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martes, 18 de julio de 2023

Valiosa traducción del anglosajón al castellano de Armando Roa Vial, publicada por la editorial LOM


La editorial LOM, de Chile, acaba de publicar un valioso trabajo de Armando Roa Vial (1966), poeta, traductor y ensayista chileno. Se trata de El arpa y la espada, una antología de los primeros grandes textos de la literatura inglesa escritos en prosa y en verso, desde Beowulf hasta antes de Chaucer. Así, figuras como Beda, Alcuino, Cynewulf, Alfredo o Wulfstan, entre un sin número de autores anónimos que redactaron algunas de las páginas más inspiradas de la alta Edad Media, conformarán un enorme legado literario que sólo a partir del siglo XIX, por el fuerte resurgimiento del medievalismo, será redescubierto de manera sistemática.

Uno de los mayores desafíos a partir de entonces ha sido la recuperación del inglés antiguo o anglosajón, lengua que comienza a declinar a partir de la invasión de Guillermo el Conquistador en 1066, para ser reemplazada por el anglonormando, de naturaleza romance, que luego evolucionará gradualmente hacia la morfología actual del inglés.

El escrito es un rescate del idioma flexivo, con estructuras gramaticales y ortográficas propias, cuyo timbre sinuoso, marcado por vocales y consonantes breves y largas, ofrece una sonoridad que en poesía hará gala de un empleo notable de la aliteración y los contrapuntos acentuales.

jueves, 26 de marzo de 2020

Una encuesta para traductores de poesía (IV)

Cuarto día de la encuesta para traductores de poesía.

Jorge Aulicino
Traductor de Guido Cavalcanti, Dante Alighieri y una enorme cantida de poetas italianos contemporáneos.

1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Soy un aficionado, de manera que traduzco lo que siento afín a mi propio interés. En otras palabras, traduzco poemas, libros, que me gustan, para que se asienten mejor en mi lengua materna. Según como yo la hablo, claro. Digamos que eso es un ejercicio para mis propios fines creativos.

2)  ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Pocas veces recibí encargos. Cuando lo hice, siempre fue sobre textos que me interesaban.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
En el caso del único contrato importante que hice en mi vida por una traducción, que fue por la de los tres libros de la Divina Comedia, recibí un adelanto y luego la liquidación de los derechos de autor. Los recibí puntualmente. El porcentaje era menor que el que se considera recomendable, pero como estaba cerca de esa cifra, lo tomé. En resumen, fue un trato que consideré más o menos bueno en el contexto de las formas extravagantes y leoninas que asume el pago a los traductores en este país.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
¿Se puede hacer algo? Creo que los traductores se allanan a lo que se les ofrece o discuten sus derechos individualmente hasta donde pueden. El contexto es horrible, porque cada vez menos obras se traducen al castellano en la Argentina, que fue un país de traductores buenos, pasionales, quizá producto de una industria hoy en decadencia, producto a su vez de la emigración española en gran parte, que eligió este lugar de la costa atlantica porque era aún una región próspera. Con un agregado de tipo cultural: la educación terciaria gratuita, el acceso a la educación. Si se agrega el componente cosmopolita que la inmigración puso en la sangre local, ese territorio era prometedor, y en gran medida cumplió sus promesas: hasta los años 70 éramos realmente una nación culta, que gestionaba su industria cultural y por consiguiente su propia cultura. Desde los 50 los sucesivos golpes militares, que fueron asimismo económicos, especialmente el último, destruyeron casi por completo la economía y la cultura.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Recibí solo un subsidio del gobierno municipal de Buenos Aires para la primera edición mi versión del Infierno de la Comedia, que salió en un sello independiente. Un subsidio que cubría, creo, solo 70 por ciento del costo de edición. No estoy al tanto de las políticas de subsidios. Me irrita pensar que haya que suplicar subsidios para algo que debería ser un trabajo muy bien remunerado.

Fabio Morábito
Traductor de Eugenio Montale y de Torquato Tasso, entre otros


1)  ¿Por qué razón traduce poesía?
Cuando he traducido poesía por puro gusto, lo he hecho como la manera de apropiación del texto más profunda que estaba a mi alcance, aunque no significa que sea la mejor. De hecho, no lo es.

2)  ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Las traducciones más importantes que he hecho han sido encargadas por una editorial.

3)  ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
Lo desconozco. Proponen un precio y uno lo acepta o no lo acepta, según le lata a uno.

4)  ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Cuando he negociado con una editorial, no ha sido por dinero, sino por tiempo. He exigido el triple del tiempo de lo que estaba dispuesta a concederme la editorial y lo conseguí.

5)  ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Conozco los apoyos a la traducción que existen en México y son apoyos que solicitan las editoriales, no los traductores, pues una de las condiciones para otorgarlos es que el texto que se va a traducir cuente con un compromiso de publicación. Con esos apoyos, las editoriales pagan la traducción o una parte de ella. Antes, en México, existían becas de traducción, que eran solicitadas, ésas sí, por los traductores, y consistían en una paga fija y en la obligación de entregar la obra traducida dentro de un plazo definido. Entraban a concurso y los ganadores se aseguraban una buena paga durante un año. Luego se vio que se corría el riesgo, al no existir un compromiso editorial de por medio, de que esas traducciones acabaran en el cajón del escritorio del traductor, por eso se comenzó a exigir el aval de un editor, y de ahí en adelante fueron los editores quienes solicitaban directamente el apoyo.

Armando Roa Vial
Traductor de buena parte de la literatura anglosajona medieval y un enorme número de poetas de lengua inglesa.

