El jueves 10 de septiembre, a las 18 hs., habrá una charla de Jorge Fondebrider sobre la traducción de autores irlandeses al castellano, en el Instituto Cervantes, de Dublín (Lincoln House, Lincoln Place D2 DO2 VH29 Dublin). La invitación es de la Maynooth University y del Trinity College Dublin, con el apoyo de Research Ireland. Quienes anden por ahí están amablemente invitados. La entrada es libre y gratuita
lunes, 7 de septiembre de 2026
Charla sobre traducción de literatura irlandesa
El jueves 10 de septiembre, a las 18 hs., habrá una charla de Jorge Fondebrider sobre la traducción de autores irlandeses al castellano, en el Instituto Cervantes, de Dublín (Lincoln House, Lincoln Place D2 DO2 VH29 Dublin). La invitación es de la Maynooth University y del Trinity College Dublin, con el apoyo de Research Ireland. Quienes anden por ahí están amablemente invitados. La entrada es libre y gratuita
lunes, 6 de abril de 2026
La prosa de Maggie O'Farrell es la de Concha Caredeñoso Sáenz de Miera
lunes, 29 de diciembre de 2025
El periplo de Ulises llega a nuestros días
lunes, 15 de diciembre de 2025
Todo aquello con lo que se puede escribir un libro
martes, 11 de noviembre de 2025
Uno de los libros del año, comentado
En la revista Ñ del pasado 7 de noviembre, Kit Maud escribió una reseña de La madre de Beckett tenía un burro, de Matías Battistón. Según la bajada, "es una original disquisición sobre el trabajo de la traducción, pleno de anécdotas, conexiones y teorías, por Matías Battistón, uno de los más recientes traductores del escritor irlandés"
Este traductor no es ningún burro: Beckett en castellano
La mecánica cuántica y el arte de la traducción literaria no parecen tener mucho en común, pero hay una coincidencia fundamental: ambas se ejercen en el territorio de las posibilidades. Si un cálculo cuántico tiene que tener en cuenta dos (o más) respuestas distintas pero igualmente verdaderas, esto no es menos verdadero para una decisión de traducción. Pocas veces surge una frase que no ofrezca varias opciones igualmente acertadas en el idioma de destino, y hasta que esta decisión sea definitiva (o por lo menos la traducción haya sido entregada, impidiendo futuros cambios de criterio) todas siguen estando en juego. En el desafío que se le presentó al traductor Matías Battistón –el detonante para este maravilloso libro– el problema de las posibilidades explotó de manera exponencial.
Encargado con una nueva traducción de la famosa trilogía de Samuel Beckett –Molloy, Malone muere y El innombrable– la primera decisión que tuvo que tomar Battistón fue qué versiones usar: la francesa que vino primero, o la más tardía en inglés. Dado que Beckett los tradujo él mismo (con la “ayuda” inicial de un tal Patrick Bowles; destinada, como relata Battistón, al fracaso), en verdad hay dos “originales” de cada libro. Y más allá de la diferencia lingüística, hay discrepancias en sustancia también; efectivamente, en la transferencia del francés al inglés Beckett cometió lo que sería un pecado mortal para todo traductor pero fue perfectamente licito para el como autor; iba corrigiéndose y reescribiéndose a sí mismo.
Para los interesados en la traducción y en los estudios beckettianos, una explicación detallada de cómo Battistón fue resolviendo estos y muchos otros dilemas que le habrán aparecido durante semejante tarea sería fascinante (es de esperar que lo escriba algún día), pero La madre de Beckett tenía un burro no es ese libro. Es efectivamente la crónica de todas las investigaciones que Battistón se autoencargó para evitar, aunque de manera temporaria, tener que resolver dichos dilemas, una miscelánea literaria que va desde la historia de las primeras traducciones de Beckett al inglés, incluida su relación tortuosa con el pobre Bowles –horas sentados en un café parisino reescribiendo todo el trabajo que Bowles había hecho la noche anterior, escena beckettiana si las hay–, hasta varios otros ejemplos trágicos de las relaciones autor/traductor –Battistón presenta un argumento persuasivo de que lo que terminó de finiquitar a Nabokov fue una traducción insatisfactoria por parte de un traductor que bien podría haber sido uno de sus personajes–, y varías preocupaciones relacionadas más o menos con la traducción, un campo, al parecer, no desprovisto de una buena medida de fraudes, charlatanes y locos.
