viernes, 31 de diciembre de 2021

El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires les desea a todos sus lectores que se cumplan sus deseos y que tengan un muy buen 2022

A partir de hoy, este blog entra en receso, como todos los años, hasta el 1 de febrero. Felices vacaciones.

jueves, 30 de diciembre de 2021

Los miembros de la RAE y de la Fundéu emulan cada año su imbecilidad del año anterior


Hay momentos en que la imbecilidad de los miembros de la Real Academia y sus brazos armados (léase la Fundéu) logran sorprendernos. Una de esas instancias es la elección, todos los años, de la “palabra del año”. De veras sorprende que esos tipos puedan mirarse en el espejo sin sentir vergüenza. Es lo que se desprende de la lectura de la siguiente nota, publicada en el sitio de la agencia TELAM en el día de ayer.

Vacuna, la palabra del año según la RAE

Mientras la pandemia no da respiro acelerada por la velocidad de propagación de su más novedosa variante –Ómicron–, el término vacuna cierra este 2021 convertido en la palabra más pronunciada y escrita del año, según la decisión que acaba de tomar la Fundación del Español Urgente (Fundéu RAE) tras dejar en el camino otras opciones como criptomoneda o negacionista.

Sin duda, las palabras marcan el pulso de una época. Así como en como correlato de un tiempo de incertidumbre en el aislamiento en los hogares pareció ser la estrategia global para desacelerar al nuevo virus, la aparición de la vacuna tuvo su impacto en el habla cotidiana y dio lugar a una centralidad que justifica su flamante elección como “la palabra del año”.

La asociación en la que confluyen la Real Academia Española (RAE) y la agencia de noticias EFE escogió este vocablo tan presente en todos los debates de corte social, político, científico y económico por sobre otros 11 que habían llegado a la instancia final anunciada el pasado 20 de diciembre, entre los que también estaban otras voces relacionadas con la pandemia, como negacionista y variante, así como criptomoneda, megavatio y talibán, y otras más raras, como carbononeutralidad o ecoansiedad.

Según Fundéu, se trata de una palabra que ha motivado incluso la aparición de neologismos, nuevos conceptos como vacunódromo (formado con la base culta -dromo, que se refiere a un espacio de grandes dimensiones destinado a fines determinados), entre otros.

Vacuna resultó elegida “por su interés lingüístico”, ya que como fundamentan desde Fundéu, tanto esta voz y sus derivados, como vacunación o vacunado, dieron vueltas en todo el mundo hispanohablante.

“El concepto de vacuna surgió en el siglo XVIII a raíz del descubrimiento del médico inglés Edward Jenner de que los infectados por la viruela vacuna o bovina quedaban protegidos frente a la viruela humana”, indica la institución en su comunicado. En español, se utilizó durante un tiempo “vaccina” (creada a partir del latín “vaccinus”, es decir, “de la vaca”), pero terminó imponiéndose vacuna, que apareció por primera vez en el Diccionario de la RAE en 1803, aunque no con su significado actual, que se incluyó en 1914.

También otras voces relacionadas han generado recomendaciones y consultas este año, como tripanofobia (“miedo irracional a las inyecciones”) o inmunidad de rebaño (para referirse a la teoría de que, si la mayor parte de una población se inmuniza frente a un virus, este grupo proporcionará protección indirecta a los no vacunados). Además, Fundéu le ha dedicado numerosas recomendaciones, varias de ellas enfocadas a su confusión con otros términos, como suero, antídoto o inmunización.

En paralelo, la utilización masiva de la palabra ha provocado dudas en su uso con ciertos verbos (inocular es un término genérico para referirse a administrar una vacuna, mientras que inyectar se refiere a una forma concreta de hacerlo).

Esta es la novena ocasión en que Fundéu, escoge su palabra del año desde que en 2013 iniciara esta tradición con escrache, a la que siguieron selfi (2014), refugiado (2015), populismo (2016), aporofobia (2017), microplástico (2018), los emojis (2019) y confinamiento (2020).

Esa acepción de vacuna, la más popular hoy, es la sexta del término: “Preparado de antígenos que, aplicado a un organismo, provoca en él una respuesta de defensa”. Y la definición incluye más detalles, como que el antígeno es “la sustancia que, introducida en un organismo animal, da lugar a reacciones de defensa, tales como la formación de anticuerpos”.

