martes, 16 de julio de 2024

A 120 años de la muere de Anton Chejov

El 15 de julio, Daniel Gigena publicó en La Nación, de Buenos Aires, una extensa nota a propósito de los 120 años de la muerte de Anton Chejov. Allí, diversas personas opinan sobre los diferentes aspectos que conforman la escritura de uno de los más influyentes escritores de todas las épocas. Ofrecemos a continuación la opinión de Alejandro González, uno de sus traductores al castellano.

"Una de las dos grandes corrientes del cuento moderno"

El traductor y especialista en literatura rusa Alejandro Ariel González tradujo del ruso al español noventa cuentos de Chéjov para la editorial Losada. “Si bien corresponden a distintos períodos, en su mayoría son de su primera etapa, en la que se destaca la nota cómica -dice González a este diario-. Varios de los cuentos de esa época son casi chistes, anécdotas, pero ya se percibe a un escritor consciente de la dificultad de escribir después de Tolstoi y Dostoievski. Su poética no estará centrada en la revelación de grandes misterios, en el abordaje de cuestiones últimas como Dios, el destino de Rusia, de Europa, de la humanidad, sino en pequeñas escenas naturalistas donde los humanos se muestran con todas sus flaquezas y debilidades. Una literatura no ambiciosa desde lo programático que produce la sensación de que en sus cuentos no ocurre nada. En rigor, sí ocurre, solo que el narrador ya no lo dice, apenas lo sugiere, y es el lector quien repone el vacío de información. Eso lo llevó a crear una de las dos grandes corrientes del cuento moderno. En una prevalece el hecho excepcional, sensacional, descabellado, al estilo de Poe; en otra, el hecho cotidiano, común, pero que la literatura es capaz de transfigurar en algo significativo”.

lunes, 15 de julio de 2024

Fieles a su reputación de abusivos y esclavistas, los japoneses eliminan a los traductores de los créditos de los videojuegos que producen


El pasado 12 de julio, Víctor Rosas escribió en Yahoo Finanzas sobre las políticas abusivas de la empresa japonesa Nintendo para con sus traductores. Las políticas negreras parecen ser el leit motiv de la compañía.

Acusan a Nintendo por no dar crédito a traductores de videojuegos aclamados

Nintendo está de nueva cuenta en la mira por una polémica relacionada con sus políticas internas a nivel laboral y el manejo de sus acuerdos con empresas de terceros que son contratadas para sus procesos de desarrollo. Recientemente, traductores que han participado en títulos aclamados de Nintendo Switch en años recientes revelaron que la compañía japonesa no les dio crédito por su trabajo, alimentando una cadena que beneficia en presente al empleado, pero lo compromete a futuro.

Traductores aseguran que Nintendo no da crédito a empleados externos
Un reporte de Game Developer citó diversas entrevistas realizadas a traductores (que optaron por el anonimato) que en algunos casos fueron parte de Nintendo y en otros independientes que trabajaron en proyectos de la compañía japonesa como The Legend of Zelda: Tears of the Kingdom y Animal Crossing: New Horizons. El problema en cuestión es que Nintendo no da crédito a los traductores cuando son contratados a través de agencias, algo cada vez más común pues es más barato y accesible para las empresas en vez de tener áreas y personal especializado internamente.

Al respecto, se menciona el posible origen de esta decisión por un problema interno que surgió en Nintendo: "recuerdo un proyecto en el que la empresa decidió no incluir a los probadores internos en los créditos. Este fue uno de los juegos de Professor Layton de Level-5. Nintendo of Europe se encargó de la localización y publicación de la serie Layton en ese momento. Los traductores de ese proyecto protestaron enérgicamente contra esta decisión, pero al final no se les dio crédito por este proyecto. No sé si desde entonces esto se ha convertido en una política".

Nintendo prohíbe que traductores hablen de su trabajo en la compañía por 10 años
Asimismo, se citan testimonios de traductores independientes que trabajaron en grandes y exitosos títulos de Nintendo mediante agencias como Localsoft y Keywords. En su caso, se les mencionó la ausencia del crédito correspondiente como parte de su contratación, aunque señalan que es algo que afecta al gremio a mediano y largo plazo: "acepté como parte del negocio, pero eso no significa que sea justo o correcto. El hecho de que estas empresas no sean capaces de dar ninguna explicación razonable para omitir a los traductores externos (e incluso a los desarrolladores) de sus créditos es una prueba de ello. Profesionalmente, es difícil decir cuánto me ha impactado esto. Es muy posible que más agencias de traducción se hubieran acercado a mí si mi nombre hubiera aparecido en todos estos grandes juegos de Nintendo".

Al respecto, otros traductores señalaron que se enteraron de esta situación cuando la compañía japonesa los invitó a firmar un documento de confidencialidad en que se comprometen a no hacer público que trabajaron en tal o cual juego, ni detalles, durante los próximos 10 años. Algunos trabajadores criticaron esta política y señalan lo difícil que es ver los elogios, premios y reconocimientos que se llevan títulos como Zelda: tears of the Kingdom y ellos no pueden revelar que trabajaron en ellos, por ende, sus CV no pueden incluir dicha labor, lo cual va en detrimento de sus posibilidades de contratación en proyectos importantes.

Finalmente, algunos empleados entrevistados declararon que se trata de un acto normalizado entre Nintendo y las agencias con el temor constante de caer en una "lista negra" en caso de protestar: "sentí que me beneficiaría de poder afirmar que trabajé en el título al ofrecer mis servicios a nuevos clientes. Sin mencionar que en realidad pasé una buena cantidad de tiempo trabajando casi exclusivamente para ellos. Cuando todo el proyecto estuvo terminado, me llevó meses volver a poner en marcha un trabajo estable, ya que no había estado disponible durante mucho tiempo. Así que, lógicamente, me sentí robado, pero de una manera demasiado familiar, lo que dice mucho de esta línea de trabajo".

viernes, 12 de julio de 2024

"En otras cosas peores se podría ocupar el hombre"

Jorge Luis Borges frecuentemente escribió contra el estilo de Miguel de Cervantes porque –no se la iba a perder–, eso era lo que reivindicaban los comentaristas españoles del Quijote. 
Para el autor de "Pierre Menard, autor del Quijote", lo que realmente importaba era el personaje y la historia de su amistad con Sancho Panza. Más allá de quién tenga razón (si es que alguno la tiene), acá, para recibir el fin de semana, vamos a reivindicar algo de lo que Cervantes escribió sobre la traducción. Más explícitamente, en el capítulo LXII. Allí, al llegar a Barcelona, visita una imprenta, donde encuentra al autor de una traducción con el que mantiene el diálogo que sigue.

"El traducir de una lengua en otra (...) es como quien mira los tapices flamencos por el revés"

Llegábase Don Quijote a un cajón, y preguntaba qué era aquello que allí se hacía; dábanle cuenta los oficiales; admirábase, y pasaba adelante. Llegó en otros a uno, y preguntole qué era lo que hacía. El oficial le respondió:
Señor, este caballero que aquí está (y enseñole un hombre de muy buen talle y parecer y de alguna gravedad) ha traducido un libro toscano en nuestra lengua castellana, y estoile yo componiendo, para darle a la estampa.
¿Qué título tiene el libro?, preguntó Don Quijote.
A lo que el autor respondió:
Señor, el libro, en toscano, se llama «Le bagatelle».
¿Y qué responde «Le bagatelle» en nuestro castellano?, preguntó Don Quijote.
«Le bagatelle», dijo el autor es como si en castellano dijésemos los juguetes; y aunque este libro es en el nombre humilde, contiene y encierra en sí cosas muy buenas y sustanciales.
Yo, dijo Don Quijote sé algún tanto de el toscano, y me precio de cantar algunas estancias del Ariosto. Pero dígame vuesa merced, señor mío (y no digo esto porque quiero examinar el ingenio de vuesa merced, sino por curiosidad no más): ¿ha hallado en su escritura alguna vez nombrar «pignata»?
Sí, muchas veces, respondió el autor. Y ¿cómo la traduce vuesa merced en castellano? preguntó Don Quijote.
¿Cómo la había de traducir, replicó el autor sino diciendo olla?
¡Cuerpo de tal!, dijo Don Quijote, y qué adelante está vuesa merced en el toscano idioma! Yo apostaré una buena apuesta que adonde diga en el toscano «piace», dice vuesa merced en el castellano place, y adonde diga «più», dice más, y el «su» declara con arriba, y el «giù» con abajo.
Sí declaro, por cierto, dijo el autor, porque ésas son sus propias correspondencias.
Osaré yo jurar, dijo Don Quijote que no es vuesa merced conocido en el mundo, enemigo siempre de premiar los floridos ingenios ni los loables trabajos. ¡Qué de habilidades hay perdidas por ahí! ¡Qué de ingenios arrinconados! ¡Qué de virtudes menospreciadas! Pero con todo esto, me parece que el traducir de una lengua en otra, como no sea de las reinas de las lenguas, griega y latina, es como quien mira los tapices flamencos por el revés; que aunque se veen las figuras, son llenas de hilos que las escurecen, y no se veen con la lisura y tez de la haz; y el traducir de lenguas fáciles, ni arguye ingenio ni elocución, como no le arguye el que traslada, ni el que copia un papel de otro papel; y no por esto quiero inferir que no sea loable este ejercicio del traducir, porque en otras cosas peores se podría ocupar el hombre, y que menos provecho le trujesen.

jueves, 11 de julio de 2024

El tratamiento de la homosexualidad en la RAE

Francisco Molina Dìaz
Docente e Investigador del área del Lengua Española del Departamento de Filología y Traducción de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla. publicó eel 28 de junio, en The Conversation, un interesante artículo sobre la manera en que la RAE, con su mentalidad troglodita se ha ocupado a lo largo del tiempo de las distintas palabras que se refieren a la diversidad sexual.

Cómo aborda la Real Academia Española a la diversidad sexual

Son frecuentes, sobre todo cuando hay cambios en el diccionario, las críticas a la Real Academia Española por xenófoba, racista, antisemita, machista, homófoba, misógina y cualquier otra acusación de incitación al odio o rechazo a un colectivo. Suele imputársele incluir acepciones ofensivas a la dignidad.

Quizás esta acusación surja por la extendida costumbre de no leer los prólogos, preámbulos, introducciones, avisos y advertencias que preceden a los diccionarios. Precisamente, en el preámbulo de la última edición del diccionario académico, la del Tricentenario, se afirma:

“La corporación […] procura aquilatar al máximo las definiciones para que no resulten gratuitamente sesgadas u ofensivas, pero no siempre puede atender a algunas propuestas de supresión, pues los sentidos implicados han estado hasta hace poco o siguen estando perfectamente vigentes en la comunidad social”.

