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lunes, 5 de octubre de 2020

Será muy importante, pero, como todas, la de Guadalajara también será una feria virtual



El pasado 2 de octubre, Hola News publicó la siguiente noticia referida a la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), que se extenderá del 28 de noviembre al 6 de diciembre, será virtual.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara no será una fiesta 

Guadalajara (México), 2 oct (EFE News).- Con una selección de actividades en formato digital, sin el invitado de honor y con pérdidas económicas, la mexicana Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) intenta sacar adelante su edición 34 sin público para evitar contagios por la COVID-19. 

El presidente de la feria, Raúl Padilla, anunció este viernes en videoconferencia que atendieron “las inquietudes” que había entre los editores en torno al comportamiento de los contagios en México y decidió priorizar “las vidas y la salud” de las personas. 

Los datos del número de contagios en México hace unas semanas avizoraban la posibilidad de que la feria pudiera llevarse a cabo en un formato híbrido entre lo presencial y virtual en dos sedes alternas, pero esto se vino abajo por los rebrotes que han surgido en diversos países de Europa. 

“Ha sucedido lo que todo mundo hemos atestiguado en el país y en el mundo, lo que ha habido es una serie de rebrotes particularmente en Europa que han hecho imposible que varias de las casas editoriales de ese continente puedan venir a México por las restricciones que tienen a los vuelos”, explicó. 

A finales de septiembre la Federación de Gremios de Editores de España comunicó que sus agremiados no asistirán a la FIL, debido a la “situación de incertidumbre sanitaria y las dificultades para viajar” y a que “buena parte de las editoriales” habían declinado su asistencia. 

Las editoriales de ese país, como Planeta u Océano, entre otras, son uno de los bloques con más presencia en la feria mexicana desde sus inicios en 1987. 

Detalló que pese a la ausencia de las casas literarias europeas, la FIL contaba con casi el 50 % de las editoriales mexicanas y latinoamericanas que tenían la esperanza de que la feria pudiera tener lugar de manera presencial, pero “los indicadores sanitarios” impidieron que esto pudiera ser posible. 

“Son estas medidas sanitarias que nos está obligando a tomar esta decisión pero lo hacemos con la frente en algo porque tengan la certeza de que tendremos una feria digital con programa literario”, indicó. 

Una feria insigne… y virtual 

La FIL mexicana, considerada la más importante de habla hispana y la segunda en el mundo, reunió el año pasado a 828.000 visitantes, más de 800 autores, 20.000 profesionales del libro y a 2.400 sellos editoriales de 48 países. 

Padilla anunció que la participación del emirato árabe de Sharjah, invitado de honor de la FIL 2020 será pospuesta por dos años, es decir, para la edición 36 de la feria que se realizará en 2022, pues para 2021 hay compromiso con otro país para ser invitado de la feria. 

Las actividades del 28 de noviembre al 6 de diciembre tendrán una serie de contenidos digitales académicos, literarios y de divulgación científica que serán transmitidos en la página web, en las redes sociales de la FIL así como por diversos canales televisivos de México y América. 

La plataforma Mercado de Libros que será habilitada en la página web de la FIL permitirá que los lectores accedan a los títulos de diversas editoriales que participan en la feria. 

También está disponible la plataforma FIL negocios, con la que los profesionales del libro podrán generar un catálogo vivo de derechos de autor y un directorio de agentes para propiciar intercambios comerciales con sus pares de otros países. 

La directora de la FIL, Marisol Schulz, anunció que los premios más importantes de la feria como el FIL de Literatura en Lenguas Romances, el Sor Juana y el de Literatura en Lenguas Indígenas de América, entre otros, serán realizados de manera virtual, con la intención de que los ganadores estén en la edición 35, en 2021. 

Este formato no solo afecta a la industria editorial sino a muchos otros sectores de Jalisco como el del turismo y el hotelero. 

