viernes, 18 de septiembre de 2026

Paul Bowles traductor de Jorge Luis Borges

El siguiente artículo sobre Paul Bowles como traductor, fue originalmente publicado por el filólogo y editor Josep Mengu en el blog negritas y cursivas. libros e historia editorial, el pasado 11 de septiembre.


El polifacético artista y escritor Charles Henri Ford (1908-2002) y el crítico cinematográfico Parker Taylor (1904-1974) habían conseguido establecer su revista View The Modern Magazine (1940-1947) como una de las más influyentes en su campo y como una referencia en Estados Unidos de las vanguardias (y en particular del surrealismo), publicando en las páginas de sus primeras entregas textos y obras de William Carlos Williams (1883-1963), Marc Chagall (1887-1985), Giorgio de Chirico (1888-1978), Man Ray (1890-1976), Max Ernst (1891-1976), Henry Miller (1891-1980), Vicente Huidobro (1893-1948), André Breton (1896-1966), Manuel Moreno Jimeno (1910-1993), Roger Caillois (1913-1978), Leonora Carrington (1917-2011), etc., además de contar con numerosos corresponsales y asesores entre los que se contó Bowles, además de Marcel Duchamp (1887-1968) y Philip Lamantia (1927-2005), entre otros ilustres (no era precisamente una revista generacional, desde luego).

En la solicitud que Ford hizo a Bowles —por entonces colaborador más o menos asiduo del Herald Tribune— para que se ocupara de coordinar el número correspondiente a mayo de 1945 de View, está el origen del titulado Tropical americana, que se presenta con una ilustración de cubierta del pintor cubano Wifredo Lamb (1902-1982).

En el texto de presentación a este número, Bowles explicita como propósito del número «presentar una versión poéticamente apta de la vida tal como es experimentada por los pueblos de la América Tropical», y chorrea tópicos prejuiciosos por los cuatro costados, pese a que Bowles había vivido ya cuatro años en México y había viajado por Guatemala, Costa Rica y Colombia. El número se acompaña de un pliego de fotografías del cineasta de origen suizo Rudy Burckhardt (1914-1999), e incluye fragmentos del Popol Vuh y del Chilam Balam, textos del ensayista mexicano Ramon Beteta (1901-1965), del explorador y antropólogo francés Bertrand Flornoy (1910-1980), del etnólogo también francés Paul Rivet (1876-1958) y la que es la primera traducción al inglés del cuento de Ramón J. Sender (1901-9182) «El zopilote» (The Buzzard), que en 1940 había aparecido en el volumen Mexicayolt, publicado por Quetzal con viñetas del pintor y escritor malagueño Darío Carmona (1911-1976), y que más tarde aparecería en la edición peninsular de Novelas ejemplares de Cibola (1961) con el título «El buitre».

Lo que es menos sabido, tal vez, es que alrededor de la revista View Charles Henri Ford y Parker Taylor habían creado un pequeño negocio publicando en volumen algunos de los cuentos que contrataban para la revista y que les distribuía Vanguard Press. Este fue el caso de The Buzzard, que en el volumen A Night with Jupiter and Other Fantastic Stories (1945), aparece junto a textos de Henry Miller, Leonora Carrington y el mismo Paul Bowles, así como de traducciones de obras de Raymond Rousel (1877-1933) o incluso de la primera traducción al inglés de «La leyenda de la Tatuana» de Miguel Ángel Asturias (1899-1974) —titulada simplemente «Tatuana» y atribuida a «Miguel Asturias»—, que se había incluido ya en las Leyendas de Guatemala que publicaron en 1930 las españolas Ediciones Oriente (si bien hicieron una tirada de lujo de cien ejemplares «para el Club Rotario de Guatemala»).

En este curioso volumen antológico de View aparecía acreditado como diseñador Parker Taylor y como editor literario el mismo Charles Henri Ford, bajo cuyo retrato por Pavel Chelitchev (1898-1957), en el texto de la solapa de la sobrecubierta la transgresora y excéntrica poeta Edith Sitwell le describía nada menos que como «el mayor genio de la edición de nuestro tiempo». Charles Henri Ford tendría seguramente algún defecto, pero desde luego no era la excesiva modestia.

Apenas un año después publica la revista View otra traducción del español firmada por Bowles, la del cuento de Jorge Luis Borges «Las ruinas circulares», publicado originalmente en el número 75 de la revista bonaerense Sur (diciembre de 1940) y cuya editorial la incluiría al año siguiente en el volumen El jardín de senderos que se bifurcan (que, a su vez, quedaría subsumido en 1944 en el volumen Ficciones, publicado también en Sur).

Según lo cuenta Bowles en su libro memorialístico:

"Al principio escribía críticas de jazz y luego empecé a traducir textos que me parecía que podían interesar a Ford. Publicó mis versiones inglesas de Jorge Luis Borges y de Ramón J. Sender, de Francis Ponge y de André Pieyre de Mandargues, partes de Hebdomeros de De Chirico y el Popol Vuh de los quiches."

En lo que no es sino un compendio de traducciones de Paul Bowles, la editorial de San Francisco Cadmus publicó en 1985 She Woke Me Up, So I Killed Her, un volumen que contiene, además de diversas traducciones del francés y las ya mencionadas de Sender y Borges, la de microrrelatos de Ramón Gómez de la Serna bajo el título «Minute stories» entre las que se cuenta «La muerte de Eva», incluido originalmente en Los muertos, las muertas y otras fantasmagorías (en 1917 en las Ediciones del Árbol de Cruz y Raya, pp. 798-799) y que Borges y Bioy Casares y Silvina Ocampo habían incluido también ya en la edición de 1940 de su Antología de la literatura fantástica (en Sudamericana), que se ampliaría en ediciones posteriores.

En el caso de Gómez de la Serna, no parece tan claro, a falta de que aparezca el dato, dónde se publicaron originalmente los textos compilados en She Woke Me Up, So I Killed Her, aunque ya en 1945 ya existían algunas traducciones al inglés de textos de Gómez de la Serna dispersas por revistas y antologías. En un artículo sobre Bowles de Ricardo Gullón publicado en Ínsula en 1951 se alude a esta traducción de Bowles como reciente en oposición a la de la pieza teatral de Jean-Paul Sartre Hui Clos (fechada en 1946), así que, teniendo en cuenta además que View desaparece en 1947, no parece que haya que buscar la de Gómez de la Serna en las páginas de los números de la revista de Charles Henri Ford e incluso —salvo error— puede suponerse que la inclusión en ese volumen constituye la primera edición.

