viernes, 27 de marzo de 2026

Traductores: lean lo que sigue con mucha atención

Antonio J. Rodríguez
El pasado 6 de enero, en las páginas de la revista Alighieira, se anuncia la publicación completa de Corazón de las tinieblas, la novela de Joseph Conrad, traducida con Inteligencia Artificial (puede verse acá: https://www.alighieria.com/revista-folio/el-corazon-de-las-tinieblas-de-joseph-conrad-traduccion-al-espanol-del-texto-completo).

Como yo mismo traduje esa novela para Eterna Cadencia en 2021, quise ver los resultados. Tomé apenas los tres primeros párrafos: 

The Nellie, a cruising yawl, swung to her anchor without a flutter of the sails, and was at rest. The flood had made, the wind was nearly calm, and being bound down the river, the only thing for it was to come to and wait for the turn of the tide.

The sea-reach of the Thames stretched before us like the beginning of an interminable waterway. In the offing the sea and the sky were welded together without a joint, and in the luminous space the tanned sails of the barges drifting up with the tide seemed to stand still in red clusters of canvas sharply peaked, with gleams of varnished sprits. A haze rested on the low shores that ran out to sea in vanishing flatness. The air was dark above Gravesend, and farther back still seemed condensed into a mournful gloom, brooding motionless over the biggest, and the greatest, town on earth.

The Director of Companies was our captain and our host. We four affectionately watched his back as he stood in the bows looking to seaward. On the whole river there was nothing that looked half so nautical. He resembled a pilot, which to a seaman is trustworthiness personified. It was difficult to realize his work was not out there in the luminous estuary, but behind him, within the brooding gloom.

Ésta es la traducción con I.A.:

"El Nellie, un yate de dos palos, borneaba sobre el ancla sin un aleteo de las velas, y estaba en reposo. La marea había subido, el viento estaba casi en calma y, teniendo rumbo río abajo, lo único que se podía hacer era aproarse a la corriente y esperar al cambio de la marea.

El tramo marítimo del Támesis se extendía ante nosotros como el comienzo de una vía fluvial interminable. Mar adentro, el cielo y el agua estaban soldados sin fisuras, y en el espacio luminoso las velas curtidas de las gabarras que derivaban con la marea parecían detenerse en racimos rojos de lona de picos afilados, con destellos de perchas barnizadas. Una bruma descansaba sobre las orillas bajas que corrían hacia el mar en una llanura evanescente. El aire estaba oscuro sobre Gravesend y, más atrás aún, parecía condensado en una melancólica penumbra, cerniéndose inmóvil sobre la ciudad más grande, y la más grandiosa, de la tierra.

El Director de Compañías era nuestro capitán y nuestro anfitrión. Los cuatro observábamos afectuosamente su espalda mientras permanecía en la proa mirando hacia alta mar. En todo el río no había nada que pareciese ni la mitad de náutico. Se asemejaba a un práctico, que para un hombre de mar es la confianza personificada. Era difícil darse cuenta de que su trabajo no estaba allí fuera, en el estuario luminoso, sino detrás de él, dentro de la penumbra que se cernía."

Y ésta es mi traducción, de la que, para no abundar, elimino las muchas notas: 

"La Nellie, una yola de crucero, se inclinó hacia su ancla sin que las velas se agitaran y permaneció inmóvil. El agua estaba floja, el viento estaba casi en calma, y yendo río abajo, lo único que podía hacer el barco era detenerse y esperar el cambio de la marea.

La desembocadura del Támesis se extendía ante nosotros como el principio de una interminable vía navegable. En perspectiva, el mar y el cielo estaban soldados sin junturas y, en el espacio luminoso, las velas curtidas de las barcazas que derivaban con la marea parecían detenidas en racimos rojos de lona, toscamente coronados con los destellos de las botavaras barnizadas. La niebla descansaba en las costas bajas que terminaban en el mar con una lisura evanescente. Sobre Gravesend,el aire estaba oscuro y más atrás, todavía parecía condensado en una lúgubre penumbra que se cernía inmóvil sobre la ciudad más grande y más poderosa de la tierra.

El Director de las Compañías era nuestro capitán y anfitrión. Los cuatro contemplábamos su espalda afectuosamente mientras, de pie en la proa, miraba en dirección al mar. No había nada en todo el río que fuera la mitad de náutico que él. Parecía un piloto, lo cual, para un hombre de mar, es la personificación de todo lo confiable. Resultaba difícil convencerse de que su trabajo no estaba ahí, en el luminoso estuario, sino atrás, en la inquietante penumbra."

