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miércoles, 31 de agosto de 2016

Una encuesta para periodistas (VIII)

Concluida la encuesta para periodistas, se le ha pedido al poeta, traductor y periodista Jorge Aulicino (quien, hasta el momento del retiro de su extensa carrera en los medios, se desempeñaba como director de la revista de cultura Ñ) un comentario sobre las respuestas. He aquí su mirada de entomólogo.

Una encuesta para periodistas (VIII)

Comencé a revisar la recopilación de respuestas a la encuesta sobre periodismo y traducción del Club de Traductores Literarios sin haber leído la nota de arranque y sin preguntarle al director del blog del Club, Jorge Fondebrider, cuáles eran los propósitos de este cuestionario distribuido entre críticos de literatura y editores de revistas y suplementos literarios de diversos países. Sigo sin consultar ni a Fondebrider ni el lanzamiento de la encuesta, porque prefiero ver qué me dice esta colección de experiencias volcadas en respuestas a tres preguntas sobre el destino de las traducciones en los medios.

Lo que me muestra la encuesta a simple vista es que la proporción de literatura de otros idiomas comentada en los periódicos  es enorme. Nadie tiene una cifra exacta, pero el cálculo promedio es del 50 por ciento. Algunos editores o críticos han dicho, sin que estuviera específicamente preguntado, que la mayor parte de esa literatura en lengua extranjera es literatura escrita en inglés. Parece demasiado. Mucha literatura en lenguas extranjeras y mucha en inglés. La siguiente encuesta debería ser de opinión e iniciarse con esta pregunta: ¿Los países de habla inglesa están produciendo la mejor literatura en este momento o solo la más vendida? No creo que las literaturas escritas en castellano -mi lengua, la del blog del Club, la del país en que se produce el blog- se puedan, y mucho menos deban, proteger obligando por ley a las editoriales en cada país a que editen un, digamos, 50 por ciento de literatura en el idioma local, porque eso no favorecerá el desarrollo de una buena literatura nacional, y, además, me suena idiotamente autoritario –diría que cada vez que se sanciona un "no" una proporción del cerebro humano se extingue: de hecho con los dos o tres "no" de los mandamientos hebreos y cristianos y de casi todas las religiones bastaría para gobernar un país, sumando apenas, quizá, las multas por alta velocidad y mal estacionamiento y por escupir en la vereda–. De todos modos, y volviendo al punto, creo que para los que de modo patriótico se preocupen por la literatura nacional en sus más variadas formas –poesía, narrativa, ensayo literario, ensayo filosófico, etc.– las constataciones aproximadas de los editores de diversos países de habla hispana deberían ser preocupantes.

Los puntos dos y tres de la encuesta se refieren a los intermediarios entre esa masa de literatura en lenguas extranjeras y los lectores. Es decir, los traductores.

El punto dos tiene que ver con la justicia pura y dura: se refiere a si se consigna o no en algún lugar de la reseña literaria el nombre el traductor. La encuesta revela que muchas veces sí y muchas veces no, sin ofrecer en casi ningún caso certeza absoluta acerca de cuántas veces sí y cuántas no.  La conclusión más segura es que suele aparecer con alguna frecuencia el nombre del traductor, aquí o allá, esto es, en el texto mismo de la nota o en la llamada “ficha” que muchos, por no decir todos, los suplementos y revistas literarias publican debajo o al margen del comentario de un libro literario.

Debe reconocerse que esto significa un avance. Hace unos años, nadie, al menos en la Argentina, esperaba enterarse mediante una reseña quién había sido el traductor de una novela o de un ensayo; sí de un libro de poesía, porque era más corriente dejar esa constancia, habida cuenta de que se tenía por lo general a los poemas traducidos como “versiones”,  además de que se sabía o suponía que los traductores de poesía eran en su mayor parte poetas, y poetas que consideraban la traducción –no siempre, pero casi siempre- “parte de su obra”.

