viernes, 2 de diciembre de 2022

"Me alarma la represión bienpensante que recorre el mundo"

El petiso Jorge Aulicino no para de pensar. Y tiene razón, porque algo hay que hacer. Sobre todo, cuando la estupidez nos conduce, poco a poco, a convertirnos en una civilización de necios y mentecatos.


Negro que te quiero negro

Está claro que desde tiempos inmemoriales el color, el grosor, la altura y otros detalles del cuerpo ha servido para escarnecer a las personas. Todos recordarán el famoso pasaje de nuestro “poema nacional” en que Martín Fierro profiere, ante la entrada de una majestuosa negra: “Vaca... yendo gente al baile”. El racismo del personaje se ve más claro cuando se enfrenta en una payada con un moreno o cuando describe la vida en las tolderías indias. Nadie pensó por eso que se debe prohibir el Martín Fierro, que como todo libro de literatura, en este caso en verso, es ficcional. Y seguramente su personaje, tan prejuicioso cuanto heroico, y tan abominable en algunos aspectos cuanto sublime en otros, y tan víctima cuanto victimario, representa a cierto tipo de argentino, y no a los gauchos.

Pero la chatura marcha de la mano del nuevo pensamiento único, que se convierte cada vez más en oficial. Chatura que desconoce el valor que el contexto y el tono les dan a las palabras. Negro, en la Argentina, es el criollo mestizo. Por supuesto, el término nació denigratorio. Pero luego miles de personas han sido llamadas Negro y Negra, como sobrenombres, sin que eso contuviera desdoro. Por el contrario, eran y son apelativos cariñosos, como los referidos a otras características físicas. A mí me suelen llamar petiso y me llamaban el Petiso en cierto ambiente. Gente que me quería. Gordo o gorda, flaco o flaca, lungo o lunga se convertían naturalmente en apodos en aquellos tiempos (cuando yo era joven). Lo mismo las alusiones, intencionalmente erradas, a los lugares de nacimiento: todos los árabes eran turcos, todos los judíos rusos, todos los orientales chinos. Y la alusión al origen, ya sea el propio o el de los padres, derivaba en apodos personales: el Ruso; el Turco, etc. Todos los españoles fueron gallegos y los italianos, tanos, pero luego cada uno de ellos portaba la referencia al origen, propio o hereditario, como sobrenombre: “Ahí viene el Gallego”, “el Tano es muy leche hervida”.

Durante las grandes movilizaciones de las décadas de los sesenta y setenta en los Estados Unidos, miles de personas se sumaron a lo que genéricamente se llamó Black Power (poder negro). El movimiento incluía al violento Black Panther Party, pero también a otros grupos que se reconocían como negros. Luego, el llamado “pensamiento políticamente correcto” de la izquierda estadounidense y de los sectores progresistas de Nueva York y San Francisco decidieron que era discriminatorio llamar negros a los negros. Y que los que viven en los Estados Unidos, hayan nacido allá o no, deben ser llamados “afroamericanos”. Lo cual ignora, para empezar, que no todos los africanos son negros y que el intento de absorberlos es, a la vez, el de integrarlos al mismo sistema que tritura a casi todos. El caso es que llevamos treinta años escuchando que los yanquis de alma llaman afroamericanos o afrodescendientes a los negros sin que la violencia de los racistas (“supremacistas blancos”, en una mala traducción) haya disminuido un ápice.

Las palabras no cambian las cosas. Las formas de llamar a personas de distinto color de piel, o con insuficiencias físicas o mentales, que inventó la ola progre, ya no sólo en los Estados Unidos sino en el mundo, serían graciosas, si no fuera que revelan una mente acosada tanto por la imbecilidad cuanto por el autoritarismo unificador. Me alarma la represión bienpensante que recorre el mundo (algunos se la aplican como silicio y luego la aplican a los demás), especialmente porque ese gran movimiento puritano atenta contra la literatura, donde las palabras intentan desplegar todos sus matices. La lengua perderá sus matices, su forma tan peculiar de expresar odio o afecto con la misma palabra, al menos en castellano de América. Los yanquis –los propiamente yanquis– no se perdonan haber usado a los negros como esclavos. Nosotros tampoco. Pero ya se nos pasó. La esclavitud fue abolida hace más de dos siglos en la Argentina. Y negro, como queda dicho, es un término que se puede usar con desprecio de clase (incluso desprecio de clase adquirido) o con familiaridad afectuosa. Dios no nos quite esto último.

