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martes, 9 de mayo de 2023

Nueva versión de Jean Genet reemplaza una anterior hoy considerada incompleta

El pasado 6 de mayo, la agencia española EFE publicó la noticia de una nueva edición de Diario del ladrón, de Jean Genet (foto), obra que circuló modificada respecto de su primera edición por el temor a la censura, tanto en Francia como en España. La noticia fue levantada por diversos diarios del mundo hispanohablante. Entre otros, La Vanguardia, de Barcelona, cuya versión se reproduce a continuación.

Publicado por primera vez sin censuras, Diario del ladrón de Jean Genet

La editorial Cabaret Voltaire ha publicado por primera vez el texto original de Diario del ladrón de Jean Genet sin censuras.

Según la editorial, "tras la reedición francesa en Gallimard-La Pléiade en 2021, siguiendo el texto original de 1948 y recuperando términos, frases y hasta párrafos censurados en su momento, se hacía urgente una nueva traducción de este monumento poético y erótico".

Dos son las ediciones "completas" de Diario del ladrón, la edición original y clandestina de 1948 (Skira) y la que se publicó oficialmente unos meses después, en 1949 (Gallimard).

La edición de Gallimard, señala Cabaret Voltaire, es el resultado de una revisión de la primera edición, solicitada por Gaston Gallimard a Jean Genet con el fin de evitar la censura.

Las diferencias entre las versiones de 1948 y de 1949 son relevantes, pues a veces conllevan la sustitución de palabras de significado sexual explícito por eufemismos; otras, la supresión de términos, frases y hasta párrafos enteros considerados pornográficos.

El caso de Diario del ladrón es especial, en comparación con sus otras obras, como Santa María de las Flores, Milagro de la rosa, Pompas fúnebres y Querelle de Brest, de las que sí se podían encontrar en las librerías francesas las versiones originales sin censurar.

Gallimard mantuvo en sus sucesivas reediciones la versión censurada de 1949, convertida en "versión corriente" hasta 2021, cuando dentro de la nueva edición de obras de Genet titulada Romans et poèmes, se incluyó el texto no censurado de Diario del ladrón de 1948.

La única traducción al castellano hasta hoy de Diario del ladrón era la de María Teresa Gallego e Isabel Reverte para la editorial Planeta, de 1976, que partía de la versión censurada de Gallimard de 1949, pero la versión española ejerció además una censura complementaria, de forma que "dicho texto quedaba realmente edulcorado y, si bien la calidad de la traducción permite apreciar la calidad poética del texto, ésta se ve muy mermada por el cercenamiento y la falta de fuerza erótica del mismo", sostiene el editor.

Por esta razón, Cabaret Voltaire decidió llevar a cabo una nueva traducción tras la reedición francesa en Gallimard-La Pléiade en 2021, obra de Lydia Vázquez Jiménez, catedrática de Filología Francesa de la Universidad del País Vasco (UPV/EHU).

A caballo entre el diario y la novela, Genet narra en Diario del ladrón las peripecias de un joven que recorre la España republicana de Barcelona a Cádiz buscando la belleza de los guapos chicos españoles, mientras trapichea con lo que puede para poder sobrevivir.

jueves, 30 de marzo de 2023

Lydia Vázquez Jiménes habla de Annie Ernaux

En la entrada del 7 de octubre de 2022 de este blog, publicamos un texto aparecido en la revista Letras Libres, de México, escrito por la española Lydia Vázquez Jiménez (foto), a propósito de su labor como traductora de Annie Ernaux. Ahora volvemos a la carga con otro texto de la misma autora y sobre el mismo tema, esta vez publicado por Campusa. Noticias de la Universidad del País Vasco.

Traducir la obra de Annie Ernaux

Comencé mi andadura como traductora literaria al mismo tiempo que me incorporé como docente e investigadora a la UPV/EHU, en el año 1989. Se celebraba el Bicentenario de la Revolución francesa y Alianza editorial pidió a Marta Lorente la edición crítica y a mí la traducción del Ensayo sobre los privilegios y Qué es el Tercer Estado del abate Sieyès, dos obras clave de aquel momento histórico. Desde entonces he compaginado mi labor como profesora de literatura francesa y de traducción literaria en los grados de Filología Francesa, Filología, Traducción e Interpretación, así como en los másteres de Traducción y de Estudios Literarios, con la de investigadora en literatura francesa del siglo XVIII, estudios de género y estudios animalistas, y con la de traductora.


