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miércoles, 10 de junio de 2026

Convocatoria 2026 del Programa Sur para la traducción y publicación de autores argentinos en el exterior

El Programa Sur, destinado a la promoción de textos de autores argentinos traducidos a cualquier lengua del mundo, llama a los editores interesados en recibir un subsidio a la traducción a presentarse para el llamado que vence el 21 de agosto de este año.

Se recuerda que las subvenciones se otorgan a editores extranjeros contra el compromiso de publicar las obras antes del 30 de noviembre del año siguiente a la convocatoria.

Los editores argentinos, los autores de las obras o los agentes que posean los derechos de autor pueden actuar en representación de los editores extranjeros, pero el pago se realiza siempre a estos últimos.

Las obras deben haber sido escrita en castellano por autores argentinos y deberán haber sido editadas previamente.

Las obras pueden ser de ficción o de no ficción, y de cualquier género literario (novela, cuento, poesía, teatro, literatura infantil y juvenil, etc.).

La recepción del subsidio del Programa de Traducciones es incompatible con la percepción de otro tipo de subvención pública para la misma obra en la Argentina.

El monto de la subvención no podrá superar los U$3.200.- por obra.

Para mayores datos, consultar la página https://programa-sur.cancilleria.gob.ar/, donde también se encuentran los formularios que deben llenarse.

lunes, 9 de marzo de 2026

En su mínima expresión, por ahora, el Programa Sur milagrosamente sobrevive al actual gobierno


"Desde Cancillería informaron que la convocatoria de este año se abrirá “dentro de los plazos reglamentarios.” Tal es la bajada del artículo que publicó Daniel Gigena, en el diario La Nación, de Buenos Aires, el pasado 15 de febrero.

De El Eternauta al griego a La cautiva al azerbaiyano, las traducciones que financió el Estado

El Programa Sur de apoyo a las traducciones de la Dirección de Asuntos Culturales de Cancillería, que se redujo drásticamente a cinco cifras con este Gobierno, aprobó en 2025 subsidios para la traducción de diecisiete obras de poesía y ensayo de autores argentinos al alemán, el griego, el persa, el italiano, el polaco y el serbio, entre otros idiomas. Si bien la cantidad de títulos es igual a la de 2024, el monto total superó la marca mínima del anteaño pasado: subió de 33.500 a 44.184 dólares.

Los subsidios por título van de los 1800 a los 3200 dólares y se harán efectivos recién cuando las obras se hayan publicado. El Programa Sur financia parte del costo de la traducción de obras de autores locales, en vista de la internacionalización de las letras argentinas y el fortalecimiento de la economía de la cultura.

Entre las propuestas seleccionadas por un comité de especialistas -que intregran ad honorem la escritora y académica María Rosa Lojo, el investigador Alejandro Dujovne, la directora de la Biblioteca Nacional Susana Soto,; el periodista Ezequiel Martínez (por la Fundación El Libro), y Diego Lorenzo, de Cancillería- aparecen ensayos de Alfonsina Storni (cuya obra es muy requerida año a año por editores extranjeros), clásicos de Esteban Echeverría (La cautiva se traducirá al azerbaiyano) y Juana Manuela Gorriti (La tierra natal se leerá en bengalí), poemas de Vicente Barbieri y Leónidas Lamborghini, y ensayos de Ricardo Piglia (Formas breves pasará al francés) y Juan José Saer: El río sin orillas tendrá una edición en persa.

La versión de El Eternauta de 1969, de Héctor Germán Oesterheld y Alberto Breccia, será publicada por una editorial griega.

También se atendieron solicitudes de editores extranjeros para traducir obras de escritores contemporáneos como El ojo de Celan, poemario de Susana Szwarc y Extranjero en todas partes: los días argentinos de Witold Gombrowicz, de Mercedes Halfon. Los poemas reunidos en Fantasmas buenos, de Cecilia Pavón, se leerán en árabe; el breve ensayo sobre el arte de caminar, Caminantes, de Edgardo Scott, en alemán; Cocina, cuisine y arte, de Carina Perticone, al griego, igual que Nadadores lentos, de Santiago Loza. Entre tus siestas, de Brenda Howlin se traducirá al polaco, y los recomendables Borges crítico, de Sergio Pastormerlo, e Identidades. Ensayos de literatura eslava, de Eugenio López Arriazu, al albanés y al serbio, respectivamente.

