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lunes, 3 de noviembre de 2014

Un capítulo más del culebrón de Manuel Lara y Gregorio Morán

A las noticias publicadas en este blog el 9 y el 23 de octubre pasados sobre la censura que José Manuel Lara, el mandamás de Planeta, impuso para impedir la publicación del libro del periodista Gregorio Morán, que deschava, entre otros, el pasado negro de Víctor García de la Concha, se suma ahora  la entrevista, que Karina Sainz Borgo mantuvo con el editor Ramón Akal y que publicó Voz Pópuli, de España, el pasado 25 de octubre. Aquí se habla de la determinación de Akal de publicar el libro censurado por Planeta, lo cual agrega un nuevo capítulo a este ya dilatado culebrón.

El editor Ramón Akal no teme represalias
por publicar el libro de Gregorio Morán que Planeta censuró

 No es la primera vez que el editor Ramón Akal publica un libro incómodo, de esos con los que otros no se han atrevido. En los años setenta, Akal se enfrentó a trece juicios en un Tribunal de Orden Público por editar Fanny Hill, de John Cleland, un clásico de la novela erótica del siglo XVIII. Y como ése, muchos más: fue él quien publicó El negocio de la libertad, el primer libro que señaló la corrupción en la Casa Real, y ahora repite con El cura y los mandarines, el polémico ensayo de Gregorio Morán censurado por Planeta. “No temo represalias por publicar el libro de Gregorio Morán”, responde Ramón Akal, sin aspavientos ni exageraciones, ante la pregunta sobre las posibles revanchas que puedan surgir a causa de un título que saldrá publicado en pocas semanas.

El libro de Gregorio Morán, que analiza los vínculos entre la cultura y la política desde 1962 hasta 1996, iba a ser publicado por el sello Crítica, del Grupo Planeta. El ensayo, sin embargo, fue censurado después de que el autor se negara a eliminar once páginas en las que aparecen volcadas duras críticas contra la Real Academia Española –cliente fuerte de José Manuel Lara; Planeta imprime, por ejemplo, el DRAE en su sello Espasa–. Figuras como Víctor García de la Concha, Luis María Ansón y Juan Luis Cebrián, vapuleados en las páginas del ensayo, fueron una razón más que suficiente para dar carpetazo. “La editora de Crítica estimaba que esas páginas eran punibles y que podían traer muchas demandas por lo que allí se dice. Ahora: nosotros vamos a publicarlas”, asegura Akal.

Convencido de que no hay libros rentables o no, sino libros buenos o malos, Ramón Akal se refiere al sello que dirige sin heroísmos ni homenajes. “El problema no es si se mete el dedo en la llaga o no, sino si lo que se cuenta ahí es real, si ha ocurrido. Lo que se pretende es censurar la realidad y la verdad”, asegura el director de uno de los sellos de referencia en el quehacer intelectual en España. Si el retrato de un editor es su catálogo, el suyo no puede ser más claro: en los cuatro sellos del grupo (AkalFocaIstmoHBLume y Siglo XXI) están editados más de 3.500 títulos, desde clásicos como Hegel o Auguste Comte hasta la actualidad más rabiosa e incómoda.

El episodio de Gregorio Morán ya lo ha protagonizado usted antes. ¿A qué temen tanto los grandes grupos cuando se trata de sacudir al poder?
–No es que teman, es que el mundo editorial afecta la esfera de los negocios. Si pierdes un contrato con la Real Academia, pues pierdes igual la venta de 400.000 libros…

Ese habría sido el caso de Planeta con el libro de Gregorio Morán, que tiene duras críticas contra miembros de la RAE: desde Víctor García de la Concha, pasando por Luis María Ansón hasta Juan Luis Cebrián… 
–Exactamente.

Pero, ¿qué dicen esas dichosas 11 páginas?
–La editora estimaba que esas páginas eran punibles y que podían traer muchas demandas por lo que allí se dice. Ahora: nosotros vamos a publicarlas. Si deciden que las páginas de ese libro son denunciables, pues nos veremos en los tribunales. Yo creo que no hay posibilidad de ninguna una denuncia.

