viernes, 7 de mayo de 2021

Todo indica que en Francia se mira poca televisión

El pasado 22 de abril, la agencia TELAM publicó sin firma la siguiente nota, a propósito de lo que pasa en el sector editorial en Francia. No obstante, corresponde agregar a la información que, a través del Centre National du Livre (CNL), tanto las editoriales, como los escritores y las librerías están siendo subsidiados en un país que, a modo de ejemplo, publica un promedio de 600 novelas cada año, en el mes de septiembre, cuando comienza verdaderamente la temporada al final de las vacaciones estivales.

Las editoriales francesas le piden a los escritores que suspendan el envío de manuscritos 

Sumado a los múltiples aplazamientos de publicaciones debido a sucesivos confinamientos, los escritores aprendices se han multiplicado a enviar sus manuscritos a las editoriales.

Las principales editoriales francesas, desde que inició la crisis sanitaria por el coronavirus, reciben casi el doble de manuscritos, a tal punto que la editorial Gallimard (la más importante de Francia) pidió en Twitter a los aspirantes a escritores "calmar" sus envíos sobre todo porque, según cifras del Ministerio de Cultura, los franceses leen menos pero escriben más.

Sumado a los múltiples aplazamientos de publicaciones debido a sucesivos confinamientos, los escritores aprendices se han multiplicado a enviar sus manuscritos a las editoriales.

Para Gallimard, esto es demasiado: la editorial insta a esperar antes del envío de materiales: "En vista de las circunstancias excepcionales, le pedimos que deje de enviar los manuscritos. Cuídate siempre y buena lectura", escribe la prestigiosa casa en su página web. Este consejo se transmitió en su cuenta oficial de Twitter.

El cierre de las librerías dos veces en 2020, en la primavera y en el otoño, resultó en aplazamientos, lo que provocó un atasco editorial en 2021. Si bien publicar es siempre difícil para un principiante, se volvió aun más complicado.

Sin embargo, Gallimard nunca fue desconsiderado con las primeras novelas en su famosa Colección Blanca, por lo tanto publicó cinco a principios de enero, dos en marzo y dos en abril.

Consultado por la agencia de noticias AFP sobre los motivos de este mensaje al público en general, el editor mencionó la inmensidad de los volúmenes enviados. Los treinta manuscritos por día recibidos en la rue Gaston-Gallimard aumentaron a cincuenta durante casi un año.

"Nos aseguramos de prestar la misma atención a todos los manuscritos que recibimos y respondemos a todos los correos. Es una cantidad considerable de trabajo que requiere minuciosidad y voluntad para cuidarla. Es por todas estas razones que hemos pedido suspender, de manera temporal, el envío de manuscritos", explicó la editora Gabrielle Lécrivain.

Otras editoriales francesas viven el mismo proceso y habían dado el mismo consejo en un contexto muy específico: durante el primer confinamiento, en la primavera de 2020.

"Nosotros y otros editores pusimos un mensaje en el sitio web pidiendo esperar antes de enviar un manuscrito. Esperaba un tsunami cuando lo retiraron. No se llevó a cabo, pero ahora hay algo de recuperación", dijo a AFP Laure Belloeuvre, del departamento de manuscritos de Le Seuil.

Esta editorial recibe alrededor de 3.500 manuscritos al año y entre enero y marzo llegaron 1.200.

"Es mucho. Ahora que todos saben cómo usar una computadora para escribir, estamos viendo personas que escriben y que sentimos que no leen. No es como los días en que tenías que llevar tu Remington para mecanografiar tu manuscrito, lo que solían hacer los entusiastas de la literatura", dice la editora.

"No cerramos la canilla", dice Juliette Joste, editora de Grasset, quien detalló: "Tenemos programas muy ocupados, y casi no podemos llevar nada que venga de Correos: uno o dos títulos al año. Pero vi este mensaje de Gallimard con asombro".

Grasset, que se había acercado a un récord de 5.000 manuscritos recibidos en 2018, ya recibió más de 1.000 en 2021, a mediados de marzo.

Cuando Novice Editions, que aún no había publicado ningún libro, creó un premio literario para "escritores inéditos" en enero de 2020, el jurado recibió 150 manuscritos.

"No quería que recibiéramos un número incontrolable de ellos, por lo que la ventana de envío fue intencionalmente muy corta y nos comunicamos muy poco", declaró Timothé Guillotin, fundador de esta casa.

Las publicaciones de L'Olivier dan cuenta del mismo entusiasmo: "Más de setecientos manuscritos en los primeros tres meses, lo que significa que superaremos los 2.000 este año, mientras que estábamos en 1.500 o 1.600 por año antes del Prix Goncourt de Jean-Paul Dubois en 2019", señaló Jeanne Grange, responsable del Departamento de manuscritos.