No copio aquí mi versión para señalar sus matices respecto de la debida a la I.A., que Alighieira anuncia como "preliminar" y cuyo aparente objeto es "apoyar el trabajo de traductores, editores y profesionales del libro". Lo hago para demostrar cuáles son los límites de la I.A. en la traducción literaria. 

Ahora bien, ¿quién está detrás de Alighieria, empresa de naturaleza netamente comercial que les depara a los traductores un futuro de meros correctores?

El pescado que está en el origen de todo esto es un tal Antonio J. Rodríguez (Oviedo, 1987), un muchachito español, dispuesto a transformar la edición en un proceso que se sirva de  "tecnología con sensibilidad editorial, con procesos sin fricción (sic) y textos cuidados como siempre, pero con más seguridad que nunca". No aclara, vale la pena advertirlo, a qué se refiere con eso de "procesos sin fricción". ¿Se referirá a la necesidad de tener que discutir un contrato con un traductor? ¿A la obligación de fijar límites de explotación y, por supuesto, honorarios?

Continuemos diciendo que, según se anuncia, "Alighieria es el asistente editorial que usan los profesionales más exigentes del sector. Simplifica la revisión, acelera la publicación y protege los contenidos con los más altos estándares de seguridad. Acompaña a los equipos editoriales de principio a fin, integrando tecnología avanzada y criterio humano". Así, entre los clientes de Alighieria figuran Anagrama, Editorial Kairós, Dos Manos, Narcea, Ediciones Laiovento, Ediciones Mapa, Círculo de Bellas Artes, etc. O sea, todas editoriales españolas. Lo lógico, entonces, es la expansión. 

Estamos a menos de un mes de la Feria del Libro de Buenos Aires y de sus jornadas profesionales. Ahí, seguramente, Alighieira va a ofrecer sus servicios, entre los que se cuenta el de "Traducción literaria", que se ofrece según esta publicidad: "Traducciones de orientación para el editor: precisas, naturales y sensibles al estilo original, incluso en lenguas que el equipo no domina. Obtén samplers de grandes volúmenes de texto". Y por supuesto, en la página figuran las tarifas en razón del servicio que se elija.

En síntesis, tipos como Antnio J. Rodríguez ya están dejando sin trabajo a los traductores literarios españoles y ahora buscan expandir sus "servicios" en otras geografías. La nuestra, mermada por la crisis económica continua y la necesidad de reducir costos, puede ser una presa fácil. Por eso es importante que los traductores estemos atentos y no sólo denunciemos a estos vivillos, sino también a las editoriales locales que vayan a considerar la utilización de estos medios. El resto de la tarea consiste en sensibilizar a los lectores para que sepan quién es quién en este mundo editorial lleno de mezquindad.

Jorge Fondebrider









 






jueves, 26 de marzo de 2026

Un nuevo sello que nace viejo, sin riesgo alguno

La noticia fue publicada por diversos medios. Esta es la versión, sin firma, que salió en InfoBAE el pasado 20 de marzo: Feltrinelli ahora va a ser un sello editorial internacional, de la mano de Anagrama. Por lo anunciado, no habrá riesgos, todo lo que se edite será sobre seguro.

Nace el sello Feltrinelli Editores con un catálogo centrado en la literatura internacional

La edición en lengua española contará desde este mes con una nueva apuesta cultural a través de un catálogo cuyos primeros lanzamientos incluyen tanto obras de autores consolidados como voces contemporáneas que destacan en el panorama internacional. El sello Feltrinelli Editores inicia operaciones en España y América Latina publicando el 6 de mayo una selección que abarca desde el clásico El doctor Zhivago de Boris Pasternak hasta la reciente novela Principio, medio, fin, de Valeria Luiselli. Según informó Europa Press, la apuesta editorial, vinculada a Anagrama y dirigida por Silvia Sesé, busca fortalecer la presencia de literatura global.

De acuerdo con la información publicada por Europa Press, Feltrinelli Editores funcionará bajo la dirección editorial de Silvia Sesé y José Hamad en calidad de editor. Ambos canalizarán la propuesta editorial del Grupo Feltrinelli, al que Anagrama pertenece desde 2016. El sello tiene su sede en Barcelona y proyecta extender la vocación histórica de la editorial italiana homónima, fundada en 1955 por Giangiacomo Feltrinelli, al ámbito hispanohablante, manteniendo su orientación antifascista e impulsando una visión que considera la edición un instrumento de preservación cultural.

Entre los títulos destacados que inauguran el catálogo, además de la novela de Luiselli y el clásico de Pasternak, figura En palabras sencillas de Richard Ford. Esta obra analizará la relación entre la literatura y la política, y se inscribe específicamente para iniciar la colección Feltrinelli Lectures. Dicha colección se orientará a reunir ensayos y reflexiones de escritores con trayectoria relevante, reportó Europa Press.

