miércoles, 20 de mayo de 2026

"Creo que todo editor debería tener una época en su vida de librero"

Diego Moreno (1976) fundó la editorial española Nórdica en 2006. De visita en Buenos Aires, concedió al diario Clarín, la siguiente entrevista, realizada por Carola Brandariz y publicada el pasado 13 de mayo.



"Queremos defender los oficios del libro frente a la IA"

Cuando un cliente de la librería en donde trabajaba le recomendó Hambre de Knut Hamsun, Diego Moreno experimentó un shock literario. Ese descubrimiento de la literatura nórdica fue la llama que lo llevó a fundar su propia editorial. Nórdica nació en Madrid en 2006 con la ambición de publicar esa literatura hasta entonces poco traducida al castellano y se propuso también crear libros ilustrados para el público adulto.

De visita en Buenos Aires, los ojos de Moreno sonríen cuando cuenta a Clarín que hace dos años consiguió los derechos de Hambre y se reservó la publicación para celebrar el veinte aniversario de la editorial.

Moreno ha recibido numerosos reconocimientos por su tarea de editor, entre ellos un nombramiento como Caballero del Reino de Noruega. Hoy, el catálogo de Nórdica incluye cientos de títulos, con nombres como el de Jon Fosse, Tomas Tranströmer, Vigdis Hjorth o Kjell Askildsen, y colecciones con obras de autores de países diversos, clásicos, poesía, teatro, ensayo, cómics y libros infantiles.

–¿Qué evaluación hacen de la trayectoria en estos veinte años?

–Hace veinte años éramos una editorial muy pequeñita, no es que ahora seamos mucho más grandes, pero hemos crecido, y el mundo del libro, aunque suele ser bastante estable, sí que ha tenido tenido cambio. De lo general a lo particular, el mercado se ha ido haciendo más complejo, hay muchas más editoriales. En España las Asteroide, Impedimenta, Periférica, Sexto Piso y Nórdica– y en estos años ha sido como la gran eclosión de la edición independiente, con lo cual las librerías se han enriquecido. Creo que hemos aprendido los editores en general a hacer mejores libros, es algo positivo. El librero se ha sofisticado, conoce mucho mejor las herramientas de trabajo, los sellos. La capacidad para llegar a otros países también es mucho mayor. Nosotros tardamos cinco años en empezar a tener una distribución importante en América y hemos tardado quince años más en perfeccionarla. Es decir, que esté Riverside aquí, Océano en México, Siglo del hombre en Colombia, grandes distribuidoras con las que trabajamos de manera directa con equipos de trabajo locales. Estos procesos que antes eran impensables, la técnica, la tecnología, nos lo han hecho posible. Tenemos capacidad para comunicarnos con las redes sociales y difundir materiales de Nórdica a cualquier país del mundo, es un avance inmenso. La parte, digamos, menos bonita es que tenemos incertidumbres y enemigos, al menos temporales, como pueden ser estas cosas que tenemos [los celulares] que nos facilitan la mucho la vida, pero a la vez, si hace veinte años la lectura, el cine, la música eran los pilares del tiempo de ocio de una persona, ahora esto es abierto. Hemos ganado cosas, pero hemos perdido también la paciencia que hace falta para leer un libro. Sin haber cambiado tantísimo el sector, o sea, haciendo libros de manera similar a como se hacían hace veinte o treinta años, pero con cambios estructurales en el pensamiento y en el tipo de ocio que sí que afectan obviamente.

–Hablaste de tecnología, un tema de conversación en el mundo editorial es el uso de la IA. ¿La incorporaron al trabajo de la editorial?

–Yo soy tremendamente beligerante. Desde el comienzo la tecnología nos ha ayudado a sobrevivir en la editorial, gracias a tener ordenadores Apple baratos pudimos montarla y trabajamos mucho con software de diseño, pero el salto a la IA generativa es algo que es una barrera de Nórdica. No la utilizamos para crear ni para traducir y no lo vamos a hacer. Somos militantes defensores de los oficios del libro, de que los traductores vivan, cobren y sigan existiendo. En Nórdica casi todo el catálogo son traducciones. Queremos defender el castillo mientras podamos.

–Hablando de traducción, ¿por qué te parece importante traducir de nuevo los clásicos?

–Yo creo que cada generación debe tener acceso a su lectura de los clásicos. Yo recuerdo los clásicos que leía cuando era joven y si los leo ahora mismo, el lenguaje, el idioma ha cambiado mucho. La manera de traducir también cambió. Si el traductor tiene acceso a fuentes originales, puede estar trabajando aquí, ver una biblioteca de Oslo en tiempo real descargándose una primera, segunda, quinta edición, eso se puede hacer ahora que no se hacía antes. En el caso de Nórdica, casi todas son nuevas traducciones. Solamente en algunos pocos casos, que son traducciones insuperables, que son parte ya como de la cultura, se mantiene la traducción. El resto, todas se hacen nuevas. El año pasado, por ejemplo, hicimos una de las cosas más raras de la editorial. Habíamos publicado Frankenstein de Mary Shelley hace diez años y lo hemos vuelto a traducir el año pasado. La primera era una traducción comprada muy buena, pero como de hace treinta años, algo así. Y yo tenía ganas de tener una traducción contemporánea, actual y me pareció que el momento de la película iba a ser como una gran excusa para releer el libro. Yo creo que es una de las cosas por las que la gente busca a Nórdica.

