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miércoles, 14 de noviembre de 2012

Uno de cada cuatro hispanoparlantes, mexicano


El secretario de educación Pública, José Ángel Córdova
Villalobos presenta el Diccionario Escolar


El 1 de noviembre pasado, Ana Cecilia Méndez Cortés publicó en Milenio.com la siguiente nota a propósito de un diccionario mexicano que prescinde por completo de los puntos de vista de la Real Academia.

Un paso más en el desafío de la AML
a la hegemonía de la RAE

(Ciudad de México) • Con la colaboración de la Secretaria de Educación Pública y la Comisión de libros de Texto Gratuitos, la Academia Mexicana de la Lengua Española presentó esta tarde el Diccionario Escolar dirigido a estudiantes de secundaria, el primero que se realiza fuera de la Real Academia Española.

El tiraje, redactado por José Moreno de Alba, Felipe Garrido y Rocío Mandujano, alcanza en su primera edición el número de 1 millón 800 mil ejemplares en papel y de 400 mil ejemplares en soporte electrónico.

Este diccionario cuenta con 14 mil 686 palabras en 633 páginas, donde se rescatan palabras utilizadas en diversas regiones del país. Los diccionarios se entregarán a 1 millón 800 mil alumnos de telesecundaria y a bibliotecas de secundarias generales y técnicas con la integración de un disco compacto.

Durante la presentación del Diccionario Escolar, el secretario de educación Pública, José Ángel Córdova Villalobos, destacó que la habilidad lectora y español son los retos a superar en la prueba ENLACE.

“Nos damos cuenta que no pueden leer rápidamente o entender lo que está leyendo. Para ello se han distribuido 70 millones de libros en todos los planteles de educación básica y para que al estar leyendo tengan a su lado un diccionario repartiremos estos ejemplares”, indicó el secretario.

El secretario destacó que el español es la segunda lengua más hablada en todo el mundo y que uno de cada cuatro hispanoparlantes es mexicano. Además destacó que de nuestras lenguas autóctonas se van incorporando nuevas palabras, que este diccionario logra rescatar.

Córdova indicó que el diccionario es un esfuerzo que hace el gobierno de Felipe Calderón para brindar un apoyo a los estudiantes de telesecundarias, que responden al 21 por ciento de la matricula total de todas las secundarias en México.

“1 millón 300 mil estudiantes están en telesecundaria. Estamos orgullosos porque los estudiantes de las telesecundarias son los que en la prueba ENLACE han ido mejorando más”, dijo.

Además recordó que la SEP apoya la reforma laboral ya que “permitirá que muchos estudiantes que están en edad de trabajar lo puedan hacer mientras están estudiando”.

Jaime Labastida Ochoa, director de la Academia Mexicana de la Lengua, explicó que el diccionario escolar es un enorme alcance en la formación de los estudiantes que hacen uso de la lengua española tal y como se habla y escribe el español del país.

“Es necesario subrayar que el diccionario que ahora se pone en manos de estudiantes de telesecundaria constituye un hecho histórico porque ofrece con un lenguaje sencillo un conjunto de palabras que denotan cómo se habla el español de México”, dijo.

Labastida Ochoa dijo que el texto de este diccionario es “insólito” en el sentido de que es el primero totalmente redactado por una corporación americana y no por la RAE. El diccionario, explicó se ha a disposición de las academias hermanas de américa para que, con los cambios que cada una solicite pertinentes, se comiencen a redactar diccionarios regionales y nacionales para cada uno de los países de América.

Este diccionario está en los portales de la SEP, la Academia Mexicana de la Lengua y Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuito.

Al evento acudieron el Director General de la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos, Miguel Agustín Limón Macias, y el Director adjunto de la Academia Mexicana de la Lengua, Felipe Garrido, además de la profesora Eugenia Lucas Valerio, Directora de la Escuela Secundaria Número 30 y alumnos.

miércoles, 31 de octubre de 2012

México otra vez, pero bien, muy bien

Garrido y Labastida
Una entrada larga, pero muy interesante, publicada en Este País. Tendencias y opiniones (ver) del 1 de febrero pasado. Se recomienda la lectura íntegra por la calidad de la crítica y la inteligencia de los objetivos propuestos.

Creación del Instituto Alfonso Reyes

Como parte de la labor del Consejo Consultivo de Ciencias (CCC), Jaime Labastida y Felipe Garrido nos hablan del proyecto para la creación del Instituto Alfonso Reyes, un organismo público dedicado a la defensa tanto del español como de las demás lenguas que se hablan en México.

El español en el mundo
En el paso del siglo XX al XXI el español desplazó al inglés como el segundo idioma más hablado del mundo. En la actualidad, el español constituye el modo propio de expresión de cerca de 450 millones de personas, y para aproximadamente 50 millones más es una segunda lengua. El chino mandarín es el idioma que cuenta con el mayor número de hablantes. Al mismo tiempo, después del inglés, el español es hoy en día la segunda lengua más estudiada del mundo —más de 40 millones de personas lo están aprendiendo—, y la tercera lengua más usada en internet, con 7.8% del total.

El explosivo crecimiento del español durante el siglo XX se debe a que ningún otro idioma en el mundo se habla en tantas naciones y, en especial, a su auge en Estados Unidos. El español es lengua oficial o nacional en 19 países de Hispanoamérica, además de España y de la Guinea Oriental, en África. Por otra parte, los hispanohablantes son el segundo grupo lingüístico más numeroso en Belice, Guyana, Filipinas y Estados Unidos, donde hay casi 40 millones que representan una economía más poderosa que la de cualquiera de sus países de origen.

El español es idioma oficial en varias de las principales organizaciones político-económicas internacionales, como la ONU, la UE, la UA, la OEA, la OEI; el TLCAN; la UNASUR; CARICOM y el Tratado Antártico, entre otras.

Todo indica que la expansión del español seguirá adelante a lo largo del siglo XXI; que en los años venideros este idioma continuará creciendo en importancia como lengua comercial, turística y diplomática, como vehículo cultural.

