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lunes, 27 de julio de 2026

Italia, nuevamente país invitado a la Feria de Guadalajara y Feltrinelli aprovecha

La siguiente nota fue publicada en La Jornada, de México, el pasado 18 de julio, con firma de Reyes Martínez Torrijos. Anuncia la iniciativa del sello italiano Feltrinelli para su participación en la próxima edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara.

Arribará una delegación de 61 autores a la FIL de Guadalajara: Alessandro Baricco, Federica Manzon, Valeria Luiselli...

Los escritores italianos Alessandro Baricco y Federica Manzon, así como la mexicana Valeria Luiselli participarán en la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara 2026. Forman parte de la propuesta de Feltrinelli Editores para acceder este año al mundo literario de España y América Latina, según informó el editor de ese sello, José Hamad, a La Jornada.

La edición 40 del encuentro editorial tendrá a Italia como país invitado, nación que traerá una delegación de 61 escritores y más de 30 sellos; también desarrollará un programa de exposiciones, conciertos, cine, gastronomía y encuentros editoriales, del 28 de noviembre al 6 de diciembre, se divulgó ayer.

Tales actividades girarán alrededor del descubrimiento de la cultura italiana, inspirado en las palabras del escritor Umberto Eco: “el mundo nos habla como un gran libro”, a 10 años de su muerte.

Los autores italianos contemplados incluyen, además de Baricco y Manzon, a Viola Ardone, Bruno Arpaia, Andrea Bajani, Mario Calabresi, Olga Campofreda, Stefano Ciccone, Helena Janeczek, Felicia Kingsley, Vincenzo Latronico, Antonella Lattanzi, Milo Manara, Daniela Marcheschi, Guido Mazzoni, Fabian Negrin, Pera Toons, Laura Pugno y Stenio Solinas, entre otros.

El programa inaugural en español de Feltrinelli Editores incluye la redición del clásico El doctor Zhivago, de Borís Pasternak; el ensayo Breve historia herética de la música clásica (en septiembre próximo), de Baricco; la novela Principio, medio, fin, de Luiselli; el ensayo En palabras sencillas, de Richard Ford, y la narración Regreso a Trieste (noviembre), de Manzon.

Breve historia herética de la música clásica reflexiona sobre la relación humana con el misterio de los sonidos durante la historia europea. Hamad (Madrid, 1976) explicó que Baricco, narrador, dramaturgo y crítico musical, es uno de los autores de Feltrinelli en Italia y de Anagrama en lengua española. “Cuando supo que la italiana empezaría a publicar en español, quiso apadrinarla con este libro. Luego regresará a Anagrama”.

El también escritor detalló que la propuesta del nuevo sello en español es la literatura internacional en traducción, como el clásico El doctor Zhivago, que tras ser censurado, Giangiacomo Feltrinelli sacó el manuscrito de la Unión Soviética, lo tradujo al italiano y lo publicó en Feltrinelli, por primera vez fuera de su país, y luego lo impulsó en las casas editoras más importantes. “Consiguió darlo a conocer. Por eso es un libro muy simbólico”.

Hamad consideró que El doctor Zhivago explica los orígenes de la editorial y, por eso, se decidió que arranque el nuevo catálogo, y sumarle un título que represente el futuro de Feltrinelli, para lo cual eligieron el de Luiselli, quien escribe en inglés y español, y sus libros se traducen a 30 lenguas. “Creemos en ella como una de las grandes autoras de la literatura universal en este momento”.

Mirar hacia afuera, la apuesta

El editor mencionó que Feltrinelli también pondrá su atención en la “literatura de mirar hacia fuera, de conocer, de expandir esa visión. Es una editorial originaria en Italia que quiere abrirse a nuevos horizontes. Nos gustaría una literatura abierta a la imaginación, en que las historias, las tramas, la ambición literaria de los autores sean fuertes, abarcadoras, y vayan hacia el mundo más que hacia la introspección”.

Otra de las apuestas del sello es su única colección llamada Feltrinelli Lectures. Cada año se incluirá un texto de un autor de talla mundial encargado expresamente, que será una primicia en español e italiano, antes de la lengua del autor, y será presentado en conferencia en Barcelona y Milán.

El lanzamiento de la serie será con En palabras sencillas, del estadunidense Richard Ford. Un libro de 160 páginas que llegará a finales de junio a México y el resto de América Latina. “Aborda cómo lo político siempre está inmerso en lo literario, y lo hace a través de un recorrido sobre su propia obra”, reseñó José Hamad.

Feltrinelli publicará en los próximos meses los libros Todos siguen aquí, de Liadan Ní Chuinn; La carne, de David Szalay; Twist, de Colum de McCann, y Últimos especímenes antes de la extinción, de Maria Reva. Feltrinelli prevé editar unos 15 libros al año, a excepción de 2026, cuando comenzaron a publicar este mes.

Feltrinelli, que tiene una historia de 71 años y en 2016 adquirió completamente a Anagrama, “ha tenido relaciones muy estrechas con América Latina, expresó el editor: “Giangiacomo Feltrinelli estuvo trabajando mucho con Fidel Castro para una autobiografía, que nunca llegó a ocurrir. Fue la primera editorial europea que publicó El diario del Che en Bolivia y una de las primeras que lanzaron a Gabriel García Márquez en ese continente”.



lunes, 25 de mayo de 2026

Una entrevista con la directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara

 

Marisol Schulz es, desde hace trece años, la directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que, en negocios, es segunda en importancia después de la Feria de Frankfurt y, probablemente, por su variedad y el dinero invertido por los invitados y los editores, la feria más importante de toda Latinoamérica. De pasada por Buenos Aires, para la Feria del Libro de la ciudad, conversó con la periodista Adriana Lorusso, editora de cultura de la revista Noticias. La entrevista fue publicada el 11 de mayo pasado.

Guadalajara: La otra gran Feria del Libro en español

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que se realiza todos los años en el estado de Jalisco, en México, está considerada como una de las más importantes del mundo. Fue creada en 1987 por iniciativa de la Universidad de Guadalajara y tiene lugar durante 9 días a partir de cada último sábado de noviembre. En ella se reúnen todos los protagonistas del universo del libro: editores, lectores, bibliotecarios, libreros y agentes, entre otros. Alrededor de 1 millón de personas la visitan anualmente y 2000 editoriales de 50 países tienen stands y presentaciones en el evento. Se calcula en 330 millones de dólares al año el movimiento económico que genera la Feria.

“Guadalajara”, como se la llama en el mundo del libro, tiene características similares a la Feria de Buenos Aires, por ejemplo, el hecho que de ambas reúnen a la vez a profesionales del sector y al público lector. Pero también presentan diferencias. Guadalajara tiene más repercusión internacional en términos de negocios y en la posibilidad de recibir a autores de todos los continentes y Buenos Aires es la más popular, con un presencia muy fuerte de los lectores.

Marisol Schulz dirige la FIL Guadalajara desde hace 13 años. Con una importante trayectoria en el mundo académico, fue editora de los sellos Alfaguara y Taurus en México. Allí trabajó codo a codo con escritores como Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, José Saramago y Arturo Pérez Reverte. Además, fundó y dirige hasta hoy la Feria del Libro en Español de Los Ángeles.

Invitada a Buenos Aires para festejar los 50 años de nuestra Feria, habló con Noticias sobre el futuro del libro y los cambios en los consumos culturales.

–¿Qué cambió en estos 13 años desde que empezó a dirigir la Feria de Guadalajara?
–Mucho. Hace 13 años WhatsApp prácticamente no existía, pero teníamos la amenaza del libro electrónico. Siempre con mi equipo vemos las tendencias de consumo cultural para ir adaptándonos a lo que se nos pide. Por ejemplo, tuvimos los primeros encuentros de booktubers, los chicos que a través de de YouTube promueven el libro. Cada vez hay más influencers y son fundamentales para la venta del libro. Hace alrededor de 10 años, implantamos el Salón del Cómic. Y ahora todo se lleva a novela gráfica. Incluso libros como “El infinito en un junco” de Irene Vallejo. Agregamos un pabellón gastronómico que antes no existía. Y la feria ha ido creciendo en números y en internacionalización, que era una de las cosas que me había propuesto.

