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martes, 18 de agosto de 2020

Dos, entre los posibles Henry James

Hace unos días, el poeta y traductor Jorge Aulicino subió a su Facebook un fragmento de The Turn of the Screw, de Henry James, y sendas traducciones de ese fragmento, debidas al narrador y traductor mexicano o Sergio Pitol y al narrador y traductor argentino José Bianco. Estas son las versiones:

 El original:

“I quite agree -in regard to Griffin’s ghost, or whatever it was- that its appearing first to the little boy, at so tender an age, adds a particular touch. But it’s not the first occurrence of its charming kind that I know to have involved a child. If the child gives the effect another turn of the screw, what do you say to 'two' children-?”

“We say, of course,” somebody exclaimed, “that they give two turns! Also that we want to hear about them.”


Las traducciones:

–Estoy absolutamente de acuerdo en lo tocante al fantasma del que habla Griffin, o lo que haya sido, el cual, por aparecerse primero al niño, muestra una característica especial. Pero no es el primer caso que conozco en que se involucre a un niño. Si el niño produce el efecto de otra vuelta de tuerca, ¿qué me dirían ustedes de dos niños?

–Por supuesto –exclamó alguien–, diríamos que dos niños significan dos vueltas. Y también diríamos que nos gustaría saber más sobre ellos.

(La vuelta de Tuerca, traducción de Sergio Pitol)


–Reconozco, en lo que atañe al fantasma de Griffin, o sea lo que fuere, que el hecho de aparecerse primeramente a un niño, y a un niño de tan pocos años, le agrega una especial característica. Pero no es el primer ejemplo de tan encantadora especie en el cual un niño se ha visto complicado. Si el niño aumenta la emoción de la historia, da otra vuelta de tuerca al efecto, ¿qué dirían ustedes de dos niños?

Alguien exclamó:

–Diríamos, por supuesto, que dan dos vueltas. Y queremos saber qué les ha sucedido.

(Otra vuelta de tuerca, traducción de José Bianco)


Dados los resultados, sería interesante saber la opinión de los lectores y, por qué no, contar con alguna otra versión del fragmento en cuestión como para aumentar las posibilidades de comparación.

 Si hubiera interesados, el mail del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires, está en el costado superior derecho de esta página.

martes, 17 de abril de 2018

Primeras repercusiones de la muerte de Sergio Pitol en la prensa hispanoamericana


El 12 de abril pasado, El Universal, de México, con el título “Juan Villoro se despide de su maestro Sergio Pitol, publicó las siguientes reflexiones:

“Sergio Pitol fue una gente extraordinariamente alegre, se enfrentó al sufrimiento y a los dolores de la vida con una alegría rebelde y desafiante”, asegura Juan Villoro de su amigo y maestro de la vida y las letras. “Una de las cosas más importantes en la literatura de Pitol es esa pasión carnavalesca por la vida y creo que debemos recordarlo así, no en clave dramática sino en la clave festiva que siempre quiso impregnarle a sus libros”.
Villoro lo conoció a Pitol a los veinte años y desde el principio, dice, lo trató como si fueran cómplices del mismo oficio y hubieran vivido muchas cosas juntos. “Se convirtió en un maestro vital para mí no solamente como escritor sino con esa actitud poco frecuente entre los artistas y los escritores de entender que la alegría y la dicha son formas de la rebeldía, de la disidencia. Fue una persona llena de sentido del humor, con gran gusto por los viajes, por los animales, la música, la comida, una persona extraordinariamente vital.”
Juan vio a Sergio por última vez en noviembre del año pasado. Lo visitó en su casa de Xalapa, donde hoy falleció a los 85 años. “Lo encontré escuchando música y pude estar otra vez ante su sonrisa. No hablaba, pero todavía se comunicaba con el signo que definió su vida, que fue la alegría y su actitud sonriente y desafiante incluso en los momentos más difíciles.”

***

Por su parte, en El País, de Madrid, del mismo día, luego de la semblanza de rigor, hay un recuadro que, con el título “Una despedida discreta”, comenta las primeras repercusiones de la muerte de Pitol:

México se ha despedido discretamente de uno de sus tesoros literarios mejor guardados. Sergio Pitol, fallecido la mañana del jueves en su casa de Xalapa, Veracruz, ha sido despedido principalmente por profesionales de las letras y las autoridades culturales mexicanas. “Celebramos su vida y legado literario, en el cual aportó a las letras universales una obra narrativa original, traducciones y ensayos que perdurarán a través de los años”, se lamentó la secretaria mexicana de Cultura, María Cristina García Cepeda. La ministra dijo que convocará a instituciones, amigos y familiares a un homenaje nacional al escritor.

Pitol ha sido saludado a su partida una última vez por escritores e intelectuales mexicanos de diversas generaciones. El historiador, editor y ensayista Enrique Krauze dijo que Pitol fue “siempre apreciado y respetado”. Jorge Volpi, el más reciente recipiente del Premio Alfaguara de novela, lo calificó como “uno de los mayores escritores de nuestra lengua” y recomendó dos obras “perfectas”, El desfile del amor y El arte de la fuga.

Valeria Luiselli, de 34 años, aprovechó el fallecimiento para recordar a la extinta triada de cronistas que parodiaron las contradicciones de la sociedad mexicana: José Emilio Pacheco, Carlos Monsiváis y el propio Pitol. “Ya andan de pachanga (fiesta) otra vez. Gracias por iluminar partes oscuras de nuestras almas, por hacernos reír de nosotros mismos y por recordarnos siempre que la libertad de pensamiento no es canjeable por nada”, escribió en Twitter la autora de Los ingrávidos.

Los políticos también dijeron adiós al Premio Cervantes 2005. En medio de la campaña electoral rumbo a las presidenciales del 1 de julio, los principales candidatos presidenciales dedicaron unas palabras al autor de El mago de Viena. “Lamento el fallecimiento de Sergio Pitol, siempre solidario con nosotros como Fernando del Paso y Elenita Poniatowska, los tres grandes escritores y ciudadanos de buenos sentimientos”, dijo Andrés Manuel López Obrador, el puntero de las encuestas. El candidato de Por México al Frente, Ricardo Anaya, destacó la “extraordinaria inteligencia y humor” de Pitol. Aurelio Nuño, el jefe de campaña del candidato del PRI, José Antonio Meade, destacó el carácter de viajero infatigable que deja a los mexicanos “obras maravillosas”. Todo un legado que el gran público aún está por descubrir.


