Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Balaguer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Balaguer. Mostrar todas las entradas

viernes, 26 de noviembre de 2021

Miguel Balaguer y Valentina Rebasa hablan de los treinta años de la editorial Bajo la Luna

El pasado 21 de noviembre, Valeria Tentoni entrevistó para el blog de Eterna Cadencia a los dueños y editores de Bajo la Luna, editorial argentina que acaba de cumplir 30 años de existencia. En la bajada se lee: “Fundada en Rosario en los años 90 por Mirta Rosenberg, Bajo la Luna cumple por estos días tres décadas dedicada a la poesía, la traducción y la ficción. Conversamos con sus editores actuales, Valentina Rebasa y Miguel Balaguer: ‘Poesía siempre fue nuestro mascarón de proa o nuestro experimento fundamental’.

Treinta años bajo la luna

A finales del año 1991, en la ciudad de Rosario, un grupo comandado por la poeta Mirta Rosenberg fundó la editorial Bajo la Luna, que en algún momento pasó a llamarse Bajo la luna nueva y hace unos años volvió al nombre original. En 2002 el sello mudó su sede a Buenos Aires, y en 2005 su hijo Miguel Balaguer y Valentina Rebasa, compañera de Miguel, decidieron continuarla. Rosenberg, quien falleció en 2019, continuó publicando en Bajo la luna sus traducciones y libros de poesía, títulos como Cuaderno de oficio, El árbol de palabras o El paisaje interior.

Este año, Bajo la Luna cumple tres décadas publicando y libros de poesía y ficción, antologías y traducciones. Los editores decidieron celebrarlo con diferentes reediciones, entre ellas obras de Irene Gruss o regresos al catálogo de versiones de Katherine Mansfield (con selección, traducción y prólogo de Rosenberg y Daniel Samoilovich).

A continuación, entrevistamos a Miguel y a Valentina para celebrar este aniversario.

– Bajo la Luna comenzó en Rosario a principios de los 90, ¿cómo fueron esos inicios?
–Miguel Balaguer: A los inicios sólo los viví como hijo. Yo no participaba en el grupo fundador que reunió mi madre en Rosario. Le pusieron bajo la luna porque las primeras reuniones de la editorial se dieron en la librería El hijo pródigo, un espacio exquisito que llevaban adelante Armando Vites (hoy un gran librero anticuario) y Fernando Tolosa (quien fue parte del grupo fundador) que quedaba debajo de un boliche –muy de reviente– que se llamaba La luna. Más tarde alquilaron para la editorial un espacio al lado de la librería, literalmente “bajo la luna”. Los miembros originales eran cuatro amigxs que, después de publicar los tres primeros libros, se pelearon un poco escandalosamente. En ese momento, mi madre nos pidió a mi hermano (Juan Balaguer) y a mí, que trabajábamos en diseño mientras estudiábamos en la universidad, que le diéramos una mano para poder seguir con la editorial. Ahí pasó a llamarse Bajo la luna nueva hasta que en 2001 le devolvimos el nombre original. Recuerdo que diagramamos El jardín, de Diana Bellessi, a la noche, en un estudio de publicidad de Rosario donde yo trabajaba y que nos prestaba las máquinas en el horario en que no se usaban, también me acuerdo de la tapa de El diario de la hepatitis de César Aira que garabateamos con mi hermano en la mesa de roble de la casa de la calle Entre Ríos. Después de eso, compramos unas máquinas de imprenta, una guillotina y directamente nos pusimos a hacer los libros artesanalmente en el living de esa casa. Más tarde, la casa se vendió y mi hermano, con mucho más criterio que yo, se enfocó en su carrera como director de arte y artista, mientras Valentina y yo nos mudamos a Buenos Aires.

–¿Qué editoras había alrededor cuando nació el sello? ¿A qué mundo llegó Bajolaluna? ¿Cómo se distribuía, hasta dónde llegaba?
–MB: Bajo la Luna nació el mismo año en que nacieron, por ejemplo, Beatriz Viterbo y Paradiso, un momento en que las editoriales literarias argentinas empezaban a pasar a manos de grupos multinacionales y había poco espacio para que una literatura que no fuera estrictamente comercial encontrara espacios. Estas editoriales de principios de los 90 vinieron a ocupar ese espacio que empezaba a quedar vacante y a ser una vidriera para encontrar una nueva circulación para la poesía y también para una narrativa más experimental, que empezaba a distanciarse de aquel realismo social que caracterizó a la literatura de la posdictadura. Esos años eran los de la poesía en los recitales y ciclos, los Libros de Tierra Firme o Último Reino circulando de mano en mano entre los poetas, el murmullo secreto de algunos nombres –sobre todo de mujeres– que se iban afianzando, el momento de las revistas como Babel, Diario de Poesía, Cerdos & Peces, Con V de Vian, entre otras. En ese sentido Bajo la Luna, y estas otras editoriales, fueron un claro producto de los primeros efectos de la década del 90.
Los primeros libros intentaron una distribución nacional a través de Catálogos, una distribuidora independiente de aquella época que estaba enfocada (cómo no estarlo) en psicoanálisis y ciencias sociales. Recuerdo que, a pesar de que los libros eran muy comentados, reseñados y reconocidos, no se alcanzaba el nivel de ventas que permitiera sostener la editorial. Ojo, no estoy hablando de sueldos ni de pago de regalías, me refiero a conseguir el dinero para pagar el costo industrial del próximo título.

