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domingo, 7 de junio de 2026

La Inteligencia Artificial y los protocolos panhispánicos; o sea, vaya uno a saber qué chantada

El 27 de mayo pasado, el diario InfoBAE publicó sin firma el siguiente artículo sobre la posición que ha adoptado la RAE a propósito de la Inteligencia Artificial. 

La RAE hace propios los desafíos de adaptar la IA al español

La Real Academia Española ha identificado a la inteligencia artificial como “el gran reto de nuestro tiempo”, según declaró Santiago Muñoz Machado en las jornadas preparatorias de la III Convención de la Red Panhispánica de Lenguaje Claro y Accesible, que se celebrará en octubre en la ciudad argentina de La Plata. Estas jornadas preparatorias han marcado el inicio de un programa estratégico que coloca la adaptación y supervisión de la IA en el uso del español como prioridad, al subrayar la inminente hegemonía de las herramientas automatizadas en la comunicación pública.

El lanzamiento de dos proyectos editoriales clave para la industria lexicográfica hispana: el Diccionario fácil de la lengua española, diseñado bajo los principios de lectura fácil e inclusión, y el Diccionario esencial en lenguaje claro, que reunirá entre 6 mil y 7 mil términos de uso común.

El acto ha contado con la participación de representantes institucionales, académicos y expertos en tecnología del lenguaje de toda Iberoamérica; entre ellos Rafael Felipe Oteriño, presidente de la Academia Argentina de Letras. Durante dos días, las ponencias se han centrado en la integración de la IA en la mejora de la accesibilidad lingüística, la optimización del procesamiento del lenguaje natural y la adaptación automática de textos para usuarios con distintas capacidades cognitivas. Destaca la presentación del Observatorio de Neologismos, una herramienta impulsada desde el proyecto LEIA, que monitoriza diariamente cerca de 1 millón de palabras extraídas de medios digitales para detectar nuevos usos permanentes en español.

Protocolos panhispánicos para validar la IA
Uno de los puntos destacados de estas jornadas ha sido la intervención de Francisco Marcos-Marín, director en funciones del Research Institute of United States Spanish (RIUSS), quien ha reivindicado la urgencia de dotar a la IA de protocolos panhispánicos de validación. Su propuesta requiere el uso sistemático de usuarios reales para contrastar y evitar errores o “alucinaciones de los modelos automáticos”. Marcos-Marín ha resumido su postura en una consigna de agenda institucional: “La Administración debe pasar de publicar a comunicar".

La visita institucional ha dado visibilidad a proyectos académicos con vocación aplicada: desde la Universidad de Alicante, Isabel Espinosa Zaragoza ha expuesto avances en la adaptación automática de textos orientados a la accesibilidad de personas con discapacidad cognitiva. Por parte de la Universidad Politécnica de Madrid, Mari Carmen Suárez de Figueroa ha detallado desarrollos en lectura fácil automática. Cecilio Garriga, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona y la Universidad Nacional de Colombia, ha presentado MarIATerm, un asistente lexicográfico basado en IA con funcionalidad de acceso ciudadano a terminología especializada.

La Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), organismo internacional de cooperación, representada por Ana Paula Laborinho, ha delineado directrices para una inteligencia artificial ética, inclusiva y lingüísticamente variada. El énfasis de la OEI se ha colocado en el alineamiento con principios de servicio comunitario y diversidad.

Español y legado digital: posicionamiento de la industria ante la IA

Durante la sesión temática sobre IA y tecnología del lenguaje, empresas y organismos han subrayado el papel del español como "vector cultural de 600 millones de personas", en palabras de Josetxo Soria, responsable de relaciones institucionales y públicas de inteligencia artificial de Google. Soria ha indicado que la transformación digital impulsada por IA supone una “revolución de gran calado” y ha afirmado que Google mantiene su compromiso con el idioma como patrimonio global: “Queremos cimentar ese desarrollo con un uso correcto del español en el mundo”.

