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jueves, 20 de febrero de 2025

Una encuesta para traductores sobre traducción e Inteligencia Artificial (4)

Cuarto día de la encuesta

Los traductores y la inteligencia artificial (4)

ALEJANDRO GONZÁLEZ (Argentina)

Pasé mis respuestas por ChatGPT del castellano al ruso y del ruso al castellano. La respuesta del ChatGPT se ofrece entre corchetes y en color azul debajo de mi texto original. Creo que esta operación y sus resultados dicen más que mis respuestas.

 1) ¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Poco y nada. No sigo de cerca el tema. Cuando quise interiorizarme, entendí que carecía de los conocimientos básicos en programación, informática, ciencias cognitivas y neurociencias que me permitirían formarme siquiera una idea aproximada de lo que ahí ocurre. Tampoco quiero caer en banalidades apocalípticas de máquinas destruyendo humanos, de una especie humana degradada en un mundo dominado por computadoras y todas esas fantasías que alimentan la ciencia ficción y nuestros miedos.

[Un poco y muy poco. No he estado siguiendo este tema. Cuando intenté entenderlo, me di cuenta de que no tengo conocimientos básicos en programación, informática, ciencias cognitivas y neurociencias que me permitan al menos aproximarme a lo que está sucediendo. También no quiero profundizar en banalidades apocalípticas sobre máquinas que destruyen a los humanos, sobre la humanidad degradada en un mundo gobernado por computadoras, y todas esas fantasías que alimentan la ciencia ficción y nuestros miedos.]

 2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

No la he utilizado. No veo tampoco para qué podría necesitarla en esta etapa mía y de ella.

[No lo he utilizado. También no veo por qué lo necesito en esta etapa, tanto en mi vida como en la vida de esta tecnología.]

 3) Cree que la IA supone un riesgo para la profesión? Si sí, por qué sí? Si no, por qué no?

La traducción literaria es claramente la última fortaleza que caerá, si es que cae. Cuanto más plano y lógico sea un texto, más presa fácil será de la IA. Desde mi aquí y ahora, no entreveo un programa capaz de captar toda la riqueza de una obra literaria y de verterla a otra lengua: los registros, los sociolectos, los tonos emocionales, la ironía, el humor, los juegos de palabras. Sí entreveo editores inescrupulosos que pasarán textos comerciales por la IA y pedirán a traductores que le «peguen una revisada» al 30% del valor de una traducción. Pero eso no es culpa de la IA, sino del capitalismo.

[La traducción literaria es claramente la última fortaleza, si es que alguna vez caerá. Cuanto más plano y lógico sea el texto, más fácil será para la IA. En este momento, no veo ningún programa que pueda captar toda la rica paleta de una obra literaria y transmitirla a otro idioma: registros, sociolectos, matices emocionales, ironía, humor, juegos de palabras. Sin embargo, veo editores deshonestos que envían textos comerciales a la IA y piden a los traductores que “corrijan”; el 30% del costo de la traducción. Pero esto no es culpa de la IA, sino del capitalismo.]


JESSICA SEQUEIRA (Estados Unidos - radicada en Chile)

1)¿Qué tan familiarizada está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que se refiere a traducciones literarias?

La mayoría de mis traducciones literarias son de poesía o novelas con cierta densidad lingüística, y hasta ahora la inteligencia artificial no ha sido parte de mi práctica (a diferencia, por ejemplo, de diccionarios como WordReference que son indispensables para pensar en los muchos significados de una palabra). Soy consciente de que estas herramientas están evolucionando rápidamente, y no me opongo a priori a su uso. Creo que plantean preguntas más amplias sobre los procesos de la cognición y la importancia de la cultura y la comunidad en la elaboración y recepción de una obra. Las IA pueden ser bastante homogéneas en las respuestas que proponen, culturalmente limitadas, arraigadas en cierta clase social y bastante carentes de sentido del humor, presentando sus propias respuestas con una superficialidad alegre, como la única verdad.

