miércoles, 18 de mayo de 2022

Números y nombres que se prestan a muchas interpretaciones que no necesariamente coinciden

Viendo las estadísticas y los nombres que presenta la siguiente síntesis, publicada por la agencia TELAM el pasado 16 de mayo, con independencia de lo que dice el artículo, los lectores de este blog podrán sacar sus propias conclusiones a propósito de lo que fue la última Feria del Libro de Buenos Aires.


La Feria del Libro recibió 1.324.500 visitantes y fue la más exitosa de su historia

Con 1.324.500 visitantes hasta ahora, la edición 46 de la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires que culmina este lunes en la Rural se transformó en la más exitosa de toda su historia, una convocatoria que tuvo correlato en el incremento de las ventas y que se explica en parte por la expectativa generada tras dos años de ausencia por la pandemia y por el envión adicional que representan fenómenos como la movida juvenil, que hizo interminables colas para comprar y escuchar a sus autores y booktubers favoritos.

Por una diferencia de 144.500 asistentes, la actual edición del hito librero más grande de la Argentina superó en concurrencia a las dos últimas versiones que habían tenido lugar antes de la pandemia: la de 2018 y 2019, ambas con una asistencia pareja de 1.180.000 personas.

Este récord de asistencia revalida el rol gravitante que ocupa la Feria del Libro en la agenda cultural y perfila otras lecturas: por un lado la expectativa que generaba este regreso luego de dos años de ausencia por la pandemia y por el otro que durante los largos períodos de aislamiento que fijó a escala global el coronavirus consolidaron y acaso expandieron los hábitos lectores.

La alegría de libreros, editores y otros actores de la industrial editorial por los índices de asistencia que consiguió la la edición 46 se prolonga en el incremento que mostraron las ventas en cantidad de ejemplares, que para los grandes grupos editoriales como Penguin Random House y Planeta rondó el 20 por ciento, una cifra que si se promedia con el desempeño de sellos como Urano y V&R -dedicados mayoritariamente a las publicaciones juveniles, ambos con ventas que alcanzan el 128 por ciento de lo registrado en la última edición- representa el 61 por ciento de aumento en libros vendidos, según datos de la Cámara Argentina de Publicaciones.

De acuerdo a los datos que dio a conocer la Fundación El Libro, organizadora de la Feria, algunas de las actividades mas convocantes, que tuvieron lugar en salas como la José Hernández -que permite alojar mil asistentes-, fueron las de Florencia Bonelli junto a Mariana Arias; la presentación de Paulina Cocina junto al influencer Santiago Maratea; la pareja integrada por los psicoanalistas Gabriel Rolón y Cynthia Wila; la escritora estadounidense Shelby Mahurin ; la autora cordobesa Camila Sosa Villada junto a Elizabeth "la Negra" Vernaci y Bárbara Di Rocco; el peruano Mario Vargas Llosa; y la presentación del diputado Javier Milei, entre otras.

Agustín Laje, John Katzenbach, Florencia Bonelli, Pamela Stupia y Shelby Mahurin, que entre su actividad y el tiempo aplicado a las dedicatorias estuvo 11 horas consecutivas en contacto con sus fans.

Con nueve pabellones, 40 países representados, 358 stands que desplegaron la oferta de 1.727 sellos editoriales y 11 salas para eventos, entre otros datos, la Feria concentró este año 1.500 actividades culturales, en una superficie de más de 41.590 m2 de exposición. Cifras que marcan un piso de expectativas muy desafiante para la próxima edición, que tendrá lugar desde el 25 de abril al 15 de mayo de 2023.

martes, 17 de mayo de 2022

Las cifras y estadísticas de la CAL sobre 2021


El pasado 7 de mayo,
Omar Genovese publicó la siguiente nota en el diario Perfil, de Buenos Aires, donde se dan a conocer los datos proporcionados por la Cámara Argentina del Libro (CAL) sobre la edición en la Argentina durante 2021.

