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lunes, 16 de septiembre de 2024

Fernando Vallejo traducido, candidato a un prestigioso premio en Estados Unidos


Leonardo Bautista Romero publicó en El Colombiano, del pasado 11 de septiembre, que una novela traducida al inglés del escritor Fernando Vallejo es candidata a uno de los más prestigios premios estadounidenses.

Fernando Vallejo, finalista del National Book Award, con la traducción de El desbarrancadero

El escritor colombo-mexicano Fernando Vallejo, nacido en Medellín, fue anunciado este martes como uno de los 10 finalistas del National Book Award 2024 en la categoría de Literatura Traducida, uno de los premios más importantes del mercado literario estadounidense.

Su célebre obra El desbarrancadero (The Abyss en inglés), traducida por Yvette Siegert y publicada en el mercado anglosajón en junio pasado por la editorial New Directions Publishing, lo posiciona como el único colombiano en la prestigiosa lista.

A través del libro, el autor ofrece una mirada profundamente personal y conmovedora sobre la muerte de un hermano, quien sucumbe lentamente al sida. El relato está cargado de una crudeza emocional, no solo al detallar el sufrimiento físico que atraviesa su ser querido, sino también al mostrar cómo, incluso en sus últimos días, Darío, quien padece la enfermedad, mantuvo su carácter tosco y vulgar, un reflejo de la complejidad de la relación entre los hermanos.

La novela, que aborda temas como la mortalidad, el dolor y la memoria, fue seleccionada junto a otras obras traducidas de seis idiomas, entre ellos árabe, danés y francés.

Vallejo comparte la lista con autores de renombre como Fernanda Trías, con Pink Slime, y Fiston Mwanza Mujila, con The Villain’s Dance.

The National Book Foundation anunció que los ganadores se conocerán el 20 de noviembre durante una ceremonia en Nueva York.

En el texto que publicó la fundación se resalta que la nominación al National Book Award no solo celebra la calidad literaria de Vallejo, sino también el impecable trabajo de Yvette Siegert en la traducción, lo que permitió que la poderosa narrativa de Vallejo cruce fronteras y llegue a nuevas audiencias.

El desbarrancadero se presenta como una profunda exploración de la memoria, la enfermedad y las relaciones familiares en el contexto de una Colombia convulsa, reflejando la visión crítica y despiadada del autor sobre la sociedad. Hoy, a más de dos décadas de su publicación original, la obra por sí sola demuestra que es imprescindible en el panorama literario colombiano e internacional.


miércoles, 11 de septiembre de 2024

Ediciones en francés de José Eustasio Rivera y Arnoldo Palacios, clásicos colombianos


"Por el centenario de publicación de La Vorágine, de José  Eustasio Rivera y del nacimiento de Arnoldo Palacios, autor de Las Estrellas son negras, ambas obras serán traducidas al francés." Es lo que dice la bajada de la nota publicada por Luisa Piñeros en el sitio web de la Radio Nacional de Colombia, el pasado 6 de septiembre.

Dos clásicos de la literatura colombiana serán traducidos al francés

Colombia conmemora 100 años de la publicación de La Vorágine y es también el año de Arnoldo Palacios, a propósito del centenario de su natalicio. Dos obras cumbre que transformaron la manera de leer la realidad de nuestro país y que tuvieron una gran repercusión internacional, serán traducidas al francés.

Es así como Francia se alista para recibir en su idioma estas emblemáticas obras de la literatura colombiana Las estrellas son negras, de Arnoldo Palacios, y La Vorágine, de José Eustasio Rivera.

Con una minuciosa traducción elaborada por Adrienne Orssaud y la coordinación editorial de El Circulo, las obras se encuentran listas para ser socializadas en un taller, dentro de Casa Colombia, durante la realización de los Juegos Paralímpicos.

Recordemos que Casa Colombia es una iniciativa del Comité Olímpico Colombiano, con el apoyo de entidades como el Ministerio de Relaciones Exteriores y su Embajada de Colombia en Francia, el Ministerio del Deporte, el Ministerio de las Culturas, el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y ProColombia.

Un amplio espacio que ya fue punto de encuentro durante las justas olímpicas y que sigue con sus puertas abiertas durante los Juegos Paralímpicos, donde nuestros deportistas han tenido una actuación muy destacada.

Detrás de está titánica labor, que por primera vez se hace de manera oficial, están dos caleñas radicadas en Europa: Natalia y Juliana Vélez Loaiza, hermanas gemelas que junto a un grupo de amigos crearon Ediciones el Circulo , editorial a la que pertenece la prestigiosa revista de arte y cultura Ojo Vulgar, que se ha convertido desde su creación en 2018, en un puente entre Latinoamérica y Europa, resaltando a nuevos artistas y a los que ya están consolidados, en temas como el cine, la literatura, las artes plásticas, la poesía, la fotografía, entre otros.

Con una gran pregunta que rondaba inicialmente en sus cabezas, Natalia y Juliana indagaban desde lo estético por lo que están haciendo los latinoamericanos en Paris, especialmente la diáspora colombiana que ha creado una población que se sigue sintiendo parte del país, a pesar de vivir a tanta distancia.

Ojo Vulgar llegó como una respuesta contracultural para darle voz y conocimiento a una comunidad que alberga en su haber un amplio intelecto y saber popular.

“Tenemos ediciones el Circulo y Ojo Vulgar, que es una plataforma cultural de intercambio. La revista congrega diferentes eventos: Cafés literarios para exhibir a los nuevos escritores, cine foros, tenemos un proyecto cultural como una campaña para estar de vuelta al papel en este mundo digital. Somos un equipo pequeño pero muy comprometido”, afirma esta caleña que hace más de 20 años dejó su ciudad natal para dedicarse al estudio.

Entre la academia y el arte, Natalia ha construido una carrera muy singular. Es licenciada en Psicología Clínica de la Universidad de Massachusetts con un postgrado en Neuropsicología Clínica, Psicopatología y Psicoanálisis. Así mismo, Tiene un doctorado en Literatura y Psicoanálisis. A Europa llegó en 2011, pasó una temporada en Inglaterra y en 2014 aterrizó en Francia. En la actualidad está radicada en Bélgica y desde allí, junto a su equipo, le dan vida cada tres meses a una nueva edición de Ojo Vulgar.

Por su parte, la fundación Ediciones el Circulo fue creada en Colombia y tiene una sede en Francia. Fue pensada para promover las expresiones y manifestaciones culturales y artísticas de colombianos en Europa. Fomentan la escritura, la lectura a través de la revista, hacen festivales literarios y sin duda, incrementan el impacto social y el valor de las creaciones colombianas en el exterior.

“Lo que buscamos es preservar, transmitir y conservar. Queremos hacer un paso por la memoria y dejar un registro de ese patrimonio cultural latinoamericano en Europa. Ojo Vulgar nació como una cuestión contracultural a la era digital”, reitera una vez más Vélez, en su empeño por sacar adelante una idea que nació por el amor a las artes y como una respuesta a esa quimera de vivir en Europa.

Su “caballito de batalla” es y seguirá siendo creer en las capacidades intelectuales que hay en Latinoamérica y el aporte que este continente puede hacerle al arte, especialmente en Paris.

“Hay algo que es originario, algo que como colombianos nos llama, por eso parte del trabajo que hacemos en Francia da cuenta de esto, que aún hay algo que decir de cómo tramitamos la violencia, el conflicto armado, todo lo que hemos logrado salvaguardar culturalmente. La riqueza que tiene Colombia como país, específicamente desde la cultura, esa es nuestra razón por la que continuamos”, concluye la directora.

Oro para Colombia
El país de la belleza tiene mucho por contar, es así como publicar obras de alta calidad se ha convertido en uno de los mayores retos de ediciones El Círculo. Hacer que esas historias contadas por colombianos o más globalmente, por latinoamericanos, tengan un alcance en los lectores franceses, es el gran logro.