–¿Qué diferencias tiene con otras ferias?
–En ella convive el profesional del libro con el público en general. Tenemos más de 50 foros para el mundo editorial. Es una feria mixta.

–¿Qué cambios observó en estos años en relación al consumo del libro?
–Fue muy dura la pandemia, porque no había tanto consumo de libro electrónico, ni de venta en plataformas. En México hay mucha venta por impulso. Tú vas a una librería y el libro que te parece interesante lo compras. Esa venta se perdió en la pandemia. Y en los siguientes años resarcirse de esa pérdida fue muy duro. Se ha ido rehaciendo poco a poco. Además, México no es un país muy lector. El libro per capita no es no es tan fuerte como en otros lugares. Argentina es un país más lector aunque su industria editorial está más golpeada que la mexicana, donde el libro no es tan caro como aquí.

–¿Se da en México el mismo fenómeno que aquí en cuanto al crecimiento de las editoriales independientes?
–Sí, pero no hay tantas como en Argentina. Y todas tienen representación en la Feria, solas o en pabellones colectivos. Hay que tener en cuenta que Guadalajara no es una capital editorial. Más del 90% de quienes están presentes tienen que viajar y eso implica costos y gastos. Esa fue la visión de quien fundó la Feria, Raúl Padilla, mi jefe hasta que falleció en el 2023. Cuando él comenzó parecía una aventura quijotesca. ¿Cómo vas a hacer una feria en una ciudad que no es la capital literaria? Eso al final ha sido uno de los grandes logros. Porque la gente viaja, deja todo en casa y puede dedicarse a los libros.

–¿Cómo es el trabajo que hacen para que los autores vayan a la Feria?
–Fueron 900 autores a la última edición. Tenemos un trabajo de todo el año y a veces, con anticipación de 2 años. Nos vamos a Ciudad de México y nos dedicamos a ver en cada una de las editoriales qué lanzamientos van a tener y por qué autores van a apostar. Hay una alianza. Hacemos un convenio en relación a qué aportamos cada uno. Entre Planeta y Penguin Random House tienen como 120 presentaciones de las 650 totales de la Feria. A partir de los autores que quieren llevar las editoriales, nosotros planteamos mesas temáticas con autores que ya están en México. Y hay escritores a los que invitamos nosotros directamente. También trabajamos con las embajadas. Y tenemos convenios con muchas instituciones. Por otro lado, siempre hay un gran invitado de honor, un país o una ciudad, que nos trae por lo menos a 60 escritores. Nos han visitado figuras muy importantes como Paul Auster o Salman Rushdie, que ha estados dos veces y varios premios Nobel.

–¿Cómo ve usted el futuro del libro entre tantos pronósticos oscuros?
–Es algo que me han preguntado hace 20 años y siempre he dicho que va a convivir con otras formas de la lectura. La convivencia la estamos viviendo. Hay audiolibro pero no todo mundo escucha audiolibros. De la misma manera vino la novela gráfica, pero no todo mundo lee novela gráfica. Creo que hay muchos tipos de lectores. Sí es cierto que cada vez más la gente joven quiere leer cosas condensadas. Pero hay autores que no se dejan ganar por esa tendencia, siguen escribiendo lo que quieren escribir y siguen vendiendo lo que venden.

–Leímos hace unos días un informe del diario El País que indicaba que había libros que se editaban y no vendían ni siquiera un ejemplar.
–Cuando era editora me llegaban libros muy buenos pero que no iban a tener lectores. Tú puedes tener una obra magnífica, pero que no va de cara al público. Y tú como editor tienes que pensar que no vas a apostar por un autor que va a vender cinco ejemplares. No puedes hacerlo. Y menos si estás trabajando como un empleado de una editorial donde tienes que dar cuentas. Uno siempre tiene que pensar de cara al público. ¿Qué público me va a leer? De una manera muy general o muy intuitiva, porque no hay una ciencia sobre esto. Y hay libros que son fenómenos. A mí siempre me preguntaban: "¿cómo se hace un fenómeno?”. Si supiera, todos los libros que yo he publicado hubieran sido éxitos.

miércoles, 10 de diciembre de 2025

Editoriales de Jalisco en la Feria de Guadalajara


El pasado 3 de diciembre, Josefina Ruiz firmó la siguiente nota publicada por el diario Milenio, de México. En su bajada se lee: "La Feria Internacional del Libro de Guadalajara ha permitido que sellos locales encuentran espacios para generar conexiones más allá de las fronteras y fortalecer al sector".

FIL Guadalajara gran puerta que se abre para pequeñas editoriales

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) no solo funciona como el encuentro editorial más grande del mundo hispanohablante, también es una plataforma para que las editoriales independientes de Jalisco crezcan, se conecten con otras casas del libro a nivel internacional y fortalezcan su catálogo. 

Un claro ejemplo es Mantis Editores, sello jalisciense especializado en poesía que este año cumple casi tres décadas de trayectoria y que ha encontrado en la FIL un espacio para internacionalizar autores, generar coediciones y abrir puertas que, sin la feria, difícilmente existirían.

Fundada en 1996 y ubicada en Río Atotonilco 1038, en la colonia Atlas de Guadalajara, Mantis Editores nació como un proyecto que buscaba dar voz a la poesía local y a autores que no encontraban lugar en los grandes sellos del país. Su director, Luis Armenta Malpica, recuerda que los primeros años fueron un acto de resistencia cultural frente al centralismo editorial. 

Y aunque Jalisco cuenta con alrededor de 21 editoriales, pocas se han concentrado únicamente en este género. 

Mantis ayudó a la descentralización de la literatura

Desde su creación, la intención de Mantis fue romper la lógica de que sólo lo publicado en Ciudad de México existe para el resto del país. Armenta recuerda que, en los noventa, editar desde Jalisco era un desafío, “lo que no se hace en Ciudad de México no existe para el resto del país”.

Por ello, la editorial surgió para dar salida a autores que, de otra manera, no habrían encontrado espacio. “Cuando surge Mantis, nos propusimos sumarnos a esta mínima cantidad de editores de Jalisco… para proponer estas voces que de otra manera difícilmente llegarían”.

La creación de la FIL fue clave para consolidar esa misión: “Si tenemos un espacio tan importante… aprovecharlo para hacer nuestros contactos y la promoción de nuestros materiales. Y así ha sido”.

Gracias a la feria, Mantis comenzó en el año 2000 a establecer coediciones internacionales con sellos de Canadá, y posteriormente con editores de lengua inglesa, noruega, italiana, alemana y árabe. Hoy, esos vínculos siguen activos.

A casi 30 años de trabajo, la editorial suma casi 500 títulos publicados, todos de poesía, “pareciera que en 30 años no es tan significativo, pero si consideramos que solamente es poesía… siempre sí nos representan una parte significativa”, señala Armenta.

Su catálogo reúne autores de Grecia, Portugal, Cataluña, Francia, Luxemburgo, Italia y América Latina. A la par, la editorial ha logrado llevar poesía mexicana a otros países mediante traducciones y colaboraciones internacionales. Festivales en Colombia, Ecuador, Reino Unido, Rusia, Venezuela y Rumania han acogido su trabajo.

FIL un centro de conexión nacional e internacional

Mantis Editores participa nuevamente en la FIL Guadalajara desde el stand C30, donde comparten espacio con el Gremio de Editores de Guadalajara y la Alianza de Editoriales Mexicanas Independientes. Armenta afirma que la FIL es un punto importante para establecer relaciones profesionales que se traducen en beneficios para editores, autores y lectores. 

Además, muchos de los autores invitados viajan también al Festival Internacional de Poesía de Zacatecas, donde Mantis participa con la curaduría del programa, fortaleciendo el intercambio cultural y ampliando el impacto de la visita de estos escritores.

Armenta describe los beneficios para las editoriales independientes: ampliar catálogos personales como lectores, promover obra propia como autores y consolidar redes profesionales como editores: “Yo creo que es una red que funciona bastante bien, tanto para quien va como lector, como por supuesto para los profesionales del libro”.

El intercambio con países como Canadá, Noruega, Francia o Inglaterra que comenzó a partir de encuentros en la FIL ha permitido llevar poesía mexicana al mundo y traer voces extranjeras al público local. Sobre su presencia en la FIL 2025, Armenta invita al público a conocer el trabajo de la editorial. 