La presencia del español como una de las lenguas más importantes del mundo es un hecho, pero, ante la amenaza de la globalización, que acabará con muchas de las más o menos 5 mil lenguas que hoy se hablan en el mundo —según los cálculos más pesimistas, en el transcurso del siglo XXI podría desaparecer al menos la mitad—, hace falta consolidarlo como una gran lengua internacional; crear una poderosa industria lingüística. Para eso es preciso aprovechar todos los recursos, todas las posibilidades.

Al igual que los demás idiomas, el español afronta retos. En palabras de don Víctor García de la Concha, director de la Real Academia Española, “la globalización tiende a reducir el número de lenguas internacionales de comunicación. Y, para sobrevivir, hay que ser una lengua de uso de gran número de personas, tener un idioma unitario, estar muy presente en las tecnologías y ser una lengua importante en la diplomacia y en los foros internacionales. De momento cumplimos con las dos primeras condiciones, pero hay que fortalecer la segunda y considerar las otras dos como retos del futuro”.

Promover la cultura y la lengua propias como una manera de dialogar con los demás idiomas y culturas del mundo y propiciar un mayor intercambio cultural, turístico y económico es una necesidad de toda gran nación, que comienza por el cuidado y la difusión del idioma. Enseguida presentaremos las maneras en que seis naciones se han ocupado de esta materia y que están a la vista de nosotros, pues las seis tienen centros que funcionan en nuestro país. Lo hacemos en orden de antigüedad.

En general, estas organizaciones comparten tres propósitos esenciales:
1. Ofrecer cursos de su lengua en su propio territorio y en otros países, para toda clase de público.
2. Dar a conocer la cultura de su país, en la más amplia acepción de la palabra, y difundir los productos de sus industrias culturales.
3. Favorecer la diversidad cultural del mundo revalorando todas las culturas.

La promoción de las lenguas y las culturas europeas
1. La Alianza Francesa fue fundada en 1883, en París, como una asociación civil de interés público, para “asegurar la difusión de la lengua y la cultura francesas en el extranjero”, por iniciativa de Paul Cambon y con el respaldo de un comité que incluía, entre otros, a Lesseps, Pasteur, Renan y Verne. En 2007 pasó a ser una fundación, para poder recibir donativos.
Actualmente maneja directamente 270 centros en 138 países, y otorga su aval a 875 instituciones locales.1
Trabaja con un presupuesto de 42 millones de euros que cubren los gastos de administración, los salarios de los directores, las becas y los proyectos concretos. Los centros se autofinancian en 80%, y las instituciones locales lo hacen en su totalidad.
En 2007 los centros de la Alianza Francesa tuvieron una matrícula de 460 mil alumnos y una plantilla de 20 mil profesores, entre la Alianza y los liceos.
2. La Sociedad Dante Alighieri fue creada en 1889, en Roma, por un grupo de intelectuales guiados por Giosuè Carducci, para “tutelar y difundir la lengua y la cultura italianas fortaleciendo los lazos espirituales de los connacionales que se encuentran en el extranjero con la madre patria y fomentar entre los extranjeros el amor y el culto por la cultura italiana”.
La Società cuenta con 89 centros en 69 países; en el periodo 2003-2004 tuvo 88 mil alumnos.
3. El British Council fue establecido en 1934, en Londres, con el nombre de British Committee for Relations with Other Countries, como una organización voluntaria para promover la cultura, la educación, la ciencia y la tecnología británicas. El año siguiente pasó de ser un Committee a ser un Council, y en 1936 adoptó su nombre actual.
En 2002 el British Council operó un presupuesto de 675 millones de euros, de los cuales 230 fueron autofinanciados.
Actualmente cuenta con 216 centros en 109 países; 91 de ellos, en 57 países, se dedican a la enseñanza del inglés. En el periodo 2002-2003 tuvo 495 mil alumnos, con una plantilla de 2 mil profesores, y organizó 400 actos culturales.
4. El Instituto Goethe fue fundado en 1951, en Munich, adscrito al Ministerio Federal de Relaciones Exteriores, con el propósito de promover la enseñanza del alemán como segunda lengua y consolidar las relaciones culturales de Alemania con otros países.
En 2003, con un presupuesto de 278 millones de euros, de los cuales algo más de la mitad fueron autofinanciados, contaba con 127 centros en 78 países, más otros 16 centros en la propia Alemania.
Ese año tuvo 175 mil alumnos, con una plantilla de 3 mil 48 profesores, y organizó 8 mil actos culturales.
5. El Instituto Cervantes fue fundado en 1990, en Madrid. En 2004 su presupuesto fue de 60 millones de euros. Cuenta en la actualidad con 58 centros en 40 países. En el periodo 2002-2003 tuvo una matrícula de 82 mil alumnos, con una plantilla de mil 500 profesores, y realizó 3 mil 500 actos culturales.
6. El Instituto Camões fue fundado en 1992 como sucesor del Instituto da Cultura e Língua Portuguesa, bajo la supervisión del Ministerio de Asuntos Exteriores de Portugal. Actualmente es autónomo, y está presente en 30 países, dedicado a la enseñanza del idioma —en los Centros de Língua Portuguesa— y a la difusión de la cultura y las tradiciones de Portugal —en los Centros Culturais Portugueses.

Estos seis centros trabajan para divulgar las culturas y lenguas de sus respectivas naciones por todo el mundo. Los seis recibieron el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades en 2005.

El Instituto Alfonso Reyes
Como dijimos antes, promover la cultura y la lengua propias como una manera de dialogar con los demás idiomas y culturas del mundo, y propiciar un mayor intercambio cultural, turístico y económico es una necesidad de toda gran nación, que comienza por el cuidado y la difusión del idioma. Una necesidad que no puede dejarse en manos de otros. México debe contar con una institución semejante a las que hemos presentado.

En México se imparten cursos de español como segunda lengua en numerosas universidades públicas, en algunas universidades privadas y en algunas instituciones particulares.

