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miércoles, 7 de febrero de 2024

Tres librerías de barrio bien contadas


"Trascienden los circuitos porteños convencionales con cálidos espacios donde los vecinos reciben recomendaciones y pueden quedarse a leer o charlar durante horas. ¿Futuro de la industria o peligro de extinción?". Tal es la bajada de la nota publicada por Gabriela Mayer, en InfoBAE Cultura, el pasado 31 de enero.

Las librerías de barrio, pieza fundamental del universo secreto del libro

Las librerías de barrio se multiplicaron durante los últimos años por la Ciudad de Buenos Aires. Integradas al tejido barrial, proponen catálogos de calidad y esmeradas recomendaciones. El intercambio entre estos espacios culturales y los vecinos puede adoptar las formas más diversas, desde larguísimas conversaciones, budines de regalo y cenas compartidas.

Infobae Cultura realizó un recorrido por tres de estas librerías que abrieron sus puertas en pandemia: Eriza en Villa General Mitre, Malatesta en Parque Chas y Ramuna en Villa Pueyrredón. Y, entre otros puntos, les consultó: ¿cuánto tiempo promedio pasa el público en el local?, ¿de qué manera conforman su catálogo? y ¿cómo transcurre la vida cotidiana en estas tiendas de libros?

Al mismo tiempo, resulta insoslayable una cuestión que atraviesa actualmente el ecosistema librero. ¿Podrán sobrevivir las librerías pequeñas, como las de barrio, una derogación de la ley que establece el precio único de los libros?

Mientras responden estas y varias preguntas más, queda resonando una frase casi como una declaración de identidad de estos espacios: “El libro es una excusa, pero no cualquier excusa, para conectarse con el otro”.

Eriza: buenos libros y charla asegurada
Eriza sorprende con su frente colorido sobre la calle Juan Agustín García, a unas pocas cuadras del estadio Diego Armando Maradona. Podría pensarse que está en Paternal, pero en realidad se trata de Villa General Mitre.

Este cálido espacio libresco funciona en una típica casa de barrio de comienzos del siglo XX. Más específicamente, en un antiguo living comedor refaccionado por los dueños de la librería, que viven en esa misma propiedad. Para entrar, hay que tocar el timbre como si se visitara a un vecino.

Impulsados por su amor a las letras, Ernesto y Sabrina -diseñadores de indumentaria y estudiantes de Filosofía- decidieron cambiar de rubro. “Siempre leímos y siempre comprábamos libros”, cuenta Sabrina a Infobae Cultura. “No teníamos idea cómo era y empezamos a llamar a distribuidoras, a editoriales independientes que conocíamos y no llegaban al barrio”, comenta desde la trastienda del local.

La librería abrió sus puertas en diciembre de 2021. Con un catálogo que privilegia los sellos independientes y la literatura contemporánea, busca llevar otro tipo de literatura al barrio. Así se refleja también en su mesa de novedades y destacados, que es un tablero de dibujo reciclado.

Ernesto detalla que quisieron “acercar una propuesta que, más allá del bestseller, permitiera conocer lo que se produce acá. Antes, si querías comprar por ejemplo un libro de Romina Paula o de Incardona, tenías que ir hasta el centro, Villa Crespo o Villa Pueyrredón”.

Varias generaciones de antepasados de este librero vivieron en la casa donde actualmente funciona Eriza. De hecho, sobre las bibliotecas rojas donde se alinean los ejemplares a la venta cuelgan retratos de sus bisabuelos. Asimismo, en la entrada, una vieja fotografía familiar acompaña al mullido sofá que invita a quedarse leyendo.

La gran mayoría de los clientes habita en el mismo barrio de casas bajas. Antes de que comience el horario de atención al público, Sabrina observa que “la gente vuelve, te va conociendo y pidiendo otro tipo de libros”. Ernesto complementa que “una de las cosas más lindas es conocer a la gente que escribe dentro del barrio, que está cerca de los libros”.

Aunque al principio temieron que el timbre no sonara, hoy día están ante una realidad diametralmente distinta. Los clientes suelen pasar horas charlando en la librería y, en algunos casos, llegan a compartir una cena y cultivar una amistad con ellos.

“Es muy raro que venga alguien que entre y salga”, señala Ernesto. Sabrina sonríe al recordar que una clienta definió así a Eriza en sus redes: “Buenos libros y charla asegurada”. También puede suceder que, si un visitante desprevenido parte en medio de una lluvia torrencial y no tiene paraguas, se lleve uno prestado.

Desde la vereda, sus libros -con acento en temáticas atravesadas por las dinámicas sociales y los problemas de género- lucen detrás de una ventana devenida en simpática vidriera. El mural pintado en el frente de la casa, en colores pastel, es obra de Buen Tiempo Arte Itinerante. Y se volvió un emblema de la librería con su erizo y el lema “libros que quieren cambiar el mundo”.

Para Ernesto, una de las mayores satisfacciones es poder compartir su experiencia lectora. “Hay gente que dice ‘no sé qué leer, ya leí Borges y Cortázar y no sé por dónde seguir’”. Y ahí aparece la posibilidad de sugerir un libro “de alguien que recién empieza y que tiene una propuesta interesante... uno puede acercarle algo más contemporáneo”. Sabrina evoca casos de clientes que buscaban un libro de Florencia Bonelli y terminaron llevándose, por ejemplo, Las malas de Camila Sosa Villada.

