miércoles, 29 de mayo de 2024

"De vez en cuando perduran esas reseñas de libros traducidos en las que se cuelan frases como «obra traducida por la editorial X» o en las que ni siquiera se menciona que se trata de una traducción"

"La prestigiosa traductora literaria, Premio Nacional a la Obra de un Traductor en 2023, fue protagonista en abril de un encuentro con estudiantes en la Universitat Jaume I de Castelló." Eso dice la bajada de la entrevista de Eric Gras con Celia Filipetto, traductora argentina radicada en España, publicada por El Periódico Mediterráneo, el pasado 19 de mayo. 

"La traducción está en el origen mismo del habla"

Hablar de Celia Filipetto es hacerlo de una de las traductoras más prestigiosas y excelentes del ámbito literario en español. No en vano, el pasado 2023 fue reconocida con el Premio Nacional a la Obra de un Traductor, fruto de los más de 300 títulos publicados bajo su rúbrica a lo largo de las últimas cuatro décadas en las que ha ejercido la traducción literaria. El jurado destacó «la meticulosidad y la búsqueda rigurosa de la palabra precisa», y remarcó «la sutileza de sus traducciones, capaces de moldear la lengua con elegancia para lograr el tono y el ritmo adecuados a cada original».

El pasado 11 de abril, la traductora protagonizó un encuentro en la Universitat Jaume I de Castelló gracias al programa Escritores en las universidades 2024, y por tal motivo aprovechamos la ocasión para entablar con ella una conversación en torno a la traducción, a sus procesos y a su necesaria visibilización en la «industria» del libro, entre otras muchas cosas.

George Steiner decía que traducir es también leer, y que traducir es escribir, como escribir es traducir y leer es traducir. Parece un trabalenguas, pero podría decirse que es acertada tal afirmación, ¿no?
El oficio de traducir supone leer y escribir. Leer en otra lengua y luego escribir eso que has leído en la tuya propia. Ahora bien la traducción está en el origen mismo del habla. En su ensayo Traducción: Literatura y literalidad, Octavio Paz dijo: «Aprender a hablar es aprender a traducir; cuando el niño pregunta a su madre por el significado de esta o aquella palabra, lo que realmente pide es que traduzca a su lenguaje el término desconocido. La traducción dentro de una lengua no es, en este sentido, esencialmente distinta a la traducción entre dos lenguas, y la historia de todos los pueblos repite la experiencia infantil: incluso la tribu más aislada tiene que enfrentarse, en un momento o en otro, al lenguaje de un pueblo extraño».

La traducción conlleva cierta alteración del relato original. Sin embargo, la idea es intentar mantenerse fiel al sentido y significado. Imagino que ya habrás respondido a esta pregunta cientos de veces: ¿cuál dirías que es la traducción perfecta, si es que existe tal cosa?
Las traducciones son perfectibles. En cierto modo no se terminan sino que se entregan porque hay un plazo. Además, el tiempo y la práctica influyen en la manera de traducir. La experiencia acumulada nos permite a los traductores mejorar. En cuanto a la traducción perfecta y a la idea de perfección, permíteme que te cite el aforismo de Jorge Wagensberg: la perfección existe porque es imaginable, pero no es perfecta porque es inalcanzable.

Teniendo en cuenta aquello de traduttore, traditore... ¿Qué prima más, la fidelidad absoluta al texto o sacrificar algo la literalidad para ganar en la percepción expresiva, en la riqueza expresiva del texto?
Cuando traen a colación la famosa frase me acuerdo siempre de un texto de Borges de 1926. Dijo entonces Borges que, al parecer, cualquier texto original es incorregible de puro bueno y que los traductores somos unos chapuceros irreparables, padres del frangollo y de la mentira. Que se nos infiere esa sentencia italiana y que ese chiste basta para condenarnos. Y dijo, además, que sospechaba que la observación no asesoraba ese juicio condenatorio y que los opinadores menudeaban esa sentencia por otras causas. Porque era fácil de memorizar; porque los pensamientos o seudopensamientos dichos en forma de retruécano parecen recomendados por el idioma; porque existe la cómoda costumbre de alacranear; porque existe la tentación de ponerse un poco de ingenio. En cuanto al debate entre traducción literal y traducción libre, Peter Newmark lo resumió muy bien: la traducción debe ser tan libre como haga falta y tan literal como sea posible. El secreto de toda receta está en las dosis y los detalles.

Muchas veces se ha definido la tarea, la labor, el oficio del traductor o traductora como un ejercicio de inmersión total (a nivel lingüístico e histórico, cultural…). El vuestro es un trabajo de exploración, indagación, averiguación y búsqueda, ¿o me equivoco?
Imaginemos un reloj mecánico. Quitémosle la tapa como hace el artesano relojero, en su interior aparecen las piezas con sus distintas formas, tamaños y funciones. Pues bien, a veces me veo frente al texto como ese artesano relojero, abro la tapa del libro y se me presenta el texto, con su estilo, su estructura, su sintaxis, sus figuras del lenguaje, sus funciones, su tono, su cadencia y cuanto subyace en el idioma de partida, es decir, la cultura, las referencias históricas, literarias, jergales… Y en efecto, exploro, indago, averiguo y busco para construir las nuevas piezas en mi idioma y volver a montarlas en otro libro, igual al libro original pero distinto.

