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miércoles, 16 de febrero de 2022

La prohibición de "Mauss", días después

En la entrada de ayer se hablaba de la prohibición que la novela Maus, de Art Spiegelman, había sufrido en el estado de Tennesee. El pasado 10 de febrero, Mónica López Ocón publicó en el diario Tiempo Argentino, de Buenos Aries, una nota refereda a esa misma novela gráfica, que luego de ser prohibida aumentó significativamente sus ventas.

La cultura de la cancelación provoca efectos contrarios al deseado

Que Maus sea quitada de los planes de estudio del octavo año del distrito escolar de McMinn, al que asisten preadolescentes de 13 y 14 años es, como toda prohibición, un gesto de autoritarismo. Pero en este caso la arbitrariedad de la medida llega al límite. Se acusa a la obra de Art Spiegelman de usar palabras blasfemas, de representar las diferentes nacionalidades que conviven en el campo de exterminio como animales y de mostrar desnudos. En la Maus los judíos son ratones; los nazis, gatos; los polacos, cerdos; y los franceses, ranas.

Nadie puede dudar de que Maus es un manifiesto contra el Holocausto. Está inspirado en los padres de su autor –sobre todo, en su padre– judíos polacos, que trataron de escapar de su país tras la invasión nazi, pero fueron atrapados y llevados a Auschwitz.

Ambos sobrevivieron, pero su madre, Anja, se suicidó en 1968. Art grabó los recuerdos de su padre, residente en Nueva York, para recabar material para su obra.

El comic se publicó inicialmente por entregas en los años 80, en la revista Raw de la que el autor fue fundador y coeditor. La obra ganó nada menos que el Premio Pulitzer, por citar solo el más prestigioso, convirtiéndose en la única novela gráfica en hacerse acreedora de ese galardón.

En la Argentina, fue publicada originariamente en dos tomos por Emecé, Maus. Mi padre sangra historia, y Maus. Y aquí comenzaron mis problemas. Tuvo en este país la misma exitosa acogida que en el resto de los países del mundo en que se editó. Constituyó, sin duda, un acontecimiento editorial internacional.

Entre las cientos de críticas positivas que cosechó, se destaca la de Umberto Eco, quien dijo: “Maus es un libro que no se puede dejar ni siquiera para dormir. Cuando dos de los ratones hablan de amor, uno se conmueve; cuando sufren, uno llora. Lentamente, en este pequeño relato hecho de padecimientos, humor y los desafíos diarios de la vida, uno queda atrapado por su ritmo suave y magnético y cautivado por la antigua familia de Europa del Este”.

La resolución de que Maus haya sido quitada de los programas del distrito escolar de McMinn desató la ironía del autor, que dijo en una entrevista en The Guardian: «Veo un futuro donde diga: ‘Publicado el 3 de abril, prohibido el 12 de mayo'». Y agregó: «Espero que la realidad que se vislumbra añada algo de claridad a la guerra cultural, y por eso es reconfortante ver cómo Maus llega a los puestos más alto de las listas de ventas».

El fenómeno de la prohibición no es nuevo, pero es inadmisible que se de en el siglo XXI y más inadmisible aún que se haga en nombre de minorías que pueden sentirse afectadas. Tampoco es nuevo el fenómeno no deseado de que la prohibición genere más interés por la obra, ya se trate de cine, literatura o cualquier otra expresión. Basta con citar la película La última tentación de Cristo, dirigida por Martín Scorsese, que fue prohibida en Turquía, México, Chile y Argentina. En nuestro país, la prohibición fue decretada en 1996 por el juez federal Edmundo Carbone porque, según sus argumentos, “podría implicar una profanación de la fe católica”, por lo que ningún argentino en condiciones de hacerlo dejó de verla en otros países.