Hace unos meses, en un momento sentimental, le pregunté a ChatGPT “¿Cómo se puede demostrar afecto?” y me dio las respuestas más aburridas posibles: flores y abrazos y acurrucarse mirando televisión. No tuvo en cuenta otras culturas, que ofrecerían otras muestras de afecto, por no hablar de reconocer el hecho de que algunas personas no tienen o no quieren televisores. Un buen libro llamado An English Made in India, de Kalpana Mohan, habla de cómo los idiomas híbridos como el inglés indio, improvisado a partir de diferentes fuentes como el hindi, el tamil, el kannada, un inglés no convencional, etc, confundirían a un software de idiomas, ya que dependen mucho de la situación y del movimiento del cuerpo. Los modos de pensamiento de la Inteligencia Artificial, en la actualidad, todavía pueden parecer bastante californianos o chinos en sus preferencias, algo que creo que es importante señalar. 

2) ¿Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

En la práctica, sigo siendo bastante analógica. En este momento de mi vida, me interesa lo opuesto: la forma en que el arte puede afectar las emociones y los cuerpos humanos, y las formas en que la música (o la performance de la poesía, etc) constituyen una forma de pensamiento en el tiempo. Creo que es muy importante no olvidar a los seres humanos y sus presencias vivientes reales; lo que me interesa es el elemento humano. Aplicado a la literatura, quiero saber por qué un escritor o traductor toma ciertas decisiones, no sólo el hecho de que hayan sido capaces de hacerlo. Los procesos de pensamiento humano y las trayectorias artísticas me interesan. Ahora estoy trabajando en un proyecto sobre “traducciones sonoras”, y lo que más me llama la atención no es, digamos, el hecho de que un determinado fragmento de música haya sido sampleado y cambiado de contexto, sino el proceso creativo de un músico que elige estudiar una tradición de otra parte del mundo e incorporar esas prácticas sonoras a su trabajo en Latinoamérica.

Las nuevas tecnologías deberían ser herramientas, no enemigos. Para las obras de no ficción, veo que la IA podría ser útil, para verificar referencias específicas, o para ayudar a encontrar obras sobre temas relacionados. Me gusta jugar a veces con Google Translate, escribiendo en columnas dobles simultáneas, a veces trabajando desde el castellano y a veces desde el inglés, con la idea de la traducción inmediatamente afectando mi escritura del párrafo “original”. Pero esa es una técnica para mi propia escritura.

Es interesante porque, al responder a algunos de estos avances tecnológicos, mucha gente defiende al ser humano en sus dudas, imperfecciones, defectos, amor irracional, empatía, etc., que son vistos de alguna manera como más profundas y verdaderas, en oposición a la máquina racionalmente analítica, cuyos sueños generan monstruos. Creo completamente en la importancia de la emoción, pero tampoco quiero rechazar por completo la idea de la inteligencia analítica en el ser humano: nuestra educación nos enseñó a leer, escribir, reseñar textos y pensar críticamente, todos rasgos importantes que no deberíamos dejar en manos de la máquina, quedándonos con la pura emoción.

En cuanto a la idea de “posedición”, trabajar en un texto existente es algo que los traductores ya hacen, cuando revisan un segundo o tercer borrador de sus propias palabras, leyendo en voz alta, encontrando sus ritmos y sus resonancias. Encuentro placer en editar mi propio trabajo de esta manera, pero no el trabajo de una computadora, ya que sigo presa a cierto orgullo por mi artesanía y mis procesos mentales—toda una reliquia, tal vez.

3) ¿Cree que la IA supone un riesgo para la profesión? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?
Significa un cambio, definitivamente. Varios amigos que trabajaban en el campo de la traducción técnica ya son poseditores. Yo creo que he experimentado un cambio mental. Antes me consideraba principalmente traductora, y ahora quiero entenderme como escritora, artista o creadora (de mis propios libros o música o traducciones, lo que sea), en un mundo donde la autonomía se cede tan fácilmente a las máquinas. Creo que es necesario también entendernos como seres humanos que cuidan a otros seres humanos. La inteligencia artificial formará parte de nuestras vidas, pero es importante mantener el control de nuestros propios procesos cognitivos y desarrollos, y nunca olvidar las formas en que el acceso a estas tecnologías puede ser completamente desigual y culturalmente sesgado, dejando a muchas personas afuera y destruyendo las vidas de quienes no quieren participar.


