jueves, 6 de octubre de 2022

Amigos y editados rinden tributo a una editora

El pasado 4 de octubre, Daniel Gigena publicó en el diario La Nación, de Buenos Aires, un breve artículo donde da cuenta de vida y obra de la editora Liliana Ruiz. En la bajada, escribió: “La directora de la prestigiosa casa editorial tenía 74 años; desde Rosario impulsó colecciones de narrativa, poesía, teatro, ensayo y testimonios; era “una mujer a la que le corría una editorial por las venas”, dice la escritora Mariana Travacio”

 

Murió la editora Liliana Ruiz, creadora del sello Baltasara

Este sábado, a los 74 años, falleció en la ciudad de Rosario la editora e ingeniera Liliana Ruiz, creadora del sello Baltasara a finales de 2008. En esa editorial se publicó a autores que luego se hicieron muy conocidos en el país y el exterior, como Mariana Travacio, Beatriz Vignoli, Patricia Suárez y Juan Ignacio Pisano, que con su novela  El último Falcon sobre la tierra ganó la primera edición del Premio Fundación Medifé Filba de Novela. Hace varios años Ruiz tenía cáncer. Había nacido en Rosario el 16 de mayo de 1948.

Su trabajo, de gran calidad y criterio, era reconocido por autores, editores, libreros y lectores. Dio impulso a los escritores de Santa Fe y, en especial, a los rosarinos; Carolina Musa, Pablo Bilsky, Natalia Massei, Verónica Laurino, Pablo Serr y Sebastián Bassano, entre muchos otros, publicaron en Baltasara. La editorial, con un catálogo de más de ochenta títulos, desarrolla varias colecciones: narrativa, poesía, ensayo, teatro, testimonio, reediciones y patrimonio (esta última tiene por finalidad la recuperación de obras publicadas por los sellos editoriales Librería y editorial Ruiz, Argos y Editorial Rosario S.A., vinculados al librero y editor español Laudelino Ruiz, padre de la editora, y de otros sellos de la misma época).

“Conocí a Liliana Ruiz en 2015, a raíz de una de sus convocatorias editoriales –dice la escritora Mariana Travacio a La Nación–. Me llamó una tarde para preguntarme si podía viajar a Rosario a firmar el contrato. Pocos días después estábamos, frente a frente, en su escritorio de la editorial. Ese día hablamos de literatura, y de búsquedas estéticas y de horizontes. Me contó de su padre, y de la librería que él había fundado, y de cómo ella se había criado allí, entre libros, en una resistencia republicana. Supe, entonces, que había firmado un contrato con una mujer a la que le corría una editorial por las venas. Volví orgullosa a Buenos Aires: había dado con una editora que no solo me regalaba la dicha de volver a mi tierra natal con un libro bajo el brazo, sino también sus muchos años de entusiasmo y la sensación, todavía inexacta, de que Liliana tenía una pasión atávica por lo libros”.

Travacio publicó su primer libro de cuentos, Cotidiano, en Baltasara. “Es una editorial que no se ha cansado de abrir más y más convocatorias, y de dar a conocer más y más voces nuevas –destaca–. Una tarea ejercida desde una tenacidad sin fronteras, a pura porfía, como si hubiera venido a decirnos que nada era más importante que ese acto poético, tan insensato como imprescindible, de andar buscando gente que, empedernidamente, se sienta a escribir en el centro de una galaxia. Eso era Liliana: volvía más habitable este mundo. Le debemos cada uno de sus actos poéticos”.

Para el escritor Cristian Molina, autor de Wachi book, Ruiz representó la oportunidad para que “los raros de Rosario” publicaran sus escritos. “Hoy que no está, sentimos que una parte de la familia se nos fue y quedamos huérfanos –dice–. Era una editora anacrónica; nos citaba en su oficina, charlábamos de los libros que vendrían con un nivel de profesionalismo que nos hizo creer vivir en una película atípica para Rosario. Recuerdo que cuando fuimos con la propuesta de hacer una poesía reunida de Gabby De Cicco ella aceptó encantada el riesgo y la felicidad de tener una obra tan hermosa en su catálogo. Su pérdida nos duele tanto porque sabemos que sí existen las vidas irremplazables para la cultura”.

Desde su llegada a Rosario, la periodista y editora Alejandra Rey colaboró con Ruiz por varios años. “¿Qué decir de Lili? Que esa ingeniera de caminos, de las primeras mujeres egresadas de la Universidad Nacional de Rosario, dejó una profesión brillante para retomar la de su padre, un librero y editor exquisito venido de España –dice Rey a La Nación–. Fue, con su marido e hijo, una pionera en la publicación de dramaturgia, poesía, cuentos, narrativa y una buscadora incansable de talentos, que encontró y editó. Baltasara fue un lugar de lucimiento para escritores locales y nacionales, a los que llevó a España, donde sus libros eran apreciadísimos”. En 2018, se publicó la antología Puente RosarioMadrid, con cuentos de narradores rosarinos y madrileños. “En lo personal, fue una amiga mágica, con un humor luminoso, que amaba comer pastas y cafetear largamente, charlando con esa humildad que solo tienen y cultivan los inteligentes –agrega Rey–. Con su muerte, la literatura se queda un poco más sola, sin una maravillosa editora, sin una mujer culta, memoriosa; sin esa voz que ponía cordura ingenieril entre los autores más díscolos, sin la sonrisa humilde que voy a extrañar”.

