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lunes, 12 de mayo de 2025

Una charla con Sunme Yoon en la Feria del Libro

"En una charla que contó con un breve video grabado por la autora coreana premio Nobel de Literatura, la traductora Sunme Yoon relató cómo descubrió La vegetariana y el impacto que le produjo para impulsar su edición en América latina." Tal es la bajada de la nota publicada por InfoBAE, el pasado 10 de mayo.

La mujer que llevó a Han Kang al español contó su inspiradora historia en la Feria del Libro

“Conecté con la protagonista de La vegetariana como si me hablara a mí”. Así recordó la traductora coreano-argentina Sunme Yoon el impacto que le produjo la (ahora) famosa obra de la escritora premio Nobel, durante la charla Han Kang, el viaje del coreano al español realizada el viernes por la tarde en la Sala Carlos Gorostiza de la Feria del Libro.

Ese fue el instante en que descubrió una novela que cambiaría su carrera y, quizás, la recepción de la literatura coreana en el mundo hispano. Era 2010. La obra todavía no estaba disponible en español y Sunme Yoon leyó una edición en japonés. Lo que siguió fue un proceso de inmersión, reconocimiento y traducción que acercó por primera vez la voz de Kang al lector latinoamericano.

Durante la charla, la mismísima premio Nobel se hizo presente en la conversación. Durante poco más de un minuto, Han Kang envió un saludo íntimo a sus lectores argentinos: recordó su visita a la Feria del Libro hace doce años, cuando presentó La vegetariana, en la primera traducción al español de su obra. En tono pausado, expresó la calidez con la que fue recibida entonces y la conexión duradera que mantiene con Argentina a través de sus libros. Según Sunme Yoon, la autora envió el video con la condición de que no fuera difundido por redes ni medios.

La vegetariana, un hallazgo

La novela La vegetariana le llegó en un momento inesperado, según contó la traductora. En sus palabras: “Conecté profundamente con la protagonista, cuya decisión de dejar de comer carne desata una espiral trágica”. La fuerza simbólica del relato, su estructura inusual y su lenguaje contenido, pero inquietante, la impulsaron a traducirla al español sin dudar. No se trataba solo de una traducción literaria; era un acto de mediación cultural.

En 2012, la editorial Bajo la luna publicó esa primera versión en español. En el mundo de habla hispana, Han Kang era una completa desconocida. Pero la edición tuvo una recepción entusiasta, sobre todo entre lectoras jóvenes y editoras sensibles a nuevas voces asiáticas. “Era una historia difícil de explicar, pero fácil de sentir”, comentó Yoon. La violencia contenida, el conflicto íntimo, el cuerpo como campo de batalla: elementos que resonaban más allá de Corea del Sur.

La Feria que lo cambió todo

Años después, Han Kang visitó Argentina para participar de la Feria del Libro de Buenos Aires. “El auditorio estaba lleno, con un público sorprendentemente informado y emocionado por preguntarle sobre su obra”, describió Sunme Yoon. Fue un momento revelador tanto para la autora como para la traductora. “Han Kang me buscó después para agradecerme. Me dijo que no esperaba semejante recepción. Estaba emocionada”.

Ese contacto marcó el inicio de una relación de respeto mutuo entre escritora y traductora. Sunme Yoon continuó traduciendo su obra con delicadeza y compromiso. A La vegetariana siguieron Actos humanos, Blanco y, más recientemente, La clase de griego. “Han Kang es muy coherente con lo que dice y escribe. Su ética y estética están profundamente conectadas”, afirmó. Esa integridad es, según ella, lo que la hace merecedora del Premio Nobel de Literatura.

La literatura coreana ante el mundo

Para Yoon, el Nobel no es solo un reconocimiento individual. Es también una oportunidad colectiva: “Es una gran puerta para que se conozcan más autores coreanos”. La literatura de su país de origen ha evolucionado enormemente desde los años ochenta. Ha dejado de estar dominada por la posguerra y los conflictos ideológicos, y ha dado paso a una multiplicidad de voces, géneros y miradas. Mujeres jóvenes, escritores queer, autores experimentales: todos conviven en un ecosistema cada vez más internacionalizado.

