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martes, 25 de febrero de 2020

Les muchaches peronistes y la corrección política

Juan Perón, versión "ea pepé"
Esto que sigue fue publicado por Laura Ventura en el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 24 de enero. Se habla aquí de una guía de lenguaje inclusivo, presuntamente encargada por el gobernador Axel Kicillof, hecho sobre el que opinan Alicia Zorrilla, la actual presidente de la Academia Argentina de Letras, y Pedro Luis Barcia, un ex presidente de la misma institución, así como la profesora Karina Galperín. En el medio, se cita a la RAE, institución vetusta, fundamentalmente conformada por hombres misóginos, como si fuera una autoridad. En fin…

El lenguaje inclusivo en la función 
pública: un debate más ideológico 
que lingüístico

La administración del gobernador bonaerense, Axel Kicillof, anunció que trabaja en una guía de lenguaje inclusivo para ser utilizada entre sus funcionarios. Se buscará de este modo “visibilizar e incluir a todas las personas”. Para la presidenta de la Academia Argentina de Letras (AAL), Alicia Zorrilla, “esa decisión de la administración bonaerense carece de fundamento lingüístico; está fuera del sistema gramatical. Se debe a una posición sociopolítica”.

Pedro Luis Barcia, quien estuvo una década al frente de la AAL, explica el concepto de lenguaje inclusivo: “La inclusión es un fenómeno complejo que significa incorporar lo ocluso, lo cerrado, algo que está fuera de ello. La inclusión no comienza con el lenguaje, comienza con la gestualidad, con la actitud frente al próximo, con la mirada, con el acercamiento, el respeto. Lo verbal viene después”. Barcia formula una pregunta, y aunque para algunos suene a broma, otros estudian esta posibilidad: “¿La administración pública también va a cambiar el texto de 'La marcha peronista': 'Les muchaches peronistes, todes unides triunfaremes'?... Porque para ser coherente, hay que ser coherente en todos los planos”.

Múltiples interrogantes emergen en torno a este uso en documentos oficiales. La Real Academia Española (RAE), en el informe presentado sobre esta materia, explica caso por caso la posibilidad que existiría si se modificara la Constitución a través de la incorporación del lenguaje inclusivo. Por ejemplo, considera que el caso del desdoblamiento (escribir presidente y presidenta) de modo ocasional o tal vez en su primera mención resultaría “problemático”.

A su vez, ¿qué ocurriría con el caso bonaerense si se trasladara este lenguaje a su Constitución? ¿Debería así reformarse la Constitución Nacional? Ya se ha registrado -y también ha sido denunciada- la utilización del lenguaje inclusivo en algunos fallos, como lo ha hecho la jueza porteña Elena Liberatori.

En sintonía con el dosier de la RAE, Zorrilla se refiere a las propiedades de este lenguaje: “Desde el punto de vista lingüístico, no podemos reemplazar las letras a y o, que diferencian el género, con la arroba, el asterisco, la e o la x porque tenemos la voluntad de hacerlo en contra del androcentrismo o de reflejar con ello una realidad sociopolítica. Esa sustitución es ajena a la morfología del español e innecesaria, pues el masculino genérico o masculino gramatical ya es inclusivo, ya cumple esa función como término no marcado de la oposición de género. Si decimos 'los hombres no son inmortales', sabemos que ese sustantivo hombres se refiere a todos los humanos, mujeres y varones, pues, si solo se refiriera a los varones, cabría la posibilidad de que las mujeres sí lo fuéramos y viviéramos eternamente. Eso es absurdo”.

Estas opiniones difieren de la posición de Karina Galperín, profesora de la Universidad Di Tella, quien destaca el presente como un fenómeno que “como chiquito, es muy grande” y en expansión. “Vale aclarar que en muchas instituciones del mundo se utilizan corrientemente y hace rato guías de recomendación de ciertos usos para tratar de evitar el masculino genérico. Creo que en este caso se trataría de aggiornar una guía que ya existe. Así, esto estaría totalmente en línea con una práctica usual. Pero, a decir verdad, no sabemos si se trata de eso o de implementar alguna variante del llamado 'lenguaje inclusivo' en algún nivel de gobierno, que no sabemos cuál es. Y no sabemos tampoco con qué tipo de fuerza se haría, porque el rango de posibilidades va desde habilitar, permitir o recomendar hasta convertir alguna de las variantes del 'lenguaje inclusivo' en lengua oficial de los intercambios formales. Dudo muchísimo de que esto último se proponga y/o implemente”.

Zorrilla reconoce que no solo los jóvenes, sino también personas mayores, profesionales, utilizan el lenguaje inclusivo. Con ellos mantuvo un interesante diálogo. “Cuando me lo decían, hablaban el español como lo aprendimos todos. Entonces, les pregunté por qué se dirigían a mí así, sin usar el lenguaje inclusivo. Me contestaron que respetaban los contextos -fue durante una clase de español-, que ellos sabían muy bien dónde usarlo. Esta respuesta explica que se trata de un posicionamiento sociopolítico. También me dijeron que desde ningún punto de vista aspiraban a alterar la gramática española y que les interesaba aprenderla bien para hablar y escribir mejor”.

