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viernes, 2 de junio de 2023

"¿Es muy distinto como funciona una librería en París o Buenos Aires?"


El pasado 29 de mayo, la escritora y periodista Gabriela Mayer visitó Cien Fuegos, la librería argentina de París, propiedad del poeta y traductor Miguel Ángel Petrecca. Lo que sigue es la crónica de su conversación y algunos datos sobre la historia de las librerías de lengua castellana de la capital francesa.

Un paseo por Cien Fuegos, “la última librería latinoamericana en París”


Cien Fuegos es la única librería de París dedicada a la literatura hispanoamericana y a la venta de libros en español. Fundada en 2015 por el poeta y traductor argentino Miguel Ángel Petrecca, se encuentra en la rue Saint Blaise, apacible calle semi peatonal en el XX arrondissement, con el encanto de los antiguos suburbios parisinos.

 

La ciudad a orillas del Sena siempre fue una meca literaria para los autores latinoamericanos. Desde Rubén Darío hasta César Vallejo, pasando por escritores icónicos del boom como Julio Cortázar, Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa.

 

Este pintoresco espacio se constituye en heredero de ese fluido vínculo de las letras latinoamericanas con París, pero también de la larga tradición de librerías iberoamericanas que existieron en esta ciudad. Como la Librería Española de Antonio Soriano en la rue de Seine o la Librería Hispanoamericana de la rue Monsieur-le-Prince, que hace tiempo cerraron definitivamente sus puertas.

 

Cien Fuegos o la librería como mito persistente

En la vidriera de Cien Fuegos se destacan, entre otros títulos, la edición aniversario de Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano, Les morts sont de jour en jour plus indóciles (traducción de Los muertos están cada día más indóciles) de Roque Dalton y Los surcos del azar del historietista Paco Roca. Diversidad que convoca a hurgar en el selecto catálogo de esta librería.

 

Cien Fuegos atesora miles de volúmenes nuevos y usados en los anaqueles de madera clara y también apilados en cada recoveco. Después de hacer espacio a un par de sillas para la entrevista entre libros, Petrecca dice a Infobae Cultura que la librería como lugar es “un mito persistente”.

 

Antes de ocupar el local actual, a pasos de la plaza elevada de la iglesia Saint-Germain-de-Charonne y cerca del cementerio Père-Lachaise (donde descansan, entre muchas otras celebridades, Juan José Saer y Miguel Ángel Asturias), la librería estuvo primero en el distrito XI y luego en el XV, en la otra punta de París.

 

Una de las características distintivas de Cien Fuegos es que ofrece a sus clientes un modelo mixto, con títulos nuevos y usados, algo poco habitual en Francia. “Acá tenés librerías muy de nuevo o librerías de viejo, pero que trabajen con las dos cosas es bastante raro”, comenta Petrecca.

 

Las librerías francesas no especializadas suelen centrarse en las novedades. “A diferencia de la librería argentina, que también crea un fondo que se va construyendo a lo largo de los años”, afirma el autor de poemarios como La voluntad, El Maldonado y El gran furcio.

 

En el caso de Cien Fuegos, es mayor el flujo de libros usados, que proceden de la compra de bibliotecas, pero también de los libros que deja gente que parte de París o se muda a un lugar más chico.

 

De esta manera, terminan confluyendo muchas bibliotecas diferentes. Como “la biblioteca de un cubano que se vino escapando de la revolución, la de un peruano artista amante de la revolución… bibliotecas totalmente opuestas que se fueron acumulando acá a lo largo de décadas”.

 

Al librero, poeta y traductor nacido en Buenos Aires le encanta dedicarse a buscar libros, actividad para la cual París resulta buen lugar. “Justamente encontrás cosas que, como son en español, tal vez acá no se les da tanto valor”. Entonces, ejemplifica, aparecen ediciones de Rayuela firmadas o una primera edición de Cien años de soledad sin la tapa.

 

Más allá de los volúmenes que se apilan por Cien Fuegos, Petrecca -quien llegó a París para hacer un doctorado- tiene más libros en un sótano e incluso en su propia casa. Aunque ya perdió la cuenta, estima que deben ser unos diez mil.

 

Los títulos dentro del local se encuentran clasificados en diversos sectores. Un muro está dedicado a narrativa, aunque puede haber “infiltrados”, y otra área es la consagrada a poesía. También dispone de un sector donde conviven biografía, crítica literaria e historia, así como zonas que concentran respectivamente libros infantiles y de arte.

 

Por lo general, los títulos de narrativa y poesía son los más buscados, así como los de crítica literaria e historia.

 

Cien Fuegos suele abrir por las tardes, porque Petrecca combina su labor librera con la docencia y la traducción del chino y del francés. “Es el modelo al que llegué en este momento, que se hace compatible con mis dos trabajos. Por ahora así funciona”.

 

Desde la puerta, un pequeño cartel detalla en francés los horarios de Cien Fuegos: “Abrimos los jueves de 15 a 18. El resto de los días con cita previa. Si venís y no estoy, es probable que no esté lejos. No dudes en llamarme…”.