jueves, 1 de diciembre de 2022

Consecuencia impensada del nacionalismo catalán

Jorge Luis Borges, a quien por cierto siempre le divertía irritar al prójimo, solía afirmar que al pueblo vasco ser aguerrido sólo le había servido para ser español o francés. No hay testimonio de que haya dicho lo mismo de los catalanes, pero tal vez podría pensarse otro tanto. Chistes de mal gusto aparte, más de un hablante de castellano venido de Latinoamericana ha tenido que sufrir la grosería de entrar a un comercio de Barcelona, preguntar algo en castellano no ibérico y recibir respuesta en catalán, como si fuera obligatorio hablarlo por el simple hecho de pisar esa tierra. Así, asimilados a un nacionalismo cerril que no cotempla excepciones, todos hemos sufrido desplantes de parte de los habitantes de Cataluña por su férrea negativa a ser asimilados a España, problema en el que los americanos nada tenemos que ver. Martín Caparrós, a quien, como a Borges, también le gusta irritar, recientemente fue víctima de esa descortesía en una universidad catalana. La noticia fue publicada por InfoBAE el pasado 29 de noviembre, pero el torpe periodista que tituló la nota, invirtió los términos, achacándole la descortesía al escritor argentino.

Martín Caparrós genera polémica en Barcelona

Martín Caparrós se vio envuelto en una polémica que lo excede. Días atrás participó de una conferencia sobre fútbol junto a la periodista Carme Barceló y el exfutbolista Julio Salinas en la facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB). En un principio, y durante un tiempo cercano a la hora, la charla se produjo en español, así como las primeras preguntas del público. Hasta que un estudiante decidió hacer una pregunta en catalán. Primero consultó si era una lengua entendido por todos, a lo que Caparrós no contestó. Luego, al pronunciar la pregunta, el escritor argentino se mantuvo en silencio. Cuando le tocó el turno de volver a hablar, excusó su silencio en que tenía “el francés oxidado”.

 

En la siguiente pregunta, otro estudiante hizo una broma sobre el dominio de lenguas de Caparrós. Esto provocó que el escritor se levantara y se fuera de la conferencia. El episodio cayó en un espiral de comentarios en las redes sociales dando lugar a los discursos polarizados en torno al uso del idioma catalán como lengua principal en establecimientos educativos de Cataluña, discusión que transcurre actualmente en las tierras españolas. Un dirigente catalán de nombre Antonio Baños tuiteó que “al sabio hombre blanco no le ha gustado que los indígenas hablen en su jerga. ¡Disculpe, oh patroncito!” Luego lo calificó de “fascista”. Caparrós le respondió y en ese intercambio explicó su posición: “Escuché 10 o 15 minutos de respuestas en catalán -sin entenderlas- y me fui porque una panelista me tomó el pelo”. Luego citó un hilo de Ana González, que estuvo presente, cuyo usuario es @anaagnzz.


“Hoy en mi uni (UAB) se ha demostrado la falta de educación cuando se insistió en hacer preguntas en catalán a un periodista extranjero que no entiende la lengua, y cuando todos sabemos hablar en castellano. El catalán debe hablarse, perfecto. Pero no debe imponerse”, comenzó diciendo González, y agregó: “Veo en mi universidad a mucho antifascista que impone sus ideales y no se diferencia de aquello contra lo que lucha”. Otro usuario que atacó a Caparrós fue el guionista Marc Gabernet. En Twitter escribió que el autor argentino “abronca a los estudiantes de la UAB por preguntar en catalán” y “abandona la conferencia”. También lo acusó de no haber señalado a tiempo que no entendía el idioma.

Fue el propio Caparrós quien luego dijo: “Si me preguntan si entiendo una lengua en una lengua que no entiendo, no puedo contestarlo”.

