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miércoles, 8 de mayo de 2024

Un diálogo con los editores de Chai

El 29 de abril pasado, Valeria Tentoni publicó en el blog de Eterna Cadencia una entrevista con Soledad Urquía y Santiago La Rosa, dueños y directores de la editorial Chai. Se reproduce a continuación.

“La literatura no puede pensarse en términos exclusivamente de mercado”

Chai (חי) es una palabra y un símbolo hebreo que significa "vida", "vivo" o "vivir". La palabra china chá (查) para revisar, examinar, investigar. El término hindi chai significa una mezcla de especias impregnadas en una bebida parecida al té. El nombre "chai" es en realidad la palabra hindi para "té", que se deriva de "cha", la palabra china para "té". Bajo esta galaxia de ideas se presenta la editorial fundada en 2019 en San Javier, Córdoba, por Santiago La Rosa y Soledad Urquía, dos escritores que venían de dedicarse a cosas muy diferentes.

Dedicados a la traducción de narrativa contemporánea de todo el mundo, los editores explican: “Buscamos compartir los libros que nos gustaría leer y que no están disponibles en castellano, seleccionados desde el placer y la experimentación. Nuestro catálogo es la biblioteca que querríamos tener en casa”.

Sus libros vienen del inglés y del francés y este año, por primera vez, también del japonés, con Dorayaki, de Durian Sukegawa.

Se lanzan por primera vez a una traducción del japonés, ¿qué les interesa de ese mundo y cómo hace juego con su catálogo presente?
Siempre me interesó la literatura japonesa, me gustan mucho autoras como Yuko Tsushima, Yu Miri, Yasushi Inoue o cosas más clásicas como Natsume Soseki. Sin embargo, nosotrxs no hablamos japonés así que llegábamos a estxs autorxs cuando ya estaban traducidxs al español. El caso de Dorayaki fue distinto: existía una traducción muy linda del libro al inglés que leímos con mucho entusiasmo. La novela había sido traducida a muchísimos idiomas pero por alguna razón los derechos de traducción al español estaban libres.
En realidad el catálogo de Chai apunta a traducir literatura contemporánea de todo el mundo. Pero pensamos mucho antes de elegir cada libro de nuestro catálogo así que tiene que estar publicado en un idioma que conozcamos (idealmente preferimos leer el original pero, como nos pasó por ejemplo con los libros de Léger, a veces llegamos a través de las traducciones en inglés). Después siempre la traducción es desde el idioma original del libro, en el caso de Dorayaki desde el japonés.

Chai se destaca especialmente por sus traducciones y por darle un lugar de autoría a quienes las ejecutan, visible desde la web y desde las portadas de los libros. ¿Qué pueden contarnos de su posición con respecto a esto? ¿Qué lugar tiene la traducción para Chai?
Para nosotrxs el trabajo de lxs traductorxs es fundamental, son las personas que en definitiva eligen las palabras que vamos a leer. En realidad, creo que dos traducciones muy buenas del mismo texto pueden ser muy distintas entre sí porque algo de la mirada y la sensibilidad de la persona que traduce se filtra en el texto final.
Por nuestra parte cuidamos mucho las traducciones: la fluidez, precisión, legibilidad y fidelidad al contenido y al tono del texto original.

También es interesante de Chai que haya una colección curada especialmente por un escritor, Federico Falco y la de cuentos. ¿Qué pueden contarnos de este trabajo en conjunto?
Federico Falco es muy amigo así que el trabajo sucede de forma muy fluida y natural. La idea es que los libros que pertenecen a la Colección Cuentos sean elegidos por lxs tres, Santiago, Federico y yo. Federico también hizo junto a Santiago la selección de los mejores cuentos de Deborah Eisenberg: Relatos y La venganza de los dinosaurios.
En realidad, siempre estamos hablando de libros, por ejemplo Eisenberg y Beattie son dos autoras que Federico siempre nombraba antes de que existiera Chai.

