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martes, 14 de abril de 2020

Virus y libros (2)

Silvina Friera, de Página 12, también se ocupó de las consecuencias del coronavirus sobre la industria editorial argentina. Lo hizo desde la perspectiva de editores, libreros y escritores, el 23 de marzo pasado.

El impacto de la cuarentena
en la industria editorial

La vida normal, en tiempos de pandemia, consiste en estar aislados y circular lo menos posible. Lo mínimo e indispensable. Los actores de la industria del libro permanecerán en sus casas hasta el 31 de marzo. ¿Qué impacto está teniendo el coronavirus en las editoriales, en las librerías, en los escritores? “Estábamos en terapia intensiva y ahora entramos en coma. Todo depende de cuánto tiempo tarde en resolverse”, dice el escritor Enzo Maqueira. Las librerías están cerradas y las novedades editoriales de abril –que siempre se distribuyen la última semana del mes anterior– se despacharán cuando termine la cuarentena. Los editores, libreros y escritores consultados por Página/12 –Damián Tabarovsky, Gastón Etchegaray, Ecequiel Leder Kremer, Cecilia Fanti, Selva Almada y Maqueira– hablan de un “daño grande”, pero difícil de traducir en números por ahora.

Gastón Etchegaray, presidente del Grupo Planeta, Área Cono Sur, advierte que “es difícil medir el impacto, pero va a ser mucho; hay que ver cómo sigue” y cuenta que se bajaron del plan editorial para abril algunos títulos de autores que iban a participar de la Feria del Libro, cancelada por la pandemia. “Todo se está focalizando en la generación de contenidos vía redes; en los próximos días vamos a comenzar acciones con los autores a través de streaming. Ahora nos vamos apoyar en las redes; lamentablemente el contacto con los autores y los lectores queda suspendido –explica Etchegaray-. Los libros no se cierran; aprovechemos a leer que tenemos que estar en nuestros hogares durante varios días. Y si no tenemos libros en nuestras bibliotecas se puede acceder a través de bibliotecas virtuales. Hay muchas opciones para que la gente no deje de leer y pueda estar en contacto con el libro”.

Las editoriales medianas y pequeñas, las llamadas “independientes”, tienen menos capacidad para aguantar la parálisis de la actividad. “Es un poco prematuro saber si vamos hacia un nuevo modelo de negocio editorial; pero en cambio sí se puede decir que nos esperan unos meses terribles, que van a profundizar la crisis grave en la que ya estábamos –plantea el escritor y editor de Mardulce Damián Tabarovsky–. En las crisis –primero la económica que produjo el macrismo y luego la de la pandemia– todos pierden, pero no todos pierden por igual: a los que tienen menos espaldas le va peor, como a las editoriales pequeñas, a las librerías independientes. La crisis termina favoreciendo la concentración, las posiciones dominantes preexistentes en el mercado. Es importante tener presente esto, tema que muchas veces –oh, casualidad– no está visible en los debates culturales”.

Tabarovsky repasa la situación de Mardulce. “En España en febrero publicamos La tradición alemana en la filosofía, de Alain Badiou y Jean-Luc Nancy. A los veinte días, cerraron las librerías y todo lo demás. Esta semana también allí salió de imprenta Críticos, monstruos y fanáticos, el nuevo libro de Cynthia Ozick, que fue directamente de la imprenta al depósito, y no sabemos cuándo podrá ser distribuido. En Argentina hace diez días salió de imprenta el mismo libro de Ozick más la cuarta edición de Precoz, de Ariana Harwicz, que acompañaba el estreno de la obra de teatro, en abril, protagonizada por Julieta Díaz. Obviamente la obra se suspendió y no sabemos si podremos distribuir ambos libros en abril, fecha en la que en principio estaba previsto. Para mayo teníamos el libro –ya en imprenta– de un autor que vive en Estados Unidos, y que venía a presentarlo a Buenos Aires en esa fecha, cosa que veo muy improbable –reconoce el editor de Mardulce–. Además por primera vez íbamos a estar representados en la feria del libro de Londres, acontecimiento que también se canceló. Así estamos… Todo eso es esfuerzo, ilusiones, y también inversión. Para una editorial como Mardulce no es poco”.

Futuro incierto
Víctor Malumian, de Ediciones Godot, señala que es difícil hacer pronósticos en un escenario que cambia constantemente. “Hay cierto daño económico que es tan grande como inevitable para todos, no solo la industria del libro. La caída en las ventas va a ser grande; la pregunta no es tanto cuán grande será sino por cuánto tiempo. Si gracias a estas medidas en un mes la vida social se normaliza, eso es un escenario. Si la vida social se vuelve a normalizar en tres o cuatro meses, el escenario es imposible de resistir para cualquier negocio”. La Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (CONABIP) había anunciado en los primeros días de marzo que se duplicaría la inversión para el Programa Libro %, por el cual los bibliotecarios de todo el país llegan a la Rural para comprar textos en la Feria del Libro. La cifra prometida, más de 47 millones, representa un alivio para muchas editoriales. Pero sin Feria del Libro en el horizonte, Malumian cree que las compras podrían hacerse igual por pedido digital y que las editoriales envíen sus libros de forma centralizada a un punto para que luego la CONABIP se encargue de distribuirlos. “Todo el sector está esperando una decisión final de la Fundación El Libro sobre la Feria. Es comprensible que demore cierto tiempo dado que es un evento muy grande; hay que ver qué decisión toman: si será como Bogotá o Londres, que cancelaron definitivamente, o si se va a reprogramar. Esa decisión reconfigura un montón de prácticas del mundo del libro”, subraya Malumian.