En una columna en el diario español El Mundo, Juan Claudio de Ramón escribió: “Pesa sobre Caparrós un reproche de insinceridad: no es cierto, le acusan, que no pudiera entender lo que se le preguntaba. Caparrós podría invertir la acusación: si cuesta creer que un argentino no es capaz de entender el catalán, más difícil es creer que un catalán no puede hablar en español”. En el artículo fechado en el día de hoy, agrega: “La propaganda nacionalista insiste en que todos los catalanes dominan la lengua española. Siendo así, ¿qué motivo hay para no proseguir el coloquio en la lengua que los participantes tienen en común y optar por la «lengua indígena» (Baños dixit) si no es la voluntad de hacer del medio un mensaje, ajeno al objeto de conversación?”

En 2017 se produjo la declaración unilateral de independencia de Cataluña y desde entonces el debate público se ha agudizado. En estos momentos la Universidad Autónoma de Barcelona lleva adelante una campaña llamada “No em toquis la llengua” (No me toques la lengua), cuyo objetivo es “poner de manifiesto su compromiso con la presencia de la lengua catalana en la docencia y la investigación”. En simultáneo, el gobierno catalán rechazó “a cumplir las sentencias judiciales firmes que instan a impartir al menos un 25% de las clases en castellano en la enseñanza no universitaria pública de la autonomía, monolingüe y obligatoria en catalán desde hace tres décadas”, según informa el sitio español Crónica Global.

 

El catalán es una lengua romance histórica hablada por más de diez millones de personas en Cataluña, las Islas Baleares, Andorra, la Franja de Aragón, el Rosellón, la ciudad sarda de Alguer, la Comunidad Valenciana y la comarca murciana de El Carche —donde recibe el nombre de valenciano— , así como también en pequeñas comunidades de todo el mundo.

 

miércoles, 30 de noviembre de 2022

El espíritu colonizado de las editoriales latinoamericanas "independientes"

Se sabe que, con alguna frecuencia, los genios de la Real Academia española (RAE) deciden cambios, ya sea para justificar que trabajan, o para ganarse el favor del público mediante alguna maniobra demagógica.

Se sabe también que la mayoría de las academias hispanoamericanas, que conforme la ASALE (Asociación de Academias de la Lengua Española), suelen no contradecir a sus pares ibéricos porque, entre otras cosas, reciben distintas "ayudas" (fondos) para cumplir las urgentes tareas que los gobiernos de la región no consideran importantes.

Un caso interesante es el de las "tildes diacríticas".

Según la propia definición de la RAE, "se llama tilde diacrítica al acento gráfico que permite distinguir palabras de idéntica forma, pero que pertenecen a categorías gramaticales diferentes". No es descabellado entonces pensar que los pronombres demostrativos son distintos cuando cumplen funciones sustantivas o adjetivas. 

Sin embargo, la RAE decidió que "este", "ese" y "aquel" no deben diferenciarse mediante la tilde diacrítica. Así, la eliminación de esta marca, considerara redundante por la RAE, es frecuente fuente de confusiones tal como lo manifiestan... algunos de los integrantes de la RAE.

Otro tanto ocurre con la tilde diacrítica que diferencia "sólo" en función adverbial y "solo" en función adjetiva. Al eliminárselo, las confusiones pueden ser todavía mayores.

Ahora bien, la RAE no considera un error que las tildes diacríticas sigan utilizándose e, imposibilitada de ejercer un control total, se justifica diciendo que se trata apenas de una sugerencia.

En España, la mayoría de los diarios y las editoriales adoptaron de inmediato la normativa (que no es tal) y es dable suponer que tanto los diarios, asesorados por la FUNDEU (Fundación del Español Urgente, una verruga que le salió a la RAE, la agencia española EFE y Telefónica de España), como las filiales latinoamericanas de los dos grandes grupos españoles (Penguin Random House y Planeta), que tienen más del 60% del mercado de la lengua, hayan obligado a sus editores a seguir esas ¿reglas?

Pero lo que no se entiende y demuestra una total falta de independencia y criterio por parte de las editoriales que se dicen "independientes" es haber acatado sin chistar esos consejos, como si se tratara de una orden. 