EDUARDO HOJMAN (Argentina - radicado en España)

1) Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

He probado traductores online que entiendo se basan en IA y también programas específicos como Chat GPT. De hecho, he escrito un artículo para el suplemento Abril de El Periódico al respecto, para el que di a traducir dos versos de Shakespeare y lo comparé con dos traducciones canónicas. En mi opinión, Chat GPT quedó en segundo lugar (una de las traducciones canónicas había envejecido mucho). Me consta sin lugar a dudas que muchas editoriales de renombre la utilizan, así como me consta que la mayoría de las agencias y editoriales extranjeras prohíben su uso en los contratos (aunque sin duda ellos también la utilizan). El motivo de esa prohibición no es velar por la calidad del texto, sino el temor, un poco amorfo y con visos supersticiosos, de que, al someter un texto a la IA para que lo traduzca, esta puede ”alimentarse” de ese texto y utilizarlo para generar otro, es decir, un temor al plagio.

2) Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, por qué sí? Si no, por qué no?

Será útil en algún momento. Hoy en día, funciona como un diccionario más. Se equivoca mucho y olvida decisiones --quizá acertadas-- que tomó antes respecto del mismo término en el mismo texto. Es muy imperfecta. Va mejor para la no ficción llana (artículos periodísticos sin exigencia ni profundidad) y obviamente pierde en relación proporcional directa a la complejidad o estilo del texto original.

3) Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, por qué sí? Si no, por qué no?

No. El riesgo no es la IA. El riesgo son, siempre, las editoriales. Así como hace no pocos años editoriales españolas mandaban a traducir al por mayor a América Latina pagando precios viles y con criterios colonialistas, cargando sobre los editores empleados en sus sedes españolas la responsabilidad de corregir y adaptar los resultados, muchas veces fallidos o excesivamente localistas, que llegaban, ahora lo hacen con la IA. En ese sentido, es una típica herramienta que las empresas promocionan como que facilitan el trabajo de los traductores y en realidad tienen el verdadero y único propósito de abaratar costos e intentar eliminar a los traductores que cobran dinero del proceso. Su uso actual (no la herramienta en sí) es un síntoma del estado lamentable de la edición y la industria editorial (no sólo en español), en el que la calidad del texto es un criterio, como mucho, secundario. Como diría Laurie Anderson, no es la bala lo que te mata, es el agujero.


EDGARDO SCOTT (Argentina - radicado en Francia)

1) ¿Qué tan familiarizado está con lo que puede hacer la Inteligencia Artificial en lo que a traducciones literarias se refiere?

Muy poco. Aunque entiendo que ya los traductores automáticos fueron un primer avance de esta tecnología, y sí he visto cómo funcionan y traducen.

 2) Considera que es una herramienta útil para su trabajo? Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Entiendo a la traducción ante todo como una forma superior de lectura. Los que hemos hecho re-traducciones sabemos lo que es trabajar con varias traducciones-versiones a la vez, y en ese sentido, estamos acostumbrados a no traducir desde cero. De algún modo el aporte de la traducción de la IA será una versión a leer, cotejar, comparar.

3) Cree que la IA supone un riesgo para la profesión?  Si sí, ¿por qué sí? Si no, ¿por qué no?

Supone el inevitable riesgo del mal uso. O la tentación de usarla indiscriminadamente.

 



jueves, 22 de abril de 2021

Una encuesta sobre género y traducción (3)

Más respuestas a la encuesta sobre género y traducción


Itziar Hernández Rodilla 
(traductora española residente en Madrid, España)

1) ¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?

–En mi opinión, esto depende de lo bueno que sea quien traduce. Si un traductor tiene empatía lectora y sabe documentarse, no creo que pueda tener problemas para traducir. Es cierto que hay autores con los que conectamos antes. Quiero decir, por ejemplo, que si traduzco a una europea occidental de mi nivel educativo, orientación sexual y edad que cuenta su vida, tardaré menos en encontrar el vocabulario para traducir sus experiencias porque puedo recurrir más fácilmente a mi propia vida y mi propio entorno para reflejar lo que pretende expresar. Pero tener que trabajar menos no me parece que sea igual a decir que hay un rasgo genérico en la traducción.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia.
–No, la verdad. Pero sí me ha pasado que no me hayan dado un texto por mi género. Hay editores con caprichos curiosos.


