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lunes, 1 de noviembre de 2021

Manguel en el Collège de France: las cosas ya no son lo que eran

El Collège de France fue fundado en 1530, con el objeto de enseñar el griego, el hebreo, el árabe y las matemáticas, disciplinas de las que no se ocupaba la Sorbonne. Considerado como una de las instituciones de enseñanza superior más prestigiosas de Francia y del mundo entero, se llamó Collège Royal, Collège des trois langues, Collège national y Collège impérial.

Toda esa prosapia hoy puede cuestionarse ya que el 30 de septiembre pasado, Alberto Manguel, quien fue obligado a renunciar a su cargo de director de la Biblioteca Nacional por motivos de salud y dos meses después daba conferencias pagas en cruceros por el Mediterráneo,  fue invitado, en el marco de la cátedra anual recientemente creada y de la cual es el primer beneficiario, para dar la lección inaugural de esa institución, lo que permite suponer algo así como una devaluación del pensamiento francés. 

El tema es “Europa, el mito como metáfora” y el título de la conferencia del charlista “argentino-canadiense” (así se presenta, a pesar de haber nacido en Buenos Aires, pasado su infancia en Israel y vuelto a la ciudad durante la adolescencia donde, según su propio testimonio incansablemente repetido y usufructuado, fue lector de Borges) es “L'invention de l'Europe par les langues et les cultures”. Especialista en refritos de textos ajenos, seguramente habrá sido convenientemente aplaudido. Oh là là !

Desde este modesto blog, les deseamos la mejor de las suertes a los franceses.

viernes, 18 de septiembre de 2020

Manguel y la donación de sus cuarenta mil libros


En un mundo donde la información está mucho más al alcance de la mano que en otras épocas, paradójicamente muy pocos se preguntan quién es quién. Por lo tanto, todo se acepta como bueno sin que medie reparo alguno. Sin embargo, resulta saludable detenerse de tanto en tanto a verificar datos y recurrir a fuentes que nos permitan, comprobar la veracidad de ciertos hechos, detrás de los cuales se sostienen las reputaciones.  Nada mejor entonces que someter a examen a los personajes públicos, cuando sus actos a veces resultan desconcertantes. Es el caso de  Alberto Manguel, quien ha decidido donar su biblioteca personal, no a Buenos Aires, donde dice que se formó, ni a Quebec, donde se inventó como escritor canadiense, sino a Lisboa, donde lo espera la dirección de un centro dedicado a la historia del libro.

De lo bueno a lo conveniente

En el siglo de la divulgación, resulta natural que Alberto Manguel deba su celebridad, no a las ficciones que escribió (6 para más datos), sino a sus  obras de no ficción (20, además de 14 antologías dedicadas a escritores de distintas épocas y nacionalidades). Sus obras sobre la lectura y el libro, acaso las más destacadas, repiten los conocimientos acumulados por intelectuales e investigadores de todo el planeta quienes, desde San Agustín, por mencionar un antecedente esencial y remoto, alumbran ideas sobre el libro como metáfora, como culto, como fetiche. Manguel añadió a esta secuencia la capacidad de un influencer, el mérito de convertir la lectura, su historia y artificios, en un tema de moda.

No es lo único. Lo precede un mito fundacional: haberle leído a Jorge Luis Borges siendo adolescente. Manguel recuerda esta circunstancia con profusión en entrevistas y libros. Sin embargo, y acaso para su desdicha, no quedó registrada en ninguna de las biografías dedicadas al autor de El Aleph. Ni Emir Rodríguez Monegal, ni James Woodall, ni Edwin Williamson la mencionan. Tampoco quienes formaron parte del círculo íntimo del escritor y que luego ofrecieron el extenso testimonio de la amistad “conversada”: ni María Esther Váquez, ni Alicia Jurado, ni Néstor Ibarra, ni Victoria Ocampo, ni Norman Thomas di Giovanni, ni Fernando Sorrentino, ni Roberto Alifano mencionan a Manguel. Tampoco hay fotografías. Sólo Bioy alude a Manguel en testimonios más tardíos (martes 3 de diciembre de 1968; miércoles 27 de octubre de 1971; sábado 6 de mayo de 1972; jueves 8 de marzo de 1979; sábado 17 de marzo de 1979; miércoles 30 de mayo de 1979), pero en ellos no se refiere nunca a las visitas al departamento de la calle Maipú, epifanía iniciática que Manguel nos recuerda cada vez que puede.

Buscando al azar de Internet, uno encuentra, por ejemplo, una entrevista con el poeta y crítico literario español José Luis García Martín. Allí se lee: “Estudiante todavía de bachillerato, a los quince o dieciséis años, [Manguel] necesitaba dinero para comprar libros, así que llamó a las tres o cuatro librerías inglesas y alemanas de Buenos Aires en busca de trabajo. Le aceptaron en la librería Pigmalión. A ella iban a comprar libros ingleses y alemanes todos los grandes escritores argentinos, entre ellos Borges, que ya estaba ciego y que le sugirió que le visitara de vez en cuando para leerle algunas páginas” (puede comprobarse en la edición del periódico asturiano La Nueva España, del 14 de abril de 2011(1).

También, cuando Manguel presentó su libro sobre Borges en el Malba, contó: “A veces me abría Fanny, la mucama, a veces me abría él. Estaba vestido de traje, corbata, con el bastón y el pañuelo perfumado. No había charla de ningún tipo: ‘Buenas noches, vamos a leer Kipling’. Nos sentábamos en dos sillones y empezábamos. No se hablaba de nada que no fuese literatura”. (2)

El testimonio se amplía en el libro en cuestión: “Borges venía a Pigmalion al caer la tarde, en el camino de regreso de su trabajo como director de la Biblioteca Nacional. Un día, luego de seleccionar tres o cuatro libros, me preguntó si no podía ir a leerle por las noches, siempre que yo no tuviese otra cosa que hacer, dado que su madre, que había cumplido ya los noventa, se cansaba con facilidad. Borges solía pedirle esto casi a cualquiera: a estudiantes, a periodistas que iban a entrevistarlo, a otros escritores. Existe un vasto grupo compuesto por todos aquellos que alguna vez le leyeron: pequeños Boswells que raramente conocen la identidad de los otros pero que, de forma colectiva, mantienen la memoria de uno de los más cabales lectores del mundo. En aquella época, yo desconocía su existencia; tenía dieciséis años. Acepté y tres o a los sumo cuatro veces por semana, visitaba a Borges en el estrecho departamento que compartía con su madre y con Fanny, la mucama”. (Alberto Manguel. Con Borges, traducción de Eduardo Berti, Buenos Aires, Siglo XXI, 2016)

¿Por qué hace falta contar la misma historia? Tal vez porque una historia, para adscribirse a la categoría de mito, necesite ser repetida muchas veces. Ahora bien, si ese mito se difunde donde no pueda enmarcárselo en su correspondiente contexto —haber sido uno entre los muchísimos lectores de Borges, un nombre que, se sabe, abre puertas—, los beneficios pueden ser exponenciales. De hecho, para Manguel lo fueron.