***


En Córdoba al día del 13 de abril y con el título “Sergio Pitol reúne en su muerte a los contrarios”, el periodista Álvaro Belín Andrade resume las repercusiones “políticas” de la muerte de Pitol en los siguientes términos:


Aunque ninguno de ellos debió haber leído alguno de sus libros, tres candidatos presidenciales expresaron su pesar por la partida de Sergio Pitol, escritor veracruzano (nacido accidentalmente en Puebla) quien este jueves por la mañana abandonó Xalapa, la ciudad donde decidió amarrar su nave, luego de recorrer intensamente el mundo y haber residido en París, Varsovia, Budapest, Moscú y Praga (donde fue agregado cultural de México), y de Roma, Pekín y Barcelona, además de la Ciudad de México.

El candidato presidencial de Morena, Andrés Manuel López Obrador, por el que Pitol tenía una clara afinidad política, escribió en su cuenta de Twitter: “Lamento el fallecimiento de Sergio Pitol, siempre solidario con nosotros como Fernando del Paso y Elenita Poniatowska; los tres, grandes escritores y ciudadanos de buenos sentimientos y dimensión social”.

Por su parte, José Antonio Meade, candidato del PRI a la Presidencia, también se refirió a este hecho en su cuenta en Twitter: “Lamento la muy sensible pérdida del Maestro Sergio Pitol, hombre y escritor profundo, de espléndida narrativa e impecables traducciones. Las letras y la comunidad cultural están de luto. El país lo está”.

Ricardo Anaya, candidato presidencial del PAN, también usó esa red social para manifestar su pesar por la muerte del autor de novelas, cuentos y ensayos, y aunque algunos internautas comentaron que seguramente nunca lo había leído, escribió: “Lamento el fallecimiento de Sergio Pitol, uno de los grandes narradores de nuestro país, escritor de extraordinaria inteligencia y humor. Envío mis condolencias y solidaridad a sus familiares y amigos”.

El presidente Enrique Peña Nieto escribió en su cuenta: “Sergio Pitol aportó talento, imaginación y creatividad a México. Su obra forma parte del gran legado cultural que nuestro país comparte con el mundo. Mi más sentido pésame a su familia y a la comunidad cultural. Descanse en paz”.

Hasta la tarde de este jueves, la candidata independiente Margarita Zavala, muy ocupada en preparar una transmisión por Twitter, que ocurriría a partir de las siete de la noche, no había comentado nada al respecto de Pitol. Tampoco, por supuesto, el candidato independiente, renacido por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, Jaime Rodríguez, El Bronco, quien no ha establecido nunca sus coordenadas en materia cultural.

La comunidad cultural lo despidió
La secretaria de Cultura del gobierno federal María Cristina García Cepeda, escribió en su cuenta en Twitter: “Lamentamos la partida de Sergio Pitol. Celebramos su vida y su legado literario, en el cual aportó a las letras universales una obra narrativa original, traducciones y ensayos que perdurarán a través de los años. Mis condolencias a sus familiares, amigos y a la comunidad cultural”.

La Universidad Nacional Autónoma de México, en su cuenta oficial en Twitter, publicó: “¡Hasta siempre Sergio Pitol! La UNAM lamenta el fallecimiento del gran escritor, egresado de la #UNAM y ganador del Premio Cervantes en 2005”. Concluye su mensaje con una liga al perfil del escritor, del que menciona sus libros de cuentos: Infierno de todos (1964), Los climas (1966), No hay tal lugar (1967), Cementerio de tordos (1982) y Vals de Mefisto (1989); sus novelas El tañido de una flauta (1982), Juegos florales (1982), El desfile del amor (1984), Domar a la divina garza (1988) y La vida conyugal (1991), y sus libros de ensayos, en que destacan El arte de la fuga (1996), Pasión por la trama (1998) y Soñar la realidad (1998).

También hace referencia a los autores que fueron traducidos magistralmente por Pitol (Joseph Conrad, Henry James o Witold Gombrowicz) y las distinciones que le fueron entregadas, como el Gran Premio de la Asociación de Cultura Europea de Polonia (1998), el Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo (1999) y el Premio de Literatura y Lengua Castellana Miguel de Cervantes (2005).

La Coordinación de Difusión Cultural de la UNAM le dedicó un hermoso mensaje: “Despedimos con tristeza a aquel que nos deja una prosa de fuego, de agua, de Ícaros: Sergio Pitol”, en un tuit en que anexó el Material de Lectura dedicado a su prosa, con los breves textos narrativos “Semejante a los dioses”, “Ícaro” y “Mephisto-Waltzer”, con el prólogo “El asedio del fuego” de Juan Villoro, gran amigo del escritor laureado con el Premio Cervantes en 2005.

La UNAM, por cierto, ha anunciado que rendirá un homenaje póstumo al escritor, que se realizará en la que fue su casa, la Facultad de Filosofía y Letras. Pitol fue un distinguido universitario, egresado de la UNAM, profesor de literatura eslava en la Facultad de Filosofía y Letras y coordinador de Extensión Universitaria.

También planea un homenaje el Instituto Nacional de Bellas Artes, donde ya se había planeado un acto para el 6 de junio, junto con la Universidad Veracruzana y la familia de Pitol, por sus 85 años. Ahora, el INBA evalúa con la familia si se mantiene esa fecha o se adelanta.

La Secretaría de Educación Pública (SEP) publicó: “Sergio Pitol fue un destacado escritor y ensayista del siglo XX y un espléndido representante de la literatura mexicana. Descanse en paz”.

La UNESCO expresó: “Hoy ha fallecido el escritor mexicano Sergio Pitol, uno de los más grandes autores de la literatura latinoamericana. Buen vieja, maestro, gracias por sus libros”. El Hay Festival España escribió: “Lamentamos profundamente la muerte de un amigo como Sergio Pitol. Descanse en paz, maestro”.

La Editorial Almadía lo despidió con el siguiente texto: “Hoy emprende su viaje que escribirá con Monsiváis y Pacheco. Uno de cavilaciones y aventuras. Uno que haría Sergio Pitol. “Soy hijo de todo lo visto y lo soñado, de lo que amo y aborrezco, pero aún más ampliamente de la lectura”. Almadía lamenta el fallecimiento de nuestro maestro”.

El escritor veracruzano José Homero escribió en su cuenta de Twitter: “Sergio Pitol fue un ser humano extraordinario, un escritor de excepción y un amigo sin par. Lamento mucho la noticia de su muerte y me abruma la tristeza. Nos queda sin embargo el don de su conversación, de su talento y de su inagotable sabiduría a través de sus libros. D.e.p.”.

Los políticos locales y Sergio Pitol
En el ámbito local, hasta la tarde del jueves, el gobernador Miguel Ángel Yunes Linares tenía congelada su cuenta de Twitter en la conferencia de prensa del miércoles, donde se refirió a los bienes incautados por la PGR a Javier Duarte y entregados a su gobierno.

