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lunes, 19 de octubre de 2020

Sarmiento llega a China gracias a Shi Wei


La siguiente nota, sin firma, se publicó en el diario Tiempo Argentino del pasado 12 de octubre. Trata sobre la pronta publicación de Facundo, de Domingo Faustino Sarmiento, en mandarín. De acuerdo con la bajada, “La traducción se la encomendó Foreign Language Teaching and Research Press a Shi Wei (foto), quien relata el difícil proceso de pasar a ese idioma un texto tan complejo”. 

Facundo en mandarín: la obra de Sarmiento saldrá en China en 2021 

Una de las obras clásicas y más célebres de la Argentina, considerada por muchos el mejor libro del siglo XIX, Facundo o Civilización y barbarie en las pampas argentinas, de Domingo Faustino Sarmiento, será traducido al chino. La noticia la dio la revista especializada en relaciones argentino-chinas DangDai, en su número de primavera 2020, el 29, que acaba de salir. 

La traducción al mandarín se la encomendó Foreign Language Teaching and Research Press (FLTRP), una muy conocido editorial nacional con sede en Beijing y especializada en lenguas extranjeras, a la experta en literatura hispánica Shi Wei, o Marisol para sus amigos hispanos, decana del Departamento de Español y directora del Centro de Estudios de América Latina en la Universidad de Sichuan. 

En la entrevista de DangDai a Shi Wei, hecha por la periodista y escritora Marcela Fernández Vidal, la traductora cuenta el difícil proceso de pasar al mandarín un texto tan complejo y, a la vez, el deseo de China de conocer más las bases culturales de los pueblos con los que entabla relaciones. 

Facundo, como se sabe, desde su publicación por entregas en un periódico chileno, en 1845, no ha cesado de dividir aguas entre críticos y devotos. “Me presentó la obra y alentó en la tarea Guo Cunhai, quien dirige el área de Argentina en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Academia China de Ciencias Sociales”, dijo Shi Wei, acerca de su primer contacto con la obra, de la cual no existía bibliografía en China. 

Agregó que “fue gracias a ese contacto que recibí un tomo de las obras del ex presidente argentino cuando vino a Beijing la encargada del Museo Sarmiento de Argentina. En noviembre de 2017, la obra sobre el caudillo riojano Juan Facundo Quiroga fue elegida por el Ministerio de Cultura chino para integrar la lista de los diez libros del Proyecto de traducciones de obras ideológicas y culturales entre China y América Latina”. 

La traducción mantendrá el título original completo, que en mandarín es 法昆多——文明与野蛮 (fǎ kūn duō—— wén míng yǔ yě mán). 

Nacida en 1979, en Taiyuan, Shanxi, con una licenciatura y una maestría en Filología y literatura hispánica de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghai (SISU) y doctorado en Literatura Comparativa en la de Sichuan, donde actualmente tiene altos cargos, fue designada como la traductora de Facundo. 

“Desde que empecé la tarea, en 2016, varias veces tuve el impulso de abandonarla, pues me llevó a una monumental labor de investigación que implicó consultar diccionarios, adquirir material informativo y estudiar mucho de historia, cultura, sociología, incluso geografía, para poder entender el contenido: es un texto cuya característica es combinar todos estos conocimientos”, dijo a la revista argentina. 

“Fue un verdadero proceso de aprendizaje. Además, es mi primera traducción de una obra argentina y ha sido como el primer amor, pero he sentido también odio debido a sus dificultades. Cada traductor tiene su forma de encarar el trabajo; en mi caso, superar los obstáculos representó un éxito personal y culminar su traducción será como cerrar un círculo virtuoso”, añade. 

Para la edición, planificada para 2021, se eligió la –versión que tiene prólogo de Carlos Altamirano, publicada por EUDEBA en 2015. La fidelidad al texto es una propuesta de máxima, aunque como el libro presenta abundantes notas aclaratorias en cada página, se ha decidido publicarlas como un capítulo aparte, al final de libro. 