Con todo, hay cabos sueltos. Uno de ellos tiene que ver con Black Water, una célebre antología que editó en 1983. Hasta entonces, fuera de unos pocos libros —Variaciones sobre un tema de Durero (1968), Variaciones sobre un tema policial (1968), Antología de literatura fantástica argentina (1973) y Guía de lugares imaginarios (1980), primer libro exitoso, que firmó con Gianni Guadalupi—, Manguel había desarrollado una discreta reputación, tanto en el ámbito periodístico, como en el pequeño mundo editorial. Black Water en cambio fue un éxito. Se trata de una antología de relatos fantásticos firmada por el lector de Borges. Salvo que, en palabras de Adolfo Bioy Casares, es un refrito de una antología que él y Borges estaban preparando a pedido de… Manguel.

Revisando los detalles de esa historia, nos enteramos de que, “en 1979 [Borges y Bioy] recibieron la propuesta de compilar una nueva Antología de la literatura fantástica. Para este Handbook of Fantastic Literature, Borges y Bioy escribieron un prólogo y prepararon un índice. En marzo de 1980, Alberto Manguel les comunicó que el libro sería editado por Lester & Orpen Dennys, de Toronto, a principios de 1981. Finalmente, en 1983, Manguel publicó en dicha editorial, bajo su exclusiva autoría, la antología Black Water.”(Adolfo Bioy Casares, Borges, Buenos Aires, Emecé, 2006, pág. 1528). El volumen, que tiene varias ediciones, reproduce en gran parte la lista de autores de la Antología inicial y también varios de aquellos relatos. Completan la selección otros escritores que fueron incluidos inusitadamente en la traducción norteamericana (Viking Penguin, 1988) de la obra de Borges, Bioy y Silvina Ocampo. Y otros que el presente considera ‘encantadores y brillantes’ o, con palabras de Pierre Bourdieu, nacidos de los bombos mutuos”. (Anna Gargatagli, en El hilo de la fábula. Revista anual del Centro de Estudios Comparados, Universidad Nacional del Litoral (16), 49–60). Si quedaran dudas de los dichos de Bioy y de su confirmación por parte de Gargatagli, puede recurrirse al cuadro comparativo que Daniel Martino se tomó el trabajo de realizar entre la obra que prepararon Borges y Bioy y la antología que firma Manguel. (3)

Los datos biográficos de este último son  parte de un rompecabezas al que a veces le faltan piezas y a veces le sobran. Como se trata de un individuo público, algunos de ellos están consignados en diversos artículos de las distintas versiones de Wikipedia (por caso, las versiones en castellano, inglés y francés) que no suelen coincidir ni son suficientes. Ésas y otras fuentes señalan que nació en 1948 y que pasó sus primeros 7 años en Israel, donde su padre, Pablo Manguel —uno de los “judíos de Perón”, tal como lo describe el historiador israelí Raanan Rein, en su libro Los muchachos peronistas judíos (Buenos Aires, Ed. Sudamericana, 2014)—, fue embajador de Argentina para convencer a los israelitas de que Perón no era antisemita.

Según el mismo Manguel, aunque sus padres sólo hablaban castellano (y algo de francés), él aprendió inglés y alemán con su niñera Ellin Slonitz. Si las fechas son correctas (y todos los artículos parecen coincidir al menos en eso), vivió en la Argentina entre 1955 —que, como se recordará, es la fecha del golpe de estado contra Perón, el protector de su padre— y 1967, lo que implica que se fue del país a los 19 años. En esos años porteños, fue que conoció a Jorge Luis Borges en la librería Pigmalion, etc.

Después, se fue a vivir un tiempo en París, volvió a Buenos Aires –donde trabajó en el diario La Nación y en las editoriales Kapelusz y Galerna–, viajó a Milán e ingresó en la prestigiosa editorial de Franco Maria Ricci. Posteriormente, en 1976, se fue a Tahití para trabajar en Les Éditions du Pacifique –editorial dedicada a los libros de viajes, fotografía y gastronomía–, lo que lo llevaría de vuelta a París y nuevamente a Tahití, hasta 1982. Ese año se mudó a Toronto, donde vivió hasta el año 2000.

Volviendo al artículo de García Martín antes citado, “Tras un matrimonio, que acabó pronto, el encuentro más decisivo de su vida se narra de esta aséptica manera: ‘A comienzos de los años noventa, conocí a Craig Stephenson. Él era profesor en un liceo y había preparado una antología de literatura internacional para las escuelas. Quería que yo le escribiera el prefacio. Así nos conocimos. Poco después, Craig quiso seguir estudios de psicoanálisis en Zurich. Decidimos entonces instalarnos en Europa durante el tiempo que le demandaran sus estudios’.” Y así parece ser que, en 2000 Alberto Manguel llegó a Francia procedente de Canadá, con Craig Stephenson..

