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martes, 14 de abril de 2026

"El volumen de novedades literarias abruma"


"La multiplicación de novedades, la concentración en grandes grupos y los riesgos para la bibliodiversidad preocupan a Cegal, la confederación del sector, cuyo estudio más reciente concluye que solo el 4,5% de las obras supera los 100 ejemplares." Tal es la bajada del artículo publicado por Tomasso Koch, en el diario El País, de Madrid, el pasado 12 de abril.

La mitad de los títulos que tienen disponibles no venden nada

Se supone que un libro quiere ser leído. Igual que una película necesita espectadores. Y un disco, oyentes. Incluso El libro que no quería ser leído, texto infantil del sueco David Sundin, busca lo mismo que cualquier creación cultural: público. Aunque sea una persona. Sin embargo, a cada vez más obras literarias les cuesta hasta eso: el 49,4% de los títulos impresos disponibles en las librerías de España vende cero ejemplares a lo largo de un año. La cifra abarca novelas, ensayos o cómics, incluye novedades y fondo, también de autoedición, en establecimientos independientes, así como en grandes cadenas. No se contabilizan, eso sí, manuales de texto ni Amazon. El dato se reveló hace pocas semanas en el último Congreso de Librerías. Y lleva años subiendo, según Cegal, la confederación de los libreros que organiza el evento. Tanto que la entidad ya ha puesto su foco en analizarlo, desglosarlo y, a ser posible, solucionarlo. Las respuestas llegarán en futuras ediciones de la cita. Pero, mientras tanto, da para unas cuantas preguntas.

“En España se venden muchos libros: unos 76 millones de obras impresas en 2025, un 4% más respecto al año anterior, según la consultora GfK. Pero estamos ante un mercado sobresaturado. Salen más novedades de las que se venden y de las que un librero es capaz de seleccionar. Se dejó de velar por la calidad y se decidió apostar por la cantidad”, reflexiona Pilar Asuero, escritora de Las cabras (Altamarea) y editora en Siglo XXI. La facturación de la industria editorial vive tiempos de subida consecutiva, igual que los lanzamientos: más de 90.000 libros al año, en cálculos del sector. Si se criban solo obras literarias con enfoque comercial, la cifra baja: hasta 30.000 o 10.000, en la estimación más conservadora. Significa mínimo 27 novedades al día. Y eso a falta de los miles de títulos del fondo. ¿Hay lector para tanto libro?

“Una clave está en el espacio. Hay títulos que no salen para vender, sino para ocupar sitio en las estanterías, sobre todo por parte de los grandes grupos. A menudo tienen alta rotación, a la semana siguiente les sustituye otro”, tercia Enrique Redel, editor del sello independiente Impedimenta. “No se trata de que quien quiera escribir no pueda. Pero nadie es capaz de asimilar este volumen. Y no tiene sentido meter en el canal un libro que genera cero ventas”, agrega Javier Cámara, encargado del establecimiento en Bilbao que lleva su apellido, y de la exposición donde se abordó el asunto en el congreso. El librero descubrió hace poco el caso de una editorial que bajó el ritmo para centrarse en la calidad, pero reculó a los dos años, porque estaba perdiendo superficie de exposición. Aunque Redel asegura que esa es su apuesta: “Intentamos reducir la producción. Sacamos 25 libros al año, clavados. Queremos arroparlos con la promoción, que las librerías los mantengan y cuidar nuestro nicho fiel de lectores”.

Tanto librero como editor recurren al mismo símil: la aplicación de citas Tinder. Porque cada semana Cámara hojea 300 o más títulos y debe escoger unos 120 para sus estanterías. Dice que algunos los tiene claros, pero la mayoría de la selección se va pareciendo al célebre match sentimental: sí o no, en pocos segundos, y a lo siguiente. El amor literario también va deprisa: flechazo o hasta nunca. Y por más que Impedimenta avise de que no acepta manuscritos, igual que muchas editoriales, recibe unos 10 al día. Por la mesa de Redel pasan entre 600 y 1.000 al año, de los cuales lee 100 y publica una cuarta parte. Así, por ejemplo, se le escapó La temporada de las frutas envenenadas, de Vera Bogdanova: cuando pudo verlo y quiso pujar, tras adorarlo, estaba adjudicado. Las plantillas habitualmente pequeñas de editoriales y librerías independientes tampoco dan para más. Y desde Cegal añaden otra tendencia: aumenta la desaparición de títulos. Demasiado libro hay ya, como para cuidar las viejas perlas. Así puede darse la paradoja de no hallar lo que se busca en un catálogo desmesurado.

“Si como editores disponemos de más tiempo para leer y trabajar los textos, salen mejores obras. Si los y las libreras lo tienen para leer y seleccionar, se construyen escaparates con sentido. Si los lectores reciben una propuesta abarcable, cuentan con más herramientas a la hora de escoger. Aunque parezca contraintuitivo, una oferta exacerbada atenta contra la bibliodiversidad. Se vuelve puro ruido: comienzas a ver siempre los mismos libros en la mesa de novedades y en los suplementos culturales. Y todos leemos lo mismo”, señala Asuero. Otros datos de Cegal lo refuerzan: en librerías, únicamente el 4,5% de los títulos despacha más de 100 ejemplares al año. Y más del 40% de las copias vendidas corresponde a dos grupos, Penguin Random House y Planeta. Los establecimientos independientes duplican a las cadenas en variedad: más de 525.000 títulos, frente a 229.633. Sin embargo, los grandes espacios acaban de adelantarse por primera vez en ejemplares vendidos: el 52% del total. Así, solo unas pocas obras logran un lugar al sol. El resto navega sepultado en el fondo del iceberg. A priori, las oportunidades se han multiplicado. La práctica dice algo distinto. O contrario.

Entonces, ¿cómo conseguirlas? Contratar a un agente aumenta las opciones del escritor y garantiza al editor un filtro de confianza. El anuario estadístico del Ministerio de Cultura ofrece más pistas: el tema es la principal razón para escoger un libro, por delante del autor, las opiniones de amigos y familiares o las redes sociales. Ni el 5% de los encuestados dijo tener en cuenta críticas, publicidad y, menos aún, los premios. Aunque Redel propone lo opuesto: “Cuando estalló el fenómeno de Cincuenta sombras de Grey una revista me preguntó: ‘¿Cuántas novedades eróticas sacas este año?’. Pero nosotros, cuando el tema está de moda, huimos”. Las cifras de Cultura dicen también que triunfa sobre todo la novela contemporánea, en particular histórica y de ficción criminal.

Siempre y cuando se lea, eso sí: lo hace al menos una vez al año el 64,9% de la población, frente al 65,8% en 2018/2019. Un tercio de la ciudadanía lo incluye entre sus costumbres semanales. Pero uno de cada 10, por el contrario, asegura que no le gusta leer, porcentaje idéntico al de los hogares con menos de 10 libros. La mitad de la población (48,8%) tiene menos de 50 en casa. A saber cómo lo encajaría el fallecido Umberto Eco, defensor de la acumulación de libros sin leer. Su “antibiblioteca”, como la bautizó, tenía 50.000 títulos.

“Influyen muchos factores en la venta: desde la editorial en que se publica (si pertenece o no a un gran grupo, su prestigio, los recursos para la promoción, el interés en medios, la fidelidad del público), si a las librerías les gusta, el boca a boca. Pero muchas veces juega el azar. Antes de que Altamarea apostara por Las cabras, otras editoriales lo rechazaron alegando que no tenía trama y no creían que podría funcionar de la mano de una autora novel”, relata Asuero. Pero su ópera prima celebra un impacto de ventas positivo. Y se lo agradece también a muchas bookstagramers (prescritoras de libros en redes sociales): “Influyen porque su contenido se dirige a un público muy lector, las mujeres entre 25 y 35 años”.

