martes, 10 de febrero de 2026

"¿Ha oído usted hablar de Abdelfattah Kilito?"

El pasado 10 de enero, en La Jornada Semanal, de México, el poeta, ensayista y editor José María Espinasa publicó este comentario a propósito de Abdelfattah Kilito, escritor de origen árabe que escribió La lengua de Adán, un libro que trata sobre cómo se lee y cómo se escogen hoy las lecturas.


El mejor método para escoger una lectura

Se suele decir que lo mejor es el encuentro fortuito, al capricho del azar, pero sabemos que no es del todo cierto. Los caminos cambian según la época. En un tiempo lo fueron las reseñas en revistas y suplementos, en otro las mesas de novedades y ahora, según me comentan mis alumnos nativos digitales, las recomendaciones de amigos en las redes, equivalente del ancestral y siempre efectivo boca a boca. ¿Ha oído usted hablar de Abdelfattah Kilito? Supongo que no. Yo tampoco hasta hace algunas semanas que Francisco Segovia me preguntó si lo había leído. A la sonrisa que disimulaba mi ignorancia, él agrego sonriendo, “como kilo, pero chiquito” y me prestó La lengua de Adán.

Para mi una revelación y una sorpresa: toca temas muy abstrusos con enorme gracia y sencillez sin perder profundidad, aunque a veces parezcan bizantinos: el mito, la lengua, la traducción. Son tópicos muy presentes en otros autores con un alto grado de abstracción, presentados aquí con la sencillez de un relato. Por ejemplo, ¿qué lengua hablaba Adán en el paraíso? No es novedoso escribir ensayos como cuentos ni a la inversa, pero lo hace con tanta gracia que rápidamente quise leer otros libros del autor y en la red vi que Turner le publicó La curiosidad prohibida (Leyendo Las mil y una noches).

Como se ve, su nombre y sus temas no ocultan su origen árabe: nació en Rabat, Marruecos, en 1945, y es una de las figuras de la actual literatura de esa zona cultural. En Francia es bastante conocido, lo es menos en inglés y muy poco en español. No me voy a ocupar sino tangencialmente de él y lo tomo de pretexto para un asunto que aparece y reaparece en mis colaboraciones en este suplemento: ¿Cómo se lee? ¿Cómo se escogen hoy las lecturas? No, desde luego, en función de la publicidad apoyada en algoritmos. Y eso es, también, de manera más profunda tema para Kilito. En esta época en que la revistas en papel son pocas y ya no cumplen la función que tuvieron hace cincuenta años, y las mesas de novedades en las librerías están marcadas por la moda y los intereses económicos, autores como éste tienen algo de secreto. Pero el boca a boca, el bit a bit, sigue funcionado. Eso fue lo que hizo Segovia recomendándome leer a Kilito. No creo que hubiera llegado a él por otros caminos.

Leo a pocos escritores árabes, recientemente lo he hecho con Adonis, sé que es una limitación. Aunque el poeta libanés se ha puesto en cierta manera de moda, su lectura sigue siendo, como dice Rosa Chacel de toda lectura, un secreto, no un secreto a voces, pero sí uno que queremos compartir, o más aún provocar, como un contagio, crear una cadena de trasmisión del secreto, un rio subterráneo, una paradoja, una moda secreta. Los lectores digitales podrán buscar los libros de Kilito en la red, yo sigo prefiriendo el papel y fui a buscar La curiosidad prohibida. No estaba en ninguna de las librerías que visité ‒Gandhi, Sótano, Péndulo‒ pero en esta última había otro, El caballo de Nietzsche (Losada). Desde luego no en la mesa de novedades y más bien al fondo del almacén porque tardaron en traerlo, delgado volumen que no llega a las 150 páginas y que cuesta casi 500 pesos. Lo dudé, pero acabé comprándolo. Esta vez el título sí habría despertado interés por si mismo sin saber más cosas sobre el autor, pero de ser estricto tiene poco que ver con su contenido, el autor de La gaya ciencia apenas aparece en un par de páginas. Se trata de un curioso ejercicio de memoria ficcionalizada y de ficción memoriosa. Cuenta los orígenes de su/una vocación de escritura a partir de la importancia de la copia de textos como aprendizaje, equivalente físico de memorizar. Pero si el libro no menciona casi a Nietzsche no me sentí decepcionado. Lo personal aquí sirve para crear una extraña incertidumbre en lo que ocurre, lo que se relata tiene una condición ‒o diríamos, con la física‒, un principio de incertidumbre en el cual quiero ver un antídoto contra las religiones teocráticas, proclives al dogmatismo.