El plan editorial anunciado comunica la intención de Feltrinelli Editores de sumar obras de autores reconocidos y de talento emergente en el ámbito internacional. Según detalló Europa Press, el catálogo se expandirá hasta 2026 e incluirá textos premiados como La carne de David Szalay, novela que ha recibido el último Premio Booker. Entre los lanzamientos previstos se encuentran también Breve historia herética de la música clásica, de Alessandro Baricco, y Todos siguen aquí, de Liadan Ni Chuinn, quien aporta una nueva perspectiva desde la literatura irlandesa bajo seudónimo.

Feltrinelli Editores integrará además títulos como Twist de Colum McCann, Últimos especímenes antes de la extinción de Maria Reva y Regreso a Trieste de Federica Manzon, diversificando así la oferta editorial a favor de un diálogo literario amplio, consignó Europa Press.

La creación de Feltrinelli Editores responde al propósito de fortalecer el intercambio cultural, tanto mediante la traducción de obras de otras lenguas al español como a través de la apuesta por propuestas literarias contemporáneas de distintas procedencias. El catálogo, además de priorizar autores consagrados, abrirá espacio a escritores que, según el comunicado citado por Europa Press, contribuyen con perspectivas renovadoras en sus respectivos géneros.

El lanzamiento de este nuevo sello supone un refuerzo de las colaboraciones trasatlánticas en el mundo editorial en español, y representa un ejercicio de continuidad respecto a la identidad y valores del grupo Feltrinelli, caracterizados históricamente por su compromiso político y una actividad editorial con matices de intervención social y cultural. Así, se sostiene la idea de que la edición constituye un mecanismo para incidir en el legado cultural del presente, reportó Europa Press sobre el comunicado difundido por la nueva editorial.

Para el establecimiento en Barcelona, Feltrinelli Editores hereda no solo la línea editorial sino también la tradición de la casa madre italiana, puesta desde su origen al servicio de la creación literaria y la circulación de ideas. El nuevo sello asume como objetivo, según se indicó en el comunicado recogido por Europa Press, mantener el equilibrio entre la publicación de escritores ampliamente reconocidos y la integración de autores emergentes que amplían el espectro de voces disponibles en los mercados literarios de España y América Latina.

El anuncio de Feltrinelli Editores pone el foco en la selección de títulos y autores de diferentes procedencias, estableciendo la literatura internacional como eje central del catálogo. De esta manera, el sello plantea una propuesta que, al mismo tiempo que incorpora literatura clásica, explora nuevas tendencias y nombres que marcan la actualidad del género narrativo y del ensayo, según precisó Europa Press.







miércoles, 25 de marzo de 2026

Una reflexión brillante de un traductor mexicano

En su edición del 1 de marzo pasado, la revista mexicana Letras Libres publicó el siguiente artículo del escritor y traductor Roberto Rueda Monreal. En la bajada se lee: "No es raro que las traducciones sean juzgadas con rapidez, desde un punto ciego donde confluyen industria editorial, prejuicio lector y creación".

La traducción literaria, entre la magia y la crítica

De errores, vicios y prejuicios

En plena pandemia, por parte de las autoridades culturales, surgió la Estrategia Nacional de Lectura, a la que fuimos convocados diversos sectores y gremios de la cadena del libro. En la mesa sobre traducción de literatura, la moderadora afirmó –palabras más, palabras menos– que era muy triste leer ciertas traducciones deficientes, por lo que le encantaría leer directamente en italiano para no tener que aproximarse –supuse– al adefesio traducido al español.

Este tipo de queja es muy común. La mayoría de las traducciones literarias son calificadas como “malas”. A saber, el lector identifica cosas “intraducibles”, descubre “errores básicos” o, si habla alguna lengua extranjera, prefiere acudir al original. Pareciera que, para convertirnos en un “lector crítico”, fuese imperativo señalar la deficiencia de las traducciones que leemos. Lo curioso de este fenómeno es que alumbra lo tajantemente injusta que resulta la cultura lectora no solo en México, sino en el mundo. Si la traducción simplemente se califica como buena, la figura del traductor desaparece por completo. Sin embargo, si se califica como mala, horrenda o desastrosa, los mismos adjetivos se trasladan de forma instantánea a la figura del traductor.