Alberto Manguel en su residencia de Mondion
Ese año, Manguel se instaló en Mondion, no lejos de Chatellerault, en la comuna de Vienne, a unos 35 km. de la ciudad de Lyon. Quince años más tarde, se vio obligado a irse, dejando atrás su biblioteca de más de treinta mil volúmenes. Interrogado en ese momento por el diario La Nouvelle République, manifestó: “No quiero entrar en detalles, pero me voy, sobre todo, por una cuestión administrativa”. Luego, en la misma nota, despotricaba sobre la falta de lógica de la administración francesa, algo que, según él, no debería suceder en un país que se dice cartesiano. La nota, firmada por Franck Bastard concluía con una aclaración: “El escritor esta en conflicto desde hace varios años con la administración fiscal francesa que le reclama un impuesto impago, aunque él asegura estar en regla. La cuestión está en manos de su abogado” (4)

La publicación de este artículo desató la ira de Manguel, quien, aparentemente, amenazó al periódico con un juicio. No obstante, la noticia ya se había instalado y, de tanto en tanto, vuelve a aparecer, como en la nota firmada por Chantal Guye, en la página digital de La Presse, del 7 de febrero de 2019. Allí se lee: “Problemas con la burocracia francesa obligaron a Alberto Manguel a trasladar su preciada biblioteca, cuyas obras se encuentran actualmente en el almacén de Éditions Leméac [de Quebec]. Un drama para este amante de los libros, que quiere legar su colección a Quebec”.(5)

Los problemas con la burocracia francesa a los que se refiere la autora son la falta de pago de impuestos por la propiedad que Manguel tenía en Mondion, durante los años en que enseñó en la Faculté des Lettres de la Université de Poitiers. Eso, en su momento, le significó no poder retirar los libros de su casa que, para más datos, era un antiguo presbiterio refaccionado. En un artículo de William Irigoyen, publicado en L’Orient Littéraire, n° 166, (6) se lee que Manguel, obligado “a salir de Francia por motivos fiscales, tuvo que volver a embalar su biblioteca”. Los medios franceses prefirieron señalar que por “razones administrativas de las que no quiere hablar, Alberto Manguel tuvo que vender el presbiterio y reempacar su biblioteca”, (7) aunque no hayan quedado constancias en la prensa argentina.

Alberto Manguel y Pablo Avelutto
Dejar tantos libros atrás debió haber sido muy doloroso, pero, en 2015, Mauricio Macri lo rescató de esa circunstancia. No es cuestión de pensar que el expresidente haya leído a Manguel. Todo ocurrió a través de Pablo Avelutto, atrabiliario ministro de cultura —más tarde devenido secretario de cultura gracias a la “política cultural” de Macri—, quien, a falta de intelectuales en el nervio del macrismo, le propuso a Manguel dirigir la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”. Así, el lector de Borges se sacrificó por la Argentina. Lo explicó en estos términos: “Estoy pagando mi deuda con el país que me dio la educación sobre la que basé mi carrera”. (8)

Esa educación, según fue posible verificar, se limitó a seis años en el Colegio Nacional Buenos Aires —1961 a 1966— y a un año —más precisamente, 1967— en la Facultad de Filosofía y Letras de la U.B.A. A pesar de los méritos del secundario mencionado y de la calidad de la Universidad de Buenos Aires, nada de esto habilita a nadie a convertirse en profesor universitario y menos de Princeton o Columbia, salvo que uno sea Borges o que sepa moverse muy bien en los círculos intelectuales y académicos.

Pero volviendo a la deuda de Manguel con Argentina, sin duda era más chica que la que tenía con la administración francesa, ya que, al cabo de dos años —en los que ingenuamente la Academia Argentina de Letras lo incorporó como miembro pleno—, alegó motivos de salud, casualmente coincidentes con la falta de presupuesto para la biblioteca que dirigía y la baja de popularidad del gobierno que lo había contratado. De modo que Manguel partió hacia otros horizontes.

No tardó mucho en recuperarse porque, unos meses después, el periódico virtual InfoBAE informaba que Manguel se había embarcado para dictar conferencias en un crucero de lujo: “El reconocido intelectual y escritor, uno de los funcionarios más prestigiosos de la gestión Macri hasta su salida en junio del año pasado presuntamente por razones de salud (otras versiones aseguraban que el motivo fue el ajuste y recorte de presupuesto), zarpará en el mes de mayo desde el Puerto de Roma (sic) para un viaje de 10 días que seguirá por Capri, Grecia, Malta, Montenegro y Croacia, hasta finalizar su recorrido en Venecia”. El autor de la nota, que se publicó sin firma, se preguntaba cuánto había que pagar para disfrutar de esa "experiencia deluxe" en el inicio del verano europeo. La respuesta era simple: “Casi 6 mil dólares por persona, entre los 4.800 dólares del viaje al crucero y los 900 dólares en concepto de honorarios para Manguel”. (9)

A principios de septiembre de este año, vía la Agencia EFE, se supo que Manguel iba a donar la famosa biblioteca, no a Quebec ni a Buenos Aires, ni a ninguna ciudad de Francia, sino a Lisboa: Así lo cuenta InfoBAE, en una nota del 8 de septiembre pasado: “El ex director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel, donará su famosa biblioteca, compuesta por 40.000 volúmenes, al Ayuntamiento de Lisboa, en el marco de Feria del Libro de la capital portuguesa. De acuerdo a fuentes cercanas al autor, Manguel (Buenos Aires, 1948) tiene previsto llegar a Lisboa en los próximos días y realizará el anuncio el sábado. La ciudad aceptaría la donación y los destinará para crear una nueva instalación que bautizará como el Centro de Estudios de Historia de la Lectura, aseguran desde agencia EFE, como también se hará oficial la creación de este espacio en la misma ceremonia”. El acuerdo incluye que “Tras la donación, el autor dirigirá otro futuro Centro, el de Historia del Libro de la ciudad lusa”. (10)

Entonces, lo que contaba Bioy tal vez no haya sido un hecho aislado, propio del oportunismo de alguien que, de joven, buscaba su lugar bajo el sol. Horacio González, predecesor de Manguel en la dirección de la Biblioteca Nacional “Mariano Moreno”, en una entrevista con Patricio Zunini, dijo: “Me parece un orfebre, con un grado de erudición notable, que elabora una historia de la lectura y de la posición del lector frente a distintos dilemas: la angustia, el aburrimiento, la persecución a los intelectuales, la clásica imputación del intelectual como alejado de la realidad”.(11) González dejaba entrever en sus conclusiones que Manguel, en cierta forma, corteja al lector de alcurnia. ¿Cuál es ese lector? Acaso el que busca matizar un crucero de lujo por el Mediterráneo con el tipo de charla prestigiosa que Manguel les ofrece a los legos. Un examen más minucioso tal vez permitiría comprobar hasta qué punto su propio prestigio —vale decir, su trabajo para convertirse en una marca registrada— dependió de lo que ocurre en el camino ciceroniano que va de lo bueno a lo conveniente.