Contra las adversidades, crece la industria editorial

En un contexto en el que el uso de dispositivos electrónicos y plataformas digitales se ha incrementado, la industria editorial en México se reconfigura con una mirada alentadora hacia al futuro; pues a pesar de los retos actuales, el sector ha reportado un crecimiento en sus ingresos, así como un gremio fortalecido.

De acuerdo con la Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana (Caniem), que presentó el pulso del sector en el marco del encuentro literario en la Expo Guadalajara, la facturación alcanzó más de 11 mil 290 millones de pesos durante el año pasado, lo que representa un crecimiento nominal de 4.8 por ciento con relación al año anterior.

Sin embargo, para la industria editorial uno de los principales retos es la ausencia de compras institucionales que ha impactado en la producción y venta de ejemplares. Aun así, segmentos como educación básica, inglés e infantil-juvenil continúan liderando el mercado nacional.

La Caniem también ha tenido un crecimiento en cuanto agremiados, con más de 220 editoriales afiliadas activas.

Uno de los logros más relevantes es el salto en visibilidad digital: México cerró con un crecimiento del 88 por ciento en títulos con metadatos óptimos, lo que significa más orden y una mejor conexión entre los libros y sus lectores.

El mensaje final es positivo: Los hábitos lectores se mantienen firmes, con un 41.8 por ciento de adultos leyendo al menos un libro en el último año y que 26 por ciento lo hace forma regular. Una industria que avanza con cifras de crecimiento y la esperanza puesta en el lector.

¿Cuántas editoriales son originarias de Jalisco?

En Jalisco hay 21 editoriales: 

Acento Editores 

Amate Editorial

Casa Editorial Siempre Libres

Centro Universitario de Arte, Arquitectura y Diseño (CUAAD) de la UdeG

Ediciones Arlequín

Editorial Conexión Gráfica 

Editorial Edhalca

Editorial Geu México

Editorial del Instituto Electoral y de Participación Ciudadana

Editorial Pollo Blanco

Editorial UdeG

Impronta Casa Editora

Jamer Editores

Libros Invisibles

Literalia Editores

Ser Editorial

Mantis Editores

Taller de Ediciones Económicas

Typotaller Ediciones

Umbral Editores

Universidad de Guadalajara 

La presencia de editoriales en el estado revela la importancia de Jalisco como referente en la industria literaria del país, y los 39 años de la FIL ha fortalecido su presencia en un sector que evoluciona y se mantiene.

Con información de: Gloria Reza


miércoles, 19 de noviembre de 2025

Se viene la edición 39 de la Feria de Guadalajara

A pocos días de una nueva edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, Reyes Martínez Torrijos entrevistó a Marisol Schulz, directora de la FIL sobre la edición de este año. El resultado se lee en el diario mexicano La Jornada, del 13 de noviembre pasado.

"El universo de la FIL de Guadalajara tiene algo para cualquier persona"

La riqueza del programa de unas 3 mil actividades de la edición 39 de la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara, que se desarrollará del 29 de noviembre al 7 de diciembre, con Barcelona como invitado, es “que tenemos algo para cualquier persona” en los ámbitos de reflexión, editoriales y artísticos, afirmó Marisol Schulz, directora del encuentro libresco.

Entre las personalidades que asistirán, dijo la editora a La Jornada, se encuentran el franco-libanés Amin Maalouf, los catalanes Joan Manuel Serrat y Eduardo Mendoza (premio Princesa de Asturias a las Letras), la nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie, la guatemalteca Rigoberta Menchú, la argentina Rita Segato y el británico-estadunidense Venkatraman Ramakrishnan (Nobel de Química).

“Me cuesta mucho trabajo decir 10 personas, porque cuando uno voltea a ver, de los 900 escritores participantes cada uno tiene una identidad muy importante”, entre ellos los mexicanos Cristina Rivera Garza (Pulitzer), Gonzalo Celorio (Cervantes) y Guillermo Arriaga.

La también promotora cultural destacó que entre los participantes de la feria se encuentran “líneas y voces dignas de perseguir”, por ejemplo el novelista húngaro László Krasznahorkai, quien asistió a la FIL en 2024 y ganó el más reciente máximo galardón a las letras mundiales.

Añadió que a la feria asisten figuras, “muchas de ellas lamentablemente desconocidas aquí, que cuando uno les pone atención sabes que pueden ser los futuros premios Nobel o Pulitzer o Booker; autores que cada embajada nos propone y sabemos que son lo mejor de sus países.

“Krasznahorkai recién vino y de repente nos da la sorpresa maravillosa de que le dan el Nobel de Literatura. Eso ocurre mucho. Tenemos autores como Mircea Cărtărescu, que comenzó a venir poco a poco y hoy es una de las grandes figuras internacionales”, así como el chino Xue Mo y la irlandesa Jan Carson, expresó Schulz.

La directora mencionó que le gusta la idea de que la invitada este año, “Barcelona, es un país per se” y llegará con una “muestra de su diversidad cultural y multibilingüe”. Caracterizó la propuesta de la capital catalana como “espléndido y muy enriquecedor, con escritores de primera línea, que van a abarcar todas las áreas de la FIL”.

Refirió que han estado “trabajando muy bien con Barcelona. Tenemos a una Ana Guitart que ha hecho una curaduría magnífica. Nos traen espectáculos de primera para el Foro FIL, exposiciones, vienen editores, grandes ilustradores y un superchef al festival gastronómico. Es una ciudad con un nivel de vanguardia y una efervescencia literaria y artística fuera de serie”.

Barcelona es una ciudad de acogida, dijo la funcionaria, donde surgió el boom latinoamericano muchos años atrás, “pero hoy también hay escritores de una diáspora latinoamericana que han hecho de Barcelona su ciudad. La cultura nos une, nos hermana. Nos puede dar la posibilidad del diálogo no solamente entre una comunidad autonómica y el país como tal, sino entre distintas generaciones y entre una ciudad como Barcelona y el público asistente a la FIL”.

Autores nuevos

En torno a la propuesta de voces nuevas de Barcelona, Schulz reconoció que todo “programa literario en cualquier festival del mundo tiene que combinar voces emergentes con las muy consolidadas. Por supuesto que el público demanda autores muy conocidos, pero al mismo tiempo una buena programación da a conocer voces que en el futuro van a estar ahí dando la nota cultural o la nota literaria”.

La asistencia, comentó la directora, “tiene que ver con el impulso del propio lector, del propio público. Las más de 900 mil personas que tuvimos el año pasado no fueron necesariamente porque era España. Algunas fueron a ver a un autor, otras a comprar libros. Es importante el invitado, pero no es sólo él”.

Mencionó el programa que el comité organizador de la FIL de Guadalajara organiza, desde FIL Niños, FIL Joven, FIL Ciencia y FIL Pensamiento y todos los aspectos de la literatura. Además, habrá 638 presentaciones editoriales a cargo de “las casas editoriales grandes, pequeñas, autónomas, independientes, etcétera.

“Ese es el universo de la FIL, un programa que se complementa con un Festival de Letras Europeas que trabajamos con las embajadas de la Unión Europea; un Festival de Letras de Brasil que hicimos junto con entidades de ese país y un Encuentro Internacional de Cuentistas, lo que nos da una riqueza en todos los sentidos que no necesariamente tiene un énfasis nacional; lo internacional de la feria es contundente”.

El detalle del programa de los nueve días de la feria se puede conocer en la página www.fil.com.mx

viernes, 22 de noviembre de 2024

Literaturas de España en la FIL de Guadalajara

La presente semana ha estado signada por muchos artículos que, desde distintas perspectivas, aluden a España. Por eso, tal vez sea interesante concluirla con este artículo del ensayista y crítico literario Nadal Sua, publicado en el diario El País, de Madrid, el pasado 20 de noviembre, que, con la excusa de la próxima Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que tiene como país invitado a España, se ocupa de las literaturas ibéricas no castellanas. En su bajada se lee. "La relación de los lectores en lengua castellana con las otras literaturas españolas ha estado cortocircuitada por motivos ideológicos, pero la dinámica está cambiando: nuevos autores (especialmente autoras) han encontrado un público cómplice."