El título habla por sí solo, pero no se puede obviar que recorre el mundo cultural español desde 1962 hasta 1996 ¿Qué es lo más fuerte que dice Morán en su libro?
–No puedo ni debo comentar nada de esto, pero considero que el autor piensa muy bien lo que dice. Gregorio Morán siempre ha sido así. Nunca ha tenido problemas y su editorial, Planeta, de golpe y porrazo ha decidido que no le publica…

El mejor retrato de un editor es su catálogo y usted ha sido de los que han publicado desde todo Hegel hasta Pablo Iglesias. ¿Cuál es el signo de Akal: acaso el pensamiento político, acaso la contracorriente?
–Si ir contracorriente significa asumir una posición frontal o iniciar una guerra con el resto de las editoriales, pues no. Hay editoriales que hacen una labor digna y coinciden con nosotros y otras, que son las más grandes, que se rigen por otros criterios. Eso no quiere decir que nosotros tengamos la razón y ellos no. En Akal el criterio es: hay libros buenos, no libros rentables. Existen libros como El negocio de la libertad, de Jesús Cacho, que han jugado un papel político muy importante. Con aquel libro, Cacho se enfrentaba contra el señor Polanco, la Casa Real y, por supuesto, contra el rey. Era la primera vez que se le acusaba de prácticas que ahora todo el mundo reconoce. Sin embargo, en ese entonces, había que abrir el melón y Cacho lo hizo. Eso suponía enfrentarse también con el editor, que lo rechazó. Así que lo publicamos nosotros.

Usted siempre ha sido objeto de alguna persecución. Enfrentó una sanción de inhabilitación por publicar Fanny Hill, de John Cleland, clásico del erotismo, décadas más tarde volvió a ocurrirle lo mismo, esta vez con una censura de ventas de Adiós princesa, el libro sobre Letizia Ortiz.
–Es solo un signo de ser coherente. En el franquismo, cuando me dieron licencia de editor, publiqué aquello que se publicaba en toda Europa y que en España, por la censura oficial, no existía. Antes la censura era política, ahora es económica. En la democracia, con Suárez en el poder, enfrenté trece procesos en el tribunal de orden público. Fanny Hill, de Cleland, fue secuestrado y yo fui condenado por el juez, quien aseguró que estaba aliado con potencias extranjeras liberales y marxistas con el fin de pervertir a la juventud española. Nunca lo pude comprender (¿se puede ser liberal y marxista a la vez?). Eso quedó así. En el primer consejo de ministros hubo un indulto.

A lo largo de más de cuatro décadas Akal ha editado 4.000 libros, de los cuales 3.000 siguen disponibles, una hazaña en tiempos de burbuja editorial y en los que una novedad dura menos de un mes en las librerías.
–Hay libros y libros. Los nuestros no son libros de golpe, de esos que se venden en el año o desaparecen. Son libros que se siguen vendiendo a lo largo de dos o tres generaciones, porque son académicos.

Su catálogo posee, insisto, desde todo Hegel hasta libros como Física social, de Auguste Comte, que permanecía inédito en España pese a ser un clásico de la sociología con casi 200 años.
–Sí. Tenemos, por ejemplo, las dos ediciones que existen en castellano de El Capital; una del sello Siglo XXI y otra que habíamos publicado nosotros. Se trata de libros que se venden a lo largo de 30 o 40 años y que se seguirán vendiendo.

¿Usted, antes que editor, fue librero… cierto?
–Más bien distribuidor, pero sí…

En aquellos años del franquismo el asunto no tenía nada de sencillo. ¿Acaso todo tiempo pasado fue mejor, en lo que a templar el espíritu respecta?
–Yo no me arriesgo más que económicamente, acaso en términos de prestigio o desprestigio, según lo que cada quien suponga que eso significa. Pero ése no es el tema. Yo he respetado toda mi vida la libertad de expresión y la he defendido porque es un valor que debe defenderse. Confío en que las cosas deben cambiar. De momento, a mí las presiones económicas y políticas no me van a obligar cambiar.