Cómo es la producción editorial argentina

Esta semana la Cámara Argentina del Libro dio a conocer los datos de producción editorial en su  Informe Anual del Libro 2021. Martín Gremmelspacher, presidente de la CAL y su vicepresidente, Juan Manuel Pampín, difundieron las estadísticas surgidas del registro de ISBN, ese número único y código de barras que todo libro lleva en su contratapa.  

La cantidad global de novedades ascienden a 34.256 publicaciones, un crecimiento del 24% respecto del año anterior. La producción de libros físicos fue de 23.149 novedades, mientras que en formato digital 11.107, mil más que en 2020 y casi el doble que en 2019. Esta presencia del libro en forma digital es secuela de la comercialización y circulación de bienes por las restricciones a raíz de la pandemia de covid, ya sea por la digitalización de los catálogos existentes o por la dualidad física y digital de los nuevos lanzamientos. Las 23.149 novedades en formato físico implican un total de 43.602.175 ejemplares, la mitad de los ejemplares producidos en 2015, pero 69% más que en 2020. Esto no incluye las publicaciones realizadas por el Ministerio de Educación de la Nación.

Aquí se diferencian el tipo de editores. El Sector Editorial Comercial (SEC), del que más adelante veremos una ampliación estadística, conformado por empresas editoriales que venden a través de librerías, distribuidoras, venta directa y venta a crédito; Circuito Editorial en Kioscos (CEK), empresas editoriales y comerciales que venden en kioscos; Empresas de Servicios Editoriales (ESE), quienes ofrecen servicios de edición para autores: y un último grupo conformado por Microemprendimientos, Autoedición, y Otros, que incluyen empresas editoriales para distribución gratuita, entidades públicas, Universidades, Instituciones educativas, Asociaciones, Fundaciones, ONG, y demás. 

Así, el SEC y CEK, producen el 43% de los casi 44 millones de ejemplares. En esta cifra aparece que SEC participa con 6.696 publicaciones y 10,4 millones de ejemplares para primera edición; CEK con 1.089 publicaciones que corresponden a 8,4 millones; el primero con tiradas de mil y el segundo con 5 mil ejemplares por título. Pero aquí la venta institucional de empresas comerciales a Ministerios de Educación figura con 9,6 millones de ejemplares; así como la edición institucional realizada por los Ministerios con 3,6 millones, la venta institucional al sector religioso con 5,3 millones, y 3,4 millones para “otros”: prácticamente la mitad de los 44 millones de ejemplares provienen de estos últimos sectores.

Analizamos ahora la estadística del Sector Editorial Comercial (SEC), quien produce la mayoría de los libros que comentamos en estas páginas así como en el Suplemento Cultural de PERFIL Diario, aquellos que el lector encuentra en librerías. En 2021se lanzaron 11.603 novedades a través de 347 editoriales, 3.024 más que en 2020 y con un incremento de 74 sellos nuevos, pero este volumen implica apenas 6.066 novedades en papel, que siguen con tiradas de mil ejemplares promedio. Entonces, los libros físicos por habitante del país, para 2021 es 0,31; algo superior al 2020 con 0,24 y menos de la mitad del año 2016, con 0,63. Esto es lapidario: la reducción de tiradas y la crisis económica deja al libro más lejos del comprador potencial.

Pero la multiplicación de novedades también se acompaña de un fenómeno que es la edición en tiradas mínimas, por debajo de los mil ejemplares. De hecho, 1.201 novedades implican tiradas de entre veinte y 299 ejemplares cada una, otras 1.110 tiradas de trescientos a 599; esto es que el 38% de las tiradas en papel no superan los  seiscientos ejemplares. Una reducción de presencia de libros, su diversidad concreta que es abundante, en librerías. O una edición reducida, casi invisible para la extensión territorial y comercial argentina. ¿Cuántos autores, cuántos estilos e ideas quedan sin difusión por este fenómeno? Tal vez la respuesta es cruda, pero es así, la dispersión también diluye las oportunidades del lector.