–¿Cuáles fueron las principales dificultades con las que te enfrentaste? 
–El vocabulario, que no se encuentra en los diccionarios y la profusión de nombres de personajes, historias y detalles sobre costumbres o geografía. 

–Ya desde el título mismo hay un gran desafío. ¿Cómo afrontaste, por ejemplo, los términos civilización y barbarie en tu idioma, en tu cultura? 
En chino, la civilización es 文明(wén míng)y la barbarie es 野蛮 (yěmán). En la antigua China, existía la teoría de civilización y barbarie. Se llamaba la distinción Hua-yi (华夷之辨 huáyízhībiàn), donde 华 (huá) significaba China central y se refería a la civilización, y 夷 (yí), que se usaba para llamar a los pueblos que vivían fuera del centro, y se refería a la barbarie. En ciertas condiciones, se transformaban y se influían mutuamente. Los chinos creemos que la historia de la humanidad es un proceso de esfuerzos de lograr avances de cultura, modo de vida, comportamiento, sistema social, etc. La civilización y la barbarie son dos formas diferentes de la sociedad. Son interdependientes y se apoyan mutuamente. 

–Te llevó un largo recorrido introductorio encarar la tarea… 
–¡Claro! Al año siguiente a tomar el trabajo logré, en 2017, acceder a muchos trabajos bibliográficos en el extranjero. Hubo muchos profesores que me ayudaron. De Argentina, país que no conozco todavía, me gustaría mencionar a Ignacio Villagrán, de la UBA; Guillermo Bravo, editor y dueño de la librería Mil Gotas, y Salvador Marinaro, de la Universidad de Fudan. Cuando encuentro dudas y dificultades, siempre les escribo para que den sugerencias preciosas. Y tengo un sueño, ir a Argentina con Facundo traducido y publicado para entregar un ejemplar al Museo de Sarmiento. 

Cuando Marisol Shi Wei volvió a China tras capacitarse en el extranjero, cuenta que compró por plataformas de comercio electrónico “unos treinta libros sobre Sarmiento y Facundo en inglés y en español”. A esta altura, si bien tiene en claro la presencia descollante de Sarmiento en el mundo hispanoamericano, reconoce estar lejos de haber captado toda la dimensión polémica de quien describió a Facundo -en el marco de la disputa entre unitarios y federales y con una postura muy clara del autor- como el “gaucho malo”, con sus “ojos negros llenos de fuego” y de “instintos feroces y sanguinarios”. Pero la traductora no duda en expresar admiración por los ideales educativos del sanjuanino: los considera vanguardistas.

miércoles, 30 de mayo de 2018

Ortografía y demagogia en España y América


En Roma la plebe monoptongaba au en o, lo que se prestó en más de una ocasión al fraude y a la demagogia. Tal fue el caso del nombre del tribuno de la plebe Claudio, representante de la aristocracia, que transformó su nombre en Clodio para fingir su pertenencia a la clase popular. La excusa era facilitar la pronunciación.

Mucho después, en tiempos de la Revolución francesa, los gramáticos franceses eliminaron el presente del subjuntivo de las proposiciones incluidas para imitar la manera de hablar del pueblo, que reemplazaba ese tiempo con el futuro imperfecto. A nadie se le ocurrió educar al pueblo en lugar de simplificar la sintaxis por decreto. Hoy en día, ésa es la norma.

Hace un par de años, aproximadamente, la Real Academia Española, haciendo uso del mismo recurso claramente demagógico, decidió modificar la ortografía de los pronombres demostrativos éste, ése y aquél, eliminando las tildes que los distinguían de los adjetivos este, ese y aquel; otro tanto sucedió con el adverbio sólo al que también se le eliminó la tilde para lograr una perfecta confusión con el adjetivo solo. Y todo en aras de “simplificar” la ortografía al nivel del gente.