Sunme Yoon, que trabaja como profesora en el Instituto de Traducción Literaria de Corea, es testigo de este cambio. Forma traductores que llevan el coreano al español desde distintas partes del mundo, construyendo un puente entre culturas que ya no se define solo por la geografía. “Traducir literatura es estar yendo y viniendo entre dos mundos. Es ser exploradora y, al mismo tiempo, albañil de palabras”.

En este contexto, Han Kang representa una generación que no solo escribe desde Corea, sino que escribe para el mundo. Yoon lo supo desde aquel primer encuentro con La vegetariana. Hoy, más de una década después, su intuición se confirma en los estantes de librerías y las bibliotecas de lectores hispanohablantes que, gracias a su trabajo, descubren una literatura poderosa y transformadora.

miércoles, 6 de noviembre de 2024

"Corea tiene muy claro que hay que invertir en cultura, en educación, en medicina. ¿O adonde se va a gastar esa plata?"


El pasado 19 de octubre, Patricia Kolesnicov publicó el siguiente artículo en Infobae. En él se refiere a Sunme Yoon, la traductora al castellano de la Premio Nobel coreana de Literatura. En la bajada de la nota se lee: "Su familia se mudó a Buenos Aires cuando era chica y en esta ciudad hizo primaria, secundaria y universidad. Ya de vuelta en Seúl, consiguió subsidios para llevar la obra de la escritora al castellano y publicarla. Aquí cuenta cómo es la Premio Nobel, por qué la eligió y cómo se sintió en sus años en la Argentina". 

Sunme Yoon, la primera traductora de la Premio Nobel Han Kang en Occidente: “Corea invierte en cultura porque es capitalista”

De un día para el otro, Sunme Yoon es una celebridad. La llaman desde muchos países, le piden entrevistas: que lo cuente todo. No es lo que suele ocurrir con la gente de su profesión, los traductores. Pero Sunme es más que eso o, mejor dicho, acaba de mostrarle al mundo todo lo que es un traductor. Esta mujer coreana pero criada en Buenos Aires, fue la responsable de que la literatura de la flamante premio Nobel de Literatura, Han Kang, se pudiera leer en Occidente. Por su insistencia, por el subsidio del Estado coreano que consiguió, por su trabajo de traducción. Se entiende por qué la llaman.

Así que, con 12 horas de diferencia, ahora atiende a la videollamada en Seúl con cara de cansada pero con una sonrisa que no cabe en la pantalla. En este tiempo, además, Han Kang se ha convertido en su amiga.

"La traduje porque vi un artículo de prensa que hablaba sobre los jóvenes escritores prometedores de Corea”, cuenta ahora, que su amiga es Premio Nobel. Era 2011 y Han Kang no era una autora consagrada.

-¿Cómo llegaste a ella, entonces?
-Buscando qué traducir y preguntando a los coreanos qué autor me recomendaban. Me presentaban a escritores canónicos, consagrados, pero la verdad es que lo que yo leía de esos escritores no me llamaba la atención. Así que decidí investigar por mi cuenta entre los escritores jóvenes. Y ahí fue como llegó. Empecé a leer La vegetariana y antes de terminar el primer capítulo ya había decidido traducirla.

-¿Ya vivías en Corea?
-Sí, después de terminar la Facultad (NdelaR: estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires) me fui a España a hacer el doctorado. Lo terminé en el 97 y vine a Corea.


-¿Cómo hiciste para solventar la traducción de una autora entonces desconocida?
-Esta traducción la hice con un subsidio que otorga un organismo público de Corea, el Literature Translation Institute of Corea, que también subsidió la publicación. En ese momento una editorial argentina muy chica -Bajo la luna- se ofreció a publicarla, junto con otras obras coreanas. Y al año siguiente, cuando llevaron a Kang a presentar la obra a Buenos Aires, en la Feria del Libro, el acto se hizo a sala llena. Ella se llevó una enorme sorpresa, ¡era primera vez que se traducía su novela a una lengua occidental! Y encontrar a tantas personas que ya la habían leído... Hasta ese momento no nos conocíamos, pero cuando ella volvió de la Feria buscó mi contacto y desde ahí que se inició nuestra amistad. Y hemos seguido, ¿no? Ella escribiendo y yo traduciendo sus obras.