La denominación del espacio, de unos 30 metros cuadrados, surgió de la unión de los nombres de ambos. “Nos decían ‘Er y Sa’ trabajando en indumentaria, porque trabajábamos siempre juntos”, comenta Sabrina. Y así fue que decidieron bautizar “Eriza” a su librería.

En cuanto al precio uniforme de venta al público (PVP), ambos advierten que este actualmente les permite competir a las librerías de barrio, en la medida que disponen de libros de mayor salida para mantenerse y también pueden ofrecer otros de menor tiraje, generando bibliodiversidad.

Pero, con una derogación de la ley 25.542 de defensa de la actividad librera, “se genera una lógica perversa, que es la lógica del libre mercado. Al principio las cadenas ofrecen los libros más vendidos con descuentos, ya que compran mayor volumen. Esto hace que las pequeñas librerías no puedan competir y cierren. Y, una vez que terminan con la competencia, es decir monopolizan el mercado, sacan los descuentos y vuelven a aumentar los precios. De esta forma, no solo terminan haciendo de los libros bienes de lujo, sino que imponen un único pensamiento”.

Para Sabrina y Ernesto, permitir que las grandes cadenas se pongan de acuerdo para fijar un precio por debajo del estipulado “atenta directamente contra las posibilidades de las librerías de barrio que, obviamente, no nos encontramos en igualdad de condiciones para competir”.

Eriza sigue entretanto con su cruzada libresca y planea una agenda de actividades para los vecinos. Incluso cuando les toquen labores de todo tipo, incluidas las administrativas, atender la librería “no se siente nunca como un trabajo. Eso es increíble”, agrega Ernesto, una apreciación con la que Sabrina coincide. Mientras, el paso ruidoso de un colectivo sacude, al igual que los libros, la modorra del barrio.

Malatesta: contacto cotidiano con los libros
En el corazón del laberinto de Parque Chas aparece Malatesta, con su frente luminoso sobre la calle Gándara, a metros de la esquina con Andonaegui.

Junto a la puerta, un cartel indica antes de entrar: “El libro es una conspiración para la libertad”. Y, si hay algo de lo que se enorgullece esta librería, es de ser parte de la comunidad barrial, por lo que insiste en que los vecinos se “apropien” de la tienda de libros.

“Somos la primera librería de Parque Chas, nunca hubo otra antes”, explica Carime Morales, quien inauguró este espacio rectangular atiborrado de libros en mayo de 2021. Carime llegó hace unos seis años al barrio famoso por su diseño radiocéntrico, del que se enamoró. “Siempre quería tener una librería, yo estudiaba edición”, cuenta a Infobae Cultura.

A la librera nacida en La Plata, que vivió luego con sus padres en Bolivia, le encanta que Malatesta le brinde “un contacto cotidiano a muchas personas con los libros, que es algo muy lindo de tener”. “Para mí esta es una librería que es genuinamente del barrio”, apunta Carime, mientras empieza el desfile vespertino de clientes. A todos los conoce, y algunos la saludan por ejemplo con un efusivo “¡tanto tiempo!” Mientras intercala alguna recomendación, señala que “el libro es una excusa, pero no cualquier excusa, para conectarse con el otro”.

“Cuando abrimos, el logo lo hizo un amigo, de onda; la pintura, otro; la albañilería, otro; otra amiga me pasó el contacto del alquiler. Así, realmente fue un deseo colectivo esta librería y siento que, en muchos momentos, especialmente en estos que es tan difícil todo lo de la economía, también es un deseo sostenerlo”, dice detrás del mostrador, donde exhibe títulos de Eloísa Cartonera.

El catálogo de Malatesta está conformado en gran medida por editoriales independientes. Hay libros que directamente decide no traer, “porque ponés un megabestseller en la mesa y los otros libros más desconocidos no tienen chance. Entonces, cuando sale una novedad muy importante, traemos uno y lo dejamos ahí, porque siempre va a haber alguien que lo va a pedir y tampoco queremos ser una librería excluyente”, aclara Carime.

Pero, más allá del cuidado catálogo, considera imprescindible que la librería sea parte de una comunidad. Resumiendo este espíritu, Malatesta organiza actividades culturales como proyecciones de películas, ciclos de cortos, lecturas y presentaciones, a la vez que cada año celebra su cumpleaños en la calle.

El nombre de este dinámico espacio surgió a partir de una votación del barrio. Su primer significado, afirma Carime, tiene que ver con un personaje de la Divina Comedia, aunque también se busca “que cada quien le ponga su propio sentido. Queríamos una apuesta de libros que no te confirmen el pensamiento, sino que te lleven a pensar contra vos mismo, que te modifiquen”. Además, Errico Malatesta era un anarquista italiano que “estuvo en Argentina y fue parte del sindicato de los panaderos. Y Parque Chas tiene mucha tradición anarquista”.

En cuanto a una eliminación del precio fijo de los libros, coincide en que afectaría directamente a las librerías de barrio. “Pienso que seríamos las primeras o segundas en desaparecer. Digo segundas porque al tener una estructura de costos chica, tendríamos unos meses más de supervivencia que otras librerías más grandes”. Carime no cree que “se tenga que pensar en la conveniencia o no de la derogación del PVP de acuerdo a si nos gustan las librerías independientes o grandes, o si nos gusta comprar libros por internet. El PVP organiza el ecosistema del libro argentino, que, aunque tenga el yunque del precio del papel, es un modelo en mundo”.