El libro, además, puede buscar indicios a su alrededor. El volumen de novedades literarias también abruma y preocupa en otros grandes países de la UE. Y, por comparar, el 60% del cine español exhibido en salas en 2025 vendió menos de 500 entradas, en datos de Cultura. Aun así, la cantidad de novedades fílmicas no para de subir, con semanas donde coinciden hasta 14 o 16. Y eso que, desde hace tiempo, apenas una veintena de películas suele concentrar en torno a la mitad de la taquilla anual. En los videojuegos también se habla de saturación: Steam, la principal plataforma para ordenadores, incorporó 21.551 títulos solo en 2025. Aunque un largometraje que nadie haya disfrutado en la gran pantalla siempre tiene la esperanza de resucitar online: en streaming ya se ve tanto cine como en salas, o más. La mayoría de libros, en cambio, se juega (casi) todo en semanas, con suerte pocos meses, en las estanterías. De ahí, vuelta a las editoriales. Y a las sombras. O incluso la eliminación física. No precisamente el epílogo soñado tras meses o años de esfuerzo de un creador.

“Si en una editorial un libro no vende, puede que otro logre un gran alcance y levante los números (aunque no siempre es así, sobre todo en los sellos realmente independientes). Y si en una distribuidora hay una editorial que no vende mucho, otra lo compensa. Cuando eres autor/a, sobre todo novel, eres tú y tu libro. Puedes dar las gracias si aguanta una semana en la mesa de novedades, es fácil que al mes lo devuelvan, al año destruyan la tirada y quede en el olvido”, subraya Asuero. Para definir al sector editorial se han usado muchas metáforas: bicicleta, rueda del hámster, todo o nada. Se refieren a más y más obras para que el sistema siga adelante y un potencial éxito de mañana cubra los eventuales agujeros de ayer. Aunque el modelo reparte al autor cartas con las que cuesta ganar: adelantos cada vez menores, o hasta inexistentes; una tirada media inferior a los 4.000 ejemplares; y apenas un 10% de ingresos sobre el precio de las ventas. “Quien se mete en esta industria sabe que muchas veces lo que va a moverle es el entusiasmo antes que el dinero. Pero no debería sacrificarse una cosa por la otra. Me entusiasma escribir, pero también poder pagar el alquiler”, agrega Asuero.

“Cualquiera puede editar un libro, pero no significa que sea un autor. Igual que tener una cámara no se traduce en ser fotoperiodista”, matiza Cámara. Hay quien publica por su cuenta, o a través de una editorial que solo ejerce de imprenta; despuntan jóvenes narradores que arrasan primero en plataformas online y luego en papel; y están los autores tradicionales, vinculados a sellos reconocidos. Desde Cegal sospechan que justamente el boom de la autoedición explique en parte por qué tantos libros no venden nada. Pero Redel aplaude también a compañeros de otros sellos: Libros del Asteroide, Acantilado, Sexto Piso, Galaxia Gutenberg, Errata Naturae o Nórdica. Javier Cámara afirma: “Si solo me dejo llevar por la corriente, me convierto en un librero de grandes sellos. Hay que hacer una tarea de independencia”. Y Pilar Asuero agrega: “Como lectores debemos creernos el peso que tenemos en la cadena del libro: sin nosotros, se desmorona. Así que elijamos bien a quién le damos nuestro dinero”. Entre tantísimas opciones, debe de haber una perfecta para cada lector. Se trata de encontrarla.

viernes, 10 de abril de 2026

Conviene saber que el contenido de los libros va por un lado y su comercio va por otro

La siguiente noticia fue publicada sin firma en el diario mexicano La Jornada. Proviene de un suelto de Prensa Latina y habla de casi lo mismo que todas las noticias sobre las transformaciones que están ocurriendo en el mundo editorial.

La industria editorial se transforma entre la IA y la reinvención del libro

El comercio del libro tiene hoy una transformación casi indescriptible, con la preocupación de los editores de reinventar el libro y un nuevo tipo de lector.

De esa suerte, el mercado global del libro transita por una transformación estructural en la que la inteligencia artificial (IA) redefine la creación, la distribución se fragmenta en nuevos canales y el formato impreso recupera terreno como objeto de valor cultural.

Actualmente el mercado editorial mundial está inmerso en una transformación que sus principales actores califican como la más profunda desde la irrupción de la imprenta industrial en el siglo XIX.

Lejos de las predicciones apocalípticas que auguraban la desaparición del libro impreso frente al avance digital, la industria evoluciona hacia un ecosistema híbrido en el que conviven el papel, el libro electrónico, el audiolibro y, como novedad disruptiva, la IA aplicada a toda la cadena de valor.

Para comprender la magnitud del cambio actual, el historiador editorial estadunidense Michael Castleman, autor de The Untold Story of Books (La historia no contada del libro), propone una mirada de largo plazo.

Señala que desde Gutenberg hasta Amazon, la industria del libro atravesó tres épocas distintas con tres estrategias económicas diferentes.

La primera comenzó en 1450 con la invención de la imprenta, que permitió la producción masiva, aunque con bajos índices de alfabetización (Gutenberg quebró tras no vender suficientes biblias para pagar a su acreedor).

La segunda época comenzó a finales del siglo XIX con la introducción de maquinaria industrial, que abarató la producción pero aumentó los costos de inversión, dando origen a las grandes editoriales como las conocemos hoy.

Y la tercera época, en la que aún estamos inmersos, empezó con la era digital y ahora suma la IA como su último y más disruptivo capítulo.

Castleman documenta cómo la industria enfrentó crisis recurrentes: en 1913, la revista Lesley’s Weekly ya se preguntaba si alguien tenía tiempo para leer libros, una queja que se repite cíclicamente desde hace más de un siglo.

La inteligencia artificial se convirtió asimismo en el principal factor de transformación del sector editorial en 2026, según quedó de manifiesto en la edición 43 del Seminario de Formación Avanzada de la Escuela de Libreros Umberto y Elisabetta Mauri, celebrado recientemente en Venecia.

Durante las jornadas, editores, libreros y expertos internacionales coincidieron en que la IA no es una posibilidad futura, sino una realidad ya operativa en toda la cadena del libro.

Incremento de las publicaciones digitales
El mercado de la publicación digital ya alcanzó 56 mil 510 millones de dólares este año, con una tasa de crecimiento anual de 11.3 por ciento, que se mantendrá en niveles similares hasta alcanzar 87 mil 430 millones en 2030.

Estos datos los aporta el informe Digital Publishing Global Market Report 2026 de The Business Research Company.

El auge responde a la creciente digitalización de libros y materiales educativos: en 2023, cuando 7.2 por ciento de los residentes de la Unión Europea adquirieron libros electrónicos, frente a 6.6 por ciento del año anterior, según datos de Eurostat.

El mercado de audiolibros muestra un dinamismo aún mayor, con una tasa de crecimiento anual superior a 26 por ciento proyectada hasta 2025, hasta alcanzar 11 mil 100 millones de dólares (formato que ya es un pilar central junto al libro impreso tradicional).

Una de las transformaciones más significativas de 2026 es la evolución de los sistemas de recomendación.

Plataformas como StorySift en Europa, LibroLink en América Latina y ReadMandala en India y el sureste asiático utilizan señales contextuales como el ritmo de lectura, patrones de pausa durante la reproducción de audiolibros y los apuntes anónimos de los usuarios para ofrecer recomendaciones.

Esta evolución aplanó las jerarquías tradicionales: en el primer trimestre del año pasado, 41 por ciento de los títulos debutantes que alcanzaron los primeros puestos en las listas regionales provenían de microeditoriales que utilizan interfaces de descubrimiento de acceso abierto, no de grandes sellos tradicionales.

Sin embargo, contra los pronósticos más pesimistas, las ventas de libros impresos crecieron 8.3 por ciento globalmente en 2025, según Statista.