Jorge Fondebrider











miércoles, 4 de julio de 2018

Nuevamente Avelluto desmiente lo que es vox populi y hace quedar bien al gobierno de Macri

Fotos de Martín Rosenzveig
La noticia es del día de ayer. Se publicó en los diarios Clarín (con firma de Verónica Abdala), Perfil (sin firma) y Página 12 (también sin firma). Y también en el sitio de cultura de InfoBAE (con firma de Hinde Pomeraniec). Las cuatro coberturas, en ese orden, pueden leerse a continuación.

Horas después de conocida la información, hubo una conferencia de prensa en la que Alberto Manguel hizo pública su renuncia y aseguró que Pablo Avelutto, por ahora Ministro de Cultura, le prometió que no habría despidos en la Biblioteca Nacional. Su excusa fue que el médico le había recomendado un plan de recuperación por un cáncer que aparentemente habría tenido hace cinco o seis años. Interinamente, lo sucede Elsa Barber, actual vicedirectora de la casa. 

Ahora bien, dada la costumbre de desmentir lo que después se revela como cierto, puede que Avelluto (en la foto, el más gordo de los dos) sea o un mentiroso serial, o  carezca de escrúpulos, o  simplemente sea un inepto. 



I

Alberto Manguel renuncia 

a la Biblioteca Nacional


El rumor que desde hace días recorría los pasillos de la Biblioteca Nacional y puso en alerta al personal por fin se confirmó: Alberto Manguel renunció a la dirección del emblemático organismo, cargo que ocupaba desde 2016.

Si bien Pablo Avelluto, ministro de Cultura de la Nación, le había negado rotundamente el lunes ese rumor a Clarín, Manguel presentó su renuncia el martes por la mañana, aduciendo "motivos personales". En este sentido, fuentes cercanas al director hablaban de una enfermedad.

El anuncio se oficializará por la tarde, con detalles sobre la situación de la Biblioteca y sobre el nuevo director. Este lunes se hablaba de que la candidata sería la actual vicedirectora, la bibliotecaria Elsa Barber. Fuentes cercanas a Biblioteca señalaban que existiría la intención de concursar el cargo a futuro, pero todavía no está la venia del presidente Mauricio Macri.

Según pudo saber este diario, la razón de la salida podría estar relacionada con una supuesta nueva ola de despidos en la Biblioteca que, de concretarse, sumaría malestar a una situación interna ya de por sí delicada. Desde la asunción de Manguel, entre 50 y 60 personas con contratos temporarios, semipermanentes o "de obra" fueron “desafectadas” de sus respectivos puestos de trabajo o renunciaron porque variaron las condiciones de trabajo –el grueso de trabajadores de la Biblioteca no es parte de la planta permanente-. Y de haber una nueva escalada de despidos, en el marco del ajuste que el gobierno asume, explican que Manguel querría “despegarse”. Fuentes oficiales negaron también que vaya a haber despidos.

Solo en 2018 se habrían contabilizado unos quince despidos en la Biblioteca: se trató de personas que no cumplían con los estrictos controles biométricos implementados en distintos organismos y ministerios nacionales: los empleados deben cumplir con una cantidad de horas, que en algunos casos se incrementó, y cuyo registro queda asentado mediante molinetes emplazados en las puertas de estas dependencias, entre ellas la Biblioteca-. De este último grupo de empleados, dos fueron reincorporados por vía judicial.

Para las organizaciones gremiales, el presente de la Biblioteca es preocupante: temen que, en este caso, los trabajadores afectados puedan llegar a medirse en decenas, después de que el 1° de agosto prescriba un acuerdo entre la Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) y el Gobierno, destinado a frenar los despidos de personal durante junio y julio. Según estimaciones de los delegados, de los alrededor de 900 empleados que trabajan hoy en la Biblioteca, unos 250 estarían en riesgo si se aplicara la lógica de la “Dotación óptima de personal” que Modernización está calculando para distintos ministerios y organismos descentralizados desde finales del 2016. Cuando asumió Mauricio Macri, la dotación de la Biblioteca alcanzaba las 1048 personas.

Lo que no es materia de debate es la manifiesta incomodidad de Manguel en los últimos meses; en parte por las encendidas internas que enfrentan a la gestión con el personal; en parte por el ajuste presupuestario al que él mismo se ve sometido: no es casual que durante la Feria del Libro de Buenos Aires –el 6 de junio pasado- haya dicho públicamente que “en la Biblioteca Nacional no tenemos un mango ni para comprar café”. El comentario fue en respuesta a una pregunta sobre la adquisición de la biblioteca personal de Bioy Casares; él aclaró que no había sido comprada sino aceptada en donación, pues no tenían un peso para hacer compras. También se quejó de las trabas burocráticas que enfrenta con frecuencia.

Se dijo también que la subdirectora de la Biblioteca, Elsa Barber, que ya ejerció la dirección de la misma, podría ocupar el cargo durante la transición, de querer irse Manguel. Aunque hay versiones que en cambio sostienen que, de ocurrir eso, ella también se iría.

Discreto y con un perfil muy bajo, el autor de Una historia natural de la curiosidad llegó hace exactos dos años a la Biblioteca dispuesto a modernizarla, digitalizar los archivos y mantener una relación más fluída con los referentes editoriales y literarios a nivel internacional. Que durante su gestión el premio Formentor se haya entregado por primera vez en Buenos Aires o que la Biblioteca haya recibido a figuras de renombre internacional, como la escritora -su amiga personal- Margaret Atwood o Elisabeth Roudinesco prueba esa intención. Y podría pensarse que, difícilmente, en lo que le queda de gestión pueda superar esos logros, si el presupuesto no aumenta o se reduce aún más la planta de personal. Habrá que ver qué decide hacer y qué razones pesan más a la hora de definir su continuidad.