1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Traduzco poesía porque lo veo como un privilegiado ejercicio de reescritura que me ayuda a encontrar mi propia voz y, al mismo tiempo, me transforma en un lector especialmente atento de lo que traduzco. Traducir, para mí, es entonces indisociable de la creación, una apuesta legítima de apropiación, con credenciales propias, y no un ejercicio derivativo o de segunda mano. 

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Siempre he propuesto yo a los autores y, como se comprende, se trata de figuras por las que siento complicidad y admiración. Jamás podría traducir a un autor por el que no me una un vínculo afectivo, estético o intelectual. La iniciativa, entonces, ha sido generalmente mía.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
Respecto al pago de honorarios de las traducciones publicadas en Chile, nunca he recibido un peso. Las editoriales me han remunerado con los derechos de autor correspondientes a la venta de ejemplares pero no por la traducción misma. Diferente ha sido el caso de traducciones publicadas fuera de Chile, donde se me ha pagado basándose en la cantidad de versos por página y en la dificultad del autor.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
En los últimos años he discutido bastante con la gente del Fondo del Libro, no sé si con mucho éxito, para cambiar y mejorar las políticas referentes a la traducción. Y es que en Chile, aunque tenemos muy buenos traductores, la conciencia en la importancia de desarrollar esta área es, desgraciadamente, mínima. 

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
De algunos países tengo información, más bien general, pero nunca he recibido un subsidio. 

martes, 4 de diciembre de 2018

Armando Roa Vial traduce a John Berryman


El poeta chileno Armando Roa Vial ha demostrado ser uno de los más consecuentes traductores trasandinos de literatura en lengua inglesa. Suma ahora a su ya vasta obra una antología del poeta estadounidense John Berryman, que motivó la charla con Javier García, publicada por el diario La Tercera, de Chile, el 25 de octubre pasado.

 

“John Berryman testimonia los chascarros

y la infinita torpeza de los seres humanos”

 

El poeta chileno publica la antología Paisaje de invierno, selección de versos del autor estadounidense de los Dream Songs, quien se suicidó en 1972, a los 57 años. El nuevo volumen se presentará el martes 30 de octubre, en el MAVI.

Navega por canciones de The Beatles, los versos de Ezra Pound, pasando por versos de poetas medievales anglosajones a autores de la generación Beat. Armando Roa Vial (52) es abogado de profesión, pero lleva dos décadas dedicado a la traducción de poetas de lengua inglesa. Es más, por estos días, prepara la traducción de parte de la obra de un sobreviviente de los Beat, Michael McClure (86). También es autor de una reconocida obra poética, que le ha valido, entre otros galardones, el Premio Pablo Neruda 2002, con títulos como Zarabanda de la muerte oscura y Hotel Celine.

Traductor de textos de Kenneth Rexroth, Ezra Pound, Shakespeare y el ejemplar medieval Beowulf, Roa Vial ahora vuelve a librerías con una antología de la producción de John Berryman (1914-1972), uno de los mejores poetas norteamericanos de la segunda mitad del siglo XX.

El volumen Paisaje de invierno, impreso por Descontexto Editores, con el apoyo de Juan Carlos Villavicencio, será presentado el próximo martes 30 de octubre, a las 19 h., en el MAVI (Museo de Artes Visuales). El traductor y autor de Ejercicios de filiación, que imparte un taller sobre la crisis del lenguaje a partir de Wittgenstein y hace clases en la Universidad Católica de Valparaíso, estará acompañado el martes del poeta y Premio Nacional, Oscar Hahn, y del académico y comunicador, Cristián Warnken.

Acá, conversamos con Armando Roa Vial sobre la traducción en Chile y claro sobre Berryman, el poeta suicida, que creó un personaje llamado Henry que atraviesa su poesía, y que se lanzó desde el puente de la avenida Washington en Minneapolis, Minnesota, en 1972, a los 57 años.

¿Cómo fue tu primer acercamiento a la traducción?
–Los primeros textos que yo traduje fueron canciones de los Beatles. A ellos les debo harto mi amor por la traducción, de su música me interesaba también saber qué decían las canciones. Y bueno, siempre he tenido una devoción especial por la literatura en lengua inglesa. El tratar de leer esas obras, en sus fuentes originales, fue un estímulo para mejorar el inglés y desarrollar el ejercicio de traducción, que para mí también es un ejercicio de lectura privilegiada. Un traductor es un lector más microscópico. Lo más probable que los primeros poetas que traduje fueron textos de William B. Yeats y William Carlos Williams. Después Ezra Pound.

Da la impresión que la tradición de traducción, en Chile, se asocia primero al francés…
–Si uno analiza el trabajo de traducción en el país, en el siglo XIX y el XX, el francés y la tradición alemana es más fuerte. Eso comienza a cambiar, a partir de la década del 50, con Nicanor Parra, Armando Uribe, que se acercan al ejercicio de traducción. También influye, a diferencia de países como Argentina o México, que la traducción no tiene una fortaleza y solo se vea como un trabajo derivativo o una labor de segunda mano.

¿Cómo ves el actual panorama de la traducción en el país?
–Hay mayor acceso a otras fuentes literarias. En el caso de Chile, yo creo que se está reformulando el concepto de traducción. Se está viendo como un proceso creativo. Sobre todo la conciencia de la literatura como una actividad dialógica, la presencia muy fuerte de la intertextualidad, ha facilitado la conciencia de la traducción. Ahí está el gesto de Nicanor Parra con el Rey Lear que es una traducción-apropiación.

