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miércoles, 10 de septiembre de 2025

Canadá se está contagiando de los Estados Unidos


El pasado 5 de septiembre, con información proveniente de un cable de la agencia EFE y sin firma, el diario Clarín publicó que la provincia de Edmonton, en Canadá, ha prohibido en sus bibliotecas importantes libros de reconocidos autores, en una maniobra muy similar a la que se observa en los contagiosos Estados Unidos.

Una provincia de Canadá prohíbe a sus estudiantes leer El cuento de la criada y otros 200 libros

Las escuelas públicas de la ciudad de Edmonton, en Canadá, van a retirar de sus bibliotecas libros como El cuento de la criada, de la escritora y compatriota Margaret Atwood, por contener descripciones de "actos sexuales explícitos".

Atwood reaccionó a la censura de su libro con su humor característico y en las redes sociales señaló: "Hola niños. El cuento de la criada (el libro no la serie) está prohibido en Edmonton. ¡No lo lean, se les quemará el pelo! Busquen uno ahora antes de que quemen en público los libros".

Más libros

La eliminación de los libros, que será efectiva el 1 de octubre, es consecuencia de nuevas políticas adoptadas por el Gobierno conservador de la provincia de Alberta, en el oeste de Canadá.

La medida exime de forma expresa a los libros religiosos, como la Biblia, a pesar de que contengan descripciones de actos sexuales explícitos.

La presidenta del consejo escolar público de Edmonton, Julie Kusiek, señaló en un comunicado que su organización se ha visto forzada a tomar la medida para cumplir con la normativa provincial. "Como resultado de la orden ministerial, diversos libros excelentes saldrán de nuestras estanterías este otoño", afirmó.

En julio, el Gobierno de Alberta anunció su decisión de catalogar los libros en las bibliotecas escolares sobre la base de la inclusión de descripciones de actos sexuales.

La directiva estipula que el contenido sexual explícito es el que detalla con claridad actos sexuales, como masturbación, penetración o eyaculación. Esos libros estarán prohibidos para todos los estudiantes, independientemente de su edad.

Los libros con contenido sexual no explícito, en los que el acto sexual no se describe de forma detallada, solo estarán disponibles para los estudiantes de décimo grado (entre 15 y 16 años).

Una iniciativa conservadora

Alberta, el centro petrolífero de Canadá y que contiene algunas de las mayores reservas de crudo del planeta, es desde hace años el corazón del movimiento más conservador canadiense.

En la última década, en la que el Gobierno federal ha estado en manos del Partido Liberal, la provincia ha liderado la oposición a políticas como la lucha contra el cambio climático, la vacunación contra la covid o los derechos transgénero.

Y en los últimos meses, el Gobierno provincial ha favorecido un movimiento separatista que amenaza con celebrar en 2026 un referendo para independizar la provincia del resto del país por razones económicas y políticas.

Días atrás, la primera ministra de Alberta, Danielle Smith, señaló que la provincia envía cada año a Ottawa entre 20.000 y 25.000 millones de dólares para que se transfieran a Quebec y otros territorios.

"En los últimos 40 o 50 años se han llevado de esta provincia 600.000 millones de dólares. ¿No cree que podríamos tener más gasto social si esos 20.000-25.000 millones de dólares se quedaran aquí?", afirmó Smith en un foro público.


lunes, 5 de agosto de 2024

Neo-nazis queman una biblioteca en Liverpool

A pesar de la poca cobertura local, en Gran Bretaña, en estos días, el discurso racista de los neo-nazis y los miembros de la extrema derecha local está soliviantando a la población. El odio contra los inmigrantes encontró una excusa perfecta a partir del asesinato de tres niñas por parte de un desequilibrado, a quien se identificó vagamente como musulmán. A partir de ese momento, Liverpool y otras ciudades inglesas han visto la persecución sistemática de musulmanes y negros. A ello, se suma la quema de bibliotecas. Así lo describe en detalle el diario inglés Echo, en cuya bajada se lee: "Caos, violencia y destrucción se vieron en County Road durante horas de graves disturbios"

Saqueos en tiendas, incendio de una biblioteca y temores de un padre por los niños, mientras los disturbios sacuden las calles de la ciudad

El sábado, los alborotadores irrumpieron en County Road y causaron importantes daños en lo que la policía calificó como "un grave desorden violento". En un momento dado, un padre suplicó a unos matones enmascarados que no quemaran una tienda con terraza para que sus hijos estuvieran a salvo, pero una biblioteca cercana fue incendiada cuando los saqueadores atacaron los negocios.

El caos comenzó cuando la gente empezó a reunirse cerca de la mezquita de County Road en la calle Walton alrededor de las 20:30 horas. Los canales de redes sociales de extrema derecha habían pedido que la gente se reuniera allí durante la noche.

La policía se apresuró a levantar un muro de agentes con equipo antidisturbios para proteger el edificio de los enmascarados que empezaron a atacar violentamente a la policía. Pronto se lanzaron ladrillos y piedras a los agentes, mientras se desplegaban más de 15 furgonetas antidisturbios en el lugar de los hechos, procedentes de varias fuerzas policiales, incluida la policía de Lancashire y del norte de Gales. Después de una hora, la gente empezó a abrirse paso alrededor de la barricada policial, y un gran grupo atacó a la policía cerca de una sucursal de KFC.

Mientras se seguían lanzando ladrillos a los agentes que portaban escudos antidisturbios, se pasaban fuegos artificiales entre la gente, que los disparaba hacia la policía mientras que, con regularidad, se prendía fuego a los contenedores en un aparente intento de bloquear la carretera. La policía hizo retroceder a los alborotadores, que, en un momento dado, se abalanzaron sobre ellos, y los agentes se vieron obligados a retroceder cuando los manifestantes empezaron a usar fuegos artificiales más grandes.

Los alborotadores enmascarados fueron acorralados en Home Bargains, donde dirigieron sus mirada  hacia los negocios locales. Primero fue una tienda, donde un padre, desde una ventana, suplicó a los saqueadores que no incendiaran el edificio porque los niños estaban arriba, y luego la Biblioteca y Centro Comunitario Spellow, donde se rompieron cristales y rápidamente se produjo un incendio. Las llamas fueron visibles dentro del edificio en cuestión de minutos.

Se colocaron cinco contenedores comunitarios en el suelo y se les prendió fuego, y a medida que el fuego en la biblioteca crecía, la policía hizo retroceder a los alborotadores; varios de ellos procedieron a seguir saqueando las tiendas locales. Cuando el Servicio de Bomberos y Rescate de Merseyside reapareció en el lugar, la policía se vio obligada a utilizar cuatro furgonetas antidisturbios y se dirigió hacia la multitud para dispersarla antes de que la policía, armada con escudos antidisturbios, corriera hacia ellos y los empujara más allá del cruce de Hale Road. En ese momento, el reloj ya había marcado las 23.35 horas.

Usando un cartel arrancado del suelo fuera de Home Bargains, los saqueadores levantaron las persianas antes de robar alcohol, cigarrillos y cigarrillos electrónicos, y los repartieron entre ellos.

martes, 27 de febrero de 2024

Florida: un estado gobernado por trogloditas propensos a la quema de libros

"El estado de Florida es el que más restringe el acceso a obras sobre identidad de género, segregación racial y orientación sexual. A lo largo de todo el país, lectores y librerías se organizan para combatir esas normas." Esto dice la nota de Lori Rozsa, publicada en The Washington Post y reproducida en Cultura InfoBAE, el pasado 18 de febrero. 