¿Sería adecuado eliminarlos para que ningún hablante los conozca y, así, evitar usarlos? El preámbulo del Diccionario de la lengua española responde:

“Del mismo modo que la lengua sirve a muchos propósitos, incluidos algunos encaminados a la descalificación del prójimo o de sus conductas, refleja creencias y percepciones que han estado y en alguna medida siguen estando presentes en la colectividad. Naturalmente, al plasmarlas en un diccionario el lexicógrafo está haciendo un ejercicio de veracidad, está reflejando usos lingüísticos efectivos, pero ni está incitando a nadie a ninguna descalificación ni presta su aquiescencia a las creencias o percepciones correspondientes”.

El diccionario no es la obra moral que prescribe qué palabras usar; no es un catecismo, ni un libro de buenas maneras, aunque la Academia, en el mismo preámbulo, reconoce que “existe la ingenua pretensión de que el diccionario pueda utilizarse para alterar la realidad”. El diccionario refleja la sociedad que emplea la lengua, sus virtudes y sus vicios, sus bondades y maldades, y sus cambios. Por eso varía, reflejando salidas y entradas de palabras y sentidos, según el uso de los hablantes.

Palabras para definir el concepto
Ahora, tras el Mes del Orgullo LGTBI+, miramos cómo la RAE aborda la homosexualidad, que el diccionario define como “inclinación erótica hacia individuos del mismo sexo”, incluyendo lesbianismo ‘homosexualidad femenina’ y uranismo ‘homosexualidad masculina’.

Los dos términos tienen origen clásico, aunque los tintes idílicos de la antigüedad pronto se topan de bruces con la definición de uranismo en el diccionario de Alemany y Bolufer (1917). Primero se incluye como patología; se emplea, “principalmente, en medicina legal”. Luego se dice que es una “inversión sexual” sin origen físico, pura perversión, sin que los órganos genitales presenten “vicio de conformación”.

En los diccionarios de la RAE hay voces diversas para el hombre homosexual: bujarra, bujarrón, gay, homosexual, marica, maricón, mariquita y sarasa. Y también afeminado, bollero, invertido, lesbiano y tortillero. Estos últimos aparecen con variación de género, con formas masculinas y femeninas.

Los primeros en aparecer, en el Diccionario de autoridades (1726 y 1734), son afeminado, bujarrón, marica, maricón e invertido. En 1803 surge mariquita. Y en el siglo XX, sarasa (1925), bujarra (1927), homosexual (1936) y gay (1984). Todas siguen estando, salvo bujarra, que desaparece en 1992. No supone esto que la inclusión en el diccionario coincida con el momento de su aparición en la lengua española; el refrendo del diccionario se produce tras la comprobación de su uso frecuente.

Pero el lesbianismo también recibe voces despectivas, aunque menos y más tardías. La primera aparición de lesbiano se da en el suplemento del diccionario académico de 1970 y remite a amor lesbio: “Amor homosexual entre mujeres”. Tortillera se incorpora en 1985, y bollera en 1989. Ambas llegan marcadas como “vulgares”.

Definiciones que cambian con el tiempo
Pero no solo las incorporaciones o desapariciones de palabras en la lexicografía son interesantes. También lo son las definiciones y ejemplos que afloran.

En 1726, en el Diccionario de autoridades, para afeminado no se usa ninguna definición que aluda a la sexualidad, pero se asimila a lo femenino, inferior a lo masculino: “Inclinado, y reducido al génio y manéra de obrar y hablar de las mugéres […]. Lat. Debilis. Imbecillis. Infirmus”.

Homosexual, en 1936, se define como “sodomita”, y así llega hasta 1956; en 1950 es el que “busca los placeres carnales con personas de su mismo sexo”.

En 1989 se identifican afeminado y homosexual y aparece un sentido que acerca la homosexualidad al vicio: “Inclinado a los placeres, disoluto”. Y es que la sociedad española aún relacionaba la homosexualidad y perversión: en 1995 estallaba el caso Arny, un juicio de prostitución de menores en un bar de Sevilla en el que los imputados, todos ellos hombres homosexuales, y algunos famosos, fueron acusados sin pruebas y juzgados en los medios de comunicación, aunque la mayoría resultarían finalmente absueltos.

La débil voluntad que Autoridades asocia a la mujer está en las definiciones de marica y maricón. Marica es un hombre fácilmente manejable: “hombre afeminado y de pocos brios, que se dexa supeditar y manejar”. En 1803 se describe como hombre “de poco ánimo y esfuerzo” y en 1984, “homosexual, invertido”. Desde 1992 marica es un “insulto empleado con o sin el significado de hombre afeminado y homosexual”.

Maricón tampoco se libra de la supuesta abulia femenina: para Autoridades es “hombre afeminado y cobarde”. En 1884 se le añade “sodomita”, y en 1970, “invertido”. No conformes, en 1984 es “persona despreciable e indeseable”. En 1992 se mantiene la voz, pero al menos se indica que es “insulto grosero”. Y el bujarrón es “hombre vil è infame, que comete activamente el pecado nefando” (1726).

En definitiva, los diccionarios académicos, desde Autoridades hasta la edición del Tricentenario, incorporan y pierden palabras y definiciones relacionadas con la homosexualidad: la Academia no se erige en creadora de comportamientos lingüísticos, sino en reflejo de la actuación de los hablantes.

La lengua no es un ente estático; al contrario, es una de las realidades más dinámicas que conocemos y, como tal, cambia en función de la evolución de la sociedad que la usa. Precisamente por ello es por lo que la RAE realiza ediciones periódicas de su diccionario: el objetivo es reflejar cómo la lengua varía en función de los cambios sociales; y la percepción de la homosexualidad no escapa a esta transformación y deja por ello su reflejo en el tratamiento lexicográfico.

miércoles, 10 de julio de 2024

Tercera edición de un premio a la traducción

 

III Premio Hispanoamericano de Traducción Literaria Aquelarre Ediciones 2024

Fecha: 31/7/2024. Premio: 30.000 pesos mexicanos y publicación. Ámbito: internacional. Admite envíos por Internet. Género: traducción literaria. Organizador: Aquelarre Ediciones, Editorial de la Universidad Veracruzana y Secretaría de Cultura de Veracruz (México). Mayor información: 

clic aquí.

martes, 9 de julio de 2024

Paco Ignacio Taibo II y su balance del F.C.E.



El pasado 2 de julio, Reyes Martínez Torrijo publicó en el diario mexicano La Jornada una entrevista con Paco Ignacio Taibo II, director del Fondo de Cultura Económica, una de las mayores y más importantes editoriales latinoamericanas.

"El Fondo logró convertirse en editorial popular"

El Fondo de Cultura Económica (FCE) alcanzó una producción anual de 2 millones 800 mil ejemplares y la venta de una cantidad similar de libros en el mismo periodo, sostuvo su director, Paco Ignacio Taibo II, quien destacó el crecimiento sorprendente del fomento a la lectura del sello y que la sociedad siente que cumplió en convertirse en una editorial popular.

El escritor habló en entrevista con La Jornada del programa que realiza el Fondo en Oaxaca, Michoacán y Sonora, en colaboración con sus gobiernos estatales; de la conmemoración por los 90 años de la institución y de su gestión al frente de la editorial del Estado mexicano.

En las tres entidades, comentó Taibo II (Gijón, España, 1949), el fomento de la lectura ha dado saltos espectaculares y se producen labores que suman a lo que ha estado haciéndose. Hay un largo trabajo de construcción de clubes y salas de lectura, visitas del Librobús, conferencias, reactivación de librerías y ahora se lanzaron programas muy grandes que van a consumir este fin de año.

En Oaxaca se lanzó la Guelaguetza Literaria, que significa la incorporación de miles de jóvenes a campañas de fomento a la lectura y comenzó la distribución de 17 mil libros. “Ese proyecto se va a prolongar, probablemente, durante meses. Vamos a tener una gira grande de librobuses en la entidad, comunidad por comunidad. Habrá una segunda tanda de distribución, así como conferencias y debates de historia de México.

Simultáneamente, se lanzó Michoacán Lee, otro plan de origen estatal, que incluye conferencias, debates, distribuciones de libros, colaboración con ayuntamientos y el magisterio, el inicio de una larga gira del Librobús, algo que ya veníamos haciendo pero volvimos masivo en escuelas normales. También, otra cantidad enorme de libros se pusieron en circulación en regalo junto con el gobierno estatal.

La tercera serie es la iniciativa Nidos de Lectura, en Sonora, que se desarrollaron con velocidad endiablada. En mayo estábamos con 400 de esos libroclubes en un estado de enorme desconcentración de la población, donde hacer llegar libros es muy complicado, y más aún darles atención sistemática.

Aparte, dijo el historiador, vamos a llegar a 16 mil clubes de lectura este fin de año; probablemente, más. Hemos crecido de manera muy potente, esto ligado a que el Fondo tiene que establecer continuidad editorial, de proyectos de fomento a la lectura, de divulgación, etcétera.

En torno a la celebración de los 90 años del FCE, Taibo II adelantó que reunirá cuatro líneas, una de ellas es que en todas las librerías de la red Fondo Educal se pondrán a la venta 90 libros a mitad de precio. 90 para el 90 es una selección sorprendente de libros que están en primeras o en segundas ediciones, actividad a la que se sumarán todas las filiales del FCE en el planeta.

Paco Ignacio Taibo II dio un balance de los resultados del FCE en los recientes cinco años, en los que se hallan el crecimiento sorprendente del fomento a la lectura y la construcción de una estructura de comunicación antes inexistente.

Añadió que es nuestro orgullo, porque es una red muy rica, ya que nos permite decir no sólo lo que estamos haciendo, tanto en difusión como en promoción de la lectura, qué conferencias va a haber y en dónde, sino que permite un muy potente contacto directo con los lectores.

El funcionario hizo hincapié en el propósito de llevar el FCE a un terreno más popular. Necesitábamos una colección como Vientos del Pueblo, abajo de 20 pesos, con tirajes muy altos, para que se justificara el precio tan bajo. Ya lleva vendidos 5 millones de ejemplares en todo el país, produciendo quizá tres libros al mes. En suma, al año editamos entre 450 y 500 títulos, entre ediciones nuevas y reimpresiones.