El candidato del PRI al Gobierno de Veracruz, José Francisco Yunes Zorrilla, escribió desde la mañana: “Muy lamentable noticia el fallecimiento de un excelente escritor, traductor, diplomático, y ganador del Premio Cervantes, Sergio Pitol Demeneghi. Descanse en paz mi estimado amigo”. Por su parte, el dirigente estatal del PRI, Américo Zúñiga, escribió: “Nos despedimos hoy de un hombre universal, escritor prolífico, siempre cercano y querido para Veracruz. Hasta siempre maestro. Descanse en paz Sergio Pitol”.

Sara Ladrón de Guevara, rectora de la Universidad Veracruzana, donde Sergio Pitol fue docente e investigador, escribió un largo mensaje: “Con profundo pesar me entero del fallecimiento del maestro Sergio Pitol, el más distinguido integrante de nuestro claustro académico. Los integrantes de la comunidad UV nos encontramos de luto. Descanse en paz”.

El Instituto Veracruzano de la Cultura (IVEC) publicó en Twitter: “El IVEC lamenta profundamente el sensible fallecimiento del literato Sergio Pitol (1933-2018). Enviamos sinceras condolencias y pronto resignación a sus familiares. Una gran pérdida del campo literario. QDEP”.

El Ayuntamiento de Xalapa publicó: “Hoy despedimos a un gran escritor, pieza clave de la literatura latinoamericana del siglo XX. Descanse en paz Sergio Pitol”.

La Comisión Estatal para la Atención y Protección de los Periodistas (CEAPP) también se manifestó este jueves: “Lamenta CEAPP y se une a la pena que embarga a la familia del escritor Sergio Pitol Demeneghi, Premio Cervantes 2005, quien falleció este jueves, a los 85 años de edad”.

También lo hizo el Grupo Legislativo del PAN en el Congreso local: “Las diputadas y diputados del Grupo Legislativo del PAN, nos unimos a la pena por el fallecimiento de Sergio Pitol, hombre que aportó su talento y visión del mundo a la literatura y cultura mexicana. Descanse en paz”.

lunes, 16 de abril de 2018

A los 85 años, murió en Xalapa el gran escritor mexicano Sergio Pitol


En la edición de Página 12 del viernes 13 de abril, Silvia Friera dio cuenta de la muerte del escritor y traductor mexicano Sergio Pitol, ocurrida un día antes. Lo hizo en los siguientes términos.

Adiós al hombre que no supo nada de fronteras

Cada vez que escuchaba a Luciano Pavarotti en su casa en Xalapa, capital de Veracruz, sonreía. El más excéntrico y políglota de los escritores mexicanos, Sergio Pitol, murió a los 85 años por las complicaciones provocadas por la afasia progresiva que sufría desde 2009. No podía moverse ni hablar a causa de esta enfermedad neurodegenerativa que empezó horadando la producción verbal del autor de El arte de la fuga. Que no pudiera articular palabras es una de las ironías más atroces del destino del Premio Cervantes 2005. Esa sonrisa que esbozaba cuando oía al tenor italiano era su manera de expresar que estaba contento. Todas las tardes la ópera vibraba por las paredes de esa vivienda de la calle Pino Suárez. Hasta Homero y Lola, dos perros que Pitol sacó de un refugio, disfrutaban de esa epifanía musical. De vez en cuando le leían libros y le mostraban imágenes de su vida y de sus amigos, especialmente de Carlos Monsiváis.

Pitol –nacido en Puebla el 18 de marzo de 1933– perdió a su madre (ahogada en el río Atoyac) a los cuatro años. Al poco tiempo murieron su padre y su hermana, y estuvo enfermo de malaria de los seis a los doce años. Como no podía salir de su casa, la vida que pensaba que era real fue la de los libros. Su abuela, que lo cuidó y educó, era una lectora de tiempo completo. Pronto iniciaría un largo camino de la mano de Julio Verne, en cuyas historias había muchos huérfanos que van a buscar a sus padres o se pierden en el mundo. Después llegarían R. L. Stevenson, Mark Twain y Charles Dickens. De la lectura como “medicina” a la palabra escrita había apenas un par de pasos. Los dio en la adolescencia, cuando se animó a escribir. Los dos escritores que más le interesaban, que admiraba con devoción, eran Borges y William Faulkner. “Si me acercaba demasiado a Borges, sería un esclavo de ese lenguaje, una mera copia”, recordó en 2005 en una entrevista con Página 12. Leer, escribir y viajar formaban parte de un mismo núcleo vital. A los 20 años salió de México y en Caracas garabateó poemas. “Decir que eran deleznables sería elogiarlos”, admitía con esa ironía que cultivaba para huir de la solemnidad. Durante dos décadas publicó cuentos: Tiempo cercado (1959), No hay tal lugar (1967) y Del encuentro nupcial (1970).

Miembro del Servicio Exterior mexicano desde 1960, se desempeñó como agregado cultural en París, Varsovia, Budapest, Moscú –donde consolidó su afición por la literatura en general y por Antón Chéjov en particular– y Praga. También vivió en Roma, Pekín y Barcelona, donde entre 1969 y 1972 tradujo para varias editoriales, del chino, inglés, húngaro, italiano, polaco y ruso. Una de sus traducciones más reconocidas es El corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad; también tradujo a Witold Gombrowicz (Cosmos, Transatlántico, Bakakai y Diario argentino), a Jerzy Andrejewski (Las puertas del paraíso), a Henry James (Las bostonianas, Una vuelta de tuerca y Los papeles de Aspern), a Ronald Firbank (En torno a las excentricidades del cardenal Pirelli), a Chéjov (Un drama de caza) y a Vladimir Nabokov (La defensa), entre otros. Adicto a la invención de historias, acaso el más chejoviano de los narradores mexicanos, invitaba a sus amigos en los restaurantes a imaginar las vidas de comensales vecinos, y apelaba al juego, al dislate, una jubilosa ferocidad en la que ponía a prueba esos procedimientos narrativos que caracterizan su prosa, especialmente la intuición más radicalizada y la libertad para aventurarse a escribir distinto a la tradición en la que se habita. Jamás se sublevó ante la etiqueta de escritor “raro” o excéntrico. Esa rareza –la libertad de escribir diferente, casi de espaldas a eso que se podría llamar “sistema literario mexicano”– cristalizó en el hecho de que fue un narrador secreto o poco reconocido por sus pares mexicanos hasta mediados de los ‘80. Su prestigio empezó a crecer cuando ganó el Premio Herralde de novela en 1984 con El desfile del amor, “una comedia de enredos donde la parodia, lo esperpéntico y lo grotesco juegan un papel esencial”, definía Pitol a esta novela, la primera de Tríptico del Carnaval, que incluye Domar a la divina garza (1989) y La vida conyugal (1991).

