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martes, 24 de junio de 2014

El gran poder de síntesis de Andrés Neuman


“El nuevo libro de Andrés Neuman, Barbarismos, es un irreverente diccionario en el que se replantea radicalmente el idioma español”, dice la bajada de la nota publicada en Excelsior, de México, el 31 de mayo pasado.

“A España le queda grande 
el español”

Para el escritor argentino Andrés Neuman, el español es ese “idioma que le queda grande a España”, y Europa es un “continente separado por la misma moneda”.

Ambas definiciones pertenecen a su nuevo libro, Barbarismos, un irreverente diccionario en el que se replantea “radicalmente el lenguaje”.

Este libro “puede leerse como homenaje, y a la vez como sátira, de los diccionarios. Contiene el mismo amor por las palabras que un diccionario clásico, pero con la vocación traviesa de cuestionar la institucionalización del lenguaje, la aspiración museística de centralizarlo”, afirma el escritor en entrevista.

Neuman (Buenos Aires, 1977) acaba de pasar una temporada en Estados Unidos, donde presentó la traducción al inglés de su novela Hablar solos y dio clases en varias universidades; asimismo viajó a Gran Bretaña para participar en el Hay Festival de Gales.

Asegura que regresa cansado a España, el país en el que reside desde los 14 años, pero contento y dispuesto a promover sus Barbarismos (Páginas de Espuma), un libro en el que propone “una reinterpretación un tanto salvaje de la norma lingüística y contradice bárbaramente ciertos eufemismos de la corrección política”, señala el escritor.

Abundan las definiciones en las que el autor de Bariloche o El viajero del siglolanza dardos ácidos contra los sistemas políticos y las instituciones, pero siempre desde “la autosátira”. “Todos participamos en mayor o menor medida de la barbarie”, dice Neumann.

Como ejemplos de esos dardos, pueden valer estas entradas: “Democracia: derecho de todos a elegir el bien de unos pocos”; “Izquierda: ideología política que parece irreconocible hasta que gobierna la derecha”; “Monarquía: sistema que garantiza la igualdad entre todos sus vasallos”.

“Presidente: individuo elegido entre los diversos candidatos que no representan a sus electores”, es otra de las definiciones de este “intrépido aventurero del logos” que es Neuman, en opinión del escritor José María Merino, prologuista del libro.

El ingenio, la poesía, el humor y la ironía impregnan muchas de las entradas de Barbarismos, un provocador diccionario en el que Neuman demuestra su facilidad para los aforismos y redefine las palabras.

“Hay algo fascinante y fundacional, sutilmente primitivo, en la palabra literaria, que es la posibilidad de replantearse radicalmente el lenguaje, vocablo por vocablo, como hacen los niños o la poesía”, considera Neuman, que refleja su amor por la lectura y la escritura en muchas definiciones.

“Biblioteca: muchedumbre que espera su turno de palabra”. “Escritor: individuo que fracasa en el intento de ser exclusivamente lector”. “Libro: Soledad plural”. “Poeta: extranjero de su lengua materna”.

En este singular diccionario, que amplía y revisa el glosario que el autor publicó en el suplemento cultural del periódico ABC, también está presente la nueva realidad digital con definiciones como las de “Facebook: sistema inmejorable de espionaje en que los vigilados colaboran activamente con sus vigilantes” y la de “Internet: éter superpoblado”.

Este escritor, que fue seleccionado por la revista británica Granta entre los mejores narradores jóvenes en español y que ha merecido premios como el Nacional de la Crítica, el Alfaguara de novela y el Hiperión, se pasa media vida viajando y reconoce que ese trajín puede afectar el proceso de escritura.

“Cambiar de lugar, hora e idioma te dificulta escribir, pero propicia algo tan o más importante: distanciarse de lo escrito, cambiar de opinión, sentirse un poco más extranjero que de costumbre. La costumbre también es una nacionalidad. Y bastante peligrosa, porque te impide imaginarte siendo otro, que es una de las funciones más subversivas de la escritura”, afirma el narrador.

La definición de “argentino” (“extranjero específico”) refleja a la perfección cómo se siente Neuman, “con familia y memoria en ambas orillas” del océano Atlántico y acostumbrado a observar a cada uno de sus países “desde el otro”.

“Eso genera dos identidades, pero también dos extranjerías. Incluso tengo dos acentos, que me resultan naturales porque ambos fueron adoptados en la infancia. Así que me siento un poco anfibio. Mi madre nació en Buenos Aires y murió en Granada. ¿Cómo vas a elegir entre la cuna y la tumba de tu madre?”, señala.