Una primera gran apuesta es el llamado a traducir Las estrellas son negras, de Arnoldo Palacios, que en Colombia fue declarado su año, a propósito del centenario de su natalicio en Certeguí, Chocó.

De esta manera, se salda en parte una deuda histórica con una de las primeras novelas que relatan la violencia contra la población afro del departamento. Las Estrellas son negras se publicó por primera vez en 1949 y Palacios estuvo radicado una temporada en Francia, estudiando lenguas en la Universidad La Soborna de París, becado por el gobierno de ese entonces.

Pasó dificultades económicas y fue un perseguido político en Europa por sus ideas. Aun así, hoy se le recuerda por haber plasmado una de las obras de la literatura afro más relevantes del siglo XX.

Por otra parte, este también es el año para una obra que se publicó hace un siglo. Se trata de La Vorágine de José Eustasio Rivera, un huilense que nos entregó una novela sobre las denuncias, los abusos y la explotación del caucho en la Amazonía colombiana.

Considerada como la primera novela moderna del país, relata una historia de amor enclavada en la selva que a la luz de nuestro tiempo, toca temas actuales relacionados con las malas prácticas medioambientales.

Ambos libros son oro en las manos de los lectores, y por fortuna, traducirlas al francés, hará que el mensaje de un Arnoldo y la voz de un José Eustasio tenga más eco en el viejo continente.

Les Etoiles Sont Noires y La Vorágine, con sus nombres traducidos, serán explicadas al público parisino durante el taller de literatura de Casa Colombia entre el 3 y el 7 de septiembre.

Así lo expresa Natalia Vélez: “La dinámica es interesante porque vamos a hablar del recorrido de algunos de los estilos, no solamente de los autores de estas obras. Por ejemplo, en las Estrellas, nos vamos a enfocar en una cosa más al estilo de James Joyce, una cuestión más visceral, sensorial. Después con La Vorágine vamos a hablar más de la literatura tradicional y de los diálogos, los diálogos están muy bien construidos”.

Agrega que: “Y luego, vamos a pasar a hablar del surrealismo y de poesía y de escritura surrealista sobre todo en mujeres y de paso hacerle un homenaje al surrealismo que este año es su centenario. Finalmente, dándole los elementos claves a los asistentes, vamos a repartir unas agenditas que mandamos a hacer y vamos a proponerles a cada uno que con esos elementos trate de escribir un par de párrafos, ya sea de poesía o de narrativa”.

Ojo Vulgar
Hacer una revista en castellano y francés, impresa en papel en una era digital, es una respuesta contracultural al vertiginoso mundo en que vivimos, ya que todo está en las pantallas y poco se lee o al menos eso creemos.

Volver al papel tiene una mensaje romántico y artístico, porque es volver al tacto, a la textura, al olor y sobre todo a la lectura.

“Tan fisgón, tan insolente, es el lema de la revista. Busca dar esa visibilidad, ser fisgones. Tiene todo un enganche en lo surrealista y jugamos con eso. Es un ojo bonito, que impacta de muchas maneras, pero es vulgar. Es decir, expone por crear y por mostrar otro lado”, de esta manera la psicoanalista de profesión define un nombre particular que ya se ha colado en la alta cultura de la ciudad luz.

La revista nació en medio una conversación en un típico café parisino y hoy en día goza de influencia y gran reputación. Cada edición contiene alrededor de 120 páginas impresas en alta calidad, con contenidos producidos por reputados nombres del arte. Sin duda, es un trampolín para los nuevos artistas y aporta un toque más de prestigio a los grandes maestros.

Una fundación, una editorial y una revista pensada y diseñada por colombianas, una vez más nos habla de los viajes de intercambio cultural, hoy en día, por fortuna de ida y vuelta. De Francia nos han llegado grandes obras de la literatura como Madame Bovary, En busca del tiempo perdido, Los miserables, El conde de Montecristo, y ahora, es momento de nuestro relato que huele a ríos, a selvas, a caucho y que suena a la voz de un pueblo que se resiste a ser olvidado.

Ambos libros estarán disponibles en Colombia durante la Feria del Libro de Cali en el mes de octubre

jueves, 5 de septiembre de 2024

En Japón, García Márquez para no lectores

 

A 54 años de la publicación en Japón del libro más famoso de Gabriel García Márquez, una novela gráfica la pone al frente de la lista de best-sellers en ese país. Evidentemente, la gente prefiere ver los dibujitos.

"Cien años de soledad es el 'nuevo' éxito en Japón"

La novela insigne de Gabriel García Márquez, Cien años de soledad llegó a Japón en 1972, cinco años después de su publicación original. La traducción la realizó Tadashi Tsuzumi, quien también ha pasado del castellano tipográfico al japonés ideográfico, a Alejo Carpentier, Manuel Puig, Jorge Luis Borges y Juan Carlos Onetti. Esa misma traducción inicial se mantiene vigente, pero ha tenido un repunte de ventas en 2024, logrando un éxito editorial sin precedentes.

De acuerdo con los reportes del diario nipón The Mainichi, en apenas ocho semanas se han vendido 290 mil ejemplares de la intrincada historia de los Buendía. No se trata de cualquier publicación; el objeto de deseo es la última edición realizada por la editorial especializada en manga Shinchōsha. Ryo Kikuchi, editor a cargo de este producto literario, ha destacado la importancia de tener disponible en las librerías a autores como García Márquez; fallecidos, pero vigentes. El libro cuenta con un prefacio de Yasutaka Tsutsui y una guía de lectura de Natsuki Ikezama, con el objetivo de hacer más amable la interacción de los lectores nipones con el mundo de Macondo.

Aunque el trabajo que se está llevando todas las miradas - y los billetes - es la ilustración realizada por Ryuto Miyake. Con su toque distintivo, Miyake ha convertido esta edición en una irresistible para los bibliófilos, lean o no el texto detrás del prolijo arte visual.

La cantidad de ventas ha tomado a todos por sorpresa. La edición se vende como pan caliente en tiendas físicas y virtuales. En las librerías, Cien años de soledad ocupa alguna de las mesas centrales, acompañado de un gigantesco árbol genealógico de la larga estirpe narrada en la novela. Shinchōsha está por lanzar tirajes adicionales porque los compradores no se dan abasto. La edición apareció apenas en junio 26.

El récord de ventas se da tras el décimo aniversario luctuoso de García Márquez. Como parte de esta conmemoración, en este año aparecerá la serie de Netflix de Cien años de soledad, buscando perseguir el mismo éxito comercial.

viernes, 5 de mayo de 2023

García Márquez again



El pasado 28 de marzo, María Camila Vergara publicó el siguiente artículo en el sitio de Noticias Caracol, de Colombia. En el copete se hace alusión a la investigación del Instituto Cervantes sobre autores de lengua castellana más traducidos (ver entrada del 6 de abril de este año) y se dice: "A propósito del reconocimiento a Gabriel García Márquez como uno de los autores más traducidos a otros idiomas, hablamos con un experto sobre el papel de los traductores en la literatura".

Traductores literarios: los embajadores culturales detrás de las obras maestras

Según las tendencias que refleja el Mapa Mundial de la Traducción del Instituto Cervantes, una herramienta que se presentará en el IX Congreso de la Lengua en Cádiz (sur de España), el colombiano Gabriel García Márquez es uno de los autores más traducidos del español a otros idiomas, junto a la chilena Isabel Allende y el argentino Jorge Luis Borges. Los traductores literarios han sido claves en estos proceso

Este mapa es un generador de conocimiento a partir de la producción masiva de metadatos sobre obras publicadas y traducidas a diez lenguas: inglés, chino mandarín, francés, árabe, ruso, alemán, japonés, portugués, italiano y sueco.

Unos datos que reflejan tendencias, ya que, como indican los diseñadores de la herramienta, no se puede hablar de cifras absolutas, sino relativas, porque el buscador rastrea bibliografías que están en catálogos de todo el mundo.