Así, al igual que en una reacción cuántica, cada nueva ocurrencia o pregunta conduce a otra búsqueda archivística, cuyos resultados están sintetizados en secciones con títulos como “El primer traductor que odió a Beckett” o “La difamación creativa” (dicha sección, obviamente, se refiere a Borges). De estas historias de famas e infamias surge una galería de figuras de la literatura de los siglos XX y XXI, pocas de las cuales se revisten de gloria. El fracaso parece algo endémico de la traducción.
Mientras Matías Battistón explora lo que pasa en las mentes de sus distintos sujetos traductores y traducidos (las cartas y entradas de diario que cita de Rosa Chacel son particularmente entretenidas), persiguiendo toda bifurcación prometedora con el esmero de alguien que de verdad no quiere hacer el trabajo que le fue encomendado, el lector tiene el privilegio de experimentar un poco de lo que pasa en su propia cabeza: un imaginario lleno de erudición amena, una ironía fina y una excelente apreciación del ritmo cómico, que remite con fuerza a ese tufo de obsesión y locura mezcladas que perfuma todo buen emprendimiento literario.
Para los interesados en la traducción y en los estudios beckettianos, una explicación detallada de cómo Battistón fue resolviendo estos y muchos otros dilemas que le habrán aparecido durante semejante tarea sería fascinante (es de esperar que lo escriba algún día), pero La madre de Beckett tenía un burro no es ese libro. Es efectivamente la crónica de todas las investigaciones que Battistón se autoencargó para evitar, aunque de manera temporaria, tener que resolver dichos dilemas, una miscelánea literaria que va desde la historia de las primeras traducciones de Beckett al inglés, incluida su relación tortuosa con el pobre Bowles –horas sentados en un café parisino reescribiendo todo el trabajo que Bowles había hecho la noche anterior, escena beckettiana si las hay–, hasta varios otros ejemplos trágicos de las relaciones autor/traductor –Battistón presenta un argumento persuasivo de que lo que terminó de finiquitar a Nabokov fue una traducción insatisfactoria por parte de un traductor que bien podría haber sido uno de sus personajes–, y varías preocupaciones relacionadas más o menos con la traducción, un campo, al parecer, no desprovisto de una buena medida de fraudes, charlatanes y locos.
jueves, 25 de septiembre de 2025
Despedida de Antonio Rivero Taravillo
"Fallece a los 62 años, víctima de un cáncer, el escritor, poeta, traductor y ensayista, autor de una obra amplísima, en la que destaca sus estudios sobre Cernuda, Joyce y Yeats; el próximo viernes, iba a pronunciar el pregón inaugural de la Feria del Libro Antiguo". Tal es la bajada del obituario del escritor y traductor sevillano Antonio Rivero Taravillo, publicado el pasado 19 de septiembre por Patricia Godino, en elPeriódico, de España.
El alcalde de Sevilla, José Luis Sanz, ha lamentado su muerte: "Se marcha un extraordinario humanista de la literatura". Y Antonio Muñoz, portavoz del PSOE municipal, también lo ha despedido en X como "el biógrafo que nos devolvió a un Cernuda vivo y cercano y que nos guió en la recuperación de la casa natal del poeta".