Libros de autores porteños y de la provincia de Buenos Aires también integran el catálogo de Baltasara. “Gracias a Liliana Ruiz, soy rosarina por adopción –revela Daniela Camozzi, que publicó dos libros de poemas en Baltasara–. Hoy en día, hay cada vez más editoriales que hacen convocatorias abiertas pero, en 2017, no era tan habitual. Publiqué La brecha que existe entre los cuerpos por una de esas convocatorias de Baltasara impulsada por Liliana que, por su amor a la literatura, a la poesíadesde Rosario irradiaba su fuerza hacia todo el país y otros países. En 2021, confió nuevamente en mi trabajo y publicó La posibilidad, en medio del ‘caos pandémico’, como ella decía. Era un raudal de generosidad, de escucha atenta a la persona y a la obra, un torbellino de energía y de cariño”.

miércoles, 5 de octubre de 2022

"Ver el mundo, atravesarlo, gozarlo incluso y dejarlo intacto"

Marianne Moore y Muhamad Ali
En octubre de 2018, Jorge Aulicino hizo una antología de poemas de la poeta estadounidense Marianne Moore, con traducción de poetas argentinos, que incluía versiones de Alfredo Weiss, Alfredo Casey, Alberto Girri, William Shand, E.L. Revol, Hugo Padeletti, Mirta Rosenberg, Ernesto Montequín, Jonio González, Andrés Hax, Jorge Aulicino, Silvia, Camerotto, Laura Wittner, Ezequiel Zaidenwerg y Tom Maver. Esa selección fue publicada, con formato de e-book, por la revista virtual op. cit. Lo que sigue es el prólogo del volumen.

Jardines imaginarios con sapos reales

En 2009 en Ediciones en Danza apareció una antología de textos breves de Ezra Pound publicados en la Argentina por traductores argentinos, muestra que estuvo a cargo de quien firma estas líneas y que se iniciaba, como ésta, también en la década de los ’40 del siglo pasado. El introductor de ambos autores fue Alfredo Weiss, en una antología que hizo época: Poesía estadounidense, publicada en 1944 por Ediciones Continental, una editorial que dirigía el propio Weiss. En ese momento Pound tenía 59 años y probablemente estaba absorbido por sus tareas de propaganda en la República de Saló. Apenas unos meses después, sería hecho prisionero por sus compatriotas y acusado de alta traición. Marianne Moore, de 57 años, era una pequeña celebridad en Nueva York. Residía aún en Brooklyn, decidía bastante sobre el porvenir de poetas más jóvenes y se dejaba ver en diversos eventos públicos, entre ellos, partidos de béisbol. Con todo, no había publicado aún su primera obra reunida, la de 1951, que le valió los premios más codiciados. Se escribía aún con Pound, y siguió haciéndolo mientras éste estuvo preso en el hospital psiquiátrico St. Elizabeth, en Columbia, destino que le dio la Justicia para eximirlo de la pena de muerte. Tenían en común haber representado, desde la segunda década del siglo, la vanguardia llamada imagismo, para entonces ya lejana en la mente de ambos.

La traducción de Pound, Moore y otros autores estadounidenses a partir de los ‘40-‘50 abre una pequeña brecha en la monolítica influencia francesa sobre la poesía y el gusto argentinos, pero si Pound tuvo, por obra de Carlos Viola Soto, una antología propia a fines de los ‘60 (en la Compañía Fabril Editora), Moore debió esperar a Mirta Rosenberg y Hugo Padeletti hasta fines de los ‘80 para ver una colección de sus poemas traducidos aquí (en Centro Editor de América Latina). Las publicaciones desde entonces no fueron muchas, pero en dos casos al menos –el de la antología de Rosenberg y Padeletti y el de la publicación del poema “El basilisco emplumado” por la editorial Jimmy Jimmereeno en 1991– llegaron acompañadas de explicaciones sobre la figura de Moore y su relevancia desde el punto de vista estético. Antes de eso, Weiss había consignado brevemente que Moore “alentó los movimientos de vanguardia” y Alfredo Casey la había presentado, en su antología de 1969 para las Ediciones Antonio Zamora, como “una de las mujeres más calificadas en el mundo de la poesía”. También breve –aunque significativa– fue la introducción de Girri y Shand a la entrada de Moore una selección de poesía norteamericana para la Distribuidora Mexicana de Libros en 1976: “Dentro de la libertad aparente de su verso hay un profundo sentido de forma y una técnica perfectamente disciplinada”. En cambio, E.L. Revol le dedicó tres densas páginas y la calificó como algo más que “imaginista” en la antología de la poesía norteamericana que en 1977 publicó la Librería Fausto: “La poeta prefirió no dejar de lado la naturaleza más propiamente humana, la intelectual y moral, en su proyecto creador. Esta preferencia le otorga a su producción un aire de genuina modernidad que la diferencia de esa acentuada ‘intemporalidad’ del poema imaginista típico”.

La contratapa de El basilisco emplumado, firmada por el traductor de la obra, Ernesto Montequín, recuerda que quienes solían escuchar la conversación de Marianne Moore con su madre no dejaban de asombrarse “porque aun para tratar los asuntos más insípidamente cotidianos ellas empleaban un lenguaje tensado con la didáctica precisión mecánica de un juguete victoriano”. Y luego: “…tanto ese idéntico vigor transparente como ese ritmo coloreado por la emoción con el cual se plasmaban las palabras, son sostenes centrales en los poemas de la hija, Marianne, constructora de diminutos teatros donde ‘lo natural’ es burlado, donde el tiempo se desarma en el espacio, como en una caja de Jospeh Cornell”. Se pregunta a continuación Montequín: “¿Es el poema el acto más inhumano?, ¿el que más ilumina los fondos de los telones del conocimiento? … ¿el que construye una percepción que no nos descifra?”.

Poco antes, al presentar la selección El reparador de agujas de campanario y otros poemas, Mirta Rosenberg había resumido y conciliado dos visiones clave de la poesía de Moore: la de William Carlos Williams y la de T.S. Eliot. En 1931, Williams escribió: “El efecto general [de la poesía de Marianne Moore] es el de un ascenso a través de las humanidades, las ciencias, sin evadir el ‘pensamiento´ a través de cualquier cosa (o de todas las cosas) que conforman lo mejor de la vida moderna, tomando las cosas como se presentan, usándolas y extrayendo de ellas todo el placer, pero dejándolas por lo demás intactas”. Por su parte, Eliot anota en el prólogo de los Selected Poems de Moore, en 1935: “La poesía de M. Moore, o la mayor parte de ella, puede ser clasificada como ‘descriptiva’ más que ´lírica’ o ´dramática’. Se supone que la poesía descriptiva remite a un cierto período de tiempo, al que está confinada, pero es en realidad una de las modalidades permanentes de expresión. En el siglo XVIII –digamos en un período que incluye Cooper´s Hill, Windsor Forest y la Elegía de Gray– la escena descriptiva es un punto de partida para las meditaciones acerca de una u otra cosa”.