"Con dos editores para revisarlos, no se puede leer todo, eso es seguro. Pero nunca disuadiría a nadie. La vitalidad de una editorial se refleja en la renovación de su catálogo", añadió.

jueves, 6 de mayo de 2021

Por la plata baila el mono (y también el Cervantes)

Una de las razones por las que el Instituto Cervantes está tan interesado en multiplicar sus filiales en los Estados Unidos tiene que ver con el paulatino avance del castellano en ese país, algo que acaba de ser refrendado, una vez más, por el Hispanic Council, un think tank independiente, que tiene como misión difundir la herencia cultura hispana estadounidense. Con todo, uno bien podría preguntarse por las razones de ese supuesto altruismo, cuando casi la totalidad de quienes hablan castellano en esa región nada tienen que ver con España. Habrá que pensar que el tufillo a dólares es lo que atrae a los altruistas peninsulares, encargados de vender cursos en el Cervantes, gramáticas y diccionarios de la RAE y vaya uno a saber qué más chucherías. La noticia, presuntamente un cable sin firma, fue difundida el pasado 23 de abril por la agencia TELAM.

En 2060 Estados Unidos será el segundo país con más cantidad de hispanohablantes del mundo

 El avance del español convertirá a Estados Unidos, dentro de 40 años, en el segundo país del mundo con más cantidad de hispanoablantes, una proyección que encuentra en la actualidad algunas de sus razones: hoy seis de los 15 apellidos más frecuentes de EEUU son de origen hispano y es el español el idioma más estudiado en todos sus niveles educativos.

Así lo comunicó el Hispanic Council con motivo del Día Mundial del Español, en un informe que replicaron las agencias de noticias Europa Press y DPA, donde se indica que, para 2060, Estados Unidos tendrá 127 millones de hispanohablantes, una cifra que sólo superará México.

Para esa fecha, un 27,5 por ciento de la población estadounidense será de origen hispano, añade el informe.

Actualmente, señaló el Hispanc Council, “el español es la segunda lengua más hablada en 43 de los 50 estados del país y el 13,5% de los estadounidenses lo habla en sus hogares, con los estados del sur, más próximos a México, entre los más populosos: Texas a la cabeza con un 29,4%, seguida por Florida (21,8%), California (29%), Nuevo México (26,1%) y Nevada (21,8%).

La inmigración impulsó el uso del español en Estados Unidos en las últimas décadas, pero los expertos afirman que hay otros factores en juego, como el alcance global de esa lengua y su historia en Estados Unidos, que arranca con la llegada de Ponce de León a Florida hace 500 años.

"Los hablantes de español aumentaron un 30% en la última década y la cifra de extranjeros que lo estudian creció un 60%, superando por primera vez la cota de 22 millones de estudiantes de español en todo el mundo", informó el Instituto Cervantes en octubre último.

"Más de 585 millones de personas hablan español, cinco millones más que hace un año. De ellos, casi 489 millones (seis millones más que en 2019) son hispanohablantes nativos. Además, es la segunda lengua materna por número de hablantes tras el chino mandarín y la tercera en un cómputo global de usuarios, detrás del inglés y el mandarín", indicaba ese informe.

miércoles, 5 de mayo de 2021

Conclusiones precarias a propósito de la encuesta sobre género y traducción

Terminada la encuesta, y a modo de muy provisorias conclusiones, los siguientes párrafos. 

Rebobinando

La encuesta surgió de un intercambio que tuve con Inés Garland, escritora y traductora argentina, a propósito de una traducción que ella había hecho recientemente. Promediando la entrevista, se hizo evidente que ambos teníamos distintas posiciones sobre la cuestión de género llevada al campo de la traducción y le propuse que la siguiéramos fuera del marco específico de esa entrada. Así, nos escribimos brevemente hasta llegar a un punto desde el que difícilmente podíamos progresar. Fue entonces que le pedí permiso para reproducir lo que nos habíamos escrito, al tiempo que formulé una serie de preguntas muy generales a una serie de colegas traductores de distintos países, idiomas, edades y géneros.

De los casi más de 50 traductores contactados, contestaron 31. Algunos traducen de otras lenguas al castellano; otros, del castellano a otras lenguas; algunos de una lengua a otra sin pasar por el castellano. Son alemanes, argentinos, canadienses, chilenos, españoles, estadounidenses, franceses, mexicanos y uruguayos. Hay quienes traducen esporádicamente y por vocación, quienes lo hacen con una cierta frecuencia alternando la vocación con el trabajo y hay quienes traducen para la industria editorial y, por lo tanto, están absolutamente abocados a la profesión. Esos tres sesgos determinan entonces un primer dato que hay que considerar: salvo aquéllos que traducen a destajo porque ésa es su forma de ganarse la vida, muchos traductores eligen traducir aquello con lo que se sienten identificados y, por lo tanto, no se les plantean de manera tan urgente las consideraciones de naturaleza genérica. Dicho de otro modo, parten de un lugar acaso más cómodo a la hora de considerar los problemas de género que, eventualmente, pueda presentar una traducción.