Con esto quiero señalar que Kilito es un escritor de su tiempo, ese marcado por el regreso del fascismo en Estados Unidos, Argentina y, desde luego y en primer lugar Israel, que ha sumido a Palestina en un infierno. Pero es de su tiempo porque sutilmente se sitúa contra él. A la vez su ritmo de lectura no tiene para nada la aceleración característica de nuestra época, sino una actitud de serenidad casi ascética. Eso vuelve su literatura algo familiar, como si conversara con el lector y esperara a escuchar sus respuestas. Así, preguntarnos qué lengua hablaba Adán en el paraíso es asomarnos a un abismo. Supongo que Trump diría que hablaba inglés, porque no puede concebir nada sino desde sí mismo y su autosatisfacción. ¿Cuál es el matiz que aporta el escritor a Occidente? Bueno, yo pienso que el preguntarse sobre la lengua concreta de ese paraíso y no preguntarse de manera más abstracta ‒más occidental‒ si en el paraíso Adán hablaba. Si ciertas reflexiones transforman la maldición de Babel en una bendición, es tal vez porque en el paraíso no se necesitaba el habla, el silencio lo decía todo y la hacía innecesaria. ¿Cómo escoges, lector, lo que lees? Ojalá le hicieras caso, como yo, al consejo de Francisco Segovia y busques textos de Kilito. No te será fácil encontrarlos, pero eso lo vuelve más emocionante l

lunes, 9 de febrero de 2026

"La mayor parte de estas traducciones no están firmadas y las que sí lo están tienen seudónimo o iniciales"

El pasado 8 de enero, Laura Lucía Romero Mireles escribió un artículo en Gaceta UNAM, de México, sobre la invisibilización de las mujeres traductoras. Se basó en la investigación de 
Lucia Campanella Casas (foto), investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya  Se reproduce a continuación.

Se revela invisibilización de la mujer en trabajos para traducir y editar

La invisibilización de las mujeres en la historia se solapa con la de las prácticas de traducción y edición que, como labores intelectuales de mediación, han sido reveladas muchas veces como espacios supuestamente neutros de conexión entre lugares, señaló Lucia Campanella Casas, investigadora de la Universitat Oberta de Catalunya, España.

Un traductor lleva un texto de una lengua a la otra pero no es un autor, mientras que un editor pone en contacto a los autores con los lectores. Y aunque esos espacios de “puente” muchas veces han estado ocupados por mujeres, es difícil encontrarlas.

La utilización de herramientas de las humanidades digitales nos ha permitido comenzar a reparar un poco algunas de esas invisibilizaciones, dijo Campanella Casas en la Sala Interactiva de la Hemeroteca Nacional de México.

Al ofrecer la charla “Las mujeres mediadoras: editoras y traductoras. Una mirada desde las humanidades digitales y la historia de la traducción”, añadió que esa invisibilización también se produce cuando se habla de ellas desde un espacio de ignorancia.

La experta mencionó que se especializa en el mundo intelectual y cultural de un movimiento político radical como el anarquismo. “Me identifico con estas dos realidades: la del territorio del trabajo y la de la protesta, en un mundo que se está volviendo muy peligroso”.

Los datos, una vez analizados y puestos en relación, permiten educar sobre el papel de las mujeres en prácticas culturales esenciales, como son la traducción y la edición, consideró.