II
Renunció Alberto Manguel,
director de la Biblioteca Nacional

El director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel, renunció a su cargo por motivos de salud, luego de dos años de gestión al frente de la entidad pública. El editor y escritor de varios libros había sido designado en ese puesto por el presidente Mauricio Macri en junio del 2016 en reemplazo de Elsa Barber. Manguel había presentado su dimisión el pasado lunes ante las autoridades del Ministerio de Cultura, que dirige Pablo Avelluto, y trascendió habría decidido dar un paso al costado "por motivos de salud", según consignó la agencia Noticias Argentinas.  El ahora exdirector de la Biblioteca Nacional tiene 70 años y nació en Buenos Aires, aunque pasó su infancia en Israel, ya que su padre era embajador argentino en ese país.


III
Mangel se  va de la Biblioteca Nacional

El director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel, renunció a su cargo luego de dos años de gestión al frente de la entidad pública. El anuncio sería oficializado durante la tarde, cuando además se darían a conocer detalles sobre la situación del organismo y quién lo reemplazará en el cargo.

El editor y escritor había sido designado en ese puesto por el presidente Mauricio Macri en junio del 2016 en reemplazo de Elsa Barber.

La decisión de dejar la dirección de la Biblioteca Nacional habría estado motivada por diferencias entre el escritor y el ministro de Cultura Pablo Avelluto en torno al presupuesto. De hecho, Manguel había declarado de manera pública que no estaba de acuerdo con el ajuste que se lleva adelante en la entidad. "No tenemos ni un mango para comprar un grano de café", había dicho hace pocos meses. Otras versiones adjudican su salida a cuestiones relacionadas con su salud.

Manguel había presentado su dimisión ayer ante las autoridades del Ministerio de Cultura.


IV
Por primera vez en su historia,
una mujer dirigirá la Biblioteca Nacional

Elsa Barber y los otros dos
Luego de horas de rumores de diferentes intensidades, se confirmó la salida del actual director de la Biblioteca Nacional, Alberto Manguel. Será a partir de agosto y las razones esgrimidas oficialmente tienen que ver con su salud. El anuncio se hizo durante una conferencia de prensa convocada de manera sorpresiva en la que tomaron la palabra el propio Manguel, el ministro de Cultura Pablo Avelluto y también Elsa Barber, quien hasta ahora es la vicedirectora de la Biblioteca y que, cuando se concrete la salida de Manguel pasará a ser su directora de manera definitiva, con lo que se convertirá en la primera mujer titular del organismo en toda su historia.

El encuentro se llevó a cabo en el despacho de Barber, quien trabaja en la Biblioteca desde el año 2007. Comenzó hablando Avelluto, quien contó que durante el verano Manguel le hizo conocer datos sobre su estado de salud: "El cuerpo le pedía que parara", dijo Avelluto ante los periodistas. Manguel tomó la palabra y explicó que tuvo un cáncer unos 5 o 6 años atrás y que su médico, que vive en Estados Unidos, le dijo que debía trabajar menos y, sobre todo, cargar con menos estrés. En ese momento, aseguraron, Avelluto le pidió que continuara y eso ocurrió; sin embargo, en estos días, el escritor decidió que había llegado la hora de dejar el edificio de la calle Agüero. Fue entonces que señaló con mucho aprecio que nada de lo que hizo hasta ahora en la Biblioteca podría haberlo hecho sin Barber, quien es además bibliotecóloga, por lo que será la primera mujer y la primera bibliotecóloga a cargo de la dirección.

"No hubiera podido hacer nada sin Elsa", dijo Manguel. "Ella sostuvo la parte técnica porque yo no sé nada de técnica ni de tecnología ni de bibliotecología. Sin ella y sin el magnífico equipo de trabajadores, por lo que me siento un poco menos culpable sabiendo que esta gente se queda aquí. Mi única función fue administrar el trabajo de los trabajadores de la Biblioteca. Muchos en el mundo nos envidian este personal". Manguel buscó todo el tiempo desestimar los "rumores más secretos" que trascendieron en la prensa, según los cuales su estado de salud sería solo una de las razones de su partida ya que habría habido desinteligencias entre el director de la biblioteca y el ministro Avelluto y, sobre todo, algunas versiones señalaban que Manguel no quería estar al frente de la BN si llega –como se teme– una ola de despidos el área. "Mi decisión ha sido exclusivamente médica", aseguró en varios momentos.

"Tanto en el ministerio como en el Gobierno estamos muy contentos con Alberto Manguel y su equipo. Además de los logros de estos dos años, nos hemos hecho grandes amigos", dijo Avelluto, quien para hacer frente a las versiones que señalan que el ajuste ya llegó a su área aseguró que el presupuesto de la Biblioteca, que es de 650 millones de pesos, fue ejecutado a la fecha en un 44 o 50%, algo normal para esta época". Manguel asentía a su lado, aunque no pudo evitar un reproche: "Nuestro presupuesto es 1/3 del presupuesto de la Biblioteca del Congreso", le dijo. Avelluto dijo que Manguel seguirá vinculado "a este proyecto como asesor ad honorem".

"La experiencia en la Biblioteca Nacional fue la más extraordinaria de mi vida. Me pasé la vida escribiendo recetas y por primera vez entré a la cocina", dijo en forma de metáfora el autor de tantos libros sobre historia de la lectura. Durante la reunión de menos de una hora con la prensa, Manguel mencionó al menos tres veces que el ministro Avelluto ("a quien le creo") le dio su palabra de que no habrá cambios abruptos. "Hay un clima de incertidumbre e inquietud, porque fuimos un país incierto desde la fundación. Pero mi amigo Pablo me prometió que no se va a despedir gente ni se van a desmontar estructuras. Los 3 mil eventos del año pasado se van a multiplicar", dijo. "Para mí ha sido un regalo trabajar estos dos años con Manguel, y también con Avelluto", dijo por su parte muy emocionada Barber, una persona de reconocida solvencia técnica, quien estuvo a cargo de la Biblioteca en el inicio del gobierno de Mauricio Macri, durante los meses de 2016 en los que se estuvo esperando la llegada de Manguel y durante los cuales se produjeron unos 240 despidos.

