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viernes, 3 de junio de 2022

Librerías que sirven café

 

Hubo una época en que en las librerías había sólo libros. Después, hacia los primeros años ochenta, Gandhi tuvo también un café, al que, con el tiempo, se fueron sumando otras librerías con un espacio dedicado a esos menesteres. De memoria, podrían mencionarse Clásica y Moderna, Libros del Pasaje, Eterna Cadencia, Falena, Caburé y muchas otras, distribuidas no sólo en Buenos Aires, sino a lo largo de muchas ciudades del país. Ahora, además de medias, libretitas y otros gadgets, como si hubieran descubierto la pólvora, algunas también ofrecen lo que pomposamente se presenta como "café de especialidad", último grito de la moda y, claro, lo que se usa en esta temporada progresivamente desmemoriada. A tal punto que Ana Clara Pérez Cotten escribió una nota ad hoc, publicada el 1 de junio pasado en el sitio de la agencia TELAM. En la bajada se lee: “Varios cafés literarios de la Ciudad, cuidan la elección de los granos, la preparación y la temperatura y, además, incorporan librerías y bibliotecas para reformular y hacer honor a aquel ritual entrañable de sentarse a leer en un café”.

Crece la fusión entre librerías y cafeterías de especialidad

Como una vuelta de tuerca a la cultura porteña más arraigada, varios cafés de especialidad, las nuevas estrellas de la gastronomía de la ciudad, cuidan la elección de los granos, la preparación y la temperatura y, además, incorporan librerías y bibliotecas para reformular y hacer honor a aquel ritual entrañable de sentarse a leer en un café.

Books and Coffee en Belgrano, Fetiche Libros en Villa Crespo, y Atlántica Libros y Café, en Caballito, son tres exponentes de las nuevas dinámicas que comenzaron a darse entre los libros y el café en Buenos Aires.

“Ah, no. En realidad, es un sueño de toda la vida”, cuenta Janice Winkler, la responsable de Books and Coffee (Conesa 2686) -un café de especialidad que sumó a su blend una biblioteca exquisita y, además, la posibilidad de comprar algunos de los libros que se ordenan en los estantes- cuando se le pregunta cómo se le ocurrió la idea. Winkler es traductora de inglés, escribió varios libros de poemas y publicó también "Para tomar un buen té", un libro con información sobre el té y su ceremonia. Desde adolescente soñaba con la idea de un café acogedor en el que se pudiera leer, trabajar y difundir algunos de sus textos favoritos. Hace quince días, cuando abrió Books and Coffee, ese viejo anhelo se hizo realidad.

A diferencia de muchos cafés de especialidad en los que cierta moda parece haber guionado la escena (el mismo grano de café, enormes croissants y música ambiental), en Books and Coffee todo fue hecho con cierta curaduría para respetar ese sueño adolescente. Las mesas y la biblioteca de madera los diseñó su marido Gastón, los cuadros son de un amigo artista, Nicolás Whelan, y ella aportó su escritorio rosa, ahora convertido en exhibidor de los budines del día. En la biblioteca coexisten los cuentos completos de Lorrie Moore en una edición de tapa dura, con las últimas ediciones del sello Chai y los libros de poemas de Tanta Ceniza, una editorial de poesía de Neuquén con ediciones artesanales. Los lectores que se acercan al café pueden dejar marcado el libro que eligen y retomar la lectura en la próxima visita. Y como varios pidieron en estas primeras semanas comprar los libros de la biblioteca, sumó un rincón de libros disponibles para la venta y trabaja para generar en los próximos meses cierta movida cultural con ferias, charlas y presentaciones de libros.

La carta de la cafetería también tiene sello personal. Winkler cuenta que el café brasileño de Modo Barista de la variedad Catarí tiene un sabor muy amigable al paladar tradicional argentino, menos ácido que el que suelen usar las cafeterías de especialidad y, para los que prefieren el té, hebras negras con caramelo. Para acompañar las infusiones hay propuestas gluten free, infantiles y de las más tradicionales.

