martes, 24 de febrero de 2026

Una entrevista con José María Micó, traductor de la Divina Comedia

"El poeta, filólogo y traductor español José María Micó habla sobre su traducción de la Divina Comedia, de su nuevo poemario, y sobre por qué los clásicos siguen hablándonos." Tal es la bajada de la entrevista, publicada sin firma, el El Universal, de México, el pasado 1 de febrero.

“Siempre es buena noticia que un clásico se convierta en best seller

Poeta, filólogo, traductor y trovador, José María Micó sabe a qué círculo del Infierno lo destinaría Dante en su Divina Comedia, pero piensa que como traductor del florentino, de Torcuato Tasso, de Ludovico Ariosto, de Ausiàs March, de Valerio Magrelli o de Pere Gimferrer tiene cabida en el Paraíso.

La agenda del intelectual catalán se ha mexicanizado. Del 29 al 31 de octubre pasado, visitó Ciudad de México para dictar la conferencia de clausura del XVII Congreso Bienal de la Society for Renaissance and Baroque Hispanic Poetry, en la UNAM, con la representación de la Universitat Pompeu Fabra.

También participó en el Coloquio Internacional Góngora en América, celebrado en la sala Alfonso Reyes del Colegio de México el 4 y 5 de noviembre, en el que hizo un balance de la presencia del poeta del Siglo de Oro en el barroco mexicano y en poetas contemporáneos, de Octavio Paz a David Huerta.

Y aprovechó para presentar el 6 de noviembre, en Casa Universitaria del Libro (Casul), su más reciente libro, Prohibido estacionarse (Luxpluslux, 2025), y ofrecer su concierto a dúo conyugal: Marta y Micó.

Prohibido estacionarse me hace mucha ilusión porque es mi primer libro poético como autor que se imprime y se divulga en México, en Luxpluslux, una joven editorial independiente”, comenta en entrevista Micó, ganador en 1992 del Premio Hiperión de Poesía con La espera, su poemario debut.

Y a su vuelta a España participó en la Cátedra Alfonso Reyes que la Universidad Autónoma de Nuevo León organiza desde hace algunos años en Madrid, que en esta ocasión presentó su colección de traducciones de poesía, que incluyó su versión al castellano del poeta catalán medieval Ausiàs March.

Con Micó (Barcelona, 1961) llegó a librerías mexicanas Jerusalén liberada, poema publicado por Tasso en 1581 sobre las Cruzadas, en la edición, notas y traducción del filólogo en Acantilado (2024), cuya traducción de la Divina Comedia llegó en 2018 a su octava reimpresión y se erigió en best seller.

“He sido un poco prolijo pero ha habido muchas actividades que se han juntado”, admite con picardía.

Plagiaré una pregunta a un italiano cercano a usted, Italo Calvino: ¿Por qué leer a los clásicos?
Esa pregunta tiene muchas posibles respuestas, pero yo diría que porque hablan de nosotros. Hay que leer a los clásicos porque siguen hablando de nosotros y nos ayudan a entender lo que somos. Y porque han dicho de una manera difícilmente mejorable las cosas que nos gustaría decir a los contemporáneos. Y, por tanto, son y siguen siendo un modelo, tanto por su forma como por su mensaje.

En México se impone en escuelas a los clásicos casi como tortura. ¿Cuál es el secreto para acercarse al autor clásico? Usted no entendió la Divina Comedia cuando la leyó por primera vez.
En realidad leí sólo el Infierno a los 19 años, porque me regalaron una edición italiana. Y la Divina Comedia, como diría Borges, tenía previo fervor asegurado como un gran clásico que había que leer. Y yo no sabía italiano entonces y por tanto entendí muy poco más allá de versos sueltos. Pero me dí cuenta que había en ese texto música extraordinaria y me ganó por el oído. La primera aproximación de cualquier clásico para los jóvenes lectores debe ser por el oído más que por otro sentido, por la musicalidad. La música de una página de Juan Rulfo es imbatible, como la de unos tercetos de Dante. Esa idea de un mensaje indescifrable, aunque esté en nuestra lengua ---un soneto de Góngora--- que un joven puede no entender, tiene una música que implica un contenido interesante. A partir del placer de escuchar algo, por decirlo así, melódico o sinfónico, es como la literatura puede entrar en los jóvenes.

Llegó su Jerusalén liberada. ¿Cómo se siente de que sus traducciones sean best sellers?
El primer sorprendido fui yo o estoy siendo yo. Pronto hablaré con Acantilado para revisar la octava edición de la Divina Comedia. Desde 2018 han salido ocho ediciones ha sido un éxito que no nos esperábamos. El primer culpable de ese éxito es, indudablemente, Dante, porque aunque pueda caer en periodos de olvido, o de desidia, o de ignorancia, o de distancia, por no reeditarse, es uno de esos autores que resiste el paso del tiempo. Y una nueva traducción siempre es una buena noticia. Se recibió tan bien porque hacía tiempo que no se traducía. Y después de la mía han salido otras traducciones. Y como digo a veces en broma, bueno, en serio: Dante lo resiste todo, la Comedia tiene esa aura de gran clásico, inamovible, que siempre tenemos que volver a él. Y el trabajo que ha hecho Acantilado es extraordinario, un objeto que no llega a mil páginas, en papel muy bueno, que es apetecible para los coleccionistas. Y luego está la eventual calidad de la traducción, que eso es otro asunto que el tiempo juzgará y que hay que ir renovando, porque nunca son perfectas las traducciones. Pero mi intento fue devolver al lector de hoy el brillo de un texto tan extraordinario como la Comedia. Y siempre es una buena noticia que un clásico se convierta en un best seller dentro, naturalmente, de sus posibilidades”.

¿Que la Divina Comedia sea tan conocida no es obstáculo para su lectura? Pienso que es como El Quijote, que hay gente que cree haberlo leído, aunque en realidad sólo ha escuchado de él.
–Ésa es una pregunta muy inteligente, porque sí sucede así con los grandes clásicos: que todos prácticamente podemos decir algo de Shakespeare, de la Odisea de Homero, de la Comedia de Dante de El Quijote, porque alguna vez nos han hablado de ellos o porque forman parte de la cultura en general y a veces arrastramos prejuicios. De Dante recordamos el Infierno únicamente; de Shakespeare, algunos episodios o frases; de El Quijote, la locura del episodio de los molinos. Y hay que corregir, editando y traduciendo de nuevo de manera completa, esa mezcla de conocimiento y de prejuicio. Porque cuando uno entra en El Quijote y lo lee completo, se da cuenta de hasta qué punto es una obra divertida, hasta qué punto lo recuerda parcialmente, porque el episodio de los molinos es muy insignificante en el conjunto de la obra. Y lo mismo sucede con la Comedia: se encuentran esos versos maravillosos de Paolo y Francesca o del conde Ugolino, o de Brunetto Latini. Y poco a poco se puede entender, a través de su lectura, por que son tan grandes esos autores. Mi consejo a los lectores es que sustituyan ese conocimiento más o menos bajo, general, por uno más concreto, específico y completo”.