A su vez, dice Rosenberg: “Williams ve en la obra de M. Moore una serie de ensamblajes, no de ideas, sino de ‘cosas en sí mismas’, en tanto Eliot la considera como escena y ocasión de una serie de meditaciones. Ambos están en lo cierto, pero Moore va aun más lejos: su utilización de fuentes diversas (especificadas en las notas a los poemas) la convierte en una collagista textual maravillosamente hábil y siempre ingeniosa y refinada. (…) Su uso de la métrica, de la rima interna –muchas veces empleada como articulador para salvar los saltos en las ideas–, la penetración de su ironía distanciada pero profundamente humana, y un extraordinario conocimiento y capacidad de observación del mundo animal, vegetal y humano dan a la obra una originalidad virtualmente inigualada en este siglo…”

Así pues, ver el mundo, atravesarlo, gozarlo incluso y dejarlo intacto, hacen de Moore una precursora de la escuela objetivista estadounidense –Louis Zufosky consideró “Una botella egipcia de vidrio en forma de pez” el primer poema objetivista– y al mismo tiempo una adalid de la línea reflexiva que auspició Eliot. Si del ánimo o ánima se trata –es decir, de temperamento–, Moore está más del lado de Williams que de Eliot y la visión de éste, irónica pero siempre apocalíptica.

No es casualidad tal vez que los primeros traductores de Moore entre nosotros –Weiss, Casey, Girri-Shand y Revol– hayan traducido el poema titulado "Poetry", que puede funcionar, en cualquier tiempo y lugar, como un manifiesto. Lo son, no caben dudas, aquellos versos, al menos cuatro veces traducidos en la Argentina, que precipitan el final del poema:

tampoco es válido

            tener prejuicios contra los “documentos comerciales

y los textos escolares”: todos estos fenómenos son importantes.

    Sin embargo uno debe hacer una distinción:

cuando poetas a medias los arrastran para destacarlos

              el resultado no es poesía,

                ni la tendremos

hasta que nuestros poetas puedan ser

                “literalistas de

                  la imaginación” … por encima

                  de la insolencia y la trivialidad y puedan presentar,

para ser inspeccionados, jardines imaginarios con sapos reales.

 (Versión Girri-Shand)

 Aun hoy tienen aquel efecto. Y deseamos también darle, algunos de nosotros, ese cometido.

 

martes, 4 de octubre de 2022

Para traductores fanáticos de J. R. R. Tolkien

El pasado 29 septiembre María Ortiz Jiménez, un profesora de Lingüística, Literatura Inglesa y Traducción, de la Universidad Nebrija –una casa de estudios privada, que funciona en Madrid–, publicó este artículo en The Conversation.   



¿Por qué Bolsón y no Baggins? Lenguaje y traducción en la creación de la Tierra Media de Tolkien

Aunque muchas personas estén ya familiarizadas con la Tierra Media y los pobladores de sus cuatro edades, gracias a la difusión que tuvieron en su día los libros de J. R. R. Tolkien y posteriormente las películas y series basadas en ellos, el proceso de creación seguido por Tolkien no es tan conocido.

La Tierra Media y sus moradores no empezaron siendo ideas: su origen está en la invención de palabras. Y alrededor de dichas palabras fue surgiendo todo lo demás. Esto generó una serie de vicisitudes cuando se trata de trasladar esa obra imponente a otros idiomas.

Traducción y creación, de la mano
Cuando se trata de explicar las particularidades de la traducción literaria, la narrativa de Tolkien esconde varias sorpresas que van más allá del trabajo traductor con un texto aislado: el proceso de creación y el estilo están estrechamente unidos al proceso de traducción.

En su persona y su obra encontramos el ejercicio definitivo de una serie de prácticas propias de la traducción puestas al servicio del método literario inventado por él: la subcreación.

La Comarca, ‘calco’ de Inglaterra
El proceso de subcreación es una forma de traducción. Tom Shippey, el mayor especialista en Tolkien, afirma que la forma más sencilla de definir su proceso creativo es a través del calco. El calco es “un término lingüístico que implica la traducción de los elementos de una palabra compuesta uno por uno”.

Es además un procedimiento de traducción. Por ello, continúa Shippey, la Comarca sería un calco de Inglaterra, se inspira en ella y se le parece, pero no es lo mismo, ya que tiene entidad propia como lugar ficticio. Y calcos son también muchos nombres propios de personajes, palabras y lugares.

Escritor y profesor
Tolkien solía decir que primero creaba una palabra y que después escribía una historia para ella. En consecuencia, los primeros pasos del proceso de subcreación son claramente lingüísticos.

Pero la actividad creadora no concluía con la finalización del relato. Al Tolkien creador le sucedía el Tolkien profesor, deseoso de explicar en qué consistían las particularidades lingüísticas de su invención mediante apéndices y documentos complementarios. El apéndice dedicado a las lenguas de la Tierra Media de El señor de los anillos es el ejemplo más conocido.

Tolkien traductor
Sabemos que Tolkien tradujo algunas de las obras más importantes de la literatura medieval británica. Por lo tanto, debemos suponerle familiarizado con los procedimientos de la traducción. No es extraño, pues, que estos procedimientos de traducción formen parte de su proceso de subcreación.

El poeta y crítico del XVIII S. T. Coleridge ya señalaba al lenguaje como artífice principal de la “imaginación secundaria” dado su poder transformador de la realidad a través de las metáforas o imágenes relatadas.

Tolkien tenía presente la naturaleza cambiante del lenguaje y la influencia del mito en la forma, aspectos que trasladó a la subcreación de la Tierra Media mediante los dialectos élficos Quenya y Sindarin, entre otros. Recordemos que la Tierra Media es un mundo secundario completo, independiente del nuestro (o primario), pero basado en él y transformado mediante el lenguaje.

La ‘escuela Tolkien’
Tan minucioso proceso creativo fue tutelado por Tolkien durante toda su vida. Incluso vigiló la corrección de las traducciones de sus obras a otras lenguas y estableció normas precisas.

Esto tuvo importantes efectos en el género de la fantasía épica en general: dichas normas se convertirían de forma más o menos tácita en el método adoptado para la traducción de otras obras y autores que siguieron la senda del maestro. Incluso hoy su observancia se puede comprobar en la traducción de las más recientes series de televisión basadas en esos legendarios libros.