“La parodia es un procedimiento literario que surge de mi personalidad, de mi modo de mirar el mundo”, explicaba. “Desde niño vivo, hablo y escribo la parodia. Thomas Mann decía que todas sus novelas eran paródicas. Cuando leía un trabajo académico sobre uno de sus libros o su presencia literaria, Mann sentía que ese lenguaje era serio y que estaba mutilado porque en todas sus novelas, hasta el Doctor Faustus, utilizó las formas paródicas. Para mí la parodia es el carnaval; son formas de mi organismo mental que ayudan a compensar y a equilibrar mis neuronas. La literatura paródica es vital en Latinoamérica, pero hubo épocas tan tenebrosas en nuestros países, las dictaduras militares, que hicieron casi imposible hacer algo cómico”. El arte pitoliano distorsiona lo que mira y desconfía de géneros literarios. Enrique Vila-Matas, que prologó Los mejores cuentos del mexicano, advierte que el estilo Pitol “consiste en contarlo todo pero no resolver el misterio”. 

El autor de Trilogía de la memoria –El arte de la fuga (1996), El viaje (2001) y El mago de Viena (2005)– fue el gran alquimista que difuminó las fronteras entre realidad y ficción con ensayos que devienen relatos y novelas que se transforman en ensayos. Entre sus premios destacan el Xavier Villaurrutia (1981) por Nocturno de Bujara –reeditado por Anagrama, la editorial que publicó toda su obra–, el Juan Rulfo (1999), el Cervantes (2005) y el Alfonso Reyes (2015). Pitol era un enamorado de las literaturas periféricas. “Las modas literarias, las supereditoriales, las grandes metrópolis aniquilan cualquier posibilidad creadora”, advertía. “Mi formación está situada en culturas periféricas. Vivir en un enclave lingüístico donde la vida cotidiana transcurre en medio de tres o cuatro lenguas es apasionante y enriquecedor. Algunos de los logros literarios de este siglo surgen de esta vibración que se establece entre una cultura lejana y la metrópoli: Irlanda, Austria, Polonia... O los escritores rusos del XIX: ellos también son literatura periférica.”

“Tengo como orgullo y privilegio el que mi vida se haya cruzado, al menos por un día, con la obra de Pitol: fui miembro del jurado que le otorgó el Premio Cervantes una luminosa mañana de diciembre”, recuerda Rodrigo Fresán. “Salí de allí muy contento y entré en internet (ese aleph inequívocamente pitoliano) para ver qué se decía sobre el flamante ganador. Los comentarios eran unánimes en su alegría y, por ahí, flotando en el ámbar de la electricidad, reparé en una frase de Pitol: ‘La inspiración es el fruto más delicado de la memoria’. De ser esto cierto –y creo que sí lo es– entonces Pitol es uno de los frutos más delicados de la inspiración.”


martes, 3 de abril de 2018

Todos los años la gente cumple años y la prensa, cuando se trata de alguien célebre, lo recuerda


El pasado 17 de marzo, La Jornada, de México, publicó una nota de Eirnet Gómez dedicada a un nuevo cumpleaños del escritor y traductor Sergio Pitol. El periodista, que se limita a refritar notas anteriores, sin ofrecer una sola idea propia, invoca dos veces a Vila Matas, como si su opinión valiera algo. Lástima.

El escritor Sergio Pitol cumple 85 años

Xalapa, Veracruz.  El escritor, traductor y premio Cervantes de Literatura 2005, Sergio Pitol, cumple 85 años este domingo. Con ese motivo, amigos y familiares rendirán un homenaje al autor de Domar a la divina garza.

En Veracruz, donde reside el autor de El arte de la fuga, el Instituto Veracruzano de Educación y Cultura (IVEC) también prepara un homenaje al reconocido escritor.

Se considera que Sergio Pitol no acudirá, pues desde junio de 2010 anunció su retiro de la vida pública y la literatura, afectado por una enfermedad neurológica progresiva.

Nacido el 18 de marzo de 1933 en Puebla, la capacidad de Sergio Pitol para crear historias, dominar siete idiomas y traducir obras de Anton Chéjov o Joseph Conrad surgió en su niñez, desde la orfandad, una salud precaria y de la mano cariñosa de su abuela.

El remedio infantil para sobrellevar la dureza de la vida fueron los libros, sus compañeros de siempre. Desde niño mi refugio fue la literatura, también el teatro, narró Pitol por correo a Dpa, cuando la enfermedad asomaba hace 10 años.

Dedicación a las letras, la docencia y la lingüística
El tañido de una flauta, obra escrita en 1972, posicionó a Sergio Pitol como novelista.

Con el tiempo, los estantes de las librerías se llenaron con sus obras: Juegos florales, Domar a la divina garza, La vida conyugal, Vals de Mefisto y El mago de Viena, por citar sólo algunas.

El narrador gestó muchas de ellas en parques, cafés o en la privacidad de sus estancias en París, Varsovia, Budapest, Praga y Moscú, ciudades donde también ejerció la diplomacia, y en su hogar en el estado de Veracruz, donde creció y reside.

En la faceta de traductor, sus versiones al español de escritores británicos, checos, polacos, alemanes y rusos alcanzan medio centenar.

Su estilo es contarlo todo, pero no resolver el misterio. Su estilo es distorsionar lo que mira. Su estilo consiste en viajar y perder países y en ellos perder siempre uno o dos anteojos, perderlos todos, perder los anteojos y perder los países y los días lluviosos, perderlo todo: no tener nada y ser mexicano y al mismo tiempo ser extranjero siempre, describió Vila-Matas en la revista Letras Libres.

Después de una vida dedicada a las letras, la docencia, la lingüística y la investigación, varios galardones honran la obra de Sergio Pitol: los premios Herralde 1984, el Juan Rulfo 1999, el Roger Caillois 2006 y otros. Sin embargo, el Cervantes fue lo mejor que me ha pasado en la vida, dijo hace unos años.

Cuando la afasia, trastorno del lenguaje derivado de un daño neuronal, orilló a Pitol a retirarse, lo hizo de manera elegante con un anuncio oficial y con la publicación de Una autobiografía soterrada.

Poco después, por su deteriorada salud y sin familia directa, el autor quedó en medio de un pleito legal por su custodia entre las autoridades de Veracruz y sus parientes maternos, los Demeneghi.

De Pitol, el escritor Carlos Fuentes (1928-2012) elogiaba su gran capacidad literaria, muy cercana a los grandes autores centroeuropeos, para mirar el halo oculto de la Luna con una sonrisa sarcástica.

