martes, 19 de octubre de 2021

"Energía, entusiasmo y resistencia inspiradora”

El pasado 12 de octubre, con firma de  Ana Clara Pérez Cotten, la agencia TELAM subió a su sitio la siguiente nota en cuya bajada se lee: “Un informe drigido por la investigadora Gabriela Adamo, que permite caracterizar la actualidad del mercado editorial latinoamericano como ‘un sistema muy desarrollado y sofisticado en su calidad pero tan inestable y afectado por tanta precariedad que es difícil de sostener’. El rol del sector independiente, el efecto de la pandemia y la importancia de las ferias”.  

Una radiografía del sector editorial en Latinoamérica: los desafíos que dejó la pandemia


Para conocer los rasgos generales del sistema editorial latinoamericano e identificar las oportunidades y desafíos que ofrece el mapa para los editores, el Programa de Literatura del British Council encaró un informe, dirigido por la investigadora Gabriela Adamo, que permite caracterizar la actualidad del mercado editorial latinoamericano como “un sistema muy desarrollado y sofisticado en su calidad pero tan inestable y afectado por tanta precariedad que es difícil de sostener”.

El relevamiento, que apunta a tener una visión general de la región y está disponible desde este martes, dibuja el mapa editorial de la región, estudia el rol de los distintos actores y dimensiona hasta qué punto la pandemia generó por un lado, una fuerte reconfiguración de todo el mercado del libro y, por el otro, una oportunidad para los proyectos más pequeños que pudieron desenvolverse de forma más ágil y estable.

“El British Council de Londres está pensando en armar un programa conjunto y para eso necesitaba actualizarse. Se organizó un concurso al que se postularon personas de toda América Latina, me postulé y gané”, repasa Adamo sobre cómo empezó la sistematización de datos en lo que trabajó desde diciembre de 2020 hasta fines del pasado marzo con la asistencia de Giuliana Migale.

“El mercado editorial latinoamericano es, en un punto, un sistema desarrollado y sofisticado en su calidad pero afectado por tanta precariedad que es difícil de sostener. Entonces, lo pequeño es más estable: navegar mares complicados con barcos grandes es más difícil de sostener con calidad”, sostiene la investigadora a Télam sobre las conclusiones a las que la llevó estudiar durante cuatro meses el universo del libro en Argentina, Colombia, México y Perú. El ejercicio la llevó a usar una lente de gran angular para mirar todo el subcontinente (incluso a España y los Estados Unidos de habla hispana) y aplicar a una visión más estrecha de la situación particular de cada país.

Adamo trabaja desde hace más de veinticinco años en el mundo editorial. Empezó su carrera como editora en Sudamericana y Paidós, durante más de una década promovió la traducción de autores argentinos en el exterior y fue directora ejecutiva de la Fundación El Libro y del Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires. Se desempeña como traductora e investigadora, da clases en la Universidad de San Andrés y es fellow de la Fundación Bunge & Born.

“Relevamos todas las estadísticas que existen, las publicaciones de medios especializados, hicimos un cuestionario por en email a una red muy sólida de contactos en toda América Latina y mantuve unas 30 entrevistas en profundidad con editores, libreros, traductores, agentes y especialistas. Combiné el sector privado con el público y las experiencias más pequeñas y más grandes”, explica sobre el entramado que le permitió generar una base de información para responder las preguntas del informe.

Al enumerar los desafíos a los que se enfrenta la industria editorial latinoamericana, el informe repara en la compleja relación con España, una desigualdad que es a la vez causa y efecto de una dinámica en la que el país europeo produce y vende más libros que los veintiún países latinoamericanos juntos. “La industria española se vio muy afectada por la crisis mundial de 2008, pero está en camino de recuperación, mientras que países como la Argentina han recorrido el camino contrario. Al comparar las cifras de una de las mayores editoriales para el período 2011-2020, puedes ver una reducción del 11% en los ingresos para el mercado español y aproximadamente el 40% para Argentina”, detalla Adamo. Como contracara de lo meramente cuantitativo, el informe repara en lo vital del entramado cultural latinoamericano y en cómo eso impacta en lo que se publica: “Las editoriales españolas pueden comprar los best-sellers más llamativos (y caros), pero las numerosas empresas con sede en la Ciudad de México y Buenos Aires se encargan de traducir una gama mucho más diversa de libros y autores”.

Al presentar el mapa de la región, el informe explica que el ecosistema de editoriales está integrado principalmente por pequeñas y medianas empresas, liderado por “los dos jugadores más importantes de la región que son Penguin Random House, con sede internacional, y el gigante español Grupo Planeta”. La baja de las tiradas en los últimos años es alarmante: han disminuido hasta en un 42% desde 2014. Argentina es el país más afectado, mientras que México y Colombia se mantienen relativamente estable.

Ante ese panorama concentrado, muchos profesionales editoriales ven al sector independiente -más fuerte en México y la Argentina- como meros “esquemas bien intencionados”, más efectivos en su poder comunicativo que en su perspicacia comercial. Sin embargo, la sensación es que de forma lenta y tenaz estas empresas no solo están ganando participación de los lectores existentes, sino que están creando nuevas audiencias.