“En esta ocasión estaba muy claro, hubo un acuerdo general porque vacuna está a todas horas en nuestras conversaciones”, destacó la escritora Soledad Puértolas, miembro del comité de la RAE que participó de las deliberaciones del equipo de expertos.

miércoles, 29 de diciembre de 2021

Un virus tan hinchapelotas como las academias


Son muchos los temas a los que las academias de la lengua llegan después que los usuarios. Es así y no hay otro remedio, porque los lingüistas, filólogos y lexicógrafos siempre corren detrás de lo que la gente hace con el idioma. El conflicto surge cuando no es la academia la que propone el diccionario, sino la competencia. Es lo que pasó en Francia, según la noticia publicada por el sitio Sortir à Paris, el 10 de mayo de este año.

“Covid”, en masculino y sin mayúscula: Le Petit Robert mojó antes

La Academie Française quiso imponer el término “Covid”, como femenino. Para Le Petit Robert, el uso es la regla: los franceses dicen “el covid”, y así es como el diccionario escribe la palabra en su edición de 2022.

¿Deberíamos decir “la Covid” o “el Covid”? Esta es una pregunta que nunca nos hubiéramos hecho antes de marzo de 2020. Pero en 2021, el tema se debate. El 7 de mayo de 2020, la Academie Française decidió que, debido a la etimología del nombre del virus, era necesario decir “la Covid”, poniendo una letra mayúscula en el nombre.

Le Petit Robert no está de acuerdo. El diccionario ha optado por añadir este virus en las páginas de su edición 2022, pero escribe “el covid”: un nombre masculino, y sin mayúsculas. Sus autores justifican su elección en la página de presentación de la obra explicando “es el uso el que rige”. Si el femenino se adopta en el Canadá francófono, el masculino es por el momento mayoría en Francia, donde la opinión de la Academie Française llegó tarde, mientras que el masculino ya estaba bien establecido.

Sin embargo, el famoso diccionario hace una distinción entre el término genérico “covid” (como en el ejemplo “covid sospechoso”) y el nombre específico Covid-19, que lleva una letra mayúscula. Por tanto, encontramos el virus definido de la siguiente manera: “Enfermedad infecciosa y contagiosa provocada por un coronavirus”.

Su competidor, el Larousse, también desveló las novedades de su edición 2022 unos días antes. Sin embargo, el diccionario siempre escribe con mayúscula Covid y juzga que la forma correcta es la femenina.

France Info también revela que la edición 2022 de Le Petit Robert contiene muchas palabras que surgieron con la pandemia: “desconfinamiento”, “distanciamiento”, “contacto cercano”, y otras más raras, como “aerosolización” (“aire de difusión de partículas finas por aerosol”) o “saturómetro” (“dispositivo que mide la saturación de la sangre con oxígeno”).

martes, 28 de diciembre de 2021

Sobre la importancia de los archivos editoriales

Una imagen del IMEC
Entre las distintas formas del atraso editorial español respecto de otros lugares de Europa, se debe considerar la ausencia de archivos fiables referidos al acervo propio. De acuerdo con la bajada de este artículo, publicado en ABC Cultural, de Madrid, el pasado 19 de diciembre, con firma de Karina Sainz Borgo, “A diferencia de Alemania, Italia o Francia, no existen en España instituciones volcadas en proteger el patrimonio cultural editorial”.

A la búsqueda de la memoria histórica editorial en español

En su Historia universal de la destrucción de los libros Fernando Baez propuso a los lectores un itinerario que abarcaba desde el saqueo de las bibliotecas de Bagdad o los papiros quemados de Herculano hasta el incendio de la biblioteca de El Escorial. La desaparición y destrucción de códices, manuscritos o correspondencia muestran la fragilidad de un patrimonio cultural cuya existencia confiere contexto y pertenencia.

La documentación del proceso mediante el cual un texto se convierte en libro es una forma de memoria. Cuando Basilio Baltasar asumió la dirección literaria de Seix Barral, se propuso recuperar tanto el premio Biblioteca Breve como la Biblioteca Formentor. “Pedí el archivo histórico de todas las sesiones y actas de deliberación, pero el archivo había desaparecido. Fue una pena, porque era histórico. Tenía muchos documentos de la época de Carlos Barral”, dice Baltasar.

A pesar de su potente tradición literaria y de ser puente con América Latina, no existe en España ninguna institución vinculada directamente a los editores y cuya función sea conservar y divulgar sus archivos. Un texto no es un libro en sí mismo. La cadena de producción de un libro involucra a un autor, editor, un agente literario, un corrector, un traductor y un diseñador. Entraña un tejido y un patrimonio cultural cuyos documentos atestiguan un tiempo.