En aquella ocasión, para suavizar un poco la radicalidad de la moderadora, mencioné que muchas de las traducciones “malas”, que lastimosamente tuvo que leer, con certeza pertenecían al esquema más común del mundo editorial: ese en donde el traductor es un mero prestador de servicios y, por ende, la traducción literaria no es la estrella del proceso. Aunque el escrutinio de ojo acusador recae siempre en el traductor y en sus “catastróficas” formas de traducir, lo cierto es que hay otros actores que escapan de él. ¡Cuántas veces no hemos pasado los traductores literarios por esos tragos amargos al descubrir que complejas frases, figuras retóricas, anomalías pertinentes, páginas enteras, minucias clave, fragmentos de juegos de palabras, rarísimas composiciones de oraciones y otras apuestas estilísticas, de pronto, sin más, aparecen borradas de un plumazo una vez publicado el libro!

La traducción, en ese sentido, pareciera ser una cuestión de prestigio y no de especialización. Esta realidad resulta bastante evidente cuando se le permite a la gran escritora, al famoso escritor, traducir como se le dé la gana solo por ser quien es y porque asegura saber hacerlo.Dos titanes en un mismo ejemplar. Al parecer, Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, será por toda la eternidad la traducción exquisita y canónica de Julio Cortázar, lo cual refuerza aquel cuento lapidario de que solo un gigante puede traducir a otro gigante.

Por esta serie de prejuicios lectores y vicios de la industria, la tarea del traductor se ha vuelto una cuestión espinosa en tanto que, como creador, suele ser vapuleado o invisibilizado. Luego entonces, tratar de entender la desaparición del arte de este peculiar creador literario, quizás, va más allá de nuestro presente.

Las bellas infieles
Durante los siglos XVII y XVIII, surgió un fenómeno que se afianzaría como pocos en el mundo literario de Francia, cuyas repercusiones se tornarían mundiales. Las traducciones literarias de los clásicos comenzaron a masificarse, sobre todo aquellas realizadas por escritores o aspirantes a serlo.

Eran versiones libres que, en realidad, no hicieron otra cosa más que adaptarse por completo a los gustos lectores de le bon français (el buen francés) de la época, la misma que imponía no solo el uso correctísimo de la lengua francesa, sino la eliminación de toda aquella palabra vulgar, de todo tema incómodo o de todas las rarezas “incomprensibles”.

A Gilles Ménage le debemos una frase hecha, aún popular, con la que se designa a esa clase de traducción. Molière se burló de él en la comedia Las mujeres sabias, representada por primera vez en 1672. El personaje de Vadius era igual de arrogante y presuntuoso que Ménage, un escritor que terminó por convertirse en un conocidísimo gramático, cuyo amor y defensa de la lengua francesa lo llevaron a escribir obras que no pocos consideran hasta hoy verdaderos diccionarios etimológicos.

Se cuenta que, cierto día, al terminar de leer una larga y matizada obra traducida, con el rostro sonriente Ménage expresó que le había recordado a un viejo amor, una mujer que “era bella, pero infiel”. Sus palabras corrieron como pólvora y, a partir de entonces, por las prolíficas versiones libres plasmadas en le bon français, a aquel periodo se lo tildó como la época de “las bellas infieles”.

Ladmiral contra las bellas
En 1983, luego de aquellos siglos en donde la literalidad (traducir palabra por palabra) y el absoluto respeto a “las bellas infieles” conformaron el tenor predominante de ese arte llamado traducción literaria, Jean-René Ladmiral propondría, igualmente desde Francia, la dicotomía sourcier-cibliste. Ladmiral, un doctor en filosofía interesado en las ciencias del lenguaje, fue un innovador investigador que escribiría por primera vez (desde el extinto Centro de Estudios e Investigaciones en Traducción, el cual dirigió) sobre “las ciencias de la traducción”.

Ladmiral identificó un fuerte componente intercultural en la comunicación humana. Descifrar cómo se daba el intercambio entre culturas diferentes, hasta opuestas, se volvió uno de sus objetivos primordiales. Fue así que descubrió que existe una pluralidad de culturas en oposición a aquello que, desde Francia, se autodenominaba Cultura, en un sentido unívoco. Se interesó en cómo la actividad de la traducción (en el contexto de “las bellas infieles”) podía volverse terreno fértil para construir dicotomías que ayudaran a aquilatarla mucho mejor, propiciando, así, nuevos paradigmas. La realidad cultural dio un impresionante giro: ahora las traducciones y sus autores podían ser calificados como sourciers (que se acercan a la lengua y cultura fuente) o sciblistes (que se acercan a la lengua y cultura meta).