Letras catalanas, gallegas y vascas: audacia literaria en las lenguas minoritarias

Como ya saben, España es la invitada de honor en la Feria Internacional de Guadalajara. Y el año que viene será la ciudad de Barcelona. Una excelente noticia que permitirá al público conocer la cuarta o quinta mejor literatura en lengua castellana del mundo, y la octava o quizás novena en un hipotético ranquin europeo. Bien. El caso es que el mapa literario de nuestro país queda muy incompleto si no hacemos referencia a los otros idiomas que lo habitan, cuyas particularidades tienen que ver tanto con sus potencias expresivas como con las condiciones de producción y las estructuras que los rodean. El programa del Ministerio incluye una representación (equilibrada o no, siempre cabe discutirlo) de voces en catalán, vasco, gallego o asturiano, pero merece la pena insistir en su relevancia, que va mucho más allá de ser graciosos complementos a una lengua importante o de enriquecer nuestro patrimonio, signifique lo que signifique semejante cliché.

No son palabras vanas. Empezando por lo obvio, ya sabemos que toda lengua alumbra una literatura de características propias y condiciona la tarea de quienes la cantan o la escriben. Pero, además, cuando establecemos comparaciones entre una lengua poderosa como el castellano y otras en situación más precaria y menor, como por ejemplo el asturiano, las circunstancias sociopolíticas también cuentan. Sobre esto último, se ha escrito mucho y muy bien desde hace décadas, y más allá del contexto español. Pero, en fin, tampoco se trata de sacar a pasear bibliografía deleuziana por aquí. En vez de ponerme tan estupendos, déjenme hablar primero de la literatura catalana, que es tan mía como lo es la castellana y la que conozco bien.

Hace poco, Quadern de EL PAÍS acogía un cruce de artículos entre el profesor Jordi Llovet (padre y maestro mágico) y Jordi Gracia a propósito de la salud del paciente en cuestión. Llovet lamentaba el supuesto momento pésimo que atraviesa, mientras que Gracia defendía su vitalidad. A mí me sorprendió el simple hecho que se plantease el debate, porque yo daba por muy evidente que los autores nacidos entre los años setenta y los noventa (mi generación, la anterior y la posterior) están protagonizando un estallido directamente espléndido. La lista que ofrezco a continuación no es exhaustiva ni mucho menos, solo son algunos nombres que me vienen a la cabeza de golpe: Max Besora, Borja Bagunyà, Lucia Pietrelli, Llucia Ramis, Adrià Pujol, Andrea Genovart, Pol Guasch, Irene Solà, Raül Garrigasait, Albert Pijoan, Alicia Kopf… Juzgo bastante complicado exigirle mayor variedad o exigencia a una literatura demográficamente pequeña y sin estado propio (aunque sí, eso es cierto, con políticas públicas de respaldo intensivo).

Pero lo que me interesa no es publicitar cuán estupendos son los autores en catalán, sino señalar cómo se relacionan con la lengua. La suya una relación más conflictiva, inquisitiva y autorreflexiva que la que suelo advertir entre los autores españoles en castellano. Y es que, en cualquier lengua, toda decisión de estilo cuenta como gesto sociopolítico, pero en algunas se nota más que en otras. El debate literario catalán gira a menudo en torno al modelo de lengua que cada autor escoge, más académico o impuro, más canónico o periférico, más o menos protegido o expuesto a la calle, a la influencia española, a la retórica… Es verdad que en ocasiones estas discusiones públicas pueden alcanzar cotas neurotizantes, pero en general revelan un compromiso y una autoconsciencia acerca de lo que es el trabajo literario que deberían ser constantes en cualquier lengua, pero demasiadas veces se echan de menos en contextos más hegemónicos.

En cuanto a las otras lenguas, me encantaría ofrecer un diagnóstico detalladísimo sobre cada una de ellas. De hecho, estuve a punto de consultar a algunos amigos vascos, gallegos y asturianos, informantes de lujo que me habrían facilitado datos e impresiones de sobra con los que improvisarlos. Sin embargo, pienso que lo más honesto y revelador que puedo hacer es confesar las limitaciones de mi conocimiento. Aun con toda la curiosidad que siento por esas escenas literarias, mis lagunas abundan y me cuesta encontrar caminos para acortarlas. Al menos, esto me sirve de ejemplo práctico para introducir un asunto que siempre me ha interesado: la relación irregular que los lectores españoles en lengua castellana han mantenido con las otras literaturas de su país. No hace falta derrochar lucidez para intuir que esa relación cortocircuitada y en general precaria se explica desde claves ideológicas e identitarias, a pesar de que siempre hayan existido excepciones puntuales y sin olvidar que hubo épocas en las que las literaturas gallega y catalana fueron fundamentales para los escritores españoles. Pero cualquier editor que apostase por traducciones de esos mismos idiomas durante las dos últimas décadas certificará, cifras de ventas en mano, la dificultad del intercambio.

Ahora bien, los últimos años registran síntomas que nos permiten fantasear con un cambio de tendencia. De pronto, hay autoras (sí, sobre todo, autoras) cuyas traducciones encuentran un público cómplice, y públicos (sobre todo, femeninos) que se dejan influir decisivamente por ellas: si hablamos del catalán, Eva Baltasar, Pol Guasch e Irene Solà están teniendo un impacto que pinta perdurable en toda una generación de lectoras literarias españolas. Si acudimos al euskera, Eider Rodríguez, Katixa Agiirre y Uxue Alberdi (ojo a la editorial Consonni) calan hondo más allá de las fronteras de su lengua. En gallego, Brais Lamela ganó el premio Ojo Crítico 2023 con su fenomenal No queda nadie, y en un mundo justo la recién traducida Futuro imperfecto,de Xulia Alonso, también resonará lejos. La lengua asturiana es la que lo tiene más difícil en todos los sentidos y, aun así, Xaime Martínez ya es una referencia para muchos de nosotros. Todo esto, sin olvidar algo que sin duda será más fundamental para ellos, las traducciones internacionales también están llegando, y con buenas acogidas.

Por supuesto, este breve repaso de nombres no vale como cartografía; al contrario, la información más valiosa que ofrece es la dimensión de las ausencias. Con todo, les aseguro que leerlos les permitirá entrever la clase de complicidades que alimentan los nuevos vínculos entre obras y lectores; descubrir múltiples coincidencias con indagaciones estilísticas y temáticas recurrentes en corrientes literarias globales; o indagar en los condicionantes y también los estímulos que se derivan de escribir en lenguas cuya fragilidad estructural estimula paradójicamente la audacia.

Miren por dónde: vista así, al completo, de pronto pienso que la literatura producida en este país sí que podría alcanzar un puesto más alto que el noveno entre las europeas… Solo que la independencia de las distintas lenguas permanece, y especular con jerarquías no es más que un juego.

lunes, 4 de noviembre de 2024

Ni premios nacionales, ni Guadalajara

"Tras la ausencia de una delegación nacional en la Feria de Frankfurt, el Gobierno decidió ausentarse de la feria más importante de Iberoamérica, en la que la escritora Gabriela Cabezón Cámara recibirá un prestigioso premio"- Tal es la bajada de la nota, firmada por Daniel Gigena, en el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 31 de octubre.

Preocupación de escritores por la retirada oficial en la Feria del Libro de Guadalajara y la demora en Premios Nacionales

Luego de conocerse la noticia de que los Premios Nacionales a la Producción Científica, Artística y Literaria correspondientes a la edición 2023 -por el periodo 2019-2022- se entregarán recién el año próximo, la Unión de Escritoras y Escritores (UEE) emitió un comunicado con críticas a la gestión de la Secretaría de Cultura de la Nación, a cargo de Leonardo Cifelli, que a partir de la semana próxima pasaría en forma oficial a la órbita de la Secretaría General de la Presidencia, que lidera Karina Milei. El traspaso se haría en dos etapas, según pudo saber La Nación.