Este repunte responde a tres factores: las bibliotecas y escuelas priorizan recursos duraderos libres de pantallas, los lectores buscan experiencias táctiles para géneros de lectura profunda como filosofía, poesía o manuales técnicos, y los coleccionistas valoran las ediciones limitadas.

En este contexto, el crítico editorial sudcoreano Jang Eunsu observa que en un entorno de sobrecarga de información, es difícil para los lectores decidir qué merece su confianza.

Así, el mercado global del libro en 2026 presenta un panorama complejo, pero dinámico, la tecnología irrumpe con fuerza; sin embargo, encuentra límites en la creatividad humana, los formatos digitales crecen sin desplazar al libro impreso y la industria aprende a navegar.

lunes, 22 de septiembre de 2025

"Vender por Mercado Libre no es negocio"


El pasado 17 de septiembre, Daniel Gigena publicó en el diario La Nación, de Buenos Aires, una nota en la que se habla del aumento de ventas de libros vía Mercado Libre. En su bajada se lee: "La tendencia progresiva en alza, el efecto Eternauta y las quejas de los libreros, que protestan por las comisiones que impone la empresa".

Aumentó más de un 40% la venta de libros en Mercado Libre: el impacto puertas adentro de la industria editorial

En una temporada difícil para el sector editorial, la empresa Mercado Libre (Meli) informó un aumento en las ventas de libros de un 41% respecto de 2024, un año que será recordado como uno de los peores de la década para el mercado editorial. “Se destacó en el mes de marzo, con la vuelta al colegio. Y hubo un boom de ventas de El Eternauta, con el lanzamiento de la serie de Netflix”, confirmaron desde la empresa a La Nación. Sin embargo, la comercialización de libros representa aproximadamente el 1% de la facturación total de Meli.

Año a año, librerías y editoriales aumentan sus ventas a través de Meli, pero el margen de ganancia disminuye. “Mercado Libre se transformó en una referencia ineludible a la hora de comprar: se venden más celulares, más sillas, más mesas y también más libros -dice el editor Juan Manuel Pampín, presidente de la Cámara Argentina del Libro (CAL)-. Nosotros seguimos defendiendo el canal tradicional de venta, que son las librerías, y logramos que Mercado Libre respete la ley 25.542 de defensa de la actividad librera que establece que todos los libros, en cualquier lugar del país, deben venderse al mismo precio”.

Para los libreros, las condiciones impuestas por la empresa son “leoninas”: además de una comisión que va del 13,5 al 18% sobre el precio de venta al público, la empresa obliga a las librerías a pagar el costo del envío (si el comprador no retira el ejemplar de la librería), un cargo que ronda el 5 %. Sumados ambos, el porcentaje con el que se queda ML es del 23% del precio de venta. Esto disminuye el margen de ganancia de los libreros, que se ubica entre el 35 y el 45%.

En el caso concreto de la venta por Meli de un ejemplar de la novela Los llanos (Anagrama), de Federico Falco, que cuesta $ 33.400, una librería debió abonar una comisión de $ 4509 y gastos de envío (gratis para el comprador) de $ 5736, además de $ 200 de impuestos. De la transacción, el librero obtuvo $ 22.954.

Una causa del aumento de ventas de Mercado Libre es que las librerías pequeñas o de las provincias no tienen todos los libros de todas las editoriales que quisieran, lo que lleva al cliente a buscarlo en la plataforma -dice Axel De Lisa, gerente comercial de la cadena Estación Libro-. Además de las comisiones, los libreros tenemos el problema de los costos de los medios de pago, que mayormente son electrónicos, y el IVA que todavía pagan las librerías. Y si adherimos a un tipo de promoción que implica algún reintegro o cuota con los bancos, el panorama es terrible. Encima ahora ML sacó un abono para el cliente, con descuentos en envíos, que traslada el costo de la logística a las librerías”.

Ecequiel Leder Kremer, de librería Hernández, confirma la mayor participación de Meli en las ventas de libros. “Pero esto no ha expandido el mercado; Mercado Libre ha ido adueñándose de una parte cada vez mayor -señala-. En 2022, era un 36%; en 2023, un 38%; en 2024, un 44% y ahora más del 50%. Pero la venta no creció; solo se recuperó un 14% de la caída de 2024 que fue un año muy malo”.

Aquello que en la pandemia se consideraba un “socio estratégico” del sector editorial hoy se ha vuelto un competidor con poder para fijar las reglas de juego.

Vender por Mercado Libre no es negocio, pero al mismo tiempo no te podés bajar de ahí -concluye-. La empresa hizo un gran aporte a nivel logístico y llega a localidades donde no hay librerías, y le ha dado al comprador cierto poder. Estamos ante una empresa que a veces tiene acciones de carácter depredatorio, muy bien organizada y con mucha tecnología, y en la que algunas editoriales venden con condiciones que las librerías no podemos empatar”.

En este contexto, Christian Rainone, presidente de la Fundación El Libro, contó a La Nación que recientemente mantuvieron una reunión en la que Mercado Libre presentó esta evolución de las ventas en el orden del 40%. “Nos sorprendió porque es bastante mayor de la que hay en librerías, en los canales tradicionales”. En el encuentro se trató el mencionado tema del precio único del libro y la problemática de las copias ilegales, para combatirla. “Sabemos que Meli tiene un acuerdo con CADRA en este sentido”, explica.

“Tenemos que trabajar juntos en estos temas y desde la Fundación El Libro me gustaría generar un espacio de diálogo donde también podamos incluir capacitación para que se respeten las leyes y las normas de nuestro sector, y así se pueda vender tranquilamente por Mercado Libre y aprovechar el carácter federal que tiene, que nos permite llegar a lugares en donde aún no está presente el canal tradicional, es decir, las librerías -sostiene Rainone-. Ellos tienen algoritmos que están dispuestos a compartir y trabajar juntos para ordenar el mercado. Es una realidad que hoy tiene el sector y que tiene que ser admitida, tenemos que aprovechar lo positivo: el federalismo y que con su plataforma el libro llega a lugares que tal vez sin Mercado Libre no llegaría”.

El caso de Buscalibre
La librería online Buscalibre comunicó un aumento del 30% en la venta de libros, en comparación con 2024; los títulos más vendidos fueron de ficción, infantiles y juveniles, novelas gráficas y cómics y vinculados con salud y desarrollo personal. Las regiones más compradoras fueron la provincia de Buenos Aires, la ciudad de Buenos Aires y las provincias de Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Río Negro (en ese orden).

Desde la librería online atribuyeron el crecimiento a la apertura de importaciones de libros impulsada por el Gobierno. “Al operar en varios países, tenemos un catálogo de libros del exterior muy grande, y la desregulación hizo que podamos hacer mucha fuerza con esos libros; eso nos trajo un crecimiento en volumen tanto en los libros de afuera y además en los libros nacionales porque ese crecimiento se trasladó a todo tipo de libros”, dice a La Nación Tomás Meabe, country manager de Buscalibre Argentina.

lunes, 18 de agosto de 2025

¿Un futuro espejo en que mirarse?

La nota que sigue, que es una versión de lo publicado por la agencia española EFE, fue subida por el diario Clarín, sin firma, el pasado 12 de agosto. En ella se habla de las terribles consecuencias de la violenta suba del IVA en los libros rumanos y lo que ello va a significar para las editoriales, las librerías y, por supuesto, los lectores.

Crisis editorial en Rumania: Suben el IVA de los libros pese a ser el país que menos lee de la UE

Las medidas de austeridad que entraron en vigor en Rumanía, impuestas por el Gobierno para reducir el excesivo déficit presupuestario —el más alto de la Unión Europea (UE)— incluyen subir el IVA para los libros del 5 al 11 %, una decisión considerada por los expertos como dramática en un país donde la gente lee mucho menos que la media europea.

Datos de Eurostat de 2022 muestran que sólo un 30 % de los rumanos leyó al menos un libro el año anterior, frente al 52 % de media en la UE.