–Sé que tuvieron un boom con Noches blancas de Dostoievski.

–Sí, increíble. Hemos vendido casi 50 mil ejemplares. Una locura, es un libro que está disponible en decenas de ediciones, lo puedes encontrar gratis en internet. Y la gente quiere la edición de Nórdica. Algo has hecho bien cuando tu objeto que es más caro que el de ninguna editorial, es el que la gente quiere. Hay algo en el trabajo del ilustrador que conecta con la experiencia del libro. El trabajo gráfico es muy bueno y la traducción además es la mejor. Los traductores de España dan un premio a la mejor traducción y hace un año lo ganó esta. Son fenómenos que no quieres entender, en realidad, y que son imposibles de replicar, pasan una vez y ya está. Hay que reimprimir y disfrutarlo.

–Cuando crearon la editorial, apuntaron a dos nichos que no estaban tan desarrollados. ¿Fue un riesgo o fue más fácil empezar así?

–Lo que puedes hacer cuando montas una editorial es no hacer lo que hace la gente. Si haces lo que hacen otros, muy difícilmente vas a poder sobrevivir, pero eso pasa con frecuencia. Nadie hacía nórdicos no policiales en España y nadie hacía ilustrados. El zorro rojo empieza a la vez, más o menos, pero no teníamos referentes, nos lanzamos un poco al vacío a crear una manera de hacer ilustrados para adultos en los que la ilustración fuese una creación literaria en imágenes, digamos. Tomamos el riesgo. Los nórdicos tardaron cinco años hasta el primer premio Nobel, Tranströmer, en tener viabilidad económica, los primeros años eran deficitarios. Pero los nórdicos, con El festín de Babette de Isak Dinesen ya funcionaron, tuvo un enorme éxito esas primeras Navidades y desde entonces hasta hoy que llevamos 220 títulos ilustrados, casi todos han sido exitosos. La gente necesitaba esos libros.

–Hace tiempo ampliaron el catálogo y tienen varias colecciones, ¿cómo se mantiene la coherencia?

–La coherencia esencial es que la misma persona que elige una cosa hace veinte años lo elige hoy. Eso no es habitual. En un gran grupo pasan decenas de editores, cada uno con sus gustos y ahí va habiendo cambios de todo tipo. Aquí mi cabeza es la misma, mis gustos los mismos. Es cierto que hemos ampliado no solamente la línea, sino también un poco los objetivos. Antes publicábamos muchos clásicos, ahora publicamos mucha literatura contemporánea. Autoras jóvenes nórdicas que hablan de la familia como nadie, Vigdis Hjorth, Helga Flatland, Marie Aubert, literatura africana. Me interesa mucho la literatura de gente que está en los márgenes. Publicamos a una autora mexicana que vive en Estados Unidos y que habla de cómo la sociedad norteamericana dificulta la vida a una familia mexicana en Nuevo México, a una escritora italiana que sus orígenes son de Somalia. Pero igual que te publico una autora somalí de veinte años, te publico luego otra vez a Dostoievski o Kafka. Me interesa que vayamos yendo y volviendo, o sea, que cuando te publico un autor de principio del siglo XX, luego veas que si hay algo contemporáneo, se sostiene. La coherencia es porque esos autores viven y beben de lo que ha pasado en sus literaturas previas. Hay una línea que es clara.

–¿Te ha pasado que te guste mucho algo, pero saber que no es para la editorial?

–Sí, sí, me ha pasado. No muchas veces, pero sí. Me ha pasado tanto decidir no publicarlo como publicarlo y que el libro no funcione porque la editorial no era la indicada. De alguna manera, tu catálogo expulsa y haces que funcionen cosas que solamente funcionan en Nórdica. Hay como una lógica que va más allá de ti mismo. Ahora lo que intento es, cuando veo que esos libros no son para Nórdica, no publicarlos. Si yo publicara a una autora española de veinte años, no le hago ningún favor porque nadie va a esperar eso en Nórdica. Una cosa que empezamos, que es curioso porque tendríamos que haberlo hecho hace años, es la literatura japonesa, a la que accedí porque me interesaba mucho el tema. Abrimos una línea y eso sin embargo nos ha ido muy bien. Luego, uno lo piensa y [Aki] Shimazaki escribe como una nórdica. Porque el minimalismo japonés y el nórdico son hermanos. Por eso me gusta y por eso encajan bien en el catálogo, hablan el mismo lenguaje literario.

–¿Qué particularidades tiene la edición de un libro ilustrado?