–En los 2000 el sello se traslada a CABA, ¿cómo fue ese movimiento, qué cosas cambiaron?
–Valentina Rebasa: Ese movimiento tuvo que ver con nosotros, fue producto de nuestra propia mudanza a Buenos Aires en 2002 y nuestra entrada de lleno en la conducción de la editorial. Con algo de ironía o humor malicioso solíamos decir que Rosenberg la había fundado en los primeros 90 y que para finales de los 90 ya la había fundido. Era un chiste familiar. Lo cierto es que con la crisis del 2001 no teníamos mucho para hacer en Rosario. Miguel había terminado su carrera y yo ya había empezado a estudiar fotografía aquí en Buenos Aires. La crisis nos había puesto en situación de tener que elegir entre probar suerte afuera o intentar algo aquí, después de varias discusiones, terminamos optando por lo segundo, y por enfocarnos en reconstruir la editorial. En ese momento decidimos separar claramente las colecciones, darle una forma más dura a la gráfica, al diseño y a la producción e intentamos encontrar una vía de comercialización que fuera sustentable.

¿Cuál fue y cuál es, ahora en ausencia física, el lugar de Mirta Rosenberg en el sello?
VR: Durante toda la primera década de existencia del sello ella fue el alma mater, literalmente. Todas las decisiones pasaban por su órbita, la selección, la lectura, la edición. Nosotros nos ocupábamos en ese momento del diseño y la producción, trabajo que hacíamos desde Rosario para varias editoriales. A partir de 2003, cuando nos rearmamos, pasamos poco a poco a hacernos cargo de casi todo. Aunque siempre conversábamos mucho sobre los libros, los informes que nos hacíamos, las contratapas y los proyectos que andaban dando vuelta. Eran largas sobremesas de domingo, cuando almorzábamos en su casa, hablando de libros, de lo que habíamos leído en la semana, qué andaba dando vueltas, las próximas presentaciones; esas charlas las extraño muchísimo. Diría que esos encuentros eran una especie de taller permanente, por definirlo de alguna manera.

–Narrativa, ensayo y poesía: ¿cuál dirían es la búsqueda de cada uno de estos catálogos dentro del sello?
–MB: Ensayo es un catálogo trunco, los libros que salieron en esta serie son, más bien, complementos naturales de las otras: publicamos 4 tomos sobre la filosofía Zen, que eran una consecuencia de El libro del haiku; publicamos dos libros sobre cultura coreana, que eran complementarios de la serie de literatura coreana que hicimos entre 2010 y 2015; y varios libros sobre la lectura y la traducción de poesía, que dialogaban claramente con la colección de poesía. Pero nunca fue para nosotrxs una colección pensada más allá de esta complementariedad.
Poesía, siempre fue nuestro mascarón de proa o nuestro experimento fundamental. Desde ese momento difuso en el que empezamos a dirigir la editorial, tuvimos la ambición de que nuestros libros se salieran de la lógica del circuito de mano en mano en las lecturas de poesía; nuestra intención era que nuestros libros pudieran romper el círculo endogámico de lxs poetas y que, a partir de ser objetos deseados más allá de ese ámbito, se pudieran hacer un lugar en las librerías, en el circuito comercial en un circuito cultural ampliado. Apuntábamos inicialmente a músicos, fotografxs, artistas visuales, dramaturgxs, etc, lectores abiertos a ampliar la base de lecturas.
Por último, la colección de narrativa es las más joven de las tres. Si bien desde el principio hubo libros de narrativa en el catálogo de Bajo la Luna a partir de 2007 le dimos características de serie.

–¿Cómo se piensan en el entramado de editoriales independientes argentino? ¿Qué cosas cambiaron en ese sentido desde los 90 hasta hoy?
–MB: Desde los 90 hasta ahora cambió todo… todo el tiempo. Está cambiando ahora, es evidente. Creo que pensar el entramado de editoriales independientes hoy es más un desafío para los investigadores, funcionarios y gestores culturales que para nosotros que estamos muy involucrados y desde hace mucho. Hoy estamos más enfocados en pensarnos hacia adentro que en una visión de conjunto. Y en reformularnos y cuestionar, una vez más, los modos de presentar los contenidos.