Tal vez sería hora de que los independientes se dejaran de cacarear su supuesta independencia y admitieran que son unos colonizados, incapaces de criterio propio por más ferias y simposios que organicen.

Jorge Fondebrider


martes, 29 de noviembre de 2022

A los 52 años murió Valentina Rebasa


Con enorme tristeza, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires despide a la querida Valentina Rebasa, co-fundadora de la editorial Bajo la luna, editora, ilustradora, diseñadora y fotógrafa, que a fuerza de talento y, sobre todo, de ser buena gente se granjeó el cariño de escritores, traductores, editores.  

lunes, 28 de noviembre de 2022

En la muerte de Hans Magnus Enzensberger

El pasado 25 de noviembre, sin mención de autor, la agencia TELAM difundió la noticia de la muerte del escritor y traductor Hans Magnus Enzensberger. Suponemos que se trata de un cable sin corregir, procedente de alguna agencia europeas, ya que en su redacción, quien redactó, habla de “nuestr continente” y, al menos que sepamos, el autor no era americano, sino europeo.

Murió el escritor alemán Hans Magnus Enzensberger

El escritor y traductor alemán Hans Magnus Enzensberger, Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades 2002, murió en Múnich a los 93 años, informó este viernes la editorial Suhrkamp.

“Como poeta, ensayista, biógrafo, editor y traductor, fue uno de los intelectuales alemanes más influyentes y reconocidos mundialmente”, se lee apenas se ingresa a la web de la editorial, donde comunicaron el fallecimiento del escritor ocurrido el jueves.

Nacido en 1929 en el Allgau bávaro, Enzensberger estudió literatura, idiomas y filosofía en Friburgo y París, entre otros lugares.

En 1955 se doctoró en la poética del escritor alemán del romanticismo Clemens Brentano y dos años más tarde publicó su primer libro, un poemario titulado Defensa de los lobos.

A partir de 1965, Enzensberger publicó la revista Kursbuch, que cofundó y desde entonces, la editorial Suhrkamp Verlag ha publicado numerosos títulos, incluido el volumen Mausoleum (1978), que habla de las contradicciones del “progreso” en 37 baladas, o ¡Ach Europa! (1989), en el que Enzensberger mira a nuestro continente desde los bordes.

A lo largo de su vida, recibió los premios Hugo Jacobi en 1956, el de la Crítica en 1962, el Georg Büchner en 1963, el Etna Taormina en 1967, el Pasolini en 1982 y el Heinrich Boll, en 1985. Más recientemente, había recibido el Premio Frank Schirrmacher, en 2015.

Es autor de varias obras, entre las que destacan Política y delito, El interrogatorio de La Habana: autorretrato de la contrarrevolución, Detalles, Poesías para los que no leen poesías, El corto verano de la anarquía, Migajas políticas, El misántropo y Europa. Europa.

En 1998 publicó El corto verano de la anarquía, una biografía novelada del español Buenaventura Durruti, y realizó una nueva traducción de la obra de Federico García Lorca La casa de Bernarda Alba.

“No hay un tema sociopolítico que Hans Magnus Enzensberger no haya tratado, ningún género literario en el que no haya estado activo”, “No conocemos a nadie con quien preferiríamos darle sentido a este mundo”, “Fue uno de los poquísimos pensadores con autoridad pública que advirtió contra los 'hombres del terror' del fundamentalismo religioso”, escribieron destacados medios locales para despedirlo, tal como se hace eco la editorial.

En febrero de 1989, fue uno de los 22 periodistas de Alemania occidental que pidió al Gobierno de Bonn medidas de presión económica contra Irán, con el fin de que este país retirara las amenazas de muerte contra Salman Rushdie, autor de la novela Versos satánicos.

En mayo de 2002, Enzensberger fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades. Como poeta, ensayista, biógrafo, editor y traductor, fue uno de los intelectuales alemanes más influyentes y reconocidos mundialmente.

viernes, 25 de noviembre de 2022

"Muy padre poder narrar en náhuatl"

El pasado 23 de noviembre, sin firma, Milenio, de México publicó la siguiente nota sobre la narración de los partidos del mundial en lenguas originarias de ese país.