¿Teme usted represalias por publicar el libro de Gregorio Morán?
–No, no temo represalias por publicar el libro de Gregorio Morán. A mí solo me interesa si vale la pena o no publicarlo; si es bueno o no. Si por represalias entendemos la interpretación que se pueda hacer, pues no, no tengo temor alguno. Los tiempos no están para censurar libros; eso es cosa del franquismo, entonces sí se hacía.

Permítame que insista: el ensayo de Morán mete el dedo en la llaga de determinados popes culturales: Cebrián, Ansón… por no decir otros ya muertos como Cela.
–El problema no es si se mete el dedo en la llaga o no, sino si lo que se cuenta ahí es real, si ha ocurrido. Lo que se pretende es censurar la realidad y la verdad.

Dicen veteranos como Mario Muchnick o el mismo Jaime Salinas en sus conversaciones con Juan Cruz que los editores ya no leen. ¿Qué piensa?
–Eso también es otra interpretación, diría que muy sesgada. Todos mis editores leen y son competentes, saben de lo que hablan. Decir que los editores no leen, pues bien, habrá que decir quiénes son los que no lo hacen. Hay personas, como las que cita, que lo pueden afirmar. Pero yo no.

Pablo Iglesias presenta libro, Disputar la democracia, publicado por Akal. ¿Por qué su sello ha decidido publicar a un personaje al que le sobran las tribunas?
Antes de que Pablo Iglesias fuese así de conocido, en Akal publicamos Maquiavelo frente a la gran pantalla, y lo hicimos en la misma colección en la que hoy se publica Disputar la democracia. Nos parecía que lo que decía valía la pena y por eso decidimos editarlo. En un tiempo saldrá otro libro más. Y lo hicimos por la misma razón por la que publicamos a otras personas que tienen algo que decir.

Su sello siempre ha sido fiel a la idea de dar espacio a las voces no escuchadas.
Sí, pero que no se escuche una voz u otra es porque no se le da pantalla. Nosotros somos abiertos al talento y a la gente que tiene talento

Pero, usted lo sabe, la independencia tiene un precio.
Decir o afirmar que alguien se vende o no, supone descalificar a otros que sí lo hacen. A mí no me gusta, ni soy quién para juzgar. No podemos ponernos medallitas; lo que yo hago es aquello que la moral y la ética nos dicen que debemos hacer.

El sector lleva cinco años de caída de ventas, a la vez que asiste a la llegada del libro electrónico y pincha la burbuja editorial. ¿Qué opina?
La lectura en España no se puede desligar de la realidad. Parecería que somos un núcleo cerrado que no tiene nada que ver con la sociedad. Si hay seis millones de parados, ¿qué quiere: que compren libros y dejen de comer? No. Hay que situarlo en el contexto. La caída es la misma que en otros mercados. Hay alternativas y salidas. Tenemos casa en México y Argentina. México está en un ascenso fulgurante, con un ansia tremenda de conocimiento, al igual que Argentina, que se mantiene como siempre. España tiene una crisis tremenda.

¿Cree usted en el libro electrónico?
Editar un libro se utiliza como sinónimo de edición en papel, y nosotros pensamos y creemos que editar un libro se puede hacer de distintas maneras. Antes el periódico era en papel, ahora, como Vozpópuli, hay quienes lo hacen en digital. En el libro de momento, la situación por parte de la gente es muy baja. En EE UU está ene l 20% y en España no llega al 5% pero eso no quiere decir que no lo tengamos disponibles en la red.


jueves, 23 de octubre de 2014

Lara confiesa: “No es miedo a Víctor García de la Concha, sino respeto a una persona vinculada a esta casa en muchos proyectos editoriales”.

De izquierda a derecha, García de la Concha, José María Fernández Sosa Faro
y Manuel Lara,todos con ponchito porque hacía frío. 

El jueves 9 de octubre pasado, este blog publicó un artículo aparecido en El Confidencial, de España, que, con firma de Carlos Prieto, contaba que  El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados. Cultura y política en España, 1962-1996, del escritor y periodista Gregorio Morán había sido censurado por Manuel Lara, el presidente del Grupo Planeta, impidiéndose la publicación del volumen en el sello Crítica. Entre otras cosas, se decía que, de los muchos títeres que el libro dejaba sin cabeza, algunos resultaban incómodos para los intereses de Lara.