Según Luis Alejandro Díaz, docente de Literatura en la Universidad Javeriana, el hecho de “que García Márquez esté en ese top de traducciones es un orgullo, pero no es raro porque es un autor que tiene una fuerza universal muy grande, que incluso lo pone en los primeros lugares del interés mundial”.

El maestro resalta el papel que juegan los traductores a la hora de llevar a otro idioma una obra escrita originalmente en español, debido a la dificultad que esto representa por la cantidad de hablantes y la variedad de palabras que configuran esta lengua romance.

“El talento del traductor está en que tiene que ser capaz de traducir eso que se vive en el Caribe colombiano a una persona que esté en China, Egipto o Bangladesh y que pueda entenderlo”, comenta

“La fuerza narrativa que tiene Gabriel García Márquez le permite a los traductores trabajar de una manera mucho más amable porque tiene una universalidad muy grande. Para los traductores representa un reto, pero también una aventura porque es como encontrar las similitudes en las vías paralelas que pueden darse en Colombia, pero que también pueden darse en China”, añade.

De acuerdo con Díaz, el rol de los traductores es poco reconocido por los lectores, ya que siempre se le atribuye el valor de la obra al escritor original, pero su figura es muy importante para la literatura porque es gracias a ellos que se puede acceder a libros de autores extranjeros.

El profesor menciona que cada intérprete se especializa en la bibliografía de un autor en específico para profundizar sus textos y ahondar en el sentido que el escritor quiere expresar con sus palabras, para que a la hora de realizar su traducción puedan conservar la esencia de la obra original.

De esta forma, recalca que las traducciones del autor de Cien años de soledad “siempre son una maravilla para otras lenguas porque encuentran un universo diferente pero muy bien trabajado” y añade que “las traducciones literales se pierden completamente de la obra”, por lo que nunca se contrata alguien al azar para interpretar los libros de autores de este calibre.

Cabe recordar que el Mapa Mundial de la Traducción es uno de los proyectos que el Instituto Cervantes presentará en Cádiz el próximo miércoles, 29 de marzo de 2023, en una ponencia sobre 'Diversidad y unidad de la lengua española', a propósito del congreso de literatura inaugurado el pasado lunes por los reyes de España.

jueves, 6 de abril de 2023

Las capacidades especiales del Instituto Cervantes

“El Instituto Cervantes hizo una investigación para identificar a los autores de la lengua hispana más traducidos a otros idiomas.” Eso dice la bajada de la nota publicada en El Colombiano, el pasado 26 de marzo.




García Márquez es el segundo autor de lengua española más traducido, después de Cervantes, y el primero del siglo XXI


Entre 2000 y 2021, Gabriel García Márquez, el premio Nobel de Literatura colombiano, se ha convertido en el autor de habla hispana más traducido a otros idiomas, más que Miguel de Cervantes Saavedra, que es el más desde 1967, reveló el El País de España en una publicación titulada García Márquez desbanca a Cervantes como autor más traducido del español en el siglo XXI, tras haber tenido acceso al primer Mapa de la Traducción Mundial del Instituto Cervantes.


Todo empezó en 1967 después de que provocara con Cien años de soledad lo que algunos críticos han calificado como una onda expansiva en el quehacer literario, explicó el diario español.


La entidad literaria, a través de un rastreo a las obras y los autores en español que han sido publicados entre 1950 hasta 2021 —siete décadas—, buscó cuáles son los más traducidos a otros idiomas, encontrando que Miguel de Cervantes es quien ocupa el primer lugar, con 1.386 traducciones.


Le siguen en la lista Gabriel García Márquez con 1.270, Isabel Allende con 861, Jorge Luis Borges con 768, Mario Vargas Llosa con 785, Federico García Lorca, Pablo Neruda, Carlos Fuentes, Arturo Pérez-Reverte y Carlos Ruiz Zafón, quienes ocupan los diez primeros puestos.


Tras el rastreo, el Instituto Cervantes dijo haber encontrado, según el diario español, un importante liderazgo de la literatura latinoamericana, pues si bien García Márquez está en la delantera, va acompañado de Allende, Borges, Vargas Llosa, Luis Sepúlveda y Roberto Bolaño. En la cuota española, además de Cervantes, están Ruiz Zafón, Pérez-Reverte y Javier Marías.


“El Mapa de la Traducción contó con la participación del Laboratorio de Innovación en Humanidades Digitales de la UNED y la colaboración de la Dirección General del Libro y Fomento de la Lectura, del Ministerio de Cultura, y será presentado el 29 de marzo en el IX Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE), que se celebra en Cádiz desde este lunes y hasta el 30 de marzo”, escribió el autor del artículo Manuel Morales.


Después, él mismo explicó que a esa cita acuden cada año miembros de las 23 academias más importantes del español a nivel mundial, junto a filólogos, escritores y artistas, pues quienes convocan son las más grandes autoridades en el tema: el Instituto Cervantes, la Real Academia Española (RAE) y el ayuntamiento (que es lo en Colombia se conoce como alcaldía) de Cádiz.


Primeros datos

Aunque la traducción e investigación no han sido presentadas en público, y solo ha llegado hasta las manos de un grupo muy selecto, han aparecido importantes comentarios sobre lo que esta significaría para la literatura hispana.


“Este informe es una forma de descubrir la biblioteca de las comunidades interesadas por la cultura en español en todo el mundo”, le dijo la directora de Cultura del Cervantes, Raquel Caleya, a El País, y añadió que “podría consolidarse como una herramienta de utilidad para escritores, traductores, editores, libreros, lectores porque van a contar con una información que hasta la fecha no se tenía y que permitirá tomar decisiones más eficientes, bien desde el ámbito público, bien desde el privado”.


Esta investigación, que será publicada en un portal web, abarcó idiomas como el inglés, francés, alemán, italiano, portugués, sueco, ruso, árabe, japonés y chino, y espera en un futuro agregar otros para ampliar el panorama.

lunes, 5 de diciembre de 2022

¿García Márquez le abrió la puerta a la literatura latinoamericana en China? Really, bitch?

Árbol genealógico en chino de la familia Buendía

El pasado 10 de noviembre, el diario La Jornada, de México, reprodujo un artículo de Xinhua News Agency, de China, a propósito de la importancia de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, en el diálogo entre la culturas. latinoamericana y china.

Cien años de soledad propicia un gran encuentro entre Latinoamérica y China

La novela Cien años de soledad, del escritor colombiano Gabriel García Márquez, comenzó el “gran encuentro” entre las literaturas latinoamericana y china, que influyó a muchos escritores del país asiático y propició el hallazgo de similitudes desapercibidas hasta entonces, afirmó la experta mexicana Liljana Arsovska.

“Por medio de García Márquez y su principal obra se hace ese famoso boom de la literatura latinoamericana en China, en el que no podemos hablar de una asimilación por parte de una o de la otra, sino de un encuentro que favoreció que los escritores chinos volvieran a sus raíces y tradición”, dijo Arsovska en entrevista con Xinhua.

La profesora de lengua, lingüística y traducción en el Centro de Estudios de Asia y África de El Colegio de México (Colmex) consideró que García Márquez fue “el gigante que empujó el primer paso” de la literatura latinoamericana en China.

La también traductora al español de literatura china contemporánea consideró que como parte de ese boom literario latinoamericano en China, registrado a partir de los años 80 del siglo pasado, luego de que el colombiano recibió el Premio Nobel de Literatura (1982), al país asiático entraron los grandes literatos de Argentina, México y de prácticamente toda la región.

Arsovska afirmó que desde entonces hay una búsqueda por parte de los chinos, tanto de editoriales como de círculos de intelectuales de Latinoamérica, “búsqueda sistemática mediante la que se tradujo al chino la mejor representación de la literatura latinoamericana”.

La académica del Colmex, quien realizó sus estudios de licenciatura en Pekín durante los años 80, recordó que en esa década y la siguiente hubo “una ola gigantesca” de traducciones de obras, en que las editoriales chinas buscaron la forma de publicar títulos occidentales.