Como traductora, me he acercado a escritoras y escritores de casi todas las épocas, desde el siglo XVII al siglo XXI, y he colaborado con diversas editoriales entre las más prestigiosas del Estado, como Random House, Planeta, ADE y, en particular, con Cabaret Voltaire, consagrada esencialmente a la publicación de libros en lengua francesa de los siglos XX y XXI.

Fue hace diez años cuando, en una conversación con los editores de Cabaret Voltaire, decidimos pedir los derechos de las obras aún no publicadas de Annie Ernaux, autora ya muy conocida en Francia, por haber recibido varios galardones y, entre ellos, el prestigioso premio Renaudot por El lugar, en 1984. Pero en España y en la América latina hispanohablante seguía siendo una desconocida. Apenas si algunas profesoras universitarias que abordábamos en clase obras de temática genérica la citábamos sobre todo por sus Armarios vacíos, su primer libro publicado (1974). A través de ese relato nos parecía asistir al nacimiento de un postfeminismo muy distinto del beauvariano y a una nueva forma literaria que se desmarcaba por su estilo, su lengua y sus contenidos de la "nueva novela" que aún marcaba la producción gala.

Así que acepté entusiasmada el desafío de su traducción, trabajo que llevo realizando con un promedio de algo más de un libro por año[1]. Y he de decir que puedo presumir de haber contribuido, si no a ese premio Nobel tan merecido, sí a divulgar su obra en el Estado y en América latina y a que hoy sea Annie Ernaux una de las escritoras actuales más leídas en castellano.

Al lanzarme a la primera de mis traducciones de las obras de Ernaux, La mujer helada (Cabaret Voltaire, 2015), enseguida me surgieron dudas de traducción, pues hay que decir que esa “lengua plana” en la que escribe la autora normanda supuso todo un desafío para la veterana traductora que era yo. Esa lengua aparentemente fácil puesto que perfectamente comprensible, carente de todo lirismo y de toda artificiosidad, me resultaba, al contrario, todo un reto a la hora de ‘trasladarla’ al castellano. Por su exactitud, matemática, o clínica. Cada palabra está escogida meticulosamente, cada coma está medida, los modismos, los regionalismos, los cambios de registro, todo está calculado concienzudamente. Y yo diría que ideológicamente. Por eso avanzaba despacio, muy despacio, con manos de plomo. Y, claro, tuve que recurrir a la autora, a quien envié correos electrónicos exponiéndole mis dudas. Enseguida me contestó, esclarecedora, amable, generosa, cercana. De forma que lo que comenzó como un intercambio “profesional” continuó como una relación de amistad que seguimos manteniendo hoy, tras viajar juntas a Formentor, para recibir el premio, a la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, para su homenaje, y después de reencontrarnos aquí y allá, también en su casa de Cergy. Y seguimos hablando de sus libros y mis traducciones, de mis dudas, a cada obra, pero también, y sobre todo, de la vida, de la suya, de la mía, de la de todos y todas, de política, del mundo, de viajes, de paisajes, de sus gatos, de mi gata… Y he de decir que el premio Nobel no la ha cambiado nada, no ha cambiado nada nuestra relación, al contrario. Sigue siendo la escritora genial y humilde, generosa y cercana que conocí.

Pero me gustaría volver a mi experiencia de la traducción de Annie Ernaux. En mi primer trabajo sobre su obra, avancé rápidamente. Su escritura, tildada de “blanca”, o de neutra, o de no literaria… esa escritura que ella misma comparaba a la que usaba para escribir una postal a sus padres, me parecía, si no fácil, sí "transparente", y en ese sentido, sin ambigüedades, sin esa confusión que a veces rodea un texto y que nos hace difícil su comprensión. Porque para leer un texto no hay por qué entenderlo todo, cada una de sus palabras, pero para traducirlo, sí. En ese sentido, yo entendía, salvo excepciones rarísimas, todo lo que esta escritora decía con cada una de sus palabras. De vez en cuando algún término normando me descolocaba’ pero afortunadamente existen diccionarios de normando-francés que me solucionaban el problema puntual.