–Tiene varias. Lo primero, que un libro ilustrado no es un libro con dibujos, que es una idea que la gente ha tenido mucho tiempo. No. Yo hago el casting, selecciono quién va a trabajar, por ejemplo, con Stephen King, que lo hemos publicado y me encanta. A Ana Juan le encanta el mundo oscuro, gótico. Son buena pareja. Los junto y dejo que haga lo que le dé la gana. Yo no intervengo nada, el trabajo de creación es puramente del ilustrador. Es muy diferente a lo que se hacía habitualmente en el mundo ilustrado. Otra de las características es que son libros que siempre hago yo. Yo lo maqueto, lo diseño, busco la tipografía, creo la narrativa. Es un libro de autor en todos los sentidos. Y luego, en el caso de Nórdica, quien manda es el libro. Me explico. Las cubiertas en esta colección son todas diferentes, no hay dos iguales. Esto se debe a que cuando empezamos, como nadie hacía libros ilustrados, el libro ilustrado ya era Nórdica.

–Has contado que el primer libro que publicaron fracasó por una decisión de diseño de tapa. ¿Cuánto incide la tapa para que un libro se venda?

–Cuando empiezas una editorial, empiezas a veces con la ingenuidad y también la soberbia de pensar que si haces un libro bueno, puedes permitirte hacer lo que quieras. Es una estupidez enorme, eso no se sostiene. Pensamos en el primer libro tipográfico, es decir, sin imágenes. Hicimos dos así, creo. Una cosa buena que tengo es que me confundo, obviamente, como todo el mundo, pero si me dicen que esto no está funcionando, lo cambiamos, no tengo ningún miedo. Creo que nada es sagrado en esto. El diseño de tapa es esencial porque en una librería hay cientos de libros compitiendo en la mesa. Tienes que lograr un buen texto, pero hacer muy bien la cubierta. Que represente lo que es el libro, pero que sea dentro de lo posible lo más estéticamente agradable y llamativa. Y esa unión de todo es complicada. De hecho, en los libros ilustrados, en lo único que el ilustrador no tiene peso es en la cubierta. Lo negociamos, pero yo tengo la última palabra porque yo veo el mundo comercial. Y aquí hay que tener la parte estética, pero tienes que defenderte en una librería. Y una mala cubierta te arruina el libro.

–¿Qué tanto te enseñó ser librero para ser editor?

–Mucho. Yo creo que todo editor debería tener una época en su vida de librero. El editor, con frecuencia, piensa que como está buscando buenos libros, el libro ya está hecho y se olvida, lo manda al distribuidor y a veces ni siquiera pisa una librería. O sea, no sabes lo que está pasando. No sabes lo que la gente está buscando, cómo se están colocando los libros. No sabes tampoco lo que hace falta. A mí me ayudó mucho el ser librero a ver tendencias y cosas que no se publicaban.

–Te escuché decir que un próximo desafío es publicar teatro. ¿Por qué el teatro?

–Porque nadie lee teatro y es una pena. A la gente le gusta, va a ver obras de manera frecuente, pero al mismo tiempo algo que se hacía durante décadas, siglos, que era leerlo, se ha perdido. Y cuando lees un libro de teatro es muy fácil, muy natural, o sea, son diálogos, es muy fluido. Acabamos de publicar todo el teatro de completo de Ibsen. Pero encontrar el librero que tenga un sitio donde poner teatro es lo más difícil de todo. La poesía se vende bien, el cine, la música se venden bien. El teatro, dificilísimo. Y no creo que sea comprador, creo que es el primer filtro que es la librería.

–¿Cómo es el vínculo de la Argentina con tu catálogo?

–El vínculo es importante desde hace muchos años, nuestro catálogo funciona muy bien en Argentina siempre. Nórdicos como Askildsen han sido muy valorados, la literatura japonesa también. En el caso de autores argentinos, tenemos una colección pequeñita, Mini lecturas, en la que Cortázar fue nuestro gran éxito. Dos Cortázar que nos dieron de comer durante mucho tiempo, que no hemos podido vender aquí nunca porque no teníamos los derechos para Argentina, pero sí para España. Y luego, uno de mis libros favoritos de Nórdica, sin lugar a dudas, que es un Atlas de literatura latinoamericana que coordinó Clara Obligado. Creo que es de los cinco libros que considero más importantes por lo que suponen en el catálogo, por la construcción del libro, que es único en el mundo, en el que escritores de todos los países latinoamericanos nos hablan de sus escritores esenciales, sobre todo fuera del boom. Era como decir a la gente, "oye, que el boom ya pasó." Ahí está Mariana Enriquez escribiendo textos, Leila Guerriero. E ilustrado por Agustín Comotto, que es un ilustrador argentino que vive en Barcelona y que somos muy amigos desde hace mucho tiempo.


martes, 19 de mayo de 2026

El SPET se multiplica en mayo



Con tres actividades distintas, el SPET propone una jornada bien cargada durante el mes de mayo.

Investigaciones en el SPET curricular

En el próximo encuentro se expondrán tres trabajos realizados en SPET curricular. Con esta modalidad de reunión, estrenada en la sesión del 7/08/2019, ofrecemos nuestro espacio para que graduadxs recientes muestren sus investigaciones a la comunidad académica. Pretendemos además facilitar el contacto con la unidad curricular a lxs estudiantes que todavía no la cursaron y, para aquellxs que ya lo hicieron, ofrecer una experiencia de comunicación de resultados.

