lunes, 12 de noviembre de 2018

Ahorita Astérix se traduce en México

Con firma de Luis Carlos Sánchez, el pasado 25 de octubre, se publicó en El Excélsior, de México, la noticia de la "mexicanización" de Astérix, que, de este modo, junto con la versión argentina, pasará a independizarse de los muchos errores de la traducción española.

Mexicanizan la popular historieara
de Astérix y Obélix

Astérix, el valoroso rubio galo, y su rechoncho amigo Obélix ya no hablaron más en este territorio como dos guerreros llegados de Castilla; a partir de ahora, los diálogos de la célebre historieta, surgida en 1959 con guión de René Goscinny y dibujos de Albert Uderzo, aparecerán en versiones cien por ciento mexicanas y traducidas directamente del francés a "un español más neutro" y cercano a la gente. 


La versión de Astérix existe con un español ibérico. La novedad es que ahora las  tenemos en ‘español mexicano’; ya están en librerías con una versión en español neutral. En lugar de encontrar por ejemplo: ‘¡venid, venid, que los romanos atacan!’, ahora vamos a leer: ‘¡apúrense, los romanos nos van a caer’”, cuenta Ruy Albarrán, responsable de Vinculación Cultural para la Francofonía de Hachette Livre México, quien posee los derechos de edición de Astérix desde 2008 cuando incorporaron a Les Éditions Albert-René.

Desde su aparición, la historieta se convirtió en un éxito de ventas en Francia; con los años, el renombre alcanzó el mundo entero y las aventuras de la pequeña aldea gala resistiendo el embate de los romanos fueron traducidas a 117 idiomas. En México, la versión que más circuló en castellano fue la que se hizo en Barcelona por Jaime Perich y Víctor Mora (la misma que se distribuyó en toda América Latina) y que pasó por diferentes editoriales como Grijalbo. La versión, sin embargo, siempre fue criticada, aunque prevaleció.

Lo que lanzamos son versiones totalmente mexicanas, traducidas a un español neutro y traducidas directamente del francés. Se trata de la primera edición impresa desde aquí”, dice Albarrán.

La nueva versión de Astérix incluye 10 de los 24 volúmenes que originalmente conformaron la serie. Entre estos se encuentran Astérix el galo, Astérix y Cleopatra, El combate de los jefes, La vuelta a la Galia y Astérix en Bretaña. De cada uno se han tirado mil 350 ejemplares y el próximo año está prevista la aparición de los 14 volúmenes que completan la serie.

De acuerdo con Albarrán, desde su llegada a México, Astérix logró vender unas 30 mil historietas; antes de que Hachette Livre las comercializara lo hacía el sello Salvat, pero “éstos tenían un precio alto y muchos términos de España, difíciles de comprender para el mercado latinoamericano”. Otras fallas en la traducción llegada de España fueron señaladas en diferentes ocasiones, un ejemplo es el de la página del comienzo en que se presenta a los personajes: de Obélix se dice que es “repartidor de menhires de su estado”; en el francés original aparece como “livreur de menhirs de son état”, que más correctamente debiera ser traducido como “de oficio repartidor de menhires”.

Las nuevas versiones de Astérix en un español “más mexicano” vienen acompañadas de una exposición que será inaugurada este domingo en la Biblioteca Vasconcelos. Se titula El tour de Galia y está compuesta por 20 láminas en las que se presenta el proceso que siguieron Goscinny y Uderzo para crear las historias que acontecen en el año 50 antes de Cristo, cuando toda la Galia, menos una pequeña aldea, es ocupada por los romanos.

En el tour vamos a ver los bocetos originales y cómo nacen los primeros trazos de la ruta que los galos, dirigidos por Astérix. Esos bocetos que finalmente van a pasar a su dibujante y amigo de aventuras, Uderzo; veremos como él va interpretando las indicaciones que le da Goscinny para convertir el guión en un dibujo, en una caricatura; lo que vamos a ver es cómo nace la idea del tour de la Galia, veremos explicaciones que fueron escritas en francés, pero hoy tienen indicaciones en español”, señala.

La intención, afirma Albarrán, es reforzar el conocimiento de Astérix y su mundo entre el público mexicano. No sólo se verá al bigotón Astérix y a su inseparable amigo Obélix, también estará ahí el pequeño Idéafix que hace su aparición en La vuelta a la Galia, un perrito de Lutecia que empieza a seguir a los protagonistas en su viaje alrededor de las Galias sin que ninguno note su presencia hasta literalmente la última página del álbum. Pero también están el druida de la aldea, Panorámix; el bardo Asurancetúrix y el jefe de la tribu, Abraracúrcix.