Si diferenciamos entre las Pymes Independientes y los Grandes Grupos Editoriales, tanto en ejemplares producidos como en presencia en el canal librero, al primero corresponde el 60% y al segundo el 40%. Sin embargo, la concentración de novedades, efecto de la dispersión señalada, las Pymes tienen el 78% y las Grandes Grupos el 22%.

Por último, en cuanto a temática, Infantiles, juveniles y didácticos 24%; Ficción y afines 13%; Derecho 10 %; Sociedad y Ciencias Sociales 10%; Biografías, literatura y estudios literarios 7%; en total esto abarca el 64% de las novedades. Y atención, que casi la mitad de las mismas apunten a niños y jóvenes también sugiere una renovación generacional de los lectores que son futuros e inmediatos votantes, así como consumidores.

lunes, 16 de mayo de 2022

"A los machistas ni agua"

El siguiente fragmento, corresponde a una entrevista más larga, para el diario La Nación, que Diana Fernández Irusta realizó con el poeta Luis García Montero, durante su breve paso por Buenos Aires.

Luis García Montero, el director del Cervantes, en el laberinto del debate por el lenguaje inclusivo

¿Cómo trabaja el Cervantes en relación con la diversidad?

–La mejor manera de respetar  la diversidad del español es decir que se habla tan bien en el Río de la Plata como en Bogotá, o tan bien en Salamanca como en Sevilla; en cada sitio se enseña según se habla. Acabamos de publicar un libro titulado Lo uno y lo diverso, que recuerda los ensayos de Ángel Rosenblat, que fue un señor que nació en Polonia, se vino a trabajar exiliado a Buenos Aires, y aquí trabajó con Amado Alonso. Hablaba de la unidad y la diferencia; está publicado en Espasa Calpe. Es un libro donde distintos escritores hablan de la variedad de nuestra lengua. Una lengua como el español, que tiene más de 500 millones de hablantes, solo puede mantener su unidad y su sentido si respeta los matices de la diversidad. La gran apuesta es mantener la unidad respetando la diferencia. Eso quien lo tuvo muy claro fue Andrés Bello, el escritor y filólogo latinoamericano, que era un gran defensor de las guerras de independencia, porque era un liberal y fue un militante independentista. Una vez conseguidas las independencias latinoamericanas, escribió una gramática para uso de americanos, en la que decía, bueno, ahora defendamos la gran riqueza cultural que supone compartir un idioma que es uno de los grandes idiomas del mundo.

En la Argentina, y en España también, el lenguaje inclusivo viene generando un debate muy ríspido. ¿En qué zona de la discusión se ubica usted?

–Como director del Instituto Cervantes, lo tengo muy fácil: los dueños del idioma son los hablantes, yo no tengo nada que decir. Y que cada uno hable como considere mejor. Otra cosa será la Academia de la Lengua Argentina, o la Academia de la Lengua Española, pero yo, como director del Cervantes, me limito a escuchar cómo habla la gente. En ese sentido, creo que el idioma está unido a la sociedad y que la transformación de la sociedad va transformando al idioma. Pero como viejo militante, estoy muy acostumbrado a que muchos discursos que son nuestras virtudes acaben convirtiéndose en nuestros peores defectos. Yo empecé a militar contra el franquismo en el partido comunista y que no se olvide que el partido comunista desarrolló una lucha contra el franquismo que tuvo mucho que ver con la conquista de la democracia–. Ahora, visité por primera vez los países del Este a principios de los 80, y vi que la virtud de luchar por una sociedad justa puede acabar en un disparate tiránico. Sigo defendiendo mis ideas socialistas, pero me niego a que deriven hacia la falta de libertad. Pues mira, en este tema creo que la lengua es un espacio público y me interesa defender los espacios públicos frente a las sectas y la voluntad apropiadora, de privatización, de los espacios públicos. ¿Qué tiene que ver esto con lo que me has preguntado? Bueno, yo discuto con los míos, que son los feministas y las feministas; creo en los discursos de igualdad, creo que el lenguaje debe ser inclusivo para recoger los avances de la sociedad. Digo “amigos y amigas” porque hay gente que no se siente incluida de otra manera. Me encanta que se diga “presidenta”. Busco la manera de no decir “los derechos del hombre” porque es más fácil decir “derechos humanos”. Todo eso lo defiendo y lo practico. Como me vas a preguntar si yo creo en la palabra “amigues”, pues te digo que me parece una cosa donde los míos se están equivocando. Lo mismo que hubo gente que se convirtió en secta defendiendo el socialismo que yo defendía, creo que se están equivocando. Con respeto absoluto, porque entiendo su lucha. Sobre todo creo que es una ocurrencia de una elite que corre el peligro de fragmentar ese bien público y común que es la lengua. Pero insisto: es una discusión que mantengo más con los míos que con los machistas. A los machistas, ni agua.