La siguiente cuestión a considerar es la naturaleza del idioma de partida. A lo largo de la encuesta ha habido numerosos ejemplos donde se plantearon problemas vinculados al cambio de género de una lengua a la otra, la anulación de las marcas de género por la idiosincrasia lingüística de la lengua de partida, la neutralidad genérica del original y la consecuente ausencia de todas esas características en la lengua de llegada.

Corresponde entonces considerar los distintos tipos de traductores literarios que han respondido a la encuesta y las lenguas de las cuales traducen, así como la naturaleza de las lenguas a las que traducen.

Sumaría, por último, un elemento del todo subjetivo muy difícil de evaluar, que es la estructura de la personalidad del traductor, su propia historia, su cultura y, sintetizando todos estos elementos, su particular sensibilidad. Y si todo esto interviene, por ejemplo, en la posibilidad o la imposibilidad de resolver algún tipo de problema formal que plantee el texto de partida (por ejemplo, en el caso de la poesía, la métrica y la rima), quizás no sea del todo aventurado señalar que en cuestiones mucho más sutiles que hagan al género esa posibilidad o imposibilidad también puede estar presente.

En las respuestas, por último, podrá verse que hay quien reflexionó más sobre todos estos temas y quien tal vez fue sorprendido por la índole de las preguntas. También, quien recurrió a fuentes y citó bibliografía, y quien apeló al sentido común o trató de esbozar su desconcierto frente a estas cuestiones.

Resta aclarar que la encuesta se propuso apenas como un primer paso y, por supuesto, no pretende dar una única respuesta a una cuestión que, sobre todo en los últimos años, se hizo presente en muchos campos de la cultura. Es de desear que cada cual siga reflexionando sobre el tema y, si lo desea, comparta sus conclusiones, enviándolas al mail del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, o, en el caso de que se trate de un texto breve, a los comentarios de esta entrada.

Jorge Fondebrider

 

martes, 4 de mayo de 2021

Una encuesta sobre género y traducción (11)

Undécima y última entrada sobre la encuesta de género y traducción.


Gabriela Villalba
(traductora argentina residente en Buenos Aires)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
–Sin lugar a dudas. Pero es un tema complejo que requiere de desarrollos profundos. Como toda variable ideológica, el género atraviesa nuestras prácticas discursivas y sociales en los campos específicos en los que nos movemos (en este caso, el campo literario y, dentro de él, la práctica de la traducción, tanto en cómo escribimos como en cómo nos relacionamos y en los gestos que hacemos).

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
–Se puede observar, por ejemplo, en la naturalización, institucionalización y hegemonía del uso del masculino genérico (que abarca no solo los morfemas de género y el léxico masculino sino también sintagmas como "los hombres" para referirse a toda la humanidad, disposiciones sintácticas, campos semánticos, cuestiones enunciativas, elecciones ideológicas, etc.), incluso en traducciones cuyos textos fuente tienen cuidado de no utilizarlo; en la proporción de varones que traducen en el campo literario, en cuanto espacio de mayor prestigio, en comparación con la cantidad de mujeres que ejercen la profesión en general; en el extendido respeto a la figura autoral, que impide un trabajo más autónomo sobre la enunciación de lxs traductorxs; en el rechazo que generan formas novedosas o siquiera levemente disruptivas; etc.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–No. Pero no soy de las que crean en o se debatan sobre las imposibilidades o limitaciones de la traducción. Es tan amplio el horizonte de posibilidades que tenemos para indagar, jugar y ampliar, ¿no? Ya sea que haya decidido reproducir las variables patriarcales de un texto o que las haya subvertido o intervenido (en realidad, siempre se interviene, aunque sea para reproducir la norma predominante), siempre pude.


Pedro Serrano (traductor mexicano residente en Ciudad de México, México)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
–Existen varios pero como todo en traducción nada es lineal. Vladimir Nabokov, a la vez un sofisticado traductor y un teórico dogmático, consideraba que quien tradujera a un hombre debía ser hombre y quien tradujera a una mujer debía ser mujer. Sin entrar en rígidas normativas, es cierto es que una mujer va a ver aspectos de un poema que un hombre quizás no vea. Pero esa es la gran virtud de la traducción: que demuestra que un mismo texto es a la vez varios, y que tan fiel puede ser una traducción como la otra. Y que tener una buena traducción hecha por una mujer va a lanzar líneas de perspectiva que la traducción del mismo poema, hecha por un hombre, no va a alcanzar.