En lenguas indígenas, narran partidos de la Selección Mexicana

¡Ko'one'ex Mexico!” (¡vamos México!), alentó Adolfo en maya durante una transmisión radial en lenguas indígenas del partido entre la Selección Mexicana y Polonia, disputado el pasado martes en Qatar, una apuesta para poner la pelota en el campo de la unidad.

Sonriente, con audífonos y concentrado en su monitor, Adolfo Haas narró parte del encuentro que terminó empatado 0-0, alternándose con colegas que lo hicieron en náhuatl, zapoteco, mixe, chatino, mixteco, pero también en español.

“Esperamos que México anote por lo menos dos goles”, exclamó el locutor y profesor de maya, de 31 años, en la transmisión de Televisa Radio, que se originó en una cabina en Plaza Revolución, en Ciudad de México, y enlazó 47 estaciones.

Confiado en que lo estuvieran escuchando en su natal Nunkiní (estado de Campeche, este), Adolfo, quien tradujo algunos comentarios al castellano, lamentaba luego el gol que falló Héctor Moreno al cabecear por encima de la portería, al minuto 12.

Pero quien sí saltó de la silla fue su compañera Lin Pavón, cuando el muy criticado Guillermo “Memo” Ochoa atajó a los 58 minutos un penal a Robert Lewandowski, entre los máximos goleadores del mundo.

“¡Ochoa es el personaje del partido!”, declaró a la AFP una jubilosa Lin, quien ahora viajará a Qatar para relatar el sábado el compromiso entre México y Argentina, que buscará sacarse la espina tras su sorpresiva derrota 2-1 ante Arabia Saudita en el Grupo C.

“Nos espera un partido muy reñido, pero creo que México ganará 2-0”, expresó en náhuatl –que hablan 1.5 millones de mexicanos– y español la locutora y fotógrafa de 32 años. Según datos oficiales, 7.3 millones de mexicanos (6.1 por ciento de la población) hablan alguna lengua indígena.

Gol también se dice “gol”

La narración de los duelos mundialistas de México en esos idiomas se produce por iniciativa de uno de los patrocinadores del FIFA Fan Festival, que este martes reunió a miles de hinchas en Plaza Revolución para ver el debut del equipo nacional en pantallas gigantes.

“Es una experiencia muy padre poder narrar en náhuatl, pero también que se lo haga en otras lenguas indígenas”, señaló Lin tras el partido, que dejó un sabor agridulce entre los aficionados por las múltiples oportunidades que desperdició México en el partido.

Esta propuesta de integración cultural se inició en el clasificatorio a Qatar de la Concacaf, cuando Adolfo y otros colegas narraron por primera vez un compromiso de la selección mexicana en lenguas ancestrales desde el estadio Azteca. Fue en un partido contra Estados Unidos.

Entonces “sentía mucho miedo porque atrás escuchaba el Cielito Lindo (que se canta tradicionalmente en los juegos del seleccionado) y a un, costado la gente gritando”, recuerda Adolfo, que este martes vistió un xokbichuuy negro (camisa bordada) y lució un collar con un colmillo de hueso.

Desde entonces, empezó a difundir palabras y expresiones mayas como ko’one’ex ojtik gol (gritemos gol), ko'ochaj tu p'íich (tiro de esquina) o tu jo'usai le k'aan tarjeta'o' (tarjeta amarilla). Y claro, la de este martes, paklan bíin ma'alob ti'ob (empate).

La palabra gol marca un punto aparte, pues, al menos en maya, su traducción es extensa y Adolfo prefiere pronunciarla igual. “Podemos interpretarlo, pero quedaría muy largo. Si lo hago, se pierde la emoción”. Ko’one’ex ojtik gol (gritemos gol).

En México, la lengua tiene un fuerte peso en la identidad, al punto que es el principal criterio para definir si una persona es indígena, aunque también está consagrado el auto reconocimiento de identificarse como perteneciente a una de ellas.