Me sirvo ahora de César Aira, quien aseguraba que «a un traductor se le están planteando todo el tiempo los pequeños grandes problemas de la microscopía de la escritura», para preguntarte por la relevancia y estatus del traductor dentro del ámbito literario. ¿Seguís siendo invisibles para la gran mayoría o crees que poco a poco vuestra figura es reconocida?
En el ámbito literario fuimos, hemos sido y seremos los últimos, auténticos caballeros andantes de la literatura. La frase la he tomado del libro I ferri del mestiere [Las herramientas del oficio] de Fruttero y Lucentini. En cuanto a la visibilidad estamos bastante mejor que hace cuarenta años cuando empecé a traducir para el sector editorial. Abundan cada vez más los libros en los que los traductores aparecemos no solo con nuestro nombre en la cubierta sino también en los prólogos o en las notas que preceden algunos de nuestros trabajos. Existen numerosos premios a la traducción que nos ponen bajo los focos. Con eso y con todo, de vez en cuando perduran esas reseñas de libros traducidos en las que se cuelan frases como «obra traducida por la editorial X» o en las que ni siquiera se menciona que se trata de una traducción. Debemos seguir insistiendo a título individual y a través de nuestras asociaciones profesionales para mejorar las condiciones de trabajo y el reconocimiento de nuestra labor.

Traduces del inglés, el italiano y el catalán. Aunque cada trabajo de traducción responde a unos motivos y maneras de abordarlo diferentes, ¿existe en tu quehacer profesional alguna regla de oro? ¿Y cómo te organizas, cuáles son los pasos que sueles seguir?
Como todos los traductores editoriales, tengo una metodología de trabajo, pero dudo que exista una regla de oro. Si la hay, me gustaría conocerla. Los pasos que sigo dependen del tipo de libro y del plazo. Antes de empezar, procuro leer alguna otra obra del autor y busco en internet material de apoyo como comentarios, análisis, entrevistas. A veces leo y anoto la obra antes de empezar a traducir; otras, leo los primeros capítulos y me pongo a escribir el borrador. Resuelvo las dudas y los problemas de traducción a medida que se presentan. A diario repaso el texto elaborado el día anterior y lo cotejo con el original. Cuando termino el borrador, hago una segunda lectura y cotejo con el original solo cuando se me atraganta alguna frase o no acabo de entenderla cabalmente; si el plazo lo permite, dejo reposar el texto unos días y hago una tercera lectura.

Has traducido a un listado de autores y autoras impresionante. En tu web citas a Colin Barrett, Gilbert K. Chesterton, Carlo Collodi, David Constantine, Elena Ferrante, Natalia Ginzburg, Ring Lardner, Jhumpa Lahiri, Nicolás Maquiavelo, Flannery O’Connor, Seumas O’Kelly, Dorothy Parker, Cesare Pavese, Luigi Pirandello, Donal Ryan, Domenico Starnone, Robert L. Stevenson, James Thurber y Mark Twain. ¿Alguna predilección?
Todos los autores que he traducido me han enseñado mucho, con ellos he aprendido a traducir cada vez mejor. Predilectos, todos. Pero aprovecho la ocasión para recomendar a los lectores de Mediterráneo el último libro que traduje. Se trata de Las propiedades de la sed, de la novelista estadounidense Marianne Wiggins, editado por Libros del Asteroide. Es una lectura altamente recomendable.

El traductor o traductora es, o puede ser también, un descubridor, ¿no es así? Quiero decir que, en ocasiones, sois vosotros los que hacéis de scouts literarios para las editoriales y, por ende, para los lectores.
Muchos de mis colegas, tanto aquí, como en el extranjero, desempeñan a veces el papel de descubridores. En mi caso, he trabajado siempre por encargo. Traducir me lleva muchas horas, apenas me queda tiempo para leer otros libros que me interesan y mantenerme mínimamente al día con la lectura de otras traducciones, que me permiten aprender de mis compañeros de fatigas.

Para finalizar, y contextualizar esta entrevista, participaste el pasado 11 de abril en el programa Escritores en las universidades 2024 con una charla/encuentro en la Universitat Jaume I de Castelló. Hablaste de Dorothy Parker. ¿Qué opinión te merecen este tipo de iniciativas? ¿Crees que es un modo acertado de acercar la traducción a estudiantes y personas interesadas en la literatura?
En el marco del programa Escritores en las universidades 2024, una iniciativa de la Asociación Colegial de Escritores y las universidades, visité como dices, el 11 de abril pasado, el club de lectura organizado por el profesor Josep Marco, del Departamento de Traducción y Comunicación de la Universitat Jaume I de Castelló. En esa ocasión hablé de algunos de los cuentos de Dorothy Parker que traduje para Lumen. Estuve en clubes de lectura organizados por librerías de Barcelona, como Casa Usher, Documenta, o en colegios como el Orlandai, pero nunca había estado en uno formado por estudiantes de traducción. Encontrarme frente a frente con los lectores de mis traducciones es un buen banco de prueba para mí. Me permite conocer sus reacciones y comentarios y explicarles con ejemplos prácticos las dificultades y las soluciones que he encontrado y compararlas luego con la versión publicada. Desde luego es un modo acertado de acercar la traducción editorial a los lectores.


martes, 28 de mayo de 2024

Lo de "más es más" vale para el castellano

El pasado 22 de abril,
Manuel Casado Velarde, lingüista español y profesor emérito de la Universidad de Navarra, publicó el siguiente artículo en The Conversation. Su punto de vista, sesgado por el nacionalismo, merece una serie revisión que no debería descartar los méritos literarios a uno y otro lado del Atlántico.