“En estos días el mundo autoral y la sociedad en general se han enterado de que la entrega de los premios que correspondían a Letras (poesía), Artes escénicas (texto dramático), Ensayo político y psicológico, así como a Música (tango y folklore) y Producciones estéticas contemporáneas (ensayo curatorial) del período 2019/2022 se ha ‘suspendido’ -se lee en el comunicado de la UEE, que preside el escritor Marcelo Guerrieri-. Y el argumento ofrecido es, cuanto menos, pueril. Porque casi un año después no se puede achacar la imposibilidad de concretarlo al ‘desorden que dejó la gestión anterior’. Además, la convocatoria para el año que viene brilla por su ausencia. ¿No es esto, sencillamente, motosierra?”.

Integran la UEE más de 250 socios, entre otros, los escritores Claudia Piñeiro, Enzo Maqueira, Débora Mundani, María Inés Krimer, Luisa Valenzuela, Claudia Aboaf, José María Gatti y Tatiana Goransky.

Desde el Gobierno adujeron que el retraso en la entrega de los Premios Nacionales se debía, en parte, a que todos los jurados de la categoría de Ensayo político habían renunciado tras el cambio de gestión. Sin embargo, trascendió que los jurados de todas las categorías ya fallaron y que solo resta entregar los premios. Los ganadores de los primeros premios de cada área, a partir de los 60 años, reciben una pensión equivalente a cinco jubilaciones mínimas.

“Al menos, el filo de esta herramienta ya viene cortando con mano diestra en la cultura y el arte -prosigue el comunicado acerca de la motosierra libertaria-. Nada más que para señalar unas pocas decisiones, recordemos que la Secretaría de Cultura abandonó su presencia en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires mientras que la Cancillería aprobó una suma irrisoria al Programa Sur que subsidia traducciones y desertó de la contratación del stand argentino de la Feria Internacional del Libro de Frankfurt”.

La UEE anticipa, además, que la Argentina tampoco tendrá presencia oficial en la 38° Feria Internacional del Libro de Guadalajara, una de las más importantes de Iberoamérica, que se realizará entre el 30 de noviembre y el 8 de diciembre. La Argentina fue país invitado de honor en 2014 y, este año, Gabriela Cabezón Cámara recibirá en Guadalajara el Premio Sor Juana Inés de la Cruz con su novela Las niñas del naranjel.

La importancia de Guadalajara
“En pocos días la Cancillería dará otra mala noticia, porque debería estar contratando el montaje del stand en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, cosa que tampoco hará -sostiene la UEE-. Lo cual resulta aún más grave que la deserción en Frankfurt, ya que para los autores y títulos argentinos, Guadalajara tiene mayor dimensión y potencial de proyección. En ella se negocian más acuerdos de derechos, coediciones y exportaciones físicas y, como despliega un importante programa cultural, permite a escritoras y escritores locales participar de presentaciones, mesas redondas, conferencias, recitales”.

En 2023, escritores y editores viajaron a Guadalajara con apoyo de Cancillería. A su vez, gracias a la coordinación de la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, catálogos de veinticuatro sellos locales se pudieron exhibir durante el encuentro.

Fuentes de Cancillería confirmaron a LA NACION que no habrá delegación oficial. Solo viajarán a Guadalajara dos escritores argentinos: Cabezón Cámara (invitada por los anfitriones) y Carlos Aletto, que participará de dos eventos con otros narradores latinoamericanos. La escritora argentina residente en México Gisela Antonuccio presentará el 7 de diciembre su segunda novela, Hermanas, publicada por Hachette.

Cabe aclarar que los organismos que tramitan la presencia argentina en la FIL de Guadalajara son la Dirección de Asuntos Culturales de Cancillería, a cargo de María Alejandra Pecoraro, y la Agencia Argentina de Inversiones y Comercio Internacional, a cargo de Diego Sucalesca, que compartió escenario con Milei en la obra teatral El consultorio de Milei. Pecoraro y Sucalesa responden a Karina Milei, no por nada bautizada “El Jefe” por su hermano el Presidente.

Por último, la UEE anticipó que iniciará reclamos por las vías correspondientes “para que se regularice el llamado a los Premios Nacionales en particular y, como parte del amplio campo cultural, compromete sus esfuerzos para revertir las políticas de ajuste contra el sector”.


miércoles, 9 de noviembre de 2022

Una entrevista con la directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara

Ayer, 8 de noviembre, Mónica Mateos Vega publicó en La Jornada, de México, la siguiente entrevista con Marisol Schulz, la directora de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, cuya edición número 36, comienza en los próximos días.

Vuelve la FIL de Guadalajara presencial con ímpetu y ganas de romper récords de asistencia: Marisol Schulz

Sin uso de cubrebocas de manera obligatoria, con la esperada presencia del emirato árabe Sharjah como invitado de honor y la seguridad de que se vivirán memorables debates en torno a los temas políticos que bullen estos días en el acontecer nacional e internacional, este año vuelve totalmente presencial la Feria Internacional del Libro (FIL) de Guadalajara.

La edición 36 del encuentro librero se inicia el próximo 26 de noviembre, sobre todo con el deseo de ir de la mano de la industria editorial mexicana para apuntalar a un sector que fue duramente golpeado en lo económico durante los dos años anteriores debido a la pandemia de covid-19.

Así lo explicó la directora de la FIL, Marisol Schulz Manaut, en entrevista con La Jornada, al anunciar que se encuentran listos, “con todo el ímpetu y todas las ganas, para que la feria vuelva a lo que fue en 2019, cuando rompimos récord de asistencia con más de 800 mil visitantes. Sabemos que las personas están ansiosas por volver; como equipo, estamos preparados para evitar que la euforia se desborde porque el año pasado tuvimos un muy buen control de públicos; ese fue uno de los aprendizajes de la crisis sanitaria.

Si bien en 2020 la FIL fue virtual, el año pasado estuvo acotada, con varias restricciones en cuanto al número de asistentes y sin niños en la sede principal. Fue una feria complicadísima para organizadores y editores, con miedo, pero funcionó el cerco sanitario; tuvimos cero contagios y una asistencia de 224 mil personas en Expo Guadalajara.

La editora aseguró que la FIL no está en riesgo ante el conflicto que vive la Universidad de Guadalajara (UdeG), instancia que organiza el encuentro, ante el recorte presupuestario a esa casa de estudios ordenado por el gobierno del estado.

La situación, puntualizó Schulz, “nos pega porque somos parte de la UdeG y nos parece injusto que un gobierno no apoye a una universidad pública de la categoría de la nuestra. Me parece inconcebible que (el gobierno estatal) en lugar de pararse el cuello de lo que se ha logrado en Guadalajara gracias a la universidad, todavía la ataque.

“Pero, propiamente, a la feria no le afecta, porque incluso tenemos una aportación del gobierno local y de los municipios. En general, como tenemos un apoyo, pero como parte de la universidad estamos trabajando bajo protesta por el tema presupuestal. Pero la FIL económicamente no está en riesgo, porque es autosuficiente.

Todo aporte gubernamental es bienvenido y necesario. No tenemos apoyo federal. Tenemos el respaldo de algunas instituciones, pero no tenemos el apoyo federal como antes y, sin embargo, la feria va. Si bien tuvimos dos años muy complicados, en éste la FIL sale tablas, lo que gastamos es lo que va a ingresar, detalló la directora.

En 2019, añadió, la feria tuvo ganancias, recursos que se dieron a la UdeG para financiar diversos proyectos culturales; “eso, como industria cultural, es un éxito. ¿Que es difícil en México? Lo es, pero lo hemos logrado, hay mucho trabajo y muchos años atrás, porque hace una década, tiempo que llevo dirigiéndola, recibí una feria en las mejores circunstancias; estaba arriba. La FIL ha estado bien siempre.

“Este año nos preguntan qué será diferente en la FIL y respondemos que todo: los sabores, los colores, los olores. Muchos de los países que no pudieron estar el año pasado vuelven, y no sólo eso, sino que incluso tendremos países que siempre habían querido participar, como Marruecos. No deja de sorprendernos el impacto que tiene fuera.

“Sobre todo, recibir a un invitado como Sharjah, nos abrirá la mente a nuevos mundos, a otras formas de ver la vida, a ser más tolerantes y abiertos. Es la cultura islámica que nos dará la oportunidad de conocerlos, aceptarlos y entender que se trata de otra forma de ver la vida. Viene a la feria representando a su país y a la asociación de editores internacionales Bodour Al Qasimi, hija del emir de Sharjah, mujer que va por el mundo promoviendo los derechos de las editoras.