Ocho toneladas de libros prohibidos: cómo se organizan los libreros de Estados Unidos para rescatar las obras censuradas

Cuando los responsables de una pequeña librería de Asheville, una ciudad en la zona de los Apalaches, en Carolina del Norte, recibieron una llamada de un distribuidor preguntándoles si podían aceptar 22.000 libros rechazados por un distrito escolar de Florida, les pareció un pedido colosal.

Firestorm Books suele almacenar menos de 8.000 libros, títulos que van desde la ficción histórica al solarpunk. El colectivo, que se autodenomina feminista queer, no estaba seguro de dónde colocarlos, y sus clientes no solían buscar libros ilustrados.

“Pensábamos que esto era más grande de lo que podíamos gestionar”, explica Libertie Valance, miembro del grupo que se ocupa de la tienda. “Pero creo que incluso en esa conversación se supo que igual íbamos a hacerlo”.

Y así empezó el viaje para llevar ocho toneladas de libros -la mayoría prohibidos por las leyes estatales de Florida que restringen el debate en las aulas sobre raza, identidad de género y orientación sexual- desde las escuelas públicas del condado de Duval, en Jacksonville, Florida, hasta Asheville, una localidad de corte progresista.

A medida que Florida se convierte en la zona cero de la campaña para eliminar de las escuelas públicas los libros que tratan sobre el racismo y las personas LGBTQ+, más títulos acaban siendo retirados de las estanterías y almacenados en depósitos. Pero la historia de los libros prohibidos del condado de Duval es inusual por cómo termina: Firestorm Books no sólo se ha hecho cargo de los cuentos infantiles rechazados, sino que ahora los envía a cualquiera que los solicite. Muchos de los libros vuelven a Florida.

“Depende de los padres si no quieren que sus hijos lean un libro”, dijo Armand Rosamilia, autor y residente del condado de Duval que pidió una caja de libros para ponerla en una pequeña biblioteca gratuita frente a su casa. “No debería depender de los políticos”.

Los libros formaban parte de la colección Voces Esenciales del sello Perfection Learning. Se trata de un conjunto de obras para alumnos de primaria con autores y temas diversos. Los títulos incluyen una historia de la bandera arco iris del Orgullo, libros ilustrados sobre figuras emblemáticas como la líder de los derechos civiles Rosa Parks y el relato de una familia que escapa de la esclavitud en Georgia.

Duval encargó 180 títulos de esa colección, pero más tarde descubrió que 48 eran problemáticos, señaló un comunicado emitido por el distrito, concluyendo que algunos incumplían las nuevas leyes educativas de Florida. Algunos fueron devueltos porque habían sido enviados como sustituto de un título no disponible y no eran necesarios.

“Como institución educativa, el principal objetivo del distrito es éste: Ayudar a los niños a aprender a leer”, dijeron las Escuelas Públicas del Condado de Duval en un comunicado. “Hay miles de libros que podemos usar para hacer eso, y el distrito se tomará el tiempo y hará el esfuerzo para garantizar que nuestros estudiantes y maestros tengan acceso a un conjunto diverso y legalmente compatible de libros”.

Al igual que muchos otros grandes distritos escolares en el estado, Duval ha tenido problemas para seguir las nuevas leyes anunciadas por el gobernador republicano Ron DeSantis. Es que la ley de “derechos de los padres” de 2022 prohibió a las escuelas de Florida enseñar a los estudiantes de jardín de infantes a tercer grado sobre temas relacionados con la orientación sexual o la identidad de género. Otra ley aprobada ese año prohibía la instrucción que pudiera hacer que los estudiantes “sintieran culpa, angustia u otras formas de angustia psicológica” por verse obligados a reflexionar sobre malos actos cometidos en el pasado por miembros de su raza.

Una portavoz del Departamento de Educación de Florida dijo que el estado no lleva un registro de cuántos libros se han retirado y qué ha ocurrido con ellos desde que entraron en vigor las nuevas leyes. El estatuto estatal deja en manos de cada distrito escolar la decisión de qué hacer con los libros rechazados. Pueden donarlos, regalarlos, venderlos o reciclarlos. Varios distritos, entre ellos Duval, están almacenando los libros en depósitos mientras se llevan a cabo las revisiones.

Dave Jacks, que observaba los acontecimientos desde Iowa, se sentía frustrado. Como vicepresidente de operaciones del sello Perfection Learning, entendía que su cliente tenía un “gran problema logístico”. Pero tampoco podía revenderlos. Se habían vendido en kits premontados que no habría sido práctico volver a empaquetar. Aun así, quería asegurarse de que esos libros acabaran en las manos adecuadas. Así que aceptó recuperarlos y encontrarles un hogar.

“Estas colecciones están pensadas para niños que, de otro modo, se sentirían excluidos”, afirma. “Creo que todo el mundo debería poder sentirse especial o querido por algo”. Llevó un equipo de Perfection Learning a Jacksonville, donde trabajaron durante casi una semana recuperando los títulos rechazados y empaquetándolos en un semirremolque. Sin embargo, encontrar a alguien que aceptara los libros fue todo un reto. Llamó a librerías de todo el país y nadie parecía tener la voluntad o la capacidad de aceptarlos.

Entonces alguien le habló de Firestorm Books, una pequeña tienda situada en una estación de servicio remodelada de 1956 que vende libros, en su mayoría de editoriales independientes y underground, sirve panadería vegana y café de comercio justo y ofrece “un espacio acogedor, sobrio y antiopresivo” para actos comunitarios.

Jacks pagó la entrega del camión en Asheville, una popular ciudad turística llena de restaurantes de moda y coloridos murales. La “pequeña librería anarquista”, como la describen sus propietarios, vende pegatinas, carteles y tarjetas con lemas como “Aplasta el capitalismo, Juan 2:16″, “Hazte ingobernable” y “La vida no es bella hasta que es bella para todos”. Celebran actos comunitarios como noches de juegos y un Club de Lectura Abolicionista.

Cuando el semirremolque llegó a la tienda en noviembre de 2022, el colectivo se puso manos a la obra para encontrar la manera de acoger tantos libros, y al final decidieron alquilar un almacén. Mientras tanto, el debate en Duval sobre los libros se hizo aún más polémico.

Las escuelas públicas de ese condado cuentan con 54 especialistas en medios de comunicación a los que se encomendó la gigantesca tarea de revisar más de 1,6 millones de títulos para determinar cuáles infringían ahora la ley. Mientras realizaban el análisis, el distrito aconsejó a los profesores que “redujeran temporalmente” las colecciones de sus bibliotecas de aula a los libros que habían sido aprobados previamente.

El resultado en algunas escuelas fue inmediato. El profesor suplente Brian Covey publicó un video a principios del año pasado en el que se veían pasillos y pasillos de estanterías vacías en una de las escuelas del condado. El video se hizo viral, encendiendo un debate sobre la censura y poniendo al condado de Duval en el punto de mira nacional. El distrito declaró posteriormente que un “pequeño número de directores” había interpretado las orientaciones sobre los libros que debían retirarse “con mayor intensidad, por exceso de precaución”.