viernes, 13 de mayo de 2022

"Transformar aquel dolor en luz"

El pasado 23 de marzo, Juan Carlos Talavera publicó en el diario mexicano Excelsior la Sandra Cisneros, poeta y narradora estadounidense de origen mexicano, a propósito de La casa en Mango Street, novela que acaba de ser traducida al castellano por Fernanda Melchor.


Sandra Cisneros convierte en luz la violencia de un barrio migrante

“Mango Street es cada barrio y cada pueblo del mundo, es el hogar que se incendia y del que queremos rescatar a nuestros seres queridos” frente a un mundo incierto y violento, dice a Excélsior la poeta y narradora Sandra Cisneros (Chicago, 1954), a propósito de la recuperación de su novela La casa en Mango Street, convertida en clásico y publicada por Penguin Random House con una nueva traducción de Fernanda Melchor.

Además, la autora mexicoestadunidense, que hace nueve años vive en San Miguel de Allende, adelanta que trabaja con el compositor Derek Bermel en la adaptación de esta novela para llevarla a la ópera en diciembre próximo; y que en septiembre lanzará en Estados Unidos su nuevo poemario, titulado Mujer sin vergüenza.

Descendiente de migrantes mexicanos, Cisneros le ha dado forma a una voz literaria que respira bajo la piel de dos idiomas. “Puedo decir que bajo las piedras del inglés están los vestigios de las pirámides del español”, expresa la también autora de Caramelo, que ha recibido premios como el American Book de la Fundación Before Columbus (1985) y la Medalla Nacional de las Artes otorgada por el presidente Barack Obama (2015).

¿Por qué le interesó explorar el problema del lenguaje y de las fronteras en su libro?, se le pregunta a la ganadora del Premio el PEN/Nabokov por Trayectoria en Literatura Internacional (2019). “Es una historia que habla sobre mujeres (migrantes) en las comunidades humildes. Cuando lo escribí fue una reacción en contra de la literatura chicana de los años 90, cuando los hombres describían al barrio de otra forma, sin criticarlo, quizá para crear algo orgulloso y así levantar su autoestima. El libro (publicado en 1994, en EU), lo empecé como memoria, pero en esos años aprendí mucho de la comunidad, porque fui maestra de secundaria y me impactó la vida de mis alumnos, que era más fuerte que la mía. Me sentí muy inútil y empecé a tejer sus historias en ese barrio de mis recuerdos y así nació la novela”, donde Esperanza Cordero cuenta su adolescencia en los arrabales de un barrio que podría ser Chicago.

Y reconoce que la trama nació de la frustración y del amor. “Yo no escribí La casa en Mango Street para ganar premios, sino como una respuesta a la angustia que me invadía. Cada noche, me sentía tan destruida y me iba a dormir con esas historias, pero empecé a escribirlas sin involucrar ningún tipo de ego”.