El español, una lengua americana

Las lenguas se pueden estudiar, describir, analizar; pero su futuro, como el de cualquier producto de la actividad humana libre, no está escrito en las estrellas. Aun así, y con mis nulas dotes de profeta, cabe realizar pronósticos con base en la realidad actual de la lengua española.

Y la realidad demográfica del español nos la proporciona periódicamente el Anuario del Instituto Cervantes, cuyo número más reciente presenta la situación mundial del idioma castellano en 2023. Los informes del Cervantes afirman que “el español es la segunda lengua más hablada en el mundo como lengua nativa, tras el chino mandarín, que cuenta con 920 millones de hablantes”. Les siguen el hindi y el inglés.

Hoy hablan español casi 600 millones de personas. Concretamente, 599 405 122, el 7,5 % de la población mundial, ya sea como lengua nativa, segunda o extranjera; y es el segundo idioma de comunicación internacional.

Una lengua cuantitativamente americana
Lo primero que salta a la vista al observar los datos del citado Instituto Cervantes es el preponderante peso demolingüístico de América (solo México cuenta con 131 230 255 hablantes, seguido de Colombia, con 52 156 254, por citar solo los dos países que superan a España en número de hablantes), por lo que cabe afirmar que el español, cuya cuna se sitúa en La Rioja, es un idioma, en términos cuantitativos, americano.

Y su futuro será también lo que decida América, donde se encuentran 19 Estados que lo tienen como lengua oficial. En EE. UU., donde no es oficial, hay 41 254 941 hablantes que dominan el español como nativos, más quince millones con competencia limitada.

Las proyecciones del Instituto Cervantes indican que “el número de usuarios potenciales de español seguirá aumentando en términos absolutos hasta 2071, año en que superará los 718 millones de personas, con distinto grado de dominio de la lengua”.

¿Se desintegra el español?
Acerca del porvenir de la comunidad hispanohablante, sobre su unidad y cohesión, se han vertido ríos de tinta. Los pronósticos pesimistas de, entre otros, Rufino José Cuervo (en El castellano en América), que consideraba inevitable una fragmentación del español como la ocurrida con el latín, fueron rebatidos por Menéndez Pidal, con una visión más optimista, basada en el hecho de que las posibilidades de comunicación en el siglo XX eran muy diferentes de las que se daban al fracturarse el imperio romano.

Un papel decisivo, en lo que respecta al futuro de la lengua, está llamada a tener la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE), creada en México en 1951, que agrupa 23 corporaciones de América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial, y que tiene el propósito, fijado en sus estatutos, de “trabajar a favor de la unidad, integridad y crecimiento” del español, es decir, de orientar acerca de una norma idiomática (pan)hispánica.

Las bases teóricas de la política lingüística panhispánica se establecieron en el congreso celebrado en 1963, en Madrid, bajo el título de Presente y futuro de la lengua española, convocado por el Instituto de Cultura Hispánica. La consigna quedó formulada así:

“Unificación antes que purismo. Unificación, sí, pero con respeto por todas las variedades nacionales usadas entre personas cultas en los países de la comunidad hispanohablante”. Pedro Álvarez de Miranda, Más que palabras.
Pluricentrismo: ¿real o relativo?

A medida que las investigaciones sobre la realidad del idioma español (en particular de la lengua hablada, no solo de la literaria) en los diferentes países fue dibujando diversos estándares de corrección, diferentes entre sí, comenzó a subrayarse lo que se denominó el “pluricentrismo” de la lengua española, una realidad cada vez más tenida en cuenta por la política lingüística de la RAE y ASALE, que se va reflejando en sus obras Diccionario panhispánico de dudas, Diccionario de Americanismos y Nueva gramática de la lengua española.

Una visión exagerada del llamado “pluricentrismo” del español ha sido criticada, entre otros, por F. Marcos Marín, quien defiende que el español actual “sería, en todo caso, una lengua solo relativamente pluricéntrica”. Es decir, el aludido “pluricentrismo” tendría particular relevancia en usos lingüísticos marcados por la oralidad, el nivel sociocultural inferior, el tema, así como por el tipo de discurso (literario, informal, coloquial… ) y su finalidad específica.

Unidad ortográfica y fuerzas centrípetas
Junto con los fenómenos lingüísticos divergentes, que manifiestan la gran variedad que ofrece el idioma, sobre todo en la realidad de su uso hablado, hay que anotar una evidente unidad ortográfica, como queda reflejada en la Ortografía de la lengua española, así como una tendencia, en la lengua escrita, en traducciones de otros idiomas y en emisiones audiovisuales virtualmente orientadas a toda la comunidad hispanohablante, a favorecer (en léxico, pronunciación, sintaxis) lo común –lo menos marcado dialectalmente– a todos los destinatarios.