–El diseño de los libros fue mutando, ¿cuál es la búsqueda en ese sentido y qué importancia le dan?
–VR: A partir de 2003 pensamos el diseño como una estrategia cuasi comercial, pero fundamentalmente identitaria. En principio buscamos diferenciar los libros por color. Siempre me acuerdo de una cita de Duchamp que encontré en La ópera fantasma, un libro de Mercedes Roffé, que decía: "El título es un color más". A partir de ahí pensé los libros como artefactos sensibles: la cartulina de tapa, sin plastificar y con textura, el diseño tipográfico que emulaba los tipos móviles gastados e incompletos y un color distinto para cada libro. En ese momento, el proyecto de sustitución de importaciones del gobierno de Kirchner, nos permitía conseguir, a muy buen precio, una cartulina que se usaba para empaques de perfumería que elegimos como marca de identidad para las tapas. Con el paso del tiempo esa cartulina se encareció muchísimo y para peor empezó a escasear porque se exportaba mucho así que el artefacto sensible mutó un poco y, bajo el pretexto de la renovación, cambiamos el diseño y dejamos un poco de lado ese artefacto sensible (muchos lectorxs nos lo reprochan hasta el día de hoy, haciendo el gesto de circular con la yema del dedo por encima de las tapas, donde hubo, alguna vez, una cosquilla) para entrar de lleno en un minimalismo industrial, con el color como protagonista. Hoy las dos colecciones las pensamos desde la sustentabilidad. Siempre usamos papel proveniente de reforestación y de fuentes responsables, en las tiradas en offset no usamos laminados para que el libro sea ciento por ciento reciclable (la intención es que lxs lectores quieran leerlos, subrayarlos, guardarlos y atesorarlos) pero también hay que considerar la posibilidad de que puedan volver a ser papel si algo falla. En el caso de algunos libros de baja tirada, en los que no se puede evitar el laminado, producimos bajo demanda, en tiradas controladas, para evitar cualquier desperdicio.

–Siguen apostando a las antologías, ¿cómo piensan este tipo de libros?
–VR: Sí, nos gustan las antologías. Para nosotros es un formato creativo, lúdico que nos permite desarrollar ideas. Las antologías siempre son un corte intencionado, permiten presentar zonas de la obra de algún poeta, cortes temporales, temáticos, regionales... También, en algún punto, proponen metodologías y hasta didácticas de lecturas y recorridos. De alguna manera, nos acercan a los lectorxs, establecen una complicidad y una relación de confianza con ellxs.

–Pasaron 30 años, algunas preguntas numéricas. ¿Cuál fue el libro más vendido?
–VR: El más vendido: No estoy segura pero posiblemente haya sido El libro del Haiku. Se sostuvo durante mucho tiempo, siempre con mucha demanda y ahora acabamos de reeditarlo para celebrar los 30 años.

–¿Cuál fue el primero?
Apuntamientos en el Ashram, de Hugo Padeletti en noviembre de 1991.

–¿Cuál fue el último?
Bueno, no le digamos “el último” porque me da un poco de escalofríos…! El más reciente es la nueva edición de Una letra familiar, la única obra en prosa de Irene Gruss.

–¿Qué viene de ahora en más y con qué equipo?
–VR: Ahora estamos trabajando en La felicidad de los animales la obra poética reunida de Sonia Scarabelli que nos tiene deslumbrados desde siempre y muy entusiasmados desde que empezamos a editarla. Nos encantaría que con este libro muchxs lectorxs puedan descubrir esta enorme poeta de las cosas chiquitas.
Y en narrativa venimos dándole vueltas a la idea de una colección, con más preguntas que respuestas. Estamos leyendo mucho, editando y tratando de entender cómo se sistematiza un programa que pueda tener hitos individuales y, a la vez, una lectura de conjunto y un corte temporal.
En lo formal, Bajo la Luna, hoy somos tres personas, Miguel Balaguer (el histórico, jaja), Daniel Lipara (que se sumó en 2018) y yo, Valentina Rebasa (que ya comparto más de dos tercios de esta aventura). Pero Bajo la Luna, es además, un proyecto compartido con muchxs amigxs, campañerxs de ruta con los que formamos una red y con los que nos gusta tramar ideas; sin ir más lejos, por ejemplo, ahora tenemos proyectos en marcha con Elisa Boland, Yaki Setton y Eduardo Stupía.

–Última: ¿cuál de todos sus libros recomendarían para alguien que se inicia en la lectura de poesía?
Animal de invierno de José Watanabe.

jueves, 3 de diciembre de 2020

Preguntas a editores, autores, traductores y agentes (1)

En razón de todo lo apuntado en los últimos días, el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires envió una serie de preguntas a escritores, traductores, editores y agentes para conocer su opinión sobre diversos temas ligados a lo que se viene tratando en las entradas anteriores y, de ese modo, intentar un diálogo útil para todas las partes. 
Entre los editores, el único que hasta el momento tuvo la amabilidad de responder fue Miguel Balaguer (foto), propietario y director editorial de la editorial Bajo la luna, que el año próximo cumple treinte años de actividad. Esto fue lo que dijo.

