Rhodesia; su rabia explota, no en retórica política, sino en una fusión de lirismo, ingenio y obscenidad”.

Otro título “emblemático” es Delicias de la maternidad, de Buchi Emecheta (Lagos, Nigeria, 1944). La autora se casó a los 16 años, por un arreglo entre familias; tuvo cinco hijos, abandonó la escuela y su marido quemó su primer manuscrito, pero logró separarse e iniciar una reconocida carrera como escritora en Londres, donde vive. Protagonizada por una mujer nacida en una aldea, la novela “retrata las peripecias de la maternidad africana y sus particularidades en un momento de profunda inestabilidad y cambio”, según apunta Elisa Fagnani en el prólogo de la edición argentina.

Del prejuicio al reconocimiento

Los prejuicios pesaron en la recepción inicial del público argentino y hubo quien se sorprendió de que los africanos “escriban como nosotros”, según un comentario a propósito de la antología inicial. “Al principio había una especie de barrera, y todavía queda algo, respecto de qué sería un libro escrito por un autor africano. Pero ahora tenemos lectores fieles que coleccionan nuestros libros”, afirma Carbajo.

Los temas de la literatura africana contemporánea están marcados por la historia política reciente. “La mayoría de los países del continente se independizó en la segunda mitad del siglo XX, por lo que la colonia y su etapa inmediata son para los escritores parte de la historia contemporánea y a veces de sus propias historias de vida”, destaca la editora.

Es el caso de Jean–Noël Pancrazi (Setif, Argelia, 1949), con un título publicado en Empatía, La montaña, otro por venir, Madame Arnoul, y un amplio reconocimiento en Francia, donde es autor de Gallimard, jurado del Premio Goncourt y Caballero de la Legión de Honor; en la Argentina, participó en una edición del Filba.

Las particularidades de la Historia se cruzan con cuestiones de género que trascienden las fronteras. “Las violencias, simbólicas o reales, que pueblan estos relatos, lejos de ser inauditas, resultan cercanas, casi obvias, evidentes”, dice Ana Ojeda en el prólogo a La felicidad, como el agua, de Chinelo Okparanta (Port Harcourt, Nigeria, 1981).

“Las historias de Okparanta narran a mujeres de clase media atrapadas en una mortaja de mandatos. Violencias que se les imponen para inmovilizarlas, despotenciarlas, minorizarlas”, destaca Ojeda, y plantea un vínculo entre la literatura nigeriana y la argentina: “En la línea de lo mejor de la narrativa de Boedo, con agenda y conciencia social, Chinelo Okparanta arma un rompecabezas meticuloso en el que cada cuento desnuda un arquetipo de sometimiento. Leerla es una experiencia que deja marcas”.

Ellas (también) cuentan, una antología de escritoras africanas en lengua inglesa con traducción y estudio preliminar de Federico Vivanco, presenta a la vez una nueva versión de un libro publicado originalmente en España. Vivanco (Buenos Aires, 1979) está radicado en ese país, donde es docente universitaria de literatura africana.

Confianza en el libro físico

Empatía no publica ediciones digitales. Carbajo confía en el libro físico, basada en su propia experiencia de lectora y a pesar de que en el ámbito de la tecnología trabajó en el diseño de contenidos para telefonía móvil: “Si un libro me gusta o me interesa mucho, leo en el soporte impreso. Me doy cuenta de que en digital presto menos atención y leo con menos intensidad”.

Para la editora, el mercado del sector “sigue pasando por las librerías” y las ferias “como la FED y Edita, en La Plata, son también importantes no solamente por las ventas sino por los contactos con los lectores”.

Como es habitual en las editoriales independientes, Empatía asumió al principio “la patriada” de distribuir sus libros: “Es difícil que una librería acepte libros de una editorial que recién empieza. Es lógico, porque administrativamente resulta complejo. Pero como éramos los únicos en publicar literatura africana, tuvimos la suerte de ser bien recibidos y cuando ya crecimos en volumen y en títulos empezamos a trabajar con un distribuidor. Ahora tenemos mayor presencia y se nos simplificó la tarea. Además, yo no hacía buen negocio porque cuando iba a una librería dejaba diez libros y me compraba cinco”.

El bestseller de Empatía es La mujer descalza, de Scholastique Mukasonga (Gikongoro, Ruanda, 1956), una novela tramada sobre el genocidio de la población tutsi, con traducción de Sofía Traballi y prólogo de Christian Kupchik.