La sesión se llevará a cabo el miércoles 27 de mayo a las 18.30, en el aula Lapacó (ex 400) del IES en Lenguas Vivas “Juan R. Fernández”, Carlos Pellegrini 1515. También se podrá participar por videoconferencia, en el siguiente link: https://meet.google.com/xwx-qidp-wvg. Les agradecemos que confirmen asistencia.

Daniel Keselman: "Ediciones Tirso: la traducción de literatura homoerótica en las décadas del cincuenta y sesenta"

Daniel Keselman es Traductor en Francés (IES en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”) y profesor de FLE. Se aboca tanto a la traducción como a la enseñanza del francés en instituciones públicas y la Alianza Francesa de Buenos Aires. Es examinador de los exámenes internacionales DELF. Fue asistente de español en Francia por el período 2021-2022. Entre otros trabajos, subtituló cortos presentados en el Festival Internacional de Cine Africano de Argentina y el Festival du film étudiant de Québec.

Lecturas sugeridas
Falcón, Alejandrina (2019). “Hacia el hondo bajo fondo: prohibición y censura de traducciones en la Argentina (1957-1972)”. En TRANS: Revista De Traductología, 23, pp. 83-96. Disponible en: https://doi.org/10.24310/TRANS.2019.v0i23.5221

Peralta, José Luis (2020). “Tirso. La primera editorial ‘gay’ latinoamericana”. En Moléculas Malucas. Disponible en: https://www.moleculasmalucas.com/post/tirso


Julia Larrañaga "La luz de otra memoria: Ida Vitale traductora (primer boceto de un retrato)"

Julia Larrañaga es traductora literaria y técnico-científica en Francés (IES en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”). Se desempeña como traductora independiente y como docente de francés. Fue alumna ayudante de la materia Teoría y análisis literario del Traductorado en Francés (IESLV “JRF”), a cargo de Magdalena Arnoux. Es miembro del grupo de estudio e investigación del SPET. Además, es pintora.

Lecturas sugeridas

AA. VV. (2019). Ida Vitale. Palabras que me cantan: homenaje al Premio Cervantes [catálogo]. Universidad de Alcalá y Centro Cultural de España en Montevideo. Disponible en: https://cce.org.uy/wp-content/uploads/2019/08/094-INT_LIBRO-IDA-VITALE.pdf

Chesterman, Andrew (2022 [2009]). “Nombre y naturaleza de los Estudios del Traductor”. Trad. de Iara Antebi Sacca, Paula Steimbach y Mariana Peredo. En Lenguas Vivas, 18, pp. 81-88. Disponible en: https://ieslvf-caba.infd.edu.ar/sitio/wp-content/uploads/2022/12/RevistaLV_18.pdf


Mariano Raffaelli: "La importación y traducción de poesía de la periferia de São Paulo: el caso de Saraus"

Mariano Raffaelli es profesor de Letras por el IES 1 “Alicia Moreau de Justo” y Traductor de portugués por el IES en Lenguas Vivas “Juan Ramón Fernández”. Se desempeña como docente de Lengua y Literatura de nivel medio y como docente suplente de Traducción Literaria en el Traductorado en Portugués (IESLV “JRF”). Realizó seminarios de posgrado en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Córdoba. Forma parte del grupo de estudio e investigación del SPET.

Lecturas sugeridas

Hapke, Ingrid (2010). “É imprescindível que a produção dos escritores da periferia seja reconhecida como literatura” [Entrevista a Érica Peçanha Do Nascimento]. En Fórum de Literatura Brasileira Contemporânea, 2, 3. Disponible en: https://revistas.ufrj.br/index.php/flbc/article/view/17339

Sorá, Gustavo (2012). “Libros para todos y modelo hispanoamericano”. En Políticas de la memoriaAnuario de investiga

lunes, 18 de mayo de 2026

"Autoimponernos distintivos de pretendida superioridad ética no garantiza necesariamente la superioridad creativa de nuestra producción"

Una reciente iniciativa española, sugiere un "sello de traducción humana" para garantizar que los libros traducidos no respondan a traducciones realizadas mediante Inteligencia Artificial (cfr. la entrada de este blog correspondiente al 26 de mayo pasado). El escritor y traductor Andrés Ehrenhaus, residente desde hace décadas en Barcelona, reflexiona a  continuación, sobre la cuestión. 

