miércoles, 3 de junio de 2026

Por el dinero que le pagan al hijo, Clarice Lispector ya no podrá ser leída en traducciones argentinas

"Editoriales argentinas perdieron los derechos sobre los títulos de la autora de Cerca del corazón salvaje, que ya empezaron a comercializarse por Siruela y DeBolsillo." Tal es la bajada de la nota publicada por Daniel Gigena, en el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 22 de mayo.


La obra de la “icónica y disruptiva” Clarice Lispector pasa a un sello de formato pequeño y precios accesibles del grupo Penguin Random House

Las ediciones en español De este modo, editoriales como Corregidor –donde se publicaron las grandes novelas de la autora en traducciones hechas en la Argentina desde la década de 1970, con La araña– perdieron los derechos. Antes, sus libros salían en El Cuenco de Plata. La noticia se puede leer como otra señal del debilitamiento del sistema editorial argentino en el mercado internacional de derechos de autor.de los libros de la escritora brasileña nacida en Ucrania Clarice Lispector (1920-1977) serán publicadas por el sello DeBolsillo, del megagrupo Penguin Random House (PRH). Tras el acuerdo firmado por el hijo de la autora, el economista y escritor brasileño Paulo Valente, las obras de la autora de Cerca del corazón salvaje -que administra la agencia literaria Carmen Ballcells- seguirán saliendo en el sello español Siruela en formato de tapas duras (trade) y, a partir de este año, en DeBolsillo (con las mismas traducciones de Siruela), de PRH, en un formato más económico de tapas blandas. Ambos tipos de ediciones se comercializarán en el mercado local.

Las ediciones en español de los libros de la escritora brasileña nacida en Ucrania Clarice Lispector (1920-1977) serán publicadas por el sello DeBolsillo, del megagrupo Penguin Random House (PRH). Tras el acuerdo firmado por el hijo de la autora, el economista y escritor brasileño Paulo Valente, las obras de la autora de Cerca del corazón salvaje -que administra la agencia literaria Carmen Ballcells- seguirán saliendo en el sello español Siruela en formato de tapas duras (trade) y, a partir de este año, en DeBolsillo (con las mismas traducciones de Siruela), de PRH, en un formato más económico de tapas blandas. Ambos tipos de ediciones se comercializarán en el mercado local.

De este modo, editoriales como Corregidor –donde se publicaron las grandes novelas de la autora en traducciones hechas en la Argentina desde la década de 1970, con La araña– perdieron los derechos. Antes, sus libros salían en El Cuenco de Plata. La noticia se puede leer como otra señal del debilitamiento del sistema editorial argentino en el mercado internacional de derechos de autor.

Como esto no impacta en los títulos de Lispector lanzados por la editorial mexicana Fondo de Cultura Económica –entre ellos, el recomendable Todos los cuentos, con traducción de la mexicana de origen brasileño Paula Abramo y prefacio y organización del estadounidense Benjamin Moser (biógrafo de Lispector)– los lectores latinoamericanos podrán optar entre al menos dos versiones de un mismo título.

Desde PRH, confirmaron que la obra de Lispector se publica en colaboración con Siruela, “en un acuerdo para potenciar la circulación de su obra en América Latina en una edición bolsillo de precios accesibles, desde $ 19.999 a $ 39.999” [en Europa, un libro de bolsillo cuesta entre ocho y doce euros]. En las portadas se consignan ambos sellos. “Celebramos a la escritora brasileña más icónica, disruptiva, venerada y atrevida del siglo XX, con la publicación de sus obras completas –remarcan–. Los lectores que lean estos libros por primera vez se encontrarán con una literatura absolutamente moderna, audaz y extraordinariamente sugerente, conocerán a una autora pionera del modernismo y el feminismo en la literatura”. La biblioteca completa de Lispector terminará de publicarse en 2027.

Al tratarse de una coedición con Siruela, en DeBolsillo se usan las traducciones del portugués que circularon en España. El escritor español Basilio Losada tradujo Cerca del corazón salvaje, la profesora española Elena Losada hizo una cuestionada versión de Agua viva, además de Todas las cartas; Cristina Sáenz de Tejada y Juan García Gayo tradujeron Aprendizaje o El libro de los placeres; la argentina exiliada en España Ana Poljak tradujo La hora de la estrella; el argentino Mario Merlino, Un soplo de vida; la uruguaya y Premio Cervantes Cristina Peri Rossi, Elena Losada, García Gayo y los escritores argentinos Marcelo Cohen y Mario Morales colaboraron para la polifónica edición española de Todos los cuentos, y el español Alberto Villalba Rodríguez tradujo la genial novela La pasión según G. H.



martes, 2 de junio de 2026

Canadá, siempre a la vanguardia de lo ilegal

Marçal Font, en su depósito

"Una compañía canadiense ha irrumpido en librerías de todo el mundo comprando miles de ejemplares sin recorrido comercial. Los libreros denuncian que su objetivo es alimentar un algoritmo y deshacerse de los volúmenes." Con esta bajada, comienza el artículo de Pol Pareja, publicado en eldiario.ar, el pasado 23 de mayo.