“El libro fue muy recomendado boca a boca”, dice Carbajo, y espera renovar el suceso con los títulos en preparación y el plan de publicar poesía a partir de 2027: “Es raro. Suele decirse que no se lee el género, pero en las ferias mucha gente nos pregunta si tenemos poetas africanos”. Habrá más sorpresas para los lectores.


Sitio de Internet: http://www.editorialempatia.com/


viernes, 23 de octubre de 2026

"Hacer comunidad lectora en español fuera de un país hispanoparlante"

La noticia fue publicada por David Brooks y Jim Cason, corresponsales del diario La Jornada, de México, el pasado 21 de octubre. En ella se habla de la Feria Internacional del Libro de la Ciudad de Nueva York, actualmente en curso.

Bajo el lema 'La lengua: el mar que somos', arranca la fiesta literaria en español en la ciudad de Nueva York

La Feria Internacional del Libro de la Ciudad de Nueva York, encuentro anual que convoca a escritores, editoriales, académicos y estudiantes, es un festejo de la literatura en español en Estados Unidos y que en ésta, su octava edición, se desarrollará del 21 al 25 de octubre.

La reunión literaria ya se ha convertido en punto de referencia para la cultura hispanoparlante de esta capital mundial de las artes.

La iniciativa es coordinada por el Instituto de Estudios Mexicanos del Colegio Lehman, de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (CUNY), y este año se lleva a cabo en el plantel de John Jay College, bajo el tema La lengua: el mar que somos.

La FILNYC “es un evento cultural que convoca a la comunidad hispanoparlante de Nueva York alrededor de la lectura, con un alcance que va de lo literario a lo educativo y lo editorial”, afirman los organizadores. Subrayan que, como siempre, es gratuito.

Ese tema, explican, es una invitación a “pensar la lengua como un mar: un territorio común hecho de corrientes, mareas, préstamos y naufragios. El mar es fuente de la vida, pero también frontera, un lazo que conecta y separa a la vez”.

Esta edición, agregan, rinde homenaje a varias figuras literarias que incluyen a Gabriela Mistral, Elena Garro, Juan Rulfo, Federico García Lorca, Alejandra Pizarnik y Jorge Luis Borges.

En decenas de foros, talleres y exposiciones literarias, autores diversos, editoriales, académicos y público en general gozarán de un amplísimo mosaico de expresiones literarias, crítica, periodismo, literatura infantil y diplomacia cultural, entre otras actividades. Para consultar el programa y todas las actividades: https://filnyc.org/filnyc-2026/

“Cada edición de la FILNYC nos ha enseñado algo distinto sobre lo que significa hacer comunidad lectora en español fuera de un país hispanoparlante”, afirmó Dejanira Álvarez, directora ejecutiva de la feria.

Para el doctor José Higuera López, director del Instituto de Estudios Mexicanos de CUNY, esta es “un espacio de encuentro real: aquí conviven escritoras y escritores, editoriales, bibliotecarias y bibliotecarios, traductoras y traductores y, sobre todo, lectoras y lectores, sin jerarquías entre ellos”.

Entre los foros, algunos se centran en experiencias trasnacionales en el hemisferio y en Nueva York como eje de esos universos, con la participación de voces mexicanas, entre otras. Un foro sobre “México en Nueva York: 200 años de historias compartidas” incluye a Carmen Boullosa, la curadora del Museo Metropolitan, Laura Filloy; el cónsul general de México, Marco Bucio; el director del Instituto de Estudios Mexicanos de CUNY, José Higuera López, y la directora de la FIL, Dejanira Álvarez. En otros eventos participarán figuras literarias mexicanas como Valeria Luiselli.


jueves, 22 de octubre de 2026

A falta de comida, buenos son los libros

La siguiente nota de Martine Thompson salió en The New York Times del 10 de octubre pasado. Fue reproducida el 19 de octubre por InfoBAE con otro título.

¿Por qué los lectores están congelando sus libros?: lo que nadie te contó sobre cuidar tu biblioteca

Quizás haya pasado un tiempo desde que releíste esa novela favorita. O hay un libro que siempre quisiste leer y, por fin, tienes tiempo. Te acomodas, abres la tapa y allí está: un diminuto insecto que corretea por la página. Luego aparece otro. O detectas señales inquietantes de que algo ha estado comiendo y viviendo entre las páginas.