Esta propensión centrípeta se pone de relieve en contribuciones como Presente y futuro del español, donde se subraya la “relativa homogeneidad lingüística” entre hablantes de español de todo el mundo “pertenecientes a niveles altos y medio altos del espectro sociocultural”.
Adopción de voces americanas

Que el peso demolingüístico de América resulta cada vez más evidente se manifiesta, entre otros fenómenos, en la adopción, activa o pasiva, de voces americanas por parte de los hablantes españoles. A ningún hablante español le resultan extrañas voces como estadía, receso, papa, deceso, chequera, demorarse y un largo etcétera.

Por otra parte, y así como existen diccionarios de americanismos (generales o propios de diferentes países), cada vez se echa más en falta un diccionario de españolismos, si bien los diccionarios generales de la lengua son cada vez más sensibles a la marcación, como propias de España, de ciertas unidades léxicas (casoplón, famoseo, pinganillo, postureo, quedada, zasca, etc.).

Ejemplaridad panhispánica
Si ya Gregorio Salvador detectó en las telenovelas un influjo unificador, la globalización e inmediatez de las comunicaciones no ha hecho sino afianzar ese influjo en las últimas décadas, como resulta evidente, por ejemplo, en la prensa en español, así como en cadenas de televisión, como CNN en español, cadena que transmite durante 24 horas, para los Estados Unidos, Hispanoamérica y el Caribe.

Razones de índole económica internacional operan en la misma dirección unificadora, como se ha puesto de relieve en diversos estudios, hacia lo que podríamos llamar, con Eugenio Coseriu, una norma lingüística común a todo el ámbito hispanohablante, una ejemplaridad panhispánica.

viernes, 24 de mayo de 2024

"Suspirar y volver a la traducción"

En la actualidad estoy terminando de traducir un texto autobiográfico del escritor galés Richard Gwyn, que próximamente publicarán Bajo la luna, en Argentina, y LOM, en Chile. Está lleno de citas, muchas de las cuales se refieren a textos originariamente escritos en castellano que Gwyn cita por su traducción inglesa. En algunas casos, es propia y, en otros, corresponden a otros traductores. Así, en el afán de citar por el original y no por una versión, me veo obligado a buscar en un sinnúmero de libros, lo que no es nada sencillo. 

Encuentro la mayoría de las citas, pero algunas resultan verdaderamente difíciles. Consulto con Richard y, cuando dispone de los originales, me envía los párrafos en cuestión. Pero, en alguna oportunidad, no hay original y tengo que arreglármelas por mi cuenta. Es el caso de Canción de tumba, un texto desgarrador del poeta, narrador y ensayista mexicano Julián Herbert, a quien, por casualidad, conocí en Avispero, un festival de poesía organizado por Pedro Serrano en Chilpancingo, en el estado mexicano de Guerrero.

Le escribo a Julián y le planteo mi problema, copiándole el párrafo en inglés:

"I spent my childhood traveling from city to city, whorehouse to whorehouse, following the itinerancy imposed on the family by my mother’s profession."

Pasan los días y no tengo respuesta. El libro en castellano fue publicado en México en 2011 y la mayoría de mis amigos allí comenta haberlo leído, pero nadie parece tenerlo para buscar esa cita. Opto entonces por traducirlo y dejarlo en barbecho, a la espera de que, en algún momento, pueda reemplazar eso por el texto original. La traducción a la que llego es ésta:

"Pasé mi infancia viajando de ciudad en ciudad, de prostíbulo en prostíbulo, siguiendo la itinerancia impuesta a la familia por la profesión de mi madre."

O sea, mal que mal, mi texto dice lo mismo que el texto en inglés, pero no me siento satisfecho de la solución. Sospecho que Julián está diciendo algo distinto. 

Finalmente, casi un mes después de mi mail, Julián me escribe, se disculpa por la demora en responder, señalándome que casi no usa el mail al que le envié mi consulta y recupera de su libro el párrafo original en cuestión. Es éste:

"Pasé mi infancia viajando de ciudad en ciudad mexicana, de putero en putero, siguiendo las condiciones nómadas que le imponía a nuestra familia la profesión de mi mamá."

Como se lee, hay diferencias. En primer lugar, el traductor al inglés omitió el gentilicio, usó una palabra neutra ("whorehouse", o sea, "prostíbulo") en lugar de una de uso más familiar ("putero"), habló de "itinerancia" donde Julián se refiere al nomadismo y tradujo "mother" ("madre") en lugar del mucho más familiar "mamá" del original.

En síntesis, el texto dice lo mismo, pero no es lo mismo. Le falta cierta temperatura emocional ausente en la mera referencialidad. Y ahí es donde recuerdo las palabras de Arnaldo Calveyra, en una entrevista que le realicé hace muchísimos años. Le pregunté por qué, al cabo de toda una vida en Francia, por qué no había intentado escribir en francés. Sus respuesta fue ejemplar: "Porque ignoro la temperatura de las palabras". Y esto, a mi gusto, pone en duda buena parte del trabajo de traducción.