E1 18 de octubre pasado, el mismo Gregorio Morán reveló en una columna reproducida de Caffe Regio las razones de la prohibición: aquél a quien le iban a pisar los juanetes era nada menos que Víctor García de la Concha, ex presidente de la RAE y actual director del Instituto Cervantes. Revelado ese dato, todo se vuelve mucho más sucio y lo que ya olía a podrido en el Grupo Planeta, ahora es hedor confirmado.

“Las malditas 11 páginas”

Tardé diez años en escribir un libro. Tiene un título largo, o por mejor decir tres, que ayudan a entender lo que va dentro: El cura y los mandarines. Historia no oficial del Bosque de los Letrados. Cultura y política en España, 1962-1996. Contratado por el grupo editorial Planeta tenía prevista su publicación en la primera quincena de octubre, aunque el texto original estaba en sus manos desde noviembre del 2013. Todo parecía marchar bien, por más que no se tratara de un libro al uso, ni por su volumen -casi 700 páginas- ni por su contenido: la trayectoria de la inteligencia española desde el franquismo hasta el final del felipismo.

Después de cumplir los deberes, que consisten en corregir lo que en términos de edición se denominan “primeras pruebas”, incluso unas “segundas”, tras sortear las variadas y hasta divertidas objeciones del llamado pomposamente “departamento jurídico“, que al menos en mi caso se refiere a un individuo que responde al nombre de Gabino Sintes, que para mayor singularidad se ocupa también de los “derechos de autor”, lo que a mi entender debería llenarnos de inquietud -censor y defensor de los derechos del escritor, diría que son incompatibles-. Pero en este caso se fueron superando. Poca cosa, aunque engorrosa, dada la endeblez del letrado, que era capaz de escandalizarse porque al ínclito don Juan March, antigua leyenda de la delincuencia financiera, se le llamara “pirata”, cuando la misma editorial había publicado su biografía, El último pirata del Mediterráneo.

La edición siguió su curso con una hermosa portada que imprimió primorosamente y a la que acompañaba un texto que por no ser mío sino de la casa editora merece la pena ser copiado. Siempre me he abstenido de hacer las solapas o las contraportadas de mis libros porque no me corresponde y uno se arriesga a hacer un ejercicio de vanidades amparándose en el anonimato. Cualquier profesional del gremio sabe distinguir cuando es el autor quien escribe lo que corresponde a la editorial, se nota en el tono y sobre todo en el error de confundir lo que es importante para nosotros y lo que puede resultar interesante para el lector. El texto redactado e impreso por Editorial Crítica (Planeta) decía así: “Gregorio Morán nos ofrece en este ambicioso libro una historia de la cultura española, y de sus protagonistas, entre 1962 y 1996, precedido de una introducción acerca de sus orígenes en los años cuarenta. La figura del ‘cura’, Jesús Aguirre, actúa como un hilo conductor, pero la realidad es que la abundancia de los ‘mandarines’ -novelistas, políticos, profesores, pintores, músicos…- que pueblan este retablo de figuras y figurones lo desborda por completo. Nos hallamos así ante una historia intelectual de España, seria y documentada, escrita con un sentido crítico y una sinceridad que consigue que los intentos anteriores en este terreno nos parezcan insustanciales. No hay duda de que la obra de Morán va a escandalizar por la dureza de sus juicios, y que va a provocar muchos debates y algunas indignaciones, pero la verdad es que, a partir de ahora, ninguna reflexión sobre la cultura española en la segunda mitad del siglo XX podrá prescindir de referirse a este libro”.

Hete aquí que la editorial consideró que bien podría “prescindir” si no del libro al menos de algunas páginas. Y así fue como el martes, 16 de septiembre, se me planteó taxativamente que o retiraba el penúltimo capítulo -exactamente 11 páginas- o el libro no se publicaba. En 35 años de trabajo, en campo tan minado como es el mundo editorial, no he quitado ni una página y así lo expliqué, añadiendo que, por demás, el capítulo era “una viga maestra” y no podía prescindir de ella. Las gentes de la industria editorial son tan chuscas que alguien llegó a argumentar que tratándose de un texto de casi 700 páginas, retirar 11 carecía de importancia.

