jueves, 16 de julio de 2026

"El desafío consiste en mantener la esencia del texto original y, al mismo tiempo, lograr que la lectura se sienta natural"

Brenda Ríos
es una excelente escritora mexiana. Además de poesía y ensayo, también realiza traducciones fundamentalmente del portugués. Recientemente fue entrevistada por Milenio-Multimedios. El texto resultante fue luego publicado, el 11 de julio pasado, en Telediario, de Monterrey, México. En la bajada del artículo firmado por Damaris González, se lee: "La traductora literaria revela los desafíos de adaptar matices culturales y emociones de un idioma a otro, y vislumbra el futuro del oficio frente a las nuevas tecnologías."

Brenda Ríos y el arte detrás de la traducción literaria: por qué la Inteligencia Artificial todavía no supera al ojo humano

Detrás de cada libro traducido existe un trabajo que pocas veces llega a los lectores.

El traductor literario no sólo transforma palabras de un idioma a otro: también interpreta el estilo del autor, adapta referencias culturales y busca preservar las emociones que dan vida a una historia.

La traductora literaria Brenda Ríos explicó en entrevista con la plataforma MILENIO-Multimedios que este oficio va mucho más allá de conocer dos idiomas, pues también requiere creatividad y una comprensión profunda de la obra.


"Un traductor literario es una persona que traduce ficción, cuento, novela o poesía. También tiene una parte de creador y eso ayuda a complementar la comprensión del texto literario", explicó la traductora literaria Brenda Ríos durante la entrevista.

La traductora literaria también indicó que cada libro representa un reto distinto, ya que existen expresiones, juegos de palabras y matices que no siempre tienen una equivalencia exacta.

Aseguró, además, que el desafío consiste en mantener la esencia del texto original y, al mismo tiempo, lograr que la lectura se sienta natural para quienes la descubren en otro idioma.

Aunque la inteligencia artificial avanza en este campo, todavía enfrenta dificultades para interpretar contextos, dobles sentidos y la sensibilidad detrás de cada texto.

"(A) la IA todavía me parece que le falta mucho. En el futuro, los traductores vamos a ser revisores de traducción", señaló Ríos.

Gracias a este oficio, obras escritas en distintos idiomas pueden cruzar fronteras y acercar a los lectores a otras culturas, demostrando que traducir también es una forma de conectar historias y personas, así como destinos y conciencias de todo el mundo.





miércoles, 15 de julio de 2026

"La confusión: en equiparar 'interés' con 'ideología'”

Profesor del Departamento de Filologías Hispánica y Clásica de la Universidad de La Rioja, España, Alberto Escalante Varona publicó en The Conversation un artículo sobre la identidad que define a los lectores. El mismo fue levantado por InfoBAE, el pasado 7 de julio. En su bajada se lee: "Las redes sociales y los consumos informativos estrechan la diversidad y fomentan la autoafirmación, mientras crece la tentación de equiparar los libros elegidos con una postura política2.

La identidad lectora, entre la curiosidad intelectual y la presión de pertenecer

En cuanto a gustos lectores, no hay nada establecido. Si leemos, es probable que hablemos de lo que leemos (y de lo que no leemos). Ello parece transmitir qué nos interesa y, muchas veces, asumimos que representa quiénes somos.

Además, en determinados contextos, la presión social nos obliga a opinar. Entrar en las conversaciones culturales públicas sobre literatura requiere tomar partido. Ponemos sobre la mesa nuestra ideología, creencias y pensamiento. Y, lamentablemente, este puede ser un terreno fértil para que florezcan los prejuicios.

Por ejemplo, estoy leyendo un libro sobre la guerra civil española. Mucha gente puede pensar que al hacerlo es porque coincido con la forma que tiene el autor de entender este conflicto, que comparto su ideología. Pero… ¿y si lo hago porque quiero conocer otro punto de vista? ¿Para poder corregirlo, refutarlo o, incluso, incorporarlo al mío?

Dos identidades
Entonces, ¿“somos lo que leemos”? Lo complejo es definir la idea misma de “quiénes somos”. Y ahí reside la confusión: en equiparar “interés” con “ideología”, y en entender que “identidad” es sinónimo de lo que pensamos, no tanto de lo que podríamos llegar a pensar.

Definir qué es la identidad es complejo. A grandes rasgos, es un concepto que se refiere a la perspectiva que tenemos de nosotros mismos como personas. Es decir: nuestros valores, gustos, sentimientos, actitudes individuales y sociales.

La identidad lectora deriva de esto. Puede definirse como la forma en la que nos vemos como lectores: qué ideas y sentimientos nos produce leer, y qué valores y usos le asignamos. Y se basa necesariamente en nuestras prácticas. ¿Qué nos gusta leer y qué no? ¿En nuestros círculos sociales se aceptan esos libros? ¿Qué parte de esa identidad es privada y cuál proyectamos hacia los demás?

Tenemos que tener en cuenta que leer es una acción consciente: para hacerlo, debemos tener predisposición a coger un libro y dedicarle parte de nuestras horas. En un sentido práctico, leemos aquello en lo que nos interesa emplear nuestro limitado tiempo libre.

Sin embargo, la lectura no es solo eso. Implica una curiosidad que determina qué queremos aprender, aunque el tema o el enfoque no encaje con nuestras ideas previas. En ese caso podemos hablar de que tenemos predisposición para coger ese libro, no solo en sentido práctico sino también intelectual.

Igualmente, qué leemos está cada vez más limitado por nuestro entorno mediático. Creemos que lo que encontraremos en él mostrará qué piensan otros, cómo reaccionan, cómo actúan. Pero las redes sociales funcionan antes como “cámara de eco” masiva y descontrolada que como vía de acceso a un conocimiento variado y múltiple. Esto nos encierra en un bucle continuo de autoafirmación. También los medios de comunicación que consumimos consolidan nuestras ideas, sin darnos opción a que recibamos otros puntos de vista. La “cámara de eco” sustituye a la “burbuja de conocimiento”: no ignoramos involuntariamente otras voces, sino que las excluimos activamente.