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
–Un texto proyecta siempre su propia sombra. Y el punto desde el que se traduce, inevitablemente, la va a tener en un lado y no en otro. Emily Wilson, autora de la primera traducción hecha por una mujer de la Odisea al inglés, le dio a la participación de Telémaco un temblor adolescente que ningún otro traductor anterior había detectado. ¿Lo hizo por ser mujer y porque veía a Telémaco desde los ojos de Penélope y no desde los de Ulises? No lo sé, pero el hecho es que ella vio algo que sucedía en la Odisea, en el original, que otros no habían alcanzado a ver.
Por otro lado, cada lengua tiene sus propios cauces genéricos, no siempre patriarcales. The Jacaranda, en inglés, se traduce en México como "la jacaranda"" y en Argentina como "el jacarandá". El género másculino y femenino de esta misma palabra está dado por el lugar de su acentuación. Una palabra grave terminada en "a" normativamente va en femenino, mientras que si es esdrújula va en masculino. Si el árbol en cuestión es visto en masculino en un poema escrito en inglés, la ductilidad intrínseca de quien traduce debería llevarle a aprovechar los recursos de la lengua y a escoger no la norma de su región sino la propuesta más cercana que la lengua ofrece.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–Mi respuesta anterior lleva ya la respuesta de esta pregunta. Traducir es ponerse en zapatos ajenos, y caminar con ellos, sean sandalias de pescador, zapatos gucci de cardenal o tacones de mujer. Uno de los poemas que más disfruté traducir fue uno de la serie “Psoriasis” de Sarah Maguire, en que describe cómo se le desprende la piel de las rodillas frotando contra la alfombra al hacer el amor. Ver esa escena gozosa, y traducir una perspectiva que yo nunca hubiera podido tener, fue un inmenso privilegio.


Julieta Canedo
(traductora argentina residente en Córdoba, Argentina)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción? Si así fuera, podría comentar brevemente en qué consiste?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–No creo que exista un rasgo genérico en la traducción porque no creo que exista un rasgo genérico en la literatura en general. Las dificultades o los obstáculos con los que suelo encontrarme no tienen que ver con el género de quien escribió el texto, sino con cuestiones lingüísticas o culturales más amplias.
Considero que idealmente lxs traductorxs debemos elegir a lxs autorxs que traducimos por afinidades estéticas o ideológicas, no por su género. Sí hay, en mi caso, un deseo mayor por traducir y editar autoras, sobre todo aquellas que no han sido profusamente traducidas o publicadas, tanto en su idioma original como en castellano, porque me interesa visibilizar su trabajo.


Florenica Garramuño
(traductora argentina residente en Buenos Aires, Argentina)

1)¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
–En el caso del portugués al castellano, que es donde más trabajo, no veo problemas relacionados con el género. En otras lenguas sí existe este problema: ship, en inglés, por ejemplo, es “femenino” y en castellano, si lo tradujéramos por barco, deberíamos usar el género masculino. En esos casos, sigo el género de la palabra que se traduce en castellano, y si hay varias, intento elegir la que tiene el mismo género que en inglés si funciona.

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–Me he topado con estudios teóricos del inglés que ha sido difícil traducir al castellano por las razones expuestas arriba. A veces, además, el inglés utiliza el uso alternativo del pronombre femenino o masculino para evitar el androcentrismo. Y en el caso del castellano inclusivo, ahora es muy difícil traducir la “e”.


lunes, 3 de mayo de 2021

Una encuesta sobre género y traducción (10)

Décima entrada de la encuesta sobre género y traducción.


Elena Marengo
(traductora argentina residente en Buenos Aires, Argentina)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–Al principio me sentí perpleja ante estas preguntas porque no las entendía –y sigo sin entenderlas del todo– ni adivinaba con mediana claridad su propósito. Me explico: las preguntas por la existencia son filosóficas o históricas o histórico-culturales, terrenos en los que no me atrevo a meterme. (Como bien me comentaron dos colegas mucho más jóvenes que yo que son excelentes profesionales, la frase “hipotética existencia de problemas de naturaleza genérica” (referida a gender o a genre) es tan amplia que se puede aplicar a casi cualquier actividad humana. Por otro lado, nunca puedo evitar la sensación de que las preguntas por la existencia son riesgosas. Sea que contestemos que sí, que hay rasgos genéricos en la traducción; sea que contestemos que no, que no los hay; sea que nos abstengamos y digamos “no sé”; en cualquiera de los tres casos, la pregunta instala de hecho en nuestra imaginación la entidad rasgo-genérico-en-el-quehacer-de-traducción, como el “no pensar en elefantes” de Lakoff. Digo en la imaginación, no en el razonamiento, pues una pregunta, como una palabra, no prueba ni comprueba nada, pero encauza las imágenes para que se viertan por un canal determinado. Suele ocurrir con el formato “encuesta”.
En cuanto a la segunda y tercera preguntas, merecen la respuesta de algún Tiresias traductor. Pero quiero creer que los artistas son avatares de Tiresias y que los traductores debemos ser artistas o aspirar a serlo. Es un acto de voluntad, que los hechos pueden desmentir arrojándome a la cara, entre otros ejemplos, mis propias torpezas y fracasos. Pero ese es otro tema.
De todo lo anterior se deduce una opinión sobre un hecho reciente que quiero hacer explícita aunque ya muchos se pronunciaron rotundamente al respecto. Negarle a una traductora holandesa por el color de su piel y el ambiente en que vive la capacidad de traducir a una autora afroamericana es lisa y llanamente un racismo de nuevo cuño.