El legado de las librerías iberoamericanas en París

París cuenta con un extenso legado de librerías iberoamericanas, devenidas en destacados espacios culturales y puntos de encuentro. “Desde el siglo XIX hacia acá, siempre hubo incluso más de una librería en español. Algunas más conocidas, otras menos”, detalla Petrecca.

 

Este fenómeno se explica en el contexto de una ciudad “que se caracteriza por tener muchas librerías especializadas en lenguas. Que es el reflejo también de un cierto cosmopolitismo histórico, la presencia de muchas comunidades. En Argentina también hay algo de eso, me parece”, opina el librero, editor y poeta, que vive en París desde 2013.

 

Algunos de los clientes de Cien Fuegos aún recuerdan dos históricas librerías: la Librería Española y la Librería Hispanoamericana. La primera, del exiliado español Antonio Soriano, funcionó hasta la década del 2000. “Fue un centro muy importante de reunión de toda la cultura española de exiliados, un lugar de edición muy importante, una gran gran librería”, dice Petrecca.

 

Asimismo existieron otras menos conocidas o más efímeras. “Por ejemplo, el hijo de Antonio Berni tuvo una librería en París. También hubo otra librería argentina cerca del Panteón, El Salón del Libro, de un argentino que ya falleció, Alejandro de Núñez. La mujer de Buñuel también tuvo una librería española. Hay incluso librerías de las que no queda siquiera memoria”, apunta.

 

Petrecca comenta que obviamente el hecho de que la librería sea por estos tiempos un negocio más difícil que antes dificulta que alguien retome ese fondo. “Esa sería también una razón por la cual no tuvieron continuidad. Pero al mismo tiempo siempre va a haber alguien que tiene ganas de retomarlo. Es como un mito persistente la librería como lugar, más allá de que no sea tal vez tan fácil de sostener económicamente como hace algunas décadas”.

 

Desde el número 11 de la adoquinada rue Saint Blaise, el librero y poeta agrega que, aunque la librería de Soriano ocupó “un lugar histórico-cultural muy diferente, mucho más importante, en otro momento histórico, sí me ubico dentro de esa línea”.

 

“Compré un libro y lo perdí”

La diversidad asimismo es una marca distintiva entre los visitantes de Cien Fuegos. Algunos piden los clásicos del “boom” y otros, recomendaciones de libros más actuales. También llegan franceses que están aprendiendo castellano y buscan textos sencillos, así como latinoamericanos y españoles detrás de novedades editoriales. Por supuesto, tampoco falta la gente que entra a curiosear o llama pidiendo cosas absurdas.

 

El librero pone como ejemplo una vez que le dijeron algo así como: “Hace 40 años compré un libro en una librería y lo perdí, y me gustaría que me ayudes a encontrarlo de vuelta. Pero no me acuerdo del título, solo me acuerdo de la tapa. Necesito encontrar ese libro, porque tengo asociados muchos recuerdos”.

 

Petrecca cuenta que incluso llegan hasta la rue Saint Blaise clientes parisinos que no conocían esa calle que se destaca por sus característicos macetones y farolas, así como una variedad de restaurantes y cafés.

 

 “Es un descubrimiento y, por otro lado, la sensación que tienen que es casi como si fuera el suburbio”, indica. Porque “para el francés que vive del otro lado esto es lo que llaman el faubourg, algo medio lejano, ya no es el centro. Es una zona que hace diez, quince años, aparentemente era muy mal vista, bastante oscura, y que se fue renovando”, detalla el poeta y traductor.

 

¿Es muy distinto como funciona una librería en París o Buenos Aires? “Al ser en español, sí. Acá estás en un territorio extranjero, vendiendo algo que en realidad ya de por sí es muy específico. Siento que tengo una librería argentina y mi manera de pensar y funcionar es muy a la argentina, pero está acá”, reflexiona Petrecca.

 

Del Boom al miniboom

Fueron varias las obras insignia del boom de la literatura latinoamericana escritas en París. Más allá de la emblemática Rayuela de Cortázar, donde la ciudad se teje en la trama de la novela, García Márquez concibió La mala hora y El coronel no tiene quien le escriba y Carlos Fuentes se inspiró para Aura.

 

Décadas después, ¿qué presencia tiene la literatura latinoamericana en la capital francesa? Aunque el boom sigue teniendo mucho peso, analiza Petrecca, también surgió en el último tiempo un pequeño miniboom de autoras argentinas, como Mariana Enríquez y Selva Almada. “Hay una cierta renovación, cierta receptividad. No tienen el lugar que tenía el boom, pero tienen sus lectores. Lo veo mucho eso ligado a escritoras mujeres”.

 

En un comienzo este fenómeno puede haber tenido que ver con el Programa Sur de apoyo a las traducciones. “Y también que es un lugar donde se traduce mucho y la literatura argentina específicamente, aparte de la latinoamericana, es una literatura que genera interés”.