De lo humano, su siniestralidad y los distintivos de pureza

Cuando Freud estaba escribiendo su clarividente trabajo sobre lo Unheimliche, seguramente no se detuvo ni un instante en pensar en cuántos apuros pondría a sus traductores al castellano y a gran parte de la teoría y práctica psicoanalíticas de ese ámbito lingüístico y cultural. La traducción canónica de die Unheimliche acabaría siendo “lo siniestro”, en un giro de distorsión obligado por la matriz latina de nuestra lengua, que no siempre tiene la agilidad y cintura necesarias como para correr a la par de las germánicas, capaces de complejizar y darles la vuelta a los conceptos con un simple prefijo. Me pregunto si no habría sido más acertado y certero traducirlo por “lo incómodo” o, más débilmente, por “lo inquietante”, habida cuenta de que siniestro no es ni siquiera lo opuesto a diestro o viceversa. En inglés, que sí tiene esa cintura por herencia y por derecho propio, la cosa se tradujo por the uncanny, cuya polisemia sin embargo también se queda, para mi gusto, un poco corta. ¿Por qué no aprovechar, ya que estaban, la ambigüedad de homely y retorcerlo chespiriana y froidianamente? ¿Por qué no se atrevieron a darle patente de corso a unhomely? Chi lo sa. En todo caso, en lo que a nuestro ámbito respecta, la torsión se perdió del todo y quedó sumida en las oscuras aguas de lo que no es “derecho”. Y no es lo mismo. Porque en ese texto la atención de Freud se detiene, justamente, en la ominosa sombra de lo hogareño, de lo familiar, y en su siniestro presagio. Lo que a Freud, tras recorrer los usos lingüísticos de ambos términos, le llama la atención es que la sensación de siniestralidad parezca emanar precisamente de la parte “buena”, familiar y conocida y que, yendo aún más allá y con la venia de sendos diccionarios de autoridades, heimlich y unheimlich acaben confluyendo en el mismo cono de sombra por arte de la arista íntima, resguardada, oculta, secreta, de aquello que el hogar debería albergar o poner a cubierto. Usos que se hacen patentes por ejemplo en Geheim, que significa secreto, en Heimlichkeiten, artes mágicas, o en las partes heimlich del cuerpo, que son las pudendas. Para Schelling, dice Freud, unheimlich sería todo lo que debió quedar oculto, secreto, pero, para bien o para mal, se ha manifestado. Lo siniestro manifiesto. Y heimlich, lo escamoteado al conocimiento, lo inconsciente. Así, ambos serían representaciones igualmente inquietantes de lo ominoso con la única diferencia de que lo siniestro ha escapado de las mazmorras del hogar y lo hogareño no. La ambivalencia del término alemán es tal que supera ampliamente, como la tortuga a la liebre, a la pacata oligosemia de nuestro vocablo, de manera que parecería bastar con decir heimlich para señalar una cosa y la contraria.

Pues bien, voy a servirme aviesamente de la brillante y atrevida argumentación froidiana (que mi torpeza quizás haya embarrado en lugar de sintetizarla) para ilustrar, desde una perspectiva sin duda asilvestrada y muy poco académica, mi sospecha de que algo muy similar ocurre con el concepto de “lo humano” y su para mí forzada membresía en el club de “lo bueno” . Ya ni siquiera me hace falta el apoyo crepuscular del alemán, que encima le añade género al género y lo acaba de enterrar (menschlich, humano, lo que caracteriza a los hombres; Menschlichkeit, humanidad, comunidad o conjunto de los hombres). Incluso pasando esto por alto, el término chirría por todas partes y es tan ominoso y digno de sospecha como lo hogareño, lo familiar, lo doméstico, lo que se debe mantener a resguardo y esconder en el cuarto más recóndito de la casa. ¿No sería eso acaso lo “malo”, lo inhumano? ¿Y lo inhumano de quién, de quiénes? De nosotros, ¿verdad? Porque no vamos a molestarnos en esconder y mantener en secreto algo que no nos comprometa como humanos, algo que no sea lo “humano inhumano”, algo que no confluya en el mismo cono de sombra. Sólo que, en este caso, lo ocultador de lo malo sería el prefijo, y lo humano sería eso inhumano que ha conseguido escapar de la oscuridad doméstica y mostrarse a la luz. Sería nuestro secreto desvelado. Nuestro envés. Porque, ¿cuántas veces hemos escuchado eso de “fulanito tuvo un comportamiento inhumano”? Como si el hecho de comportarse“inhumanamente” fuera ajeno a fulano y no inherente a su humanidad, como si lo inhumano  de los humanos se nos hubiera pegado como un chicle a la suela del zapato que con un poco de aguarrás se pudiera despegar. Cuando, por otra parte, tanto el chicle como el zapato como el aguarrás son creaciones humanas, son muestras de nuestra creatividad. Igual que el napalm, la imprenta o la picana eléctrica. O la IA.

Y aquí llegamos al punto crudo. ¿Es humana o inhumana la IA? Y suponiendo que fuera lo segundo, ¿dónde radicaría su inhumanidad? ¿En su condición de artificio? ¿De herramienta sin alma? Mi planteo es sencillo, primario, rayano con la imbecilidad: si usar un destornillador para atornillar un tornillo no constituye per se un acto inhumano, un uso inhumano de una herramienta inhumana y, en cambio, usarlo para asestarle 18 puñaladas a un gatito doméstico sí, ¿no radicaría la inhumanidad (la perversión) del acto en el humano que lo comete antes que en la propia herramienta? ¿No vuelve “inhumana” a la herramienta el uso “humano” que se haga de ella? ¿No es el humano quien decide pervertirla? ¿Y no es por tanto la inhumanidad una opción “ética”, si se quiere, de lo humano y no una condición inherente a la herramienta? Porque, ¿qué tiñe de mayor inhumanidad al napalm que a la penicilina? Una intencionalidad previa, ¿verdad?, un designio inscrito en su diseño, en la finalidad “perversa” para la que fue creado, hasta el punto de hacernos “sentir” que posee un grado mayor de humanidad una bayoneta que una bomba atómica. Y así también “sentimos” que es más “humano” el acto de escribir a mano o incluso a máquina que el de entregar el alma a la asistencia “inhumana” de la IA, que nos “deshumanizamos” al usarla, que nos convertimos en máquinas...