La afinidad entre libros y café, en verdad, es antigua como la civilización. El periodista Nicolás Artusi, conocido en las redes como @sommelierdecafé y autor de los libros Café, Manual de café y el reciente Diccionario de café (Planeta), define a la infusión como la “bebida del conocimiento”. “Los primeros que comieron granos de café fueron los sufíes, la rama más filosófica del Islam, en el año 800, mil años antes de que se descubriera la cafeína”, cuenta Artusi, en diálogo con Télam, sobre el origen de un consumo que refuerza la identidad de “bebida del intelecto”. “A diferencia de una bebida etílica, por ejemplo, el café perfila la mente y es ideal para leer, estudiar o conversar, otra actividad intelectual”, explica sobre la conexión entre ambos mundos.

El fenómeno parecería tener, además, un componente porteño. En los últimos meses, en todos los barrios de la ciudad aparecieron cafés de especialidad. “El café es especial cuando se distingue del de granel. Un jurado lo califica con un puntaje en certámenes de asociaciones de 0 a 100 y si tienen más de 80 son `de especialidad´´, explica Artusi sobre una denominación que comenzó a usarse en 1974 en San Francisco y que, según él, llegó a Buenos Aires en los últimos años como parte de un fenómeno cosmopolita que también se da en ciudades como Londres o Nueva York. “Hay una suerte de perfeccionamiento de la experiencia de tomar café entre aquellos que cuentan con medios y conocimientos y que exigen saber más sobre el origen y la producción del café pero también de otros alimentos”, reflexiona y advierte que el fenómeno va más allá del marketing y la moda.

Fetiche café (Thames 744), de Martina Luri y Fernando Pérez Solivella, abrió en diciembre pasado y al formato de librería con centro cultural le sumó el café de especialidad. “El café invita a la conversación, a repensar situaciones, a cambiar de idea, tanto en soledad como en compañía. La literatura también nos convoca a esas escenas. Hablamos con nosotros mismos y con otros sobre lo que estamos leyendo, los libros nos hacen tener múltiples interpretaciones y miradas y, por suerte, muchas veces nos hacen cambiar de idea. Hay una sinergia entre café y libros que es absoluta, inmediata y en Fetiche celebramos que suceda”, reflexiona Pérez Solivella sobre esta suerte de afinidad electiva entre libros y café.

En Fetiche usan granos de café de Puerto Blest de Perú, de la región del Amazonas. “El caficultor es el Comité Café Monteverde, que se caracteriza por su trabajo con responsabilidad social y medioambiental. Lo seleccionamos por su combinación de sabores cítricos y dulces, y por su cuerpo cremoso. Somos fanáticos del espresso, el doppio y, en verano, del espresso tonic, que lo servimos con una rodaja de naranja”, cuenta Luri y propone acompañar el café con medialunas, muffins o cookies, la delicias de Sofía Marrone, una pastelera de Villa Crespo. El catálogo de la librería apunta a un vínculo orgánico entre los títulos. “Los libros conviven, circulan y entre todos terminan por crear un relato que nos representa. Todo el material que tenemos en Fetiche nosotros lo leeríamos. Esa es una pieza clave en la conformación de la curaduría de la librería”, describe sobre la oferta que además, suma un sector de libros usados con hallazgos muy interesantes, traducciones y ediciones desaparecidas.

Con charlas y presentaciones Fetiche termina por articular su propuesta. “Con las actividades culturales nos sucede algo similar a la construcción del catálogo. Generar un intercambio entre la gente y Selva Almada o Albertina Carri, que estarán este viernes y sábado en la librería respectivamente, se da de forma natural. Nos une la misma mirada literaria”, dice Pérez Solivella.