 

Cien Fuegos desarrolla además actividad editorial y agenda cultural propias, con presentaciones de libros y lecturas. Durante los primeros años, la librería daba mayor protagonismo a los eventos pero, entre otros motivos por la pandemia, su periodicidad fue disminuyendo.

 

En cuanto a la iniciativa editorial, apunta a sacar unos dos títulos por año e implica “una voluntad de publicar algunas cosas en francés, pero no es central al proyecto de la librería, es lo más periférico”, explica Petrecca.

 

En los próximos meses, editarán dos libros en francés del poeta  Horacio Castillo. “La idea es continuar con eso, guiados más que nada por el placer, sin ninguna obligación de regularidad”. La distribución se realiza a escala reducida, a través de Cien Fuegos y en un puñado más de librerías.

 

Petrecca adelanta que, probablemente, en algún momento se mudará de nuevo. “Si es posible, a un lugar un poquito más grande, por una cuestión también de la cantidad de libros que tengo, y que volvería a ampliar un poco, a hacer más actividades”.

 

Una vez finalizada la visita a Cien Fuegos, queda flotando una última pregunta antes de continuar callejeando cual flâneur por París. ¿A qué debe su nombre esta particular librería?

Petrecca responde que no lo sabe con exactitud. “Creo que en mi cabeza inconscientemente el nombre sintetizaba lo chino y lo latinoamericano: poniendo ‘Cien Fuegos’ pensaba a la vez en las ‘cien flores’ de Mao, entendidas, con deliberada ingenuidad, como imagen de la diversidad”.

 

lunes, 29 de agosto de 2022

La librería de Miguel Ángel Petrecca en París


En muchas oportunidades (ver, en este blog, entradas del 3 de julio de 2015, 14 de julio de 2016, 4 de diciembre de 2017, 7 de junio de 2021) nos hemos referido a Cien Fuegos, la librería latinoamericana de París, creada en 2015 por el poeta, ensayista y traductor Miguel Ángel Petrecca. Y como todo llega, con la tercera mudanza, ese lugar único atrajo la atención de Flavia Tomaello, quien, el pasado 25 de agosto, publicó en la revista del diario La Nación, de Argentina, el siguiente artículo.

La última librería en español que queda en París fue creada por un argentino

Las fuertes oleadas migratorias culturales acogidas por París a fines de los 60 y comienzo de los 70 expusieron a fuego máximo las ideas que ya bullían en una ciudad desbordada de utopías. Hurgar en las letras francesas era una forma de quedar inmersos en los debates que desbordaban las calles. Los latinoamericanos que migraron deslumbrados por los rayos del pensamiento amaban sumergirse en esas diatribas, para sacudir el polvo de las propias que llevaban en la única maleta de expatriados.

El centro del huracán eran los cafés y las librerías. Pero la lectura en francés tenía su límite. La tristeza de ese foráneo se vestía como una capa de cualquier estación.

Un adelantado fue Antonio Soriano y Mor, de la vecina España. Cruzó la frontera en 1939 y luego de un paso breve por el campo de concentración de Bram, se dedicó a la agricultura. Para mediados de 1947, la cuñada de Luis Buñuel, Georgette Rucar, le envió una carta convocándole para hacerse cargo de una diminuta y antigua librería de París en el número 48 de rue Mazarine. Luego de algunos traslados, tres años después se instaló definitivamente en rue de Seine, esquina con rue Clément. Un fanático de los libros, pero no librero, fue el fundador, junto con su esposa, Dulcinea Doménech, de una tendencia que hizo carne entre los vecinos de la Torre Eiffel: una librería en español. La Librería Española fue por más de medio siglo un faro para la cultura española en París.

Muchas otras personalidades del mundo editorial que escapaban del franquismo colaboraron en la creación de un espacio de cobijo para las almas errantes de exiliados en castizo. Sus anaqueles exhibían todo aquello que Pirineos mediante se consideraba prohibido. La tentación por leer aquello que entre tapas no se podía se sumaba a la curiosidad de intelectuales locales que se sentían atraídos por develar las causas de la prohibición.

Es allí donde las élites culturales francesas, los emigrados desorientados y los viajeros inquietos descubrían lo que vociferaban las páginas que, por sobre todo, se leían en español y, en poco tiempo, las que llegaban con su particular forma de contar historias y el realismo mágico a cuestas. Curiosamente es rue de Seine, la misma de la librería de Soriano, la primera calle que se menciona en Rayuela, la biblia de Julio Cortázar. El mismo que fue primero profeta en París que en cualquier otro púlpito.

Para 2004, el éxito inmobiliario del Barrio Latino de París obligó a mudar el proyecto de Soriano a Montparnasse, en 7 de rue Littré.

