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martes, 10 de octubre de 2023

"Fosse usa un lenguaje más que cotidiano, casi banal , y lo extraordinario es que a medida que avanza el texto, puede verse, palparse casi como avanza y se construye la tensión dramática a partir de esa cotidianidad"


El pasado 5 de octubre, Ana Laura Pérez Cotten publicó en el sitio de la agencia TELAM una entrevista con Clelia Chamatrópulos, traductora argentina de Jon Fosse (foto), el flamante Premio Nobel de Literatura 2023. Publicada en múltiples medios, se ofrece a continuación.

Clelia Chamatrópulos, la argentina que tradujo varias obras de Fosse para Colihue

Cuando se enteró a la mañana de que Jon Fosse era el flamante ganador del Nobel de Literatura, Clelia Chamatrópulos, traductora Literaria de Sueco y de Noruego, se alegró y fue inmediatamente a su biblioteca a buscar el libro que tradujo para Ediciones Colihue con seis obras teatrales del dramaturgo noruego.

"Este libro fue posible por la visión del gran Jorge Dubatti y de Editorial Colihue. Las traducciones se hicieron con el apoyo económico de Norla, la agencia de fomento de la literatura noruega en el exterior, aunque ese apoyo no fue extraordinario", recuerda Chamatrópulos en diálogo con Télam sobre cómo se editó el libro de 320 páginas que se publicó en 2011.

Casada con el físico nuclear e ingeniero Alberto Filevich, la mujer llegó a Suecia en 1969: "Él llegó para hacer su doctorado en física y yo a terminar la carrera de sociología. Para hacer el doctorado en física no se necesita sueco, pero para sociología, sí", rememora.

"En ese momento en Suecia el Estado ofrecía cursos de sueco de ocho horas diarias, cinco días a la semana. A los tres años, con una máquina de escribir bajo un brazo y un diccionario bajo el otro, yo tenia trabajo siguiendo los avatares de un científico que se trasladaba y los altibajos de la política científica latinoamericana. En mi segunda residencia prolongada en Suecia estudié Noruego", repasa la traductora sobre cómo fue su propia biografía la que la acercó al idioma.

Chamatrópulos es ahora Traductora Pública de Sueco, Noruego y Dinamarqués matriculada en el Colegio de Traductores Públicos de la Ciudad de Buenos Aires y, además, traductora Literaria de Sueco y de Noruego, egresada de la Universidad de Buenos Aires.

¿Cómo llegó a conocer al Nobel? "Había traducido Ibsen para Colihue (dos tomos, Una casa de muñecas y El enemigo del pueblo) por primera vez directo del noruego al castellano porque las traducciones anteriores habían sido siempre a partir del inglés y el francés. Esos trabajos recibieron buena crítica y creo que por eso me convocaron para traducir Fosse", explica.

-¿Qué dificultades o desafíos particulares entrañó la traducción de Fosse?
-Me recuerdo haciendo esas traducciones como alguien que trabaja con una balanza de joyería, en la que cada palabra tiene un peso determinado y especial, y en la que cualquier desvío provoca un desequilibrio no deseado. Todo el tiempo tratando de lograr ese balance. Fosse usa un lenguaje más que cotidiano, casi banal, y lo extraordinario es que a medida que avanza el texto, puede verse, palparse casi como avanza y se construye la tensión dramática a partir de esa cotidianidad. No es fácil lograr eso.
Una dificultad agregada es que Fosse no utiliza en su dramaturgia signo alguno (ni admiración, ni interrogación). Y eso, traducido a un idioma como el castellano, implica la dificultad de que la construcción de la frase no indica inmediatamente si es pregunta, afirmación o negación. Parece un obstáculo banal, pero no lo es. En algún trabajo que presenté en algún congreso de traductores literarios escribí de título algo así como "Traducir el silencio" y me pareció bastante errado hasta que lo leí como definición en trabajos de críticos teatrales sobre la obra de Fosse.