"Probablemente éste sea el año más negro para el mercado editorial", asegura Mihai Mitrica, director ejecutivo de la Asociación de Editores Rumanos (AER), en referencia a la reciente quiebra de la segunda distribuidora nacional de libros.

Desaparición de librerías y editoriales
"La subida del IVA es muy dura y provocará la desaparición de librerías y editoriales. Ante la mera perspectiva de ese aumento hemos visto cierres y lamentablemente veremos más a finales de año", vaticina el directivo, quien exige en lugar de una subida una eliminación del IVA para libros.

En su opinión, eso compensaría la inacción del Estado en otros ámbitos, como la educación y el abastecimiento de bibliotecas públicas con suficientes libros.

En comparación, los tipos de IVA para libros en Europa oscilan entre el 4 % (España), 5,5 % (Francia) y 7 % (Alemania). Algunos países, como la República Checa o Irlanda, aplican un IVA cero.

Con el nuevo nivel del IVA, Rumanía se colocará a partir de agosto en la segunda posición entre los países de la Unión Europea (UE), solo por detrás de Dinamarca, que aplica un 25 %.

Subir el IVA al 11 % no sólo no apoya a las librerías sino que las debilita aún más, destaca Ana Niculescu, de Carturesti, una red de librerías con presencia en toda Rumanía.

200 millones de euros
"Con un mercado editorial estimado en 200 millones de euros, la ganancia esperada de un aumento del IVA es irrisoria y cuestionable. El incremento provocará una subida de precios, disminución de ventas y riesgo de cierre para las pequeñas editoriales", asegura.

Niculescu recuerda que un reciente estudio de la UE mostró que una reducción del 1 % en el IVA causa un aumento del 2,7 % en el número de libros comprados.

Otro aspecto es el efecto que podría sufrir la literatura rumana. El escritor y crítico literario Adrian Lesenciuc habla de un "doble impacto negativo".

"Por un lado, reducirá el poder adquisitivo, lo que llevará a que muchos abandonen lo que consideran un lujo o una inutilidad. Las medidas de austeridad provocarán además una caída de ventas y otros efectos en cadena, como el cierre de librerías y editoriales", dice.

En todo caso, advierte de que el mayor impacto será un retroceso hacia la prevalencia de publicaciones financiadas por los propios autores, independientemente de su valor literario, algo similar a lo ocurrido en la década de 1990, tras la caída del comunismo.

lunes, 30 de junio de 2025

"En el sector editorial iberoamericano la Inteligencia Artificial está en una etapa incipiente"

El pasado 25 de julio, Luciano Sáliche publicó un artículo en InfoBAE, a propósito de la utilización de la Inteligencia Artificial en la actualidad. La bajada dice: "Un informe del Cerlalc-Unesco y la Unsam titulado 'Navegando lo incierto' revela que el 50% de los encuestados usó alguna vez estas herramientas y que el 87% considera urgente establecer un marco regulatorio".

El impacto de la IA en la industria del libro: entusiasmo, preocupación y una 
“apropiación crítica”

La primera de las Tres Leyes de la Robótica de Isaac Asimov dice: “Un robot no hará daño a un ser humano, ni por inacción permitirá que un ser humano sufra daño”. La escribió en 1941 y se publicó al año siguiente en “Círculo vicioso”, cuento que salió en la revista de ciencia ficción Astounding. ¿Cómo se aplica esa ley en la actualidad? ¿La inteligencia artificial está haciendo daño? ¿Qué sugiere la gravitante pérdida de empleo y las alarmas sobre una reconversión económica? Mientras tanto, la IA es un hecho y las diferentes industrias se van adaptando a ella. Por ejemplo, el sector editorial.

El Centro Regional para el Fomento del Libro de América Latina y el Caribe de la Unesco y el Centro de Estudios y Políticas Públicas del Libro de la Universidad Nacional de San Martín acaban de publicar el informe Navegando lo incierto: Usos y percepciones de la IA generativa en el sector editorial iberoamericano. Es una encuesta realizada entre octubre y diciembre de 2024 a 2012 personas del mundo del libro. “Buscamos tomar una fotografía de los usos, experiencias y representaciones de la inteligencia artificial generativa”, sostienen en la introducción.

Contexto y familiaridad
“Mientras preparábamos este informe irrumpió Deepseek, un motor de inteligencia artificial generativa desarrollado en China, prácticamente tan bueno como el mejor modelo público de Open AI, desarrollado a mucho menor costo y con menores requerimientos”, escriben los autores del informe: Alejandro Dujovne, Valentina Cuneo y José Diego González Mendoza. “También comenzaron a hacerse públicos los llamados razonadores, con Deep Research, de Open AI, a la cabeza, capaz este último de producir informes sobre cualquier tema cuya elaboración tomaría días a cualquiera”.

A pesar de que el uso de la inteligencia artificial generativa en el sector editorial iberoamericano aún está en “una etapa incipiente” (el 50% de los encuestados usó alguna vez estas herramientas en su trabajo), la preocupación sobre los años venideros existe. Estamos hablando de un sector donde, según la muestra, el 26,1% tiene estudios universitarios de grado terminados y el 22,9% posgrado o maestría. La mayoría de las respuestas son de editores (28%) y escritores (27%). Hay, además, libreros, traductores, ilustradores, diseñadores, correctores, distribuidores y prenseros.

Otro dato interesante para entender el contexto en el cual se introdujo la IA tiene que ver con la situación laboral. Alrededor del 70% de los traductores e ilustradores trabajan de forma independiente para varias editoriales. En los diseñadores, ese porcentaje baja al 52,8%. Y en cuanto a los escritores, para el 82% no se trata de su ocupación principal ni es su principal fuente de ingresos. La familiaridad con la IA generativa es variable: un 10% está muy familiarizado, un 30% está familiarizado, un 38% está poco familiarizado y un 19% directamente no está familiarizado.

Hay entusiastas, hay reticentes
Que estamos en los albores de la IA generativa se percibe en que aún falta capacitación. El 54 % de los encuestados no han recibido ningún tipo de aprendizaje respecto de la herramienta. Y acá el punto es práctico: para muchos, contar con ese conocimiento implica alivianar las tareas, sobre todos las más mecánicas, valga el término. Por ejemplo, el 35% de quienes trabajan en distribución indicaron que les redujo la cantidad de trabajo, y entre el 32% y el 34% de quienes hacen prensa, comunicación, corrección, edición y distribución la usan de forma diaria o semanal.

La herramienta más utilizada es ChatGPT. Le sigue, lejos, Google Translate, y más lejos, Gemini y Copilot. La gran mayoría de los están dispuestos a utilizarlas: los que más, distribuidores (85%) y agentes de prensa y comunicación (80%); traductores (20%) e ilustradores (18,8%) son los más reticentes. El impacto en el trabajo creativo no tiene una percepción homogénea. Quienes traducen (56%) e ilustran (60%) manifiesta una visión crítica; quienes escriben (25%) se muestran más optimistas. Claro, son dos tareas muy distintas y el uso de la IA en esas tareas impacta de forma diferente.

Entre los principales desafíos e inconvenientes del uso de estas herramientas están el costo de las que son pagas, la falta de capacitación y de tiempo para aprender. El dato final podría ser este: “El 87% de las personas encuestadas considera urgente establecer un marco regulatorio para el uso de la IA en el ámbito editorial”. Es que, sostienen los autores del informe, “sin la curaduría, la intervención y la supervisión del criterio humano, los contenidos generados con la IA pueden operar en contra de la riqueza del discurso y del lenguaje, ya sea escrito o visual”.