Lo admirable de Ladmiral es que obligó al mundo editorial, al mundo lector y al mundo traductor franceses a cuestionarse con honestidad: ¿a qué lengua o cultura en el fondo atendemos: a la lengua o cultura fuente o a la lengua o cultura de llegada? Para una Francia acostumbrada a privilegiar exclusivamente los usos y costumbres de la influencia mundial de su lengua y de su enorme prestigio cultural, la propuesta de Ladmiral fue sencillamente inaceptable. Pensar en la destrucción de aquellas inacabables y veneradas traducciones, con sus larguísimas y muy lógicas oraciones, colmadas de interminables subordinadas, hermosas y mejor estructuradas, con tal de que se leyeran siempre sin problema ninguno en le bon français, era algo equiparable a un pecado mortal. Afirmar, básicamente, por otro lado, que traducir palabra por palabra, en el fondo, no era traducir, fue un balde de agua helada para quienes pensaban que el uso de equivalencias mecánicas o automáticas no se extinguiría nunca.

La dicotomía de Ladmiral me parece un buen punto de partida para comenzar a comprender y cuestionar tanto el proyecto editorial como el proyecto personal de traducción en todo libro traducido, antes de intentar siquiera ser categóricos en cuanto a la calidad de las traducciones. ¿De verdad hay palabras o conceptos intraducibles? ¿Es imperdonable utilizar el lenguaje incluyente en la traducción de obras canónicas? ¿Todo encargo de traducción carece de calidad? ¿Es éticamente válido que los escritores usen la traducción como mera herramienta de prestigio?

La industria del libro y sus actores seguimos teniendo el reto de construir un andamiaje crítico para poder esbozar respuestas a estas y otras preguntas. No basta con que las editoriales de nuestro país presuman que han puesto el nombre de las y los traductores en las portadas, se necesita propiciar un espacio previo a la obra (prólogo, introducción, prefacio) en donde se comparta qué tipo de texto está a punto de ser leído, cuál es el proyecto de traducción, los retos técnicos involucrados y todo aquello que deba ponerse sobre la mesa para que el arte de la traducción literaria pueda hacernos partícipes, por fin, de su verdadera magia.


martes, 24 de marzo de 2026

Una librería que sobrevivió a la barbarie

La siguiente nota fue publicada en InfoBAE, con firma de Luciano Sáliche, el pasado 22 de marzo. La historia la contó una y otra vez el poeta y editor José Luis Mangieri. Aquí se presenta en boca de los sucesores de Damián Carlos Hernández y Emilce García (foto), fundadores de la excelente librería Hernández, de Buenos Aires. La conmemoración de los cincuenta años del golpe de Estado que inauguró la dictadura militar más sangrienta de la historia Argentina hace que su lectura sea más que pertinente.

“A pesar de lo que nos pasó, no cambiamos una conducta”: una tradicional librería porteña exhibe los libros que la dictadura les prohibió

Marisú Hernández tenía 21 años el 28 de enero de 1977. Ese día le cerraron la librería en la que trabajaba toda la familia. Fue un año entero la clausura, hasta diciembre. Libros subversivos, dijeron. A la Librería Hernández la fundaron Damián Carlos Hernández y Emilce García en 1956. Trabajaban ahí sus tres hijas; Marisú es la más chica. Primero estuvo en Corrientes 1580 y en 1973 se mudaron adonde está hoy. Aquel día del 77 los militares se llevaron 7800 libros. Dos meses después volvieron por más.

Fue una denuncia anónima. Los milicos volvieron porque se enteraron que la librería tenía un depósito lleno de estantes. Cuando entraron no podían creer la cantidad de libros. Libros subversivos. “Este año decidimos exhibirlos de frente, en un sector especial donde la gente los pueda ver. Y en otra mesa pusimos todos los libros sobre derechos humanos, juicios, desaparecidos, madres, abuelas, nietos. Los vamos rotando por la cantidad de material que se ha editado del 83 a esta parte”, cuenta Marisú.

Marx, Lenin, Mao, Trotski, Perón, Evita, Ho Chi Minh, Marcuse, Sartre, Fidel Castro, David Viñas, Spilimbergo, Kautsky, Gregorio Selser, David Rapaport, Noé Jitrik, Bernard Dort son algunos de los tantos nombres que figuran entre los libros prohibidos.

Las cosas no volvieron a ser igual. Ese día se llevaron a Eduardo Mora, cuñado de Marisú, y lo largaron en seis meses. Sus padres, los fundadores de la librería, se exiliaron en Uruguay. “Lo ocurrido hace 49 años en la librería y 50 años en todo el país fue una cosa planeada: no solamente desaparecieron gente, robaron niños, mataron y secuestraron, también fueron hacia la cultura, hacia la educación, hacia la formación de la gente. Esto también le pasó a editoriales como Centro Editor y a librerías como Trilce”.