Desde Cancillería informaron que la convocatoria de este año se abrirá “dentro de los plazos reglamentarios”.


jueves, 20 de noviembre de 2025

Gabriela Cabezón Cámara y su traductora Robin Myers ganaron un premio en Estados Unidos

La noticia apareció hoy, con firma de Daniel Gigena, en el diario La Nación, de Buenos Aires. Allí se lee que la narradora Gabriela Cabezón Cámara y su traductora Robin Myers ganaron la última edición del National Book Award, en los Estados Unidos, en la categoría Traducción. Según la bajada, la autora argentina dijo en la premiación: "Voy a hablar en español porque sé que a algunos fascistas no les gusta”

Gabriela Cabezón Cámara gana el National Book Award en la categoría de literatura traducida con Las niñas del naranjel

La literatura argentina hace historia en la 76ª edición de los National Book Awards (NBA). Con la versión al inglés de la novela Las niñas del naranjel (Random House), traducida por la estadounindese Robin Myers como We Are Green and Trembling (New Directions), la escritora Gabriela Cabezón Cámara, que el pasado 4 cumplió 57 años, ganó el prestigioso premio en la categoría de literatura traducida. “Voy a hablar en español porque sé que a algunos fascistas no les gusta”, dijo la autora en Cipriani Wall Street, en Nueva York, en referencia a quienes apoyan las políticas antiinmigratorias del gobierno de Donald Trump.

Le dedicó el premio a su pareja, la humorista gráfica Maitena (recientemente premiada en España). La autora y la traductora recibirán diez mil dólares y una estatuilla de bronce.

“Gracias, Robin; gracias a mi editora argentina, Ana Laura Pérez; gracias a mi agente, Sandra Pareja, y gracias a la educación pública y gratuita argentina, gracias a sus trabajadores, porque sin la educación pública y gratuita la gente de clase trabajadora como yo nunca jamás estaría acá”, dijo Cabezón Cámara, que estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires [en Puan]. Myers, que tradujo las palabras de Cabezón Cámara al inglés, le agradeció a la autora su “extraordinario libro” y su amistad. La traductora también condenó el apoyo del gobierno estadounidense al “genocidio” en la Franja de Gaza.

Cabezón Cámara, que con Las niñas de naranjel obtuvo en 2024 el Premio Fundación Medifé Filba de Novela, el Sor Juana Inés de la Cruz, el Premio Perfil y el Ciutat de Barcelona, es la tercera representante de las letras argentinas en ganar el premio, después de Julio Cortázar, en 1967, con Rayuela, y Samanta Schweblin, en 2022, con Siete casas vacías.

Las niñas del naranjel -que narra la deriva de la “monja alférez” Catalina de Erauso en territorio americano, durante la conquista española- competía con On the Calculation of Volume (Book III), de la danesa Solvej Balle; The Remembered Soldier, de la holandesa Anjet Daanje; We Computers: A Ghazal Novel, del uzbeko Hamid Ismailov, y Triste tigre, de la francesa Neige Sinno. Daniel Nayeri, por The Teacher of Nomad Land: A World War II Storyambientada en la ciudad de Isfahán.

Todos los ganadores del NBA

El acto de premiación, que condujo con humor el actor Jeff Hiller y en el que participó la cantante Corinne Bailey Rae, se tiñó de protesta contra las prohibiciones de libros en Estados Unidos.

El escritor estadounidense Georges Saunders fue reconocido con la medalla por Contribuciones Distinguidas a las Letras de su país, que han recibido, entre otros, Toni Morrison, Stephen King, Ursula K. Le Guin y Edmund White.

Mediante la creación de mundos envolventes, personajes profundamente humanos y una curiosidad compasiva hacia los problemas sociopolíticos más acuciantes de nuestra época, la obra de George Saunders ejemplifica el poder de la ficción para unirnos a pesar de, y quizás gracias a, nuestro mundo fracturado y complejo”, dijo Ruth Dickey, directora ejecutiva de la National Book Foundation.