Sin dudas, la preocupación existe. Se vislumbra un “posible impacto negativo en la diversidad de actores que conforman al sector”. “Esta inquietud tiene una doble implicancia: por un lado, en el plano laboral se vincula a sustitución o disminución de funciones profesionales específicas, lo que podría derivar en una menor pluralidad de voces y, por otro, el riesgo de que se profundice la concentración de la producción en pocos actores con mayor capital económico, ya que la adopción tecnológica exige poder de inversión, lo que podría dejar rezagados a actores independientes”.
Una apropiación crítica

“En este contexto, y como se observa en los resultados de la encuesta, una parte del sector, adoptando una postura pragmática, muestra interés y disposición para explorar la IA generativa como una herramienta capaz de dinamizar el sector (especialmente en roles técnicos, de diseño o gestión), mientras que otras personas —principalmente quienes realizan tareas creativas como la ilustración o la traducción— manifiestan mayor reserva y preocupación", se lee entre las conclusiones. Más allá de los matices, “los resultados de esta encuesta expresan claramente las demandas del sector”.

Y si el futuro ya inició, es decir, si estamos en un proceso en el que solo puede profundizarse, ¿cómo evitar que la inteligencia artificial rompa la primera de las Tres Leyes de la Robótica de Asimov? “Quizás uno de los grandes desafíos que enfrenta el sector editorial ante la aparición de IA es superar posturas que oscilan entre el tecnooptimismo y el pesimismo para avanzar en una apropiación crítica y reflexiva de la tecnología en el contexto regional, que reconozca potencialidades y sepa cómo afrontar los desafíos que se presentan”, dicen los investigadores en el informe.

En alguna noche del verano de 1940 en la que pudo conciliar el sueño, Alan Turing imaginó el futuro. Durante la vigilia era imposible: estaba descifrando mensajes del nazismo. Los alemanes tenían una máquina que cifraba las comunicaciones; se llamaba Enigma y funcionaba de maravilla. Para contrarrestarla, Turing creó otra máquina: Bombe. En alguna calurosa noche en que el cansancio le cerró los ojos percibió una imagen del futuro. Las máquinas eran más sofisticadas y los humanos estaban intentando la utopía de la convivencia. ¿Habrá sido un sueño o una pesadilla?



jueves, 5 de junio de 2025

Situaciòn de la industria editorial mexicana

"Según la bajada de la siguiente nota, publicada el pasado 4 de junio en ADN 40, de México: "La industria editorial mexicana entra a 2025 en un momento crítico. Su papel es clave en el avance educativo y la competitividad del país, pero enfrenta una caída sostenida en producción, ventas y presencia física, con librerías en retroceso".

Retos para la Industria Editorial en 2025: educación, tecnología y abandono institucional

La industria editorial mexicana entra a 2025 en un momento crítico. Su papel es clave en el avance educativo y la competitividad del país, pero enfrenta una caída sostenida en producción, ventas y presencia física, con librerías en retroceso.

Durante el sexenio pasado, el sector fue marginado de los procesos clave como la publicación de libros de secundaria, pese a su experiencia. Las reformas en educación redujeron el peso de la lectura y las matemáticas, agravando el problema.

Con un promedio nacional de apenas 3.2 libros leídos por persona al año, la situación exige acciones urgentes. Una política integral que fortalezca a esta industria es indispensable si México quiere aspirar al desarrollo en serio.

Un país sin educación, difícilmente puede avanzar hacia el desarrollo. Y es que este es un ingrediente nodal en la competitividad: los grandes países se mueven aprisa porque con dicho sostén se insertan en la tecnología.

De ahí la importancia de la industria editorial, ligada a los textos del conocimiento básico pero también a aquellos para los científicos.

Por desgracia este es un rubro que batalla para sostener su nivel de producción y ventas. Incluso su red, o sea las librerías, empequeñecen cada vez más, con la fortuna de un mayor desempeño del canal digital.

Durante el sexenio pasado la industria editorial a los ojos del gobierno estuvo olvidada. Simplemente se le borró de la publicación de los libros para la secundaria, terreno en el que había un expertís de años.

En los de primaria ajustes en los planes: la lectura quedó al margen y ya ni decir de campos como las matemáticas. Urge una política de prevención para la industria editorial, si queremos avanzar en el nivel educativo del país. Un promedio de 3.2 libros leídos por persona al año, no es para festinar.

lunes, 26 de mayo de 2025

La industria editorial local sigue sin recuperarse

La siguiente nota fue publicada por Daniel Gigena en el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 24 de mayo. En ella se da cuenta, de acuerdo con su bajada, de que "
Según el nuevo informe de la CAL, en 2024 se publicó un 7% menos de novedades que en 2023 y se redujeron aún más las tiradas, ante un mercado en retracción y el ingreso de libros importados".

Por segundo año consecutivo, cayó la producción de libros

La industria editorial local sigue sin recuperarse, detalla el informe de producción de la Cámara Argentina del Libro (CAL) hecho en conjunto con el Núcleo de Innovación Social (NIS). Revela una caída del 8% en la producción general de novedades en 2024 (luego de caer en 2023 respecto de 2022) que incluye las del sector editorial comercial (SEC), libros para quioscos, autoediciones y títulos institucionales.

La tendencia a la baja en la producción de libros del SEC -la cantidad de ejemplares publicados fue de 11.1 millones, un 14% menos que en 2023- se explica en parte por la reducción de la tirada promedio por novedad, que pasó de 1891 ejemplares en 2023 a 1646 en 2024. Muchas editoriales independientes, por el aumento en los costos y la retracción del mercado, salen con tiradas de seiscientos o setecientos ejemplares, lo que impide que esas novedades lleguen a todas las librerías del país. En el informe no se registran las reediciones.

“Está bajando la tirada promedio, y lo que vemos en el mercado es que los grandes grupos son cada vez más grandes, y los chicos, más chicos -sintetiza Juan Manuel Pampín, presidente de la CAL, en diálogo con La Nación-. La impresión por demanda ha permitido que puedan hacerse tiradas de prueba más reducidas. El libro digital, de a poco, va creciendo”.

En simultáneo, aunque el informe de producción no lo consigna, aumentó la importación de libros para quioscos y librerías, que compite por un público “achicado” por el precio de los ejemplares. El formato digital se mantiene estable desde los años pandémicos, en un 28%.

La cantidad total de libros impresos en 2024 fue de 52.635.858 ejemplares, casi un 10% por encima de 2023, aunque por debajo de los valores alcanzados en 2022. Esto se explica porque diferentes entidades públicas (principalmente el Ministerio de Educación de la Nación) editaron títulos con fines educativos; la comercialización de esos libros está prohibida. El 57% de estas publicaciones se registraron en la ciudad de Buenos Aires, seguido por un 18% de la provincia de Buenos Aires, un 8% de Córdoba y el 4% de Santa Fe. Solo el 32% de esos 52 millones de ejemplares corresponde al sector comercial (que publica los libros que se comercializan en librerías).

Las novedades publicadas por el SEC registraron una caída respecto de 2023 (cuando había sido menor que en 2022): en 2024, hubo un total de 10.104 publicaciones, lo que representa una disminución del 7% con respecto al año anterior. La mayoría de los libros del SEC se imprimen en el país (87%) en edición rústica (88%).

Respecto de las temáticas, por primera vez en siete años la categoría infantil y juvenil encabeza el listado del total de publicaciones con un 17% (en el SEC alcanzó un 27%), seguida por biografía, literatura y estudios literarios que, igual que ficción, alcanzaron un 16%, obras de sociedad y ciencias sociales (11%) y derecho, y filosofía y religión, con un 6%.

De un total de 2076 traducciones registradas, 1465 fueron realizadas por editoriales comerciales. El inglés (66%) continúa siendo el idioma de origen más elegido por los editores, seguido por el francés (11%) y el japonés que, por segundo año consecutivo, alcanza el 6% de los registros de obras traducidas (en parte debido a la repercusión del manga, observa Pampín). Las cuatro temáticas más traducidas fueron ficción (34%), libros infantiles y juveniles (21%), libros de salud, relaciones y desarrollo personal (9%) y novela gráfica, libros de cómics, dibujos animados, con un 8%.