Por eso, conviene reflexionar sobre si nuestro entorno refleja identidades auténticas o “fachadas”. ¿Es más importante establecer “qué leemos” o “para qué leemos”?

El autor no es nadie sin el receptor
A partir de los años 60 del siglo XX, autores como Roland Barthes y Michel Foucault defendieron la “muerte del autor”. Según ellos, una obra literaria tiene el sentido que los lectores le asignamos, más que el original que le dio su escritor. El escritor Umberto Eco, de hecho, aseguraba que toda obra tiene un “lector modelo”. El autor escribe condicionado por quién va a leer su texto y podrá entenderlo: la literatura se sostiene principalmente sobre interpretaciones externas.

Actualmente, este punto de vista se ha “suavizado” bastante. Es cierto que el valor de una obra literaria depende mucho de cómo se recibe. Pero también que un autor puede escribir con una intención personal, no solo limitado por el contexto y las expectativas. No está tan “muerto” como parecía.

La estética de la recepción parte de estas ideas para ampliarlas. Como lectores, relacionamos los textos que leemos con otros que ya conocemos. Así, nuestra identidad lectora establece un “horizonte” de expectativas. El contenido del texto conectará con ellas y condicionará cómo lo vamos a entender y analizar. No somos agentes “pasivos”, que solo recibimos lo que un autor nos dice. Al contrario, somos miembros “activos” de la conversación literaria.

¿Y qué tiene que ver esto con la identidad? Mucho, en realidad. Porque las expectativas previas nos empujan a querer leer lo que nos interesa. Pero ¿nos interesa solo lo que coincide con nuestro punto de vista, o nuestro “horizonte” es más amplio?

Aquí se juntan dos perspectivas. La primera, que cuantos más puntos de vista adquiramos, más complejas serán las conexiones que podamos establecer entre ellos. Y la segunda, que esto forma parte de nuestra identidad lectora, basada no tanto en qué queremos leer como en que queremos leer. Confundir esas definiciones limita enormemente la riqueza de esta forma de acceder al conocimiento.

La única conformidad de la que partimos es la de leer como acto, no la que podamos tener, o no, con el contenido de lo que leemos.

Cómo entrenar nuestra identidad lectora
Las cámaras de eco preocupan en diferentes ámbitos: la política, la prensa, el entorno familiar. Pero también, y especialmente, en educación. Por ello se busca fomentar la capacidad de los alumnos de decidir autónomamente qué leer, guiándoles para que compartan sus experiencias lectoras.

El objetivo es que ya desde niños desarrollemos la identidad lectora: leer por ocio se debe mezclar con el análisis de otros textos para que, tras trabajar con lo que nos interese, podamos ir ampliando nuestros intereses hacia nuevos libros.

Y esto también se aplica al público adulto. Varios estudios sostienen que las actitudes y valores se estabilizan en torno a los 18-25 años. Pero eso no significa que la inquietud cultural se estanque. Al contrario, puede mantenerse en el tiempo si seguimos abiertos a conocer otras opiniones, aunque no las incorporemos.

Compartir ideas y contrastarlas enriquece el aprendizaje, infantil o adulto. Poco podremos avanzar si nuestra propia postura no es crítica, si nos enrocamos en una única visión sobre los temas de los que conversamos, si culturalmente adoptamos bandos, no posiciones fundamentadas. En definitiva, si nuestra identidad lectora solo coincide con una concepción limitada de nuestra identidad personal.

Por eso es bueno educar con predisposición a conocer lo nuevo, a mantener la curiosidad intelectual que debe sostener el hábito práctico de leer.






martes, 14 de julio de 2026

Entre el proyecto editorial y la empresa

"De paso por Santiago, la cabeza del prestigioso sello editorial repasa el histórico vínculo de la casa barcelonesa con Roberto Bolaño, analiza el mercado del libro en papel y fija su postura frente a la inteligencia artificial." Así dice la bajada de la entrevista de Pablo Retalmal N. con Sandra Ollo, la directora editorial de Acantilado, publicada el pasado 2 de julio, en el diario La Tercera, de Chile.

“El siglo XX en castellano no se puede entender sin los grandes poetas chilenos”

Por estos días, la española Sandra Ollo (48), la editora y directora de la editorial Acantilado, se encuentra de paso por Chile. La casa barcelonesa es uno de los nombres relevantes del mundo editorial en castellano, en cuanto a editoriales independientes se refiere. Junto a otros como Libros del Asteroide, Anagrama o Impedimenta, conforman un interesante ecosistema de autores y títulos que han dado que hablar en el mundo de habla hispana, incluyendo a Latinoamérica.

Fundamentalmente sello de autores europeos y clásicos, en su catálogo se pueden encontrar nombres como Svetlana Aleksiévich, Javier Cercas, Edgardo Cozarinsky, a Natalia Ginzburg, León Tolstoi, Joseph Roth o Stefan Zweig. Pero siempre hay un chileno. En su momento Acantilado publicó dos libros de Jorge Edwards; a Adan Kovacsics, el traductor al castellano de László Krasznahorkai; además de los libros de poesía de Roberto Bolaño. Con ese sello aparecieron, por ejemplo, las primeras ediciones de Los perros románticos (1995) o el notable Tres (2000).

La idea de su visita, cuenta Ollo a Culto, es conversar con los libreros chilenos. “Hace un año y medio cambiamos la distribución de nuestro sello aquí en el país y empezamos a distribuir con Penguin Random House. Tras el trabajo logístico y administrativo más importante, queríamos ver, un año después, cómo está siendo la nueva implantación”.

No es su primera visita a Chile, asegura Ollo. “Hacía 10 años que no visitaba Santiago y queríamos ver cómo estaban las librerías tradicionales, las de toda la vida, y conocer el nuevo tejido librero de la ciudad. También queríamos tener una reunión cercana con los equipos comerciales y con los libreros para planificar la nueva implantación del sello y las nuevas estrategias de comunicación de la editorial aquí en Santiago y en todo el país. Chile es un país muy importante para Acantilado”.