Jorge Aulicino
(traductor argentino residente en Buenos Aires, Argentina)

1)¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
–Ni de ida ni de vuelta. Si uno traduce a una mujer, por ejemplo, es sólo necesario seguir la corriente de las palabras. El género, cuando lo haya, brotará solo. Que una mujer pueda sellar o no con su sello femenino, supuesto que exista, un texto masculino, incluso nuestro, dependerá de cómo conciba la traducción. Si busca la literalidad como absoluto imposible, pero deseable, simplemente seguirá la corriente verbal sin pensar si el traducido es varón o mujer. Realmente una traducción trans todavía no he visto. En ese caso, o en del bisexualismo, las cosas se harán más complicadas, imagino. Será como retraducir al castellano un texto del castellano que ha sido traducido al alemán, por decir otro idioma. Pero siempre hay que ponerse en el lugar. Como aquel periodista gay que quedó estupefacto cuando entró una beldad en un bar nocturno, pero reaccionó y exclamó: “¡Qué minón!”, para agregar: “¿Me estaré volviendo lesbiana?”.

2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?
3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–Nunca. Traduje poetas mujeres italianas. Traduje o intenté traducir lo que escribieron. Nunca pensé si lo que escribían era femenino o masculino. No digo que no lo fuera, digo que no lo pensé, no me hizo falta para traducirlas. La femineidad estará en la traducción también, imagino. En cuanto a ponerle mi sello masculino –en caso de que lo tenga– espero haberlo eludido por el mismo procedimiento: buscar la literalidad a toda costa aunque sepamos que no es posible. No vamos a entrar, supongo, en eso del Inconsciente... En cuanto al lenguaje, si es masculino en sí mismo, porque fue creado por hombres, bueno, las mujeres que escriben lo usan desde hace tiempo sin hacerle ascos. Por otra parte, el lenguaje lo hicieron también las mujeres. En el fondo de la lengua castellana está, por ejemplo, Sor Juana, que tenía una sintaxis exquisita, expresión o forma de ser, o el ser mismo, de un pensamiento complejo.


Jessica Sequeira (traductora estadounidense residente entre Santiago de Chile, Chile, y Cambridge, Gran Bretaña)

1)¿Existe algún rasgo genérico en la traducción?
2) Si así fuera, ¿podría comentar brevemente en qué consiste?

–Sí, pero no tanto en el acto mismo de traducir, que requiere paciencia y arte, y donde no creo que hace una gran diferencia el tema de identidad si uno abarca la obra con empatía, apertura a lo nuevo y ganas de trabajar. Siempre siento que puedo encontrar una conexión con lo que traduzco, sea sobre ópera, física, recorridos por el campo ruso, lo que sea. Me gusta sentir que estoy entrando a nuevos mundos de lenguaje cuando traduzco, y el hecho de que alguien tenga otro género o preferencia sexual no es necesariamente importante. No obstante, a nivel de mercado sí tiene absolutamente que ver. Este es un momento donde las mujeres, por ejemplo, tienen más oportunidades para ser publicadas —con su propia obra y en traducción— que antes. Editores me han pedido textos escritos por mujeres o con algo que ver con ese tema, por ejemplo, porque saben que van a vender y tener una mayor receptividad crítica. No es necesariamente algo cínico, también es un momento histórico en el cual estamos viendo el pasado con nuevos ojos, y gente que, por varias razones, no pudo entrar fácilmente en la cadena de la producción del libro. Es importante darse cuenta de eso. Dicho esto, creo que cualquiera que quiera publicar o traducir puede encontrar una editorial o un espacio para hacerlo. El mundo de la literatura es muy diverso. Además de las editoriales multinacionales, hay un montón de editoriales independientes de calidad, dispuestas a tomar mayores riesgos y de editar muy buenas obras.

3) ¿Se topó alguna vez con algún texto que no haya podido traducir por esa circunstancia?
–Hasta la fecha no, por suerte.

viernes, 27 de marzo de 2020

Una encuesta para traductores de poesía (V)

Quinto día de la encuesta para traductores de poesía.