Lo que ella intentó, dice, fue transformar aquel dolor en luz. “Viviendo en México vemos cosas fuertes y al revisar las noticias te das cuenta de lo que viven los inmigrantes en todo el mundo o de la violencia en cualquier barrio. Todo eso me provoca insomnio y lo escribí para transformarlo en luz. Tenemos que transformar nuestros demonios porque si no, éstos nos transforman a nosotros y nos hacen actuar con violencia, nos provocan frustración y nos hacen sentir enfermos. Para mí, el arte es la medicina y me siento bien cuando transformo esas experiencias en palabras; me dan ánimo, aunque sea por un día más”, afirma.

¿Cómo nació su voz literaria? “Me crie en un hogar con dos idiomas, con el inglés de mi mamá –hija de migrantes de Guanajuato–, y el español chilango de mi papá, quien era tapicero y llegó a EU durante la Segunda Guerra Mundial.

Y agrega: “Mi papá siempre me hablaba en su lengua y eso le dio un sazón mexicano al inglés que escribo. Yo tengo una conexión tierna con el español, porque gracias a mi padre, que fue un hombre tierno y cariñoso, encontré el idioma del amor; mi mamá daba órdenes, como general, era muy fuerte y seca, y aunque era mexicoamericana hablaba en inglés como primer idioma”.

¿Cómo observa el tema migratorio en el mundo? “Las situaciones que escribí en la novela aún son problemas actuales en EU y en México. Sin embargo, el libro lo que intenta es despertar la conciencia de cualquier persona que se siente impotente por ser humilde y por ser mujer”, concluye.

jueves, 12 de mayo de 2022

Diversas opinones sobre a quién le sirve la Feria del Libro de Buenos Aires y para qué se hace


“El discurso inaugural de Guillermo Saccomanno generó interrogantes sobre este evento literario: ¿La Feria está llamada a delimitar qué es la literatura y qué no? ¿Puede ser también puente para acercar libros a otros públicos?” Esto dice la bajada de la nota que firmó Mercedes Ezquiaga, en el sitio de la agencia TELAM, el pasado 7 de abril, donde diversos escritores –todos narradores, ninguno poeta, dramaturgo o ensayista, porque, para la prensa, literatura sólo es sinónimo de novela– reflexionan sobre el sentido que suponen debería tener la Feria del Libro de Buenos Aires.

¿Comercial o literaria?: una herida que la Feria del Libro no logra curar

¿Cuál es el rol en la actualidad de la Feria del Libro? El discurso inaugural a cargo de Guillermo Saccomanno cuestionó, de manera tan controversial como eficaz, la función de un evento cultural ineludible en la agenda local, de insoslayable carácter comercial aunque ese afán ¿desmerece las otras funciones posibles de este masivo encuentro? ¿La Feria está llamada a delimitar qué es la literatura y qué no? ¿O puede ser también puente para acercar a los libros a un público que no tiene relación fluida con la lectura? Los escritores opinan al respecto.

"Toda feria tiene un propósito comercial. Hasta la de artesanos de Plaza Francia, no hay que ser hipócritas con esto, porque si no, no avanzamos en la discusión", advierte el escritor Edgardo Scott en diálogo con Télam.

Y, señala: "Creo que el malentendido viene por el aura mainstream, por esos grandes stands de los grandes grupos o multimedios, por los auditorios, que puede mover multitudes justamente a partir de 'espectáculos' o libros que quizá no tienen un valor literario. Para la literatura esa es la herida que la Feria nunca logra curar: que se la invoque como su más alto valor pero después quede muy relegada en convocatoria respecto de otros eventos".

Oriundo de Lanús y afincado en Francia, el autor de Cassette virgen y Contacto supone que "la Feria deberá resolver esa contradicción pero también creo que era mucho pedir que lo resolviera en esta edición".