En sentido histórico, Astérix es un galo. Tendrían que pasar siglos para que se creara Francia; sin embargo, Galia sigue representando uno de los espíritus originales del pueblo francés. Astérix, como galo, está ubicado en la región norte de la actual Francia”, explica.

Para muchos, el éxito de la historieta se basa en la combinación del dibujo y las narraciones cómicas, sobre todo las asociadas a la guerra, que atrapan a los más pequeños, pero también esa dosis de elementos históricos que le atrajeron al público adulto. “En el sentido artístico, Astérix es una de las grandes historietas; representa para los franceses lo que Disney para los estadunidenses. Para Francia es un orgullo tener un personaje nacional que se aleja de los estereotipos occidentales”.

La exposición es organizada conjuntamente con la Alianza Francesa México. La oficina de Albarrán se encarga de establecer alianzas en el país en pro de la francofonía: “Buscamos hacer ese vínculo entre la francofonía a través de nuestros socios en México; pueden ser mexicanos pero también de otras nacionalidades. Cuando traemos a algún autor de Francia con el apoyo de Hachette Livre, buscamos hacer actividades en común para que los mexicanos tengan acceso. En este caso trabajamos con Alianza Francesa, pero podemos trabajar con la embajada francesa o de Québec”.


viernes, 9 de noviembre de 2018

A diez años de la muerte de José Luis Mangieri


Publicado en Cultura InfoBAE el pasado 1 de noviembre, el siguiente artículo escrito por el Administrador da cuenta de la vida y la obra del poeta y editor argentino José Luis Mangieri a diez años de su fallecimiento. En los tiempos que corren, su figura luminosa sigue siendo un ejemplo, aun cuando no siempre los jóvenes editores estén atentos a lo que significa la verdadera independencia editorial.

Qué diría Mangieri

“Con José Luis Mangieri se va un pedazo luminoso de la historia y la cultura de este país. Después de 52 años de amistad, ¿quién puede abrir la boca? Solamente el dolor”. Tales fueron las palabras de Juan Gelman, pocos días después de la muerte de su histórico editor, hace exactamente diez años.
                                        
Los testimonios podrían multiplicarse infinitamente. De hecho, Es rigurosamente cierto, de Karina Barrozo y Hernán Casabella –publicado en su momento por Libros del Rojas– es un intento de autobiografía y memoria plural de Mangieri, “un porteño pícaro”, como lo definiera Jorge Aulicino, que en cuarenta años de editor y tres editoriales –La Rosa Blindada, Ediciones Caldén, Libros de Tierra Firme– llegó a publicar a más de mil autores, cruzando a escritores, poetas y pensadores con artistas plásticos y músicos, a gente de izquierda y no tanto, a viejos y a jóvenes, logrando en ese tránsito que unos y otros se conocieran mutuamente y participaran en otros proyectos comunes. Ricardo Piglia, en el libro citado, había escrito: “Creo que, primero que nada, habría que señalar esa capacidad de organizar, italiana digo yo, italiana en el sentido de gramsciana, de lo que Gramsci llamaba la organización material de la cultura, porque la cultura necesita redes y José Luis se ha pasado la vida construyendo esas redes. Me acuerdo muy bien no solamente de la Rosa Blindada, sino de los libros que José Luis publicaba, el tipo de iniciativa, de originalidad que tuvo en el momento de publicar esos libros, que se vendían de a cuatro, en pequeñas ediciones. Entonces conservo esa idea primera de alguien capaz de organizar y de trabajar sobre la construcción de redes y circulaciones múltiples que, desde hace muchos años, ha terminado por constituirse en una referencia central de la poesía en la Argentina. Creo que mucho de lo que se dice de la poesía en la Argentina está ligado al tipo de trabajo que ha hecho José Luis, básicamente con la colección ‘Todos Bailan’”. A este respecto, el poeta D.G. Helder, dijo de Mangieri que su pasión “sutura las heridas de la historia argentina”. Por todas estas razones, siendo consejal metropolitana, Teresa Anchorena consiguió que lo nombraran ciudadano ilustre de la ciudad de Buenos Aires. En los fundamentos de la designación se lee: “"Tejió una compleja trama de relaciones, que comprende a no menos de cinco generaciones de escritores, artistas y lectores argentinos. Hizo todo eso sin contar con estructura alguna y, en más de una oportunidad, hipotecando su casa”. Así, muchos de sus autores lo recuerdan con su invariable bolsito repleto de originales, atendiendo en su “oficina”, una pizzería en la esquina de Oro y Santa Fe, a la que llegaba invariablemente desde Floresta en el colectivo 34. Solía decir en público que cuando una editorial se convierte en una “empresa editorial”, forzosamente la parte de empresa empieza a pesar más que la meramente editorial y de ese modo desvirtúa su razón de ser. Acaso una idea a la que le deberían prestar más atención muchas editoriales de las llamadas “independientes”. 