Quizá la existencia de organizaciones de traductores cada vez más activas y más polémicas –el Club de Traductores de Buenos Aires se cuenta entre ellas– logró que también se pensara que los traductores de prosa tenían derecho a considerar “su obra” las traducciones literarias que hacen a pedido o por propia iniciativa; o al menos, su trabajo. El cual merece reconocimiento público y monetario, siendo que el primero puede gravitar sobre el segundo.

La tercera pregunta de la encuesta  son dos preguntas. Una es si el reseñista se detiene a comentar  la labor del traductor; la otra, es, si lo hace, en qué términos.

La pregunta incluida en esta tercera pregunta es muy difícil de responder, porque la primera ya supone la posibilidad de un comentario.

Pero, ¿en realidad se puede comentar una traducción sin conocer el original? Y conocer el original, ¿no será mucho pedir en el 90 por ciento de los casos?

Uno puede ver cómo sucede en el libro el idioma de llegada. Puede adivinar lo que son simplificaciones y lo que son fracasos ante complejidades del texto original. También puede intuir soluciones falsas o malas. Pero todo esto no puede verificarse. El comentario en todo caso puede apuntar, como señalaron algunos consultados, al uso de la variedad del castellano que haya elegido el traductor.

Es este otro punto sobre el cual el Club de Traductores propuso muchas veces la discusión, la encabezó y estimuló.

Desde mi punto de vista, la cuestión del uso del castellano madrileño corriente o familiar debería molestar tanto en Buenos Aires o Guadalajara, cuanto en Madrid.

Para mí puede sacar totalmente de contexto una historia o un poema el uso de la palabra gilipollas –por ejemplo, un personaje de Brooklyn dejará de ser neoyorquino no bien sus labios la pronuncien- , pero no menos desnaturalización provocaría un equivalente argentino, como boludo o papafrita.  El localismo demasiado marcado en la traducción a mi juicio la arruina, y sin dudas diría esto de una traducción que hubiese optado por usarlos, sea española, argentina, mexicana, chilena o uruguaya. No creo que la crítica a una traducción pueda ir mucho más allá de esto en un periódico. Tal vez, en una revista académica valga la pena comentar la versión un poco más, a condición de tener el original presente, claro. Y entenderlo.

En resumen, las respuestas al primer punto de la encuesta muestran que podría abrirse un nuevo debate, o reabrirse el debate eterno sobre las formas de promover la lectura de literatura local o nacional, como se prefiera llamarla. Por mi parte, creo que esa respuesta la tienen las editoriales llamadas independientes. Urge desarrollarlo antes que de caiga en manos de los políticos. Es mejor llevarles a ellos ideas suficientemente debatidas.

El punto tercero también, como digo, es para continuar la brega acerca de qué significa traducir en el idioma de cada país hispanohablante.

martes, 30 de agosto de 2016

Una encuesta para periodistas (VII)

Séptima entrega de la encuesta para periodistas, realizada por el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.

Una encuesta para periodistas (VII)

Beatriz Vignoli
(Rosario 12 – Argentina)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–El medio es Rosario/12 y la proporción es ínfima considerando que como se trata de un suplemento local, la política editorial de la sección Cultura (que comparto y apoyo) consiste en centrarse en autores, editoriales o presentaciones locales, que en su mayoría están en idioma castellano. Pero afortunadamente para la visibilidad de la tarea de traducir, a veces aterrizan en la redacción ediciones bilingües, que me ocupo de reseñar. Los otros idiomas fueron, en un libro (Lenguaje, de Liliana Ancalao, Mario Castells, Juan Chico, y Lecko Zamora, editado por el Festival de Poesía de Córdoba en 2015), los idiomas americanos mapuzungun, guaraní, qom y wichí; en otros cinco, lenguas europeas (en tres, el italiano; en uno, el francés y en otro, el inglés).