La especialista presentó casos “en donde he podido trabajar con humanidades digitales, con traducción y con edición”. Uno de ellos lleva por título 150 años de traducción literaria en imprentas editoriales de Uruguay, en colaboración con académicas de la Universidad de la República, de aquella nación sudamericana.

En el proyecto se propuso el uso de las humanidades digitales en la medida posible, ya que “apropiarnos de ciertas herramientas nos ha costado y estamos todavía en un proceso de aprendizaje” para hacer un relevamiento bibliométrico de las obras literarias traducidas y publicadas en aquel país en un periodo largo: 1871-2021.

“Partimos de la base de la historia digital de la traducción”, y para hacer esa tarea se contó con un grupo interdisciplinario que incluyó un analista programador y un desarrollador web. “Trabajamos con los datos catalográficos, algunos de 150 años de existencia, para poner ‘el foco’ en quién tradujo”.

Campanella precisó que el proyecto, desde el principio, estuvo pensado a partir de las humanidades públicas: “Nos interesaba cuál iba a ser el contacto con el usuario o persona interesada, que no necesariamente fuera a trabajar con una base de datos, por más simple que fuera. Por eso se creó una aplicación web que tiene una serie de informaciones acerca de los hallazgos de la investigación y un buscador”. Se incluyeron mil 424 registros de traducciones de 29 lenguas y 629 autoras y autores.

Entre los hallazgos se encontró que la primera traducción literaria realizada por una mujer en el catálogo es, en realidad, una traducción colectiva. En este tema “aún hay mucho trabajo por hacer, pero hemos avanzado bastante”.

Otro proyecto presentado fue el del análisis a gran escala de las traducciones literarias publicadas en la prensa anarquista de ciudades portuarias entre 1890 y 1910. “Una de las características de ese movimiento a nivel mundial fue que tempranamente incluyó a las mujeres”.

Al final “logré una transcripción automática más o menos viable de un corpus muy grande, en un estado de conservación diverso (páginas manchadas, rotas, etcétera); y con ayuda de científicos de datos, apliqué un sistema de reconocimiento de entidades”.

También “intenté replicar automáticamente un proceso que hacía manualmente: leo un periódico buscando traducciones literarias, pero muy difícilmente aparecen. De ese modo trato de encontrar nombres propios para luego filtrarlos y encontrar autores literarios”.

En 94 traducciones recuperadas de tres periódicos, sólo hubo una mujer autora, y de traductores, “la nada, porque la mayor parte de estas traducciones no están firmadas y las que sí lo están tienen seudónimo o iniciales y, de ellos, los que pude investigar son todos hombres”. Donde sí hay mujeres es en el ámbito de la edición, finalizó.

viernes, 6 de febrero de 2026

Nueva traducción mexicana de Shelley

El pasado 3 de enero, en una nota sin firma, el diario El Universal, de México, dio cuenta de la nueva traducción de un famoso poemas del poeta romántico inglés Percy Bysshe Shelley, a cargo del poeta y traductor mexicano Victor Manuel Mendiola.

Shelley, vigente con nueva traducción de su "Adonáis"

Al igual que el soneto "Ozymandias", la elegía "Adonáis", ambos del poeta inglés Percy Bysshe Shelley (1792-1822), forman parte de los referentes del Romanticismo del siglo XIX, movimiento que atravesó las diferentes expresiones artísticas, entre ellas la literatura.

Por todas las diferencias que marcan las lenguas inglesa y española, es que el editor y traductor Víctor Manuel Mendiola (CDMX, 1954) decidió realizar una nueva traducción de Adonáis, un texto complejo con el que actualiza la vigencia de Shelley en la literatura universal, y que fue publicado recientemente por Bonilla Artigas.