¿Cómo nació la editorial? ¿Cuál es su prehistoria?
Santiago y yo siempre leímos mucho y la literatura siempre tuvo un lugar muy importante en nuestras vidas. Sin embargo, nos formamos en otras cosas, él el psicoanalista y yo soy ingeniera industrial y psicóloga, y trabajábamos en ámbitos que no tenían nada que ver con la literatura. Cuando nos mudamos a las sierras de Córdoba surgió de manera muy natural la idea de armar una editorial dedicada a la traducción de narrativa contemporánea. Hablamos con editorxs y con amigxs del mundo del libro. Empezamos a trabajar, yo un poco siento que fuimos aprendiendo a hacer libros haciéndolos.

¿Cuáles fueron sus primeros títulos y cómo diseñaron el camino?
Los primeros títulos fueron Ocho de Amy Fusselman y Un hombre con suerte de Jamel Brinkley, de la Colección Cuentos. Son dos libros muy representativos de catálogo porque son autorxs contemporáneos que además escriben sobre la sensibilidad contemporánea. La idea siempre es que sean libros que nos den muchas ganas de leer, que nos entusiasmen mucho. Santiago, sobre todo, lee muchos manuscritos, descarta un montón, hay muchas cosas que están muy buenas pero intentamos que todos los libros de Chai tengan una singularidad, que de alguna manera aporten algo distintos a la escena narrativa.

¿Qué pueden contarnos del diseño de portadas, de la colección como objetos libro?
Desde el principio nos pareció que el diseño era fundamental. Por un lado, porque creemos que hoy el libro compite con muchos estímulos y que tratar de generar un objeto con una estética particular aporta a la experiencia de lectura. Además seguimos un poco lo que a veces llaman el modelo europeo de portadas, es decir que cualquier persona note rápidamente que es un libro de Chai más allá de las diferencias puntuales de cada título. Esto quizá contribuyó a armar una identidad como editorial lo que ayudó mucho porque en general nosotrxs publicamos autorxs que la gente no conoce. Apuntamos a que lxs lectorxs busquen los libros de Chai porque confían en el catálogo en general. Por suerte de a poco fue pasando.
Al diseño de identidad lo hicieron Vicky Lamas y Joaquín Burgariotti.

"La biblioteca que nos gustaría tener en casa", dicen de su catálogo; ¿cómo es esta relación, como editores, entre el catálogo y su gusto personal?
La verdad es que siempre pensamos que los libros que publicamos nos tienen que gustar muchísimo. De alguna manera, eso generó algún tipo de coherencia en todo el catálogo que quizá es difícil de precisar porque justamente tiene que ver con nuestros gustos. De todas formas, la identidad del catálogo se fue haciendo cada vez más fuerte y de alguna manera tomó vida propia. A veces hay cosas que nos gustan pero que creemos que no son para Chai.

¿Qué idea de lector tiene Chai? ¿Qué tipo de lectores les interesa encontrar con sus libros?
Es difícil especificar un tipo de lector. En principio personas a las que les guste leer y a las que les interese descubrir nuevas voces narrativas.

¿Cómo se piensan en el ecosistema del libro independiente argentino y latinoamericano?
Para nosotrxs fue una sorpresa encontrarnos con tantos lectorxs, tanto en Argentina como en Latinoamérica. Valoramos mucho la cantidad de editoriales independientes que hay puntualmente en Argentina y la diversidad que se puede encontrar en las publicaciones. Es muy lindo ver, por ejemplo en la FED, cómo conviven propuestas editoriales tan diferentes entre sí en todo sentido y cómo cada una de estas propuestas tiene un público al que le interesa.