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Siempre. Y también en el raro caso de que el autor se traduzca a sí mismo. Y siempre pongo especial cuidado en consignar en qué dirección y sentido se hizo la traducción, es decir, de qué idioma a qué idioma. A veces el castellano no es el idioma de llegada sino el de partida, como cuando un autor aborigen escribe en castellano y este original es traducido a su lengua originaria (americana u otra). A veces escribir un texto original en un idioma extranjero le sirve al poeta hispanohablante para investigar esa otra lengua por alguna razón (es la lengua olvidada de la infancia, como el italiano y el ripalimosano en dos libros de María Lanese, o la adquirida en un viaje, como el francés en un libro de Ariana Daniele); en estos casos suelen mezclarse la ¿alotraducción? y la autotraducción, o los sentidos de ida y vuelta en un mismo libro, y nada de esto es un detalle menor. 

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Sí, y en un caso lo hice en términos muy elogiosos; se trataba de versiones de poesía italiana contemporánea (Milo de Angelis y otros) por dos traductoras rosarinas, Elena Tardonato y María Cecilia Micetich. De Elena Tardonato también comenté su versión de un cuento de Samuel Beckett, "Dante y la langosta", que ella tradujo del inglés e incluyó en su libro de ensayos El canon dantesco en la literatura inglesa. Cuando no dispongo del original o éste está en un idioma que desconozco, me guío por criterios prosódicos (fluidez, musicalidad) o idiomáticos (i.e., que nada "suene a traducción"). He aprendido que siempre y en lo posible lo mejor es no sólo leer los textos sino además hablar con el traductor, entrevistarlo y escuchar su experiencia de trabajo. Sobre todo porque en estas ocasiones (de Angelis et al y Beckett) las traductoras fueron las protagonistas de mi reseña.

También quiero aclarar que el objetivo de mis reseñas actualmente no es tanto la lectura crítica (que es un poco esto, pero no cuento con todos los factores necesarios para darle un nivel académico) sino informar sobre lo que se hace en mi provincia y acercarle más lectores, en lo posible dando espacio a la voz de autores, editores o traductores: mucho más que mencionarlos.

Ioran Melcer
(Alaxon, Israel)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio
–En el contexto de ALAXON (http://www.alaxon.co.il), la revista online que dirijo, diría que se trata del 50-60%.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Desde que asumí el cargo de editor, sí, pero antes no se acostumbraba.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Sí, hemos publicado varios textos cortos sobre la tarea del traductor, incluso por nuestro traductor del inglés, así como algunos que escribí yo. Es un tema recurrente, que nos seguirá ocupando.



lunes, 29 de agosto de 2016

Una encuesta para periodistas (VI)

Sexto día de la encuesta para periodistas, donde se pregunta por la manera en que se trata a los traductores y a los libros traducidos en la prensa escrita.

Una encuesta para periodistas (V)

Mercedes Estramil
(El Cultural, El País y otras publicaciones periódicas – Uruguay)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–El porcentaje de textos traducidos comentados puede ser un 50%, quizá algo más. 

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–El nombre del traductor se consigna siempre en la ficha de la nota al final de la misma. Eventualmente se menciona al traductor en el cuerpo de la nota, pero reconozco que no es lo habitual.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Relacionado con lo anterior, admito que en mi caso casi nunca y esto por varias razones. La primera y fundamental es que no me siento capacitada para discutir los criterios de quienes se dedican a traducir profesionalmente, por lo tanto hago fe en la traducción (a menos que los errores sean garrafales, muy notorios e importantes. O, en ocasiones, para señalar los excesivos españolismos, etc). La segunda por una cuestión de tiempo que hace al oficio. Ya es suficiente tener que leer deprisa, a menudo ir para atrás en la obra del autor, etc., como para ponerse a verificar o buscar quien verifique la calidad de la traducción. También en esto, como en otras cosas, uno se guía por los nombres y las trayectorias. 

Fernando Bogado
(Radar Libros de Página 12, Le Monde Diplomatique, Revista Acción, Radio FM La Tribu y Radio FM Blue 100.7 - Argentina). 