La escritora Cecilia Fanti, autora de La chica del milagro (Rosa Iceberg), es dueña de la librería Céspedes, en el barrio de Colegiales. “Las ventas en la librería se dispararon desde el viernes (13) hasta el lunes (15), cuando hubo un pico enorme. El martes (14), a pesar de la lluvia, también. El miércoles decidimos cerrar la librería y atender solo por whatsapp y redes. Y tuvimos una cantidad de consultas y de ventas por medios electrónicos muy grande –admite Fanti–. Un chico en una moto estuvo haciendo los repartos; pero no bonificamos los envíos porque no tenemos estructura para hacerlo”, comenta la escritora y librera. “La cuarentena obligatoria total es tremenda, pero a la vez es necesaria. Nosotros acatamos todas las medidas que han sido impuestas y tratamos de extremar al máximo el cuidado por nuestra responsabilidad social en los días en que todavía atendíamos al público. Ahora tenemos que permanecer en casa para evitar que colapse el sistema de salud y que la pasen mal los que siempre la pasan mal: los viejos y los pobres”, precisa Fanti.

Ante un panorama en que no se pueden vender libros, las librerías independientes como Céspedes buscarán alternativas para acompañar las lecturas. “Vamos a leer fragmentos, hacer recomendaciones; hay muchos libros que han sido liberados por las editoriales, un gesto que no es menor. No venderemos libros hasta que pase la cuarentena”, afirma Fanti y anticipa que el impacto de este período sin ventas será “enorme” para la economía de su librería. “En Céspedes hay dos personas que trabajan conmigo, tengo que pagar el alquiler y todos los servicios y una contadora que me lleva adelante las cuentas… Algún tipo de alivio sería ideal, pero en la situación en la que estamos no lo veo muy viable. Hay gente que la está pasando mucho peor y el discurso del presidente va en esa dirección: empezar por los que más difícil la tienen y seguir por los otros; por lo tanto si bien sería ideal y nos ayudaría muchísimo un alivio, porque esta cuarentena total es un agujero en el medio y nos parte a todos, no creo que algo en esa línea ocurra”, agrega la escritora y librera. “Los libreros independientes somos cuentapropistas, entonces en la medida en que no trabajamos y no vendemos libros no facturamos. Se viene de cuatro años fatales y ahora nos enfrentamos a una situación que lo empeora todo por un motivo de fuerza mayor. Vamos a recoger los escombros y ver qué se puede hacer con lo que quedó. Me cuesta imaginarlo… trato de no pensar en un escenario caótico y trágico, pero a la vez me cuesta”.

Ecequiel Leder Kremer, dueño de la Librería Hernández, traza un paisaje desolador. “Habrá que llamar la atención del gobierno nacional porque el trato tiene que ser igualitario para todos. Si yo no puedo hacer delivery, Mercado Libre tampoco puede hacer delivery porque el virus lo podemos transportar todos. La realidad es que hoy la inmensa mayoría del canal librero está con un nivel de facturación cero. Como muchos comercios y otros rubros de la intermediación y la producción, le estamos diciendo al gobierno que si esto se continúa en el tiempo no sólo no vamos a poder abonar las cargas sociales, el ABL y todos los gastos residuales, tampoco vamos a poder pagar sueldos porque, ¿de dónde vamos a sacar el dinero?”, pregunta Leder Kremer. El dueño de la Librería Hernández tiene la sensación de que el coronavirus llegó para quedarse. “Estamos preocupados por la vida, por cómo impacta la pandemia en la sociedad y qué forma va a tener el futuro. Uno siempre tiene una cuota de optimismo, pero el panorama es bastante negro. Ojalá que podamos llegar a una solución; que se encuentre la vacuna y podamos superar esto –desea el librero-. La cuarentena es la única manera de cortar la propagación del virus, pero es también altamente destructiva para la economía y la vida cotidiana de los que menos recursos tienen”.