-¿Cómo definirías sus obras teatrales? ¿Cuál creés que es su sello?
-Fosse, al igual que Ibsen, es muy explícito y generoso en sus didascalias, la indicación del dramaturgo a los intérpretes para la puesta en escena. De algún modo, todo lo libre que pareciera ser la oralidad queda indicado, marcado y constreñido en la acción. Pero esta es una observación de alguien que no hace crítica teatral.
Fosse también desconcierta. Sus personajes en algunas de las piezas que traduje actúan de pronto en un sentido totalmente opuesto al anunciado;eso perturba al traductor, por lo menos me perturbó a mí, ya que actuar en un sentido contrario implica también un registro diferente del idioma, y a eso hay que captarlo porque hasta que se logra eso, el texto suena falso.
Y, por último, Fosse escribe en nynorsk, lo cual ya es una decisión política que no me corresponde explicar, ya que si bien la intuyo y comprendo, sobrepasa mi capacidad de hablar de la sociedad noruega y de sus idiomas.

viernes, 7 de octubre de 2022

Annie Ernaux, Premio Nobel de Literatura 2022, traducida en Argentina por Milena París

 
En 2016, la editorial Milena París, dirigida por Anne Gauthey publicó dos libros de Annie Ernaux en un único volumen. Se trata de Diario del afuera, que cubre de 1985 a 1992, y La vida exterior, que va de 1993 a 1999. En ambos las observaciones son breves, de un solo párrafo, y se reducen a un par de decenas por año. Según la autora, que vive en Cergy-Pontoise, una de las ciudades dormitorio que existen alrededor de París, ambos libros reúnen “escenas, gestos de anónimos a los que una no vuelve a ver nunca más. No se trata de una investigación periodística ni de un trabajo de sociología urbana, sino del intento de alcanzar la realidad de una época a través de una colección de instantáneas de la vida cotidiana colectiva”.

Éste, publicado por una editora francesa, radicada primero en la Argentina y actualmente en Uruguay, es el único libro de Ernaux traducido localmente; más precisamente, por Sol Gil. Lamentablemente, ninguno de los medios argentinos que dio a conocer la noticia, mencionó esta circunstancia, privilegiando las ediciones españoles de Tusquets.

Más allá de esta fealdad, para quienes disfrutan de la escritura episódica, con el ilustre Georges Perec como antecedente, es una magnífica entrada para conocer a la muy flamante Premio Nobel de Literatura.

martes, 2 de noviembre de 2021

"¿Por qué la literatura que conocemos es básicamente europea y norteamericana o –a lo sumo– latinoamericana y argentina?

El pasado 28 de octubre, Alma Rodríguez publicó en las páginas de cultura del diario Tiempo Argentino el siguiente artículo, donde reflexiona sobre los premios Nobel. En la bajada puede leerse: “Las elecciones de la Academia Sueca van más allá de los méritos de una obra. En ellas se mezclan decisiones políticas que marcan la supremacía de ciertos países para establecer cómo debe verse ‘el resto del mundo’ que no pertenece a los estados centrales. Sus distinciones y omisiones establecen la conformación del mapa literario”.

Qué es lo que de verdad premia el Nobel de Literatura

El premio Nobel de literatura es uno de los reconocimientos más importantes que entrega la Academia Sueca en el mundo de las letras. Es otorgado a los autores y autoras que sobresalen por su destacada trayectoria y la distinción consta de ocho millones de coronas suecas (aproximadamente un millón de euros). Se entrega desde 1901 hasta la fecha y fue recibido por figuras tales como Anatole France, Thomas Mann, Luigi Pirandello, Gabriela Mistral, William Faulkner. Camus, Sartre, Beckett, Octavio Paz, Toni Morrison, Saramago, Bob Dylan, entre otros.

El otorgamiento de este premio siempre abre la puerta a la posibilidad de pensar cómo se construye o se configura lo que se llama el “canon”, es decir aquello que pasa a ocupar el lugar del centro dentro de la conformación del mapa literario. A lo largo de los años y con cada entrega surgieron diferentes polémicas acerca de su merecimiento: el caso de Bob Dylan en 2016 fue un claro ejemplo de contienda porque, claro, Bob proviene del rock y para algunos eso no cuenta como literatura. También fue motivo de polémica el caso de los no premiados: Borges es el ejemplo más claro de merecimiento no reconocido. Entonces, ¿qué se premia cuando se premia?, ¿quién debe ser premiado y quién no?, ¿qué lugar ocupan la literatura de Occidente y de Oriente en relación a este reconocimiento?