La indignación por los libros prohibidos en las aulas de Duval llegó incluso a los pasillos del Congreso, donde el representante Jim McGovern (demócrata de Massachusetts) leyó el libro Rosa Parks de Perfection Learning en el recinto, para “ver de qué tienen tanto miedo”. El libro estaba en el lote de títulos enviados a Carolina del Norte. Las escuelas de Duval dijeron que ese libro había sido devuelto porque ya tenían historias similares sobre Parks y otros líderes del movimiento por los derechos civiles.

En Asheville, el colectivo Firestorm decidió que encontraría la manera de devolver los libros a Florida. Cuando recibieron los libros por primera vez estaban en proceso de mudanza, y no fue hasta hace tres meses cuando finalmente pusieron en marcha un proyecto para que los libros volvieran a las estanterías de los lectores.

La iniciativa, “¡Vuelven los libros prohibidos!”, ofrece el envío gratuito de los libros prohibidos a quien rellene un formulario de solicitud en línea. Más de un tercio de las solicitudes proceden del condado de Duval y muchas van a parar a familias con bibliotecas comunitarias en sus patios.

Los clientes de Firestorm se presentaron un día frío y ventoso de finales de enero para ayudar a empaquetar las cajas. Formaron una cadena de montaje poco organizada, juntando las cajas y seleccionando seis títulos para colocarlos dentro.

La voluntaria Katie Croft, terapeuta en Asheville, dijo que le preocupa que las leyes de prohibición de libros de Florida se estén colando en Carolina del Norte. Una ley estatal aprobada el año pasado dice que “la instrucción sobre la identidad de género, la actividad sexual o la sexualidad no se incluirá en el plan de estudios impartido en los grados de preescolar a cuarto grado”, haciéndose eco de la ley original de Florida sobre los Derechos de los Padres en la Educación. Desde entonces, Florida ha ampliado la ley para abarcar todos los grados. “Estaba mirando algunos de estos libros, casi llorando”, dijo Croft. “Estos libros representan las voces de tanta gente, y los niños de esas escuelas de Florida no van a experimentarlas”, dijo.

Un representante de las escuelas del condado de Duval dijo que el distrito no tenía ningún comentario sobre el viaje de los libros de Jacksonville a Asheville y ahora de vuelta a Florida. Tracy Pierce, jefa de marketing y relaciones públicas del distrito escolar del condado de Duval, explicó que “lo que la editorial haga con los libros después de que se los devolvamos depende realmente de ellos y no es un tema sobre el que tengamos que pronunciarnos”.

En el acto de empaquetado de libros, los voluntarios dejaron regalos sorpresa en cada caja: uno de ellos fue un pequeño folleto de papel que parece un libro para colorear titulado Soy un unicornio y me gusta luchar: Guía infantil para plantar cara al fascismo y a los matones.

Al cabo de 90 minutos, habían empaquetado 200 cajas. En total, han enviado casi 1.700 libros hasta la fecha. El grupo organizó una recaudación de fondos en Internet para ayudar a resolver los gastos de envío. Tres días después, una de las cajas llegó a casa de Sarah McFarland, en Tampa. El distrito al que asisten sus dos hijos ha rechazado muchos menos libros, pero a ella le sigue preocupando que, con las nuevas leyes, no aprendan sobre momentos y personajes clave de la historia.

“Quiero que puedan elegir lo que quieren leer”, afirma McFarland. “Quiero que tengan libre acceso a la literatura que quieran, como yo tuve cuando era niña”. El primer libro que leyeron de la caja: Una historia de Harvey Milk, sobre el primer funcionario electo abiertamente gay de California. McFarland dijo que acompañó a sus hijos en un debate después de leerlo. “Fue muy emotivo para mí”, dijo. “Tengo familiares de la comunidad LGBTQ, así que para mí es muy importante que mis hijos lo entiendan”.

miércoles, 14 de febrero de 2024

Noticias calientes del gran país del norte


El pasado 10 de febrero, Omar Genovese publicó en la sección Cultura del diario Perfil, de Buenos Aires, la siguiente nota, sobre una costumbre ya recurrente en los Estados Unidos. En la bajada se lee: "Valentina Gomez Noriega, candidata republicana a secretaria de Estado de Missouri, emuló al candidato a gobernador, Bill Eigel, quien el año pasado quemó cajas llenas de propuestas políticas de izquierda. Valentina Gomez publicó en sus redes sociales un video en el que se la ve quemando dos libros Queer, diciendo: 'Cuando esté en el cargo, estos libros arderán. Quemaré todos los libros que preparan, adoctrinan y sexualizan a nuestros niños'."

Nueva tendencia del Partido Republicano de Estados Unidos: la quema de libros

"Con sólo 24 años, he roto las normas. Con una Maestría en Administración de Empresas en Finanzas y Estrategia de la Universidad de Tulane a mis 22 años, emergí no solo con una educación sino como una mujer de principios y propósito. A lo largo de ese tiempo, desempeñé muchos roles: nadadora de la División I, vicepresidente del Consejo Empresarial Hispano, conductora de Uber e instructora de natación, siempre esforzándome, siempre superando límites. No me disculpo por rechazar la mediocridad. Estoy firmemente convencida de que con disciplina y valor para enfrentar nuestros miedos más profundos, el reino de lo posible no conoce límites. Jóvenes habitantes de Missouri, escúchenme: si yo pude hacer realidad mis sueños, ustedes también pueden hacerlo. No hay límite para tu potencial.”

Así se define Valentina Gomez Noriega, candidata a secretaria de Estado de Missouri, Estados Unidos, por el Partido Republicano en su página web. La misma fue noticia el martes pasado tras publicar un video en sus redes sociales donde quema dos libros con un lanzallamas casero (que a su vez luce una boca de tiburón, similar a la que decoraba los aviones caza Spitfire norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial).

Los libros destruidos por el fuego son Queer: The Ultimate LGBTQ Guide for Teens de Kathy Belge y Mark Bieschke (según las autoras, brinda a los adolescentes información precisa y útil sobre lo que significa ser parte de la comunidad Lgbtq); y Naked, versión en inglés de Tout nu! Le Dictionaire Bienveillant de la Sexualité de la sexóloga oriunda de Quebec, Canadá, Myriam Daguzan Bernier, con ilustraciones de la también canadiense Cécile Gariépy (una guía para adolescentes sobre salud sexual).

Valentina Gomez Noriega, bonita, con aire desafiante, antes del acto incendiario afirma: “Estos libros provienen de una biblioteca pública de Missouri. Cuando esté en el cargo, arderán”. Y para que no queden dudas: “Cuando sea secretaria de Estado quemaré todos los libros que preparan, adoctrinan y sexualizan a nuestros niños.”

Las declaraciones que se adjudican a su jefe de campaña política despejan todo tipo de dudas: “¿Quieres ser gay? Está bien ser gay. Simplemente no lo hagas cerca de niños. Dejen de poner libros en las bibliotecas sobre sexualización, adoctrinamiento y preparación de niños. Los niños necesitan aprender matemáticas, ciencias, desarrollar su don de gentes, ponerse en forma y al mismo tiempo proteger su inocencia. No aprender las ideologías que a la izquierda radical le encanta imponer a los niños.”