Tú también hablas de la traducción como “un ejercicio de reescritura”, ¿no?
–El mantener una fidelidad, palabra por palabra, en una traducción, es imposible. Los lenguajes tienen tonos, colores, sonidos distintos, y en ese sentido la traducción es una instancia donde uno puede, con grados variables de fidelidad, desarrollar un ejercicio más de lector, desde una sensibilidad distinta. Tratando de incorporar los hallazgos que puedan revitalizar, en las traducciones, nuestro idioma.

¿Cómo nació la idea de hacer esta antología de John Berryman?
–Berryman es un poeta al que siempre le he tenido mucha estima. Hay diversas razones, que hacen que uno se acerque a su poesía. Es una obra testimonial, autobiográfica, a pesar de lo cual usa máscaras, bueno la más famosa es Henry. Uno tiene la sensación de que en esta poesía se trasuntan las grandes problemáticas de sentido de los seres cotidianos, en un contexto en que las creencias están en una suerte de crepúsculo. Entonces hay un acercamiento existencial al problema del sentido de la vida, que tiene una fuerza muy particular, muy distinta a poetas de su generación. Y su experiencia es ciertamente trágica, marcada por el suicidio y los fracasos afectivos. Un poeta que testimonia a través de su obra las fisuras del yo. El uso que tiene del lenguaje es muy fascinante. Berryman trabaja desde un lenguaje clásico shakesperiano hasta el argot y el lenguaje coloquial. Sus juegos sonoros lo acercan al blues y el rap.

¿Qué significaban para Berryman los Dream Songs dentro de su producción poética y fue muy compleja para ti su traducción?
–Berryman es de las obras que me ha costado más traducir. Por varias razones: tratar de mantener ciertas estructuras rítmicas complejas y los neologismos. La polisemia en Berryman adquiere grados insospechados. También es un poeta que tiene un gran sentido del humor. En la cultura americana se han escrito grandes épicas de la tribu como el Canto a mí mismo, de Walt Whitman, los Cantos de Pound, pero faltaba una gran épica del individuo concreto común y corriente. Y los Dream Songs es una suerte de épica del mundo privado del individuo con sus luces y sus sombras. En los Dream Songs, Berryman testimonia los chascarros y la infinita torpeza de los seres humanos.

Se habla de la falta de fe de Berryman, pero la religión, Cristo y la Biblia, están presentes en su literatura…
–Él crece en un hogar católico y claro hay un acontecimiento que marca su vida, cuando a los 12 años, tras el suicidio del padre, encuentra él su cadáver. El pierde la fe, pero siempre merodeará esos temas sobre el sentido. De hecho tenía un gran interés por la teología y la historia de las religiones. Toda su poesía es una búsqueda y se alimenta mucho de Kierkegaard, que era como una figura tutelar para él. Dos años antes de morir, él tiene un proceso de reconversión, en su último libro está presente la figura del Dios salvador que viene a ayudar a quien saltará al vacío.

jueves, 14 de diciembre de 2017

La traducción en Chile y sus traductores (IV)

Cuarta entrada del breve cuestionario respondido por varios traductores trasandinos. Hoy es el turno de Armando Roa (1966). Poeta, ensayista, traductor y antologadorha recibido el Premio de la Crítica (2001) y el premio Pablo Neruda (2002). A la fecha ha publicado Georg Trakl. Homenaje desde Chile. (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2004), Elogio de la Melancolía (edición definitiva) (Santiago de Chile, Beuvedrais Editores, 2008), Cántico del Sol. Antología Poética de Ezra Pound. (edición definitiva)  (Santiago de Chile, Beuvedrais Editores, 2008), Robert Browning. Poesía Escogida. (edición definitiva). (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2008), El Navegante. (edición definitiva) (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2009),Ezra Pound. Homenaje desde Chile (en coautoría con Armando Uribe) (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2010), El Cantar del Hierro: Beowulf y otras Lecturas Anglosajonas(Santiago de Chile, RIL, 2010), Ejercicios de Filiación (poesía completa 1998-2008, en edición revisada) (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2010), Covers. 36 poetas en lengua inglesa. (Santiago de Chile, Uqbar Editores, 2010), La Invención de Chile (en coautoría con Jorge Teillier) (Santiago de Chile, Fondo de Cultura Económica 2011), Tarde o temprano. Antología poética de Thomas Hardy. (Santiago de Chile, Pfeiffer Editores, 2012)Shakesperean Blues. Poemas. (Santiago de Chile, Uqbar editores. 2012).

En el principio eran los Beatles

–¿Desde cuándo y por qué traducís?
Traduzco desde la tardía adolescencia, cuando descubrí la música de los Beatles y me obsesioné por ellos. Sentía la necesidad de entender aquello que cantaban en inglés ya que por aquel entonces no había demasiados cancioneros disponibles con traducciones.

¿Cómo elegís a los autores que vas a traducir?
En la elección de los autores que he traducido el criterio ha sido siempre el entusiasmo, la simpatía  profunda con el universo afectivo y literario de los autores.

¿Qué relación hay entre lo que traducís y tu propia tarea como poeta?
Muchísima relación; para mí son dos ejercicios  indistinguibles, ya que la poesía es al final una sola, un mosaico polifónico en el que dialogan múltiples conciencias.