–¿Qué sentido tienen los agentes literarios?
–En muchos casos, el sentido de la existencia de los agentes literarios es el mismo que la de los asesores de seguros, las inmobiliarias, los visitadores médicos, los gestores previsionales, entre otros: un engranaje gris en una maquinaria de movimiento pesado. ¿Son imprescindibles? Creo que, como en todas esas otras profesiones, no. Uno puede hacer contratar un seguro, comprar una propiedad, recetar un medicamento (siendo médico, claro) o tramitar una jubilación sin un intermediario/a, pero se supone que existen para, a cambio de una porción de la torta, “facilitar” las cosas. Se supone que, los más conocedores y hábiles, saben acercar partes, tender puentes, facilitar negocios, ofrecer oportunidades. Hay otros, claro, que me parecen más interesantes, pero, como en todo, son los menos. Están, por ejemplo, los y las que trabajan con los textos antes de mandárselo a un editor (en nuestro medio, este es un trabajo más de talleristas que de agentes, pero en otros países no) y los que saben darle alguna impronta creativa e interesante al asunto.

–¿En qué consiste la tan mentada fidelidad entre autores y editores?
–Ya me casé una vez, hace muchos años, y todavía somos felices. No estoy de acuerdo con mantener tantos matrimonios. Prefiero los contratos comerciales, con plazos y cláusulas. El “hasta que la muerte nos separe” me parece demasiado en este caso.

–Considerando que a los autores les corresponde entre el 10% y el 8% del precio de tapa de los libros que publican, y a los traductores entre el 4% y el 1%, cómo se justifica que a las librerías les toque entre el 40% y el 35% y a las distribuidoras entre el 30% y el 25%, reservándose el resto a las editoriales. ¿Se puede sostener esa proporción? ¿Por qué sí o por qué no?
–La cadena comercial del libro está cosida con hilo de algodón frágil. ¿Hay industria? ¿Hay mercado? ¿A quién le toca construir o darle forma a ese universo/ industria/ mercado? ¿A todos? ¿A ninguno? Ya escuchamos hablar de la muerte del autor, de la muerte de las librerías, de la desaparición de los distribuidores, de la crisis del papel, del reemplazo digital como sucedió con la música, de la muerte del soporte… El “mercado” del libro es diverso y siempre siempre atractvo y genial. El otro día leí, por ejemplo, que las declaraciones juradas de réditos de Joe Biden habían crecido exponencialmente cuando empezó a publicar libros. Sí, puede sonar raro, un gran método para “blanquear” (sobre todo tratándose de un senador del Estado de Delaware, cuasi paraíso fiscal), pero si miramos número por número, es creíble. Y ahí podemos hacer todas las cuentas que queramos y los números van a ser mágicos, literatura pura. Bueno, eso es lo que son esas cifras de la pregunta: literatura pura.

–¿Qué pasa con las traducciones cuando los autores cambian de editorial y se decide usar una traducción nueva?
–Por lo general, esas traducciones se vuelven un mito.O nada. Para bien o para mal, no pasa nada. 

miércoles, 17 de agosto de 2016

En los cuarenta años de la editorial Pre-Textos

Manuel Borrás, Miguel Balaguer, Luis Chitarroni y Miguel Ángel Petrecca son editores. Y ayer se reunieron en el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires para festejar los cuarenta años de la editorial Pre-Textos y para charlar sobre qué significa ser un editor literario en la actualidad. 

Quienes deseen ver esta velada, pueden hacerlo siguiendo el link : https://www.youtube.com/watch?v=lsOqF50YFO0

A contrapelo de aquellos que llegan al mundo de la edición vía la administración de empresas o el marketing y terminan aplicando la misma lógica a Joyce o a Borges que a Movistar o Pepsi, el valenciano Manuel Borrás viene del mundo de la universidad y de los libros. Licenciado en Filología Alemana e Inglesa, junto a Manolo Ramírez y Silvia Pratdesaba, hace prácticamente cuarenta años fundó la editorial Pre-Textos que, con un catálogo vivo que supera los mil títulos, se ha constituido en una de las más importantes editoriales independientes de España. Así lo entendió la Feria del Libro de Guadalajara (FIL), que en 2008, le concedió el Reconocimiento al Mérito Editorial, premio otorgado por pares, que se entrega desde 1993 y que han recibido, entre otros, Armando Orfila Reynal, Joaquín Díez-Canedo, Antoine Gallimard y Christian Bourgois.

Miguel Balaguer trabaja en el campo de la edición desde el año 1993. Se desempeñó como diseñador, ilustrador, asistente de edición y editor en proyectos editoriales universitarios, institucionales y comerciales. Desde el año 2003 dirige –junto a Valentina Rebasa– Bajo la luna, una editorial literaria independiente estructurada en tres colecciones –poesía, narrativa y ensayo– que publica autores argentinos, latinoamericanos y traducciones.

Luis Chitarroni es novelista, ensayista y editor. Durante más de veinte años se desempeñó en ese puesto en la Editorial Sudaméricana y actualmente es director editorial de La Bestia Equilátera, sello por el cual fue designado por un jurado de colegas como "Editor del Año" en la última Feria del Libro de Buenos Aires. Entre otros títulos, publicó Siluetas, El CarapálidaPeripecias del no y Mil tazas de té.