“Atlántica no es una librería con café ni un café con librería. Dejamos la definición a cargo del que nos visita. Nos gusta el espacio conjunto, la complementación y que las propuestas se complementen”, presenta al proyecto Carolina Alberti, una de las creadoras de Atlántica (Directorio 115), un espacio que nació como idea en el encierro pandémico. “Durante la pandemia nos juntamos un grupo de amigos. Cada uno tiene su vínculo con el libro, más allá de la lectura: uno tiene una editorial independiente, yo trabajé en editoriales y distribuidoras y antes de Atlántica tenía una librería virtual que hacía delivery a domicilio. Todos tenemos en común el amor por las librerías y pensamos un espacio en el que convivieran los libros con un buen café y una rica comida, donde se genere un intercambio entre lectores, autores, editoriales y otras disciplinas artísticas”, cuenta Carolina Alberti, integrante junto a Sebastián Masquelet, Melina Ons y Lucía Ursi Sotelo de la cooperativa que en julio de 2021 abrió Atlántica en una casa reciclada de Caballito.

“Tuvimos muy buena aceptación del barrio porque no hay muchas librerías ni un rincón para tomar un gran café”, cuenta Alberti y define el catálogo de la librería como “diverso” aunque con una apuesta por la narrativa latinoamericana y argentina y otra marca de la casa son las selecciones, auténticas curadurías de crónicas de viaje, novelas gráficas, correspondencia, diarios o poesía y narrativa LGBT.

jueves, 23 de diciembre de 2021

A ver si "todos y todas" por una vez somos "todos y todas" y no sólo los del club de siempre

Ana Clara Pérez Cotten, el 21 de diciembre pasado, publicó la crónica de un encuentro realizado en la Cancillería con el objeto de promover el libro argentino en el exterior. La nota, publicada por la agencia TELAM, se reproduce a continuación.

Lanzaron el plan Libro Argentino para apostar a la exportación y robustecer el mercado editorial

Con el objetivo de recuperar el espacio comercial del libro argentino en el mercado de la lengua española, pero también para representar a la cultura nacional en el mundo, se lanzó el "Plan de internacionalización Marca Libro Argentino", un programa de objetivos y lineamientos que apunta a que las distintas áreas del Estado coincidan, se articulen y sumen esfuerzos para que la industria editorial logre trascender las fronteras.

Bajo el sello protocolar del Salón Libertador del Palacio San Martín pero en un clima de encuentro típico de fin de año y con el mundo del libro como consigna y objetivo, coincidieron el canciller Santiago Cafiero, la directora de Asuntos Culturales, Paula Vázquez; la secretaria de Relaciones Económicas Internacionales, Cecilia Todesca Bocco; la secretaria de Gestión Cultural del Ministerio de Cultura, Lucrecia Cardoso y un grupo de escritores nutrido integrado por Martín Kohan, Cecilia Szperling, Claudia Piñeiro, María Negroni, Juan Sasturain, Enzo Maqueira y el ilustrador Diego Bianchi. Se sumaron, además, representantes de la Cámara Argentina del Libro y de la Fundación El Libro.

En vez de preguntarle a los escritores de donde viene su inspiración, indaguen en su condición material. Esto requiere de políticas públicas específicas", advirtió Martín Kohan, en representación de los escritores, para dar cuenta de la importancia de abordar desde el Estado la exportación de libros y de derechos de autor.

El plan de internacionalización del sector editorial, basado en lineamientos para una estrategia de comercialización de derechos de obras argentinas, busca robustecer herramientas ya probadas como el Programa SUR y el Argentina Key Titles.

"Estoy acá sosteniendo esta pila de libros como el gesto de una decisión política que apunta a jerarquizar el libro como objeto cultural pero también para garantizar su mercado", empezó Váquez mientras sostenía, con la ayuda del atril, ejemplares del poeta Ricardo Zelarayán, una primera edición de un poemario de Alejandra Pizarnik, la última novela de Claudia Piñeiro, un ensayo de Martín Kohan y una novela de Eduardo Berti, entre otros libros.