La Universidad Nacional Autónoma de México cuenta además con centros de extensión en San Antonio, Ottawa y Chicago, donde se imparten clases de español, de literatura hispanoamericana y española, de historia e historia del arte. Actualmente, y esto es lamentable, la unam está modificando el perfil de estos centros de extensión y clases que durante muchos años se dieron en español comienzan a darse en inglés.
Todos esos sitios son, de manera natural, a un mismo tiempo, lugares difusores de nuestra literatura, nuestras artes, nuestras tradiciones, nuestra música, nuestro cine, nuestra cocina… En una palabra, de nuestras culturas: en el caso de México, su pluralidad cultural debe ser aprovechada.

El español de México, que tiene una zona de influencia natural, por razones geográficas e históricas, en Estados Unidos, Centroamérica y el Caribe, difiere de muchas maneras del español de España, y en muchos casos, por muchas razones, representa una opción preferible para los estudiantes de otras latitudes. En el Centro de Enseñanza para Extranjeros de la UNAM, esas razones explican el notable aumento, en el último decenio, de estudiantes coreanos, vietnamitas y japoneses.

Este proyecto propone la creación de un instituto consagrado a difundir y promover en el mundo el español de México, las lenguas que comparten nuestro territorio, las literaturas y las culturas de nuestro país, con el fin de incrementar su influencia y, con ello, aumentar sus oportunidades comerciales, turísticas y culturales.

Por la importancia capital de la obra de Alfonso Reyes como creador, investigador y difusor de la cultura, por su amplio intercambio con la cultura universal, por su presencia como diplomático en América y en Europa, se propone que este instituto lleve su nombre. Alfonso Reyes, el mexicano universal, es un símbolo idóneo para la tarea de promover en el mundo el español de México, sus lenguas originales, sus literaturas y sus culturas.

Propósitos
Los objetivos del Instituto Alfonso Reyes son los siguientes:
1. Promover en todo el mundo la enseñanza, el estudio y el uso del español mexicano, así como de las lenguas originales que se hablan en México.
2. Contribuir a la difusión de las culturas mexicanas en coordinación con las instituciones y los órganos de gobierno que persiguen fines semejantes: entre otras, la Academia Mexicana de la Lengua, las secretarías de Educación Pública y de Relaciones Exteriores, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la Universidad Nacional Autónoma de México —especialmente su Centro de Enseñanza para Extranjeros, cuya experiencia en la enseñanza del español como segunda lengua es ya centenaria, pues se fundó, con el nombre de Cursos de Verano cuando la Universidad de México fue vuelta a fundar hace un siglo.

Actividades
Para cumplir con sus propósitos, en coordinación con las instituciones mencionadas, el Instituto Alfonso Reyes se ocupará de:
1. Organizar cursos de español especialmente diseñados para nativos de otros idiomas.
2. Organizar cursos de las otras lenguas nacionales.
3. Publicar los libros de texto necesarios para la enseñanza del español y de las otras lenguas nacionales.
4. Organizar los exámenes y otorgar los diplomas de español y de otras lenguas nacionales.
5. Promover la investigación sobre la enseñanza del español y de las otras lenguas nacionales.
6. Preparar maestros de español y de las otras lenguas nacionales.
7. Apoyar a los estudiosos dedicados al español de México y a las otras lenguas nacionales.
8. Difundir el español de México y sus lenguas nacionales.
9. Colaborar con instituciones y sociedades afines en los países de Hispanoamérica y en España, para la difusión de sus culturas.
10. Poner al alcance del público bibliotecas y centros de información sobre las culturas de México.
11. Organizar en internet las páginas y los portales necesarios para hacer posible la enseñanza a distancia del español y de las otras lenguas nacionales, así como para ofrecer al público el acceso a los otros servicios que ofrezca el Instituto.
12. Coordinar las bibliotecas virtuales que existen en diversas instituciones, de manera que los materiales digitalizados que ya existen puedan llegar a un público más amplio.
13. Servir de interlocutor, junto con la Academia Mexicana de la Lengua, para colaborar en la organización y la difusión de los congresos internacionales de la lengua española, así como las demás asambleas internacionales relacionadas con el español y con las otras lenguas nacionales de México.
14. Colaborar con otras instituciones para la difusión de las culturas nacionales.
15. Publicar una revista y un anuario que informen sobre las actividades del Instituto, así como una colección de libros sobre las materias que atañen al campo de acción del Instituto.
16. Organizar programas de radio y de televisión sobre el español y las demás lenguas nacionales de México.
17. Promover la atención de la prensa y de los demás medios hacia los temas de interés para el Instituto.
18. Promover la circulación de libros mexicanos en el extranjero.
19. Promover la traducción de autores mexicanos, lo mismo de quienes escriben en español que de quienes lo hacen en las otras lenguas nacionales.
Esta lista de actividades es ambiciosa pero, naturalmente, puede aumentar. El crecimiento del Instituto Alfonso Reyes debe ser gradual. Muchos de sus servicios deben ser autosustentables.

Modelos
La Alianza Francesa, el Instituto Dante Alighieri, el British Council, el Instituto Goethe, el Instituto Cervantes y el Instituto Camões son organismos encaminados a la promoción del francés, el italiano, el inglés, el alemán, el español y el portugués, así como de las culturas que han creado estas lenguas; tienen una larga y fructífera experiencia que debe ser aprovechada.

Asimismo hace falta aprovechar la que han desarrollado los centros de enseñanza del español para estudiantes extranjeros en las universidades de México. Muy en especial el Centro de Enseñanza para Extranjeros de la unam, que ha trabajado desde hace un siglo y tiene escuelas de extensión en San Antonio, Ottawa y Chicago.

¿Una duplicación con el Instituto Cervantes?
El documento oficial que expide el Instituto Cervantes a los estudiantes que aprueban los exámenes es el Diploma de Español como Lengua Extranjera (dele). En la actualidad, el Instituto Cervantes ha avanzado ya en las conversaciones y los trabajos para que la unam y México adopten definitivamente el dele, con la intención de que llegue a convertirse en un reconocimiento panhispánico.