-¿Cómo es Han Kang? Parece una persona de bajo perfil
-No te creas que de bajo perfil, porque una persona que es capaz de escribir algo como La vegetariana.. una novela tan lacerante, no es débil, no es frágil para nada, te lo puedo asegurar. Es una persona con mucha, mucha fuerza interior. Aunque pueda parecer otra cosa por la primera impresión que da esa vocecita... Ahora tiene más cancha, como decimos en Argentina.

-¿Y a vos te contó de dónde sale La vegetariana?
-Cuando le hacen esta pregunta ella siempre habla de un cuento que se llama "El fruto de mi mujer", que tiene una temática parecida: una mujer que se convierte en una planta. Es al revés de La vegetariana, no es que desee ser planta, pero por alguna razón se convierte en planta. En ese cuento ya aparece ese trasfondo de violencia marital. En ese caso le salen manchas en el cuerpo, manchas violáceas y va cambiando de color cada vez más, hasta ser verde. Convertirse y finalmente dar frutos... ¿No es fantástico?

-¿Tuviste barreras culturales en la traducción? A veces hay cosas que en otras culturas no existe.
-No, porque la literatura contemporánea coreana habla de Corea, con un trasfondo de la historia de la sociedad coreana, pero los temas son universales. No hay mayor problema para traducir las obras coreanas a otros idiomas. Pero la prosa de Kang muy poética, así que demanda un gran trabajo de revisión de estilo. No podés quedarte con la primera o segunda versión, hay que mirar tres, cuatro veces. Es una escritura muy profunda.

-Hace unos años el impacto de la cultura coreana en el mundo creció. Como si de alguna manera Corea expresara el presente.
-Sí, sí. En Corea se habla de eso. ¿Por qué estamos hablamos de nosotros, de cuestiones históricas, de cuestiones sociales de la sociedad coreana y tiene tal repercusión en el mundo? Bueno, las cosas que ocurren en Corea muestran las preocupaciones que tiene un ser humano en el resto del mundo. Es decir, Corea es un país moderno, industrializado e industrializado a través del capitalismo. Vive, además, una industrialización muy rápida, demasiado rápida. No tiene parangón en el mundo y eso tiene sus consecuencias. La gente vive dentro de este sistema capitalista competitivo en el que se premia a los mejores, lo que nos ha traído un bienestar económico, pero sabemos mejor que cualquier otra sociedad los problemas que hay detrás. Lo duro que es vivir en una sociedad tan frenética.

-¿Qué problemas, por ejemplo?
-Acá los cambios son impresionantemente rápidos, no es posible seguirles el ritmo. Una de las cosas que a mí me gustan de Buenos Aires es que voy diez años después y encuentro las calles igual, los negocios a los que yo iba siguen ahí. Básicamente, sigue siendo la ciudad que yo recuerdo. En cambio, en Seúl y en el resto de las ciudades de coreanas no es así: en tres meses te pueden cambiar el aspecto de una avenida por completo, por ejemplo. Se derriban edificios, aparecen nuevos, que se levantan enseguida. Eso es bueno porque significa que hay progreso, pero por otro lado es bastante agobiante.

-Literalmente, te mueven el piso. Te cambian el piso.
-Sí. Sin duda que todo queda más lindo, evidentemente. Pero todo eso también tiene historia y y vidas y recuerdos, y de pronto surge un rascacielos, por ejemplo, en un lugar donde antes había un viejo cine o donde la gente tomaba su café. Que las cosas cambien tan rápido es bastante enloquecedor. Y, por otro lado, es una sociedad muy competitiva, donde hay que dar examen para todo. Es mundialmente famoso el examen de ingreso a la universidad, en el que prácticamente se para el país y los chicos por querer entrar a una buena universidad repiten ese examen dos y hasta tres veces. Hay que entrar a una carrera que te dé una buena profesión, la competencia es dura y hay que estudiar mucho. Pero la recompensa es segura.