En la categoría de Ficción, el ganador fue el jordano Rabih Alameddine, por The True True Story of Raja the Gullible (and His Mother); en la de No Ficción, ganó el NBA el canadiense Omar El Akkad, por One Day, Everyone Will Have Always Been Against This, suerte de “carta de ruptura” del autor con Occidente, escrita tras los bombardeos israelíes en Gaza. En Poesía, ganó la escritora y profesora estadounidense Patricia Smith, por The Intentions of Thunder: New and Selected Poems, y en Literatura Juvenil, el iraní-estadounidense Daniel Nayeri, por The Teacher of Nomad Land: A World War II Story, ambientada en la ciudad de Isfahán, invadida de soldados británicos y soviéticos y de espías nazis.


miércoles, 12 de noviembre de 2025

Ilide Carmignani escribe en Vasos Comunicantes

El texto que sigue fue publicado el pasado 7 de noviembre por la revista Vasos Comunicantes, la publicación de ACEtraductores, de España.



Ilide Carmignani, premiada


La italiana lide Carmignani traduce autores españoles y latinoamericanos, entre los que cabe citar a Roberto Bolaño, Jorge Luis Borges, Luis Cernuda, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez, Pablo Neruda, Carlos Onetti, Octavio Paz, Luis Sepúlveda. Ha ganado el Premio de Traducción del Instituto Cervantes de Italia y el Premio Nacional de Traducción del Ministerio de Cultura de Italia. Ha publicado Gli Autori Invisibili: incontri sulla traduzione letteraria y Storia di Luis Sepúlveda e del suo gatto Zorba. El 13 de junio de 2025, fue galardonada con el Premio Von Rezzori – Ciudad de Florencia a la Mejor Traducción por su versión al italiano de Libro de Manuel de Julio Cortázar. Este premio, iniciativa de la Fundación Santa Maddalena, se le concedió en el marco del Festival de los Escritores de Florencia, en reconocimiento a la excelencia y sensibilidad de su traducción de una novela relevante por su contexto político y literario en Latinoamérica, especialmente Argentina. A continuación ofrecemos la nota de la traductora con la que cierra su traducción, traducida por Celia Filipetto:

Corre el año 1969, en las calles de París resuenan aún las protestas de los estudiantes, el mundo está cambiando. Cortázar, que mira con esperanza la Revolución cubana y con horror las violaciones de los derechos humanos por parte de Estados Unidos y las dictaduras latinoamericanas, intenta por primera vez hacer confluir literatura y política. Nace así Libro de Manuel (1973), donde las vicisitudes de la Joda (Grancasino) con sus conflictos ideológicos y sentimentales, las microagitaciones situacionistas y los secuestros revolucionarios, se narran de forma casi caleidoscópica entre saltos temporales y cambios de punto de vista, entremezcladas en una especie de collage con material auténtico, artículos de periódicos en distintos idiomas, cartas y documentos reunidos por los militantes para crear un álbum sobre la represión en el mundo, un libro dentro del libro destinado a la formación del pequeño Manuel, el hombre nuevo de mañana, pero también a la contrainformación de los lectores, a quienes la mise en abîme, con su extrañamiento brechtiano, impide la identificación pasiva con los protagonistas.

Sin embargo, la Revolución por la que lucha la Joda (Grancasino[1]) no es la misma que la de Cortázar, que en una entrevista explica: «Desgraciadamente las revoluciones parecen conllevar una tendencia a la estratificación (o quitinosidad, para seguir con la imagen). En sus formas iniciales, esas revoluciones adoptaron formas dinámicas, formas lúdicas, formas en las que el paso adelante, el salto adelante, esa inversión de todos los valores que implica una revolución, se operaban en un campo moviente, fluido y abierto a la imaginación, a la invención y a sus productos connaturales, la poesía, el teatro, el cine y la literatura. Pero con una frecuencia bastante abrumadora, después de esa primera etapa las revoluciones se institucionalizan, empiezan a llenarse de quitina, van pasando a la condición de coleópteros. Bueno, yo trato de luchar contra eso, ese es mi compromiso con respecto a las revoluciones, a la Revolución, para decirlo en general. Trato de luchar por todos los medios, y sobre todo con medios lúdicos, contra lo quitinoso».