Nacido el 14 de diciembre de 1924 en un conventillo de Parque Patricios –que lo haría hincha empedernido de Huracán–, fue hijo de un obrero municipal anarquista y de una profesora de corte y confección. Como eran otras épocas, hizo sus estudios primarios y secundarios, y logró entrar a la Universidad de Buenos Aires, donde hizo tres años de Odontología. Después, interrumpió todo y se fue a vivir por un tiempo a Bariloche. A su vuelta, en 1953, se afilió al Partido Comunista, donde desarrolló una intensa actividad en el ámbito cultural, trabajando como coordinador de la revista del Instituto Argentino-Soviético. Luego, en 1959, fue expulsado del PC con Juan Gelman, Andrés Rivera, Juan Carlos Portantiero, José Aricó y otros jóvenes artistas e intelectuales, que acusaron el impacto de la revolución cubana y que empezaban a resultarles incómodos a los jerarcas pro-soviéticos de entonces.

Con su amigo Carlos Alberto Brocatto, en 1962, Mangieri creó Ediciones Horizonte, que posteriormente, en homenaje al libro del poeta Raúl González Tuñón –una de las pocas voces que dentro del PC se había mostrado solidario con los disidentes–,  tomó el nombre definitivo de La Rosa Blindada. El resto forma parte de la historia mítica: las ediciones de varios miles de libros de poesía –entre ellos los del propio Tuñón, Hugo Acevedo, Juan Gelman, Javier Villafañe, Néstor Mux, Héctor Negro, Laura Devetach, Eduardo Romano, el poeta turco Attila József,  Bertold Brecht–, vendidos en paquetes de a cuatro; la publicación de libros de Antonio Gramsci, Vo Nguyen Giap, Ho Chi Minh, Mao Zedong, Ernesto Guevara, Regis Debray, Roger Gaurady,  y John William Cooke; la revista del mismo nombre de la editorial, donde firman artículos, los pintores Carlos Gorriarena, Enrique Aguirrezabala, Luis Felipe Noé, el psicoanalista Antonio Caparrós (padre de Martín Caparrós, compañero de primaria de los hijos de Mangieri), la escritora y traductora Estela Canto, el historiador León Pomer, el filósofo León Rozitcher, el sociólogo Juan José Sebreli, etc. (hoy existen un volumen que reunía un estudio y antología dedicados tanto a la revista como a la editorial, responsabilidad de Néstor Kohan que se publicó como La Rosa Blindada, una pasión de los una pasión de los '60, y una edición facsimilar publicada por la Biblioteca Nacional, cuando todavía era dirigida por Horacio González); la edición de discos, entre los que alternaban los del Cuarteto Cedrón con los de Vittorio Gassman, Carlos Puebla, Bola de Nieve, canciones de la Guerra Civil española o Yves Montand (Mangieri solía recordar, lleno de pudor, uno en el que sus propios poemas eran recitados por Héctor Alterio); el viaje a China, junto con Andrés Rivera, y luego a París, donde ya se preparaba el Mayo de 1968; la imprenta de una manzana en la calle Ulrico Schmidl en Liniers; los allanamientos policiales; el robo de sus bibliotecas; la actividad en el Sindicato de Prensa; la cercanía con el E.R.P.; la pérdida de la imprenta, de varias bibliotecas, el silencio obligado, el exilio interior en casa de la célebre Tía Raquela, “obrera fosforera”, según la definía el propio Mangieri.

De la época de la dictadura, hay una anécdota que Beatriz Sarlo contó durante el homenaje que en 2004 le realizara el Centro Cultural “Ricardo Rojas”, con la presencia del entonces rector de la Universidad de Buenos Aires, Jaime Jaim Etcheverry. Según ese relato que ya forma parte de la picaresca de Mangieri, estando en la clandestinidad, se arriesgó a visitar a su madre ya mayor, que vivía en el caserón familiar de la calle Mercedes, en Floresta. Lo hizo con tal suerte que llegó en el mismo momento en que el ejército estaba realizando un procedimiento en la casa, con el objeto de apresarlo. Tocó el timbre, vio a su madre que abrió la puerta sin decir palabra, rodeada de militares, y Mangieri dijo: “Señora, soy el electricista. Veo que está ocupada. ¿Le parece que pase en otro momento?”. “Sí, venga más tarde”, fue la respuesta de la madre, que no en vano había criado a ese hijo. Y así Mangieri se salvó de un destino probablemente fatal.