Hernández, que está cumpliendo setenta años, es una librería que, en palabras de Marisú, “siempre tuvo una línea, una conducta, una posición”: “Por más que tenemos material plural, siempre nos dedicamos más temas como historia, política, sociología, psicología, educación. La gente que viene a esta librería en parte saben a qué vienen, qué quieren, qué buscan. Contar la historia de la librería ha movilizado a mucha gente que estuvo acá, o que compraba acá, incluso muchos se enteraron así”.

Marisú Hernández salva vidas y lee libros, ¿o salva libros y lee vidas? Todas las mañanas está en la gran librería familiar —trabajan ahí sus hermanas, su hija, sus sobrinos—, patrimonio nacional, en Corrientes 1436, y algunas tardes atiende pacientes en su consultorio: es médica clínica. Hasta 2001 fue al revés: se dedicaba fundamentalmente a la medicina y cuando podía iba a la librería. Pero la balanza pesó más de un lado. Hoy sigue con los pies en los dos charcos: salva vidas y lee libros, ¿o salva libros y lee vidas?

“Otras librerías tendrán otra impronta, pero nosotros, a pesar de lo que nos pasó, no modificamos una línea, una conducta, una postura”, dice la librera y piensa cómo esa historia y este nuevo aniversario del golpe de Estado tensiona con el presente y hace ecos con las políticas de Javier Milei y La Libertad Avanza. “Lo que está haciendo este gobierno desde que tomó el poder es tratar sacar todo lo que sea cultura. Es bien sabido todo lo que ha hecho con cantantes, con películas, con desfinanciar el cine”.

“Esto lo dijo en lo personal: este gobierno tiene una actitud muy similar a lo que ocurrió antes. Sabemos bajo qué gobierno estamos actualmente”, sostiene.

Marisú sigue creyendo en los libros. Pero reconoce que es un artefacto a destiempo. “La mayor potencia del libro fue en los años setenta cuando la gente joven y no tan joven sabían que la única manera de poder entender un montón de cosas era leyendo. Para mí el libro tiene un lugar preponderante ahora, que es para formarse, y lo va a tener siempre. Me refiero al libro en papel, no a leer en la computadora. Uno puede salir del apuro con un e-book, pero al libro no lo van a reemplazar... El libro es irreemplazable”.

lunes, 23 de marzo de 2026

Más sobre los autores y los ladrones de la IA

Publicada en el diario La Jornada, de México, la siguiente noticia habla de una iniciativa británica para denunciar el robo al que se ven sometidos los autores por las empresas de I.A.

No robes este libro, reúne a más de 10 mil escritores en protesta contra la IA

Unos 10 mil escritores, entre ellos el Premio Nobel de Literatura 2017 Kazuo Ishigurao, firmaron conjuntamente un libro en blanco para protestar contra el uso no autorizado de sus obras por empresas de inteligencia artificial, comunicó el diario británico The Guardian.

El único contenido de Don"t Steal This Book ('No Robes Este Libro') es una lista con los nombres de literatos que han contribuido a la iniciativa. Copias de este libro en blanco se han distribuido entre los asistentes a la Feria del Libro de Londres este martes, una semana antes de que el gobierno británico publique una evaluación del coste económico de los cambios propuestos en la ley de derechos de autor.

"El Gobierno del Reino Unido no debe legalizar el robo de libros para beneficiar a las empresas de inteligencia artificial", dice la contraportada del libro.

El promotor de esa edición insólita, el compositor y activista por los derechos de autor de los artistas Ed Newton-Rex, sostiene que la industria de la IA está "construida sobre trabajo robado... tomado sin permiso ni compensación".

"No es un crimen sin víctimas: la IA generativa compite con las personas en cuyo trabajo se entrena, robándoles su medio de vida. El gobierno debe proteger a los creativos del Reino Unido y negarse a legalizar el robo del trabajo creativo por parte de las empresas de IA", cita el diario a Newton-Rex.

viernes, 20 de marzo de 2026

Ésta es la bonanza que Milei trajo a la Argentina

“'La gente no está entrando en librerías y eso claramente repercute en las ventas y en la posterior cadena de pagos', diagnostican en la Cámara Argentina del Libro; los números y la opinión de los libreros." Tal es la bajada de la nota publicada ayer por Daniel Gigena, en el diario La Nación, de Buenos Aires. 


Estiman una caída en las ventas de libros de hasta el 20% y las distribuidoras tienen problemas para cobrar

La caída de ventas fue pronunciada en 2024, y desde ese momento no se recuperó, salvo en momentos puntuales que dependen del contexto y condiciones de cada librería -dice el librero Edio Bassi de Fedro, en San Telmo-. Para nosotros, este fue el peor verano de nuestros veinte años, con un 20% abajo en promedio. El problema es la cantidad de meses que el consumo local está muy ajustado; ya son muchos y hay que tener espalda para aguantar”.