Los piojos de los libros existen. También los pececillos de plata, esos pequeños insectos de movimientos rápidos que se sienten atraídos por los materiales ricos en almidón presentes en los libros y sus encuadernaciones. El moho también puede instalarse. Por eso, si compras un libro en una venta de garaje o en una tienda de segunda mano, o recoges uno de la entrada de una casa o de una Pequeña Biblioteca Libre, quizá convenga tomar algunas medidas preventivas.

Logan Spurgeon, autor de Hinterland y Sourwood, comenzó a congelar sus libros después de llevar varios a casa desde una tienda de segunda mano con un olor perceptible. Mientras investigaba cómo desodorizarlos, encontró consejos para revisarlos y congelarlos con el fin de eliminar plagas.

“Recomendaban revisar entre las páginas y cerca de la encuadernación en busca de indicios de piojos de los libros, y congelar los ejemplares para matar cualquier plaga, lo que también servía como remedio para los olores”, dijo Spurgeon. “Así que los metí en el congelador”.

Más tarde publicó un video sobre esta práctica y le sorprendió la atención que recibió. Algunos espectadores se enteraban por primera vez de la existencia de los piojos de los libros. Otros debatían si congelarlos realmente funcionaría.

La respuesta es sí. Kristi Westberg, directora interina de preservación y conservación de la Biblioteca, Museo de Arte y Jardines Botánicos Huntington, en San Marino, California, confirma que la congelación es una manera eficaz de combatir los insectos en los libros.

Solemos pensar que cuidar un libro es sencillo: leerlo, colocarlo en un estante y evitar derramar una bebida sobre él. Pero hay mucho más que saber para mantener los libros en buen estado.

Congelar un libro exige más que dejarlo junto al helado

Los libros deben colocarse en una bolsa sellada antes de congelarlos. Esto mantiene a los insectos alejados de los alimentos y evita que se forme condensación sobre el libro cuando se descongela.

Westberg recomienda dejar los libros en el congelador durante al menos tres días y hasta seis días como medida adicional de precaución. En el caso de infestaciones graves, puede valer la pena repetir la congelación, ya que los huevos de ciertos insectos pueden sobrevivir a la primera sesión y eclosionar después.

Pero congelar los libros resuelve solo una parte del problema. «La congelación elimina las plagas, pero si no se corrige el origen del problema, podrían regresar», afirmó Westberg.

No guardes los libros en el garaje

La humedad es una preocupación particular porque puede favorecer la aparición de moho; a su vez, el moho y los hongos pueden servir de alimento para los piojos de los libros.

El consejo de Westberg es simple: evita almacenar libros en áticos, sótanos o garajes, donde la temperatura y la humedad pueden variar. En cambio, procura un ambiente estable, de aproximadamente 16 a 25 °C (60 a 77 °F) y con una humedad relativa de entre el 40 y el 60 %.

Para los libros especialmente importantes o valiosos, da un paso adicional: guárdalos en una caja. Enfundar un libro en una caja es una manera sencilla de prolongar su vida útil, señaló el restaurador de libros Jeff Peachey, dueño de Peachey Conservation en Nueva York.

«Puedes enviar las medidas de tu libro y, básicamente, te mandan una caja de cartón plana, de calidad archivística y hecha a medida, como para una pizza», explicó Peachey. Las cajas se pueden plegar y no requieren adhesivo.

“Es una muy buena forma de aislar los libros de la luz, atenuar algunos cambios ambientales y brindarles protección física, todo a la vez”, afirmó. “Una gran opción son las cubiertas protectoras”.

Antes de comprar un libro usado, huélelo

En la Librería Housing Works, en el centro de Nueva York, donde las ventas de libros de segunda mano ayudan a financiar los servicios de la organización sin fines de lucro, el gerente de calidad e innovación Mike Savage supervisa a los voluntarios que evalúan cada libro donado.

Los libros con daños evidentes por agua o moho —como decoloración, hinchazón o páginas pegadas— se reciclan en lugar de ponerse a la venta, explicó Savage. Sin embargo, distingue con cuidado los libros dañados por el moho de aquellos que presentan decoloración por el sol o desprenden el olor característico de un libro antiguo.

Para quienes quieran distinguirlos por su cuenta, conviene prestar atención a un olor a humedad o moho, en particular si se acompaña de manchas visibles o indicios de daños por agua. El olor por sí solo no es una prueba concluyente, pero puede indicar exposición a la humedad. Si un libro usado huele claramente a humedad, sepáralo de los demás.