-¿Qué cosas extrañás de la Argentina?
-¿De la Argentina? Todo. Porque bueno, Seúl es el lugar donde vivo, donde tengo mi trabajo, donde tengo mi vida. Pero yo creo que los años importantes son los de formación, la infancia. Los primeros años de la adolescencia, de juventud. Y Argentina me dio todo eso. En esa etapa yo sólo tuve amigos argentinos. La formación intelectual pero también humana se la debo a la Argentina. La famosa educación pública en la primaria, el Nacional de Buenos Aires, la Universidad. Recibí una educación de altísimo nivel, y por lo menos la UBA lo sigue teniendo en Humanidades. Le debo mucho a la Argentina. Le debo mi formación. Le debo mis amistades, mis recuerdos, mi juventud.

-¿Sos un poco argentina en Corea?
-Sí, claro. En Argentina nunca me sentí muy extranjera. Era pasar al lado de un espejo y ahí recién darme cuenta. Algo así como “ah, claro, soy diferente”. En Corea es al revés: por mi aspecto exterior no me distingo del resto de los coreanos. Ahora ya estoy mucho más adaptada, pero los primeros años me costó una barbaridad. Aunque no se notara, yo era extranjera.

-¿Dónde trabajás ahora?
-En el Literature Translation Institute of Korea, este organismo público que promociona la traducción de la literatura coreana.

-O sea que Corea del Sur, que es uno de los estados más capitalistas del mundo, piensa que hay que subsidiar cosas como la traducción, la literatura, la cultura...
-¡Justamente porque es capitalista! Corea tiene muy claro que hay que invertir en cultura, en educación, en medicina. ¿O adonde se va a gastar esa plata? El LTI tiene un academia de traducción donde estamos formando traductores, pero no son traductores coreanos, son todos traductores extranjeros, estudiantes que entienden coreano y pueden traducir perfectamente a su idioma nativo. Y todos estos chicos -llegan al año alrededor de 50- reciben una beca completa, desde pasaje de avión y estadía, para estar en Seúl durante dos años. Y todo eso con dinero de los contribuyentes. Gracias a esa inversión es que la cultura coreana está tan floreciente. Y no sólo en Corea sino en el mundo.


martes, 27 de febrero de 2018

Una traducción que desató una polémica

La historia que se refiere a continuación tiene varios pasos que necesitan cada uno de ellos su correspondiente aclaración.

Desde hace ya varios años los coreanos, a partir de su Instituto de Literatura, están invirtiendo verdaderas fortunas con el objeto de que sus libros circulen por el mundo traducidos a las más diversas lenguas. El objetivo es lograr que su cultura no sea adscripta a la de China o Japón, los dos vecinos gigantes, con los que la mayoría de la gente suele confundirlos.


Han Kang es una autora surcoreana que publicó una novela, editada en la Argentina por la editorial Bajo la luna, como La vegetariana 

Posteriormente, ese mismo libro fue traducido en Gran Bretaña por Deborah Smith, una especialista en  ficción coreana, quien, además, en 2015, había fundadoTilted Axis Press, una editorial sin fines de lucro, que se centra en la ficción contemporánea específicamente de Asia. Asimismo, su ensayo sobre la traducción de libros, Fidelity, será publicado en el Reino Unido por Peninsula Press.



Por su traducción, Smith recibió, junto a su autora (foto), el Premio Man Booker International en 2016. 

Acto seguido, se desató una curiosa polémica en Corea del Sur a propósito de la calidad de la traducción que, según los especialistas de ese país, difería notablemente del original. La polémica fue levantada por el diario británico The Guardian, en un artículo publicado por Claire Armistead (https://www.theguardian.com/books/booksblog/2018/jan/15/lost-in-mistranslation-english-take-on-korean-novel-has-critics-up-in-arms)

Acto seguido, Deborah Smith publicó el siguiente artículo en Los Angeles Review of Books, que se ofrece a continuación en traducción de Silvia Camerotto


De qué hablamos cuando hablamos de traducción

En los últimos años, la traducción literaria ha tenido su auge en los Estados Unidos y, en especial, en el Reino Unido, y este nuevo estado de las cosas se renovó gracia sal Premio Internacional Man Broker que dio igual reconocimiento tanto al autor y como al traductor. Cuando premiaron a La vegetariana, de Han Kang, la traducción literaria también se convirtió en el centro de atención en Corea del Sur. Por supuesto, no hay consenso, y algunos críticos surcoreanos se quejaron de esta tendencia a tratar los premios extranjeros como una especie de referéndum sobre la calidad de la literatura coreana en su conjunto.