Los archivos y el español
Desde hace más de dos décadas, el seminario Medet Lat en Francia se dedica a la investigación sobre la literatura latinoamericana. Se trata de un grupo interuniversitario y multidisciplinario que reúne a las principales casas de estudio de Francia —la Sorbona, Nantes, París, entre otras— con el objetivo de analizar, desde el campo de la literatura comparada, la traducción y la mediación editorial, la relación entre América Latina y Francia. Ese flujo constante entre dos idiomas, el francés y el español, tiene en España uno de sus principales vínculos.

Este año Medet-Lat organizó junto con el Institut mémoires de l’édition contemporaine (IMEC) y la universidad de Caen, en Normandía, un coloquio internacional sobre la literatura latinoamericana. Se abordó la importancia de la traducción y de los archivos editoriales como una herramienta para la reconstrucción histórica de la relación literaria de Francia con los países hispanohablantes. “Una de las fuentes fundamentales que tenemos para estudiar ese proceso histórico entre América Latina y Francia son los archivos editoriales del IMEC. Todas las casas editoriales importantes han depositado sus archivos aquí. Hay documentación de autores y también de traductores, por ejemplo: el archivo de Claude Couffon, el traductor de Federico García Lorca”, explica Gustavo Guerrero, director del seminario y editor en Gallimard.

Además de los representantes de los principales archivos europeos, como el que tienen en Italia los sellos Einaudi y Mondadori o Gallimard en Francia, acudieron a este coloquio la editora de Anagrama, Silvia Sesé, junto a Susana Castaño, responsable del archivo de un sello cuyo catálogo reúne lo más importante de la literatura contemporánea internacional y en español. “Quisimos ver cómo se construye un archivo y completar nuestra experiencia de catalogación, además de compartirla. Llevamos años trabajando, con la voluntad de que el archivo es un patrimonio de la editorial”. Acudió también a las sesiones de trabajo María Lynch, agente literaria y socia de Casanovas & Lynch, la agencia que representa a autores como Javier Marías y que posee, también, un archivo potentísimo: contratos, correspondencia, informes de lectura.

Tras visitar los archivos del IMEC y Gallimard, tanto Sesé como Lynch llegaron a la conclusión de que era necesario un proceso de trabajo para que en el futuro, y con el apoyo de estas instituciones, se pueda liderar la posibilidad de crear un IMEC en España. «Es importante trabajar en ese proyecto, que haya otros archivos editoriales de autor», asegura Lynch. Por su parte, Sesé cree que es posible. “De momento, hemos pensado en organizar un festival literario y de reflexión editorial como primer paso para concienciar sobre la posibilidad de tener algo parecido en España”.

“Quisimos hacer un encuentro europeo con investigadores que han trabajado en archivos italianos, alemanes, franceses y de España, donde no hay instituciones de este tipo. La idea de invitar a editores españoles era para saber cuál es el estado de los archivos editoriales en España. Queremos que eso siente un precedente para que los editores españoles comiencen a tener un patrimonio”, asegura Gustavo Guerrero.

lunes, 27 de diciembre de 2021

Los traductores y la hora de los buenos deseos

Las fiestas de fin de año son una buena oportunidad para hacerles hacerles llegar los buenos deseos a aquéllos que nos importan. También, para llevar a cabo una suerte de inventario de lo realizado durante el año que pasó.

Esto, bajado a la realidad del comercio, implica, enumerar los logros y anunciar los objetivos, lo que en el mundo editorial se traduce en hacer mención de los libros publicados en el período y anunciar los que vendrán. Hay incluso algunas editoriales que separan lo escrito en la  lengua nativa de las traducciones. 

Nombrar a los autores es obligatorio y, mal que les pese a los editores, su principal argumento de venta. 

Nadie, en esas publicidades disfrazadas de buenos deseos, nombra a los traductores. O sea, los libros traducidos se tradujeron solos. Y acá no se trata de reclamar dinero, sino del reconocimiento debido. Pero, el nombre del traductor, ese mismo que suelen olvidar los periodistas culturales, también lo olvida la gran mayoría de los editores, que, como todo el mundo sabe, son unos grandes humanistas.

Jorge Fondebrider


jueves, 23 de diciembre de 2021

A ver si "todos y todas" por una vez somos "todos y todas" y no sólo los del club de siempre

Ana Clara Pérez Cotten, el 21 de diciembre pasado, publicó la crónica de un encuentro realizado en la Cancillería con el objeto de promover el libro argentino en el exterior. La nota, publicada por la agencia TELAM, se reproduce a continuación.