La misteriosa empresa que compra libros viejos para entrenar a la IA y los destruye: “Es un expolio literario”

El primer pedido le pareció normal, el segundo ya le hizo sospechar. Marçal Font, propietario de la librería de viejo Fènix de Badalona, lleva semanas viendo cómo una misteriosa empresa canadiense le compra libros extraños: principalmente ejemplares en catalán que llevan años en su almacén, todos de no ficción y sin apenas salida comercial.

“Me pueden llegar siete pedidos seguidos del mismo comprador, con un minuto de diferencia entre ellos”, apunta este librero, que sospecha que quien hace las compras es un robot.

No es el único al que le ha ocurrido. Hay una veintena de librerías de viejo en España que también han vendido ejemplares a esta compañía desde finales de abril. Algunas incluso han recibido pedidos de más de mil libros, muchos de ellos descatalogados. Lo mismo está ocurriendo en tiendas de Alemania, EEUU, Nueva Zelanda, Australia…

Los libros elegidos van desde una edición sobre el mundo de los castellers en Granollers (Barcelona) en los años 70, hasta un manual técnico sobre cómo hacer vino, actas de congresos celebrados hace 50 años o dietarios de la Guerra Civil. 

“De media suelen ser libros de unos cinco o diez euros, con poco valor”, apunta Font, “y muchos son prácticamente imposibles de encontrar”.

El sector está desconcertado. ¿Para quién está comprando esta empresa decenas de miles de libros y los hace mandar a un centro logístico de EEUU? ¿Para qué quiere estos ejemplares que llevan años pillando polvo?

Este viernes, otra compañía de Silicon Valley (EEUU) vinculada a la IA ha contactado con una librería de viejo española, que prefiere no revelar su nombre, y le ha planteado un pedido de más de 3.000 libros.

El objetivo, según apuntan diversas fuentes, es entrenar modelos de Inteligencia Artificial (IA) antes de destruir estos volúmenes y reciclar su papel.

La apuesta no es nueva. Una investigación de The Washington Post desveló en enero un proyecto secreto de la startup Anthropic, que opera la herramienta de IA Claude, para “escanear y destruir todos los libros del mundo”, según señalaba un informe interno de la compañía.

 “No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto”, remachaba el documento. 

La estrategia se enmarca en la necesidad de seguir alimentando esta tecnología una vez ya se ha nutrido de toda la información disponible en Internet. 

“Cuando el conocimiento gratuito se agotó, las empresas corrieron a repositorios piratas de e-books para seguir alimentando sus modelos”, explica Xavier Vinaixa, experto en IA y una de las personas que han tirado del hilo de este caso. “El uso de estos recursos desencadenó demandas millonarias por violación de derechos de autor”, añade. 

Las tecnológicas se enfrentaron entonces, explica Vinaixa, a lo que se conoce como el “data wall”: sin textos nuevos, inéditos y largos para entrenar el algoritmo, la IA corría el riesgo de sufrir un estancamiento cognitivo y acabar incluso alimentándose de documentos creados por su propia tecnología. 

La solución que encontraron estas compañías fue comprar en librerías de segunda mano de todo el mundo, normalmente ejemplares totalmente marginales de no ficción.

Un juez federal de EEUU dictaminó que la práctica es legal porque el uso que se hace de los libros es “transformativo”. Es decir, que no sustituye a las obras originales, sino que las emplea para crear algo nuevo: en este caso, un modelo de inteligencia artificial.

El magistrado llegó a comparar el entrenamiento del algoritmo con “enseñar a escribir a estudiantes”.

La práctica, sin embargo, genera rechazo en parte del sector porque implica la destrucción física de los ejemplares para optimizar el proceso: cuando los libros llegan a la planta de procesamiento, se les corta el lomo, las páginas se escanean de forma automatizada y, posteriormente, los volúmenes se trituran para convertirlos en pasta de papel.

Contradicciones en el sector

Los libreros de viejo llevan semanas inmersos en una profunda contradicción: por un lado, nunca habían vendido tantos libros. Por otro, tienen serias dudas sobre el destino de estos ejemplares. Hasta el punto de que han alertado al Ministerio de Cultura de lo que está ocurriendo.

“No somos sólo comerciantes sino que tenemos funciones de preservación, conservación y restauración del patrimonio bibliográfico”, apunta Miguel Ángel Ortega, librero y presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguo.

“Resultaría muy contradictorio que estuviéramos vendiendo libros con la finalidad de destruirlos”.