Trascendente

Para Lin, llevar el náhuatl a Qatar es un hito. “Hemos podido ver la discriminación en muchas áreas, y esta es una oportunidad de trascender con las lenguas maternas”, sostiene. Además, lo ve como un logro más de las mexicanas que “han venido picando piedra en muchas áreas”.

Adolfo, en tanto, cumple la promesa que le hizo a su madre en el lecho de muerte. “Llevar a todo lugar” la lengua que ella le enseño para honrar su memoria.

Y está ansioso de proclamar que Mexico Yíik le k’aaso’ (rompió el maleficio), en alusión a los siete mundiales consecutivos que acumula el equipo sin clasificar a la tercerea fase de la Copa del Mundo, popularmente conocida como el ansiado 'quinto partido'.

jueves, 24 de noviembre de 2022

"Los precios de los libros nuevos son prohibitivos"

Foto: Florencia Downes

El pasado 21 de noviembre, en el sitio de la agencia Telam, Milena Heinrich publicó un artículo cuya bajada dice: “En plazas, librerías o de modo virtual vendedores y lectores intercambian primeras ediciones, libros agotados o títulos cuyo precio de venta es mucho menor que el de una novedad editorial.” De ese mundo particular trata lo que sigue.

Libros usados, esa tradición de libreros y lectores al acecho de lo inesperado

De las tradicionales librerías de Parque Centenario, Rivadavia o Plaza Italia, a las de calle Corrientes, de las que atesoran ejemplares únicos hasta lectores que ponen en venta sus libros después de una vida acumulados y crecen con proyectos propios, el mapa de libros usados combina lo económico, lo inesperado y lo romántico y se reconquista con el empujón del espacio virtual: ¿creció la tendencia a consumir estos libros? ¿Cuánto del costoso acceso a la novedad inclina a lectores?

Al aire libre, en las principales avenidas, en calles de barrio escondidas, sobre una manta en una céntrica peatonal porteña, en ferias, como la reciente FLU (Feria del Libro Usado), los libros en la Ciudad de Buenos Aires están a la vista, al punto de que en 2011 la Unesco la declaró capital mundial del libro, mientras que antes de la pandemia el Foro Mundial de Ciudades Culturales la ubicó como una de la ciudades con más librerías. El cimbronazo de la pandemia condujo al cierre de locales de libros y obligó a multiplicar los canales de venta incorporando lo digital como una plataforma más, pero los libros siguen.

En el universo de librerías hay novedades, saldos, raros y también usados, esos títulos de segunda mano que son codiciados porque permiten acceder a títulos que ya no se editan, son más baratos, no se encuentran en todos lados o tienen una originalidad que los vuelve únicos, como primeras ediciones, subrayados, dedicatorias que cuentan historias. Como contracara, coleccionistas, buscadores de joyitas, aquellos que revuelven hasta dar con alguna sorpresa, lectores y lectoras que hacen frente a la situación financiera sin resignar el placer de una lectura.

Para Fernando De Luchi, fundador de Sudeste, librería ubicada en plena calle Corrientes, “en estos tiempos un lector regular casi no tiene otro camino que volcarse al libro usado, cuando una novedad puede significar nada menos que un 10 por ciento de su sueldo. Al margen de eso, hay también una cuestión romántica porque siempre hubo en un público con cierta seducción por el libro viejo, por la historia que traslada, por encontrar títulos que no se reeditan, con encontrarse con un ejemplar dedicado por una abuela a su nieto, por contener anotaciones pintorescas”.

Desde el año 2006 Sudeste vende usados, saldos y novedades en un local que es un oasis en el torbellino sonoro de la “calle que nunca duerme”, aunque su historia arrancó un tiempo antes en las vísperas del 2001 y como ocurre en este oficio llevó su pasión hasta la obsesión. “Las formas de acceder a los libros usados son muy variadas y algunas se fueron transformando con el paso de los años. Desde recorrer paños de gente que vendía todo lo que le sobraba en los parques en aquella víspera de la crisis 2001, a poner avisos en el diario anunciando que compramos libros. También la librería es una boca de recepción: mucha gente de acerca allí a vender sus libros”, cuenta.