En 2024, curiosamente, se registraron menos audiolibros que en 2023. Las editoriales locales apuestan más por los originales que por libros en idiomas extranjeros (acaso por el costo que representan las traducciones), con un 86% contra un 7% (y otro 7% de adaptaciones o compilaciones).

Las publicaciones destinadas a los quioscos realizadas tanto por empresas editoriales como por empresas comerciales, cuya principal actividad no es necesariamente la edición de libros (los diarios, por ejemplo), concentraron el 8% de los ejemplares registrados en la Agencia Argentina de ISBN en 2024, con tiradas en torno a los 4000 ejemplares. Respecto del lugar de impresión, China asoma como el principal proveedor de impresiones a partir de los diez mil ejemplares.

El 76% de las novedades producidas por el sector comercial dependió de editoriales medianas y pequeñas, y el 24%, de los grandes grupos editoriales. Sin embargo, los grandes grupos concentraron el 42% de los ejemplares producidos con una tirada promedio de 3100 ejemplares.

lunes, 28 de abril de 2025

"Una encrucijada donde la cultura, el comercio exterior y la logística convergen"


En líneas generales, las informaciones referidas a la industria editorial se limitan a contemplar las ventas, su aumento o declinación. Pero hay otros factores, menos glamorosos, que deben tenerse en cuenta. De esto trata la siguiente nota, sin firma, publicada en InfoBAE el pasado 27 de abril. Claramente no fue escrita por alguien vinculado a la cultura, sino más bien a los negocios. Hagamos el esfuerzo de leer, por una vez, desde esa perspectiva.

La industria editorial: un engranaje clave en el comercio exterior y la logística global​

La industria editorial, tradicionalmente asociada al ámbito cultural, se ha consolidado como un actor relevante en el comercio exterior y la logística internacional. En 2025, este sector no solo impulsa la economía mediante la exportación de libros y contenidos, sino que también enfrenta desafíos logísticos complejos que afectan su competitividad y alcance global.​

Desde la circulación de ideas hasta el movimiento físico de ejemplares a través de fronteras, la industria editorial conecta a millones de personas alrededor del mundo. Detrás de cada libro que llega a una librería o a un hogar, existe una estructura de producción, distribución y comercialización que requiere no solo creatividad literaria, sino también estrategias logísticas y comerciales precisas.

El comercio exterior del libro: una balanza en movimiento
En el contexto actual, la exportación de libros ha experimentado un crecimiento significativo. Por ejemplo, Colombia registró en 2024 exportaciones editoriales por 44,5 millones de dólares, lo que representa un incremento del 28,5% respecto al año anterior. Este auge se debe, en parte, a la creciente demanda de contenidos en español y a la calidad de las producciones editoriales latinoamericanas.​

Sin embargo, la industria también depende de la importación de insumos clave para la producción de libros, como papel, tintas y maquinaria especializada. Esta dependencia la hace vulnerable a las fluctuaciones del comercio internacional y a las políticas arancelarias. Por ejemplo, en México, las importaciones del sector editorial alcanzaron los 355,7 millones de dólares en 2022, superando las exportaciones, lo que resultó en un saldo comercial negativo de 124,4 millones de dólares.

La logística del libro: del autor al lector global
La cadena logística en la industria editorial es compleja y abarca desde la concepción de la obra hasta su distribución final. Tras la creación del contenido, los manuscritos se someten a procesos de edición, diseño e impresión, que requieren una coordinación eficiente de recursos y tiempos.​

Una vez impresos, los libros deben ser almacenados y distribuidos a nivel nacional e internacional. Esto implica la gestión de inventarios, el transporte terrestre y marítimo, y el cumplimiento de normativas aduaneras y fiscales. La eficiencia en esta cadena es crucial para garantizar la disponibilidad de los libros en los mercados y para responder a la demanda de los lectores en tiempo y forma.​

Ferias internacionales del libro: vitrinas de negocio y logística
Las ferias internacionales del libro desempeñan un papel estratégico en la promoción del comercio editorial y en la articulación de la logística global del sector. Las ferias más conocidas a nivel mundial, que se llevan a cabo en ciudades como Frankfurt y Guadalajara, congregan a miles de profesionales, facilitando la negociación de derechos de autor, la traducción de obras y la distribución internacional.​

Una de las ferias del libro de Colombia, por ejemplo, se ha consolidado como el epicentro del negocio editorial en Latinoamérica, ofreciendo espacios específicos para el desarrollo de negocios, donde se concretan acuerdos comerciales y se fortalecen las redes logísticas entre editoriales, distribuidores y agentes literarios.

Por su parte, la ciudad de Frankfurt hospeda a la feria del libro más importante del mundo, que reúne año a año a más de 4.000 expositores y 300.000 visitantes, sirviendo como plataforma para la internacionalización de contenidos y para la discusión de tendencias logísticas y tecnológicas que impactan al sector.

La industria editorial en Argentina: desafíos y oportunidades
En el contexto latinoamericano, Argentina sigue siendo uno de los principales productores y consumidores de libros. Según datos de la Cámara Argentina del Libro, en 2024 se registró un repunte en la producción nacional con más de 62 millones de ejemplares impresos, una recuperación respecto a los niveles pospandemia. Esta reactivación está impulsada por el crecimiento de editoriales independientes y el fortalecimiento de ferias.

A nivel comercial, el sector enfrenta desafíos significativos vinculados al costo de los insumos importados, particularmente el papel, cuyas variaciones de precio y disponibilidad afectan la estructura de costos de las editoriales. En este sentido, la logística interna también juega un rol crucial: la distribución de libros en un país de gran extensión territorial como Argentina requiere redes eficientes de transporte terrestre y almacenamiento, especialmente en un mercado cada vez más orientado a las ventas online.

Por otra parte, Argentina mantiene un papel destacado en la exportación de derechos de autor y en la producción de obras destinadas a mercados como España, México y Chile. La calidad literaria argentina y la sólida tradición editorial son factores que siguen posicionando al país como un referente cultural en la región, generando ingresos de divisas a través de acuerdos internacionales de traducción y comercialización de libros.

A fin de cuentas, la industria editorial en 2025 se encuentra en una encrucijada donde la cultura, el comercio exterior y la logística convergen. Su capacidad para adaptarse a las dinámicas del mercado global, optimizar sus cadenas de suministro y aprovechar las oportunidades que ofrecen las ferias internacionales será determinante para su crecimiento y sostenibilidad. En este contexto, el fortalecimiento de las infraestructuras logísticas y la diversificación de mercados emergen como estrategias clave para consolidar el papel de la industria editorial como un actor económico y cultural de relevancia global.

jueves, 20 de junio de 2024

"Comerciar con las mismas reglas"


En una nota publicada por el diario
La Nación, de Buenos Aires, del pasado 12 de junio, Daniel Gigena informa sobre la derogación de una norma que, en su momento, causó polémica. En la bajada se lee: "Quién gana y quién pierde con la baja de la 'ley de tintas' que permite importar ejemplares sin trabas burocráticas atribuidas a una posible toxicidad: 'Nunca se encontró plomo', aseguran".

El Gobierno derogó una norma “medioambiental” que dificultaba la importación de libros

La Secretaría de Industria y Comercio, que depende del Ministerio de Economía de la Nación y está a cargo de Pablo Lavigne, derogó la resolución 453/685 que prohibía la utilización de tintas con metales pesados, conocida como la “ley de tintas”, que obligaba a los importadores de más de mil ejemplares a realizar una serie de trámites, entre otros, enviar un libro a un laboratorio para examinar si la tinta utilizada era perjudicial para la salud. Los importadores de menos de mil ejemplares debían hacer otras diligencias burocráticas, entre ellas, presentar una declaración jurada.