Pero hay dos cuestiones en juego ante la llegada de La vegetariana a nuestro país y al extranjero: la política cultural de los premios, y la naturaleza y el estado de la traducción. La creciente atención y aprecio que recibieron la traducción y el traductor socavó el mito del acceso al original sin mediación, una fantasía en la que tanto los lectores de una traducción como los del original tienen que ver. Lisa y llanamente, la gente piensa que han leído Guerra y Paz, y no una traducción inglesa de “Guerra y Paz, y que esa cosa que aman, -ya sea un libro particular o una cultura- es en realidad aquello realmente aclamado. Todas estas ansiedades surgen de que la traducción es un arte profundamente extraño y a menudo, contradictorio. También, quizás, el único arte que puede no ser solo malo, sino incorrecto, y siempre tendrá fallas.

Decir que mi traducción de La vegetariana es un “libro completamente diferente” del original coreano es, por supuesto, en un sentido, en todo correcto. Ya que no existe una traducción en verdad literal –no coinciden las gramáticas, el vocabulario difiere, incluso la puntuación tiene otro valor- no existe una traducción que no sea “creativa”. Y mientras muchos de nosotros, traductores, nos creemos “fieles”, las definiciones de fidelidad difieren. Porque las lenguas funcionan de modo diferente, mucho en la traducción es una cuestión de lograr un efecto similar por medios diferentes; no solo la diferencia, el cambio y la interpretación son normales, sino que son, además, parte integral de la fidelidad.

Creer que La vegetariana fue mejorado por la traducción porque el original no tuvo el mismo nivel de éxito implica un cierto nivel de pensamiento selectivo. Al fin y al cabo, su parte central obtuvo el Premio Literario Yi Sang, el premio más prestigioso de Corea del Sur. Más que nada, en realidad, no existe éxito comparable al otorgado por Man Brooker; el establishement literario coreano valora más los premios literarios internacionales antes que los nacionales. Según el resto de los estándares, Chaesikjuuija (el título coreano de La vegetariana) fue un éxito, con 20.000 copias vendidas (y en su 14º reimpresión) cuando se publicó mi traducción al inglés, siete años después que el original coreano. En ese momento, se publicaron traducciones en China, Argentina, Polonia y Vietnam, algo inusual para un libro coreano. Una vez más, el imperialismo cultural implica que ninguna de esas traducciones no inglesas, por bien recibidas que sean, podrían catapultar el libro al éxito internacional. Lo más significativo para mí fue que cada una de ellas surgió, así como mi versión inglesa, de un amor tan grande de un traductor por un libro como para querer dedicarle su tiempo.

Algo más sucedió en el transcurso de esos siete años: Corea del Sur criminalizó la violación marital. Entonces no es tan difícil entender por qué un libro que expone esta violencia estructural pudo haber sido recibido de otro modo por el establishment literario (mayormente masculino) antes que por muchas mujeres coreanas que no lo consideraron ‘extremista y estrafalario’ de ningún modo. Quizás el enfoque abrumador sobre la estética del La vegetariana es una manera de evitar hablar sobre su política.

Han Kang ha sido elogiada altamente por cosas que no tienen nada que ver con el traductor, como las ‘potentes imágenes’ (The Guardian),’(brillante) estructura tripartita’ y ‘climax demoledor, fantasmagórico, aunque emocionalmente verdadero’ (Publishers Weekly). La estructura, el argumento, temas, caracterización, etcétera, son todos obra de la autora. Los traductores, en su mayoría, se ocupan de la lengua: estilo, tono, ritmo. Y los lectores coreanos de Han Kang siempre han destacado su estilo ‘poético’. Una nota del 2011 la presenta como aquella que obtuvo notoriedad ‘por su lirismo y estructura detallada’; un artículo del 2017 del Kyunghyang Shinmun sostiene que la ficción en Han ‘parece poesía’, lo que es apropiado para la prosa de alguien que es poeta édito, y menciona también su ‘estilo delicado y sensual’. Es cierto que este lirismo es menos marcado en La vegetariana que en Actos humanos y especialmente en su último trabajo, El libro blanco, que es casi una serie de poemas en prosa, pero aun está allí –un sutil estilo poético que es sobrio y discreto. Por cierto, no era mi intención producir un estilo pretencioso y florido en inglés (aunque las novelas tienden a no ser monocordes, tienen momentos de mayor o menor intensidad), y tampoco creo que ocurriera inconscientemente. Lectores y críticos describieron el estilo de la traducción como ‘sutil’ (Independent), ‘preciso y discreto’ (Irish Times), y ‘discreto hasta la médula’ (New Statesman). Ellos se refieren a su poesía también, sin implicar que estos pudieran ser mutuamente excluyentes- el autor Deborah Levy lo llamó ‘poético pero realista’.