Este modelo permite que “en la pila de libros que hay en un velador, dos o tres sean de editoriales independientes, de autores, temáticas, traductores, que no estarían ahí de no existir esta ley. ¿Por qué? Porque que determinados títulos estén expuestos no depende hoy en día de una sola boca de expendio, que tiene una sola mirada y un solo algoritmo. Por eso es que esta derogación amenaza a la bibliodiversidad y a toda la industria argentina del libro”, argumenta.

Lo que más le gusta a Carime es recomendar libros. “Conociendo a la gente se hacen mejores recomendaciones. Hay muchas librerías en las que funciona el rol de librero como un lugar del saber, que va a instruir a su pueblo. No sería nuestro caso”, dice mientras revisa los volúmenes alineados en estantes, apilados o ubicados en cestos.

La mayoría de los clientes de Malatesta habitan este barrio laberinto. Un par de silloncitos dispuestos por los 27 metros cuadrados del local invitan a la lectura, aunque la librera aclara que los visitantes principalmente se juntan “a chismear”. “Rara gente viene a leer a la librería”, aunque a veces se llevan los libros al café de al lado, dice Carime.

En la entrada del local, se destaca “el cajón de Parque Chas”, que reúne textos de autores del barrio como Inés Fernández Moreno, Christian Kupchik y Luis Luchi. “Tiene libros que nos han ido dejando vecinos; algunos están a la venta y otros son solo de préstamo”, afirma Carime, mientras repasa y acomoda estos títulos con delicadeza.

Ramuna: buena atención y el barrio de respaldo
Por avenida Salvador María del Carril, a pasos de Helguera, asoma Ramuna en Villa Pueyrredón. Este prolijo universo libresco también abrió sus puertas en mayo de 2021. El día que descubrió el pequeño local, mientras pasaba en bicicleta durante la pandemia, Tamara supo que iba a abrir su librería exactamente ahí.

El impulso para lanzarse a este emprendimiento apareció de repente. “No es que lo había planificado, o que lo soñé. Fue algo que sentí que podía y tenía que hacer”, dice Tamara a Infobae Cultura, en una charla que comienza café de por medio en el bar de la esquina de Ramuna y termina en este espacio que los vecinos del barrio adoptaron como propio.

Para dejar en claro que esta luminosa librería lleva una marca gatuna, el logo está formado por una “R” con colita de felino y la palabra “libros”, enmarcada por dos bigotes. Ramuna nació al unir los nombres de los gatos de Tamara, Ramón y Luna. “Ramuna ya era Ramuna antes de ser Ramuna. La casa era de ellos”.

Los catorce metros cuadrados de la librería están aprovechados al milímetro. El local repleto de libros dispone también de un mínimo depósito bajo escalera, donde solamente se puede ingresar agachado. Tamara se muestra convencida de que lo que distingue a una librería es la atención, “que la persona que entra se sienta bien recibida”. Y busca refutar la eventual creencia de que este espacio es para un nicho, o para pocos, “o que si no leíste a Borges no podés leer”.

“Yo empecé a poner lo que a mí me gustaba leer, lo que conocía. Si alguien me viene a pedir algo, le voy a recomendar lo que leí, lo que conozco”, cuenta Tamara. Como Ramuna exhibe numerosos libros de autoras y feminismo, en un principio el público masculino solía rehuir la librería, fenómeno que se fue modificando de a poco.

La librera -que vive en Villa Urquiza- también opta por traer los textos que le encargan. “Si viene alguien puntual y me dice ‘quiero este libro’, yo te lo consigo”. En cuanto a la presencia de las editoriales independientes en su catálogo, indica: “Me tomo el tiempo de ir a la FED y conocer el material que hay. Tampoco es traer por traer, simplemente porque es algo independiente”.

Tamara explica que “hay libros que pagan el alquiler y otros que aumentan la dignidad de leerlos y venderlos. Hay que hacer el equilibrio entre eso. Hay libros que son caballitos de batalla”. Por eso, “si Florencia Bonelli saca un libro lo tengo que poner, porque la señora que pasa por la vidriera quiere ese libro y se tiene que enterar que está”.

Al entrar a Ramuna, se esfuma el ritmo de la avenida Salvador María del Carril. Desde el mostrador, Ramunito -el amuleto de la librería, un gatito de cerámica- controla los movimientos del local. El espacio renovó recientemente sus bibliotecas, que ahora ofrecen estantes rebatibles y mayor espacio de exhibición.

Su clientela regresa una y otra vez. “Se pueden llegar a quedar tres horas en la librería, a veces ni siquiera hablando de un libro, sino de la vida”, comenta Tamara. Y le genera enorme satisfacción que vuelvan a visitarla varios chicos del barrio que se iniciaron en la lectura con un primer libro comprado en Ramuna.

En cuanto a una derogación del PVP, Tamara señala que no compite por precio. “Hay una ley de precios, pero la mayoría de las personas realmente no lo sabía y sigue sin saberlo, porque la gente no va a la librería buscando precios. Eso lo hace con todo lo demás, con la yerba, la carne, la leche. Desde mi lugar, el día que sienta que la gente viene desde no sé dónde para buscar precio, creo que me voy a replantear muchas cosas. Espero no sentirme góndola de Farmacity”.