"Hace décadas que la Feria es menos una feria de la literatura que, como su nombre no miente, 'del libro', de la industria del libro.Y sabemos que el libro 'literario' si bien es la parte acaso más representativa o prestigiosa, también es la que menos rédito da a la industria. Creo que la Feria debería explotar más el hecho de toparse con mucha gente que durante el año no va a una librería", recomienda Scott.

"El problema está en pensar que la Feria es una librería más grande. Las librerías son como las iglesias: solo van los fieles, los que ya tienen un entrenamiento de lectura. La feria se ha convertido en un lugar mucho más amplio, con una gran cantidad de materiales que oscurecen el panorama, que no dejan ver la literatura. Y ahí hay una pelea que dar: podés llegar a personas que quizás van a leer un único libro en el año, entonces propongamos una instancia de señalamiento para que puedan llegar a un buen libro, a una propuesta literaria. Es una batalla que vale la pena dar: tratar de ganar lectores para la literatura", sugiere por su parte Guillermo Martínez.

En ese sentido, el escritor plantea que la Feria del Libro debería repensar los beneficios de su proyección masiva e incluso capitalizarlos en otras estrategias y dice: "La Feria debería hacer un señalamiento sobre lo que es literatura, dentro del caos, del pandemónium de cosas que hay, debería existir una instancia donde diga 'la literatura está por acá'".

"Se podría hacer algo similar a la entrega de los Premios Oscar, incluso con el glamour, pero de premios a la literatura. ¿Viste que la gente va a mirar las películas de los Oscar, para poder opinar? Bueno, que sea lo mismo, que el público tenga claro que hay algunos libros que la gente de la literatura recomienda", afirma Martínez.

Para el autor de Crímenes imperceptibles y Borges y la matemática podría funcionar como un premio anual, que incluya una selección de los diez libros más votados, "como pasa con las películas de Hollywood, y deberían estar esos 10 libros en todos los stand. No imponiendo, sino señalando. Aunque luego una gran mayoría vaya corriendo a comprar astrología o tarot que también son libros, podremos ganar una parte de esos lectores hacia la literatura. Yo lo haría de esa manera".

Se sabe que la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires es un mega evento con más de 1.500 actividades, en una superficie de más de 45.000 metros cuadrados, -la más concurrida en el mundo de habla hispana-, que en sus casi tres semanas de duración suele recibir la visita de más de un millón de lectores y doce mil profesionales del libro, como editores, libreros, distribuidores, agentes literarios, ilustradores, bibliotecarios, diseñadores, traductores y escritores provenientes de 23 países.

"Esta es la gran oportunidad que te da la Feria, el único evento de rock masivo que tienen los libros es la Feria, entonces ¿se lo vamos a regalar a los de la televisión? ¿a los de redes sociales? ¿a los que ya tienen todo? No, ahí hay que dar una pelea de la literatura, y es una instancia legítima para dar una pelea, porque esta feria la crearon los escritores, los editores. ¿Vamos a regalar eso a los mismos de siempre?", se interroga Martínez.

Por el contrario, para Ana María Shúa la Feria no tiene por qué señalar qué es literatura y qué no lo es: "Como su nombre lo indica es una feria, por lo tanto, lo que tiene que hacer es vender muchos libros, todos los libros posibles. No veo que tenga que tener otro rol que eso, y ya es bastante", asegura.

La autora de La muerte como efecto secundario, La sueñera y Casa de geishas se extiende en su definición y sostiene: "No es una feria de literatura, se venden todo tipo de libros, de cocina, ensayos, fotografía, de cualquier cosa, y eso no la vuelve ofensiva ni objetable. No tiene nada de malo que tenga un propósito comercial, y el hecho de que lo tenga no quiere decir que al mismo tiempo no pueda proponer una aproximación cultural al fenómeno del libro. Las dos cosas son ciertas".