Aun así, algunos creen que mi traducción ‘sobre poetizó’ un original que era sobrio y discreto antes que poético. Como traductores, somos por lo general nuestros críticos más duros; creo que hay mucho qué criticar en mi traducción. Lo que me preocupa es cuando el deseo de demostrar una idea en particular sobre una traducción alienta a una visión engañosa sobre el original –en este caso, pasando por alto la poesía que yo y muchos otros ven en la escritura de Han. El estilo literario no es tan solo una marca de identidad, como una huella digital –también tiene una función y un sentido. La función es la parte más sencilla:la prosa fría y discreta de La vegetariana sirve para contrarrestar la violencia febril, para evitar que parezca sensacionalista y excesiva, un recordatorio de los horrores más oscuros de la vida cotidiana. El sentido es más complejo porque dependerá del contexto: ¿qué estilos usan los contemporáneos del autor? ¿Cuál es la corriente dominante? ¿Qué es lo que se elogia: ser etiquetado como ‘moderno’, ‘original’, ‘experimental’, o incluso, solo ‘literario’? Traducir del coreano al inglés implica pasar de una lengua más adaptable a la ambigüedad, la repetición y la prosa simple, a otra que favorece la precisión, la concisión y el lirismo.

Esto es una generalización grosera y un fenómeno observable al mismo tiempo. Porque el estilo individual de cada autor se distingue por el grado en que diverge de este término medio, y porque el sentido del estilo es, por lo tanto, inseparable del lenguaje, y su traducción parece imposible. Lo que podemos hacer, al menos, es reconocer que el ‘polo’ de lo que se registra como, por ejemplo, repetición o prosa poética se establece en diferentes puntos en las lenguas de origen y de destino –y también que si las convenciones de la lengua de origen se transfieren tal como están, es probable que se confundan con la idiosincrasia del autor, o peor aun, con una mala escritura. La calidad es otra cosa a la que los traductores pueden elegir ser fiel; muchos creen que deberíamos, cuando sea posible, resistir la domesticación, y Kitchen Table Translation, editado por Madhu Kaza, es una lectura obligada sobre la política generativa de la ‘traducción errática y desobediente’.

Con La vegetariana tomé conciencia de que si me alejaba demasiado de las convenciones literarias de la lengua inglesa disminuiría y me desviaría de la fuerza de la escritura como un todo, que tiene un considerable poder disruptivo en sí misma.

La razón de ser de cada traducción es el lector que no podría acceder al original de otro modo. Y Daniel Hahn, nominado para el MBI 2016 y jurado en 2017, así lo explica, los jurados ‘no comparan el original y la traducción y evalúan el proceso (las decisiones, las ingenuidades, los deslices…) de pasar de una lengua a otra’, sino que tratan de evaluar el trabajo terminado en inglés en sus propios términos’. Esta es un modo de evaluar la calidad de la traducción; no es el único. La traducción literaria puede tanto resistir como perpetuar el imperialismo cultural; como traductores es necesario ser conscientes de nuestros propios perjuicios, y de la pluralidad de enfoques propugnados por aquellos cuyos perjuicios y objetivos son distintos a los nuestros.

Ganar un premio no hace de mi enfoque sobre la traducción el mejor o el único, y también hay una política, en el sentido de que habrá sido moldeada en gran parte por vivir y trabajar en el Reino Unido, donde el ansiado éxito (para algunos) es terminante.