La crisis por la caída del consumo ya golpea las puertas de los grandes grupos editoriales y de las distribuidoras, que tienen dificultades para cobrar a los libreros, a su vez afectados por el aumento de costos y, desde 2025, por la baja sostenida en las ventas de ejemplares cuyos precios, por si fuera poco, resulta elevado para los bolsillos de los lectores argentinos. El porcentaje interanual de la caída en las ventas enciende la alarma: desde las cámaras del sector lo ubican entre el 10 y el 20%. Los más afectados son, por ahora, los que tienen menos recursos financieros para resistir: los sellos y las librerías independientes, con escaso acceso al crédito.

“Se hace cuesta arriba porque pagamos fortunas de luz, de agua, que se cobra por superficie y no por consumo, más todo el tema salarial, los alquileres; el margen que nos queda es cada vez menor”, dice Ecequiel Leder Kremer, de Hernández, librería que este año celebra su septuagésimo aniversario.

Desde hace unos años, la intermediación de las plataformas de ventas ha avanzado mucho, colocándose entre la librería y el comprador. Mercado Libre, por ejemplo, les cobra a los libreros una comisión que alcanza el 13,5% del precio de venta al público. La mitad de las ventas de las librerías se hace por medio de esa plataforma.

“Lectores habituales que venían una vez por mes ahora lo están haciendo más espaciado y se siente una pequeña merma”, comenta a LA NACION Tamara Cefaratti, de Vuelvo al Sur. Cecilia Fanti, de Céspedes, confirma una caída del 20% interanual en las ventas. “La tendencia ya se dejaba ver en diciembre, cuando cayó a pesar de la temporada de las Fiestas -dice-. En muchos casos, progresivamente se va ahogando la estructura hasta que hay que tomar una decisión: cuánto tiempo podés trabajar, saliendo hecho; cuándo podés perder plata y qué podés hacer para mitigar la situación”. Las listas de precios de los libros llegaron con aumentos en marzo.

Si bien hay valores para todos los públicos y bolsillos, la lectura dejó de ser un hábito entre los argentinos y se nota la ausencia de campañas institucionales y oficiales sostenidas en el tiempo. Ningún actor del mercado editorial espera nada del Gobierno, abocado a otras instancias de la “batalla cultural”.

En su cuenta de X la editorial y distribuidora Blatt & Ríos informó que hay “problemas serios” en la cadena de pagos. “Las librerías vienen de malos meses, no alcanzan a cubrir sus gastos y se financian con los proveedores. Las facturas se acumulan y alguien, en el fondo, se tiene que financiar con los bancos”, postearon los responsables del emprendimiento días atrás.

La gente no está entrando en librerías y eso claramente repercute en las ventas y en la posterior cadena de pagos -sostiene el presidente de la Cámara Argentina del Libro, el editor Juan Manuel Pampín-. Hoy, para una industria financiarse con las tasas bancarias es imposible. La producción editorial está bajando de forma notable; hay novedades, pero sigue bajando lo que nosotros dimos en llamar ‘tirada de moda’, que es la que más se repite y eso imposibilita hacer un reparte acorde a la cantidad de librerías”.

La Cámara Argentina de Publicaciones estima una caída en las ventas del 10% en promedio. “Se ve que hay mucha variación, incluso hay quienes dicen que están igual que en 2025″, revela otra fuente.

La crisis también golpea a las liberías de usados. “La situación es malísima -resume Hernán Lucas, de Aquilea-. Respecto del año pasado vengo un 50% abajo. Después de pagar lo básico, a la gente no le queda resto para consumir. La otra vez me comentaba un colega que tiene su negocio en una avenida principal, y abre todos los días rigurosamente a las diez de la mañana, que hubo un día en que hizo la primera venta a las cinco de la tarde. A cada rato me viene a la cabeza la frase de un librero cordobés, que registré en mi libro Música para librerías: ‘De día no pasa nada y a la tarde afloja un poco’”.

Desde finales de 2025, varias distribuidoras de libros tienen más dificultades para cobrar que hace un año y registran una disminución en las liquidaciones mensuales por consignaciones de libros. “Hay que llamar mucho por teléfono, hacer gestiones -dice el responsable de una de ellas-. Esto no es igual para todas las empresas. La capacidad de cobro de Random House o de Planeta, por ejemplo, es muy superior a las de otras”.

Las distribuidoras -con gastos de personal, depósito y logística- son las que se ocupan de llevar las novedades y otros títulos de los catálogos a las librerías bajo distintas formas de comercialización (venta o consignación); algunas representan también sellos extranjeros de España, Chile, Uruguay o México. Las editoriales locales hacen entre un 60 y un 65% de descuento a las distribuidoras, mientras que estas a las librerías, un descuento que va del 30 al 50% sobre el precio de venta al público.