Llegarían otras librerías que se convirtieron en el patio del fondo de los inmigrantes. Abarrotada de españoles durante el franquismo, Francia, y en particular París, se convirtieron en la salida de la jaula. Era la chimenea de ideas que burbujeaban sin poder emerger. Librería Española fue para muchos de ellos una embajada de la España republicana del otro lado de la frontera. Pero La Hispanoamericana, más cosmopolita, situada en rue Monsieur-le-Prince, colgó en 2007 un cartel bilingüe que indicaba: La librería está cerrada permanentemente. Adiós. Adiós.

El tiempo convirtió a estos espacios en el patio de atrás de la vida cotidiana. El sitio donde usar el argot de casa. Donde reconocer los tintes de una misma lengua pintada diferente. Un sitio mucho más que de libros.

Con el alma de Camilo

Cuando los afanes culturales migratorios se adormecieron, cuando las cabezas preclaras que transitaron los cafés abandonaron las mesas, las librerías en español comenzaron a cerrar sus puertas. De a poquito. Como candelas a las que se les mengua la cera, un día la llama titila una única vez final. No quedó ninguna, salvo, la patriada de un argentino que decidió inspirarse en Camilo Cien Fuegos para iniciar su propia revolución.


Miguel Ángel Petrecca nació en tierras porteñas en 1979. Llega del riñón de las Letras. Es poeta (a él pertenecen La voluntad, El gran furcio y El maldonado), editor de Gog y Magog en Buenos Aires (sello de poesía y ensayo que intenta subirse al mundo narrativo con la novela Quema, de Ariadna Castellarnau, que obtuvo el Premio de las Américas) y se puso al hombro la idea de llevar a París la diversidad de editoriales que hay en la Argentina, Chile, Uruguay y España.


Petrecca llegó a París en 2013. “Llevaba conmigo la idea de darle vida a una librería –cuenta–. Mi trabajo de editor en Argentina ya me había convencido de que la apuesta librera era una consecuencia natural”. Fundó Cien Fuegos en 2015. Durante sus primeros tres años, estuvo ubicada en el Décimo distrito de París, también conocido como Arrondissement de l’Entrepôt o Enclos Saint-Laurent.


Más tarde, Petrecca se llevó el proyecto al distrito XV. En 2019 abrió allí, en la orilla izquierda del Sena, en el sitio reconocido como Arrondissement de Vaugirard. Es este el sitio desde donde vigila a los transeúntes el edificio más alto de la ciudad: la Torre Montparnasse. “Finalmente, al menos por ahora –afirma el librero–, nos afincamos en el Distrito XX, en rue Saint Blaise, en la orilla derecha del Sena”.


Una de las estrellas de la zona en el cementerio de Pere Lachaise, un espacio que los locales utilizan como parque y donde descansan figuras como Guillaume Apollinaire, Honoré de Balzac, Georges Bizet, María Callas, Marcel Camus, Claude Chabrol, Colette, Frédéric Chopin, Molière, Édith Piaf, Oscar Wilde, Marcel Marceau y los argentinos Juan Bautista Alberdi y Juan José Saer.


“Vinimos a ocupar el vacío que dejaron las últimas librerías en castellano: las dos históricas librerías de rue Monsieur Le Prince y de rue de Seine, que cerraron por distintos motivos en la década del 2000, y la efímera, pero importante, librería de Alejandro de Núñez, el Salón del libro argentino –relata Petrecca–. Habría que sumar la librería El cóndor pasa, dirigida por el hijo de Antonio Berni, José Antonio Berni, que representa el último tramo de una historia mucho más larga de las librerías hispanas de París”.


Los anaqueles parecen otros


“La idea de Cien Fuegos es la de propiciar un espacio de encrucijadas, de dotar de contenido a lo que había quedado libre –explica–. No había ninguna idea fresca para ofrecer en París de literatura latinoamericana. Solo una intención árida de las editoriales independientes”.


Hay algo entre cursi y exótico en eso de hurgar en los estantes lejos de casa. La historia de las librerías en otras lenguas se inscribe en otra más amplia. Aún hoy, en París, hay alrededor de 40 librerías extranjeras, entre ellas muchas inglesas, dos italianas, dos rusas, una polaca, varias árabes, dos chinas, una japonesa, una brasileña, una griega y contando. Es que el viajero, el que se queda por un tiempo o el que migra, siente que se mete en la biblioteca de su casa en medio de una ciudad anhelada. “Los clientes de la librería son variados –sostiene el propietario–, pero en primer lugar, obviamente, provienen de la amplia comunidad latinoamericana y española. Luego, en segundo lugar, son franceses interesados en la literatura, la lengua o la cultura latinoamericana o española”.


La afición por la literatura en castellano “es una tradición en la ciudad –continúa–. Las plumas latinoamericanas fueron un boom en el pasado. Muchas entraron por París para dispararse en el continente. El exotismo aún continúa. La casta cultural de la ciudad es de libro bajo el brazo y la experiencia se contagia”.