"Todo esto –se refiere a la salida de Manguel– me produjo un shock", siguió Barber, "y ese mismo shock tiene el personal de la biblioteca". La funcionaria señaló que durante el tiempo de trabajo conjunto consiguieron trabajar en equipo en un clima muy cordial, como no lo había podido hacer durante la gestión anterior: "Estamos en una etapa muy linda acá en la Biblioteca". Ahí intentó insertar lo que se vive en la Biblioteca con el clima general de Argentina. "Y conociendo este lugar desde hace once años y teniendo en cuenta la situación general que se vive en el país, no quisiera volver a esa situación de permanente…". Barber no pudo concluir su idea ya que Manguel volvió a tomar la palabra y aseguró una vez más que su decisión era pura y exclusivamente motivada por su salud y porque su familia le reclamaba que dejara la Biblioteca.

Luego de las reiterardas menciones de Manguel sobre el tema, Infobae le preguntó directamente al ministro Avelluto por la eventualidad de los despidos. "No hay ninguna intención por parte del gobierno de producir cesantías masivas en la Biblioteca Nacional", reafirmó el ministro. Dentro del mismo clima amistoso y con bromas varias ("Tengo 70 años, podría ser tu papá" "Podrías ser mi papá y mi mamá", repondió Avelluto) Manguel comentó que a su llegada hubo una redistribución de tareas en varios casos, sobre todo en personal que había sido contratado durante el final del gobierno kirchnerista si tarea asignada y que, recientemente, luego de la implementación del sistema de tarjetas, hubo varios casos de trabajadores que no concurrían a su lugar de trabajo por lo que se produjeron algunos casos de despidos justificados, además de retiros y jubilaciones. 


martes, 29 de mayo de 2018

Según dice Rafael Spregelburd: "Parece que nos hemos deshecho felizmente de nuestra historia. La hemos cambiado por entusiasmo y alharaca"

Una vez más, Rafael Spregelburd, esta vez en su columna del diario Perfil del 11 de mayo pasado. 

FILBO, Fulbo, Fútbol

La Argentina fue la invitada de honor de la Feria del Libro de Bogotá, la FILBo, un evento que en gran medida bajo la influencia de las ferias de Buenos Aires y de Frankfurt fue evolucionando hasta el megaevento que es hoy. Hubiera sido genial estar a la altura. Bajo el eslogan “La literatura argentina sale a la cancha” todo el pabellón nacional quedó apoltronado de fútbol: la entrada, una remera, precedía a una manga con ruidos de cancha y papelitos; al llegar, no una sino dos canchas de formas alargadas y dudosas en las que se podía practicar el tiro penal, ya que poco y nada la lectura.

Si forma es contenido y viceversa, habría que ver en qué estaban pensando cuando diseñaron este envase para una cosa que –idealmente– no requiere de ninguno. El ministro de Cultura, Pablo Avelluto, mentor del concepto, lo defendió con penales y una arenga: “El pasado cultural argentino, como el colombiano, es enorme. Nos reconocemos en él. Pero a veces el pasado puede ser opresivo, una mochila demasiado pesada”. Y propuso “encontrarse con la Argentina contemporánea que a partir de ese pasado escribe su propia historia en este presente, con las voces de una treintena de escritores, ilustradores de distintos géneros que nos van a mostrar el nuevo capítulo de ese enorme libro de la historia de la literatura”.

Parece que nos hemos deshecho felizmente de nuestra historia. La hemos cambiado por entusiasmo y alharaca.

En el pabellón, libros se encuentran pocos, pero sí muchas fotos decorativas de escritores. ¿Serán la historia? Y choripanes. Choripanes a rabiar. Pero no es ninguna novedad que las ferias del libro viren a encuentros gastronómicos.

Alberto Manguel pidió disculpas en nombre de todos los argentinos por el absurdo populista. Identificarse con fútbol en países latinoamericanos y futboleros supone, además, dividir por camisetas, competencias y rencores infiltrados por el opio de los pueblos. ¿A quién no le daría algo de tirria por aquí ver a autores brasileños encabezados por Pelé? Mis amigos colombianos (nos aúna la acidez) no lo dejaron pasar. Hago mías las palabras de la gran autora Carolina Sanín: “Los libros también son juegos: juegos más divertidos, más vitales, más bellos que el fútbol. Pero, también, son más peligrosos que el fútbol. En esta descarada macrización del continente, por supuesto que por delante va el fútbol: algo que a todos gusta, que a todos supuestamente nos une, que a todos adormece y en lo que no entran en juego las ideas”.

lunes, 7 de mayo de 2018

El Ministro de Cultura y el director de la Biblioteca Nacional tienen problemas con la sintonía fina

La entrada subida a este blog el día 4 de mayo, referida a la polémica suscitada por el stand argentino en la Feria Internacional del Libro de Colombia, concluía con estas palabras: "Tanto las gestiones anteriores, como ésta, tal vez deberían haber consensuado sus ideas con los escritores invitados y, asimismo, hacer público el gasto realizado en cada oportunidad para que el público pueda evaluar en cada caso el sentido de la inversión, sus resultados y los eventuales beneficios". Y luego se afirmaba: "De otro modo, la sensación de incomodidad que sigue a estos eventos se vuelve acumulativa. Basta con leer los comentarios de los lectores al final de cada una de las notas que se publican más arriba para hacerse una idea de la desconfianza que el actual Ministerio de Cultura se supo granjear incluso entre los propios votantes de la fuerza política a la que ideológicamente representa".