¿Cuál es el panorama actual de la traducción literaria en Chile? ¿En qué medida la industria editorial chilena se hace cargo de los traductores chilenos?
En los últimos años se aprecia un crecimiento de la labor traductoril, con trabajos destacados de autores de diversas generaciones, especialmente en  poesía y ensayo; tengo la impresión, además, que las editoriales están apostando más en esta línea; sí falta mucho a nivel de política cultural, ampliando la cantidad de fondos concursables y becas destinadas a la traducción.

lunes, 14 de julio de 2014

Del otro lado de la cordillera (6)

El moderador Paulo Slachevsky, director de la editorial LOM
La segunda mesa redonda de "Diagnóstico, posibilidades y perspectivas de la traducción literaria en Chile" estuvo conformada por Armando Roa Vial, Cristobal Joannon y Oscar Luis Molina, tres conocidos traductores chilenos y, en el caso de los dos últimos, también editores. La moderación de esa mesa, preentada como "Traducción literaria en Chile. Un pasado olvidado y un presente en deuda", estuvo a cargo de Paulo Slachevsky, director de la editorial LOM. Se reproducen, a continuación, el texto de inicio del moderador y un fragmento de la intervención de Roa Vial.

Traducción literaria en Chile.
Un pasado olvidado y un presente en deuda

El título de la mesa que nos reúne da bien cuenta del camino y desafíos de la traducción  en Chile.

Un pasado olvidado. En nuestro país se realizaron y publicaron muchas traducciones entre los años 30 el golpe. Zigzag, Nascimento y Ercilla jugaron un rol clave en ello. Los libros traducidos entonces circulaban por Hispanoamérica. Años atrás, cuando visitaron Chile Jose Emilio Pacheco y Sergio Pitol, recordaban que cuando niños leían en México los libros chilenos. Destaco en esos años la presencia de refugiados de la guerra civil española  y del intelectual peruano Luis Alberto Sanchez que dirigió Ercilla.  Durante la Unidad Popular, Quimantu las masificó. El golpe puso un abrupto fin a ese periodo.

Un presente en deuda. Sin duda que en estos años, hay un renacer en el ámbito  de la traducción. Con traductores y editoriales, particularmente las independientes y universitarias, que buscan reimpulsar este que hacer. Pero aún falta mucho por hacer. Existe clara conciencia de que no es posible pensar una industria nacional del libro consolidada sin un impulso significativo de la traducción en el país. En Chile, con 6045 títulos nuevos según el ISBN del año 2012, apenas se editaron 255 traducciones, solo 131 al español, 3 al mapudungun. 4,2% del total de publicaciones son traducciones, y apenas 2,2% a lenguas locales. Se traduce menos que en los países de la lengua central del sistema internacional de traducciones, Estados Unidos de Norteamérica e Inglaterra, que se destacan justamente por dejar un menor lugar a la traducción, donde estas representan menos de un 5 % del total de las publicaciones.

El castellano ya es en sí un idioma semi periférico en este sistema, el que se caracteriza por ser fuertemente jerarquizado y con una estructura centro periferia como da cuenta Johan Heilbron en su artículo “el sistema mundial de traducciones” (en “les contradictions de la globalisation editoriale” sous la direction de Gisele Sapiro. Nouveau Monde editions, Paris, 2009).  En países semi periféricos normalmente las traducciones representan  más del 15% del total de las publicaciones. En tal sentido, por el dominio de la lógica colonial en nuestros países, vivimos una doble periferia, la del español en el sistema internacional, y la de Chile, dentro de la lengua, realidad que comparten muchos de los países del continente frente a España.

Sin una clara conciencia del rol de la traducción en el fortalecimiento de las industrias nacionales del libro, y estrategias para impulsar este que hacer, difícilmente cambiaremos la realidad del dominio de España en la industria de la lengua, con todo el costo que ello tiene a nivel de la creación en la palabra escrita y de la diversidad cultural que aporta este que hacer.

Son en tal sentido múltiples los desafíos que tenemos en la región, para lo cual una acción mancomunada de traductores, editores junto al Consejo Nacional del Libro y la Lectura, puede sentar las bases de otra realidad, apostando creativamente en proyectos más comunitarios y creativos como son las coediciones con traducciones y la compra de derechos compartidos, junto a políticas públicas que fomenten este que hacer hacia el castellano y desde el castellano. Nos corresponde descentrar la periferia y a la vez, pensando desde Latinoamérica,  colaborar en multiplicar los “centros” periféricos.

También es necesario, poner en cuestión desde el mundo de la traducción la sacralización del derecho a propiedad y la excesiva criminalización en les leyes de propiedad intelectual y derechos de autor, en particular la lógica de la exclusividad, que posibilita en general la circulación de solo una traducción de las obras contemporáneas. Siendo la traducción también una obra, no es posible que se autorice solo una versión de un poemario.

Para profundizar estos y otros temas en relación a la realidad de la traducción en Chile, tenemos el gusto de poder compartir con tres destacadas figuras de este que hacer, todos traductores y ensayistas: Cristóbal Joannon; Armando Roa Vial y Oscar Luis Molina quien sin duda ha jugado un rol de maestro en la materia.