¿Qué expectativas tienen ante el 2024? ¿Qué pueden decirnos del valor de la ley de precio único del libro?
Creemos justamente que esta diversidad está en riesgo si desaparece la ley del precio único del libro. Esto no solo impactaría en las editoriales independientes sino también en las librerías de barrio y en el tipo de libros que se ofrecerían en las grandes cadenas. Hay personas que lo explican mucho mejor que yo, pero creemos que la desaparición de esta ley sería algo muy triste para el ecosistema del libro independiente y también para lxs lectorxs que buscan variedad en lo que se ofrece para leer. Creo que la literatura no puede pensarse en términos exclusivamente de mercado porque muchas voces quedarían totalmente excluidas.

martes, 5 de julio de 2022

El mercado editorial local: estrategias y nombres

El pasado 26 de junio, Milena Heinrich publicó en el sitio de la agencia TELAM el siguiente artículo, donde diversos editores independientes explican cuáles son sus estrategias y qué autores internacionales eligen para insertarse en el mercado.


Muchos sellos apuestan a sumar voces internacionales en la comunidad lectora argentina

Si la tarea del editor, de la editora, supone siempre asumir un riesgo, entonces qué tipo de perspicacia entra en juego en los sellos argentinos cuando apuestan por poner en circulación literaturas internacionales en principio ignotas o con trayectorias ajenas a la comunidad lectora de nuestro país: ¿Cómo se piensa un proyecto de construcción a largo plazo cuando se decide publicar autores internacionales por fuera de los nombres más célebres?

Desde el fenómeno que generó Los elementales de Michael McDowell, el fervor de Mi abandono de Peter Rock, también autor estadounidense; pasando por el interés en Cynan Jones, Jamaica Kincaid, Deborah Eisenberg o Jesse Ball, sin olvidar rescates como la reedición de libros de Stanislaw Lem o de Kurt Vonnegut, el catálogo editorial que se publica en Argentina de narrativas internacionales está plagado de joyitas escondidas, descubrimientos y traducciones de calidad, que aportan mucho a la bibliodiversidad y expanden las conversaciones de la escena internacional por fuera de los best sellers del momento o autores hiper reconocidos.

Si todo libro implica un riesgo, ¿cómo toman impulso las editoriales medianas y pequeñas para publicar voces que en principio son poco conocidas en nuestro país, tienen una circulación muy menor entre la comunidad lectora local o quedaron quizá un poco en el olvido, a pesar de que sus libros hayan cosechado sustanciosos reconocimientos? Detrás de un editor o editora, se sabe, hay buenos lectores y detrás de esos libros que llegan con la impronta de cada editorial argentina, buenas traducciones. Un poco de la fórmula que trae la industria editorial independiente para abrir el juego en el mercado.

“El riesgo es muy grande para una autor conocido, pero es mucho mayor cuando se trata de uno desconocido. A los costos de la traducción, hay que sumar la corrección de la traducción y los derechos en moneda extranjera. El costo es tan grande que exige vender muchos ejemplares para solo cubrir los gastos”, explica Diego D'Onofrio a Télam, editor de La Bestia Equilátera, sello que en su catálogo apuesta por rescates de libros de autores como Michael McDowell, Elizabeth Taylor, Muriel Spark, entre otros.

Mucha de la apuesta de La Bestia en estas publicaciones cuyas ediciones originales fueron hace décadas responde a una premisa: ”Nada mejor que el paso del tiempo para evaluar lo que queda de un libro”, como sostiene su editor. “La necesidad de los agentes, editores, prensa, por imponer una novedad muchas veces no permite discriminar la calidad de un libro de una cuestión meramente publicitaria. Cuando ya pasaron 40, 50, 60 años desde el momento de publicación, ese lapso permite tener en cuenta solo aquellos libros que han sobrevivido: por lo habitual solo resiste el paso del tiempo aquellos libros muy buenos”.

Por otro lado, también es cierto que hay “muy poco de una elección o preferencia” para publicar autores ignorados o poco leídos, dice D´Onofrio e inserta una variable clave en la medida que una editorial es también un actor en el mercado y necesita diferenciarse: “En España existen unas 200 editoriales que están activamente traduciendo todos los best sellers, libros premiados, y aquellos con muy buena crítica. Entonces queda muy poco para publicar y no existe otra opción más que ir hacia lo desconocido u olvidado. Allí la exigencia aumenta porque no existe la repercusión internacional del libro, y en muchos casos tampoco se puede entrevistar a los autores ya que están muertos. Por lo tanto solo queda como argumento de venta la calidad del libro. La exigencia termina siendo enorme”.