La internacionalización de la feria, desde hace mucho tiempo, es imparable. Su prestigio ya trascendió fronteras, y la palabra Guadalajara, en todo el mundo editorial, la saben decir, concluyó la directora del encuentro.

miércoles, 29 de septiembre de 2021

Otra feria del libro, otro escándalo internacional

Las “ferias del libro” son eventos comerciales que tienen por objeto la venta de libros, con el consiguiente beneficio para editoriales y, eventualmente, libreros. Los escritores, en ellas, sirven como acicate para que esos encuentros puedan promocionarse como “culturales”. A los escritores les sirven para promocionar un libro, para establecer contactos con otros escritores (y, por supuesto, con el público) o, simplemente, para hacer turismo.

Cuando las ferias tienen como estrella a un país invitado, éste tiene que desembolsar grandes sumas, a las que deben añadirse muchos otros gastos (pasajes, estadías, honorarios, etc.), razón por la cual la elección de quienes viajan siempre resulta compleja y polémica.

La Feria Internacional del Libro de Guadalajara, la segunda en importancia en el mundo entero después de la de Frankfurt, ya ha conocido escándalos vinculados a la elección de las delegaciones (Chile, Argentina, Gran Bretaña, etc.). Ahora, se suma Perú. Es lo que se desprende del artículo de Jacqueline Fowks, reproducido por el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 24 de septiembre. En su bajada se lee: “Después de Colombia, ahora Perú modifica la lista de escritores de una delegación oficial Nueve autores peruanos renuncian a ir a la Feria del Libro de Guadalajara por los cambios en la lista de invitados del gobierno de Castillo; la nueva nómina incorpora a más escritores de regiones pero descarta a narradoras feministas”.

Después de Colombia, ahora Perú modifica la lista de escritores de una delegación oficial

A dos meses de que abra sus puertas la FIL Guadalajara, la polémica ha agrietado la delegación oficial de Perú, el país invitado de honor en esta edición. Nueve autores, hasta la noche de este jueves, han anunciado que no acudirán a la feria más importante de América Latina por los cambios que el Gobierno de Pedro Castillo ha hecho sobre la lista de intelectuales elegidos para representar a Perú en México. Los 60 nombres del país invitado de honor a la FIL habían sido hecho públicos antes del cambio de Ejecutivo, el 27 de julio, por el ministro de cultura saliente, Alejandro Neyra, y la directora de la FIL, Marisol Schulz. La nueva lista, difundida este miércoles, ha causado malestar entre los escritores que fueron desconvocados y entre los incluidos.

Las escritoras de mayor perfil excluidas de la delegación peruana son las narradoras Katya Adaui, Karina Pacheco y Gabriela Wiener, reconocidas por su obra y por sus posiciones feministas. Las tres han publicado libros este año. También quedó fuera de la invitación la historiadora Carmen McEvoy. El Ministerio de Cultura anunció en un comunicado que ampliaba el número de integrantes de la delegación para el principal evento editorial latinoamericano, “con la finalidad de contar con una mayor diversidad de autores de las regiones”.

El Gobierno de Pedro Castillo llegó al poder sin el voto capitalino y con la preferencia mayoritaria de los ciudadanos de regiones y de pueblos originarios. Por ello, en su primera entrevista a un diario a fines de agosto, el ministro de Cultura, Ciro Gálvez —un abogado quechua-hablante— ya advirtió de que revisaría la lista de la delegación oficial a la FIL para incluir a intelectuales de algunas de las “55 culturas diferentes” que existen en Perú.

En la anterior lista, un tercio de los incluidos representaba a las regiones fuera de Lima. En la nueva lista, de 69 personas, 33 nacieron fuera de la capital. En la delegación anunciada en julio casi había paridad de género: 33 hombres y 30 mujeres; mientras en la nueva hay tres mujeres más, pero después de sacar a cuatro mujeres y a tres hombres: los narradores Renato Cisneros, Cronwell Jara y Jorge Eslava.

El Ministerio de Cultura mencionó el miércoles como otro de los criterios de exclusión “la participación de algunos escritores en ferias del libro internacionales en años recientes”. Preguntada por este diario, la entidad informó que desestimó la participación de autores que conformaron en 2018 la delegación oficial peruana en la Feria del Libro de Santiago (Filsa).

Sin embargo, Adaui sospecha que a Wiener, Pacheco y a ella las han excluido por ser “escritoras incómodas por su feminismo”. “Gabriela, Karina y yo estamos políticamente comprometidas con un proyecto de país que incluya y celebre también las diversidades en la escritura. A varones no se los reemplaza; a las mujeres sí, con otras. En el rubro llamado ‘escritura’ de la lista, de 45 invitados, solo 18 son mujeres”, anota la autora del libro de cuentos Geografía de la oscuridad, publicado por Páginas de Espuma.

Adaui recuerda que en su discurso de esta semana en Naciones Unidas, el presidente Pedro Castillo dijo que las mujeres importan. Pero “¿cómo estamos pensando la literatura peruana de cara al Bicentenario -motivo por el cual Perú es invitado de honor- si se parte de la premisa de una inclusión que excluye?”, cuestionó.

“Hasta cierto punto, al excluirnos, hay un intento de censura o pretensión de invisibilizar nuestros trabajos, como autoras mujeres”, coincidió Pacheco, quien acaba de publicar su nueva novela El año del viento y es la narradora más importante de Cusco.

La escritora y también directora del sello editorial Ceques, Pacheco, explicó que la decisión del Gobierno de modificar la delegación oficial refleja un desconocimiento básico del funcionamiento de una feria internacional del libro, pues “perjudican a los organizadores internos y externos, ya que muchos estábamos programados no solo para actividades en la sede principal, sino en colegios o universidades. Además, desorganizan las mesas planificadas temáticamente”.

Consultado el ministerio de Cultura sobre el impasse que está causando a la FIL, respondió que está “ajustando la programación de actividades a fin de incorporar a los nuevos integrantes de la delegación. La Universidad de Guadalajara ya está al tanto de la modificación”.

“Lo que necesitamos es una política cultural y editorial de largo aliento y descentralizada, para que cuando tengamos que hacer una lista de escritores representativos de todo el país, no estemos improvisando y se tengan diferentes posibilidades. La política cultural y educativa no se improvisa, y se requiere apoyo a las editoriales”, planteó Grecia Cáceres, escritora peruana residente en París que ha participado en delegaciones oficiales en ferias anteriores.

Rechazo y renuncia
Pasado el mediodía de ayer, nueve autores ya habían declinado participar. El primero fue el narrador Juan Carlos Cortázar. “Más allá de los detalles, queda cada vez más clara la forma torpe y simplona como la actual gestión ministerial piensa orientar las políticas culturales. Si así, de manera tan poco transparente y sin criterios sobre la mesa, excluyen a personas tan relevantes del quehacer literario nacional, tiemblo al pensar cómo se manejarán cosas más complejas. No me siento cómodo en una delegación así. No me siento cómodo, además, con el maltrato a escritoras y escritores que leo. Que alguien más ocupe el espacio”, dijo en Facebook el autor de la novela Como si nos tuvieran miedo.

La poeta y editora Victoria Guerrero, Premio Nacional de Literatura 2020, destacó lo confuso de los criterios de exclusión y la falta de seriedad con quienes ya habían sido presentados públicamente como invitados oficiales hace dos meses. “Si una revisa la lista, el criterio de que ya fueron a ferias internacionales no se cumple”, precisó la autora a este diario, quien no fue desconvocada pero ha renunciado a participar en la FIL.

Adicionalmente, han renunciado a la delegación oficial la autora de literatura infantil Micaela Chirif, los narradores Gustavo Rodríguez, Alonso Cueto y Rafael Dummet, y la dramaturga Mariana de Althaus. La periodista Nelly Luna renunció a la delegación oficial en agosto, luego de que el ministro Gálvez informara que revisaría la lista para evitar que solo hubiera representantes “de la aristocracia” y los sectores socioeconómicos A y B. A última hora del jueves renunciaron la autora de no ficción Teresina Muñoz-Nájar y el periodista Joseph Zárate.