Hugh Hazelton (traductor estadounidense residente en Montreal, Canadá)

1)¿Existe algún rasgo genérico en la traducción? Si así fuera, podría comentar brevemente en qué consiste?
–Sí, existe una corriente traductológica feminista fuerte que cree que la traductora o el traductor de obras escritas por autoras femeninas tiene el derecho, e incluso a veces el deber, de interpretar ciertas frases y pasajes de una manera independiente para identificar, superar y a veces destruir el “patriarcalismo” que impregna ciertos libros, sobre todo los del pasado. Esta tendencia se ha desarrollado mucho en Canadá, y especialmente en Quebec, donde la nueva ola de escritoras de los años sesenta y setenta querían liberarse de los modos de pensar de la antigua sociedad ultraconservadora, dominada por los hombres y la Iglesía, que se derrumbó con la “Revolución tranquila” de los sesenta. Hubo una valoración de la literatura experimental, que podía llevar la sociedad a liberarse de la estética tradicional y el estupor intelectual que existían antes. Mujeres como Nicole Brossard, France Théoret y Louky Bersaniak querían inventar un idioma propia de la mujer, y traductoras como Luise von Flotow, Annie Brisset y el traductor Howard Scott respaldaron el nuevo movimiento y buscaron métodos para revelar y apoyarlo con ciertas interpretaciones en sus traducciones. Luise von Flotow habla en su ensayo “Feminist Translation: Contexts, Practices and Theories” de cuatro métodos de actuar: la suplementación, el uso de prefacios y/o de notas y la ‘secuestración’ lingüística”. Hay que decir que la traducción literaria feminista no favorecía la transformación total del texto, sino que se limitaba a una táctica de ajuste lingüística de ciertas palabras, expresiones o juegos de palabras claves para renovar y revitalizar el idioma. Generalmente, las editoriales y el público estaban de acuerdo, sobre todo en Quebec, donde hubo un rechazo masivo de la sociedad antigua. También generó cierto interés en Francia.
Otras traductoras de la época de los sesenta, como Jill Levine, en Estados Unidos, tenían sus propios métodos y maneras de luchar por la liberación de la palabra traducida, contra el patriarcalismo y la falta de imaginación. Levine habla en su libro Escriba subversiva: una poética de la traducción, de la experiencia extraordinaria de traducir la novela Tres Tristes Tigres, de Guillermo Cabrera Infante, en colaboración con el autor, haciendo muchos cambios, juegos de palabras, y cambios textuales que terminaron en un libro nuevo, juguetón, creativa, un tipo de “closelaboration”, “al trascender las inhibiciones usuales de modales linguales y del respeto de las convenciones, tanto literarias como sociales”, según la traductora canadiense Anne Malena. El feminismo formaba parte de su estética, pero sin el enfoque único de las feministas quebequenses.

2) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–He traducido textos de Nicole Brossard y otras autoras del grupo quebequense feminista, pero creo que no me sentiría cómodo en la traducción de unos libros completos de ellas, porque no tengo muchos conocimientos de las sutilezas de la estética que sustenta su obra. Hay que decir que las cosas han cambiado mucho en Canadá, y aunque continúe la lucha por liberar el idioma del patriarcalismo, no es tan actual como antes en la discusión traductológica, porque la sociedad ya lo ha aceptado y lo apoya. He traducido a varias autoras quebequenses, tales como Hélène Dorion, Nathalie Boisvert y Julie Vincent, y puedo trabajar en sus textos sin pensar en cambios estéticos cerebrales. También he traducido cuatro libros de poesía de la escritora argentino-canadiense Nela Rio, que es una autora feminista comprometida, pero que a menudo usa un lenguaje muy delicado y lírico para hablar del amor y la pareja. Había un poema de ella que describía y celebraba el acto de amor, en que ella no usó ningún pronombre sujeto, sino simplemente los verbos, para que el lector pudiera interpretar libremente quién estaba haciendo qué al otro. Eso fue imposible en inglés, así que yo tenía que indicar laboriosamente (según mi interpretación) quién iniciaba cada acto y quién lo recibía, eliminando así toda la ambivalencia y gran parte de la belleza del poema. Pero eso fue por razones lingüísticas, no puramente genéricas.