“Estamos ante una forma de expolio literario”, opina Font, el librero de Badalona, que mientras habla con este periódico recibe otro pedido de la empresa canadiense.

“Estamos viendo el tsunami que viene, creo que las instituciones deben intervenir”.

Font explica que con estas prácticas no se perderá, por ejemplo, lo que publicó Mercè Rodoreda. “Lo que está en riesgo es el libro que explica qué hizo Rodoreda el día que fue a algún lugar”, precisa. “De lo que se alimenta esta IA es de esta literatura secundaria”.

En foros especializados de todo el mundo hay cientos de mensajes de libreros asustados ante un aumento inusual de los pedidos. Los mensajes en Reddit, de libreros americanos, empezaron en enero. Al principal foro de Alemania las dudas llegaron a finales de abril.

“Ayer recibí un pedido (un libro). Lo envié. Durante la noche, recibí diez pedidos distintos, cada uno de un libro, algunos de los cuales eran consecutivos y estaban relacionados temáticamente”, escribe un librero alemán en un foro especializado. 

Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguo, el pasado jueves en Barcelona. Kike Rincón

Las primeras publicaciones versaban sobre si las compras podían ser un timo. Pasadas unas semanas y tras constatar que el dinero llegaba a los vendedores, el debate se ha centrado en quién está comprando miles de volúmenes sin recorrido comercial y por qué lo hace de una manera tan extraña: de manera escalonada y con costes de envío que en ocasiones triplican el precio de un ejemplar. 

“Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre”, alerta Ortega, que define como “perversa” la situación a la que se enfrentan. “Te entran escalofríos si te hacen un gran pedido y no sabes qué ocurrirá con los libros”.

Carlos Hernández, propietario de la librería de viejo Mautalos en Madrid, ha vendido a esta empresa unos 200 libros en el último mes y no es tan pesimista. “Mucha parte de nuestro stock son libros que la gente quiere tirar”, explica por teléfono. “Incluso muchos de los que vendo los recoge gente en los contenedores”.

Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre

La compañía no responde a las preguntas La empresa que está adquiriendo de forma masiva estos libros, Zoom Books, tampoco explica abiertamente cuál es el destino final de estos ejemplares que, en muchos casos, carecen de salida comercial. Formalmente, Zoom Books se dedica al reciclaje y la compraventa de libros, pero la empresa tenía hasta cinco publicaciones en su web sobre comprar ejemplares de segunda mano para alimentar algoritmos de IA y después destruirlos. Los posts también recordaban que a través de su plataforma se cumplían los requisitos legales para hacerlo.

Ninguna de estas publicaciones está ya disponible en la web de Zoom Books, pero esta redacción ha podido acceder a su contenido tras introducir las direcciones en tres modelos de IA —Gemini, ChatGPT y Claude: todos coinciden a la hora de describir el contenido eliminado. 

“Zoom Books es una librería de segunda mano; compramos excedentes y existencias usadas y las revendemos”, explica la empresa en un comunicado remitido a elDiario.es, en el que niega colaborar directamente con Anthropic.

Este periódico preguntó a la compañía si podía confirmar que sus libros no se destruían o se utilizaban para entrenar modelos de IA. También preguntó por las publicaciones eliminadas de la web en las que defendían estas prácticas. 

Barcelona prende la revolución contra los “tiranos” digitales: “No hay que dejar que creen desconfianza entre nosotros”

“No hacemos comentarios sobre nuestros clientes ni sobre nuestros acuerdos comerciales, que están sujetos a acuerdos de confidencialidad”, se ha limitado a responder la compañía.

lunes, 1 de junio de 2026

Fnac, Grasset y la Biblioteca Nacional

La siguiente es una contratapa aparecida en el diario Página 12, el pasado 22 de mayo, donde el escritor Mario Goloboff (foto), residente en Francia durante muchos años, reflexiona a título estrictamente personal, a propósito del estado de los libros y las editoriales en ese país. 


Primeras observaciones de un mundo cultural en descomposición


Entre las múltiples señales que me han llamado la atención, en este obligatorio retorno a Francia para estar junto a los míos en tiempos de depre y de debilidad, hay tres hechos a distinguir en el campo cultural. Una primera recorrida a la FNAC, fundada por dos militantes de izquierda, Max Théret y André Essel en 1954 para vender y distribuir libros baratos, que se llamó así para significar una Federación Nacional de Achats (compras), fundida ahora con otro gigante del comercio; DARTY, y convertida en un líder europeo de la distribución de bienes culturales, juegos, videojuegos, productos técnicos, electrodomésticos, con más de 1500 locales abiertos en el mundo, 30000 empleados y billones de euros de ventas aquí y allá.