“La preferencia habitual estaba en el inglés, pero por medio de García Márquez la literatura latinoamericana entró a China”, ponderó la entrevistada.

Con más de una docena de traducciones de obras literarias chinas al español, Arsovska consideró que el encuentro de las literaturas latinoamericana y china, con sus consiguientes influencias, contribuyó también a que en Occidente se despertara el interés por la literatura del país asiático.

La entrevistada subrayó que Cien años de soledad abrió un camino en el que la literatura latinoamericana fue “avasalladora” a nivel global por “su riqueza lingüística, de espacios, tiempos, personajes y realismo mágico”.

En China influyó mucho a escritores como Mo Yan, también Premio Nobel de Literatura (2012), cuyas obras han contribuido a la internacionalización y conocimiento de la literatura china, en un proceso que la experta deseó que fuera más continuo y caudaloso, debido a “lo mucho que todas las artes chinas tienen para compartir al mundo”.

Recordó que cuando Mo Yan conoció la afamada novela del colombiano ya era un escritor formado y de trayectoria, pero su obra posterior deja ver que “hizo un encuentro con la literatura latinoamericana”, específicamente la de García Márquez.

En varias ocasiones, el propio Mo Yan se ha asumido como admirador de Gabo y ha reconocido la influencia que Cien años de soledad tuvo en sus procesos creativos.

“El realismo mágico subvirtió radicalmente a nuestra generación. Cuando leí Cien años de soledad, en 1984, sentí lo que había sentido García Márquez a la hora de leer La metamorfosis, de Franz Kafka, en París: ¡Oh, una novela se puede escribir de esta manera!”, comentó el reconocido autor.

Búsqueda de las raíces
Estudios sobre la literatura china de las últimas décadas del siglo XX y la contemporánea han destacado que García Márquez y su novela cimera impactaron de manera notoria el panorama literario de China, al punto de fomentar el surgimiento de la escuela literaria Xungen en 1985, movimiento de búsqueda de las raíces.

Varias novelas de esa corriente reflejaron la transformación histórica y cultural de China a lo largo del tiempo, con historias que suceden en una región o un poblado, con las peculiaridades culturales y de idiosincrasia propias del país asiático.

La obra Sorgo rojo, de Mo Yan, es una de esas novelas sobre la que Arsovska comentó que se asemeja a Cien años de soledad a través de la descripción de Gaomi, la aldea que el autor chino hizo centro de su historia, al estilo del Macondo de García Márquez.

“A través de la influencia literaria y de las diferentes culturas, nuestras miradas encuentran puntos de similitud”, dijo la experta, quien calificó al escritor chino de “grande” por su capacidad de convertir “la descripción de la realidad en un testimonio”.

Comentó que a la hora de describir esa realidad, la influencia de todo lo que ha leído “ahí está”, ya sea directa o indirecta, asumida o asimilada, transparente o velada.

La experta añadió que Sorgo rojo es la historia de una época de China y no sólo de un lugar, porque ahí se encuentran “muchas cosas” de la historia del país asiático, en que el escritor “tiene un ojo clínico” para tomar momentos o personajes y de ahí hacer grandes historias.

A decir de Arsovska, Cien años de soledad es a su vez mucho más que una novela: “Es la historia de Latinoamérica en muchos aspectos vista por medio de la literatura. Se puede traslapar a muchos países, en los que se encuentra ese espíritu, esa melancolía y también esa alegría, esa tristeza”, añadió la investigadora.

Los treinta años que separan los premios Nobel de García Márquez y Mo Yan, así como las similitudes de sus respectivas obras, son para la experta frutos del encuentro de las literaturas latinoamericana y china.

“La literatura enlaza culturas. La latinoamericana no sólo se asentó en China, sino que dio frutos. Se ve en las obras y en los puntos de encuentro de las narrativas, pero también en cómo las ediciones chinas de títulos latinoamericanos cada vez requieren menos notas explicativas, porque el lector chino ya es un conocedor de Latinoamérica.”

martes, 31 de mayo de 2022

"¿Por qué hay una ilusión evidente en los sectores de la industria editorial en este regreso de la pandemia?"

“Crónica de la visita a una de las ferias de libros más importantes de América Latina: la Feria del Libro de Bogotá, Colombia, que da pie para pensar en la función que tienen estos eventos en términos de las editoriales y las librerías, el fomento a la lectura y la difusión de los autores, sobre todo después de la pandemia.” Eso dice la bajada de la nota que el poeta, crítico y editor mexicano José María Espinasa publicó el pasado 29 de mayo en la La Jornada Semanal, de su país.

Temporada de ferias del libro: la FILBO de Bogotá

Un viaje familiar me dio la oportunidad de asistir a la FILBO (Feria del libro de Bogotá) en su regreso presencial. Por un lado, llama la atención lo que podemos llamar la primera temporada de ferias de libro, con Minería en Ciudad de México, Bogotá, La Habana y Buenos Aires –la segunda sería la que encabeza la de Guadalajara. La de Bogotá es más pequeña que las respectivas de Buenos Aires y Guadalajara, pero por eso es más manejable y menos abrumadora, y refleja una lenta pero visible reactivación de la industria editorial colombiana a la vez que se repiten ciertos hechos, diría que sintomáticos, de otras latitudes, como el surgimiento de editoriales independientes, la aparición de voces de escritoras notables y el interés por el futuro de la lectura en sus diferentes formatos.

¿Por qué hay una ilusión evidente en los sectores de la industria editorial en este regreso de la pandemia? El impulso a la lectura que las restricciones sanitarias provocó en el uso del tiempo libre hace suponer un repunte en los índices de lectura que se reflejarán en los ingresos de los editores y en la salud del sector. A la vez se pueden observar las mismas actitudes nocivas con relación a la bibliodiversidad y su fomento. Por ejemplo, en Bogotá –y me dijeron que en otras ciudades colombianas también– empieza a haber un buen número de librerías de viejo que diversifican la oferta, también una serie de librerías independientes que promueven el buen servicio en locales agradables. Un caso de esto último es la librería Casa Tomada y de lo primero Espantapárrafos, cuyo ingenioso nombre se debe a su animador, el poeta Juan Manuel Roca. También es perceptible que no circulan bien los sellos editoriales de otros países latinoamericanos ni de las propias editoriales independientes. Como se ve, la situación es muy parecida a lo que sucede en México.

En lo que se refiere a México, una de las librerías insignias de Bogotá sigue siendo la librería Gabriel García Márquez, del FCE, bien atendida y surtida, bajo la conducción de Gabriela Rocca Barenechea, hija de un editor independiente de larga tradición. Un magnífico edificio, del arquitecto Rogelio Salmona, enclavado en el corazón de La Candelaria, y a un costado de la zona de bibliotecas y museos, la vuelve un lugar de cita obligada. No muy lejos de allí está la histórica Librería Lerner, también con buen surtido y amplio espacio de exhibición. En cambio, la Librería Buholz es ya motivo de nostalgia. Dos autores siguen siendo presencia constante, casi obsesiva en el panorama literario: el autor de Cien años de soledad y Álvaro Mutis, ambos ejemplos de esa cercanía que hay entre la literatura mexicana y la colombiana. Y entre las generaciones siguientes, la presencia de Piedad Bonet, el ya mencionado Juan Manuel Roca, Laura Restrepo, Evelio Rosero, Juan Gabriel Vázquez, William Ospina y Darío Jaramillo ocupan un lugar a la vez protagónico y polémico. Y, como es natural, dominan los novelistas.

¿Presencia de autores mexicanos actuales? Poca. Algunos como Marco Antonio Campos, José Ángel Leyva, María Baranda y Pedro Serrano, que han sido editados allá, son bastante conocidos. Del último, en la feria se presentó un libro antológico, prologado y seleccionado por Fabio Jurado, conocedor de la literatura mexicana y una especie de embajador sin cartera de nuestras letras. También hay que destacar que, como actividad de la FILBO, se llevó a cabo un coloquio sobre traducción, que homenajeó –su charla inauguró el evento– a Selma Ancira, la extraordinaria traductora mexicana del ruso y el griego. Como se puede apreciar hay elementos comunes con la situación de otros países latinoamericanos. Habría que preguntarse la razón del optimismo que permea el medio editorial y la impronta con que regresan las ferias de libro presenciales. Tanto la de Bogotá como las de La Habana y Buenos Aires parecen haber sido un éxito y eso se refleja hasta en las noticias que llegan a los celulares con abundante información literaria.