Silvia Camerotto
(traductora argentina residente en Buenos Aries, Argentina)

1)¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
–Entendiendo por “rasgo genérico” condición sexual, ideológica, cultural, sí, existe. Todo texto queda atravesado por estas cuestiones que no deberían, en tal caso, afectar la traducción. Solo hay que conocer al autor y seguir sus palabras.

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
–No siempre es lo mismo. Puedo explicarlo brevemente refiriéndome al Paterson de Williams Carlos Williams. En la obra hay una jerarquía que se fundamentamayormente en las citas incluidas por Williams. Un canon. Pasado y presente, relación entre géneros, el arte y lo mundano. Las distinciones entre lo femenino y lo masculino y su tratamiento del género hablan de los cambios de jerarquías que operan dentro y fuera del Paterson. Es una reescritura del género tradicional. En su correspondencia con Viola Baxter, Williams comenta, entre otras cosas, que el hombre no el lo suficientemente fuerte para luchar contra el viento y que esto, a su vez, le demuestra que él no es un hombre sino más bien una mujer. En el Paterson, lo femenino sirve como metáfora del valor de eso que antes era secundario y que ahora se convierte en la fuerza/operación para escribir el poema. También es una metáfora del proceso creativo. En la obra se mezclan las convenciones, se yuxtaponen y también se tensan. En “The Tempers’” Williams escribe: “It is the woman in us/ that makes us write-/ Let us acknowledge it-/ men would be silent.”

3)¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–En realidad, no. Los problemas que se plantean en una traducción exceden al género. Son siempre de otra índole. No pasan por un lenguaje femenino o masculino u otro.

                      



viernes, 30 de abril de 2021

Una encuesta sobre género y traducción (9)

Noveno día de la encuesta sobre género y traducción.

Francisco Segovia
(traductor mexicano residente en Ciudad de México, México)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?

–La idea de que es preferible que sea una mujer, y no un hombre, quien traduzca a otra mujer es muy atractiva, pero tiene sus asegunes. De entrada, porque recuerda aquella vieja frase marxista que decía que un proletario francés se entiende mejor con un proletario ruso que con un francés de la burguesía. Eso quiere decir que los proletarios se entienden entre sí a pesar de sus lenguas, o más allá de ellas. Se entienden porque comparten la experiencia de una misma condición social —y, como es de esperar en una idea marxista, va de suyo que la clase social es una determinación mucho más pesada e importante que la lengua. A un traductor le cuesta tragarse este chocolate porque, descontando de este modo la lengua (lo expresado en una lengua) y homologando la experiencia vital, ¿qué queda por traducir? Si los dos proletarios se entienden más allá de las palabras, entonces no hay palabras que deban traducirse. La traducción sólo tendría sentido si un proletario tuviera que comunicarse con un burgués, cuya experiencia es distinta de la suya… Pero, ¿puede traducirse una experiencia ajena? Creo que un traductor interpreta palabras en el mismo sentido en que un psicoanalista interpreta sueños; es decir, aceptando que no trata nunca directamente con la experiencia, sino sólo con el relato de la experiencia, cosa que la frase marxista escamotea, si no es que la deja de plano en el olvido. Después de todo, no se traduce de una lengua a esa misma lengua, sino de una lengua a otra; es lo ajeno, no lo propio, lo que requiere traducción… Por otra parte, las lenguas son diferentes y se clasifican según criterios claros y objetivos. No puede decirse lo mismo de las sensibilidades. ¿De veras hay una sensibilidad femenina? No ha de faltar quien lo afirme, pero tampoco quien alegue que eso de la sensibilidad femenina es una construcción machista… No sé… Me parece obvio que un traductor debe tener claro desde dónde habla quien habla en el texto que traduce, pero eso no significa que ser ciego sea una ventaja a la hora de traducir a Homero, ni que sea preferible traducir a Rimbaud antes de cumplir los veinte…


Matías Battistón
(traductor argentino residente en Buenos Aires, Argentina)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
–Si el género atraviesa la vida, parece inevitable que atraviese la escritura, y si atraviesa la escritura, parece inevitable que atraviese la traducción también, ¿no?