Decidido a evitar en Libro de Manuel tanto la miserable ortodoxia del realismo socialista como el narcisismo de la torre de marfil, Cortázar sabe que «los sostenedores de la realidad en la literatura lo encontrarán bastante fantástico, mientras que los atrincherados en la literatura de ficción deplorarán su deliberada cohabitación con la historia de nuestros días» —cohabitación que lo llevará a destinar los derechos de autor a los presos políticos argentinos— pero no retrocede ni un milímetro ante las críticas que le esperan, por motivos opuestos, de ambos bandos.

Convencido de que un escritor debe luchar con los medios que le son propios por «un mundo finalmente liberado de este horizonte cotidiano de colmillos y dólares», lleva adelante su búsqueda expresiva, tanto en la estructura de la novela como en la lengua, con mayor determinación si cabe. En efecto, según él, una página «donde todo está como subrayado o ya leído, las palabras pulidas igualitas a picaportes de oficina, metáforas y metonimias patentadas», no acerca al lector ni un solo paso a una sociedad más justa, ni siquiera cuando el autor está lleno de buenas intenciones como el pobre poeta venezolano que envía sus versos a Andrés: «mala poesía supuestamente revolucionaria». La nueva lengua literaria que Cortázar se dedica a crear destroza la sintaxis tradicional, juega con la ortografía y la puntuación, se nutre de los archivos lingüísticos más heterodoxos, se desmadra con neologismos y juegos de palabras que son, para quien debe traducirlo, fuente de deleite y de terror.

No es fácil enumerar en pocas líneas los obstáculos que surgen al llevar Libro de Manuel al italiano. En primer lugar, está la dificultad de restituir, sin caer en dialectos alienantes, la infinita riqueza léxica de un español exuberante que recoge voces de todo el mundo hispánico, a partir naturalmente de la variante argentina con expresiones coloquiales rioplatenses y un abundante recurso al lunfardo, la lengua de los bajos fondos de Buenos Aires y del tango, además de sus incursiones en el vesre, la jerga juguetona que invierte el orden de las sílabas al modo del verlan francés, y en el cocoliche, la jerga ítalo-española de los oriundos de Italia. Además, el abanico de los lenguajes especializados, las jergas y los registros es muy amplio: en una sola frase se pasa del vulgarismo más trivial a la expresión más elevada, de la terminología filosófica a los eslóganes publicitarios.

No faltan préstamos de otras lenguas, sometidos a menudo a una reescritura fonética y a manipulaciones jocosas de distintos tipos que hemos tratado de reproducir idénticas en italiano: «nena comilfó» > «bambina comilfò»; «otesdelér en Aerolíneas» > «otesdelèr per Aerolíneas»; «las pomdeter van a brular» > «le pomdeter brûleranno»; «una veltanshaún que te la debo» > «una veltansciaung pazzesca»; «datoldblacmagicoldlov» > «detoldblekmegicoldlov»; «London suínguin beri biútiful plenti ricuchas, pripéar matedlo, quises» > «London suinghin veri biutiful plenti gnocche, pripèr mate, kissis»: un polilenguaje perfecto para expresar cómicamente la identidad variada de latinoamericanos en París que, sin embargo, hablan inglés dado que es «la lengua del futuro y la familia te la hace aprender aunque no quieras porque hay que pensar en el porvenir, las becas y esas cosas, mijito». En algunos casos el extranjerismo se revela como un juego de espejos: «…un sonido que refresca el alma y que en Cracovia se llama revilo gnik», dice Ludmilla, la polaquita», pero sería inútil buscar la expresión en polaco ya que no es más que el nombre de King Oliver, músico de jazz muy apreciado por Cortázar, escrito al revés.