El público de Sudeste es diverso y “fluctúa con los horarios y los días. El dólar alto trae turistas de toda la región, al mediodía está el público ‘oficinista’  que la recorre en su hora de almuerzo, los sábados la visita gente que va al teatro y ‘hace tiempo’ revisando bateas o chusmeando las oportunidades de las mesas de ofertas”. Para el librero, además, aunque “en menor medida que décadas pasadas están los coleccionistas, aquellos que les falta un ejemplar para tener la revista Sur o El Gráfico completas. O el buscador de tesoros, con su afán de encontrar perdida alguna ‘joyita’”, cuenta el librero.

A una cuadra de Sudeste está Edipo, librería fundada en 1978 que también combina novedades, saldos y usados. Uno de sus libreros, que trabaja hace más de treinta años, cuenta que la circulación cambió mucho después de la pandemia, por lo que debieron potenciar la venta a través de Internet. Aunque traccionan a sus seguidores de siempre, esos lectores que conocen y confían en los hallazgos de la librería y sus elecciones, el fuerte también se ubica los fines de semana cuando la gente va al teatro y se acerca “por el precio”. La ecuación  es sencilla: una novela que pasó por otras manos se puede conseguir por 1.000, una recién salida de imprenta vale 5.000.

Daniel Zachariah es inglés, vive en Buenos Aires hace más de una década y tiene una librería sobre la calle Reconquista, The Book Cellar & Henschel, a la que ahora sumó un pequeño local a metros nomás para guardar todos los libros que va comprando y ya no entran en el espacio. “Cuando era chico y pasaba por la librería de usados en Londres tenía miedo entrar, como si fuera un lugar al que tenés que ir con cierto conocimiento porque no es como las librerías de nuevos donde la gente va por autores, categorías o por sus atractivas tapas. Entonces, el trabajo más grande que tenemos que hacer como libreros de usados, antiguos, raros, es seguir introduciendo a la gente para que se sorprenda y encuentre lo que no sabía que estaba buscando”, dice.

Capítulo aparte es el detrás de escena de todos esos montones de volúmenes a la venta: el circuito es fascinante. Los libros ya leídos, ya comprados, tienen circuitos de accesos muy variados para libreros. Van del boca en boca, visitas a domicilios, avisos en diarios, gente que se acerca a vender lo que tiene y bibliotecas que necesitan despojar su volumen por traslados, muertes, anticuarios con sus tesoros, limpiezas domésticas y también hallazgos de recicladores urbanos. ¿Cómo se fija precio? ¿Cómo se define cuando sí y cuando no? Oficio de librero: arte, intuición y riesgo.

Zachariah lo define como “un fenómeno de movimiento constante” y da como ejemplo Cesar Aira que “siempre fue muy seguido pero ahora la gente se vuelve loca por sus primeras ediciones, lo mismo con otros escritores de culto de los 80 y 90”. Pero lo cierto es que nadie tiene la bola de cristal:”Todo el tiempo me piden libros de Mariana Enriquez y van bien, pero lo que no sabemos es si en 20 años ella va a ser coleccionable, si se van a pedir sus primeras ediciones, los libros firmados. Es parte de la diversión también”. Los libros usado bajan y suben en función de demandas, tendencias, decisiones editoriales.

Como trasfondo de ese oficio una “obsesión” como se define el librero, que participó de las tres ferias de libros que tomaron la agenda editorial de la ciudad en este mes (la del usado, la del raro y la del antiguo): “Cuando descubrís que puede ser un hobby, que te encantan los libros, te encanta leer y puedes vivir de eso, es un placer. Yo empecé con libros en inglés pero aprendí de todo, de arquitectura, de filosofía”, cuenta.

¿Se vende o no se vende? Zachariah dice que no tiene quejas “en este contexto”: “Hay alta y bajas, como todos los años”. En su caso, los feriados complican porque ajustan el mes y los bolsillos pero a diferencia de lo esperado fin de mes puede ser una buena oportunidad porque “hay gente que ve que le sobró un poco de plata que no se justifica ahorrar y entonces la vuelca a los libros usados. Por el mismo precio que una novedad se puede llevar hasta cinco más”.