En el plano operativo, han tomado la palabra representantes de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, la Universidad Carlos III de Madrid, la Universidad Complutense y la UNED, exponiendo líneas de trabajo en procesamiento de lenguaje natural, sistemas de pregunta-respuesta supervisados y visores terminológicos para captar tendencias léxicas y tecnológicas.

El bloque de innovación ha culminado con la intervención simbólica de un sistema automatizado de IA, programado para conversar en directo con la académica Asunción Gómez-Pérez. El sistema ha enfatizado su rol como soporte activo para mejorar la comprensión y adaptación del español: “Hoy puedo sugerir correcciones, ofrecer respuestas rápidas y herramientas para que el español se entienda como hasta ahora y os permita comunicaros”. La secuencia ha cerrado con la frase: “Bienvenidos al futuro del español; uno en el que nos entendemos aún mejor”.

domingo, 31 de mayo de 2026

"Orvallo, voz que designa a la llovizna en Asturias, Galicia y León; que es el sirimiri en País Vasco"

El diario El País, de Madrid, publicó una nota de Manuel Morales, a propósito de la aparición de un curioso diccionario de sinónimos que acaba de publicar la Real Academia. Por los ejemplos que se dan, tal parece que sólo constan voces afines españolas. Sin embargo, la bajada del artículo, reproducido por La Nación, de Buenos Aires, el pasado 21 de mayo dice: "La obra, consensuada entre las 23 academias de la lengua española, reúne más de 255.000 sinónimos y más de 20.000 antónimos".

Borrachera, papalina, chupeta: la RAE presenta su primer Diccionario de sinónimos y antónimos en tres siglos de historia

Al hablar y al escribir se usan habitualmente sinónimos, palabras que significan lo mismo respecto a otra, pero se escriben de diferente forma. Por ejemplo, sinónimo tiene, entre otros sinónimos, igual, equivalente, parecido... De esa elección por los hispanohablantes de unas palabras y no otras con un significado cercano se ocupa el nuevo Diccionario de sinónimos, antónimos y voces afines (Espasa), el primero de este tipo y en papel de la Real Academia Española (RAE) en sus 313 años de historia, presentado este miércoles en la sede de la institución en Madrid. Un resultado que se ha servido tanto del diccionario general como de otras obras académicas.

Como se indica en la portada de este volumen, de 2.226 páginas, recopila más de 255.000 sinónimos o afines y más de 20.000 antónimos u opuestos, distribuidos en más de 44.000 entradas. La diferencia de cantidad tan grande entre unos y otros estriba en que “en las lenguas, la función de las palabras es normalmente nombrar la realidad; los animales, las plantas, los objetos, las profesiones, no tienen un contrario. ¿Cuál sería el antónimo de caballo?, por ejemplo", ha explicado en la presentación la responsable del Instituto de Lexicografía de la RAE, Elena Zamora.

En este académico listado de palabras se aprecia, verbigracia, la gran abundancia de sinónimos en un término como “borrachera”, de la que se recogen cerca de sesenta: embriaguez, beodez, trompa, merluza, castaña, tajada, papalina, turca, mamadera, chupeta, cucuruca, pedal... Eso sí, todos sus antónimos se resumen en uno: “sobriedad”.

Como puede verse con la palabra borrachera, este diccionario, al igual que las otras obras académicas de la RAE, es panhispánico, por lo tanto, se ha consensuado con la Asociación de Academias de la Lengua Española (Asale), formada por las 23 corporaciones que hay en el mundo. Así, una abreviatura indica si la palabra procede de América, o de España, o si es coloquial, o poco usada, entre otras aclaraciones.

Desde Espasa apuntan que el libro está dirigido, sobre todo, a los curiosos y estudiosos del lenguaje que quieran tener en su bibliEn España tardaron algo más en aparecer las primeras obras sobre este asunto. En 1843 se publicó el Diccionario de sinónimos de la lengua castellana, de Pedro María de Olive, y hubo otros, pero ajenos a la academia. “La corporación preparaba uno a mediados del XIX, pero finalmente no vio la luz, hasta hoy”.