A los millones de libros editados y vendidos, consignado arriba, se suman las cifras de las filiales en Colombia, Argentina, Chile y España, detalló Taibo II. En este tema, relató que las sucursales se volvieron mucho más operativas y activas. En todo el planeta crecieron. Las encontramos en desastre y han estado reparándose una a una.

Informó que el año pasado se atendieron 140 ferias de libros en México, y que el viernes y el sábado pasados se realizaron “162 actividades en todo el mundo: una feria en Guatemala, un club de lectura en Santiago de Chile, una presentación de un libro aquí, una en Irapuato, un tendido de libros en el Politécnico…”; además, calculó que la cifra de ventas superará en 15 por ciento lo reportado en 2019.

En torno a su permanencia al frente del FCE, Taibo II refirió que “dado lo que dijo Claudia Sheinbaum (virtual presidenta electa) en un acto público, voy a continuar. Además, el Fondo tiene nombramientos transexenales y Andrés Manuel López Obrador (actual mandatario) ya me había renovado en marzo pasado por cinco años.

De todas maneras, el gobierno cambia en septiembre-octubre, pero la Feria Internacional del Libro en el Zócalo es en octubre y había que preparar desde ya nuestra colaboración con el gobierno de la Ciudad de México, así como la intervención en las ferias Internacional del Libro de Guadalajara, de Tampico y Oaxaca, además del 90 aniversario.

Concluyó que está contento, porque percibo una sensación de abajo hacia arriba en la sociedad mexicana de que el Fondo cumplió con algo que no estaba puesto en la mesa: que el fondo era una editorial capaz de apoyar de manera sólida y sustantiva la producción del libro hacia el mundo académico; ya lo sabíamos, pero también era capaz de convertirse en popular, en términos de distribución y buena calidad.

lunes, 8 de julio de 2024

"Un combate teórico-político para pensar la lengua"

El pasado 30 de junio, en su columna semanal del diario Perfil, Damián Tabarovsky, citando al 
escritor, periodista, filólogo Victor Klemperer (1881-1960, foto) se refiere a la necesidad de revisar continuamente la lengua para ver cuáles son las rémoras que el presente arrastra de etapas dictatoriales de nuestra historia.

Combates en la lengua

¿Se puede narrar la memoria de la lengua? ¿Devolverle la memoria a una lengua perdida? ¿Dar testimonio del momento en que una lengua se extravía? ¿Tomar nota, en tiempo real, de la densidad de los combates por la lengua? Los diarios de Victor Klemperer van en esa dirección. Noveno hijo de un rabino, nacido en 1881 en una región que hoy pertenece a Polonia, filólogo de profesión, alistado voluntariamente en el ejército alemán durante la Primera Guerra mundial, a partir de 1933 sufrió la persecución nazi: despedido de la universidad, obligado a abandonar su casa y confinado a vivir en una Judenhaus, conminado a realizar trabajos forzados, gravemente enfermo, lo salvó de la deportación el hecho de estar casado con una mujer no judía, según la situación especial de los denominados “matrimonios mixtos” bajo el régimen nacionalsocialista. Klemperer, en ese contexto, escribió un diario e inmediatamente después un libro (LTI es de 1946) en los que toma nota de manera minuciosa, dramática, pero siempre intelectual, de los cambios en la lengua alemana, de la aparición del nazismo como acontecimiento político, por supuesto, pero también y sobre todo como acontecimiento discursivo, como la búsqueda de una nueva lengua alemana. Pocos casos en la historia de la cultura de la modernidad son tan intensos como los libros de Klemperer, intensos en el sentido de un poder de observación in situ para detectar la fascistización de una lengua, los cambios brutales en el habla, en la lengua del poder, pero también en su imbricación con el habla cotidiana, en la lengua de la conversación diaria. Y también, quizás como pocos, para observar las terribles líneas de continuidad entre el fascismo, el nazismo, y el régimen que lo sucedió.

De hecho, así comienza LTI: “Debido a las nuevas necesidades, el lenguaje del Tercer Reich incrementó el uso del prefijo de privación ent (des, de), si bien queda por ver, en cada caso, si se trataba de una nueva creación o de la adopción, por parte del lenguaje de la comunidad, de ciertas expresiones ya utilizadas en círculos especializados. Había que oscurecer las ventanas ante el peligro de los bombardeos aéreos; así pues, luego se requería un trabajo diario de ‘desoscurecimiento’. En caso de incendio, los trastos y escombros no debían obstaculizar el paso a quienes acudían a apagar el fuego; así pues se procedía al ‘desescombro’. Para definir de una manera más amplia la tarea necesaria del presente, se ha acuñado una palabra formada por analogía: Alemania casi sucumbió del todo por causa del nazismo; el esfuerzo por curarla de esta enfermedad mortal se llama hoy día ‘desnazificación’. No creo ni deseo que esta horrorosa palabra tenga una vida duradera; desaparecerá y sólo llevará una vida histórica tan pronto como haya cumplido su deber actual”. La aparición de nuevos giros, nuevas palabras, pueden ser pensado –Klemperer lo piensa así– en sincronía con una derrota político-cultural.

A finales de la dictadura argentina, los textos políticos de Fogwill y de Brocato fueron escritos en esa dirección. Escribo esto en Argentina en junio de 2024, bajo ese régimen que, por pereza intelectual, llamamos “democracia”. Pues bien: sigue siendo imprescindible dar un combate teórico-político para pensar la lengua en las condiciones de producción de la posdictadura.

viernes, 5 de julio de 2024

Edgardo Scott: De Lanús a París y de París al Club

 

Como dice el flyer, el próximo lunes 22 de julio, en el marco de las actividades del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires en la librería El Jaúl, se va a presentar el escritor y traductor Edgardo Scott para hablar de su labor traduciendo y su experiencia de haber sido traducido. Como siempre, la entrada es gratuita.

Edgardo Scott (1978) ha publicado los libros de cuentos Los refugios (2010) y Cassette virgen (2021), las novelas El exceso (2012) y Luto (2017), además de los ensayos Caminantes (2017), Por qué escuchamos a Stevie Wonder (2020) y Escritor profesional (2023). Como traductor ha realizado versiones de Dublineses, de James Joyce y Los ríos secretos de Londres, de Ian Sinclair, entre otros autores.

jueves, 4 de julio de 2024

"La relación entre lenguaje y soberanía"



El pasado 29 de junio, el escritor y crítico Daniel Link escribió la siguiente columna en el diario Perfil, donde, a partir de datos de la dialectología, refuta la soberanía de España sobre las lenguas de Latinoamérica.

Los dueños de la lengua

Vuelto de un viaje a Colombia (del cual volví completamente enamorado de aquel país y de sus gentes), me encuentro con un artículo mío escrito hace un par de años y recién publicado (son los tiempos académicos). El asunto me vino dado por invitación: escribir algo sobre el centenario del artículo “Observaciones sobre el español de América”, del eminente filólogo Pedro Henríquez Ureña.

Naturalmente, el tema se inscribe en una disciplina, la dialectología, que conozco de lejos. En todo caso, el punto de partida de mi examen son dos textos contemporáneos del siglo XIX. Uno del colombiano Rufino José Cuervo (1881) y otro del cubano Juan Ignacio de Armas (1882).

Lo que se juega en esos textos fundacionales de la dialectología hispanoamericana es la relación con el español peninsular. Cuervo es capaz de notar la potencia expresiva y afectiva de la lengua bogotana (de la que yo he disfrutado durante mi viaje) pero se hace cargo de la necesidad de trabajar en favor de la unidad lingüística, en favor de un “idioma común”, lo que supone destruir “las barreras que las diferencias dialécticas oponen al comercio de las ideas”.

Ese afán de destrucción se funda en el mismo pánico del gran gramático americano Andrés Bello (“Juzgo importante la conservación de la lengua de nuestros padres en su posible pureza”), quien advirtió contra “embriones de idiomas futuros, que durante una larga elaboración reproducirán en América lo que fue la Europa en el tenebroso período de la corrupción del latín”.

Ignacio de Armas, por el contrario, abraza la diferencia. Define cuatro o cinco zonas dialectales, a partir de las cuales se formarán nuevos idiomas: “El castellano, llamado a la alta dignidad de lengua madre, habrá dejado en América, áun sin suspender el curso de su gloriosa carrera, cuatro idiomas, por lo ménos, con un carácter de semejanza jeneral, análogo al que hoi conservan los idiomas derivados del latín”.

Como se comprende, lo que allí se discute es la relación entre lenguaje y soberanía, en el seno de las recién nacidas repúblicas americanas. ¿Tenemos derecho a una lengua propia o debemos conformarnos con hablar dialectos de la lengua de otro?

Hasta 1964 se aceptó la repartición dialectal propuesta por Ignacio de Armas (Henríquez Ureña la sigue, aunque cambia los criterios de definición). José Pedro Rona propuso entonces 23 diferencias dialectales a través de “hechos lingüísticos y objetivos”. Por supuesto, semejante proliferación obliga a “replantear el problema de la división del español americano en zonas dialectales”.

A los únicos a los que les conviene sostener una lengua única (el “español de América”) es a los peninsulares, que se arrogan así una cierta autoridad sobre el vocabulario, la sintaxis y la llamada “norma culta”. Desde hace años, la Real Academia Española viene luchando mal contra los embates independentistas de las sociedades americanas. Hoy es capaz de reconocer que la lengua española es pluricéntrica pero no acepta que el idioma de los argentinos o el de los colombianos puedan pensarse como lenguas separadas, cada uno con sus propios derechos a la existencia y a la soberanía sobre el sentido.

Las lenguas pluricéntricas tienen más de una norma lingüística, establecidas o en construcción. Juan Ignacio de Armas y Pedro Henríquez Ureña, cada uno a su manera, reconocieron cinco normas americanas que la dialectología luego fue complicando en una disparatada competencia entre lo contingente y lo eterno, entre lo universal y lo particular, entre lo global y lo local. Pero el tiempo, que es la diferencia de las diferencias, o lo que relaciona a las diferencias unas con otras, hoy nos exige pasar, incluso, de las lenguas pluricéntricas a las lenguas excéntricas porque, como ha señalado Alberto Gómez Font: “En los Estados Unidos se está gestando un nuevo español, un idioma que no es ni de los mexicanos ni de los argentinos, cubanos o centroamericanos, sino que es de todos. Es un español al que podríamos llamar “español internacional”.

Ese es el acontecimiento que hoy domina el horizonte de las lenguas españolas y sus diferencias.