Como dice Hernán López Winne, cofundador de Godot, el riesgo siempre es el mismo: “No hay forma de saber si el libro va a vender bien o no. La lógica para asumir riesgos es siempre la misma: el libro nos gustó mucho y suponemos que puede vender bien. Después hay que lograr que eso suceda, y ahí está presente esa incertidumbre que solo se puede zanjar una vez que el libro fue publicado y llegó a las librerías”.

El catálogo de Godot se especializa sobre todo en no ficción pero también editó literatura de Woolf, Cheever o Beckett. Sin embargo, la incorporación del contemporáneo Peter Rock con el libro Mi abandono es un caso que desde el propio sello consideran “extraño”. “No es algo que esté en nuestros planes, en principio, publicar autores contemporáneos extranjeros de ficción”, aclara.

Pero “como pasa siempre (o casi) en el mundo de la edición, nos llegó la novela a través de una agencia, la leímos en cuestión de horas y la contratamos –cuenta López Winne–. Así que el primer paso fue medio un salto al vacío: la novela nos partió la cabeza, como nos pasa con libros de no ficción, hicimos una oferta y avanzamos. Después pasó lo deseable: el libro se vendió muy bien, y las otras novelas que escribió Peter son igualmente extraordinarias, tenemos publicadas dos más, tenemos contratadas dos más, y vamos a seguir adelante con el resto de su obra, todo lo que podamos”.

Bien distinta es la experiencia de Chai Editora, un sello que se gestó con la idea de publicar y traducir narrativa contemporánea extranjera. Soledad Urquia, su fundadora junto a Santiago La Rosa, piensa que en el riesgo está la definición de su editorial, donde la apuesta va más allá del libro. ”Eso genera un pacto con los lectores y lectoras, que no buscan el nombre un autor conocido o autora conocida o un libro sobre un tema resonante sino la curaduría”, dice la editora.

Se teje así una “complicidad” y “confiamos en que eso vibrante que nosotrxs encontramos en los textos que decidimos publicar también resuena y es interesante para los lectores y lectoras. Priorizamos sobre todo la experiencia de lectura”, dice Urquia sobre la propuesta de Chai de “incorporar nuevas voces a la escena literaria de Latinoamérica y España, con todos los riesgos y el trabajo de presentación que eso implica”.

Para Chai un ingrediente fuerte de esa apuesta está en la traducción, tarea que encomiendan a escritores: a Laura Wittner y Esther Cross para Cynan Jones; a Virginia Higa para Amy Fusselman, y a Federico Falco para Deborah Eisenberg. ”Leemos mucho antes de decidir publicar un libro. Es cierto que buscamos textos que a nosotrxs nos parecen de calidad literaria, por llamarlo de alguna manera, pero sobre todo elegimos libros que nos encantan y que sentimos que vale la pena traducir. Es decir, que aportan algo nuevo al panorama literario”.

Con esa convicción trabajan desde el año 2002 en Interzona, que publica literatura, ensayo y teatro local pero también internacional. En palabras de Luciano Páez Souza, su editor, ”a veces los autores o autoras que elegimos traducir son voces reconocidas en sus países o fuera de ellos pero no tanto en Argentina o Latinoamérica. Pero creemos, aunque empecemos desde muy abajo, que siempre se puede construir y la audiencia lectora aumenta porque el aporte que se hace a la constelación literaria es necesario y está en diálogo con las tradiciones que manejamos”, dice y ejemplifica el caso de Stanislaw Lem con Borges y la tradición fantástica local, desde Oesterheld hasta Cortázar.