No menos complejo resulta recrear en italiano las innumerables palabras inventadas de Libro de Manuel. A veces se trata de compuestos que nacen simplemente de la unión de varios términos separados por guiones, «hay-que-andarse-con-cuidado-en-esa-escena» > «bisogna-muoversi-con-cautela-in-questo-scenario», o bien de la eliminación de espacios: «anda a protestar en esa masaumanadelaseijimedia» > «vai a protestare in quella massaumanadelleseiemezzo». Otras veces son variantes humorísticas de una sola palabra como hormiga: hormigachos > formicacci; hormigudos > formicuti; hormigordos > formigrassi; hormiflacos > formimagri; hormínimos > forminimi; hormicrófonos > formicrofoni; hormicrocéfalos > formicrocefali; horminetas > forminette; hormigócratas > formicocrati; hormigófilos > formicofili. Con frecuencia son palabras posibles, creadas según las reglas morfológicas normales del español, pero que no existen. Al traducir hemos tratado de reproducir fielmente los distintos procedimientos de derivación; algunos ejemplos: «gente nucleada y familiada y casada y chimeneada y proleada» > «gente nucleata e famigliata e sposata e caminettata e proleata»; «La naturaleza imita al arte, wildea Patricio» > «La natura imita l’arte, wildeggia Patricio»; «las cosas me venían y yo las manipulaba y las revertía y las bumerangueaba» > «le cose arrivavano e io le manipolavo e le revertivo e le boomerangavo». Destacan los adverbios en -mente: arquimédicamente > archimedicamente; pestalozzianamente > pestalozzianamente; sublunarmente > sublunarmente.

También son frecuentes los neologismos que nacen de la fusión de dos o más palabras, en general el comienzo de la primera y el final de la segunda, a veces con algún fonema o sílaba en medio a modo de nexo, como «explicontar» > «spiegontare», «mierdorrea» > «merdorrea», siempre por diversión o por crear extrañeza: «la idea del pingüino turquesa me parece bastante antartiastuta» > «l’idea del pingüino turchese mi sembra parecchio antartiastuta»; «articulear el totamundo del crefundeo y protuplasmar una nueva estrucultura» > «articulare il totamondo della crefondazione e protoplasmare una nuova strutcultura»; cruces y metátesis con las que Cortázar se divierte y las aplica también a frases enteras: «a cada San Martín le llega su chancho» > «a ogni San Martino arriva il suo porcello» o bien «te lo sagro por lo más jurado» > «te lo sacro su quanto ho di più giurato».

El juego combinatorio se convierte en un método para explorar la realidad: «Era el deslinde, lo pensó quedándose en la palabra, dándole vueltas como a una fruta mental, deslinde, lindedés, delindes, lindesdé, ednilsed, sed de la linde, linde de la sed» > «Era il limite, pensò soffermandosi sulla parola, rigirandola come un frutto mentale, limite, miteli, temili, milite, etimil, militi il limite, limiti il milite». Así cómo el recurso a las jitanjáforas, palabras inexistentes que asumen un significado subjetivo y cambiante según las sugerencias sonoras que suscitan en el lector: «Cuando son buyos o flondas, cuando todavía parecen sundiales entonces sí, me despiertan la florencia náitingueil» > «Quando sono boei o flonde, quando sembrano ancora sundiali allora sì, mi risvegliano la fiorenza naitingheil».

Y después de las palabras inventadas, encontramos toda una lengua inventada. Si en Rayuela la Maga hablaba glíglico, el idioma de los enamorados, en Libro de Manuel, Lonstgein, el rabinito, habla fortrán, basado en la ecofón, la economía de fonemas, con sus boex, bonitas expresiones (bellesp, belle espressioni).

Podríamos seguir añadiendo ejemplos a la lista de retos que Cortázar plantea al traductor: desde el recorte de un artículo de periódico de cuya columna solo queda la parte central, hasta el poemita sarcástico construido como una canción cuartelera: «tu madre es una pu» > «tua madre è una pu» y después de una pausa sigue «rísima señora» > «rissima signora». A veces el divertimento es sumamente culto: la tupida red de referencias textuales va desde el Maestro Eckhart hasta Voltaire, desde Garcilaso hasta de Sade, y desemboca en el espléndido pastiche final, en el que el autor engasta en la página versos de la Ilíada, en particular el catálogo de las naves.