jueves, 11 de septiembre de 2025
Daniel Gigena entrevista a Matías Battistón
| Matías Battistón, modelo de Calvin Klein y traductor |
“Un libro que no está traducido por nadie debería generarnos la misma inquietud que uno que nadie escribió”
viernes, 8 de agosto de 2025
A fuerza de té y caldito, Matías Battistón escribió un libro genial que todos le agradecemos
Matías Battistón es fundamentalmente traductor. Considerando sus aportes en la especialidad, su nombre ya está inscrito entre los mejores que ha producido Argentina. Y ahora, a esos laureles suma el mérito de haber escrito uno de los mejores libros que hasta ahora se publicaron en 2025. Se trata de un supuesto "diario de traducción" sobre su trabajo con las novelas y cuentos de Samuel Beckett. ¿Por qué supuesto? Porque el diario está pero también es un ensayo sobre lo que es traducir, una pesquisa alrededor de los traductores de Beckett, una serie de reflexiones sobre Beckett como traductor de sí mismo, una guía de la continua dispersión a la que Battistón se somete cuando traduce a Beckett y muchos conatos de ficción que relatados con un magnífico humor hacen que éste sea un libro del todo singular que desafía toda categorización y que, por lo tanto, puede ser disfrutado por lectores especializados y neófitos. Curiosamente, fue publicado por Emecé, uno de los tantos sellos del Grupo Planeta, que, como es sabido, se especializa en editar libros generalmente malos. Se trata entonces de una muy bienvenida excepción.
Para concluir, Matías Serra Bradford publicó el siguiente suelto en la revista Ñ: "Quienes se preguntaban cómo hizo estos años Matías Battistón para traducir tantos libros simultáneos y sucesivos, tienen ahora la respuesta: no estaba traduciendo, estaba escribiendo. Este originalísimo ensayo suyo será sin duda uno de los libros del año. Sortea dos imposibilidades: ofrecer otro valioso trabajo sobre Beckett y decir algo nuevo sobre el problema de la traducción, acaso la estaba más noble que perpetró la literatura. Tarea heroica que su excelente humor hace bien en no santificar",
jueves, 3 de julio de 2025
Cristina Banegas: “Molly Bloom será un concierto”
martes, 22 de abril de 2025
Segundo volumen de las cartas de Joyce en castellano
"Páginas de Espuma completa con el segundo volumen la publicación de las cartas del autor irlandés, con edición a cargo de Diego Garrido y el compendio ‘Joyce en los ojos de sus amigos’". Así dice la bajada de la nota publicada por Pablo Bujalance, el pasado 20 de abril, en el Diario de Sevilla.
jueves, 27 de marzo de 2025
Otro trabajo brillante de Matías Battistón
Matías Battistón, ya fue dicho muchas veces, es un excelente traductor, pero también un tipo de genio. Para demostrarlo una vez más bastaría con leer su traducción de Belacqua, de Samuel Beckett, título impuesto por la editorial donde acaba de ser publicado More Pricks Than Kicks (1934), el primer libro del autor irlandés, que reúne una serie de cuentos sobre un singular personaje. A continuación se reproduce lo que Battistón escribió para justificar su traducción.
Sobre la traducción
Beckett tenía un cuaderno. Es decir, cuadernos tenía varios. Pero uno en particular, el de apuntes para su novela Sueño con mujeres que ni fu ni fa, que por suerte sobrevivió, nos permite ver un poco el método que utilizaba para escribir a comienzos de la década de 1930. Ahí es donde iba anotando, disciplinadamente, las frases y giros que tomaba de sus lecturas, muchas veces recónditas, con la idea de usarla en sus propios textos. Cada vez que lograba meter alguna, la tachaba, como si fuera una lista de pendientes. Muchas de esas citas son casi imposibles de identificar para el lector común, o incluso el más curtido, y sin embargo en esos guiños se juega gran parte de la apuesta estilística de Beckett: es una especie de respuesta moderna, joyceana, al antiguo género de los centones. Uno lo lee con cierto suspenso, y con cierta frustración también, como si en cualquier momento hasta la maceta del rincón pudiera citar a Horacio sin que uno se dé cuenta.
Si bien para este libro Beckett en general decidió escribir de una manera más despojada, el método más o menos se mantuvo. Sobre todo, claro, en las partes que él tomó de Sueño con mujeres que ni fu ni fa y que aquí adaptó, en particular el cuento “Una noche húmeda”. Hay muchos pasajes que directamente se vuelven incomprensibles o injustificables si uno no detecta la referencia. Algo similar pasa con las alusiones a ciertos detalles de Dublín o a la propia vida de Beckett. Además, claro, del uso constante de expresiones o frases enteras en otras lenguas, que él ni amaga a traducir. Es como si, parafraseando al personaje de la Ottolenghi, él preguntara a cada rato: “¿Les parece que es absolutamente necesario traducir esto?”.