Pérdidas económicas

Padilla reveló que la falta de público dejará un déficit de ganancias de hasta 28 millones de pesos (unos 1,3 millones de dólares) para el comité organizador de la feria, que cada año genera una derrama económica de cerca de 330 millones de dólares, de acuerdo con datos de la Secretaría de Turismo de Jalisco. 

La decisión ha generado diversas reacciones entre la comunidad literaria en México. Juan Luis Arzoz, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, señaló que esta industria pierde una gran exposición de sus títulos y novedades además de las “pérdidas económicas importantes” por la venta de libros. 

Esto se suma al déficit que han tenido a lo largo de 2020 derivado de la crisis económica y que llega a un decremento en las ventas de 30 %, según apuntó. 

El escritor mexicano Antonio Ortuño mostró su apoyo en redes sociales a la feria a la que es asiduo. “Seguiremos mirándonos por zoom hasta 2021, amigos. Este año nomás toca brindar a la distancia. Como sea, viva la FIL Guadalajara. Volveremos a vernos”, escribió. 

El programa general de actividades y los nombres de quienes participarán en ellos serán dados a conocer a finales de octubre. 

Este año la FIL fue galardonada con el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades 2020 junto al Hay Festival of Literature & Arts por ser “los más importantes puntos de encuentro del libro, los escritores, los lectores y la cultura en el mundo”. 

jueves, 3 de diciembre de 2015

"Los precios de los libros argentinos en el exterior están desfasados"

La periodista Julieta Roffo es la enviada especial del diario Clarín para cubrir este año la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Eligió un punto de vista descuidado por la mayoría de sus colegas y se dedicó a investigar la competitividad de los libros argentinos en el mercado internacional. Esto es lo que logró en la nota publicada en el día de ayer.

La incertidumbre por el dólar
congela la venta de libros argentinos

Afuera del predio de 40 mil metros cuadrados en el que por estos días funciona la Feria del Libro de Guadalajara, en los alrededores, todo está teñido de este evento, el más importante de la agenda cultural de esta ciudad, que con su zona metropolitana incluida concentra a la segunda población más grande de México, detrás del enorme D.F. La presencia policial –de la ciudad de Guadalajara y del estado de Jalisco– está multiplicada. Los voluntarios que reclutan más voluntarios –hay de Greenpeace y de la Cruz Roja– merodean en las salidas del evento en busca de números de tarjetas de crédito que quieran unirse a la causa: “con un pequeño donativo” –repiten– se puede luchar contra el calentamiento global, ayudar a reparar los daños de la temporada de huracanes o contribuir a la compra de insumos sanitarios para los refugiados que están intentando entrar a Europa por algún lado de su geografía.

Hay, cada atardecer, unos diez carritos en los que se prepara elote (choclo) con queso crema bien salado, una especie de queso rallado y salsa picante a gusto. “¡Vámonos, vámonos, vámonos!”, grita el encargado de varios de esos carritos, un hombre enorme y con delantal de cocina, cada vez que se acerca la Policía y entonces corren el riesgo de que les decomisen la mercadería. En la estamipida, siempre se derrama algún vasito de lote, pero enseguida los carros se reacomodan unas pocas cuadras más lejos y la venta sigue.

También circulan por la esquina principal de la Expo Guadalajara unos cinco o seis vendedores ambulantes. A lo largo del año, cuentan a Clarín, venden flores en semáforos y restoranes. Pero durante estos nueve días, el negocio parecen ser las lamparitas portátiles que se enganchan al propio libro para que la oscuridad del mundo exterior no atente contra la lectura. Cuando se acercan a promocionarlas, cuestan cincuenta pesos mexicanos y en la última oferta ya es posible comprarlas por treinta.