¿Y qué pasa con autores casi desconocidos por falta de traducciones o de difusión, como Ausiàs March, sólo conozco la edición de Castalia de 1979. O a Tasso y Ariosto, a quienes usted tradujo? Son autores que al final se destinan a sectores intelectuales específicos, no a público en general.
Sí, esa es también una cuestión importante. Ya que has mencionado a March, acabo de publicar en México, en la UANL, una selección de 43 poemas traducidos en verso, porque, efectivamente, esa edición a la que te refieres de Castalia, de Rafael Ferreres, fue completa, y Ausiàs March, siendo tan importante como es, merece una difusión mayor. Quienes nos dedicamos a estas cosas tenemos que hacer lo posible por divulgar a estos autores con independencia de lo que pueda suceder de la venta de los libros. Sí es importante para mí, y vale también para Góngora, al que me dediqué durante muchos años, que estos autores no deben mantenerse únicamente dentro del coto de los especialistas, de los estudiantes de filología, sino que hay que hacer traducciones para el lector general, ediciones y traducciones con rigor filológico, como el que he intentado aplicar en mis traducciones del Orlando furioso, de la Jerusalén liberada o de la Comedia de Dante, porque sin rigor filológico no se puede seguir, pero pensando que son para lectores de poesía de hoy. Es decir, que un lector de poesía del siglo XXI lea la Comedia como lo que es, un clásico de la poesía universal, y no una lectura obligatoria de estudios de filología o de bachillerato o de lo que sea. Los traductores y editores debemos estar a la altura de esa necesidad de divulgación sacando a Dante, a Cervantes, a Shakespeare, a Ausiàs March, a Ariosto, a quien sea, del coto reducido de los estudiosos o estudiantes de una filología.

¿Cree que Dan Brown hizo divulgación de la Divina Comedia para un público más masivo?
Dan Brown, has dicho. Sí, bueno, es otro tipo de divulgación. Porque no se trata de una traducción, sino de crear una novela nueva a partir de una serie de detalles de la Comedia. Y evidentemente la Comedia de Dante aún es más conocida que antes y eso es un factor desde luego positivo. Pero lo que no debe hacer el lector es quedarse en esas cosas; lo que hay que conseguir es que el lector vaya a los textos, no a los sucedáneos, no a recreaciones, sino que vaya lo más directamente posible a los textos.

¿Qué diría que tienen de contemporáneos autores como Cervantes, que estuvo en guerras y en prisión; a Dante, que escribió en el exilio, o Góngora, Quevedo, Lope, con sus peleas famosas?
A veces tenemos la impresión de que estos autores del pasado, Shakespeare, Cervantes, Góngora, Quevedo, Dante, etcétera, forman parte de un canon y que son superiores a lo que podemos hacer nosotros, porque están ahí en un canon, alejados, y son como unas historias más o menos impuestas. Pero, yo en realidad digo que es lo contrario, todos estos autores fueron problemáticos en su día, escribieron cosas que la gente no aceptaba o no comprendía; estuvieron, por tanto, no necesariamente al margen de la sociedad, pero sí a veces al margen del poder literario establecido, de las teorías literarias, de las normas retóricas e hicieron algo que en principio no era aceptado en su tiempo.

¿Y en cuanto a sus obras?
La Comedia es un libro muy extraño para intentar entenderlo. ¿Por qué Dante lo escribió en italiano, para empezar, o en lengua vulgar? ¿Por qué usó en el Infierno estos términos tan vulgares? Hay ventosidades, hay cosas repugnantes, incluso, junto a, en el Paraíso, momentos de poesía altísima, de poesía mística, de gran altura y de gran pureza. Dante fue el primero que se atrevió a romper las normas estilísticas y juntar lo más bajo y lo más alto en un mismo libro, y usando una lengua que jamás se había usado para eso, porque el italiano, o el florentino, cuando Dante lo usa, se había usado prácticamente solo para poesía post-trovadoresca, para el dolce stil novo o en sonetos de amor, o la sátira, etcétera, pero no se habían juntado nunca en una obra como esa. Algo parecido sucede con El Quijote. Lope lo desprecia, y al final resulta que es un libro que le gusta al público, para sorpresa de todos, y que se hace célebre ya desde su misma publicación. Por tanto, hay que tener en cuenta que fueron obras muy innovadoras en su tiempo y no debemos convertirlas en obras anquilosadas en el pasado, porque nos pueden decir todavía muchas cosas, y en las que, en definitiva, como sucede con Shakespeare, con El Quijote, con la Comedia de Dante, el gran tema que comparten, por lo menos en cuanto a interés con nosotros, es la condición humana, la mortalidad, la temporalidad, el amor, en fin, cosas que siguen siendo presentes o importantes para nosotros”.

Como traductor contemporáneo, ¿cómo trata con el contexto de obras escritas hace 600 años?
–Ése es el gran misterio, el gran ideal que no sé si los traductores conseguimos siempre. Por un lado está la necesidad de familiarizarse con el autor, todo lo posible. En el caso de Dante no hay autógrafos, pero conservamos muchas obras suyas, y por tanto tiene ese perfil de hombre de letras más o menos completo, que a mí me gusta reconocer en otros autores, como Torcuato Tasso o Ludovico Ariosto, a los que me he dedicado. Y, por tanto, se trata de zambullirse en su lengua, aunque hay algo que se pierde inevitablemente, que es el estatuto o el contexto sociólogico del idioma. Dante decidió escribir en lengua vulgar la Comedia -una decisión extraña, que al final le ha servido para durar hasta hoy-, en lugar de hacerlo en latín, que se lo había planteado. Y con eso ya consiguió un público, de manera más o menos inmediata, que era casi imprevisible o imposible en el caso de haber usado otra lengua.

¿Y cómo pasa eso a la traducción al español?
La lengua que Dante utiliza, en su tiempo, es muy distinta de la del español del siglo XXI. Somos millones de hablantes, tenemos una tradición literaria que Dante no tenía detrás, porque se remitía a la tradición grecolatina. De modo que ese contexto sociológico es muy difícil de reconstruir. Pero sí, en cambio, es factible y es lo que intenté con mi traducción reconstruir la enorme variedad lingüística y la increíble capacidad expresiva de Dante, a veces dialectal, mezclando lenguas con muchos neologismos. Y, por tanto, a falta de poder zambullirnos en la identidad y en el contexto social del autor, lo que importa es zambullirse hasta lo más profundo posible en la identidad lingüística del texto y reconstruirla para un lector de hoy, porque lo que no tendría sentido sería usar un castellano medieval; sería fácil, y en alguna traducción de las que se han hecho antes, cuando se ha pretendido conservar la rima, a veces, de cuando en cuando era casi obligado recurrir a algún arcaísmo. Yo creo, en cambio, que hay que usar una lengua mucho más libre, sin que deje de ser poética, porque en mi traducción obviamente respeto el endecasílabo y conservo siempre que se puede la unidad sintáctica de los tercetos, para ser lo más fiel posible a la lengua usada por el autor y al estilo personal del autor.