A Páez Souza le gusta decir que en Interzona son ”una editorial de autores” con “un fondo editorial”. Esto es “textos inoxidables e imperecederos con los que se puede construir un sólido fondo editorial de catálogo y de calidad. La idea de fondo editorial se apoya en esta construcción del recorrido con los autores y en que nos refugiamos en la literatura. Y por eso estamos un poco más lejos de las tendencias o modas”.

Como señalaba D´Onofrio, publicar voces de afuera implica esfuerzos económicos que cotizan en otra moneda, eso en el caso de que los derechos de autor estén todavía en vigencia. Por eso Páez Souza dice que “riesgo siempre hay” pero que también hay mecanismos que acompañan estas circulaciones. Así como en “Argentina está el Programa Sur, para quien quiera traducir autores de Argentina, lo que hace que el riesgo que asume un editor sea menor”, también existen otras alianzas cuando se quiere publicar a un autor o autora internacional “ya sea para la ayuda en términos económicos como la sinergia que se arma para la difusión y actividades culturales”. Así, celebra el editor, “una lectura invita a otras lecturas, por lo que muchas veces nuestro recorrido lector arroja luz sobre esas escrituras excelentes pero un poco escondidas”.

Para D´Onofrio, de La Bestia Equilátera, en los blogs literarios internacionales se pone a prueba el olfato, donde como entrecomilla él, está el “descubrimiento”. Sin embargo con eso no es suficiente: “Luego hay que leerlo y tratar de imaginar su traspaso a la lengua española. En general la ficción vende por su tema: debe tener algún toque existencial, tratar de alguna manera el tópico de los vínculos de pareja y las relaciones familiares. Pero el tema atractivo sin talento literario, desprovisto de estilo, no tiene valor”.

martes, 10 de agosto de 2021

"Publicar sin constricciones, sin cálculos"

Chai Editora es una editorial fundada en San Javier Córdoba (Argentina) en 2019 por Soledad Urquía y Santiago La Rosa. Hasta agosto de 2021 habían publicado trece títulos en novela, cuento y ensayo autobiográfico.” Eso dice la bajada de la entrevista firmada por Jacobo Zanella con ambos directores de la casa cordobesa, publicada el pasado 5 de agosto por la revista mexicana Letras Libres.

Chai: la editorial como conversación literaria

–¿Qué es la voz editorial? ¿Por qué es tan importante para ustedes?
–En un contexto de profusión de editoriales y propuestas que muchas veces se superponen y se desdibujan a lo largo del tiempo y el espacio, la definición de la voz y el catálogo marca una impronta, un lugar preciso y, lo más importante, un pacto con los lectores. Desde el armado fue central definir ese núcleo, lo demás fue un reflejo, emanó de ese punto de partida. Una selección de libros pensados para disfrutar y de alta calidad literaria; una editorial de lectores –antes que nada– donde muchas decisiones comerciales (la fama del autor, la “prensa” o lo escandaloso del tema) no sean motivos de inclusión en el catálogo. Creemos que a partir de un texto potente, con una traducción de suma calidad, el éxito comercial sigue solo. Quizá lleve algo más de tiempo, pero confiamos plenamente en el lazo con los lectores –que crecen mes a mes y país en país y confían en el catálogo total–, en las desviaciones del núcleo, en las apuestas y en los títulos y autores troncales.

–¿Qué tipo de “pensamiento editorial” refleja esta noción de la editorial como autor?
–Una idea ligada a la experiencia de lector. Ser lectores demandantes nos empujó a armar la editorial, a buscar un lugar para textos y autores que leíamos en otros idiomas y que faltaban en el mapa de la edición en castellano. La posibilidad de apostar por nombres nuevos, por la calidad. Tanto Soledad Urquía como yo escribimos. Federico Falco, quien dirige la colección de cuentos de la editorial, es un amigo y un gran autor (recientemente finalista del Premio Herralde). Todos los libros los leemos y los discutimos antes de incluirlos, y todo el proceso de selección y producción de cada título está marcado por ese diálogo. ¿Quién sería un buen traductor para ese autor, para esa obra? ¿Cuándo está terminada la corrección de la traducción? ¿El maquetado permite una experiencia de lectura placentera? ¿Qué papel es el indicado? ¿Qué diseño, qué imagen de tapa? ¿Cómo comunicarlo? Una cantidad de decisiones que hace al libro final que se encuentra en las librerías.