Las razones son varias. Si dejamos de lado la perspectiva alimenticio (la firma de un contrato, la entrega en un cierto plazo, la revisión por extraños, la corrección de estilo) e imaginamos condiciones ideales (tiempo ilimitado, posibilidad de autorrevisión luego de dejar enfriar el texto, etc.), todavía queda una barrera bastante infranqueable que tiene que ver, precisamente, con la temperatura en que ocurren las palabras. Porque la referencialidad, en líneas generales, puede sobrevivir, pero no así la actitud en que se dicen las cosas.

Esto que acabo de enunciar se pierde casi por completo cuando hablamos de traducciones indirectas, esos engendros típicos de la primera mitad del siglo XX en que, por caso, Dostoievsky llegaba a los lectores de lengua castellana a través de traducciones españolas del inglés o del francés. Esa práctica, confrontada con las traducciones directas demuestra de manera palmaria que esos textos eran meras "noticias" de un original y no los textos de un autor determinado: se perdían los rasgos estilísticos, se inducían errores, se olvidaba el tono. Hace unos años, de hecho, Alejandro González, en una de los encuentros del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires (el del 26 de noviembre de 2014, incluido en este blog), demostró que Dostoievksy, a quien estaba retraduciendo sistemáticamente, no sólo tenía un humor que ingleses y franceses anularon, con el consiguiente rebote en España, sino también un estilo que no había sido respetado. 

Al cabo de todas estas reflexiones, me quedé pensando en cuánto de lo que yo mismo traduje a nuestra lengua habría perdido esa temperatura de la que hablo más arriba. Y como no quise seguir metiendo el dedo en la llaga, me limité a suspirar y volver a mi traducción.

Jorge Fondebrider

jueves, 23 de mayo de 2024

¿Cuál es el panorama editorial en México?

El pasado 17 de mayo, se publicó en el diario La Razón de México, el siguiente artículo sobre la actualidad de la industria editorial mexicana. En su bajada se lee: "La industria editorial mexicana atraviesa por una larga noche. La poeta Kyra Galván (foto) se ha tomado el trabajo de repasar desde su experiencia como autora ese mundo cultural mexicano que hoy se cae a pedazos. Esta destrucción se aceleró en este gobierno hasta límites inimaginables. ¿Cómo y dónde publicar? ¿Qué será de las editoriales pequeñas? ¿Dónde publicarán los escritores? Este ensayo responde a estas preguntas no sin pesimismo, pero al mismo tiempo con inteligencia crítica".

La noche de industria editorial

La industria editorial y su funcionamiento se basa en una gran paradoja: el negocio no existiría si no fuera por la existencia del trabajo del escritor, quien es el que produce los textos que se pondrán a la venta; sin embargo, éste es el último en beneficiarse de la cadena comercial que va desde la impresión del libro, hasta su venta al consumidor. Y debo agregar que la industria editorial es despiadada con el narrador, poeta, ensayista o cuentista. Lo explicaré más adelante.

El mercado editorial en México dista mucho de ser un mercado perfecto
La definición técnica de un mercado perfecto es la siguiente: el mercado perfecto funciona cuando las fuerzas de la oferta y la demanda operan de manera libre y están en equilibrio, dándose las condiciones de la competencia en forma completa. Así, oferentes y demandantes se caracterizan por ser precio-aceptantes.

• En México, para empezar, la industria editorial no está en equilibrio por varias razones, entre las que se encuentra la primera: está dominada por un duopolio. Técnicamente, las empresas presentes en este modelo actúan del mismo modo que lo harían en situación de monopolio clásico. Es decir, como si una sola empresa sometiera al mercado, pues las dos compañías gozan de un significativo poder y tienen la capacidad de establecer los precios. A estas dos “grandes” les rodean infinidad de editoriales “independientes” de las cuales, quizás dos o tres tienen la capacidad para ser autosuficientes, y otras que, si no gozaran de apoyos gubernamentales, estatales o universitarios, no podrían publicar. Las demás (mayoría) son pequeñas empresas —algunas desde un esquema totalmente informal— que giran como satélites alrededor de todas las demás y que batallan día a día para sobrevivir. Actualmente la única manera de hacerlo es cobrar al autor por el costo de la impresión, el diseño de la portada y la maquetación. En algunos casos no se imprimen más de cien ejemplares, lo que hace que los títulos publicados —aún con ISBN— se vuelvan prácticamente invisibles, pues aun vendiéndolos todos, son volúmenes de coleccionista. No hay manera de que realmente se vuelvan públicos, en el sentido romano de la res pública.

• Desafortunadamente en México no tenemos una ley antimonopolio, de otra manera ya se hubiera impugnado la dominación del mercado por dos “grandes”.

• En nuestro país estamos lejos de que la oferta iguale la demanda de libros. Los insumos para producir libros (léase papel, tinta y trabajo de impresión) han subido estratosféricamente desde hace unos años pues casi todos son importados, lo que sube el costo del libro por ejemplar y, por lo tanto, el costo al consumidor, lo que convierte al libro casi en un artículo de lujo. No se diga los precios de los libros importados, que son inalcanzables para cualquier bolsillo.