Sin embargo, fui dándome cuenta, a medida que me adentré en el primer texto, y luego en el siguiente, y en el siguiente, y en el siguiente… de la dificultad de la escritura de Ernaux. Me di cuenta al releerme y ver que el español que estaba utilizando no se parecía en nada al que había usado hasta entonces, ni como escritora ni como traductora. Estaba inventando un español nuevo para un francés distinto. Encontraba a cada paso palabras conocidas, ciertamente, pero que, puestas ahí, me parecían no estar en su sitio. Iba entonces a verificar al diccionario francés, en general el Littré, que es el que más uso, aunque a veces también echo mano de los académicos o de otros, como los históricos o los etimológicos, y me daba cuenta de que esa palabra que yo creía conocer tenía otra acepción, en general más importante que la vulgarmente conocida, que era la que utilizaba la escritora. Así, poco a poco, fui enriqueciendo mi diccionario francés personal, no tanto con palabras nuevas, o raras, como con significados nuevos que daban un "espesor", una "densidad" a las palabras para mí desconocida hasta entonces.

También fueron apareciendo las dificultades de la traducción de la escritura autobiográfica, o socio-autobiográfica, como ella la denomina, pues, lejos de ser una escritura ombliguista, su preocupación reside, al contrario, en contar lo que tienen en común los dramas y aventuras de su vida con los nuestros. Y he de decir que acierta de lleno, tanto cuando habla de su condición de tránsfuga social, de su “vergüenza” social, como de su aborto clandestino, de su cáncer de pecho, del alzhéimer de su madre… O del siglo XX tal y como lo vivieron los suyos, las suyas, en Los años, su obra magna, para mí. Así pues, Annie Ernaux citaba constantemente, como parte del tejido autobiográfico, canciones, libros, películas, programas de radio, de televisión que, o yo desconocía, o si conocía, por mi tiempo vivido en Francia o por mis estudios, tenía que rememorar para poder incorporarlos como vivencias para poder traducir bien. Ni que decir tiene que la traducción se hizo más lenta, pues prácticamente en cada frase había una, dos o más puertas que tenía que abrir para ver lo que había dentro, antes de proseguir. Por suerte, Google nos ha facilitado mucho esa tarea a los traductores y las traductoras, pero, aunque todo pueda “encontrarse”, se pasa (que no “se pierde”) mucho tiempo leyendo los libros, escuchando las canciones, viendo las películas de Annie.

Además, está el problema de la adaptación. Con nuestra escritora no cabe sino adaptar porque por desgracia el lector y la lectora hispanohablantes no están familiarizados ni con el sistema educativo francés, ni con los anuncios de la tele gala, ni con toda esa cultura popular y general que comparten el lectorado del país vecino con la autora. En muchos casos basta con añadir el intérprete, o el autor, pero en otros casos hay que buscar el equivalente en España, y eso no siempre es fácil. Aunque puede convertirse en un juego, como cuando hay que encontrar un anuncio que tenga la misma sonoridad, el mismo ritmo o una rima similar. Tengo que reconocer que, aunque no siempre es fácil, suelo divertirme mucho buscando. En Los años (2008), por ejemplo, los jóvenes hablan al revés, en “verlan”’, es decir al “verrés”, para no ser entendidos por los adultos. Aunque no es una práctica tan extendida en España como en Francia, el fenómeno sí existió, al menos en mi niñez, y nos gustaba hablar al “verrés”, y nos contábamos el cuento de la “tacirupeca jarro” y nos reíamos de nuestra amiga que se llamaba “Sarro”. Así que decidí adoptar el verrés, aunque el lector pueda verse un poco sorprendido al principio, porque estoy segura de que va a entender el mecanismo, lo que le permitirá comprender mejor el fenómeno en Francia.