Otra pista posible: en la modesta revista californiana Zero Contemporary Buddhist Life and Thought, inicialmente vinculada a la comunidad del maestro Zen Kyozan Joshu Sasaki (1907-2014) y de la que fue coeditor Leonard Cohen (1934-2016), además de textos de Bowles, John Cage (1912-1992), Gary Snyder o Joni Mitchell, se da la casualidad de que se publicó a Borges traducido por Bowles. (Entre otras curiosidades de esta revista, se publicó también a Vicente Aleixandre.)

El trabajo de Bowles como traductor fue discontinuo en su carrera como escritor, hasta que se convirtió en poco menos que el traductor habitual de Rodrigo Rey Rosa (que a su vez tradujo a Bowles, con quien tenía buena amistad). Aun así, por el camino Bowles dejó otra traducción curiosa, la de Yerma, de Federico García Lorca (1898-1936), con el propósito de remozarla en lo que definía como una zarzuela, para la que incluso había escrito ya la música. Y a eso aún puede añadírsele el Toros, con textos de Rey Rosa, ilustraciones de Miquel Barceló y publicado en 1991 en Suiza por la galería de Bruno Bischogberger (1940-2026).

Fuentes:

Adam Baratz, «Bowles’s Yerma has American Prairie Harmonies Tempered to Surreal», The Boston Musical Intelligencer, 17 de octubre de 2010.

Paul Bowles, Memorias de un nómada, traducción de Ángela Pérez, Barcelona, Grijalbo Mondadori, 1990.

R. Fernández Romero, «Último Ramón. La American Literary Agency (ALA) y Ramón Gómez de la Serna (1957–1963)», Bulletin of Spanish Studies, 101 (10) (2024), pp. 1493–1517.

Charles Henri Ford, ed., View. Parade of the Avant Garde. An Anthology of View Magazine (1940-1947), selección y compilación de Catrina Naiman y Paul Nathan, prefacio de Paul Bowles e introducción de Catrina Neiman, Nueva York, Thunder’s Mouth Press, 1991.

Ricardo Gullón, «El novelista Paul Bowles», Ínsula: Revista Bibliográfica de Ciencias y Letras, Año 6, núm. 68 (agosto 1951), p. 3.

jueves, 17 de septiembre de 2026

El fin de un sello que hacía rato había dejado de ser una editorial

La noticia, con firma de Daniel Gigena, apareció en el diario La Nación, de Buenos Aires, el 16 de septiembre pasado. Se refiere al cierre definitivo de Ediciones de la Flor, una editorial que hace rato abandonó la literatura por la historieta hasta que la historieta la abandonó a ella y ya no tuvo razón de ser. Según la bajada: "El sello liquida unos trescientos ejemplares de distintos géneros de autores como Luce Irigaray, Horacio Salas, Ricardo Talesnik, Viuti, Meiji, César Bruto y Alicia Steimberg; hay ediciones ilustradas de Los viajes de Gulliver y Don Quijote".

Ediciones de la Flor se despide con una oferta de libros descatalogados a $5000, $10.000 y $15.000

Con una liquidación total de libros descatalogados y en oferta, Ediciones de la Flor se despide de los lectores que acompañaron el original sello creado en 1966 por Daniel Divinsky y Kuki Miller. Los libros están agrupados por precios, de los $5000 (un 60% de los títulos) a los $15.000.La exhibición y venta, que comenzó este lunes, tiene lugar lunes, miércoles y viernes de 10 a 17 en el depósito, previa reserva de turno al teléfono fijo 4304-5529 o por mail a cobranzas@edicionesdelaflor.com.ar. En la Feria del Libro, este año De la Flor empezó a decir adiós con libros a precios muy accesibles: se vendieron 5000 ejemplares y se agotaron cuarenta títulos.

En total, se liquidan unos trescientos ejemplares de distintos géneros de autores como Luce Irigaray, Horacio Salas, Ricardo Talesnik, Viuti (Teodoro y Cía.), Nik, Meiji, César Bruto, Alicia Steimberg, Cristina Siscar, Daniel Samoilovich (el poemario La ansiedad perfecta), Ana Becciú, Pablo Sirvén, Rodolfo Braceli, Juan Carlos Paz, Martha Berlin, Roberto Benigni (La risa es bella), Elie Wiesel (una colección de cuentos jasídicos), Miguel Ángel Estrella y César Fernández Moreno. Hay ediciones ilustradas para chicos y grandes de Los viajes de Gulliver y el Quijote.

“Muchos de los libros más antiguos hace largo tiempo que no figuraban en el inventario, pero están porque jamás descartamos ni destruimos un libro -dice Miller a este diario-. Pero también se van a vender libros del catálogo. Ya hay pocos en librerías porque hemos pedido devolución de los consignados. No vamos a vender libros de Quino, no porque no quede stock, básicamente de los de humor, de Mafalda casi nada, sino porque lo tenemos prohibido”. En 2025, los herederos de Quino retiraron los derechos de la obra del genial historietista de Ediciones de la Flor y los vendieron al grupo Penguin Random House.

miércoles, 16 de septiembre de 2026

Lectores de mentes simples que prefieren historias simples generadas con Inteligencia Artificial

El pasado 14 de septiembre, el diario Clarín, de Buenos Aires, publicó sin firma un artículo donde se revela que los lectores eligen como mejores los textos simples y faltos de matices que se escriben con inteligencia artificial, lo que habla de las fallas en la educación de quienes participaron en el experimento.

Los lectores califican mejor los textos de IA cuando creen que son humanos

Los lectores prefieren las historias creadas por sistemas de inteligencia artificial que las escritas por autores humanos, especialmente cuando creen de forma errónea que las ha redactado una persona real, según han comprobado investigadores de la universidad estadounidense de Villanueva.

Las personas que participaron en los experimentos otorgaron las calificaciones más altas en calidad y en claridad a los textos que fueron generados con inteligencia artificial, y la investigación demostró además que el público tiene grandes dificultades para distinguir entre ambos orígenes.

Según los expertos, la inteligencia artificial atrae más debido a que su estilo es más directo y predecible, a diferencia de la complejidad y de la sutileza propia de la literatura humana, y han señalado que sus hallazgos sugieren un sesgo favorable hacia lo humano. Los resultados del trabajo se han publicado en la revista Judgement and Decision Making.

Para el estudio, se evaluó a participantes adultos de entre 18 y 81 años para determinar si podían distinguir entre relatos cortos escritos por humanos y relatos generados por inteligencia artificial, cómo valoraban la calidad y el atractivo de cada uno, y si podían identificar el contenido generado de forma sintética.

Los investigadores utilizaron tres cuentos cortos de ficción escritos por autores humanos publicados en una revista literaria o colección de cuentos de renombre, junto con tres cuentos cortos generados por uno de los sistemas de inteligencia artificial más populares (el ChatGPT).4

En el primer experimento, se pidió a 1.682 participantes que leyeran una historia y se les dijo, correcta o incorrectamente, que había sido escrita por un humano o por una IA; luego calificaron la calidad de la historia y el grado de interés que les pareció.