Durante los primeros años de la democracia, Mangieri se acercó a los que por entonces eran los nuevos poetas. Estableció sólidos vínculos con Víctor Redondo y la gente de la revista y editorial Último Reino y también con Javier Cófreces y la Danza del Ratón (que después, ya como editorial sería Ediciones en Danza). Otro tanto sucedería algo después con Diario de Poesía y, posteriormente, con los jóvenes reunidos alrededor de la revista 18 Whiskies. A su vez, fundó Libros de Tierra Firme, su última editorial. Allí publicó, nuevamente a González Tuñón y a Gelman (y hay que decir que éste le debe a Mangieri, varios de sus libros del exilio –para cuya publicación el editor hipotecó su casa en dos ocasiones–, y haber seguido en circulación entre los jóvenes, mucho antes de que la lo considerara para su catálogo la editorial Planeta). Pero la nueva lista de publicados incluía ahora a Raúl Gustavo Aguirre, Leopoldo Marechal, Francisco Madariaga, Joaquín O. Giannuzzi, Leonidas Lamborghini, Juana Bignozzi, Luisa Futoransky, Arnaldo Calveyra, Alberto Szpunberg, Diana Bellessi, Jorge Aulicino, Alberto Laiseca, Daniel Freidemberg, Jorge García Sabal, Mirta Rosenberg, Irene Gruss, Leopoldo Castilla, Víctor Redondo, Javier Cófreces, Jonio González, Daniel Samoilovich, Martín Prieto, D.G. Helder, Osvaldo Aguirre, Pablo Chacón y Fabián Casas, entre muchísimos otros. Y hubo asimismo nuevas colecciones de poesía traducida: antologías de poesía francesa contemporánea, de poesía irlandesa, catalana, colombiana y libros de autores como Henri Deluy e Yves Di Manno. A sus tareas, Mangieri sumaba no sólo los frecuentes envíos de polenta y ginebra al exilio francés de Gelman, sino también acordarse del cumpleaños de la mamá de Szpunberg y llevarle un ramo de flores en nombre del hijo, o inventar unos derechos de autor que casi no existían para ayudar a Laiseca.

Famoso por sus muletillas –“Es rigurosamente cierto”, “Hay que ser modesto por necesidad”, “Hay que leer a los jóvenes que vienen del rock y de la droga”– y por sus increíbles y complicadas bromas (ver video del cumpleaños del poeta jujeño Andrés Fidalgo), iba y venía, incansable, relacionando gente insospechada de toda relación, como, por ejemplo, las veces en que les llevaba los libros de Gelman a Horacio Armani y María Esther Vázquez y estos lo invitaban a tomar el té. O cuando le presentaba a su gran amigo Néstor Groppa, el poeta porteño radicado en Jujuy, a los poetas más jóvenes; o cuando en el bar La Paz o la antigua Liber/Arte –otras de sus “oficinas al paso”– se juntaba a discutir sobre política con su amigo David Viñas o José Aricó, sin olvidar, claro, a algún referente sindical de La Fraternidad y, después de 2001, de las asambleas barriales. Por otra parte, su casa hacía las veces de hotel para más de un amigo. De hecho, en sus primeros viajes a Buenos Aires allí solía recalar el Tata Cedrón, quien termino amigo del peluquero de la mitad de cuadra, otro de los “Pilgrim fathers del barrio”, según la curiosa denominación que Mangieri se aplicaba y le aplicaba a los viejos vecinos. Él, para sus amigos, fue alternativamente “el loco”, “el gringo”, “la bruja”, “Luisito” y, al decir de los más jóvenes, “Cowley”, el jefe en la serie inglesa “Los profesionales”, que se emitía entre 1977 y 1983.