“La sinonimia es uno de los fenómenos más intuitivos y problemáticos, porque los hablantes tienen la conciencia de que hay palabras que significan lo mismo, pero luego no es tan así. La palabra anciano o viejo se aplica a personas, pero no a las cosas”, añadió.

En el lenguaje, no todo es claro y evidente. “Hay sinónimos que se han incorporado tomados de otras lenguas, como sponsor por patrocinador"; también recordó que existen los geosinónimos, las palabras que, siendo diferentes, nombran un mismo concepto, pero que se utilizan en regiones o países distintos. Así ocurre con orvallo, voz que designa a la llovizna en Asturias, Galicia y León; que es el sirimiri en País Vasco.

Como casi todo lo bueno del español está en el Quijote, Zamora se refirió a que Cervantes habla en un capítulo de su obra de un pescado que, según la zona, se llamaba abadejo, bacalao, curadillo o truchuela. Luego hay casos curiosos. “¿Por qué hay partes del cuerpo, como la cabeza, que tienen muchos sinónimos, y en cambio otras, como la mano no los tiene?“. ”En definitiva, se trata de que los hablantes elijamos las palabras adecuadas para modular nuestro discurso".

Preguntada sobre qué tipo de hablas o escrituras, si la informal o la culta, ha pesado históricamente más a la hora de formar sinónimos, Zamora apuntó que “en general, proceden más de lo coloquial, aunque todo pesa, también la literatura”.

Previamente, el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado, dijo que este nuevo diccionario se inserta en el interés por parte de la academia en el lenguaje claro, “una iniciativa a la que se han sumado 600 instituciones del mundo hispano”. “Es un deber dirigirse a los ciudadanos en aquellas resoluciones referidas a sus derechos con los conceptos y frases que se entiendan mejor”. En esto incluyó a “todas las corporaciones y profesiones que tienen un lenguaje diferenciado, como médicos y farmacéuticos”.

“Es un diccionario que sirve para tener alternativas cuando formulamos una idea”, añadió Muñoz Machado para terminar, acabar, finalizar, concluir, rematar, finiquitar o agotar.ca una obra de consulta como esta, y en papel. No obstante, en la edición en línea del Diccionario de la Lengua Española (DLE) ya existe, desde su versión digital de 2023, la opción de ver en cada artículo sus sinónimos y, en caso de que los tenga, sus antónimos.

En su intervención, Zamora hizo un repaso a la historia de la RAE para explicar por qué han tenido que pasar más de tres siglos para que una obra así vea la luz, cuando el primer ejemplar de sinónimos, para la lengua francesa, se publicó en 1718, o para la inglesa en 1776 (aunque no se llamaban diccionarios).


jueves, 12 de febrero de 2026

Reflexiones al cabo de una polémica

Profesor del Departamento de Filología y Traducción de la Universidad Pablo de Olavide, de Sevilla, Adrián Granados Navarro publicó, el pasado 15 de enero, en The Conversation el siguiente artículo sobre las funciones que les caben a las academias de la lengua española en el mundo.

Academias de la lengua española: ¿descriptoras o prescriptoras del lenguaje?

¿Cuál es la función de una academia de la lengua? ¿Debe limitarse a registrar el uso que los hablantes hacen del idioma, o está ahí para distinguir lo correcto de lo incorrecto y establecer unas normas? Lo primero, el “descriptivismo”, y lo segundo, el “prescriptivismo”, son dos corrientes lingüísticas históricamente opuestas, que hoy vuelven a ponerse de manifiesto en el reciente artículo del académico y escritor español Arturo Pérez Reverte y las reacciones que ha suscitado.