El ‘Hobito’ y otros errores iniciales
Fueron precisamente los errores cometidos en algunas ediciones extranjeras de El hobbit los que propiciaron que Tolkien se decidiera a facilitar el trabajo a los traductores con vistas a la publicación de El señor de los anillos con una guía oficial.

Primero, las traducciones al sueco y al holandés de El hobbit y, posteriormente, la correspondiente al español publicada en Argentina con el título de El hobito, plagada desde su misma portada de un buen número de errores conceptuales y lingüísticos, marcaron un punto decisivo para el autor.

La confusión en los términos (además de otras sugerencias como la de cambiar la “h” de “hobito” –muda en español– por “j”) provocó la intervención de Tolkien.

Evitar aberraciones

Así se refleja en su carta 239 dirigida a sus editores en Gran Bretaña, en la que afirmaba no querer “perturbar al traductor, o a ustedes, con la larga explicación que hace falta para dar cuenta de esta aberración”.

Desencuentros como estos mostraron a Tolkien la dura realidad. Evidentemente, él era el mayor especialista existente en los entresijos de la Tierra Media. En cambio, los traductores de su obra no solo estaban lejos de poseer su conocimiento, sino que en ocasiones eran completamente ajenos a las características de ese mundo y a sus bases culturales.

Nuestro autor se dio cuenta de que los traductores no solo necesitaban indicaciones precisas para la denominación de buena parte del legendario. También precisaban un buen punto de partida desde el que afrontar su trabajo.

La respuesta estaría en la información detallada sobre forma y contenido y, en concreto, en la determinación correcta del oestron o lengua común de la Tierra Media.

¿Bolsón o Baggins?
Al comenzar la lectura de la versión en español de una obra de Tolkien, y en especial de El señor de los anillos, nuestra impresión puede ser que, al tratarse de una traducción del inglés, el oestron es también inglés.

Por ello, puede resultar incongruente encontrarse con apellidos como Bolsón o Sotomonte, y lugares como Cuernavilla o Acebeda dentro de un marco que, a priori, se supone anglosajón.

Sin embargo, tal suposición no concuerda con la idea original de Tolkien acerca de la verdadera naturaleza del oestron y, por consiguiente, de la profusión de calcos que pueblan las traducciones.

Baggins, de bag; Bolsón, de bolso
El propio Tolkien se encargó de facilitar las soluciones a los problemas lingüísticos que su obra suscitaba, bien como parte integrante de la misma (los ya mencionados Apéndices) o en publicaciones posteriores.

Los nombres en inglés deben traducirse a las lenguas “meta” según su significado y en la medida de lo posible. Siguiendo con esa misma pauta, Tolkien orienta también la traducción de nombres propios y palabras que, si bien no son inglesas al cien por cien, sí llevan implícitos significados bastante claros.

Así, por ejemplo, “Baggins”, creado a partir de la palabra bag, debe contener en su equivalente traducido algún elemento que signifique “bolsa”.

Bajo esta perspectiva, el tema de los calcos queda resuelto y, de paso, también el proceso de subcreación lingüística, origen principal de la Tierra Media.

Tolkien demostró así que las palabras son suficientes para construir uno de los mayores entramados de la fantasía épica que jamás hayan existido.

lunes, 3 de octubre de 2022

En los Estados Unidos, el progresismo libra su batalla contra una idea retrógrada de la cultura

 

Que un diario tan conservador como La Prensa, de Buenos Aires, publique un artículo como éste –presumiblemente surgido de un cable de la agencia EFE–, que, sin firma, apareció el pasado 2 de octubre, resulta curioso. No porque no sea posible detectar un cierto tono crítico detrás de lo que se dice, sino porque, curiosamente, logra filtrarse algo de la información que, es dable imaginar, se critica. Según su bajada, la síntesis es ésta: “Grupos de padres, junto con gobernantes y medios de prensa conservadores encabezan una campaña para sacar de circulación obras que promueven la ideología de género o el movimiento woke. Autores progresistas denuncian casos de censura.

Escaramuzas de la batalla cultural

La batalla cultural se libra en Estados Unidos en dos frentes: la ideología de género y la llamada “teoría crítica de la raza”, sustento intelectual del movimiento woke que aspira a reescribir la historia del país centrándose en el papel que tuvo en ella el racismo. Quienes rechazan estas dos versiones, fundamentalmente padres de familia, han llevado el combate a las escuelas y las bibliotecas escolares para impedir que sus hijos caigan bajo la influencia de los nuevos ideólogos. En el centro de la contienda está la circulación o no de libros escritos con intención de adoctrinar a los más jóvenes.

En reacción a ese adoctrinamiento, unos 1.600 libros fueron prohibidos durante el último año en miles de escuelas norteamericanas, gracias, en parte, al empeño de organizaciones vinculadas a grupos conservadores.

Esta campaña ha sido alentada, promovida o ejecutada por políticos del partido republicano, como los gobernadores de Florida, Ron DeSantis (posible candidato presidencial en 2024), o de Texas, Greg Abbott.

En esos dos estados ya se aprobaron leyes que prohíben en concreto la enseñanza en colegios públicos del libro The 1619 Project, de la periodista Nikole Hannah-Jones, una suerte de manual para el omnipresente movimiento woke.

Las principales condenas dirigidas al libro de Hannah-Jones apuntan a su papel como inspirador de la “teoría crítica de la raza”, la más reciente moda intelectual estadounidense.

La discusión
El término, cuyo uso generalizado es cuestionado por quienes lo promueven, se ha convertido en una constante en los debates sobre educación y adoctrinamiento en Estados Unidos, y se emplea de manera continua en medios de prensa y grupos de presión conservadores para etiquetar a los profesores que tratan el tema del racismo en sus aulas.

A Hannah-Jones esa utilización le parece un despropósito. “¿Hubiera pensado alguien hace dos años que la “teoría crítica de la raza” era algo?”, inquirió medio incrédula, medio en broma, en un diálogo reciente con la agencia EFE.