Cien Fuegos combina el libro nuevo y el usado, un modelo que no es común en esta ciudad. “En lo que hace al libro usado, trabajamos efectivamente con una lógica de reciclaje, comprando y recibiendo donaciones. Aunque siento que nuestro catálogo está siempre en plena expansión, nuestra oferta es trabajar con los nuevos valores, pero también con los del boom latinoamericano y los títulos clásicos”. En la recorrida por los cantos se percibe una buena composición que matiza curaduría de calidad y buen gusto literario, con una cuota certera de búsquedas habituales. Aun así, lo que siempre cuenta, es la sorpresa: esa pieza que te salta a los ojos sin que te des cuenta ni hayas ido a buscarla.


Petrecca tiene un camino de exilios entrenados. Su primer destino fuera de la Argentina fue Pekín. Allí no solo la estada fue larga y el idioma terminó entrando en su cotidianeidad, sino que, entre otras cosas, tradujo una antología de narrativa china contemporánea llamada Después de Mao El invisible, de Ge Fei. En estos meses, ha estado batallando con una nueva traducción, pero al revés: La gran salina, de Ricardo Zelarayán, al chino.


Luego de estos desafíos, uno de los temores de los libreros a él le pasa por al lado. “No le tengo miedo a la lectura electrónica –dice–, la verdad, no veo contradicción, yo mismo soy lector de libros en soporte físico y electrónico, son usos diferentes y perfectamente compatibles. El objeto libro, me parece, goza de buena salud”. Mientras descansan algunas obras de arte que funcionan como ilustración de la vidriera interior, el librero sueña con el espacio multicultural. “No creo que las librerías estén muriendo, más bien diría que mutan, se adaptan al contexto, se convierten a veces en espacio de resistencia, pero también de producción de imaginario. Mueren las librerías, pero la idea de la librería sigue vivita y coleando”.

lunes, 7 de junio de 2021

Librería Cienfuegos: ¿la tercera es la vencida?



Infatigable a pesar de tener un hijo bebé, el poeta y traductor especializado en literatura china contemporánea Miguel Ángel Petrecca (cuya pelada se refleja en el vidrio de la foto que él mismo tomó), abre por tercera vez  Cienfuegos, acaso la más importante librería de lengua castellana de París. Lo hace en una nueva sede. Abajo, la carta de invitación para que todo el mundo la conozca.

Cienfuegos tiene nueva sede

Estimados amigos de Cien Fuegos:

Tenemos la alegría de informarles que nuestra librería vuelve a abrir sus puertas luego del cierre del local del Village Suisse en enero de este año.

Nos mudamos al otro extremo de París, al barrio de Charonne en el distrito XXe. Concretamente, el número 11 de la Rue Saint Blaise.

Por el momento estaremos atendiendo los jueves a la tarde entre las 15 y las 18, a partir de este mismo jueves. El resto de los días sur rendez-vous, llamando como siempre al 0651749781 o escribiendo a info@cienfuegos.fr

¡No duden en comunicarse por esta o cualquier consulta!

¡Los esperamos pronto para conocer nuestra nueva casa!

Saludos a todos

miércoles, 12 de febrero de 2020

Tres librerías de lengua castellana en Berlín

“Infobae Cultura visitó Andenbuch, Bartleby & Co. y La Escalera, tres espacios especializados en libros en castellano. Sus historias, propuestas literarias, actividades y cómo se transformaron en un centro de reunión para residentes extranjeros, turistas y locales.” Eso dice la bajada de la nota que firma Grabiela Meyer, el  pasado 11 de enero.

Berlín con acento español: un recorrido 
por tres preciosas librerías “latinoamericanas”
en la capital alemana

Las letras en español reinan en estas tres pequeñas islas hispanohablantes de la capital germana. Son espacios cálidos, que privilegian un catálogo selecto y se conciben como punto de encuentro.

Porque muchos latinoamericanos y españoles -algunos emigrados de larga data, otros turistas fugaces- descubren allí un refugio de lecturas y charlas en su idioma, donde escapar por un rato del alemán y dejarse envolver por los sonidos familiares de su lengua.

Estas librerías al otro lado del Atlántico llaman a acercarse con una intensa agenda de actividades gratuitas y miles de volúmenes en español, entre nuevos y usados. Y, por supuesto, los visitantes también están invitados a perderse por un rato en ese viaje errante e inigualable que comienza al hojear un libro al azar.

Andenbuch, una librería con historia
La pionera Andenbuch “fue la primera librería latinoamericana que hubo en Berlín”, señala su dueña, la argentina Teresa Cosci, a Infobae Cultura. El local en la Bergmannstrasse 59 del barrio de Kreuzberg no da a la calle, sino que se encuentra en un idílico patio interno.

Teresa repasa con orgullo la historia de su librería y espacio cultural: “En 1984 un grupo de exiliados políticos de Chile -una pareja de chilenos-, uruguayos y argentinos crearon Andenbuch, que quiere decir libros de los Andes”. Su primer local estuvo en el barrio de Schöneberg y por allí pasaron, entre otros, el uruguayo Eduardo Galeano y la chilena Isabel Allende.