En parte porque la evaluación de traducciones literarias en Corea del Sur implica, por lo general, una comparación; algunos no comprendieron por qué esos ‘errores’ que Hahn menciona no invalidaron mi traducción para el elogio y los premios. Todos los traductores se preocupan en profundidad por la precisión; todos los traductores cometen errores, porque somos humanos. Como principiante, ser bombardeada con artículos y correos con listas de errores me dejó preocupada. ¿Era real que había traicionado la obra de Han Kang por negligencia o arrogancia? No conscientemente, porque la amo hasta la reverencia y creo que su obra es objetivamente genial, ¿o fuepor atreverme a traducirla de un idioma que aun no dominaba? Han pasado cuatro años desde que traduje La vegetariana, siete desde que comencé a estudiar coreano, y comprendo ahora lo que entonces no sabía: que aprender un idioma no es el camino hacia el ‘dominio’, y que nada te enseña a traducir como el hacerlo. Estoy feliz de haber presentado la obra de una escritora brillante a una audiencia internacional, de una manera lo suficientemente fiel para una recepción cualitativa, si no cuantitativa a su vez. Algunas personas me dicen que debo estar orgullosa, pero para ser honesta estoy feliz de sentirme conflictuada: esta actitud es más útil para aquellos en posición de privilegio, alentándonos a actuar con responsabilidad y generosidad hacia los textos, autores, y otros traductores.

Sin embargo, si al menos me hubiera me hubiera acercado a esa perfección imposible, ¿habría obligado a los críticos a involucrase más con el libro en sí? ¿Lo harían ahora que Han y yo hemos tenido tiempo de corregir el texto para futuras publicaciones? Tal vez sí, tal vez no, dado que mucho de lo que fue catalogado como ‘error’ no era otra cosa que una diferencia. Han misma se ha tomado el tiempo para explicar que los traductores consultan tanto a sus editores como al mismo autor, y que ella leyó mi traducción y la amó sobre todo por capturar el tono de su propia escritura, pero eso no impidió que algunas personas hablen sobre ella.

Las traducciones deben ser criticadas, absolutamente; con interés, el compromiso crítico forma parte de una cultura de la traducción floreciente. Pero sin tener en cuenta cómo las normas de traducción varían entre países y contextos, y cómo esto puede afectar el enfoque individual, es difícil avanzar sobre la diferencia en lugar de solo remarcarla.  A esta altura, lo que un determinado crítico declara como admisible no nos dice mucho más allá de las preferencias personales. Además, es difícil, y con certeza, engañoso, evaluar el efecto retraduciendo al idioma original, o comparando con una traducción literal imaginaria; al fin y al cabo, ambos métodos alternativos implican tanta subjetividad como una traducción considerada liebre o creativa.

Espero que todos sigamos hablando de la traducción, porque siempre hay algo más para decir, especialmente lo placentero que es, y porque necesitamos enfocarnos si queremos hacer que esté a la altura de su potencial, para romper las hegemonías, trabajar sobre la diferencia sin borrarla, y desafiar el mito del genio solitario –para dar lugar a nuevos encuentros a voces y perspectivas que de otro modo podrían ser silenciados o vituperadas, y obras de arte, sin las que nuestras vidas se verían disminuidas.

Como traductores, debemos aprovechar estos logros, que tienen un impacto directo en nuestra habilidad para exigir un salario digno, en lugar de ser intimidados. Es esta combinación de salarios bajos justificados por el abandono de la creatividad y la insistencia en la ‘humildad’ que significa que, con frecuencia, se hable de la traducción como una profesión feminizada. La humildad no es igual a auto-modestia; no es arrogancia estar orgullosos de nuestro trabajo.

No existe mejor manera de traducir, pero hay algunas propuestas con respecto a la traducción que, si son aceptadas en términos generales, pueden lograr charlas más constructivas: el cambio no es traición; los editores existen, por lo general con opiniones arraigadas; elogiar una traducción no es devaluar el original. En conclusión, ninguna traducción es definitiva. Es solo un modo de ‘Fracasar otra vez. Fracasar mejor.’ Creo que fracasé bien.