Ya muy enfermo, gracias a los esfuerzos de los Javier Cófreces y Silvia Camerotto, Mangieri, que tantos libros hizo, vio finalmente publicados sus conmovedores poemas completos, con los que tantos años amenazó. Con un hilo de voz, preguntó por la tirada y el precio de tapa. Unos días más tarde, se murió. Entonces Beatriz Sarlo habló con Horacio González, y fue velado en la Biblioteca Nacional. Hubo allí un desfile increíble de intelectuales, artistas, escritores, políticos y politólogos, organizaciones por los derechos humanos –con las cuales Mangieri colaboró de todos los modos posibles– y también gente de a pie, vecinos, curiosos.  Dos días después de su muerte, me tocó escribir una columna sobre él en otro medio. En esa oportunidad dije: “Hablando frente a académicos u obreros ferroviarios; en un comité de escritores o en la asamblea vecinal de Floresta, fue siempre el mismo: su decencia, su don de gente y su sentido del humor resultaban igualmente visibles para todos. Por eso Fabián Casas, uno de los jóvenes poetas a quien José Luis más quiso, ante el espectáculo de su energía decía que Mangieri era ‘Highlander, el inmortal’. Sin embargo, por increíble que parezca, se murió. La pérdida que deja para la cultura argentina es enorme. El cráter en la ciudad, gigantesco.”

Ya pasaron diez años desde esa fecha y todavía José Luis Mangieri sigue siendo una referencia mayúscula para quienes lo conocieron. A tal punto que, frente a determinados escándalos e injusticias que a diario nos propone la realidad argentina, uno tiende a preguntarse qué diría.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Aulicino corrige y aumenta. Dante, piola

La editorial LOM, de Chile, acaba de publicar una versión corregida de la traducción que, en su momento, Jorge Aulicino realizó de la Divina Comedia, de Dante Alighieri, previamente publicada por la editorial Edhasa.

Habrá dos presentaciones chilenas: una tendrá lugar el próximo sábado 10 de noviembre en  Valparaíso, en el marco del Festival Puerto de Ideas, que organiza todos los años Chantal Signorio.

La otra, corresponde a la información que se lee abajo:


miércoles, 7 de noviembre de 2018

Un montón de gente reunida y discutiendo sobre el libro y la edición

Nuestra amiga Magdalena Cámpora nos ha hecho llegar la siguiente información: entre el 7 y el 9 de noviembre del corriente año tiene lugar en Buenos Aires el III Coloquio argentino de Estudios sobre el Libro y la Edición. 

La cita es en el UMET (Sarmiento 2037) y la programación completa con todos sus horarios y los logos de las instituciones intervinientes pueden consultarse en
https://drive.google.com/file/d/1u_wiEE6D6t-4P69pN2hDGavHekkj5ivt/view?fbclid=IwAR2cCC7Mfdq8Q87NaVRAeHSlZOuinTSaqfSck-X0dneNpcyBty3hpzu5ZdY.


martes, 6 de noviembre de 2018

"A este gobierno no le interesamos en lo más mínimo"


Luego del informe de la Cámara Argentina del Libro (ver la entrada del día de ayer en este blog), el escritor Enzo Maqueira y el editor Carlos Díaz respondieron a las preguntas que les formulara la periodista Silvina Friera, en el diario Página 12, del 2 de noviembre pasado.

“No hay perspectiva de que esto mejore”

La caída en la producción de libros y en las ventas, el cierre de las librerías y las dificultades en la cadena de pago, condensadas en el informe que difundió esta semana la Cámara Argentina del Libro (CAL), preocupa por las consecuencias en el mediano y largo plazo. Ningún país se suicida –al menos hasta ahora, el suicidio es monopolio exclusivo de las personas–, pero lo que se destruye cuesta mucho esfuerzo recuperar. El escritor Enzo Maqueira plantea que se está perdiendo “todo lo que se había construido con el boom de las editoriales independientes en los últimos años”. El autor de Electrónica y Hágase usted mismo analiza esta construcción que cada vez peligra más. “Después de 2001, por la concentración editorial de los años 90 y la importación indiscriminada de libros, era muy difícil para un escritor publicar. Un escritor joven era un escritor que tenía más de 40 años. Y solo podías publicar si ganabas algún premio que te abriera las puertas de las grandes editoriales, que no solían estar demasiado abiertas; llegaba mucho material de afuera, había mucha competencia desleal que venía de España y había muy pocas editoriales independientes que daban espacio a autores nuevos; era un espacio muy chiquito”, recuerda el escritor.