Mendiola apunta que cada traducción que se hace a una obra literaria es una invención, que conlleva un trabajo de interpretación propio. "La traslación es una invención, conservando la referencia literal, pero dicha referencia va a implicar una serie de transformaciones, sobre todo del inglés al español, de carácter sintético, porque lo que en inglés se dice a veces en ocho palabras, tú lo tienes que decir en cinco, necesariamente, eso implica reinventar", señala.

Mendiola asegura que al realizar la traducción de Adonáis no encontró frases que le provocaran nudos o confusiones, sino que reinterpretó más acerca de esta elegía, dedicada a la muerte del poeta John Keats, uno de los principales poetas del Romanticismo.

"'I weep for Adonáis' es el lamento constante en este gran poema, un lamento que está en la primera parte del texto", explica el editor, quien también subraya que el poema fue una crítica a un crítico literario que atacó a Keats en vida, hecho que marcó negativamente la existencia del poeta.

Luego del lamento, detalla Mendiola, el poema lleva al lector a una celebración por la muerte de Keats, en el sentido en que se encuentra con otros grandes personajes de las letras, como Lucrecio, Philip Sidney y Thomas Chatterton.

"Celebra su reunión con estos arquetipos, dice que en realidad no ha muerto, porque vive, vive en el mundo de los arquetipos, de los inmortales, lo hace con una lírica muy peculiar", apunta.

Reinterpretar "Adonáis" llevó a Mendiola a comprender que Shelley se aproximó a la poesía moderna del siglo XX, por eso, señala, es un texto vigente y fundamental. "Comprendí porqué el Adonáis es un poema leído en nuestro tiempo, porque presenta un desdoblamiento, y es que la poesía de hoy no presenta eso, prefiere el realismo crudo, unidimensional, yo creo que eso es un problema, hoy se presenta un realismo sumamente degradado, sin fantasía, sin más allá", explica.

jueves, 5 de febrero de 2026

"El oficio de traductor literario está entre los más desagradecidos del desagradecido oficio de crear"

 "El día 31 de diciembre, a primera hora de la mañana, falleció uno de los mejores traductores literarios de nuestro país, Antonio Rivas Gonzálvez." Tal es la bajada de la nota firmada, el pasado 3 de enero, por Jesús Gómez Gutiérrez, en eldiario.es, de España.

El traductor

No es de extrañar que, al salir del hospital, me viniera a la cabeza El talón de hierro, de Jack London. Cada cual afronta su duelo como puede, y supongo que algo optó en mí por atajarlo un rato, concentrarse en el distópico contexto y derivar el dolor y la rabia hacia un espacio donde la razón no se sintiera impotente: el de las salas abarrotadas, la falta de medios, los guardias de seguridad por todas partes, la manifiesta pobreza de la mayoría. Habrá quien lo considere imposible, pero eso se puede cambiar; no es, a diferencia del motivo que me había llevado allí, irrevocable. Hasta la ciudad lo afirmaba tras el paisaje de la hora, que sumaba el páramo de la madrugada que era, última del año, 31 de diciembre, al páramo de cualquier madrugada en los barrios de trabajadores cuando el alba ya se barrunta.

Arriba, en la esquina de una estancia larga y estrecha, un padre y una madre velaban a su hijo, el esposo de la mujer que los acompañaba y sostenía el mundo entero con sus menguadas fuerzas mientras el hombre al que amaba se acercaba a su último minuto, por culpa de un ictus. “No me lo puedo creer”, dijo ella, Marisa, en determinado momento; nadie podía, puede. Había sido repentino, sin proceso anterior, imprevisible; había sido –es todavía, y lo seguirá siendo– un suceso de los que cuesta asumir no sólo por su importancia, sino también por su arbitrariedad y su rapidez, en mitad de una frase, interrumpiendo para siempre la narración. De hecho, no tiro de metáfora al plantearlo en esos términos, porque el hombre al que velábamos, Antonio Rivas Gonzálvez, Gorinkai, había hecho de la literatura su forma de vida, y todos los que compartimos esa forma de vida estamos permanente y literalmente en algún tipo de narración; en su caso, como uno de los mejores traductores literarios que ha habido nunca en nuestro país.