“El profesorado en Estados Unidos es en un 80% mujeres blancas. Va en contra de la lógica pensar que las mujeres blancas les están enseñando a los niños blancos que son unos opresores”, alegó Hannah-Jones.

La periodista entiende que vetar libros es una práctica que siempre aparece asociada a algún tipo de represión.

“Leer es liberador. Leer abre tu mundo y tu perspectiva, y te lleva a cuestionar las jerarquías existentes en una sociedad”, señaló a EFE minutos antes de participar en un acto público en la Biblioteca de Arlington, en el estado de Virginia, muy cerca de Washington D.C..

El ensayo de Hannah-Jones comenzó a publicarse en 2019 en las páginas del diario The New York Times, y de inmediato atrajo las críticas del entonces presidente, Donald Trump, quien encargó a una comisión educativa que desarrollara una “currícula patriótica”, en reacción a las escuelas que comenzaban a usar el trabajo de la periodista para enseñar historia estadounidense.

En el libro, Hannah-Jones va más allá del racismo. Argumenta que el ejemplo establecido por el movimiento por los derechos civiles, en las décadas de 1950 y 1960, también abrió la vía para las reivindicaciones de la comunidad gay en el país. Debido a ese encadenamiento no debería sorprender que actualmente una gran cantidad de los libros objetados hoy en día por los padres en Estados Unidos tenga que ver con la representación de personajes homosexuales en lecturas infantiles.

Según datos de la entidad PEN America, el libro más prohibido este año en las escuelas estadounidenses fue Gender Queer: A Memoir, una exploración de la identidad de género de su autora desde la adolescencia hasta la edad adulta.

Frente a la reacción conservadora de los padres, los grupos progresistas redoblan su campaña de adoctrinamiento.

La Biblioteca Pública de Arlington decidió organizar la Semana de los Libros Prohibidos con dos actos que celebran la historia de la resistencia afroamericana. El primero fue una charla de Hannah-Jones ante un anfiteatro que estallaba en vítores cada pocas frases. El segundo, una actuación de Jubilee Voices, un grupo de cantantes afroamericanos que recuperan canciones e historias de los tiempos de la esclavitud.

“Desde luego respeto el derecho de un padre a decir “Para mi hijo, esto no”. Lo que no respeto es el derecho de un padre a venir y decir “Esto no, para nadie”, declaró a EFE Diane Kresh, la directora de bibliotecas del condado de Arlington, pequeño enclave urbano separado de Washington por las aguas del río Potomac.

Lo curioso es que en su lucha por dominar el debate cultural, el movimiento woke y la ideología de género han adoptado cuanto gesto censor existe, al extremo de promover el retiro o la destrucción de estatuas de próceres americanos o europeos sometidos a la acusación retroactiva de “racismo” o “sexismo”, por no hablar de las nuevas listas negras en la que se incluyen a casi todos los grandes nombres de la literatura occidental, siempre que sean varones, blancos, cristianos y heterosexuales.

viernes, 30 de septiembre de 2022

Del gallego al guaraní, sin pasar por el castellano

Rosalía de Castro (1837- 1885) fue una escritora española que escribió tanto en castellano como en gallego. Su obra en esta última lengua fue ampliamente traducida al castellano, pero ahora la poeta paraguaya Susy Delgado la tradujo al guaraní. De esto trata esta noticia publicada en diversos medios paraguayos.

Rosalía de Castro en Paraguay

La antología Rosalía ñe’ẽ poravopyre (Escolma poética de Rosalía) presenta una selección de textos del poemario Follas Novas, considerado uno de los más destacados dentro de la producción de la gran maestra gallega, presentados en su versión original en gallego y su traducción al guaraní realizada por la poeta paraguaya Susy Delgado. El conjunto incluye un prólogo de Iolanda Galanes, profesora del Departamento de Traducción y Lingüística de la Universidade de Vigo, y un texto introductorio de la traductora.

El libro fue publicado bajo el patrocinio del Centro Cultural de España Juan de Salazar de Asunción, Paraguay, por la Editorial Arandurã. Salió a la luz con el apoyo de diversas instituciones como la Academia de la Lengua Guaraní y tuvo una primera presentación virtual desde la Universidad de Vigo, Galicia, con la participación de la Fundación Rosalía de Castro. La segunda presentación se realizó en Asunción a fines de junio de 2022.

En su texto introductorio, Susy Delgado expresa entre otras cosas: «La idea de una antología poética de Rosalía de Castro que incluyera su traducción al guaraní germinó no solamente alentada por la profunda admiración hacia la poesía de esta maestra, sino también de algunas intenciones importantes. La primera de estas intenciones es rendir un homenaje a esa figura capital de la lengua y las letras gallegas, con una versión de su poesía elaborada en la lengua ancestral mayoritaria del Paraguay —el guaraní—, construyendo un puente de hermanamiento entre los universos lingüístico-culturales que estos idiomas representan, a través de su expresión más alta, la poesía.

En un tiempo que ha venido reivindicando y valorizando en buena hora las lenguas minorizadas y los acervos culturales que las mismas transmiten, se pueden recordar los procesos de reafirmación del gallego y el guaraní que, con sus innegables diferencias, muestran su profundo parentesco como experiencias importantes de reflexión y trabajo en el terreno cada vez más reconocido y demandante de la diversidad lingüística. La intención de esta antología bilingüe es aportar un ejemplo de conjunción y diálogo poético a esa marcha necesaria y enriquecedora».

jueves, 29 de septiembre de 2022

El Protrad (Programa de Apoyo a la Traducción de México), en su edición 2022, al rojo vivo

El pasado 3 de agosto, en la revista mexicana Letras Libres, el periodista cultural, escritor y gestor cultural Gerardo Ochoa Sandy publicó un artículo donde critica el Programa de Apoyo a la Traducción (Protrad) del gobierno de su país. Según la bajada, “La convocatoria al Programa de Apoyo a la Traducción plantea un mecanismo de participación casi inviable, que sabotea su objetivo explícito. Su caso no es el único”.

La convocatoria del Protrad 2022 no sirve a sus fines y debe cambiarse

La convocatoria 2022 del Programa de Apoyo a la Traducción, Protrad, debe y todavía puede cambiarse. Ignorado durante tres años por el actual gobierno y lanzado al fin el pasado 3 de junio, el programa en su versión actual plantea un mecanismo de participación prácticamente inviable, que acabaría asfixiándolo.