¿Novedades? Muchas y difíciles de reseñar en tan corto espacio. Señalo algunas que me parecen importantes: la abundancia de traducciones de la obra de Fernando Pessoa, la ya señalada abundancia de escritoras mujeres, la falta de antologías que den un panorama de la actualidad. Por ejemplo, en este rubro hay que hacer notar la extraordinaria labor de Luz Mery Giraldo en su Antología del cuento colombiano, que va en el tercer tomo (publicada por el FCE de allá, no tengo la impresión de haberla visto en las librerías mexicanas). Un autor durante años radicado en México, Felipe Agudelo Tenorio, donde publicó uno de sus primeros libros, Cosecha de verdugos, lleva ya dos entregas de una notable saga de tono negro, con la creación de un detective sui generis, Gotardo Reina. En el terreno de la poesía una útil antología de divulgación hecha por Ramón Cote Baraibar que llega hasta la generación de los nacidos en los sesenta. Y como colofón de esta crónica, la mención de un libro que me parece notable y merece una nota aparte: Baudelaire, el heroísmo de los vencidos, de Juan Zapata.

martes, 20 de diciembre de 2016

Otra de discursos, pero de un traductor alemán

Nacido en 1937 en Berlín, el traductor alemán Peter Schultze-Kraft  ha dado a conocer en su país a 109 autores colombianos a lo largo de más de medio siglo. Por esa razón, en nombre del gobierno colombiano, el embajador Juan Mayr Maldonado, le entregó el pasado 1 de julio, la Orden de San Carlos, en la categoría Caballero. La ceremonia tuvo lugar en Stuttgart. Lo que se ofrece a continuación es la reproducción del discurso de agradecimiento, tal como fue publicada por el diario El Espectador, de Colombia.

El caballero alemán de la literatura colombiana

El 8 de abril temprano por la mañana me llamó el embajador Juan Mayr Maldonado para comunicarme, en tono solemne, que el Gobierno colombiano había decidido otorgarme la Orden que ahora llevo encima de mi corazón. Confieso que la noticia me abrumó. Corrí al espejo y me pregunté: ¿Ese setentón decrépito, cano, desgreñado y sin afeitar quiere ser un Caballero de San Carlos? La verdad es que yo nunca aspiraba recibir ninguna orden u otra distinción, sino que he hecho mi trabajo de divulgación de la literatura colombiana por puro gusto, por amistad con los autores y por solidaridad con sus compromisos y luchas.

Mi nexo con Colombia data de 1956 cuando conocí en Heidelberg a Mario Laserna, quien despertó mi interés en su país. Como fruto de este contacto viajé a finales de 1958, a la edad de 21 años, por primera vez a Colombia y me quedé dos años. En los primeros meses me matriculé en la Universidad de los Andes en Bogotá para aprender español, después recibí la oferta de supervisar la construcción de un molino de arroz en Fundación, departamento del Magdalena. Ese molino quedaba a tres kilómetros de Aracataca, centro de la zona bananera, donde nació Gabriel García Márquez y donde una de las fincas se llamaba Macondo, el nombre que García Márquez dio a su imperio literario. En esa época yo no sabía de García Márquez y su literatura, pero fui profundamente marcado por su mundo, la luz, la sonoridad, la tristeza y la magia de la Costa.

Años después comencé a leer autores colombianos: García Márquez, Eduardo Caballero Calderón, Manuel Mejía Vallejo, y los jóvenes cuyos cuentos salieron en las meritorias revistas ECO y Letras Nacionales: Darío Ruiz, Germán Espinosa, Nicolás Suescún, Luis Fayad, Policarpo Varón, Fanny Buitrago ... El comienzo de mi labor en serio con la literatura colombiana también tiene una fecha y como prueba tengo un artículo del periódico El Mundo de San Salvador, El Salvador, fechado 3 de abril de 1967.

En esa época yo trabajaba con el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Centroamérica y Manuel Zapata Olivella, el director de Letras Nacionales, quien estuvo de visita en San Salvador y hospedado en mi casa, se ofreció a ponerme en contacto con los narradores colombianos para que yo pudiera realizar mi proyecto de una antología del cuento colombiano. De hecho, esta antología salió dos años después en Alemania. Policarpo Varón me contó más tarde que él, al recibir su ejemplar de rigor, se puso tan feliz que regaló el libro al cartero.

Sí, señor, cuando uno se dedica al oficio de hacer libros le ocurren cosas a veces fantásticas. En un caso, por ejemplo, mientras estaba trabajando en una antología de cuentos, un escritor menos conocido de Barranquilla me envió su libro y me escribió que si escogiese uno de sus textos esto sería la prueba de la existencia de Dios. Admito que me sentí un tanto incómodo en el papel del Supremo. Más incómodo aún me sentía cuando una mujer que, obviamente había leído un libro mío en cuya contraportada apareció una foto de mí rodeado por mis tres hijos, me llamó por teléfono y me dijo: “Pienso terminar mi vida dentro de poco tiempo y como a Ud. le gustan los niños quiero que se encargue de mi hijo”.

No sé exactamente cuántos libros de la literatura latinoamericana, y en particular de la colombiana, he hecho, creo que son más de cuarenta títulos, entre antologías y traducciones de novelas. Pero sí he hecho la cuenta del número de narradores colombianos que entre 1969 y 2016 he dado a conocer al público de los países de habla alemana: En total son 109 y la mayoría de ellos, como por ejemplo Álvaro Mutis, Álvaro Cepeda Samudio, Juan Gabriel Vásquez y Tomás González, tuvieron su primera traducción a una lengua extranjera a través de un libro mío.

Así que al recibir, con humildad, gratitud y orgullo, la Orden de Caballero de San Carlos siento este honor como el abrazo colectivo de estos 109 autores colombianos multiplicado por los abrazos de miles de lectores alemanes, austríacos y suizos a quienes he abierto el camino a gozar de la literatura colombiana.

Lo que me alegra particularmente es que reciba la distinción de un Gobierno cuyo presidente es, para mi, un héroe de la paz y que lo reciba de manos de Juan Mayr Maldonado (embajador de Colombia en Alemania), a quien admiro profundamente por su defensa de las naciones indígenas colombianas.

Gracias, embajador. Gracias, Colombia.

Peter Schultze-Kraft 


miércoles, 7 de septiembre de 2016

"Prácticas de colombianidad avanzada, que en tantos casos convergen en el mamagallismo"

Eduardo Barajas Sandoval, además de Decano y fundador de la Facultad de Ciencias y Políticas, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario en Colombia, es columnista de El Informador. Allí, el 30 de abril de 2014, publicó la siguiente columna, referida a la traducción de Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, al griego, realizada por la traductora Klety Sotiriadou, y puso el acento sobre la expresión “mamar gallo”, que en Colombia significa “tomar el pelo”. Aparentemente, la expresión también se usa para denotar que a alguien se le está haciendo una jugarreta. Según los entendidos, en las peleas de gallos se acostumbra a succionar la cabeza del gallo para que este se vuelva desconcertado y a la hora de la lucha el mismo huya y no enfrente al otro gallo, logrando cansar a su oponente. Una vez recobrado el sentido de la orientación puede atacarlo con mayor oportunidad. Dicha práctica se considera ilegal y poco honorable y ante la sospecha de su uso se exclama: ¡Me están mamando gallo!