-¿Cuáles han sido las diferencias que has notado entre lo que viste hace 10 años y ahora?
-He conocido muchas nuevas librerías que se han ido abriendo. Hay librerías de todo tipo: generalistas, más enfocadas a un público joven y otras con una vocación más librera y de fondo. Hemos conocido bastantes y esta tarde seguiremos un rato con otras tantas. Por otra parte, he comprobado con mucha alegría que algunas de las librerías tradicionales de la ciudad que ya conocía hace 10 u 11 años siguen funcionando, como Altamira, Catalonia y Takk. Esto siempre es una alegría.

-Acantilado en su minuto publicó la poesía de Bolaño. ¿Cuál es tu vínculo con la literatura chilena?
-Mi vínculo con la literatura chilena como lectora es muy estrecho, porque el siglo XX en castellano no se puede entender sin los grandes poetas chilenos. Como editora es más escaso, porque nosotros, como probablemente sabes, no tenemos demasiados autores latinoamericanos ni chilenos en nuestro sello. Tuvimos la suerte de publicar esas primeras obras de poesía de Bolaño debido a la amistad estrecha que él tuvo con el fundador de la editorial, Jaume Vallcorba. Fuera de eso, hemos tenido poco contacto editorial con la literatura chilena. Ahora, como lectora, soy una gran admiradora de los grandes poetas chilenos, desde Huidobro, por supuesto Neruda, Gabriela Mistral y tantos otros.

-¿Cómo ha sido el proceso de llevar adelante una editorial? ¿Qué es lo más complicado de gestionar una empresa como esta?
-No sé si tenemos tanto rato para explicarte todo lo que es complicado de llevar adelante una editorial. Dirigir una editorial es maravilloso, es una felicidad y un privilegio. Eso tiene que ir por delante de todo; el que diga lo contrario está en un camino equivocado y tiene que repensar su vida, como decía Rilke. Yo me considero una mujer muy afortunada. Como en tantos oficios y empeños, hay dificultades. En una editorial hay dos vertientes fundamentales que se necesitan y se deben cuidar. Por un lado está la parte más puramente de proyecto editorial e intelectual, que es la creación del catálogo, la selección de los títulos y el acompañamiento de los autores. Por el otro está la parte menos romántica, que es la meramente empresarial: la gestión y administración de la empresa, que al final es lo que sostiene el proyecto intelectual.

-¿Y cuál es la principal dificultad de eso?
-La dificultad radica en encontrar un equilibrio entre ambas partes y en saber rodearte de un equipo capaz y de confianza que te ayude a sostener la gestión, permitiéndote dedicarle un tiempo fundamental al proyecto más puramente literario e intelectual.

- ¿Cómo ha cambiado la industria editorial en el último tiempo? Sobre todo considerando la aparición de la inteligencia artificial y los libros en formato digital.
-El mundo editorial ha cambiado en los últimos 10 años como ha cambiado el mundo: rápidamente, de sopetón y prácticamente sin avisar. El rudimento fundamental del oficio no ha cambiado, al menos tal y como yo lo entiendo y como concibo un sello independiente como Acantilado, que consiste en escoger títulos de calidad y ponerlos a disposición del lector. En eso poco ha cambiado con respecto a hace 20 años. Sin embargo, las tareas que tenemos que llevar a cabo sí han cambiado. Cada vez hay más necesidad de alimentar y comunicar a través de redes sociales, algo que hace 15 o 20 años no existía. Y en los últimos años, con el desarrollo de aplicaciones de inteligencia artificial, supongo que la industria ha cambiado mucho. Nosotros, de momento, no utilizamos ningún rudimento de inteligencia artificial ni ningún apoyo de ese tipo; seguimos trabajando de forma artesanal y manual. Tenemos nuestros programas informáticos de maquetación, no es que estemos en las cavernas, pero no utilizamos los programas que existen para traducciones. Seguimos creyendo e-Creo que todavía apenas podemos intuir y esbozar las consecuencias de la inteligencia artificial aplicadas a la industria del libro. Hay un tipo de libro y de industria que se puede ver mucho más afectada, que es la que tiene contenidos menos ambiciosos y más fácilmente replicables, por decirlo de una manera suave y diplomática. Pero hay un tipo de literatura que nace desde otro lugar del ser humano y me parece que eso será muy difícil de imitar. Le llamamos inteligencia, pero no lo es; son modelos de entrenamiento, de réplica de esquemas, de manejo y análisis de información. La inteligencia humana es muy sutil, tiene muchas aristas y muchos matices. Habrá un tipo de libros, de literatura y de arte que difícilmente será sustituido por ningún programa generativo. Aun así, claro que me preocupa en general, no solo en su aplicación al mundo editorial. Me preocupa desde muchos puntos de vista, aunque reconozco lo bueno y las aplicaciones tan extraordinarias que tiene en otros campos, algo que tampoco hay que ignorar.

-En tiempos de pantallas, donde todo se consume más rápido en redes sociales, ¿consideras que el libro en papel ofrece una experiencia de lectura que sigue siendo única e irremplazable?
-Desde un punto de vista estrictamente personal como lectora, sin duda lo es. Y a juzgar por lo que demandan mis lectores y por las cifras de venta de nuestros libros en papel en comparación con el formato electrónico, sin duda alguna. Nosotros hacemos libros electrónicos, están a disposición de los lectores, pero tienen cifras de venta muy reducidas. El libro en papel se sigue vendiendo y se sigue apreciando. También es verdad que nuestros libros tienen una factura especialmente cuidada y gustosa; los lectores lo aprecian y entienden que están comprando un objeto con una manufactura muy especial, pensado para durar. Afortunadamente seguimos vendiendo libros en papel y cada año vendemos unos poquitos más, así que debe de haber muchas otras personas que quieren leer de esta manera.