Ese colectivo duró algunos años, “hasta que la siguió teniendo el uruguayo-alemán Thomas Rübens, uno de los del grupo. Y logró al poco tiempo comprar la antigua Romanische Buchhandlung de Berlín. Se instaló en el local que tenía esa librería románica y empezó a trabajar todos los idiomas románicos. Porque en esa época, antes de la caída del Muro, no había librerías en español. Había algunas internacionales que tenían un poquito nada más de español, pero eran difíciles de conseguir”.

Tras la caída del Muro, la ciudad cambió muchísimo y empezaron a abrirse otras librerías: portuguesas, italianas, brasileñas y francesas, refiere la actual dueña de Andenbuch, que reside en Berlín desde 1987. “Y poco después, en el 2000, fue la gran salida de Amazon a vender, y los grandes supermercados podían ya vender libros. Eso mató muchas librerías. Entre ellas se fue abajo Andenbuch”.

Su dueño cerró el local, pero tenía tantos clientes que la manejaba online en su casa y a través de pedidos por teléfono. “Y desde hace unos seis años que la compré. La tuve cuatro años y medio también o cinco en mi casa, online, y buscaba y buscaba local hasta que encontré este precioso hace dos años. Y, como un sueño cumplido, el espacio que no sea solo librería, sino también un lugar de encuentro, de debate, de charlas”, se entusiasma la librera y locutora nacida en Villa Mercedes, San Luis.

Desde la luminosa librería de paredes blancas y anaqueles de madera oscura, poblados de incontables títulos, indica: “Tengo la posibilidad de abrir solamente tres días a la semana, porque trabajo en otro lado también. No se puede vivir solamente de una librería, pero atrae a mucha gente latinoamericana, alemana, que le interesa Latinoamérica, o que está aprendiendo español”.

De Bartlebys y Escaleras
A poco más de un kilómetro y medio de Andenbuch se encuentra Bartleby & Co., en el número 2 de la Boppstrasse, que dispone además de una biblioteca de préstamo. Con apenas descender algunos escalones, se accede al local de cálido diseño, dominado por el blanco.

“Creo que lo que más sorprende es entrar en un espacio en el corazón de Berlín en el que todo es español, las conversaciones, los libros”, considera su dueña, la española Ana S. Pareja.

“La idea de abrir una librería hispana en la ciudad surgió en varias charlas informales entre amigos. Me asocié con dos de ellos y como por aquel entonces los alquileres en Berlín todavía eran baratos y parecía relativamente sencillo empezar un negocio pequeño, nos pusimos manos a la obra”, rememora.

Bartleby & Co. abrió sus puertas en octubre de 2013 en la zona de Graefekiez en Kreuzberg. “Cuando llegué a Berlín no existía ninguna librería con libros en castellano con una oferta amplia y variada de libros a precios accesibles y eso es lo que nos propusimos crear. En un primer momento la librería iba a llamarse 2666, en honor a la novela de Bolaño. Nos dio miedo que nuestros vecinos alemanes pensasen que el local de la librería era algún lugar destinado al satanismo y, por ese motivo, elegimos Bartleby y compañía”, explica a Infobae Cultura.

“Siempre nos había gustado mucho ese librito de Vila-Matas y veíamos gracioso el juego con la ñ, tan española, y el hecho de que tres personas que no eran libreros abriesen una librería, como los escritores sin obra o Bartleby, que hubiera preferido no hacerlo”, cuenta la librera que vive hace unos siete años en la capital de Alemania.

Mientras tanto, La Escalera, la única de las tres especializada en libros de viejo, se asentó en 2014 en el barrio de Prenzlauer Berg. Su iniciador es el colombiano Germán Restrepo, que abrió la librería en marzo de 2010.

Su primer local fue en el Tacheles, “un edificio mítico, ocupado por artistas, que ya no existe. Y se llama La Escalera porque estaba en el hueco de una escalera; (Germán) empezó a poner libros ahí. El más caro salía cinco euros. Yo de hecho iba a comprar libros. Estaba en Mitte, muy cerca del Instituto Cervantes”, dice José Luis Pizzi, que colabora en la librería que abre de martes a sábados.

La siguiente base de La Escalera estuvo en un bar-librería en el barrio de Friedrichshain, relata José Luis, abogado que descubrió su vocación por la escritura y oriundo de Ingeniero Huergo, provincia de Río Negro.

Para llegar a La Escalera, al igual que a Andenbuch, hay que adentrarse por los pasillos de una típica edificación berlinesa. “Se paga un alquiler relativamente bajo, porque no da a la calle. Viste que en Berlín hay muchos lugares que no dan a la vereda, sino que es el Berlín profundo del interior, y éste es uno de ellos. Porque es muy difícil mantener. No hay millonarios libreros, yo no conozco”, apunta, mientras guía a Infobae Cultura por los secretos del pequeño local en la Kopenhagener Strasse 73.