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Entre un 75% y un 80%, considerando todos los medios, aunque cada uno tiene su propia “agenda” a la hora de elegir material para reseñar. Por ejemplo, en Página 12 desde hace unos años me dedico, sobre todo, a obras de escritores argentinos o latinoamericanos, en general, o textos de crítica literaria o filosofía. Por lo tanto, muchas veces estoy con obras que están en lengua fuente, aunque gran parte de lo que se edita en filosofía está en castellano como lengua meta, mientras que lo de crítica literaria que se reseña tiene al castellano como lengua fuente (hay un abanico de autores que suelen aparecer regularmente con sus trabajos: por ejemplo, ediciones de libros de David Viñas, o algún que otro trabajo de José Pablo Feinmann, o incluso textos de críticos como Alberto Giordano, José Fernández Vega, Adolfo Colombres, por sólo mencionar algunos).
En Le Monde y en Blue, casi el 100% de lo que se reseña está en castellano como lengua meta. Sobre todo, en este último medio, radial, se le da prioridad a textos que forman parte de dos tipos de “acerbos” imaginarios: por un lado, clásicos literarios, obras relativamente canónicas; por el otro, libros que demandan un conocimiento previo del posible lector un poco más específicos -por ejemplo, saber que tal o cual autor pasó por tal o cual experiencia, o está vinculado con algún tipo de producción musical, considerando que se suele poner como filtro la relación de la literatura con la música al ser “Todo tiene un límite”, el programa donde colaboro, uno dedicado, sobre todo, al rock-.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Depende. Si el trabajo del traductor es una tarea que hace que el libro se destaque por sobre los demás, sí. Si es apenas un trabajo más, en el sentido de que ni siquiera para la edición es relevante colocar por delante el nombre del traductor, suele quedar como algo marginal. La figura del traductor siempre ocupa ese difícil lugar a la hora de la reseña o del marketing de cualquier libro en general: si un escritor “encumbrado” realiza una traducción, la mención de su nombre es muy importante para el comentario y la ulterior circulación del libro, teniendo hasta la mención específica en la gacetilla o el comunicado de prensa. 

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Pocas veces he comentado la tarea del traductor. Siempre que lo he hecho, fue para mencionar logros y resultados positivos, no para criticarlo negativamente. Me parece que la tarea del traductor es sumamente importante, tanto como la del editor, y, como suele pasar, es la que más invisibilizada queda a la hora de tomar al libro como resultado final. A veces me pongo a pensar si el hecho de que nota la “mano” del traductor es algo positivo o negativo para el libro. Algunas editoriales siempre ponen por delante el nombre del traductor, como Adriana Hidalgo, Eterna Cadencia o la maravillosa colección de Colihue Clásica. Ese tipo de ediciones son excelentes trabajos que descansan mucho en la tarea del traductor.

Rafael Toriz
(Perfil – Argentina;  Clarín – España; Letras libres, Pijama surf, Casa del tiempo y Marvin – México)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Desconozco el porcentaje de textos traducidos que comentamos en el suplemento de cultura del diario, pero de textos traducidos hay siempre una presencia mayoritaria de autores en inglés y en menor medida del francés, el alemán y el italiano. 
Se cuentan con los dedos de una mano las veces que se comentan textos traducidos del portugués o alguna otra lengua europea (danés, sueco, etc) y aún libros escritos en español de otros lugares de América latina. Hay una peregrina pero constante presencia asiática debido al exotismo de diversas editoriales medianas y pequeñas.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Depende del reseñista o del autor del artículo. En mi caso, casi siempre, puesto que por lo general en los libros que comento la traducción es uno de los pivotes indispensables para la crítica del contenido.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Generalmente sí; y suelo hacerlo en los términos correspondientes a la crítica literaria.

viernes, 26 de agosto de 2016

Una encuesta para periodistas (V)

Quinto día de la encuesta para periodistas, formulada para conocer cómo se tratan los libros traducidos a la hora de reseñarlos en los medios.