En el futuro, dado que a muchos españoles se les presenta el problema psicológico de pronunciar el grupo tl, puede que el océano deje de ser Atlántico para devenir Alántico y que el Atlético de Madrid pase a ser simplemente el Aleti. ¿Qué va a pasar entonces? ¿En América vamos a aceptar la eliminación de tl en aras de "simplificar la ortografía"? O peor aún, si al espárrago parlante que hace las veces de rey de España se le cae un diente y por eso empieza a pronunciar mal algún sonido, ¿vamos a admitir sus problemas odontológicos, aceptando esa variante patrognómica como norma de la lengua?

La cuestión no es nueva, como lo demuestra el siguiente fragmento de un discurso de la lingüista argentina Ofelia Kovacci, quien en la presentación de la Ortografía de la Real Academia Española, el 9 de septiembre de 1999, se refirió a la cuestión, ofreciendo ejemplos de modificaciones ortográficas propuestos a uno y otro lado del Atlántico (que se pronuncia con tl, claro).


La ortografía en la historia del español
(fragmento)

[...] También en América ha habido preocupación por la lengua y la ortografía. Recordamos las ideas de D. Andrés Bello, quien junto con Juan García del Río se refería en 1923 a la importancia de una “escritura uniformada de España y de las naciones americanas”(1). Su fin era el mismo que lo impulsó más tarde a escribir su Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos (1847):

Juzgo importante la conservación de la lengua de nuestros padres [...] como un medio providencial de comunicación y un vínculo de fraternidad entre las varias naciones de origen español derramadas sobre los dos continentes (Gramática, “Prólogo”).

Por otra parte, en el artículo de 1923 expresaba claramente el “celo por la propagación de las luces en América; único medio de radicar una libertad racional, y con eIla los bienes de la cultura civil y de la prosperidad pública” (p. 87). Lograr este objetivo superior, que concierne a la educación general, requiere instrumentos adecuados; de ahí la necesidad de la reforma ortográfica:

Entre los medios no sólo de pulir la lengua, sino de extender y generalizar todos los ramos de ilustración, pocos habrá más importantes que el simplificar su ortografía, como que de ella depende la adquisición más o menos fácil de los dos artes primeros, que son como los cimientos sobre que descansa todo el edificio de la literatura y de las ciencias (pp. 71-72).

En cuanto a la orientación de las reformas, evidentemente BeIlo seguía las hueIlas de Quintiliano y Nebrija (“escribir como pronunciamos”), y también de la Real Academia Española, en cuanto al principio fonético. Bello defendía la correspondencia unívoca entre cada fonema y cada letra. También tenía un argumento estético: la ortografía, cuanto más sencilla, más beIla será. (2)

El proyecto de reformas de 1823 contemplaba dos etapas. En la primera se proponía:

representar la consonante velar fricativa con la letra j en todos los casos: (jarro, jenio, elejir; joya);

la vocal i siempre con i (mui, voi, leer i escribir);

la vibrante múltiple con rr, siempre que aparece (rrazón, prórroga, enrredo), reservando la r para la vibrante simple (arar, ombre, arte);

la fricativa interdental siempre con z (zorro, zumo, zebo, zineo);

suprimir letras mudas: la h de ombre, abla, onor, y la u después de q como en qe, qema, qinto.

En la segunda etapa:

representar la consonante oclusiva velar sorda siempre con q (qasa, qonqista, quna);

suprimir la u muda en los contextos g-e, g-i (gerra, ginda).

Estas reformas se proponían para “someterlas desde ahora a la discusión”, y en la práctica los autores solo adoptaban las dos primeras de las ocho propuestas, a las que agregaban la sustitución de x final de sílaba por s; en el artículo de 1923 escribían, por ejemplo: “estender i generalizar...”.