En el segundo y tercer experimento, los participantes recibieron una historia escrita por un humano y otra generada por inteligencia artificial, pero no se les informó sobre el origen de las historias, y después de leeTambién se pidió a los participantes que valoraran su experiencia con el uso de plataformas de IA o su experiencia con la literatura de ficción, y los resultados mostraron que las historias generadas por inteligencia artificial recibieron calificaciones más altas que las historias escritas por humanos, sobre todo cuando creyeron que habían sido escritas por humanos.

Los investigadores también descubrieron que los participantes que aseguraron que tenían un mayor dominio de la IA eran más capaces de identificar textos escritos por una de estas herramientas, pero no así los participantes que afirmaron que tenían una mayor experiencia con la literatura.

La investigadora Deena Weisberg, autora principal del estudio del Departamento de Ciencias Psicológicas y Cerebrales de la Universidad de Villanova, ha apuntado que la escritura generada por IA tiende a ser más clara, más directa y más fácil de procesar, mientras que las historias escritas por humanos suelen ser más sutiles y complejas.



martes, 15 de septiembre de 2026

Este año la República Checa pagó para ser la invitada de honor de la Feria de Frankfurt


"El evento literario más importante del mundo reordena sus espacios para facilitar la interacción directa y dedica un escenario especial al aniversario de Latinoamérica como invitado de honor, en una edición marcada por el debate sobre el impacto de la tecnología en la lectura y la cultura." Eso dice la bajada de la nota publicada sin firma en InfoBAE, en el día de ayer.

"Entre un libro y sus lectores se interponen cada vez más plataformas y algoritmos": la Feria de Frankfurt desafía el dominio digital y reivindica el encuentro cara a cara en su 78ª edición

La 78ª edición de la Feria del Libro de Frankfurt, que se celebrará entre el 7 y el 11 de octubre, recordará con un escenario especial el 50º aniversario de Latinoamérica como primer invitado de honor a esta cita literaria y ofrecerá, además, con una fuerte presencia de Chile, un aperitivo de cara al año que viene, cuando el país sudamericano será país invitado.
Así, entre el 7 y el 9 de octubre, el programa del espacio dedicado a América Latina se centrará principalmente en aspectos del sector editorial latinoamericano, mientas que durante el fin de semana, serán los escritores, artistas y creativos los que tomarán la palabra para debatir temas que abarcan desde la literatura hasta cuestiones sociales.

“Nuestro futuro país invitado, Chile, contará con una fuerte presencia, ya que contribuye al programa con 14 autores e ilustradores”, dijo Ines Bachor, directora de Relaciones Públicas de la feria, en la rueda de prensa de presentación de esta 78ª edición.

Además de la participación chilena, habrá “un programa realmente amplio con obras procedentes de los países más diversos, desde Argentina hasta los cómics guatemaltecos”, subrayó.

“Hoy en día, la atención es un bien muy disputado. Entre un libro y sus lectores se interponen cada vez más plataformas, recomendaciones y algoritmos. La respuesta a esto empieza por el encuentro”, afirmó Jürgen Boos, director de la Feria del Libro de Frankfurt, cita que reúne a “personas que escriben, traducen, editan, venden y leen libros”.

La Feria de Frankfurt apuesta por ofrecer un espacio de encuentro personal entre escritores y lectores con un nuevo orden espacial y un claro perfil para cada pabellón, pero se volcará también en cuestiones urgentes de actualidad dentro del programa de política cultura “Frankfurt Calling”, con nombres como Gisèle Pelicot, icono de la lucha contra la violencia sexual de la que fue víctima.

Por eso, añadió, en esta edición se dará a estos encuentros un nuevo orden espacial en el que cada pabellón tendrá un perfil más definido, lo que facilitará la orientación y dará tiempo para las conversaciones.

Este año, el invitado de honor es la República Checa que, bajo el lema “Un país a orillas del mar” estará representada por 75 autores de todos los géneros.

El pabellón de 2.300 metros cuadrados, titulado “En los límites de la imaginación”, transportará a los visitantes a un paisaje costero poético con elementos redondos e hinchables, boyas interactivas y un faro poético, señala el comunicado, que agrega que la inteligencia artificial permitirá experimentar la literatura checa a su manera, con la creación de obras de arte en directo, entre otras cosas, con la participación de un robot.

En los dos escenarios del pabellón del país invitado se celebrarán lecturas, coloquios e intercambios especializados durante todos los días de la feria, aunque el “año de la cultura checa” irá mucho más allá del recinto ferial, con decenas de actos relacionados con la literatura, el cine, el teatro y la música, así como diez exposiciones en instituciones culturales de Frankfurt y otras ciudades del estado federado de Hesse, que invitarán a descubrir la diversidad cultural de la República Checa.


lunes, 14 de septiembre de 2026

Más sobre la forma en que las empresas de Inteligencia Artificial roban

La noticia no es nueva, pero no deja de asombrar. En esta nota, publicada en La Jornada, de México, el 1 de septiembre pasado, Elrinet Gómez da cuenta de lo que Anthropic hizo para alimentar sus modelos de IA.

Anthropic destruyó millones de libros con los que alimentó su IA

En 2024, la empresa de inteligencia artificial (IA) Anthropic puso en marcha una estrategia consistente en adquirir millones de libros, deshojarlos, escanearlos y utilizar su contenido para alimentar modelos de IA.

Los detalles de la iniciativa, llamada Proyecto Panamá, se mantuvieron en secreto hasta que un juez de distrito en Estados Unidos hizo públicos más de 4 mil páginas de documentos de una demanda por derechos de autor.

En entrevista con La Jornada, Ismael Everardo Bárcenas Patiño, responsable del Laboratorio de Inteligencia Artificial Microsoft de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que modelos de IA, como los que dan soporte a chatbots, necesitan grandes cantidades de información para responder consultas de ámbitos de la salud, la educación y otros.

“Si lo entrenamos con un libro sobre medicina, todos esos datos se cargan en el modelo y entonces es capaz de utilizar esa información para inferir sobre alguna consulta”, explicó el especialista.

En busca de nuevas fuentes de entrenamiento

En entrevista por separado, Rocío Aldeco Pérez, especialista en criptografía, cadena de bloques y sistemas distribuidos, considera que lo ocurrido con Anthropic es un síntoma de que para entrenar a la IA están buscando nuevas fuentes de información más allá de los contenidos disponibles en Internet.

“Hay libros antiguos que nunca fueron digitalizados; entonces su información nunca se usó para ese entrenamiento, recurrir a ellos es una manera de ver si esos datos mejorarían el modelo de aprendizaje que ya se tiene.”