Así que cada vez me cuesta más traducir a Annie Ernaux. Porque he comprendido la gran dificultad de su escritura, una escritura donde cada palabra pesa un kilo, por lo menos, y está escogida a conciencia. Pero cada vez me gusta más. Quizá demasiado. Y con ello querría concluir reflexionando sobre lo que yo he bautizado como ‘la paradoja del traductor’, acordándome de Diderot, autor del que he traducido, entre otros textos, su maravillosa Paradoja del comediante.

Sabemos que Marthe Robert, la extraordinaria traductora de Kafka al francés, cayó hasta tal punto bajo la influencia del escritor, que durante muchos años no pudo escribir sus propios libros. Hasta que, como ella mismo afirmaba, pudo alejarse de él, pero no sin pena, porque, decía, “Kafka es un gran seductor”, “¡un espíritu tan fraternal!”.

Lo mismo me sucede a mí: Annie Ernaux posee todo lo necesario para seducirme, como docente, como escritora, como mujer de una misma época y lugares similares. Porque, como ella misma dice, pone palabras a experiencias y sentimientos que no había sido capaz de verbalizar antes. Y, sin embargo, intento desprenderme de ese papel de lectora y alejarme de Annie, porque pienso que el traductor es una especie de médium, como el comediante, y creo, con Diderot, que el mejor actor no es el que se identifica con el personaje, el que se confunde con él fundiéndose en él, porque su interpretación será irregular, dependiendo de su estado de ánimo de cada día. Para Diderot el buen comediante es, paradójicamente, el que nunca pierde de vista, en plena actuación, que él es él interpretando a un personaje, porque solo así, independientemente de su estado de ánimo, tendrá una interpretación regular, la buena.

Pues bien, como traductora me esmero en no identificarme con el escritor o la escritora que traduzco: solo así creo que traduzco de manera uniforme, con la sangre fría necesaria para decidir en cada momento la buena palabra, la expresión acertada. Pero si con otros autores a los que traduzco lo tengo fácil, he de reconocer que me cuesta mucho alejarme de Annie, porque me seduce, porque la siento como a una hermana.



[1] Lista de los libros de Annie Ernaux traducidos por mí y publicados por Cabaret Voltaire: https://www.cabaretvoltaire.es/annie-ernaux.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Más libros de Annie Ernaux traducidos en España, Argentina y Chile

El pasado 10 de diciembre, Ana Clara Pérez Cotten publicó en el sitio de la agencia TELAM el siguiente artículo, a propósito de las traducciones al castellano de Annie Ernaux, último premio Nobel de Literatura.

Con nuevas ediciones y traducciones, la obra de la Annie Ernaux conquista las librerías

Dos meses después de que se anunciara el premio Nobel de Literatura para la escritora francesa Annie Ernaux, varios de sus libros comienzan a circular de forma masiva en la Argentina, importados o con ediciones que por primera vez se imprimen en Sudamérica, generando una nueva cosecha de lectores, traducciones y una resignificación de su obra.

Tras el anuncio del Nobel, muchos lectores –curiosos por conocer a la autora premiada por la Academia Sueca o envalentonados por la gran maquinaria de marketing y promoción que enciende un premio de esa categoría– acudieron a las librerías para adquirir su primer Ernaux. Y aunque las librerías locales son conocidas internacionalmente por su riqueza y variedad, los ejemplares de la escritora francesa disponibles eran pocos y desaparecieron del mercado en horas.

En verdad, sus libros –breves, que componen un sistema y que tienen la particularidad de inscribirse en un terreno de la autoficción que también puede dar cuenta de una sensibilidad anclada en lo colectivo– eran leídos por los lectores argentinos antes del galardón. ¿Cómo? En las ediciones de Gallimard quienes accedían a leer en francés, en volúmenes editados en español por Cabaret Voltaire (en hermosas ediciones pocket pero con costo en euros) y masivamente en formatos pirateados para ebook que se suelen multiplicar al ritmo del boca en boca, una práctica usual pero ilegal que atenta contra la industria editorial y los derechos de autor. El acontecimiento editado por Tusquets, en el que narra su experiencia de aborto clandestino cuando era estudiante, estaba disponible y, tras el premio, la editorial reimprimió La vergüenza y El lugar.