-¿Cómo se forma un lector?
-Este es uno de los grandes misterios, casi como la adquisición del lenguaje, que está estudiadísima hasta que se llega a un punto en el que los científicos no saben exactamente qué pasa. Un lector se forma desde una edad temprana cuando descubre una magia en los libros que le parece irremplazable. Creo que un lector se forma con buenos libros. A veces se piensa que da igual lo que se lea con tal de que se lea, pero eso tiene una fecha de caducidad. Es como pensar que está muy bien comer porque es mejor a morirse de hambre, pero decir que da igual lo que se coma con tal de comer no es correcto; todos aspiramos a que las personas se nutran y que lo que coman les beneficie, no les enferme. Con la literatura pasa lo mismo: hay una literatura que no nos alimenta. La literatura es ocio, algo extraordinario, pero también es algo más. No solo se forma el que se pone a leer a Kierkegaard; te puedes formar leyendo buenísima literatura que te va a hacer disfrutar. Los lectores se forman desde la infancia con un hábito familiar, si hay libros en casa y si se les acompaña. Hay una etapa en la primera infancia en la que nos encanta leer a nuestros hijos, pero cuando empiezan a leer solitos, los abandonamos a su suerte. Está muy bien seguir acompañándolos y mostrarles que los libros son una fuente de diversión, de conocimiento y de evasión que nos conforma de una manera muy especial. La literatura es el mundo de las posibilidades infinitas y el gran espacio de libertad. Es un campo de pruebas para la vida extraordinario porque todo lo que le puede pasar a un ser humano está reflejado en ella. A base de leer las aventuras y desventuras de alguien, vas extrayendo un aprendizaje humano que te servirá para transitar tu propio camino.

-Dentro del catálogo de Acantilado hay muchos libros que son longsellers, títulos que perduran en el tiempo. ¿Cómo eliges los títulos para el catálogo? ¿Qué tiene que tener un libro para que te motive a publicarlo?
-Tiene que ser un buen libro. Con eso ya me basta, que no es poco. Es una respuesta facilona y simple, pero tiene mucho contenido. Se refiere a que debe tener una muy buena escritura y una buena construcción. En el caso de la ficción, tiene que haber una imaginación literaria muy potente detrás, que es lo que más me gusta. En el caso de la no ficción, me gustan los libros que me mueven la silla constantemente; que me hacen pensar, replantearme las cosas y me abren puertas a otros lugares del pensamiento. Me considero una persona muy curiosa, no porque me guste cotillear en la vida de otros, sino porque me gusta entender cómo funciona el mundo y cómo funcionamos nosotros. A través de los libros encuentro muchas más preguntas que respuestas, pero creo que a través de las preguntas correctas encontramos un poco de luz. La buena literatura no da respuestas, sino que plantea buenas preguntas. Esa es la que me interesa.

-El año pasado el Premio Nobel de Literatura fue para el autor húngaro László Krasznahorkai, quien pertenece a Acantilado. ¿Qué significó para ustedes recibir la noticia?

-¡Imagínate qué alegrón! Fue un alboroto en la editorial y un torbellino increíble. Un autor que lleva 20 años en la casa, con el que hemos publicado nueve libros, de repente obtiene el máximo reconocimiento de las letras. Es una alegría en lo personal por él, por lo que supone como espaldarazo a su apuesta vital, y una alegría enorme en lo profesional para nosotros. Es el refrendo de que aquel tesón, empeño e intuición de que este autor estaba en el lado correcto eran buenos; un reconocimiento al trabajo hecho durante muchos años. Además es una fiesta, porque un autor muy querido en un ámbito más acotado de repente está en boca de todo el mundo, recibe toda la atención y tienes la oportunidad de hacerlo llegar a muchísimas más personas. Esto es extraordinario.

-¿Pudiste hablar con Krasznahorkai cuando le entregaron el premio?
-No logré hablar con él por teléfono, pero le puse un correo electrónico esa misma mañana y él me lo respondió al día siguiente, muy emocionado. Los dos estábamos muy emocionados. Y después tuve oportunidad de hablar con él, de estar con él, pude acompañarle en Estocolmo. Lo hemos podido celebrarn la capacidad extraordinaria de nuestros traductores, que son de total confianza. La traducción literaria y ensayística que llevamos a cabo es bastante delicada y difícilmente podrá ser sustituida por una máquina, por muy entrenada que esté. En lo que respecta a los trabajos editoriales cotidianos de revisión y edición de textos, seguimos creyendo en la inteligencia humana y no estamos utilizando IA. Algo que empezamos a explicar y que refleja nuestra filosofía es que Acantilado es una editorial que hace libros hechos por personas. Para mí, las personas siguen contando.

lunes, 13 de julio de 2026

"La IA supone ahora un ámbito de comunicación donde, si no está bien cuidado, el idioma se deteriora"

"El director del Instituto Cervantes advierte sobre los riesgos de la autocomplacencia en una lengua que crece. Pero su fortaleza, afirma, depende del respeto a la diversidad." Tal es la bajada de la entrevista con Luis García Montero, publicada por Claudia Lorenzo Rubiera, editora de Cultura y Humanidades en la revista The Conversation, posteriormente levantada por InfoBAE, el pasado 3 de julio.

“Con tantos hablantes y territorio, el español ha tenido la tentación de ser imperialista”


“Creo que quieres hablar de Lorca”, me dice Luis García Montero cuando nos conectamos para la entrevista. “De Lorca, de la importancia de la literatura y del español en el mundo”, contesto, brevemente, para introducir los temas que vamos a tratar. “Pues yo te cuento mi vida y a partir de ahí me vas diciendo, porque en mi caso se relaciona todo”, responde, sonriente.

Desde 2018, Montero es el director del Instituto Cervantes, el organismo público español que busca la promoción del idioma y de la cultura hispana en todo el mundo. Pero también es catedrático de Literatura Española en la Universidad de Granada, ensayista, crítico y, sobre todo, poeta. Precisamente, ser esto último ha definido su vida y, sobre todo, su relación con el autor de Romancero gitano, de cuyo asesinato se cumplen 90 años este 2026.
En 2016, publicó el libro Un lector llamado Federico García Lorca en el que repasaba las lecturas del autor. En él, partía de la base de que “Todos nosotros somos, en esencia, aquello que leemos”. Hoy habla precisamente de eso, de aquello que leemos.