Para algunos, 2020 fue una gran oportunidad para ver cómo sería todo sin las ferias, ya que era imposible la presencialidad. La mayoría de las ferias ofrecieron algún tipo de programa virtual, pero las ventas cayeron indefectiblemente. Aunque algunos de los “rebeldes” dicen que no notaron la diferencia, la mayoría de las editoriales se quejan mucho de la pérdida del triple efecto de las ferias: volumen de ventas, mayores márgenes (desde la venta de la editorial directamente, saltando las comisiones de las librerías) y el publicidad.

Con cierto “cuidado ético”, el estudio remarca que para quienes pudieron escapar de los efectos más graves en salud o estabilidad financiera, la pandemia fue un tiempo excepción que pudo usarse como “campo de experimentación”. Por ejemplo, la cancelación de las ferias del libro importantes de la región les dio a quienes protestaron en su contra la oportunidad de comprobar qué tanto las necesitan, algunas editoriales recurrieron a la creatividad para garantizar la supervivencia o tuvieron que buscar otras formas de promover a los autores y encontrar puntos de venta.

Télam: El informe plantea distintas aristas del “salvavidas del comercio electrónico” para la industria durante la pandemia. ¿Cómo se articula eso en la región con el “peligro Amazon”?
Gabriela Adamo: Es difícil tratar este tema con neutralidad tratando de poner todo sobre la mesa. Sabemos que cada tecnología trae sus ventajas y peligros. En el relevamiento durante la etapa del Covid, la tecnología fue de gran ayuda porque permitió mantener el contacto entre lectores, librerías, editoriales, bibliotecas y agentes públicos. Sirvió para paliar lo que se perdió por la presencialidad. Y creo que el zoom llegó para quedarse como una herramienta democratizadora. Ahora, desde Córdoba podés contactarte con Frankfurt como si estuvieras en Buenos Aires y eso es necesariamente democratizador. Ahora, obviamente, los monopolios (Amazon o lo que pasa acá con Mercado Libre) implica otra complejidad. Es un área en la que el mercado editorial tiene que estar atento, pero de forma creativa, positiva y proactiva y no solo de defensa que es una forma muy triste de encarar cualquier proyecto.

T.: El relevamiento destaca que, a pesar de la tragedia de la pandemia, 2020 fue un “campo de experimentación” ¿Qué cuestiones que pudieron probarse te parecen más relevantes?
G.A.: Lo del “Campo de experimentación” hay que tomarlo con pinzas porque creo que fue un costo altísimo. Pero sí, se vio. Una editora que estaba por lanzar su proyecto, con el parate general, dedicó todas sus fuerzas al lanzamientos. Muchas editoriales se quejaban de las ferias por largas y caras y el año pasado se probó que pasa sin ferias: no creo que haya una persona que diga que se puede seguir sin feria. Tienen una gran fuerza de dinamización. Hay editoriales para las cuales las ferias les dejan el 30% de sus ventas. El experimento probó que necesitamos las ferias económicamente y humanamente para encontrarnos.

T.: Al analizar los niveles de venta de derechos de traducción, se explica que varios actores entienden que “pequeño es más estable”. ¿Qué oportunidades comerciales podrían crecer a partir de este escenario?

G.A.: Esto va al meollo del diagnóstico de América Latina. Somos en un punto un sistema muy desarrollado y sofisticado en su calidad pero tan inestable y afectado por tanta precariedad que es difícil de sostener. Lo pequeño a veces es más estable porque navegar mares complicados con barcos grandes es más difícil de sostener con calidad. Los barcos pequeños pueden reducir tiradas, publicar menos y adaptarse a las dificultades para sobrepasar las crisis y después desplegarse con esplendor. Pero soy muy consciente de que detrás de esto estoy siempre hablando de un mercado chico lleno de precariedades que ojalá podamos superar porque no es el ideal.

En las conclusiones, el informe acepta que la pandemia dañó enormemente el tejido social de América Latina, pero sostiene que también produjo una serie de aprendizajes y nuevas oportunidades. Como expresó uno de los ejecutivos entrevistados: “Creo que 2021 será un año muy malo, pero un poco mejor que 2020”. Hay esperanza de que las cosas mejoren lentamente: la región está llena de “energía, entusiasmo y resistencia inspiradora”.

lunes, 18 de octubre de 2021

"Potenciar el valor económico del español": los gallegos nunca se olvidan de la guita

El pasado 15 de octubre, Daniel Gigena publicó en La Nación la siguiente nota sobre el informe anual del Instituto Cervantes respecto de la situación del castellano, lengua a la que llaman “español”. La información puede leerse a continuación

“El español ya no es considerado una lengua de pobres en Estados Unidos”

 

Si usted está leyendo esta nota es sin duda, según el informe dado a conocer este jueves por el Instituto Cervantes (IC), uno de los 591 millones de usuarios potenciales del idioma español (esta cifra aglutina al Grupo de Dominio Nativo, el Grupo de Competencia Limitada y el Grupo de Aprendices de Lengua Extranjera). Con motivo del 30º aniversario del IC, el anuario 2021 elaborado por setenta académicos de la institución ha estudiado la evolución del español en estas tres últimas décadas. Desde la creación del IC en marzo de 1991, la cantidad de hispanohablantes creció un 70 %. El anuario, además, brinda información de los 45 países en los que el Instituto Cervantes tiene presencia, con sedes en Bruselas, Nueva York, El Cairo, San Pablo, Cracovia, Moscú, Praga, Amán, Costa de Marfil, Pekín y Nueva Delhi. A mayor cantidad de IC en el mundo, más cantidad de estudiantes de español. La presentación se hizo desde el canal de YouTube del IC.