Un día antes, la periodista Hinde Pomeraniec entrevistaba a Pablo Avelutto para Cultura InfoBAE, medio que ella dirige, y allí se discutían diversos temas; entre otros, el "escrache" en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, los anuncios que no pudieron hacerse, la reacción del Ministro ante la irrupción de los docentes (ver entradas en este blog del día 28 de abril pasado) y su opinión sobre los comentarios de Alberto Manguel en la FILBO. Todo eso puede leerse acá:
https://www.infobae.com/cultura/2018/05/03/pablo-avelluto-manguel-tiene-una-concepcion-de-la-cultura-que-deja-afuera-algunos-fenomenos-populares/

Lo que relaciona el párrafo resaltado en rojo con lo que dice Avelutto en la mentada entrevista son estos párrafos:

1) El primer tema tiene por protagonistas al Ministro de Cultura y a Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional de Argentina y funcionario dependiente del Ministerio de Cultura. Así, cuando Pomeraniec quiere saber por qué Manguel dice lo que dice en el lugar donde lo dice y si Avelutto ya habló con él, éste responde: "Sí, nos escribimos ayer mismo por mail. Somos muy amigos con Alberto (...). Yo creo que a él lo tomó por sorpresa, creo que claramente lo tomó por sorpresa y no le gustó y está todo bien que no le guste. Tenés todo el derecho del mundo a que no te guste". La periodista entonces quiere saber si Manguel ya se lo había manifestado al Ministro: "No, no. No, si me lo hubiera dicho, lo hubiéramos hablado. Yo creo que él ni sabía que yo tenía algo que ver con eso. Creo que él tiene una concepción que deja afuera algunos fenómenos populares, que yo creo que es equivocada pero que eso no implica que no podemos trabajar juntos y que yo siento una profunda admiración por él y que tengamos un excelente vínculo personal. Digo, me parece que al contrario, no le gustó pero dio su charla igual y era lo que a mí me importaba. Y la semana que viene vamos a estar juntos en Ottawa, yo presentándolo en un encuentro internacional de cultura". Pomeraniec entonces insistió preguntándo qué le había dicho Avelutto a Manguel: "Le dije que no sólo no estaba de acuerdo, porque no tengo que acordar con su posición, sino que además el stand había sido un éxito extraordinario, que se había vendido todo. La Asociación de Libreros Independientes de Colombia dice que nunca vendieron tantos libros. Se vendieron, para que te des una idea, 13.589 ejemplares: es un número. (...) Quedamos en discutirlo largo cuando él volviera. Yo ahora me voy pero seguramente lo vamos a discutir la semana que viene en Canadá. Él creo que tenía una visión un poco literaria, para llamarla de algún modo, y por ahí estos elementos que yo te cuento que tienen que ver con el estudio del público, con hacer algo disruptivo que no se pareciera a lo que estás esperando ver, el público es diferente…".  

2) Cuando la periodista le pregunta a Avelutto si el stand fue idea suya, éste contesta que no, pero rápidamente señala que conceptualmente sí. Luego, Pomeraniec insiste: "Y eso, ¿con cuánta gente lo habló, ministro?". A lo que Avelutto responde: "¿Por qué tenía que hablarlo? A ver: lo hablé con mi equipo dentro del Ministerio. Lo hablé con el presidente. Lo hablé con el jefe de Gabinete. Lo hablé con quienes era necesario, para chequear que la idea les pareciera buena, asociar con el fútbol. ¿Por qué? Porque éste es un año de Mundial de Fútbol, porque lo estábamos llevando a Sacheri, porque había una lógica… El truco era hacer entrar a la gente al stand y que la gente en su recorrido tuviera una experiencia. No es que adentro entrabas y estaban jugando un picado, ¿entendés? Adentro entrabas y tenías una cierta atmósfera futbolera que rápidamente se convertía y, cuando te querías acordar, ya estabas adentro de una librería, o escuchando un grupo de tango, qué sé yo. Uno toma las decisiones, este tipo de decisiones conceptuales, conversándolas con otra gente y poniéndolas a prueba para ver si se va a entender. Pero yo entendía algo básico, que siempre me preocupó, y es que esto era una feria popular, parecida a la nuestra, la gente que va ahí no va la semana que viene a comprar un libro en una librería, por ahí no vuelve nunca más hasta la feria del año que viene". 

Todo esto lleva a nuevas preguntas: a) ¿quiénes eran las personas del Ministerio de Cultura a las cuales la idea del ministro les pareció buena?, b) ¿desde cuándo el presidente, de quien nada se sabe sobre su afición a los libros y su conocimiento de los escritores argentinos, está capacitado a opinar sobre este tipo de temas? La misma reflexión cabe para el jefe de Gabinete, y c) en la nota se habla de "los números de la FILBO", pero nada dice el Ministro sobre el dinero invertido por el Ministerio de Cultura, el de Relaciones Exteriores y el de Turismo, que, como es de público conocimiento, sale del erario público. De hecho, fuentes bien informadas, estiman que el gasto efectuado para alfombrar de pasto sintético el ámbito del stand supera los U$S 400.000, lo que en todas partes es mucho dinero que, tal vez, podría haberse utilizado con otros fines. 

CODA
Por su parte, Manguel, quien fue el que comenzó con toda la cuestión, entrevistado por Flavia Pittela y Patricio Zunini en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, recordó en qué circunstancias declaró lo que declaró: "En Colombia di dos conferencias. Al final de una, un señor me hace una pregunta sobre este stand y yo le dí una opinión y por supuesto, lo tengo que hacer. Este no es un gobierno de censura, Pablo Avelluto nunca me ha dicho 'no des tu opinión en público' (...) Yo no critiqué la presencia de la Argentina en la Filbo. La Argentina era el país invitado. Di una opinión sobre la elección de convertir el stand argentino en una cancha de fútbol, como lo hubiese hecho si lo hubiesen convertido en una pizzería, en un lugar de asado, en un campo de polo. Todas son actividades nobles, pero es una feria del libro. ¿Los jugadores argentinos que vayan al Mundial van a llevar las obras de Borges?, ¿van a leer poemas en la cancha?" Y coronó su discurso diciendo: "Soy muy amigo de Avelluto, él tuvo la generosidad de ofrecerme este puesto sin conocerme y yo no lo conocía a él, y me ha apoyado en todo lo que la biblioteca ha hecho. Podemos tener diferencias de opinión, sobre todo de opinión sobre un símbolo, sobre un acto estético, sobre una presentación. Estamos tan desacostumbrados al diálogo en Argentina que si uno no dice 'sí' a algo o 'no' a algo, sino que simplemente emite una opinión, causa una revolución". 
(En https://www.infobae.com/cultura/2018/05/03/alberto-manguel-estamos-tan-desacostumbrados-al-dialogo-en-argentina-que-si-uno-emite-una-opinion-causa-una-revolucion/). 