Y en el mundo actual de islamofobia tan fuerte. ¿Cómo rescata el traductor en estas obras una cultura tan influyente en la literatura y hoy tan vilipendiada, como la musulmana? Luce Lopez-Baralt ha abordado en sus libros, y en una entrevista conmigo, la influencia del Islam en San Juan de la Cruz y en Miguel de Cervantes, por ejemplo. Y Miguel Asín Palacios trató hace más de un siglo el tema en su libro La escatología musulmana en la Divina Comedia (1919)?
Sí, es evidente que Dante conocía algunos de esos textos también, fundamentalmente La escala de Mahoma, que es el que estudia Miguel Asín Palacios en su libro, que fue muy polémico y casi revolucionario en su día, pero que poco a poco ha ido aceptándose esa relación entre Dante y el Islam, de hecho hay monografías sobre el tema relativamente recientes. Y tampoco hay que sorprenderse mucho, porque era un mundo medieval en el que había comunicación entre las religiones por varias vías, a pesar de la hostilidad y la enemistad y de la guerra abierta que hubo en muchos periodos. Pero, evidentemente, los textos místicos, casi por definición, tienen puntos en común y por tanto es hasta normal que haya elemenots de la mística árabe en la Comedia de Dante, porque además esos textos circularon por la Toscana de los siglos XIII y XIV y es bastante verosímil que Dante pudiera haberlos leído en versión latina o que tuviera conocimiento de la mística en los términos en los que ahí se tratan. Por tanto, había una comunicación que era importante en Italia a través de Federico II de Sicilia y por tanto de Averroes, a quien por cierto cita el propio Dante: 'el gran comento feo (el que hizo el gran comentario)', que se refiere al comentario de Averroes a la filosofía aristotélica. Lo que no se debe es exagerar en términos de influencia ni decir que si no hubiera leído La escala de Mahoma Dante no hubiese escrito la Comedia. Eso es mucho decir. Pero sí había comunicación y puntos en común entre la mística de origen árabe, musulmana, y la mística cristiana, y en el Paraíso se ven algunas de esas conexiones, no sólo en el Infierno sino también en el Paraíso”.

¿Y en el caso de Tasso, que escribió sobre la Primera Cruzada?
Es interesante también, porque allí sucede algo parecido. Tasso escribe mucho después que Dante, en un momento en que ya se han producido cientos de años de confrontación entre el imperio turco y la cristiandad, y en lugares estratégicos de Italia, como Venecia, Salerno, hubo incursiones de los árabes y había una hostilidad centenaria entre cristianos y musulmanes. De hecho, Tasso escribe más o menos en el contexto de la batalla de Lepanto, y sería esperable en su Jerusalén liberada, que nada más y menos trata de la conquista de Jerusalén por parte de las tropas cristianas de Godofredo de Bouillón, de la Primera Cruzada, sería esperable que hubiera una imagen muy opuesta y muy negativa de los musulmanes que son los enemigos y que a veces su enemistad se complica con elementos mágicos. Pero, por otro lado, casi todos los personajes interesantes femeninos de la Jerusalén liberada, casi todos no, todos los personajes femeninos de la Jerusalén liberada son del ámbito musulmán, del ámbito sarraceno. Y hay ahí una especie de elogio también del enemigo, que es una tradición épica importante que está en el Orlando furioso de Ariosto y también en Torcuato Tasso. Es interesante ver que esos dos mundos, enemigos durante siglos, en algunas de estas obras, aunque escritas desde la perspectiva cristiana, se asimilan o se tienen en cuenta ya sea enseñanzas o doctrinas místicas, ya sea por razones caballerescas, y se enzalce el heroísmo de algunos de esos enemigos”.

Presentó en México Prohibido estacionarse. Su poesía ha sido tan prolija como su trabajo como traductor desde 1992 con La espera. ¿Qué distingue este nuevo poemario en una obra de 33 años?
Me hace mucha ilusión que Prohibido estacionarse se publique precisamente en México, porque es un libro muy mexicano, no por el contenido. Reuní mi poesía completa o casi completa hace pocos años, en Primeras voluntades (Acantilado, 2020), pero no era el mejor momento para publicar nada, porque ha salido en plena pandemia, no hubo presentaciones, hubo apenas distribución. Mi poesía es conocida sobre todo por mis poemas breves, especialmente porque a algunos les he puesto música y los he convertido en canciones. Pero hay otra parte de mi poesía que es muy mexicana porque siempre me ha gustado la tradición del poema extenso, que en España prácticamente no existe, pero que en México es fundamental gracias a Góngora, por sus “Soledades”, y sobre todo al “Primero Sueño” de Sor Juana. Y en el siglo XX mexicano hay ejemplos extraordinarios de poemas extensos como “Muerte sin fin”, de José Gorostiza, o “Blanco” y “Piedra de sol”, de Octavio Paz. Y siempre me ha gustado esta idea de un poema extenso, que no sea un solo fragmento, que pueda ser una sucesión hasta devenir un poema unitario. Y tengo tres poemas de ese tipo que se recogen en Prohibido estacionarse, que se subtitula Tres ciclos poéticos. Y gracias a la generosidad de Otto Cásarez, que ha inaugurado una pequeña colección de poesía en la pequeña editorial independiente Luxpluslux, he reunido esos tres poemas: “Momentos”, “Prohibido estacionarse” y “Ser y estar”, con título global Prohibido estacionarse”.

¿Y quién es José María Micó en este momento de su carrera?
Es una pregunta que me cuesta responder. Por un lado, siempre he hecho lo mismo y sigo siendo el lector del Infierno que no entendió muy bien el Infierno y que tuvo que aprender suficiente italiano para traducir la Comedia; por otro lado, me gusta pensar que sigo siendo el mismo que aquel adolescente porque entonces quería escribir canciones y he acabado haciéndolo también; es decir, quería que la música formase parte de mi creación y al final lo he conseguido y desde hoy mismo estoy componiendo una canción nueva. Y con el grupo que monté con mi compañera, Marta y Micó, llevamos ya cinco discos grabados. El José María Micó que aparentemente es muy distinto de aquel adolescente que no había hecho nada todavía, ni escribir ni traducir ni componer, ahora resulta que se parece mucho 40 años después a aquel adolescente, y he acabado haciendo lo que quería hacer cuando era joven. Lo único que ha cambiado es que ahora tengo obra, entonces no la tenía, pero esa obra ha seguido los caminos que a mí me hacían ilusión caminar, seguir, recorrer, cuando era joven.