No seamos ingenuos, plis. No somos menos humanos si recurrimos a la IA que si nos encerramos a traducir con un punzón y una tablilla de cera a la luz vacilante y heimlich de una lámpara de aceite. No ganaremos nada deshumanizando algunas herramientas y ennobleciendo otras. Los inhumanos somos nosotros. Autoimponernos distintivos de pretendida superioridad ética (muy difícilmente comprobable in factis, por otra parte) no garantiza necesariamente la superioridad creativa de nuestra producción. No escondamos nuestra inhumanidad tras distintivos y sellos que le imputan un valor real a nuestra humanidad. Digo esto sin el menor atisbo de frivolidad y, por el contrario, con toda seriedad, preocupación y simpatía por quienes día tras día van perdiendo fuentes de trabajo por causa del uso humano de la IA. No en vano éramos varios los que advertíamos, desde hace ya muchos años, en congresos, encuentros, artículos y conversaciones privadas entre colegas, en contra de la alimentación de esos ur-IAs que eran los así llamados motores de traducción. Pero la compulsión humana por el progreso deshumanizador es imparable. No nos cansamos de crear aquello que un segundo después de creado ya percibimos como amenaza inhumana. Nadie nos obliga a ello, sólo nuestra humana voluntad. Eppur...

Coincido en que hay que hacer algo por defender nuestras fuentes de trabajo, por dignificar la producción digna y de calidad, por no entregarnos ciegamente a los cantos de sirena de la velocidad y la facilidad, por no dejarnos reemplazar por máquinas, por desenmascarar a los que venden gato por liebre, etc., pero no así, no detrás de un distintivo que no nos pone en modo alguno a salvo de nuestros espectros más unheimlich y nuestras perversiones más hogareñas. Mis traducciones no están exentas de usos espurios. Nada inhumano me es ajeno. No me sirvo –por ahora– de la IA como tampoco me volqué de buenas a primeras en su momento en el uso de la computadora; me cuesta perderle el cariño a mis herramientas viejas y obsoletas y tomárselo a las flamantes y seductoras. Pero eso no hace menos inhumanas mis traducciones. No las vuelve menos artificiales. De hecho, mis traducciones son puro artificio. No quiero renunciar al artificio ni ponerme a resguardo detrás de un sello de garantía. Ni creo que ese sea el camino para defender algo más que nuestro minúsculo reducto simbólico.

viernes, 15 de mayo de 2026

Recordatorio para los defensores de la IA

Jarek Kutylowsk


La noticia es del 7 de mayo y fue publicada, a partir de una información de la agencia AFP, en el sitio de France 24. Allí se lee que "La empresa creadora de la herramienta de traducción DeepL suprimirá una cuarta parte de sus empleados con el fin de 'integrar la IA en todos los niveles de su funcionamiento' y mantenerse en la carrera en esta tecnología en pleno auge, anunció el jueves su director".

La empresa del traductor DeepL reduce personal para acelerar su transformación hacia la IA

"Estamos reduciendo la plantilla global de DeepL en alrededor de 250 puestos", declaró en una publicación en su cuenta de LinkedIn Jarek Kutylowski, presidente del consejo de administración y fundador de la empresa.

La compañía con sede en Colonia, en el oeste de Alemania, emplea en total a un millar de personas y cuenta entre sus competidores con herramientas como Google Translate y Reverso.

Fundada en 2017, en los inicios del desarrollo de la IA generativa, DeepL desarrolla herramientas de traducción automática para texto, documentos y voz en tiempo real.

Según Kutylowski, la IA permite hoy "a pequeños grupos -incluso a individuos- realizar tareas que antes requerían equipos enteros".

En la práctica, el fundador de DeepL quiere "transformar profundamente el funcionamiento" de su empresa, "integrando la IA en todos los niveles de su organización".

La IA se encargará de "tareas rutinarias", para dejar al "humano" lo que "solo él puede aportar: intuición, creatividad y gestión de los proyectos de principio a fin".

Los equipos serán "más pequeños y más eficientes", habrá "menos niveles jerárquicos, decisiones más rápidas y una reducción considerable de idas y venidas que ralentizan a los grandes equipos", explicó.

Este último señaló además que, internamente, la IA ya estaba ampliamente integrada, especialmente en la "ingeniería de productos" y el "soporte a clientes".

jueves, 14 de mayo de 2026

"A mi criterio, no hay nada en la mesa o en la silla que las haga femeninas y que haga masculinos al estuche o al vaso”

"En la presentación de su libro Don de lenguas en la Feria del Libro de Buenos Aires, el escritor sudafricano rescató una hipótesis: que nombramos las cosas en masculino o femenino porque así las veían nuestros antepasados. Su coautora, Mariana Dimópulos, lo discutió." Tal es la bajada del artículo publicado por Patricia Kolesnikov en InfoBAE, el pasado 11 de mayo.