Esto conlleva la idea de formar profesores conjuntamente y fundar un examen de español global, no de español de España. A la última convocatoria del dele se presentaron 24 mil 500 candidatos en 268 ciudades del mundo. Una cifra muy inferior a la que resultaría de conseguir el consenso con Latinoamérica.

Para este propósito, lo que más preocupa al Instituto Cervantes es la convergencia de esfuerzos y trabajos con Estados Unidos y con México. El director de la rae sugiere que las sedes académicas americanas podrían abrirse al Instituto Cervantes para profundizar en un español universal, buscar fondos que ayuden a los países de Hispanoamérica y contar con México como una pieza clave para la expansión en Estados Unidos.

A la luz de estas circunstancias, podría suponerse que la creación del Instituto Alfonso Reyes es una duplicación que carece de sentido. No es así, sin embargo.

“Siempre que se habla de los países hispanoamericanos —escribió Antonio Castro Leal—, España siente un complejo imperialista. Los considera como sus antiguas colonias y no cree que puedan ser sus iguales, que puedan tener razón, ni que es conveniente afiliarse con ellos.”

Para la Real Academia Española, para el Instituto Cervantes, un español global y un español universal significan, en general, el español no siquiera de España, sino el que se habla en Madrid.

Ahí donde un madrileño diría “He llegado tarde, un mexicano” —y casi cualquier hispanoamericano— dirá “Llegué tarde”. Pero los exámenes en línea del Instituto Cervantes descalifican esa expresión; la dan como incorrecta. Y lo mismo sucede en decenas de otros casos. Pero hace mucho tiempo que la corrección del español dejó de ser un asunto exclusivo de ninguno de los lugares donde se habla. El español es una lengua policéntrica.

Hace mucho que esto se hizo evidente. En 1901, Miguel de Unamuno escribió: “Desparrámase hoy la lengua castellana por muy dilatadas tierras, bajo muy distintas zonas, entre gente de muy diversas procedencias y que viven en diversos grados y condiciones de vida social; natural es que [...] se diversifique el habla. Y ¿por qué ha de pretender una de esas tierras ser la que dé norma y tono al lenguaje de todas ellas? ¿Con qué derecho se ha de arrogar Castilla o España el cacicato lingüístico?”. Y dos años después: “Hay que hacer la lengua hispánica internacional con el castellano; y si este se nos muestra reacio, sobre él o contra él”.

Y en 1952, al comentar la cita anterior, don Antonio Castro Leal: “La importante corriente cultural que representan en el mundo de hoy España, los pueblos hispanoamericanos y Filipinas, exige un idioma cuyo centro no puede ser ya España, la cual es nada más una de las provincias del vasto territorio de habla española [...]. La Academia Española de la lengua no puede seguir siendo el árbitro único del español, porque no conoce suficientemente o porque no quiere reconocer la lengua que se habla fuera de España”.

La labor del Instituto Cervantes es muy importante y lo será cada día más, pero no es razonable pensar que una sola institución nacional pueda hacerse cargo de una lengua que comparte con otras veinte naciones. Menos todavía cuando se piensa en la promoción de las culturas nacionales. El Instituto Cervantes promueve esencialmente la cultura española, y atiende de manera superficial —no podría ser de otra manera— las de los países hispanoamericanos, las Filipinas y Guinea Oriental.

Hace falta equilibrar el trabajo del Instituto Cervantes con el de otros institutos nacionales en distintos países hispanohablantes.

Algo semejante sucedió con la Real Academia Española, durante mucho tiempo la única que juzgó la corrección del español. Hasta que, en 1951, en el Primer Congreso de Academias de la Lengua Española, celebrado en México, se debatió acaloradamente el tema y se encontró una solución al problema mediante la creación de la Asociación de Academias de la Lengua Española (asale).2

A partir de entonces, la asale, de la que forma parte la Real Academia Española, ha trabajado vigorosamente en defensa de una lengua que ahora se siente enriquecida por sus diferencias. La Nueva gramática de la lengua española (2009) es producto de once años de trabajo consensuado entre las veintidós academias, y en ella, al lado de los escritores españoles figuran también autores americanos —lo que no sucedió en la anterior Gramática académica de 1931. Hasta 2003 (22ª edición), el Diccionario de la lengua española aparece editado por la Real Academia Española, al igual que la Ortografía de la lengua española (2003); sin embargo, en el preámbulo de la 21ª edición, ya se habla de la participación de la Comisión Permanente de la Asociación de Academias de la Lengua Española en la preparación del Diccionario. En el Diccionario panhispánico de dudas (2005), el Diccionario esencial de la lengua española (2006), la Nueva gramática (2009) y las ediciones conmemorativas de Cervantes, García Márquez, Fuentes, Gabriela Mistral, Pablo Neruda (2004-2010), en cambio, figuran como editores la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española. En el Diccionario de americanismos (2010), finalmente, aparece, nada más y por primera vez, Asociación de Academias de la Lengua Española, cuya lista encabeza con razón, pues es la más antigua, la Real Academia Española.

En ese camino hacia una mayor autonomía de las academias, en 2010 la Academia Mexicana de la Lengua y Siglo XXI Editores publicaron un Diccionario de mexicanismos, y la Academia Chilena de la Lengua, el Diccionario de uso del español de Chile. Ese mismo año, por primera vez, la planta de un diccionario académico se preparó fuera de la rae: la Academia Mexicana de la Lengua construyó la planta de un diccionario escolar que cada una de las demás academias adaptará al uso del español en sus respectivas naciones y que aparecerá en diversas ediciones, muchas de ellas nacionales.