Las dos primeras propuestas fueron aceptadas ampliamente en Chile, y esta reforma se llamó la “ortografía de Bello”. En 1835 D. Francisco Puente agregaba algunas otras modificaciones a las de Bello, entre las que se aceptó el reemplazo de la letra x por s ante consonante: estremo « extremo) (3). Esta ortografía se llamó “ortografía chilena”.

En 1843, encontrándose Domingo Faustino Sarmiento exiliado en Chile, Bello fue nombrado rector de la Universidad de Chile, recientemente creada. Sarmiento se contaba entre los miembros fundadores de la Facultad de Filosofía y Humanidades, la que también supervisaba las escuelas primarias y secundarias. Preocupado por el problema ortográfico en la preparación de cartillas y silabarios, después de consultas con Bello y de haber sido alentado por él, Sarmiento leyó ese año en la Facultad un proyecto de reforma ortográfica: Memoria sobre ortografía americana. Su propósito era no solo facilitar la alfabetización de la mayoría, sino también lograr la independencia cultural respecto de España.

En la Memoria critica a la Real Academia Española por sus principios ortográficos, y señala el estado de postración de la literatura española de la época. Pretendía que en América se escribiera de acuerdo con la pronunciación americana. Propone eliminar la z -junto con la e ante e, que no se pronuncia como zeta en América, y emplear en su lugar la s; eliminar la v y sustituirla por la b; reemplazar la y por i; la x puede representarse por sus componentes es o gs; reemplazar qu por e, y distinguir r / rr según la pronunciación. La Facultad nombró una comisión para estudiar la propuesta, mientras se suscitaba una larga polémica, en la que intervinieron periódicos, profesores y literatos, y en 1844 aprobó la reforma en lo que coincidía con la propuesta de Bello, aunque el estado deliberativo persistía (4).

En 1847 la prensa empezó a abandonar el seguimiento de la polémica, y se manifestaba resistencia a la innovación ortográfica por la anarquía que provocaba en las escuelas. Como consecuencia, a propuesta de Bello se abandonó la reforma en 1851. En la práctica Chile mantuvo por años algunas modificaciones –algunos escritores las empleaban–, mientras las polémicas continuaban. Finalmente, el 12 de octubre de 1927 se determinó adoptar la ortografía de la Real Academia en homenaje a España. La reforma chilena tuvo repercusión temporaria en varios países del continente y Sarmiento, en pleno debate, se vio apoyado por una Academia Literaria i Científica de profesores de Instrucción Primaria de Madrid, que también propugnaba una reforma.

En España en esos momentos no se consideraba obligatorio acatar las disposiciones de la Real Academia. Pero actitudes como la de los maestros madrileños provocaron que en 1844 una Real orden impusiera en la enseñanza las normas académicas, y la Reina pidiera a la Academia que expusiera sus reglas en un manual para la enseñanza. Así se publicó en 1844 el Prontuario de ortografía de la lengua castellana, que tuvo numerosas ediciones hasta 1928, así como otro Prontuario en preguntas y respuestas, de 1870, con reediciones hasta 1928. La edición 31, de 1931, la última aparecida de la obra, varía el título: Prontuario de ortografía de la lengua española.

A reformas del tipo de la chilena se adhirieron algunos escritores; tal el caso de Juan Ramón Jiménez, quien se limitó a la representación de la consonante fricativa velar, para la que eligió la j: (májico, márjenes, jigantesco, frájil, prodijioso) y a la escritura simplificada de algunos grupos consonánticos (istante, esplosión).