Miguel Ángel Petrecca nació en Buenos Aires en 1979. Es poeta y traductor del chino. Su bibliografía como autor comprende El gran furcio(Buenos Aires, Gog y Magog, 2004) y El Maldonado (Buenos Aires, Gog y Magog, 2007). Ha publicado como traductor Un país mental. 100 poemas chinos contemporáneos (Buenos Aires, Gog y Magog, 2011). Junto con Vanina Colagiovani, Laura Lovob y Julia Sarachu dirige la editorial Gog & Magog. Actualmente reside en París, donde es propietario de la librería Cienfuegos.

jueves, 27 de septiembre de 2012

"Aprovechar las oportunidades"

Miguel Balaguer, autor del siguiente artículo publicado en el número especial de Ñ, es director editorial de Bajo la luna, uno de los más interesantes sellos independientes de la Argentina (cuyo sitio puede consultarse acá ).

La lengua del mercado, la lengua del poder

El castellano es una de las lenguas de mayor expansión territorial en el mundo, se habla castellano desde los Pirineos a Baja California y desde el Río Grande hasta Ushuaia, además de varios territorios en África y en el Pacífico. Además, una larga historia fue modelando la expansión de nuestra lengua: la herencia islámica, el poder de la Iglesia, los pueblos indígenas americanos, los procesos inmigratorios, las incorporaciones por vecindad –por ejemplo en las fronteras con Brasil y los Estados Unidos-- y tantos otros procesos han dejado huellas, enriquecido nuestro idioma y producido sutiles y no tan sutiles diferencias de color, tono y uso a lo largo y a lo ancho de ese enorme territorio.  Sin embargo, esas diferencias no siempre se ven reflejadas en los libros que leemos. La mayoría de las literaturas latinoamericanas del siglo XX han tendido a presentar esta diversidad a través de autores que incorporaron a sus estilos el uso del habla de sus pueblos y de sus épocas. Pero no todos los libros que leemos son escritos originalmente en castellano: muy buena parte de la oferta editorial que se encuentra en las librerías proviene de otras lenguas, libros que se vuelcan al castellano a través de la traducción. A diferencia de lo que sucede, por ejemplo, con la lengua inglesa, y en particular en los Estados Unidos, donde la traducción de otras lenguas representaba hasta hace poco el 3% de lo que se ofrecía en las librerías, en el mercado editorial en castellano las traducciones representan un porcentaje muy alto de la producción editorial general, lo que equivale a decir que somos un público lector de traducciones. El  mercado de traducciones al castellano se encuentra dominado por España, que es la principal industria editorial en nuestra lengua, y como consecuencia directa de este dominio se puede comprobar una apabullante mayoría de títulos traducidos a la lengua de la península. Por ejemplo, que si alguien quiere leer a un autor polaco contemporáneo o de Europa del Este --por poner un ejemplo de literaturas muy publicadas en castellano en las últimas décadas--, seguramente deberá hacerlo traducido al castellano de España, una lengua bastante extranjera para nosotros. Podrá decirme el lector que mi apreciación es exagerada, y en parte estamos de acuerdo: está claro que la mayoría de los lectores pueden leer perfectamente --y entender--, textos que usen conjugaciones castizas en segunda persona del plural o que incorporen vocablos y giros netamente ibéricos, pero permítanme plantearles un desafío al que me he visto sometido gracias a mi paternidad: busquen un libro infantil de un autor extranjero traducido al castellano --y, por favor, evitad, por vuestro bien os lo digo, aquellos libros que intentan traducir algún texto rimado, como por ejemplo los que enseñan los números con versos--, e intenten leérselo a un chico de 2 a 4 años, que se encuentre formándose en el lenguaje o en etapa de fijación. Verán que tienen que retraducírselo para que lo entienda.

Sí, es un ejemplo extremo, pero que sirve para entender algo sencillo: ¿cuántos ejemplares de ese libro para niños traducido en España podrán venderse en nuestro país? La respuesta es: muchos menos que si se publicara una edición local, con una traducción más amigable a nuestros ojos y oídos. Entonces llegaremos a la conclusión de que, en este caso, dado que con una traducción más afín se podrían vender más ejemplares en Argentina, es evidente que se le está dando una explotación ineficiente al derecho adquirido. Otra buena comprobación de esta cuestión es el tratamiento que se le da a algunos bestsellers --como Harry Potter, por ejemplo--, que son traducidos a tres “españoles” diferentes: una traducción para España, otra para México, Centroamérica, Caribe, Colombia y Venezuela y una tercera traducción para el resto de Sudamérica. Está claro que en una operación de mercado de estas dimensiones es imprescindible que la taducción sea una herramienta de venta más en el conjunto de las operaciones de marketing para la colocación del producto. ¿Y por qué razón no se traduce de este modo siempre? Porque la mayoría de las editoriales –sobre todo las editoriales españolas y las multinacionales--, tienden a comprar derechos mundiales de traducción para todo el territorio de la lengua, lo que implica que, durante el plazo de vigencia de un contrato, el libro en cuestión sólo se podrá leer en esa única traducción a nivel mundial, es decir, en los países que hablamos el castellano. En otras lenguas, sobre todo aquellas que constituyen mercados más poderosos, como por ejemplo el inglés, los derechos tienden a compartimentarse con más naturalidad, por ejemplo: una edición para los Estados Unidos, otra para el Reino Unido, otra para Australia y Nueva Zelanda, etc. Sin embargo, como el mercado en castellano se encuentra muy desbalanceado –una industria muy poderosa, España, y dos o tres industrias con menor peso--, el jugador más poderoso termina imponiendo sus condiciones.