El autor de varios libros, entre ellos la novela El actor, conoció a Restrepo durante una presentación en La Rayuela, la librería hispana en Berlín que cerró sus puertas en 2017. “Me dijo ‘¿por qué no te venís un día a ver la librería?’. Y vine y me quedé hasta hoy”.

lunes, 4 de diciembre de 2017

La traducción, ¿un oficio de sobrevivientes?

Si, un suponer, el próximo miércoles 6 de diciembre usted se encontrara en las inmediaciones del 4 de la rue de la Forge Royale, en el distrito XI de París, y tuviera ganas de escuchar algún tipo de reflexión sobre la traducción, podría decirse que tiene suerte, porque a las 19 hs francesas, en la librería Cienfuegos –hoy en día, la única librería latinoamericana de París–, los traductores Guillaume Contré, Ariel Dilon, Miguel Ángel Petrecca y Edgardo Scott van a estar dilucidando si la traducción es o no un oficio de sobrevivientes. Ahora, si nada de esto le interesa y quiere tomar vino gratis, también podría decirse que tiene suerte, pero ahí va a tener que calcular el tiempo que dure la mesa redonda para sólo entonces entrar y, previa felicitación a los traductores, brindar con ellos. Recuerde llevar abrigo: en París está haciendo frío. 

jueves, 14 de julio de 2016

Una entrevista con Miguel Ángel Petrecca, poeta, traductor y librero

La siguiente entrevista con Miguel Ángel Petrecca fue realizada por Darío Semino y publicada en el blog de la librería La Libre.

La parada latinoamericana de París

Si algo llama la atención de las librerías parisinas es el nivel de especialización que tienen. No es extraño encontrarse con pequeñas, medianas y en algunos casos grandes librerías dedicadas enteramente a temas que van desde ciencias sociales, filosofía, arte y diseño hasta culturas africanas o el islam y el mundo árabe. Y con las culturas también vienen los idiomas. Hay un par de librerías en inglés, como la famosa Shakespeare and Co, una en portugués, otra en ruso y hasta una hermosa y coqueta en polaco. A esa diversidad se sumó en septiembre del año pasado Cien fuegos, una librería hispanoamericana, con libros principalmente en castellano. Si uno se da una vuelta por ahí una tarde lo encuentra al argentino Miguel Ángel Petrecca. Poeta, traductor y editor del sello Gog y Magog, y ahora también librero parisino, Miguel Ángel habla de libros y viajes a través del espacio y las lenguas. Y nos deja espiar un poco el funcionamiento del mundo libresco de la ciudad literaria por excelencia-

“La idea de Cien fuegos sale de hablar un poco con la gente de acá. Mucha gente me hablaba del Salon du Livre Argentin, que había cerrado un par de años de que yo llegara. Desde el cierre del Salon había quedado un hueco, era raro que no hubiera una librería de literatura hispanoamericana o latinoamericana en París; raro en el contexto de París, que tiene tantas librerías especializadas, y que de hecho siempre tuvo librerías hispanas. Ese fue el origen. Y después surgió la posibilidad de concretarlo gracias a mi socio, Marcelo Jouliá, un arquitecto que también es argentino y vive acá hace muchos años. También para mí era una oportunidad de hacer algo relacionado con los libros, que me permite tener un vínculo con Argentina mientras termino el doctorado.”

Apacible como se lo ve, Miguel Ángel se moja los labios con lenguas de tres continentes. Además del castellano natal y el francés que le demanda vivir acá, junto con el inglés que nunca falta, su fuerte es el chino. Ahora está haciendo el doctorado en literatura china. Su fascinación por la poesía de ese país lo llevó a estudiar el idioma. Estuvo dos veces viviendo en Pekín, perfeccionando su conocimiento del habla y la escritura. Allí pudo conocer en persona a varios de los poetas que tradujo para la antología Un país mental, editada por Gog y Magog. Con modestia dice que lo suyo es algo que está “en el aire de la época”, porque hoy existen varios canales para encarar el aprendizaje del chino que antes no existían. Como si estudiar chino fuera cosa de todos los días.

¿Cómo surgió la idea de Un país mental?
–Ocurrió que si bien yo me acerqué a estudiar el idioma por la poesía clásica, lo que estudias en un primer momento no es chino clásico sino contemporáneo, que tiene bastantes diferencias. Se suele usar la comparación, para dar una idea, con la diferencia que hay entre el latín y las lenguas romances. Entonces tenía las herramientas para entrar por el otro lado del túnel, que es menos conocido. Porque lo que se suele traducir es la poesía clásica.