Adentro del predio también hay negociaciones y el stand argentino dentro del pabellón internacional, que instaló la Cancillería y que agrupa a decenas de editoriales, no escapa a esa lógica. De negocios se habla en las varias mesitas ubicadas justo al lado de los estantes en los que cada sello dispuso lo más nuevo o lo más vistoso de su catálogo para los clientes de otros países que estén interesados. “Las editoriales argentinas vienen a Guadalajara especialmente a entrar en contacto con nuevos distribuidores y a levantar pedidos de sus clientes habituales”, explica Martín Mengucci que, como representante de la Cámara Argentina del Libro (CAL), coordina la presencia de las editoriales argentinas que se agruparon en el stand estatal. “El comentario general es que se está trabajando mejor que en 2014”, cuenta. Con él coinciden las editoras Graciela Rosenberg, de Lugar Editorial y presidenta de la CAL, y María Teresa Carbano, de Imaginador. También se ponen de acuerdo en el motivo de la mejoría: según explican, el diseño del stand del año pasado dejaba “muy en el fondo” a varios sellos. Tal vez, como en 2014 Argentina fue el país Invitado de Honor de la FIL, se privilegió lo institucional por sobre lo comercial.

A pesar del optimismo discursivo, no dan números concretos, y cuentan las preguntas con las que se acercaron varios clientes. “Quieren saber qué va a pasar con la importación de libros, si van a cambiar las reglas”, explica Rosenberg, a quien le pidieron libros desde México, Estados Unidos y Centroamérica. “Y preguntan qué a va a pasar con la paridad del dólar y el peso”, agrega Carbano, que vendió libros infantiles y para colorear a las mismas zonas que Rosenberg. En diálogo con sus clientes –y también con Clarín–, ambas editoras contestan lo inevitable: que no saben qué va a pasar, ni con las importaciones ni con el dólar. Estos días de transición presidencial, la salida de Cristina Fernández de Kirchner y la entrada de Mauricio Macri, dan lugar a constantes especulaciones y fluctuaciones, tanto políticas como económicas.

Ayer, por los pasillos del stand se escuchaba a una editora ante una clienta: “El dólar está ralentizado en Argentina, por eso nuestros precios están... difíciles –un eufemismo para decir “altos”, para decir “poco competitivos”. Pero podemos esperar unos quince o veinte días, ver si hay una devaluación, y entonces podemos ajustar los precios”. Kuki Miler, editora de De la Flor, cuenta que el distribuidor que se ocupa de su catálogo aquí, en México, insiste: “Sus precios están muy desfasados”. Es que el papel, una de las instancias de la producción del libro que por estos días resulta más costosa, se paga a unos 16 pesos por dólar, según detallan los editores. La liquidación de divisas por ventas de libros en el exterior se hace al precio oficial del dólar, algo menos de diez pesos por estos días.

Los precios de los libros argentinos en el exterior están desfasados, entonces, porque está desfasado el mercado cambiario en general: buena parte de los costos corre al ritmo del dólar blue, mientras que los ingresos se rigen por el dólar oficial. Para que el balance se equilibre, los precios de los libros argentinos en el exterior son altos –“difíciles”– respecto de la oferta de otros países.

“Las expectativas respecto de una posible devaluación y de la apertura del mercado son distintas según el caso”, explica Mengucci, y profundiza: “El que pasó de imprimir en China a imprimir en Argentina, seguramente se vea favorecido si puede volver a imprimir en China, a un costo más bajo que el actual. El que trabaja con libros de goma eva o de los que se pueden meter en el agua, que no se producen en Argentina, seguramente se vea favorecido al importarlos sin tantas restricciones. Pero las editoriales chiquitas están preocupadas porque, ante una apertura grande del mercado, saben que van a perder su lugar de visibilidad en las librerías”.