• Los sueldos bajos y el desempleo hacen que la gente destine cada vez menor presupuesto a la compra de libros.

• Como el costo de los libros ha subido, las editoriales, incluyendo a las “grandes”, son cada vez más cautelosas en arriesgar su dinero en una edición. Por lo que han reducido el tiraje de un libro de digamos, 4 mil ejemplares hace diez años, a 2 mil, cifra demasiado pequeña para ser distribuida a gran escala en todo México. Quizás se encuentren dos o tres ejemplares del libro en cada librería del país.

• Otro efecto del creciente costo de los insumos es que las empresas del duopolio, antes de aceptar la publicación de un libro consultan con su “departamento de mercadotecnia” que se ha convertido en el moderno oráculo, donde estudian con lupa los posibles éxitos o fracasos del autor en las cajas registradoras. Influyen el número de seguidores en las redes sociales (potenciales compradores) o el récord de ventas de un libro anterior. De esta manera pueden amenazar al escritor: “En tu libro anterior no te fue muy bien”. Como si el éxito de las ventas fuera exclusivamente responsabilidad del autor.

• Las prácticas libreras tampoco ayudan a vender los libros de bajo tiraje que se esconden tras una pila de algún autor estrella al que le publicaron 10 mil ejemplares.

• La distribución de los libros es un gran cuello de botella para las editoriales independientes, que tienen que destinar un porcentaje de su costo a algún distribuidor, o de plano, contentarse con vender algunos ejemplares en presentaciones y ferias de libros.

• Otro problema para las pequeñas editoriales se centra en tener espacio para acomodar el inventario de libros y cómo desecharlos si no se venden.

Librerías
En un mercado ideal, las librerías deberían de ser el vehículo perfecto para completar el ciclo de llegar hasta el consumidor (lector) y tener espacio y lugar suficiente para acomodar todos los libros publicados, independientemente de a qué editorial pertenezcan y cuál sea el autor. Pero no es así. Las librerías se convierten en el embudo más grande que obstruye la realización de las ventas, en especial las de las editoriales independientes.

Es una realidad que las librerías (y sobre todo las grandes cadenas, que son las que sobreviven) les dan prioridad a los libros del duopolio y a los libros importados de editoriales extranjeras, casi siempre españolas. Esos productos son colocados en los aparadores de la entrada o en lugares más visibles. Después le siguen algunos cuántos de editoriales independientes consolidadas y si los hay, los de pequeñas editoriales habrá que buscarlos en los estantes más bajos y ocultos de las librerías. Como es lógico, a ninguna editorial independiente le conviene pagar los porcentajes que piden las librerías, pues, además, eso incrementa el precio de venta.

Los libreros, sin embargo, que no han participado de ninguna manera en la cadena de producción, se quedan con el 40-45% del precio de venta al público. O sea que la distribución de las ganancias de un libro queda, grosso modo, así:

Editorial 45%

Librero 45%

Autor 10%

Por lo que las librerías, que serían el mosquito chupa sangre de la industria, son en realidad, las que más ganan. No arriesgan nada y son parte de la explotación al autor. Por otro lado, no hay suficientes librerías en nuestro país para la demanda y la oferta de libros. Ni en la Ciudad de México, ni en los estados.

Así también, en los últimos años han surgido las llamadas “librerías independientes”, que se dedican a vender, principalmente, libros de editoriales independientes que no son aceptados, por diversas razones, en las grandes librerías.

Temas y géneros de publicación. ¿Mitos o realidades?

Las editoriales grandes tienen algunas ideas fijas sobre los géneros y temas a publicar. Si alguno sale de sus parámetros, no hay poder humano que los convenza de otra cosa. Hay excepciones, sin embargo, cuando el autor o autora tienen ya un nombre comercial bien establecido (léase, es capaz de vender 10 mil ejemplares o más).

Algunos de estos géneros, entre otros, son: poesía, cuento, ciencia ficción. Se dice que la poesía no se vende, sin embargo, se publican autores de otros países traducidos al español o de habla hispana que han triunfado en el extranjero, pero autores nacionales, no. El cuento, un género tan popular entre los lectores, afirman que tampoco se vende. En el caso de la ciencia ficción prefieren publicar traducciones de autores extranjeros que promover autores mexicanos.

El otro mito que existe es que un autor (digamos de novela histórica) debe perfilarse como tal y no salirse de su género porque, dicen, crea lectores y seguidores. Pero nadie le pregunta al autor qué quiere escribir. Si después de una novela histórica se le antoja escribir una novela negra o un libro de relatos. En pocas palabras, no se le da siquiera una oportunidad de probarse en otros géneros. Simplemente se le cierran las puertas. Esto obliga al autor a tener que moverse entre muchas opciones (editoriales independientes) para poder publicar un libro que no está entre los parámetros comerciales y enfrentarse a la opción de autopublicación o subir su libro a una plataforma como Amazon, con las consecuencias que implica la falta de promoción y la poca costumbre de los lectores de comprar libros electrónicos.