Los documentos legales hechos públicos y revisados por The Washington Post revelaron que Anthropic había recurrido a libros y otros contenidos de sitios que distribuían contenidos sin respetar derechos de autor. Según esos registros, Anthropic compró millones de libros usados. El plan contemplaba cortar los lomos de los ejemplares para escanear sus páginas y, posteriormente, entregarlos a una empresa de reciclaje.

Aldeco Pérez y Bárcenas Patiño coincidieron en que, en medio de la competencia acelerada por desarrollar modelos de IA, uno de los principales desafíos es el uso de obras protegidas por derechos de autor. “Cuando escribes un libro esperas venderlo y ganar dinero para seguir escribiendo. Aquí se usa de maneras que no puedo decir ilegales, pero que tampoco son legales. Es algo que sucede en un espacio gris de la legislación”, apuntó Aldeco Pérez.

“Estos modelos basados principalmente en redes neuronales necesitan mucha información para entrenarse. El tema aquí es que estos modelos eventualmente lucran; entonces, sería pertinente evaluar si se tendría que pagar derecho de autor”, agregó Bárcenas Patiño.

El juez de distrito William Alsup dictaminó que Anthropic podía utilizar libros adquiridos legalmente para entrenar a sus modelos de IA, ya que éstos usaban el material de forma transformadora. Comparó el proceso de entrenamiento de IA con el de profesores que enseñan a escribir bien. Sin embargo, el juez dejó abierta la disputa sobre los libros obtenidos de fuentes que infringían derechos de autor.

Lejos de nuestra realidad

Para Bárcenas Patiño, México está lejos de ver una operación como Proyecto Panamá, debido a que el país no cuenta con la infraestructura necesaria para emprender un proceso como ése, que requiere centros de datos de alta potencia, equipos especializados y grandes capacidades de cómputo.

Sin embargo, dijo que el país tiene grandes volúmenes de información que podrían ser de interés para empresas extranjeras que desarrollan modelos de IA. Entre ellos, mencionó la producción editorial, los contenidos disponibles públicamente en Internet, la información que los usuarios generan en plataformas digitales y datos gubernamentales de acceso público.

Tanto Bárcenas Patiño como Aldeco Pérez plantean que, en el contexto de la competencia por la IA generativa, México debe apostar por desarrollar tecnología propia y crear una regulación que establezca límites claros para el uso de obras y datos en entrenamiento de modelos de inteligencia artificial.

“Cómo vamos a legislar y cómo vamos a proteger la soberanía de nuestros países frente a esta situación son las conversaciones que debemos dar en universidades, empresas y gobierno”, concluyó Aldeco Pérez.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Otra entrevista con Adan Kovacsics

La siguiente es una larga entrevista que Alejandro Luque le realizó al escritor y traductor chileno, radicado en España, Adan Kovacsics. Fue publicada en la revista Jot Down, el pasado 26 de agosto.

"Yo tengo de toda la vida terror a las banderas. Veo a la gente bajo la bandera y huyo"

Cuando Lászlo Krasznahorkai participó en las Converses del premio Formentor, celebradas en Marrakech en septiembre del año pasado, meses antes de ser reconocido con el premio Nobel, el escritor no se separó en ningún momento de un tipo desconocido para la mayoría: alto, bigote cano, casi siempre sonriente. Aquella sombra que acompañaba a todas partes al autor de Tango satánico no era otro que Adan Kovacsics (Santiago de Chile, 1953), su traductor al español.

Formado en Viena y afincado en España desde 1980, Kovacsics ha traducido también a autores como Karl Kraus, Arthur Schnitzler, Stefan Zweig, Franz Kafka, Imre Kertész o Ádám Bodor, lo que le valió el Premio Nacional de Traducción en 2010. Pero también es artífice de una obra muy personal, que incluye títulos como Guerra y lenguaje, Karl Kraus en los últimos días de la humanidad, El vuelo de EuropaLas leyes de la extranjería, El destino de la palabra y el más reciente Acaece, sin embargo, lo verdadero. En una soleada tarde en su pueblo, Vilanova i la Geltrú, Kovacsics brindó por los éxitos de su ilustre compatriota, que también son un poco suyos, y compartió con Jot Down algunos recuerdos de su vida.

Esta entrevista tiene lugar al cabo de una semana de la concesión del Nobel a Lászlo Krasznahorkai. ¿Cómo ha vivido usted estos días?
He dado más entrevistas estos días que en toda mi vida. Curiosamente me llamaron media hora antes, de un periódico, y me dijeron: «Oye, si le dan el premio a Krasznahorkai, ¿estás dispuesto a escribir un artículo?». Y dije que sí. Entonces, al cabo de media hora me llaman: «Sí, que sí se lo han dado. Adelante». Bueno, estaba en la calle y tuve que volver a casa a cumplir con mi compromiso.

Estuvieron rápidos…
Sí, sí, ¡intuición! Bueno, subí a casa con una alegría enorme, con mi mujer, que también es amiga de Krasznahorkai, porque nos conocimos hace muchos años. Esa tarde fue un poco de agobio también, con llamadas y todo. Digamos que, de pronto, yo era especie de virrey de Krasznahorkai.

El médium con el Olimpo, ¿no?
Exacto.

Pero ya había aparecido su nombre en las quinielas hacía mucho tiempo. Con él, ¿había hablado alguna vez de la posibilidad de que lo ganara?
Sí, sí, habíamos hablado desde tiempo atrás de esta posibilidad. A él le gustaba la idea, evidentemente, pero tampoco era un tema central en su vida. Nosotros nos hemos ido viendo, nos hemos escrito, pero tampoco tanto en los últimos años, con la pandemia en medio y todo eso. El año pasado nos vimos en Marrakech, nos vimos unos años antes en Pamplona, en unos encuentros, y en Budapest… No recuerdo el año en que nos vimos allí, digamos, dos o tres años después de la pandemia, en 2022 o algo así. Tampoco era un contacto tan fluido. Por mail y por teléfono, sí. Tampoco es que haya trabajado para eso, pero digamos que como posibilidad le parecía bien.

Yo siempre había pensado en él como un autor desentendido del mercado, en el sentido de que no sigue ninguna línea de moda ni nada parecido, pero, claro, por muy al margen que estés de todo eso, aspiras siempre a ser leído, ¿no?
Pues sí, él se alegraba mucho, siempre, de los lectores que él tiene, por ejemplo, en Estados Unidos, en América. Eso le gustaba mucho, le importaba. También en España, en el ámbito de lengua española, también. Tiene lectores que siguen su obra o que incluso preguntan por qué no ha aparecido tal y tal libro, y esas cosas… Tiene lectores en todos los países.

Vivió también de cerca el Nobel para Kertész. O sea, no era una situación extraña para usted, ¿no?
No, no, para nada, para nada. Y sí, me acuerdo de Kertész, me acuerdo también de cómo fue todo, los días aquellos que siguieron al premio.