El virus de la literatura


La escritora Selva Almada, autora de El viento que arrasa, novela con la que ganó el First Book Award de la Feria Internacional del Libro de Edimburgo 2019, y autora de Ladrilleros, que integra la colección 8M de Página/12, confiesa que está preocupada. “Mis ingresos mensuales dependen casi exclusivamente de los talleres. Excepto uno virtual que tengo hace muchos años, el resto de mis talleres son presenciales. Todavía no había arrancado, tenía previsto comenzar en abril. Voy a proponer el modo virtual hasta que termine la cuarentena. Pero el caso es que muchas de las personas que vienen a los talleres también son trabajadores independientes, que verán limitados sus ingresos, así que todo se vuelve complejo e incierto”, revela Almada y dice que los festivales y las ferias que están suspendidos son un ingreso que tampoco tendrán por un tiempo. “Quizá el encierro estimule la lectura, ojalá que sea así… Pero es desolador. Económicamente creo que nos veremos profundamente afectados. En momentos de optimismo pienso: bueno, puedo agarrar ese borrador de ocho páginas que alguna vez quiso ser el comienzo de una novela y escribirla… No lo sé… de veras me angustia un montón”.

Enzo Maqueira aclara que la vida de un escritor no cambia mucho porque “solemos estar bastante en nuestras casas, dando talleres, escribiendo; en lo cotidiano estamos bastante preparados para una cuarentena general”. Pero el mayor inconveniente surge cuando se despliega sobre la mesa la cuestión económica: alumnos del taller que no van más, sólo algunos se pasan a la modalidad virtual; clases, cursos, presentaciones y ferias del libro suspendidas. “La situación es muy preocupante porque la mayoría de nosotros somos monotributistas, no estamos en relación de dependencia, y dependemos de nuestro cuerpo y de nuestro tiempo para vivir. Lo que veo es que hay mucha voluntad en redes sociales, en Instagram, en Twitter, de muchas escritoras y escritores por mostrar sus textos o compartir textos de otros; se están armando varias movidas”, detalla el autor de Electrónica y Hágase usted mismo. “Poesía en tu sofá” es una iniciativa en la que participarán Maqueira, Juan Diego Incardona, Tálata Rodríguez y Walter Lezcano, entre otros, este lunes 23, de 18 a 20, en Instagram, donde uno detrás del otro irán compartiendo textos.

Aunque el horizonte sea demasiado lúgubre, Maqueira encuentra otra perspectiva. “Lo preocupante es que la economía de las escritoras y escritores va a empeorar. Espero que esto dure poco y cuanto menos dure menos daño nos haga económicamente. Estamos preocupados y atentos, viendo cómo migramos nuestra vida social y laboral a formas virtuales, que no es lo mismo, pero que nos va a permitir aguantar hasta que esto termine”, confirma el escritor. “Este momento es una gran oportunidad de la literatura para revincularnos con gente que está necesitando que le cuenten historias, más allá de las historias que escuchamos sobre el coronavirus. La literatura es más necesaria que nunca; no hay virus que la mate. La literatura es más fuerte que cualquier pandemia, que cualquier suba del dólar o del riesgo país. La literatura va a estar: ayer, hoy y siempre. La literatura es un bastión que no va a ser derrotado por nada del mundo. Aunque haya un solo ser humano sobre la tierra, existirá la literatura”.

martes, 17 de diciembre de 2019

¿Cómo salir del atolladero?


“Trabajar en contra de la concentración, desdolarizar el precio del papel y reactivar las compras de libros son algunas de las propuestas para dinamizar el sector.” Tal la bajada de la nota publicada por Silvina Friera, en Página 12, el pasado 9 de diciembre, en la que dialoga sobre la situación del sector con Damián Ríos, Mariano Blatt, Paula Pérez Alonso, Damián Tabarovsky, Leonora Djament, Carlos Díaz y Ecequiel Leder Kremer. 

Ideas para reactivar la industria editorial

La industria editorial es tierra arrasada por la política económica del macrismo. A horas de la asunción del nuevo gobierno encabezado por Alberto Fernández, editoras y editores, escritoras, escritores y libreros como Damián Ríos, Mariano Blatt, Paula Pérez Alonso, Damián Tabarovsky, Leonora Djament, Carlos Díaz y Ecequiel Leder Kremer se muestran expectantes ante una política económica que pueda frenar la caída, bajar la inflación y reactivar el consumo. Hay coincidencias en que es necesario trabajar en contra de la concentración de la industria del papel y su cartelización para desdolarizar el precio del papel; que se requiere con urgencia efectivizar la supresión del IVA en los procesos internos del libro; reactivar las compras de libros y la creación del Instituto Nacional del Libro (INLA), proyecto presentado por el diputado Daniel Filmus, entre otras medidas.

“De la crisis se sale con paritarias –afirman Damián Ríos y Mariano Blatt, de la editorial Blatt & Ríos–. Los docentes tuvieron pésimas paritarias estos años, por debajo de la media, y que haya paritarias que le empaten a la inflación puede detener la caída. Si bien no es central para las editoriales, es importante que la Conabip vuelva a comprar libros como en otros gobiernos; es bueno para las bibliotecas, para los lectores y para las editoriales. Queda un sector grande de la población lectora que son los estudiantes; para ellos debería haber descuentos que se pueden financiar en partes iguales por editoriales, librerías y el Estado. Los precios de los libros para muchas personas son inaccesibles”.