La última edición de la entrega del Nobel de literatura deja planteadas algunas preguntas en este sentido. En principio, la que surge a partir del desconocimiento desde el mundo occidental de autores como Abdulrazak Gurnah (foto), escritor de origen tanzano y ganador de la última edición.

Abdulrazak Gurnah nació en Zanzíbar en 1948. Formado en la Universidad Bayero Kano de Nigeria, a principios de los 80 se trasladó a la Universidad de Kent para hacer su doctorado en lengua inglesa y continuar su labor académica allí. Sus novelas están escritas en inglés y sólo tres fueron traducidas al español: En la orilla, publicada en 2003 por el sello editorial Poliedro, Precario silencio (1998) y Paraíso (1997) ambas publicadas por El Aleph y actualmente descatalogadas.

En las historias de Gurnah aparecen las comunidades asiáticas asentadas en el África oriental desde el siglo XIX. Muchas de sus novelas transcurren en lo que fue la parte alemana oriental de África que comprende una parte actual de Tanzania. De hecho, su último libro titulado Afterlives habla acerca de la resistencia a la invasión británica de parte de los alemanes junto con las tropas conformadas por las comunidades asentadas originariamente allí.

Parecería ser que Gurnah no es muy conocido en su propio país y eso obliga a plantearse otra pregunta que tiene que ver con cómo se conciben las literaturas al momento de su catalogación (si por países, por continentes o por región) y por qué desconocemos la literatura del “otro lado del mundo”. En otras palabras, por qué la literatura que conocemos es básicamente europea y norteamericana o –a lo sumo– latinoamericana y argentina.

En el prólogo a su libro titulado Ojos imperiales. Literatura de viajes y transculturación, Mary Louise Pratt dice: “Este libro trata de la posibilidad de debilitar el control del imperialismo sobre la imaginación y el conocimiento y de generar zonas despejadas para instalar mejores formas de vida y de conocimiento en el mundo.” Y luego agrega: “El estado actual del mundo no permite estar seguro del éxito de esta empresa. El pensamiento imperial sigue renovándose y mutando con gran capacidad de recuperación. Hoy los ojos imperiales se posan sobre los espacios `menos desarrollados´ y ven sitios propicios para instalar fábricas en el exterior; enormes extensiones de tierras donde imponer el cultivo de semillas genéticamente modificadas en plantaciones de monocultivo; basurales para amontonar desechos tóxicos.”

En este sentido, Mary Louis Pratt plantea algunas preguntas que dan origen al desarrollo de su investigación como, por ejemplo, ¿con qué códigos la literatura de viajes y exploración produjo –es decir, creó y modeló– “al resto del mundo” para los públicos lectores europeos en diferentes momentos del proceso expansionista de Europa? ¿Cómo ha producido las concepciones que Europa desarrolló y sigue desarrollando acerca de sí misma en relación con algo que llegó a ser posible llamar “resto del mundo”?

A pesar de los avances tecnológicos y la posibilidad de acceder a contenidos de manera impensable hasta hace unos años, es evidente que la literatura que consumimos de este lado del mundo está signada por el mundo occidental europeo y norteamericano: un síntoma claro de esto es lo difícil o imposible que resulta el acceso a los libros que conforman la obra literaria de autores como Gurnah. De hecho, debe haber quienes aún no se enteraron de que Tanzania es una república que, como tal, es muy reciente, que está ubicada en África, que resiste a reconocer el inglés como lengua oficial y que lucha por un estado independiente, autónomo y soberano con el suajili como lengua propia.

Gurnah se convierte así en el caso de quien necesita escribir en la lengua de Shakespeare, lengua imperial, para contar las historias de su tierra colonizada. Podría decirse que esos ojos de los que habla Mary Louis Pratt aún, y por largo tiempo, pertenecen y pertenecerán a Occidente.