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
–No creo que se pueda señalar ningún rasgo que determine a priori que cierto texto fue escrito necesariamente por alguien de cierto género (ningún texto está a salvo de que se revele que en realidad lo escribió otra persona, para empezar). Sí podrían citarse, como características no vinculantes, por así decirlo, contenidos de orden experiencial o físico, por ejemplo, o incluso, si se quiere, atributos más bien esotéricos (voz, respiración, textura, "un aire"), o incluso pistas paratextuales (básicamente, quién firma). Me parece que todo eso junto forma parte de los mil y un factores que pueden llevarnos a sentir una predisposición o una capacidad mayor o menor a la hora de traducir determinado material. Por otro lado, las traducciones no solo se hacen: también, en teoría, se van a leer, y eso abre la puerta a otras consideraciones. Si sorpresivamente se encontrara una traducción inédita de un libro de Hélène Cixous firmada por Cacho Castaña, aunque la traducción en sí demostrara ser a todas luces impecable, no descarto que la crítica o el público podrían recibirla de antemano con algo de recelo. Lo mismo (para poner ahora un ejemplo donde no medie el género) si un nuevo manifiesto vegetariano de Jonathan Safran Foer lo tradujera Alberto Samid: sería difícil no leer el resultado desde la sospecha, por no decir la perplejidad, aunque la misma traducción con otra firma, supongamos, no despertara la menor alarma. La recepción tiene reglas que la producción a veces pasa por alto. Lo que no implica que esos cruces a primera vista discutibles a veces no puedan dar, por eso mismo, resultados tanto o más interesantes. Sencillamente, están más expuestos a varios cuestionamientos, que sería largo enumerar.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–No, pero el fracaso siempre está a la vuelta de la esquina.


Yolanda Morató
(traductora española, residente en Sevilla)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
–Lo que hay es una “sensibilidad” en mayor o menor grado entre quienes nos dedicamos a traducir. Es decir, la persona que traduce tiene la opción de olvidarse de sí para reflejar la sensibilidad de las voces del texto. Hay traducciones que no lo hacen, por lo que las mujeres de cierta época hablan de una manera más cercana a la imagen que el traductor tiene de ellas que a lo que manifiesta el texto en su lengua original. Como digo, es algo que depende de la sensibilidad de la persona que lleva a cabo la tarea, por lo que nunca conviene generalizar por sexos, épocas o colectivos.

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
–Se da en ambos sentidos. Recuerdo a una revisora que me cambió el fragmento “eran soldados que volvían del frente” por “eran personas que volvían del frente”, porque le parecía más inclusivo (aunque destrozaba el dramatismo y el contexto de toda la página). O una traducción en la que F. Scott Fitzgerald le decía a Zelda Fitzgerald que fueran a ver “unas pelis”, una opción que no imagino en un hombre estadounidense de los años veinte del siglo pasado. Para mí el asunto reside en la coherencia de las voces que presenta el texto.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–La traducción siempre es un reto e implica duros trabajos de ventriloquia, pero nunca he dicho que no a un encargo por esta circunstancia.


jueves, 29 de abril de 2021

Una encuesta sobre género y traducción (8)

Octava entrada de la encuesta sobre género y traducción

Timo Berger
(traductor alemán residente en Berlín, Alemania)

1)¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?

–Quizás noto un rasgo de masculinidad en algunos traductores renombrados acá, en Alemania. Por un lado, hacia las editoriales (suelen cobrar más por página, son más duros con los correctores de estilo, desarrollan estilos personales... no quiero nombrar a los traductores, pero se conocen algunos acá en Alemania) y quizás las traductoras tienden a poner más en el centro el texto en sí, la intención de la autora o del autor y no tanto su propia lectura del texto y su reelaboración. En fin, creo que se refleja ahí los todavía existentes (aunque va cambiando) roles de las mujeres y los hombres en la sociedad.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–Como yo más que nada traduzco poesía, debo confesar que hay ciertas poéticas muy ligadas con el cuerpo femenino y/o con la homosexualidad que me costaría traducir. En el festival que yo coordino, junto a Rike Bolte, a veces tenemos como invitados a poetas que exploran esos campos. Con gusto encargo esas traducciones a una poeta-traductora queer que entiende mucho más del tema que yo. Pero son casos aislados. Creo todavía que un buen traductor/buena traductora crece con los textos que traduce, explora nuevas sensibilidades, nuevos modos de decir, y por eso, no creo que haya que decir que la poesía escrita por mujeres sólo la pueden traducir mujeres. Creo que incluso con el cruce de género que se da cuando un hombre traduce a una mujer o una mujer traduce a un hombre al texto se le agrega un capa más de complejidad.


Laura Fólica
(traductora argentina residente en Barcelona, España)

1)¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?