La publicación del video en X (ex-Twitter), recibió centenares de denuncias por incitación al odio, por tanto, fue bloqueada en el mismo día. Pero, por la magia de su dueño, Elon Musk, volvió a figurar en la red y, esta vez, referida por la misma Valentina el miércoles lo difundió acompañado del siguiente mensaje: “@Elon Musk Gracias por proteger la libertad de expresión. Hemos vuelto de la censura. Dios bendiga a nuestros hijos, Dios bendiga a América. ¡No puedo darles ni un centímetro a esos izquierdistas! –@JMilei @Timcast @alx @hodgetwins”.

La arroba y nombre en los últimos tres citados implica a miembros de la red social que hacen campaña como influencers a favor de Donald Trump y que habían replicado el video original censurado por otros usuarios. El anterior a estos, @JMilei, es el nombre de la cuenta en X del Presidente argentino en ejercicio, Javier Milei, del que no se encuentra referencia alguna al video del incendio. Tal vez Valentina sea su admiradora y busca promocionarse en el entorno republicano.

No obstante, el jueves Valentina publica la noticia en esa misma red social sobre su suerte en otra: “Acabo de ser censurada y eliminada en Instagram. Lo diré de nuevo. Hay tres cosas en las que confío: 1. La Biblia. 2. X, gracias @Elon Musk. 3. Mi AR-15. América primero.” En otras publicaciones, cita la sigla MAGA, y no por leer Rayuela de Cortázar justamente, sino que en inglés significa Make America Great Again, el ya legendario eslogan de Donald Trump.

La bella hija de inmigrantes parece una réplica de la Sarah Connor hispana que aparece en una de las últimas versiones de la franquicia Terminator. Es que el electorado norteamericano de origen hispano, según el último censo, implica a 63,7 millones, lo que representa cerca del 19 por ciento del total de la población del país. En sí, políticos agresivos e indolentes para la inclusión racial, motivo de análisis que supera el espacio de esta página.

En eso de quemar objetos ya existen antecedentes en Missouri. En noviembre del año pasado, el primer candidato republicano a gobernador de ese estado, Bill Eigel, incendió, con un aparato similar al utilizado por la inquietante Valentina, varias cajas vacías que simulaban estar repletas de propuestas políticas de izquierda. Para completar la noción, posteriormente declaró que se deberían quemar los libros ofensivos. En sí, la candidata siguió la línea de su posible futuro jefe.

Mientras este ambiente de todo es válido para obtener un voto se transforma en un bien mediático normalizado, corresponde recordar que el título Fahrenheit 451 de la novela de Ray Bradbury hace referencia a la temperatura en que arde el papel, equivalente a 233 grados Celsius.

También, que el 10 de mayo de 1933, al poco tiempo de llegar Hitler al poder, en la Plaza de la Ópera de Berlín y en otras veintiún ciudades más, los miembros del Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán quemaron libros incautados de escritores judíos, pacifistas, marxistas, opositores o del denominado “arte degenerado”. Así les fue: quemar libros es una maldición.

viernes, 26 de mayo de 2023

" ¿Por qué tanto miedo a la incomodidad?"

El pasado 11 de mayo, Gabriela Baby publicó en Cultura InfoBAE una entrevista con la filóloga española Irene Vallejo, quien, convertida en best– seller mundial, visitó la última Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

“Hablo de la destrucción de libros en el pasado para despertar conciencia de lo que está sucediendo hoy por dos extremos políticos”

Tiene ojos clarísimos, mirada amplia y ese acento ibérico que enamora. A Irene Vallejo le encanta conversar. Cuenta que la escritura de El infinito en un junco le llevó nueve años de trabajo, años durísimos en lo personal porque la enfermedad de su hijo Pedro la tuvo entrando y saliendo de sucesivas internaciones en el Hospital de Zaragoza: “En esos años, la escritura fue el modo de contener esa tremenda angustia. El tiempo de escribir era lo que me permitía escaparme de esa realidad tan terrible y tan inmanejable”, dice la escritora.

Pedro salió adelante y goza de buena salud. Y el libro, también: súper elogiado por la crítica, adorado por miles de lectores de todo el mundo y ganador del Premio Nacional de Ensayo en 2020 en España. El infinito en un junco. La invención de los libros en el mundo antiguo cuenta la historia de los libros –desde los primeros papiros, códices y pergaminos– y su permanente tensión con el poder.

 

El texto (450 maravillosas páginas) tiene el tono de leyenda épica en la que los héroes son libreros, bibliotecarios, lectores, juglares y poetas anónimos: gente del montón que hoy reconoceríamos como lectores (el famoso lector de a pie quizá) que defendieron con astucia y tesón el entrañable, mágico tesoro que constituyen los relatos de la humanidad. Y para toda la humanidad.

 

Irene Vallejo está feliz porque ha llegado a Buenos Aires y la esperan días de Feria y encuentro con los lectores y mucho más.

 

“Es una maravilla para mí estar en Argentina, porque de Argentina llegaban muchísimos libros a mi casa durante el franquismo, cuando yo era chica. Mis padres eran muy muy lectores, y a través de libreros amigos y con mucho cuidado llegaban de Argentina libros que la dictadura había prohibido: Miguel Hernández y Lorca, nuestros exiliados, que habían venido a Latinoamérica y acá publicaban, porque estaban prohibidos en España. Pero también los libros de Juan Rulfo y de Cortázar. De Editorial Losada, yo recuerdo libros de César Vallejo y de Roberto Arlt. Estoy hablando con vos y veo la tapa de El juguete rabioso, de Roberto Arlt, en la edición de Losada. Y por supuesto Rayuela, que estaba prohibidísima. Todos los autores que tuvieran un halo izquierdista o incluso todos los libros que fueran muy experimentales o explícitos sexualmente estaban prohibidos, entonces estaba prohibido casi todo.

 

–La persecución a los libros se repite a lo largo de la historia del mundo, en muchos países.

–Pues claro. Ustedes tuvieron la misma historia acá con la dictadura militar. Pero siempre la prohibición produce el efecto contrario que es un gran hambre lector.

 

–En El infinito en un junco se narran varias escenas de destrucción y censura de libros.

–Sí, porque así como existen noticias históricas de la aparición de libros, existen también noticias de persecución a los libros. Quema de libros, ataques a libreros, a autores, encarcelamiento, exilio. Ovidio es el clásico que aparece acá porque él fue condenado al exilio por el emperador Augusto. También los libros relacionados con brujería, con religiones paganas, de adivinación o de historiadores que resultaban incómodos a los poderosos.

 

–¿Son historias que pertenecen al pasado o que también están ocurriendo en el presente?

–Lo cuento como pasado pero para despertar la conciencia de lo que está sucediendo. Acabo de hacer una gira por Estados Unidos y estuve en Harvard, en una conferencia que se titulaba “Leer libros prohibidos”. Y allí me enteré que la Asociación de Bibliotecas americanas ha lanzado una petición de socorro, porque cada vez hay más personas que solicitan que se retiren libros de bibliotecas escolares o públicas. Padres o familias que consideran que esos libros pueden resultar perturbadores para los niños o para cualquier otro lector. Desde clásicos hasta libros contemporáneos.