Sin embargo, contrastando con las declaraciones de la primera nota de Cultura InfoBAE, en la que Avelutto se regodeaaba explicando lo bien que funciona la Biblioteca Nacional bajo la dirección de Manguel, éste, en la transcripción de una entrevista con Matilde Sánchez, que recoge un diálogo entre la directora de la revista Ñ y el autor de Historia natural de la curiosidad, y que, para más datos, se publicó el pasado 3 de mayo, señala: "'La verdad es que en la Biblioteca Nacional no tenemos un mango ni para comprar café'. El comentario fue en respuesta a una pregunta sobre la adquisición de la biblioteca personal de Bioy Casares; él aclaró que no había sido comprada sino aceptada en donación, pues no tenían un peso para hacer compras".
(En https://www.clarin.com/cultura/manguel-sincera-pide-recursos-biblioteca_0_HJ0eRMFTf.html

Cabe entonces preguntarse si la falta de muñeca política de Manguel es mera ingenuidad. También, si las declaraciones del Ministro, que ve todo color de rosa, no chocan con las del intelectual devenido en funcionario, quien aporta una cuota de realismo a la gestión. Por último, si efectivamente Avelutto y Manguel se hablan realmente y trabajan sobre una base común. Son misterios que el tiempo ira develando... 






viernes, 4 de mayo de 2018

Un cortocircuito entre funcionarios del macrismo

Entre el 17 de abril y el 2 de mayo de este año, tuvo lugar la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Por segunda vez en su ya larga historia, la Argentina fue el país invitado de honor. Por ello, cumpliendo con la responsabilidad que les toca a todos los invitados, las autoridades argentinas idearon un stand que representase aquello que quisieron comunicar. La idea, según parece, fue establecer algo así como un paralelo entre literatura y fútbol, lo cual, se imaginó, permitiría atraer a un público al que desde el Ministerio de Cultura de la Nación se juzgó tan futbolero como el argentino.

Ya casi terminada la FILBO, Alberto Manguel, director de la Biblioteca Nacional, quien participó en las actividades con una treintena de escritores e intelectuales argentinos, durante una de sus intervenciones criticó duramente el stand y la idea populista que había detrás de éste, presuntamente surgida de la mente de Pablo Avelutto, actual Ministro de Cultura de Macri, de quien Manguel depende como funcionario. Manguel, en su función de escritor disertante, se sintió obligado a pedirles disculpas a los colombianos en nombre de los argentinos. Dicho de otro modo, criticó las decisiones tomadas por el gobierno al que, al menos hasta ahora, dijo representar.

El audio de esas críticas y disculpas se filtró y, como era de esperarse, fue reproducido en varios diarios colombianos, rebotando luego en los medios argentinos Así, todos los diarios nacionales (y algunos canales de televisión) recogieron la cuestión. Quien desee enterarse, puede leer los siguientes links:

Cultura Infobae: https://www.infobae.com/cultura/2018/05/01/en-colombia-alberto-manguel-critico-el-pabellon-argentino-en-la-feria-del-libro-de-bogota/

La Nación: https://www.lanacion.com.ar/2130547-manguel-critico-duramente-el-pabellon-argentino-en-la-filbo

Clarín: https://www.clarin.com/cultura/director-biblioteca-nacional-pidio-perdon-argentina-puso-estadio-feria-libro-bogota_0_r1csDE86M.html

Página 12: https://www.pagina12.com.ar/111829-manguel-vs-avelluto

El Día: https://www.eldia.com/nota/2018-5-2-14-8-0-escandalo-por-el-stand-de-la-argentina-en-la-feria-del-libro-de-bogota-informacion-general

Minuto uno: https://www.minutouno.com/notas/3071041-el-director-la-biblioteca-nacional-pidio-perdon-el-stand-populista-la-argentina-bogota

Lejos de agotarse la cuestión, comenzaron a multiplicarse los apoyos a Manguel así como las críticas a su actitud, que algunos leyeron como un cortocircuito entre el escritor funcionario y el Ministro de Cultura, quien, unos meses antes, el 21 de marzo de 2018, proclamaba a los cuatro vientos que Manguel era un verdadero lujo para la cultura argentina y, por lo tanto, la persona más idónea para ocupar el cargo de director de la Biblioteca Nacional: 
https://www.youtube.com/watch?v=86jwCBd9q14

El suplemento cultural on line de InfoBAE fue más lejos que el resto de los diarios colegas y el 2 de mayo pasado, publicó una nota firmada por Juan Batalla, en la que varios de los escritores argentinos invitados a la FILBO manifestaron su apoyo a la idea de mezclar lo "popular con lo intelectual" :  
(https://www.infobae.com/cultura/2018/05/02/sigue-la-polemica-los-autores-defendieron-el-stand-futbolero-argentino-en-la-feria-del-libro-de-bogota/)

Tal vez el eje del debate debiera ser otro y tuviera que girar alrededor de la manera en que el país desea presentar su literatura. Recuérdese que, cuando la Argentina fue país invitado a otras ferias internacionales del libro, las autoridades eligieron una representación más bien iletrada que, como en el caso que ahora nos ocupa, abundaba en íconos y símbolos ajenos a la literatura: fotos de Evita, el Che Guevara, Maradona y paisajes argentinos, como si algo de todo eso tuviera más pertinencia que concentrarse en las posibilidades de presentar un laberinto borgeano, una rayuela como la propuesta por Cortázar o los personajes de Quino o Fontanarrosa. La cancha de fútbol y la alfombra que semejaba el césped de un estadio, además del kiosko donde se despachaban empanadas, alfajores de maicena y otras delicias del ingenio culinario argentino, no son mejores que los engendros ideados en otras ferias. 

Tanto las gestiones anteriores, como ésta, tal vez deberían haber consensuado sus ideas con los escritores invitados y, asimismo, hacer público el gasto realizado en cada oportunidad para que el público pueda evaluar en cada caso el sentido de la inversión, sus resultados y los eventuales beneficios. De otro modo, la sensación de incomodidad que sigue a estos eventos se vuelve acumulativa. Basta con leer los comentarios de los lectores al final de cada una de las notas que se publican más arriba para hacerse una idea de la desconfianza que el actual Ministerio de Cultura se supo granjear incluso entre los propios votantes de la fuerza política a la que ideológicamente representa.