¿Él también de alguna forma sabía que estaba en la quiniela y lo esperaba?
Kertész no lo sé, creo que no tanto. Con él no lo había hablado tanto porque, claro, nosotros nos conocíamos desde hacía poco. Claro, en 2002 recibió el premio y yo lo conocí en 2000. En cambio, con Krasznahorkai son veinticinco años desde que nos conocemos. Lo conocí el mismo año en que conocí a Kertész, en 2000 o 2001, no me acuerdo. Con Kertész nunca lo había hablado, pero sí supe después que él, digamos, sabía, por supuesto, de esa posibilidad.

Son dos autores muy diferentes, ¿no le parece?
Son muy diferentes, pero Krasznahorkai siempre ha dicho que sus modelos literarios húngaros han sido dos: Kertész y Mészöly, un autor al que no se lo conoce para nada en el ámbito de lengua española. Creo que habrá, a lo mejor, alguna obra traducida del húngaro. De Kertész, él me decía que era por su postura, por su radicalidad en su apuesta de seguir un camino literario.

¿Y como persona? ¿Eran muy distintos?
Sí, creo que sí, son distintos. Las experiencias son diferentes. Claro, Krasznahorkai es más joven. Tiene exactamente mi edad. Decíamos siempre: los dos somos serpientes en el horóscopo chino. Porque él nació en enero del 54, es decir, todavía en el año chino. Y yo nací en junio del 53. En cambio, Kertész era del año 29, imagínate la diferencia de edad. Y diferencia de experiencias, claro. Había conocido el campo de concentración. Krasznahorkai no, pero todo eso está en su obra, está de alguna manera.

Hay quien piensa que detrás del premio Nobel siempre hay, además de una apuesta por una manera de entender la literatura, alguna cuestión política detrás. En este caso, ¿usted cree que el perfil de Krasznahorkai es, o puede ser empleado como una respuesta a Orbán?
La verdad es que no he seguido mucho cómo es el mecanismo, cómo funciona la Academia Sueca y los premios Nobel. He pasado años sin saber ni siquiera quién lo recibía o no, pero, en este caso, digamos, si había alguien a quien premiar como contrario al gobierno de Orbán, era él, claro. Aparte de que se ha manifestado más de una vez en diferentes medios, y de forma directa a través de la literatura… El barón Wenckheim vuelve a casa es toda una invectiva contra los húngaros y contra esa concepción nacionalista que es la que impera en el gobierno de Orbán. Así que, digamos, ha hecho manifestaciones tanto en su literatura últimamente como públicamente.

¿Y en su país, en Hungría, cómo está considerado?
Bueno, digamos que es considerado un autor que abrió un camino importante. Hay cierta literatura a la que él le abrió el camino, a través, por ejemplo, de Tango satánico, de La melancolía de la resistencia, toda esa descripción muy punzante de la realidad en la provincia, en el ámbito rural, dentro de un régimen político, en el sentido de que para él muchas cosas no han cambiado y no podían cambiar. Es decir, él considera que todos esos años, esas décadas de gobierno dictatorial, han dejado una huella casi indeleble en el alma húngara. El paso a la democracia, la incapacidad de actuar con libertad y en libertad, eso es lo que él ha constatado.

¿Y su etapa estadounidense-neoyorquina, qué importancia cree que tiene? Lo pregunto en el sentido de que, de la misma forma que Borges decía que para triunfar en Europa él tenía que pasar por París, ¿no parece que para triunfar en algunos sitios, para llegar a determinados puertos, hay que pasar por Nueva York, por las capitales del mundo anglosajón…?
Sí, creo que ha tenido importancia. Él admira a la gente a la que conoció, le tiene una admiración enorme a Patti Smith, a Allen Ginsberg, los ha mencionado muchas veces. ¡Y a Pynchon!

Que es el que más mérito tiene, porque es el más escondido de todos…
Sí, sí, sí, sí, lo conoció. Pero también diría que muy, muy importante, más importante todavía, es su relación con Oriente, con Japón, China… Ahí ha indagado a fondo, así como su relación con Estados Unidos ha sido de admiración, y le ha parecido importante también para su trayectoria, pero lo que lo ha impresionado de forma muy profunda es la cultura oriental, japonesa en particular. Hasta el punto de que la ha conocido tan a fondo que incluso ha podido desilusionarse un poco. Ocurre con las personas también, con los padres, por ejemplo.

Después de veinticinco años traduciendo a alguien, ¿llega un momento en que surge la amistad y la admiración de forma espontánea, o eso va cambiando también, va habiendo  momentos distintos?
Bueno, sí, ha habido periodos más intensos de relación, yo creo que en los primeros años y luego, por razones varias, porque durante un periodo no traducía nada de él, pues la relación era menos frecuente y menos intensa, pero siempre ha estado allí. Es decir, nosotros nos hemos visto aquí en Vilanova, nos hemos visto en su casa, en Budapest, en el campo en Hungría, vino a vernos donde teníamos una casa. Nos vimos en muchos escenarios.

¿Y toda esa relación da también para discutir alguna vez?
Sí, ha habido momentos de ciertas tensiones, porque él tiene su carácter, ¿eh? Ha habido momentos, sí, sí.

Hay quien defiende el papel del traductor hasta considerarlo el coautor del libro, ¿usted cree que es para tanto?
Yo me entrego a la obra, a cualquiera, de él o de cualquier otro, totalmente, y no tengo esa obsesión por pensar que, digamos, una parte la he escrito yo y todo eso. Pero hay algo de verdad. Pensándolo fríamente, esa obra en español la he escrito yo, pero en el fondo no hay ni un pensamiento en esa dirección. Esa obra me atraviesa de alguna manera; al atravesarme pasa a ser algo en castellano, o sea que la idea del médium me parece casi más aceptable.

Usted ha traducido a mucha otra gente, no solo del húngaro, también del alemán. ¿Es lo mismo cuando traduces del húngaro o del alemán?
Yo empecé como traductor del alemán, luego incorporé el húngaro. Y procuro tener siempre entre manos un libro en alemán y un libro en húngaro. No es que los traduzca al mismo tiempo; a veces sí, a veces un libro en alemán por la mañana y en húngaro por la tarde. Ahora bien, yo diría que hay una diferencia, y está en que mi alemán es más sólido y más trabajado que mi húngaro. ¿Por qué? Porque mi húngaro es, en principio, un húngaro doméstico, lo tengo de casa, no tengo una formación filológica, académica, en húngaro, para nada. No hice el bachillerato en húngaro; en cambio, sí lo hice en alemán. Entonces, es mucho más sólido mi conocimiento del alemán que del húngaro. Tanto que, por ejemplo, yo he dado clases de traducción de ambos idiomas, pero en mis clases de alemán mi autoridad podía decir: esta palabra es tal y tal, con absoluta seguridad; en cambio, cuando traduzco del húngaro no lo es tanto. Ahí mi seguridad es absoluta luego en castellano, ahí sé qué palabra suena como tiene que sonar, pero no tengo esa autoridad cuando se trata del húngaro, y la busco, pregunto más. Tengo dos o tres personas, escritores o traductores en Hungría, a las que he ido preguntando, al principio más a menudo, cuando empecé a traducir del húngaro, en los años noventa. Ahora menos, porque ya son muchos años de traducir del húngaro, ya tengo cierta solidez.