Mamar gallo en griego

Los lectores en griego han podido comprender mejor que muchos el sello colombiano de la obra de Gabriel García Márquez. Con paciencia y cuidado propios de su ancestro bizantino, la poeta Klety Sotiriadou dedicó años enteros a la traducción de veinte libros del Nobel colombiano. Lo conoció en París meses antes de la apoteosis del premio, gracias a su entrañable amigo común Jaime Castro. Había leído Cien años de soledad en la versión inglesa, que el autor tal vez mamando gallo dijo era en algunos pasajes mejor que el original, y se había hecho el propósito de producir la versión griega de sus escritos.

Unas pocas veladas con el escritor y su esposa bastaron para que su alma de literata, como él la definió, pudiera empezar a entender a fondo rasgos de la vida y las tradiciones del Caribe que más tarde encontraría en cada página. También sirvieron para que conociera lo que es no tenerle miedo a decir cosas en términos absolutos, como cuando Gabo llegó a cenar taramasalata, moussaká, spanakópita y postre de halvá de sémola, alzó a la hija de la traductora, entonces de un año de edad, y exclamó con toda seguridad que esa era la mujer más grande del mundo. 

Esa noche iba vestido con overol azul que llevaba pegada en el pecho una marca de Yves Saint Laurent. Ya sentado a la mesa advirtió que había olvidado cambiarse esa ropa de obrero, su atuendo de trabajo diario, porque pasó más tiempo del acostumbrado en la tarea de redondear unas páginas y, lo más difícil, de preparar una carta decorosa dirigida a la policía francesa para que la firmara una empleada.

Las conversaciones eran de escritores, aunque de vez en cuando él traía a cuento con preocupación y añoranza el drama de la vida colombiana. Allí afloraron reminiscencias de sus maestros, honras a los clásicos griegos porque siguen enseñando cada día algo nuevo, y elogios a los Beatles por haber entrado a la historia para quedarse. Hubo agradecimientos a los diccionarios, en particular al laberíntico de María Moliner, y desfilaron ejemplos de la fuerza cautivante de las primeras frases y de la obsesión permanente por descubrir la solidez de la armazón interna de cada escrito. 

No faltaron sentencias llenas de sabiduría como que los hijos no lo son solamente por la sangre sino por la amistad de la crianza. También brotaron anécdotas fuera de lo común, contadas de la manera más natural, como la de la madre que estaba segura de que la fuerza de la vela prendida frente a la imagen de un santo sería capaz de sacar el bulldozer de uno de sus hijos que había caído a un abismo, porque la fórmula era la misma que había mantenido siempre en el aire a todos los aviones en los que viajaba el otro.
Para conjurar el contagio previsible de publicaciones piratas, Carmen Balcells viajó a Atenas a cumplir instrucciones en el sentido de darle los derechos a quien fuese amigo de Melina Mercouri, la Ministra de Cultura, que había deslumbrado al escritor desde su actuación en Nunca en Domingo y de quien se hizo amigo más tarde por afinidades políticas. El afortunado fue Antonis Livanis, de Nea Sínora, Nueva Frontera, no solo cercano a Melina sino al entonces fulgurante Andreas Papandreou, que para la época navegaba en la ola de éxito político de su Partido Socialista Panhelénico.

Desde el momento en el que las prensas de Livanis liberaron los primeros ejemplares, las librerías, los cafés, los barcos de pasajeros y las playas de Grecia se comenzaron a llenar de personas dedicadas a leer, bajo títulos sonoros, los libros del colombiano. Lo llamaban "Marquéz" y hablaban de él como si fuera un miembro de la familia. Entendían bien sus retratos de la condición humana y su denuncia implacable contra la violencia, la injusticia, la mentira y el menosprecio que por los relegados suelen sentir los dueños del poder. Disfrutaban como verosímiles y propias muchas cosas que en otras partes fueron vistas como fruto de la fantasía y se solazaban con la poesía y el humor de las entrelíneas.
Pero hay algo que tal vez no advirtieron los lectores: la traducción que tenían en sus manos podría ser la mejor de las que se hicieron a muchas lenguas extranjeras. No sabían que la traductora vino a Colombia y se sumergió en el ambiente diario y en la cultura del Caribe, con su comida, su música y su uso del idioma, y que llegó en peregrinación casi solitaria a Aracataca, donde comprobó, según dijo, no solo la existencia de las mariposas amarillas, las bananeras y el abandono de nuestras aldeas perdidas en la llanura de la costa, sino la presencia de huevos prehistóricos.

Su minuciosidad de tejedora, reforzada por la influencia de su maestro de traducción literaria Gordon Brotherston, el célebre intérprete del Náhuatl Clásico, la llevó a interesarse por el enredado proceso histórico de Colombia y tratar de iniciarse en prácticas de colombianidad avanzada, que en tantos casos convergen en el mamagallismo. Y fue en torno a esto último que consiguió puntualmente advertir la distancia o la cercanía que puede existir entre distintas culturas en torno a un solo concepto.

Además de los originales, uno de ellos firmado por el autor con la dedicatoria "Para Klety, la de Troya", la traductora tenía a la vista el diccionario de Moliner, un lexicón de colombianismos de Mario Alario di Filippo, y versiones de una u otra obra traducida por Gregory Rabasa al inglés o por Claude Couffon al francés. Y fue en esas como descubrió que Rabasa, llegado el momento de referirse a "los mamadores de gallo de La Cueva" en Los Funerales de la Mamá Grande, los llamó "criadores de gallos de La Cueva". Si uno va a traducir a Gabo, me dijo con honestidad y sorpresa, mal puede ignorar que el autor es un colombiano y puestos ya en ese terreno no se puede desconocer ni confundir lo que es mamar gallo. 

Por fortuna, y para beneficio de sus lectores, después de haber buscado bajo varias de las capas infinitas del griego, que tiene casi tantas versiones como generaciones, creyó haber encontrado una expresión a la medida, Xoratatzídes, que significaría mamagallistas, de práctica cotidiana entre los griegos porque son parecidos a la gente del Caribe. Porque no se trata simplemente de la palabra, sino de una actitud ante la vida que se hace evidente en el ajetreo de los puertos, en los mercados callejeros y en las reuniones de amigos, y que tiene en ese país una larga lista de practicantes, dentro de la cual ocupa un lugar prominente Aristófanes. Sin olvidar las monumentales mamadas de gallo de dioses a seres humanos, y viceversa.

El propio García Márquez, para quien el griego era "griego", a pesar de que conocía prácticamente de memoria la obra de Sófocles, y en particular Edipo Rey, no tuvo elementos para apreciar lo sonoro y poético de una traducción fiel como ninguna al talante de los originales. Pero confió generosamente en la traductora y apreció profundamente su esfuerzo, al punto que años más tarde, al encontrarse en Cartagena con la niña que alzó una vez en París le dijo: "si quieres saber quién soy yo, pregúntale a tu mamá, que me ha tenido que parir más veces que a ti".

Fui testigo excepcional de todo esto y tenía que reseñarlo con motivo de la partida del poeta, como llaman justamente en Grecia a los grandes escritores. Ahí queda vigente su memoria en el mundo helénico, donde vibra una pasión melancólica por nuestra América y arde una llama de admiración hacia Colombia gracias al escritor de Aracataca, cuyas páginas leen con deleite de paisanos los costeños del Jónico y el Egeo.

lunes, 28 de marzo de 2016

Enérgica defensa de la oralidad

Con la firma de un tal Juan Cruz, del diario madrileño El País, el 15 de marzo pasado se publicó la siguiente nota, que tiene como protagonista excluyente al poeta y narrador colombiano Darío Jaramillo. Para leerla en contexto hay que decir que entonces todavía no había pasado el Congreso de la Lengua que se celebró en Puerto Rico. Luego, nótese la falta de imaginación de quien haya titulado el suelto. Efectivamente, a los colombianos se les ocurren cosas. A los periodistas españoles, aparentemente, no.