En un apasionado melómano y trompetista de jazz como Cortázar no podían faltar las referencias musicales: van desde Prozession de Stockhausen hasta los minimalismos colectivos de Terry Riley, a los que dedica esmerados análisis, desde Jelly Roll Morton hasta Joni Mitchell, y, naturalmente incluyen a Gardel, Aníbal Troilo «Pichuco», Roberto Firpo, Pedro Maffia, Eduardo Falú, Atahualpa Yupanqui…

Abundan también los culturemas, palabras tan estrechamente ligadas a cierta realidad que no tienen equivalente en otras lenguas, como comidas y bebidas típicas o instituciones locales, que casi siempre hemos mantenido en forma de préstamos, con la certeza de que un lector refinado como el de Libro de Manuel reconocerá su significado o intuirá fácilmente su sentido por el contexto.

Y por último, la traducción tuvo que enfrentarse con el maravilloso ritmo de la escritura del autor, un swing que es mucho más fluido que una estructura métrica pero que palpita con igual fuerza en el texto cortando la sintaxis a su medida, destacando el foco de la frase o bien los silencios, blup. Una musicalidad sin la cual la prosa de Cortázar no sería la prosa de Cortázar.

En el trabajo de interpretación del original sirvieron de apoyo algunas traducciones extranjeras, sobre todo la versión francesa (1974) de Laure Gille-Bataillon y la inglesa (1978) de Gregory Rabassa, que eran amigos personales del escritor y le enviaban la traducción antes de su publicación. Otras versiones consultadas fueron la alemana (1976) de Heidrun Adler y la rusa (1998) de Evguenia Lysenko. Al traductor solitario siempre le resulta útil conocer otras lecturas de la obra, examinar los senderos ya trazados, aunque después, a menudo se decante por abrir nuevas sendas.

Valery Larbaud, en Sous l’invocation de saint Jérôme, decía que el traductor debe tener mucha humildad, de modo tal que no quiera reescribir el texto, y al mismo tiempo debe tener mucho orgullo, porque traducir es una empresa que hace temblar el pulso. En I ferri del mestiere, Fruttero y Lucentini señalaban que el traductor debe tener, en frío y simultáneamente, la vista de águila de Napoleón y la maniática atención por el detalle de su furriel más cercano. En fin, que para traducir se requieren muchas cualidades, máxime cuando se trata de un texto como Libro de Manuel; corresponde al lector juzgarlo. Lo que desde luego no ha faltado por mi parte es una gran pasión por esta novela repleta de fantasía, ternura, esperanzas, solidaridad, amor en sus distintas formas y por este oficio mío de traductora, «un oficio infernal» según decía Cortázar, «apenas se pone un pedacito de corazón en lo que se hace».

[1] Todos los críticos, entre los que podemos citar a Manuel Ramiro Valderrama en «Apuntes semióticos en torno a la traducción de textos transcontextualizados» (Hermēneus. Revista de Traducción e Interpretación Número 3 – Año 2001), consideran el término Joda un guiño de Cortázar al lector del Libro de Manuel por su polisemia, que ilustra así: «1. Perjuicio; molestia; inconveniente / 2. Mofa, broma / 3. Discurso o acción que revelan falta de seriedad / 4. Diversión, fiesta». Para reflejar en parte esta complejidad, en italiano no encontramos un término más adecuado que casino. El Dizionario italiano De Mauro lo define así: lugar de reunión, círculo recreativo y cultural / casa de juego, casino / casa de tolerancia, burdel / confusión, desorden / situación problemática y confusa, incluso desagradable y crítica, lío. Debemos considerar, además, que en la jerga juvenil de hoy, far casino significa divertirse de modo especialmente extremo, no exento de riesgos. 

martes, 4 de noviembre de 2025

Robin Meyers, poeta y traductora


El pasado 25 de octubre, Ana Vidal Egea, publicó una nota y entrevista con Robin Myers, escritora y traductora estadounidense radicada en la Argentina. La publicación fue en el diario El País, de Madird.