“Hay algo que hace que Ramuna no sea un lugar que vende libros para manotear a último momento y no es el precio. Es la atención. Y la atención no es solamente decir ‘hola, buenos días, ¿en qué te puedo ayudar?’ La atención es eso que hace que las personas siempre vuelvan, a veces solamente a saludar, a llevarme un café, a preguntarme ‘¿cómo estás?’. A que los ayude porque quieren regalar algo a un familiar que vive lejos y les gusta que ese regalo salga de acá y viaje para allá. Hablan de lo linda que es la librería, del perfume que hay, que también los libros tienen olor a Ramuna”.

Mientras, continúa acariciando nuevos proyectos. Además de tomarle el gusto a hacer actividades en la vereda, próximamente sumará otro local a la vuelta, un garaje que forma parte del mismo PH. Y tiene previsto habilitarlo también “para dar talleres, para que empiecen a pasar cosas vinculadas a los libros, la literatura, el arte”.

Tamara resume así su relación con Villa Pueyrredón: “Me quedo tranquila porque sé que tengo el barrio atrás que me respalda, les caigo bien, me quieren, me aprecian, me adoptaron”. Incluso sucede que le hacen regalos y le alcanzan comida. “Tengo la vecina de al lado que me hace budines. Y me adapté”. Mientras, la puerta de Ramuna ya se abre para dar paso a la primera clienta de la tarde.

viernes, 2 de junio de 2023

"¿Es muy distinto como funciona una librería en París o Buenos Aires?"


El pasado 29 de mayo, la escritora y periodista Gabriela Mayer visitó Cien Fuegos, la librería argentina de París, propiedad del poeta y traductor Miguel Ángel Petrecca. Lo que sigue es la crónica de su conversación y algunos datos sobre la historia de las librerías de lengua castellana de la capital francesa.

Un paseo por Cien Fuegos, “la última librería latinoamericana en París”


Cien Fuegos es la única librería de París dedicada a la literatura hispanoamericana y a la venta de libros en español. Fundada en 2015 por el poeta y traductor argentino Miguel Ángel Petrecca, se encuentra en la rue Saint Blaise, apacible calle semi peatonal en el XX arrondissement, con el encanto de los antiguos suburbios parisinos.

 

La ciudad a orillas del Sena siempre fue una meca literaria para los autores latinoamericanos. Desde Rubén Darío hasta César Vallejo, pasando por escritores icónicos del boom como Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.

 

Este pintoresco espacio se constituye en heredero de ese fluido vínculo de las letras latinoamericanas con París, pero también de la larga tradición de librerías iberoamericanas que existieron en esta ciudad. Como la Librería Española de Antonio Soriano en la rue de Seine o la Librería Hispanoamericana de la rue Monsieur-le-Prince, que hace tiempo cerraron definitivamente sus puertas.

 

Cien Fuegos o la librería como mito persistente

En la vidriera de Cien Fuegos se destacan, entre otros títulos, la edición aniversario de Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, Les morts sont de jour en jour plus indóciles (traducción de Los muertos están cada día más indóciles) de Roque Dalton y Los surcos del azar del historietista Paco Roca. Diversidad que convoca a hurgar en el selecto catálogo de esta librería.

 

Cien Fuegos atesora miles de volúmenes nuevos y usados en los anaqueles de madera clara y también apilados en cada recoveco. Después de hacer espacio a un par de sillas para la entrevista entre libros, Petrecca dice a Infobae Cultura que la librería como lugar es “un mito persistente”.

 

Antes de ocupar el local actual, a pasos de la plaza elevada de la iglesia Saint-Germain-de-Charonne y cerca del cementerio Père-Lachaise (donde descansan, entre muchas otras celebridades, Juan José Saer y Miguel Ángel Asturias), la librería estuvo primero en el distrito XI y luego en el XV, en la otra punta de París.

 

Una de las características distintivas de Cien Fuegos es que ofrece a sus clientes un modelo mixto, con títulos nuevos y usados, algo poco habitual en Francia. “Acá tenés librerías muy de nuevo o librerías de viejo, pero que trabajen con las dos cosas es bastante raro”, comenta Petrecca.

 

Las librerías francesas no especializadas suelen centrarse en las novedades. “A diferencia de la librería argentina, que también crea un fondo que se va construyendo a lo largo de los años”, afirma el autor de poemarios como La voluntad, El Maldonado y El gran furcio.

 

En el caso de Cien Fuegos, es mayor el flujo de libros usados, que proceden de la compra de bibliotecas, pero también de los libros que deja gente que parte de París o se muda a un lugar más chico.

 

De esta manera, terminan confluyendo muchas bibliotecas diferentes. Como “la biblioteca de un cubano que se vino escapando de la revolución, la de un peruano artista amante de la revolución… bibliotecas totalmente opuestas que se fueron acumulando acá a lo largo de décadas”.

 

Al librero, poeta y traductor nacido en Buenos Aires le encanta dedicarse a buscar libros, actividad para la cual París resulta buen lugar. “Justamente encontrás cosas que, como son en español, tal vez acá no se les da tanto valor”. Entonces, ejemplifica, aparecen ediciones de Rayuela firmadas o una primera edición de Cien años de soledad sin la tapa.

 

Más allá de los volúmenes que se apilan por Cien Fuegos, Petrecca -quien llegó a París para hacer un doctorado- tiene más libros en un sótano e incluso en su propia casa. Aunque ya perdió la cuenta, estima que deben ser unos diez mil.

 

Los títulos dentro del local se encuentran clasificados en diversos sectores. Un muro está dedicado a narrativa, aunque puede haber “infiltrados”, y otra área es la consagrada a poesía. También dispone de un sector donde conviven biografía, crítica literaria e historia, así como zonas que concentran respectivamente libros infantiles y de arte.