Nadie baja los brazos en el stand oficial, que ofreció empanadas y vino para las delegaciones de otros países y que, de a ratos, se llena de interesados en la producción de editores argentinos. Pero los 7.800 kilómetros que separan Guadalajara de la Casa Rosada son sólo una circunstancia: lo que allí ocurra en las próximas semanas será determinante para muchas industrias, también la editorial.



jueves, 18 de diciembre de 2014

Leonora Djament, directora editorial de Eterna Cadencia, con claridad e inteligencia

En el marco del programa de actividades para profesionales de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, el pasado 1 de diciembre tuvo lugar una mesa redonda cuyo tema fue “Edición independiente en México y en Argentina: presente y futuro”. Los participantes fueron los mexicanos Eduardo Rabasa (por editorial Sexto Piso) y Guillermo Quijas (por Almadía) y los argentinos Maxi Papandrea (por la editorial La Bestia Equilátera), Juan Ezequiel Álvarez (por Caja Negra) y Leonora Djament (por Eterna Cadencia). La mesa transcurrió por los carriles habituales hasta la intervención de la última ponente, quien, con inusual contundencia y una claridad que acaso no tuvieron sus compañeros, definió a la perfección la situación del sector y las tareas pendientes, ganándose el mayor aplauso y la aprobación de un público altamente calificado.

Redes

¿Cómo hacer para leer a un autor ecuatoriano en la Argentina o un autor uruguayo en Guatemala? En las últimas décadas, al menos hasta hace unos pocos años, se había vuelto prácticamente imposible leernos entre americanos; salvo, claro está, que se trate de un escritor latinoamericano que haya sido elegido previamente por una editorial grande española y, así, pueda hacer este absurdamente largo (¿o largamente absurdo?) recorrido: salir de Venezuela, por ejemplo, habiendo sido publicado en España, para volver a América con el aval editorial peninsular. No solo se trata de un recorrido absurdo y largo, decía, sino costoso, colonial y poco atractivo.

Efectivamente, España sigue funcionando real y simbólicamente como centro de legitimación literaria. Pareciera que sigue siendo necesario que un suplemento literario o una editorial española consagren a un escritor americano para que éste sea leído en su país natal y alrededores. Miramos con más detenimiento, a veces, qué latinoamericanos descubre Anagrama o Mondadori y prestamos menos atención a lo que publican las editoriales presentes en esta mesa o los atractivos libros de Alquimia, Cuneta o Animal de invierno.

Y lo curioso es que esta circulación dificultosa de los libros por América Latina es algo que les sucede tanto a las editoriales grandes como a las pequeñas, por diferentes motivos. Falta de interés, falta de estructura o falta de financiamiento son los obstáculos internos que tienen las editoriales para mover sus libros. Esa es una parte del problema.

Por otro lado, todos los que estamos sentados sabemos que los problemas regionales que dificultan la circulación de libros en papel en América Latina son muchos y siguen siendo los mismos: los costos de trasportes son muy altos, los correos suelen ser poco eficientes, hay países que todavía cargan con IVA al libro, hay múltiples aranceles diversos que vuelven todavía más caro al libro, las compras son más o menos pequeñas porque las ventas no son altas, el universo de los lectores no crece en la escala que quisiéramos, las dificultades para cobrar en tiempo y forma son de muy variada índole, entre otros problemas. A esta enumeración habría que agregar que no tenemos muchas librerías en América Latina o las tenemos concentradas en las principales ciudades, con falta de sistemas de gestión adecuados.

Ahora bien, no todo el panorama es tan previsible, afortunadamente. Las editoriales pequeñas y medianas latinoamericanas, entre las que sumo la experiencia de Eterna Cadencia Editora desde el año 2008, han adoptado como desafío propio la construcción de alternativas. Desde hace algunos años son las editoriales llamadas independientes las que han comenzado a recuperar las viejas rutas que unían a los países americanos entre sí. Y esto a partir de un trabajo en múltiples sentidos, pero que básicamente es creativo y de generación de vínculos.

Creo que gracias a la enseñanza forzada que implicó primero internet y luego las redes virtuales, hemos aprendido, emulado y practicado algo de la experiencia cibernética. ¿Qué aprendimos? El trabajo en redes, en múltiples direcciones.