Maqueira (Buenos Aires, 1977) cuenta que se salió de esa encrucijada gracias a las editoriales independientes, la autogestión, la Feria del Libro Independiente y Alternativo (FLIA). “A veces nos preguntamos qué fue primero, si el boom de las editoriales independientes o los escritores que empezaron a salir por todas partes. Creo que una cosa fue potenciando a la otra. En las primeras FLIA me acuerdo de que había fotocopias y tapas dibujadas a mano, y ahora tenemos la Feria de Editores, que es como su sucesora, con ediciones súper profesionales. Ese boom de editoriales independientes les abrió las puertas a muchos autores. Ser joven hoy en la literatura no es tener 40 años como antes, es tener 20 o 25 –compara el escritor en diálogo con PáginaI12–. Se abrió una multiplicidad de voces y de autores que acompañaron en gran medida los procesos políticos que vivimos y se dio mucha visibilidad, una visibilidad que fue favorecida por las redes sociales”. Integrante de la Unión de Escritoras y Escritores, un colectivo que ya cumplió un año de existencia, Maqueira precisa que muchos escritores son “hijos del boom de las editoriales independientes y del uso de las redes sociales como forma de promocionarse y encontrar lectores”.

“También fuimos hijos de las políticas públicas destinadas a favorecer la distribución de los libros, la publicación de autores argentinos y latinoamericanos, y la proliferación de eventos y proyectos en los que estábamos presentes”, agrega Maqueira. “El informe de la CAL demuestra que los primeros que pierden son los autores que todavía no publicaron, que se van a ver otra vez ante el desafío de conseguir una editorial en un contexto en el cual las editoriales no pueden afrontar el pago de papel, la cadena de pago está interrumpida y las librerías cierran. Hay mucha literatura que no vamos a conocer o que nos va a costar mucho conocer por culpa de esta situación. A quienes ya publicamos o tenemos cierto lugar, nos limita muchísimo y terminamos siendo más presas del mercado de lo que deberíamos ser”, lamenta el escritor y alerta sobre una pelea pendiente que será cada vez más complicada. “Como somos un engranaje muy relegado de la producción editorial, todas las reivindicaciones y los reclamos que tenemos, desde la Unión de Escritoras y Escritores, respecto a cómo se nos trata en el mercado editorial, el poco dinero que recibimos cuando lo recibimos, se vuelven más inalcanzables, como pedir una jubilación digna para los escritores. Hace mucho tiempo que queremos pelear por más del 10 por ciento que recibimos por el precio de tapa de nuestros libros. Hace mucho que estamos peleando para poder ser considerados trabajadores, poder tributar y pagar jubilación. Ahora es el peor contexto para estas demandas. Me parece que se está deshaciendo lo hermoso que significó el apogeo de las editoriales independientes, y todas las autoras y los autores que salimos de ahí. Creo que vamos hacia otro escenario que ya conocimos, en el que las voces jóvenes serán pocas y el mercado nos impondrá autores extranjeros en una posición de dominación cultural y económica, que sin duda debilita nuestra literatura, debilita nuestra cultura y nos debilita como trabajadores”.

Carlos Díaz, director editorial de Siglo XXI, subraya que el informe de la CAL refleja lo que está pasando en el sector del libro. “Entre todos estamos siendo mínimamente solidarios para que no nos lleve puestos la crisis. Entonces aguantamos a las librerías que te pagan como pueden; los imprenteros nos aguantan a nosotros, que le pagamos como podemos; los autores también nos aguantan que no les estamos pagando tan bien como nos gustaría, y entre todos ponemos el hombro y comprensión para que la cosa salga adelante”, reconoce Díaz. “En algún momento, la crisis va a pasar, porque los países nunca se suicidan y la industria editorial no va a desaparecer. El asunto es que llevamos tres años de caídas acumuladas muy significativas, no caídas menores como en otros sectores que también vienen cayendo, pero en proporciones mucho más pequeñas. Nosotros venimos de una caída muy brutal, no hay perspectiva de que esto mejore; la percepción sobre cómo va a ser el 2019 es una calamidad”. El editor de Siglo XXI traza el cuadro de situación de lo que quedará luego de esta crisis. “Creo que vamos a encontrar a un sector debilitado, con mucho menos músculo para desarrollarse, un sector donde las pequeñas editoriales y las pequeñas librerías habrán sufrido más. Esto va a terminar favoreciendo la concentración editorial, que de por sí ya es brutal, en dos grandes grupos que se van a recuperar con mayor facilidad y van a volver a ocupar un espacio central en la escena. La diversidad de editoriales y también de librerías se verá afectada cuando todo esto quede atrás y nos vamos a encontrar una trama menos diversa, menos rica, menos plural, menos heterogénea, y por lo tanto menos interesante. Me angustia y desespera el presente, pero está todo dicho. Me preocupa un poco más el mediano plazo, qué hacemos cuando todo esto pase y empecemos a juntar los pedazos, con qué nos vamos a encontrar. A este gobierno no le interesamos en lo más mínimo –afirma Díaz–. Tenemos que esperar a ver si el gobierno que venga en 2019 pondrá un ojo en la industria editorial para ayudar a que se reconstruya, o si vamos a seguir igual, llevados por la corriente de la crisis y a la deriva”.