Nunca podría decirse que a Beckett lo desvelara ser transparente. En plena Segunda Guerra Mundial, una vez incluso lo retuvieron unos guardias fronterizos porque pensaban que el manuscrito de Watt estaba escrito en código. Verlo como un mensaje espía, encriptado, les parecía más verosímil que verlo como literatura. Pero son sobre todo los textos de juventud los que parecen llevar como divisa: “Que lea el que pueda”. Así y todo, aunque la opacidad sea adrede, y el libro quizá no pueda apreciarse como corresponde si no nos deja perplejos, me dio la impresión de que se justificaba el trabajo de aclarar las alusiones y dar una traducción de lo que estuviera en otras lenguas, todo en notas al pie[1], a veces extensas, para que el lector pueda hacer trampa dignamente. Desde luego, el que no las necesite, o prefiera el muy entendible placer de no entender, puede obviarlas. Sé que hay algunas que sobran. Espero que eso compense las que faltan.
El título merece una aclaración aparte. More Pricks than Kicks es un juego de palabras con varias vueltas, que como de costumbre tarda mucho más en explicarse que en captarse. Podríamos empezar señalando que es una alusión a la frase to kick against the pricks, tomada de Hechos 26, 14, donde se narra la conversión de Saulo de Tarso en el camino a Damasco: “Todos caímos al suelo, y yo escuché una voz que me decía en arameo: ‘Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Duro es dar coces contra el aguijón’”. Con esta metáfora agropecuaria, Jesús estaría tratando de ilustrarle a san Pablo lo inútil y hasta dañino que puede ser resistirse a una fuerza invencible, como el buey que da patadas contra el aguijón o la aguijada que los boyeros usan para picar a la yunta. Volviendo a Beckett, more pricks than kicks significaría, entonces, “más aguijones [o aguijonazos] que coces”: más tormentos o imposiciones, si se quiere, que intentos de rebelarse contra ellos.
Sin embargo, kick en inglés también puede referirse a una experiencia divertida, placentera, como en get a kick out of something (“divertirse con algo”). Así que more pricks than kicks podría leerse como “más aguijones que diversiones”, en el sentido de “más de algo malo que de algo bueno” (con algún eco de otra frase hecha, more kicks than half-pence, “más patadas que monedas”, usada en general para referirse a una actividad que se paga con maltrato más que con dinero). De hecho, kick también puede aludir al placer sexual, y prick, al órgano masculino; en otras palabras, more pricks than kicks puede leerse también como “más penes que orgasmos”, una triste estadística. Y la cosa no termina ahí, si uno recuerda que además prick puede aludir —al igual que “pene” en algunos dialectos del castellano— a una persona molesta, idiota, energúmena. More pricks than kicks, de nuevo, podría significar entonces “más idiotas que buenos momentos” (más forros que polvos, digamos). En fin, con todo esto el lector ya puede seguir combinando los sentidos y alusiones por su cuenta y entretenerse buscándole incluso más vueltas a la frase.
Ahora bien, ¿cómo traducirla? Quizá convenga imitar la admirable curiosidad del alumno que espía el examen del compañero y preguntarnos antes cómo la han traducido otros. Porque traducciones de este libro en otros países ya hay varias, todas con títulos muy distintos.
Hasta ahora, la única traducción íntegra que había al castellano era la española de Víctor Pozanco para Lumen, publicada en 1990. Pozanco, calculo yo, habrá considerado intraducible el juego de palabras del título, porque lo descartó de plano y recurrió a una alternativa más explicativa y geográfica, Belacqua en Dublín. Es una solución que se aprecia mejor si captamos el guiño a Joyce: “Ulises en Dublín” era, justamente, el título de un cuento que se iba a incluir en Dublineses y que terminó convirtiéndose más tarde en la novela Ulises. Podemos imaginarnos a Pozanco descartando otras alternativas menos convincentes, como Retrato del Belacqua adolescente o Belacqueses, antes de llegar con alivio a esta.