Todo esto es una muestra de la actual política lingüística panhispánica de las academias —como lo es el hecho de que las veintidós academias tengan una participación en las regalías que produce la venta de las publicaciones académicas—, y ha sido posible gracias al trabajo de la Asociación de Academias de la Lengua Española, surgida del Primer Congreso de Academias de la Lengua Española, celebrado en México en 1951.3

El Instituto Alfonso Reyes no es una duplicación. Por supuesto, tendrá que trabajar en estrecha colaboración con el Instituto Cervantes, pero podrá dedicar al español de México y a sus culturas —todas las que se expresan en sus lenguas originales— una atención mucho mayor que las que puede darle la institución española.

La masa fónica de México
Además de las razones geográficas e históricas, más allá de la experiencia de las instituciones mexicanas, hay otros motivos que deben propiciar la participación de México en la promoción de la enseñanza del español como segunda lengua. Uno de ellos es su rica diversidad lingüística y cultural. Otro, de importancia definitiva, es el peso de su masa fónica.

Actualmente, una de cada cuatro personas que hablan español en el mundo es mexicana. Esa masa fónica —enriquecida por la presencia de las lenguas originales— representa una situación ventajosa. Pero no basta con contar con la mayor población de hispanohablantes en el planeta, ni con el atractivo de sus lenguas originales. Hace falta organizarse para aprovecharla.

El argumento de que el español de América no puede dejarse a un lado para manejarse hoy en día en el mundo del español debe ser difundido de manera convincente y firme.

La influencia que México ejerce en el mundo es susceptible de crecer en enorme proporción, siempre que se entienda que esa influencia comienza por la promoción y la difusión de las lenguas que se hablan en México, de las literaturas que producen y de las culturas que se expresan en sus idiomas. La primera de todas, porque es la que tenemos en común con el resto de los hispanohablantes y porque para ella existe ya una enorme demanda en el mundo, el español de México.

El CCC y el Instituto Alfonso Reyes
Algunas tareas específicas que puede recomendar el Consejo Consultivo de Ciencias:
1. Levantar un censo de las instituciones que se dedican en México a la enseñanza del español como una segunda lengua.
2. Promover un análisis comparativo entre esas instituciones.
3. Organizar —a partir del Centro de Enseñanza para Extranjeros de la unam y con la participación de la Academia Mexicana de la Lengua— una asamblea que permita unificar los métodos que se usan en México para la enseñanza del español como una segunda lengua.
4. Encargar —a quien se juzgue pertinente— un estudio comparativo de la Alianza Francesa, la Sociedad Dante Alighieri, el British Council, el Instituto Goethe, el Instituto Cervantes y el Instituto Camões.
5. Promover ante las secretarías de Educación Pública y de Relaciones Exteriores, el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, la Universidad Nacional Autónoma de México y la Academia Mexicana de la Lengua, la organización y la puesta en marcha del Instituto Alfonso Reyes.
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Poeta y filósofo, JAIME LABASTIDA (Los Mochis, 1939) ha sobresalido también en los campos del periodismo y la edición. Entre sus libros de poesía está Animal de silencios (1996), que junto con La palabra enemiga (ensayo, 1996) le valió el Premio Xavier Villaurrutia. Es Director General de Siglo XXI Editores y Director de la Academia Mexicana de la Lengua.

FELIPE GARRIDO (Guadalajara, Jalisco, 1942) estudió Letras Hispánicas en la UNAM. Ha sido titular de Literatura del INBA y de la Dirección General de Publicaciones del Conaculta. A partir de 2011 se desempeña como Director Adjunto de la Academia Mexicana de la Lengua.

martes, 30 de octubre de 2012

Para que los españoles no piensen que es sólo con ellos

Rebosante de juventud, la AML en plena sesión
Yanet Aguilar Sosa  publicó el 13 de junio pasado en El Universal, de México, el siguiente artículo donde se pone a parir a la Academia Mexicana de la Lengua. Como puede apreciarse, esto de las academias es contagioso.

Las dudas sin resolver de la AML

El lema de la Academia Mexicana de la Lengua sigue siendo el mismo con el que se estableció en 1875: “Limpia, fija y da esplendor”, igual al de la Real Academia Española (RAE), pero con una historia de acción, proyectos e impacto en la vida cultural de ninguna manera equiparable.

Contrario a la de España, la mexicana no tiene ni los recursos económicos, ni la injerencia para hacer del español un negocio; tampoco tiene los estudios ni las publicaciones de diccionarios y literatura clásica; ni la fuerza para incorporar más léxico del español mexicano al Diccionario de la Lengua Española, a pesar de que México es la nación con más hispanohablantes en el mundo. Uno de cada cuadro hablantes es mexicano.

Aunque por esa institución han pasado más de 300 estudiosos y escritores como Joaquín García Icazbalceta, Manuel Orozco y Berra, Justo Sierra, Emilio Rabasa, Luis González Obregón, Artemio de Valle-Arizpe, Antonio Caso, Federico Gamboa, Alfonso Reyes, José Vasconcelos y Martín Luis Guzmán, entre muchos más, hasta hace poco los académicos empezaron a incidir en las decisiones que se toman en la RAE; antes no les daban ese privilegio, tampoco a los otros países de Hispanoamérica.

Sin embargo, son más los déficits que tiene esa institución. Ha producido y publicado un diccionario ambicioso, el Diccionario de mexicanos, coordinado por la académica Concepción Company Company y publicado por Siglo XXI y la UNAM, pero que desde su salida ha estado en la polémica por sus errores, que por cierto, ya serán corregidos, pues el volumen está en un proceso de “ampliación y corrección, en una edición muy severa”, a decir del director de la Academia y director de Siglo XXI, Jaime Labastida.

En lo interno, la Academia Mexicana de la Lengua también tiene pendientes, cuenta con 33 miembros, entre escritores, abogados, dramaturgos, periodistas y estudiosos de la lengua; de ellos sólo ocho son lingüistas, lexicógrafos, filólogos o gramáticos, y sólo seis son mujeres. El más antiguo de los académicos es Miguel León-Portilla –que ingresó en 1961– y el más nuevo Vicente Leñero recién ingresado el 12 de mayo. El chelista Carlos Prieto está próximo a ingresar formalmente.