Y cuando traduce del alemán, viendo autores como Karl Kraus, Schnitzler, Stefan Zweig, imagino que no solo hay un trabajo lingüístico, sino también un trabajo de índole moral muy importante. Kafka también está ahí. ¿Cuáles han sido más importantes para usted?
Los autores centrales para mí, en mi trayectoria intelectual y literaria, han sido para empezar Karl Kraus, que me ha marcado muchísimo.

Escribió un libro sobre él, además…
Sí, y he traducido Los últimos días de la humanidad, que vuelve a aparecer ahora en estos días en una editorial pequeña de Barcelona, la traducción que hice en su día para Tusquets. Es un autor al que he trabajado muchísimo y de alguna manera he contribuido a introducirlo en España. Luego Kafka, lo he leído y releído muchas veces. Esos, en el ámbito de la lengua alemana, para mí son centrales. Luego, en Hungría, los otros dos son Kertész y Krasznahorkai. Kertész por su elaboración literaria de lo que fue el Holocausto, y Krasznahorkai por su mundo literario tan particular. Hay una especie de culto al yo, esa literatura del yo que se ha impuesto mucho en estos últimos tiempos. Él es totalmente opuesto a eso. No es una literatura del yo, es la creación de ficción que constituye una especie de figuras míticas.

Schnitzler y Stefan Zweig. ¿Le han dejado algún tipo de nostalgia o de melancolía por ese mundo de ayer que ya nunca va a volver?
Lo conozco bien, incluso conozco el hecho de que tuviera que venirse abajo, los porqués… Pero bueno, un poco convivo con ese mundo. En mi casa aquí, en Vilanova i la Geltrú, hay un poco ese mundo…

¿En qué sentido? ¿Solo bibliográfico?
Bueno, también mental. Continuamente están allí. Schnitzler, por ejemplo, traduje sus diarios. Los diarios los traduje porque yo quería… Se publicaron en Chile, son diez volúmenes; yo hice de esos diez volúmenes uno. Hice una recopilación muy interesante.

Remontándonos a su infancia en Chile, y a su bilingüismo natural: hablando con gente que ha sido bilingüe desde niño, a veces me decían que nunca lo habían vivido como una riqueza, que puede llegar a ser fastidioso. ¿Le ocurrió a usted?
Claro, yo lo vivía como algo natural, digamos, que estaba allí. En Chile es curioso porque en casa hablábamos húngaro, la familia era húngara, había mucha relación con la colonia húngara de Santiago. Mis padres, la mayoría de los amigos eran húngaros o austriacos, croatas, había de todo, pero digamos, eran muchos amigos centroeuropeos. Y yo, claro, yo vivía con compañeros chilenos, entonces había como dos mundos. Tenía esa sensación, ¿no? Tanto que a veces me acuerdo: yo iba en el autobús, la micro se llamaba, en Santiago, a la escuela, y a veces coincidía con mis padres, que tomaban el mismo autobús porque iban a trabajar más allá, yo me bajaba antes. Yo no quería sentarme con ellos, porque entonces tendríamos que haber hablado húngaro. Yo lo que quería era fundirme con el medio.

¿Y recuerda que hubiera algún tipo de rechazo a la comunidad forastera allí?
No. Al menos yo no lo recuerdo.

Eso es un lujo que nos permitimos los europeos y los americanos, ¿no?
Sí, sí, a lo mejor eso viene después. Ahora me hablan de Chile, dicen que hay problemas, también un poco manipulados, digamos, con los venezolanos, porque hay gran afluencia en toda Sudamérica, miles de desplazados. Pero en nuestro caso, para nada.

En su vida juega un papel importante su paso por Viena, de la que en uno de sus relatos dice que «es para mí música y llanto». Lo de la música lo entendemos, pero ¿el llanto?
Allí, en el libro, hay un personaje, ese fantasma que tiene parte de mí y parte que no es de mí. Soy más de crear personajes que de estar volcando únicamente experiencia propia, ¿no? Pero digamos, música y llanto viene también por el hecho de que al volver —yo pasé mi juventud allí— de pronto hay recuerdos, no necesariamente malos ni buenos, pero recuerdos que te impactan tanto que te sueltan lágrimas, claro. El llanto viene de la sensación de pérdida.

Ese personaje dice también que conoció a Niki Lauda y no me resisto a preguntarle si…
Sí, lo conocí.

¿Cómo fue eso?
Yo tenía una amiga, que era en realidad amiga de mi hermana, y ella vivía en una casa en cuya primera planta, en la planta de abajo, había un pariente suyo, un bailarín de la Ópera de Viena, y esta gente era amiga de Niki Lauda. Todavía creo que corría en Fórmula 3 o algo así. Charlamos un poco, me fijé en su porte y en su cara, y qué sé yo, tampoco me acuerdo muy bien, eso fue hace muchísimos años. Después ya no lo vi más.

En las páginas en las que habla de Kertész y todo esto, hay una serie de reflexiones sobre Auschwitz y sobre el Holocausto, por la conexión húngara con el mundo judío. También has traducido a algunos grandes autores judíos, ¿cómo conecta eso con tu sensibilidad, con tu compromiso también?
A Kraus y a Kafka quería traducirlos, pero otros me han llegado y los he hecho míos.
Sí, considero que hay una espiritualidad judía que se configura a finales del siglo XIX y va hasta su destrucción en 1933. Ahí es destruida de una forma, para mí, consciente.
Ese absorber la realidad que había en aquel momento, en el final del Imperio, después en la república en Austria, en los años veinte y todo eso, absorber esa realidad y, por otro lado, aportar todos esos siglos y siglos de espiritualidad judía, que también estaba allí…Eso se ve en Joseph Roth, al traducir Job, ¿no? Lo mismo lo veo también mucho, mucho en Kafka. Esa percepción muy limpia de la realidad, lo que está pasando, pero al mismo tiempo ese aporte de siglos, de milenios del que te hablaba. Que a nosotros nos cuesta, digamos, entender, pero a mí me importa mucho.