Reverte denuncia en su artículo que la Real Academia Española (RAE) está abandonando su papel normativo, doblegándose a usos mayoritarios en prensa y redes sociales y perdiendo de vista la “autoridad superior de los grandes escritores”. Las respuestas apuntan al papel de la academia como “descriptora”, aunque fuentes internas de la RAE afirman que se analizarán las críticas de Pérez Reverte y se abordarán debates y propuestas.

Prescriptivismo: cómo debe usarse la lengua
Durante siglos, la lengua que interesaba en los entornos académicos y las universidades no era la cotidiana, sino la lengua escrita de prestigio, especialmente textos literarios canónicos u obras de grandes autores. El objetivo principal no era entender cómo hablaba la gente, sino cómo debía escribirse y hablarse correctamente, tomando como modelo a esos escritores. Esta tradición es la raíz del prescriptivismo.

El prescriptivismo lingüístico sostiene que existen formas correctas e incorrectas de usar la lengua, y que una de las tareas del lingüista es establecer normas, basadas en la lengua escrita, los autores prestigiosos, o el uso por parte de las élites culturales y educativas. En este enfoque, el cambio lingüístico suele verse como corrupción, y la variación, como error.

Durante la mayor parte de la historia de la RAE, desde su creación en 1713, esta ha sido su misión, tal y como atestigua su lema: “Limpia, fija y da esplendor”, que data de 1715. Y esta es la función que, según Pérez Reverte, está abandonando lamentablemente la RAE, en una visión que dice compartir con otros académicos literatos.

El giro descriptivista: la lengua como objeto científico
A finales del siglo XIX y sobre todo en el XX, la lingüística empieza a definirse como ciencia empírica. Aquí surge el descriptivismo, que propone que la lingüística no debe decir cómo se debe hablar, sino describir cómo hablan realmente los hablantes. Para esta corriente, todas las variedades (dialectales, coloquiales, no estándar) son sistemas completos, no versiones “defectuosas”. Este cambio implica un desplazamiento del interés académico: de los textos literarios a los hablantes reales y sus usos lingüísticos.

El descriptivismo lingüístico en la RAE no aparece de golpe, sino como un proceso gradual que se consolida a lo largo del siglo XX, especialmente cuando la Academia deja de concebir el español exclusivamente desde España y empieza a asumirlo como una lengua pluricéntrica.

El verdadero punto de inflexión llega con la incorporación activa de las academias fuera de España y la creación de la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE) en 1951. Actualmente cuenta con 23 corporaciones, en América, España, Filipinas y Guinea Ecuatorial, e incluye países en los que el español nunca ha sido lengua oficial pero en los que hay una gran cantidad de hablantes. Por ejemplo, la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE), que atiende a más de 60 millones de hispanohablantes en Estados Unidos.

El descriptivismo se consolida claramente en obras panhispánicas elaboradas conjuntamente por todas las academias, como la Nueva gramática de la lengua española (2009), el Diccionario panhispánico de dudas (2005), o el Diccionario de americanismos(2010). En estas obras, se describen usos reales antes de valorarlos, se reconoce la variación geográfica y social, y la norma se presenta como resultado del uso, no como imposición externa.

El conflicto de fondo
El debate no es solo técnico, sino ideológico y académico. El prescriptivismo está ligado a autoridad cultural, tradición literaria, estandarización y educación formal. El descriptivismo está ligado a método científico, observación empírica e igualdad entre variedades lingüísticas.

Lo que es innegable es que el lenguaje y los hablantes evolucionan. “Ca si no fuessen, errarían en las cosas que ouiessen de fazer” (“Porque, de no ser así, se equivocarían en lo que deben hacer”, dicho en castellano alfonsí, del siglo XIII) y los textos actuales se leerían con este estilo.

Es cierto que los nuevos usos pueden chirriar a oídos de numerosos hablantes (incluso de los que se consideran descriptivistas), pero muchos de dichos usos son pasajeros y, si perduran, es porque habrán pasado el filtro democrático del uso mayoritario sostenido.