Todo tipo de aquellos productos de la modernidad están en los escaparates de los primeros pisos, y el tercero, reservado como siempre a los libros, abarrota los estantes y las cajas de nuevas y bonitas ediciones de las editoriales famosas y con textos de creación de todo el mundo. Predominan en este campo los franceses naturalmente, los italianos, con nuevos autores, algunos latinoamericanos sin importancia como Isabel Allende, o autores de moda como Leonardo Padura, las buenas escritoras argentinas, como Samanta Schweblin y Mariana Enríquez, y escritores de menor cuantía. También los clásicos rusos, los que han quedado a través del tiempo, pero (y eso también llama la atención, nada nuevo ni interesante de los otrora países socialistas después de más de un cuarto siglo de haber caído los muros. ¿Es que no hay autores después del comunismo? ¿Qué se ha hecho de los poetas y escritores que circul

aban los famosos samizdat y llenaban la boca de Occidente en los años del poder soviético?

El otro fenómeno cultural que ensombrecía Francia a mi llegada es el copamiento por parte de la ultraderecha de la voluminosa Editorial Grasset. El grupo Hachette, propietario de Grasset, acaba de echar a un editor respetado, Olivier Nora, desplazado y reemplazado, en la práctica, por un hombre de la casa, el multimillonario Vincent Bolloré, quien atiende principalmente al ideólogo conservador Alain de Benoist, para el que J. J. Rousseau era un filósofo reaccionario, y a los políticos Jordan Bardella, Philippe de Villiers, Marion Marechal Le Pen y otros de la misma especie. Gisele Sapiro, socióloga y directora de investigaciones del CNRS (Centro Nacional de la Investigación Científica) sostiene en Le Monde, de manera alarmante, que el hecho “no representa solo un epifenómeno de la historia del capitalismo financiero” sino que “amenaza el patrimonio cultural e intelectual de Francia”. Dado el “poder de artillería” del grupo Hachette que no maneja solamente Grasset pero también señoras casas como Fayard, Stock, la mayoría de manuales escolares y el 80% del mercado de edición de África francófona.


Entre los más de doscientos cincuenta autores que se han ido de Grasset en solidaridad con Olivier Nora están Dominique Bona, Jean-Paul Enthoven, Delphine Horvilleur, Bernard-Henri Lévy, Richard Malka, Tania de Montaigne, Michelle Perrot... Y el escritor Dan Franck ha denunciado: “Nosotros vivimos un momento fascista-stalinista”. Firmaron simultáneamente un documento de protesta que entre otras cosas sostenía: “Tenemos un punto en común: rechazamos ser los rehenes de una guerra que persigue imponer el autoritarismo en la cultura y en los medios”.

Si para algo sirve la historia, en este caso es bueno recordar el papel de competitividad que jugó el grupo Hachette en la distribución de la prensa después de la Segunda Guerra Mundial, habiendo tenido ya acusaciones de proximidad con el gobierno de Vichy (más que colaboracionista). No sorprende, pues, que los hechos hayan alcanzado dimensión fuera del hexágono y que haya autores internacionales, como el premio Nobel surcoreana Hans Kang, el islandés Jón Kalman Stéfansson, el multinacional All Smith, hayan adherido a la causa “Olivier Nora”.

Otro hecho que conmueve al mundo cultural francés, y más allá todavía, es la crisis que está viviendo la Biblioteca Nacional Francois Mitterrand, que ocupa 365.000 m2 con sus 15 millones de archivos que tocan todas las disciplinas, 3000 lugares para analizarlos, un cine, 1600 empleados de distinto rango y 1,2 millones de visitantes por año. Pero en el edificio principal de los siete sitios que cubre, incluidos los históricos de la rue Richelieu (IIeme) o del Arsenal (IVeme), no funcionan los ascensores, hay “fugas” a repetición de calefacción, la ventilación y la electricidad está vetusta y no hay conformidad con las normas de circulación de personas con movilidad reducida, señalándose una falta de inversión que se agrava por la ausencia de renovación, lo que llevaría a 500 millones de euros el gasto a contemplar en el futuro inmediato para poner todo en orden. Así “el templo de las bibliotecas parisienses” se viene abajo sin que detengan su caída los sucesivos ministros de cultura ni los cultos presuntos candidatos a las próximas elecciones. 

Creo que las tres observaciones sirven para considerar el estado actual de la cultura en Francia, país que siempre se ha destacado por su potencia en tal terreno.

domingo, 31 de mayo de 2026

"Orvallo, voz que designa a la llovizna en Asturias, Galicia y León; que es el sirimiri en País Vasco"

El diario El País, de Madrid, publicó una nota de Manuel Morales, a propósito de la aparición de un curioso diccionario de sinónimos que acaba de publicar la Real Academia. Por los ejemplos que se dan, tal parece que sólo constan voces afines españolas. Sin embargo, la bajada del artículo, reproducido por La Nación, de Buenos Aires, el pasado 21 de mayo dice: "La obra, consensuada entre las 23 academias de la lengua española, reúne más de 255.000 sinónimos y más de 20.000 antónimos".