Una encuesta para periodistas (V)

Rodrigo Pinto
(El Sábado, El Mercurio – Chile)

 1)¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–La revista El Sábado, donde escribo reseñas semanales, circula con el diario El Mercurio. En mi columna la proporción actual de libros traducidos es de alrededor de 30 %, porcentaje que ha bajado considerablemente en los últimos años por decisión propia: decidí darle mayor prioridad a libros de escritores chilenos y latinoamericanos.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–No. Y creo que es un error mío.

3)  ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?

–A veces sí, en especial en el caso de las traducciones españolas. A veces es evidente el descuido, la traducción literal, el uso de estructuras gramaticales ajenas al buen castellano; en otros casos, más irritantes, el problema es la traducción a un castellano rígido y pesado, o bien al abuso flagrante de españolismos. En ambos casos se trata de traducciones que se distribuyen en toda Iberoamérica, pero que sólo tienen plena aceptación en la península española.

Mario Jursich
(El Malpensante – Colombia)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Es variable, pero puede acercarse al 50%. Predominan los libros traducidos del inglés y el francés; luego, dependiendo de las modas, el alemán y el italiano. De un tiempo acá noto que se comentan muchos libros traducidos del japonés y el húngaro, pero eso se explica sobre todo por el éxito de Murakami y Sándor Márai y, en menor medida, por el Nobel concedido a Imre Kertész. 

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
A veces, aunque nadie parece considerarlo una obligación. Por experiencia propia, sé que el nombre del traductor es lo que primero eliminan cuando falta espacio.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
Es excepcional que suceda. Suele haber, sí, comentarios como "la traducción es deficiente", pero eso a menudo sólo significa que se utiliza en demasía una variante del español (la argentina, la mexicana o la española). Los comentaristas en Colombia favorecen las traducciones con un español estándar, libre de localismos. 

Mauro Libertella
(Ñ – Argentina)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio
–La mitad, aproximadamente. 

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Hace un tiempo se empezó a consignar en la ficha del libro que acompaña la reseña (Autor, editorial, precio, cantidad de páginas y traductor). No se hace siempre, pero la idea (o lo ideal, en este caso), sería hacerlo. En algunas ocasiones, más aisladas, el reseñista o crítico menciona al traductor o traductora en el cuerpo de la nota para hacer algún tipo de comentario sobre la calidad o el tipo de traducción. En líneas generales, los traductores que además hacen crítica en los medios son los más propensos a hacer este tipo de comentarios sobre la traducción de un libro. Y por último, en aun menor medida, a veces se hace una nota completa sobre el traductor de un libro; por ejemplo, recientemente, a Marcelo Zabaloy por su versión del Finnegans Wake.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–No. Muy rara vez lo hago. Me ampara el prejuicio personal de que no sabría cómo hacerlo (del mismo modo que no me "atrevo" a criticar poesía). Posiblemente tenga que revisar esa carencia.


jueves, 25 de agosto de 2016

Una encuesta para periodistas (IV)

Cuarto día de la encuesta para periodistas. destinada a dar cuenta de usos y costumbres en las redacciones, a la hora de comentar libros traducidos.

Una encuesta para periodistas (IV)

Juan Pablo de Marsilio Peña
(El Cultural, El País – Uruguay)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Alrededor del 40%.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Pocas veces.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–En mis notas sí, para indicar cuando el trabajo del traductor tiene ribetes de excelencia (acierto en la traducción de refranes y frases hechas, notas al pie adecuadas en calidad y número, uso justo de jergas y slangs, etc.) o cuando el traductor mete la pata hasta el cogote o cuando el editor, por ahorrarse unos dólares, reimprime alguna traducción vetusta, acaso buena para sus días pero no para los presentes.

Camilo Marks
(El Mercurio – Chile)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Yo diría que la proporción de textos traducidos en el rotativo en el que me desempeño bordea aproximadamente el 50%. 

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–No se consigna el nombre del traductor en mis críticas, salvo casos excepcionales.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Sí me detengo a comentar la tarea del traductor, sobre todo cuando es notable, pero también cuando es lamentable, como sucede muy a menudo con las editoriales españolas. 