El nuevo mecanismo de “reciprocidad” que se plantea condiciona el apoyo a una editorial mexicana para traducir y publicar una obra escrita y publicada en otra lengua a que esté asociada con una editorial extranjera que se comprometa a traducir y publicar la obra de un autor mexicano en el exterior. Así lo estipula la convocatoria al Protrad 2022:

“Postular un proyecto editorial integral para traducción y publicación de DOS O MÁS OBRAS [negritas en el original], mediante el procedimiento de publicación recíproca con editoriales extranjeras. Cada editorial mexicana que participe en la convocatoria publicará una obra de naturaleza literaria propuesta por una editorial extranjera que, a su vez, publicará la obra de una escritora o un escritor mexicanos, en una sola postulación, de acuerdo con los géneros literarios antes mencionados [artes, humanidades, ciencias sociales, literatura, literatura infantil y juvenil y literatura en lenguas originarias nacionales y extranjeras].”

Lanzado en 2000 y en funciones desde 2001, el Protrad apoyaba a una editorial extranjera interesada en un autor de nuestro país. A partir de 2013, incluyó también el apoyo a las editoriales mexicanas interesadas en traducir y publicar a un autor foráneo en español. El Protrad 2022 junta las dos categorías precedentes de la convocatoria en una sola. Al mezclarlas, anula a ambas.

Por una parte, la editorial extranjera ya no puede pedir el apoyo de manera directa, como sucedía desde hace 20 años, sino que debe asociarse a una editorial mexicana, la única facultada para solicitarlo. Por la otra, la editorial mexicana solo puede pedir el apoyo asociándose en reciprocidad con un sello del exterior que corresponda con la traducción de un autor mexicano a otra lengua.

A la editorial de México podría interesarle traducir a un autor de una editorial extranjera, que no necesariamente estaría interesada en traducir a un autor del catálogo de la editorial de México que solicita el apoyo de Protrad. Las razones podrían ser muchas: no forma parte de sus prioridades, no cuenta con una colección adecuada, o atraviesa la crisis de la industria derivada de la pandemia. Lo mismo a la inversa. La búsqueda de la contraparte para alcanzar la utópica reciprocidad que Protrad impone como condición para el apoyo es tortuosa e inviable.

Además, Protrad 2022 no tomó en consideración otro factor. El acuerdo de reciprocidad entre una editorial mexicana y una extranjera se vuelve casi imposible de alcanzar si los derechos de autor de la obra están en posesión, como sucede cada vez con más frecuencia, de una agencia literaria, de un heredero o de un albacea.

Las agencias, los herederos y los albaceas realizan negociaciones directas para la publicación de las obras cuyos derechos están bajo su custodia, sin necesidad de acudir a una editorial que participe en reciprocidad. No les hace falta, el trato es directo. Eso cancela la posibilidad de conseguir el apoyo.

El inicio del registro en línea de las propuestas arrancará el 19 de agosto. Las editoriales mexicanas habrán tenido tan solo un mes y medio para encontrar a las contrapartes extranjeras con las que trabajarían “en reciprocidad”, ponerse de acuerdo en los libros que postularían, y recopilar la copiosa documentación solicitada. Desde todos estos aspectos se constata el desconocimiento de la dinámica editorial por parte de quienes concibieron y redactaron el documento.

El registro de las propuestas se extiende durante un mes más, del 19 de agosto al 18 de septiembre. Los resultados se darán a conocer el 1 de noviembre, y los apoyos comenzarían a otorgarse a partir de diciembre de 2022. Eso no sucederá. El año administrativo cierra en septiembre y la mitad de diciembre es vacacional, por lo que los recursos comenzarán a llegar durante el primer trimestre de 2023. Estos intencionales atrasos los tienen contemplados los propios funcionarios culturales.

De tal modo, la convocatoria Protrad 2022 es en la práctica la de 2023, y se habrían acumulado cuatro años sin la convocatoria, lo que equivale a dos tercios del sexenio. Si esta edición no convoca a una cantidad relevante de propuestas, podría haber un pretexto para posponerla un año más.

Para colmo, la convocatoria, tal como se establece en el apartado III.23, no contempla incluir a los editores dentro del comité de selección. El jurado será electo “mediante insaculación ante Notario Público, quien elige al azar de un padrón nacional de creadores y creadoras que cuenten con experiencia y conocimientos acordes a esta vertiente”. El padrón, ¿es el controvertido Telar –Registro Nacional de Agentes Culturales–, o alguno más elaborado ex profeso por la Secretaría de Cultura y el ex Fonca, y cuyos integrantes se desconocen?

Imperó, tal como es costumbre, el desorden en las áreas de difusión. En el comunicado emitido por la Secretaría de Cultura no se incluye el enlace al pdf de la convocatoria. Eso sí, se aprovecha la ocasión para asegurar sin empacho: “A partir de esta emisión, se simplifica el proceso de participación”. Tampoco es posible localizarla a través del menú en el sitio web de la dependencia.

En la información compartida por el Sistema de Información Cultural sí hay un enlace al pdf, pero el Sistema anuncia como convocantes a la Secretaría de Cultura a través del Fonca, de la Dirección General de Asuntos Internacionales y de la Dirección General de Publicaciones, que no participan en la convocatoria de 2022. Ante tanta incompetencia, hay que acudir a Google: “Protrad 2022”, y al fin se llega tanto a la convocatoria del programa como a un menú más, el de las convocatorias vigentes, que tampoco figura en la página de la SC, o está guarecido en algún remoto rincón. Se acabará el sexenio y no habrán aprendido a coordinarse para lanzar no ya una convocatoria, sino tan siquiera un signo boletín.

II

La comunidad cultural asumía ya como un daño colateral más la extinción en los hechos del Protrad, a consecuencia de la ojeriza del Ejecutivo contra los fideicomisos de ciencia y cultura. Durante estos años, los gremios de los editores y traductores permanecieron pasivos, o al menos no expresaron su desacuerdo con el ahínco necesario. Dada la gravedad de la situación, solo algunos, por excepción y a título personal, expresaron su inconformidad. Debido también a la escasa valoración pública que se le otorga al oficio de la traducción, la ausencia del anuncio de las convocatorias durante tres años tampoco propició la resonancia mediática que merecía y merece.