La propuesta inicial había sido ideada por el exsecretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, que en 2010 implementó la medida; según algunos, el objetivo del funcionario era evitar la “fuga” de dólares más que proteger a los lectores de tintas con “efectos cancerígenos”. En 2016, el Gobierno de Cambiemos (cuando Miguel Braun era secretario de Comercio) derogó esa restricción y, en 2020, el gobierno del Frente de Todos (con Paula Español como secretaria del área) restableció el “cepo” a los libros extranjeros. A pesar de los temores de los exfuncionarios kirchneristas, nunca se encontró plomo en tinta en los libros.

Al difundirse la medida del Gobierno, el presidente de la Federación de la Industria Gráfica Argentina (Faiga), Juan Carlos Sacco, publicó un comunicado en la página web de la federación sobre la baja de la Norma Técnica medioambiental, “que tanto tiempo y trabajo nos llevó ponerla en vigencia; y que hoy, después de quince años, con un nuevo Gobierno se ha decidido sacarla”, se lee en el mensaje. La resolución 108/2024 fue publicada el 4 de este mes en el Boletín Oficial.

Sacco anticipó que Faiga recurriría a la Justicia “porque estamos convencidos de que estas herramientas son las que se usan en el mundo desarrollado con el fin de regular el comercio internacional; y no se trata de un mero régimen proteccionista, sino de comerciar con las mismas reglas de juego -consideró-. Es por eso que, si bien el secretario de Industria y Comercio está de acuerdo con los elementos que le proporcionamos, demostrando que esta norma de cuidado ambiental es similar a las vigentes en países que el actual presidente Milei quiere que nos parezcamos y con los que entablemos negociaciones comerciales”.

Y concluye: “No obstante, nuevos personajes en el equipo del presidente han convencido al mismo de eliminar cerca de 3200 reglamentos y normas, para que la libertad de vivir, comerciar, importar y exportar sea totalmente libre, sin ningún requisito que lo pudiese entorpecer”. Desde Faiga, atribuyen la medida al asesor presidencial Federico Sturzenegger, el “príncipe de la desregulación económica”.

Desde la Secretaría de Comercio e Industria confirmaron que se habían derogado este y otros “reglamentos técnicos” con el objetivo de “simplificar el comercio” y eliminar “trabas burocráticas en la comercialización y abastecimiento de productos”. “La industria editorial ya no trabaja con este tipo de tintas”, remarcaron. El mercado español del libro no tiene una regulación semejante a la que acaba de derogarse en la Argentina; tampoco rige ninguna similar en países de América Latina.

Los imprentas locales figuran entre las más perjudicadas por la resolución 108/2024, dado que a partir de ahora las editoriales grandes y medianas podrán imprimir libros en el exterior e importarlos sin pasar por los laboratorios. Al mismo tiempo, sus títulos y los de las editoriales pequeñas y medianas (forzadas a imprimir en el país) deberán competir con los libros importados, que actualmente son más baratos que los nacionales. Por el aumento constante (y por encima del índice de inflación) del precio del papel en la Argentina, los libros argentinos están entre los más caros en dólares en Hispanoamérica.

Entre los favorecidos por la medida, además de los importadores de libros y los grandes grupos editoriales (siempre y cuando impriman grandes volúmenes de ejemplares para amortizar los costos de transporte), se incluyen las cadenas de librerías, que también podrán importar libros, ahorrándose tiempo, dinero y trámites burocráticos.

Desde la Cámara Argentina del Libro indicaron que el Gobierno podría reforzar la competitividad de las imprentas argentinas y analizar el conjunto de costos del sector editorial. Dieron como ejemplos la recuperación del IVA en la compra del papel y la morigeración de los costos de los servicios públicos, que este año aumentaron significativamente.

jueves, 23 de mayo de 2024

¿Cuál es el panorama editorial en México?

El pasado 17 de mayo, se publicó en el diario La Razón de México, el siguiente artículo sobre la actualidad de la industria editorial mexicana. En su bajada se lee: "La industria editorial mexicana atraviesa por una larga noche. La poeta Kyra Galván (foto) se ha tomado el trabajo de repasar desde su experiencia como autora ese mundo cultural mexicano que hoy se cae a pedazos. Esta destrucción se aceleró en este gobierno hasta límites inimaginables. ¿Cómo y dónde publicar? ¿Qué será de las editoriales pequeñas? ¿Dónde publicarán los escritores? Este ensayo responde a estas preguntas no sin pesimismo, pero al mismo tiempo con inteligencia crítica".

La noche de industria editorial

La industria editorial y su funcionamiento se basa en una gran paradoja: el negocio no existiría si no fuera por la existencia del trabajo del escritor, quien es el que produce los textos que se pondrán a la venta; sin embargo, éste es el último en beneficiarse de la cadena comercial que va desde la impresión del libro, hasta su venta al consumidor. Y debo agregar que la industria editorial es despiadada con el narrador, poeta, ensayista o cuentista. Lo explicaré más adelante.

El mercado editorial en México dista mucho de ser un mercado perfecto
La definición técnica de un mercado perfecto es la siguiente: el mercado perfecto funciona cuando las fuerzas de la oferta y la demanda operan de manera libre y están en equilibrio, dándose las condiciones de la competencia en forma completa. Así, oferentes y demandantes se caracterizan por ser precio-aceptantes.

• En México, para empezar, la industria editorial no está en equilibrio por varias razones, entre las que se encuentra la primera: está dominada por un duopolio. Técnicamente, las empresas presentes en este modelo actúan del mismo modo que lo harían en situación de monopolio clásico. Es decir, como si una sola empresa sometiera al mercado, pues las dos compañías gozan de un significativo poder y tienen la capacidad de establecer los precios. A estas dos “grandes” les rodean infinidad de editoriales “independientes” de las cuales, quizás dos o tres tienen la capacidad para ser autosuficientes, y otras que, si no gozaran de apoyos gubernamentales, estatales o universitarios, no podrían publicar. Las demás (mayoría) son pequeñas empresas —algunas desde un esquema totalmente informal— que giran como satélites alrededor de todas las demás y que batallan día a día para sobrevivir. Actualmente la única manera de hacerlo es cobrar al autor por el costo de la impresión, el diseño de la portada y la maquetación. En algunos casos no se imprimen más de cien ejemplares, lo que hace que los títulos publicados —aún con ISBN— se vuelvan prácticamente invisibles, pues aun vendiéndolos todos, son volúmenes de coleccionista. No hay manera de que realmente se vuelvan públicos, en el sentido romano de la res pública.

• Desafortunadamente en México no tenemos una ley antimonopolio, de otra manera ya se hubiera impugnado la dominación del mercado por dos “grandes”.

• En nuestro país estamos lejos de que la oferta iguale la demanda de libros. Los insumos para producir libros (léase papel, tinta y trabajo de impresión) han subido estratosféricamente desde hace unos años pues casi todos son importados, lo que sube el costo del libro por ejemplar y, por lo tanto, el costo al consumidor, lo que convierte al libro casi en un artículo de lujo. No se diga los precios de los libros importados, que son inalcanzables para cualquier bolsillo.

• Los sueldos bajos y el desempleo hacen que la gente destine cada vez menor presupuesto a la compra de libros.

• Como el costo de los libros ha subido, las editoriales, incluyendo a las “grandes”, son cada vez más cautelosas en arriesgar su dinero en una edición. Por lo que han reducido el tiraje de un libro de digamos, 4 mil ejemplares hace diez años, a 2 mil, cifra demasiado pequeña para ser distribuida a gran escala en todo México. Quizás se encuentren dos o tres ejemplares del libro en cada librería del país.

• Otro efecto del creciente costo de los insumos es que las empresas del duopolio, antes de aceptar la publicación de un libro consultan con su “departamento de mercadotecnia” que se ha convertido en el moderno oráculo, donde estudian con lupa los posibles éxitos o fracasos del autor en las cajas registradoras. Influyen el número de seguidores en las redes sociales (potenciales compradores) o el récord de ventas de un libro anterior. De esta manera pueden amenazar al escritor: “En tu libro anterior no te fue muy bien”. Como si el éxito de las ventas fuera exclusivamente responsabilidad del autor.