No todos los hallazgos de segunda mano esconden un problema. Pero, cuando lo hacen, la solución está tan cerca como la cocina.

martes, 20 de octubre de 2026

Sesión virtual del SPET del 28 de octubre

 Paula Andrea Montoya Arango es doctora en Traductología de la Universidad de Montreal, magíster en Traducción de la Universidad de Ottawa y traductora de la Universidad de Antioquia. Es miembro del Grupo de Investigación en Traductología de la Universidad de Antioquia, fundado en 1999 por la profesora Martha Lucía Pulido que, desde esa época, desarrolla una importante línea de investigación en historia de la traducción. Se desempeña como docente vinculada a la Escuela de Idiomas de la Universidad de Antioquia. Su tema de investigación es la historia de la traducción en el contexto colombiano. Ha trabajado perfiles de traductores clave para la historia de la traducción en Colombia como Rafael Pombo; igualmente se ha dedicado a investigar la transferencia cultural en la transmisión de saberes pedagógicos durante la Reforma Radical en Colombia en el siglo XIX, así como en el siglo XX con la pedagogía Waldorf. Actualmente investiga sobre el rol de la traducción en la transferencia de conocimiento especializado en varios campos, principalmente en el de la medicina en el siglo XIX colombiano.

Lecturas sugeridas

Dietz, Bettina (2016). “Introduction: Special Issue ‘Translating and translations in the history of science’”. En: Annals of Science, 73(2), 117-121. Disponible en: https://doi.org/10.1080/00033790.2016.1141641

Lafarga Maduell, Francisco (2015). “Historia de la traducción e historia de la traducción científica y técnica: encuentros y desencuentros”. En: Pinilla, Julia / Brigitte Lépinette (eds.). Traducción y difusión de la ciencia y la técnica en España (siglos XVI-XIX). Valencia: Universitat de València, pp. 27-50. Disponible en: https://roderic.uv.es/items/677c9118-c9c2-44da-8baf-2f8ea830a08c

Pinilla, Julia / Brigitte Lépinette (2009). “La aportación propia del traductor al texto científico-técnico traducido o el afán de divulgación de un saber foráneo. A propósito del paratexto en una traducción al español de H. L. Duhamel du Monceau (1700-1782)”. En: Cuadernos del Instituto Historia de la Lengua, (3), 109-125. Disponible en: https://doi.org/10.58576/cilengua.vi3.189

Ramírez Giraldo, Juan Guillermo / Paula Andrea Montoya Arango (2022). “Colombia”. En: ENTI (Enciclopedia de traducción e interpretación). AIETI. Disponible en: https://doi.org/10.5281/zenodo.6364948

Convenio firmado entre editorial mexicana e india

La noticia proviene del diario La Jornada, de México, y fue publicada el pasado 12 de octubre, con firma de Alia Lira Hartmann.


Editorial mexicana establece convenio con India para la traducción de autores mexicanos

En el  marco de la 78 Feria del Libro de Frankfurt Ediciones del Lirio, de México, logró un importante convenio de cooperación con India. Autores mexicanos representados por la editorial mexicana serán traducidos a partir de 2027 por parte de casas editoriales de India como la editorial Anthonym Collection.

Este convenio de colaboración contempla asimismo la traducción de autores hindúes al español. El autor y traductor bengalí Anisuz Zaman radicado en México y parte del equipo de la editorial mexicana, estuvo al frente de las negociaciones junto con Rubén Mendieta, fundador y director de Ediciones el Lirio. 

Asimismo la poeta y traductora bengalí Snigdha Baúl estará también a cargo de la supervisión de la labor de traducción.

Ediciones del Lirio estuvo presente en el stand de México gestionado por la agencia mexicana de estrategias y consultoría para la industria del libro Lecturable que reunió a 44 casas editoriales y la presentación de 335 títulos. 

Ediciones del Lirio llegó a Frankfurt con el catálogo de 2026 que contempla 32 novedades. 

La importancia de este convenio une esfuerzos entre México e India en un intercambio intelectual que difumina fronteras. 

Fundada en 1998, Ediciones del Lirio pretende promover el libro como una vía fundamental de conocimiento; se ha consolidado como un  importante representante para la difusión de la narrativa contemporánea, la poesía y la academia.