Creo que era Kertész quien temía que los judíos volvieran a ser perseguidos. En Francia hay un debate sobre si, de fondo, el antisemitismo está volviendo. ¿Usted lo cree?
Yo creo que sí, que está volviendo el antisemitismo. Digamos que es algo muy, muy profundo, que no se elimina así de un plumazo, no se elimina simplemente con el recuerdo de Auschwitz. Está volviendo porque una pequeña chispa lo hace emerger de nuevo. Y en España lo que yo he percibido siempre, desde que llegué, es que hay un antisemitismo muy fuerte. En comentarios de gente, que los judíos tal, que el lobby judío, que esto y lo otro, te lo dicen de una forma en apariencia ingenua e inocente, pero en realidad peligrosa… Aquí en España lo he notado desde que llegué, lo he notado de una forma que tú en otros países, en Alemania, no lo podrías decir sin que la gente piense: «Eh, aquí está pasando algo». Yo creo que se tiene que decir, por ejemplo, que España fue uno de los últimos países occidentales en reconocer a Israel y que el régimen de Franco nunca lo reconoció. Por algo era.

Bueno, teníamos además la conspiración judeomasónica…
Sí, sí, exacto. Por algo era así.

¿Cómo ha vivido usted la última invasión de Gaza? ¿Le afecta que alguien vea el telediario y diga: «mira lo que hacen los judíos»?
Exacto, exacto. O, por ejemplo, decir: «en el fondo la culpa del antisemitismo la tienen los propios judíos», cosas así que se oyen de pronto. He vivido con mucho dolor todo esto. Me acuerdo precisamente que Krasznahorkai y yo, muy al comienzo, poco después del 7 de octubre, hablamos, dolidos y preocupados. Y comentamos: haga lo que haga Israel, será malo. Si no hacía nada, malo. Si hacía algo, malo igualmente. Aquí ha habido mucha ceguera, y hoy en día lo noto también en ese abrazar de forma, a mi juicio, irreflexiva la causa palestina. Porque en la ecuación palestina está Hamás, está Irán, tan simpáticos ellos, tan progresistas, tan comprometidos con los derechos humanos y, en particular, con los derechos de las mujeres.

¿Tiene la sensación de que al frente de los dos, de las dos comunidades, de los dos pueblos, ahí se han puesto los extremistas?
Claro.

Bueno, a la derecha de Netanyahu hay gente aún más extremista.
Sí, sí, claro, son los que también empujan a su gobierno, en el que hay personas como Itamar Ben-Gvir.

¿Cree en la solución de los dos estados?
Desde el punto de vista abstracto, sí pienso que la solución sería la de los dos estados. Es lo que se pensaba desde los comienzos del problema; luego, en los años 90, ese gran esfuerzo por la paz que hubo fue extraordinario y al final se truncó. Pero desde el punto de vista real, ¿están los dos pueblos capacitados para soportar eso de los dos estados? En este momento no lo veo. No sé, es que no sé cómo puede acabar. No lo sé. Además, no soy quién para saberlo. Sin embargo, la idea de los dos estados es, en todo caso, al menos una idea, que es lo que hoy en día no existe. La independencia del espíritu es hoy más necesaria que nunca para desmontar décadas de odio y mentiras y, además, porque nunca en los últimos tiempos ha estado el poder, en todo el mundo, tan alejado de todo eje moral.

La otra pregunta sería, ¿cuál es la alternativa?
Claro, claro. Yo creo que es posible que, después de todo esto tan traumático que ha sucedido para ambos, a lo mejor precisamente eso ayude a que haya un proceso de paz para empezar, porque todavía no lo hay. Que haya un alto el fuego. Que haya primero un proceso de paz y luego un intento de consolidar eso, de dar estructuras sólidas, las que sean, con las debidas garantías, para esos pueblos. Porque también he leído alguna vez algo de una confederación jordano-palestina, no lo sé… Ellos también tienen un papel, está Líbano, está Jordania.

Usted, hablando de Kertész, hablaba de la experiencia de deshumanización acompañada de la pérdida del lenguaje. ¿Cree que eso ha sucedido? ¿Cree que desde Auschwitz el mundo judío ha perdido el lenguaje o hay una batalla por recuperarlo?
Lo que él veía era que se instaura un determinado lenguaje político, histórico, de relato y todo eso, que no transmite la realidad de lo que allí ocurrió, las realidades vividas. Y él lo que intentaba a toda costa era recuperar eso. A toda costa. Pero recuperar eso, ¿qué lenguaje tiene? Es lo que veía: que el lenguaje vigente, con su discurso pomposo, repetitivo, no rozaba esa realidad.

¿Eso es lo que lo hace, si no recuerdo mal, criticar a Spielberg?
Claro, claro.

¿Hizo como una carta o algo así?
Hay un texto suyo, creo que en Un instante de silencio en el paredón. Allí hay un pequeño ensayo que habla de eso. En Spielberg todo está en su sitio, todo está exactamente donde tenía que estar: la fábrica, el campo, todas estas cosas están en su sitio, pero no está la realidad. Y él decía: «Hay más realidad de Auschwitz en Benigni que en Spielberg». Eso me impactó mucho. Revivirlo, a lo mejor, solo se puede hacer a través de ficción, a través de mito.

Me interesa también cuando usted hace una impugnación de la información, que a mí como periodista me pone en guardia… Usted viene a decir que la información es un bloqueo del pensamiento. ¿Lo puedes explicar?
En mi libro El destino de la palabra, en el que auguro a esta un mal destino, hago aparecer el uso de los porcentajes: todos, absolutamente todos, extraídos de la radio, de la televisión, de los periódicos y de algún medio de internet, pero en general de radio y periódicos. Y lo primero es: ¿qué vivencia hay en esa proliferación de datos, de cifras? Nada, cero. No hay nada. No hay nada vivenciado. Solo datos, cantidades. Tampoco hay nada pensado. Simplemente se transmite algo que al día siguiente hemos olvidado.
Y después lo otro es, digamos, que el pensamiento —el pensamiento literario, el pensamiento poético, el pensamiento filosófico— necesariamente ha de prescindir o ha de apartar la información. Vivimos en medio de un bombardeo informativo, y yo pienso: bueno, a ver, en 1880, ¿había este bombardeo? No. El bombardeo comienza con la irrupción masiva de la prensa. Eso Karl Kraus lo detectó ya a comienzos del siglo XX. Y entonces ya empieza la frase hecha, el tópico, la palabra no pensada; ya viene entonces el pensamiento prefigurado a través de determinadas palabras.
La palabra genocidio, que veo por todas partes, yo creo que de tanto decirla y de tanto usarla y de tanto estar obligado a usarla, de tanto decirla y de tanto imponerla, al final va a perder significado. Se vacía de contenido. Se volatiliza. Pasa con genocidio, con armas de destrucción masiva, con la misma palabra Holocausto. Entonces es como que hay que empezar a pensar de nuevo.