Patricia Kolesnicov
(Clarín Cultura – Clarín - Argentina)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio
–No sé, pero no son pocos.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
 –No, rara vez se hace.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–No, salvo que sea notoriamente molesta, como ocurre con muchas traducciones españolas. En ese caso se suelen cuestionar decisiones sobre el registro de lengua elegido, localismos, nivel de lengua.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Una encuesta para periodistas (III)

Tercer día de la encuesta para periodistas, a propósito de usos y costumbres a la hora de referirse a las traducciones en los medios para los que trabajan.

Una encuesta para periodistas (III)

Eduardo Sabugal
(Crítica, Benemérita Univerisdad Autónoma de Puebla, México).

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Sin ser exactos, calculo que un 40%

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Sí, siempre.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Sí, desde el punto de vista de los estudios literarios. En ocasiones la glosa a la traducción es comparativa, con otras traducciones y/o pertinencia de las traducciones en relación al estilo y cosmovisión del autor o bien respecto a aspectos contextuales de la obra en relación a la cultura de origen y la cultura hacia la cuál fue traducida. Particularmente creo que el director de la revista Crítica, Armando Pinto, es muy cuidadoso con las traducciones que se publican en la revista (él mismo es traductor) y por lo mismo son sometidas a un dictamen riguroso.

Diana Fernández Irusta
(Enfoques, La Nación – Argentina)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Me resulta difícil hacer un cálculo medianamente preciso. Sin duda, se utilizan muchos textos traducidos. Pero, en especial en lo que hace a literatura e investigación social, en todos los números de Ideashacemos referencia a numerosos trabajos de autores locales.  Depende del número: a veces hay equilibrio entre locales y traducidos; en ocasiones la balanza se inclina hacia unos u otros. Fluctúa.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–En las fichas que acompañan las reseñas siempre se consigna el nombre del traductor. Al interior de las notas, a veces sí (por lo general, cuando esa traducción tiene alguna característica excepcional), a veces no. En las notas que no tratan temas de literatura, muy rara vez.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Cuando se hace referencia a algún texto en artículos sobre temáticas sociales o tendencias culturales, no se comenta la tarea del traductor. Pero sí se lo hace, por ejemplo, en artículos que tratan sobre el ocasional auge de alguna literatura extranjera; en ese caso, se suele mencionar (incluso, entrevistar) a los traductores que forman parte del fenómeno. En las reseñas, por lo general, se hace referencia al trabajo del traductor cuando tiene algún rasgo excepcional.

Diego Erlan
(Ñ – Argentina)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–No hice un estudio pero sospecho que es un 50/50.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Siempre intento que se consigne si el libro analizado es de narrativa o poesía.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Comento la tarea del traductor si por algún problema con la traducción, tiene que contextualizarse o si el texto pudiera tener otra lectura a partir de la forma en que está traducido. Por último, si el trabajo que hizo el traductor resulta notable o un desafío particular.

martes, 23 de agosto de 2016

Una encuesta para periodistas (II)

Segundo día de la encuesta destinada a evaluar la manera en que los periodistas consideran las traducciones en los medios para los cuales trabajan.

Una encuesta para periodistas (II)

Mariana Enriquez
(Radar Libros, Página 12 – Argentina)

1)¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Un 50 % aproximadamente

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–No

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–A veces los reseñistas suelen hacerlo; muchas quejas sobre traducciones demasiado "españolas". En general como editores, les bajamos el tono a las quejas, porque suelen ser recurrentes y es repetitivo (aunque estemos de acuerdo).
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Juan David Correa
(Arcadia – Colombia)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–En Arcadia se comentan aproximadamente 20 a 30 libros traducidos mensualmente, tanto en su plataforma web como en su versión impresa.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–No, y con la pregunta, me hacen caer en cuenta de una terrible y triste omisión. Lo haremos de ahora en adelante.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
– Muy pocas veces. Si  soy franco, y no por ufanarme, era de los pocos que cuando comentaba libros criticaba o elogiaba las traducciones, durante mi etapa como columnista en El Espectador. Pero lo tendré como derrotero para sugerirlo a nuestros comentaristas.