Hay algunas excepciones, entre ellas, la librería de la editorial Eudeba frente a Plaza Congreso. El gerente general, Luis Quevedo, cuenta que comenzaron 2026 vendiendo más que a inicios del año pasado. “Especialmente en la página web -dice-. En febrero estuvimos muy arriba, pero es un mes de bajas ventas para nosotros. El inicio del cuatrimestre superó dos veces las ventas del inicio del cuatrimestre pasado”. Pero una golondrina no hace verano.




jueves, 19 de marzo de 2026

El programa Fellowship FIL Buenos Aires

"La Feria Internacional del Libro, al cumplir 50 años de vida, incorpora Fellowship FIL Buenos Aires en su próxima edición. La novedad fue lanzada por la Fundación El Libro." Tal es el copete de la nota publicada en pasado 16 de marzo en el diario Tiempo Argentino

Fellowship FIL Buenos Aires 2026: ya se conocen los ganadores


La Fundación El Libro lanza su primer programa oficial de Fellowship destinado a profesionales de la industria editorial global. El programa ya había sido anunciado por el presidente de la Fundación El Libro, Christian Rainone en la Feria del libro de Guadalajara del año pasad. En ese momento dijo refiriéndose al Fellowship Fil Buenos Aires 2626: «Era una deuda pendiente para nosotros y me enorgullece muchísimo poder anunciarlo en este ámbito», dijo Christian Rainone cuando anticipó el lanzamiento del programa”.

Fellowship FIL 2026, sus ganadores
Quienes resultaron ganadores fueron: 

Alexia Turín (Italia): editora en Giulio Einaudi Editore. Estudió en Italia y en Francia, y tras licenciarse en Lenguas y Literatura obtuvo un máster en Edición. Es editora en Giulio Einaudi Editore, donde se ocupa de literatura extranjera, con particular atención a la ficción en francés y en español.

Kathleen Merz (Grand Rapids, Michigan, Estados Unidos): editora en Eerdmans Books for Young Readers (EBYR). Es directora editorial de Eerdmans Books for Young Readers. Se incorporó a Eerdmans en 2009 y, desde entonces, ha tenido la oportunidad de trabajar con creadores de todo el mundo en varios títulos galardonados. Estudió literatura y lingüística y, a lo largo de su carrera, ha disfrutado especialmente trabajando en libros traducidos y libros ilustrados de no ficción.

Susana Baptista (Porto, Portugal): editora en Grupo Porto Editora. Editora de libros infantiles con 20 años de experiencia en el sector editorial, se especializa en desarrollar publicaciones que inspiren y cautiven a los lectores jóvenes. Su experiencia abarca la adquisición de derechos, la gestión de licencias, el desarrollo de proyectos internos y el liderazgo de equipos multifuncionales. Como editora en Porto Editora, ha gestionado procesos editoriales y de producción, y h colaborado estrechamente con equipos de marketing y comunicación, y representado a la empresa en ferias internacionales del libro.

Jolijn Swager (Amsterdam, Países Bajos): editora en Volt Children’s Books Es editora de libros infantiles (publishing house Volt) en Amsterdam, Países Bajos. Edita y publica libros para niños de 0 a 20 años, tanto de ficción como de no ficción. Y está convencida de que todo niño merece su libro favorito, y con gusto te ayudaré a encontrarlo.

Leticia Vila-Sanjuán (Nueva York, Estados Unidos): editora en Maria B. Campbell Associates Es Directora de Scouting Internacional en la agencia Maria B Campbell Associates en Nueva York, donde trabaja desde 2020 para editoriales en 19 países, cubriendo los mercados de habla hispana, portuguesa, y Estados Unidos. Nativa de Barcelona, ha trabajado como agente literaria y editora freelance. En 2019 recibió una beca Fulbright para estudiar un master en edición en Pace University en la ciudad de Nueva York.

Rory Williamson (Londres, Reino Unido): editor en Pushkin Press Es editor en Pushkin Press, donde se centra en la ficción literaria y la no ficción traducida, así como en los clásicos modernos. Fue finalista del TA First Translation Prize por coeditar, junto con John Siciliano, la traducción de Gwendolyn Harper de A Last Supper of Queer Apóstoles, de Pedro Lemebel. Ha trabajado en libros de Gabriela Wiener, Leila Guerriero, Agustina Bazterrica y Benjamín Labatut, entre otros.

La próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires se realizará del 23 de abril hasta el 11 de mayo de 2026.

Además de la incorporación de Fellowship FIL Buenos Aires, la Feria promete diversas novedades para festejar su medio siglo de vida.