El
pasado 20 de mayo, Pablo Retamal N.
publicó en el diario La Tercera, de
Chile, una reseña a una reciente antología de Antonin Artaud, compilada y traducida por Galo Ghigliotto para la editorial Alquimia, del editor Guido Arroyo. Puede leerse a
continuación.
Poemas y una carta a Hitler: Artaud, la
escritura que quema preguntas
“Ahí
donde otros proponen obras yo no pretendo otra cosa que mostrar mi espíritu”,
fue lo que anotó Antonin Artaud al inicio del poema que abre su
célebre libro El ombligo de los limbos (1925), como una especie de
declaración de intenciones de su trabajo creativo, amén de su espíritu inquieto
y exploratorio.
Nacido
en Marsella, en 1896, Artaud fue uno de los escritores franceses relevantes de
la primera parte del siglo XX. Poeta, sí, pero también ensayista, dramaturgo y
escritor de interesantes cartas. Pero con él, pasa lo mismo que con otros
escritores de antaño: su obra es difícil de rastrear debido a una
dispersión editorial.
Hoy,
la chilena editorial Alquimia Ediciones acaba de sacar a las librerías un
volumen que contribuye a subsanar esa situación. Deriva Artaud, se llama, y compila poemas, cartas inéditas en
castellano, manifiestos, ensayos, fotografías y otros escritos del francés, el
mismo que inspiró el nombre del célebre álbum de Pescado Rabioso, de 1973. Los
textos fueron traducidos por el destacado escritor chileno Galo Ghigliotto,
quien además hizo el prólogo.
“La
gracia particular de este libro radica en tres zonas: primero, la selección y
el montaje de textos propuestos, se eligió una suerte de misceláneos de la obra
de Artaud, desde sus poemas más comunes a cartas, manifiestos. Es un viaje.
Otro rasgo es la traducción de Galo Ghigliotto, es muy distinto cuando un autor
es traducido por otro escritor, por la sensibilidad estética de la traducción,
en ese sentido, es un libro que fluye muchísimo en términos rítmicos”, señala
a Culto el poeta Guido Arroyo, director de Alquimia Ediciones.
“Por
último, este libro está acompañado de una serie de fotografías, está el
pasaporte, los padres, la hermana, retratos, autorretratos –agrega Arroyo–.
Pensamos un montaje visual que permite a los lectores y lectoras acercarse a la
biografía de Artaud para potenciar este efecto de deriva. Es ideal tanto
para la gente que quiera profundizar en algunas zonas de Artaud, como para
lectores que lo quieran leer por primera vez”.
Consultado
por Culto, Galo Ghigliotto –también director de Ediciones USACH– comenta qué
fue lo más complejo de traducir de Antonin Artaud: “Es un escritor de gran
profundidad, lo que le lleva a producir versos y frases medio espirales que
giran muchas veces sobre sí mismas, haciendo que el sentido esté a punto de
perderse. Pero no lo pierde. Ser fiel a esa velocidad de la idea en la frase,
es un asunto no sé si complejo, pero al menos desafiante”.
Artaud
fue un autor bastante arrojado. “Mi rabia no cambiará las cosas por completo /
sí, las cambiará por completo / lo cual significa que vendré a ser lo que no
dejo de lamentarme / de no haber sido”, anotó en su poema “Mi rabia” (1946);
o en su manifiesto llamado “¡La revolución primero y siempre!” (1925)
donde alabó a la Rusia de Lenin y criticó a los países occidentales, recientes
vencedores de la Primera Guerra Mundial. Aunque sus dardos apuntaban a la
superestructura sociopolítica. “Queremos proclamar, antes incluso de contarnos
y ponernos a trabajar, nuestro desapego absoluto, y en cierto modo nuestra
purificación, de las ideas todavía muy frescas que están en la base de la
civilización europea e incluso de toda civilización basada en los insoportables
principios de necesidad y deber”.