lunes, 5 de noviembre de 2018

Si esto sigue así, pronto vamos a asistir al funeral del libro argentino tal como se lo conoció


Como venimos publicando a lo largo del último año y medio en este blog, la situación del libro en la Argentina es francamente terrible y se debe de manera exclusiva a las malas políticas económicas del actual gobierno y a la falta de apoyo por parte de la hoy Secretaría de Cultura de la Nación y del Ministerio de Cultura del Gobierno Autónomo de la Ciudad de Buenos Aires, cuyos funcionarios han demostrado una insensibilidad absoluta ante el problema. A continuación, los números de la Cámara Argentina del Libro (CAL). 

Sector Editorial: 
con todos los números en rojo

Buenos Aires, 29 de octubre de 2018: La situación en el mundo editorial y librero es alarmante: todos los números dan negativos y la caída parece no tener fin. Caen estrepitosamente las ventas en librerías y ferias, disminuye la producción editorial en un mercado en retracción y se suceden, de manera preocupante, los cierres de librerías a lo largo y ancho del país. 

La abrumadora mayoría de las editoriales –especialmente las pymes y la editoriales universitarias (estas están prácticamente paralizadas)- han recortado o suspendido sus planes editoriales. También han realizado reducción de personal. A estos despidos directos en la planta editorial, administrativa y comercial debe sumarse la merma de trabajo para contratados: correctores, diseñadores, traductores, ilustradores. A su vez, en junio de este año Juan Carlos Sacco, presidente de la Federación Argentina de la Industria Gráfica (FAIGA), denunció en el diario Perfil la pérdida de 5.100 empleos, lo que es adjudicable a la baja del consumo y a la importación de servicios gráficos (libros argentinos impresos en el exterior por la eliminación de barreras aduaneras) y de libros de saldo español, ingresos ahora atenuados por la escalada del dólar.

Los números del sector

Informes de producción editorial de la CAL 2017 y 2018
Los registros de producción de la Cámara del Libro alertan que mientras en el primer semestre de 2016 se publicaban más de 10.6 millones de libros, en 2018 apenas supera los 6 millones de ejemplares. Esta caída más del 40% de la producción en tres años, se agrava si se lo cruza con otro dato alarmante para el ecosistema del libro: la creciente concentración editorial.

Informes de ventas de la CAP 2017 y 2018
Según el informe de la Cámara Argentina de Publicaciones de 2017, la baja en los guarismos empezó hace un par de años: “entre 2015 y 2016 se produjo una caída de un 12% en las ventas del mercado privado, de las editoriales comerciales.” En el informe de 2018 (que refleja lo ocurrido en 2017) se registró un 5% de caída en las ventas, que profundiza la caída de 2016. Además, la importación de libros bajó un 10% respecto al año anterior y si bien la inflación fue creciente, el valor promedio del libro comprado fue de $360, igual valor que el año anterior.

Impacto en librerías
Para Ecequiel Leder Kremer, librero de estirpe y titular de la prestigiosa Librería Hernández: “Desde 2014 la caída de las ventas varía entre 45% y 30% en unidades, según el punto de venta. A esto hay que sumarle que los aumentos irracionales de servicios y costos de gestión potencian la caída. Además, las editoriales no pueden/no se animan a acompañar la inflación con aumentos acordes porque significaría potenciar aún más la caída de ventas. En resumen, la rentabilidad específica del libro se derrumba”. Recordemos que en la Argentina el 70% de los libros se venden a través de las librerías; es decir, son el canal principal, y que el 70% de las mismas son independientes, o sea no pertenecientes a cadenas.

Un Estado ausente
El Estado ha reducido o suspendido la compra de libros escolares y para planes de lectura. La Conabip (organismo de la Secretaría de Cultura de la Nación que asiste a unas mil quinientas bibliotecas populares) hace dos años que no realiza su tradicional compra centralizada.