La gestión de Gálvez en el sector Cultura ha recibido otras críticas porque aún no ha nombrado los reemplazos del viceministro de Interculturalidad, del director de la Biblioteca Nacional y del presidente de los medios de comunicación estatales.

miércoles, 10 de febrero de 2021

Sin hablar de España, los problemas que la propia Argentina se crea a la hora de exportar sus libros

“Hasta la década de 1950, Argentina llegó a ser la principal exportadora de la región. Hoy solo una cuarta parte de las editoriales exporta, un mercado minúsculo de 25 millones de dólares. el sector busca revertir la situación”. Tal es la bajada de la nota que, con firma de Natalia Viñes, salió publicada en el diario Perfil, de Buenos Aires, el pasado 31 de marzo.

Horizonte lejano

 En los últimos meses de 2020, las exportaciones de las editoriales argentinas cayeron considerablemente: entre un 40 y un 60 por ciento. Si bien la pendiente –que por supuesto se inscribe en el marco de la pandemia– podría ser preocupante, lo cierto es que se asienta en una tabla que ya de por sí era más bien baja, y que se registraba inamovible desde al menos los últimos cinco años. A la hora de hablar con especialistas en la industria y con los principales exportadores, todos coinciden en que más allá de la coyuntura el problema es estructural, y la solución para volver a lograr una mejor competitividad frente a otros mercados es planificar políticas que se sostengan en el largo plazo. 

Hubo un tiempo que fue hermoso y Argentina llegó a ser la principal exportadora de la región, y proveer a España del 80 por ciento de los libros que importaba, hasta más o menos la primera mitad de la década del 50. A la inversa, en los últimos años, la industria perdió mercados notablemente. Según la Cámara Argentina del Libro (CAL), las exportaciones de libros –que hoy llegan a 18 millones de dólares– marcaron un número estable de entre 25 y 30 millones de dólares durante el último lustro. La cifra, no muy significativa para las exportaciones totales de un país, pertenece a cien empresas exportadoras, es decir, a casi una cuarta parte de las editoriales argentinas. Si bien no se posee un número exacto de la totalidad de editoriales que hay en el país, porque generalmente hay una carencia de estadísticas en la industria y porque el sector es muy dinámico, el último informe de la Cámara Argentina de Publicaciones (CAP), de 2018, contó un total de 389 casas editoriales en actividad. Un número comparable al de varios grandes mercados editoriales del mundo. 

De esas cien empresas que sin pandemia lograban enviar sus títulos a otros mercados, la mayor exportadora es una editorial religiosa, a la que corresponde el 30 por ciento de esa cantidad. El resto son editoriales que exportan en pequeñas cantidades.  


Principales dificultades y ayudas actuales

Argentina cuenta con algunos problemas centrales que le impiden crecer en otros mercados. Uno de los principales es la permanente variación del tipo de cambio. A raíz de esto, y de las consecuencias o interrupciones lógicas que este problema puede acarrear, las reglas de exportación cambian constantemente. No hay una política estable. Uno de los vaivenes más problemáticos es el establecimiento de un plazo fijo para hacer entrar las divisas: a veces es de 180 días, pero va cambiando. El libro además es un producto muy particular, generalmente llega al punto de venta en consignación y, una vez allí, puede llegar a venderse hasta un año después. Esto hace que sea difícil ajustarse a esos requerimientos a la hora de las liquidaciones. 

 Por otro lado, la región cuenta con un gran competidor que es España, que tiene a su favor ventajas que dejan afuera al resto de los países. Diana Segovia, del equipo de gerencia de la CAL, dice: “El tema fundamental en la exportación es tener un precio competitivo porque otros países tienen muchos beneficios para exportar. España, por ejemplo, un gran exportador de libros en castellano, no tiene plazos para el ingreso de divisas, entonces da los libros en consignación sin plazos de pago, mientras Argentina tiene los días contados”. Otro de los grandes inconvenientes para la exportación son los altos costos de los envíos a los distintos países. A Argentina, además al estar muy al sur del mapa, se le encarece particularmente. Para Raquel Franco, directora editorial de Pequeño Editor, Argentina tiene un canal difícil para la exportación: “La variabilidad del dólar le hace modificar su lista de precios con frecuencia. Esto genera mucha dificultad en el mercado: que no podamos conservar la lista de precios un año, por ejemplo”. 

Estos obstáculos se combinan con grandes ventajas que tiene el sector: una producción de libros de altísima calidad; un gran reconocimiento a través de premios internacionales que ganan los libros, los sellos, los autores y los editores argentinos; y por último, voluntad de exportación. 

Actualmente hay algunas herramientas que han agilizado las gestiones. Algunas de ellas son: Exporta Simple, que es un sistema de exportación simplificado, implementado desde hace tres años por el Ministerio de Producción, destinado también para exportaciones de otros productos (no es específico de libros pero sirve, aún no hay herramientas que contemplen la especificidad del sector), y un acuerdo de la CAL con DHL que también ayuda a abaratar costos de envío de hasta un 80 por ciento, para exportaciones de muy baja cantidad. Para Raquel Franco, “la instalación de Exporta Simple ha permitido realizar exportaciones más pequeñas, lo cual ha sido beneficioso para el sector y más económico el envío”. 

La estructura del mercado editorial hoy en Argentina tampoco refleja un escenario con las condiciones dadas para posibilitar un futuro mercado de exportación mayor al actual. Por un lado, están las dos editoriales grandes que dominan el mercado y no son las que necesitan exportar: Grupo Planeta y Penguin Random House. Ellas tienen filiales nacionales en distintos lugares y una lógica de negocio distinta que no está orientada a la exportación. Luego están las medianas y las chiquitas. De las medianas, hay algunas que han podido trabajar bien o que han logrado hacer algunos caminos (Siglo XXI, Corregidor, Adriana Hidalgo, Godot, etc). Pero el resto, en general, al no ser grandes empresas, a veces no cuentan con especialistas en el tema, o faltan capacitaciones (o son aisladas), entre otros motivos. 

Juan Manuel Pampín, gerente comercial de Corregidor, dice que se exporta poco en Argentina, en principio por la falta de incentivos a la exportación y por una cuestión de precios: “Argentina es horriblemente cara para exportar. El precio del libro y lo que son las trabas para exportar, digamos, no es a nivel de retenciones de la soja, pero nosotros pagamos un derecho a la exportación, que es del 6 por ciento. Un despachante de aduana puede cobrar 250 dólares mínimo, más gastos, entonces termina siendo un 20 por ciento de los gastos, cuando la norma para cualquier país del mundo podría ser el 5 o el 6 por ciento. Esto hace que los libros argentinos sean poco competitivos”. Fabián Lebenglik, director editorial de Adriana Hidalgo comenta que la editorial exporta desde siempre con las alternativas y las crisis sucesivas en Argentina: “A veces imprimimos acá y exportamos a México y a España, y a veces imprimimos en España y desde España se exporta a México, depende mucho de los vaivenes económicos dónde es que conviene imprimir”. 

 

Algunos análisis

Para Alejandro Dujovne, investigador y especialista en la industria del libro, es importante pensar en las competencias que se necesitan para la exportación: “El tema es cuando una empresa asume la exportación como parte de su estrategia de desarrollo, y muy pocas empresas tienen ese modo de pensar. Ahí hay un área de trabajo. En Argentina es necesario un trabajo de internacionalización en este sentido”. 

La exportación no es el único modo que encuentran los libros para circular en otros mercados. También hay otras acciones: la venta de derechos para traducción, la venta de libros digitales y físicos a través de impresiones locales a demanda, los acuerdos de coedición internacional y la exportación de servicios editoriales, digitales y gráficos. A todas esas acciones, que forman parte de una decisión de transformación estratégica de comenzar a desarrollar mercados externos, se las llama “internacionalización”.