No obstante, Protrad seguía en funciones. En julio de 2021, en la cúspide de la tercera ola de la pandemia, el programa confirmó que la convocatoria no desaparecía y que estaban afinándola para, basándose en la experiencia de los años anteriores, eventualmente enmendarla y mejorarla, hacerla más funcional. Hasta había un diagnóstico, pues. La fecha de lanzamiento que se anticipó de manera extraoficial fue octubre de ese 2021. Posteriormente, para el primer trimestre 2022. Finalmente, para cuando hubiera “techo presupuestal”. Ese “techo” se tuvo para el arranque del segundo trimestre.

Desde su origen, Protrad se convirtió en el más eficaz programa de fomento a los autores de México en otras lenguas. A iniciativa de Phillipe Ollé-Laprune, fundador también de la Casa Refugio Citlaltépetl, el programa obtuvo el apoyo del Conaculta a través de su Dirección de Publicaciones, la Dirección General de Cooperación Educativa y Cultural de la SRE –hoy reemplazada por la Dirección General de Diplomacia Cultural y Turística–, la Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM y la Cámara Nacional de la Industria Editorial (CANIEM). En 2013, el año que el programa comenzó a apoyar a editoriales mexicanas para traducir y publicar autores extranjeros, se sumó la FIL Guadalajara. Llegó el actual gobierno y desmoronó esa noble alianza. Hoy solo participa la SC.

En una referencia en el contexto de la convocatoria de 2018, la última que vio la luz, se indica que el Protrad había otorgado, a lo largo de su historia, más de 280 apoyos a proyectos editoriales. Derivado de lo anterior, los autores mexicanos habían sido traducidos y publicados en más de 250 editoriales extranjeras de más de veinte países, y menciona a algunos de los autores extranjeros traducidos al español.

Entre otros autores, han sido traducidas a otras lenguas obras de Octavio Paz, Juan Rulfo, Miguel León Portilla, Carlos Monsiváis, Elena Poniatowska, Carlos Pellicer, Rosario Castellanos, Emmanuel Carballo y Rosario Castellanos. De cualquier manera, no figura por ninguna parte ni siquiera el catálogo más elemental de lo que Protrad ha apoyado en su historia.

En ese balance de 2018 se destaca asimismo el constante apoyo a editoriales mexicanas o extranjeras interesadas en traducir y publicar a autores en lenguas indígenas de otros países al español, y a editoriales extranjeras que quisieran traducir lenguas indígenas de México a otros idiomas. Es decir, lo que presume hacer la actual administración en defensa de las lenguas ahora llamadas “originarias” no ha sido ninguna novedad en la política cultural de México al menos de los años 90 a la fecha.

La propia convocatoria de 2018 despertó suspicacias y anticipaba el desinterés por el programa desde finales del sexenio anterior. El anuncio se hizo en noviembre, a un mes de la conclusión de la gestión de María Cristina García Cepeda como secretaria de Cultura. Los resultados se publicarían en julio de 2019 y los apoyos arrancarían hasta septiembre de 2019, el último mes del año administrativo fiscal. De tal manera, la secretaria entrante, Alejandra Frausto, quedaba liberada de la necesidad de anunciar una nueva convocatoria de Protrad durante el primer año de su gestión. Y se siguió de frente.

Fue hasta casi un mes después del anuncio del lanzamiento de Protrad 2022, el pasado 29 de junio, que uno de los dos gremios más afectados, la Asociación Mexicana de Traductores Literarios A. C, Ametli, expresó su desacuerdo a través de una carta abierta dirigida a la Secretaría de Cultura, al Sistema de Apoyos a la Creación y Proyectos Culturales, al Protrad y los medios. A la fecha, ni grandes sellos editoriales ni editoriales pequeñas han fijado alguna postura.

La Ametli lamentó el mecanismo de reciprocidad y destacó las bondades del mecanismo previo, una convocatoria con dos categorías. Además, la asociación señala que la nueva convocatoria se lanza en un momento inadecuado, como es el verano, temporada en la que no se realiza ninguna feria de libro de relevancia y muchas editoriales y organismos extranjeros orientados al apoyo a la traducción “hacen una pausa en sus actividades de contacto y promoción”. Las más afectadas serán las editoriales pequeñas, que suelen apostar por nuevos autores y catálogos “innovadores”, y que son las que tienen menos recursos y contactos en el extranjero.

El 30 de junio, al día siguiente de la publicación de la carta abierta, Isabel Cortés, de Protrad, buscó y conversó con el presidente de la Ametli, Arturo Vázquez Barrón. El acuerdo fue que los equipos de trabajo de ambas partes se reunieran en alguna fecha de la semana del 25 de julio. La Ametli puede y tiene que pedir la cancelación de la convocatoria y que se vuelva a la convocatoria de 2018. Si el Protrad se opone a dar marcha atrás a la inservible convocatoria recién lanzada y la Ametli avala esa postura, se desperdiciará un año más para, en los hechos, sumar cuatro en total. Una eventual nueva convocatoria, que corrija y enriquezca a la de 2018, deberá ser el resultado del trabajo del Protrad, la Ametli, y el gremio editorial. Ya se verá, pues decididos en la defensa de Protrad no han estado en estos años.

En su carta abierta, la asociación se preguntó también por qué dejaron de anunciarse las convocatorias del Premio Bellas de Traducción Literaria Margarita Michelena y del Premio de Literatura en Lenguas Indígenas, de naturaleza bilingüe, que contempla la traducción de la obra ganadora al español, realizada en la mayoría de las ocasiones por los propios autores ganadores del certamen. Los dos son del INBAL y fueron cancelados a partir de la llegada de Leticia Luna a la dirección de Literatura.

El Premio de Lenguas Indígenas sólo tuvo una edición, en 2019.