El vigesimosegundo informe del IC está acompañado por unas palabras preliminares del rey de España, Felipe VI. “El español es un motor cultural y económico indudable, no solo por su potencial como idioma de aprendizaje en el mundo, sino también por los valores que encarna y transmite, unos valores compartidos hoy por España y por tantas otras naciones en varios continentes que, a través de una larga y rica historia conjunta, han llegado a ser sociedades abiertas y vitales”.

También se publica un texto del director del instituto, el escritor, catedrático y pareja de Almudena Grandes, Luis García Montero. “Dieciocho de los veintisiete países miembros de la Unión Europea prefieren el español como segunda lengua extranjera a estudiar -dijo García Montero en la presentación del informe-. Dato para nosotros importante porque nuestro trabajo se basa en una conciencia panhispánica de que formamos una comunidad muy importante en la globalización e internacionalización”. En internet, el español es la tercera lengua más usada después del inglés y del chino y, en redes sociales, la segunda. España, la Argentina y México figuran entre los quince principales países productores de películas del mundo, y España y la Argentina, entre los quince principales países productores de libros del mundo. “Es un idioma que goza de buena salud”, celebró García Montero, e indicó que el desafío es convertirla en una lengua de ciencia y tecnología, y difundirla en países del África subsahariana y Asia.


Según el anuario de 2021, actualmente casi 493 millones de personas tienen el español como lengua materna. El grupo de usuarios potenciales de español en el mundo, como se dijo, supera los 591 millones, lo que representa el 7,5 % de la población mundial. El español es la segunda lengua más hablada en el mundo como lengua nativa, tras el chino mandarín, que cuenta con 950 millones de hablantes. Más de 24 millones de alumnos estudian español como lengua extranjera en 2021. “En concreto, 24.069.206″, establece el anuario, que se puede leer en este enlace.


Como se dijo, desde la puesta en marcha del IC, la comunidad hispanohablante creció casi un 70 %. “Cuanto mayor es el número de hablantes de español, mayor puede ser también su prestigio”, se indica en el informe, que enumera algunos factores que explican el crecimiento de la población hispanohablante. “Desde una perspectiva meramente demográfica, el fuerte crecimiento de la población en países donde el español es lengua oficial es evidente: solo el aumento de la población de México, el principal país por número de hispanohablantes, supone sumar a las cuentas del español alrededor de 1,2 millones de hablantes al año -se destaca-. A este desarrollo demográfico hay que añadir, también, la incorporación de gran parte de la comunidad indígena de estos países, ya sea en calidad de hablantes bilingües o con una competencia limitada”. Fuera de los países de habla hispana, el principal “motor” de crecimiento de la comunidad hispanohablante es Estados Unidos, donde durante las tres últimas décadas la comunidad hispana ha registrado tasas de natalidad muy superiores a la media del país.


Desde el Cervantes se anticipa que el número de hispanohablantes seguirá creciendo en las próximas cinco décadas, pero su peso relativo disminuirá de manera progresiva de aquí a final de siglo. Se prevé que en 2100, solo el 6,3 % de la población mundial podrá comunicarse en español. También se predice que en 2060, Estados Unidos será el segundo país hispanohablante del mundo, después de México y que el 27,5 % de la población estadounidense será de origen hispano. “Es importante anotar que el español tiene cada vez un espacio más consolidado en Estados Unidos”, dijo Montero, y agregó que la lengua de sor Juana Inés de la Cruz ya no es considerada allí una “lengua de pobres” ni una lengua secundaria. “Se reconoce ya de manera clara la importancia del español”, destacó. En treinta años, la cantidad de votantes hispanos en Estados Unidos se ha multiplicado por tres, de once millones a más de treinta y dos millones de personas.


El español en el mundo es la principal publicación académica del instituto, y cada año se actualizan los datos principales sobre la lengua española, junto a otros asuntos relevantes sobre la presencia internacional de la cultura hispánica. Centrado en el ámbito de la investigación y a cargo de diferentes autores y especialistas de todos los campos académicos, el informe abarca tanto la promoción internacional y enseñanza del español como lengua extranjera como con difusión cultural de las manifestaciones artísticas y científicas de la comunidad hispanohablante en el mundo


Una de las metas del IC es potenciar el “valor económico del español”. “Una lengua común es como una moneda única”, dijo durante la presentación del anuario el catedrático José Luis García Delgado sobre las ventajas del español como lengua pluricéntrica (es decir, hablada con sus variantes en distintos países del mundo). “Es necesario afrontar la transformación digital, porque podemos estar produciendo mucho pero si no lo hacemos visible e interconectado, estaremos perdiendo una batalla contra otros idiomas, en especial, el inglés”, señaló la investigadora Elea Giménez Toledo, que se refirió al español como lengua de comunicación científica.