Además, la Academia terminó el Diccionario español del estudiante y aunque lo entregó a la Secretaría de Educación Pública, ésta no ha dado una explicación de por qué no lo ha publicado.

Ese es un proyecto sin concreción, al igual que la gestión que han empezado para hacer del español la lengua oficial de México y la solicitud para que el gobierno mexicano firme el Convenio de Bogotá establecido en 1960, que lo obligaría a dotar a la Academia de una sede propia –su sede actual en Liverpool 76 está en comodato– y darle recursos fijos para su gestión.

Ese organismo que limpia, fija y da esplendor a la lengua, tiene una nómina anual de 9 millones de pesos, dos de los cuales son recursos etiquetados dentro del Presupuesto de Egresos de la Federación; los restantes provienen de apoyos de Conaculta y de la Fundación Pro Academia Mexicana de la Lengua.

La entidad, que está por firmar un convenio con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas para hacer “diccionarios” y que gestiona la creación del Instituto Alfonso Reyes para que “enseñe el español hablado en México allende de nuestras fronteras”, como afirma Labastida, es cuestionada por el lingüista mexicano Luis Fernando Lara:  “¿Méritos? No le veo ninguno, creo que podemos vivir tranquilamente sin la Academia Mexicana”.

Español, gran negocio; no en México
Este idioma que hablan 441 millones de personas, que es lengua única en 18 países –en tres más es cooficial– y segundo idioma más estudiado del mundo, superado sólo por el inglés, se ha convertido en uno de los grandes negocios de España al considerarlo capital cultural intangible, pero no lo es de México.

Tal cantidad de hablantes convierten al español en una de las oportunidades de negocio más confiables de cualquier economía, lo sabe España que en 2007 reportó ingresos por 462 millones y medio de euros gracias a los extranjeros que llegaron a estudiar español; pero ese es un rubro que en México no se hace por falta de interés y de recursos.

Luis Fernando Lara, quien colabora en un libro que saldrá en Barcelona, titulado El dardo en la academia, que contendrá unas mil 400 páginas de críticas a las academias de la lengua, asegura que la Academia Española maneja muchísimo dinero y las grandes trasnacionales aprovechan su influencia para entrar en Hispanoamérica con el pretexto de la unidad de la lengua.

“El español se ha convertido en la punta de lanza de las grandes empresas españolas, al grado de que le dieron patente de corso a la Fundeu, la Fundación del Español Urgente, que es la que anda repartiendo consejos de cómo se debe escribir pero con un agravante que casi nadie a notado, que la Fundeu vende un sello de calidad”, señala Lara.

Adolfo Castañón, académico que hace unos días fue nombrado nuevo bibliotecario-archivero de la AML, asegura que en México siempre le están regateando el apoyo a las instituciones nacionales y que no se aprovecha a la Academia para capacitar a los maestros, por ejemplo, o a la sociedad en general; que no se piensa en capacitar a la gente para saber hablar, saber leer y saber escribir en su propio beneficio.

Por su parte, Jaime Labastida dice que en España la lengua está considerada un asunto de Estado y ven la lengua como un activo económico, pero México, de entrada, no tiene lengua oficial. “Si el español fuera visto como un asunto de estado la academia recibiría los recursos que le corresponden como están previstos en un convenio multilateral que fue firmado por todos los gobiernos durante el tercer Congreso de las academias, en Bogotá, en 1960”.

Sin dinero, pocos libros
El argumento al que siempre llega Jaime Labastida por la falta de acciones es “la penuria extrema” en la que trabaja la Academia; sin embargo, Luis Fernando Lara afirma que tiene que ver con que es “una corporación que no se ha metido, es muy conservadora y además parece que no les gusta entrar al debate. Los verdaderos asuntos del español es preferible que los discutamos abiertamente y entre especialistas, la lengua es un hecho público y no la podemos sustraer a un grupo de gente”.

Asegura que son muchos años para tan pocos resultados, pues si se trata de hablar de publicaciones, la Academia Mexicana sólo publica sus memorias, hizo un Índice de mexicanismos durante la gestión de José Luis Martínez y luego un primer Diccionario breve de mexicanismos hecho por Guido Gómez de Silva “igualmente malo que este segundo que sacó Concepción Company”, afirma Luis Fernando Lara, profesor e investigador de El Colegio de México.

El ensayista Adolfo Castañón asegura que “en materia de publicaciones se ha hecho lo que se ha podido en esas condiciones” y recuerda que además se han publicado anuarios; cita también la reedición que se ha hecho del Vocabulario de mexicanismos que hizo Joaquín García Icazbalceta.

“Los académicos mexicanos, también como profesionales y de manera individual, han tenido una injerencia muy fuerte en el ámbito editorial; por ejemplo en la Biblioteca del Estudiante Universitario que edita la UNAM o en la Biblioteca de autores griegos y latinos”, afirma Castañón.

Sin embargo, Luis Fernando Lara apunta que aunque la mexicana fue la segunda academia que se fundó en América, después de la colombiana, se pasó los primeros 140 años de vida sin hacer nada; acepta que hubo académicos valiosos como Joaquín García Icazbalzeta o Francisco Santamaría que publicó su Diccionario de mejicanismos, pero que incluso lo hizo antes de ser miembro de la Academia.

“O sea, son obras de personas, no como ellos dicen de la corporación. A la vez la Academia mexicana nunca ha tenido un papel importante en el estudio del español de México y tampoco ha contribuido a los debates importantes sobre el periodismo, el uso de nuevas palabras, la influencia del inglés, etcétera”, señala el investigador.

Para Jaime Labastida, la Academia ha hecho lo que ha podido: “Uno de los propósitos que tenemos ahora es constituir una comisión editorial de la Academia, claro que podríamos publicar mucho, los trabajos de los grandes académicos, muchos de los libros de García Icazbalceta que no están disponibles. Esa es una laguna que la academia puede llenar”.