El Margarita Michelena tres. Los jurados de las ediciones 2018 y 2019 elogiaron la gran calidad de los libros participantes, lo cual reflejaba el alto nivel de la traducción en México en la actualidad. En 2020, Lucina Jiménez, directora general del INBAL, subrayó incluso “la importancia fundamental” del premio porque a través de la traducción “es posible fortalecer el entendimiento entre los pueblos”, y se comprometió a que continuaría, como consta en el boletín del Instituto. Fue una promesa incumplida más.

Coda

La desafortunada convocatoria del Protrad 2022, sumada a la cancelación de los únicos dos premios con apoyo del Estado, ilustra el desdén hacia la traducción en México. Esta actitud se ha vuelto contagiosa. El Primer Premio Hispanoamericano de Traducción Literaria Aquelarre Ediciones 2022, apoyado por el Instituto Veracruzano de Cultura y que cerró el 31 de mayo, estableció cláusulas que no cumplieron con los estándares editoriales y precarizaban aún más la faena de los traductores.

En efecto, la proyección geográfica “hispanoamericana” ya sonaba pretenciosa en relación con el monto del reconocimiento, pero lo grave eran los criterios de participación. Los concursantes enviarían traducciones de obras literarias en prosa de entre 90 y 350 cuartillas, en fuente Garamond 11 puntos a 1.5 de interlineado. El ganador recibiría mil 500 USD –unos 30 mil pesos–, más la publicación de la obra y un diploma.

En el ámbito editorial, una cuartilla se calcula de dos maneras. La primera es por palabras, entre 220 y 250. La cuartilla Garamond 11 puntos a 1.5 de interlineado del premio Aquelarre-IVC equivale a 600 palabras, casi el triple de lo establecido por la convención editorial. El premio entonces convocó a participar a traductores no con obras de 90 a 350 cuartillas de extensión, sino de 240-250 a 950 cuartillas.

La otra manera de medir una cuartilla es por el número de caracteres con espacios (cce), mil 800 en promedio. La cuartilla del certamen es de 3 mil 430 cce, casi el doble. Hasta la desafortunada convocatoria del Protrad 2022 fija la extensión de la cuartilla en 220 palabras y/o mil 800 cce. Sea entonces el triple en palabras o el doble en cce, el certamen deprecia lo que busca reconocer, “el ingente trabajo de los traductores hispanohablantes”, según reza la convocatoria.

El Aquelarre-IVC pagaría así 101 pesos por cuartilla si el ganador concursó con el mínimo de cuartillas, o 26 pesos si concursó con el máximo. El Protrad 2022 al menos establece pagos mínimos por una cuartilla de 220 palabras que están, digamos, dentro de los rangos del mercado editorial: 200 pesos del inglés y lenguas romances al español; 250 pesos de otros idiomas al español y del español a inglés y a lenguas romances; 275 pesos del español a otros idiomas y 300 pesos de lenguas originarias, lenguas muertas, latín o griego al español y viceversa. Estos montos, pues, son equivalentes al doble o el triple del certamen, si el ganador participó con el mínimo de cuartillas Si el ganador participó con el máximo de cuartillas, la diferencia es de ocho a doce veces más.

Estado, editoriales y universidades están en deuda con el gremio de la traducción en México.

miércoles, 28 de septiembre de 2022

Mo Yan conversa con su traductor al castellano

El pasado 30 de agosto, la agencia española EFE hizo circular la siguiente nota en la que el Premio Nobel chino de Literatura 2012 Mo Yan (1955) habló con Juan José Ciruela, su traductor.

Mo Yan califica el idioma como “la jaula de los escritores”

Pekín, 30 ago (EFE).- El premio nobel de literatura chino Mo Yan destacó hoy que el idioma es “la jaula de los escritores” que los obliga a mantenerse en un género si no son capa ces de “romperla”.

Mo, Nobel de Literatura en 2012, participó este martes en una videoconferencia organizada por la Biblioteca Miguel de Cervantes de Shanghái, que reunió también al traductor al español de su obra Trece pasos, el profesor de chino de la Universidad de Granada Juan José Ciruela.

En su intervención en el encuentro, que forma parte del ciclo literario “Entre Lenguas: los autores por sus traductores”, el autor chino indicó que sus obras tratan de ofrecer “una mezcla entre lo coloquial, lo campesino y lo culto” en cuanto a su uso de la lengua china en las mismas.

“Yo soy del campo de la provincia de Shandong, y mis vecinos hablan un dialecto muy coloquial”, dijo sobre su experiencia, y añadió que la lectura de las obras de un afamado escritor antiguo de su zona que “usaba un idioma escrito más culto” ayudó a constituir su propio estilo.

El autor, considerado el padre del “realismo alucinatorio”, y que se inspiró en sus inicios en el realismo mágico de Gabriel García Márquez, reflexionó sobre la importancia de los matices de traducción de las obras a un idioma extranjero.

“A principios de la década de los 80 se tradujeron muchas obras extranjeras al chino, y este chino resultante es muy peculiar, no es el típico, es un producto de los traductores que buscaban una correspondencia entre las lenguas”, afirmó sobre su acercamiento a obras de otros países.

Una lengua que es la herramienta de vida de los escritores, pero también según Mo, “una jaula”, ya que “para salir de un género hay que entrar en otro, y cualquier género se basa en un tipo de lengua”.

Se trata de una herramienta que, como cualquiera, requiere de experiencia sobre la misma para saber ser usada, según Ciruela.

“Se tiene que tener contacto con la lengua y la gente china para ayudar a entender situaciones y contextualizar mejor a los personajes”, aseguró el traductor de Trece pasos.

“Hay que vivir la lengua” agregó el profesor universitario, como si se tratase de uno de los vecinos de Mo Yan en Shandong, que vivieron sus propias “historias que no son verdaderas a ojos de la gente que las cuentan”.

Entremezclando memorias colectivas, combinando versiones y perspectivas, el autor busca contar la historia a través de sus personajes, no mediante la versión de la generación que le precedió.

Una historia de movimientos políticos en la China del siglo XX que, en su novela “La vida y la muerte me están desgastando”, relata por medio de continuas reencarnaciones de su protagonista en distintos animales, destino del cual liberaría a su personaje en los últimos 22 años.

“Seguiría siendo humano al reencarnarse, porque la China actual merece la pena ser vivida como un ser humano. Ahora un ser humano es mucho más feliz que un animal”, dejó en claro el escritor.