¿De qué se trataba? El capítulo de “las malditas 11 páginas”, por utilizar la expresión del presidente del grupo Planeta, José Manuel Lara, se titula “¡Todos Académicos!” y se refiere, como es fácil suponer, a la singular trayectoria de la Real Academia de la Lengua, la RAE, y muy especialmente al periodo que tuvo en Lázaro Carreter y Víctor García de la Concha su mayores conseguidores. Y resulta que hoy día Víctor García de la Concha, director del Instituto Cervantes, ¡ay madre mía!, es un auténtico proveedor del mundo editorial y quien, por su experiencia de probado manipulador, el que facilita materiales tan significativos como los productos del castellano dirigidos al mundo entero, empezando por el diccionario de la RAE -más de 400.000 ejemplares, en primera edición-, el negocio editorial por excelencia, que anteayer publicó Planeta.

No conozco personalmente a Víctor García de la Concha, ni ganas, pero sí sé de sus andanzas desde que yo llevaba pantalón corto en Oviedo y él ejercía de magistral, sin serlo, de la catedral de Oviedo, personaje evocador de La Regenta de Clarín. Asturiano de Villaviciosa, cura resuelto a superar una infancia dura, con una historia que hubiera podido escribir Galdós y que ahora nos resulta de otra época; fascista medular, sacerdote rebotado, casado con una de sus feligresas, profesor, trepador siempre, ignorante absoluto y probado, como explico en apenas dos paginitas debeladoras de ese inefable capítulo penúltimo, tan denostado por los encargados del negocio de la cultura. ¡Once malditas páginas!

Todo me da en pensar que alguien le hizo llegar a “Don Víctor” las páginas de “¡Todos Académicos!”, en las que quedaba retratado y él les puso entre la espada y la pared. Y entonces ocurrió lo que Don Vito Corleone convirtió en lema recurridísimo: “No se trata nada personal, son sencillamente negocios”. Cuando yo le señalé al jefe, José Manuel Lara, la singularidad de que hace 35 años era posible que una editorial como la suya le echara un pulso al presidente del Gobierno, que no otra cosa era publicar la biografía de Adolfo Suárez en octubre de 1979, me respondió en hombre del presente, porque los herederos apenas recuerdan los vestigios del pasado, mientras luchan por mantenerse son capaces de todo, incluso de equivocarse porque les ciega el presente y no aspiran a futuro alguno. “No es miedo a Víctor García de la Concha, sino respeto a una persona vinculada a esta casa en muchos proyectos editoriales”.

La censura del business, del negocio, es tan implacable como la política. Por eso no deja de hacer mucha gracia, es un decir, que los nuevos editores o las editoriales bisoñas, pero con lógica ambición de poder, te planteen el enorme interés que tienen en publicarte. ¡Pero no sin antes leer el manuscrito! No quieren entender que si entregas un manuscrito sin contrato estás vendido. Lo aseguro yo, un veterano con muchos años de oficio. Yo no compro a ciegas, dicen ellos; pero los autores no tenemos por qué entregar el producto de nuestro trabajo para que ellos evalúen lo que les interesa. Son como jugadores con ventaja que te hacen el favor de leerte, como quien te mira la dentadura y calibra lo que puedes empujar en la piedra de su modesto molino. ¡Pero de dónde ha salido esta generación de logreros!

En apenas un mes, lo confieso, he pasado de autor veterano a ganado de excepción que debe exhibirse en la feria. ¡A ver qué sabe hacer! Ya no tengo edad para soportar impasible las imposturas de un gremio llamado a la quiebra. Pero queda como experiencia personal, casi generacional, que estamos más predestinados que el Titanic y que, por si fuera poca la broca, no tenemos ni una orquesta que nos asuma en su suerte y nos amenice el final.