La profesionalidad de la editorial mexicana no solo trabaja en la publicación de textos bajo colecciones icónicas como La Otra Orilla, sino que también ofrece servicios integrales de diseño, impresión y encuadernación.

Impacto en convenios y proyección internacional

El impacto de Ediciones del Lirio en el marco de la cooperación y los convenios internacionales radica principalmente en su rol como embajadora cultural de la literatura y academia mexicana en el extranjero. 

Rubén Mendieta, fundador y director de Ediciones del Lirio destacó la importancia del reciente convenio con la India: “ internacionalizar nuestro catálogo de autores es parte de nuestros objetivos primordiales; a partir de nuestra presencia en la Feria del Libro de Frankfurt  que se remonta ya a cinco años, hemos logrado la traducción y publicación de autores de Austria, Rusia, Italia, Irlanda, Francia y Eslovenia” apuntó. 

Es del dominio público para quienes han asistido a la Feria del Libro de Frankfurt que Ediciones del Lirio ha representdo a México ante la reducción o ausencia de representación oficial y  gubernamental en ciertos periodos.  Ediciones del  Lirio ha asumido de manera independiente este papel en el foro editorial más importante del mundo

Ediciones del Lirio ha logrado una significativa proyección de México en Europa. Allanando el camino para obtener los derechos de traducción,  concretar co-ediciones con los países ya nombrados demostrando que una editorial mexicana cuenta con los recursos y la calidad necesaria para medirse con representantes de la industria editorial de impacto internacional. 

lunes, 19 de octubre de 2026

Proponen un sello para diferenciar los libros escritos por humanos de los que resultan de la IA

El tema no deja de repetirse una y otra vez en todas partes. "Iniciativas en tres continentes buscan devolver la confianza de los lectores ante el uso secreto de la inteligencia artificial. Sin embargo, expertos del sector advierten que los controles aún son fáciles de eludir." Esta es la bajada de la nota publicada el pasado 18 de octubre en las páginas de cultura de InfoBAE. El autor es Sam Reeves y fue previamente publicada por diversos medios de habla inglesa.

"Escrito por un humano": el sello que 6.500 libros ya ostentan y la pregunta que nadie en el sector sabe responder

Ante las sospechas del uso secreto de la inteligencia artificial en la literatura, han surgido varias iniciativas para garantizar a los lectores que los libros fueron escritos por humanos.

Esta semana, en la mayor feria de libros del mundo, en Fráncfort, el impacto de la IA en la creación literaria alimentó encendidos debates y se presentaron varios sistemas de etiquetado, creados en países como Alemania, Francia y el Reino Unido.

Este tipo de iniciativas cobraron fuerza tras varias polémicas, como la que afectó al escritor haitiano-canadiense Thélyson Orélien, quien fue acusado en redes sociales de haber utilizado la IA para escribir su primera novela, algo que él niega firmemente.

En Francia, el caso provocó un “verdadero sismo” en el sector del libro, explicó a la AFP Charlotte Allibert, cofundadora de Librinova, una plataforma de autoedición y agencia literaria.

La empresa propone una etiqueta de “creación humana”. Para obtenerla, los autores tienen que someter su obra a un análisis efectuado por un programa de detección de IA y luego, realizar una entrevista con un auditor encargado de examinar su proceso de escritura. Hasta ahora se han certificado unas 200 obras.

Según Allibert, la medida responde a una preocupación creciente entre los escritores, sobre todo los que se autoeditan. “Cada vez tienen más miedo de que se sospeche que utilizan IA”, subrayó.

Marco “transparente y fiable”
En el Reino Unido, la empresa emergente Books By People también ha puesto en marcha su propio certificado.

Las obras tienen que responder a los criterios de “literatura orgánica” definidos por la empresa, y que exigen que el autor sea quien escribió el libro, aunque se autoriza un uso limitado de la IA, sobre todo para la corrección ortográfica o gramatical.

“Queremos crear un marco global, transparente y fiable en el que editores y autores puedan apoyarse”, explicó Esme Dennys, cofundadora de la iniciativa.

Los editores se adhieren al dispositivo pagando una cuota y luego pueden pedir que los libros de sus autores sean etiquetados con la marca “Books By People”. Cinco editores independientes han secundado el proyecto.

En Estados Unidos, la asociación de escritores Authors Guild lanzó el sello “escrito por un humano”, que los autores pueden incluir en su libro, basado en un sistema de autocertificación. De momento, unos 6.500 libros cuentan con esta etiqueta.