—¿Cuál es su relación con Federico García Lorca?
—Nací en 1958 en Granada y él fue el primer poeta al que leí. Mis padres tenían un salón de las visitas al que teníamos prohibida la entrada mis hermanos y yo. Pero me colé un día y encontré en la biblioteca las obras completas de Lorca. Tuve la suerte de abrirlo por un poema que se ajustaba a mis ojos y a mi edad: la canción de los lagartos. Y yo, niño de barrio, que me pasaba el día cazando lagartos y lagartijas a la orilla del río Genil, me quedé impresionado. Era la historia de dos lagartos que se enamoraban, que se casaban y que tenían su vida privada: ¿qué hacía yo matando lagartos si estas criaturas formaban familias?

—Ayuda mucho la literatura para ponernos en la piel de personas con las que no interactuamos en el día a día. O lagartos, en este caso.
—Poco después un profesor del colegio me regaló el libro que Ian Gibson había publicado sobre la guerra civil española en Granada y el asesinato de Lorca. Y me di cuenta de que cuando caminaba por la ciudad, iba pasando por lugares que tenían que ver con su vida. Entonces, de manera muy natural, se unió mi amor por la literatura a Federico García Lorca y a la toma de conciencia de los vínculos que hay entre la literatura y la vida. Cuando me matriculé en la Universidad, me enteré de que estaba organizando un homenaje a Federico a los 40 años de su muerte, en junio de 1976. Y decidí que iba a ir al homenaje, que se hacía en el edificio del rectorado de la Universidad y después en Fuente Vaqueros, el pueblo donde él había nacido.

—Entiendo que era el primero que se hacía.
—Sí, el primero que se hacía en público en Granada después de la muerte. Recuerdo que, en el trayecto en autobús hasta Fuente Vaqueros, se veían muchas furgonetas de la policía. El entonces ministro de Gobernación del final del franquismo, Manuel Fraga Iribarne, había intentado prohibirlo, pero era tanta la presión que había dicho: “Bueno, no se prohíbe pero solo se deja media hora”. Entonces, el 5 de junio de 1976, Manuel Fernández Montesinos, sobrino de Federico García Lorca, salió ante toda la gente reunida y dijo: “Después de 40 años de silencio, nos dejan media hora de libertad”. Y así empezó un homenaje que para mí fue muy emocionante. Al acabar yo me acerqué al poeta Blas de Otero y le dije: “Don Blas, por gente como usted, yo estoy aquí”. “Estar aquí” significaba estoy en un acto político, en un homenaje a Lorca frente al poder de la dictadura y en un acto poético. Él me acarició la cabeza y me dijo: “Muchacho, espero que algún día puedas perdonarme”.

—¿Lo ha perdonado?
—No solo lo perdono, sino que le estoy muy agradecido. Hemos tenido la suerte de vivir un momento de España muy positivo y en medio de todas las dificultades no se nos puede olvidar nunca lo que se ha conseguido. Afortunadamente, la España de 2026 ya no es la España de 1976.

—¿Qué le ha dado la poesía?
—Me ha enseñado algunas cosas que son fundamentales. La primera, intentar ser dueño de la propia conciencia. Yo creo que un poema es un diálogo con la propia intimidad, hable de política, de amor o de cualquier cosa. Para mí, la poesía supuso comprender que luchar por la democracia no era votar cada cuatro años, sino participar en una transformación. Y eso lo aprendí en Antonio Machado, que modernizar la poesía no es buscar palabras raras, sino transformar la educación sentimental, porque a la educación responden las palabras. ¿Qué digo cuando digo “soy yo”? ¿Qué digo cuando digo “soy hombre”? ¿Qué digo cuando digo “te quiero” o cuando digo “libertad”? La libertad puede ser el respeto a la conciencia individual contra cualquier tipo de poder autoritario. Hoy, por desgracia, se utiliza mucho la palabra libertad como la ley del más fuerte, ya sea invadir un país, provocar un genocidio o poner en duda la justicia internacional. La poesía ayuda a pensar las palabras.

—Ha dicho: “Considero que importa la defensa y la definición de un significado no mercantilista de la palabra utilidad”. ¿Para qué es útil la literatura?
—La literatura me parece un buen remedio contra un momento que ha conseguido convertir al tiempo en una mercancía de usar y tirar. Y eso tiene para mí dos peligros graves. El tiempo de usar y tirar intenta borrar la memoria: lo importante es el presente. Pero yo soy escritor porque leí a Lorca, alguien que había vivido antes que yo, y heredé su manera de sentir. Quien cancela la memoria lo que acaba cancelando es la posibilidad de pensar un futuro distinto. Y la otra cosa que me ha enseñado la literatura es que hace falta tiempo para hacernos dueños de nuestra propia conciencia. Vivimos en un mundo que nos invita a decir lo que pensamos sin pensar lo que decimos. Y por eso existen el fanatismo, los bulos.

—Hubo hace unos meses una discusión entre quienes decían que leer hacía mejor persona y quienes no. Me gusta mucho lo de que la literatura ayuda a intentar ser dueño de la propia conciencia.
—Joan Margarit, un poeta estupendo, decía que si uno escribe, existe el poema, pero hasta que no llega un lector y no habita el poema, no existe el hecho poético. Si yo escribo un poema de amor, pues está muy bien, pero el hecho poético se da cuando el lector deja de pensar en mi novia para pensar en su propia vida. El que escribe, escribe para que su historia no sea solo una confesión biográfica, sino algo que represente a la condición humana, y que el que la lea se sienta identificado con esa historia.
En la historia de la cultura contemporánea no hay mejor metáfora del contrato social que la lectura. El amor ya no es el amor del autor sino el mío. Y mi propio amor comprende que tiene mucho que ver con lo que siente el otro. Defiendo la lectura como un espacio de construcción de las experiencias individuales hacia las ilusiones colectivas y el reconocimiento de la propia libertad como una capacidad de reconocerse en el otro, de dialogar.
Tenemos proyectos políticos donde se defiende un nosotros que autoritariamente quiere borrar las experiencias privadas y, por otra parte, hay un predominio del individualismo que corta cualquier reconocimiento de cuáles son los valores colectivos que nos han podido hacer triunfar. Por eso me gusta tanto decir que la mejor metáfora que yo he sentido del contrato social es cuando aprendí a mirar a unos lagartos con los ojos de García Lorca.