¿Y cómo, y cuándo, fue que España se impuso en esta industria y nos impuso su lengua en la lectura? Hasta la década de 1960, y tal vez hasta mediados de los 70, la industria editorial en castellano se perfilaba más equilibrada: Argentina y México eran industrias de peso y España pasaba por una etapa política oscura que se prolongaba desde hacía décadas. Pero a partir de la década de 1980 el panorama cambió. La entrada de España de lleno en la democracia y la puesta en marcha de una serie de programas políticos estratégicos aceleraron definitivamente este proceso. Hay, por lo menos, tres hechos fundamentales que desencadenaron la situación actual:

Por un lado, debido a la necesidad de integración en la Unión Europea, a partir de mediados de la década de 1980 se promueve la formación de estudiantes en divesas lenguas debido a que traductores e intérpretes de todos los idiomas europeos se vuelven imprescindibles; se desarrollan también programas de intercambio universitario y para la formación en idiomas. Una sociedad que hasta ese momento era prácticamente monolingüe o que sólo había mantenido los idiomas de sus regiones como el catalán, el gallego o el vasco, se vuelve, en el término de una generación, un país capaz de traducir desde prácticamente todas las lenguas vivas.

En segundo lugar, desde el Estado se promueve una política empresaria expansiva que sigue el modelo capitalista multinacional llevado adelante por las políticas de la comunidad económica europea. De este modo, las empresas editoriales españolas más importantes incorporaron fuertes aportes financieros, se fundieron dentro de grandes grupos económicos, y abrieron oficinas en toda América Latina, lo que las transformó en una plataforma única de oferta de contenidos para todo el territorio.

Por último, y en mi opinión una de las operaciones políticas más importantes que se han llevado a cabo sobre el dominio del idioma, en 1991 se funda el Instituto Cervantes. Para tomar una cabal dimensión de la importancia de este hecho basta con verificar la situación actual del Instituto, a veinte años de su fundación. Hoy existen 77 Institutos Cervantes distribuidos en 44 países; la enseñanza del Español a extranjeros en sus países de residencia está absolutamente concentrada en esta institución. En sus aulas se enseña el español de España y por sus auditorios circulan, por abrumadora mayoría, escritores, académicos y personalidades culturales españolas, haciendo que la imagen de nuestra lengua en el extranjero se haya enfocado casi con exclusividad en la cultura de España. Esto produce, por ejemplo, un efecto desequilibrante en la extraducción (la traducción desde el castellano a otras lenguas), que hace que la mayor parte de los derechos vendidos desde nuestra lengua a otras sea de autores españoles.

Así las cosas, debido a estas tres situaciones, hoy se ha vuelto muy complicado, por ejemplo, comprar un derecho de traducción de un autor importante para publicar en Argentina (o Sudamérica) o encontrar buenos traductores al castellano sudamericano de lenguas poco habituales (el año pasado, sin ir más lejos, tuve que contratar un traductor español para traducir una novela del islandés); por otro lado, más de una vez me he visto en la situación de discutir con agentes literarios extranjeros que sostenían que una traducción era mala porque no estaba hecha al castellano de España.

Sin embargo, a pesar de que, como dije antes, creo que ningún lector formado se verá impedido de leer con placer una buena traducción al español castizo, creo que hay algunos indicios de que en un futuro no muy lejano encontraremos mayores ofertas de buenas traducciones a nuestro castellano: la aparición en la escena local de un importante grupo de editoriales nacidas en la última década renovó el aire de la literatura extranjera que llegaba a nuestras librerías y nos ha permitido acceder a muchas traducciones llevadas a cabo desde nuestro país tanto en ensayo como en narrativa y poesía. Para corroborar este cambio alcanzará con ir a una librería y revisar, por ejemplo, cuántos autores brasileños se han publicado en nuestro país en los últimos años.

Por otro lado, la crisis en la que se ha visto envuelta España a partir del 2009 comienza a producir sus efectos de mediano plazo y aparecen algunas oportunidades interesantes de compra de derechos de traducción por parte de las editoriales latinoamericanas. También la aparición y el desarrollo de nuevas tecnologías digitales, que permiten bajar drásticamente el costo industrial de puesta en circulación de libros físicos, puede favorecer la venta segmentada de derechos de traducción para los distintos castellanos.