 

Por lo general, los títulos de narrativa y poesía son los más buscados, así como los de crítica literaria e historia.

 

Cien Fuegos suele abrir por las tardes, porque Petrecca combina su labor librera con la docencia y la traducción del chino y del francés. “Es el modelo al que llegué en este momento, que se hace compatible con mis dos trabajos. Por ahora así funciona”.

 

Desde la puerta, un pequeño cartel detalla en francés los horarios de Cien Fuegos: “Abrimos los jueves de 15 a 18. El resto de los días con cita previa. Si venís y no estoy, es probable que no esté lejos. No dudes en llamarme…”.


El legado de las librerías iberoamericanas en París

París cuenta con un extenso legado de librerías iberoamericanas, devenidas en destacados espacios culturales y puntos de encuentro. “Desde el siglo XIX hacia acá, siempre hubo incluso más de una librería en español. Algunas más conocidas, otras menos”, detalla Petrecca.

 

Este fenómeno se explica en el contexto de una ciudad “que se caracteriza por tener muchas librerías especializadas en lenguas. Que es el reflejo también de un cierto cosmopolitismo histórico, la presencia de muchas comunidades. En Argentina también hay algo de eso, me parece”, opina el librero, editor y poeta, que vive en París desde 2013.

 

Algunos de los clientes de Cien Fuegos aún recuerdan dos históricas librerías: la Librería Española y la Librería Hispanoamericana. La primera, del exiliado español Antonio Soriano, funcionó hasta la década del 2000. “Fue un centro muy importante de reunión de toda la cultura española de exiliados, un lugar de edición muy importante, una gran gran librería”, dice Petrecca.

 

Asimismo existieron otras menos conocidas o más efímeras. “Por ejemplo, el hijo de Antonio Berni tuvo una librería en París. También hubo otra librería argentina cerca del Panteón, El Salón del Libro, de un argentino que ya falleció, Alejandro de Núñez. La mujer de Buñuel también tuvo una librería española. Hay incluso librerías de las que no queda siquiera memoria”, apunta.

 

Petrecca comenta que obviamente el hecho de que la librería sea por estos tiempos un negocio más difícil que antes dificulta que alguien retome ese fondo. “Esa sería también una razón por la cual no tuvieron continuidad. Pero al mismo tiempo siempre va a haber alguien que tiene ganas de retomarlo. Es como un mito persistente la librería como lugar, más allá de que no sea tal vez tan fácil de sostener económicamente como hace algunas décadas”.

 

Desde el número 11 de la adoquinada rue Saint Blaise, el librero y poeta agrega que, aunque la librería de Soriano ocupó “un lugar histórico-cultural muy diferente, mucho más importante, en otro momento histórico, sí me ubico dentro de esa línea”.

 

“Compré un libro y lo perdí”

La diversidad asimismo es una marca distintiva entre los visitantes de Cien Fuegos. Algunos piden los clásicos del “boom” y otros, recomendaciones de libros más actuales. También llegan franceses que están aprendiendo castellano y buscan textos sencillos, así como latinoamericanos y españoles detrás de novedades editoriales. Por supuesto, tampoco falta la gente que entra a curiosear o llama pidiendo cosas absurdas.

 

El librero pone como ejemplo una vez que le dijeron algo así como: “Hace 40 años compré un libro en una librería y lo perdí, y me gustaría que me ayudes a encontrarlo de vuelta. Pero no me acuerdo del título, solo me acuerdo de la tapa. Necesito encontrar ese libro, porque tengo asociados muchos recuerdos”.

 

Petrecca cuenta que incluso llegan hasta la rue Saint Blaise clientes parisinos que no conocían esa calle que se destaca por sus característicos macetones y farolas, así como una variedad de restaurantes y cafés.

 

 “Es un descubrimiento y, por otro lado, la sensación que tienen que es casi como si fuera el suburbio”, indica. Porque “para el francés que vive del otro lado esto es lo que llaman el faubourg, algo medio lejano, ya no es el centro. Es una zona que hace diez, quince años, aparentemente era muy mal vista, bastante oscura, y que se fue renovando”, detalla el poeta y traductor.

 

¿Es muy distinto como funciona una librería en París o Buenos Aires? “Al ser en español, sí. Acá estás en un territorio extranjero, vendiendo algo que en realidad ya de por sí es muy específico. Siento que tengo una librería argentina y mi manera de pensar y funcionar es muy a la argentina, pero está acá”, reflexiona Petrecca.

 

Del Boom al miniboom

Fueron varias las obras insignia del boom de la literatura latinoamericana escritas en París. Más allá de la emblemática Rayuela de Cortázar, donde la ciudad se teje en la trama de la novela, García Márquez concibió La mala hora y El coronel no tiene quien le escriba y Carlos Fuentes se inspiró para Aura.

 

Décadas después, ¿qué presencia tiene la literatura latinoamericana en la capital francesa? Aunque el boom sigue teniendo mucho peso, analiza Petrecca, también surgió en el último tiempo un pequeño miniboom de autoras argentinas, como Mariana Enríquez y Selva Almada. “Hay una cierta renovación, cierta receptividad. No tienen el lugar que tenía el boom, pero tienen sus lectores. Lo veo mucho eso ligado a escritoras mujeres”.