Y Vila-Matas define a Sergio Pitol como el mejor escritor en lengua española de nuestro tiempo.

jueves, 29 de mayo de 2014

Excelente criterio para una colección de traducciones

El escritor y cronista Rodolfo Mendoza
“Con el pelo corto y sus gafas de pasta gruesa, deportivas, Rodolfo Mendoza me recibe en su mesa habitual de un conocido café del centro de la ciudad. A pesar de la inagotable lista de pendientes que suele tener su agenda, me propone reunirme con él durante un breve descanso de una hora, y además él invitará el café. Así ocurre. Al llegar a la reunión, puntual en hora y fecha, Rodolfo acababa de despedirse de otro invitado.” Así comienza la entrevista que el poeta Diego Salas (Xalapa, Veracruz, 1984) mantuvo a propósito de la colección de traducciones que se publica en Veracruz, México, alrededor de la figura del escritor y traductor Sergio Pitol, quien por segunda vez en esta semana aparece en este blog. El texto procede de la revista Tierra Adentro, publicada por la Conaculta, el 26 de octubre de 2013.

Entrevista con Rodolfo Mendoza,
Director de la colección “Sergio Pitol Traductor”

–¿Cuándo y cómo nace la colección Sergio Pitol Traductor?
–La colección nació en 2007. Fue una idea que tenía yo de reunir las traducción que Sergio Pitol había hecho a lo largo de su vida. Como sabemos, él había comenzado a traducir en los años sesenta, con traducciones emblemáticas. A él se debe, por ejemplo, las primeras traducciones de muchos autores polacos. Para 1967 tenía ya preparada la Antología del cuento polaco contemporáneo, donde había alrededor de 20 autores, muchos de ellos, con su primera traducción al español; pero también, para ese momento, Sergio ya había hecho traducciones del inglés y del italiano. Y todas ellas habían quedado diseminadas en varios países, entre México, Argentina y España, traducciones que, al paso del tiempo, se volvieron emblemáticas, como aquellas de Henry James (Los papeles de Aspern y Washington Square) o, para seguir hablando del inglés, de Firbank con Las excentricidades del cardenal Pirelli o la famosa traducción de El corazón de las tinieblas de Conrad. Entonces, Sergio, el Sergio viajero que también conocemos, lugar al que llegaba, lugar donde devoraba la literatura, y al devorarla, descubría que había autores que no se conocían en español. Es decir, aunque tradujo, del ruso, Un drama de caza, la única novela de Chejov, se dio cuenta que no estaba traducido, por ejemplo, Pliniak. Al pasar por Italia, traduce a Luigi Malerba o Elio Vittorini, que tampoco estaban en español. Pero te decía que muchas de esas ediciones habían quedado dispersas en todas partes o ediciones inencontrables. Por citarte un caso, la de Witold Gombrowicz, que después sería Bakakai, habían aparecido, los tres primeros cuentos, en un librito que se llama La virginidad y otros cuentos, en una edición que el dirigía para Tusquets. De tal manera que, cuando me di cuenta, durante mi camino de editor, tenía treinta o cuarenta títulos traducidos por Sergio, que no  estaban en ningún lado, y que no circulaban, salvo Cosmos, El corazón de las tinieblas y algunas cosas de Henry James. No circulaba lo de Lu Hsun, por ejemplo, ni El ajuste de cuentas de Tibor Déry ni La señora Z de Kazimierz Brandys. No circulaban muchas cosas que, según yo, valía la pena que el lector en español conociera. Así que, previo consentimiento de Sergio, le propuse hacer la colección a la Editorial de la Universidad Veracruzana. Aceptaron hacerla. Comenzamos a ver toda la parte de trámites de derechos de autor, obtuvimos el permiso de los diecinueve autores que conforman actualmente la colección. Y se hizo.

–¿La colección va a crecer?
–Hasta veinticinco.

–¿Serán todos los autores que tradujo Pitol?
–No, evidentemente no, porque tú sabes que el tiempo, la época y el mundo editorial van poniendo cosas en su lugar, y los que a Sergio le parecieron autores interesantes en los 60 y los 70, la verdad es que ya no lo son tanto, no aguantaron el paso del tiempo.

–Es evidente que esta colección, visualmente, no se parece nada a las demás colecciones de la Editorial. Tampoco se mueve igual. ¿Cuál fue el proceso para decidir esto?
–No es que estuviera yo pensando en hacer algo que no se pareciera a la universidad, pensaba en hacer libros que me gustara hacer. Cuando uno emprende la edición de un libro, como editor, cuando vas a preparar una colección, la edición misma se empieza a conformar en tu cabeza a los títulos que vas a tener. Lo que se me ocurría era hacer algo muy pegador, algo que jalara mucho la vista, algo que pudieras tener en una mesa de novedades de cualquier lado y que, como lector, voltearas y quisieras ver qué es, sobre todo, tratándose de una colección nueva. Ahí tenemos los grandes aciertos de grandes editores como Jonathan Cape, en Inglaterra; como Wagenbach, en Alemania; como la New Directions, en Estados Unidos, ¿no? Son ediciones que se vuelven emblemáticas por el carácter y el perfil que agarran. Si uno ve, por hablar de los editores en español, un libro de Anagrama a diez metros de distancia en una librería, se nota que es Anagrama. Lo mismo pasa con Acantilado o con Pretextos. Son colecciones o editoriales que logran su carácter. Lo que quise hacer fue precisamente eso, hacer una colección que tuviera su carácter a los tres o cuatro números de creada. Que tuviera su personalidad, y que tú voltearas y la distinguieras.
Creo que la misión de cualquier proyecto editorial es rebasar sus propias fronteras, que los libros sean distinguibles en cualquier parte del mundo, y en ese sentido, el carácter y el perfil de la edición ayuda mucho.

–Ese es otro gran mito sobre las casas editoriales universitarias, aunque producen libros con buenos contenidos, su posicionamiento no suele vencer las barreras geográficas. Y que, en parte, tal vez se deba al formato de su producción…
–Sí, tienes razón. Y además, es un mito absurdo eso de que las editoriales universitarias reduzcan su producción a libros como que muy caseros. Porque “el problema” de estas casas no es un problema en sí mismo, sino que las editoriales universitarias, no todas, obviamente, creen que tienen como labor solamente cubrir la producción editorial de su universidad. Sin embargo, hay casos donde no es así. Si ves Oxford Press o Cambridge Press, te das cuenta de que hay universidad que hacen libros fantásticos. No está divorciada la idea de hacer buenos libros, como objetos, libros visualmente comerciales, de editar libros universitarios y con contenidos de calidad. De tal suerte que, cuando pensé en esta colección, pensé en lo que, no es ninguna novedad, piensa cualquier editor: que fuera una tipografía bonita, una caja grata, que el papel te permitiera leer con mucha o poca luz, con portadas mate, que fuera cosido, que fuera fuerte, que trajera solapas, que si lo traías en tu coche, el sol no lo doblara ni lo hiciera “taquito”, en fin, en algo hecho para el lector.