La idea de publicar precisamente los títulos que hemos publicado se desprende de una especie de estándar y un intento de mantener el deseo como faro: la búsqueda de una prosa, un estilo, una historia, un libro que aporte algo y que, de algún modo y por distintas razones, responda para nosotros a la pregunta: “¿Vale la pena ser traducido?”, que es una pregunta que le hicimos a innumerables libros a lo largo de nuestra vida mucho antes de fundar Chai.

–¿Cómo decidieron que la “autoría editorial” era lo importante para Chai?
–Queríamos poder publicar sin constricciones, sin cálculos, y para eso necesitábamos que primara la curaduría editorial sobre el impacto singular de cualquiera de los títulos y autores. Nos entusiasma que se hable de libros de Chai, y no solo de libros de tal autor o tal tema.

–Chai es muy consciente de la voz que tiene. Hay editoriales que no la tienen...
–Si, coincido en que muchas editoriales no la tienen, por distintos motivos: económicos, estéticos, de cansancio (porque es un trabajo enorme el que va de la selección a la publicación de un texto, un proceso donde entran muchos actores con sus tiempos y tensiones), etcétera. No pueden mantener una línea directriz fuerte. Creo que los subsidios, los gestos calculados, la fama de los autores o el ruido de ciertos temas pueden confundir mucho el proceso de publicación, cuando la única pregunta que nos interesa es si es un buen libro, si vale la pena traducirlo, si suma algo al mundo hispanoparlante. Para nosotros, la idea de publicar un libro que no leeríamos, que no recomendaríamos y del que no nos interesa hablar es inaceptable.

¿Qué se pierde o se gana al ceñir su catálogo a estas ideas?
–Lo que descubrimos con mucha rapidez, y que viene replicándose en los países a los que progresivamente llegamos, es que se arma un pacto con los lectores que nos escriben y nos comentan. Nos gusta pensar la editorial como una conversación sobre literatura. Ese pacto permite un crecimiento muy sostenido y de mucha fidelidad: en Argentina y Chile (nuestros primeros territorios) hay lectores de la editorial que incluso nos comentan que les falta alguno de los títulos, pero que esperan cada publicación. Lograr que nuestra biblioteca del deseo llegue a las bibliotecas de los lectores es una de las grandes satisfacciones de estos primeros años de Chai. En ese sentido, la base que se amplía es una de las cosas que sin duda se facilitan. Incluso pensando el diseño: es un momento donde muchas editoriales más recientes toman el modelo norteamericano de ir “tapa a tapa”, con fuertes variaciones para cada libro, incluso con distintos artistas o diseñadores. Creo que nosotros dimos un giro hacia una práctica que viene de la edición tradicional, de editoriales francesas, de la Alfaguara más esplendorosa, y por supuesto de Anagrama. Libros que se identifican por la casa editora antes que por el impacto singular que puedan tener en una mesa o el nombre de uno de sus autores.

La contracara de todo esto, advertida por libreros y por editores y expertos con los que hablamos en los primeros momentos de Chai, es que esa decisión expulsa a muchos lectores, genera cierta resistencia. “Parecen libros más difíciles –nos decía el encargado de una gran cadena argentina de librerías–. Muchos le tienen miedo a quedarse afuera y eligen otra cosa.” Creo que una de las limitaciones es esa: el salto a una comercialidad masiva que tarda mucho más en llegar, aun en títulos muy exitosos desde la crítica y la respuesta de los lectores, como fue para nosotros Taj Mahal, de Deborah Eisenberg.