Entendimos que no alcanza con tener un distribuidor o un librero que de tanto en tanto nos compre. Entendimos que es necesario crear y fomentar alianzas que vuelvan cada vez más sólidos los lazos entre editoriales y distribuidores, y donde los roles sean flexibles y reversibles. Estoy hablando de distribuciones cruzadas en algunos casos (yo te distribuyo y vos me distribuís), de coediciones, de intercambio de ediciones o impresiones (yo edito un libro tuyo y vos uno mío), traducciones compartidas, trueque de libros.

Esta es parte de la experiencia que llevamos adelante en Eterna Cadencia con editoriales y librerías latinoamericanas y también con editoriales argentinas con las que nos asociamos para trabajar colectivamente en ferias. Es un trabajo de alianzas, donde es necesario, en primer lugar, y antes que nada la afinidad: un mismo modo de concebir el libro, la industria, el catálogo.

Ahora bien, por todo este trabajo de alianzas, de redes, creo que tenemos que empezar a repensar el concepto de identidad de una editorial. Ya no sirve pensar en términos esencialistas aquello que distingue a una editorial sino que hay que empezar a pensar en un concepto relacional: una editorial es lo que es, pero también es lo que es en relación con, o en alianza con, en comunidad con. Y en todo caso, el asunto pasa por pensar cómo se puede construir un catálogo propio, único y, simultáneamente, en asociación con aquel que me distribuye, aquel que me imprime en otro país, aquel que publica algunos de mis autores en otra región. Cómo trabajar con, sin desdibujarse sino resaltándonos mutuamente, para seguir existiendo.

A la par de las asociaciones puntuales, me parece que hay que seguir apuntalando el papel de las librerías hoy. Tanto las cadenas como las librerías independientes –cada una con sus características- son todavía los lugares por excelencia donde nuestros libros están disponibles. Las librerías, en ese sentido, deben ser pensadas como un modo de organizar un mercado y no simplemente como un lugar de expendio de libros. Cómo queremos organizar este mercado es una de las preguntas que tenemos que seguir haciéndonos, para no estar todo el tiempo corriendo detrás de... (detrás de lo que dicta el mercado, lo que dictan las nuevas tecnologías, las reglas que imponen los grandes grupos y conglomerados empresariales).

Del mismo modo, las ferias del libro (tanto las pequeñas, locales, como las regionales o internacionales) tienen un rol importantísimo y no aprovechado todavía en su totalidad. Las ferias son uno de los lugares privilegiados donde pueden comenzar estas alianzas que mencionaba, estos intercambios, descubrimientos de catálogos; donde se pueden apuntalar las relaciones editores-libreros-distribuidores. Y son un lugar donde se puede seguir trabajando en la creación y profundización de lazos entre editores, libreros y periodistas culturales. Y los periodistas son clave en este entramado del que estoy hablando. Son quienes pueden hacer saber qué hay del otro lado de las fronteras y avivar el interés por otros textos. Este asunto debería ser parte de las agendas de los suplementos culturales, de diarios y revistas, así como también la interrogación sobre los modos de legitimación vigentes.

En definitiva, tenemos que seguir apropiándonos de las antiguas rutas latinoamericanas, pero sin voluntarismos. Hay que seguir trabajando en el “tendido” de redes afines entre editores, libreros y críticos latinoamericanos, que sean capaces de sostener y potenciar el trabajo de los escritores y editoriales locales. Y, por supuesto, esto debería ser también “una cuestión de estado”: literalmente, debería incumbirles a cada uno de nuestros países estos temas y cada uno de nuestros estados debería ser capaz de generar políticas productivas y de largo plazo.

Por el momento, seguimos trabajando en el tendido de redes entre países y en múltiples maneras diversas, creativas, novedosas de que nuestros libros lleguen a los lectores hispanoparlantes.

viernes, 28 de noviembre de 2014

España, destino de las traducciones: "No es así"

Una noticia vieja ahora que empieza la Feria Internacional del Libro 2014. Publicada en Excelsior, de México, el 22 de agosto de este año, la noticia, con firma de Luis Carlos Sánchez, da cuenta de los escritores europeos que estarán presentes este año en Guadalajara. Lo interesante del caso es que acá se habla de publicarlos en Latinoamérica y no necesariamente de esperar que España los publique en un castellano ajeno –con derechos para toda la lengua– para después no distribuirlos o distribuirlos mal a precios estratosféricos.