"Cualquier cosa que sirva para atraer hacia el libro a gente que habitualmente no entra a una librería que es lo que pasa un poco con el público de la Feria- me parece maravilloso y es justamente una de las cosas buenas de la Feria, que promueve el libro entre personas que no son lectores habituales. Los booktubers y los tiktokers son fenómenos que están presentes en la feria porque cumplen esa misma función", destaca la escritora y guionista.

Otro escritor que se posiciona frente al fenómeno de la Feria del libro y los diferentes sentidos que este masivo evento instala o que pone en disputa es Hernán Vanoli: "Creo que la Feria debe ser un evento dedicado a la difusión de la literatura argentina y un punto de confluencia regional, pero no es ninguna de estas cosas. Me gustaría que hubiera una programación un poco más conceptual y vinculada a problemáticas nacionales", señala el novelista.

Autor de El amor por la literatura en tiempos de algoritmos, y Varadero y Habana maravillosa, Vanoli cree que en lo que respecta a la Feria como un espacio señalador de lo que es literatura "podría hacer cosas para remediar esto, pero no lo hace, y no sé si es porque no puede, por falta de imaginación o de interés. Es una feria netamente comercial, que corona lo que funciona en el mercado, con algunos arrestos individuales de políticas culturales que son valiosos pero insuficientes".

Para el escritor, el acercamiento a la lectura de nuevos públicos que la Feria consigue a través de fenómenos como por ejemplo el de redes sociales "es interesante aunque está pensado con la lógica de un gran supermercado con sus cabezas de góndola, sus saldos a vender, sus pequeños productores de nicho".

"La Feria es un supermercado y no veo que eso esté mal; un supermercado donde todos tienen un espacio para hacer su gracia", desmenuza.

miércoles, 11 de mayo de 2022

¡La edición convulsionada!

Como recordarán los lectores, la mente del narrador y traductor Andrés Ehrenhaus hierve permanentemente a muy diversas temperaturas. Pero, en ocasiones, los resultados de tales hervores se limitan a un baño María que arroja productos como el que sigue, cuya pertinencia, se comprenderá, es absoluta. 

¡Alarma mundial! ¡La traducción al alza! (Y Saccomando dijo mierda 2) 

¡La edición convulsionada! ¡Se dispara el precio de la traducción! En los últimos tiempos, los indicadores globales vienen señalando un ascenso firme y sostenido de los costos de edición debido al alza experimentada por la traducción, específicamente la así denominada “literaria”, que los expertos relacionarían con la crisis de desabastecimiento y la tendencia inflacionaria a nivel mundial. Acontecimientos como la ulterior pandemia y el actual conflicto bélico habrían incidido de manera conspicua en la escalada de precios de los isumos autorales, de los cuales la palma se la lleva la ya mencionada traducción literaria, que amenaza con subvertir las reglas ya tradicionales de la edición de obras vertidas a una lengua distinta de la original. El sector industrial está evaluando toda clase de opciones alternativas y ya se escuchan voces airadas que manifiestan su preocupación ante un fenómeno de índole aparentemente imparable. Un alto cargo de uno de los principales conglomerados editoriales, que ha preferido permanecer en el anonimato, abundaba en ello de la siguiente manera: “El hecho es irreversible y tenemos que rendirnos ante la evidencia, de lo contrario nos encaminamos a una situación de no salida. Sin traducción no hay edición de obras extranjeras, que representaba hasta ahora alrededor del 75% de nuestra producción, así que vamos a tener que reducir el gasto en otros insumos más contingentes, digamos, como el papel, los costos de imprenta, la promoción, los gastos de representación e incluso, mire lo que le digo, nuestros propios salarios. ¡Imagínese el descalabro que esto supondría!” A la luz de estas confidencias, no sorprende su voluntad de anonimato. 