Conviene volver, pues, a la canción de la tierra ureñista y a las excentricidades de Juan Ignacio de Armas porque en aquellas diferencias que la perspectiva filológica quiso y pudo sostener se jugaban formas de vida y comunidades de destino.

miércoles, 3 de julio de 2024

Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural para la editorial Acantilado

"La editorial barcelonesa que cumple 25 años este 2024 ha sido destacada por su 'cuidada selección de títulos, por la calidad de sus traducciones y por su labor en la recuperación de clásicos imprescindibles'." Tal es la bajada de la nota sin firma, publicada en el diario El País, de Madrid, del pasado 1 de julio, que da cuenta del premio nacional español, recibido por la editorial Acantilado. Fundada por el filólogo y editor Jaume Valcorba (1949-2014; en la foto), lleva publicados más de mil títulos en cuarenta años.

Acantilado gana el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural

Acantilado, sello literario fundado en Barcelona en 1999, es el ganador del Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2024, según informó este jueves el Ministerio de Cultura. El fallo del jurado, presidido por la directora general del Libro, Cómic y Lectura de la cartera de Cultura, María José Gálvez, justificó su decisión en la “impecable labor en la que destaca la excelencia del catálogo con una cuidada selección de títulos, de la edición de los textos, de la gran calidad de las traducciones, así como por su labor en la recuperación de clásicos imprescindibles”. El reconocimiento, que se entrega desde 1994, dota al ganador de 30.000 euros.

La editorial, con más de 1.000 títulos publicados, ha editado a autores clásicos y contemporáneos como Stefan Zweig, Joseph Roth, G. K. Chesterton, Natalia Ginzburg, Georges Simenon o Imre Kertész, por mencionar algunos. Lleva adelante un ecléctico catálogo que incluye ensayo, narrativa, poesía, biografía o diarios y cartas. Una variedad que el jurado ha destacado por “la importancia de editar obras de pensamiento y de ensayo histórico y cultural como esencia democrática, además de su compromiso social y solidario que le ha granjeado el respeto, admiración y reconocimiento del ecosistema del libro”. Entre las colecciones de la editorial están El Acantilado, Acantilado Bolsillo, Cuadernos del Acantilado y Narrativa del Acantilado.

Uno de sus últimos lanzamientos fue la correspondencia que mantuvieron el Nobel de Literatura francés Romain Rolland y su discípulo austriaco Stefan Zweig entre 1910 y 1918, donde repudian la Gran Guerra y buscan sus orígenes. También es reciente el ensayo histórico De un mundo a otro mundo, del argentino Mario Satz, que refuerza la apuesta de Acantilado por el “fortalecimiento de los lazos culturales con América Latina”, como resalta el jurado.

El Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural está dirigido al “conjunto de la labor editorial de una persona física o jurídica, que haya destacado por su aportación sobresaliente e innovadora a la vida cultural española”. Se entregó por primera vez en 1994 a las editoriales Tusquets y Anagrama. En años sucesivos han sido galardonados sellos ya clásicos en territorio español como Hiperión, Alianza, Gredos, Cátedra, Pre-Textos, Castalia, Visor, Trotta, Biblioteca Nueva, Valdemar, Quaderns Crema (en la persona de Jaume Vallcorba), Renacimiento, Siruela, Sígueme, Galaxia/Círculo de Lectores, Crítica o las Siete Editoriales del Proyecto Context.

martes, 2 de julio de 2024

La reedición de un libro de Charles Bukowski

El pasado 24 de junio, el diario chileno La Tercera publicó un artículo de Pablo Retamal N. dedicado a la distribución en el país trasandino de Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos (1946-1992), un volumen que compila artículos y ensayos del escritor estadounidense Charles Bukovski.


“Ser escritor es dañino y difícil”: cuando Charles Bukowski reflexionó sobre la escritura

Además de novelista y excartero, Charles Bukowski era poeta. A veces, tras dejar de lado la botella de licor, pasar la resaca y fumar un cigarro, solía participar en recitales de poesía. Un espacio tradicional dentro del arte poético, y que “Hank” sabía usar a su manera. Por eso, cuando se topaba con alguna pregunta algo empalagosa, sabía salir jugando: “Recuerdo que una vez tras un recital les dije a los alumnos: ¿alguna pregunta? Uno me preguntó: ¿Por qué escribe? Y yo le respondí: ¿Por qué llevas esa camisa roja?”.

Esa anotación la hizo en un breve ensayo titulado La casa de los horrores, y sobre ese mismo instante se respondió a sí mismo. Si bien, Bukowski no estaba interesado en las grandes respuestas ni en el ejercicio más intelectual, tenía claro de qué se trataba su oficio. “Ser escritor es dañino y difícil. Si tienes talento puede abandonarte para siempre mientras duermes en la noche. No tiene respuesta fácil lo que te hace seguir adelante con el asunto. Demasiado éxito es destructivo; la falta absoluta de éxito es destructivo. Un cierto rechazo es bueno para el alma, pero el rechazo total da lugar a cascarrabias y locos, violadores, sádicos, borrachos y maltratadores. Igual que el éxito excesivo”.

Es que la relación de Bukowksi con todo lo relacionado con la escritura lo fue plasmando en ensayos, textos, ficciones y otros materiales que fue dejando desperdigado por el camino. Esos papeles sueltos, efímeros, se compilaron tras su muerte -en 1994- en un volumen llamado Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos (1946-1992), y se publicaron en 2012. Luego se descontinuó. Hoy ese volumen vuelve a las librerías chilenas vía Anagrama.

El español Eduardo Iriarte fue quien, hace 12 años, tradujo los textos al castellano, además de otros trabajos de Bukowski, como Las campanas no doblan por nadie, Abierto toda la noche, o La matemática del aliento, Contactado por Culto, nos comenta: “Me resulta un tanto difícil remontarme específicamente a Ausencia, porque la mayoría de las obras de este autor tiene un tono y una temática comunes. Aunque la escritura de esta colección de artículos y relatos no dista mucha de otras recopilaciones --que abarcan prácticamente todo el arco de su carrera y permiten seguir su evolución vital, ya sean en poesía o, como es el caso, en prosa--, lo que me llamó la atención de Ausencia fue el motivo del tesón, la testarudez de insistir en la experiencia propia como material para la creación”.

De hecho, el volumen incluye uno de sus ensayos más célebres, "Fingirse poeta y serlo", donde Bukowski comenta cómo él entiende la poesía, que a todo esto, la escribe de forma prosaica y cotidiana. No habla de damas recortadas en el horizonte. “Fue Nietzsche quien, cuando le preguntaron por los poetas respondió: ‘¿Los poetas? Los poetas mienten demasiado?’ Al leer poesía del pasado y de nuestros días, esta crítica parece jodidamente acertada. Por lo visto hay tanta pose, tanto pavoneo, tanto fingirse poeta, ese mensajero escogido de los dioses”.

Bukowski también dedica palabras a los críticos, a los académicos, a aquellos que se incomodaban con su escritura underground. Lo dice en su "Manifiesto": “Lo que han perdido los críticos universitarios al echar las persianas en torno a su pequeño mundo elitista lo han recuperado en dirección y prestigio. Para el resto de nosotros, la plebe, los que ganduleamos en salas de billar y callejones, queda un gimoteo frustrado y discorde. Para inculcar una fuerza más heurística, es necesario tal vez un manifiesto, un gesto, una gestación. Es difícil que un solo poeta se enfrente a la camarilla universitaria. Tal vez nosotros también debamos inventar nuestra propia historia”. Y en otro texto que titula "Mis coetáneos a examen", señala: “Uno aprende más fregando platos que debatiendo con James Dickey, Jack Gilbert, Nemerow y T. Weiss en el cruce de la calle Noventa y dos y Lex Avenue”.

Aunque también realiza el juego de hacer de crítico literario…de él mismo. Lo escribe en el texto Bukowski sobre Bukowski, donde comenta los relatos de su libro Escritos de un viejo indecente. Por supuesto, se encuentra bueno. “Al releerlos, relatos y fantasías, me parecieron maravillosos y llameantes. Pensé: joder, no ha habido un autor de relatos breves tan bueno desde Pirandello. Por lo menos desde entonces”.

En estas páginas también podemos revisar cuentos como "80 aviones no te dejan fuera de toda sospecha", de 1957, donde por primera vez usa su alterego “Hank”, que luego terminaría decantando por “Henry Chinaski”. O también pasa revista a su vínculo con sus contemporáneos de la “Generación Beat”, de hecho, en un relato narra un particular encuentro con Gregory Corso (“No estaba tan pirado como me habían advertido”), y también encontramos una reseña a los primeros poemas de Allen Ginsberg. Aunque es bastante generoso en su análisis.

Iriarte nos comentó cómo es traducir a Bukowski, que parece siempre escribir sobre lo mismo. “Parto con una zambullida inicial en la que traduzco el libro de principio a fin procurando alcanzar la misma visceralidad del original, seguida por la revisión de sucesivos borradores para pulir los detalles y darle un aire lo más natural posible a la versión en español”.

Consultado por alguno de sus textos favoritos de este volumen, Iriarte nos comenta: “Yo me decantaría por 'Fingirse poeta y serlo', en el que el autor explica dónde reside la autenticidad, su característica esencial. A mi modo de ver, el párrafo que dice ‘La poesía proviene de donde has vivido y como has vivido y de lo que te hace crearla. [...] Si uno escoge mal con demasiada frecuencia, no tardará en estar muerto mucho antes de su funeral’ debería enseñarse no solo en todas las escuelas de escritura, sino en todas las escuelas”.

lunes, 1 de julio de 2024

"El algoritmo descubrió que a los lectores de este tipo de bestsellers les gustan las frases cortas, las narraciones en primera persona y el vocabulario poco erudito"

"En el marco de la tecnificación digital, la posficción se entiende como la crisis de contenidos, ocasionada por las redes sociales que muestran sólo información, no narración, lo que origina un tipo de aislamiento existencial que atomiza a la comunidad y hace del sujeto no un individuo consciente de sí mismo, sino un objeto de consumo". Esto dice la bajada del artículo publicado por Alejandro Montes, en La Jornada Semanal, de México, el pasado 30 de junio.

Crisis de contenidos: Inteligencia Artificial, posmodernidad y posficción

La posficción cosifica al humano, pues lo mercantiliza como simple consumidor. El mercado millonario de capturar la atención humana, vía redes sociales, permite distinguir un autoritarismo oculto que masifica al individuo por medio de redes sociales como TikTok o estrategias “narrativas” como storytelling –uso de recursos narrativos como herramientas de mercadotecnia. Con ello surge la pasividad anónima, pues se debilita la imaginación. Ni TikTok, ni el storytelling generan lo que pregonan: detonar la capacidad de imaginación.