Paula Pérez Alonso, apunta al corazón de una de las principales cuestiones. “Confío en que el próximo gobierno logrará parar la caída de la actividad económica y acertará con las medidas para parar la inflación. Uno de los costos más importantes, entre el 40 y 65 por ciento del costo total en lo que significa producir un libro, es el papel. Y no se entiende por qué se lo trata como un commodity, si se produce en la Argentina para el consumo en la Argentina. ¿Por qué el papel está atado al precio del dólar, si no es importado? Porque se hace con energía pesada y esto está atado a las tarifas de electricidad que se dolarizaron en estos años”, explica la escritora y editora.

“Si el gobierno de Alberto Fernández tiene una política cultural importante imagino que podrá volver a comprar libros para bibliotecas, para escuelas y colegios. Si hay una alianza entre el mercado y el Estado, el trabajo que se puede hacer entre las editoriales y las escuelas es enorme, siempre y cuando se sostenga en el tiempo. Uno de los actores más golpeados en la cadena que va del autor al lector son las librerías: podría el gobierno darles créditos con tasas muy bajas a las que cerraron acá en Buenos Aires, que concentra el 60 por ciento, y en el interior; también a las pequeñas editoriales que trabajan arriesgando por nuevos autores y haciendo rescates buenísimos de libros que estaban fuera de circulación. Veremos qué presupuesto le da Alberto Fernández a Cultura”, agrega Pérez Alonso y destaca que el Instituto Nacional del Libro, cuando se apruebe, “deberá generar políticas públicas que le den al libro el lugar que se merece y defiendan la bibliodiversidad, no solamente lo que da mayor rentabilidad”. “No se trata de ser paternalista sino de intervenir con el objetivo de fomentar la lectura, con una forma mixta, alianza entre el Estado y el mercado, como es en Francia, Italia y Alemania –compara–. Y que toda política sea a largo plazo”. Como escritora, Pérez Alonso celebra que desde noviembre la Unión de Escritoras y Escritores tiene personería jurídica. “Es necesario estar agremiados para que se pueda evitar la informalidad de algunos acuerdos, para proponer establecer algunas tarifas básicas para los trabajos contratados. Es importante que la información circule, sea abierta. Los escritores no tenían un ente como tienen los directores de cine con el INCAA o los músicos con SADAIC; siempre fuimos más individualistas, no actuamos colectivamente, pero eso cambió”.

Desdolarizar el papel
Para Damián Tabarovsky, escritor y director editorial de Mardulce, “es imprescindible cambiar la política económica y generar una política específica en relación al campo editorial, en especial a la edición independiente, que son PYMEs de capital nacional, es decir, son el corazón de lo que hay que defender en términos de política económica y cultural”. Tabarovsky advierte que los problemas en el mundo editorial son el resultado de dos factores: “una suba tremenda en los costos, en especial del papel, pero también de todos los demás, y una baja tremenda en las ventas; es la tormenta perfecta”. El editor y escritor plantea que la baja en las ventas “se resuelve o se atenúa con mayor capacidad de consumo en los sectores medios”.

El problema de los costos, opina Tabarovsky, es mucho más profundo. “Por supuesto que hay medidas concretas a llevar a cabo: desdolarizar el precio del papel; trabajar en contra de la concentración de la industria del papel y su cartelización; efectivizar la supresión del IVA en los procesos internos (el libro no paga IVA, pero sí los procesos internos, como la compra de papel); llevar adelante políticas de subvención, compras del Estado”. El editor y escritor aclara que estas medidas no deben ser pensadas en términos de “ayuda”, sino como resultado de “una discusión sobre qué queremos hacer con la edición en argentina” y en espacial con sus PYMEs. “Esta es una discusión que nunca se dio a fondo y que es clave. Ocurrió en España, en los ’70, cuando decidieron que la industria cultural y del entretenimiento iba a ser uno de los principales motores económicos (con liderazgo sobre América Latina), está ocurriendo en los últimos años en Colombia. Esta discusión toca a la economía, a la política cultural y al mercado editorial”.

Tabarovsky da un ejemplo con las traducciones. “Teniendo en cuenta que los conglomerados multinacionales traducen en España –y allí también se decide qué autores se traducen y cuáles no–, y luego venden aquí esos libros traducidos, si no existieran las editoriales independientes nacionales, no existiría tampoco la traducción al castellano con inflexión rioplatense. Esa inmensa tradición cultural que viene del siglo XIX desaparecería. Es un tema que incluye a la lengua, la economía, la política cultural y que está totalmente ausente del debate –precisa el editor y escritor–. Y no se resuelve tampoco con dar un par de subsidios a la traducción y listo; subsidio que por otra parte no existe ni del gobierno de la ciudad ni de los gobiernos nacionales presentes o pasados”. Otro aporte al debate tiene que ver con la capacidad (o no) de exportar y la actividad cultural en el exterior, “como si mandar escritores a sacarse fotos a la Feria de Frankfurt fuese una política”; pero también sobre “qué vamos a hacer con los grandes conglomerados multinacionales, que tienen posiciones cada vez más dominantes en el mercado, igual que cualquiera de los grupos oligopólicos de las otras industrias (alimenticia, mediática) que tanto critica el progresismo, al mismo tiempo que sobre esa situación en el mundo editorial no dicen nada”.