FOTO: Paulo Slachevsky - De izq. a der., Roa Vial,  Molina y Joanon
Un fragmento de la intervención de Roa Vial

Ezra Pound no se equivocaba cuando afirmaba que las grandes épocas de la literatura correspondían a grandes épocas de traducción. Muchos textos seminales de nuestra cultura son traducciones y, sin lugar a dudas, la presencia de éstas ha sido fundamental para la circulación de las ideas y para articular diálogos que han enriquecido diversas tradiciones autóctonas. La traducción, lejos de ser un ejercicio derivativo, es un género con credenciales propias, que vincula la literatura a la noción de obra abierta, inacabada, susceptible de infinitas relecturas y reescrituras. En Chile el trabajo traductoril irrumpe desde los albores de la república con las versiones que Camilo Henríquez hiciera de textos de Milton, y se sostiene luego con figuras tan relevantes como Andrés Bello y sus traducciones de Victor Hugo; ya en el siglo XX la importancia de la traducción es plenamente asumida por nuestros poetas más importantes, como Neruda o Huidobro, iniciándose un trabajo sistemático que va a continuar con Nicanor Parra, Armando Uribe y Jorge Teillier hasta nuestros días. Este trabajo, a pesar de su relieve, se debe abrir paso silenciosamente y sorteando diversas dificultades. A las ya consabidas restricciones que significa la ausencia de una cultura del libro y del fomento lector, se añade en Chile un paupérrimo nivel de comprensión de lectura. Los estímulos a la traducción son nulos y urge tomar cartas en el asunto. Por lo pronto debería implementarse un sistema de recursos públicos destinados a incentivar la traducción y, también, las editoriales deberían ampliar sus fondos con colecciones que facilitaran el cultivo del género 


miércoles, 26 de junio de 2013

Despacito, se vienen los chilenos

La edición de Tajamar
Daniela Acosta firma el siguiente artículo publicado en La Tercera, de Chile, el 12 de junio pasado. En la bajada se lee: “El sello Tajamar publica El gran Gatsby en una nueva traducción chilena. Un grupo de escritores y editores apuesta por versiones locales de obras en lengua extranjera”.

El silencioso arte de los traductores en Chile

La gloria y fama de los años 20 se había esfumado. Francis Scott Fitzgerald vivía días poco felices a mediados de los 30. Entonces la Modern Library decidió relanzar El gran Gatsby y le pidió un prólogo: “Y ahora que este libro está por reeditarse, al autor le gustaría decir que nunca antes trató nadie de mantener su conciencia artística tan pura como durante los diez meses que empleó en escribirlo”, anotó.

El prólogo es de 1934 y acaba de publicarse por primera vez en castellano en una nueva edición del sello Tajamar. El texto y la novela son traducciones chilenas, realizadas por Oscar Luis Molina.

Aunque la traducción literaria no es una práctica sistemática en el país, algunas editoriales tienen colecciones propias o apuestan por hacer alguna en particular. Hay numerosos escritores traductores en ejercicio, como Leonardo Sanhueza, Armando Roa y Macarena Urzúa.

Oscar Luis Molina lleva 50 años en el oficio y ha traducido más de 100 obras de autores como Norman Mailer, Joseph Conrad, George Duby y J. C. Guillebaud. El año pasado publicó por Tajamar El niño perdido y otros relatos, de Thomas Wolfe.

“Para ser buen traductor no sólo hay que escribir muy bien, sino que también hay que ser un camaleón, ser capaz de escribir de muchas maneras distintas”, dice Molina. Y recalca que “no se puede traducir todo igual, que es lo que les pasa a los malos traductores”.

Ex editor de Andrés Bello y premiado por su trabajo, Molina dice que es necesario que al traducir “se mantenga cierta extrañeza. Ese es el juego, además de mantener la peculiaridad del autor. Ese es el efecto de cualquier traducción en serio, una ambigüedad que permita que no se reduzcan los sentidos”. Conseguir esa extrañeza es lo más difícil. “Todo el tiempo es intentar buscar el tono, estar ajustando el texto”.

Que se enganchó con el caballo, que no soporta a los modernillos, que fue a por unos bollos. No es difícil de entender los españolismos de las traducciones, pero generan distancia. Rodrigo Olavarría, formado en literatura inglesa de la Universidad de Chile, ha publicado versiones de Allen Ginsberg, Sylvia Plath, Sam Shepard y Alejandro Moreno, y piensa que traducir libros en Chile es “una necesidad enorme”.

Poeta también, Olavarría cuenta que no hay una fórmula concreta para aprender a traducir, sino que se hace “leyendo, escribiendo, estudiando traducciones de otros; en fin, en la práctica”. De todos modos, para él “la literatura es mucho más que una suma de significados, me interesa aún más recrear el tono y la prosodia original de un autor”.

Kurt Folch, poeta y máster de la Universidad de Melbourne, ha traducido a Shakespeare, George Oppen y Tom Raworth. Comenzó leyendo traducciones: “Quise probar si era posible lograr, por mi cuenta, decir en castellano lo que me parecía entender de un texto”.

La traducción es un proceso lento y bien lo saben quienes trabajan en ello. “Traducir, si uno está trabajando con algo que le gusta, demanda decidir algunas cosas sobre aquello que nos importa”, comenta Folch.

A su vez, Olavarría cuenta que traduce autores que siente próximos. “Autores cuya respiración, cuyo tono me son conocidos”. Pero también están aquellas obras que quiere dar a conocer, como fue el caso de Amor salvaje de Shepard y de Abejas de Sylvia Plath.

Oscar Luis Molina asegura que es necesario refrescar a los clásicos, pues las versiones que circulan están desactualizadas. “Así pasa con Balzac, por ejemplo, que lo siguen publicando en traducciones de hace 100 años y no funciona”, afirma. Próximamente, Tajamar editará su traducción de Vidas sujetas a escrutinio, de Sócrates a Nietzsche de James Miller. En tanto, Folch se ocupa de una parte de 100 poemas japoneses de Rexroth. Y Olavarría espera publicar con Das Kapital la Antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters.

jueves, 14 de febrero de 2013

Una encuesta para traductores (10)

Dos traductores chilenos, que además son poetas, responden a la encuesta del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.