–Aquí, lo que parece una novedad es considerar al lector, por parte del editor universitario…
–Al lector es al primero al que debes de considerar. No siempre sucede, sobre todo en algunas editoriales; pero si piensas como lo hacen las grandes editoriales, sí. Y sí, a veces las editoriales universitarias no piensan en el “gran lector”. Hacen libros con buenos contenidos, con buenos autores; pero se olvidan un poco de la parte del libro como tal.

–Se dice por ahí que tienes tu propio equipo para trabajar esta colección…
–Sí, claro, uno trabaja con su propio equipo. Es como los médicos. El médico opera con su anestesiólogo y su instrumentista y con su enfermera. Igual yo. Soy un hombre de manías. Me gusta trabajar con mi propio equipo, porque además ya lo tengo muy probado. Con ellos trabajo esto, y también  La Nave y los demás proyectos. Eso no quiere decir que no vaya descubriendo gente nueva y buena, porque a veces tenemos tanto trabajo que hay que ampliar el equipo.

–Por la formación del libro, por la selección de autores y contenidos y por su distribución, podemos decir que la colección Sergio Pitol Traductores uno de los proyectos más ambiciosos que ha tenido la Editorial de la UV en estos últimos años. ¿No te enfrentaste con reticencias cuando planteaste el proyecto? Desde políticas, económicas o de cualquier otro tipo.
–No, en absoluto. Alguna mínima reticencia que ahora no vale la pena ni siquiera mencionarlo, porque, como nos decían varios amigos editores, es una colección que hubiera querido albergar cualquier editorial. Lo que pasa es que no hay otra, hasta donde sé, al menos en español, no hay otra colección dedicada a un traductor, aun cuando tenemos traductores tan potentes en lengua española. A nadie se le había ocurrido hacer una colección dedicada a un traductor. Además, para ampliar un poco esto, tendré que decirte que la idea conceptual de donde nace es que, al ser lector de la obra de Sergio Pitol, me di cuenta de la importancia de sus traducciones. Las traducciones no van ni siquiera en paralelo, son parte de su obra misma. Cuando uno lee a Sergio Pitol decir que estaba atorado con la elaboración de Cuerpo presente, y que fue la traducción de El buen soldado de Ford Madox Ford la que lo hizo ver una estructura de novela y le permitió escribir su novela, te das cuenta de cómo la traducción era parte del trabajo creativo de Sergio. Encima de eso, le ayudó a desarrollar un manejo y un sentido del español como pocos. Su manejo del español, para poder, no calcar, sino mutar de un idioma a otro es espléndido. De ahí que sean tan respetadas sus traducciones. Fabio Morábito decía que cómo le hizo Sergio para traducirSalto mortal de Malerba, cómo logró esos juegos gramaticales y sintácticos del italiano al español. Ahí está justamente el aporte de Sergio. Si tú ves la lucha con el ángel, en el capítulo aquel del Arte de la fuga, cuando él está traduciendo a Andrzejewski, con la endiabladamente difícil Las puertas del paraíso, que es una gran frase, te das cuenta de todas las horas y todo el trabajo que le llevó lograr esta traducción esta traducción tan importante para la lengua española.

–¿Crees que esta colección, como efecto colateral, impacte en un mejoramiento de las condiciones de trabajo del traductor en México?
–Eso ya depende de cada quién. Yo creo que sí se está haciendo mucha traducción y muy buena. Por alguna razón, se sigue traduciendo más en España y quizá en Argentina. Por alguna razón, las editoriales mexicanas apuestan un porcentaje menor a la traducción. Hay cosas que siguen sin traducirse. Por ejemplo, cosas que en España sí voltean mucho a ver. Es de envidia lo que están haciendo con los autores árabes. Muy pocas editoriales están volteando hacia la India o Asia Ahí es donde habría que voltear a ver. Aunque seguimos teniendo muchas deudas de traducción. A mí me parece sorprendente que no circulen en español más que algunos títulos por ahí perdidos de lo que yo llamaría el “canon de la crítica literaria anglosajona”. Ojalá que esta idea de reconsiderar la importancia de un autor como traductor, como en el caso de Sergio Pitol, despierte un poco el interés entre editores y traductores para seguir haciendo eso que son los vasos comunicantes que conocemos desde que Ptolomeo III junto a setenta y dos cuates a traducir.

–¿Tienes pensado armar otra colección?
–Sí, tenemos dos colecciones atoradas. Una de ellas, que nos entusiasma mucho pero no hemos logrado cuajarla, es sobre literatura latinoamericana. Desde hace muchos años tenemos ya un listado de lo que quisiéramos hacer, y espero que en algún momento se logre. Porque, a estas alturas, resulta ridículo que un autor costarricense no sepa de literatura venezolana o que lector y hasta escritores peruanos te pregunten si vale la pena leer a José Emilio Pacheco o que un autor argentino sepa más de literatura inglesa o francesa que de literatura colombiana. Ésa es una cuestión muy curiosa en nuestro continente, que habiendo tantos autores imprescindibles en Costa Rica, Venezuela, Cuba, Chile, Perú, Argentina, Paraguay, etcétera, no los conozcamos. De tal suerte que queremos hacer, sin que eso sea un canon, una colección desde nuestra perspectiva de lo que vale la pena leer de la literatura latinoamericana del siglo XX. Por ejemplo, está Ednodio Quintero, José Balza, Maria Luisa Bombal o Armonía Somers.
Te lo puedo asegurar, cuando el lector mexicano, en principio, (porque eso ha complicado un poco la cosa, ya lo habríamos podido sacar para México, pero estamos buscando que sí tenga una distribución muy buena en toda Latinoamérica, porque si no, el único ganón va a ser el lector mexicano), lea a Armonía Somers, va a decir “¿por qué no había leído esto antes? Si es una autora tan importante como lo puede ser Virginia Woolf”; cuando lea a Juan Filloy, dirá “¿por qué nos habíamos perdido de un autor de esta naturaleza?; cuando lea a Maria Luisa Bombal va saber por qué le tenía tanta admiración y casi reverencia Juan Rulfo. De esa manera es que la tenemos planeada.


martes, 27 de mayo de 2014

Desempolvando a Pitol


Publicado en La Jornada, de México, allá por el 19 de septiembre de 2008, el siguiente artículo de Andrés Timoteo Morales da cuenta de la aparición de los que entonces eran dos nuevos volúmenes de la colección de la Universidad de Veracruz que reúne las traducciones completas del escritor y traductor mexicano Sergio Pitol


“Si no hubiera sido traductor,
hoy sería un novelista malísimo”

Jalapa, Ver., 18 de septiembre. A Sergio Pitol le fascina ser escritor más que traductor de obras ajenas, pero transcribir e interpretar la literatura universal fue su mejor escuela.