Vivimos tiempos jodidos porque nuestra generación, así, en general, se ha vuelto golfa y hemos de buscar algo digno por debajo de los 30, y como he tratado de explicar en El cura y los mandarines, cuando frisábamos por esa edad no nos cabía en la cabeza que algún día “los nuestros” defenderían la censura, asumirían la corrupción y se sentirían cómodos en la estupidez.


jueves, 9 de octubre de 2014

El Grupo Planeta con olor a podrido

La noticia es del día de ayer y fue publicada por Carlos Prieto, en El Confidencial, de España. Aquí se habla de un claro acto de censura ejercido contra el periodista y escritor Gregorio Morán (Oviedo, 1947), autor de El cura y los mandarines, un libro que iba a publicar Manuel Lara, mandamás de Planeta, a través de su sello Crítica, y que, por no aceptar eliminar ciertos nombres y hechos, ha quedado sin editorial.


Planeta censura el libro de Gregorio Morán
sobre la casta cultural española

El ensayo se llama El cura y los mandarines, lo ha escrito Gregorio Morán y es una historia sobre los vínculos entre la cultura y la política española entre 1962 y 1996. Hoy tenía que haberlo puesto en circulación la editorial Crítica, del grupo Planeta, y tenía todas las papeletas para convertirse en uno de los ensayos culturales del año: Gregorio Morán, periodista crítico de referencia, culminaba así una carrera dedicada a investigar la fontanería del poder en nuestro país. Pero no será así, al menos en el sello de José Manuel Lara, así lo ha confirmado la editorial a este periódico a pesar de estar anunciado el lanzamiento desde hace meses.

Crítica se ha negado a publicar el ensayo sin purgar, a lo que Morán se ha opuesto. Conclusión: Morán cobrará el adelanto estipulado y buscará otra editorial, en un acuerdo de divorcio con una cláusula de confidencialidad que quizás no permita hablar a Morán sobre el asunto, como confirman a El Confidencial fuentes próximas al escritor asturiano. La censura convierte El cura y los mandarines en un libro maldito y legendario

Los editores de Crítica pidieron hace unas semanas a Morán que purgara una capítulo de once páginas del manuscrito en el que se hacían referencias críticas a la trayectoria de Víctor García de la Concha y su paso por la Real Academia Española (RAE), y donde también se mencionaba a otros académicos de la institución como Luis María Ansón y Juan Luis Cebrián. Pero Gregorio Morán se resistió y rechazó de manera tajante esta posibilidad. Fuentes del entorno de Morán confirman que el dedicado a los académicos es uno de los muchos capítulos "calientes" del ensayo.

Si bien los comentarios de Morán sobre la RAE podrían haber sido la gota que colmara el vaso de la paciencia de sus editores, el libro en su totalidad ha sido un quebradero de cabeza para Crítica desde que la editorial recibió el original, que iba a enervar a una buena parte del grupo dominante político y cultural español. Aunque el ensayo reparte mandobles a personajes más relevantes que De la Conchaactual director del Instituto Cervantes, no es menos cierto que los lucrativos acuerdos comerciales entre el mundo RAE y Planeta son conocidos por todos, incluido la publicación de ese best seller llamado Diccionario de la Lengua Española, cuya nueva edición, por cierto, está al caer.  

Planeta: "No es censura"
“Llevo luchando por publicar este libro desde hace meses, porquees un libro espléndido. Pero el departamento jurídico ha hecho un informe de tres páginas en el que deja claro todos los motivos de demandas, explica Carmen Esteban, directora editorial de Crítica, a este periódico, desde Fráncfort. “No podemos asumir esos riegos, según el departamento jurídico. Hay descalificaciones personales porque sí…

No ha habido vocación de censura. Se le pidió al autor que rectificara, pero él se negó a pulir nada”, añade. “No es censura, era un libro denunciable y el responsable es el editor. Hay muchas intromisiones en el honor”, dice. El libro estaba contratado desde hace diez años. De hecho, la editora asegura que el libro que se contrató era otro, pero que llegó éste. “Un libro espléndido, pero impublicable porque nos habrían cosido a demandas”, repite. 