 

–¿Hay algo de la corrección política que se está pareciendo demasiado a la censura?

–Se ven como dos extremos políticos: por un lado, los más conservadores que se sienten incómodos con libros que hablan del racismo institucionalizado o de libros que dicen ellos que son antiamericanos, o libros con contenido sexual explícito, libros que les parecen que son de temática LGTBI, y no quieren que las personas entren en contacto con ellos. Y, del otro lado, desde las izquierdas, esos libros que se supone que son ofensivos para las minorías, como el caso de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, que usan este término niger, u otro tipo de textos que tienen cierta terminología racista o misógina. Las personas que van contra estos libros dicen que esos términos pueden ser ofensivos o inquietar a esas minorías.

 

–¿Qué efectos puede tener esta cultura de la cancelación?

–La pregunta que me surge es ¿por qué tanto miedo a la incomodidad? Por qué no pensamos que la incomodidad es profundamente filosófica. No existe el derecho a que el arte no te incomode. Incluso porque incomodar es una de las obligaciones del arte. Provocar una sensación que puede estar en un arco que va desde la duda, la sacudida de tus certezas, la pregunta, la repugnancia y la repulsión también. Y no tenemos derecho a que esos libros no estén accesibles en las bibliotecas. O en los colegios. En tal caso, enseñar a los niños o a los lectores a ser críticos con los libros.

 

–¿Por qué?

–Porque la incomodidad invita a pensar la raíz de esa incomodidad, entonces descubres cosas sobre ti mismo, sobre sociedades del pasado, sobre una herencia recibida, y sobre conceptos que muchas veces están en la atmósfera y no nos cuestionamos. Si eliminamos los libros de Historia o los relatos escritos en otros siglos y las manifestaciones sociales que no nos gustan, estamos borrando la huella de nuestro pasado, de nuestras luchas. Si se borran de la literatura todas las huellas del machismo, entonces ¿dónde queda el feminismo? ¿Cómo construyes la historia del feminismo si borramos las huellas de aquello que se trataba de combatir? Y además es muy peligroso, porque si tienes versiones edulcoradas del pasado puedes provocar movimientos nostálgicos a otras épocas muy idealizadas…

 

–¿Como si existiera un pasado perfecto y limpio?

–Algo así. Ahora hay muchas personas en Estados Unidos que dicen querer volver a la América grande de nuevo, el american way of life y todo eso. Añoran los años 50 o 60 con una mirada muy idealizada de esa época, olvidando muchos aspectos de esa sociedad: el machismo, la caza de brujas, el macartismo, la persecución, la falta de libertad. Y son los relatos de esa época los que nos devuelven a todo aquello que hemos combatido y que siempre está al acecho. O sea: tenemos que mantenernos alerta porque ninguna conquista es para siempre.

 

¿Literatura o mercado?

–Actualmente la comunidad del junco parece reunir a multitudes. ¿Consumo o lectura?

–Esta bueno seguir esta relación entre autores y lectores cronológicamente, porque al principio de la Historia, cuando se escriben los primeros libros, el objeto libro era un privilegio de las clases pudientes. Muy pocas personas tenían libros: los aristócratas, los gobernantes y los sacerdotes, nada más. La mayoría de la gente no había visto un libro en toda su vida. Por supuesto que no sabían leer pero tampoco podían poseer libros porque eran objetos lujosos. Y en las primeras sociedades que podemos investigar, Roma antigua, la circulación de la literatura contemporánea se hacía a través de las amistades. Un autor escribía su libro, encargaba una serie de copias y se las daba a sus amigos y a la gente de su medio intelectual, a sus mecenas. La circulación de los libros era en clases privilegiadas.

 

–¿Eso cambió con la imprenta?

–La imprenta vino muchísimo después. Porque en la antigüedad había librerías y bibliotecas. En Roma, por ejemplo, Marcial, que era un poeta, indica en sus propios poemas donde encontrar sus libros. La primera publicidad de un libro ¡y en la propia poesía! Aparece entonces el lector desconocido. Pero el lector desconocido para algunos escritores es un fenómeno traumático. A Marcial le encanta, pero Horacio siente mucho pudor. Quiero decir que esa circulación comenzó en algún momento. Tiene una historia. No es algo siempre dado. Al igual que la lectura en silencio, la lectura silente. Quiero decir: pensamos que los rituales de lectura han sido siempre iguales y que el acceso a la lectura ha sido siempre como es ahora, pero no. Ha pasado por revoluciones, transformaciones.

 

–Pero, de todas maneras, el mercado es tan prolífico que ningún crítico o especialista llega a leer todas las novedades de cada mes.

–Es desbordante la cantidad de libros que se publican ahora. Y no es tanto que no se publique tu libro sino que no quede totalmente ahogado, opacado por la cantidad de novedades que lo acompañan.

 

–Entonces podríamos pensar en otro tipo de lector: el que sabe o debería saber qué leer, que dejar de lado, aquel que puede discernir entre literatura y mercado.

–Es un cosmos, casi como un ecosistema donde unos se necesitan a los otros. Los grandes best sellers que se venden tanto mantienen las editoriales, libreros y distribuidoras para que puedan sobrevivir y sostener a esos otros libros que se leen menos. Que todos existan y circulen. Como en la naturaleza: tienen que haber grandes árboles para que a su sombra existan otras especies pequeñas. Yo prefiero verlo así como un ecosistema en el que todo tiene su función y todos nos relacionamos… porque todos somos lectores más versátiles de lo que creemos y hemos disfrutado con libros muy comerciales y con otros más de autor o difíciles o exigentes. Y vamos cambiando.

 

–El libro a la vez nos obliga a entrar en otra temporalidad. Tensiona la dicotomía entre la cultura snack actual y el tiempo sostenido de las páginas. ¿Estamos en condiciones de darnos ese tiempo y esa atención?

–Yo creo que esa es la razón por la que el libro cumple una función en nuestro mundo contemporáneo. No es una cuestión de atarse a los viejos rituales, pero realmente los libros ayudan a fortalecer la atención que es un problema de esta época, la dispersión: cada vez tenemos menos capacidad para mantenernos atentos. Los libros son un antídoto porque te acercas a los libros con un estado de ánimo propicio para sostener la atención durante bastante tiempo. Han hecho pruebas de escáner a las personas que leen y han visto que todo el cerebro está activado, a diferencia de cuando vemos una película o una serie, que tenemos involucradas muchas menos áreas del cerebro. Los libros avivan una llamita que tenemos en nuestro interior que ni siquiera conocemos: aparecen recuerdos, se activa la memoria, la reflexión, la concentración, la intimidad. Y son cosas muy valiosas ahora mismo, que estamos en un momento de dispersión y lucha despiadada por la atención, de mercantilización de nuestra atención. Porque las apps de los móviles están pensadas para tomar nuestra atención y mantenernos atrapados todo el tiempo.

 

La lectura como gimnasia para la democracia

–En tus intervenciones señalás una profunda relación entre la democracia y los libros, la lectura como un ejercicio que posibilita la democracia. ¿Podrías explicar este vínculo?