 

viernes, 15 de octubre de 2021

Los mugrosos del Grupo Planeta se hacen publicidad con una módica inversión, mientras no cambian la situación de sus empleados

Como sucede en casi todo grupo editorial, los que dirigen el Grupo Planeta son unos roñosos: a sus colaboradores –incluidos los traductores– les pagan tarde y mal, pero, según señala la noticia publicada sin firma en elpublico.es, de España del pasado 14 de octubre, gracias a las ganancias extraordinarias que lograron en 2021, suben la dotación del premio de novela a un millón de euros, cifra que, prorrateada, podría hacer que la vida de mucha gente que desempeña tareas en los distintos sellos del gigante vivieran un poco mejor. No va a pasar.

El Premio Planeta sube su dotación a un millón de euros para el ganador

El Premio Planeta de novela eleva hasta un millón de euros su dotación para el ganador de este galardón en su 70 edición, que se falla este viernes, lo que le convierte en el mejor dotado de la literatura en todo el mundo.

El anuncio ha sido realizado este jueves por el presidente del Grupo Planeta, José Creuheras, en un encuentro con la prensa celebrado la víspera de que se conozca el fallo del jurado de este Premio, que contará con la asistencia de los Reyes de España y que este año alcanza un nuevo récord de participación, con 654 novelas presentadas.

Convocado por Editorial Planeta, hasta ahora el premio estaba dotado con 601.000 euros para la obra ganadora y 150.250 euros para la finalista, que también se verá incrementado hasta los 200.000 euros.

Según Creuheras, el incremento de la dotación servirá "para seguir impulsando la proyección del premio y reconocer el esfuerzo, el talento y la acogida por parte de los autores".

En estos setenta años, el Premio Planeta acumula ya más de 44 millones de ejemplares vendidos, con lo que el galardón cumple con el objetivo de que "una sociedad que lee es una sociedad mejor".

El director del Área de Librerías del grupo Planeta, Jesús Badenes, ha dicho que se ha producido"una evolución muy positiva en el sector en los años 2020 y 2021".

"Gastamos más en libros que en 2019, el índice de lectura ha crecido y en España ese aumento se refleja también en un incremento de la facturación, y además cincuenta de cada cien son lectores asiduos y 68,8% afirma leer libros", ha resumido Badenes, para quien "estos parámetros se sitúan en cerca del 80 por ciento de los datos del norte de Europa, mucho más cerca de lo que sucedía hace una década".

En cuanto a 2021, Badenes ha revelado que "se ha producido un comportamiento ejemplar y hasta cierto punto imprevisto, con cifras de crecimiento de más del 15% respecto a la del año anterior, y se cerrará con la facturación más alta de toda su historia, superando a la que era hasta ahora más alta, de 2013".

El mercado, ha descrito Badenes, ha cambiado mucho, ya que "han crecido el cómic, el fantasy, la novela y los libros de infantil y juvenil", que confirma que "la lectura de evasión es la que impera".

En tiempos de pandemia, ha añadido, también se ha modificado la forma de comprar: "Un 23% lo hacen a través del comercio electrónico, y además de las grandes plataformas, hay grupos de librerías que llevan sus libros a los hogares".

Ha hecho un llamamiento a "proteger" las librerías, un sector que ha sufrido especialmente durante la pandemia.

A nivel internacional, Badenes dibuja un panorama dominado por la "concentración", que también se ha registrado en España a partir del Grupo Planeta y Penguim Randon House, un proceso que convive al mismo tiempo con "enormes sinergias" entre distintos países y distintos negocios culturales, y ha citado como ejemplo la reciente compra de derechos para la adaptación audiovisual de las novelas de Corin Tellado.

El jurado del premio está integrado por José Manuel Blecua, Fernando Delgado, Juan Eslava Galán, Pere Gimferrer, Carmen Posadas, Rosa Regàs y Belén López.

En nombre del jurado, Eslava Galán ha comentado que en esta edición "hay predominancia de thriller y novela histórica, y a veces una mezcla afortunada de las dos", con algún caso en que se recupera el realismo mágico, ausente en las últimas ediciones.

Coincidiendo con el 70 aniversario del premio,el grupo ha editado un vídeo conmemorativo en el que escritores como Javier Sierra, Alicia Giménez Bartlett, Rosa Regàs, Dolores Redondo, Javier Cercas, Álvaro Pombo, Carmen Posadas, Lorenzo Silva, Santiago Posteguillo, Juan José Millás, Juan Eslava Galán, Eduardo Mendoza, Espido Freire, Antonio Gala y los fallecidos Ana María Matute, Manuel Vázquez Montalbán y Terenci Moix hablan del efecto que supuso para ellos haber ganado el galardón.

jueves, 14 de octubre de 2021

Un breve inventario de las maneras de leer

Como ya fue comentado oportunamente, Miguel Wald, traductor de larga trayectoria, tiene un blog que, precisamente, se llama algundiavuatenerunblo . Sus entradas están muy espaciadas unas de otras, pero cuando sube algo, vale la pena leerlo. Es el caso de esta reflexión sobre la lectura.

Para leer un libro

Hay innumerables formas de leer un libro. Tantas, quizá, como lectores.

Están, por ejemplo, los que se zambullen sin preámbulo en la primera página del relato, de la novela, del poema, del ensayo o de lo que sea. Empiezan a leer directamente, casi sin reparar siquiera en el título, en la tapa, en las páginas iniciales, en nada. Se meten en el bloque de texto como quien mete una cuchara en lo profundo del dulce de leche.