En cuanto a las editoriales medianas y chicas, “por cierta magnitud de tamaño de esas empresas es importante que aparezca el trabajo asociativo con el Estado, políticas generales que acompañen ese proceso”, propone Dujovne. En cuanto a la figura de España como organizador del mercado, el especialista asegura que eso en realidad pone en evidencia el déficit de Latinoamérica: “España no es el problema, es la dificultad que tiene América Latina para generar condiciones de producción y exportación. Aunque hay una relación estructural ahí que tampoco puede perderse de vista. Hay una dificultad histórica por generar vías comunes regionales que faciliten o que simplifiquen la exportación interna”. Comenta, además, que el tema está en agenda desde hace demasiado tiempo y que incluso Sarmiento alguna vez esbozó la idea de generar un mercado común del libro en la región, aunque más orientado a la generación de ciertos saberes. En efecto, en 1870, cuando le piden a Sarmiento asesoría sobre educación desde Venezuela, él comenta la necesidad de “una Liga Americana para importar traducidos de libros, pensamientos, ciencias, crítica, historia, como importamos ferrocarriles, armas, población, artefactos (…) ¿Por qué no habría de ser materia de tratados, de estipulaciones entre las repúblicas americanas, compartir las tareas y generalizar los productos? (…) Borremos las líneas divisorias, y para la circulación de los libros (…) constituyamos un público (…) indispensable para que sea hacedora la obra”, según figura en el Tomo 47 de las Obras completas. Esta misma idea Sarmiento ya la había mencionado en Ambas Américas, la publicación que creó y dirigió él en Estados Unidos, cuando había sido embajador, en 1866/7. 

Históricamente hay una falta de aprovechamiento de la región que tiene la ventaja –a diferencia de otros lugares del mundo– de compartir una lengua, lo que abre un mercado potencial muy grande: “Tenemos no solamente una cercanía geográfica, sino también una idea idiomática que genera condiciones óptimas para ampliar y generar un mercado a escala, sin embargo vemos que España es el gran jugador de exportación en América Latina”, agrega Dujovne. 

 

Actualidad

Al día de hoy, el tema parece instalarse muy de a poco en ciertas miras y todas ellas parecen coincidir en que tanto el sector privado como el Estado deben juntarse en pos de acciones conjuntas y estratégicas a largo plazo. El proyecto de la fundación de un Instituto Nacional del libro Argentino (INLA) –que espera para su aprobación–, contempla entre sus premisas “articular con organismos del Estado, las cámaras gremiales y/o empresas privadas para favorecer el abaratamiento de los costos logísticos, administrativos y tributarios de las exportaciones de libros, tomando en cuenta las particularidades que rigen su comercialización en el exterior y su rol como difusores de la cultura y la creación argentinas”. 

El Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlalc) acaba de publicar un informe referido al tema (se puede consultar en la página web), a cargo de Alejandro Dujovne, en donde se analizan y recomiendan políticas y estrategias de internacionalización editorial en América Latina y en donde, entre otras cosas, se sugiere el trabajo asociativo entre el sector público y el privado para un desarrollo posible. 

También Cancillería, a mediados del año pasado, convocó a las industrias culturales para la creación de un proyecto de promoción multisectorial de las exportaciones, en el que entre las industrias está el sector editorial. Aníbal Ilguisonis, de la comisión de Comercio Exterior de la CAL, comenta que están trabajando junto a ellos y planteando necesidades específicas de apoyo al sector, más precisamente para las editoriales de capital nacional (las pymes argentinas), “que es el sector que tiene mayores posibilidades y dinámicas para exportar pero al mismo tiempo es el más frágil porque son estructuras pequeñas que requieren casi de manera imprescindible de cierto estímulo o desarrollo estatal para poder exportar y mejorar su oferta exportadora. Lo que nosotros estamos pidiendo en estas reuniones con el Gobierno es un apoyo mucho más activo en cuestiones comerciales, en ferias internacionales, trabajar mucho más alineados entre el sector público y cámaras para poder llevar una política conjunta. Estamos también proponiendo articular acciones que tengan que ver con la oferta de derechos de libros argentinos en el exterior, acciones que permitan visualizar la oferta del libro argentino en otros mercados. Ahí hay un trabajo mucho más continuo con las embajadas, probablemente vamos a tener que tener un presupuesto sectorial en cuanto a promoción, y una serie de cuestiones a trabajar. La idea es poder armar un plan estratégico de exportaciones del sector editorial que sea sostenido a largo plazo”.

El contexto mundial plantea una emergencia y la forma de abordar las distintas problemáticas que se venían arrastrando tendrá que ver con si se plantean nuevas reglas de juego o se emparchan las cosas que nunca funcionaron. En este caso, ya no se trata solamente de pensar en la posibilidad o imposibilidad de desarrollar mercados externos, sino también de atender una desigualdad o profundizarla.    

 

Experiencia de Big Sur

Hernán Rosso está a cargo de la distribuidora Big Sur, que nació hace dos años y hoy tiene sus oficinas en Chile y en Argentina, los próximos pasos van a ser México y Colombia:

 —¿Cómo arrancaron con la distribuidora y cómo les está yendo?

 —El objetivo nuestro es mover la literatura, y para eso tenemos un objetivo a largo plazo. Empezamos bien, trajimos muchos sellos chilenos a Argentina y llevamos muchos sellos argentinos que no estaban, o no estaban bien manejados, a Chile. Fuimos bien recibidos, nos fue bien comercialmente, pero el libro para la venta necesita pasos muy largos. Cuando sale una novedad, para saber si funcionó bien o no necesitás mínimo un año, o año y medio, para saber si el título se vendió, si se agotó la tirada, si se vendió bien, y todo. Luego cambiaron todas las reglas de exportación y había que rendir a 180 días (y en nuestro caso es peor porque somos empresas vinculadas y en ese caso son 60 días). Esto nos afectó mucho al corazón de la estrategia. 

 —¿Cuántos sellos están manejando?

—Estamos manejando cien sellos, no todos son chilenos o argentinos: hay mexicanos, españoles, uruguayos y peruanos. Hay sellos que se manejan en los dos países y sellos que manejamos en uno solo.

 —¿Qué necesitan?

—Básicamente, que la regulación sea un reflejo de la actividad y no una cosa ajena a ella. Si para venderse la tirada de un libro se necesita entre uno y dos años que esté en las librerías más los meses que cuesta llevarlo a ese mercado, por lo menos que tengas ese tiempo para poder pagarlo, no que tengas que pagarlo antes. Que el tiempo no sea impuesto por necesidad de urgencia de divisas. Este es un mercado muy pequeño que no tiene que atender solamente temas económicos, sino que es un mercado cultural. Lo que nosotros estamos haciendo al exportar es exportar contenidos, conocimiento y cultura. Hay autores argentinos que están llegando a otros países, además nos especializamos en editoriales medianas y pequeñas independientes.  

—¿Cuál sería el mejor desarrollo de Big Sur?

—Que haya disponibilidad de contenidos latinoamericanos para los latinoamericanos. Antes el mundo editorial miraba a España, todos exportaban a España, pero no intracontinentalmente, nunca se llegó a hacer bien.    


Importancia de las ferias internacionales 

Un eslabón fundamental para el proceso de internacionalización es la participación de las editoriales en las ferias internacionales de libros. Ahí es donde se hacen los principales contactos con el resto de los mercados, donde se puede comenzar a trazar rutas, encontrar aliados y comercializar los libros, los catálogos y las ventas de derechos. “Las ventas se generan sobre todo viajando –dice Raquel Franco–, creo que con la pérdida de las ferias durante la pandemia hay una gran pérdida de negocios. Negocios que no pueden realizarse mediante la virtualidad ni por mail. Situaciones que generan las ferias de habilitar y de profundizar los contactos entre las personas, y eso genera negocios, genera uniones estratégicas, genera reflexión colectiva”. Es en este punto una vez más donde también se hace necesario el trabajo asociativo entre las empresas y el Estado para desarrollar una inteligencia comercial, como se mencionaba más arriba. 

Tanto la Feria de Frankfurt como la de Guadalajara (las dos más importantes del mundo) se realizaron de manera virtual durante 2020. Si bien la presencialidad es indispensable para la actividad, los primeros resultados de estas experiencias sorprendieron con la noticia de que la virtualidad permitió participar a muchas editoriales que antes no podían hacerlo por una cuestión de costos. Se llegó a mucha más gente y se contempla que las futuras ferias al menos se plantearán bajo las dos modalidades.