Videos cortos de cantidad de temas, elaborados por miles de usuarios en diferentes partes del mundo, que van desde mascotas con sus dueños hasta caídas chuscas de personas en escaleras o bailes de éxitos musicales, no necesariamente significan un empoderamiento de la creatividad. La articulación narrativa de comerciales de calzado deportivo, donde figuras internacionales como Cristiano Ronaldo son el personaje central, no implica un relato con sentido humano. Los anteriores ejemplos de la naturaleza de TikTok y el storytelling sirven para ilustrar que la posficción se aleja de la narración creativa, donde las historias plantean algún aspecto de la condición humana y, en cambio, prioriza información banal, consumista.

Víctimas del algoritmo: modernidad tardía y posficción
Lo anterior tiene sus orígenes en el proyecto civilizatorio de la modernidad, pues conlleva el uso de la razón instrumental, es decir, por medio de ésta se consiguen avances en diferentes aspectos que benefician el desarrollo de la humanidad. Con la razón instrumental se plantearon libertades individuales: democracia, expresión de ideas, tolerancia, proyecto personal de vida, secularización jurídica, educativa…, así como avances científicos y tecnológicos, y, de manera más reciente, nuevas formas de comunicación digital por internet, automatización de procesos; todo lo cual han sido banderas de la modernidad en el marco del orden capitalista. Pero dicho proyecto civilizatorio, al agotarse por diversas circunstancias, generó una posmodernidad que, entre otras consecuencias, ha llevado al individuo a una modernidad tardía donde prevalece el aislamiento existencial por la tecnificación digital.

De manera general se podría mirar el tránsito de la modernidad (proyecto civilizatorio que conlleva el uso de la razón instrumental) a la posmodernidad (agotamiento de dicho proyecto civilizatorio), y la modernidad tardía (aislamiento existencial del sujeto por la tecnificación digital). Pero, ¿qué provocó los cambios de un paradigma a otro? ¿Cuáles son las variables que perfilan el proceso histórico de la modernidad-posmodernidad-Modernidad tardía? Cabría señalar la desconfianza de metanarrativas (ver François Lyotard) e ideologías universales, ponderación en la subjetividad, relatividad de la verdad, desvanecimiento de fronteras genéricas, realce tecnológico, medios de comunicación, consumismo, globalización, digitalización de procesos económicos... son pautas que pudieron propiciar el cambio de un paradigma a otro, lo cual ha resultado en una mudanza social y humana.

Autores como Anthony Giddens, Ulrich Beck o Zygmunt Bauman han descrito, desde sus perspectivas teóricas, una transformación del individuo a partir de la tecnología. La desincrustración, por ejemplo, hace que las relaciones sociales dadas en contextos locales ahora se reformulen en contextos indefinidos; la individualización, por su parte, se institucionaliza cada vez más en un perfil ambivalente de sociedad que se des-establece pero no se re-establece; la gratificación inmediata se focaliza por un consumismo cada vez más feroz. Estos aspectos se han revestido gracias a la tecnificación digital que alienta la velocidad, la conectividad, la movilidad, el procesamiento y almacenamiento de la información. Si la tecnificación digital ha cambiado al ser humano, entonces la convivencia tanto física como biológica o social se rigen bajo dicha lógica, donde una máquina digital nos conoce cada vez más a partir de nuestras variables de comportamiento.

Como respuesta a lo observado en años anteriores por Giddens, Beck o Bauman –de cierto modo vigentes aún–, se plantea que la tecnificación digital y la posficción son ejemplos de modelación de conductas humanas. ¿Y cómo se procura esa modelación humana? A partir de algoritmos diseñados para la toma de decisiones en la vida ordinaria de los individuos. Hela Nowotny lo explica: “Estamos preparados para creernos ciegamente las predicciones que los algoritmos arrojan sobre lo que debemos consumir, sobre cuál tiene que ser nuestro comportamiento e incluso nuestro estado mental emocional en el futuro. Creemos lo que nos dicen sobre los riesgos para la salud y los avisos sobre la necesidad de cambiar nuestro estilo de vida. Tales datos se utilizan para la elaboración de perfiles policiales, sentencias judiciales y mucho más.” (Hela Nowotny, La fe en la inteligencia digital.)

Slavoj Zizek llama la atención sobre el uso de algoritmos como conflicto que estratifica al humano: “¿qué les ocurrirá a la sociedad, a la política y a la vida cotidiana cuando algoritmos no conscientes, pero muy inteligentes, nos conozcan mejor que nosotros mismos?” (Zizek, Hegel y el cerebro conectado) La narrativa elaborada con algoritmos predictivos –por Inteligencia Artificial con capacidad de deep learning [aprendizaje profundo]– promueve un tipo de futuro que se va modelando desde el presente, es decir, por medio de narrativas se fomentan creencias para promover pautas de comportamientos.

A partir de algoritmos que buscan datos para identifican temas (contenidos), se construyen historias que incluyen dichos temas para generar audiencias afines. El storytelling –ahora también llamado storynomics (contar historias para vender más)– permite que grandes marcas involucren en historias a sus consumidores para provocar atención, retención y consumo. La posficción echa mano de ese tipo de algoritmos. Así como los algoritmos “PageRank”, “Panda”, “Penguin”, “Hummingbird”, han posicionado mejores búsquedas en internet y perfilan a Google como el mayor proveedor de búsquedas en la red, también hay algoritmos narrativos como “Quill bot AI”, lo cual plantea el desplazamiento de la escritura humana a una escritura automatizada. Jorge Carrión señala:

"La escritura producida por aprendizaje automático y otras formas de inteligencia artificial está imprimiendo una vibración particular a los nuestros. Durante la última década nos hemos acostumbrado a que los procesadores de texto predictivo corrijan nuestros textos o adivinen la palabra que estamos escribiendo o las que la seguirán. Ahora la sociedad y la cultura globales asumen que la poesía y la prosa pueden ser generadas por machine learning, por inteligencia artificial, igual que las canciones, las ilustraciones, las fotografías o los videos, gracias a sistemas que aprenden automáticamente, cuyo desempeño mejora a partir de su propia experiencia. (Jorge Carrión, Los campos electromagnéticos. Teorías y prácticas de la escritura artificial."

Adiós lector, bienvenido consumidor
Sin caer en escenarios aterradores, surgen cuestionamientos que contextualizan el estado de la cuestión: ¿la tecnificación digital producirá nuevos desarrollos de habilidades cognitivas? ¿Los algoritmos desplazarán a los humanos o potencializarán las capacidades humanas? ¿Habrá narrativas automatizadas? Ante el surgimiento de empresas como Narrative Science, que automatiza información con el uso de Inteligencias Artificiales, donde se utilizan bases de datos para procesar y articular tipos de contenidos, se han escrito historias automáticamente. Para nadie es un secreto que se redactan relatos ficcionales, notas informativas, minutas de trabajo, resúmenes escolares… a partir de directrices claras (prompts) en el chat GPT.

Con lo anterior se puede sistematizar toda la lógica dramática shakesperiana (la base de datos son las obras del Bardo de Avon), inferir patrones de personajes y tramas dentro de un comportamiento dramático, reducirlos en un algoritmo (secuencia ordenada de instrucciones) narrativo o dramático y así maquilar guiones. La literatura algorítmica no es nueva (en 1960, el grupo Oulipo, liderado por Raymond Queneau, ya utilizaba algoritmos básicos para generar textos creativos), y siempre ha tenido el propósito de escribir literatura con herramientas matemáticas. Marcus du Sautoy lo señala:

"Pero, por ahora, el mundo comercial se contentaría con algoritmos que pudieran producir la próxima novela romántica de Mills and Boon o la próxima obra de intriga de Dan Brown. Muchos de estos éxitos de ventas se basan en fórmulas bastante obvias. ¿Se podrían automatizar fácilmente esas fórmulas? Aunque quizá no puedan producir grandes obras literarias, quizá puedan generar éxitos comerciales como los de Ken Follet o incluso unas Cincuenta sombras de Grey algorítmicas. Lo que sí existe es un algoritmo escrito por la jefa de edición Jodie Archer y el analista de datos Matthew Jockers que al menos detecta presumiblemente cuándo un libro tiene posibilidades de convertirse en un éxito de ventas. El algoritmo descubrió que a los lectores de este tipo de bestsellers les gustan las frases cortas, las narraciones en primera persona y el vocabulario poco erudito. ¡Si lo llego a saber antes!" (Marcus du Sautoy, Programados para crear.)

Daniel Tubau o Robert McKee, que plantean el vínculo actual entre la construcción de historias y la tecnificación digital (entiéndase diseño de contenidos por algoritmos para plataformas de streaming, redes sociales…), recaen en el storyteling como pieza insorteable entre la relación historias-audiencias. Relatar, para la posficción, implica vender. Byun-Chul Han lo sintetiza: “Pero lo cierto es que el storytelling es lo menos parecido al retorno de la narración. Más bien sirve para instrumentalizar y comercializar las narraciones.” (Byung-Chul Han, La crisis de la narración.) Capturar la atención del público por medio de historias que conecten la emoción y la razón para promover algún tipo de consumo, conducta o creencia, es rasgo sustantivo de la posficción. Banalización de temas, segmentación de la atención por exceso de información en redes sociales, contenidos diseñados no para reflexionar sino para anunciar, han provocado un déficit de contenidos donde la causalidad narrativa de enlazar acontecimientos para generar un significado sobre el ser humano se ha minimizado en acumulación de información. Quizá la posficción sea el nuevo paradigma de un tipo de relatos donde el lector es tratado como consumidor y no como ser humano.

viernes, 28 de junio de 2024

"Meter la mano en el agua helada"

El pasado 25 de junio, Reyes Martínez Torrijos publicó en las páginas culturales de La Jornada, de México, una entrevista con Megan Marshall, autora de la biografía de la poeta estadounidense Elizabeth Bishop, que acaba de traducirse en México.


Presentan biografía de la poeta de culto Elizabeth Bishop

La escritura de la poesía es como pensar con los sentimientos, y un poema debe mostrar la mente en acción, creía la poeta de culto Elizabeth Bishop (Massachusetts, 1911-Boston, 1979), refirió Megan Marshall, autora de la biografía Elizabeth Bishop: Un milagro para el desayuno.