Conociendo a Antonio, me consta que le habría parecido divertido que me acordara de London en semejante situación. ¿El talón de hierro? ¿Y por qué no Huxley en Un mundo feliz, o J. G. Ballard, Dick, el Vonnegut de Matadero cinco? Ni yo mismo lo sé. Pero de ninguna manera se podría afirmar que fue un detalle extemporáneo; la literatura es la literatura y, si además se comparten –como compartíamos nosotros– preocupaciones sociales, el resto se adivina sin necesidad de explicaciones. La emoción busca lo que necesita, y es obvio que mi rabia no iba a buscar, por ejemplo, La noche a través del espejo, de nuestro querido Fredric Brown, llena de lo que mi amigo describió una vez como “un universo de Lewis Carroll salpicado de asesinatos, robos de bancos y casas encantadas”; ni eso ni ninguna de las obras donde tuvimos ocasión de trabajar juntos, desde La verdadera guerra de los mundos (João Barreiros) y Espadas en la niebla (Fritz Leiber) hasta Solo (Stanford Whitmore), cuya corrección corrió a su cargo. Habría sido demasiado personal, demasiado doloroso, justo lo que mi enfado político intentaba impedir.

El oficio de traductor literario está entre los más desagradecidos del desagradecido oficio de crear. En España, se paga tan mal que muy pocas personas pueden vivir de ello y, para empeorar las cosas, se considera una ocupación menor, indigna de reconocimiento alguno. Tiene gracia que uno de los aspectos más complejos de la palabra escrita y, en consecuencia, del pensamiento, reciba ese trato; dice mucho sobre esta esquina de Europa. Sin embargo, y como he adelantado antes, el hombre que falleció alrededor de las nueve de la mañana del miércoles pasado en un hospital del sur de Madrid, cerca del barrio donde se crió (Villaverde Alto), vivía de y para la traducción literaria contra viento y marea, como se suele decir. No estaba en ella para el imposible de que las instituciones nacionales reconocieran su amplia trayectoria; amaba la literatura y, como era un magnífico profesional y una gran persona, su muerte ha dejado conmocionado al sector donde más se prodigaba, el de la ciencia ficción y la fantasía, el más comprometido –al menos, por el lado de los lectores y lectoras– de todo el sector de la edición.

Quien no tuviera el honor de conocerlo y quiera saber quién fue, quién sigue siendo en el corazón de los que jamás le olvidaremos, lo tiene tan fácil como leer los mensajes de escritores, traductores y editores en los rincones donde la verdad cuenta y lo importante importa, es decir, lejos de los grandes medios, cuyo negocio es otro. Quien no conozca su trabajo, descubrirá que el problema no es encontrarlo, sino elegir: Héroe en las sombras (David Gemmell); Metropol (Walter Jon Williams); Bill, héroe galáctico (Harry Harrison), en colaboración con Natalia Cervera de la Torre; El jinete de la onda del shock (John Brunner); La caida (George R.R. Martin); La jungla de cemento (Charles Stross); El fénix en la espada (Robert E. Howard), etcétera, etcétera, hasta llegar a los últimos tiempos, que eran los de la Saga de los huesos verdes, de Fonda Lee, con quien estuvimos cenando en noviembre tras su paso por el XVII Festival Sui Géneris, “consagrado a la memoria, la imaginación y la disidencia”.