¿Y en qué círculo del Infierno le gustaría estar a José María Micó?
Dante ya reservaba un espacio para mí, hay dos posibles: los traductores podríamos estar en el círculo de los traidores, en la peor parte del Infierno, porque nos dedicamos a estropear las obras de quienes nos han ayudado a vivir. Pero en realidad estamos en un sitio más agradable, el Limbo, porque los traductores más bien somos como almas perdidas en el Limbo, porque estamos melancólicamente suspendidos entre el deseo de alcanzar la perfección de la obra original y la conciencia de que nunca la alcanzaremos. Dice Dante, en mi traducción: “Por sólo esos defectos, sin más culpa, estamos condenados padeciendo un deseo sin sombra ni esperanza”. Pero también tenemos un lugar en el Paraíso, por lo menos así lo digo en mi dedicatoria de la Comedia a todos los traductores de Dante, porque estamos condenados al Paraíso, que es como una condena, pero tan luminoso como el de Dante.

lunes, 23 de febrero de 2026

"Los poemas de Moore poseen la delicada, matemática extravagancia de los copos de nieve"


El pasado 26 de enero, Juan F. Comparatore se ocupó, en la revista Ñ, del diario Clarín, de una reciente antología dedicada a la poeta estadounidense Marianne Moore, que, con traducción de Oscar Fariña y Guadalupe Alfaro, publicó la editorial argentina Fadel & Fadel.

Marianne Moore, la que desconfiaba de la emoción fácil

Solía llevar un sombrero tricornio, una capa de corte eduardiano, y deambular por las veredas de Brooklyn como si marchara hacia un aquelarre. La obstinación que dictaba su atuendo regía también su escritura: a contrapelo de la época. Durante más de medio siglo, ese anacronismo deliberado que respondía al nombre de Marianne Moore se dedicó a forjar un dialecto de precisión naturalista en piezas que tienen la apariencia de informes de campo. El rigor de la mirada, única garante de una autenticidad que desconfiaba del adorno y de la emoción fácil, la condujo a una poesía que renuncia a la retórica heredada y construye, en la página, artefactos verbales autónomos. Para ver lo que hay delante –esa otredad irreductible– hacía falta un lenguaje nuevo. Y para ello había que educar al ojo en la extrañeza.

Según Hugh Kenner, uno de los mayores exégetas del modernismo, Moore transformó la poesía angloamericana al desplazar el centro de gravedad del poema desde la tradición oral –la voz, el ritmo, la cadencia– hacia la página impresa, la mirada minuciosa y la exactitud perceptiva.

No es una estocada inusual en este crítico; ya en Los comediantes estoicos sostenía que la modernidad literaria nace cuando los escritores dejan de concebir la obra como algo destinado a ser oído y comienzan a pensarla como un objeto visual, estrictamente ligado a las posibilidades y limitaciones de la imprenta. En ese nuevo régimen, la obra ya no se apoya en la memoria ni en la música del acervo oral, sino en la disposición de las palabras sobre la página, por lo que la impresión, en lugar de mero soporte, se vuelve un principio generativo de la forma. Con sus versos medidos, sus sangrías calculadas y su sintaxis elíptica –siguiendo el postulado de Kenner– Moore es a la poesía lo que Flaubert, Joyce y Beckett son a la prosa.

Todo esto viene a cuento de Marianne Moore: una introducción, volumen que reúne un conjunto de poemas de la autora norteamericana, precedidos por “A disgusto”, el escrupuloso ensayo que Hugh Kenner escribió en 1965 y que orienta tanto la selección como el orden de los textos. La conjunción de estas piezas se debe a los traductores Guadalupe Alfaro y Oscar Fariña, cuya labor se distingue por una cuidadosa curaduría, puesto que, además de ofrecer versiones rigurosas, tomaron la decisión audaz de incluir las primeras versiones de los poemas, aquellas que admiraron William Carlos Williams, Wallace Stevens, T.S. Eliot o W.H. Auden.

Es sabido que, con el objetivo de lograr mayor claridad y exactitud en la expresión, y al mismo tiempo evitar todo exceso retórico o emotivo, Moore no sólo se limitaba a modificar la puntuación entre ediciones, sino que también cercenaba versos o incluso estrofas enteras. Un ejemplo paradigmático de este proceder se encuentra en el itinerario de su célebre “Poesía”, cuyo primer verso –“A mí también me disgusta: hay cosas más importantes que esta farsa”– fue todo lo que quedó tras sucesivas podas.

No siempre esta práctica ascética arroja los mejores resultados, y no pocos lectores se lo han reprochado. Además, es precisamente esta faceta de su obra la que, con la venia del Collected Poems, ha gozado de mayor circulación. De ahí que el empeño de los traductores por recuperar las versiones originales adquiera un valor particular en nuestro país, donde, a pesar del esfuerzo de Hugo Padeletti y, sobre todo, de Mirta Rosenberg –responsables de la pionera antología El reparador de agujas del campanario y otros poemas–, la obra de Moore mantiene un alcance reducido.

“La primera vez que traté de leer los poemas de Marianne Moore, en 1935, simplemente no pude encontrarles ni pies ni cabeza. Para empezar, no fui capaz de ‘oír’ los versos”. Quien así habla es W.H. Auden. No pocos lectores se han topado con dificultades semejantes. Casi como si partiera de esa observación, Kenner concluye que Moore escribe para “la vista, no para el oído”. Uno de los puntos sobresalientes de su ensayo es la lectura del sistema tipográfico de la poeta: pequeñas cuadrículas visuales donde el ritmo no se capta auditivamente, sino al contar sílabas y observar la disposición espacial del texto.

Regidos por una arquitectura rigurosa, sus poemas no buscan “decirse” sino hacerse, como mosaicos de percepción donde cada palabra debe justificar su presencia. Kenner muestra cómo la geometría visual del poema “El pez” detiene de manera deliberada la fluidez del enunciado, obligando al lector a ver palabra por palabra, igual que la poeta observa escama por escama.

Descripciones taxonómicas, listas exhaustivas, definiciones entrecortadas, injertos de citas. La poesía de Moore es un montaje verbal que combina rigor naturalista con una inteligencia compositiva. Randall Jarrell decía que los poemas de Moore poseen la “delicada, matemática extravagancia de los copos de nieve”. Lo que Hugh Kenner señala sobre Marianne Moore no es simplemente que miraba bien –eso lo puede hacer cualquiera con buena vista–, sino que miraba raro. Así construyó una obra que parecía vivir al margen del mundo, pero que lo iluminaba desde un ángulo que nadie más había advertido.

viernes, 20 de febrero de 2026

Una polémica sobre los traductores (II)

El pasado 26 de enero, Enrique Murillo, quien ha sido lector y editor, traductor y escritor, entre otras cosas, y ha trabajado en Anagrama, en Plaza & Janés, en Planeta y Alfaguara, además de coordinador de Babelia, el suplemento literario de El País, publicó este artículo de opinión en defensa de la labor de los traductores frente a un polémico artículo del editor Pere Sureda. Lo hizo en elPeriódico, de España.