 

En un comienzo este fenómeno puede haber tenido que ver con el Programa Sur de apoyo a las traducciones. “Y también que es un lugar donde se traduce mucho y la literatura argentina específicamente, aparte de la latinoamericana, es una literatura que genera interés”.

 

Cien Fuegos desarrolla además actividad editorial y agenda cultural propias, con presentaciones de libros y lecturas. Durante los primeros años, la librería daba mayor protagonismo a los eventos pero, entre otros motivos por la pandemia, su periodicidad fue disminuyendo.

 

En cuanto a la iniciativa editorial, apunta a sacar unos dos títulos por año e implica “una voluntad de publicar algunas cosas en francés, pero no es central al proyecto de la librería, es lo más periférico”, explica Petrecca.

 

En los próximos meses, editarán dos libros en francés del poeta  Horacio Castillo. “La idea es continuar con eso, guiados más que nada por el placer, sin ninguna obligación de regularidad”. La distribución se realiza a escala reducida, a través de Cien Fuegos y en un puñado más de librerías.

 

Petrecca adelanta que, probablemente, en algún momento se mudará de nuevo. “Si es posible, a un lugar un poquito más grande, por una cuestión también de la cantidad de libros que tengo, y que volvería a ampliar un poco, a hacer más actividades”.

 

Una vez finalizada la visita a Cien Fuegos, queda flotando una última pregunta antes de continuar callejeando cual flâneur por París. ¿A qué debe su nombre esta particular librería?

Petrecca responde que no lo sabe con exactitud. “Creo que en mi cabeza inconscientemente el nombre sintetizaba lo chino y lo latinoamericano: poniendo ‘Cien Fuegos’ pensaba a la vez en las ‘cien flores’ de Mao, entendidas, con deliberada ingenuidad, como imagen de la diversidad”.

 

lunes, 4 de julio de 2022

Editoriales argentinas en el exterior



Carolina Orloff de Charco Press, Sebastián García Schnetzer de Libros del Zorro Rojo y Andrés Tacsir de equidistancias conversaron con Infobae Cultura sobre sus emprendimientos y la idea de renovar la imagen de la literatura latinoamericana en el dominante mercado anglosajón.” Eso dice la bajada del artículo publicado por Gabriela Mayer, en InfoBAE Cultura, el pasado 2 de julio.

Expectativa y realidad: cómo trabajan las editoriales independientes argentinas en el exterior


Desde Edimburgo, Londres y Barcelona, a través de América Latina y Estados Unidos, los editores independientes argentinos van dejando su huella en el mapa global de los libros. Aún con márgenes estrechos, materializan aspiraciones y sueños en catálogos que eluden el camino fácil de los bestsellers y hacen circular otras voces y formatos.

 

Los editores Carolina Orloff de Charco Press, Sebastián García Schnetzer de Libros del Zorro Rojo y Andrés Tacsir de equidistancias compartieron sus experiencias en diálogo con Infobae Cultura. ¿Cuánto de utopía los acompaña en sus proyectos? ¿Con qué metas crearon estas editoriales? ¿Y en qué medida lograron abrirse camino en el mercado?

 

Charco Press se presenta como la única editorial en el mundo anglosajón que está dedicada a la literatura latinoamericana. Con sede en Edimburgo, publica principalmente novelas y también volúmenes de cuentos y partió en 2017 con cinco libros de autores y autoras argentinos actuales.

 

Desde sus inicios, apuntó a demostrar “que la literatura latinoamericana no es realismo mágico, no es pobreza, violencia ni narco. Y que de un solo país y de una misma generación están saliendo libros absolutamente disímiles; en formato, en aspiraciones estilísticas, en contenido”, indica Orloff a Infobae Cultura.

 

Por su parte, desde su fundación en Barcelona en 2004, Libros del Zorro Rojo se consolidó como una editorial de referencia internacional en libros ilustrados, donde confluyen la literatura y las bellas artes.

 

“En el origen, nos iniciamos desarrollando libros ilustrados para jóvenes y adultos, e imaginamos que este proyecto ocuparía, en un futuro cercano, un espacio relevante dentro del mundo editorial”, dice García Schnetzer. Y agrega que, muchos años después, siguen “ilusionados con esta utopía”.

 

Los reconocimientos para estas dos editoriales no se hicieron esperar. Charco Press ya logró tener tres nominaciones al Premio Booker International, una a la longlist y dos a la shortlist. La más reciente fue para Claudia Piñeiro, con Elena Knows (Elena sabe, con traducción de Frances Riddle).

 

“Es un reconocimiento profundo de que estamos haciendo bien las cosas. Hay gente que nos está leyendo, nos está prestando atención y está cambiando en base a lo que estamos publicando”, asegura la editora y traductora argentina radicada en Escocia.

 

Libros del Zorro Rojo se adjudicó, entre una frondosa lista de galardones, el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial del Ministerio de Cultura de España en 2011 y el Premio a la Mejor Editorial Europea 2015 de la Feria del Libro de Bolonia.

 

Su director García Schnetzer recuerda en diálogo con Infobae Cultura que fueron uno de los primeros sellos que abordó en España un proyecto integral sobre este tipo de obras. “Acaso Galaxia Gutemberg era nuestra referencia, pues editaba en esa época, y con finura, esmerados libros ilustrados”.

 

Y, aunque algunas editoriales habían emprendido experiencias en este terreno, “creo que ninguna había focalizado la esencia de su proyecto en este formato que reúne las letras y las artes”. A la pregunta de si Libros del Zorro Rojo se convirtió en un referente, prefiere contestar: “No es relevante. Las referencias confunden y pueden ser nocivas”.