Polémicas
La controversia en torno a Thélyson Orélien estalló en septiembre, cuando una cuenta anónima en la red social X acusó al escritor, de 38 años, de haber utilizado la IA para escribir su primera novela “C’était ça ou mourir” (Era eso o morir), apoyándose en una herramienta de detección de IA.

El autor rechazó estas acusaciones y denunció unos ataques motivados, según él, por el racismo. Aun así, a causa de la polémica, su obra quedó excluida en la selección del prestigioso premio Goncourt de Francia.

Antes de esa controversia, la editorial francesa Hachette canceló la publicación de la novela de terror Shy Girl, de Mia Ballard, en Estados Unidos y retiró el libro de la venta en el Reino Unido, tras unas acusaciones de utilización de IA.

En declaraciones al New York Times, Ballard negó haber recurrido a la IA pero indicó que una conocida suya a la que había contratado para editar el libro, autoeditado en un primer momento, sí que la había utilizado.

A pesar de los reiterados escándalos, algunos actores del sector del libro no están convencidos de la eficacia de este tipo de sellos.

La mayoría de los dispositivos actuales autorizan un uso mínimo de la IA, por ejemplo para realizar búsquedas o para la corrección gramatical, pero hay quien teme que esto deje un margen importante a la interpretación.

A otros les preocupa que quizá pueda ser demasiado fácil eludir los controles de estas iniciativas, que apenas dan sus primeros pasos, y hacer pasar libros producidos por la IA por obras escritas por humanos.

Sebastian Guggolz, al frente de la Asociación de Editores y Libreros de Alemania, consideró que al sector le está costando definir una estrategia clara.

“No hay solo ‘con IA’ o ‘sin IA’”, afirmó en la feria de Fráncfort. Según él, unos sistemas que se limiten a categorizar el grado de uso de la IA podrían ser insuficientes.

“La cuestión debe plantearse de forma más profunda, debe dirigirse a cada individuo y al conjunto de la profesión: ¿cómo queremos hacer que nuestras prácticas sean transparentes?”, lanzó.


viernes, 16 de octubre de 2026

¿Cómo puede saber un lector, sin acceso al original ni conocimientos de traducción, si el libro que tiene entre manos ha sido traducido por una máquina?

El pasado 15 de octubre, Cristina Cela Gutiérrez, profesora de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, publicó en The Conversation una suerte de guía para detectar traducciones realizadas mediante Inteligencia artificial.


¡Lea con atención! Guía práctica para reconocer si un libro ha sido traducido con IA

Hace unos meses, un libro superventas estadounidense llegó a las librerías españolas tras un proceso de traducción y revisión asombrosamente rápido. Poco después se desató la polémica entre las comunidades de lectores. TikTok se llenó de vídeos de lectoras señalando frases raras, erratas y pasajes que simplemente no sonaban a español. El debate estaba claro: quién estaba detrás de la traducción, un algoritmo o una persona.

Aunque la editorial nunca llegó a confirmarlo oficialmente, este episodio deja una pregunta flotando en el aire: ¿cómo puede saber un lector, sin acceso al original ni conocimientos de traducción, si el libro que tiene entre manos ha sido traducido por una máquina?

La respuesta corta es que no siempre se puede saber con certeza. La respuesta larga es que hay señales bastante reconocibles, si se sabe dónde mirar.
El texto es 'correcto', pero no suena natural

Sería absurdo negar el inmenso avance de la traducción automática actual, ejemplo de ello es que ya no comete errores gramaticales evidentes. El problema es otro: genera frases que, palabra por palabra, tienen sentido, pero que ningún hablante nativo construiría así. Esto es el resultado de traducir literalmente el idioma original en lugar de reformular o sustituir por su equivalente en la lengua a la que se quiere llevar.

Un ejemplo típico: el inglés tiende a las oraciones cortas y con escasa puntuación, mientras que el español tiende a la subordinación. Cuando una traducción respeta demasiado la estructura corta del original, el texto suena entrecortado, como si le faltara el aire. Por el contrario, las frases recargadas, con información añadida que no está en el original, son señales de que el sistema "rellena" en lugar de reformular.

