martes, 1 de septiembre de 2026
"Para mi que estaba mal traducido”
lunes, 8 de abril de 2024
Andrés Ehrenhaus "cogió" una sola vez y lo cuenta
jueves, 29 de diciembre de 2022
Un recuerdo uruguayo para Marcelo Cohen
El siguiente artículo, publicado el 23 de diciembre pasado, en La Diaria, de Montevideo, por el narrador y periodista uruguayo Martín Bentancor, da cuenta de la trayectoria de Marcelo Cohen como traductor de una manera no reflejada por los medios argentinos.
Los lápices de
Marcelo Cohen
Una recorrida por los estantes de la biblioteca, ese espacio caprichoso construido por la suma de años de lecturas, trabajos, búsquedas y acumulaciones, propicia la separación de algunos volúmenes –Lady Susan, de Jane Austen; Libro de maravillas, de Nathaniel Hawthorne; El Crack-Up, de F Scott Fitzgerald; Los desafortunados, de BS Johnson; Historias inverosímiles, en general, de Alasdair Gray; La exhibición de atrocidades, de JG Ballard; La ley del silencio, de Budd Schulberg; Una chica en invierno, de Philip Larkin; La noche, de Al Alvarez; La máquina blanda, de William S Burroughs; Adagia, de Wallace Stevens– con los que se podría fundar una nueva biblioteca. El factor común: todos fueron traducidos al español por Marcelo Cohen.
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Al terminar cada jornada de trabajo, antes de cerrar el original, Marcelo Cohen trazaba una marca con forma de zeta sobre el párrafo en el que detenía la traducción. Empleaba para ello, sistemáticamente, fuera cual fuera el libro sobre el que trabajara e independientemente del momento del día, la estación en curso y el nivel de cansancio acumulado, un lápiz de escribir Staedtler en su clásica presentación negra y amarilla. Con los años, el sistema de marca vuelto rutina se convirtió en una suerte de obsesión, al punto de que no dudaba en robar los lápices Staedtler que ocasionalmente encontraba en escritorios y gavetas en casas de amigos, bibliotecas de colegas u oficinas de editores. La rutina devenida obsesión vía neurosis le dio paso, además de a una importante acumulación de lápices, a una superstición: el día que se acabaran los lápices Staedtler sobre su mesa de trabajo se habría acabado la traducción. No la traducción de una obra en curso, sino la traducción.
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En uno de los ensayos del libro Música prosaica (cuatro piezas sobre traducción), Marcelo Cohen relata la experiencia de John Cage al entrar en una cámara anecoica. Cuando el músico por fin esperaba no escuchar absolutamente nada, oyó dos sonidos: uno bajo, que identificó como el del pulso de su sangre, y otro agudo, el de su sistema nervioso. “El silencio suele ser un hervidero de sonidos que la música disimula; lo mismo hace el lenguaje”, escribió Cohen. Nadie más seguro para afirmar lo anterior que alguien que tradujo una importante cantidad de libros de varias lenguas, aislándose en la cámara anecoica del idioma para captar el sonido propio del lenguaje. En el arranque de su icónico ensayo “Nuevas batallas por la propiedad de la lengua” expresó que “a veces pienso que, quizá más aún que escribir, traducir provoca en uno dulces o ácidas y siempre interesantes perplejidades sobre el lenguaje, el entendimiento y la política, el exilio como condición existencial generalizada y las verdades y falacias de la identidad”.
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En “Persecución. Pormenores de la mañana de un traductor”, Marcelo Cohen describió el caos de su mesa de trabajo, campo de batalla inmediato en la permanente confrontación con los idiomas: “En mi altillo idílico, el papelerío vario, libros de todo género y postura, mamotretos de referencia, dossiers, recortes de prensa, facturas, libretas, es el retrato de un desarreglo mental que el oficio sabe instrumentar para sus fines. Lenguas, gramática, hermenéutica, ejecución, orden de los componentes, argumentación, sucesiones y sincronías, tonos, trayectos, criaturas, culturas, técnicas, lugares: la traducción me ha pautado la vida en una suerte de nomadismo sedentario”.