El amor en los tiempos de la lengua


A los colombianos se les ocurren estas cosas. Cuando los congresos de la lengua empezaron a ser célebres, y a celebrarse, por cierto, fue un colombiano, Gabriel García Márquez, el que propuso que se le diera una patada a la sintaxis como para que la lengua empezara de nuevo, sin tantas letras como tiene, sin tantas complicaciones como le enseñaban a él en las escuelas, sin tantas preposiciones. Hubo quienes temblaron, pero las academias se lo tomaron tan bien que incluso invitaron luego a Gabo a que visitara la cuna de todas ellas, la sede de Felipe IV, en Madrid. Luego ya fue como un académico in péctore; pocos escritores tienen tantas entradas en las explicaciones del diccionario de autoridades como esta autoridad que fue autor de El amor en los tiempos del cólera.

Pues ahora ha sido otro colombiano, Darío Jaramillo Agudelo, el que se trajo en su mochila a un congreso, este que comienza el martes próximo, una píldora para despertar a los académicos antes de que empiecen a ocuparse de la lengua. Lanzó su gabada ayer mismo, hablando con la muy buena novelista Milena Busquets, la autora de También esto pasará; fue a mediodía y hablaron del amor y de la lengua, cuando la gente en Puerto Rico está distraída, pero relumbró lo que dijo: los académicos hablan mucho de la lengua, pero no se ocupan de ponerla en su sitio, físicamente hablando. Pues la lengua es una parte muy placentera del cuerpo, y no solo para escribir gracias a su poderoso influjo.

Sí, de eso habló Darío, el poeta: de que en el diccionario de la lengua no se dice ni media de algunos usos que la lengua, lo que tenemos en la boca para articular sonidos, también presta para gustar y para deglutir cuando casi nadie nos ve. Dijo el escritor colombiano, para abrir boca: “Que en un congreso de la lengua se proponga una mesa con el tema del amor, ineludiblemente lleva a establecer unas relaciones que, no por obvias o por salaces, deben dejarse de señalar. Sin prevenciones, para una mente menos zumbona que la mía, el amor y la lengua pueden querer aludir a las palabras para decir el amor y, en mi caso particular, la expresión poética del amor”. A lo que quería llegar Jaramillo era al “lado lúbrico (y lubricante) del asunto: la lengua como instrumento del amor, la lengua que no está modulando palabras de amor sino la lengua, cómo decirlo, ejecutando el amor. La lengua que besa, la lengua que lame, la lengua que chupa, la lengua que explora”.

A él mismo le parecía que este comienzo podría considerarse inadecuado para un congreso así, pero ya basta de pudores y denunció uno, el pudor del idioma castellano, “cuya pudibundez es casi beatería, pues transfiere a otros idiomas los nombres de las faenas de la lengua utilizada como instrumento de goce. Para precisarlo de una vez: salvo el beso, que tiene su palabra en nuestro idioma, quizás porque, como decía Juan Legido, ´el beso en España lo lleva la hembra muy dentro del alma`, salvo el beso, las más mentadas y deliciosas funciones eróticas de la lengua llevan su nombre en otros idiomas. Miné, fellatio, cunnun lingus son palabras sin equivalente exacto en español, que nos llevan a Francia y a la antigüedad latina para designar asuntos incorporados a nuestros más placenteros instintos sexuales”.

Acudió Jaramillo a una autoridad nueva en estos trances, la Wikipedia, que sí habla del “sexo oral”. “Por puro reflejo de quien rindió tantos exámenes”, explicó el poeta, “el sexo oral suena como lo contrario a sexo escrito. Pero no”. Y desde ahí se lamentó: “El habla adopta expresiones de otros idiomas para designar los usos de la lengua como potenciador del sexo. Para esas prácticas parece no haber nombres en el castellano de la academia. Se pone uno a buscar y resulta que la labor de los labios y de la lengua sobre el órgano sexual masculino se llamafelatio y la misma labor sobre el clítoris y la vagina también está bautizada con una expresión latina, cunnun lingus aunque también es llamada la miné. A propósito, en este contexto tengo que citarlo con regocijo, busqué en el DRAE la definición de miné y me dio un significado que podría muy bien ser una metáfora de la miné como actividad de la lengua salaz: “abrir caminos o galerías por debajo de tierra”.

Partidario de la igualdad en todo, también en los usos de la lengua, Darío Jaramillo hizo este reconocimiento que es también una protesta: “Debo reconocer que el diccionario de la Real Academia reconoce la castellanización de la felatio con la palabra felación, que define lacónicamente con cuatro palabras: ´estimulación bucal del pene`. Pero el Diccionario oficial comete una injusticia, una discriminación entre los sexos, pues ¿por qué se castellaniza la estimulación bucal del pene pero no se castellaniza la estimulación bucal de las intimidades de la mujer?”

Ese retraso para poner la lengua en los sitios por donde transita le sirvió a Darío Jaramillo a elogiar tanto el latín como “el habla del común” que van por delante en el acto de expresar “ese mundo lascivo y lujurioso del mismo instrumento del habla”.

No se detuvo ahí, claro, el poeta; para rematar este aperitivo lingüístico al congreso que dentro de nada amanece citó a grandes poetas (desde Quevedo y Lope a Vallejo y Rubén) para explicar hasta qué punto la poesía ha acariciado con maestría (y sin pudor, a veces) lo que el amor dice y no sólo con la lengua.

Fue un aperitivo exquisito que agarró a San Juan de Puerto Rico haciendo la siesta y quién sabe, hablando de amor, como estuvieron haciendo Milena Busquets y Darío Jaramillo. Gabo, que tanto escándalo logró, fue un conservador al lado de su paisano, que luego se fue a escuchar por la radio cómo el Medellín ganaba al fútbol. 

martes, 23 de febrero de 2016

García Márquez y sus múltiples traductores

El primer párrafo del artículo de  Margret S. de Oliveira Castro y Conrado Zuluaga, publicado  por la revista Arcadia, de Colombia, el 4 de marzo de 2014, es francamente horrible por lo pobre y remanido. Sin embargo, quien decida avanzar cn la lectura se verá recompensado al descubrir una serie de malas traducciones que tienen por excusa la obra de Gabriel García Márquez. Vale la pena entonces leer hasta el final.


Elogio a una traición

Hay un viejo dicho italiano que dice, Traduttore, traditore, es decir, “Traductor, traidor”. ¡Pobres traductores! De seguro preferirían que se dijera: “Traduttore, trasformatore”. 

En árabe, difieren en algunos aspectos las versiones, se le llamaba turyumano torjoman a quien se dedicaba al complejo arte de “interpretar” lenguas, es decir, al traductor.  Con el paso de los años la expresión en español se convirtió en truchimán o trujimán. Y de significar “intérprete” pasó a designar a la “persona sagaz y astuta, poco escrupulosa en su proceder”.

Y mientras en México ser un trucha es ser muy listo y taimado, y en Argentina y Uruguay significa falso, fraudulento, en Colombia el trucho es un tipo astuto, pícaro. En  El general en su laberinto García Márquez pone en boca de Bolívar la siguiente expresión: “Claro que todos son unos santos varones al lado del truchimán de Santander”. Los traductores de la obra al inglés, francés y alemán, tradujeron este truchimán como “bastardo escurridizo” en inglés; como “crápula” en francés –o sea, según la academia española, ‘hombre de vida licenciosa’– y, por último, como “tramposo” o “tunante”, en alemán. Aquí ya puede el lector hacerse una idea más precisa de las trampas insidiosas de la traducción. Ahora bien, a la luz de este ejemplo, ¿los traductores al inglés y al francés en la cuestión de “el truchiman de Santander”, traicionaron a García Márquez? Si bien es cierto que no le atinan con la precisión del traductor alemán, logran reflejar la carga negativa que encierra el término.