Jessica Sequeira
Traductora de Winétt de Rokha, Hilda Mundy y Teresa Wilms Montt, entre otros.


1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Bien, en primer lugar porque amo la poesía, que puede aparecer en poemas, prosa o incluso subtítulos de películas. Traducir poesía me hace sentir que estoy dentro de la intensidad del lenguaje de una manera profunda, en su matices y sutilezas, incluso más que con la lectura. Traduzco por placer literario, además de querer traer autores latinoamericanos raros y ambiciosos (en su estilo o concepto) a un público angloparlante. La traducción es una forma de lectura pública, a diferencia de las lecturas privadas que normalmente hacemos con un texto, y por eso una se esfuerza en pulir la propia interpretación de una frase y exponerla, un proceso de destilar la belleza que te hace vulnerable a la vez. También traduzco poesía como laboratorio para mi propia escritura. Leí una entrevista con algún escritor, no recuerdo quién, que dijo que siendo joven transcribió a mano páginas de cientos de novelas del pasado, de Kafka, Beckett, Flaubert, lo que sea, con el objetivo de mejorar su estilo, pasando los ritmos de las frases a su pluma (o teclado). La traducción funciona de una manera parecida en mí.

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Depende del proyecto. Yo he trabajado en todas las circunstancias, creo, con editoriales que se me acercan, a pedido de un autor y motivada por mi propio deseo de adentrarme en un texto que me intriga y que me sigue dando vueltas en la cabeza, de modo tal que siento que oculta capas que puedo ir quitando con delicadeza, con las herramientas del lenguaje... Con las obras en verso es mucho menos probable que te busquen, y más probable que el proyecto surja por interés o amistad. Por lo menos eso es mi experiencia.

3)  ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
De nuevo, depende. Cobro la tarifa que recomiendan los profesionales de la traducción. A veces la editorial te paga directamente (si es grande), a veces ocupa dinero de fondos, a veces solo hay regalías. No necesariamente depende del tamaño de la editorial, ya que algunos independientes son muy listos para conseguir fondos. Dicho eso, hay editoriales con proyectos que no encuadran en el lento y a veces caprichoso panorama de los fondos, y hay que hacerlos igual con los pocos recursos que hay.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Lo único que puedo hacer es seguir trabajando para construir una base de confianza. Si alguien me pase un texto, voy a mantener al menos su belleza, y eso es más fácil de lograr después de una década que durante mis primeros pasos como traductora. Es más común que se me acerquen ahora con más proyectos. Aparte de eso, intento mantenerme al tanto de lo que dicen los traductores que participan del mismo mundo que yo. A veces el mundo de traducción puede ser muy desconcertante y surrealista, y es bueno saber que una no está sola. 

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Sí, he recibido algunos subsidios de traducción de Argentina y de algunos otros países, aunque soy muy poca sistemática para postular. Todo es un laberinto que va cambiando cada año, y postular a fondos lleva mucho tiempo y organización. El proceso de buscar subsidios frustra mis impulsos de trabajadora veloz, llevada por el interés del texto. Muchas veces también hago las cosas porque sí, sin pensar en todo el sistema, pero es cierto que la paciencia rinde sus frutos. Quizá porque tengo más experiencia o estoy madurando. Por cierto, ahora los proyectos más largos me atraen más. Tengo mil ideas y mucha suerte de haber podido llevar a cabo algunos, gracias a haberme encontrado con un texto de calidad, contar con apoyo editorial y ubicar los recursos que empujan el pájaro del proyecto fuera de su nido, para que pueda volar.


Pedro Serrano
Traductor de Matthew Sweeney y de la monumental antología de poesía británica contemporánea La generación del cordero

1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Porque es una manera de continuar escribiendo. Porque en los poemas en otras lenguas hay retos y hallazgos que aún no se han resuelto en español. Porque un poema en otra lengua que vale la pena, sea pequeño o extenso, merece estar también en español. Porque es una manera de compartir el pan y la sal.