Borrachera, papalina, chupeta: la RAE presenta su primer Diccionario de sinónimos y antónimos en tres siglos de historia

Al hablar y al escribir se usan habitualmente sinónimos, palabras que significan lo mismo respecto a otra, pero se escriben de diferente forma. Por ejemplo, sinónimo tiene, entre otros sinónimos, igual, equivalente, parecido... De esa elección por los hispanohablantes de unas palabras y no otras con un significado cercano se ocupa el nuevo Diccionario de sinónimos, antónimos y voces afines (Espasa), el primero de este tipo y en papel de la Real Academia Española (RAE) en sus 313 años de historia, presentado este miércoles en la sede de la institución en Madrid. Un resultado que se ha servido tanto del diccionario general como de otras obras académicas.

Como se indica en la portada de este volumen, de 2.226 páginas, recopila más de 255.000 sinónimos o afines y más de 20.000 antónimos u opuestos, distribuidos en más de 44.000 entradas. La diferencia de cantidad tan grande entre unos y otros estriba en que “en las lenguas, la función de las palabras es normalmente nombrar la realidad; los animales, las plantas, los objetos, las profesiones, no tienen un contrario. ¿Cuál sería el antónimo de caballo?, por ejemplo", ha explicado en la presentación la responsable del Instituto de Lexicografía de la RAE, Elena Zamora.

En este académico listado de palabras se aprecia, verbigracia, la gran abundancia de sinónimos en un término como “borrachera”, de la que se recogen cerca de sesenta: embriaguez, beodez, trompa, merluza, castaña, tajada, papalina, turca, mamadera, chupeta, cucuruca, pedal... Eso sí, todos sus antónimos se resumen en uno: “sobriedad”.

Como puede verse con la palabra borrachera, este diccionario, al igual que las otras obras académicas de la RAE, es panhispánico, por lo tanto, se ha consensuado con la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), formada por las 23 corporaciones que hay en el mundo. Así, una abreviatura indica si la palabra procede de América, o de España, o si es coloquial, o poco usada, entre otras aclaraciones.

Desde Espasa apuntan que el libro está dirigido, sobre todo, a los curiosos y estudiosos del lenguaje que quieran tener en su bibliEn España tardaron algo más en aparecer las primeras obras sobre este asunto. En 1843 se publicó el Diccionario de sinónimos de la lengua castellana, de Pedro María de Olive, y hubo otros, pero ajenos a la academia. “La corporación preparaba uno a mediados del XIX, pero finalmente no vio la luz, hasta hoy”.

“La sinonimia es uno de los fenómenos más intuitivos y problemáticos, porque los hablantes tienen la conciencia de que hay palabras que significan lo mismo, pero luego no es tan así. La palabra anciano o viejo se aplica a personas, pero no a las cosas”, añadió.

En el lenguaje, no todo es claro y evidente. “Hay sinónimos que se han incorporado tomados de otras lenguas, como sponsor por patrocinador"; también recordó que existen los geosinónimos, las palabras que, siendo diferentes, nombran un mismo concepto, pero que se utilizan en regiones o países distintos. Así ocurre con orvallo, voz que designa a la llovizna en Asturias, Galicia y León; que es el sirimiri en País Vasco.

Como casi todo lo bueno del español está en el Quijote, Zamora se refirió a que Cervantes habla en un capítulo de su obra de un pescado que, según la zona, se llamaba abadejo, bacalao, curadillo o truchuela. Luego hay casos curiosos. “¿Por qué hay partes del cuerpo, como la cabeza, que tienen muchos sinónimos, y en cambio otras, como la mano no los tiene?“. ”En definitiva, se trata de que los hablantes elijamos las palabras adecuadas para modular nuestro discurso".

Preguntada sobre qué tipo de hablas o escrituras, si la informal o la culta, ha pesado históricamente más a la hora de formar sinónimos, Zamora apuntó que “en general, proceden más de lo coloquial, aunque todo pesa, también la literatura”.

Previamente, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, dijo que este nuevo diccionario se inserta en el interés por parte de la academia en el lenguaje claro, “una iniciativa a la que se han sumado 600 instituciones del mundo hispano”. “Es un deber dirigirse a los ciudadanos en aquellas resoluciones referidas a sus derechos con los conceptos y frases que se entiendan mejor”. En esto incluyó a “todas las corporaciones y profesiones que tienen un lenguaje diferenciado, como médicos y farmacéuticos”.