"Los traigo como amuleto para mostrar lo maravillosos que son los libros argentinos", aseguró la directora de Asuntos Culturales, en un claro intento de salir de la simple entelequia en el contexto de una acto institucional. "Me gustaría no volver a escuchar aquello de la época dorada de la edición argentina vinculada al pasado, quiero que la época dorada esté en el futuro", sostuvo e insistió en su compromiso para lograr que los libros nacionales oficien de bandera en el mundo.

El libro argentino es uno de los pilares de la gestión para 2022-2023, junto con la representación argentina en la Bienal de Venecia y la difusión de la candidatura del museo Esma ante la Unesco como patrimonio de la humanidad. "Queremos trabajar desde Cancillería en conjunto con otros organismos del Estado para recuperar el espacio del libro argentino en la lengua española", explicó sobre la articulación que aspira a que se de en el Estado a la que se sumarán la Cámara argentina del libro y el Centro de Políticas Públicas del Libro de la Universidad de San Martín.

A su turno, la secretaria de Gestión Cultural del Ministerio de Cultura, Lucrecia Cardoso, resaltó la dimensión económica de la cultura, que "crece más que la media de la economía argentina". "Necesitamos divisas para resolver las restricciones externas. Y además, el sector editorial es un imponente generador de puestos de trabajo", resaltó.

El canciller Cafiero, durante su intervención, eligió destacar a "Marca Libro Argentino" como un "ordenador" para "potenciar y exportar una parte de nuestra identidad nacional": "Tiene valor agregado, pero fundamentalmente talento agregado. Les estamos agregando talento a nuestras exportaciones", dijo.

Kohan, en nombre de los escritores pero también con un conocimiento cabal de cómo funciona la dinámica del mundo editorial, llamó a no caer en lo que denominó la "trampa de la sacralización de la literatura": "La literatura, la lectura y la cultura tienen un prestigio extendido que roza la unanimidad y eso puede jugar en contra. La literatura, cuando se ve remitida a un olimpo trascendental, no hace sino alejarse de su condición material".

Kohan optó por interrogar a una metáfora trillada para dar cuenta del problema y del rol que debe asumir el Estado: "Se habla habitualmente de `la teta del Estado´. Me pregunto por qué `teta´y no `tetas´. No tengo idea. En definitiva, no es una cuestión de teta, sino de políticas públicas que vayan a contrapelo del abandono negligente que hemos sufrido".

"Los muchos hacedores de la literatura, la industria editorial, los libros, la interpelación de los lectores, requieren ni más ni menos que otras cosas, políticas específicas. De qué se habla sino cuando se habla de políticas culturales o de cultura y política", sostuvo el escritor al final de su intervención.

martes, 17 de agosto de 2021

Librerías argentinas en Madrid y Barcelona



El pasado 14 de agosto, Ana Clara Pérez Cotten publicó en el sitio de la agencia TELAM esta nota sobre libreros argentinos en España. En su bajada se lee: “¿Se puede extrapolar la experiencia del librero argentino en el mercado del libro español? ¿Hay un interés renovado por la literatura latinoamericana? ¿La devaluación del peso es una oportunidad para exportar literatura? Los responsables de La Mistral, Lata Peinada y el Centro de Arte Moderno cuentan su experiencia”.

Argentinos al frente de librerías en España: el desafío de expandir la literatura latinoamericana

Con la esperanza de que los libros hagan su magia y acorten las distancias, se multiplican, con formatos e improntas variadas, los nodos en los que se concentra la literatura latinoamericana en España: la librería La Mistral, recién inaugurada a una cuadra de La Puerta del Sol y gerenciada por la argentina Andrea Stefanoni -quien durante dos décadas dirigió El Ateneo Grand Splendid-, las sucursales de Lata Peinada con un proyecto político y contrahegemónico en Madrid y Barcelona, y el Centro de Arte Moderno, otro emprendimiento también ideado por argentinos con un museo dedicado a escritores, son algunas de las embajadas literarias que abren camino en el país europeo.

¿Se puede extrapolar la experiencia del librero argentino en el mercado del libro español? ¿Hay un interés renovado por la literatura latinoamericana? ¿La devaluación del peso es una oportunidad para exportar literatura?