Creo recordar que el estado en el que me encontraba cuando salí del hospital rozaba la definición de casi totalmente disociativo; incluso ahora, he acudido a él para escribir este texto sin perder la perspectiva necesaria, deformarla con el egoísmo del sentimiento mal entendido o, peor aún, ser incapaz de terminar. Que Antonio Rivas Gonzálvez formara parte de mi familia elegida no es relevante aquí; que mejorara el mundo por el procedimiento de crear y haberse convertido en modelo a seguir, lo es sobradamente. Había nacido un 4 de enero de 1965 y, para ser sordo, nos ganaba a bastantes en oído literario.


miércoles, 4 de febrero de 2026

Estados Unidos sigue su furibunda carrera hacia la brutalidad y la ignorancia

La noticia de la interdicción a la obra más famosa del colombiano Gabriel García Márquez corrió como reguero de pólvora en los medios. Así la publicó, sin firma, el diario argentino Ámbito Financiero. En la bajada se lee: "La prohibición fue evidenciada por un informe sobre la libertad de expresión. La decisión abarcó al menos 45 estados del país norteamericano".

Prohibieron Cien años de soledad junto a otros 4.000 libros en EE.UU. 

Un informe reciente de una organización dedicada a la defensa de la libertad de expresión, reveló que 4.000 libros fueron prohibidos en 87 distritos escolares de Estados Unidos, entre ellos Cien años de soledad de Gabriel García Márquez. En el escrito, también denunció una "expansión sin precedentes de la censura literaria" en el sistema educativo público.

La prohibición tuvo lugar durante el ciclo escolar 2024-2025, consolidando una tendencia que crece desde hace tres años y que pone en riesgo el acceso a la lectura en las aulas.

El estudio de PEN America, titulado “La normalización de la prohibición de libros”, registró 6.870 casos de censura en todo el país, un número que, según sus autores, “nunca antes han visto los estadounidenses una cifra semejante en su historia”.

La entidad advirtió que se implementó un modelo de control sistemático que afecta tanto a los materiales literarios como a la estructura educativa pública en su conjunto.

Una política de Estados Unidos
Desde 2021, PEN America contabilizó 22.810 acciones de prohibición en 45 estados, que abarcan desde restricciones totales hasta limitaciones por edad o requerimientos de permisos especiales.

Entre los libros afectados se encuentran clásicos de la literatura mundial como Cien años de soledad y El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez, retirados de circulación en distintos condados. Estas obras del Nobel colombiano se suman a una larga lista de títulos señalados por su contenido sobre identidad, diversidad o crítica social.

Los estados con mayor cantidad de prohibiciones son Florida, con 2.304 casos, seguida por Texas, Tennessee y Pensilvania. El informe también alerta que otros como Michigan y Minnesota podrían replicar estas medidas en el corto plazo.

PEN America atribuye esta oleada a la presión de grupos conservadores que promovieron una estrategia coordinada para restringir el acceso a materiales relacionados con raza, género, diversidad e historia reciente. “Han explotado los miedos y las ansiedades de los padres para ejercer control ideológico sobre la educación pública en todo Estados Unidos mediante tácticas consistentes y coordinadas”, denuncia el documento.
Ejemplos de censura y métodos aplicados

El informe destaca como caso emblemático el del estado de Tennessee, donde fueron retiradas de los programas escolares obras como Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, y una adaptación gráfica del Diario de Ana Frank. Según los investigadores, estas decisiones “no respondieron a criterios pedagógicos”, sino a intentos de imponer una visión ideológica sobre los contenidos educativos.

En este marco, durante el último año, PEN America identificó tres tipos principales de restricciones, desde prohibiciones totales, que eliminan los libros de bibliotecas y aulas, a limitaciones por edad o grado escolar. También detectaron libros sujetos a revisión o con requisitos de acceso especial.

Incluso el gobierno federal intervino en algunos casos: casi 600 libros fueron retirados de escuelas bajo administración del Departamento de Defensa, en cumplimiento de directrices internas vinculadas a temas de diversidad, inclusión y equidad.
Autores y obras bajo la mira

La ofensiva abarca a escritores de renombre internacional como Isabel Allende, Stephen King, Sara J. Maas, Ellen Hopkins, Atsushi Ohkubo y Elena K. Arnold. En el caso de Allende, su novela “La casa de los espíritus” figura entre los títulos eliminados.