El humor es para Neumann “una manera de transgredir los límites socialmente aceptados y tiene, por tanto, cierta vocación crítica. Su efecto ideal sería pensar riendo”.


Y ese humor invade las páginas de Barbarismos, como lo demuestra, por ejemplo, la definición de “Gilipollas: célebre insulto que murió al ser admitido por la Real Academia de la Lengua”.

lunes, 14 de abril de 2014

Mientras Andrés Neuman piensa cómo se llama la maniobra que había que hacer, su traductor se ahoga con un pedazo de bife en Oklahoma

Andrés Neuman y George Henson
La siguiente entrada, poco menos que increíble –pero a Andrés Neuman le pasan estas cosas– fue publicada el pasado 4 de abril en el blog Microrréplicas, que es una suerte de bitácora sobre dónde anda la cabeza del agudo Andrés en cuestión. 

Speechless

Mientras cenábamos en espera del discurso final del Puterbaugh Festival, los comensales repartidos en floridas mesas como en las bodas, media Oklahoma masticando con moderada ebriedad, corbatas, pajaritas, escotes y collares, mi traductor George Henson soltó de golpe sus cubiertos y comenzó a toser y jadear y retorcerse. Intentó ponerse en pie, trastabilló, volcó dos vasos. Con los ojos muy abiertos, progresivamente enrojecido, movía los labios sin articular palabra. Enseguida apareció un profesor de lengua que alzó en brazos al corpulento George, con una facilidad menos atribuible al gimnasio que a la desesperación, y se puso a aplicarle violentos apretones. George no parecía reaccionar. Su mirada adquirió cierta fijeza vítrea, como la fotografía de un espanto. Sus facciones dejaron de temblar. El rubor de las mejillas dio la impresión de opacarse. Cuando lo tumbaron en el suelo para masajearle el pecho, di dos pasos atrás, intentando abarcar la desgracia, y me preparé para la aguda simpleza de lo peor. Los zapatos de mi traductor asomaban, divergentes. El silencio de la sala era quirúrgico. Noté cómo las lágrimas me pinchaban los ojos. Entonces las piernas de George se flexionaron, se lo oyó regurgitar, aullar, y finalmente se incorporó. La sala se elevó con él en un suspiro. Un bocado de carne le colgaba de la solapa, al modo de una rosa quemada en el ojal. En cuanto recuperó el aliento, miró a su alrededor y dijo con asombrosa calma: «I’m afraid I was enjoying too much my dinner». Corrí a abrazarlo. El profesor de lengua se retiró con la discreción calculada de los salvadores. Los invitados regresaron a sus mesas y la cena se reanudó. Además de reordenar nuestras prioridades, George nos recordó drásticamente otras tres cosas. Que los traductores merecen mucha más atención de la que suelen recibir. Que de ellos depende la respiración del relato. Y que, si algún día nos faltasen, de pronto el mundo entero se quedaría sin palabras.


jueves, 7 de marzo de 2013

¿Verga funcionaría como latinoamericano?

El 25 de enero pasado, en su blog Microreplicas. Reflexiones dispersas en 100 palabras (ver), nuestro amigo, el  siempre sesudo escritor argentino Andrés Neuman publicó la siguiente entrada que, seguramente, le planteará más de un interrogante a los traductores, filólogos y lexicógrafos que frecuentan este blog..



Conversaciones con mi traductora
(y su amiga)

«Querido Andrés:
¿podrías darme algunos sinónimos de 'pene' en español, que usen los jóvenes hoy en día? No es que después de traducir tu libro de pronto quiera extender mi vocabulario en el terreno sexual, eh. Es que mi vecina (que es escritora) está escribiendo una escena donde unos jóvenes holandeses, de vacaciones en la Costa Brava, han aprendido ciertas palabras de unos jóvenes españoles. Yo no pude pensar en nada más que 'pico', pero a mi vecina no le gustó porque se parece mucho al holandés. Supongo que tú conoces varios más. Saludos.»

«Querida Corrie:
respecto al miembro viril en España, ahí van algunos sinónimos ("pico" no lo he oído jamás por aquí, tu vecina tiene razón). ‘Polla’ es el más frecuente y coloquial en toda España. ‘Rabo’ quizá suene más madrileño, igual que ‘picha’ suena más andaluz. ‘Verga’ funcionaría como latinoamericano en general, igual que ‘poronga’, ‘trozo’ y sobre todo ‘pija’ sonarían específicamente argentinos. ‘Pito’ sería una palabra de connotaciones infantiles en todo el mundo hispano. Hasta aquí, mis genitales. A partir de aquí, mi abrazo.» 