Las metáforas se traducen, pero no se entienden
Las metáforas, las expresiones idiomáticas o los modismos están estrechamente ligados a la cultura, al humor y a la historia de un país o comunidad, y aportan fluidez y naturalidad al texto. Son elementos retóricos con un significado figurado, su traducción palabra por palabra no es viable, porque el texto no tendría sentido, sonaría extraño y se perderían muchos detalles propios del idioma y la cultura.

Por ejemplo, si el inglés emplea una imagen, "her thoughts were way off track", y el español traduce literalmente –"sus pensamientos se salen del carril"– en lugar de buscar el equivalente natural –"estaba distraída", "tenía la cabeza en otro sitio"–, el resultado queda a medio camino entre lo comprensible y lo ridículo. Los traductores humanos reconocen estas expresiones y lo resuelven mediante estrategias de traducción; la IA tiende a traducir demasiado al pie de la letra, y como resultado el texto pierde la naturalidad del original.

Los personajes cambian de género sin explicación
El inglés no marca el género en los sustantivos. Cuando un texto en inglés se refiere a una profesión sin especificar quién la ejerce –un médico, un vecino, un juez– y la traducción alterna entre masculino y femenino para el mismo personaje, es una señal casi inequívoca de traducción automática.

No es un caso aislado: varios estudios académicos recientes han confirmado que los sistemas de traducción automática siguen recurriendo al masculino genérico por defecto o resuelven el género de forma inconsistente dentro del mismo texto. Un traductor humano resuelve esa ambigüedad leyendo la obra completa atentamente; un sistema automático traduce frase a frase aplicando un cálculo estadístico, y a veces se contradice.
Mismo objeto, distintos términos

Que la misma palabra del original aparezca traducida de formas distintas –por ejemplo, una tienda que unas veces es "comercio", otras es "puesto" y otras "bazar"– suele ser un indicio de que nadie ha revisado el texto en su totalidad con un enfoque editorial coherente. Mientras que el traductor profesional mantiene un vocabulario consistente en toda la obra, el sistema automático procesa el texto por fragmentos y a veces olvida sus propias decisiones anteriores.

Erratas que no son simples erratas
Los sistemas de IA generativa a veces se inventan palabras o modifican términos reales, especialmente en pasajes largos o complejos. Este fenómeno se conoce como "alucinación": con tal de preservar la coherencia del párrafo, el sistema inventa una palabra o frase completa que ni tan siquiera existe en el original. Si una edición reciente de una reconocida editorial contiene errores tipográficos, impensables si ha pasado por un proceso de corrección profesional, habrá que preguntarse qué fase del proceso editorial ha fallado.
No aparece el nombre del traductor

Si los créditos de un libro no registran el nombre del traductor, es la señal más evidente de que detrás de la traducción no hay una figura humana. Toda traducción profesional debe llevar el nombre de quien la firma, tanto de acuerdo con la ley de propiedad intelectual, que reconoce a los traductores como autores de una obra derivada, como por política editorial. Si no aparece ningún nombre o solo figura el de la editorial, es motivo suficiente para sospechar.

Por qué importa
Por separado, ninguna de estas señales demuestra nada con certeza. Un traductor cansado o con una fecha de entrega muy ajustada también puede colar una errata o calcar una metáfora. Pero cuando casualmente varias de estas señales confluyen en un mismo libro, no deja lugar a dudas.

En las redes sociales, el debate ha estallado con fuerza. Cada vez circulan más vídeos que preguntan abiertamente si la IA supone un peligro para la traducción literaria. Además, hay lectores que han escrito su propia guía movidos por la inquietud de no saber, al abrir un libro, quién lo escribió realmente en su idioma. Ambas son señales de que la preocupación ya no es solo cosa del gremio.

Esto importa más allá de la simple curiosidad del lector; detrás de cada uno de estos detalles hay una decisión editorial de peso: cuánto tiempo y cuánto presupuesto se invierte en que un libro suene bien en otro idioma. La traducción literaria no es un trámite técnico; un libro no es solo información, es ritmo, ironía, juego de palabras, matices culturales, es un guiño a la genialidad y sutileza narrativa del autor; y su lectura en otro idioma solo funciona si se traslada con criterio. Cuando ese proceso se acelera o abarata, y dejamos que la máquina lo haga todo, quien paga el precio, es, literalmente, quien compra el libro.

La traducción literaria no es pasar palabras de un idioma a otro, es un acto de expresión y creación humana. Por eso, aunque la IA ya forma parte de su presente, la pregunta es si las editoriales lo van a contar con la misma claridad con la que protegen sus derechos de autor.