—Ha batallado contra el elitismo cultural. ¿Cómo podemos hacer para que no se asocie la cultura a una clase social concreta y que todo el mundo pueda acceder a ella y elegir a qué quiere dedicar su tiempo?

—Ese debate se puede abordar desde distintas perspectivas. Yo soy partidario de la educación pública porque creo que una sociedad construye su sentimiento de comunidad en la igualdad de la educación y esta es fundamental para que cada uno sea dueño de su propia conciencia. En ese sentido, a mí el elitismo de lo privado que quiere establecer ofertas para unos pocos me parece un peligro para la democracia. Otra cuestión que me parece importante tener en cuenta es que vivimos en una sociedad que ha comprendido que la gente culta es más difícil de manipular. Por ello, hay toda una corriente de opinión que está intentando sustituir la cultura por el entretenimiento. Interesa generar ofertas que den risas, que diviertan, pero que no enseñen a pensar.
Pero estos peligros también generan trampas. Porque… ¿acaso no es tramposo cuando la gente que apuesta por la cultura dice que lo importante es lo que es elitista? ¿Cuando se dice que la gente que se divierte y entretiene es tonta? Entonces, ¿qué tengo que hacer yo? ¿Confundir la calidad con aquello que entendemos cuatro? Siempre recuerdo que cuando García Lorca leía el “Responso a Verlaine” de Rubén Darío, al llegar a un verso que decía “Que púberes canéforas te ofrenden el acanto” se reía y decía: “Qué maravilla, solo entiendo el que”. Del mismo modo que hay que estar atentos a un populismo que rebaja calidad a la cultura, hay también que huir de la trampa de creer que la calidad hay que unirla con la dificultad, con aquello que convierte a la poesía, por ejemplo, en un dialecto para que hablen los poetas, pero que no entienda ni Dios.

—Esta accesibilidad al conocimiento entronca con su labor al frente del Instituto Cervantes.
—Como heredero de Lorca defiendo la cultura democrática representada en los libros e intento estar a la altura como director del Instituto. Cuando explicamos nuestro trabajo insistimos una y otra vez en que enseñar un idioma no es solo enseñar un vocabulario. Las líneas de trabajo que tenemos apoyan los valores del feminismo, la democracia, la defensa de la libertad ante las viejas dictaduras, los pensamientos reaccionarios y las nuevas formas de dictadura… Por ejemplo, nos emociona que, en algunos países islámicos, el Instituto Cervantes sea un centro de reunión donde las mujeres puedan quitarse el velo y tomarse un café mientras estudian español, o darle la mano a su novio. También nos emociona que en los centros de Estados Unidos se defienda el español como lengua de herencia mientras Donald Trump genera discursos de odio contra el mundo hispano. Creo que defender los valores de la igualdad tiene mucho que ver a la hora de conformar una imagen de una España democrática que quiere resistir frente al deterioro de los derechos humanos que está sufriendo el mundo.

—El español es un idioma en expansión.
—En el último anuario del Instituto Cervantes se registraron más de 520 millones de hablantes de español como lengua materna y casi 630 millones si sumamos los que han aprendido español. Ese horizonte internacional es muy importante a la hora de defender el multiculturalismo. En un idioma con tantos millones de hablantes y con tanto territorio, a veces se ha tenido tentación de ser imperialista. En ese sentido, todos los trabajos del español desde el Instituto Cervantes parten de una premisa: en España somos el 9% de los hablantes del idioma y participamos en la convivencia de una comunidad donde la diversidad es lo natural.

—De hecho, actualmente en España importamos artistas musicales en español. ¿Hemos entendido que el idioma es la verdadera patria?
—Esa idea, mi patria es mi idioma, culturalmente tiene ahora mucha importancia. En los anuarios del Instituto Cervantes comprobamos hasta qué punto la extensión de la cultura española tiene que ver con las dinámicas de la música hispana o de las telenovelas en español. Por ejemplo, todo lo que hizo Bad Bunny para reivindicar la presencia del español y lo hispano en la cultura internacional ha tenido mucha repercusión. Está muy bien tener un idioma mayoritario, pero la unidad se basa siempre en el respeto a la diversidad. La música latina y la narrativa latina han optado por un camino que me parece acertado. Nuestro idioma, que es muy fuerte y tiene muchos vínculos comunes, puede respetar la diversidad sin perder la unidad. De manera que es muy importante comprender la importancia que la cultura popular tiene a la hora de defender un idioma y de consolidar una comunidad no solo desde la barrera de lo académico sino también desde la cultura que está en la calle.

—También ha dicho que el español tiene que ser una lengua de ciencia y tecnología.
—Eso es muy importante porque se trata de contextualizar el idioma. El idioma está en movimiento. Y aunque cada vez hay mayor número de hablantes de español, no se puede confundir el orgullo con la autocomplacencia. No nos basta ser el idioma de Mario Vargas Llosa o de Cervantes, ahora es muy importante participar en toda la investigación científica y la transformación tecnológica. En ese sentido, potenciar el acuerdo entre universidades para favorecer la investigación del uso del español en la ciencia es fundamental. De hecho, una de nuestras colaboraciones en la próxima Cumbre Iberoamericana va a ser una reunión de universidades donde se analice el español como lengua de ciencia.
Pero, además, es fundamental en todo lo que significa la inteligencia artificial. Primero, porque la IA supone ahora un ámbito de comunicación donde, si no está bien cuidado, el idioma se deteriora. Está muy bien que las máquinas hablen español, pero siempre que se hable un español cuidado y que no suponga una degradación. Y en segundo lugar, esa degradación tiene muchos matices, porque no es simplemente que yo haga una pregunta y me conteste una máquina en un español torpe. Es que las máquinas están programadas y en sus respuestas pueden generar sesgos. Y a lo mejor se extiende la idea de que el mal español es el español que no se habla como se habla en Madrid o en Bogotá. Nosotros hemos hecho un decálogo ético del español y la IA porque queremos trabajar para que el lenguaje de la tecnología defienda los valores democráticos que queremos preservar en el idioma.