El rol del Estado
Leonora Djament, directora editorial de Eterna Cadencia, dice que “con el nivel de empobrecimiento generalizado y el consumo de los que todavía pueden comprar en franca caída, no hay modo de reactivar ninguna industria”. “Entonces, solo dentro de este marco de reactivación de la economía general y de la mejora de todos los sectores de la sociedad, se puede pensar en políticas de corto y mediano plazo en el sector editorial. Algunos puntos que habría que trabajar son medidas concretas para reactivar la compra de libros, medidas para que el papel deje de ser un oligopolio y no cotice en dólares para el mercado interno, trabajo sobre las tarifas de correo y transporte que suelen ser muy costosas, créditos blandos y apoyos diversos a las pequeñas y medianas editoriales, fomento y promoción de las librerías independientes, creación del instituto del libro, entre otros puntos”, sugiere la editora. “Para que todo esto sea posible, es fundamental que desde el Estado la cultura y los libros vuelvan a ser pensados no como gasto prescindible o como ocio, sino en su doble dimensión: tanto como industrias creativas que aportan una cantidad de recursos económicos y crean fuentes de trabajo, como también en términos de laboratorio de ideas, creación de herramientas para el pensamiento, experimentación y debate”.

Carlos Díaz, director editorial de Siglo XXI, Argentina, se refiere a la ventaja de ser un país de lectores. “Nuestro mercado es importante. El problema es que está deprimido porque no hay dinero y la gente destina sus pocos pesos a las cosas urgentes. Claramente los libros no lo son y es por eso que el sector editorial ha sido uno de los más golpeados durante los años de Macri. Si el nuevo gobierno logra que la economía empiece a crecer, el sector se verá beneficiado rápidamente. Luego, si el Estado volviera a invertir lo mínimo para nutrir bibliotecas populares, escolares y universitarias, marcaría un cambio notable con la prácticamente nula compra que hubo en estos años, y sería una inyección de oxígeno enorme”, subraya el editor de Siglo XXI. “Por último, las editoriales dependemos de las librerías, que son las que venden nuestros libros. Este año fueron discriminadas injustamente al no permitirles recuperar algunos IVAs que pagan. Representa dos pesos para el fisco, pero para un negocio que está al borde de la rentabilidad marca una diferencia grande. Reparar esto sería un acto de justicia con un actor vital para el ecosistema del libro”.

Ecequiel Leder Kremer, de la Librería Hernández, señala que en estos cuatro años el sector del libro vivió una situación de “tierra arrasada”. El librero despliega una serie de medidas que habría que adoptar: “campañas de promoción del libro y la lectura desarrolladas en forma permanente en medios de comunicación y lugares de concurrencia masiva; desarrollo de un instrumento de compra específico para el sector que otorgue facilidades a los compradores habituales de libros; creación del Instituto Nacional del Libro, el proyecto que presentó Daniel Filmus; sanción del proyecto de ley, presentado también por el diputado Filmus, que permite a las librerías recuperar los IVAs pagados en la gestión comercial manteniendo la exención del IVA para el libro; implementación de un cuadro tarifario especial para librerías que vendan exclusivamente libros, con rebajas en los precios de luz, gas y agua; implementación de compras del Estado para proveer de libros a estudiantes de distintos niveles de enseñanza y cuerpo docente canalizadas a través del canal librero; implementación de la labelización de las librerías que realicen acciones de promoción, tal como se realizó con la ley Gallimard en Francia; creación del gran portal del libro en Argentina, basado en la estructura precedente del ISBN, con información enriquecida y una gran gestión de metadatos sobre obras y autores para dar servicio a los lectores y difundir en todo el mundo el libro de edición argentina”. Leder Kremer añade un par de medidas más a nivel macroeconómico. “Hay que recuperar el poder adquisitivo de los argentinos, recuperar las fuentes de trabajo, porque sin trabajo no hay consumidores; que en Argentina comprar y vender dinero deje de ser el mejor negocio posible, debemos rescatar la industria nacional protegiéndola del dumping externo, terminar con el mito del Buen Samaritano abierto al mundo sin aranceles ni restricciones de ninguna clase; fortificar y jerarquizar la educación pública en todos sus niveles, que es ahí donde se forman los lectores; ejercer la práctica lectora y compartirla; que un libro en la mano del Presidente de la Republica deje de ser una quimera, un anacronismo –enumera el librero–. Necesitamos una clase dirigente que lea, que se comprometa con el mundo de la literatura y el ensayo, de la música y la pintura, del arte todo”.



miércoles, 2 de mayo de 2018

La ausencia de diputados en una reunión convocada por el presidente de la comisión de cultura de diputados con referentes del mundo editorial demuestra el interés de los legisladores por el libro y sus alrededores



El pasado 24 de abril, Daniel Gigena publicó el siguiente artículo en el diario La Nación, de Buenos Aires. Allí se detalla la naturaleza del debate sobre el libro que tuvo lugar en el Congreso argentino. Obsérvese que, más allá de los participantes del mundo editorial, hubo apenas “una sola diputada, del Partido Justicialista de Santa Fe, y asesores del diputado Facundo Suárez Lastra”. Es posible que los demás estuvieran completando su alfabetización en alguna otra parte.