Además de esas opciones, en las librerías estaba la edición de Diario del afuera (1985–1992) y La vida exterior (1993–1999), el libro de Ernaux publicado en conjunto por Milena París y Milena Caserola, dos editoriales independientes que surgieron juntas y que fueron las primeras de América Latina en difundir a la laureada escritora francesa sin utilizar la traducción de España. Ese texto, traducido por la argentina Sol Gil, reúne diarios “éxtimos” donde ella relata escenas de la vida cotidiana de los anónimos que encuentra entre París y la banlieue, los suburbios.

“Había leído sólo Pura pasión. Pero en 2013 conocí a Sol Gil y ella me habló mucho de la autora, de su obra. Me comentó, en aquel momento, sobre un libro que nunca había sido traducido al español”, cuenta a Télam Anne Gauthey, responsable de Milena París. “El texto con el que trabajamos de alguna manera fotografía al lenguaje, por lo cual el tema de la traducción al rioplatense era un asunto importante. Nuestra edición fue, además, una forma de darle luz y lugar a un traductor literario”, sostiene sobre una dinámica que incluso les permitió a ambas visitar a Ernaux en Cergy–Pontoise, una ciudad que nació en los 60 y que eligió para vivir. Las fotos del volumen retratan la ciudad y las tomó la hermana de Gauthey, quien defiende la importancia de las imágenes en los textos de una autora que considera que “la fotografía juega el valor de la memoria”.

Miguel Lázaro y José Miguel Pomares de la editorial española Cabaret Voltaire festejaron el galardón a Ernaux con saltos y gritos, como si fuera un gol mundialista.

El Nobel vino a refrendar la línea editorial del sello, que es la literatura francesa, con una mirada atenta también a la literatura de los países del Magreb, en especial Marruecos. En su catálogo hay otro Nobel, Patrick Modiano, y autores reconocidos como Leila Slimani, ganadora del Premio Goncourt en 2021

Siempre con la traducción de Lydia Vázquez Jiménez, la editorial española publicó una decena de títulos de la autora entre los que están Los armarios vacíos, Pura pasión, La mujer helada, Los años y La ocupación. Sin embargo, por cuestiones de costo y de distribución, no estaban disponibles para los lectores argentinos cuando se conoció el premio. Recientemente, la librería y distribuidora Waldhuter logró que dos de esos volúmenes (Los años y Una mujer) se impriman en el país, una estrategia que posibilita su distribución. “Conjuntamente con Cabaret Voltaire discutimos qué títulos y por ahora elegimos esos dos. Seguramente en marzo se publique también Los armarios vacíos. Y la idea es ir sumando más de su obra”, adelantó a Télam Ian Waldhuter.

Con las novedades de diciembre que lleguen a las mesas de las librerías, habrá otro Ernaux. La otra hija, editado por el sello chileno Los libros de la mujer rota y distribuido por Big Sur, ya se puede conseguir.

“Elegimos La otra hija porque nos la recomendó la fallecida escritora peruana Patricia de Souza. Patricia era cercana a Annie y además conocía toda su obra. Me recomendó comenzar a leerla y que ella misma podría encargarse de la traducción de ese libro. Con los años, nos contactó con la autora, firmamos contrato, comenzamos la traducción, pero lamentablemente a los meses Patricia falleció en 2019”, cuenta a Télam la editora y escritora chilena Claudia Apablaza sobre cómo se gestó el proyecto editorial que hoy llega a nuestro país en forma de libro. Sabía ya entonces que la obra de Ernaux, y en particular este libro, dialogaban muy bien con el catálogo del sello, que publica autoras que trabajan un tipo de literatura que hace conversar la memoria personal con el registro colectivo.