Posiblemente esté en la habilidad de los editores argentinos y latinoamericanos para aprovechar estas oportunidades la posibilidad de que esta situación se transforme en diversificación de la oferta de traducciones, pero para que cualquiera de estas mínimas oportunidades que se presentan hoy se transforme en un cambio real habrá que trabajar mucho en la consolidación de una industria, en el desarrollo de un mercado propio y en la formación de futuros lectores con intereses. Y para eso, no alcanza con que exista un grupo de autores, editores y lectores, hace falta que, como hizo España hace un par de décadas, el Estado sea parte del plan.



viernes, 11 de noviembre de 2011

II Jornadas de la Lengua - "La lengua de los argentinos: historia y situación actual"

En el marco de las II Jornadas de la Lengua -"La lengua de los argentinos: historia y situación actual", que, sin autorización de la Real Academia y la Fundéu, se desarrollarán del 14 al 16 de noviembre en el auditorio Jorge Luis Borges, la sala Augusto Cortázar y el Auditorio David Viñas de la Biblioteca Nacional (Agüero 2502) habrá una mesa dedicada al castellano de la Argentina y la traducción. Ésta tendrá lugar el martes 15 de noviembre, a las 16.30 hs., en el auditorio Jorge Luis Borges, con la participación de Miguel Balaguer y Jorge Fondebrider.

A continuación, la agenda completa de las Jornadas:

Lunes 14 de noviembre

Auditorio “Jorge Luis Borges”  – 1º Piso

11 hs. Apertura

Elvira Arnoux
María Pia López
Horacio González 
        
13 a 14.30 hs. Intervalo

Auditorio “Jorge Luis Borges” – 1º Piso

14.30 hs.

Roberto Bein
La presencia histórica del portugués en la Argentina.

María Eugenia Contursi
Política y planificación lingüísticas en los primeros diez años del Mercosur: el portugués en Argentina.

Lía Varela
Las lenguas en el proyecto educativo nacional.

Natalia Bengochea
Inmigración y educación: un acercamiento a la comunidad boliviana en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires.

    Área temática: Políticas lingüístico-educativas en Mercosur

16 a 16.30 hs. Intervalo

16.30 hs.

Eduardo Rinesi
Words, words, words…

Diego Tatián
El lenguaje y la muerte

Ricardo Forster

Lenguaje y política


    Área temática: La lengua de la política contemporánea

Sala “Juan L. Ortiz” – 3º Piso


14.30 hs.

Lucía Golluscio y Verónica Nercesian
Estrategias de combinación de cláusulas en dos lenguas chaqueñas: vilela y wichí. 

Javier Carol      
Aspectos generales de la gramática del chorote (mataguayo, Salta).

Cintia Carrió
El Mocoví bajo la lupa.

    Área temática: Lenguas indígenas en Argentina


16 a 16.30 hs. Intervalo

16.30 hs.

Mateo Niro
El caso del guaraní en el Paraguay: un análisis de las leyes de lenguas.

Gonzalo Blanco
La situación lingüística en Bolivia.

    Área temática: Políticas lingüístico-educativas en Mercosur


Auditorio “David Viñas” – Museo del Libro y de la Lengua


14.30 hs.

Nora Mazziotti
El cocoliche en el sainete de principios de siglo XX

Ángela Di Tullio
La construcción del cocoliche: Giacumina&Co
   
     Área temática: Lengua y cultura popular


16 a 16.30 hs. Intervalo


16.30

Aída Elisa González - Estela Mercado Lobos
Fondo Berta Vidal de Battini. -FONVIBA-

Oscar Conde
El vesre en el lunfando rioplatense

Carlos Ulanovsky

     Área temática: Lengua y cultura popular

Martes 15 de noviembre

Auditorio “Jorge Luis Borges” – 1º Piso
11 hs.

Germán García
El psicoanálisis entre las lenguas.
Martes 11 hs.

11.30 hs.
Eduardo Said
De todo, un poco.

Masu Sebastián
El pasaje por lo extranjero en el habla de los argentinos.

Alejandra Ruiz
El psicoanálisis y las lenguas: traición e innovación.

     Área temática: El psicoanálisis y el habla de los argentinos


13 a 14.30 hs. Intervalo

14.30 hs.

Gerardo Oviedo
León Rozichtner, ¿filósofo del “idioma de los argentinos”? Una glosa marginal al pólemos de la lengua nacional

Mariana di Stefano
Disputas en torno al estilo en el anarquismo argentino de principios del siglo XX.

Ángela Di Tullio
Sarmiento y la lengua: la polémica más allá de las polémicas

   Área temática: Las disputas de la lengua

16 a 16.30 hs. Intervalo

16.30 hs.

Jorge Fondebrider
Miguel Balaguer

   Área temática: El español de Argentina y la traducción


Sala Juan L. Ortiz – 3º Piso

11 hs.

José Luis Moure
La lengua que debe enseñarse

   Área temática: Historia del español de Argentina


14.30 hs.
Laura Kornfeld
Hacia una gramática del insulto

Inés Kuguel
Creatividad en la variedad juvenil rioplantense

   Área temática: El español actual de la Argentina: niveles de análisis (léxico, gramática, texto) y variedades lingüísticas.