"El proyecto de La Mistral nació después de tomar la difícil decisión de dejar El Ateneo Grand Splendid. No de inmediato, pero luego de la muerte de mi abuela sentí que ya no tenía mucho que hacer en Buenos Aires. La idea de vivir en España estuvo desde siempre, aunque las cosas se dieron así, en medio de una pandemia y era eso, quedarse esperando o arrancar con todo nuevamente, y sucedió lo segundo", cuenta a Télam la escritora y librera Andrea Stefanoni desde Madrid, un día después de abrir al público la puerta del local.

Recuerda que el proyecto tomó forma en una terraza de Buenos Aires: "En una cena, les propuse a Carla D´Elia y Julián de Dios abrir una librería en Madrid. Esa misma noche empezamos a trabajar, a divagar, a pensar mil cosas y a poner plazos, porque claro, primero tenía que viajar e instalarme. Ellos estarán en Buenos Aires y viajarán periódicamente y yo llevaré adelante la librería aquí".

¿Cómo encarar un proyecto que nació de un deseo personal y al otro lado del océano, después de gerenciar durante veinte años la imponente Ateneo Grand Splendid? "La Mistral es imponente desde otro lado, tiene un estilo inglés muy hermoso, una escalera de madera y además, paradójicamente era el hall del Teatro Arenal, en el que lamentablemente hoy funciona un gimnasio. Está ubicada a una cuadra de La puerta del Sol, a dos de Plaza Mayor, en una calle angosta en bajada", relata Stefanoni para dar cuenta de que el cambio tiene cierto encanto.

"Y tenemos una selección de libros muy cuidada. No sé, es pura magia. No voy a comparar...La más linda del mundo siempre estará en Buenos Aires, el resto son solo bonitas", asume sobre la iniciativa que debe su nombre a la poetisa chilena y evita así la comparación más lineal.

La apertura superó las expectativas: "Me interesaban sobre todo los lectores del barrio y la verdad es que fue una verdadera fiesta. Sea donde sea, la apertura de una librería debe ser una fiesta".

En abril, la librería catalana Lata Peinada, de los argentinos Paula Vázquez y Ezequiel Naya, cumplió dos años y la pandemia, lejos de aniquilar el proyecto, los llevó a potenciarlo y a sumar una nueva sucursal en Madrid. El sello se mantiene: Lata Peinada vende solo literatura latinoamericana.

"Los primeros meses de la pandemia fueron muy difíciles. Cumplimos nuestro primer año cerrados completamente y, como le pasaba a todo el mundo, estábamos sumergidos en la incertidumbre", asume Paula Vázquez, escritora, abogada y librera.

Con el correr del tiempo, llegó la ayuda del Estado español para las empresas culturales y eso les dio cierto respiro y espacio para pensar: "Empezamos a trabajar con turnos, con envíos, con aforo restringido, y así. De todos modos, lo que nos sostuvo y lo que nos decidió a abrir la sucursal en Madrid fue la cercanía de nuestra comunidad de clientes, que desde el inicio nos ayudaron con compras futuras u online cuando no podíamos abrir la tienda".

Las dos tiendas comparten el criterio y la comunicación en redes sociales, en la web, en el canal de Youtube y el newsletter. "Vendemos libros que, en su mayoría, no circulan en el mercado español. Por eso el trabajo de difusión es muy importante, y es clave que sea focalizado y no fragmentado en dos direcciones", explica Vázquez.

Sin embargo, con la experiencia descubrió algunas diferencias entre los lectores de ambas librerías: "En Barcelona, por ejemplo, hay un núcleo duro de seguidores fanáticos de Aira, de Wilcock, de Gombrowicz, de Chitarroni, de Katchadjian, y eso no nos pasa en Madrid, no sabemos muy bien por qué".