“Durante todo el 2020 dejamos detenido el proyecto. Después de vivir el duelo de la partida de nuestra amiga y autora Patricia, retomamos conversaciones con la editorial francesa y con la autora. Comenzamos a trabajar con Galo Ghigliotto en la traducción y obtuvimos el fondo Gabriela Mistral del Instituto chileno francés para la edición”, concluye. Para Apablaza, La otra hija es un hito en la obra de la autora porque “articula la memoria familiar, la frontera entre la autobiografía y la ficción y también la representación del dolor”.

La obra de Ernaux –quien en su discurso de aceptación del Nobel leído el jueves en Estocolmo consideró que el premio no era “una victoria individual” sino en cierta manera, un victoria colectiva” con quienes “desean más libertad, igualdad y dignidad para todos los seres humanos, independientemente de su sexo o género, del color de su piel y de su cultura” –se encamina a una circulación más masiva y accesible en nuestro país. La difusión de su literatura abrirá además la posibilidad de nuevos contratos de traducción y edición. Todo un movimiento editorial que, sin dudas, generará una cosecha de nuevos lectores e interpretaciones vitales y renovadas de la obra de Ernaux en América del Sur.

viernes, 11 de noviembre de 2022

"Los libros de Annie Ernaux son verdad, una verdad profunda, que desvela lo mejor y lo peor de nosotros y nosotras"

Lydia Vázques Jiménez
El pasado 7 de octubre, la española Lydia Vázquez Jiménez, traductora al castellano de todos los libros de Annie Ernaux publicó el siguiente artículo sobre su trabajo en Letras Libres, de México.


Traducir a Annie Ernaux

Hace ocho años empecé la maravillosa aventura de traducir los libros de Annie Ernaux. Entonces era una autora apenas conocida en España. Cabaret Voltaire apostó por ella con ese buen ojo que tienen Miguel Lázaro y Pepe Pomares y me encargaron La mujer helada que se publicó unos meses después. Ya entonces, durante el laborioso y fascinante trabajo que supone trasladar las palabras de Annie Ernaux a nuestra lengua, tuve muchas dudas. No era por inexperiencia, pues mi ya larga andadura como traductora se remonta a 1989 cuando Alianza editorial me encargó Qué es el tercer Estado de Sieyès y desde entonces he trabajado ininterrumpidamente en mi esfuerzo por dar a conocer autores y autoras en lengua francesa en nuestro país y en América Latina. Pero había algo en esa lengua de Ernaux, aparentemente tan sencilla, que me hacía dudar a cada momento. Así que pedí a Miguel y Pepe, los editores de Cabaret Voltaire, que me pusieran en contacto con la escritora para poder aclarar el sentido exacto de esta o aquella frase. Ahí comenzó otra maravillosa historia en mi vida, mi amistad con Annie, que ha ido consolidándose a lo largo de este periodo.

¿Qué tiene, pues, esa escritura ernaldiana para que se resista a sus traductores y traductoras? Yo diría que tras esa apariencia “blanca”, como la califican en el país vecino donde nació y donde reside, su prosa es exacta, casi matemática. Cada palabra es la palabra justa, la que hay que decir, escribir en cada momento, esa y no otra. De suerte que como traductora tengo el deber profesional y moral de hacer lo mismo, encontrar, en castellano, la palabra adecuada, que es una, siempre, y no otra. Esa búsqueda me lleva tiempo, mucho, y un rico intercambio de mails con la autora, donde siempre irrumpe lo personal, de manera natural, porque desde hace ocho años y diez libros nuestras discusiones aparecen salpicadas de noticias sobre mi gato, o ahora mi gata, sus gatos, sus viajes y los míos, el mundo y sus dramas, la política francesa o la española, la comida que acaba de cocinar y la que he probado yo aquí o allá. A su universo literario se superpone pues otro afectivo, sensual, ideológico, que nos acerca, y me da calor y fuerza.

Porque Annie Ernaux tiene esa energía que se transmite a través de sus libros como de las conversaciones con ella, escrita o, aún mejor, de viva voz. De forma que no creo exagerar si digo que mi definitiva vocación como traductora, por encima de mi actividad como docente universitaria y como investigadora en el siglo XVIII, en cuestiones de género o animalistas, se forjó desde que inicié mis traducciones de las obra de Ernaux.