Verónica Zondek

Nacida en Santiago de Chile en 1953, reside en la ciudad de Valdivia. Poeta, traductora y gestora cultural, se licenció en Historia del Arte en la Universidad Hebrea de Jerusalén.  Forma parte del Comité Editorial de LOM Ediciones y de algunas revistas en Chile y el extranjero. Es Asesora Externa del Dpto. de Coordinación de Extensión de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Austral de Chile de Valdivia.  Dirige y coordina talleres de lectura en la Corporación Municipal de Valdivia y en Centros Culturales. Ha participado en numerosos encuentros literarios, tanto en el país como en el extranjero y ha sido organizadora o co-organizadora de muchos.  Ha formado parte del jurado de concursos y ha obtenido dos veces la beca que otorga el Fondo del Libro para escribir y el 2007 la beca Fondart. El 2012 recibe el fondo CONARTE de la Municipalidad de Valdivia.  Ha sido publicada en innumerables antologías y revistas tanto chilenas como extranjeras. Sus libros publicados a la fecha son: Entrecielo y entrelinea (Santiago de Chile, Ediciones Minga, 1984), La sombra tras el muro (Santiago de Chile, Ediciones Manieristas, 1985), El hueso de la memoria (Buenos Aires, Editorial Ultimo Reino, 1988 y 1995, y Santiago de Chile, Editorial Cuneta, 2011), Vagido (Museo Rayo, Roldadillo, Colombia, Ediciones Embalaje, 1990 y Buenos Aires, Editorial Ultimo Reino, 1991), Peregrina de mí (Santiago de Chile, Editorial Cuarto Propio, 1993), Membranza (Ottawa, Editorial  Cordillera/ Santiago de Chile, Editorial Cuarto Propio, 1995), Entre lagartas (Santiago de Chile, LOM Ediciones, 1999),  El libro de los valles (Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2003), Por gracia de hombre (Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2008), La raíz del viento (fotografía de Abel Lagos, Valdivia, Editorial Kultrún, 2008), Memoria sensible de la sinagoga de calle Serrano (fotografía de Pilar Cruz; Santiago, Chile, Ograma Impresores, 2009). La ciudad que habito (Valdivia, Editorial Kultrún, Valdivia, Chile, 2012). También ha realizado la muestra de poesía chilena Cartas al azar (en colaboración con María Teresa Adriasola; Santiago de Chile, Ediciones Ergo Sum, 1989). Sus trabajos ensayísticos e investigaciones  incluyen: El ojo atravesado - correspondencia entre Gabriela Mistral y los escritores uruguayos (epistolario), edición, selección, notas y comentarios de Verónica Zondek y Silvia Guerra (Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2005) y El ojo atravesado II - Gabriela Mistral entre los uruguayos,  edición, selección, notas y comentarios Verónica Zondek y Silvia Guerra (Santiago de Chile, LOM Ediciones, 2007). Como traductora ha publicado Poemas de Derek Walkott (Santiago de Chile, Ediciones Bajo el Volcán, 1994), Poema sobre mis derechos, de June Jordan (Santiago de Chile, Cuadro de Tiza Ediciones, 2010) y La Morgue y otros poemas, de Gotfried Benn en la revista electrónica No retornable, Vol. 12. Su bibliografía se completa con el cuento infantil La misión de Katalia (Santiago de Chile, Editorial Faro de Luz, 2002).

1) ¿En que se parecen la traducción y la escritura? ¿En qué se diferencian? 
La traducción es escritura.  El proceso de traducir sólo se diferencia de la escritura  en que el primero trabaja a partir de un texto original que funciona como un pie de fuerza. El poema  que traduzco es el que dispara lo que escribiré y esto se diferencia de lo que sucede con un escrito propio donde el disparador puede ser cualquier pensamiento, imagen, experiencia, etc... Hay también en el impulso por traducir un poema un deseo de leer-acercarse al trabajo escritural de un autor(a) que es otro(a), y ese comienzo es distinto en parte, y sólo en parte, al que impulsa la escritura de un poema no relacionado con la escritura de otro(a).  Sin embargo este deseo de apropiarse, conocer y recorrer la escritura de otro(a) trayéndolo a mi lengua madre coincide (cuando la traducción no es sólo por dinero sino que parte de un proceso personal) con la experiencia de escribir un poema propio.  Responde a impulsos similares, aunque su disparador sea distinto. Es en ese sentido que me parece que un poema traducido es también e igual al que uno escribe, es decir, una creación que se inicia a partir de “algo” que potencia o que da inicio a una escritura porque algo en ella nos remite a un mundo por recorrer y plasmar en el papel (ya sea eso los versos de otros o la realidad propia).  No es posible obviar el hecho de que uno lee/escribe desde lo que uno es y eso es siempre el resultado de una circunstancia histórica, geográfica, personal y genética. Puedo decir también que toda escritura responde a un afuera que de algún modo impulsa una necesidad de expresión que se materializa en escritura.