El Nobel John M. Coetzee cuestiona si el lenguaje inclusivo es una forma de amnesia voluntaria

Algo sabía -seguro- la periodista Flavia Pittella sobre lo que el escritor John M. Coetzee -Premio Nobel de Literatura 2003- piensa sobre el papel de las márcas de género en el idioma y, por qué no, de los intentos que hace el lenguaje inclusivo para modificarlos. Algo sabía, pero no todo.

Porque este martes, en la presentación de Don de lenguas -el libro que el sudafricano escribió con la argentina Mariana Dimópulos- Pittella hizo una pregunta y la respuesta de Coetzee -o eso pareció- fue más allá.

“John -dijo la periodista- vos sugerís que el género gramatical podría codificar algo antiguo sobre cómo nuestros antepasados percibían el mundo como animado, sexuado, vivo, con fuerzas. Si eso es así, el proyecto actual de borrar el género del lenguaje equivaldría a una especie de amnesia voluntaria. ¿Quién decide lo que una lengua puede permitirse olvidar?"

Qué pregunta, ¿no? Si efectivamente las marcas de género -que Tierra sea una palabra en femenino y no en masculino- tienen que ver con una manera de ver el mundo, quién dice que es hora olvidar que alguna vez se lo vio así?. ¿O sí, ya es hora porque el pasado no pisa el futuro? Y, además, claro: en distintos idiomas la atribución de marca de género cambia...

Responde Coetzee, que creció en inglés, una lengua que no tiene género: “Aludes a la campaña, si podemos llamarla así, así, para limpiar el lenguaje y eliminar los aspectos innecesarios como el género. ¿Por qué debe haber género en el lenguaje? Esta cuestión ha desconcertado a los pensadores desde la antigua Grecia. La última vez que recibió una atención realmente seria por parte de los lingüistas fue hace tiempo, en el siglo XIX, cuando filólogos alemanes, influenciados por el Romanticismo alemán, argumentaron que el género en el lenguaje nos permite obtener percepciones únicas sobre cómo nuestros antepasados prehistóricos veían el mundo".

¿Por qué? ¿Cómo vinculaban los lingüistas las marcas de género con las percepciones prehistóricas? Dijo Coetzee: “Decían que en el nacimiento de las culturas humanas, nuestros antepasados veían un mundo que, hasta su nivel más profundo, era un mundo sexuado. El hecho de que en algunos idiomas un elemento sea llamado masculino y en otro idioma se le llame femenino solo indica que en esos dos idiomas, en el pasado remoto, la gente veía estos elementos sexuados del mundo de manera diferente. Así que para estos estudiosos alemanes a los que me refiero, la asignación de género a los sustantivos, por ejemplo, no era un proceso arbitrario. Al contrario, reflejaba una visión del mundo profundamente arraigada que ha sobrevivido hasta hoy en estas formas de género que ahora consideramos innecesarias“.

Las palabras, claro, no son indiferentes. Si alguna vez la manera de percibir el mundo creó una palabra, ahora la palabra también hace a nuestra manera de percibir el mundo.

“Es interesante -dijo Coetzee- que cuando se hacen experimentos con hablantes en lenguas que tienen género, se les presenta un objeto que no han visto antes y se les pregunta: ‘¿Es masculino o femenino?’, la mayoría tiende a coincidir en que tal objeto es masculino y tal otro es femenino. No digo que sea una prueba sólida, pero sí indica que en algún lugar todavía hay una percepción del género, una especie de género sexuado en el fondo de la mente de las personas. Luego preguntas quién decide qué se borrará del lenguaje. Diría que eso realmente es una cuestión política. Si en algún momento, en el futuro remoto, el español pierde el género, será por una cuestión de quién tenga el poder para imponer eso y quién tenga el poder para resistirse... no podemos predecir estas cosas".

No, una convención

Desde Berlín, donde vive, su coautora, Mariana Dimópulos, presentó otra postura. Pittella invitó: “Desde el punto de vista de una escritora y traductora principalmente al español, ¿cuál es tu mirada acerca de este punto? Es el género solo gramatical, convencional?"

“Yo tengo una mirada muy de hablante de una lengua con género gramatical”, arrancó la escritora. “Y para mí que digamos ‘la mesa’' en lugar de ‘el mesa’ en castellano es puro convencionalismo”.

Dimópulos, que también es traductora, explicó: “En términos puramente lingüísticos, a mi criterio no hay nada en la mesa o en la silla que las haga femeninas y que haga masculinos al estuche o al vaso”

En cambio, dijo para alguien como Coetzee “que ha crecido en una lengua donde ese género casi no existe, quizá resulta un posible lugar para comprobar la antigua tesis de que las lenguas naturales definen nuestro modo de ver el mundo”.

En general, dice, sobre este tema se han puesto ejemplos clásicos: “¿Vemos nosotros distinto que un alemán a la Luna y al Sol, dado que un alemán diría el luna y la sol? Bueno, yo creo que no, pero hay gente que cree que sí“.