Las omisiones y los pendientes
Muchos son los proyectos de Jaime Labastida al frente de la Academia, como la creación del Instituto Alfonso Reyes del cual ya ha hablado con la presidenta del Conaculta, Consuelo Sáizar. Ella está de acuerdo en que es la Academia la más adecuada para definir objetivos y estructura. “La Academia quiere contribuir, ni lo puede llevar por sí sola ni puede apropiarse de eso, no le corresponde”, dice Labastida.

Reconoce que el Instituto Cervantes enseña el español peninsular, con el acento español y la forma de construcción peninsular y que en México “deberíamos enseñar el español culto de México”, por lo cual ha propuesto la creación de ese instituto a semejanza del Cervantes de España, del Camus de Portugal, de la Alianza Francesa de Francia, el Goethe de Alemania o el Dante Alligeri de Italia.

Adolfo Castañón dice que un pendiente es lograr una página de la academia que responda a las consultas como lo hace la de la Real Academia de la Lengua; con todo, la mexicana ha respondido más de cinco mil dudas.

Aún así, Luis Fernando Lara ve faltas en la Academia Mexicana de la Lengua, por ejemplo, que no ha puesto ninguna atención a las carencias de la terminología; es decir, al estudio del vocabulario científico y técnico.

Varios estudiosos, muchos de ellos de la UNAM, han hablado de que es un problema serio el del vocabulario científico y técnico del español pues “cada país está bajo distintas influencias y entran diferentes soluciones de vocabulario llega un momento en el que nuestros científicos dicen: ‘hablar en español nos cuesta más trabajo, mejor usamos inglés’. Eso, a lo que nos va a llevar es a perder capacidad en la lengua”.

También Luis Fernando Lara cuestiona los criterios de ingreso a las academias, hay personas de muy diferentes conocimientos y no se pueden estudiar la lengua como se debe. “Para ingresar a la Academia de Medicina hay que ser médico, en cambio para ingresar a la Academia de la Lengua no hay que ser nada en particular”.

Lara asegura que la Academia Mexicana de la Lengua está a caballo entre que hay escritores y los que no son escritores; por lo tanto, su actividad siempre es “muy casuística”.

miércoles, 11 de abril de 2012

Jaime Labastida vino y dijo

Publicada en la revista Ñ del 6 de abril pasado, la siguiente entrevista con Jaime Labastida, director de la editorial Siglo XXI México y titular de la Academia Mexicana de Letras, se refiere a las restricciones a la importanción, al estado del mercado editorial y a las distintas políticas respecto de la lengua castellana en sus distintas versiones.

"Aunque el libro es un producto mercantil, 
su soporte son las ideas"

Fue una semana agitada la que le tocó al mexicano Jaime Labastida en su visita a Buenos Aires. Menos por los cortes de tránsito que ocasionó la caprichosa carrera que amputó varios carriles de la 9 de julio, y mucho más por las normativas que afectaron a la industria editorial, de la que él es un referente. Titular de Siglo XXI México, con sucursales en España y la Argentina, Labastida le hizo frente al mañoso debate por las trabas a la importación de libros. "No estamos a favor de ninguna traba aduanera", dijo, y repasó la historia de la cultura universal para fundamentar su posición. Del pasado al futuro, la charla derivó hacia el golpe que la revolución tecnológica puede asestarle a las editoriales, algo que no parece preocuparle al mexicano. Para él, en última instancia, los lectores saldrán beneficiados.

También habló Labastida sobre su gestión al frente de la Academia Mexicana de Letras. Desde allí acaba de publicar un diccionario de americanismos, que en 2013 tendrá una nueva edición con el doble de términos que el actual, y que surge de un trabajo consistente en la recolección de  formas lexicales, locuciones verbales, y congresos regionales para incorporar el habla de las distintas regiones del país. "Ustedes podrían hacer lo mismo", sugirió Labastida, y contó otro de sus logros. Cuando asumió en la Academia… lo primero que dijo fue que las respuestas que venía a dar el Fundeu las tenían que dar ellos, y entonces crearon el Espin (español inmediato), un servicio en Internet para aclarar dudas pero de una óptica local, no española. El otro logro es un diccionario escolar, que saldrá en septiembre con una edición de 2.2 millones de ejemplares. Restricciones aduaneras, asimetrías culturales y la persistente duda tecnológica, se baten en esta entrevista.

-¿Cómo está viviendo esta insidiosa discusión sobre las trabas a la importación de libros?
-Desde el siglo XVIII se discute la libertad de circulación de las ideas, se habla incluso del libre comercio de ideas. Acababa de superarse la Inquisición, y estoy hablando de España, que establecía trabas para la publicación y circulación de libros, con imprentas sujetas a las disposiciones gubernamentales, en este caso la Corona que daba licencias. Y la palabra licencias implica su contrario, el que no tiene licencia. Ahora las trabas vienen por el lado arancelario, pero es una clase de censura.

-Sin embargo, usted opina que es necesario fomentar la producción local: deduzco que esta no es la vía…
-Por supuesto, pero por una cuestión lógica. Es mucho más caro imprimir un libro en México o España y traerlo a la Argentina que mandar un pdf por mail y que se publique acá.

-¿Cómo se equilibran estas dos visiones, la de la libre circulación y la del fomento a la producción local?

-Es un problema que tiene que ver con el desarrollo económico. Pero en relación a los libros, estamos en contra de cualquier traba aduanera, pedimos que circulen con total libertad y que paguen aranceles otros productos comerciales: las telas, los automóviles, los zapatos… Los libros, ¿qué tanto representan? Se pierde más con esa traba desde el punto de vista de las ideas que lo que se obtiene de rédito económico.

-¿El libro debe estar exceptuado de los tratados y disposiciones que afectan a otras mercancías?
-Así es. Aunque el libro es un producto mercantil, se construye de manera industrial, tiene como soporte a las ideas. ¿Qué trabas le pones a Internet? ¿O a los satélites, que en la actualidad vigilan todo lo que quieren? Tiene que existir esa libertad en este espacio, principalmente porque tiene que ver con el desarrollo de las ideas.