«Hola, Andrés.
Le he pasado tus genitales a mi vecina. Ella te lo agradece mucho. Un abrazo, Corrie.»


miércoles, 27 de junio de 2012

El traductor como amante

El 22 de junio pasado Andrés Neuman publicó en la revista Ñ la columna que se reproduce a continuación. Si nos atenemos a la serie de comentarios y suspiros despertados entre las lectoras, resulta claró que causó sensación.

Traducirnos

Recuerdo, traduzco a mi amado Larkin: “La noche no ha dejado nada más que mostrar:/ ni la vela ni el vino que dejamos a medias,/ ni el placer de tocarse;/ solamente este signo de tu vida/ caminando por dentro de la mía”.

Amor y traducción se parecen en su gramática. Querer a alguien implica transformar sus palabras en las nuestras. Esforzarnos en entender a la otra persona e, inevitablemente, malinterpretarla. Construir un precario lenguaje en común. Para traducir un texto de manera satisfactoria hace falta desearlo. Codiciar su sentido. Cierta necesidad de poseer su voz. En ese diálogo que alterna rutina y fascinación, conocimiento previo y aprendizaje en marcha, ambas partes terminan modificadas.

El amante se mira en la persona amada buscando semejanzas en las diferencias. Cada pequeño hallazgo queda incorporado al vocabulario compartido. Aunque, por mucho que intente capturar el idioma del otro, lo que al final recibe es una lección acerca del idioma propio. Así de seductora y refractaria es su convivencia. Quien traduce se acerca a una presencia extraña en la cual, de alguna forma, se ha reconocido. El texto le presenta un misterio parcialmente indescifrable y, al mismo tiempo, una suerte de familiaridad esencial. Como si traductor y texto ya hubieran hablado antes de encontrarse.

Traductores y amantes desarrollan una susceptibilidad casi maníaca. Dudan de cada palabra, cada gesto, cada insinuación que surge enfrente. Sospechan celosamente de cuanto escuchan: ¿qué habrá querido decirme en realidad? Amando y traduciendo, la intención del otro se topa con el límite de mi experiencia. Yo me leo leyéndote. Te escucho en la medida en que sepas hablarme. Pero, si digo algo, es porque me has hablado. Dependo de tu palabra y tu palabra me necesita. Se salva en mis aciertos, sobrevive a mis errores. Para que esto funcione, tenemos que admitir los obstáculos: no vamos a poder leernos literalmente. Voy a manipularte con mi mejor voluntad. Lo que no se negocia es la emoción.

miércoles, 4 de abril de 2012

Andrés Neuman aguza el ingenio y la Academia, no

En su blog Microréplicas (http://andresneuman.blogspot.fr/), el 8 de marzo pasado, el escritor argentino Andrés Neuman ha publicado la siguiente columna a propósito del sexismo y la Academia, que, por su pertinencia con algunos de los últimos posteos, reproducimos a continuación.

Especialmente el padre

La Real Academia, que no es ninguna fulana (fulano, na: 1. Alguien cuyo nombre se ignora o no se quiere expresar. 5. Prostituta) sino una autoridad en la materia, nos ha hecho el honor (honor: 3. Honestidad y recato en las mujeres, y buena opinión que se granjean con estas virtudes) de emitir unas recomendaciones que han sido la comidilla (comidilla: 1. Tema preferido en alguna murmuración o conversación de carácter satírico. «La conducta de fulana es la comidilla de la vecindad») de estos días. Como legítima jueza (jueza: 2. Mujer del juez) de nuestro idioma, razona la Academia que el sexismo lingüístico no es motivo suficiente para ir por ahí desvirgando gramáticas (desvirgar: 1. Quitar la virginidad a una doncella) y que, si continuamos así, terminaremos hablando como verduleros (verdulero, ra: 2. Mujer descarada y ordinaria) y confundiendo al prójimo (prójimo: 1. Hombre respecto de otro, considerados bajo el concepto de la solidaridad humana. Artículo enmendado; prójimo, ma: 3. Mujer de poca estimación pública o de conducta dudosa. 4. Mujer respecto del marido). Por eso estoy convencido, no sólo como escritor sino como individuo (individuo, dua: 7. Mujer despreciable) de que los académicos, en general ellos y a veces ellas, jamás dejarán a sus hablantes huérfanos (huérfano, na: 1. A quien se le han muerto el padre y la madre o uno de los dos, especialmente el padre). Nuestra lengua materna está llena de padres.

lunes, 3 de enero de 2011

La lengua como software milagroso

La habitual columna de Andrés Neuman,  escritor argentino radicado en España, en la revista Ñ del viernes 24 de diciembre pasado estuvo dedicada a la reforma de la ortografía propiciada por la RAE. He aquí sus conclusiones, con la bonhomía a la que su autor nos ha acostumbrado.