Están, además, quienes van apilando libros como ladrillos para una torre en la mesa de luz, en el escritorio, debajo de la mesa ratona, en el rincón del pasillo por el que pasan para ir al baño.

Y están esos otros que lo primero que hacen es sostener los libros entre las dos manos, como si los estuvieran pesando, y de inmediato pasan un dedo por el borde de las hojas a toda velocidad, con efecto ventilador.

Y están quienes van directo al índice, esté al principio o al final del libro, para ver cuántos capítulos tiene, cómo se titulan. Y luego cuentan las hojas que tiene cada capítulo, y el primer capítulo tiene siete páginas, y el segundo tiene cuarenta y dos, qué desproporción, che, como si significara algo.

Y también están aquellos que se detienen a mirar la tapa como si fuera un cuadro. Y quienes parecen querer poner el libro bajo el microscopio y diseccionarlo con el bisturí de la mirada y lo primero que hacen es leer la contratapa, y después miran quién lo editó por primera vez, y cuándo, y quién lo tradujo, y cuántos ejemplares tiene esa edición, y luego el índice, y después los agradecimientos, y la dedicatoria, y los prólogos y los prefacios y las introducciones, y, finalmente, finalmente, se sientan con la satisfacción del deber cumplido. Y recién entonces meten la cuchara en el dulce de leche.

Hay en esta sombrerería sombreros de todos los colores y tamaños, pero no creo que haya unos sombreros mejores que otros, unos más perfectos que otros. No creo, digo, que haya una forma ideal de enfrentar, o abrazar, un libro, de leer un libro. O quizá sí, quizá haya una forma ideal, pero seguramente esa forma ideal será cada vez con cada libro, con cada persona en cada instante, y cada vez será distinta, o igual, pero esa forma de ser igual también será distinta, única, porque la relación con un libro es eso, algo único, siempre único, cada vez único. Y cada persona que enfrenta, que abraza un libro, no sabe que está repitiendo un ritual antiguo y universal, y no lo sabe porque ese ritual es sólo suyo, sólo de ese momento, sólo de la eternidad, porque la eternidad dura lo que ese instante. Nada. Todo.

miércoles, 13 de octubre de 2021

Los 700 años de Dante desde España


La siguiente nota fue publicada por Bruno Pardo Porto en el diario madrileño ABC, el pasado 3 de julio. Trata sobre un códice de la Divina Comedia, de la Biblioteca Nacional de España y de todo lo que de él se infiere.

El manuscrito que encumbró a Dante en España

Nadie sabe cómo escribía Dante. Si alargaba las ges hasta el mismísimo infierno o si elevaba las letras altas hasta el paraíso, si era pulcro o desordenado, si le temblaba el pulso o torcía las líneas: todo esto es un misterio, porque no tenemos ni un autógrafo suyo. De la Divina Comedia solo nos quedan copias más o menos añejas y la fantasía o la esperanza de que algún día, en alguna parte del mundo, aparezca el manuscrito original, si es que existe tal cosa. De momento, lo que tenemos son reflejos (copias) que explican, en el fondo, la figura del poeta: un genio irrepetible capaz de fundar una lengua con sus versos, un hombre que poco después de morir en el exilio (en 1321) se convirtió en mito gracias a sus lectores. De hecho, fue Bocaccio quien bautizó a la Comedia como “Divina”, y quien logró rehabilitar su biografía, tan manchada por la infamia política, y encumbrarlo como el gran autor italiano. No hay duda: fueron sus seguidores quienes convirtieron a Dante en inmortal.

En la Biblioteca Nacional de España hay un códice que resume como ninguno esta condición trascendente de Dante, la capacidad de su obra para envejecer al revés, como los buenos vinos, y de generar adeptos y exégetas, también como los buenos vinos. Se trata de un manuscrito humilde, hecho en papel, que está lleno de anotaciones y apuntes a izquierda y derecha del texto, en diferentes colores, a veces con símbolos y señas, incluso. Parece, casi, uno de esos libros escolares que se han ido heredando de curso en curso, y en parte eso es lo que es: un objeto que pasó de mano en mano durante décadas, que se fue enriqueciendo con la sabiduría de sus diferentes dueños y comentaristas. «Es un manuscrito con una estratificación lingüística extraordinaria, en sus páginas hay un siglo de trabajos sobre el texto de Dante. De alguna manera es el resultado de un ambiente, el humanismo español, muy fructífero, encabezado por el Marqués de Santillana, apasionado lector de Dante y dueño de este códice».

Quien afirma esto es Michele Curnis, comisario de la muestra “Dante Alighieri en la BNE: 700 años entre infierno y paraíso”, que estará abierta al público hasta el 2 de octubre, y en la que se expone este extraño ejemplar. Para él, es uno de los más importantes, pues en sus márgenes puede leerse la primera traducción de la 'Divina Comedia' hecha en lengua vernácula. En español, para más señas. En su día se adjudicó la autoría del trabajo a Enrique de Villena, pero la traducción es anónima. «Es un laboratorio de traducción, un taller de traducción pionero en el ámbito español. Se basa en un texto original de Dante muy preciso, en uno de los manuscritos más importantes para el texto crítico del poema», celebra el investigador.