Juan Pablo Correa está detrás de Librería Mastronardi, “librería de viejo”, como se define en su Instagram que atiende de manera virtual. Gestor y conocedor del mundo editorial, entusiasta lector, Correa define a la ciudad de Buenos Aires como “un paraíso para quienes aman los libros”. Él mismo, desde su 15 años, compró tantos libros que “cada tanto hago pequeñas ferias, regalo o canjeo. Hace unos años empecé a vender en Mercado Libre, pero se volvieron despóticos y dejé de hacerlo a través de ellos”. Para Correa, ese comercio sirve a comercios pero no a libreros amateurs, como él que “en cierto modo vendo para comprar”.

“Con los años -dice- he aprendido a ser desprendido, prefiero hablar de juego no de marketing. Me gusta que uses la palabra curaduría, yo que me he pasado la vida riéndome de los curadores, ahora me he vuelto curador curatorial. Y lo que pongo a la venta es lo que he leído y me gusta. A veces me cambió el gusto y ya no me gusta más, pero puedo hablar de  la impresión que me produjo en su momento Nabokov, por ejemplo. Ahora no me gusta pero cuando lo leía me hacía vibrar”.

Esa vibración probablemente lo aleja de pensar al libro en función de su fin monetario: “Me resisto a pensar en el libro como valor económico, valen por el placer que te dan. Tener una biblioteca es una felicidad, recorrés los anaqueles buscando alguno y te encontrás con otro que te estaba esperando y tenía algo importante para decirte”.

Libros Pampa es un emprendimiento librero de venta online que surgió en 2008, encabezado por madre e hijo, Andrea y Agustín. La sinergia entre quienes compran y quienes venden se sostiene en las referencias y en el vínculo, por lo que intentan ofrecer textos que consideran de interés para sus clientes. “Nos contactan personas con interés en vender sus libros por diversos motivos, mudanzas, sucesiones, problemas de espacio, donaciones, entre otros motivos”, cuenta Agustín sobre el circuito que da forma a su catálogo.

Sobre el interés en usado plantea que no están “viendo un aumento en ventas,  observamos un gran estancamiento hace unos años a esta parte.  Para los lectores los precios de los libros nuevos actualmente son prohibitivos y eso puede que esté haciendo que haya un cierto interés en el libro usado. No obstante, vemos que tanto para el libro nuevo como usado el mercado se ha achicado enormemente producto del estancamiento económico”

En su opinión interviene otro factor “cultural”: “la gente lee poco o directamente no lee libros, y ello incide fuertemente en toda la industria. Asimismo, esta problemática representa también un desafío para los libreros que tendemos a leer mucho y querer entusiasmar a los lectores con libros fuera de catálogo, rarezas o de autores todavía desconocidos o que se leyeron mucho en su momento y que deben ser recuperados”, dice.

Libros y medio ambiente ¿sustentabilidad gana novedad?

Libros Pampa se presenta como una forma de “lectura más ecológica y sustentable”. Explica Agustín, también abogado y politólogo, que “está claro que la reedición de cualquier obra implica en términos de sustentabilidad, un gasto en papel que proviene del procesamiento de la pulpa de celulosa de origen vegetal. El libro usado permite esa circularidad y reutilización de una obra ya impresa”. Eso, dice, potencia también la bibliodiversidad con la recuperación de obras que ya no se reeditan.

La propuesta de Libros Pampa con una perspectiva eco entra en diálogo con la tendencia a la circularidad que están proponiendo otras industrias como la moda. Para Zachariah si el motivo de inclinarse al usado fuera ecológico no le pedirían bolsitas de plástico para cargar los libros que compran en su librería. Y De Luchi en está línea aporta: “Me encantaría pensar que fuera por una inquietud ecológica, pero me inclino a que responde a una cuestión económica”.

A esa cruzada de crisis que conjuga situación económica y el precio de las novedades, Juan Pablo Correa agrega otra: “Una crisis de la industria editorial mainstream, publican libros que no tienen nada que ver con la literatura y salvo en algunas librerías no encontrás novelas que no sean novedades”.