El título editado por el sello Vaso Roto fue lanzado ayer para Iberoamérica. Se trata de la traducción de la biografía escrita por Marshall, quien obtuvo el Premio Pulitzer de Biografía en 2014.

La biógrafa comentó que su interés en el texto fue escribir los poemas de Bishop y darles vida. Era tan exacta y tan ambiciosa y al redactarlos expresaba sus sentimientos más profundos. Desde el principio dijo que lo único que le importaba era escribir un poema que fuera inmortal, pero siguió escribiendo más allá de eso.

Marshall (Oakland, 1954) se dijo contenta con esta traducción: Pude ver que Jeannette L. Clariond tradujo muy bien los poemas, y Laura de la Parra, la prosa. Los traductores de este libro entendieron que hay muchos poemas que quieren ayudarle al lector a entender la poesía. Esa es la meta del libro.

La escritora comentó que incluyó la historia de cómo conoció a Bishop, premio Pulitzer de poesía en 1956, siendo maestra “para que el lector se identifique conmigo como universitaria aprendiendo acerca de la poesía y, así, ellos también la aprendan. El título, Un milagro para el desayuno, se refiere a uno de los poemas más tempranos de Bishop en el formato sextina.

Debido a que yo la conocí, me sentí capaz de dar una perspectiva más amplia. Tengo capítulos que siguen su vida y luego uno en el que la estoy conociendo por primera vez. Era una mujer muy tímida, pero invitó a nuestro grupo a una fiesta y la conocimos en un departamento en Boston. La vimos en otra luz y creo que abrir eso a los lectores fue muy importante.

Bishop fue muy reconocida en vida y tras la publicación de su intercambió epistolar con el poeta Robert Lowell creció aún más su reputación.

Marshall refirió que su plan de hacer una introducción a la poesía, a Bishop y a su obra funcionó. He tenido respuestas de gente que conocían bien su poesía y a ella y me han dicho que capturé muy bien su personalidad y su carácter, además de mostrar cosas que no sabían de ella.

Recordó que en los años 90 se publicó una biografía de Elizabeth Bishop en un momento en el que no se podía escribir abiertamente sobre romances entre personas del mismo sexo. “Cuando yo estaba escribiendo había más cartas de la poeta que intercambiaba con sus amantes o que le dirigió a su sicoanalista en los años 40, que revelaban mucho sobre su infancia tan dolorosa, de un tío que abusaba de ella, así como de su despertar sexual.

“Era una mujer muy reservada y quería respetar esa parte, pero también quería mostrar la pasión que ella tenía por las mujeres. Ha sido conmovedor encontrar estas relaciones de quienes ella describía como ‘mi amiga’ o ‘mi asistente’; eran profundas, fieles, intensas y apasionadas. Estoy muy contenta de darme cuenta de que las personas que no la conocían están emocionadas de su poesía y por conocerla.”

Elizabeth Bishop, continuó la biógrafa, se interesó mucho en el idioma español, que estudió entre 1930 y 1940. Viajó a México y estuvo alrededor de seis meses. Conoció a Pablo Neruda en 1942. Fueron amigos cercanos y tradujo varios de los poemas de Octavio Paz. Una poesía con muchos significados para ella fue la de Miguel Hernández, autor español que murió en prisión al final de la guerra civil.

La poeta estadunidense realizó muchos viajes y estancias por otros lugares. “Batalló mucho en Brasil porque había aprendido muy bien el español, pero se le dificultó el portugués. También pasó bastante tiempo en Francia y admiró a los poetas surrealistas. En algún momento escribió que creía en el surrealismo de la vida diaria: los objetos pueden tener este significado enorme, aunque sean muy pequeñitos.

No obstante, el inglés fue su idioma. No escribió en ningún otro. Me impresionó que leyó en francés a Simone de Beauvoir. Fue genial porque entiendo que la traducción al inglés era mala. A mucha gente le gustó, pero algunos críticos no entendían por qué ella había sido tan dura.

Su conocimiento de otras lenguas le permitió acceder a la forma poética de sextina, que es “como de italiano, español y francés. Es muy antigua y ella fue una de las personas que la revivió. Cuando estaba escribiendo, en 1936, ‘Un milagro para el desayuno’, casi nadie lo hacía de esa manera. Su investigación profunda de la forma de la poesía la regresaba a un sentido global o, cuando menos, trascontinental. Esos orígenes de la poesía le ayudaron a convertirse en una poeta original”.

Megan Marshall sostuvo que Bishop “amaba viajar por el mar. Aprendió a navegar y la atraían mucho las ciudades con puertos y las playas de Brasil. Además de escribir poesía, pintaba en acuarela y hay pinturas hermosas en los camarotes donde estuvo. Le gustaba estar en lugares donde no se esperaba nada de ella. Odiaba que la gente estuviera al pendiente de que ella produjera poesía de manera regular. Sólo lo hacía cuando le llegaba el momento.

“Uno de los descubrimientos grandiosos de sus cartas al sicoanalista, de 1947, es que en una de ellas describió una experiencia del verano anterior en Nueva Escocia, en la que describe que esa mañana tomó su bicicleta y vio a los ojos a una foca en la playa y sintió que estableció una conexión: ‘luego vi el poema’; entonces, supo que ese era el momento y que iba a crear un poema.”

Agregó que a Bishop le fascinaban las fronteras de las cosas y hablaba sobre meter la mano en el agua helada y tener la experiencia de conocimiento con ello. Esa es una metáfora para la sabiduría: el frío y las verdades profundas y frías del mundo.

jueves, 27 de junio de 2024

Carlos Gamerro habla de sus traducciones de Shakespeare especialmente hechas para la escena

Foto: Adriano Jerez

El pasado 19 de mayo, Carlos Gamerro estuvo en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires hablando de sus traducciones de William Shakespeare para la escena. Pero también hubo tiempo para charlar sobre su condición de escritor traducido a otras lenguas.

Quien desee ver el video de esa reunión puede hacerlo en este link:

https://www.youtube.com/watch?v=ci--4bTGiUA



miércoles, 26 de junio de 2024

Christopher Domínguez Michael cuenta su vida y habla de una nueva traducción de Malcolm Lowry

Conservador, dogmático y muchas veces sobrevalorado, Christopher Domínguez Michael es uno de los críticos literarios más respetados de México, país que, a pesar de sus muchos y muy grandes intelectuales, salvo excepciones, no ha logrado desarrollar una crítica literaria que prescinda de la retórica autorreferencial. Con todo, siempre vale la pena enterarse de lo que escribe. En este caso, un comentario sobre la nueva traducción de Bajo el volcán, de Malcolm Lowry, debida a María Vinós, que fue publicado el pasado 1 de mayo en la revista mexicana Letras libres. En su bajada se lee: "Malcolm Lowry escribió una de las novelas en lengua inglesa más importantes del siglo XX. Una traducción publicada a últimas fechas permite que nuevos lectores puedan adentrarse en esta obra cabalmente moderna que se ocupa, con igual interés, tanto de las minucias cotidianas como de los temas universales". 

Nueva traducción de Bajo el volcán

Tan pronto recibí esta nueva traducción de Bajo el volcán (1947), de Malcolm Lowry, pretendí leerla como una novedad absoluta de autor desconocido para mí, es decir, sin confrontarla, en primera instancia, con la versión canónica de Raúl Ortiz y Ortiz –editada por Era en la Ciudad de México en 1964– ni tampoco tocar el ejemplar en inglés, y mucho menos leer, como habitualmente hago, bibliografía secundaria sobre el autor y la obra. De hecho, tenía la biografía de Douglas Day (en cuya presentación en 1983 conocí a Héctor Manjarrez), pero no la de Gordon Bowker, las dos traducidas al español por el FCE.1 Ambas biografías, según escribió hace años en Letras Libres Hernán Lara Zavala, se complementan pues la primera (publicada en 1973) cuenta la versión de Margerie Bonner, la viuda de Lowry, y la segunda (de 1993) se basa en los testimonios de Jan Gabrial, su primera esposa.2

Jugar con ese ejercicio me parecía posible porque desde 1979, cuando Jaime Casillas me regaló la novela, misma que leímos devotamente antes de cumplir la mayoría de edad, hasta la semana pasada, transcurrido casi el primer cuarto del siglo XXI, no había releído Bajo el volcán. En 1981 y en Barcelona, mientras hacía mi Grand Tour, leí cuanto pude del resto de la obra de Lowry, con admiración garantizada. Pero nunca más lo volví a frecuentar y creo que tampoco escribí sobre él y ni siquiera se me pasó por la cabeza Bajo el volcán, entre 1999 y 2001, cuando redacté más de cincuenta reseñas y ensayos sobre mis libros favoritos del siglo pasado que terminaron por ser La sabiduría sin promesa3, ni incluir a Lowry, quién sabe por qué, aunque en algunas listas de autores, por supuesto, aparecía.

En la medida en que fui bajando por los círculos del Cónsul Geoffrey Firmin en Quauhnáhuac y de su selecta compañía –M. Laruelle, el doctor Vigil, su hermanastro Hugh y su exesposa Yvonne– me descubría ante la verdadera revelación de un vasto y detallado recuerdo que había permanecido esperándome. Y en la medida en que mi lectura, sin duda apasionada, avanzaba cobraba yo conciencia de que Lowry y su mundo, menos que la novela en sí misma, eran un consistente mito personal siempre cercano, aunque silencioso. Mito no en el sentido griego que un Roberto Calasso exige, sino en la acepción de lo que ocurre cuando uno le habla a alguien de Nerón, de Drácula, de Marilyn Monroe, de Benito Juárez… o de Malcolm Lowry: “se entiende” inmediatamente de qué se está hablando, o cada cual entiende lo que quiere o lo que puede, sin necesidad de dar explicaciones o pedirlas. Obviamente ese mito denota la condición clásica de Bajo el volcán, aunque su contenido varíe según cada persona o la época de la vida en que se relea.