La importancia del traductor

Escribo enfadado por el tono y la escasa aportación de datos que mi querido colega Pere Sureda empleó en este suplemento cuando habló de lo que él denuncia como excesiva “sacralización” del trabajo del traductor. No cita muchos ejemplos de lo que llama “errores infantiles”, que al parecer se cometen ahora de forma abundante y que consisten en tratar al traductor como alguien “más importante” que quien ha escrito el texto original. Que yo sepa, eso es a lo sumo una excepción muy minoritaria.

Además, si hay un trabajo editorial que está sacralizado excesivamente en España no es precisamente ése, sino el del editor, que suele hablar de sí mismo como un creador (copiando la frase del librero y editor izquierdoso François Maspero), cuando se atreven a decir la simpleza de que “mi obra es mi catálogo”. ¡Por favor! Comparar esa supuesta “obra” con la del autor es megalomanía.

Hablemos de la consideración que por lo general merece la traducción en el sector editorial. Porque lo que sí es necesario denunciar es el trato miserable que, en cuanto a remuneración y consideración, merece el traductor en la mayoría de las empresas dedicadas a la edición.
Remuneración

Los traductores cobran, con tarifas congeladas desde 2010, entre 10 y 15 euros por página de 2.100 caracteres con espacios. Lo cual significa que no se sacan al mes ni un salario mínimo interprofesional (aparte de no cobrar si cogen vacaciones, si están enfermos, si pasan días o semanas sin encontrar quien les dé trabajo, cosas muy habituales). Además, carecen de una consideración fiscal adecuada, lo que les castiga aún más, ya que son tan falsos autónomos como los 'riders' de Glovo.

Es cierto que, ahora, los editores incluso ponen a veces el nombre del traductor en portada o la portadilla, cumpliendo así el espíritu de la Ley de Propiedad Intelectual de 1987. Pero eso no significa darles más importancia que al escritor. Ha habido alguna vez algún traductor-estrella, digamos que habrá cuatro o cinco de un colectivo de unos cuantos miles. Pero son excepciones casi inexistentes.

En cuanto a la complejidad de su trabajo, en cuanto a la necesidad de que sea un trabajo por lo menos eficaz, habría mucho que hablar. Si una novela o crónica humorística (pensemos en algunas de Tom Wolfe) no hace reír por culpa del traductor, el libro está muerto. Por citar solo un ejemplo.

Al lector interesado he de remitirle a mis memorias, donde trato extensamente no solo el asunto de la remuneración, sino también el de las características de ese trabajo y su grado de creatividad en relación a la necesidad de reinventar a veces el propio idioma con formas verbales, léxicas y de construcción sintáctica que jamás se habían empleado. Es decir, son, por lo menos, y los mejores solamente, creadores de lenguaje.

En este país tan desdichado para todo lo referente a la cultura del libro, lo que necesitan los traductores no es menos sino más consideración. Que puedan ser considerados como entes capaces de negociar colectivamente sus condiciones laborales con los editores, cosa que ahora se les prohíbe bajo pena de multa, sería sin duda un avance.

jueves, 19 de febrero de 2026

Una polémica sobre los traductores (I)

El 16 de enero pasado, en elPeriódico, de España, el editor Pere Sureda, ex subdirector general de Ediciones B, ex director general de la editorial Grup 62 y ex director del Grupo Norma, publicó un artículo de opinión, donde, a cuenta de nada, señala una serie de ideas polémicas a propósito de los traductores literarios.

Sacralización del traductor

Este texto no pretender ir en contra nadie, y mucho menos en contra de los y las traductoras, los textos traducidos, las asociaciones de traductores y ese mundo que los rodea. Nada más lejos de mi intención, aviso. Solo quiero esclarecer un punto que me parece importante y que, quizá, estamos perdiendo de vista: el texto original. Ese es el determinante. A quién se traduce. Qué ensayo o novela o reportaje se está vertiendo a nuestras lenguas.

No es lo mismo traducir a William Shakespeare, pensarán ustedes, que la última obra de un autor joven que escribe en inglés. También lo pensaba yo. Creía que traducir a los clásicos de todos los tiempos requería un nivel de conocimiento excepcionalmente superior a la media. Lo sigo pensando. Pero considero que es bueno abrir el debate, si así lo quieren llamar, sobre qué libros, provengan del original que provengan, vertidos a nuestras lenguas son los que nos han emocionado, conmovido, maravillado. Busquen y verán que estos libros son maravillosos por quién los ha escrito en lengua original, no necesariamente por su traductor. Voy a desarrollar esta tesis. ¿O hipótesis? Da igual.

Recuerdo que en mi juventud (nací en 1957), a los 14 años, ya leía con fruición todo lo que pasaba por mis manos. De Enid Blyton a Julio Verne, de Mario Puzo a Emilio Salgari, y jamás se me ocurrió pensar en quién los traducía. Ignoro si en los títulos de crédito de esos libros figuraba o no el nombre del traductor. No conocía el concepto de traductor. Ni lo conocía ni pensaba en ello.

Disfrutaba o me resultaban pesados esos libros que leía en mis años de juventud e inocencia. Pasados los años, y ya trabajando plenamente en el sector editorial, observé que los traductores eran seres humanos cuyo trabajo fundamental era verter los textos de un idioma extranjero a nuestras lenguas. No me extrañó, sencillamente pasó a formar parte de todo lo que estaba aprendiendo y conociendo como profesional. Y desde entonces así fue. Seguía leyendo y seguía maravillándome o descartando los libros que me resultaban aburridos.

Protagonismo
Fue a principios del siglo XXI cuando en nuestro país, y de una forma insistente, la figura de quién traduce fue tomando mayor y merecido protagonismo. ¿Quizá la traducción directa del ruso hecha por Marta Rebón de la novela de Vasili Grossman Vida y destino, y de su éxito de crítica y público, fue lo que desencadenó una profunda reflexión sobre el protagonismo de la traducción? En mi imaginario, sí. La publicación data de 2007 y es de Galaxia Gutenberg. Existía otra traducción anterior del francés, es decir una traducción de una traducción, a cargo de Rosa Maria Bassols, publicada por Seix Barral en 1985, que no he leído.

En la primera edición en tapa dura con sobrecubiertas de la edición de Galaxia Gutenberg no figura el nombre de la traductora en portada. En las siguientes ediciones, ya sí. Como lector y como editor me parece lo correcto. Así debe ser. No hacerlo es retrógrado. No ignoremos, en tanto que editores, el nombre del traductor. Démosles lo que merecen. Pero que eso no nos lleve a errores infantiles como los que hoy se dan.

No contribuyamos a que la figura de la persona que traduce sea más importante que la de quien ha escrito el texto original. Eso sería una necedad y particularmente me parecería un escándalo. Comento esto porque en el entorno -libreros, prensa, escritores, lectores- quizás se empieza a valorar más la traducción que el original, y eso no. De ninguna manera: el responsable último siempre es el autor del texto original.