En la editorial las traducciones tienen un lugar bastante importante.
–Sí, eso es algo que se fue dando. Tuvo bastante que ver también con el perfil de Julia Sarachu, una de las fundadoras, que también es traductora y se especializa en literatura eslovena. Por eso hay muchos títulos del esloveno en nuestro catálogo. La traducción es un manera de vitalizar los modos de escritura, de presentar herramientas nuevas, nuevos procedimientos, puntos de vista, voces, etc.. Hace unos meses editamos una antología buenísima de la poeta norteamericana Sharon Olds (a cargo de Inés Garland e Ignacio Di Tullio) y ahora estamos por sacar una antología de Francis Ponge, preparada y traducida por el poeta chileno Waldo Rojas.

A su vez siempre es polémica la traducción de poesía, porque se suele considerar que ésta se encuentra en el límite de lo traducible.
–Es cierto, por eso siempre buscamos que las traducciones estuvieran hechas por poetas. Como es el caso de la traducción de Dante que hizo Aulicino. O la de Mark Strand, de Ezequiel Zaidenwerg, o la de James Schuyler, de Laura Wittner. Para que tengan una reflexión sobre la traducción por el lado de la poesía. Y creo que se nota, que en cada caso se ve que hay un trabajo personal.

Volviendo a París, cómo es el mundo del libro acá.
–Lo primero para mí, que creo que está buenísimo, es que el libro es barato. La sensación es que acá realmente todo el mundo tiene una biblioteca. Podés ir a las librerías de usados, o a los puestitos que están al lado del río y encontrar las ediciones de bolsillo por dos o tres euros. Entonces armar una biblioteca es fácil. Eso me parece increíble, porque uno en Argentina está acostumbrado a que el libro duela. Y que la biblioteca se va armando a través de los años, de buscar los saldos y comprar uno nuevo más excepcionalmente. En cambio acá hay una especie de sobreoferta de libros, no es raro encontrar libros tirados en la calle, a veces con un cartelito para que el que pasa se los lleve. También es cierto que acá la gente lee mucho. Como en Buenos Aires. En los medios de transporte se ve mucho. No tanto en los cafés. En los cafés se juntan a tomar, no son tanto un lugar de lectura o escritura. Las mesas no son cómodas, se nota que no están para eso. No es como los cafés de Buenos Aires. Otra cosa es que el mercado también está muy regido por la moda y los tiempos. Cuando llega septiembre, que es como el comienzo del año, se da lo que se llama la “rentrée”, que es un momento muy importante a nivel mercado. Se nota que las editoriales apuestan muy fuerte a ese momento, ponen toda la carne al asador. De alguna manera la suerte de la editorial el resto del año se juega ahí. En lograr vender y promocionar las novedades. Y se nota que hay toda una cultura de comprar los libros de la “rentrée” para poder conversar, para estar en tema.

¿Y a nivel más informal o más pequeño? ¿Hay editoriales independientes?
–Justamente este fin de semana hubo un evento que fue el Marché de la Poésie, ahí se podía ver todo un ecosistema de pequeñas editoriales de poesía que raramente aparece en las librerías. Es algo que te sorprende porque de repente ves surgir a la superficie un montón de cosas que uno pensaba que no existían. Son proyectos que se sostienen circulando por ferias y eventos de ese tipo. Hay también una feria del libro independiente, que es algo bastante institucional, no como sería la FLIA allá, también está la feria del libro de arte y varias más.

¿Editar es barato?
–No tengo mucha idea de los costos, sí sé que algunos editores están imprimiendo en otros países de la comunidad europea.

¿Y el Estado tiene políticas de apoyo?
–Sí, hay varias instituciones que apoyan a nivel regional. Pero además está el CNL (Centre National du Livre) que es la institución fuerte en el área, y que tiene todo tipo de ayudas para los editores, para las traducciones, para las librerías, incluso para las librerías francófonas que están en el exterior. Eso posibilita muchas cosas. Muchas de las traducciones del francés que se publican en Argentina tienen este tipo de apoyo.

Y para una librería como esta, con textos principalmente en castellano, ¿qué tipo de lectores hay?
–Es algo que lo estamos explorando de a poco. La tipología de nuestro público es por un lado la comunidad latina, que es muy grande aunque no es la que tiene mayor poder adquisitivo, más que nada porque muchos son estudiantes. Hay muchos peruanos y también argentinos, chilenos, colombianos, mexicanos y españoles. Y el otro público son los estudiantes universitarios franceses o europeos que cursan carreras sobre temas latinoamericanos. Y después también hay muchos franceses que viajaron o estudiaron y que se animan a leer en castellano. Y por último está la otra pata que es la venta por internet. Tenemos una parte del catálogo subido y van saliendo cosas para mandar a otros lugares como España o Italia por ejemplo.

Además de libros por Cien fuegos circulan personas. No solamente lectores en busca de materiales en castellano sino también escritores, editores y traductores. Presentaciones, lecturas y talleres van apareciendo en la agenda cada semana. De a poco se va sabiendo que hay en París un rincón para todos los castellanos que forman el castellano.


Más información sobre la librería: http://cienfuegos.in/
Sobre Gog y Magog: http://www.gogymagog.com/
Las fotos son de Fernanda Catullo: https://goo.gl/5ef79m