Y con ese consuelo se tendrán que conformar los lectores de García Márquez en Australia, Uganda y la Conchinchina. Y, claro está, todos los lectores monolingües. Porque sin la traducción no tendríamos acceso a gran parte del patrimonio literario mundial. Sólo a través de los aciertos y de las aproximaciones –que en muchas ocasiones son errores crasos de los traductores- es la única forma de acercarse a laa literaturas de otros idiomas, sin tener que aprender, al menos, una docena de idiomas. Es la única posibilidad de que aquellos talentos maravillosos que fueron capaces de recrear una atmósfera y penetrar una intimidad puedan ser leídos por lectores de otras latitudes, ansiosos por alcanzar, así sea desde la distancia insoslayable de la lectura, las alturas alcanzadas por esos creadores.

Así como los conductores cuentan con la Virgen del Carmen para que los libre de las acechanzas de la carretera y las imprudencias de los demás conductores, los traductores también cuentan con un santo patrón, San Jerónimo, para que los ponga a salvo de la exhuberancia lingüística de un autor o de la proliferación de expresiones de un idioma. San Jerónimo sostenía que bastaba con captar el sentido de la palabra en un idioma para poder traspasarla a otro. Para él todo era traducible. Por su parte, Gregory Rabassa, traductor al inglés de García Márquez, Vargas Llosa, Cortázar, Asturias y otros más –y del cual el Nobel colombiano ha dicho con una de sus frases pontificales que su versión de Cien años de soledad es mejor que el original en español– afirma que la traducción perfecta es imposible, que la gente pretende tener una reproducción exacta, pero lo más que el traductor puede lograr es apenas una aproximación. Sin embargo, se dice que fue gracias a las traducciones al inglés de Gregory Rabassa que fue posible la selección de García Márquez para el premio Nobel.

En cuanto a errores, hasta el traductor más experimentado puede cometer uno o varios desaciertos. El mismo San Jerónimo es responsable de uno de los más célebres en la historia. Al traducir el Antiguo Testamento del hebreo al latín, en el pasaje cuando Moisés desciende del Monte Sinaí con las tablas de la ley en sus manos, el libro de El Éxodo dice que el rostro de Moisés ‘brillaba’, ‘resplandecía’. Pero resulta que la palabra hebrea para brillo, resplandor, karán, tiene un gran parecido fonético con keren, que significa cuerno (recordemos que en hebreo se escribía sin vocales). El santo optó por la opción alterna y el pobre Moisés pasó de iluminado a cornudo. De ahí los dos pequeños cuernos que adornan la frente de Moisés en la prodigiosa escultura de Miguel Ángel en la basílica de San Pedro Encadenado en Roma. Sin duda, se trata de uno de los pocos errores de traducción inmortalizados en mármol, tal vez el único.

Después de eso hay que perdonar disparates como los siguientes:

•    En La mala hora, el empresario del circo declara “compramos a peso todo gato que nos lleven sin preguntar de dónde salió, para alimentar a las fieras”. Los traductores al inglés y al alemán tradujeron respectivamente: “compramos por libra”, el primero; “compramos según el peso”, el segundo. Aquí también, en la versión francesa el bollo limpio se transforma en tostada de pan blanco, las cananas en armas y un mosquitero de punto en mosquitero de encaje. En inglés será bordado.

•    Cuando en El otoño del patriarca se describe a los indios nativos, repitiendo el texto una frase de Colón: “son de la color de los canarios, ni blancos ni negros”, en inglés serán “canarios” como los pájaros. Eso sí, ni blancos ni negros. De la misma forma la burundanga se convierte en fruta (inglés), el coralibe en pescador de corales (alemán), la marimonda en homosexual (inglés), el rumbero en explorador (alemán), las tiendas en cantinas (francés) o carpas (alemán), las trinitarias no son buganvilias sino pensamientos (inglés y alemán), las cantinas de vereda son cafés con terraza (inglés), los labios yertos son delgados (francés y alemán) un zambapalo no es un riña o gresca sino una danza (francés e inglés) y las zapatillas no son zapatos de calle sino pantuflas (francés y alemán)

•    En Crónica de una muerte anunciada, el hermano del narrador “no olvidó nunca el trago mortal que le ofreció Pedro Vicario: “‘Era candela pura’, me dijo”. En la traducción francesa esa candela pura se convierte en cera hirviendo y el café cerrero en café de los cerros.

•    En El amor en los tiempos del cólera el lector se entera de que las mujeres de la clase de Fermina Daza “solían encerrarse en grupos a hablar de hombres y a fumar, y aun a beber aguardiente de a dos cuartillos hasta quedar tiradas por los suelos como una marimonda de albañil”.  No lo pondrán en duda ni un instante los lectores de la versión en inglés, en donde resultan bebiéndose hasta dos litros de aguardiente. Y las mujeres salen a la calle y soportan el sol abrasador del Caribe “sin más protección contra el sol que los paraguas de diario”. En la versión francesa dice literalmente “paraguas de papel periódico”.

•    En La mala hora “el camellón” donde los hombres se reunían a conversar, se convierte en la versión alemana en el abrevadero o bebedero de los animales.

•    En el cuento Blacamán el bueno, vendedor de milagros el narrador tiene “camisas de gusano legítimo”. Bien se sabe que eso significa que son de seda pura. Pero como en Cuba un “gusano” es un contrarrevolucionario, en la traducción alemana, Blacamán habla de sus “elegantes camisas de reaccionario”.

•    En El otoño del patriarca un “macaco” se convierte en la versión alemana en un “papagayo”, es decir que de mico se transforma en loro. Al viejo dictador “se le pasó la ventolera de preguntar si lo querían o no lo querían”. En inglés al patriarca se le pasó “la pedorrera”. Y la pava no es la mala suerte sino la hembra del pavo (francés y alemán).

•    En El general en su laberinto las “callecitas yertas” se convierten en la versión al inglés en “calles tiesas y angostas”. Y la mestiza en mulata (inglés), los zamarros son abrigos de lana de cordero (francés) y el huevo tibio no es ni frío ni caliente (francés y alemán).

•    En Los funerales de la mamá grande un personaje está tan peludo que parece un capuchino, pero ningún traductor lo asocia con el mono capuchino y lo traducen como religioso de la orden de san Francisco. Y los mamadores de gallo de la Cueva son criadores de gallos (inglés) o cebadores de gallos (alemán). Una franela no es una camiseta sino una camisa hecha de la tela de ese nombre (francés, inglés, alemán).

Esta relación podría eternizarse a la manera del cuento del gallo capón –una de las entretenciones en Macondo durante la peste del insomnio– pero como no se trata de elevar contra nadie un pliego de cargos, sino apenas de mostrar las dificultades insalvables que afrontan los traductores, es bueno recordar, aunque sea brevemente, otras desventuras de este oficio tantas veces vilipendiado.

Vera Székács, la traductora oficial al húngaro de toda la obra de García Márquez cuenta cómo tuvo que hacer grandes esfuerzos e intercambiar con el autor una nutridísima correspondencia para logar con éxito la traducción de Cien años de soledad, cuando todos los traductores del español de la editorial en donde trabajaba se negaron a hacerlo y debió ser ella quien afrontó el desafío y pasó de ser lectora en español a traductora oficial.

Los autores son conscientes de esos escollos que se les presentan a los traductores. A veces su opiniones ayudan, aunque a veces también confunden. En la edición brasileña deCien años de soledad hay dos episodios que ilustran esta circunstancia mejor que nada. En el último capítulo, cuando el sabio catalán pretende llevar consigo los baúles con sus cuadernos manuscritos, “se soltó en improperios cartagineses contra los inspectores del ferrocarril que trataban de mandarlos como carga,…” En la nota de pie de página dice: “Explicación del autor a la traductora: ‘Es una arbitrariedad mía: supongo que la lengua catalana es la misma que se usaba en Cartago, lengua fenicia de mercaderes malcriados. La traducción debe ser literal’”.

Unas páginas atrás, en el penúltimo capítulo la primera frase dice “Amaranta Úrsula regresó con los primeros ángeles de diciembre…” En la edición brasileña hay una maravillosa nota aclaratoria: “Explicación del autor a la traductora: ‘La traducción debe ser literal, porque todo el mundo sabe que los ángeles llegan en diciembre. ¿Acaso usted no los ha visto nunca?’”.