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Marcelo Cohen inclinado sobre un diccionario de ornitología mientras traduce un pasaje de The Peregrine, de JA Baker. Silbones, mosquiteros, agujas, arrendajos, avefrías, cárabos, camachuelos y un centenar de especies de aves más cruzan el aire de Chelmsford, condado de Essex, Inglaterra, para ser apresados por el traductor en el altillo de su casa en el barrio de Belgrano, ciudad de Buenos Aires, Argentina. Al final de la tarde, luego de trazar con medio lápiz Staedtler una marca en forma de zeta al inicio de un párrafo, Marcelo Cohen descubre a un hornero en el alféizar, a poco menos de un metro de su mesa de trabajo.
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Marcelo Cohen en plena traducción de la novela de Chris Kraus: “Uno siempre está en medio de una frase; y entre lo que ya escribió, y es pasado, y el descubrimiento que vislumbra cerca del punto está el momento de pugna con las palabras en un umbral: esa duda inexorable es la fatiga del oficio, pero también la dádiva”.
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Ahora que Marcelo Cohen ha muerto, los lápices Staedtler que acumuló con
los años se fusionarán con las paredes de algún portalápices, juntarán polvo en
una gaveta o se dispersarán por ahí, liberados de marcar nuevas zetas al inicio
de párrafos de traducciones en marcha. Lamentablemente, ya no habrá nuevas
traducciones firmadas por Marcelo Cohen, pero todos los libros que durante
décadas vertió a nuestro idioma continuarán desestabilizando el orden de las
bibliotecas, amplificando el maravilloso (e inquietante) hervidero de sonidos
del lenguaje.
lunes, 26 de diciembre de 2022
Marcelo Cohen (Buenos Aires 1951–2022)
El pasado 17 de diciembre murió inesperadamente en su casa, a los 71 años, Marcelo Cohen, un día antes de la final del Mundial de Fútbol de Qatar. Mencionamos este dato porque Cohen, además de ser un excelente y prolífico traductor y una relevante figura de las letras argentinas, era futbolero de alma. Andrés Ehrenhaus, colaborador habitual de este blog, compartió con él y muchos otros veinte intensos años de exilio en Barcelona y rinde sentido homenaje al amigo perdido que fue, además, quien lo inició, muchos años atrás, en los arcanos de la traducción editorial.
con marcelín jugamos muchos años
formando una pareja de zagueros
que usaba los recursos literarios
para paliar los déficits del juego.
menciono su jugada preferida:
pisaba la pelota en media cancha,
henchía el pecho y alzaba la vista
y ante el asombro general silbaba
como si fuera el almirante nelson
sentado en el barril de trafalgar;
el tiempo se paraba hasta que un lelo
le afanaba la globa sin piedad.
así marcelo voy a recordarte:
sensible, corajudo y elegante.
viernes, 16 de julio de 2021
La editorial Fiordo vuelve a publicar a Al Alvarez
jueves, 8 de octubre de 2020
Marcelo Cohen: diario de un traductor
Todas las sesiones de los siete primeros años del Club de Traductores Literarios de Buenos Aires fueron grabadas por el Centro Cultural de España de Buenos Aires y subidas a una plataforma hoy desactivada.
En su momento, se le pidió al CCEBA una copia de esos materiales para volverlos a subir a youtube, pero el pedido nunca fue respondido. De modo que esos materiales, que quedaron grabados en un CD que el CCEBA nunca entregó, hoy están perdidos para el público.
Con todo, de tanto en tanto, algunas de esas grabaciones aparecen aquí y allá. Hoy, por caso, la charla que Marcelo Cohen dio en el Club el 3 de mayo de 2010, apareció en el blog mondoescirto.com .
Quienes
deseen verla y escucharla pueden hacerlo copiando este link en Google:
https://www.mondoescrito.com/blog/diario-de-traductor/
martes, 23 de octubre de 2018
Seis ensayos recientemente distribuidos
martes, 11 de abril de 2017
"El texto resultante, no el original"
Continuando con la
polémica surgida en la edición virtual de la revista Otra Parte, el pasado 6 de
abril Kit Maude le respondió a Marcelo Cohen. Quien quiera seguir la
saga puede hacerlo remitiéndose a las entradas de este blog del 14 y del 21 de
marzo pasados, o seguir los vínculos incluidos en esta entrada.