El informe advierte que esta práctica genera daños económicos y emocionales tanto para los autores como para las editoriales, y en algunos casos la censura de una sola obra derivó en la exclusión completa de toda la producción del escritor, fenómeno que el estudio define como una “Letra Escarlata”.

Una proporción significativa de las prohibiciones se concentró en textos que abordan temas LGBTI+, señalados como “sexualmente explícitos” por las autoridades o los grupos que impulsaron las denuncias. También fueron retiradas obras que tratan sobre justicia racial, migración, violencia sexual y memoria histórica, calificadas como “inapropiadas” para estudiantes.

El impacto en la educación
La definición de censura adoptada por PEN America abarca cualquier medida que limite el acceso estudiantil a un libro por su contenido. Según el informe, la práctica afecta no solo al ámbito literario, sino también a otros recursos pedagógicos, como manuales escolares, ferias del libro y programas educativos.

En varios distritos, la censura derivó en cancelación de eventos, restricciones a donaciones literarias y revisión de contenidos curriculares. De esta manera, el fenómeno comenzó a alterar la vida académica y cultural de miles de escuelas públicas.

La organización concluye que esta tendencia amenaza uno de los pilares de la educación estadounidense: el libre acceso al conocimiento. En palabras del informe, “la censura dejó de ser una reacción aislada para convertirse en una política estructural, organizada y persistente”, una advertencia que encendió la alarma en el mundo literario y académico.

martes, 3 de febrero de 2026

Los autores hispanoamericanos traducidos al chino para saber qué se lee de nosotros allá


El origen de esta nota, publicada sin firma en el diario Clarín, de Buenos Aires, el pasado 4 de enero, es un cable de la agencia española EFE. Allí se da cuenta de la actividad del Instituto Cervantes en Shanghái y del supuesto interés de los chinos por la literatura latinoamericana.

Borges, García Márquez y el boom latinoamericano: la literatura en español que circula en China

La sede de Shanghái del Instituto Cervantes presentó a tercera edición del Catálogo de literatura en español traducida al chino, una guía que aglutina unas 2.000 obras de autores de España y Latinoamérica que se han publicado en mandarín en el país asiático.

Con casi 250 páginas que se podrán descargar desde la página web de la institución de forma gratuita, el catálogo busca "establecer una cartografía de autores, traductores y editoriales que sirva de herramienta para entender qué se lee en China hoy".

La autora de la publicación, Lucila Carzoglio, califica la traducción como un "acto de metamorfosis, pero también de hospitalidad", al considerar que "traducir implica una escucha radical, una presencia modulada. Es arrojarse y alojar".

Entre los hallazgos de la guía, cuya actualización comenzó a fraguarse hace unos dos años y medio y que cuenta con novedades hasta agosto de 2025, destaca que el escritor más traducido y citado en el gigante asiático es Jorge Luis Borges.

Borges en China

El año que viene se conmemorará el 40º aniversario del fallecimiento del literato argentino y están previstas varias reediciones de sus obras en China.

De cerca, le sigue el colombiano Gabriel García Márquez, ejemplificando, junto a Borges, el impacto que supuso en la China de los años 80 lo que el Cervantes denomina el "'boom' latinoamericano".

Otros autores importantes en el catálogo son el chileno Roberto Bolaño, que tiene prácticamente toda su obra traducida al mandarín, y el peruano Mario Vargas Llosa, con ediciones cuyas tiradas se contaban por decenas de miles de ejemplares.

Además, la guía refleja cómo, en los años 50 y 60, autores afines al contexto político en China como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Mariano Azuela, Pablo Neruda, César Vallejo o Miguel Ángel Asturias empezaron a circular en versiones locales.

También habla de las primeras traducciones de clásicos como Don Quijote, que se convirtió en un éxito de ventas tras su adaptación en 1922 a partir de una traducción indirecta desde el inglés, o El cantar del mío Cid, a principios de los ochenta, cuando también se reeditó El lazarillo de Tormes.