Los últimos estudios señalan que más de ocho manos intervinieron en estas páginas, incluidas las del marqués. Hay glosas en latín, en italiano y en castellano. También resúmenes de cada canto. No es nada extraño: la Comedia necesitó desde el principio de un aparato crítico para ser comprendida en toda su profundidad, pues está llena de detalles históricos, éticos, políticos y teológicos que a veces oscurecen el texto a los ojos legos. Para Juan Barja, que tras décadas de esfuerzo acaba de publicar una nueva traducción de la obra en Abada Editores, con notas hechas al alimón con Patxi Lanceros, «la Comedia es una enciclopedia impresionante», además de una «extraña simbiosis» entre «el mundo de Atenas y el de Jerusalén». Entre lo sagrado y lo pagano, al cabo. «Dante no es un docto poeta solamente, sino también un poeta filósofo», sentencia el literato.

El ejemplar del marqués, por si fuera poco, se completa con elementos que van más allá de lo dantesco: tiene un resumen en rima del ‘Paraíso’, un soneto de Petrarca traducido, sentencias de Cleobulo Lidio, Cicerón y Boecio y una receta medicinal de Bernardo de Gordon. Y tiene un detalle imprescindible, tal y como señala Curnis: «Este manuscrito está fechado en noviembre de 1348. Esto es muy importante, porque es un dato raro. La mayoría de manuscritos del siglo XIV de Dante no tienen fecha y hay que establecer su composición a partir de datos paleográficos».

Al lado de este códice, por cierto, la BNE expone otro más antiguo y lujoso, que se pergeñó en Florencia unos años antes, en un taller dedicado a hacer copias de lujo de la Divina Comedia, y que probablemente estaba dirigido por Francesco di Ser Nardo da Barberino. En poco tiempo produjo un centenar de códices en papiro, con una ornamentación riquísima, conocidos hoy como los ‘Dantes del Cento’. «Gracias a la renta de todas estas copias de lujo de la comedia el propietario del taller casó a todas sus hijas con una buena dote economía. Fue un éxito comercial», comenta entre risas Curnis.

A día de hoy se conocen unas 850 versiones manuscritas de la obra de Dante, dato que refleja la obsesión que generaron sus cantos, su huella temprana. En 1472 se llevó a imprenta por primera vez, y desde entonces no ha dejado de reimprimirse, porque no ha dejado de leerse, del mismo modo que no dejamos de buscar la verdad en las estrellas. Sobre todo cuando nos perdemos en una selva oscura.

martes, 12 de octubre de 2021

Orígenes del mal francés: la autoficción

El pasado 1 de octubre, la revista Arcadia, de Colombia, reprodujo un artículo de la investigadora académica española Aina Vidal-Pérez, originalmente publicado en The Conversation.

¿Qué pasa con la autoficción en la literatura?

La autoficción se ha convertido en un fenómeno literario internacional que ha pasado a engrosar las listas de publicaciones en grandes y pequeñas editoriales. Paralelamente, ha generado que parte de la crítica literaria se haya consagrado a teorizarla o a disputarla. Convertido ya en etiqueta, el término es perfectamente reconocible por el lector avezado, aunque sus contornos parecen no estar todavía definidos. 

Emanada de la tradición francesa, en su progresiva expansión han proliferado otros conceptos en su órbita, como factionautobiografictionautobiographical novelfictional biography o autonovela.

Parece acabar generalizándose –quizás demasiado a la ligera– el término “autoficción” para definir aquellas obras que hibriden formas novelísticas y autobiográficas. Ante un debate complejo y las limitaciones espaciales de un artículo de estas características, trataré de ofrecer unas notas que considero de interés sobre su evolución, posibilidades, aplicaciones y controversias.

Orígenes de la autoficción

Fue en la contraportada de la novela Fils (1977), de Serge Doubrovsky, donde apareció por primera vez el término “autoficción” para designar una “ficción de acontecimientos estrictamente reales”.

Para distinguirla de formas sencillamente autobiográficas, Doubrovsky venía a completar el estudio de Philippe Lejeune sobre el pacto autobiográfico, donde afirmaba que no era posible la identificación entre el autor y el narrador-protagonista de una novela. Con esto, Doubrovsky no solo acuñó un término, sino que inauguró un debate crítico-literario encendido todavía hoy, más de cuarenta años después.

A pesar de los esfuerzos de los años sesenta por decretar la muerte del autor, la producción y publicación de las llamadas “escrituras del yo” ha conocido un desarrollo muy significativo desde la década de los setenta.

Philippe Gasparini apunta a un contexto sociocultural definido por fenómenos como el auge del psicoanálisis, la sensibilidad cultural postmoderna y el triunfo de la individualización y la globalización.

Manuel Alberca recoge también la consolidación del capitalismo globalizado, cuyos cánones dan centralidad a las identidades narcisistas y a la figura del autor, continuamente promocionada por los medios de comunicación.

Forma de experimentación e investigación

A pesar de haber hecho las delicias de la teoría literaria, la autoficción carece de una definición estable. Ana Casas explica que nace muy apegada a la autobiografía y que se consolida en los ochenta, cuando la novela coloniza el espacio autobiográfico. ¿Se trata, entonces, de una modalidad de la autobiografía o de la novela?