2) ¿Debe notarse u ocultarse el hecho de que un texto sea traducción de un original?
Creo que no debe ocultarse ya que es un hecho de la causa.  Pero tampoco pienso que deba hacerse una cuestión del hecho mismo.  Finalmente un poema traducido se lee como un poema y debe funcionar como tal.  El que haya sido traducido o no, es un hecho secundario al hecho de que este funcione. Debe quedar claro que es traducido sólo porque el lector del poema traducido puede querer mirar el original (por deformación profesional, por curiosidad, por interés, etc..), aunque de todos modos lo que importa realmente es que el poema sea un buen poema.  Lo mismo podría decirse de esa pasión contemporánea por saberlo todo del autor(a). No me parece necesario para nada, pero si el lector así lo desea, tampoco me parece que es posible obviar la necesidad de otros.

3) ¿Debe ser más visible el traductor que la traducción?
Creo que el poema es el que debe ser visible.  El poeta, en este caso también traductor, es un ser vivo y transitorio.  Lo único que queda es el poema por lo que creo que esa visibilidad responde a la necesidad de un ego determinado o a la necesidad, quizás, de dejar el dato visible para obtener un trabajo.  Sin embargo, si nos remitimos al poema creado y no a las necesidades de quien lo crea, pues pienso que lo único que importa es que la traducción permanezca viva e interfiera en una realidad dada. Obviando lo dicho hasta ahora, me parece que el poeta traductor, en el caso del poema traducido, es el que encontró el poema y sintió la necesidad de reescribirlo en su lengua madre para entregárselo a un lector que no conoce la lengua original en que fue escrito.  En ese sentido, él es el autor del poema dado y responde a un impulso del traductor que a su vez fue generado por el impulso al que respondió el poeta de la versión primera.  Las transformaciones que este poema pueda llegar a tener en sucesivas traducciones responde también a las necesidades y búsquedas y vivencias con las cuales un lector se acerca al poema.  Entonces ¿quién es el autor de ese poema?

Armando Roa Vial

Poeta, ensayista, traductor y antologador, nacido en Santiago en 1966.  Ha recibido el Premio de la Crítica (2001) y el premio Pablo Neruda (2002). A la fecha ha publicado Georg Trakl. Homenaje desde Chile. (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2004), Elogio de la Melancolía (edición definitiva) (Santiago de Chile, Beuvedrais Editores, 2008), Cántico del Sol. Antología Poética de Ezra Pound. (edición definitiva)  (Santiago de Chile, Beuvedrais Editores, 2008), Robert Browning. Poesía Escogida. (edición definitiva). (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2008), El Navegante. (edición definitiva) (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2009), Ezra Pound. Homenaje desde Chile (en coautoría con Armando Uribe) (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2010), El Cantar del Hierro: Beowulf y otras Lecturas Anglosajonas (Santiago de Chile, RIL, 2010), Ejercicios de Filiación (poesía completa 1998-2008, en edición revisada) (Santiago de Chile, Editorial Universitaria, 2010), Covers. 36 poetas en lengua inglesa. (Santiago de Chile, Uqbar Editores, 2010), La Invención de Chile (en coautoría con Jorge Teillier) (Santiago de Chile, Fondo de Cultura Económica 2011), Tarde o temprano. Antología poética de Thomas Hardy. (Santiago de Chile, Pfeiffer Editores, 2012) Shakesperean Blues. Poemas. (Santiago de Chile, Uqbar editores. 2012).

1) ¿En que se parecen la traducción y la escritura? ¿En qué se diferencian?
Para mí son operaciones muy similares. La escritura se alimenta del mundo personal de un autor, pero también de sus lecturas atentas y rigurosas; la traducción, entendida desde una perspectiva creativa,  si bien parte del “pie forzado” de un texto determinado, y entrecomillo “pie forzado” porque en ese punto de partida están también involucradas las afinidades y asombros del traductor en su papel de lector apasionado, en su punto de llegada se nutre de las vivencias personales únicas e intransferibles del traductor/lector que terminan generando, finalmente, un texto diverso.

2) ¿Debe notarse u ocultarse el hecho de que un texto sea traducción de un original?
La literatura permite espacios de juego flexibles. Creo que parte esencial de la apuesta traductoril es permitir la reescritura y relectura de un texto, generar un contrapunto, y, desde ese punto de vista, no está demás el regalar algún guiño al lector.

3)  ¿Debe ser más visible el traductor que la traducción?
El texto ante todo. Ojalá la literatura fuera anónima.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Armando Roa Vial y su versión del Beowulf

Perdidos en un maremagnum de libros españoles que triplican el  precio al que se venden en España –y eso gracias a  la rapacidad de las distribuidoras y los efectos de la usura–, los libros chilenos son casi secretos. Si eso ocurre en Chile, fuera del país trasandino la situación estodavía peor. Ya casi no se exportan, lo cual es un disparate. Dicho rápidamente, aunque los libros publicados en Chile tienen una altísima calidad, las particulares circunstancias chilenas impiden que se conozcan en el exterior.

De todos ellos, muchos son traducciones realizadas localmente. Una rápida recorrida permite comprobar la enorme solvencia de los traductores chilenos y la poca consideración en que se los tiene. Por eso, un breve viaje realizado a ese país por el Administrador de este blog permite ofrecerles a esos títulos algo de la visibilidad que no tienen y que, por supuesto, merecen.

Por caso, Beowulf y otras lecturas anglosajonas, un volumen bilingüe, publicado por RIL Editores, con traducción y notas del poeta Armando Roa Vial, acaso uno de los más consecuentes traductores chilenos –también responsable de antologías de Robert Browning, Ezra Pound, la poesía británica y estadounidense contemporáneas y de versiones de William Shakespeare– merece destacarse especialmente. Se trata de un trabajo emprendido con seriedad y buen gusto, que retoma un volumen previo publicado en la colombiana y hoy finada Norma, se ubica en pie de igualdad junto a sendos volúmenes previos de Orestes Vera Pérez y Luis Lerate. El volumen se cierra con "otras lecturas anglosajonas", entre las que se mencionan "La batalla de Brunanburh", "La ballena", "El vagabundo" y "La batalla de Maldon".