 

Un debate en el Congreso por el libro

y diez propuestas para fortalecer la industria editorial


En el marco del Día Internacional del Libro y el Derecho de Autor, que se celebró ayer, el presidente de la comisión de Cultura, el diputado nacional Daniel Filmus, convocó a varios representantes del sector editorial para debatir las asignaturas pendientes del Congreso para fortalecer una de las industrias creativas que más trabajo crea en el país: la industria editorial. "La ley del libro es una asignatura pendiente del Congreso", reconoció Filmus. Del debate con escritores y representantes del sector, participó una sola diputada, Alejadra Rodenas, del Partido Justicialista de Santa Fe, y asesores del diputado Facundo Suárez Lastra.

Con el lema "Presente y futuro del libro argentino", el encuentro en el edificio anexo de la Cámara de Diputados del Congreso Nacional contó con la participación de los escritores Claudia Piñeiro, Mempo Giardinelli e Ivana Romero, el presidente de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) Leandro de Sagastizábal, los editores Leonora Djament y Daniel Divinsky y el librero Ecequiel Leder Kremer. El moderador fue el investigador del Conicet Alejandro Dujovne.

La actividad se realizó con el propósito de intercambiar ideas, recoger propuestas, escuchar demandas y avanzar en proyectos que contribuyan a dinamizar el sector editorial argentino. Ante la audiencia, integrada por editores, imprenteros, traductores, correctores y otros integrantes de la cadena de producción del libro, Djament se refirió a la "la reactivación del consumo interno". En ese sentido, dos de sus propuestas fueron que se otorgaran bonos a estudiantes y docentes, canjeables en librerías, y que se ayudara a las editoriales a bajar el costo de los libros. "Los libros en la Argentina son caros", admitió. El costo del papel para editoriales chicas y medianas aumentó en 2017 un 33%, mucho más que la inflación estimada por el Indec para ese año.

La responsabilidad del Estado nacional (y, en particular, del Ministerio de Educación de la Nación), fue el leitmotiv de casi todas las exposiciones. "El Estado bajó las compras de un 14 a un 1% en el último año", dijo la editora de Eterna Cadencia. Actualmente, el Estado solo compra libros de textos, lo que en gran parte beneficia a grupos editoriales de capital extranjero. A su turno los escritores Mempo Giardinelli e Ivana Romero lamentaron que el Estado hubiera dejado de comprar libros de literatura para las escuelas y bibliotecas de zonas periféricas del país. Giardinelli criticó que el Ministerio de Educación de la Nación hubiera cancelado el Plan Nacional de Lectura. "También liquidaron el Programa Conectar Igualdad, que brindaba la posibilidad del libro digital", dijo.

Ecequiel Leder Kremer, de la librería Hernández, señaló que en las librerías porteñas los costos suben y las ventas bajas. "Varias librerías están en una situación agónica", anunció. Claudia Piñeiro, recién llegada de la Feria Internacional del Libro de Bogotá, se refirió a la precariedad de la situación de los escritores, que pocas veces cobran derechos de autor. Piñeiro recordó la solicitada de la Unión de Escritoras y Escritores dada a conocer en 2017 en la que se denunciaba esa práctica por parte de editoriales independientes. Damián Ríos, del sello Blatt & Ríos, presente en la audiencia, respondió que en ese tipo de denuncias había que indicar el nombre de las editoriales responsables de esas prácticas.

De Sagastizábal, igual que Djament, recordó la fortaleza que el sector editorial argentino había alcanzado a mediados del siglo XX. Luego, el presidente de la Conabip apeló a una sinergia entre todos los actores de la industria, a la profesionalización de los editores y a la promoción de la lectura. "Antes, iban cien personas por día a una biblioteca; ahora van cien en un mes", dijo. Reconoció que las compras de libros por parte del Estado habían caído. "Debemos incorporar a toda la sociedad en un proyecto de cultura", indicó.

Diez propuestas para fortalecer el sector editorial

A continuación, se indican algunas de las propuestas más viables que se realizaron ayer durante la convocatoria del diputado Filmus para dinamizar la industria editorial y promover el libro argentino en el país y el exterior.