Soledad Platero Puig
(El Cultural, El País; La Diaria, Caras y Caretas, etc. – Uruguay)

1)¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio 
–No podría responder por La Diaria porque no me ocupo de la sección cultural. En El País Cultural la proporción es alta (Lazslo Erdelyi lo sabrá con más precisión, porque es el coordinador del suplemento). En la revista de ensayos usamos algunas veces textos ya traducidos de autores extranjeros, pero lo más frecuente es que nosotros mismos nos encarguemos de las traducciones del material que todavía no circula en español o no nos es posible conseguir en Uruguay.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–No siempre. En la revista de ensayos sí consignamos siempre el nombre del traductor, pero en El País Cultural el criterio es más desparejo. Creo, sin embargo, que la tendencia es, cada vez más, a incluirlo.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Recuerdo especialmente haber mencionado la excelencia de una traducción de Sagarana, de João Guimarães Rosa, que hizo Adriana Toledo de Almeida para la edición de Adriana Hidalgo. Por lo general, solo me detengo en las traducciones cuando son muy buenas (algo que se nota unicamente en los textos muy difíciles desde el punto de vista de su traducibilidad) o cuando son malas. Son muy incómodas las traducciones de Anagrama, por ejemplo, porque usan un español peninsular muy cerrado. Es especialmente molesto leer textos en los que hay mucho argot (pienso en Irvine Welsh) y que se vuelven imposibles para un lector rioplatense no familiarizado con, digamos, los sociolectos madrileños. También recuerdo con fastidio la versión española de El guardián entre el centeno, de Salinger, publicada por editorial Debate. Y aunque no tuve que comentarlo, hace poco necesité tres versiones del artículo “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, de Walter Benjamin, porque la traducción que tenía a mano, en papel, era francamente mala, y yo no entiendo el alemán

lunes, 22 de agosto de 2016

Una encuesta para periodistas (I)

Luego de haber interrogado a los traductores, a los escritores, a los editores y a los libreros, como en años anteriores, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, realiza en 2016 una nueva encuesta. Esta vez les llegó el turno a los periodistas culturales. Y aquí, antes de continuar, corresponde hacer una gran salvedad porque, consultados sobre la especialidad, la mayoría de ellos, a pesar de expresar sus opiniones a través de críticas y reseñas que aparecen en publicaciones periódicas, se confiesan escritores o docentes y sólo eventualmente periodistas. Este rasgo, que puede comprobarse a lo largo de toda la encuesta (y que en más de una ocasión puntualizaron enfáticamente los entrevistados) posiblemente sirva para considerar los condicionamientos que los distintos medios, por las razones que sean, imponen a quienes en ellos escriban, a la hora de referirse a traductores y traducciones. La encuesta fue enviada a un gran número de individuos del universo de la lengua. No todos contestaron, aunque grosso modo se cubren algunos de los países de Latinoamérica que cuentan con un buen número de editoriales nacionales. A pesar de que la muestra intentó ser lo más representativa, cabe aclarar que ningún periodista español se dignó a responder a la invitación

Una encuesta para periodistas (I)

Laszlo Elderlyi
(El Cultural, El País – Uruguay)

1)¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Un  50%, aproximado.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Casi siempre, si el espacio lo permite. 

3)  ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–Cada vez más, sobre todo desde la llegada de traducciones rioplatenses, que aportan mucho oxígeno a la lectura. Se ha sufrido demasiado con las traducciones españolas que atienden a regionalismos de la Península Ibérica, y hay avidfez por traducciones hechas para un lector americano de la región, respetando los localismos y otras inflexiones del lenguaje. Pero esas traducciones rioplatenses no suelen ser siempre buenas. Las hay muy malas, y eso se señala de forma directa. Citando ejemplos, con indicación de página, y tratando de ser lo más didácticos posibles, planteando alternativas.