Ambos públicos comparten la lectura de narradoras: "Por suerte, se publican cada vez más en España, y en muchos casos también viajan o pasan temporadas. Hace poquito recibimos en Madrid a Cristina Rivera Garza y a Claudia Piñeiro la misma semana, por ejemplo". Otros puntos en común, advierte la librera, son dejarse recomendar, la curiosidad por descubrir nuevas lecturas y el interés por conocer proyectos editoriales independientes latinoamericanos.

Stefanoni, por su parte, asegura que no espera "inventar nada nuevo" con La Mistral, pero destaca la selección y el planteo espacial: "Le dimos un lugar importante al género poesía, y tenemos una selección de lo que consideramos las mejores ediciones de las editoriales medianas que están haciendo obras de arte con cada edición, realmente son impresionantes los textos y el diseño".

La apertura de nuevas librerías en España es un fenómeno que trasciende la relación bilateral entre países y literaturas. Según el Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros de febrero, el 68,8% de la población española lee libros de papel y el hábito creció 12,3% en la última década. La pandemia, con una nueva configuración del tiempo dedicado a la lectura por ocio y alquileres más accesibles en las zonas céntricas, podría haber ayudado a la reactivación.

El Centro de Arte Moderno de Madrid, fundado por los argentinos Claudio Pérez Míguez y Raúl Manrique Girón, cumple 18 años y articula una librería, una galería y el Museo del Escritor.

"Queríamos un espacio de intercambio artístico interdisciplinario y darle prioridad a los autores latinoamericanos. Los primeros años fueron muy buenos, excepcionales, porque había una gran recepción para las propuestas culturales que tuvieran en cuenta la lengua como vehículo común. Ahora, más allá de los problemas territoriales, creo que somos más conscientes sobre esas las posibilidades culturales que da una lengua en común", analiza Pérez Míguez al recordar el origen de un proyecto que, en verdad, nació en la librería que tenían en Quilmes hace dos décadas.

El Museo del Escritor, que dialoga con la librería, es el único dedicado a tratar de conservar la memoria personal de los autores. "Tenemos piezas de 200 autores y conservamos entre 5000 escritos y documentos. Nos lo tomamos como un trabajo en permanente evolución", cuenta.

Sin embargo, al analizar la suerte económica de las librerías, Pérez Míguez es menos optimista: "El mercado del libro está complicado y las aperturas de las librerías son una buena noticia relativa porque hay muchas que la están pasando mal porque la competencia de Amazon en bestial. El gran ganador económico de la pandemia es Amazon, le dio un golpe de muerte al comercio minorista y las librerías no son la excepción". La experiencia parece mostrarle cómo seguir: "Nuestro proyecto irá ganando distintas patas para poder sobrevivir al monstruo".

La Mistral también aspira a convocar lectores más allá de la tentación que suponen los libros. "A partir de octubre, vamos a organizar actividades en un espacio hermoso que adaptamos especialmente. No solo haremos presentaciones de libros, sino también charlas con directores de cine, de teatro y especiales de Jazz entre muchas otras cosas", adelanta Stefanoni.

Con iniciativas en redes sociales, un podcast, talleres y hasta un festival, Lata Peinada articula la vida cultural de un auténtico centro cultural. Y la pospandemia les plantea el desafío de repensar la presencialidad. "En Madrid, desde que abrimos en noviembre, hicimos talleres y presentaciones presenciales con protocolos y aforo reducido. En Barcelona, las restricciones eran más duras, pero tenemos la ventaja de estar en una calle peatonal, entonces cuando el clima lo permite podemos hacer todas las actividades al aire libre", compara Vázquez, que ya trabaja en la organización del tercer Festival.

"Apostamos a hacerlo de forma presencial. Lo único más complejo asociado al Covid es planear viajes de escritores que viven o están fuera de Europa. El aprendizaje de este tiempo es que hay que trabajar como si todo fuese posible hasta el último momento y luego estar preparados y no frustrarse si hay que cancelar o reprogramar". La pandemia trajo, también, flexibilidad y maleabilidad de las expectativas.