·         Eliminar el IVA de la compra de papel para libros para bajar el costo de los ejemplares.
·         Campañas públicas y efectivas de promoción de la lectura por parte del Estado.
·         Desarrollar políticas culturales que dependan del Estado y no del gobierno de turno.
·         Capacitar a los docentes y a otros mediadores de lectura para fortalecer el hábito lector desde la infancia.
·         Reformular el esquema tributario para las editoriales y librerías pequeñas.
·         Facilitar la exportación de bienes culturales.
·         Ayudar a las editoriales pequeñas y medianas a difundir sus catálogos en el mercado hispanoamericano.
·         Involucrar al Estado en el proceso de profesionalización de los editores.
·         Valorizar el papel de las editoriales universitarias nacionales.
·         Impulsar la creación del Instituto del Libro.

lunes, 27 de noviembre de 2017

Reacciones unánimes contra una ley

“Fuerte rechazo de la comunidad editorial a la llamada ‘Ley Pinedo’”, dice la volanta del artículo publicado el pasado 23 de noviembre en Página 12 por la periodista Silvina Friera. Allí se da cuenta de las muchas reacciones despertadas por una ley a punto de ser sancionada en la Cámara de Diputados del Congreso nacional argentino. Según la bajada, “Distintas entidades denuncian que el proyecto está hecho a medida para las grandes plataformas de la red. ‘El sector del libro y la cultura toda esperan ser defendidos y no condenados por ustedes’, plantearon desde la Fundación El Libro, en una solicitada.

A continuación del artículo mencionado, puede leerse el texto de la carta enviada por CADRA (Centro de Administración de Derechos Reprográficos de Argentina) a la Cámara de Diputados de la Nación.

“Una violación al derecho de autor”

La cultura está unida contra un aspecto del proyecto de ley “Regulación a los proveedores de servicios de enlace y búsqueda de contenidos alojados en Internet”, hecha a medida para las grandes plataformas de la red, que podría sancionarse esta semana en la cámara de Diputados. “El Libro Argentino le dice No a la Ley Pinedo. ¿Sabés que si se aprueba esta Ley tu creación intelectual puede piratearse y venderse impunemente?”, plantean desde la Fundación El Libro, que ayer publicó una solicitada en este diario en la que se dirige a los diputados de la Nación: “El sector del libro y la cultura toda esperan ser defendidos y no condenados por ustedes”. El actor Luis Brandoni, presidente de Inter Artis Argentina, asociación de artistas audiovisuales argentinos –que incluye a actores, actores de rodaje y bailarines–, en una carta dirigida a Mario Negri, jefe del bloque de diputados de la UCR y jefe del Interbloque de Cambiemos, cuestionó que los titulares de derecho deban interponer una acción judicial por cada infracción que sufran. “Esto no solo equivale a poner a los artistas en el lugar de gendarmes de nuestros propios derechos, sino también a aumentar –de forma exorbitante– el costo y la litigiosidad para poder distribuir nuestras obras de forma lícita”. También CADRA, entidad que protege los derechos de autor, presidida por Federico Polak, manifestó su preocupación porque la acción judicial “impide garantizar una eficaz protección a los titulares del derecho”.

En la solicitada de la Fundación El libro se afirma que de aprobarse el proyecto se estará consagrando “la más flagrante” violación al derecho de autor. “Esta ley, hecha a medida para las más importantes plataformas de la red, impedirá que autores y editores defiendan sus derechos, por los que invirtieron creación, tiempo y esfuerzo”, señalan desde la fundación y agregan que es una “ley en favor de los más poderosos y en contra de uno de los sectores más importantes y necesarios de la cultura: el de la creación intelectual y artística”. Hay razones suficientes para encender las alarmas. “La edición y comercialización de contenidos piratas digitales que esta ley favorecería, además de pulverizar económicamente al sector del libro todo y a sus legítimos actores, vulnera el principio de completitud y confianza frente a contenidos genuinos, cuidados por autores y editores. Se recorta, se omite, se falsea y se impostan identidades. La ilegalidad como estrategia comercial de empresas de ‘primera línea’–se lee en esta parte de la solicitada donde el tono de preocupación deviene ironía-. Un negocio ilegal de venta de copias piratas no puede ser puesto a resguardo por una ley, que exime a las plataformas de toda responsabilidad”.

Martín Gremmelspacher, presidente de la Fundación El Libro, advierte que es una ley para las grandes plataformas. “(Federico) Pinedo dijo que Google no es el comisario del mundo de la cultura. Pero para proteger sus contenidos, nos exigen a nosotros, los poseedores de los derechos de autor, los editores, los autores, los músicos, los artistas y demás, iniciarles una demanda legal por cada uno de los artículos que veamos que están mal puestos en su plataforma. Esta es una ley hecha claramente a favor de Google, Facebook, Taringa, Twitter o cualquier otro portal. Es loco que por un libro de 300 pesos tenga que hacer un juicio que me sale 20.000 pesos. Nadie haría un juicio con lo cual ellos quedan libres de hacer lo que quieren”, explica Gremmelspacher a Página 12. “No estamos en contra de la libre circulación ni demás –aclara el presidente de la Fundación El Libro–. Ante una flagrancia, uno puede hacer una denuncia como está estipulado en Estados Unidos, en Brasil, en un montón de lugares. El mecanismo es muy simple: el titular del derecho comunica que tal libro en Mercado Libre no posee los derechos y no puede estar ahí. Y lo tienen que levantar. Hacer un juicio por cada libro pirata sería imposible”.