“Es un diccionario que sirve para tener alternativas cuando formulamos una idea”, añadió Muñoz Machado para terminar, acabar, finalizar, concluir, rematar, finiquitar o agotar.ca una obra de consulta como esta, y en papel. No obstante, en la edición en línea del Diccionario de la Lengua Española (DLE) ya existe, desde su versión digital de 2023, la opción de ver en cada artículo sus sinónimos y, en caso de que los tenga, sus antónimos.

En su intervención, Zamora hizo un repaso a la historia de la RAE para explicar por qué han tenido que pasar más de tres siglos para que una obra así vea la luz, cuando el primer ejemplar de sinónimos, para la lengua francesa, se publicó en 1718, o para la inglesa en 1776 (aunque no se llamaban diccionarios).


jueves, 28 de mayo de 2026

La fragilidad del papel vs. la de lo virtual


El domingo 17 de mayo, el editor, ensayista y poeta mexicano José María Espinasa publicó en La Jornada Semanal, de México, el siguiente artículo, a propósito de la oposición entre los textos publicados en papel y en la web.

Publicaciones en papel: la duración de lo frágil

Durante siglos la sensación que tenía la cultura occidental respecto al libro en papel era su condición frágil, si no efímera, sí amenazada por el fuego, la humedad, las guerras de diversa índole. A las civilizaciones del texto correspondían guerras religiosas. Ya a finales del siglo XIX y principios del XX, la amenaza fue la acidez del papel: con el tiempo, como la carne, se volvía polvo. Frente a esa fragilidad, Occidente creó las bibliotecas, los museos y los archivos. Hace treinta años el mundo digital vino a trastocar esa búsqueda de la permanencia. Trastoquemos la cita: todo lo virtual, carne o papel, se desvanece en las redes. Y ahora, nostálgicos al fin, se tiene la sensación de que el papel es eterno y que la edición barata en la que leímos Crimen y castigo durará toda la eternidad, o –el equivalente personal– lo que dure mi vida.

El desplazamiento del papel al bit ha sido particularmente violento en los libros de consulta –enciclopedias, diccionarios–, hoy fuera de uso. Sin embargo, y se lo agradezco, hay profesores que siguen pidiendo al joven escolar que lleve a clases un diccionario en papel. Pero tal vez donde el golpe ha sido más devastador es en el terreno de las publicaciones periódicas.

Según las informaciones de que se dispone, los periódicos han reducido al mínimo su tiraje en papel y la mantienen porque, según parece, si no hay versión en papel la digital se lee muy poco. En la vida cotidiana eso se ve en los puestos de periódico, que ya casi no venden diarios y en cambio se han llenado de libros –y, desde luego, de dulces y alimentos chatarra. La frase de la canción popular –ya para qué leer un periódico de ayer– se ha transformado en “ya para que leer un periódico de hoy”, pues no confiamos en que haya un mañana.

La fragilidad de lo virtual es una metáfora de nuestra angustia. Los semanarios políticos sufren una situación muy parecida. Las revistas, por su lado, son poco leídas, no sólo en papel sino también en la red. Algunos expertos señalan que se está en una fase de reacomodo de las prácticas lectoras. Por ejemplo, mientras que las editoriales independientes proliferan, las revistas no; prácticamente han desparecido, incluidas las digitales. En cambio, las académicas, que en principio parecerían las más abocadas a desaparecer, han ofrecido una sutil resistencia con la convivencia de los dos soportes. ¿Y las de extensión universitaria o difusión cultural? No es fácil ver claro porque su circulación es por lo menos azarosa.

Por ejemplo, hace unos días llegó a mis manos el ejemplar de Armas y Letras, fechado en enero-abril de 2024, según se consigna en la página legal, el 113. El título siempre me ha parecido más propio de una publicación del siglo XIX que del XX, y desde luego que del XXI. Es una revista de la Universidad Autónoma de Nuevo León, casa de estudios que es ahora uno de los faros editoriales en México gracias al poeta José Javier Villarreal y al narrador Antonio Ramos Revilla. Más que juzgar la revista o el número quiero consignar aquí mi reacción: la hojeo con curiosidad y termino leyendo varios de los textos que se publican, algo que no me ocurre cuando me encuentro, también por azar, con una revista digital. Esa reacción se hace extensiva a otras revistas de difusión cultural vinculadas a universidades, como La Palabra y el Hombre, Luvina o Revista de la UNAM, por limitarme a las universitarias. Esa reacción no sólo responde a que no soy nativo digital, pues también la percibo en lectores muy jóvenes, que leen libros –pero no revistas– en sus dispositivos y tabletas. Diría que eso responde la tangibilidad física del papel. Es también cierto que esas revistas ya no se guardan en el librero y suelen tener una ruta extraña ante los lectores. ¿Se acuerdan de aquella original pero poco efectiva campaña “abandona un libro”? Sin campañas, las revistas se suelen abandonar –en un autobús, en un café o en manos de otro lector– y así en el azar encuentran a veces nuevos lectores.