Colonialismo editorial
Hoy en día España, una gran potencia editorial, con un mercado mucho más grande que el nuestro, nos manda una gran tajada de su producción editorial, pero sólo en muy contadas excepciones se abre para publicar a autores mexicanos. El mercado editorial español nos está vedado. Ellos, sin embargo, sí publican poesía, ciencia ficción y relatos, entre otros.
TRATO AL AUTOR

Al autor se le trata mal la mayoría de las veces en las grandes empresas. Se le hace ver que su vida profesional y emocional está en sus manos, muchas veces se le hace esperar más de seis meses para darle el resultado del dictamen y una vez que es aprobatorio, se le advierte que el resultado puede cambiar dependiendo de la opinión del departamento de marketing, que es el que finalmente decide la suerte y el destino del escritor. También se le deja claro que no puede denominar a la empresa como su editorial, porque el que haya aceptado publicarlo una vez, no implica una segunda. Le hacen sentir que publicarlo es un favor.

Las grandes editoriales se han convertido en cadeneros y no están haciendo realmente su trabajo de apoyar y promover al autor. Mucho menos de apoyar a la Literatura con mayúscula, porque muchas veces se basan en el número de seguidores que el autor tiene en Facebook, en X, o en Instagram y no en la calidad de los trabajos. La literatura está siendo la más olvidada en este mercado.
 
Publicidad y promoción
La primera vez que publiqué una novela, hace ya catorce años, y a pesar de que era una novelista desconocida, la editorial, una de las grandes, me apoyó con entrevistas en radio, televisión, revistas, diarios. Con los años, y muy posiblemente por restricciones presupuestarias y de personal, las editoriales han dejado prácticamente de apoyar al autor a promover sus libros. Y sin promoción no hay ventas, así de fácil. Ahora se le deja casi toda la responsabilidad al autor de promocionarse a sí mismo. El escritor tiene que buscar sus propios medios, gastar días y días de su tiempo en autopromocionarse en redes, en hablarle a conocidos para que le hagan el favor de escribir unas líneas, en que sus conocidos le hagan publicidad a su libro.

¿Los libros tienen fecha de caducidad?
Después de tres meses de su lanzamiento, los editores dejan de “promover” el libro, como si las letras de un autor tuvieran fecha de caducidad. Su argumento es que ya vienen otros libros detrás y no hay tiempo ni espacio para los anteriores. La verdad es que su departamento de relaciones públicas revienta de trabajo y sólo hay dos o tres personas que se ocupan de muchos autores. En cierto modo es comprensible, pero dejan al autor encerrado en un loop infinito. Si no hay apoyo en promoción, difícilmente habrá ventas, y próximas publicaciones.
 
Ferias
Hay diversos tipos de ferias de libros en el país. Las locales, como las de algunas alcaldías de la Ciudad de México. Las universitarias, las estatales y las internacionales, como la Feria de Guadalajara, que lleva años construyéndose y que no se compara a ninguna otra. ¿Funcionan para las editoriales? ¿Para los autores?

Sería muy interesante preguntar la opinión de las editoriales. Indiscutiblemente la de Guadalajara funciona, pero es cara. No todas las editoriales tienen dinero para pagar o compartir un local. A veces las editoriales independientes prosperan en ferias locales, pero ¿y los autores?

A veces viajan pagando su propio boleto de avión y viáticos para encontrarse con salas vacías o con un público que no muestra el menor interés. La mayoría de ese público va para “ver”, para pasar el rato, y no compra libros. O son estudiantes sin poder adquisitivo.

Vivimos en un país dominado por la pobreza y la ignorancia. Esa es la realidad. La mayoría de la población no lee, aunque sepa leer. No compra libros porque no le alcanza el presupuesto o no le interesa. Incluso la clase media sufre de ese tormento. La compra de libros es para algunos, la menor de sus preocupaciones. Y es el autor, no las editoriales, quien más sufre esta situación, siendo el depositario de un magro 10% de las ventas registradas.

miércoles, 22 de mayo de 2024

Hoy, el SPET comienza el año con un ciclo de mesas dedicadas a la investigación en traducción y compromiso

El 23 de septiembre de este año se cumplen 20 años de nuestra primera sesión, dedicada a la discusión del texto fundacional de James S. Holmes “Nombre y naturaleza de los estudios de traducción” (trad. de Patricia Willson). Para celebrarlo, organizamos un ciclo de mesas de debate dedicadas al tema "Investigación en traducción y compromiso"

¿Qué hacemos cuando, además de investigar, traducimos, formamos traductorxs (e) investigadorxs, editamos, participamos de un colectivo artístico, político o cultural, gestionamos, escribimos, diseñamos políticas académicas? ¿Qué hacemos cuando nuestras investigaciones buscan o resultan en alguna forma de transformación o en un cambio de punto de vista respecto de la traducción y/o lxs traductorxs? ¿Qué reflexiones guían, o son guiadas por, estas prácticas?

El ciclo se desarrollará a lo largo de todo el año y en cada sesión contaremos con la presencia de investigadorxs que, de una u otra manera, elaboran respuestas a estas preguntas desde su praxis. Entre quienes ya confirmaron su participación se encuentran: Cristina Burneo Salazar, Georgina Fraser, Vic Sfriso, Martina Fernández Polcuch, Gertrudis Payàs, Grupo “Historia de la traducción literaria en Uruguay” (Lucía Campanella, Leticia Hornos Weisz, Rosario Lázaro Igoa y Cecilia Torres Rippa), Denise Kripper, Delfina Cabrera, María Constanza Guzmán, Joshua Price y Griselda Mársico.