Ecequiel Leder Kremer, dueño de la librería Hernández, objeta el mismo asunto de la llamada “Ley Pinedo”. “En los últimos años la comercialización de contenidos piratas digitales ha aumentado exponencialmente al abono de las nuevas tecnologías. Redes sociales, plataformas y sitios de comercio electrónico constituyen el territorio virtual de la piratería. No se trata de espacios improvisados, contienen sofisticados mecanismos de pago, acciones de marketing y elaboradas construcciones de identidades digitales, para saber qué cosa ofrecer a quién”, describe el librero. “La edición pirata que en ese ámbito florece y se comercializa no reconoce un solo céntimo a toda la cadena del libro. Autor, traductor, corrector, diseñador, compositor, arte de tapa, en fin todo el proceso que organiza un editor se ignora tranquilamente al amparo de un pseudo anonimato digital. Sin embargo los sitios  donde esto pasa se llevan una parte de lo pagado. Plataformas legales, conocidas por todos, cobran una comisión por alojar y vender contenidos truchos, libros piratas.  Así las cosas los damnificados, a través de las cámaras del sector, han elaborado mecanismos para solicitar a las plataformas en su calidad de distribuidores y almacenadores  responsables, la baja de estos archivos ilegales. La plataforma debe entonces actuar inmediatamente en consecuencia, haciéndose cargo de esto”.

Leder Kremer, también vicepresidente de la Cámara Argentina de Librerías (Capla), critica que la llamada “ley Pinedo” intenta colocar a las plataformas más allá de toda responsabilidad y cita un fragmento de los fundamentos del proyecto: “Internet tendería a desaparecer, porque es imposible para cualquier prestador de servicios hacerse responsable por todas las cosas dañosas que se digan en la red y por sus eventuales consecuencias económicas”. El librero concluye con una reflexión. “La protección del trabajo generado por el universo de la ciencia, la literatura, en fin la cultura, debe ser concreta. El trabajo de miles de personas del sector de la cultura no puede ser ofrecido como prenda de sacrificio para el beneplácito de los grandes jugadores de Internet que facturan miles de millones en todo el mundo. Este proyecto de ley no es para la gente, no es para mejor educación, no es para mayor bienestar del pueblo argentino ni mayor libertad. Sus destinatarios tienen nombre y apellido y  es su poder de lobby el que ha marcado su letra y su espíritu”.

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El texto que sigue fue dirigido por CADRA a los integrantes de la Cámara de Diputados de la Nación.

CADRA pide a la Cámara de Diputados de la Nación
no aprobar una nueva forma de notificar 
a proveedores de Internet

Mediante una nota de nuestro presidente Federico Polak, CADRA hizo llegar su preocupación a cada uno de los integrantes de la Cámara de Diputados de la Nación, a raíz de un proyecto de ley que será tratado el próximo miércoles 29 de noviembre, en el que hay un artículo que beneficia a los grandes servidores, buscadores y plataformas de Internet, en detrimento del derecho de autor.

Dicho artículo plantea la necesidad de interponer una acción judicial, como forma de notificación, para que los proveedores de servicios de Internet tengan conocimiento efectivo al infringir la ley de Propiedad Intelectual.

CADRA, junto con otras cámaras, sociedades de gestión, investigadores y trabajadores de la cultura, advierte que la necesidad de interponer esta acción judicial, cada vez que -en forma ilegal- se suban contenidos o se pongan en circulación obras protegidas por el derecho de autor, impide amparar de manera eficaz a los titulares del derecho, ya que dificultará y encarecerá el procedimiento, imposibilitando eliminar los contenidos ilegales con la misma velocidad con la que se agregan.

La mayoría de los países exigen que los sitios web incluyan un mecanismo de notificación para la inmediata baja de contenidos en infracción, o bien establecen mecanismos administrativos rápidos, efectivos y económicos.

De aprobarse el mencionado proyecto, los autores y editores de libros argentinos,  se verán perjudicados por no contar con un sistema adecuado para evitar la piratería en Internet. Por esto, se solicita a los diputados de la Nación, que no aprueben esta norma en trámite “express” y consideren la eliminación de la notificación mediante orden judicial, a fin de garantizar una adecuada protección de los derechos de los creadores, y la conveniente subsistencia de la industria cultural argentina.

Se trata del Dictamen de Comisión Conjunto por el Proyecto de Ley “Regulación a los proveedores de servicios de enlace y búsqueda de contenidos alojados en Internet” (Número de Expediente 0112-S-2016).