Fue resultando imposible despersonalizar mi lectura porque muchas páginas me remitían a “mi mito” lowriano, presente en una vida mexicana como la mía. Mis primeros viajes a Oaxaca, por ejemplo, me dieron a conocer el celo con que los guardianes de la vieja Antequera defendían a esa ciudad y a sus cantinas como la verdadera locación, antes que Cuernavaca, de Bajo el volcán, aunque ahora sabemos que se trata de una combinación; el haber entrado intrépidamente a beber en lugares con aserrín en el suelo y mingitorio colectivo a la vista, para beber mezcal, era lowriano, intencionalmente o no. De igual manera descubrí que llamar “gatástrofes” o “gatastróficos” a mis gatos es Lowry puro.4

No faltaron los borrachos que se aficionaron al traicionero mezcal por espíritu de emulación del Cónsul, muchos de ellos personajes de lamentable destino. Más tarde, ya iniciado en los asuntos literarios, escuché leyendas sobre una sociedad secreta, cultora de Lowry, que sesionaba en Cuernavaca y era presidida por un jubilado abstemio de origen británico, como no podía ser de otra manera, y conocí a dos o tres escritores, mayores que yo, que aducían pertenecer a ese cenáculo. También me contaron que Fernando Benítez, a quien apenas traté, se jactaba de haber sido uno de los funcionarios menores que expulsaron del país a “ese borracho” en su segunda y última visita a México, en mayo de 1946, un año antes de la publicación de Bajo el volcán.

Fui invitado (y no fui) a visitar en su domicilio a don Raúl Ortiz y Ortiz, el ya mítico traductor de Bajo el volcán (que cultivó una buena amistad con la viuda de Lowry, de quien se sospecha le dio el último empujoncito hacia la muerte a su atorrante e incurable marido).5 Y a la vuelta de mi casa vivía uno de los extras de aquel filme –actor de carácter y grandulón muy mexicano cuyo aspecto ya no puedo adjetivar porque mi época me juzgaría mal–, que participó en el sacrificio del Cónsul, en la escena final de la película (me pareció pésima, como si fuese publicidad del Fondo Nacional de Fomento al Turismo) de John Huston basada en Bajo el volcán.

Pero lo que mejor recuerdo de esa película, estrenada en 1984, es que meses después el extra entró a la cantina La Guadalupana frente a la cual pernoctaba en la calle de Higuera, y le provocó un ataque de pánico a un bebedor avezado y para colmo lowriano, quien tuvo motivos suficientes para creerse el Cónsul Firmin en su hora última. Y finalmente me oí a mí mismo decir, en mi consabida condición de crítico literario, que Bajo el volcán era una de las mejores novelas escritas en México, aunque Lowry (como después Roberto Bolaño) nunca pudo conjugar correctamente el verbo chingar, defecto que ni Ortiz ni María Vinós –traductora y escritora mexicana avecindada en Tepoztlán, Morelos, según ella misma se presenta– juzgaron pertinente corregir (y acertaron).6

Lowry (1909-1957) ya había muerto cuando se publicó La muerte de Artemio Cruz (1962) donde Carlos Fuentes dedica una página a todas las declinaciones del verbo, sacado de los bajos fondos una década atrás por Octavio Paz y por Armando Jiménez, de cuya Nueva picardía mexicana (1971) llegó a ser prologuista el poeta. Y Bolaño –otro de los autores de un México “profundo”– se ve que no releyó La muerte de Artemio Cruz a la hora de escribir Los detectives salvajes (1998).

Mi mito lowriano resultó ser una verdadera orquesta que acompañó mi desahuciada lectura aséptica del libro porque, más allá de los cuarenta años pasados sin tocar Bajo el volcán, la novela se había transformado en médula de mis huesos. Por razones del oficio, también, había yo leído bastante crítica sobre escritores extranjeros en México, sobre todo anglosajones, quienes ayudaron a que Lowry permaneciera en mi panorama. Sin embargo, a esa fastuosa música de fondo, la disfruté muchísimo en esta relectura. Era imposible apagarla con un simple clic. Mi regreso a Bajo el volcán, nada tuvo de decepcionante, como sí me ocurrió con Rayuela o con Graham Greene y con algunas novelas de Honoré de Balzac, que ya no son, para mí, lo que fueron. No releo a Henry Miller, a pesar de que me lo propongo cada año y enlisto mi convicción en una libreta amarilla clavada junto a la cocina, por pavor a la decepción anunciada.

No me queda entonces más que apuntar somera y desordenadamente lo que encontré en esta relectura, con nueva traducción, de Bajo el volcán. Lo primero que me dije a mí mismo fue una tontería que sería difícil de defender, con argumentos, en un foro digamos que académico, algo así como “ajá, qué alegría regresar a la vieja y maravillosa novela moderna”: digresiva pero no híbrida, llena de literatura infusa y directa, pero no libresca ni “ensayística”, con un héroe inolvidable que en sus veinticuatro horas joyceanas, el 2 de noviembre de 1938 y Día de Muertos, nos propone un inferno donde el doctor Vigil y M. Laruelle –según yo– compiten por ser los Virgilios del Cónsul, pero al final la desolación del Cónsul británico, defenestrado por la expropiación petrolera del 18 de marzo, obligó a Lowry a hacerlo descender solo.7

Si el Cónsul Firmin es un titán, propio de un Auguste Rodin que abandona el pedestal a la búsqueda de humana compañía, como personaje, a mí, me parece un ruso, es decir, obra de un Dostoievski o, quizás, de un Thomas Mann. Todavía pertenece a la estirpe de aquellos seres novelescos que encarnaban sin temor de Dios. Eran “la conciencia de la novela”, dueños de una visión verdaderamente trágica (en el sentido griego, no periodístico, de la palabra) de lo humano como un destino supremo por fatal, una “batalla por la supervivencia de la conciencia humana”, escribe un Lowry quien es capaz de hacerle decir a Geoffrey, su criatura: “Tu Ben Jonson, por ejemplo, o quizás fue Christopher Marlowe, tu hombre fáustico veía a los cartagineses peleando en la uña del dedo gordo de su pie. Ese es el tipo de claridad que te satisface. Todo está perfectamente claro, porque en efecto lo está, en términos del dedo gordo del pie.”8

Esa declaración trae el aroma de un Kafka o de un Joyce, es decir, la literatura entera (que incluye a Tito Livio y su Segunda guerra púnica) cabe en el delirio o en la dislalia de un personaje plenamente moderno. Dostoievski, antes, estaba demasiado preocupado en el deicidio como para pensar en los dedos gordos del pie; un posmoderno solo escribe sobre esos apéndices, aumentando el zoom a placer, porque cree, o le han dicho, que todo lo demás –incluida la muerte de Dios– ya está dicho. Página tras página, mi nuevo Lowry me fascinó por esa soberbia “modernista” de creer que todo lo literario puede y debe ser enunciado porque es inagotable.

En 1979, calculo, yo no tenía la preparación para subrayar la mucha literatura que había en Bajo en volcán. Mi ejemplar de Era, autografiado por Casillas, tiene pocos subrayados y ninguna marginalia, cosa extraña en una edad dada al pasmo y a la alharaca. Más adelante citaré, para comparar así sea superficialmente las traducciones de Ortiz y Vinós, uno de mis escasos subrayados. Pero esta relectura vaya que los tiene, por deformación profesional. Lo que yo recordaba que recordaba era una novela más movida y enérgica, menos “intelectual”, y ahora disfruté de encontrarme, aquí y allá, no solo con William Shakespeare y el resto de los isabelinos, sino con Joseph Conrad (“era fácil pensar en el Cónsul como una suerte de pseudo ‘lord Jim’ más lacrimoso que vivía sometido a un exilio impuesto por él mismo”, diría M. Laruelle),9 con los versos de A. E. Housman que después leí gracias a David Huerta, con los barcos donde se curtió el mentalmente imberbe Hugh y que honran a Sófocles, con un Jack London a quien me rencontré en la pandemia, con Jean Cocteau y su Machine infernale, con Tolstói y la Historia de Tlaxcala, con Charles Baudelaire en varias páginas.

La justificación dada por Hugh a su hermanastro sobre su simpatía (la de Hugh, se entiende) por el comunismo viene del crítico y moralista Matthew Arnold: como el cristianismo en su día, el comunismo es tan simple y poderoso como un nuevo espíritu del mundo.10 Así, Bajo el volcán es una obra epocal, es decir, una novela inconcebible fuera de los años treinta, “la década canalla”, como la calificó W. H. Auden, y la pasión de Hugh por una República española a la cual acaban de abandonar las Brigadas Internacionales, lo presenta como una víctima de la “promesa” a lo Cyril Connolly, quien substituye o complementa la homosexualidad ritual y pasajera de los campus de Oxbridge por el reto de enrolarse –mundano– en la causa revolucionaria.

La sofisticación literaria de Bajo el volcán no impidió –contra los peores temores de Jonathan Cape, el editor (también lo fue de Joyce), a quien Lowry convenció de publicarla, con eficaz desesperación– que fuera un gran éxito, manteniéndose varias semanas en una lista de best sellers, la mayoría de ellos del todo olvidados. Muy pronto, el inverosímil y desértico Maurice Blanchot, un reseñista para mí inesperado de Lowry, saludaba, en 1950, la traducción francesa de esa “ebria Comedia, travesía de un hombre a la vez perdido y soberano”.11 Novela política en el amplio sentido de la palabra, entre Bajo el volcán y su tiempo se trasmite una corriente eléctrica similar a la que une a la Comedia, en efecto, con la Monarquía del propio Dante, pues el florentino y Lowry ven con un ojo al gato, la Ciudad de Dios, y con otro al garabato, la ciudad de los hombres.

¿Y en qué sentido, me preguntaba mientras leía Bajo el volcán, sigue siendo, para un mexicano del siglo XXI, una “novela mexicana”, cualquier cosa que ello signifique? La encontré idiosincrática y, como desde hace tiempo no me molesta tanto la identidad en la ficción, la mexicana cultura de la muerte en Bajo el volcán, nos guste o no, dejó de ser solo un asunto pintoresco. Para no ir más lejos, desde Tomóchic (1893), de Heriberto Frías, hasta 2666 (2004), de Bolaño, México nunca acabó por abandonar, de la represión porfiriana, pasando por la Revolución de 1910, a las guerras narcas, el arquetipo de la nación violentísima, se atribuya a la historia o al atavismo, pese al medio siglo, hoy tan olvidado, de la paz institucional.

Por fuerza, Bajo el volcán debía tener algo de turismo, en los años treinta del siglo pasado; se olvida que, en la decisión de Balzac de placear a los héroes de la otra comedia, la humana, por la Francia provinciana, también jugó el cálculo egoísta del impresor convertido en novelista nacional. Nunca hay demasiado color local en Bajo el volcán aunque, de haber sido Cape, yo sí le habría metido tijera a la promoción de Tlaxcala en el capítulo X, aunque podría contraargumentarse que la folletería de menús y corridas de camión es un recurso vanguardista del cual Lowry se sirvió correctamente. Es, además, su recurso final, un letrero del jardín público vecino.