Ante esta situación extrema, las autoridades de la Fundación El Libro enviaron a los diputados de la Nación, el día previo al tratamiento del presupuesto una nota en la que manifestaron“una genuina preocupación y pedido de reconsideración debido a la disminución de los diferentes guarismos referidos a Cultura en el Presupuesto Nacional 2019 que se debate. Especialmente el sector editorial y librero se encuentra en una difícil situación, en la que el papel promocional de ferias, festivales y campañas de incentivo a la lectura deben ser reforzados. Esperamos que tengan en cuenta este tema, en el que se juega el presente y el futuro de una herramienta central, que fortalece la cultura, es imprescindible en la educación y expresa la identidad de los argentinos en su propio país y en el mundo”.

viernes, 2 de noviembre de 2018

¿Bosie escribía bien?


Silvio Raffo, traductor italiano, desentierra la poesía de Alfred Douglas, el amante de Oscar Wilde (ambos en la foto), y Guillermo Piro saca conclusiones, en su columna del diario Perfil, del 13 de octubre pasado.

Cómo ser un gran poeta
y que nadie lo sepa

Esta costumbre tan argentina de desenterrar escritores olvidados (muchos prefieren agregar “injustamente” a la palabra olvidados, pero creo que todos los escritores son siempre justamente olvidados y justamente se les da una segunda oportunidad) es una práctica también frecuentada en Italia. Silvio Raffo, el más conocido y eficaz traductor italiano de los poemas de Emily Dickinson, acaba de darle una segunda oportunidad a lord Alfred Douglas, el poeta conocido por haber sido en su juventud el amante de Oscar Wilde.

El lugar común dice que Wilde perdió la cabeza víctima de una pasión desquiciada. Al menos de la lectura de Bosie, la biografía escrita por Douglas Murray, lo que se desprende es que el biografiado era un cretino, alguien con cierta inclinación a complicarlo todo. Es decir alguien no muy distinto a cualquier persona con la que podemos cruzarnos a diario, que a diferencia de cualquier persona era un poeta abominable e inexplicablemente enamoró a uno de los mejores escritores irlandeses del siglo XIX. Aun concordando someramente con esa descripción, Raffo difiere en algo: Bosie escribía muy bien. Se dirá que en eso tampoco se diferencia mucho de cualquier persona, pero Raffo recuerda que Wilde decía que era el mejor de los jóvenes poetas ingleses de su tiempo, afirmación que podría estar contaminada por el afecto, si no fuera porque  alguien tan desalmado como Bernard Shaw lo definió como el mejor compositor de sonetos después de Shakespeare. Entrevistado por Matteo Fais para la revista online Pangea a propósito de la salida de L’amore che non osa, una antología de poesías preparada y traducida por Raffo, este insiste: “No podemos evaluar el trabajo de un escritor pensando en su vida. Lo que resulta increíble es que su obra haya pasado absolutamente en silencio porque pesaba sobre él la etiqueta de serpiente. La obra de lord Douglas en realidad es exquisita y revela un gran conocimiento y una pericia métrica que no tiene nada que envidiarles a poetas mucho más célebres”.

A Bosie –que sobrevivió a Wilde 45 años, contrajo matrimonio con Olive Custance, una poeta lesbiana con la que tuvo un hijo esquizofrénico– le tocó vivir una situación similar a la de Wilde, a quien se le prohibió ver a sus propios hijos por considerárselo de una moral reprobable. A Bosie nunca lo abandonó el fantasma de Wilde y vivió todo el resto de su vida luchando contra un inconsciente deseo de expiación, mereciendo todos los castigos a los que se lo sometió: derrochó la fortuna de su madre, no pudo terminar nada desde el punto de vista literario y se hizo encerrar seis meses en prisión por haber difamado a Churchill, acusándolo de haber formado parte de una conjura para asesinar a Herbert Kitchener, el secretario de Estado británico para la guerra, muerto en alta mar y cuyo cuerpo nunca fue recuperado. Douglas, al igual que Wilde, decía que nunca se recuperó de la experiencia carcelaria, y al igual que Wilde, estando en prisión escribió un poema con el que pretendía burlarse de De Profundis. El suyo se titula In Excelsis, y para muchos es lo mejor que escribió.

Bosie era racista, fue el primer traductor al inglés de Los protocolos de los Sabios de Sion. Pero volviendo a sus poesías: ¿por qué no se lo trata mejor?, ¿por qué tan poca gloria? Raffo responde: “Todos odian a Bosie. Cuando se pronuncia su nombre, la expresión es de asco. Por eso nadie leyó sus poesías. Pero ese no es un comportamiento crítico válido. Bosie es más hábil que Wilde a la hora de dejarse llevar por sus delirios. Es más macabro, más exquisitamente decadente que Wilde. Al menos en poesía.”