Al respecto, comparte: “Si no hubiera sido traductor, ahora sería un novelista malísimo”.

Traductor de unas 45 obras del húngaro, polaco, checo, inglés, ruso e italiano, el premio Cervantes de Literatura afirma que los escritores, cuya obra llevó al español, le develaron el secreto de “atrapar el tiempo y los personajes en un texto”.

En este sentido, la maestra Nidia Vincent resume el quehacer de Pitol como traductor al “desentrañar el mensaje cifrado de los autores para llevarlo a la lengua de El Quijote y en reciprocidad, ellos convertidos en sus maestros, le regalaron sus secretos, las trampas y el engranaje de sus tramas”.

La tarde del miércoles, en el contexto de la Feria Internacional del Libro Universitario 2008, la editorial de la Universidad Veracruzana presentó los dos nuevos títulos de la colección “Sergio Pitol traductor”, que son Corazón de las tinieblas, de Joseph Conrad, y Madre de reyes, de Kazimierz Brandys.

Vislumbres capitales
En la mesa de presentación, el escritor y crítico literario Álvaro Enrigue expuso que el arte de la traducción consiste en “recrear el espíritu de un libro, perseguirlo en términos de sentido con empeños de lobo y renovar la lengua propia forzándola a sonar como la lengua original”.

Esto lo ha logrado Pitol “al perseguir, asediar, morder una novela escrita en otra lengua e incorporar nuevas herramientas, expresiones que por artificiales resultan poderosas. Estrategias narrativas simplemente impensables en la lengua original”.

Citó como ejemplo lo logrado en la traducción de Madre de reyes, del autor polaco Kazimierz Brandys, cuyos recursos se plasman también en la obra literaria de Pitol.

“Gracias al trabajo duro, poco glamoroso de Sergio Pitol, hoy podemos invocar el nombre de Brandys, y con él, el del misterio de toda una literatura de la que ya habíamos tenido vislumbres, hoy capitales para nuestra propia lengua, en el Tañido de una flauta, Juegos florales y El viaje.”

A su vez, Vincent resalta que el papel de traductor es sólo “de mirador, de puente invisible que lleva a la otra orilla de forma natural para que nos haga creer que el libro ha sido escrito en nuestra lengua”.

Y este papel debe ser por demás modesto, pues “su presencia deberá diluirse, cumplirá su labor y dejará las luces del escenario para el autor original, en cuyas ideas y estilo está dirigido el interés de los lectores”.

Pitol, afirma Nidia Vincent, cumplió este papel, pero de paso se alimentó de los autores húngaros, polacos, checos, ingleses, italianos y rusos, para el deleite de sus lectores en habla hispana. Recordó que en El mago de Viena, el narrador insiste en la necesidad de que un joven escritor aprenda de autores consagrados.
“Sergio afirma: no conozco mejor enseñanza para estructurar una novela que la traducción, y compara la actividad del escritor como un simio que imita o de un detective que investiga.

“A los autores a los que tradujo, los sostuvo sin titubeos en la lengua del Quijote y ellos, en reciprocidad, le regalaron sus secretos, sus reflexiones, mostrándoles los recursos de su escritura, las trampas de sus procedimientos y el engranaje de sus tramas. Como el mono mimético, el aprendiz del que habla, tomó para sí lo que la gran escuela del ejercicio de la imitación le ofreció y siguió por su cuenta, llevándose lo que era ya suyo.”

Pasión y escuela
Pese a que Sergio Pitol no emitió ningún mensaje en la mesa de presentación, debido a un problema en las cuerdas vocales, el narrador aseguró a La Jornada, que su pasión es escribir, pero su escuela fue la traducción.

“Hice el oficio de traductor por 15 años, tengo 45 títulos traducidos, algunos muy difíciles, y cuando tuve un tiempo de retiro, comencé a escribir novelas”, dijo en breve charla.

–¿Qué disfrutó más, ser traductor o escritor?
–Ser escritor es mi pasión, pero si no hubiera traducido creo que hoy sería un novelista malísimo.

–Entonces, la traducción fue importante.
–Me alimentó, sí, porque ahí ve uno cómo se atrapa el tiempo en una novela, en un texto y cómo se colocan los personajes, los grandes y los pequeños, todos son imprescindibles.

Los tres libros que más le sirvieron a Sergio Pitol en su crecimiento como escritor y que disfrutó más al traducir al español son El buen soldado, de Ford Madox Ford; Las puertas del paraíso, de Jerzy Andrzejewski, y Los papeles de Aspern, de Henry James. “Los sigo leyendo”, concluyó el autor de Domar a la divina garza.


miércoles, 17 de abril de 2013

Los 80 años de Sergio Pitol


La siguiente columna de Fernando Serrano Migallón –profesor de Ciencias políticas y Derecho consitucional  y reconocido especialista en Derechos humanos– fue publicada en el diario Excelsior, de México, el 21 de marzo pasado, tres días después de que se festejaran  los 80 años del escritor y traductor mexicano Sergio Pitol.

Sergio Pitol

Se dice tanto de las traducciones; desde el antiquísimo “tradutore traditore”, hasta el famoso “la traducción es como la mujer, si bella no es fiel y si fiel no es bella”, que además de su carga machista conoce más de un autor atribuido; sin embargo, poco se dice de la tarea de divulgación que representa el trabajo de quienes vierten a otras lenguas la obra de otros; en nuestro país y en nuestro ámbito, esa tarea tiene nombre y apellido, se llama Sergio Pitol.

Sergio Pitol, miembro de la legendaria generación de Medio Siglo de la Facultad de Derecho, es uno de los protagonistas de la vida cultural del México contemporáneo, creador, él mismo traducido a más de quince lenguas, ha sido el responsable de traer al ámbito de los lectores mexicanos la obra de autores como Henry James, Lu Hsun, Jane Austen, Joseph Conrad, Robert Graves, Witold Gombrowicz y Tibor Déry; por sí mismo es una biblioteca y una Babel viviente, universitario comprometido y siempre mexicano de todos los rincones de la Tierra.