Jorge Luis Borges también empleó fugazmente una ortografía heterodoxa. Recuerda en la Autobiografía (5) publicada en 1970, que después de intentar “imitar prolijamente a dos escritores españoles barrocos del siglo XVII, Quevedo y Saavedra Fajardo”, y de haber hecho “todo lo posible por escribir latín en español”, queriendo librarse de ese estilo trató “de ser lo más argentino posible”. Un recurso fue imitar a defensores de la reforma ortográfica americana del siglo anterior en su libro Luna de enfrente, de 1925. Dice Borges en la Autobiografía:

Entre otras tonterías, mi primer nombre aparecía escrito, a la manera chilena del siglo diecinueve, como “Jorje” (un desganado intento de grafía fonética); usaba “i” en vez de “y” tratando de ser lo menos español posible (Sarmiento, nuestro mayor escritor, había hecho lo mismo); y omitía la “d” final en palabras como “autoridá” y “ciudá”. En ediciones posteriores [ ... ] podé las excentricidades (p. 83).

La alusión a la ortografía más reciente y polémica de un escritor famoso, que tuvo amplia resonancia en la prensa, ha sido la de Gabriel García Márquez. La pronunció en abril de 1997 en un Congreso Internacional de la Lengua Española celebrado en Zacatecas (México) ante periodistas, escritores, académicos, lingüistas y también el rey de España: pidió “jubilar la ortografía”. No se trató de una propuesta concreta, sino de un enunciado detonante, y sus aclaraciones posteriores no arrojaron mayor luz sobre el alcance de la frase ni sobre su fundamento.

Sin embargo, seis meses antes, en octubre de 1996, García Márquez había disertado en la asamblea anual de la Sociedad Interamericana de Prensa, celebrada en California (6), donde también se ocupó de la ortografía; allí, refiriéndose a las “deficiencias flagrantes” de muchos redactores de periódicos en la actualidad, dijo: “Tienen graves problemas de gramática y ortografía”, y agregó que la transcripción de grabaciones “es la prueba de fuego: confunden el sonido de las palabras, tropiezan con la semántica, naufragan en La ortografía y mueren por el infarto de la sintaxis”. Queda como incógnita cuál es el verdadero pensamiento del celebrado escritor.


Notas:
1 “Indicaciones sobre la conveniencia de simplificar y uniformar la ortografía en América”, en Andrés Bello, Estudios gramaticales, pp. 69-87, ed. cit. (en n. 4), que moderniza la ortografía. En la versión original del artículo, publicado en Biblioteca Americana, Londres, 11 de abril de 1823, los autores escribían: “de Espania i de las naciones americanas”; “hoi”; etc.
2 “Ortografía” (1844), en A. Bello, Estudios gramaticales, p. 100.
3 Cf. Lidia Contreras, “Los académicos chilenos ante la cuestión ortogrática”, en su Ortografía y grafémica, Madrid, Visor, 1994, p. 195.
4  Con la ortografía nueva aparecía en 1845 la edición del Facundo de Sarmiento (también publicado en folletín en El Progreso de Santiago de Chile): Civilización i barbarie. Vida de Juan Faculldo Quiroga i aspecto físico. costumbres i ábitos de la República Arjentlina (título); “la vasta estellsión arjentina”; “ella sola esplota las velllajas del comercio estralljero”; etc.
5 Jorge Luis Borges con Norman Thomas di Giovanni, Autobiografía 1899-1970; traducción española de Marcial Souto y Norman Thomas di Giovanni de “Autobiographical Essay” (publicado en The New Yorker, 1970), Buenos Aires, El Ateneo, 1999. Las citas corresponden a las pp. 80-83.
6 El diario La Nación de Buenos Aires publicó la disertación los días 8 y 9 de octubre de 1996.

miércoles, 3 de marzo de 2010

Loor y gratitud

El miércoles 6 de agosto de 2008, la periodista Susana Reinoso publicó en el diario La Nación, de Buenos Aires, una entrevista con Berthold Zilly, quien tradujo en Berlín Facundo, civilización y barbarie. En estos días de congresos de la lengua virtuales, de polémicas sobre a qué castellano se traduce, de trujamanes contra lenguareces y de ferias de Frankfurt, tal vez no venga mal recordar, no sin alguna melancolía, a Domingo Faustino Sarmiento.