2)  ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Cuando traduzco un poema individual es porque ese poema conecta con una parte de mi propia necesidad expresiva. Casi no lo distingo de mi propia escritura. Cuando propongo a un autor es porque tengo ganas de sumergirme en esa escritura y hacerla aparecer en español. Entonces soy yo quien lo propone a una editorial. Cuando he traducido por encargo ha sido siempre porque me ha coincidido con lo que estoy traduciendo.

3)¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?

Muy poco criterio. La paga por traducir poesía, en mi caso, resulta siempre simbólica, aunque luego esos símbolos sirvan para pagar algunas necesidades.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?

Soy miembro de la AMETLI, la asociación mexicana de traductores literarios, que está intentando mejorar los tratos económicos entre las editoriales y los traductores.

5)¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Sí he recibido alguna vez apoyo del PROTRAD, el organismo que en México apoya la traducción lliteraria. También he sido beneficiado por ellos para algunos libros míos traducidos a otras lenguas.


Silvia Camerotto
Traductora de Ezra Pound, William Carlos Williams, Dylan Thomas y un enorme número de autores de lengua inglesa.


1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Traduzco más que nada y sobre todo para difundir la poesía que creo amerita ser leída. También porque muchos textos, indispensables a mi entender, o no están disponibles o fueron traducidos en un lenguaje que ha perdido actualidad, o tienen una gran marca extranjera. Empecé a traducir porque lo que leía en castellano me hacía ruido.


2)¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?

Porque me gusta el autor y me interesa su obra o lo que dice en algún poema en particular. No suelo recibir encargos, con alguna excepción. Traduzco lo que quiero y no para alguna editorial en particular. Tengo un extensísimo archivo de traducción. Publico en mi blog: de sibilas y pitias,  a veces en el de Aulicino, Otra Iglesia es Imposible. De mis experiencias, me ocurrió que alguna vez una editorial me pidiera la traducción de un libro que ya tenía traducido. Luego de casi un año, de intercambio de mails con averiguaciones sobre derechos, dicha editorial –que solía responder “luego leeré tu mail atentamente”, me escribió diciéndome que estaban excedidos y que por el momento “no sabían qué hacer con el libro”. No fue un encargo, pero retuvieron el libro durante largo tiempo para nada.


3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?

De esas pocas excepciones de las que hablo en la pregunta anterior, me han pagado un simbólico. Las editoriales. Los particulares pagan el precio que exijo, sin problemas.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
No.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?

Conozco uno o dos: Looren, por ejemplo de la que recibo información. En la página del Club de Traductores hay un listado al que se puede acceder. 

martes, 11 de febrero de 2020

Traductoras estadounidenses de literatura chilena

El pasado 6 de enero, el narrador y periodista chileno Antonio Díaz Oliva publicó el siguiente artículo en el diario La Tercera, de Santiago de Chile, donde se pasa revista a las traducciones y traductoras de literatura chilena. Según la bajada de la nota, "De Los detectives salvajes a Space invades, las letras locales han encontrado quienes las conecten con el mundo anglo: un grupo variopinto de mujeres desarrolla hoy este trabajo.

Megan McDowell


Era 2009 y Megan McDowell cursaba una maestría en traducción en EEUU. Aprovechando las vacaciones de verano, viajó a Chile para hablar con editores, libreros y lectores. Buscaba un autor para traducir, y un nombre se repitió más que los otros: Alejandro Zambra. De vuelta en EE.UU, se decidió por La vida privada de los árboles. El resto fue una serie de coincidencias: presentaría parte de la traducción en una conferencia con cuatro personas en el público. Entre ellas, eso sí, estaba el editor Chad Post, de Open Letter, quien terminó publicando el libro.

“Y he sido la traductora de Alejandro desde entonces”, dice McDowell, quien actualmente vive en Santiago y ha trabajado también obras de Lina Meruane, Álvaro Bisama, Arturo Fontaine, Alejandro Jodorowsky, Paulina Flores y Alejandra Costamagna.

Jessica Sequeira
Megan McDowell no es la única traductora anglo de la literatura local. A ella se suman Jessica Sequeira, Sophie Hughes y Natasha Wimmer. Esta última, de hecho, la precede: en 2007 se publicó su traducción de Los detectives salvajes, que fue un éxito en varias latitudes. Le seguirían 2666 y otros títulos bolañianos. “Me parece que la literatura chilena tiene en este momento mucha vitalidad”, dice desde Nueva York Wimmer, quien recientemente tradujo a Nona Fernández [Space Invaders, 2019]. “Y la manera en que los escritores jóvenes se enfrentan a la historia del país tiene relevancia para los lectores norteamericanos, que atravesamos un momento político lleno de peligros”.