16.30 hs.

Florencia Rizzo
Tensión entre las academias de la lengua y los medios de comunicación en el I Congreso Internacional de la Lengua Española (Zacatecas, 1997): un antecedente de la Política Lingüística Panhispánica.

Ignacio Maldovan
Políticas lingüísticas: hacia la construcción de una soberanía idiomática en Argentina.

Fernando Alfón
Actualidad del pleito en torno a la lengua en Argentina.

Horacio González
Las cartas de Florencio Balcarce

   Área temática: Las disputas de la lengua


Auditorio “David Viñas” – Museo del Libro y de la Lengua

11 hs.

Susana Nothstein y Elena Valente
Integración regional: de las representaciones de una lengua extranjera a su enseñanza. El español en Brasil y el portugués en Argentina

Patricia Franzoni
Educación lingüística y enseñanza de portugués: una mirada desde la didáctica de lenguas.

Adrián Fanjul
Construcciones y desplazamientos acerca del español en Brasil

    Área temática: Políticas lingüístico-educativas en Mercosur


13 a 14.30 hs. Intervalo

14.30 hs.

Daniel Freidemberg
Lo no evidente

Diego Bentivegna

Un nuevo lenguaje: Castellani entre Martín Fierro y Lord Chandos


    Área temática: Lengua y literatura: las relaciones evidentes



16 a 16.30 hs. Intervalo

16.30 hs.
Susana Cella
La lengua poética entre la convergencia, la intersección y la otredad.

Liliana Heer
Juegos de Lengua en Sexton y Blake de Leónidas Lamborghini

Ana Amado
Encuentros visuales de la lengua. De Sarmiento a Martel.

    Área temática: Lengua y literatura: las relaciones evidentes


Miércoles 16 de noviembre

Auditorio “Jorge Luis Borges” – 1º Piso
11 hs.

Guiomar Ciapuscio
La constitución textual de las variedades de los argentinos

 Ángela Di Tullio
La gramática  de la oralidad en las variedades de los argentinos

Alicia Avellana y Laura Kornfeld
Variedades regionales y lenguas indígenas

Mabel Giammateo
Algunos usos pronominales del español de la Argentina

   Área temática: El español actual de la Argentina: niveles de análisis (léxico, gramática, texto) y variedades lingüísticas.

13 a 14.30 hs. Intervalo

14.30 hs.

Agustín Mendilaharzu
Ricardo Bartís
Horacio González

   Área temática: El teatro y la lengua nacional.


16.30 hs.
María Pia López
De grietas y requiebros: crisis y lenguaje en El aire, En otro orden de cosas y
Tartabul

Federico Jeanmaire
Lengua y literatura, una relación insoportable

Américo Cristófalo
La lengua del ensayo en “Literatura argentina y realidad política” de David Viñas

    Área temática: Lengua y literatura: las relaciones evidentes


Sala Juan L. Ortiz – 3º Piso

11 hs.
Noé Jitrik
La felicidad de la lengua

Luis Gusmán
La fatalidad de la lengua

    Área temática: Lengua y literatura: las relaciones evidentes


14.30 hs.
Alejandro Kaufman
Lengua mediática y delito

Martín Menéndez
Estrategias y medios: la manipulación multimodal

Laura Pardo
La fragmentación del discurso: una herramienta posmoderna en un docudrama de la televisión argentina

    Área temática: La lengua y los medios de comunicación masivos

16 a 16.30 hs. Intervalo


19 hs. Cierre
Américo Cristófalo
Ángela Di Tullio
Horacio González

Auditorio “David Viñas” – Museo del Libro y de la Lengua

11 hs.
Guillermo Korn
El caso Castelnuovo. Entre la lengua peronista y la tradición de izquierda (1946-1955).

Mara Glozman
Lo nacional y lo popular: la cuestión de la lengua durante el primer peronismo

Horacio González
El problema del nombre

    Área temática: La lengua del peronismo

13 a 14.30 hs. Intervalo

14.30 hs.

Roxana Risco
Identidades migrantes y variación lingüística: el español andino en Buenos Aires.

Angelita Martínez
Interculturalidad en espacios urbanos de la Argentina: convivencia con el español de los Andes.

Adriana Speranza
Identidades lingüísticas en contextos urbanos

    Área temática: La influencia migratoria en el español de Argentina

16  a 16.30 hs. Intervalo
16.30 hs.

Daniela Lauría
Diccionarios, historia y política.
Breve panorama de la producción lexicográfica monolingüe de la variedad argentina del español

Guillermo Toscano y García
Saber disciplinario y diferencia lingüística: el caso de la Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana (1930-1949)

Guiomar Ciapuscio
La revista RASAL.- Lingüística: historia y actualidad

Sylvia Nogueira
Los manuales de estilo: características y variantes del género a través de distintas comunidades discursivas

Elvira Arnoux
Las gramáticas escolares en la conformación del Estado nacional

   Área temática: Historiografía lingüística en Argentina