Fazer software

Los cambios nos dan miedo. Y cierta pereza (el monárquico diccionario también admite fiaca). Por eso solemos preferir las normas a las que ya estamos acostumbrados, aunque no todas sean razonables. Mucha gente se horroriza ante los cambios ortográficos propuestos por las academias de la lengua. Sin embargo, algunos me parecen atendibles. Pasar de quórum a cuórum, continúa una evolución que viene dándose desde el latín vulgar. De hecho, si no seguimos escribiendo en latín es por miles de transformaciones como ésa. La desaparición de las tildes en los monosílabos tampoco es nueva: nuestros abuelos escribían y fué. Simplificar y unificar, más que un capricho académico, es una tendencia interna de la lengua. Habrá quien eche de menos (el monárquico diccionario también admite extrañar) la exótica q de Irak, como hace añares alguien pudo lamentar la desaparición de la bonita ç. En  fin, hablantes, ¿qué le vamos a fazer? Un dioma no es un conjunto de reglas que permanecen estáticas al alcanzar la perfección, sino un sistema perpetuamente na marcha. Conviene mantener la perspectiva histórica. Y la geográfica. El alemán acaba de reformar drásticamente su ortografía, causando trastornos mucho mayores. El francés padece una ortografía retorcida, tan apegada a sus etimologías que pocos franceses logran escribirlo correctamente. El español supo simplificarse, y no le ha ido tan mal. Pienso en la lengua como un milagroso software que, un par de veces por siglo, se actualiza levemente. Me sorprende que eso nos moleste tanto, mientras pagamos fortunas por utilizar sistemas operativos que se actualizan todos los días, y sin debates previos. Eso sí, y aquí protesto: ¿qué hacemos con las tildes del adverbio sólo? ¿Las dejamos solas? Me acuerdo del verso de Machado: "Quien habla solo espera hablar a Dios un día". Sin tilde, el verso es irónico. Con tilde, el pobre Machado se vuelve religioso. ¡Qué distinto es hablar solamente y hablar solos! Lo primero lo hacemos cada día los hablantes. Lo segundo ojalá no lo hagan nunca los académicos.

viernes, 24 de septiembre de 2010

La opinión calificada de Andrés Neuman


Andrés Neuman es no sólo un buen escritor, sino  sobre todo un buen tipo. Emigrado con sus padres a Granada siendo niño, viene desde siempre llevando a cabo la voluntaria tarea de llevar y traer las novedades de uno a otro lado del Atlántico. Oficia entonces como una suerte de nexo entre primos malquistados y, por lo tanto, sabe de qué habla. Se reproduce entonces lo dicho en una conferencia de prensa reciente, cuyo texto se publico en Ñ digital, del 16 de septiembre pasado. 

Es mejorable la difusión de la literatura española en América 

El escritor argentino Andrés Neuman opinó hoy que "hay mucho que trabajar" para mejorar la difusión de la literatura española en Hispanoamérica, que, a su juicio, es "deficiente" por razones no sólo de distribución comercial, sino también ideológicas

El escritor argentino, autor de obras como El viajero del siglo, premio Alfaguara de Novela (2009), o La vida en las ventanas, explicó en rueda de prensa que a él le gusta pensar en una literatura en español "como un todo con sus partes complejas", aunque el mercado editorial vaya en la dirección contraria.

"La comunicación editorial no es demasiado fluida, las grandes editoriales muchas veces compartimentan su catálogo por nacionalidades, y ése es un grave daño para la literatura en español", señaló.

Pero además Neuman es de la opinión de que siguen existiendo "obstáculos ideológicos", como la "sensación más o menos justificada" que a veces existe entre los lectores iberoamericanos de que los grandes grupos editoriales son "como una segunda o tercera generación de colonialismo".