 

Mientras tanto, equidistancias, fundada por Andrés Tacsir y Enrique Zattara, se enfoca en escritores y escritoras hispanoamericanos que eligieron vivir en culturas diferentes a la propia o cultivan un fuerte vínculo con la migración. Ambos autores conocen de propia mano el fenómeno de la escritura en otra tierra: Tacsir vivió cerca de 15 años en Londres y Zattara lleva más de 30 años en Europa.

 

“Al estar afuera, muchos escritores se van alejando de los ‘círculos culturales’ de su país de origen. Existe una cantidad importante -y creciente- de escritores que ‘escriben afuera’ y equidistancias viene a llenar el espacio que permite reconectarlos con sus lugares de origen”, destaca Tacsir.

 

A la hora de concebir este sello –que funciona entre Buenos Aires y Londres y lanzó sus primeros títulos en diciembre de 2021- la experiencia migratoria fue fundamental. Porque “le permitió entender “esa ‘tierra de nadie’, esa tierra entre los dos lugares en que quedan los escritores cuando están afuera y no están del todo conectados en ninguno de los dos espacios a los circuitos habituales de producción, edición o difusión”.

 

Destartalando estanterías

¿Qué metas se fijaron inicialmente para sus proyectos editoriales? ¿Y en qué medida se fueron concretando?

 

Orloff cuenta que Charco Press “nació justamente con la aspiración de hacer temblar, de destartalar un poco las estanterías en general de los lectores en el mundo anglosajón”. El objetivo era “traer a la mente de estos lectores una versión renovada, más genuina, de lo que es la literatura latinoamericana y de lo que es la literatura que viene de otros lados”.

 

Por eso, apuntan a “traer de América Latina los títulos contemporáneos que estén haciendo eco y también ‘resucitar’ autores y autoras que por alguna arbitraria razón no han sido traducidos, como la enorme Ida Vitale o Diamela Eltit”, explica la cofundadora de esta editorial.

 

Libros del Zorro Rojo, por su parte, repiensa cada libro “con la astucia y la tenacidad de un zorro, un colorido zorro rojo de fábula”. Entre sus metas, García Schnetzer señala “resistir sin sucumbir a la tentación del mercado. Realizar, dentro de nuestras posibilidades, el mejor libro posible combinando autores, obras y artistas con la mayor sintonía. Realizar libros capaces de perdurar en el tiempo, libros que puedan permanecer”.

 

El editor y diseñador gráfico argentino recuerda que la ilustración como oficio existe desde tiempos inmemoriales, “pero el trabajo de algunos ilustradores e ilustradoras ocupa hoy un lugar destacado entre las artes. De Aubrey Beardsley a Carlos Nine, de Hannah Höch a Suzy Lee, por citar algunos, son una referencia y fuente de inspiración mundial”.

 

En su catálogo se destacan, entre otros, Julio Cortázar ilustrado por Emilio Urberuaga, José Muñoz o Enrique Breccia, Harry Clarke dando vida a los cuentos de Hans Christian Andersen, Edgar Allan Poe o el Fausto de Goethe, Alejandra Pizarnik en los trazos de Santiago Caruso y los collages de Isidro Ferrer en diálogo con Los Sueños de Helena de Eduardo Galeano.

 

Durante este año, equidistancias prevé publicar una docena de libros, con voces de Argentina, Chile, Colombia, España, Perú, Cuba, México, Costa Rica y Venezuela. Sus perfiles son diversos, entre ellos un diplomático español que residió en el Congo, un colombiano que fue periodista en Nueva York o una médica chilena que vive en Londres.


Tacsir se enorgullece de que sus autores y autoras puedan ser leídos tanto en su lugar de residencia como en el de origen. Y lo juzga especialmente importante, porque “las comunidades migrantes de habla hispana en el mundo crecen y no siempre disponen en sus lugares de residencia de la visibilidad necesaria. A nivel individual, además, muchos inmigrantes que escriben no tienen siempre la cabeza focalizada en cómo se está desarrollando el mercado editorial en su país; en general, sus contactos con otros escritores y grupos de lecturas se van diluyendo a medida que pasan tiempo afuera”.

 

De nombres, de soportes

En Charco Press, apostaron a ese nombre porque hace referencia “a la idea de cruzar el charco, de ser puentes entre culturas, entre idiosincrasias, entre universos. Y recuerdo que nos detuvimos mucho pensando en la dificultad que iba a tener el lector anglosajón al pronunciar la palabra y justamente decidimos ir con ese nombre, porque también de eso se trata”.

 

Así, decidieron no amoldarse a la comodidad del lector angloparlante, con la elección de una palabra en castellano que “se puede aprender a decir, como se puede aprender a ser curioso por el otro, por el mundo del otro”. “Más allá de lo metafórico del significado, también tiene esa aspiración de desafiar al lector anglosajón”, señala Orloff.

 

Libros del Zorro Rojo “desea rescatar de entre las sombras de la fábula al pobre animalito, un personaje obligado a participar a la fuerza en el club de los malos. Sin dejar de mencionar que en la actualidad el zorro rojo se encuentra en peligro de extinción. Es un superviviente”, dice García Schnetzer.