–Yo creo que los libros fortalecen la democracia en la medida que mediante la lectura te acostumbras a ponerte en la piel de otra persona. A diferencia de los buscadores y algoritmos que te afirman en tus ideas y en los contenidos que saben que te van a gustar y que coinciden con tus ideas o que te halagan – que es lo que intelectualmente hacen para tenernos ahí prendidos de la máquina–  los libros te colocan en universos, en personas, en ideas que no son las tuyas.

 

–Entonces..

–Si la democracia es esta vida en la que tenemos que estar pactando con personas que piensan distinto que nosotros, pues leer libros es un buen ejercicio. Mientras que si estamos enfrentándonos permanentemente con las personas que no piensan como uno, y además las redes están pensadas para recompensar el conflicto, la agresividad, el enfrentamiento, y en general premia al que es más agresivo o polémico con más likes y mejor posicionamiento, más impacto y retwitts, entonces está favoreciendo a que nos encasillemos en nuestras posiciones. Y se arman estas polarizaciones, que están sucediendo mundialmente y tienen en parte que ver con el tiempo que pasamos en las redes y como nos comportamos en ellas. Los libros, en cambio, te confrontan con el otro, con la otredad. Siempre te van a poner en otra esfera social, en otro país, en algo que resulta extraño, a donde te invitan a entender, a comprender los conflictos, los distintos puntos de vista de situaciones complejas, te llevan hacia lo otro. Y de hecho al leer un libro yo creo que es lo más parecido a poder entrar en la mente de alguien distinto de nosotros. Cómo razona, cómo argumenta, cómo ve la realidad. Y esto es fundamental para vivir en un sistema en el que constantemente tenemos que pactar con otras personas que piensan diferente.

 

martes, 16 de mayo de 2023

Ahora, en Glasgow, le toca a J..K. Rowling

El pasado 13 de mayo, Omar Genovese publicó en el diario Perfil, de Buenos Aires, la noticia sobre la quema de un ejemplar de la saga de Harry Potter en Glasgow. El hecho se inscribe en la serie de condenas y cancelaciones a las que la época nos tiene acostumbrados.

La quema de un libro de J. K. Rowling en Glasgow recuerda a los biblioclastas nazis

El martes pasado trascendió un video del acto performático realizado a las puertas de un café de Glasgow, Escocia. Sobre la vereda frente al Pink Peacock (Pavo Real Rosa), una persona trans prende fuego un ejemplar de Harry Potter y la Orden del Fénix de J.K. Rowling, y dice: “Dios también odia a las Terfs” (término que refiere a las feministas radicales transexclusivas). Al combustionar el libro afirma sentirse empoderada mientras aplica gel de testosterona en sus brazos. Los subtítulos señalan que esto ocurrió durante la festividad judía de Lag Ba’omer, en cuya tradición está encender fogatas.

Ante la noticia publicada por el diario The National, donde se compara el acto promocionado con la quema de libros realizada por el nazismo en 1933, en su cuenta de Twitter (@dirozevepave), el colectivo de Pink Peacock justifica el acto: “(los nazis) destruyeron alrededor de 20 mil libros de investigación y archivos del Institut für Sexualwissenschaft (Instituto de Sexología) en Berlín, primer centro de investigación sobre homosexualidad, intersexualidad y transexualidad, dirigido por el médico judío Magnus Hirschfeld. En ese libro ardiendo se supone que está Dora Richter, primera mujer trans que se sometió a una cirugía de afirmación de género en el trasero y fue asesinada ese día.”

“Los nazis consideraban que la homosexualidad estaba intrínsecamente ligada al judaísmo y trataron no solo de asesinar a todos los judíos, sino también de destruir todos los registros de la cultura homosexual y judía. Lo que hicimos, por otro lado, fue quemar una sola copia de un libro escrito por un multimillonario que hace campaña para prohibir a las personas trans de la vida pública. Comparar un colectivo anarquista judío trans con los nazis es realmente... ¡Somos un pequeño café! ¡Simplemente no tenemos el poder para cometer asesinatos y genocidios!”

Desde su apertura en 2021, este café anarquista queer yiddish & infoshop (centro cultural comunitario trans), ofrece menú vegano, sin alcohol, bajo el concepto “pague lo que pueda”, equivalente al conocido en nuestro país como “a la gorra”. También se caracteriza por actitudes que han llamado la atención de la comunidad de Glasgow, más precisamente, la policía.

En junio de 2021 colocaron un cartel rosa en la vidriera donde se leía “Fuck the Police”, que fue retirado por los aludidos acusando al responsable del local, Morgan Holleb, por delito de orden público. Ocurrido esto, reemplazaron el cartel por otro en yiddish que decía: “Daloy polizei”. Ya en octubre, ofrecieron llaves para escapar de las esposas policiales a los manifestantes en contra de la Conferencia sobre el Cambio Climático (COP26) que se realizó en la misma ciudad, desatando gritos mediáticos de las autoridades. Entre la propaganda política y la promoción, Pink Peacock demuestra ingenio creativo, por lo cual esta quema de Harry Potter también ingresa en dicho rango.

Lo mismo puede pensarse de J. K. Rowling, quien nunca bajó las banderas de su feminismo radical. En habla inglesa ha sabido enfrentarse contra los que la acusan de transfóbica, vindicando la lucha en contra de la agresión masculina (sin importar la percepción de género del agresor). A fines de marzo la autora replicó en Twitter un video de la activista australiana trans Tess Hall donde quemaba un libro suyo.

Es que la quema de Harry Potter resulta un fenómeno global, y en apariencia se remonta a Estados Unidos, año 2001, en el estado de Nuevo México, donde varios ejemplares sufrieron el fuego acusados de satanismo. Ya en 2005, una madre en Gwinnett, Georgia, llevó su caso hasta la Corte Suprema estatal, alegando que los libros de la saga promovían la brujería y el ocultismo entre los estudiantes. Es decir: Harry enciende los ánimos por razones tanto progresistas como conservadoras, o a derecha e izquierda.

En febrero del año pasado, Greg Locke, pastor de la congregación Global Vision Bible Church de Tennessee, Estados Unidos, transmitió en vivo por Facebook una quema “combo” de ejemplares, tanto de Harry como de la saga Crepúsculo, de Stephenie Meyer, para que sus seguidores los eliminen del hogar como elementos de brujería. Fanático de Trump, el mismo Locke reconoció orar y predicar en los escalones del Capitolio durante la violenta toma del 6 de enero de 2021. Es que Rowling se opuso a las medidas contra la inmigración de Trump, lo que despertó represalias como la eliminación de los libros de Harry de la Biblioteca de una Academia Católica en 2019 porque “las maldiciones y los hechizos que se usan en los libros son maldiciones y hechizos reales”.