Pitol encarna una de las más importantes tradiciones culturales de la mexicanidad, la curiosidad por el mundo y la apertura al cosmopolitismo, agregado cultural en París, consejero cultural en Varsovia, Budapest y Moscú, embajador en Checoslovaquia, Sergio Pitol se ha ido convirtiendo en una especie de botella lanzada al mar del mundo, con su mensaje en el interior, el mensaje de amistad, cultura y diálogo que es parte de la forma mexicana de ver el mundo.

Proteico y diverso, lo mismo es diplomático que cuentista, lo mismo ensayista que traductor y lo mismo editor que novelista, pero siempre creador de obra y siempre puente entre culturas y expresiones. Acontece con Sergio Pitol lo mismo que con los personajes de la antigua picaresca mexicana del siglo XIX, que salen al mundo, “con su bastón y su hato”, como decía Alfonso Reyes, por la curiosidad de ver el mundo y se quedan allá, en ese mundo lejano de las fronteras, construyendo la patria a su alrededor, para volver al fin, luego de muchas décadas diseminando el tesoro que lograron acumular en saber, sensibilidad y experiencia por todos esos años.

Hace poco Sergio Pitol cumplió sus 80 años; la antigua generación del Medio Siglo ha entrado ya en la edad de la cosecha, de ver cómo el México que anticiparon se cumplió o casi llegó a ser lo que pensaron, abierto y democrático; fueron ellos, desde sus salones en la Facultad de Derecho, desde su revista estudiantil que asombraba por su contenido y su realización, desde en fin, sus sueños de futuros intelectuales. Es verdad que entre su sueño y la realidad quedó un espacio muy grande, pero también lo es y acaso sea una verdad más profunda, que sin aquéllos, “los de entonces”, en palabras de Neruda, sin sus sueños y sin su conquista de las palabras, este México nuestro de hoy estaría aún más lejos del que todos deseamos.

Celebramos con gusto los 80 años de Sergio Pitol; lo celebramos con el agrado de contemplar una larga y fecunda vida, con la alegría con que se festeja la vida y sus productos, en este caso: cultura, conocimiento y amistad. ¡Felicidades, don Sergio!

domingo, 4 de julio de 2010

Colección dedicada a la labor de un único traductor


La noticia, que procede del diario mexicano La Jornada, es de enero de este año, pero merece difundirse a pesar del tiempo transcurrido. Allí, la periodista Fabiola Palapa Quijas comenta que la colección que edita la Universidad Veracruzana y que honra al narrador, ensayista y traductor mexicano Sergio Pitol (foto: María Luis Severiano) se ha incrementado en cuatro nuevos volúmenes.

La colección Sergio Pitol Traductor, de la UV,
se enriquece con cuatro títulos más

La colección Sergio Pitol Traductor, que edita la Universidad Veracruzana (UV), suma cuatro nuevos títulos. Así lo anunció a La Jornada Rodolfo Mendoza, director de tan excepcional serie.

Gracias al trabajo de traducción de Sergio Pitol, los lectores podrán conocer Cosmos, de Witold Gombrowicz; En torno a las excentricidades del cardenal Pirelli,, de Ronald Firbank; Salto mortal, de Luigi Malerba, y Cartas a la señora Z, de Kazimierz Brandys.

En entrevista, Mendoza explicó que las obras traducidas por Pitol “ponen al alcance libros en castellano que no se habían editado desde los años 60 del siglo pasado en México, Colombia y España”.

El escritor veracruzano por primera vez trajo al español a una cuarentena de autores ingleses, italianos, polacos y rusos, entre los que figuran Henry James, Anton Chéjov, Ford Madox Ford y Jane Austen.

Aporte sin parangón
Sergio Pitol, ganador del Premio Cervantes y autor de obras de narrativa y ensayo, como El desfile del amor, Domar a la divina garza y El arte de la fuga, en diferentes ocasiones ha explicado que desde que se fue a Europa, en los años 60 del siglo anterior, empezó a traducir porque no tenía otro trabajo y ha pasado al castellano alrededor de 40 libros en los que ha contado con el apoyo de editores de México, Argentina y España: “les proponía libros que me gustaban y que estaba yo leyendo. Solamente dos o tres me los impusieron para traducir”.

El aporte de Sergio Pitol “en los ámbitos de la traducción y editorial no tiene parangón. A la fecha no hay una sola colección relacionada con el trabajo de traductor de un escritor”, asevera Mendoza.

La colección Sergio Pitol Traductor, integrada hasta el momento por 14 títulos, se integra con grandes obras de la literatura universal que de otra manera no conoceríamos, dijo el funcionario de la UV.

Asimismo, Mendoza recordó que el poeta colombiano Darío Jaramillo dijo que Sergio Pitol no es un traductor que escribe, sino un escritor que traduce, “regalando en sus versiones el castellano impecable, transparente, fluido e hilvanado de un excelentísimo escritor”.

Sergio Pitol dio a conocer al español obras fundamentales, las primeras del inglés y del ruso, lenguas que aprendió de su abuela materna, Catalina Buganza de Demeneghi, y después del francés, polaco, húngaro, checo, italiano e incluso chino.

La traducción fue un acontecimiento decisivo en su labor literaria, pues el propio Pitol aseguró que los autores traducidos le develaron “el secreto de atrapar el tiempo y los personajes en un texto”.

Al alcance del lector
La colección editada por la UV, gracias al apoyo del rector Raúl Arias Lovillo, pone al alcance del lector aquellas traducciones que Pitol realizó durante su estancia en diferentes países europeos y que, por diversas razones, no tuvieron suficiente difusión en nuestro país en los años 60 y 70 del siglo pasado.

En Cosmos, Gombrowicz narra una intriga policiaca, basada en la concepción de “la imposibilidad de conocer el todo”. En tanto que la obra de Firbank, En torno a las excentricidades del cardenal Pirelli, muestra la colorida prosa del autor que segrega erotismo, perversión y jovialidad.

Salto mortal, de Luigi Malerba, es una suerte de historia policiaca onírica, en la que todo tiende al absurdo y a la ambivalencia. En Cartas a la señora Z, Kazimierz Brandys introduce las problemáticas literaria, histórica y política rigurosamente contemporáneas del momento en que escribía el texto.

Los nuevos volúmenes de la colección Sergio Pitol Traductor se presentan hoy, a las 19 horas, en la librería Bonilla (avenida Miguel Ángel de Quevedo 477), con los comentarios de Rodolfo Mendoza, Alejandro Nájera y Víctor Sampayo. También será presentado el libro Y así por el estilo/ So forth, del ruso Joseph Brodsky, en traducción de José Luis Rivas, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2009.

Asimismo, este viernes a las 18:30 horas se presentará El jardín de los cerezos, en traducción de Luisa Josefina Hernández, y Un drama de caza, traducido por Sergio Pitol, ambos libros de Anton Chéjov editados también por la Universidad Veracruzana.