 

Y la denominación “equidistancias” viene a dar cuenta “justamente de ese espacio en que están los escritores que escriben afuera: entre su lugar de origen y su lugar de residencia”, afirma Tacsir, quien vive actualmente en Buenos Aires, a Infobae Cultura.

 

“Aprovechando las nuevas formas en que el lector se relaciona con el libro, trabajamos con publicación on demand”, explica. Los libros de equidistancias se consiguen en digital, así como en formato físico en Europa, Estados Unidos y en la mayoría de los países de América Latina.

 

Charco Press publica tanto en papel como en digital. “Todos los libros salen en formato tapa blanda y en e-book. En general solo se vende un treinta por ciento en digital. El resto es papel, papel, papel. Las ediciones son muy cuidadas”, aclara Orloff.

 

La experiencia de Libros del Zorro Rojo en materia de soportes es otra. En palabras de García Schnetzer: “No publicamos en formato digital por el momento. Vivimos en el Jurásico de la edición”.

 

Vivitos y coleando en el mapa editorial

¿Cómo se ubican dentro del complejo y muchas veces esquivo mapa editorial global? ¿Y cómo respondieron lectores y lectoras a sus iniciativas?

 

Orloff y García Schnetzer coinciden en que, desde que comenzaron sus respectivos proyectos, con las particularidades y los riesgos que les son intrínsecos, lograron una gran aceptación.

 

El artífice de Libros del Zorro Rojo evoca que la propuesta de la editorial “fue recibida con incredulidad y cierta amable desesperanza. Con el tiempo fuimos ganando entusiastas y hoy, luego de años de perseverancia y padecimiento, podemos decir que logramos ocupar unos milímetros del mapa editorial. Suficientes para sostener el proyecto, vivito y coleando”.

 

Y, sobre la expansión a otros países, a la que considera vital para la supervivencia de este sello, reflexiona: “Quizás se debió a que llegamos a Barcelona desde la Argentina. Percibimos rápidamente el mapa de la lengua castellana con perspectiva global, por ello desde el inicio trabajamos sin descuidar a nuestros lectores y lectoras en Latinoamérica, hecho que nos permitió una mayor difusión”.

 

Libros del Zorro Rojo lleva publicados unos 300 libros, sumando los catálogos infantil y juvenil-adulto. “Pero la cantidad no es un mérito, todo lo contrario. Debimos quizás haber publicado menos y mejor”, traza su balance García Schnetzer.

 

¿Con qué criterio eligen un libro para incorporar al catálogo?, le consultó Infobae Cultura. “Dependerá de muchos factores. El principal, su potencial para soportar el paso del tiempo”, puntualiza el editor.

 

Tacsir comenta que equidistancias -con sus colecciones de narrativa, poesía y ensayo- tuvo muy buena recepción “por su originalidad, pero, sobre todo, por la capacidad de efectivamente lograr darle fuerza a voces que no siempre se escuchan. Entre los lectores estamos avanzando muy bien, entendiendo que nuestros libros serán buscados primeramente por lectores con una sensibilidad especial al tema del ‘escribir afuera’”.

 

De todas maneras, los márgenes en los que se mueven estas editoriales suelen ser verdaderamente estrechos. Por ejemplo, hasta hace unos cinco años en el mundo anglosajón apenas el 3,2 por ciento de la literatura publicada era en traducción de otros idiomas, incluido el español. Un porcentaje que, según Orloff, ahora llega a algo más del cuatro por ciento, pero sigue siendo “ridículamente chico”.

 

Infobae Cultura le preguntó a Orloff si ocuparon un espacio vacante en el mapa editorial. “Me parece que no, porque la literatura latinoamericana contemporánea se viene publicando, de a puchitos, acá y allá. Pero la apuesta que hace Charco es que es la única editorial en el mundo anglosajón que está dedicada a la literatura latinoamericana. Y esa singularidad sin duda nos destaca, porque si hay algo que estaba vacante es hacer una oferta variada de la literatura latinoamericana en inglés”.

 

Y agrega: “Con eso me refiero a que nosotros no solo no publicamos los libros que les va bien, necesariamente, en términos comerciales. No publicamos bestsellers y hacemos una movida de alguna manera protegida o segura, sino que el objetivo que nos mueve, el motor, es que la representación de la literatura latinoamericana contemporánea en inglés sea justa a la variedad de voces”.

 

Desde el año pasado, también comenzaron a editar en español, con títulos como La azotea de Fernanda Trías, Habana Año Cero de Karla Suárez y Una ofrenda musical de Luis Sagasti. La intención de Charco Press es, siempre y cuando los derechos estén disponibles, publicar sus libros simultáneamente en ambas lenguas en Reino Unido, Canadá y Estados Unidos.

 

Sobre todo, apuntando a la realidad demográfica estadounidense, “donde habitan millones y millones de hispanoparlantes que a la hora de ir a la librería o a la biblioteca municipal no tienen buena ficción contemporánea de América Latina para leer en su idioma”, especifica la editora e investigadora. Próximamente Charco Press publicará allí títulos como Sodio de Jorge Consiglio, Confesión de Martín Kohan y Dos sherpas de Sebastián Martínez Daniell.

 

Como editora, concluye Orloff, le interesa ser lo más fiel posible a representar la variedad latinoamericana en términos de ficción y no ficción. “Que no sean siempre las mismas voces que se repiten, que no sean siempre los mismos traductores que traducen a los mismos autores. Vinimos a cambiar eso. Vinimos a aportar a que ese abanico de voces sea realmente un abanico”.