Vuelvo, sin embargo, a la caducidad o duración del papel. El que la primera sensación se desplace hacia la segunda tiene que ver con la necesidad de certezas. El papel es más cierto –más verdadero– que el bit. Porque la memoria digital –acumulativa– no es la memoria humana –selectiva. El signo más radical: la inteligencia del hombre y la inteligencia digital no entienden, suponiendo que entiendan algo, lo mismo en la palabra “inteligencia”. Por eso, tal vez, como ejemplifica el caso de la UANL, las universidades, que florecieron a la par que la cultura del libro en papel, sean los espacios en que intuitivamente se defiende la duración –no necesariamente la permanencia– de la palabra impresa en papel. Es la revista física la que me lleva a consultar la página web de Armas y Letras y a hojearla de manera fortuita.

Eso nos lleva a otro tema: los motores de búsqueda de la web. Son imprescindibles, pero hasta ahora producen más ruido que música. Tal vez sea ese el terreno en que la inteligencia artificial y las estrategias de los algoritmos, hasta hoy pensados en su función comercial, puedan tener una enorme consecuencia. Les sugiero, sin embargo, a los panegiristas de la IA leer en el ya casi septuagenario libro de Gabriel Zaid La máquina de cantar para entender lo que siempre estará del lado humano, no del técnico.

En un panorama con sesgos apocalípticos como los que ahora vivimos, seguir pensando la duración de lo frágil –la vida misma por ejemplo– parece frívolo, pero es absolutamente necesario.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Sergio Ramírez contra las pretensiones de pureza

Según el escritor nicaragüense Sergio Ramírez, las academias no son las que deben legislar sobre la forma en que la gente se expresa. Eso dice la nota de Magdalena Tsanis, publicada a partir de un cable de la agencia EFE, el 19 de mayo pasado por InfoBAE. En la bajada se lee: "El autor reflexiona sobre el papel del idioma para unir historias y culturas, en contraposición a los intentos por marcar límites".

“La academia no puede crear el idioma; la lengua se crea en las calles”

El escritor hispanonicaragüense Sergio Ramírez (Masatepe, Nicaragua, 1942) defiende “la vitalidad” del español y su expansión en los Estados Unidos de Donald Trump, una lengua “expansiva, agresiva”, que “no se detiene ante ninguna frontera”.

“Cómo invade los Estados Unidos, donde se ha convertido en la segunda lengua más importante después del inglés, es un fenómeno admirable”, resalta en una entrevista con esta agencia el autor, candidato a ocupar la silla L de la Real Academia Española (RAE), vacante desde el fallecimiento de Mario Vargas Llosa el año pasado.

Premio Cervantes 2017 y autor de novelas como Margarita, está linda la mar (1998) o Adiós, muchachos (1999), sobre su experiencia en la revolución sandinista, subraya que la influencia del español no solo se extiende en zonas fronterizas, sino también en Chicago, en Texas o en Nueva York.

“Y aunque es la misma lengua, a la vez es distinta: desde el Río de la Plata, donde el lunfardo originado en el italiano (de los inmigrantes) tiene un peso, al spanglish que se habla en el Bronx (Nueva York), es el mismo castellano, y el mismo en que se produce hoy la música de Bad Bunny”, el cantante puertorriqueño.

Esta influencia contrasta, a su juicio, con la “pretensión de pureza de una vieja cultura norteamericana blanca”, que representa la administración Trump, y que el autor ve “irrealizable” porque EEUU “es un país muy mezclado de corrientes migratorias de todo el mundo”.

“No existiría una gran literatura norteamericana -deduce- sin la literatura del sur, no existiría el jazz sin la influencia negra de los antiguos esclavos de los campos de algodón y no existiría tampoco esta cultura sin los italianos, sin los irlandeses y sin los hispanoamericanos”.

Ramírez, que es también patrono de la Fundación de Español Urgente FundéuRAE, considera que la lengua es un tesoro compartido que siempre está mutando y el papel de la RAE es registrar esos cambios.

“La academia no puede crear el idioma, no puede crear las palabras, no es su papel -incide-; su papel es reconocerlas cuando se vuelven de uso habitual; la lengua se crea en las calles -enfatiza-, en los colegios, en las tertulias de amigos, en la música popular, en las canciones, en la eterna conversación de los seres humanos”.

Escribir desde el exilio
Ramírez es el único candidato a ocupar esa silla vacante de la RAE; el pleno de académicos lo proclamó como tal el pasado 7 de mayo y el día 21 será la votación. La ceremonia de ingreso aún no tiene fecha, pero lo habitual es dar unos meses al elegido para que prepare el discurso.