Daniel Gigena
(ADN Cultura, La Nación - Argentina)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
–Es bastante alta; en cada número de Ideas, donde se reseñan cuatro libros por semana, hay al menos un libro traducido. Pero en general suelen ser dos. En el canal web de Ideas menciono a los traductores de poetas o libros que enlisto.

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
–Siempre.

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
–No suelo comentar muchos libros traducidos, pero si tengo que hacerlo (como en el caso de Eros, el dulce-amargo, de Anne Carson, traducido por Mirta Rosenberg y Silvina López Medín, que escribí para Ñ) es para resaltar un gran trabajo (ya conocía el original). No responde la pregunta, pero leo a muchos escritores-traductores nacionales como Carlos Gardini o Elvio Gandolfo o María Martoccia. 



Aurelio Asiain
(Vuelta, Paréntesis, Letras Libres – México)

1) ¿Cuál es la proporción aproximada de textos traducidos que se comentan en el medio para el que escribe?
En Vuelta se traducía mucho: ensayos y poemas sobre todo; ocasionalmente relatos, rara vez crónicas y casi nunca reseñas. Los motivos eran distintos en cada caso: los ensayos se traducían para poner en circulación ciertas ideas o la crítica a ciertas ideas, y eran en general propuestas del director o, con mucho menor frecuencia, de alguno de los miembros del consejo. Los poemas, en cambio, se traducían mayormente por interés del propio traductor, aunque también ocurría que fuera a solicitud de la redacción. Hay que decir que, además de Octavio Paz, que era el director, entre los consejeros de la revista había traductores muy notables por su pericia técnica y para los cuales traducir era un oficio no muy distinto al de escribir poesía, que colaboraban con frecuencia (Ulalume González de León, Tomás Segovia, José de la Colina, ocasionalmente Gabriel Zaid y Salvador Elizondo) lo mismo que algunos colaboradores cercanos (Ida Vitale y Gerardo Deniz sobre todo). Había otros, claro, no siempre impecables. Yo mismo traducía con frecuencia. Y aunque, como te dije, no podría hablar con certidumbre de proporciones, estoy seguro que las traducciones no ocuparon casi nunca (pienso en un par de números dedicados a la literatura rusa y a la literatura japonesa) más de la mitad de la revista. En el caso de la poesía, la norma no escrita (no la regla) era que en cada número se publicara a un autor mexicano, a uno hispanoamericano y a uno de otra lengua. También intentábamos que las traducciones no se limitaran al inglés y al francés. 
En Paréntesis también traducíamos mucho, toda clase de cosas, con particular interés por las rarezas. 
En Letras Libres se traduce menos y casi exclusivamente del inglés. 

2) ¿Se consigna en la nota el nombre del traductor?
En las tres revistas se consignaba, por supuesto, el nombre del traductor, y muy visiblemente (aunque no tanto como en Japón, donde es norma que el traductor figure en portada, casi como coautor. 

3) ¿Se detiene alguna vez a comentar la tarea del traductor? Si sí, ¿en qué términos?
Entiendo que la pregunta sobre comentar la tarea del traductor se dirige personalmente al periodista o reseñista. Y la respuesta es sí, claro: alguna vez comenté con mucho detalle (y muy negativamente) las traducciones de José Emilio Pacheco, y en una nota para Letras libres comparé las diversas traducciones al español del Botchan de Soseki. Pero respondo otra vez como editor: en Vuelta, en las reuniones del primer consejo, se comentaban siempre, y con mucha animación las traducciones publicadas (porque, como apunté, para algunos de los consejeros traducir era parte del oficio del poeta).
En Paréntesis se me ocurrió una idea novedosa: le pedí a Fabio Morábito, que trabajaba en su traducción del Aminta de Tasso, que nos diera un fragmento, y le pedía a Antonio Alatorre que lo comentara. Luego le pasé a Fabio el comentario de Antonio —y se armó una polémica notabilísima sobre el arte de la traducción.