Sophie Hughes
Sophie Hughes, por su parte, vive en Inglaterra y solo ha trabajado con Alia Trabucco. Aunque eso le bastó para poner a la autora chilena en el mapa anglo: su traducción de La resta fue finalista en el Man Booker International. Y ahora traduce Las homicidas.

“No he vivido en Chile, ni siquiera he visitado Chile, y he leído con suerte una docena de autores chilenos”, dice Hughes. “En el mundo anglo hay algunos nombres por encima de los demás: Roberto Bolaño, Alejandro Zambra y Lina Meruane. Supongo que Pablo Neruda e Isabel Allende siguen siendo probablemente los dos chilenos más leídos en el Reino Unido y EEUU, para sorpresa de nadie, aunque tal vez para la frustración de otros”.

Jessica Sequeira, en tanto, ha traducido a autores muertos. Obra suya es una de las pocas traducciones de Adolfo Couve al inglés, así como un libro de poemas de Teresa Wilms Montt. “Me atraen las obras que difuminan la distinción entre poesía y prosa”, dice Sequeira, que tiene residencia en Santiago.

Traducción y política
“Debemos evitar publicar solo ‘literatura política’, para que la world literature -un término terrible- deje de ser un eufemismo de ‘literaturas tercermundistas’”, dice Hughes. “En un mundo ideal, el término world literature no existiría.”

La traductora de Trabucco se refiere a la “literatura mundial”, etiqueta con la que a veces se cataloga a las obras traducidas desde otros idiomas al inglés. Hughes no es la única que ha meditado sobre la relación entre la literatura traducida y la política. O, en el caso local, entre la dictadura de Augusto Pinochet y la cantidad de libros chilenos sobre el tema que se publican en inglés. De hecho, a la hora de escribir este artículo se revisaron los autores traducidos en los últimos cinco años, y casi todos son libros sobre Pinochet. O sobre los niños crecidos bajo la dictadura, como Alejandro Zambra y Nona Fernández; o post-dictadura, como Paulina Flores, Diego Zúñiga y Alia Trabucco, quienes continúan la estética y temática de los primeros.

No es un problema únicamente chileno. En palabras de Fredric Jameson, las historias individuales y privadas del “tercer mundo” son siempre leídas desde EEUU y Europa como “una alegoría de la nación”.

“La triste verdad es que en EEUU la gente sabe muy poco de Chile, y lo que sí saben es que sufrió una dictadura militar bajo Pinochet”, asegura McDowell. “Por lo tanto, los libros que tratan de la dictadura, o incluso simplemente la mencionan, son más fáciles de ubicar en un contexto, para interpretar y conectarse”.

Natasha Wimmer
“No se puede separar el valor político e histórico del valor literario”, comenta por su lado Natasha Wimmer. “Además, en este momento, cuando el autoritarismo levanta cabeza en EEUU, los lectores norteamericanos buscamos modelos para enfrentar y entender este fenómeno”.

Desde Inglaterra, Hughes dice que parece haber un mercado más grande para las novelas chilenas sobre la dictadura, así como para las novelas mexicanas sobre el narco, pero de igual forma para la literatura española que cuenta la Guerra Civil y para los países escandinavos que producen novelas policiales. “Sin embargo, los editores independientes, en mi experiencia, tienen sus ojos puestos principalmente en la calidad”, dice. Y Sequeira lo pone de esta manera: “En general, más personas leen libros sobre primeros ministros que sobre poetas, y eso no es necesariamente algo malo. Los libros más vendidos en inglés son a menudo, también, libros ‘políticos’, por lo que no veo esto como un problema geográfico”.

“Es parte del contexto chileno, y creo que es difícil de ignorar”, agrega McDowell. “Supongo que tendríamos que preguntarnos cuánto tiempo debe pasar antes de que leamos una novela cien por ciento libre de la dictadura”.