Y escritor ve en esta candidatura la consolidación de su estatus de “ciudadano español adoptivo” y la “coronación” de la acogida que recibió desde que se estableció en España, hace cinco años.

Preguntado por las críticas de Iniciativa Ciudadana Víctimas del Sandinismo a su candidatura por su pasado político revolucionario, Ramírez dice que no lo inquietan.

“La dictadura en Nicaragua tiene distintos resortes para buscar cómo frustrar este tipo de asuntos culturales por personas interpuestas, y no tengo nada más que comentar al respecto”, señala en referencia al actual Gobierno del presidente Daniel Ortega.

El escritor fue uno de los protagonistas de la revolución sandinista que derrocó al dictador Anastasio Somoza en 1979 y fue vicepresidente del primer Gobierno de Ortega (1985), de quien se alejó años después.

En 2021, la Fiscalía nicaragüense dictó una orden de detención contra él por incitar el odio, tras la publicación de su novela Tongolele no sabía bailar, centrada en la represión política. En 2023, las autoridades lo despojaron de la nacionalidad.

Mirando hoy a ese pasado, Ramírez lo ve con “una mezcla de frustración y decepción”, y recuerda que nunca participó en la revolución sandinista como combatiente, sino como intelectual: “Al final fracasó y no resultó nada más que otra dictadura como de la que habíamos salido”.

“Dolor permanente” por Nicaragua“Nicaragua no está en los mapas políticos de nadie, yo diría que el olvido es la característica más importante que cae sobre el país y esto hace que sea un dolor permanente para mí”, se sincera.

También se muestra crítico con la intervención de Estados Unidos en Venezuela: “La extracción, como le llaman, de (Nicolás) Maduro no le puso fin al sistema dictatorial, no se sabe cuándo habrá unas elecciones verdaderamente libres como las que ganó (el opositor) Edmundo González, que fueron falsificadas para quitarle el triunfo”.

Por eso, hoy no cree en las revoluciones armadas: “Siempre terminan en caudillismo”; y lamenta que la de Nicaragua sea “una situación estancada”, con muy poca atención internacional, pese a la ausencia de libertad de expresión, dice, o la expulsión masiva de periodistas.


martes, 26 de mayo de 2026

Un premio concedido a autores y sus traductores


Con firma de Tokunbo Salako, el 20 de mayo pasado apareció una breve nota en Euronews, donde se comenta el último International Booker Price, otorgado a la escritora taiwanesa Yáng Shuāngzǐ y su traductora Lin King.

Yáng Shuāngzǐ y la traductora Lin King ganan el International Booker por Taiwan Travelogue

La escritora taiwanesa Yáng Shuāng-zǐ y la traductora Lin King han ganado el International Booker Prize por Taiwan Travelogue, una novela romántica de ambientación histórica situada en la Taiwán ocupada por Japón en la década de 1930.

Es la primera novela escrita en mandarín que se alza con este prestigioso galardón a la ficción traducida al inglés. El libro se presenta como las memorias de viaje de una novelista japonesa en una gira culinaria por Taiwán y relata la compleja relación de la escritora ficticia con su intérprete local.

La novelista británica Natasha Brown, que presidió el jurado, lo ha calificado como "cautivador y sofisticado con ironía", un libro que juega con los temas del lenguaje y el poder y que ofrece sorpresas al lector. El jurado también destacó cómo la traducción de King, traductora taiwanesoestadounidense, añade una capa más a una obra que reflexiona sobre la comunicación entre idiomas. Las 50.000 libras (57.000 de euros) del premio se reparten entre la autora y la traductora.

Yáng, que escribe narrativa, ensayos, manga y guiones de videojuegos, ha explicado que "quería desentrañar las complejas circunstancias" de la época en que Taiwán fue colonia japonesa. "La investigación sobre los temas centrales de la novela, el viaje y la comida, cambió mi vida de dos maneras evidentes, mis ahorros bajaron y mi peso subió", ha declarado en la página web de los Booker Prizes.

Publicada en su idioma original en 2020, Taiwan Travelogue es el primer libro de Yáng que se traduce al inglés. En Estados Unidos obtuvo en 2024 el National Book Award en la categoría de traducción.

A pesar de haberse publicado en Reino Unido solo en marzo de este año, después de anunciarse la lista larga en febrero, Taiwan Travelogue fue el segundo título más vendido de la lista corta del International Booker Prize 2026. Hasta la fecha se han vendido los derechos en un total de 23 territorios, desde Serbia hasta Indonesia, pasando por Brasil y Ucrania.

El International Booker se creó para dar mayor visibilidad a la ficción en otros idiomas, que solo representa una pequeña parte de los libros que se publican en Reino Unido, y para reconocer el trabajo poco valorado de los traductores literarios.