No olvidemos que cuando éramos jóvenes leíamos a Alejandro Dumas, Emilio Salgari, Graham Greene, Patricia Highsmith, Georges Simenon, Virginia Woolf y un largo etcétera y nos entusiasmaban, sin conocer quién los había traducido. Créanme, un gran escritor soporta a lo largo del tiempo muchas malas traducciones, pero sigue vivo.

miércoles, 18 de febrero de 2026

Atención traductores: si esto no es una publicidad encubierta, le pegó en el poste

"La traducción automática entra en una nueva etapa con la llegada de ChatGPT Translate, una herramienta impulsada por inteligencia artificial que promete traducciones más naturales y contextuales en más de 50 idiomas." Tal es la bajada de la nota firmada por
Matías Torino, el pasado 20 de enero, en El Heraldo de México.

Adiós Google translate: el nuevo traductor que sirve para 50 idiomas y lo reemplazará

En los últimos años, la inteligencia artificial ha transformado la forma en que las personas se comunican y acceden a la información. En ese escenario, ChatGPT Translate surge como una alternativa innovadora a los traductores tradicionales, ya que no solo se enfoca en traducir palabras, sino también en interpretar el contexto, el tono y la intención del mensaje original, ofreciendo resultados más fluidos y cercanos al lenguaje humano.

A diferencia de los sistemas clásicos de traducción automática, esta nueva propuesta se apoya en modelos de lenguaje avanzados capaces de adaptarse a distintos registros, desde textos informales hasta contenidos técnicos o profesionales. Esto ha generado que muchos usuarios comiencen a verlo como un posible reemplazo de Google Translate, especialmente para quienes buscan traducciones más precisas y naturales.

CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES DE CHATGPT TRANSLATE
-Traducción en más de 50 idiomas con comprensión contextual.
-Capacidad de adaptar el tono y el estilo del texto (formal, informal, técnico).
-Interpretación de frases complejas, modismos y expresiones culturales.
-Posibilidad de traducir textos largos manteniendo coherencia y sentido.
-Interacción conversacional para aclarar significados o ajustar traducciones.

CHATGPT TRANSLATE  vs. GOOGLE TRANSLATE
Mientras que Google Translate se destaca por su rapidez y amplia cobertura de idiomas, ChatGPT Translate sobresale por la calidad del lenguaje y la comprensión del contexto. Google Translate es ideal para traducciones inmediatas y puntuales, pero puede resultar literal en frases complejas. En cambio, ChatGPT Translate ofrece traducciones más naturales y explicativas, lo que lo convierte en una herramienta especialmente útil para textos elaborados, contenidos profesionales o comunicaciones que requieren mayor precisión.


martes, 17 de febrero de 2026

"En poco más de una década, Deep Vellum ha publicado más de 1.200 libros escritos originalmente en 15 idiomas y originarios de 100 países de seis continentes"

El 25 de diciembre de 2025, Sara Polo publicó la siguiente semblanza de Will Evans, traductor estadounidense y fundador de una editorial que es una rara avis en el paisaje de su país. Lo hizo en elmundo.es, de España.

El hípster de Texas que se convirtió en el mayor traductor literario de la historia de EEUU: "Leer algo escrito fuera de tu país es una buena vacuna contra el populismo. No existimos solos"

«Es un tipo fascinante, muy peculiar, una metralleta verbal». Está mal robar palabras al último Premio Nacional de Narrativa, pero es imposible describir mejor al personaje bigotudo y tatuado que ilustra esta página. Paco Cerdà desembarcó en EEUU el pasado septiembre para presentar la edición en inglés de El peón, y terminó faltando a su evangelio como valenciano en un restaurante español de Dallas intentando seguir como podía el verbo ágil, por no decir hiperactivo, de Will Evans, su editor al otro lado del océano, ese tipo fascinante cuyo empeño personal lo ha convertido en apenas 10 años en el mayor traductor de literatura extranjera de la historia de EEUU.

«Se empeñó en que cenáramos paella, porque le encanta, y yo no sabía cómo decirle que aquello era una turistada inaceptable para mí. Terminé aceptando -al fin y al cabo, era mi editor- y estaba muy buena, la verdad, pero cuando terminamos no pude evitar decirle: 'Will, esto no se hace. Es como pedir a un italiano que se tome un capuchino antes de ir a dormir'. Nos reímos mucho», recuerda. Paco Cerdà escribió su libro sobre ajedrez sin imaginar siquiera que los fans estadounidenses de Bobby Fisher pudieran jamás tener acceso a sus páginas. Hasta que una minúscula editorial con base en Texas se puso en contacto con su propia casa editora logroñesa, Pepitas de Calabaza, que se define a sí misma como «con menos proyección que un cinexin», y se obró el milagro. «Sólo desde la pasión se puede entender el proyecto de Will Evans. En Europa, la literatura traducida nos parece una evidencia; en EEUU, es una heroicidad», sentencia.

Pasional es, de hecho, otro gran adjetivo para el busto gesticulante que asoma al otro lado de la pantalla presto a desgranar a lo largo de una hora de conversación apabullante los pormenores de una vida entregada a los libros. A los libros que otros desprecian por poco comerciales, por estar escritos por minorías o, sobre todo, porque vienen de fuera. «EEUU tiene desde siempre un problema de aislamiento del mundo, ha sido así en sus casi 250 años de historia. Este país se fundó sobre principios fascinantes pero también sobre el miedo al forastero, así que traducir literatura extranjera es aquí toda una declaración política», expone. Will Evans fundó Deep Vellum en 2013 y la bautizó a partir de un juego de palabras entre el barrio hípster en el que recaló al llegar a la ciudad, Deep Ellum, y la vitela (en inglés, vellum), el pergamino elaborado a partir de piel tratada de animal en el que se imprimió, por ejemplo, la Biblia de Gutenberg. La combinación da una buena idea de su idea de fondo: conectar con lo global desde lo hiperlocal.

Todo empezó en el instituto con un libro que le cambió la vida, La vida de un hombre inútil, de Máximo Gorki. «No es uno de los clásicos de la literatura rusa, pero fue el que me impactó. Me hizo darme cuenta de que era un ser diminuto que no sabía nada del mundo, me dejó alucinado», rememora. «Si estoy hoy aquí hablando contigo es por aquello. Cualquier libro puede cambiar tu vida y yo quiero poner a tu disposición el catálogo más amplio posible para que puedas encontrarlo». Gorki despertó en el joven Will una fascinación por la literatura rusa que lo acompañó hasta la escuela de posgrado, donde en la solicitud para entrar en el programa de doctorado escribió: «Me encanta Dostoievski, quizá sólo lea a Dostoievski el resto de mi vida». Le aceptaron, pero renunció. El programa le parecía aburridísimo.