–¿Cuál podría ser el título representativo de Chai?
–Creo que Tiempo sin lluvia, de Cynan Jones, sería la elección más lógica, por el éxito de crítica y de lectores que tuvo en todos los territorios, y porque es un autor con una obra que nos interesa y que vamos a publicar íntegra a lo largo de los años (publicamos ya también una nueva traducción de La Tejonera, su única novela al español hasta el momento). Tiempo sin lluvia es un libro con una historia que transcurre en Gales, muy local y muy pequeña, pero que tiene enormes resonancias en todos nosotros. Esa posibilidad de llegada a los lectores, el hallazgo de una prosa y un estilo insignia que no se parezca a nada anterior es un gran orgullo para la editorial.

Pero creo que más representativo aun sería quizás ¿Hay alguien ahí?, de Peter Orner, porque de algún modo signó desde el principio una lógica editorial. Es un libro que leí con fascinación y pensé, “Esto no lo va a querer leer nadie”. Un libro sobre un escritor que pierde a su padre y en lugar de hacer un duelo se pone a revisar su biblioteca, a construir una especie de biografía de lector, del lugar de la ficción en su vida: cómo fue a través de la ficción que se construyó a sí mismo y comprendió el mundo que lo rodeaba. Fue un libro que fanatizó a cientos de lectores y entró en la lista de libros del año. De repente, en las librerías de Buenos Aires volvió a leerse a Bohumil Hrabal, de cuya obra Orner toma el epígrafe para el libro. Se buscaron las obras de autores tan disímiles como Welty, Isaac Babel o D’J Pancake, que no circulaban hacía mucho tiempo. Una lectura que lleva a otras, que se multiplica.

–¿Cómo se relacionan con las tendencias y los temas de actualidad; cómo les responden?
–Las tendencias y los temas inevitablemente se cruzan en nuestro camino. La decisión de armar un catálogo centrado en la narrativa contemporánea –de autores que están vivos y que escriben hoy– hace que la época resuene en cada uno de los textos. Nos gusta la idea de trabajar con cuestiones de la subjetividad contemporánea. Algunos de nuestros títulos lo encaran de un modo más explícito, como Un hombre con suerte, de Jamel Brinkley, que retrata la masculinidad y la cuestión de clase de un modo que no se parece a nada que hayamos leído, pero a la vez, y esto es lo fundamental, con un oficio y una maestría que lo hace trascender la coyuntura. Insomnio, de Marina Benjamin, resultó un libro especialmente en diálogo con la época, y en la pandemia tuvo mucho revuelo y permitió lecturas insospechadas, porque la ansiedad, la angustia y el no poder dormir se convirtieron en fenómenos que nos atravesaron a todos en algún momento. Lejos de la identificación como único valor, el estilo de Marina también refrescaba la idea del ensayo y la memoria para tomar la forma del insomnio como una nueva aproximación al fenómeno de la falta.

–¿Qué editoriales les gustan actualmente?
–En español: Anagrama, Sexto Piso, Laurel, Godot, Gog y Magog, Sigilo y Periférica. En otras lenguas: Coffee House Press y New Directions (Estados Unidos); Faber & Faber y Fitzcarraldo (Inglaterra); Albin Michel (Francia); Sur (Italia) y Elsinore (Portugal)

–¿Qué es lo más importante que una editorial le puede dar a un país, a una lengua?
–Trataría de responder sin solemnidad, como pensamos nuestra editorial, y responder según la época: creo que dar placer, estimular el pensamiento y la conversación –y ser una pausa de los estímulos más narcisistas o alienantes de estos tiempos– ya es un gran valor. Uno compite con las redes sociales, los teléfonos, las infinitas temporadas de las series y los deportes de todos los países del mundo transmitiendo las veinticuatro horas; compite con los trabajos, con las frustraciones y la vida del día a día. Creo que el tiempo de pausa, el tiempo de silencio, el hallazgo de nuevas formas de contar, de decir y de pensar –y la conversación que sigue a la lectura– es muchísimo en esta época.

Los libros de Chai se distribuyen en Argentina, Uruguay, Chile y México —y pronto en España. La producción va de dos mil a cuatro mil ejemplares por título.