Parece haber consenso al considerarla una forma ambigua, entre lo factual y lo ficcional. Esto exige la negociación continua con el lector, cuya recepción del texto oscila entre la veracidad de la autobiografía y la verosimilitud de la narración. La autoficción plantea la posibilidad de proyectar una escritura del yo no necesariamente factual, de reconocer el carácter esquivo de la subjetividad y de ubicar al sujeto en un cuestionamiento perenne.

A este respecto, J.M. Coetzee sugirió en su conferencia “Truth in Autobiography” que el autobiógrafo que revela sus verdades ocultas corre el riesgo de extinguir su empresa. El Nobel sudafricano planteaba que estas narraciones deben sostener el siguiente pacto: el escritor se compromete a descubrir las verdades que se ocultan detrás de la experiencia humana pero, para ello, debe hacerlo de forma paralela al gesto de escritura.

Esta idea de descubrimiento, presente en algunas de sus novelas como Infancia (1997) o Juventud (2002), es lo que impele al autor a escribir y la que sostiene, a su tiempo, al lector en su lectura. Así, no es tan importante la autenticidad de los hechos narrados, sino el emplazamiento de la experiencia de lo real en el propio tejido narrativo.

La autoficción es, pues, un fenómeno de hibridación, de pertenencia genérica ambigua donde el juego entre veracidad y verosimilitud genera narraciones que subrayan las inconsistencias de cualquier relato del yo y serializan algunas estrategias narrativas muy sugerentes.

Un ejemplo clásico es París no se acaba nunca (2003), donde Enrique Vila-Matas escoge un género tan convencionalizado como las memorias para desafiar el proyecto realista en favor del dispositivo ficcional. En Los hechos (1988), de Philip Roth, la presencia del autor se desdibuja en beneficio de la reflexión metaliteraria. Y en Amo a Dick (1997), Chris Kraus despliega una escritura provisional para reflexionar sobre la creación artística femenina, invocando el potencial político del modo confesional.

En otras ocasiones, el gesto autoficcional viene motivado por cuestiones de investigación y negociación de sentidos históricos. De gran popularidad en las primeras décadas del presente siglo es la práctica autoficcional relacionada con la guerra civil española, la represión y la violencia de estado.

Así, podríamos debatir si incluir en la nómina autoficcional el clásico Soldados de Salamina (2001) de Javier Cercas, donde el autor se hace presente de manera no protagónica (en un gesto similar al practicado por Paul Auster o Michel Houellebecq). En la premiada Bilbao-NewYork-Bilbao (2008), Kirmen Uribe presenta una memoria intergeneracional de la guerra civil donde la historia se entreteje con elementos mitológicos, testimonios orales o los medios de comunicación. Y, en la más reciente Honrarás a tu padre y a tu madre (2018), Cristina Fallarás persigue su construcción identitaria a través de la elaboración de una genealogía que apela continuamente a silencios y vacíos de memoria.

Espacio para la imaginación política

La expansión de la autoficción ha coincidido con el creciente uso de internet como plataforma para la proliferación de escrituras del yo. Dentro de las cuestionadas literaturas digitales, los blogs personales son uno de los medios más populares a través de los cuales usuarios de todo el mundo publican sus vivencias. En contextos sociales de control estatal y censura se recurre a los blogs como espacio relativamente libre y potencialmente anónimo para la autoexpresión, la contestación política y la experimentación literaria.

Varios de sus usuarios han alcanzado el formato impreso: es el caso del egipcio Ahmed Naji, sentenciado a prisión por atentar contra la moral pública en su novela Istikhdam al-Hayah (2014), concretamente por un capítulo en primera persona con contenido sexual explícito. Significativamente, Naji tuvo que argüir que el texto fue interpretado como un discurso biográfico y no ficcional, de manera que se habían atribuido las acciones ficticias del protagonista a las de su propia vida.

Multitud de autoficciones están motivadas por la convicción del potencial colectivo de las historias individuales. Si bien en Amianto. Una storia operaia (2012) Alberto Prunetti cuenta la historia de su padre, un soldador que fallece a causa de la exposición al amianto, el subtítulo de la novela apela claramente a un sujeto colectivo: la clase obrera.

Muy particularmente, el discurso autoficcional ha sido ampliamente utilizado por mujeres escritoras, como forma capaz de visibilizar un gran rango de experiencias y subjetividades en un sistema político dominado por el patriarcado; muy en sintonía, por tanto, con la consigna de hacer de lo personal materia política. En español, novelas como La lección de anatomía (2008/2014) o Clavícula (2017) de Marta Sanz son ejemplos evidentes, al igual que obras firmadas por Cristina Rivera Garza, Gabriela Wiener o Lina Meruane.

Narcisismo neoliberal, narrativas aconflictivas

Es evidente que la autoficción ha conocido un crecimiento espectacular en los últimos años. Sin embargo, no faltan voces que alertan de la mano del mercado en la proliferación de novelas que, en definitiva, reproducen las lógicas del neoliberalismo y alimentan narrativas narcisistas del sujeto contemporáneo: discursos individualizadores vinculados a una sensibilidad abiertamente neoliberal. En el peor de los casos, el mercado literario explota el nicho de la diferencia, promoviendo la publicación en masa de narrativas de calidad cuestionable, desvirtuando el potencial político del género y, con ello, las luchas que lo acompañan.