Lanzaron el plan Libro Argentino para apostar a la exportación y robustecer el mercado editorial

Con el objetivo de recuperar el espacio comercial del libro argentino en el mercado de la lengua española, pero también para representar a la cultura nacional en el mundo, se lanzó el "Plan de internacionalización Marca Libro Argentino", un programa de objetivos y lineamientos que apunta a que las distintas áreas del Estado coincidan, se articulen y sumen esfuerzos para que la industria editorial logre trascender las fronteras.

Bajo el sello protocolar del Salón Libertador del Palacio San Martín pero en un clima de encuentro típico de fin de año y con el mundo del libro como consigna y objetivo, coincidieron el canciller Santiago Cafiero, la directora de Asuntos Culturales, Paula Vázquez; la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca Bocco; la secretaria de Gestión Cultural del Ministerio de Cultura, Lucrecia Cardoso y un grupo de escritores nutrido integrado por Martín Kohan, Cecilia Szperling, Claudia Piñeiro, María Negroni, Juan Sasturain, Enzo Maqueira y el ilustrador Diego Bianchi. Se sumaron, además, representantes de la Cámara Argentina del Libro y de la Fundación El Libro.

En vez de preguntarle a los escritores de donde viene su inspiración, indaguen en su condición material. Esto requiere de políticas públicas específicas", advirtió Martín Kohan, en representación de los escritores, para dar cuenta de la importancia de abordar desde el Estado la exportación de libros y de derechos de autor.

El plan de internacionalización del sector editorial, basado en lineamientos para una estrategia de comercialización de derechos de obras argentinas, busca robustecer herramientas ya probadas como el Programa SUR y el Argentina Key Titles.

"Estoy acá sosteniendo esta pila de libros como el gesto de una decisión política que apunta a jerarquizar el libro como objeto cultural pero también para garantizar su mercado", empezó Váquez mientras sostenía, con la ayuda del atril, ejemplares del poeta Ricardo Zelarayán, una primera edición de un poemario de Alejandra Pizarnik, la última novela de Claudia Piñeiro, un ensayo de Martín Kohan y una novela de Eduardo Berti, entre otros libros.

"Los traigo como amuleto para mostrar lo maravillosos que son los libros argentinos", aseguró la directora de Asuntos Culturales, en un claro intento de salir de la simple entelequia en el contexto de una acto institucional. "Me gustaría no volver a escuchar aquello de la época dorada de la edición argentina vinculada al pasado, quiero que la época dorada esté en el futuro", sostuvo e insistió en su compromiso para lograr que los libros nacionales oficien de bandera en el mundo.

El libro argentino es uno de los pilares de la gestión para 2022-2023, junto con la representación argentina en la Bienal de Venecia y la difusión de la candidatura del museo Esma ante la Unesco como patrimonio de la humanidad. "Queremos trabajar desde Cancillería en conjunto con otros organismos del Estado para recuperar el espacio del libro argentino en la lengua española", explicó sobre la articulación que aspira a que se de en el Estado a la que se sumarán la Cámara argentina del libro y el Centro de Políticas Públicas del Libro de la Universidad de San Martín.

A su turno, la secretaria de Gestión Cultural del Ministerio de Cultura, Lucrecia Cardoso, resaltó la dimensión económica de la cultura, que "crece más que la media de la economía argentina". "Necesitamos divisas para resolver las restricciones externas. Y además, el sector editorial es un imponente generador de puestos de trabajo", resaltó.

El canciller Cafiero, durante su intervención, eligió destacar a "Marca Libro Argentino" como un "ordenador" para "potenciar y exportar una parte de nuestra identidad nacional": "Tiene valor agregado, pero fundamentalmente talento agregado. Les estamos agregando talento a nuestras exportaciones", dijo.

Kohan, en nombre de los escritores pero también con un conocimiento cabal de cómo funciona la dinámica del mundo editorial, llamó a no caer en lo que denominó la "trampa de la sacralización de la literatura": "La literatura, la lectura y la cultura tienen un prestigio extendido que roza la unanimidad y eso puede jugar en contra. La literatura, cuando se ve remitida a un olimpo trascendental, no hace sino alejarse de su condición material".

Kohan optó por interrogar a una metáfora trillada para dar cuenta del problema y del rol que debe asumir el Estado: "Se habla habitualmente de `la teta del Estado´. Me pregunto por qué `teta´y no `tetas´. No tengo idea. En definitiva, no es una cuestión de teta, sino de políticas públicas que vayan a contrapelo del abandono negligente que hemos sufrido".

"Los muchos hacedores de la literatura, la industria editorial, los libros, la interpelación de los lectores, requieren ni más ni menos que otras cosas, políticas específicas. De qué se habla sino cuando se habla de políticas culturales o de cultura y política", sostuvo el escritor al final de su intervención.