–Sí, claro, porque las marcas de género no tienen una correspondencia unívoca entre las lenguas. Justamente es uno de los problemas clásicos del estudio de las estructuras comparadas entre lenguas, ya planteado en textos fundamentales como el Ensayos de lingüística general de Roman Jakobson, cuando el autor señala que no hay que pensar el género gramatical como un rasgo puramente formal y que conviene situarlo en relación con las “actitudes mitológicas” y poéticas de las distintas comunidades lingüísticas. Así, un niño ruso leyendo cuentos alemanes traducidos se sorprenderá al ver que la Muerte, para él claramente mujer (smert’), es representada como un viejecito en alemán (der Tod); quizás ese asombro sea el modo más genuino de acercarse a la traducción. ¿Cómo resolver ese espacio de ambigüedad genérica que una forma neutra –obligada en una lengua pero inexistente en otra– nos plantea a la hora de tener que optar por la oposición masculino o femenino? Más allá de cómo lidiemos con esta ambigüedad, es interesante pensar que este es uno de los tantos lugares de decisión que tomamos como traductores en nuestros textos. Decisión que se vuelve, hoy más que nunca, una toma de posición, debido al debate que el lenguaje inclusivo ha introducido con las distintas variantes que propone, con la incomodidad (¿asombro?) que nos genera al tener que repensar ese sistema de género que creíamos bien establecido. A las restricciones y posibilidades estructurales de una lengua, ahora se añaden opciones que cuestionan la fetichización de esas estructuras y que nos recuerdan, como susurraba el buen Saussure, que la lengua es social y que necesita del habla nuestra de cada día para su evolución; por lo tanto, que sus estructuras por muy fijas que parezcan en instituciones que “limpian, fijan y dan esplendor” son flexibles, móviles, temporales y que nos están interpelando en nuestras convicciones lingüísticas.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–Diría más bien que la imposibilidad es una condición de posibilidad para quienes traducen y una defensa de su condición humana, de su práctica como lectura siempre situada. Si pensamos la traducción como una búsqueda de la equivalencia, entonces, sí que la falta de similitud podría ser un problema que nos impida seguir traduciendo. Puede que una máquina se frene ahí o nos ofrezca opciones, una más decepcionante que otra. Pero justamente apuesto a tomar la imposibilidad como un lugar que nos muestra la diferencia lingüística, cultural, subjetiva y que nos desafía a levantar la cabeza de nuestros textos, dejar de teclear por unos momentos y pensar en una resolución que nos satisfaga, al menos por ahora, para seguir traduciendo.
Si esta pregunta apunta más bien a pensar en el lenguaje inclusivo, no me he encontrado con textos de partida que lo usaran; sí, en cambio acabo de traducir una obra ensayística para una editorial argentina que contempla y propone su uso en sus traducciones, pero en el diálogo con las editoras descartamos esta opción porque nos parecía forzar el original que no presentaba marcas textuales ni tampoco temáticas en ese sentido. En mi escritura al castellano, traté de buscar opciones léxicas naturalmente más inclusivas, por ejemplo, en lugar de “la historia del hombre”, “de la humanidad”, o cosas por el estilo, pero no avancé en la intervención explícita de las desinencias de género.

Carlos López Beltrán
(traductor mexicano residente en Ciudad de México, México)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
–Pocos hechos tan evidentes como que el que las diferencias de sexo y de género atraviesan no sólo las lenguas sino las estructuras culturales profundas en las que están ancladas. Si añadimos a eso la evidencia de los particularismos y arbitrariedades que adoptan las marcas de lo sexual o de lo genérico en cada entramado cultural y en cada época, podemos saber de inicio que la traducción deberá confrontarse con desajustes y falta de equivalencias todo el tiempo. El problema más simple deriva de que las lenguas muy generizadas colorean los sentidos de sus enunciados con las valoraciones que el género de las cosas esparcen continua e imperceptiblemente, lo cual a veces plantea un problema para el traductor que no tenga ese recurso ideológico en su lengua de llegada.

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
–Una frase cursi en español como “la mirada sesgada de su sexo” está mucho más feminizada por el género del sustantivo que por el pronombre neutro. El traductor de Google capta eso y nos traduce “the slanted look of her sex”, pasando lo femenino al pronombre. Más espinoso es el problema de la existencia, y la importancia de sensibilidades diferenciadas según el sexo y/o el género. El que al traducir a una mujer sea necesario poder “sentir como tal” o “saber qué se siente ser…”, lo cual en principio le impondría un reto más alto a un traductor de sexo/ género diferente. Es claro que hay textos, sobre todo literarios, en los que el despliegue de la subjetividad autoril (estoy aquí eludiendo explicitar el género) está embebido de cierto modo de ser/estar/sentir/percibir en/desde la propia carne y que este determina no sólo el lenguaje empleado sino también la mejor manera de interpretarlo, el sitio mejor para entenderlo. Un poema de Sharon Olds sobre partos no será captado con igual eficacia emocional por quien no ha parido, se piensa. O las descripciones de Ted Hughes sobre la manipulación viril del ganado no se alcanzarán a comprender si no se tiene un cuerpo masculino y no se ha sido granjero. Yo francamente lo dejé de creer hace muchos años cuando encontré en la prosa de Yourcenar descripciones de la propiocepción corporal de Adriano que no pensaba que pudieran estar al alcance de una mujer. En suma, creo que es real la dificultad de traducir de modo fiel y perceptivo la literatura intimista de alguien del quien estamos separados por barreras de sexo o género, pero no es insuperable. Como no son insuperables otras barreras equivalentes de cultura, edad, época. De hecho, esa es la esencia de la traducción.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
No que yo recuerde. Pero recuerdo poco ya.