En definitiva, dice Dimópulos, “más allá de la cuestión del convencionalismo o no, a mí me interesa pensarlo como una antiquísima pregunta en la Filosofía del Lenguaje que se mezcla con el problema de Babel, con el misterio de que la humanidad habla tantas lenguas. Se dice que hay entre seis mil y siete mil lenguas en el mundo. ¿Y qué significa eso para la humanidad como un todo cuando creemos que esa diferencia es capaz de transformar nuestra mirada sobre el mundo? ¿Nos podemos poner de acuerdo alguna vez si eso fuera verdad?"



miércoles, 13 de mayo de 2026

"“Una idea un poco loca”



El siguiente artículo, publicado sin firma el pasado 3 de mayo en el diario mexicano La Jornada, reproduce un cable de la agencia AFP sobre la apertura, en el Lower East Side de Manhattan, de un local dedicado a audiolibros 

Abre en Nueva York la “primera librería sin libros”

El gigante de la edición sonora Audible abrió el viernes pasado en Nueva York lo que presentó como la primera “librería sin libros”, un espacio íntegramente dedicado al formato de audio.

El local ha sido abierto por un mes por la filial de Amazon en el Lower East Side, en el sur de Manhattan.

Era “una idea un poco loca”, que “requirió bastante imaginación”, reconoció el director ejecutivo de Audible, Bob Carrigan, a propósito de la llamada Audible Story House.

Según explicó en una presentación realizada el jueves, el propósito de este espacio efímero es “dar vida a audiolibros en un entorno en el que se descubran obras y conectar con personas que, al igual que tú, se interesan por los grandes relatos”.

A decir de la asociación de editores de audio de Estados Unidos, las ventas de audiolibros alcanzaron 2.220 millones de dólares (más de 38 millones de pesos mexicanos) en 2024, casi el doble que cinco años atrás.

A nivel práctico, los audiolibros se presentan en forma de tarjetas que pueden insertarse en lectores y escucharse por medio de auriculares.

El lector ofrece algunos minutos del título elegido. Para acceder a la integralidad del audiolibro, hay que pasar por la aplicación móvil Audible.

La plataforma ofrece suscripciones de pago, compras por unidad y acceso gratuito a numerosos audiolibros, para aquellos que ya dispongan de una cuenta en Amazon.

La tienda quiere así aprovechar la creciente popularidad del formato; albergará decenas de actividades durante este mes, como mesas redondas y encuentros de autores con el público.

“Audible Story House apela a la nostalgia y al sentimiento de comunidad en torno al libro, adaptada al presente”, indicó la compañía.

martes, 12 de mayo de 2026

Perspectivas del castellano en la India

El pasado 7 de mayo, Rafael Salido publicó en el sitio Euronews un breve artículo sobre el estado del aprendizaje del castellano en la India, que incluye además un breve apartado sobre la traducción de Cervantes en ese país.

El español está de moda en la India: supera los 43.000 estudiantes y gana terreno en las aulas

El español se afianza como una de las lenguas extranjeras de mayor crecimiento en la India. Según datos del Observatorio Global del Español y del Instituto Cervantes en Nueva Delhi, el país cuenta ya con más de 43.000 estudiantes de castellano, lo que la sitúa como la tercera lengua extranjera más estudiada en la educación secundaria y universitaria, solo por detrás del francés y el alemán.

De acuerdo con los datos del Anuario del Instituto Cervantes, la India suma un total de 54.670 hablantes potenciales de español. "Esta cifra se divide en dos grupos clave: 11.208 personas que forman la comunidad hispanohablante establecida -sumando el dominio nativo y la competencia limitada- y, 'lo más impactante', un total de 43.462 aprendices", destacó la institución en un comunicado.

En secundaria, el español se ofrece principalmente como asignatura optativa dentro de la política educativa trilingüe y su presencia se concentra en centros privados e internacionales.

Es en la universidad donde el español ha encontrado mayor arraigo. Diversas instituciones ofrecen desde cursos iniciales hasta titulaciones completas en estudios hispánicos. En este nivel, la formación va más allá del aprendizaje lingüístico e incorpora literatura, cultura y, en algunos casos, traducción y lingüística.

El auge también se refleja en la actividad del Instituto Cervantes en Nueva Delhi, que alcanzó los 7.047 estudiantes matriculados en el pasado curso y ha expedido más de 1.800 diplomas DELE. El centro ha reforzado además su red de colaboración con universidades y escuelas del país.

En un lugar de la India... el Quijote habla hindi
El fortalecimiento del español en la India se ve acompañado por hitos culturales de gran simbolismo. Uno de ellos es la primera traducción al hindi de El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha'obra de la hispanista india Vibha Maurya, directamente desde el original.

Esta edición ha sido depositada en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes en el marco del Año Dual España-India 2026, informó la institución. Durante el acto, el director del instituto Cervantes, Luis García Montero, destacó que "rendimos homenaje a la persona que ha abierto la puerta de Miguel de Cervantes a millones de hablantes de hindi".

Maurya explicó que la traducción fue un proceso "decisivo y transformador" y subrayó el respeto que le inspiró la obra original. El gesto simboliza el puente cultural entre ambos países y refuerza el papel del español no solo como lengua de estudio, sino como vehículo de diálogo literario y cultural en la India.