"Sarmiento fue un cosmopolita
de conciencia muy aguda"

Un ciudadano alemán entra a una librería en Berlín y dice: "Guten Tag, ich hätte gern das buch Barbarei und Zivilisation , von Domingo Faustino Sarmiento" ("Buen día, estoy buscando el libro Facundo, civilización y barbarie , de Domingo Faustino Sarmiento"). El episodio podría ser real, desde este año. La bella edición comentada en lengua alemana del Facundo , uno de los libros fundacionales de la cultura argentina, a cargo de un traductor de excelencia –Berthold Zilly–, salió en Alemania con 5000 ejemplares en tapa dura y ya vendió 4000. Es una edición numerada, que se vende a 32 euros. El libro es una joya a buen precio.

Zilly es consejero académico y profesor del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Berlín. Es profesor honorario de la Universidad de Bremen e investigador en literatura brasileña de los siglos XIX y XX.

Vino a la Argentina a dar dos conferencias: una en el Instituto Goethe, que auspicia su viaje a Buenos Aires y otra en la Facultad de Filosofìa y Letras de la UBA, este jueves, a las 19. Abordará en cada caso la obra de Sarmiento y la del brasileño Euclides da Cunha, cuyo libro Os sertoes ( Los desiertos ) es también fundacional para la cultura brasileña.

Barbarei und Zivilisation (así, con la inversión de la sustancia) no es sólo para coleccionistas, aunque ha sido diseñado con preciosismo: la portada exhibe los colores celeste y blanco de la bandera argentina, con el sol en el centro. Y para que no queden dudas, en letras grandes dice: "Este libro es la Argentina".

En la contratapa, está el escudo nacional. El ejemplar está protegido por una sobrecubierta donde un gaucho hace un asado, uno de los arquetipos de la Argentina en el exterior.

¿Cómo conoció este "artesano de lo universal" , como llama la francesa Pascale Casanova a los traductores en La república mundial de las letras, la obra de Sarmiento?
Durante una charla con La Nación, en la que la traductora del Goethe, Carla Imbrogno, juzgó como "muy buena" la interpretación del Facundo en alemán, Zilly dijo que llegó a Sarmiento por Euclides da Cunha, el escritor brasileño que dio visibilidad a los desiertos nordestinos y sus miserias, y reveló su influencia en el imaginario socio-cultural de Brasil.

"En varios ensayos, Da Cunha cita a Sarmiento, a quien toma como modelo en el Facundo. Lo elogia como historiador y por su talento para evocar el pasado y vivificarlo en el presente. Ustedes tienen la pampa y el nordeste de Brasil, tiene el sertón (desierto). El trabajo de traducción fue arduo, porque hay que interpretar muchos arcaísmos", señala el traductor alemán.

Da Cunha cuenta en Os sertoes la constitución de Brasil y reflexiona sobre el futuro del vecino del Mercorsur. Zilly cuenta que la primera traducción de Da Cunha al español fue hecha por un argentino, Benjamín de Garay. El traductor alemán encuentra que Da Cunha y Sarmiento comparten la mezcla de géneros en Os sertoes y Facundo, civilización y barbarie . Pero en Sarmiento es muy marcada: va de la epopeya a la investigación folclórica, pasando por la ficción y la crónica de viaje. "En ambos hay una fuerte ficcionalización del relato de guerra", señala el traductor.

El libro tiene además un posfacio de 150 páginas, en el que Zilly pone a los lectores en autos sobre lo que este país fue en la primera mitad del siglo XIX. En la edición hay, además de puntillosas citas bibliográficas, fotos de gauchos, una de Sarmiento joven (imagen casi desconocida), un mapa histórico del país antes de su constitución como Nación, y otro actual.