Galperín también destaca la utilización del masculino genérico en diversos ámbitos, no solo por una cuestión ideológica, sino también por una cuestión práctica de claridad y precisión: “Hay gente que defiende o ataca el uso del 'lenguaje inclusivo' por su carácter político, como un uso que quiere cambiar la realidad o que busca poner en evidencia un problema que no es de orden lingüístico. Creo que eso es verdad en muchos casos. Un grupo grande, y sobre todo el más intenso y más vocal y más visible, lo hace por esa razón. Creo, al mismo tiempo, que otra gente adoptó y utiliza ocasionalmente el 'lenguaje inclusivo' cuando se enfrenta con un problema de posible ambigüedad. En esos casos, usa alguna forma de inclusivo. No lo hace para visibilizar nada, sino por precisión, porque quiere evitar una ambigüedad”.

La difusión de estos usos “no basta si no se ajusta al sistema gramatical del español”, resume Zorrilla. El debate ya está instalado: “¿Cómo termina esto? No lo sabemos. Pero yo no dejaría de registrar la incomodidad con el masculino genérico y ni dejaría de observar cómo evoluciona, si evoluciona. No creo que sea una moda pasajera y creo que responde a cambios en la sociedad y en nuestra sensibilidad demasiado importantes como para que descartemos de cuajo su efecto sobre la lengua”, concluye Galperín.

jueves, 9 de agosto de 2018

"Mucha gente 'no central' va incorporando palabras sueltas"


Publicada en Cultura InfoBAE el pasado 4 de agosto, con firma de Maximiliano Fernandez, la siguiente entrevista con Karina Galperín,  doctora en Letras por la Universidad de Harvard, profesora y directora de la maestría en Periodismo de la Universidad Torcuato Di Tella, se centra en la actual discusión sobre el lenguaje inclusivo en la Argentina.

“La sobreactuación contra el lenguaje inclusivo
es esperable porque es una disputa entre generaciones”

“Chiques” en vez de chicos. “Todes” en vez de todos. “Amigues” en vez de amigos. Usar la “e” en lugar del género masculino como neutro. El lenguaje inclusivo explotó en las tomas de colegios que se hicieron durante la vigilia a la sanción del aborto legal en Diputados. El fenómeno, aún incipiente, encuentra cierta aceptación, pero, sobre todo, despierta intolerancia de parte de sus detractores.

Karina Galperín, doctora en Letras por la Universidad de Harvard, profesora y directora de la maestría en Periodismo de la Universidad Torcuato Di Tella, es una de las voces que se alzó a favor del fenómeno o, al menos, optó por una postura más comprensiva.

En diálogo con InfoBAE, expresó: “Estamos ante un fenómeno inédito porque nunca ocurrió de esta manera que se toquen los principios de la lengua. Siempre los cambios fueron de un modo más inconsciente. No en torno a problemas – sociales o reivindicaciones. Eso se conjuga con que estamos en una época donde la circulación de la palabra escrita y oral tiene una amplitud y velocidad también sin precedentes”.

–Más allá de que se gesta a partir de una demanda colectiva, ¿cuál fue el puntapié inicial?
–No lo conozco y no sé si alguien lo conoce. De hecho, todas las descripciones del fenómeno son bastante vagas sobre sus orígenes. Se suele escuchar de sus detractores que es algo impulsado por el movimiento feminista, pero nadie especifica cómo, quién, cuándo. Yo creo que hace casi 20 años que comenzaron aisladamente en distintos lugares a surgir iniciativas sobre el lenguaje. En Argentina, en torno a la nueva Constitución surgieron ciertas alternativas.

–¿El movimiento feminista no potenció el fenómeno?
–Probablemente no nos hubiéramos fijado si el movimiento feminista no nos hubiera llamado la atención. Hay un nuevo foco que involucra al lenguaje, pero no creo que sea una iniciativa avanzada en forma orgánica por las mujeres. Me parece que es algo muy espontáneo, que tuvo un impulso dentro de la militancia y eso explica por qué tuvo atractivo en algunos círculos. Lo que sí, eso no explica por qué es un fenómeno lingüístico que atrae a otros sectores.

–¿Los cambios se producen porque el español es machista?
–Los lenguajes no son machistas o feministas. Las lenguas expresan relaciones y registran el mundo tal como existe. En este momento estamos viendo ciertas maneras para designar las composiciones de grupos con el que no estamos del todo satisfechos. Sobre todo la cuestión que el género masculino se use tanto para lo masculino como para la especie en su conjunto. Hoy, por la realidad nuestra, que cambió mucho en términos de posición de los grupos relevantes en la sociedad, dejó de ser preciso. Le estamos pidiendo a la lengua una precisión que incluya la distinción.