Sí, sí comparé un poco las traducciones de Ortiz y Vinós. Ambas son trabajo honrado comprometido con su tiempo. Más denso el Bajo el volcán de Ortiz, a veces barroco en sus soluciones gramaticales, dueño de un español más cercano, desde luego, al de Agustín Yáñez que al del llorado Álvaro Uribe (para hablar de un estilista impecable). Más contemporáneo y práctico el de Vinós, quien resuelve con pericia aquellos nudos en los que Ortiz parece atorarse, ganando en velocidad lo que pierde en densidad. A veces, Vinós cede a la tentación de agregar palabras que no están en la versión original, por mor de claridad.

Pongo como ejemplo mi subrayado de 1979, que está en el capítulo VII y en las páginas 252-253 de Ortiz y en las páginas 271-272 de Vinós. El Cónsul bebe unos tragos con la señora Gregorio y mira una pintura que puede estar allí o puede ser otro de los delirium tremens escritos por Lowry, los más exactos de la literatura universal.

Ortiz y Ortiz:

De un solo trago el Cónsul acabó su tequila; luego se dirigió al mostrador. –Señora Gregorio –gritó; esperó, paseando su mirada por la ‘cantina’, que parecía haberse iluminado mucho más. Y volvió el eco: Orio… ¡Hombre, aquellas locas pinturas de lobos! Se había olvidado de que estaban aquí. Los cuadros que ahora se materializan (seis o siete de tamaño considerable) venían a completar, en defecto del muralista, la decoración de El Bosque. Precisamente eran idénticos, en cada detalle. Todos mostraban el mismo trineo perseguido por la misma manada de lobos. Los lobos daban caza a los ocupantes del trineo a lo largo del bar y a intervalos regulares en torno del cuarto, aunque en el proceso ni el trineo ni los lobos se movían una pulgada. ¿Hacia qué enrojecido Tártaro, oh, misteriosa bestia? De modo incongruente recordó el Cónsul la cacería de lobos de Rostov en La guerra y la paz… ¡ah, y después, aquella incomparable tertulia, en casa del viejo tío, la sensación de juventud, la alegría, el amor! Al mismo tiempo recordó haber oído que los lobos nunca cazaban en manadas. Sí, por cierto. Cuántas concepciones de la vida se basaban en errores congéneres, cuántos lobos sentimos que nos pisan los talones, mientras que nuestros verdaderos enemigos pasan junto a nosotros con piel de ovejas.12 –Señora Gregorio –volvió a decir, y vio que regresaba la viuda arrastrando los pies, aunque tal vez era demasiado tarde y no tendría tiempo de tomarse otro tequila.

María Vinós:

El Cónsul terminó su tequila de un trago y se dirigió al mostrador. “SEÑORA Gregorio”, llamó. Esperó echando una mirada por la CANTINA, que parecía mucho menos oscura que antes. Y el eco le devolvió: “Orio”. –¡Vaya, los cuadros disparatados de los lobos, se le habían olvidado! Qué locura. Las imágenes materializadas, seis o siete, cada una de considerable longitud, completaban la decoración de El Bosque, dada la deserción del muralista. Eran iguales en todos sus detalles: mostraban el mismo trineo, perseguido por la misma manada de lobos. Los lobos perseguían a los ocupantes del trineo a lo largo de la barra y en algunos trechos alrededor del cuarto, aunque ni trineos ni lobos avanzaban una pulgada en el proceso. ¿A qué tártaro rojo, oh, bestia misteriosa! De manera incongruente, el Cónsul recordó la cacería de lobos de Rostov en La guerra y la paz –¡ah, la incomparable fiesta después, en casa del viejo tío, la sensación de juventud, de alegría, de amor! Al mismo tiempo, recordaba haber oído que los lobos nunca cazan en manada. De hecho, ¿cuántos patrones de la vida estaban fundados en similares suposiciones equivocadas, cuántos lobos sentimos a nuestros talones mientras nuestros enemigos de verdad visten pieles de oveja? “SEÑORA Gregorio”, dijo de nuevo. Vio que la viuda regresaba, arrastrando los pies, aunque quizás era demasiado tarde: no le daba tiempo de otro tequila.

Leyendo algunas páginas en inglés, me da la impresión de que Ortiz es más fiel a la gramática lowriana que Vinós, pero entraríamos a la querella sin fin entre la literalidad y la “traición”. Ambos tradujeron para su tiempo y por razones lógicas, de tener que recomendar a un joven lector qué traducción elegir, acaso recomendaría la de Vinós. Su edición es pulcra y muy legible, aunque conté más de cinco erratas y es “privada” porque “es un homenaje a la memoria de Malcolm Lowry en México y no tiene fines comerciales o de lucro”, de tal manera que el colofón dice 2027, supongo porque en ese año se cumplirán los setenta años de la muerte del autor, quedando bajo el dominio público los derechos, según las legislaciones inglesa y estadounidense. No se indica lugar de edición. Quizá los mexicanismos sean una buena medida, finalmente, para seguir a Lowry en el español de México entre 1964 y nuestros días. Ortiz usa “cactus” en vez de “nopales”, utilizados sin problema por Vinós, mientras que ella todavía duda entre “resaca” y la proverbial “cruda”.

El significado asumido de Bajo el volcán, para la literatura del siglo XX, sigue siendo el consignado por el redactor anónimo de la cuarta de forros de Era (sospecho, sin ninguna prueba, que fue escrita por José Emilio Pacheco por aquello de que “Malcolm Lowry es uno de los pocos escritores actuales que ha dejado tras de sí una leyenda”, frase de uso frecuente en JEP). Su sentido es “el abismo de la caída, la Barranca infernal”, es decir, la expulsión de un paraíso que ya está únicamente sobre la tierra. Tras esa Segunda Guerra Mundial que amenaza el mundo en Bajo el volcán, el letrero es una lápida:

¿LE GUSTA ESTE JARDÍN?
¿QUE ES SUYO?
¡EVITE QUE SUS HIJOS LO DESTRUYAN!13

No quisiera concluir sin mencionar a Yvonne, la heroína, y lo mucho que la fui recordando, al releer, como un personaje que, en mi adolescencia y juventud, encarnaba lo que entonces se entendía por ser “una mujer liberada”, no del amor romántico, pero sí del matrimonio (se divorcia y por ello, libre, regresa a buscar al Cónsul Geoffrey Firmin tras haber amado a Hugh), y entendí que, desde Bajo el volcán, lo que yo esperaba de todas las mujeres, en mis separaciones y a través de las grietas, era su regreso, pero no para salvarme (aunque la fantasía estuviese presente), sino para decir la última palabra, ese no del que justamente había sido despojada la masculinidad, que entonces, al finalizar los años setenta del siglo pasado, no se llamaba así.

Lo digo por experiencia: si el alcoholismo es una procrastinación salvaje que solo se parece al suicidio, porque ambos terminan en la muerte, concluyo, no hay quien lo haya entendido tan dramáticamente como Malcolm Lowry. “Por la mente del Cónsul”, leemos en Bajo el volcán, una de las grandes novelas clínicas de la historia, “pasó una procesión de pensamientos formados en fila como animalitos envejecidos y, también en su imaginación, cruzaba la terraza con paso firme como lo había hecho una hora antes, inmediatamente después de que el insecto escapara de la boca de la gata”.14 ~


Aquella presentación fue el jueves 12 de mayo de 1983. Además de Manjarrez, presentaban el libro Héctor Aguilar Camín, uno de los traductores, Raúl Ortiz y Ortiz y Miguel Espejo. Douglas Day, Malcolm Lowry. Una biografía, traducción de H. Aguilar Camín, Manuel Fernández Perera y Juan Antonio Santiesteban, Ciudad de México, FCE, 1983; Gordon Bowker, Perseguido por los demonios. Vida de Malcolm Lowry, traducción de María Aída Espinosa Meléndez, Ciudad de México, FCE, 2008. ↩︎

Hernán Lara Zavala, “Malcolm Lowry: vivir bajo el volcán”, en Letras Libres, septiembre de 2007. ↩︎
La primera edición de La sabiduría sin promesa. Vida y letras del siglo XX [Joaquín Mortiz] apareció en 2001; la segunda, aumentada, en 2009 [Debate] y la tercera y definitiva, en dos tomos, será editada por El Colegio Nacional en 2025. ↩︎

Lowry, Bajo el volcán, traducción de M. Vinós, op. cit., p. 163. ↩︎

Bowker, op. cit., pp. 669-675. ↩︎

Mi madre llegó a la Ciudad de México desde Nueva York pocos años después de la muerte de Lowry y tampoco aprendió nunca a conjugar ese idiosincrático verbo, aunque su español era muy eficiente. Por ejemplo, mi edición en inglés de Under the volcano es la que yo le regalé, pero me la regresó porque no le había interesado el libro. Me habría dicho que la novela era una “chingonería” queriéndome decir que la consideraba una “chingadera”. En cuanto a mi padre no sé si leyó la novela pero a menudo, como psiquiatra, citaba Las manos de Orlac (1924), la película omnipresente en Bajo el volcán, como un caso de “desplazamiento esquizofrénico”. Cuando perdió la cabeza por la arterioesclerosis, se miraba obsesivamente las manos y movía armoniosamente el índice y el pulgar de cada una, en una secuencia mecánica. La escena era sombría, por decir lo menos. ↩︎

Aprovecho para decir, como mínimo homenaje a José Agustín [1944-2024], que su gran novela fue, en mi opinión, Se está haciendo tarde (final en laguna), de 1973. No la concibo sin Bajo el volcán. Seguramente, alguno de los que lamentaron su muerte, lo recordó. ↩︎

Lowry, Bajo el volcán, traducción de M. Vinós, pp. 258-259. ↩︎

Ibid., p. 45. ↩︎

Ibid., p. 361. ↩︎

Maurice Blanchot, “Au-dessous du volcan” [1950] en La condition critique, París, Gallimard, 2010, pp. 175-177. ↩︎

Exactamente lo que subrayé en 1979. ↩︎

(Vinós respetó la frase final tal cual fue escrita por Lowry en español en 1947 mientras que Ortiz la tornó más comprensible y menos enigmática o no tan defectuosa como lo parece, metiendo la segunda frase en la primera interrogación: ¿LE GUSTA ESTE JARDÍN QUE ES SUYO? ¡EVITE QUE SUS HIJOS LO DESTRUYAN! (Lowry, Bajo el volcán, traducción de Ortiz, op. cit., p. 403).)) ↩︎

Lowry, Bajo el volcán, traducción de M. Vinós, op. cit., p. 169. ↩︎