—En Un velero bergantín escribió que por cada novela contemporánea deberíamos leer cuatro clásicos. En honor al Día del libro,¿qué novela contemporánea recomienda en español y qué cuatro clásicos?
—Pues acabo de leer Coloquio de invierno, de Luis Landero. En medio del invierno, hay una serie de personas que se guarecen en un refugio rural para escapar de la tormenta Filomena, y empiezan a contarse su vida. Yo me acordé, claro, de Boccaccio, y de cómo se reúnen y se cuentan la vida en el Decamerón. También me acordé de El coloquio de los perros de Cervantes, de cómo los seres humanos aprenden a reconocerse cuando son capaces de escuchar al otro.
Y, aunque solo sean tres, voy a citar al poeta por el que hemos empezado. La gente debería leer Poeta en Nueva York, el libro que escribió García Lorca en 1929 en Nueva York, en medio de la crisis de Wall Street, cuando comprendió que el capitalismo norteamericano iba a provocar la Segunda Guerra Mundial y se subió al edificio Chrysler, y desde allí gritó hacia Roma para protestar contra el Papa, que había llegado a un acuerdo con Benito Mussolini y estaba empezando a colaborar con el fascismo. ¿Y qué es lo que reivindicó Lorca? El amor, la capacidad de amar. Es una buena manera de pensar en lo que está ocurriendo ahora en el mundo.



domingo, 12 de julio de 2026

"Es peor que el 2001 porque ya no es que la gente no puede llevarse un libro; directamente no entra"


Daniel Gigena publicó el siguiente artículo en el diario La Nación, el pasado 3 de julio. En él consigna el mal momento que están pasando las librerías en razón del bajísimo consumo al que la política económica del actual gobierno obliga a la población. Según la bajada: “No hay ningún boom del consumo en la avenida Corrientes”, dicen en la clásica librería; hay títulos de reconocidos escritores, premios Nobel y la colección de arte Grandes Pintores"

Losada lanza una megaliquidación de 2x1 en libros, con ofertas entre $2000 y $10.000

La crisis de ventas en librerías llegó a la avenida Corrientes. Esta semana, en el hall de entrada de la megalibrería Losada (avenida Corrientes 1551) se colgó un cartel que atrajo la atención de los lectores: “Liquidación total de libros de oferta. 2x1″. Estará vigente por tiempo indeterminado. “No vamos a cerrar, sino que estamos liquidando miles de libros de la editorial Losada con tapas viejas, anteriores a las nuevas ediciones, y de otras colecciones”, explica el librero y editor José Juan Fernández a LA NACION. En el depósito, otros miles de ejemplares esperan su turno para ser rematados a precios accesibles.

Se pueden adquirir dos libros de narrativa, poesía, ensayo, teatro, historia, filosofía, ciencia y arte en promociones de $ 2000, $ 3000, $ 6000 y $ 10.000. Hay obras de los Nobel Pablo Neruda y Gabriel García Márquez, Mercè Rodoreda, Rafael Alberti (A la pintura), Julio Cortázar, Juan Ramón Jiménez (Estío), Florencio Sánchez, Alejandro Casona, Jean-Paul Sartre, Denis Diderot, Alfredo Bryce Echenique, Ernesto Sabato, Christiane Rochefort, Bertrand Russell, Rabindranath Tagore y Jürgen Habermas, entre muchos otros. Los títulos de la colección de arte Grandes Pintores, de tapas duras e imágenes a color con reproducciones de obras de Cézanne, Rembrandt, Durero, Rubens y Da Vinci, se venden a dos por $ 10.000. Al margen del cable, con las crónicas de Roberto Arlt publicadas en El Nacional de México, y Diario de viaje a París, de Horacio Quiroga, cuestan solo $ 6000. Hay literatura infantil y juvenil a granel.

La librería está en una de las diez calles más famosas del mundo y, sin embargo, hay días en que no entra nadie al salón –dice Fernández–. Esto es peor que el 2001 porque ya no es que la gente no puede llevarse un libro; directamente no entra”. Dentro de Losada se exhiben las novedades y los títulos de varios catálogos a precios comerciales.

No hay ningún boom del consumo en la avenida Corrientes y se lo desmiento a cualquiera”, responde sobre la noticia de un supuesto incremento de ventas en la gran vía cultural porteña, los fines de semana, que se difunde en redes sociales. Desde hace varios meses, Fernández abre la librería a las once de la mañana y la cierra a las 21.30, “a la hora en que la gente entra al teatro”, explicita. Tiempo atrás, abría a las nueve de la mañana, luego a las diez, y bajaba la persiana pasada la medianoche, cuando los buscadores de libros eran noctámbulos. “Ahora la gente sale del teatro o el cine, come una porción de pizza y se vuelve a la casa”, describe con cierta añoranza de los tiempos idos.

Sigue con Losada porque puede hacerlo –“Soy el dueño del local”– y por una sencilla razón especial: el amor a los libros y la cultura. “Podría alquilar el local para una pizzería, pero nací para esto”, concluye.

En marzo, la Cámara Argentina del Libro había alertado sobre una caída del 20% promedio en las ventas en librerías desde 2025, con la consecuente repercusión en la cadena de pagos. Según fuentes consultadas por La Nación, el panorama empeoró, en especial en las librerías independientes, debido a los aumentos en alquileres y costos fijos. Ecequiel Leder Kremer, responsable de la librería Hernández, vecina de Losada en la avenida Corrientes, comentó que mayo y junio habían sido meses “malos en ventas”.

jueves, 9 de julio de 2026

Becas 2027 Translation House Looren, Suiza



𝖢𝗈𝗇𝗏𝗈𝖼𝖺𝗍𝗈𝗋𝗂𝖺 𝗉𝖺𝗋𝖺 traductoras y traductores literarios de 𝖲𝗎𝖽𝖺𝗆é𝗋𝗂𝖼𝖺

Organiza Looren América Latina con el apoyo de la Fundación suiza para la cultura Pro Helvetia Sudamérica / com o apoio da Fundação suíça para a cultura Pro Helvetia América do Sul

¿Qué estamos traduciendo? Becas completas para residencia de traducción y vinculación del 15 de febrero al 15 de marzo de 2027 en la Casa de Traductores Looren, Suiza


Postulaciones hasta el 15 de septiembre de 2026


La residencia colectiva reúne cada año a traductoras y traductores profesionales de Sudamérica y México. Los participantes reciben una beca completa para poder participar. En Suiza, cada participante podrá trabajar en su proyecto de traducción, se integrará a un programa de actividades conjuntas y participará de un foro de discusión de prácticas profesionales y análisis de las traducciones en curso.