Así que se fue de gira con su grupo de rock del instituto, He Is Legend, que tras prescindir amablemente de sus servicios como cantante para fichar a uno mejor lograron triunfar y girar por todo EEUU. «Es normal, ellos son buenísimos y yo sólo gritaba al micrófono», asume. Aquella experiencia como tour manager se alargó cinco años y despertó en él una ambición que sigue guiando sus días: «Me obsesioné con conectar el entretenimiento con la alta cultura. Me impactó mucho salir al mundo real y ver lo poco que a la gente le importaba la literatura. Incluso los grandes lectores leían siempre lo mismo y se aburrían. Yo también», cuenta. «En la industria musical conocí a gente tremendamente emprendedora que demostraba que si quieres ver un cambio en el mundo tienes que remangarte y hacerlo, y cuando volví, cursé finalmente un posgrado en Literatura Rusa pero con la cabeza ya puesta en revolucionar el mundo editorial con algo tan aparentemente simple como complejo en la ejecución: poner al lector en el centro».

En poco más de una década, Deep Vellum ha publicado más de 1.200 libros escritos originalmente en 15 idiomas y originarios de 100 países de seis continentes. Sólo se le ha resistido la Antártida. «Cuando veo todas esas historias, todos esos narradores, esas culturas ahora disponibles en inglés para que la gente pueda descubrirlos, joder, es genial», reconoce. «El lugar de EEUU en el mundo es realmente desconcertante y nuestro objetivo es generar una conversación global. La cultura es política, la literatura es política, y cuando el diálogo se produce es cuando ves la verdadera humanidad de las personas frente al odio. Ser parte del cambio es impactante. Hacerlo desde una ciudad como Dallas, nacida como lugar de encuentro entre culturas, tiene todo el sentido». «Lo suyo no es un catálogo, es una obra», resume Paco Cerdà.

La encrucijada fronteriza texana propició, además, otro cruce de caminos totalmente inesperado que dio en una gran amistad y en un proyecto compartido que ha cambiado el paisaje cultural de la novena urbe de EEUU. El ingeniero de caminos riojano Javier García del Moral desembarcó en Dallas a principios de la década pasada a lomos de una gran multinacional española. Coincidió allí con un compañero, Paco Vique, con el que compartía dos grandes pasiones: los libros y las cañas. Con sus ahorros fundaron la primera librería-bar de la ciudad que sería, en realidad, también la primera librería independiente en un paisaje monopolizado por las grandes cadenas. La llamaron The Wild Detectives en homenaje a Roberto Bolaño. ¿Recuerda aquello de crear conversación que movió a Will Evans a crear Deep Vellum? Pues ahora ya tenía un espacio físico en el que desarrollar esas charlas. Fue en The Wild Detectives donde Paco Cerdà presentó The Pawn, por ejemplo. Fue también, por cierto, García del Moral quien aconsejó a Evans traducir una novela española de ajedrez buenísima que acababa de leer.

«Queríamos crear un espacio en el que poder hablar de literatura, invitar a autores, recuperar esa idea de la librería como punto de encuentro de la comunidad que se había perdido, primero, a causa de las grandes cadenas y, después, por culpa de Amazon», describe el ingeniero aquel proyecto que hoy es su medio de vida. No era su intención convertir The Wild Detectives en una librería española; de hecho, el 95% de los títulos que vende son en inglés, pero sí reconoce que la literatura latinoamericana traducida es la que más llena sus estanterías. Traducida por su amigo Will, claro. El 40% de la población de Dallas es de origen latino. «Se da una paradoja interesante: en México, el español es un idioma muy asociado al Estado frente a la marginación de las lenguas indígenas. Conduces 400 kilómetros, cruzas la frontera y el español se convierte en idioma de resistencia, en una declaración política», afirma el ingeniero. «Eso es precisamente lo que hace la literatura: explicar cómo el contexto cambia completamente los significados y demostrar que los términos absolutos, en general, no valen para nada».

Corren malos tiempos en la tierra de la libertad para los discursos aperturistas. No en vano, una de las primeras órdenes ejecutivas que dictó Donald Trump poco después de regresar a la Casa Blanca fue declarar el inglés como única lengua oficial de EEUU por primera vez en su historia, en lo que constituyó la primera piedra de una persecución al latino que saltó de la lengua a la calle. «Si hace 15 años propones una serie con lo que está pasando hoy aquí, te la tiran por inverosímil», asegura García del Moral. «Hay mucha gente que no sale de su casa por miedo a las redadas, muchísimos niños que no van al colegio por si los separan de sus padres, y también hay una cierta autocensura, no tanto por el aparato de Gobierno como por las hordas de bots y de cenutrios que sólo buscan hacer ruido. En las librerías, que son espacios en los que saben que se administra un contenido contrario a sus ideas, es habitual que traten de intimidarnos».

Sabe bien de lo que habla el librero. Hace algunas semanas, con motivo del Hay Festival que The Wild Detectives acoge en Dallas, una mujer irrumpió en un encuentro con el reportero y autor de cómics maltés Joe Sacco, autor de varios libros críticos con la actuación israelí en Palestina, y empezó a grabar los rostros de los trabajadores del local entre gritos de «terroristas». «Al final, para evitar esas situaciones desagradables, a veces te ves a ti mismo colocando algún libro más atrás, menos visible, o evitando ciertos temas espinosos», reconoce el español. Para él, el intercambio de ideas en torno a una cerveza genera un vínculo que va mucho más allá del simple entretenimiento: «Es el germen de la empatía, y ese es, a su vez, el germen del cambio».

La identificación con el otro empapa también el discurso político de Will Evans. «Está científicamente demostrado que leer ficción genera empatía, que te hace mejor persona. Conozco a mucha gente inteligente que no lee ficción, son analfabetos emocionales funcionales. Saben leer pero no interactúan con el mundo de las ideas que la literatura representa», acusa. «Hay libros que son portales que te hacen ver el mundo de otra manera, y en ese sentido, leer literatura creada fuera de tu país, de tu cultura, es una buena vacuna contra el populismo. ¿Te va a proteger un libro extranjero de los movimientos internacionales de extrema derecha? No necesariamente. Pero forma parte de la solución entender que no existimos solos».

En su cruzada por dar voz a quienes otros rechazan, Deep Vellum nació con un discurso que apelaba a publicar a los escritores infrarrepresentados. Lo abandonaron después de que algún autor europeo se ofendiera. «Puedes ser el escritor más vendido de tu país, pero en EEUU no vales nada», tuvo que explicar el editor a alguno de ellos. Para hacernos una idea, su editorial fue la casa norteamericana del noruego Jon Fosse antes de que ganara el Nobel de Literatura en 2023, y también cuenta en su catálogo con el rumano Mircea Crtrescu y la turca Leylâ Erbil.

Evans acaba de regresar de Nueva York, donde ha acompañado a Ethan Rutherford en el National Book Award, del que era finalista. «La nuestra era la única editorial en aquella mesa que no tenía sede en Manhattan. Estábamos sentados junto a empresas que tienen un presupuesto un millón de veces mayor que el nuestro y, aun así, nuestro autor era del mismo nivel. Y es ahí donde quiero que estemos, donde quiero llevar a mis autores aunque me haga un agujero en el presupuesto. Merecemos estar en esa mesa», argumenta el editor. Deep Vellum es una organización sin ánimo de lucro por principios, pero también por necesidad. EEUU tiene una larga tradición de editoriales independientes que eligen ese régimen para llenar los huecos que deja la voracidad del mundo corporativo.