Regresemos a Escocia. Dice la leyenda editorial que el primer tomo de la serie fue escrito en varios cafés de Edimburgo. Rowling reside allí, pero es originaria del sur de Inglaterra, de Gloucestershire. En 2014, la autora donó 1,4 millones de euros para la campaña en contra de la independencia del Reino Unido a raíz del referéndum, donde los independistas perdieron 55,3% a 44,7%. En Glasgow se votó 53,5% a favor de la escisión, y en Edimburgo 61,1% en contra. La ciudad trabajadora contra la capital administrativa. En tal grieta quedó Harry, quien debería mudar su magia luego de otro referéndum frustrado que estaba previsto para 2024.

martes, 28 de marzo de 2017

Muestra sobre la quema de libros en la dictadura

El 23 de marzo pasado, Karina Micheletto firmó en el diario Página 12 la nota que sigue, a propósito de la quema de libros durante la última dictadura. En ella entrevistó a Ricardo Figueira y Amanda Toubes, antiguos empleados del CEAL, y al periodista Alejandro Moñino, curador de “Memoria en llamas”, una muestra que conmemora esa quema de libros, organizada  a partir de negativos fotográficos recuperados que dan cuenta de ese hecho.

“Eran unos tipos armados
que ni sabían prender fuego”

El 26 de junio de 1980, 24 toneladas de libros del Centro Editor de América Latina, una de las experiencias culturales más formidables que ha dado este país, ardían en un baldío de Sarandí, por orden de la dictadura cívico-militar. Lo de “arder” es un decir, según revelan testigos directos del episodio, porque resultó que los libros estaban húmedos, y la ejecución de la quema fue bastante improvisada. La orden de “desaparición” de esos libros tardó entonces unos tres días en cumplirse y quedó documentada: Ricardo Figueira, archivista y director de colecciones de la editorial, fue obligado a fotografiarla, y a presenciarla junto a Amanda Toubes, otra trabajadora del CEAL. Décadas después, el periodista Alejo Moñino se enteró de que Figueira guardaba los negativos de 29 fotografías que testimonian aquel delito cultural. Esas fotos se convirtieron en la muestra “Memoria en llamas”, que hoy a las 19 se inaugura en el Centro Cultural de la Cooperación (Corrientes 1543), y que se mantendrá abierta al público con entrada gratuita. 

Subversivo y peligroso
“El policía acercaba el fósforo a la pila de libros, y era obvio que no tenía ninguna chance de éxito. Así que le dije: oiga, ¿por qué no va a buscar un poco de nafta o kerosenne?”, recuerda ahora Figueira, sentado en una mesa del bar del Centro Cultural de la Cooperación, donde, a la vuelta de los años, las fotos que tomó cumpliendo una orden judicial se exhiben convocando la memoria. “Y yo pensaba: ¿Qué hace Ricardo? ¡Encima les da ideas! Entonces vino uno de ellos a pedirnos plata para comprar nafta. ¡Lo único que faltaba! ¡Darles mangos a esos tipos para que quemaran los libros!”, agrega a su lado Toubes. La imagen es surrealista –“patafísica”, se sigue riendo Toubes–, si se observan las fotos grises y se tiene en cuenta que los implicados llegaron a temer por sus vidas, y sobre todo por las de los obreros del depósito, que tras el procedimiento permanecieron presos varios días. 

“Había libros, fascículos, y también algunos discos. Eran los que sobraban del sistema de distribución en quioscos que había inventado Boris Spivacow, y que obligaba a tiradas que nunca bajaban de los diez mil ejemplares. Venían todos humedecidos del depósito y, encima, muchos estaban envueltos, encintados. No se iba a quemar así nomás”, sigue repasando Figueira. Toubes le agrega algo de poesía al relato contando que entonces pensaba: “¡Qué buen papel, qué buena encuadernación! ¡Qué buenos libros que hacemos!... En eso comienzan a salir obreros de las fábricas y también chicos de las escuelas: ¡queman los libros, queman los libros!, gritaban. Entonces yo les decía, bajito: Afánenlos. Afánenlos”...

Entre esas publicaciones pudieron estar colecciones como Documentos de Historia Integral Argentina, o la Historia del movimiento obrero, o enciclopedias de los más variados temas, o el recordado Atlas Total, o colecciones para chicos como los Cuentos de Polidoro o Los cuentos de Chiribitil. Se trataba de “material subversivo y peligroso”, que “atentaba contra la Constitución Nacional”, según había concluido el juez federal platense Héctor Gustavo de la Serna. Y por eso había decidido su inmediata quema. No sólo eso: para dar el marco necesario de “legalidad” a aquel procedimiento, y garantizar que su orden fuese cumplida y no que, por ejemplo, los libros fuesen robados o revendidos, ordenó que los propios damnificados por su sentencia fotografiaran el proceso.

“Chiquito, hay que mandar un fotógrafo”, cuenta Figueira que, como jefe archivista y documentalista, le pidió Spivacow. Como no quiso exponer a ninguno de los fotógrafos, cuenta también,  él mismo se hizo pasar por fotógrafo de la editorial, aunque en esta materia no era más que un aficionado. Amanda Toubes decidió acompañarlo: ella se hizo pasar por su asistente. “Para ver a la cara a los que quemaban nuestro trabajo”, explica hoy. 

Ambos aparecen en una de las fotos que integran la muestra Memoria en llamas. Toubes es la joven que se cruza en la escena intentado protegerse del frío con su chal, sin soltar su maletín de trabajo y algo que parecen carpetas bajo el brazo (¿colecciones que estaría emprendiendo, material para seguir corrigiendo?). De Figueira se ve la sombra, de su cabeza apenas, en el pasto.  

Libros y cuerpos
Como vecino de Sarandí, Alejo Moñino dice que siempre sintió cercano aquel episodio que ocurrió cuando él tenía tres años. Fue así como, cuando se cumplieron treinta y cinco años de la quema, ofreció a la Municipalidad de Avellaneda hacer unos micros documentales que concretó junto a Diego Varela y Diego Boulliet. Gracias a este trabajo conoció a Toubes y a Figueira, se enteró de que este último tenía guardados los negativos de la serie completa de fotos, que hasta entonces nunca había sido publicada en su totalidad. Y terminó convirtiéndose, dice, “en una suerte de curador improvisado de la obra de Ricardo, que va girando a medida que las instituciones se enteran y la piden”. 

–¿Qué encontró de particular en esta historia? 
Alejo Moñino: –Cuando comencé el trabajo, lo primero que encontré googleando fue una contratapa de Página/12 que escribió Mempo Giardinelli, de cuando se habían cumplido treinta años. Lo ubiqué y me contó su parte de la historia. Sin haberla vivido, con la mejor de las intenciones y con su prosa, él había armado en esa contratapa una historia épica, con todo un tono de marcialidad, con ribetes que remiten a la quema de libros del nazismo. Después encontré a Amanda y a Ricardo y, como periodista, se me podría haber caído toda mi hipótesis. Me encontré con una imagen totalmente diferente...

–¿Cuál era esa imagen? 
A.M.: –Una más parecida al Conurbano que yo conozco, de esos baldíos que yo conozco. Una historia gris, patética, triste, con unos tipos armados que no sabían ni prender un fuego. No había ninguna voz marcial que dijera “¡Procedan!”, como se había imaginado Mempo... La escena, periodísticamente, en un punto se me caía. Pero, en cambio, adquiría toda otra dimensión humana, mucho más terrible, como tan sabiamente dicen Amanda y Ricardo...

Eso que dicen se escucha en la voz de Amanda en uno de los micros documentales que pueden hallarse por Internet: “La desaparición, muerte, tortura, arrojo al río, quemazón de los cuerpos... eso era nuestro país. Por eso yo digo siempre que los libros se reponen. Los cuerpos no”. 