Robin Myers, traductora: “La literatura anglosajona mira hacia adentro y muestra poca curiosidad por lo que se escribe en otras partes”

Robin Myers (Nueva York, 38 años) se enteró por Instagram de que su traducción We Are Green and Trembling, de una novela de la escritora argentina Gabriela Cabezón Cámara, es finalista de los National Book Awards 2025 en la categoría de Literatura Traducida, cuyos ganadores serán anunciados el próximo 19 de noviembre. Lo primero que hizo fue llamar a la autora, que en ese momento se encontraba en Barcelona y tampoco lo sabía. “Nos agarró a todas por sorpresa”, cuenta por videollamada, divertida.

Para Myers, el hecho de que haya una categoría de textos traducidos es importante para reconocer “la traducción como oficio y la importancia que debería tener la literatura de otros lugares como parte de la estructura editorial estadounidense”. Algo de suma importancia, teniendo en cuenta que en Estados Unidos las traducciones —incluyendo todos los géneros— solo representan un 3% de los libros que se publican, según un reciente estudio publicado por University of California Press. “Mientras que la literatura hispana tiene mucho más metabolizada la tradición de la traducción y no solo hay una costumbre, sino una expectativa y celebración por estar en contacto con libros traducidos de otros idiomas, la literatura anglosajona mira mucho más para adentro y no muestra tanta curiosidad por lo que se escribe en otras partes”, puntualiza la traductora estadounidense.

Según Myers, trabajar en el libro We Are Green and Trembling —finalista de uno de los premios literarios más importantes de EE UU— ha sido una de las experiencias más gratificantes de su vida como traductora. Se trata, dice, de una novela “vertiginosa, de gran vitalismo y cadencia, que mezcla diferentes registros y que es deliberadamente anacrónica porque combina el español arcaico y el contemporáneo”. Ese carácter híbrido planteó el reto de encontrar una prosa en inglés igual de libre, cambiante y juguetona, tarea que le llevó cerca de un año.

El título original, Las niñas del naranjel (Penguin Random House, 2024) es radicalmente diferente al inglés, We Are Green and Trembling (New Directions, 2025), propuesto por la agente literaria de Cabezón Cámara, Sandra Pareja. Es lo que suele ocurrir no solo en literatura, sino también en cine, donde con frecuencia los títulos de la misma película varían en Latinoamérica y en España. Para Myers, “el cambio de título forma parte del mismo ejercicio imaginativo que implica toda traducción”; no es una mera correspondencia directa de unas palabras en otro idioma, sino un proceso de recontextualización que, en ese sentido, no resulta ni radical ni polémico.

En su caso, la traducción ha sido siempre una vocación más que una decisión consciente. Estudió literatura inglesa y, durante un tiempo, pensó que su futuro estaría en la academia, pero poco a poco la práctica de traducir se fue abriendo paso en su vida de una forma gradual y orgánica. Su interés por aprender español le llegó porque su abuela materna, que murió antes de que ella naciera, era mexicana y siempre sintió una conexión especial con el país, que visitó varias veces cuando era una niña. De hecho, ya en la universidad, se tomó seis meses sabáticos para vivir en Oaxaca, lo que le permitió empezar a aprender el idioma y consolidó su deseo de vivir allí.

Tras un año en Palestina, adonde se fue por amor al terminar su maestría, en 2011 se mudó a Ciudad de México, donde ha vivido durante 13 años y a día de hoy sigue considerando su casa. Allí, según cuenta, el bilingüismo se le abrió “de forma ininterrumpida y total”. Conoció a jóvenes narradores mexicanos y empezó a traducir textos para el sector cultural; traducía lo que fuera, que es una gran manera de aprender, un aprendizaje inmersivo, antes de poder dedicarse profesionalmente a traducir literatura.

Myers, que ha pasado toda su vida adulta en Latinoamérica, no se plantea el regreso a su país de origen. “Te das cuenta de que el lugar donde vives ahora te cambió”, explica, aludiendo también a que en México es donde se ha sentido más plena. “Me parece peligroso hablar del arte como si fuera una salvación o una redención, incluso un medio de resistencia. Para mí, escribir o traducir libros no es ni remotamente parecido a poner el cuerpo, pero es esencial resistir mediante el trabajo artístico a toda tentación de complacencia”, remarca hablando de la situación política actual en el mundo. “En We Are Green and Trembling se explica que hubo un exterminio de pueblos originarios al fundar Estados-nación hace siglos, pero ese genocidio nunca terminó. Y es muy importante leer este libro en el contexto del genocidio que sigue a día de hoy en Palestina y de verlo como parte de una continuación histórica y no como un evento aislado”.