–O sea que hay otra ventaja más allá de la inclusión que se pregona…
–Es una cuestión de ser más precisos. No se puede obviar que existe una relación con el feminismo, pero esa relación abarcaría solo un uso lingüístico de nicho. Si estamos hablando de un fenómeno más amplio, es porque salió de esos círculos y le ofrece un atractivo a otra gente que simplemente quiere ser más precisa al expresarse.

–¿Creés que traspasó los colegios más ideologizados de Capital?
–Eso sin dudas porque es una lectura muy parroquial. No estamos hablando de un fenómeno argentino. Es un fenómeno dentro de la lengua española que existe en muchos otros países. Por ejemplo, en España hay una polémica muy álgida, pero también hay una discusión casi calcada a esta en otras lenguas. Lo que hizo el discurso de los colegios fue visibilizar algo que la mayoría no tenía idea de que existía, pero que en realidad existía hace más de 20 años.

–¿Qué debería hacer la escuela a partir de la explosión del lenguaje inclusivo?
–Me parece un error, en este momento de proceso de cambio, implicarse en más que informar, utilizar la lengua de manera natural. Estamos todavía en un mundo cuya norma es la norma antigua. Por lo tanto no dejaría de enseñar la norma. Tampoco enseñaría la novedad a no ser que los chicos lo pidan. Si los chicos lo utilizan, hay un buen tema de discusión.

–La RAE ya sentó posición y dijo que el género neutro es el de siempre.
–La gente que le pide algo a la RAE le está pidiendo algo muy prematuro. La RAE es como un escribano. En el momento en que este cambio sea consolidado deberá expedirse. Pero no es un cambio seguro. Estamos viendo una percepción de problema y ahí una solución que se está imponiendo: la del tercer género en “e”. Quizás la academia debería agregar que ven cierto diagnóstico de problema de parte de los hablantes, pero que ninguna alternativa se estableció como dominante.

–¿Esos otros casos en el mundo prosperaron o están en un estado embrionario como acá?
–En Francia, la academia y el gobierno fueron lapidarios en contra de los cambios, diciendo que eran una aberración que ponía a la lengua francesa en un peligro mortal. Esa reacción tan visceral también te habla de que hay una presión por ese uso muy fuerte.  En Alemania se ha avanzado en distintas instancias. En otras lenguas como el portugués, el hebreo, incluso el inglés en el que no hay género en sustantivos y adjetivos hay discusiones en torno a los pronombres. Claramente es un fenómeno bastante extendido, por no decir global. Ante una sociedad que cambió muchísimo, se está preguntando si la manera en que nombra las cosas la lengua está en la línea de las necesidades.

–¿Por qué creés que genera tanta indignación?
–Cualquier cambio en el lenguaje, que es una de las cosas más afectivamente arraigadas en nosotros, genera ese tipo de reacción. Los cambios son difíciles en general y en la lengua mucho más. Pero yo distingo dos tipos de reacciones: la reacción de “me resulta inutilizable”, “no estoy acostumbrado”, “no creo que me sirva”, pero que lo comprenden. Del otro lado, la reacción que yo no entiendo es la de “me resulta espantoso y ridículo” porque eso es cerrarse a entender algo que me parece muy interesante.

–¿Se exagera en la reacción?
–Es una sobreactuación esperable. Es una reacción que siempre ocurre ante los cambios. Sobre todo porque esto tiene un componente generacional: de enfrentamiento entre jóvenes y viejos, que siempre son ríspidos y arduos.

–¿Cuál sería el siguiente paso? ¿Una sistematización?
Lo que está pasando es que mucha gente “no central” va incorporando palabras sueltas, pero no todo el sistema. Hay gente que sigue hablando como siempre, pero dice “todes” o “amigues”. Vamos a ir muy despacio. No sé cómo. Es imposible de predecir. Falta muchísimo para que esto se establezca si es que finalmente se establece.

–¿De acá a cuántos años le ves posibilidad de instalarse?
–No tengo idea. Yo diría siglos. Como cambio completo me parece muy lejano. Yo desdramatizaría porque cuando ocurren estos cambios y dicen “me van a imponer”. En la lengua felizmente nadie –o casi nadie– le impone algo a alguien. Por lo tanto, relajémonos. Que los que no se quieran plegar, sigan hablando como siempre. Y los que quieran incorporar los cambios, también lo harán. Un paso adelante que ya se dio es que pasamos del ridículo a la risa cuando usamos lenguaje inclusivo.

–¿No estigmatiza eso a los chicos?
–Pero hay algo que puntualizar. Tanto los chicos como los grandes somos usuarios competentes de nuestra lengua. No hablamos de la misma manera en cualquier ámbito. Los chicos son perfectamente dúctiles como para hablar de esta manera con sus pares y traducirse a la lengua tradicional cuando hablan con los mayores.