-¿Qué puede decirnos de los cambios en la distribución, circulación y consumo de libros?
-Hay cambios, pero no todos los libros se pueden editar en todos los países. Nosotros enviamos los pdf para que se impriman en la Argentina, pero dependiendo del mercado que tenga ese libro. Aquí acepta un libro de Foucault, de Barthes o Lacan, pero una producción local mexicana, de la que se vendan 100 o 200 ejemplares, no justifica ir a imprenta, conviene más enviarlos. Entonces hay que esperar a reunir una buena cantidad de títulos para enviarlos juntos y amortizar el costo del transporte.

-Las empresas tecnológicas entraron de lleno en el mercado cultural. Distribuyen y hacen circular muchos de estos productos desplazando a las editoriales, los medios, etc. ¿Le preocupa esta situación?
-Cada vez hay más gente, más libros y un mercado más amplio, por lo tanto hay espacio para todos. En la Biblioteca de Alejandría, ¿cuántos leían, cuántos libros había en la Atenas culta del siglo V AC? ¿Quiénes podían disponer de esos libros? Eran manuscritos.

-No había mercado
-Exactamente, y por eso la llegada de la imprenta democratiza la razón, la inteligencia. Surgieron escuelas, universidades y la gente aprendió a leer y a escribir. Todavía estamos sujetos a la revolución de Gutenberg. No hay nada que temerle a la revolución tecnológica, que está ampliando el desarrollo de la inteligencia. Es posible que afecte a las editoriales en cierto sentido, pero no a los lectores. Cada vez habrá más lectores.

-¿Considera que la accesibilidad es en sí misma fomento para este desarrollo de la inteligencia?
-Sí, y no le tengo ningún temor. Ni desde el punto de vista de escritor, ni del pensador, ni del desarrollo de la inteligencia. Y ni siquiera como editor. Cada quien tiene su espacio.

-Aún así, tenemos problemas culturales y educativos graves, que usted advertirá fácilmente en México…
-Pero ese es otro problema. No tiene que ver con la tecnología. En México no hubo desarrollo de la lectura. ¿Cuántos libros por habitante se producen en la Argentina?

-Alrededor de tres…

-En México, si le restamos los libros de texto, que son aproximadamente 100 millones por año, nos queda menos de un libro por habitante. Y esto viene desde hace muchísimos años.

-¿Y cómo se explica que la Argentina haya perdido peso en el mercado editorial, cuando hace 60 años era el referente para el mercado en castellano?
-Hay que mirar más atrás. La dictadura de Franco en España afectó a la producción y por fortuna México y Argentina recibimos a una gran cantidad de editores e intelectuales, que implicaron un gran desarrollo para estos dos países. Pero después de la muerte de Franco, España empieza a recuperar ese espacio con un gran desarrollo.

-En materia de lectura, todo lo nuevo parece efímero, lo que más se consume siguen siendo los autores del boom y algunos clásicos, ¿cómo interpreta este dato?
-Nos hace falta el estímulo de ideas nuevas. Hay nuevas preguntas, y en consecuencia nuevas respuestas posibles. Desde el punto de vista estrictamente pedagógico, ¿se puede enseñar la cultura, la ciencia, la filosofía o como decía nuestro amigo Sócrates, se puede enseñar la virtud? No se puede, y esa es la gran enseñanza socrática, tienes que aprender a aprender. Cualquiera de nosotros, en términos generales, sabe más que Kepler, Galileo o Descartes, pero ninguno de nosotros ha hecho los aportes que ellos sí hicieron. Ser científico es aportar algo nuevo no repetir lo que ya se sabe. Eso es lo importante, generar nuevas preguntas para encontrar nuevas respuestas.

-Ahora le pregunto como titular de la Academia mexicana: ¿se equilibra de algún modo el desbalance que siempre existió entre España y América latina en materia de normas y vocabulario siendo que nuestro continente reúne al 90 por ciento de los hablantes de castellano?
-No se equilibra del todo. La Real Academia española va a cumplir el año que viene 300 años de vida, que no es poca cosa. La academia mexicana fue fundada en 1875, pero ha subsistido de manera precaria, porque nunca tuvo un presupuesto a diferencia de la española, que tiene un presupuesto altísimo. Pero hubo un hecho que empezó a nivelar la situación, que se produjo en 1951. El gobierno de México convocó al primer congreso de academias, nunca antes había habido uno y ahora, en 2014, tendremos el décimo sexto. Pero cómo se formaron las academias, teniendo a la Real Academia como centro y a las demás como correspondientes.

-Bueno, un virreinato…

-Prácticamente. Con intendencias, virreinatos, capitanías generales… pero lo que ocurrió en 1951 fue que la única academia que no asistió al congreso fue la española. Franco se lo impidió. Exigía que México rompiera con la República, y México no lo hizo. Y allí surgió lo que hoy es una realidad, la asociación de academias de la lengua española. Dejamos de ser correspondientes para tener una relación horizontal con el resto de las academias. A partir de allí empezaron a incorporarse los mexicanismos, los argentinismos, los venezolanismos. Y ahora tenemos productos que se desarrollan por el conjunto de las academias, como el Diccionario panhispánico de dudas, la Nueva Gramática de la lengua española. Claro, hay todavía un desequilibrio, una asimetría, porque desde el punto de vista teórico la Real Academia tiene mayor peso.

-Y usted, ¿cómo equilibra la actividad de ser presidente de una editorial en expansión y de la academia de letras de su país?
-Separo por completo, como si fuera un esquizofrénico. Desde el punto de vista de la editorial tengo que pensar en nuestros negocios no solamente en México sino en Argentina y España. Desde le punto de vista de la academia yo represento un espectro muy amplio de opiniones. Tenemos sacerdotes y ateos, yo soy ateo pero respeto la opinión de un sacerdote. Me eligieron ellos, qué puedo hacer.