En la actualidad, Myers vive en Buenos Aires con su pareja, el poeta Daniel Lipara y el hijo de ambos, de seis meses de edad. Está terminando la traducción de una novela de la escritora argentina Camila Fabbri, y en el 2027 publicará su primer poemario en inglés, Centro, con la editorial Cafe Press.

martes, 30 de septiembre de 2025

Una muestra sobre Mafalda en Shanghai

El pasado 26 de septiembre, con firma de Judith Savloff, el diario Clarín publicó una nota a propósito de la muestra que sobre Quino y Mafalda se está realizando en el Instituto Cervantes de Shangai.

Quino en Shangai, Mafalda en el espejo

Había una vez una niña que odiaba la sopa y amaba la paz. Y que, con lucidez inapelable, desarmaba el mundo con preguntas. Seis décadas después, Mafalda, esa criatura lúcida y profundamente argentina, sigue despabilando acá y en China. Literalmente.

Clarín Cultura publicó hace unos días una nota sobre la muestra Bienvenidos al mundo de Mafalda, sobre los 60 años (se cumplieron en 2024) de la creación del gran Quino, que se expone en el Instituto Cervantes de Shangai.

Mafalda no es una desconocida en China. Llegó en cuadernillos a mitad de los años 70. Desde el Cervantes de allá cuentan que entró con envión: la tradujo Sanmao, una de las escritoras más leídas hasta las dos décadas siguientes.

El encuentro entre ellas da para un cuento. Sanmao, cronista de viajes -un puente pionero entre España, América latina y China-, descubrió a Mafalda durante una recorrida por el Sahara Occidental bajo dominio español durante la dictadura de Franco.

En realidad, el marido de Sanmao se topó con un ejemplar con una franja que decía “Para adultos” en la única librería del desierto. Ella devoró la obra esa noche.

Franco y Mao
En las traducciones de Mafalda al mandarín apareció la soja en vez de la mayonesa. Y mientras los censores de Franco la consideraban para grandes, los de China, en principio, la aniñaron.

Lucía Carzoglio, licenciada en Letras de la UBA que se doctoró y trabaja en Shangai, cita en el ensayo Sanmao, traductora de Mafalda: entre la autorrepresentación y la adaptación cultural investigaciones que indican que las menciones a Mao, las intervenciones militares soviéticas en países “satélites” o el hambre en África que aparecían en las tiras fueron reemplazadas por expresiones vagas, como “vergüenza”. Hoy, según indicaron, no pasa.

Como sea, contra todo, Mafalda se convirtió en símbolo global de una época de rebeldía, crítica y utopías, cargada incluso de violencia extrema, además de ser para los argentinos el emblema de la clase media en agónico y cada vez más acentuado proceso de extinción.

De la protesta a la espera
Quino publicó Mafalda entre 1964 y 1973, se exilió durante la última dictadura y en 2020 murió en su Mendoza natal. Pero su obra aún vibra con el mismo timbre agudo que usa Mafalda para increpar a sus padres y mirar al mundo como si fuera una casa desordenada a la que nadie se atrevió a acomodar con consideración real por los demás.

Mafalda todavía juega con Susanita y discute con Felipe. Pero ahora vive como escultura en una esquina de San Telmo que es de culto para turistas y en memes y en post en las redes sociales que muchas veces la sacan de contexto y la arrojan a la suerte que dictan algoritmos.

Hoy imagino a Mafalda sola frente a un televisor apagado. No hay texto. Simplemente una expresión: más que de protesta, de espera.

Tal vez ése sea un buen final para esta historia: Mafalda no cambió el mundo y trataron de cambiarla seguido. Pero sí nos cambió a muchos. Y eso, aunque no sea suficiente, es para hacerle homenajes acá y en China.