–¿Qué imagen se hizo de la Argentina a través del Facundo, de Sarmiento?
–Las diferencias de este país están en su historia. Me quedé fascinado con el libro. Pensé que era problemático. Espero no haber provocado la ira de los peronistas. Cuando uno navega por Internet se entera de que Sarmiento tiene muchos enemigos. Lo llaman amigo de los imperialistas. Es una crítica exagerada pero no completamente absurda. Uno debe criticar una obra, no en sus debilidades, sino en el núcleo, donde el libro es más fuerte. Yo viajé por la Argentina, estuve en San Juan, porque me interesa desde hace décadas conocer este país. Facundo fue una llave para entrar en la Argentina y entender su cultura. El libro no sólo se anticipa, sino que hace a la fundación del Estado argentino. Con este libro, Sarmiento se convirtió en una potencia periodística y dejó atrás ese pasado de niño pobre del interior. Recurrí a muchas fuentes bibliográficas porque, por momentos, muchas de las cosas que leía en el Facundo me parecían ficción.

–¿Cómo hizo para conseguir editorial en Berlín?
–Busqué durante varios años una editorial. Luego se interesó Eich born Verlag, que tiene la colección "La otra biblioteca", dirigida por Hans Magnus Enzerberger (premio Príncipe de Asturias de la Comunicación 2002), en la que se han publicado también obras de Humboldt y Darwin, entre los más conocidos. Enzerberger ha dicho que hace los libros que quiere leer. El libro salió con una primera edición numerada, que se vende en librerías y por suscripción. Los lectores que lo compran son profesionales, personas curiosas y cultas, y amigos de la literatura de modo general.

–¿Y también tradujo a Borges para este libro?
–Sí, en el posfacio incluí un poema muy bueno de Borges, que se titula "Sarmiento".

–¿Qué otras obras contemporáneas del Facundo leyó para su traducción?
–Sarmiento tenía una conciencia cosmopolita muy aguda. Escribió Civilización y barbarie pensando en que se leyera en Europa. El quería que el hombre fuera leído. Primero leí dos obras que permiten entender su visión del mundo: Recuerdos de provincia y Viajes . Luego, los libros a los que él refiere: La cautiva y el Dogma socialista , de Echeverría; Don Segundo Sombra , el Martín Fierro, Tradición de lo gauchesco , Historia del gaucho. También leí, entre otros, a Tulio Halperín Donghi. Y muchos más.

–¿Cómo definiría el trabajo de un traductor, como constructor de la universalidad literaria, en el mundo actual?
–El papel del traductor no ha cambiado. Lo que han cambiado son las estrategias. La tarea de un traductor es examinar la fuente, el texto de partida, en todas sus dimensiones. Tiene que leerlo muy atentamente en todos sus detalles, porque debe llegar a soluciones. Muchas veces el trabajo es intuitivo. Después tiene que transformar esa lectura interpretativa de partida en una nueva meta. Tiene que darle una forma estética que provoque en un lector de otra cultura y, posiblemente de otra época, las mismas ideas, fantasias, emociones y sentimientos. También hay que introducir las experiencias históricas que tuvieron lugar después de la publicación de la obra. Por ejemplo, la cuestión del racismo, podía parecer una cuestión inocente en la época de Sarmiento, pero después de Auschwitz cambió por completo. ¿Cómo traducir la palabra "negro" al alemán? ¿Cómo schwarzer o como neger? La traduje como schwarzer, porque somos hoy más conscientes de sus connotaciones posiblemente racistas, aunque la palabra no lo sea. Saramago dice que los autores hacen literatura nacional y los traductores hacen literatura universal.

–¿Y qué relación estableció con Sarmiento durante la traducción?
–Uno se siente como un actor de teatro, porque asume un papel de intérprete de una obra que no es propia. Yo presto mi voz y mis palabras a un autor que no soy yo, pero que habla a través de mí. Establecí mucha empatía con Sarmiento, pero también tuve que poner distancia crítica. Yo tuve que entrar en él y a la vez, traerlo a mi tiempo y a mi lengua, para que lo comprendan los lectores que son mis contemporáneos.