Abuso sobre abuso
La ironía del asunto es que El cura y los mandarines es un repaso a las mezquindades y los abusos de poder de la cultura española de la segunda mitad del siglo XX. Así que su censura vendría ser un extraño caso de profecía autocumplida. Qué mejor manera de certificar las tesis del libro que censurándolo, y qué mejor forma de promocionarlo que impidiendo su publicación (podría pensar un cínico).

En efecto, curiosa manera de silenciar un libro que logrando que toda España se entere en los próximos días de su existencia por haber sido boicoteado."En Planeta han perdido los papeles. Es un caso claro de incompetencia e impunidad", confirman a este periódico fuentes conocedoras del conflicto.

Estamos ante un atropello cultural o el penúltimo capítulo de una serie de episodios vergonzantes de la cultura española. Si Morán decide algún día ampliar el objeto de estudio de su libro hasta el siglo XXI, no tendrá que escribir el epílogo: ya lo han hecho sus censores por él.  

La demostración de que a Crítica/Planeta se le ha ido este asunto de las manos, es que acaba de aparecer en los kioscos el número de octubre de la revista Leer… con una entrevista a Morán sobre El cura y los mandarines, realizada antes de que estallara el quilombo y cuando aún se pensaba que Crítica publicaría el libro a principios de octubre. El titular de la entrevista ya avisa del tono del ensayo frustrado: “Este es el libro más duro y brutal de todos los que he escrito”, lo que dicho en boca de Morán, conocido por sus andanadas críticas, suena para hacerse caca en los pantalones (que es lo que parece que les ha ocurrido a algunos en el grupo Planeta). Y más: “Es un ajuste de cuentas con mi generación… Por eso es posible que este libro no exista, que no salga en los papeles”, afirma Morán profetizando la que se le podía venir encima.

Otra joyita de la entrevista de Leer sobre César Alonso de los Rios: “Es uno de los que cruza todo el ciclo español entero: sale de un seminario de un pueblo de Valladolid y va directamente al Frente de Liberación Popular (FLP); de ahí al PCE, donde tiene una activa participación; luego pasa al PSOE a ser nada menos que la mano izquierda de Solana en Cultura, y de ahí al PP, extrema derecha, además no la facción más moderada”.

Y otra más referida a los capítulos en los que habla de Camilo José Cela: “No creo que haya en la Historia de la Literatura Española desde Quevedo, un trepa con tanto talento para trepar”.

Resumiendo: Morán ha decidió escarbar en la memoria histórica del país y poner a cada uno en su sitio.  

Más errores del grupo editorial: El cura y los mandarines sigue disponible para comprar en las principales páginas de comercio electrónico de libros (Amazon, FNAC y Casa del Libro), pese a que Planeta/Crítica ha retirado la ficha del ensayo de su página web y, por tanto, el libro oficialmente no existe. ¿Qué va a pasar con los lectores que han comprado el ensayo en preventa?

Si los editores del grupo Planeta pensaban que podían controlar a un personaje como Morán estaban equivocados. A estas alturas de su carrera, tras varias décadas escribiendo a la contra y resistiendo a no pocas presiones y censuras, Morán no sólo ha demostrado que siempre dispara con bala, sino que la autocensura no va con él. Ejemplos de esta actitud hay muchos. Recuerden su biografía crítica de Adolfo Suárez, publicada en el punto álgido de su presidencia y en medio de una ensordecedora polémica, y que Planeta (sí, Planeta) convirtió en best seller durante la Transición. Por no hablar de sus tres décadas de críticas inmisericordes a Jordi Pujol en su clásico artículo de los sábados en La Vanguardia.

Planeta, de hecho, había publicado hasta ahora varios de los ensayos más conflictivos de Morán, de Miseria y grandeza del Partido Comunista de España a Los españoles que dejaron de serlo. Repetimos: hasta ahora. ¿Qué está pasando?

Ahora la otra gran cuestión es la siguiente: ¿Se atreverá algún otro gran grupo editorial a publicar el ensayo o preferián mirar hacia otro lado? "Apostaría a que hay pocas posibilidades de que una editorial grande se atreva con esto", zanjan fuentes cercanas a Morán.