«El principal problema de la industria editorial en EEUU es que todos los libros son iguales: todos están escritos por las mismas personas, de la misma clase social, del mismo nivel económico y educativo. El 96% de los libros que se publican son de autores blancos, menos del 3% son traducidos y sólo un 0,1% traducen novedades. Todo forma parte de la misma mentalidad cerrada contra la que luchamos», resume Evans. «Las ventas no pueden ser nuestro indicador de éxito porque nuestro principal desafío es el acceso al mercado. ¿Cómo puede una editorial pequeña imprimir los suficientes ejemplares de un libro para triunfar, incluso si se vende lo suficientemente bien?», se pregunta.

Y sin embargo, la pasión que le atribuía Cerdà no decae cuando mira al futuro: «Estamos haciendo lo que nadie más hace y vamos a seguir haciéndolo. Aunque parezca una locura, algunos creemos en esto. Y 12 años después, aquí seguimos. Es un milagro».

lunes, 16 de febrero de 2026

Una "falla mínima", defendida con espíritu corporativo por la Cámara Peruana del Libro

"Un título del best seller de literatura infantil español Jordi Sierra i Fabra llegó a las librerías peruanas con defectos que dificultaban la lectura." Tal es la bajada de la nota publicada por Daniel Gigena, en La Nación, de Buenos Aires, el pasado 21 de enero.

Multan al grupo Santillana en el Perú por comercializar un libro para chicos con errores de impresión

Una resolución administrativa impactó en los últimos días en el ámbito editorial del país invitado de honor de la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, el Perú. La Comisión de la Oficina Regional del Instituto Nacional de Defensa de la Competencia y de la Protección de la Propiedad Intelectual (Indecopi), en Arequipa, multó al grupo español Santillana S.A. por vender un libro con defectos de impresión (formato invertido y paginación no consecutiva) que dificultaban la lectura de Querido hijo: estamos en huelga (Loqueleo), del escritor español Jordi Sierra i Fabra.

El lunes, la Cámara Peruana del Libro expresó su preocupación mediante un comunicado y advirtió sobre las “sanciones desproporcionadas”; no solo en el Perú los editores temen un “efecto contagio” de denuncias (debido, en parte, a que los procesos de control de calidad en las editoriales no serían tan estrictos como lo eran antes).

Aunque Santillana apeló la medida, el Indecopi ratificó la multa de 2,44 Unidades Impositivas Tributarias (UIT), más de trece mil soles peruanos, casi cuatro mil dólares, lo que equivale a 312 veces el valor comercial del libro, por infringir el deber de idoneidad previsto en el Código de Protección y Defensa del Consumidor al comercializar un producto que no cumplía con las condiciones mínimas de calidad. El libro, que costaba 43.05 soles peruanos, tenía páginas invertidas y desordenadas.

El caso se originó a partir de la denuncia de una mujer que había comprado dos libros en marzo de 2025, uno de los cuales -Querido hijo: estamos en huelga, que narra una “huelga de padres” de un hijo desobediente que en casa tiene, día a día, “todo servido”- presentaba errores en el orden y la impresión de algunas páginas. Tras evaluar el expediente, se determinó que vender un libro fallado daba lugar a la infracción administrativa que fue confirmada en segunda instancia.

Los responsables de Santilllana, que no negaron los errores de impresión, sostuvieron que se trataba de una “falla mínima” en el proceso de producción editorial. Sin embargo, el Indecopi sostuvo que la magnitud del defecto no era el elemento determinante de la sanción, sino el hecho de que el producto hubiera sido comercializado sin cumplir con los estándares de calidad exigidos por la normativa de protección al consumidor.

El Indecopi confirmó que Santillana S.A. había infringido el artículo 19 del Código de Protección y Defensa del Consumidor, que establece la responsabilidad del proveedor por la calidad e idoneidad de los productos ofrecidos. E indicó que las acciones posteriores del grupo editorial, como ofrecer la devolución del dinero o el reemplazo del libro por otro legible, no eliminaban la responsabilidad administrativa.

Al apelar, la empresa afirmó que había actuado con diligencia al atender el reclamo de la consumidora y proponer soluciones en un plazo breve. Además, alegó que el defecto no lo hacía inutilizable y que la multa era desproporcionada. El ente estatal desestimó la defensa y consideró resonsable al proveedor de comercializar un libro fallado. Solo revocó la multa adicional de 3,00 UIT que había sido impuesta en primera instancia por una supuesta infracción al deber de información. Además de la multa de 2,44 UIT, el Indecopi confirmó la medida que ordena a Santillana S.A. devolver el monto pagado por el libro defectuoso en un plazo de quince días hábiles y a hacerse cargo de los costos del procedimiento administrativo.

La Cámara Peruana del Libro salió en defensa de Santillana S.A. con un comunicado de seis puntos en el que advierte que la sanción aplicada al grupo español podría generar “graves implicancias” para el sector editorial en el Perú. La entidad remarcó que el caso se había originado por la venta de un único ejemplar con una falla en la compaginación de cuatro páginas y no por fallas múltiples, y solicitó a las autoridades revisar el caso.

“La empresa vendió un (1) libro que presentó el defecto específico en la compaginación de cuatro páginas, y no varios como se pretende comunicar -sostiene el comunicado-. El error detectado no fue humano ni intencional, sino que ocurrió de manera involuntaria debido a la automatización de los procesos de elaboración de un libro. Siempre existe un margen de error o defecto en todo proceso automatizado. Ante esta situación, se activó de inmediato el protocolo de atención al cliente, permitiendo optar por el cambio del libro o la devolución del dinero. El caso se encuentra aún en discusión ante las autoridades competentes puesto que es técnicamente imposible lograr una tasa de cero defectos en la elaboración automatizada de un producto. Ante el cambio de criterio por parte de las autoridades al momento de imponer una sanción por defectos indetectables, las empresas no tienen la más mínima oportunidad de evitarlas. Lo cual contribuye un abuso y una arbitrariedad manifiesta que no obedece a la realidad de la industria en ninguna parte del mundo”.

Desde la Cámara consideran que la multa impuesta -que “representa 312 veces el valor del producto defectuoso”- es una “medida desproporcionada”.

“El gremio editorial reafirma su compromiso con la calidad de los contenidos y con el fortalecimiento de la cultura y la educación en el país. No obstante, casos como este generan una legítima preocupación en el sector, al tratarse de sanciones desproporcionadas para las empresas editoriales, que con gran esfuerzo contribuyen al desarrollo nacional. Exhortamos a las instancias competentes a revisar el caso y a evitar que se establezca un precedente que afecte a una de las industrias más necesarias y, a la vez, menos protegidas del país”, concluye el comunicado.