Esos lectores, apuntó, se preguntan por qué no hay traductores panhispánicos y la literatura se traduce siempre en España. A lo que se suma una cierta "sensación de deuda", como si en Hispanoamérica pensaran que ahora toca leer a sus autores, añadió.

A su modo de ver, también existe una falta de comunicación entre las literaturas de los países americanos, incluso entre vecinos, hasta el punto de que resulta difícil encontrar a algunos autores uruguayos en las librerías argentinas o a los chilenos en Colombia.

El escritor argentino está trabajando en una nueva narración, que transcurrirá en la época actual y tendrá a un niño como protagonista, y el próximo mes, dijo también, estará en las librerías el quinto volumen de la antología del cuento en español que empezó a publicar hace ya una década la editorial Páginas de Espuma.

Esta quinta entrega reunirá cuentos de cuarenta autores españoles que han debutado en el género durante la última década y que, por esa razón, se quedaron fuera del primer volumen dedicado al relato corto español.

Como antólogo, explicó, ha tratado de ser "lo menos sectario posible" e incluir a los más diversos grupos y estéticas dentro del panorama "muy ecléctico" de un género que vive un momento de "plenitud vital" en España. 

lunes, 15 de febrero de 2010

Lectores que atrasan respecto de los diccionarios y las academias

Poeta, narrador y traductor, Andrés Neuman (Buenos Aires, 1977) reside desde hace muchos años en Granada, España, lo que le ha permitido convertirse en algo así como una criatura anfibia: por un lado, sabe lo que pasa allá y, por otro, también lo que ocurre de este lado del Atlántico. Dicho de otro modo, Andrés, a esta altura un viajero inveterado, va y viene comunicándonos a todos lo que se cuece en cada lugar. Último ganador del Premio Alfaguara, por su novela El viajero del siglo, sus otras novelas están publicadas en Anagrama, sus cuentos en Páginas de Espuma y su poesía y traducciones de poesía en Acantilado, por lo que no podría sospecharse de ningún modo que sus observaciones sobre la política editorial española en materia de traducciones así como sobre los lectores peninsulares las haga sin conocimiento de causa. Todo este preámbulo tiene que ver con el contenido de la breve columna que Neuman publicó el sábado 13 de febrero pasado en la revista Ñ, de Buenos Aires, y que reproducimos a continuación, con la esperanza de que nos permita reflexionar conjuntamente.

Foto: Pepe Marin

Tradúzcamelo

Leo una interesante conversación que publicó Babelia entre Javier Cercas, Almudena Grandes y Agustín Fernández Mallo. Si bien (afortunadamente) discreparon bastante en sus interpretaciones sobre la historia española, la influencia latinoamericana o el fantasma onanista de la posmodernidad, los tres coincidieron en un mismo silencio. Todos hablaron de la lengua común. Pero ninguno habló de las traducciones.

Se cita a menudo la borgeana metáfora de Carlos Fuentes sobre el territorio de La Mancha y sus 400 millones de hablantes. Esa mancha tendría que impregnarnos, teñir de Norte a Sur nuestras ropas. Durante varias décadas hubo una escuela de traductores argentinos que traducía para el mundo hispanohablante. Por motivos de industria cultural, hoy España está cumpliendo esa función. Para hacerlo satisfactoriamente, necesita desautomatizar su dialecto y pensar el idioma de manera fronteriza. Una cosa es el derecho literario a emplear una jerga nacional, sea cual sea, y otra muy distinta es pretender que los lectores de otros países se identifiquen con esa jerga. Y que paguen por ella. Varias generaciones de escritores españoles se educaron leyendo traducciones latinoamericanas. Más que una voluntad cultural, fue una consecuencia forzosa de las prohibiciones franquistas. Hoy las editoriales publican a escritores latinoamericanos, pero rara vez contratan traducciones hechas en Latinoamérica. Esto demuestra que en España, pese a las buenas intenciones de Cercas o Grandes, el modelo de lector en castellano sigue siendo peninsular. Diccionarios y academias ya son, o intentan ser, panhispánicos. Reconocen diferencias y buscan territorios comunes. Sin un concepto panhispánico de la traducción, la lengua compartida y el diálogo entre orillas serán sólo quimeras diplomáticas. Para traducir al español la literatura mundial hace falta moldear el oído en el vocabulario de los distintos países que hablan nuestro idioma. Aprender las variantes, atesorar las coincidencias. Cuando se mete en otras bocas, la Madre Lengua puede tener coño, concha o chucha. Pero siempre tendrá vagina.