Siempre es interesante ver cómo Beckett, que solía traducirse él mismo, cómo adaptaba sus propias obras al francés. Sin embargo, More Pricks than Kicks es uno de los pocos libros que él no llegó (o se negó) a traducir, aunque sí ponderó en su momento, sin mucho entusiasmo, un posible título, Ni bouche ni éperon. La expresión francesa n’avoir ni bouche ni éperon se usa para referirse a alguien tonto, insensible, como un caballo que no reacciona ni a la brida ni a las espuelas, así que esta alternativa mantendría cierto hálito cuadrúpedo en la imagen, al igual que la idea de insensibilidad o pasividad, aunque no la rima interna ni la aliteración. Tras la muerte de Beckett, varios propusieron otras alternativas (Plus de peur que de mâles, según Jean Jacques Mayoux; Plus de couilles que de coups, según Bruno Clément), hasta que Edith Fournier terminó traduciendo el libro para Éditions Minuit en 1994, todavía más libremente, como Bande et sarabande.
Por su parte, la traducción italiana de Alessandro Roffeni, publicada por primera vez por la editorial milanesa SugarCo en 1970, se decantó primero por eludir el problema, eligiendo un título seco y descriptivo, Novelle, y al reeditarse la obra cinco años después, por otro mucho más llamativo, Più pene che pane (que parece más bien el título de alguna película donde la Cicciolina tuviera que mantener a flote esforzadamente una panadería). Más cerca en el tiempo y el espacio, en 2021, Ana Helena Souza tradujo el libro al portugués para la editorial brasileña Biblioteca Azul, con el feliz título de Mais pontas que pés.
Al ver que ninguna de esas versiones se dejaba plagiar dócilmente, barajé opciones. Demasiadas, de hecho, que iban desde lo literal pero sin chiste (Más punzadas que patadas), al punto medio entre libertad y literalidad (tomando algún giro local, como “poner palos en la rueda” digamos, y adaptándolo: Más palos que ruedas), hasta otras del todo libres, que por ejemplo apuntaran a las connotaciones sexuales del original, cuando no al chiste verde (recordemos que Irlanda en su momento el título del libro en parte hizo que lo retiraran del mercado), tal vez incluso haciendo un guiño a la impotencia y al final infausto de Belacqua (Mal acaba). Así fui llenando páginas de tachones.
Mientras tanto, eché un último vistazo a otras latitudes y vi que, cuando Christian Enzensberger tradujo More Pricks than Kicks al alemán para Suhrkamp en 1989 como Mehr Prügel als Flügel, la crítica Ria Endres dedicó la mayor parte de su reseña en Der Spigel para explicar, no sin cierta crueldad, por qué el título estaba mal traducido; según ella, tendría que ser algo como Mehr Schwänze als Tänze. Se me ocurrió entonces que, para ahorrar tiempo y cortar por lo sano, yo directamente podría preguntarle a un reseñista impecable cómo traduciría el título en castellano él. La respuesta de Juan Comperatore, director de la revista El Diletante, fue Más coces que goces. Me pareció mucho mejor que todas las opciones que había garabateado yo, y más cercano al original que las otras que acabo de describir, así que lo adopté.
La editorial, sin embargo, después de escuchar todas las alternativas ya mencionadas, prefirió optar por la eufonía y simplicidad del nombre del protagonista, y decidió trocar traducción por bautismo: el libro pasaría a llamarse Belacqua. Yo acepté, claro. No patalear mucho me pareció, en cierto modo, otra forma de fidelidad al título en inglés.
[1] Todas
las notas al pie me pertenecen, salvo las notas del propio Beckett, indicadas
con “N. del A”. Una bibliografía pormenorizada de todas las fuentes que usé para
mis notas sería muy larga. Me limito a mencionar al académico John Pilling, que
hizo un gran trabajo rastreando las referencias de Sueño con mujeres que ni fu ni fa y estos cuentos, sobre todo en su
libro Samuel Beckett’s More Pricks than
Kicks: In a Strait of Two Wills (Londres, Continuum, 2011), sin el cual me
hubiera sido imposible desentrañar muchas partes del texto, y al que tantas
veces (no las suficientes) cito. Aprovecho también para señalar que Sueño con mujeres que ni fu ni fa es la
traducción de José Francisco Fernández de Dream
of Fair to Middling Women (Barcelona, Tusquets, 2011).