Bases y condiciones: 

miércoles, 8 de julio de 2026

"Ningún personaje literario occidental es tan recurrente como Odiseo"

El pasado 29 de junio, Magdalena Tsanis publicó una nota en InfoBAE a propósito de la ola de traducciones viejas y nuevas que se está publicando, con motivo del estreno de la nueva versión cinematográfica de La Odisea. Como suele suceder en estos casos, falta nombrar muchísimas versiones realizadas a ambos lados del Atlántico, pero la nota es patrte de un cable de la agencia española EFE. Según la bajada, "La adaptación cinematográfica llegará a los cines el 17 de julio y está activando lanzamientos editoriales sobre el poema homérico, con nuevas versiones, ensayos y lecturas desde el cómic hasta la psicología".

El estreno de La Odisea de Christopher Nolan impulsa una ola de reediciones y nuevos libros

El estreno mundial, el próximo 17 de julio, de La Odisea de Christopher Nolan, una de las películas más esperadas del año, ha traído una catarata de reediciones y otras publicaciones relacionadas con la epopeya de Homero, “el gran libro de aventuras del mundo occidental”.
“Es el relato de aventuras más rico en matices y en personajes del mundo occidental y el más vivo”, dijo el escritor, filólogo, helenista y académico de la RAE Carlos García Gual, autor de la traducción moderna de referencia, que ahora reedita Alianza Editorial.

Monstruos que acechan en la oscuridad, islas donde el tiempo se detiene, el canto hipnótico de las sirenas o el capricho de los dioses ponen a prueba el espíritu indomable y la voluntad del héroe en su viaje de regreso a Ítaca tras la caída de Troya, mientras Penélope espera y se libra de pretendientes.

Ningún personaje literario occidental es tan recurrente como Odiseo, más conocido por su nombre latino, Ulises, señala el escritor en el prólogo del libro, revisitado por Píndaro, Sófocles y Eurípides; por Horacio, Virgilio y Séneca; Dante, Calderón y Shakespeare, o por Goethe, Joyce y Wallace Stevens.

“Los griegos son fáciles de entender y traducir”, sostiene García Gual, quien hace hincapié en la vigencia de este texto fundacional de la narrativa occidental. Mucho más moderna que la Ilíada, la Odisea es en origen un poema épico, pero tiene un fuerte componente novelesco y una parte narrada en primera persona.

Odiseo/Ulises es también un héroe más moderno, aventurero y curioso que el guerrero de la Ilíada. Se enfrenta a un mundo distinto, fabuloso, con el cíclope Polifemo, las sirenas o el mundo de los muertos. “No es un mundo que pueda enfrentar como guerrero, sino como personaje imaginativo”, ha dicho el traductor.

Además, es un hombre que no triunfa gracias a las armas sino a su inteligencia y a su capacidad narrativa y de seducción. “Es un personaje de mucho mayor relieve humano que los héroes antiguos”, ha puntualizado.

Otras revisiones: de Stephen Fry a Milo Manara
Entre los libros que se publican estos días destaca también La Odisea de Stephen Fry, guionista, dramaturgo y actor conocido por películas como Los amigos de Peter o Gosford Park. Publicado por Anagrama, es el cuarto y último libro de su serie sobre los grandes relatos griegos. Fry reinterpreta el relato homérico con una visión plural y desidealizada y una crítica mordaz a las concesiones que históricamente se han hecho a la figura del héroe masculino.

El legendario dibujante italiano Milo Manara revisita el poema épico desde la perspectiva de Telémaco, el hijo que creció en ausencia de su padre. Considerado uno de los grandes maestros del cómic europeo, Manara convierte La Odisea (Lumen) en una obra visual que busca dialogar con el presente y que narra las hazañas de Ulises por los labios del centauro Quirón.

En La Odisea, la realidad tras el mito (Almuzara), Alfonso Mañas bucea en la historia de Ulises y en las fábulas y ficciones que pudieron inspirar a Homero, pero también en la historia, la arqueología y la filología para aventurar lo que hay más allá del mito y cómo era ese mundo del siglo XII a.C., donde no existía el dinero, ni la escritura, ni la democracia.

Psicología, el viaje interior
Más allá de aventuras y fantasías, La Odisea es el relato de un hombre perdido entre mares desconocidos que se enfrenta a su propia fragilidad y que quiere regresar a su hogar. Esa perspectiva del viaje interior ha dado pie a lecturas desde el punto de vista de la psicología o la autoayuda.

Con una mirada divulgativa y reflexiva, J. P. Graham recoge en El viaje de Ulises (Roca) las enseñanzas del mito homérico para el autoconocimiento, para enfrentarse al miedo, resistir la tentación y aprender a empezar de nuevo.

Y en Mentalidad Odisea (Kitaeru), la psicóloga clínica y experta en el mundo clásico Sam Akbar explica “las siete lecciones esenciales” de La Odisea para encontrar “fuerza interior para afrontar el dolor y los reveses con sabiduría”.

Próximamente... un musical de animación
La película de Nolan es una superproducción con un reparto lleno de estrellas como Matt Damon, Anne Hathaway, Tom Holland, Robert Pattison, Zendaya o Charlize Theron.

Con un presupuesto estimado de 250 millones de dólares, ha sido rodada íntegramente con cámaras IMAX de ultra alta resolución, con película de 65 mm, en escenarios de Marruecos, Grecia, Italia, Islandia y Escocia.

Por otro lado, en abril pasado se anunció una próxima película musical de animación basada en La Odisea, de la mano del productor Jerry Bruckheimer (Top Gun, Piratas del Caribe) y de Jorge Rivera-Herrans, creador de Epic, el musical, una saga cantada que se hizo viral a través de las redes sociales.