• Las prácticas libreras tampoco ayudan a vender los libros de bajo tiraje que se esconden tras una pila de algún autor estrella al que le publicaron 10 mil ejemplares.

• La distribución de los libros es un gran cuello de botella para las editoriales independientes, que tienen que destinar un porcentaje de su costo a algún distribuidor, o de plano, contentarse con vender algunos ejemplares en presentaciones y ferias de libros.

• Otro problema para las pequeñas editoriales se centra en tener espacio para acomodar el inventario de libros y cómo desecharlos si no se venden.

Librerías
En un mercado ideal, las librerías deberían de ser el vehículo perfecto para completar el ciclo de llegar hasta el consumidor (lector) y tener espacio y lugar suficiente para acomodar todos los libros publicados, independientemente de a qué editorial pertenezcan y cuál sea el autor. Pero no es así. Las librerías se convierten en el embudo más grande que obstruye la realización de las ventas, en especial las de las editoriales independientes.

Es una realidad que las librerías (y sobre todo las grandes cadenas, que son las que sobreviven) les dan prioridad a los libros del duopolio y a los libros importados de editoriales extranjeras, casi siempre españolas. Esos productos son colocados en los aparadores de la entrada o en lugares más visibles. Después le siguen algunos cuántos de editoriales independientes consolidadas y si los hay, los de pequeñas editoriales habrá que buscarlos en los estantes más bajos y ocultos de las librerías. Como es lógico, a ninguna editorial independiente le conviene pagar los porcentajes que piden las librerías, pues, además, eso incrementa el precio de venta.

Los libreros, sin embargo, que no han participado de ninguna manera en la cadena de producción, se quedan con el 40-45% del precio de venta al público. O sea que la distribución de las ganancias de un libro queda, grosso modo, así:

Editorial 45%

Librero 45%

Autor 10%

Por lo que las librerías, que serían el mosquito chupa sangre de la industria, son en realidad, las que más ganan. No arriesgan nada y son parte de la explotación al autor. Por otro lado, no hay suficientes librerías en nuestro país para la demanda y la oferta de libros. Ni en la Ciudad de México, ni en los estados.

Así también, en los últimos años han surgido las llamadas “librerías independientes”, que se dedican a vender, principalmente, libros de editoriales independientes que no son aceptados, por diversas razones, en las grandes librerías.

Temas y géneros de publicación. ¿Mitos o realidades?

Las editoriales grandes tienen algunas ideas fijas sobre los géneros y temas a publicar. Si alguno sale de sus parámetros, no hay poder humano que los convenza de otra cosa. Hay excepciones, sin embargo, cuando el autor o autora tienen ya un nombre comercial bien establecido (léase, es capaz de vender 10 mil ejemplares o más).

Algunos de estos géneros, entre otros, son: poesía, cuento, ciencia ficción. Se dice que la poesía no se vende, sin embargo, se publican autores de otros países traducidos al español o de habla hispana que han triunfado en el extranjero, pero autores nacionales, no. El cuento, un género tan popular entre los lectores, afirman que tampoco se vende. En el caso de la ciencia ficción prefieren publicar traducciones de autores extranjeros que promover autores mexicanos.

El otro mito que existe es que un autor (digamos de novela histórica) debe perfilarse como tal y no salirse de su género porque, dicen, crea lectores y seguidores. Pero nadie le pregunta al autor qué quiere escribir. Si después de una novela histórica se le antoja escribir una novela negra o un libro de relatos. En pocas palabras, no se le da siquiera una oportunidad de probarse en otros géneros. Simplemente se le cierran las puertas. Esto obliga al autor a tener que moverse entre muchas opciones (editoriales independientes) para poder publicar un libro que no está entre los parámetros comerciales y enfrentarse a la opción de autopublicación o subir su libro a una plataforma como Amazon, con las consecuencias que implica la falta de promoción y la poca costumbre de los lectores de comprar libros electrónicos.

Colonialismo editorial
Hoy en día España, una gran potencia editorial, con un mercado mucho más grande que el nuestro, nos manda una gran tajada de su producción editorial, pero sólo en muy contadas excepciones se abre para publicar a autores mexicanos. El mercado editorial español nos está vedado. Ellos, sin embargo, sí publican poesía, ciencia ficción y relatos, entre otros.
TRATO AL AUTOR

Al autor se le trata mal la mayoría de las veces en las grandes empresas. Se le hace ver que su vida profesional y emocional está en sus manos, muchas veces se le hace esperar más de seis meses para darle el resultado del dictamen y una vez que es aprobatorio, se le advierte que el resultado puede cambiar dependiendo de la opinión del departamento de marketing, que es el que finalmente decide la suerte y el destino del escritor. También se le deja claro que no puede denominar a la empresa como su editorial, porque el que haya aceptado publicarlo una vez, no implica una segunda. Le hacen sentir que publicarlo es un favor.

Las grandes editoriales se han convertido en cadeneros y no están haciendo realmente su trabajo de apoyar y promover al autor. Mucho menos de apoyar a la Literatura con mayúscula, porque muchas veces se basan en el número de seguidores que el autor tiene en Facebook, en X, o en Instagram y no en la calidad de los trabajos. La literatura está siendo la más olvidada en este mercado.
 
Publicidad y promoción
La primera vez que publiqué una novela, hace ya catorce años, y a pesar de que era una novelista desconocida, la editorial, una de las grandes, me apoyó con entrevistas en radio, televisión, revistas, diarios. Con los años, y muy posiblemente por restricciones presupuestarias y de personal, las editoriales han dejado prácticamente de apoyar al autor a promover sus libros. Y sin promoción no hay ventas, así de fácil. Ahora se le deja casi toda la responsabilidad al autor de promocionarse a sí mismo. El escritor tiene que buscar sus propios medios, gastar días y días de su tiempo en autopromocionarse en redes, en hablarle a conocidos para que le hagan el favor de escribir unas líneas, en que sus conocidos le hagan publicidad a su libro.

¿Los libros tienen fecha de caducidad?
Después de tres meses de su lanzamiento, los editores dejan de “promover” el libro, como si las letras de un autor tuvieran fecha de caducidad. Su argumento es que ya vienen otros libros detrás y no hay tiempo ni espacio para los anteriores. La verdad es que su departamento de relaciones públicas revienta de trabajo y sólo hay dos o tres personas que se ocupan de muchos autores. En cierto modo es comprensible, pero dejan al autor encerrado en un loop infinito. Si no hay apoyo en promoción, difícilmente habrá ventas, y próximas publicaciones.
 
Ferias
Hay diversos tipos de ferias de libros en el país. Las locales, como las de algunas alcaldías de la Ciudad de México. Las universitarias, las estatales y las internacionales, como la Feria de Guadalajara, que lleva años construyéndose y que no se compara a ninguna otra. ¿Funcionan para las editoriales? ¿Para los autores?

Sería muy interesante preguntar la opinión de las editoriales. Indiscutiblemente la de Guadalajara funciona, pero es cara. No todas las editoriales tienen dinero para pagar o compartir un local. A veces las editoriales independientes prosperan en ferias locales, pero ¿y los autores?

A veces viajan pagando su propio boleto de avión y viáticos para encontrarse con salas vacías o con un público que no muestra el menor interés. La mayoría de ese público va para “ver”, para pasar el rato, y no compra libros. O son estudiantes sin poder adquisitivo.

Vivimos en un país dominado por la pobreza y la ignorancia. Esa es la realidad. La mayoría de la población no lee, aunque sepa leer. No compra libros porque no le alcanza el presupuesto o no le interesa. Incluso la clase media sufre de ese tormento. La compra de libros es para algunos, la menor de sus preocupaciones. Y es el autor, no las editoriales, quien más sufre esta situación, siendo el depositario de un magro 10% de las ventas registradas.