Sin duda, además de sus posibilidades en materia de teoría narrativa, la crítica literaria debe entregarse a estudiar este boom y el mercado que lo consagra como síntoma del triunfo del individualismo alienante y la ideología adulterada.

lunes, 11 de octubre de 2021

Herman Melville, también cancelado

El pasado 9 de octubre, el poeta, ensayista, editor y traductor Julio Hubard (1962) publicó en el periódico mexicano Milenio la siguiente columna sobre la “cancelación” de Herman Melville. Todo indica que, de a poco, volverá la Inquisición.

Le toca a Melville

Y que las hordas de la bondad académica cancelan a Melville, otra vez. Usa palabras malas; en Typee y Omoo habla de salvajes y caníbales, en Benito Cereno dice negro de malos modos, y en Moby Dick usa una lista larguísima de palabras que no pueden ser toleradas: indio, piel roja, esquimal... No queda sino ver el gozo de los nuevos inquisidores por enviar a la hoguera una obra tan dañina. Es hora de leer a Melville.

Según Richard Morse, en Benito Cereno hay más de una clave para comprender la historia de América Latina. Novela breve sobre un motín de negros en un barco esclavista donde no son solamente víctimas, sino hombres capaces de acciones atroces y viciosas. Y es que Melville observa como ningún europeo había hecho. No es la mirada de un marino mercante ni la de un soldado obediente al imperio que, al fin, son puntos de visita dependientes de una jerarquía. Leer a Melville hace comprender que la colonización no está sobre unos americanos, víctimas de unos europeos malvados cuyo objetivo fuera venir a someter y explotar. El colonizado es el europeo: el americano toma, usa y transforma ideas, objetos, dispositivos. Basta observar el entusiasmo de Wilde, o el de Robert Louis Stevenson cuando saludan a Whitman: “usted, Walt Whitman, nuestro maestro en libertad”. Mientras Europa padece el amollentamiento de Rousseau y sus lamentaciones por la servidumbre, en los Estados Unidos bullía una vertiente confusa y saludable de la autonomía: la Self Reliance de Emerson, la desobediencia de Thoreau.

Por momentos pareciera que Melville había sido tocado por la idea del buen salvaje: “Allí estaba sentado, con su misma indiferencia proclamando una naturaleza en que no acechaban hipocresías civilizadas ni blandos engaños”. Pero no se trata del pregón de Rousseau: la naturaleza humana buena en sí. Todo lo contrario. Lejos de la lamentación de un súbdito, es el desprecio del hombre libre a las jerarquías. Rousseau es un manojo de quejas, pero nunca entendió la libertad; Melville elogia a un hombre libre, el arponero Queequeg, maorí, caníbal.

Muchos gringos fueron ciudadanos cuando los europeos todavía eran súbditos. Cuando Hegel inventa el nombre de “sociedad civil”, ya había sociedades civiles en Estados Unidos. “Ya me daba cuenta de que en el negocio de la pesca de la ballena no pagaban remuneración, sino que todos los tripulantes, incluido el capitán, recibían ciertas porciones de los beneficios llamadas «partes», y esas partes estaban en proporción al grado de importancia correspondiente a los deberes respectivos en la tripulación del barco”.

Por eso, los balleneros no quieren ni oír de la marina mercante: ellos se juegan el cogote y trabajan como socios; los mercantes son piramidales, sus marineros están contratados a sueldo, como empleados o como súbditos. Son dos economías de dinámica distinta: una de acumulación, otra de participación. Y las consecuencias son notables: “Hasta que la pesca de la ballena dobló el cabo de Hornos, no había más comercio que el colonial (...) Fue el ballenero quien primero irrumpió a través de la celosa política de la corona española, tocando en esas colonias y, si lo permitiera el espacio, se podría demostrar detalladamente cómo gracias a esos balleneros tuvo lugar por fin la liberación de Perú, Chile y Bolivia del yugo de la vieja España, estableciéndose la eterna democracia en aquellas partes”. (Moby Dick, cap. XXIV)

Los balleneros fueron decisivos en el mestizaje, en las rutas comerciales que no requieren de permisos de gobiernos, en la cartografía de las aguas y puertos, en los intercambios culturales. Durante muchas décadas, la iluminación de las casas, los lubricantes de maquinaria, dependían del aceite de ballena. Sus utilidades han sido sustituidas por otras industrias y, por fortuna, el mundo —salvo japoneses, noruegos, islandeses— ha dejado de cazar ballenas. Lo significativo es que una práctica que nos resulta ahora cruel e inmoral fue un motor de independencia y autonomía política.

Melville no busca justificaciones morales ni se siente superior a sus antepasados, ni salvador de nada. Pero quede dicho: a bordo del Pequod viajaba una mezcla de razas, culturas, costumbres, que pudo convivir y establecer lazos, cosa que no pueden lograr las actuales bondades. Y es una reverenda desgracia ver que Melville queda cancelado. Por racista. Pero que a esos santones logófobos, en la noche, el espíritu de Queequeg les jale las patas.