Es bien conocida la lista de obras prohibidas por la feroz dictadura cívico militar que asumió el poder en 1976. Pero la prohibición es la esencia misma de la dictadura. El 16 de agosto de 1979, María Elena Walsh se atrevía a publicar en Clarín la nota “Desventuras en el País– jardín-de-Infantes”.En ella decía, entre muchas otras cosas: “Si incursiona en la TV da lo mismo que sea como espectador, autor o «invitado», hablará del prêt-à-porter, la nostalgia, el cultivo de begonias. Contemplará a ejemplares enamorados que leen Anteojito en lugar de besarse. Asistirá a debates sobre temas urticantes como el tratamiento del pie de atleta, etcétera.” (…) “Cuando ya nos creíamos libres de brujos, nuestra cultura parece regida por un conjuro mágico; no nombrar para que no exista”. ¿No es precisamente esto lo que hacen hoy ciertos grupos que, en nombre de la corrección política, ponen en el índex de la Inquisición no sólo obras sino también palabras? Lo más grave es que contrariando al máximo la consigna del mayo francés “prohibido prohibir”, hoy se prohíbe o, por lo menos, se intenta sancionar obras y hasta palabras que parecen no coincidir con el canon del ciudadano bien pensante. ¿Se diferencian en algo la censura dictatorial de la censura “democrática”? ¿Existe alguna censura que no infantilice al ciudadano al negar su capacidad para decidir por sí mismo?

Afortunadamente, como sucede con Maus, la censura no hace más que estimular el interés por la obra censurada. Pero no deja de ser lamentable que aflore el espíritu censor en tiempos democráticos y, más lamentable aún, que se censure en el nombre mismo de la libertad.

martes, 15 de febrero de 2022

El estado de Tennessee prohibe una novela gráfica y exhibe alegremente su atraso

La siguiente nota, publicada sin firma, el pasado 2 de febrero, en el diario Página 12, de Buenos Aires habla de la prohibición de la novela gráfica Maus, de Art Spiegelman (que en su versión castellana fue traducida por César Aira), en un estado sureño de los Estados Unidos, sumando así un nuevo capítulo en la escalada de cancelaciones que parece sacudir a buena parte de la cultura occidental.

Maus trepó al primer lugar de ventas en Amazon tras ser prohibida en Tennessee.

La novela gráfica Maus se disparó al primer puesto de los libros más vendidos de Amazon después de que la junta escolar de Tennessee, Estados Unidos, prohibiera el cómic en el plan de estudios.

A principios de enero, representantes de la junta escolar del estado votaron a favor de sacar la novela de la currícula de los alumnos de octavo (adolescentes de entre 13 y 14 años) por contener “insultos” y “desnudos femeninos”.

Según el acta que publicó la National Public Radio (NPR) estadounidense, uno de los integrantes de la junta opinó que “los educadores no necesitamos habilitar o de alguna manera promocionar estas cosas” porque el libro “muestra gente ahorcada, matando niños, ¿por qué el sistema educativo promueve este tipo de cosas? No es sabio ni saludable”. Y aunque otros opinaron a favor de mantener el cómic en las escuelas, finalmente se impuso la decisión de prohibirlo.

El desconcierto de Alt Spiegelman
El autor de la novela, Art Spiegelman, dijo estar “desconcertado” y calificó la decisión de la junta escolar como “orwelliana”.

Por su parte, el Museo del Holocausto de Estados Unidos destacó a través de su cuenta de Twitter que Maus “ha desempeñado un papel vital en la educación acerca del Holocausto al compartir experiencias detalladas y personales de víctimas y supervivientes Enseñar sobre el Holocausto usando libros como Mauss puede inspirar a los estudiantes para pensar de manera crítica acerca del pasado y sus propios papeles y responsabilidades hoy”.

A partir de la decisión de la junta de Tennessee, las ventas de Maus se dispararon, librerías de todo el país invitaron a leer el libro de forma gratuita, se organizaron lecturas online y, según The New York Post, se recaudaron más de 80.000 dólares para dar copias gratuitas a los estudiantes.

También el escritor Neil Gaiman se solidarizó con Spiegelman. “Sólo hay un tipo de personas que votarían para prohibir Mauss, como sea que se llamen estos días”, afirmó.

La historia de Maus
La novela, que Spiegelman comenzó a escribir y dibujar en 1978, narra la historia de su padre, Vladek Spiegelman, un judío polaco que estuvo cautivo en el campo de concentración Auschwitz-Birkenau. Con personajes antropomorfizados donde los judíos tienen rostro de ratones, los gatos de nazis, los polacos de cerdos y los norteamericanos de perros, Spiegelman cuenta la historia de toda su familia y cómo sus padres lograron sobrevivir al Holocausto.

Maus se publicó como un cómic por entregas entre 1980 y 1991. En 1992, se convirtió en la primera novela gráfica en ganar un premio Pulitzer.