Legión europea, de visita en la FIL

CIUDAD DE MÉXICO, 22 de agosto.- El panorama para la literatura europea en América parece haber cambiado. “Antes se pensaba quizás que con tener presencia en España y una traducción, eso era suficiente para entrar en el mercado de América Latina, pero ahora se ve que no es así”, afirmó Stephan Vavrik, encargado de negocios de la Unión Europea. 

Leena Parkkinen
Las editoriales que buscan dar a conocer sus autores en Latinoamérica, dijo, deben tener ahora una traducción en español de España y una traducción para América Latina y en ese trayecto, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) “realmente representa el continente de América Latina, que es un continente muy importante a nivel comercial” para los europeos.

Sasja Janssen
“Debido al tamaño y la importancia de la FIL no sólo a nivel del continente sino a nivel mundial que cada año es más fuerte, es importante para los autores estar aquí”. La relevancia de llegar al encuentro editorial más grande de habla española, agregó, incluye incluso la posibilidad de llegar al mercado estadunidense: “es necesario traer a los autores a este continente y también para las traducciones en inglés y llegar a los Estados Unidos, la FIL es el punto para entrar y salir en este mercado”.

Stephan Vavrik presentó ayer junto con Marisol Schultz, directora general de la FIL, a los 15 escritores del Viejo Continente que este año visitarán Guadalajara para participar en el Festival de las Letras Europeas que se realiza desde 2011 como parte de la feria.

Del 1 al 4 de diciembre próximo visitarán la FIL los escritores Olga Grjasnowa de Alemania, Xaver Bayer de Austria, Edo Popovi de Bosnia y Herzegovina-Croacia, Roman Simi de Croacia, Drago Jancar de Eslovenia, Ray Loriga de España, Leena Parkkinen de Finlandia, Antoine Volodine de Francia, Cynan Jones de Gales, Valerio Massimo Manfredi de Italia, Sasja Janssen de Países Bajos, Agnieszka Taborska de Polonia, Igor Marojevic de Serbia y Sara Bergmark y Mats Strandberg de Suecia.

Agnieszka Taborska
Carlos Ruiz González, consejero cultural de la embajada de España en México, afirmó por su parte que la Feria Internacional del Libro de Guadalajara “es la feria internacional en español más importante del mundo, más importante que la del libro de Madrid o que la Feria Internacional del Libro de Barcelona, y todos los escritores españoles quieren estar aquí de una manera u otra”.

Stephan Vavrik agregó que la intención de la Unión Europea también es cultural, “queremos mostrar a Europa, que no únicamente es una cooperación económica o un proyecto político, sino que también tiene una historia cultural y una tradición que tiene tres mil o cuatro mil años de literatura”.

Con la intención de crear un puente más sólido con los autores europeos invitados, la lista de escritores generalmente se arma pensando en los que ya cuentan con traducciones al español: “Intentamos invitar a escritores que ya tienen una traducción en México, obviamente es más interesante para el público traer a alguien que ya pueda leer en español, además tenemos una traducción simultánea y se hace en español todo el encuentro. Intentamos apoyar a algunos autores que ya tengan obras en español y aumentar el número de obras que se pueden traducir, la idea de traer al autor a México es que tengan contactos a nivel profesional para tener quizás editores de otras casas, otras traducciones”.

Por su parte, Schultz dijo que “la literatura implica una gran diversidad, la literatura implica dar a conocer autores de muy distintos rincones del mundo, de distintos géneros, de distintas lenguas, de distintas procedencias en todos los sentidos, es de una gran satisfacción que se esté consolidando un encuentro de este tipo”.