Ese
rasgo de constante inquisición a su tiempo es algo que destaca Galo Ghigliotto:
“Creo que Artaud presenta una escritura del ‘respondimiento’, es decir, nos
presenta respuestas a una serie de preguntas que no podemos ver o que ya ha
‘calcinado’. En El ombligo de los limbos declara: ‘la vida se trata
de quemar las preguntas’. Artaud viene a romper estructuras y luego explicar
porqué lo hizo. Todo ese ejercicio de golpe y desintegración da como resultado
una escritura llena de partículas diversas, polvo y fragmentos, que hacen tan
valiosa su poesía, su dramaturgia, etc”.
Por
su lado, Guido Arroyo opina: “Es una obra que carece de límites, tanto
estéticos como temáticos. A la vez, es una escritura que siempre abordó
áreas muy visitadas por la literatura occidental, tópicos como la muerte, el
sentido de la existencia, los límites de las adicciones, pero siempre lo hizo
desde una forma luminosa y profundamente original. Es una de las obras en que
si uno logra ingresar y develar las capas estéticas que propone, el lector se
vuelve un seguidor inapelable de la obra y eso lo vuelve muy atemporal”.
Las habladurías
del mundo
Entre
los interesantes materiales que incluye Deriva Artaud, hay una carta que el francés le escribió al
mismísimo Adolf Hitler, “posiblemente en septiembre de 1939″, se indica en el
libro. La redactó a mano, en una época en que el Führer llevaba 6 años como
canciller, ya había desplegado todo su poder para establecer el Tercer Reich, y
además, son los días en que Alemania invadió Polonia, hecho que hizo estallar
la Segunda Guerra Mundial.
La
carta se quedó en los papeles que Artaud escribió durante su paso por el
hospital siquiátrico Villa Evrard y nunca fue remitida a su destinatario. De
hecho, el tono es bastante ambiguo, parte de ella señala:
“Naturalmente,
querido señor, esto es más que una invitación: es sobre todo una advertencia.
Por favor, siéntase a gusto de hacer como todo Iniciado de no tener en cuenta o
de hacer como que no tiene en cuenta. Yo me guardo. ¡Guárdese!”.
También
hay una carta a los rectores de universidades europeas, en 1925, publicada en
la revista La Révolution surréaliste,
en un modo emplazatorio. “Europa se cristaliza, se momifica lentamente bajo las
bandas de sus fronteras, sus fábricas, sus tribunales, sus universidades...La
culpa es sus sistemas mohosos, de su lógica de dos más dos igual cuatro, la
culpa es de ustedes: Rectores, presos en la red de los silogismos. Ustedes
fabrican ingenieros, magistrados, médicos a quienes se les escapan los
verdaderos misterios del cuerpo, las leyes cósmicas del ser, falsos eruditos
ciegos en la ultratierra, filósofos con la pretensión de reconstruir el
espíritu”.
¿Por
qué trascendió Antonin Artaud? responde Galo Ghigliotto: “Hay un verso de El ombligo de los limbos que me
llamó mucho la atención y por eso va de epígrafe en el prólogo: ‘Ahí donde
otros proponen obras, yo no pretendo otra cosa que mostrar mi espíritu’. Creo
que si el espíritu de un creador logra llegar al público de manera
contumaz, ya sea a fanáticos o detractores, no podemos más que asimilar una
parte de él. Artaud vivió en base a mostrar ese espíritu de todas las maneras
posibles y consiguió traspasar su época, continuar creando a través de otros”.
Desde
su verja, Guido Arroyo opina: “La obra de Artaud terminó siendo trascendente
porque apelaba a una suerte de giro radical o de cambio de paradigma en
términos de como llevar una estética a zonas más reflexivas. En su escritura
uno no puede encontrar respuestas, sino senderos que se van ampliando y que
permiten mirar desde otra óptica la relación con la temporalidad, los límites
del sujeto, las percepciones tan moralmente chicas que manejamos en torno a
temas como la locura, el uso no recreativo sino funcional de las drogas. Esa
escritura proyectó un punto de inflexión siempre vigente”.