En la primera sesión, Sofía Ruiz y Gabi Villalba, actuales coordinadoras del SPET, introduciremos el ciclo, propondremos algunos ejes a partir de una selección de bibliografía y daremos lugar al debate.

El encuentro se llevará a cabo el miércoles 22 de mayo a las 18.30, en el Salón de Conferencias del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández” (Carlos Pellegrini 1515, CABA). También se podrá participar por videoconferencia en el siguiente link: meet.google.com/xwx-qidp-wvg. Les agradecemos que confirmen asistencia.

Sofía Ruiz es Profesora en Alemán (I.E.S. en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”). Es co-coordinadora del Seminario Permanente de Estudios de Traducción (SPET) en el Lenguas Vivas y docente de las asignaturas Estudios de Traducción y SPET en la misma institución. Se desempeña como docente de alemán en el nivel medio y en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Cursa la Maestría en Sociología de la Cultura y Análisis Cultural en el IDAES (UNSAM), participa del Programa de Estudios sobre el Libro y la Edición (IDES) e integra el equipo de investigación del Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro (Lectura Mundi-IDAES/UNSAM). Investiga sobre traducción y psicoanálisis y sobre traducción y género.

Gabriela Villalba es Traductora en Francés (IESLV “Juan Ramón Fernández”), Profesora en Letras y Doctora en Lingüística por la Universidad de Buenos Aires. Sus intereses se centran en los usos glotopolíticos en la traducción y la agencia de les traducteres. Es docente de Residencia y de SPET curricular en el IESLV “JRF”, donde también co-coordina el SPET extracurricular. Traduce literatura, ciencias sociales y humanidades y dirige la editorial EThos Traductora. Es autora de Vos no. El español de la traducción editorial en Argentina (2011-2015) (en prensa).

Lecturas sugeridas
Bourdieu, Pierre (2003): “Una ciencia que molesta”. En Cuestiones de sociología. Trad. de Enrique Martín Criado. Madrid: Akal/Istmo, pp. 20-37 [“Une science qui dérange. Entretien avec Pierre Thuillier”. En La Recherche, 112 (1980), pp. 738-743. También en Bourdieu, Pierre: Questions de sociologie. París: Éditions de Minuit, 2002, pp. 19-36].

Ruiz, Sofía y Gabriela Villalba (2023). “Compromiso y formación de traductorxs (e) investigadorxs: Patricia Willson en el Lenguas Vivas ‘J.R. Fernández’ (1991-2011). En: Letawe, Céline y Christine Pagnoulle (eds.). Le Vouloir-Traduire. En hommage à Patricia Willson. Lieja: Presses universitaires de Liège.

Willson, Patricia (2019 [2015]). “Translaturire: espacios del deseo y de la militancia en traducción”. En: Página impar. Textos sobre la traducción en Argentina: conceptos, historia, figuras. Buenos Aires: EThos Traductora, pp. 201-211.


Sobre el SPET:

Fernández Polcuch, Martina (2012): “Preguntar, indagar, traducir: una mirada sobre el Seminario Permanente de Estudios de Traducción”. En Lenguas V;vas, 8, La teoría en el campo de las lenguas y la traducción, pp. 6-12.


(2023). “El Lenguas”: proyectos institucionales, 9, Superficies de contacto: el Lenguas Vivas y su entorno. https://ieslvf-caba.infd.edu.ar/sitio/wp-content/uploads/2023/05/Revista-LV-Suplemento-9.pdf

martes, 21 de mayo de 2024

El Quijote para todos los gustos

El pasado 14 de mayo, la agencia EFE publicó un cable sin firma a propósito de la  nueva edición del Quijote, traducido del castellano al castellano en un volumen que enfrenta las dos versiones. 

Una edición doble del Quijote enfrenta su versión original con la del castellano actual

El escritor Andrés Trapiello presentó en 2015 la primera traducción al castellano actual del Quijote y ahora, casi diez años después, una doble edición presenta esa versión junto con el texto clásico de Miguel de Cervantes, en edición de Alberto Blecua.

Publicada por la editorial Destino, esta nueva edición llegará a las librerías el 15 de mayo, con lo que, asegura Trapiello, "por primera vez en la historia de la literatura en español, los lectores contarán con las dos versiones, la original y la moderna. No tanto para que las comparen, sino para acceder acaso a la maravillosa lengua de Cervantes".

Andrés Trapiello recuerda en un comunicado que ninguno de sus trabajos literarios fue más satisfactorio que la de traducir al castellano actual El Quijote, una tarea que le "entretuvo" durante catorce.

"Cuando se publicó mi traducción, hace ya casi diez años, hubo quien reservó su juicio pensando que quizá no fuera necesaria o que haría peligrar el original. A día de hoy cerca de doscientos mil lectores han podido leer al fin el libro que más se les resistía, y ninguna alegría puede haber comparable a esta. Cervantes ha ganado doscientos mil lectores de no inferior solvencia a la de quienes leen su libro en ruso, chino, alemán, inglés o francés", destaca.