La mujer helada, el primero de los doce libros que a día de hoy he traducido de Annie Ernaux, fue para mí un shock. Era un libro feminista sin serlo. O, mejor dicho, un libro feminista “de otra manera”. No estaba escrito desde la perspectiva de la “mujer fuerte” a la que estábamos acostumbradas desde Simone de Beauvoir, sino como la constatación de una realidad tan familiar para muchas mujeres como alienante: la de la mujer casada y con hijos que ha visto truncados todos sus proyectos vitales personales para poder ser una buena esposa y madre.

Esa fue la primera pieza del puzzle vital y escritural de Annie Ernaux (yo había leído Los armarios vacíos, pero no como traductora sino como profesora de literatura francesa) que me llevó a descubrir que ni yo ni tantas otras mujeres estábamos solas en nuestra difícil andadura por este mundo. Que también, como muchas de nosotras, había pasado por un divorcio, o por cosas tan terribles pero tan comunes como una violación, un aborto, un cáncer de pecho, o la vergüenza de pertenecer a una clase humilde a la que casi todo, incluidos los estudios, le resulta inaccesible. Su relación con la familia, con la sociedad, aparecía así desgranada libro a libro, y su personaje de Denise Lesur se convirtió en el de Annie Ernaux, sin tapujos, no por ego personal, ni por necesidad ombliguista de hacernos partícipes de sus angustias personales, sino para comunicar al mundo lo que tantas mujeres hemos vivido, estamos viviendo y seguiremos viviendo.

Esta constelación socioautobiográfica, como podría llamarse a la imponente obra de Annie Ernaux, no solo nos ayuda a no sentirnos solas, no solo nos da fuerzas para seguir adelante en nuestra vida y en nuestro quehacer cotidiano, sino que supone un referente inusual en el panorama literario mundial, que es el de decir la verdad.

Porque ante todo los libros de Annie Ernaux son verdad, una verdad profunda, que desvela lo mejor y lo peor de nosotros y nosotras, por eso cada palabra suya pesa tanto, porque carga con todo el peso de la verdad. Una verdad no disfrazada, no embellecida, no manipulada, la verdad pura y dura, expuesta a la luz cenital más cruda. Sin pensar en qué dirá la sociedad, su familia o sus lectores y lectoras. Y no es que a Annie no le importen sus lectores, al revés. Le importan mucho más que todos los premios, que este premio Nobel tan merecido. Pero precisamente por eso, porque se debe a su público sobre todo, su deber como escritora comprometida con la causa de las mujeres y los oprimidos es decir toda la verdad, pese a quien pese.

Desde su adolescencia Annie empezó a escribir un diario íntimo que no ha dejado de rellenar ni un solo día desde entonces en su ya larga vida, página a página, con todo lo que le sucedía, con todo lo que veía, desde lo aparentemente más superficial, como la compra en un hipermercado hasta lo más doloroso como el alzhéimer y la muerte de “una mujer”, su madre; desde los detalles más escabrosos de su aborto hasta su pasión amorosa más obsesiva, para luego hacer de cada uno de esos cuadernos del día a día libros, con una elaboración propia de la gran escritora que es. Sus libros trasladan una verdad sin maquillaje, la palabra exacta de Annie Ernaux, pero también de tantas mujeres con ella, en el momento exacto en que lo vivía, sin modificar recuerdos ni travestirlos. Por eso sus libros son, además de maravillosos monumentos literarios, testimonios de una vida que ha recorrido los grandes eventos del siglo XX y de nuestro presente, de forman que son nuestra memoria, y como tales hemos de conservarlos y respetarlos. Y, sobre todo, leerlos. Esos, sin duda, nos hará mejores. Por lo menos a mí, su traductora, su “mejor lectora”, sí me ha hecho mucho mejor. Y aunque ella sostenga lo contrario de su obra, de la que dice que ayuda a ser más lúcido pero no más dichoso, también me ha hecho más feliz.