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martes, 27 de mayo de 2025

1984: la historia de una traducción

"La nueva edición de la obra de George Orwell, publicada en Argentina por la editorial chilena La Pollera, rescata una traducción realizada de forma clandestina durante la dictadura de Pinochet." Esto dice la bajada de la nota publicada por Juan Pablo Cinelli, el pasado 24 de mayo, en el diario Tiempo Argentino.

La traducción de «1984» cuya historia es tan apasionante como la propia novela

Hace unos días en el Festival de Cannes se estrenó el documental Orwell: 2+2=5, del cineasta haitiano Raoul Peck. Exministro de cultura de su país, Peck utiliza la figura del escritor George Orwell y su obra más famosa, la novela distópica 1984, para hablar de un presente en crisis que a veces se parece mucho a su ficción. Habrá que esperar al estreno en nuestro país para evaluar la pertinencia del paralelismo, pero si algo deja claro su participación en Cannes es la gran vigencia simbólica que aún tiene 1984, a casi 80 años de su primera edición.

Por eso mismo la reedición de la novela impulsada por la editorial chilena La Pollera, de amplia distribución en Argentina, parece oportuna. No solo por el carácter especular que el texto de Orwell pudiera tener respecto del panorama político contemporáneo, sino porque no se trata de una versión cualquiera de este texto emblemático. Esta edición carga con una plusvalía simbólica que la vuelve única en el mundo y para conocerla hay que remontarse a su origen.

Traducir 1984 en la clandestinidad
Era diciembre de 1983 en Santiago, la capital chilena. El régimen encabezado por el general Pinochet acababa de cumplir una década usurpando el poder institucional de la nación, convirtiéndose en una de las dictaduras más longevas y crueles de las que entonces infestaban América latina. Las libertades habían sido recortadas y las expresiones políticas reprimidas. Los opositores, entre los que no solo se incluía a figuras política sino también a obreros, artistas, estudiantes o cualquiera que no aceptara el discurso oficial, eran detenidos, secuestrados, torturados, encarcelados y en muchos casos, desaparecidos. Además, gran cantidad de libros y obras artísticas se encontraban prohibidas: 1984 era una de ellas.

No es que el libro no se consiguiera: algunas bibliotecas disponían de una edición española, traducida durante la dictadura franquista, censurada y recortada. Pero en Chile no había editoriales dispuestas a financiar una nueva traducción que respetara el original. Ante eso, tres periodistas se propusieron algo que hoy parece nimio, pero que entonces era un gesto político de riesgo: traducir 1984 para editarla en un contexto político muy similar al que se describe en la novela y durante el mismo año que le da nombre.

Eran los chilenos Samuel Silva y Fernando Bendt y la estadounidense Lezak Shallat, quienes durante seis meses se juntaron varias noches por semana, desafiando el toque de queda vigente. “Creíamos -y creemos que Orwell habría estado de acuerdo- que cada traducción debe provocar en los lectores una comparación con su propia realidad”, dijo alguna vez Silva para expresar qué los guió en la tarea de traducir 1984. Cuando la novela al fin se publicó, la campaña de prensa fue igual de clandestina: grafitear toda la ciudad con el título del libro y el nombre del autor. Como en todo el mundo en aquel año 1984, esa edición que los traductores pagaron de su bolsillo fue un éxito.

Durante décadas se insistió en leer la novela de Orwell como un retrato del comunismo soviético, en particular de la dictadura stalinista. Sin embargo, la Unión Soviética implotó hace más de 30 años y la alegoría de la obra sigue siendo un espejo de estructuras políticas que se ubican en las antípodas ideológicas de aquel régimen.

Desde el prólogo, Ignacio Álvarez recuerda que “el primer y fundamental esfuerzo que pide la lectura de 1984 es evitar una actitud infantil y maniquea, incluso aunque la novela parezca, a veces, entender el mundo como si estuviera dividido entre buenos y malos”. Desde la nota preliminar a esta nueva edición, los traductores también hacen una declaración de principios. “Tratamos de alertar a una generación de chilenos acerca de un mundo distópico que esperábamos la literatura podría ayudar a prevenir. Cuarenta años más tarde esperamos que no sea tarde”.



jueves, 10 de febrero de 2022

Estupidez y cancelación: le llegó la hora a Orwell

El pasado 26 de enero, sin firma, la agencia TELAM divulgó la noticia de que la más célebre novela del escritor británico George Orwell (foto) estaba a punto de ser “cancelada” por una universidad de ese país. La nota se reproduce a continuación.


Para una universidad británica, 1984 de Orwell es "perturbadora" y "ofensiva"

En un nuevo capítulo de las polémicas cancelatorias en el campo de la cultura, la Universidad de Northampton de Reino Unido emitió un aviso de advertencia a la lectura de la novela 1984 de George Orwell y sostuvo que incluye "material explícito" que algunos estudiantes pueden considerar como "ofensivo y molesto", un gesto que generó una gran polémica entre los críticos, quienes argumentaron que precisamente la novela, considerada una de las más importantes del siglo XX, es una crítica a ese tipo de acciones.

Los estudiantes que cursan la materia "Identidad bajo construcción" fueron prevenidos por el programa de que la materia "aborda temas desafiantes relacionados con la violencia, el género, la sexualidad, la clase, la raza, los abusos, el abuso sexual, las ideas políticas y el lenguaje ofensivo".

En esa advertencia, señalan la obra de Orwell y, además, otros libros que también puede resultar "ofensivos y molestos", como Final de partida de Samuel Beckett o la novela gráfica V de vendetta de Alan Moore.

"Somos conscientes de que algunos textos pueden ser desafiantes para algunos estudiantes y lo hemos tenido en cuenta al desarrollar nuestros cursos", aclaró la casa de estudios en un breve comunicado.

La obra de Orwell, publicada en 1949, aborda la esencia del estado totalitario, que persigue el pensamiento individual, manipula la información y reprime a sus ciudadanos e inauguró conceptos como "Gran Hermano", "Policía del pensamiento" y "Neolengua".

La decisión de la universidad generó cierta polémica en Gran Bretaña y fue una nueva instancia de los debates por la cancelación en distintas áreas de la cultura y la educación. El parlamentario Andrew Bridgen se pronunció sobre la medida en el diario Mail Online: "Hay una cierta ironía en que los estudiantes de ahora reciban avisos previos a la lectura de 1984. Nuestros campus universitarios se están convirtiendo rápidamente en zonas distópicas del Gran Hermano donde se practica la neolengua para disminuir el rango de pensamiento intelectual y cancelar a los hablantes que no se ajustan a él", sostuvo.

Por su parte, David Taylor, biógrafo de George Orwell, argumentó que "si bien los adolescentes pueden encontrar alguna de las escenas de la novela como perturbadoras, nadie en edad universitaria puede sorprenderse por el libro".