Otros apuntan a una profunda reformulación de los márgenes proporcionales que inciden en toda la cadena de venta del libro. Se trataría en este caso de renegociar con distribuidoras y librerías y demás intermediarios de la cadena unos porcentajes insostenibles y basados en normas y circunstancias totalmente desactualizadas, toda vez que la incontenible marea de incrementos autorales afecta tanto a las tarifas por encargo como a los porcentajes de los así llamados “royalties”, que en las últimas semanas ya han superado la legendaria barrera de los dos dígitos. Ello ha abierto un nuevo frente interno en el seno de las corporaciones y lobbies de editores, algunos de los cuales estarían reclamando medidas más drásticas e inmediatas, como por ejemplo la implementación de amplios descuentos fiscales en todo lo relativo a la creación o, incluso, la aplicación de una amnistía impositiva aplicada, valga la redundancia, a los insumos autorales. Medios afines a las administraciones estatales no han avanzado ninguna hipótesis al respecto, dados las repercusiones que tales medias (calificadas de “salvavidas pinchados” en los mentideros oficiales) podrían llegar a tener. 

Pero no acaban allí los devaneos y las tribulaciones editoriales. Puesto que la traducción literaria es, a efectos financieros, como el oro, el petróleo u otras materias primas, es decir, un bien cultural cuyo valor simbólico se condice con su valor de mercado, sujeto a fluctuaciones pero nunca contestado en su esencia, no han faltado aquellos que, con un criterio un tanto oportunista y casi se diría trivial, han intentado operar prescindiendo de ella, con las consecuencias ya por todos conocidas. Tal es el caso de una conocida casa editorial que lanzó hace apenas unos meses una colecciónde clásicos universales “traducidos a  la nada”, es decir, idénticos a los originales en todo, coma por coma y errata por errata. Huelga mencionar que esta operación, basada en una banalización de la menardización propuesta como un juego ficcional por una de nuestras luminarias universales, obtuvo una respuesta tan desastrosa por parte del público que la susodicha casa fue a la quiebra y ahora está en convocatoria de acreedores; tal fue su descalabro y desprestigio que no hay megagrupo que quiera fagocitarla. También resuenan aún en la memoria los inanes esfuerzos de otros sellos por adaptarse a las exigencias de sus asesores financieros y sus directores comerciales y “despersonalizar” las traducciones, poniéndolas en manos de máquinas y motores informáticos, lo cual acabaría de un plumazo con el problema de tarifas y derechos. ¿Quién no recuerda el reciente batacazo que se dieron las lujosas ediciones a todo trapo de Alicia a través del vaso mirador, Agarra veintidós (Coge veintidós en la edición española), La ciencia de los gays o Harry Potter y el medio príncipe de sangre, por reflejar apenas algunos ejemplos? El fracaso, claro está, fue sonado. “¿Sabe que pasó?”, confiesa uno de los responsables del traspié, “Cuando quisimos someter las traducciones no humanas al sabio criterio de correctores y editores de mesa con experiencia, descubrimos que los viejos habían muerto de inanición [sic] y los jóvenes directamente no existían: el oficio estaba baldío”. 

Sea como fuere, y dada la potencia tanto cualitativa como cuantitativa del sector de la traducción literaria, las soluciones pasarán indefectiblemente por reducir costos y percentiles superfluos... o asistir al fin de la edición global de libros de otras lenguas y culturas (incluidas la nuestras, claro, ¡que tampoco se traducirán!). 

Suerte en pila.

martes, 10 de mayo de 2022

Lectura de poetas traductores de poesía

El pasado sábado 30 de abril, en el marco del Festival Internacional de Poesía, que coordinó Miguel Gaya para la Feria del Libro de Buenos Aires, tuvo lugar una lectura de poetas que traducen poesía, en la que se leyeron diversas traducciones al castellano de textos provenientes del inglés, el italiano y el catalán. Participaron, en orden alfabético, Jorge Aulicino, Silvia Camerotto, Nacho Di Tullio, Jorge Fondebrider, Inés Garland y Jonio González.

Quienes estén interesados en ver esa sesión pueden hacerlo en 

https://www.youtube.com/watch?v=GAa0348KrK4