En días subsiguientes, se presentará otros textos.

jueves, 3 de marzo de 2011

Al homenaje a Ezra Pound realizado desde la Argentina por Ediciones En Danza se suma ahora un homenaje chileno


La noticia, aparecida el jueves 27 de enero de este año en La Tercera, de Chile, con firma de Marcela Fuentealba, da cuenta de la publicación Antología de Ezra Pound. Homenaje desde Chile, un volumen de la Editorial Universitaria, con edición a cargo de Armando Uribe Arce y Armando Roa Vial, donde se recoge una selección de textos de Ezra Pound, así como numerosos textos sobre el autor de los Cantos, debidos a Ludwig Zeller, Gonzalo Rojas, Ignacio Valente, José Miguel Ibáñez Langlois, Raúl Zurita, Luis Sánchez Latorre, José Donoso (en la foto, con el maestro), Miguel Serrano y Diego Alfaro Palma, así como una selección de cartas de Pound a Gabriela Mistral.

Pound, maestro de la poesía chilena

Vicente Huidobro comentaba, en 1931, que un poeta inglés joven llamado Ezra Pound iba a traducir su poema Horizon Carré. Lo cierto es que no era tan joven (46 años), había nacido en EEUU (aunque se consideraba heredero de Europa) y nunca tradujo al creacionista. Hacía más de una década que planteaba su espíritu renovador en el movimiento imaginista, que luego generaría lo que se llamó "la revolución de Pound", con poemas como En una estación de metro: "Estas caras que aparecen entremedio; / pétalos en ramaje negro y húmedo".

Pound estaba cerca de convertirse en uno de los poetas más importantes del siglo y en una figura política trágica: obsesionado contra la usura y el poder del dinero, y también contra el totalitarismo de la Unión Soviética, apoyó al fascismo italiano y con el fin de la II Guerra su postura vociferante le valió ser enjaulado y luego encerrado en un hospital siquiátrico más que 15 años. De esos tiempos de confinamiento, 1951, vienen dos cartas a Gabriela Mistral, en las que habla de la necesidad de "luchar en contra de la falsificación de la historia y de las falsificaciones de las noticias del momento". De la respuesta de Mistral, no hay noticia.
Armando Uribe lo lee en Roma en 1958 y queda extasiado; José Donoso lo entrevista en el norte de Italia en 1961 y lo describe con pasión: "Un rostro fino y fuerte a la vez, estático, con toda la vida concentrada en los ojos increíbles: azul verdoso muy claros, mucho rato apagados, pero que de pronto se encendían con una extraordinaria intensidad de vida, que luego volvía a apagarse. De pronto me preguntó de dónde era y al responderle que de Chile, me dijo que el español era un bellísimo idioma". Pound, hombre de saberes enormes, había redescubierto a los trovadores provenzales y se sabía el Siglo de Oro español entero. Le dijo a Donoso: "No creo que hoy se pueda escribir poesía sin una gran cultura. Cultura en todos los campos: política, matemática, economía, sí, sobre todo economía. Lo que la gente llama poético no es más que un hábito mental que nos ha llegado del romanticismo. Tenemos que llegar de nuevo a un clasicismo, esa etapa en que el idioma mismo, la forma, lleva en sí toda una carga de conocimiento".

Todas estas valiosas informaciones, además de las traducciones de Uribe de poemas claves, como Homenaje a Sextus Propertius (también traducida por Ronsald Kay y editada en Chile por La Calabaza del Diablo), junto a algunos de los enormes Cantos y poemas inéditos, escritos entre 1914 y 1917, constan en esta concisa antología editada por Universitaria, que se subtitula Homenaje desde Chile. También cuenta con una selección de aforismos traducidos por Armando Roa e incluye textos y poemas de autores chilenos, como el célebre No le copien a Pound, de Gonzalo Rojas. Se agregan las críticas de Ignacio Valente, que lo sitúan en las antípodas de Neruda; el testimonio místico de Miguel Serrano tras irlo a ver el mismo año en que murió, en 1972, además de crónicas de Raúl Zurita y Luis Sánchez Latorre, y un epílogo que da cuenta de la relación Pound-Chile a cargo de Diego Alfaro, entre otros escritos.

La herencia de Pound, sugiere Alfaro, es visible en la poesía nacional desde Huidobro y Parra, en Enrique Lihn y Juan Luis Martínez. Lo cierto es que sus postulados poéticos son claves y transparentes: la tradición entendida como "una belleza que necesita ser conservada" y no como "un conjunto de cadenas para atarnos"; crear una poesía en diálogo con todas las artes y con todos los tiempos, con todos los procesos sociales e históricos; una palabra poderosa que debe hacerse nueva, porque el lenguaje, "a despecho de todas las academias, ha sido siempre algo vivo, inclusivo y no excluyente", y puede hablar, en el poema, "del carácter esencial de la emoción propiciadora o generadora de las palabras". Estas líneas impulsaron a la poesía contemporánea en un viaje lejos de los sentimientos íntimos de trascendencia para pegarla intensamente a la vida, incluyendo el horror ante la corrupción de estos tiempos. En ese germen situamos lo más vigoroso de la poesía chilena, y no olvidar a Pound como uno de sus benefactores cercanos.