Está también en las dedicatorias y en los nombres que insisten en no olvidar, y que piden repasar también aquí: Daniel Luaces, trabajador del CEAL, asesinado por la Triple A en 1974. Wenceslao Araujo y su esposa, secuestrados en 1976; David Jacovkis, químico, marido de Miriam Polak, importante figura de Eudeba en los comienzos del CEAL, detenido y torturado junto a su hijo. Atilio Cattáneo, Ignacio Ikonicoff,  Marta Brea, Graciela Mellibovsky, Diana Guerrero, Conrado Ceretti, Claudio Azur, colaboradores externos desaparecidos. Los obreros Juan Campos Araujo, Benito Villamayor, Alberto Giovanoli, Alejandro Nicoletti, Aníbal Contizannetti, Roberto Gutiérrez, Jorge Cufre, Andrés Avelino Somer, Héctor López y el chofer Eugenio Florio, detenidos tras la sustracción de los libros y presos por varios días. 

La prehistoria
Toubes puede reconstruir la historia del CEAL “desde su prehistoria”, esto es, desde que surgió Eudeba, con Spivacow a la cabeza. “Era la prehistoria de verdad, 1956”, se ríe. “Como graduados de Filosofía y desde el Centro de Estudiantes fuimos entonces a plantear la necesidad de una editorial universitaria, para contrarrestar el efecto de la comercialización de apuntes. Así nació Eudeba. Con el golpe del 66 todos decidimos renunciar, y con ese equipo decidió hacer una nueva editorial. De manera casi cómica, me parece hoy...” 

–¿Por qué?  
Amanda Toubes: –Porque no mediaba más que la decisión de hacer de Boris, ¡y nos pusimos a vender acciones para hacer una nueva editorial, como quien vende bonos de cooperadora! Al poco tiempo de la renuncia, el 21 de septiembre, en una piecita, se inauguró el Centro Editor de América Latina. Con tanta petulancia, ya desde el nombre: Centro Editor... Frente al descreimiento total de todos, salimos. Muy decididos aunque preguntándonos “¿qué vamos a hacer?” Ahí vino un grupo de profesores de Psicología, Economía, Educación, Sociología, gente que no tenía el menor conocimiento editorial, entre los que me contaba. Fueron los años de mayor aprendizaje, porque se formó un clima único de solidaridad entre aquellos que aprendían y enseñaban. Había algo del orden de la educación colectiva: aprendíamos uno del otro, y nunca primó la competencia. Ni con Boris. 

–¿Y cómo recuerdan el trabajo en el Centro Editor?
Ricardo Figueira: –¿Infernal! Beatriz Sarlo habló alguna vez de “un infierno de repetición”, y yo creo que está muy bien esa imagen. Porque había que sacar colecciones nuevas todo el tiempo, para abastecer esa cadena de los kioscos y los fascículos que no paraba nunca. Yo estaba encargado del archivo y tenía que abastecer de imágenes todas las colecciones. Con pedidos como los que me hacía Amanda que eran de lo más extraños. “Vaca con garrapata”, por ejemplo. Y cuando finalmente le conseguía la imagen que pedía para ilustrar el tema específico, me decía: Sí, pero: ¿será suficientemente bisexual? (risas).

A.T.: –Era exigencia, responsabilidad, y mucho laburo. Durísimo, contrarreloj, trabajando muchas veces los sábados y domingos. Una mezcla de fuerte trabajo cotidiano, de decisión de todos de hacer una muy buena producción, constante y con pocos medios. Cada uno en su estilo y en sus diversos oficios ponía la cabeza y el hombro, y también el corazón. Entre ellos, tantos compañeros muy queridos como Graciela Cabal y Graciela Montes (quien es, además, esposa de Figueira). Y había algo muy valioso: Cada colección que salía, la podíamos seguir, la mirábamos y la criticábamos. Como dije, había un espíritu de grupo, y eso sumaba mucho también en el resultado editorial. Creo que esta manera colectiva de trabajo fue la que nos dio una especie de señal. Incluso con la gente con la cual no congeniábamos ideológicamente, teníamos discusiones políticas fuertísimas, pero en el momento de laburar, no entraban en el hacer cotidiano. Pocas veces he visto eso. 

Quemazones
Ese clima parece volver ahora en la entrevista, entre las anécdotas que Figueira y Toubes entrecruzan, siempre marcadas por la risa. Esta última sigue lamentando, por ejemplo, que colecciones preparadas hasta el último detalle no llegaron a salir por falta de dinero, aun cuando, por ejemplo, en su momento Piaget regaló sus derechos al Centro Editor. 

Al acto de inauguración de hoy se sumará una charla debate, el próximo viernes 7 a las 19, también en el Centro Cultural de la Cooperación. Participarán Toubes, Moñino, Jorge Testero y Judith Gociol, una de las que ha investigado en profundidad la historia del CEAL y de su fundador, en libros como Boris Spivacow, el señor editor de América Latina. Mientras tanto, Memoria en llamas sigue itinerando y multiplicándose a medida que escuelas, universidades, bibliotecas, centros culturales, espacios de memoria, se enteran de la existencia de estas fotos y piden darla a conocer. Un paso próximo en esta historia es el de largometraje documental que Moñino ya está preproduciendo. 

“El mismo día en que lo conocí, Ricardo me dio los negativos, con una generosidad total. ‘Tomá, si te sirven, usalos’, me dijo, sin más. Las fotos se empezaron a colgar y a medida que la gente se empezó a enterar, las empezaron a pedir para exponerlas. Y yo me convertí en una especie de curador improvisado de la obra de Ricardo, inventándole los epígrafes con cosas que me dijeron ellos”, cuenta Moñino. “Más allá del trabajo que pueda hacer yo o quien fuera que lo encare, lo que surge es también una necesidad de tener a mano esta historia, con todo el peso importante que tuvo el CEAL. La gente hoy quiere conocerla, quiere saber qué fue el CEAL y por qué en un momento de la historia de este país, hubo interés en que eso no fuera más”, advierte.  

Hubo algo, “una conexión causal”, advierte Toubes, que hizo que toda esta historia saliera a la luz, creciera y se ramificara cada vez más. El Grupo La Grieta de La Plata, por ejemplo, realizó un trabajo de reconstrucción entre los vecinos de Sarandí, y se encontró con uno que asegura haber hecho caso al consejo de Amanda (“Afanenlos, afanenlos”) y haber guardado algunos libros en su casa. Cuántas historias como ésta quedan por contar, es algo que resta conocer.  

Las 29 fotos que integran la muestra “Memoria en llamas” son del pasado, y son del presente. Así lo dice Toubes: “Yo creo que hay otras quemazones. Otras fogatas terribles. La desocupación de la gente, la miserabilidad actual... El mejor ejemplo es lo que están haciendo con los docentes. Los maestros representan hoy el ejemplo más claro de este gobierno: hay que destruir la escuela pública. Y hay algo más, la gran deuda externa que vuelve a aparecer, la reventada en los barrios, el llamado a las fuerzas de seguridad, la gente pidiendo más policía y no más escuelas y más hospitales... Es la revancha. Una revancha social de estos gerentes, que es la nueva cara de la represión. Esa es hoy la gran quemazón de este país.