Usted añade: «El relato es magia, la información es fe».
Claro, si tú escuchas la radio o tú lees el periódico o la información a través de las redes, es esencial que tú creas ese dato. Si te dicen que el treinta por ciento de los jóvenes consume alcohol a los diecisiete años, eso tú tienes que creerlo. Tú tienes que creerlo.

Se llama fuente fiable.
Sí, exacto. «Según fuentes fidedignas…». El experto, la figura del experto. Ahora, si tú lees, por ejemplo, que Ana Karenina se tira a las vías del tren, no es cuestión de creer o no creer. Tú lo imaginas. Tú lo vives. Ahí está la diferencia.En el caso de la información, tú no visualizas. «El treinta por ciento de los jóvenes consumen…». Yo creo el dato o no lo creo. Ahí está la cosa. La cosa es entre creer y no creer. Pero no está la magia de la imaginación que se pone en marcha. No está la compasión.

Sin embargo, los defensores de la información ahora lo que lamentan es que el público le ha dado la espalda a la información y pasamos a la era de la opinión, que es una opinión desinformada, porque es una opinión que la autoridad que tenía la información ahora tiene en lo que le falta al dato: las emociones. ¿Eso no entraña otro peligro?
Yo creo que sí, pero al mismo tiempo creo que una cosa viene de la otra. Ahora, para provocar esas emociones, para estimular la ira o la indignación o lo que sea, se transmiten datos falsos. Pero la manera de funcionar es la misma, el esquema es el mismo, el lenguaje es el mismo. La desinformación viene de la información.

Y de esta manera, vaticina, llegará un momento en que no se entienda nada de Shakespeare o que no se entienda nada de Sófocles. ¿Cómo imagina ese momento o ese proceso?
Yo lo imagino como algo muy cercano. Pero especialmente por la pérdida de los relatos complejos. La incapacidad de entender relatos complejos, uno de estos parlamentos de Shakespeare, de algunos personajes de Shakespeare… En aquel momento, cuando se hicieron, supongo que se entendían. Ahora yo creo que pones uno de estos parlamentos shakespearianos ante un público y no lo entienden. Y creo que esto irá más. Se entienden las frases simples.

Bueno, de hecho, dicen que un altísimo porcentaje de ingleses, angloparlantes, no entienden.
Ellos mismos también han contribuido a eso, a la simplificación del lenguaje. O el mismo Homero. Yo imagino que Homero era cantado, por lo cual quiere decir que se entendía. Pero no se entiende. No se entiende la complejidad. Y de ahí también que ahora podamos volver a Krasznahorkai: él busca la complejidad precisamente por eso. Él dice, en algún momento: «Yo escribo para lectores inteligentes. Yo creo en el lector inteligente. Creo en el lector capaz de entender la complejidad».

Hay una insistencia en que la obra de Krasznahorkai es oscura, difícil. Son como etiquetas que se ponen en la obra. ¿Tú crees que es así?
Habiéndolo traducido mucho, diría que hay un proceso en él hacia una transparencia cada vez más grande. Yo creo que Wenckheim, por ejemplo, es más transparente y limpio que Tango satánico. Y esta última novela que traduje, Herscht 07769, que no está publicada, lo es más todavía.

¿Con Béla Tarr ha tenido relación?
No, no. Lo he visto alguna vez en Barcelona, nos hemos saludado y eso, pero no lo he conocido, salvo en ese momento. Sí creo que ha hecho una buena traslación de las novelas de Krasznahorkai al cine. Y Krasznahorkai se implicó mucho. Él iba a los rodajes; aparte de ser inspirador de la obra de Tarr, participó mucho. Yo creo que hasta El hombre de Londres, y ahí hubo un distanciamiento entre los dos. Luego fue El caballo de Turín. El caballo de Turín fue posterior. Krasznahorkai me dijo: «Creo que es la mejor película de Tarr. Quizá porque ahí no intervine». Todo el guion es suyo, pero no intervino en los rodajes, en el día a día de la creación de la película.

Usted se instala en Cataluña, es su casa. ¿Cómo ha vivido también, como hombre europeo y afín al mundo de ayer, todo lo que ha pasado en los últimos años con el procés y la exaltación de los nacionalismos?
Lo viví mal. Aterrado, con ganas de irme.

Hubo mucha gente que se fue, de hecho.
Sí, sí. Y gente que estaba a punto de irse y no se fue. Entre ellos, nosotros.

¿Y ha llegado a explicarse qué pasó?
Creo que hay un fondo que se mantiene y puede volver a aparecer. Bueno, lo que también me dice todo lo que pasó es que España es un país muy especial, muy curioso, con todas estas nacionalidades. Nunca lo ha resuelto… Bueno, tampoco en otros países. Algunos actuaron de manera draconiana, como Francia, ¿no? Actuaron de manera drástica y no lo han resuelto. Y aquí en España, por el tipo de burguesía, de poder que ha habido y todo esto, tampoco se ha resuelto. Y está ahí, latente, sigue ahí. Pero al mismo tiempo creo que la gente también se dio cuenta de que aquello iba a la nada. Aquello era un viaje a la nada. A ninguna parte. Peligrosísimo. Porque llegar a ninguna parte, llegar a la nada, habría sido bastante dramático.

Es curioso cómo a veces los políticos —no voy a decir de qué signo ni de nada— son capaces de levantar una bandera y con qué facilidad se hacen seguir por las masas. Es algo que ha funcionado siempre, pero que ahora nos sigue asombrando, ¿no?
Yo tengo de toda la vida un terror a las banderas. Veo a la gente bajo la bandera y huyo.

¿No hay ninguna que no esté manchada de sangre?
De sangre o de locura.

Para terminar, le pido su idea del futuro de la traducción. ¿Va a convivir con la tecnología, va a ser erradicada por ella?
La verdad es que no lo estoy viviendo en primera línea, siento que pertenezco a una época anterior. Pero sí percibo por traductores jóvenes que hay inquietud. Ahora, lo que sí creo, y lo he dicho varias veces, es que traducir es un deseo muy profundo, muy innato. El deseo de apropiarse de una obra, de un poema, a través de la traducción. Y eso no lo hace la inteligencia artificial, eso lo haces tú.
No sé qué ocurrirá, pero ese intento de hacer tuyo un relato o un poema, por el hecho de pasarlo de un original a tu lengua, de apropiarte paso a paso de un texto, no va a desaparecer. Hay una parte —la comercial, económica, práctica— que harán las máquinas. Luego, además, puede ocurrir que un cierto tipo de traducción más creativa, más innovadora, que se aparte de la línea que siga la IA, llegue a existir y tener sus adeptos… No hay que creer tanto en la IA, hay que creer en uno. Y la IA, por otra parte, a lo mejor promete más de lo que en realidad puede. Hay ahí mucha publicidad, mucha propaganda. De hecho, la publicidad y la propaganda dominan nuestro siglo.