Evolución y tensión histórica
Este conflicto no es exclusivo del español, sino que se da en todas las lenguas. El escritor británico Stephen Fry, en su contribución a la obra What makes us human? (“¿Qué nos hace humanos?), dedica estas líneas a los prescriptivistas del inglés, entre los que él mismo se incluía en el pasado (traducción propia):

"¿Pero sienten burbujas en el estómago y salivan de disfrute por el lenguaje? ¿Dejan que el deslizar de la punta de la lengua sobre el paladar los sumerja en un éxtasis eufórico y embriagador? ¿Emparejan palabras imposibles por puro sexo fonético? ¿Usan la lengua para seducir, encandilar, excitar, satisfacer, reafirmar y estimular a sus interlocutores? ¿Hacen algo de esto? Lo dudo. Están demasiado ocupados mirando con desdén al dependiente de la tienda por su errata en un cartel”.

En conclusión, el debate suscitado por las palabras de Pérez Reverte no es, en realidad, una disputa coyuntural ni un simple desacuerdo personal, sino la manifestación visible de una tensión histórica que atraviesa toda la reflexión sobre el lenguaje.

La RAE se encuentra hoy en un punto de equilibrio complejo entre dos misiones legítimas pero potencialmente contradictorias: orientar normativamente a los hablantes y describir con rigor científico una lengua viva, diversa y en permanente cambio.

Quizás un término medio sería la creación de una sección con palabras o usos en cuarentena, hasta que el paso del tiempo dicte sentencia. En cualquier caso, es en esa tensión permanente –incómoda, imperfecta, pero necesaria– donde reside la función real de una academia de la lengua hoy.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

"Oggi io sono un po’ triste"

El pasado 12 de septiembre, en su columna semanal del diario Perfil, Daniel Link reflexionó sobre quiénes ostentan la propiedad del lenguaje. Sus conclusiones, a continuación.


Los dueños del lenguaje

Una pregunta decisiva, que las humanidades (hoy bajo ataque inexplicable) han formulado varias veces con respuestas bien distintas es a quién le pertenecen las lenguas.

En mis horas muertas hago un curso online de italiano, a través de una plataforma célebre para el aprendizaje de idiomas (es, realmente, extraordinaria). Comete errores, sobre todo con el par de verbos ser/estar. Da como traducción correcta de Oggi io sono un po’ triste, “Hoy yo soy un poco triste”. Es cierto que el ser puede pensarse como discontinuidad (hoy ya no soy lo que fui ayer), pero aquí pareciera que se alude a un estado pasajero.

Por supuesto, lo que está bien o lo que está mal depende de a quién consideremos autoridad para decidirlo, a quién consideremos dueño de las normas lingüística y, por lo tanto, del lenguaje.

Cualquiera podría pensar que, respecto de la lengua italiana, esa es una pregunta fácil de contestar: ¡los italianos! Pero ese colectivo reúne a varios conjuntos que no usan la lengua de la misma manera: los sicilianos, los romanos, los napolitanos, los milaneses. Podríamos decir, entonces, que la autoridad sobre una lengua la ejercen quienes la usan.

Es el argumento que se esgrime siempre en contra de la pretendida autoridad de la Real Academia Española, para la cual los legítimos dueños del castellano son quienes lo amasaron durante siglos a partir de los restos del latín. La propiedad del castellano es más compleja que la del italiano precisamente por las repúblicas hispanoparlantes, que reivindicaron su independencia lingüística al mismo tiempo que la política.

Tan así fue que a los académicos reales no les quedó más remedio que aceptar (muy entrado el siglo XX) que el castellano es una lengua pluricéntrica, porque tiene más de una variedad estándar.

La autoridad, pues, pasó a manos de los hablantes nativos (el español es la segunda lengua del mundo por número de hablantes nativos, 477 millones, solo por detrás del chino mandarín).

El problema de esa masividad se complejiza con la industrialización de la lengua, es decir, cuando la lengua pasa a ser materia prima de empresas internacionales de comunicación, que elaboran su propio estándar (por ejemplo: las empresas multimedia que distribuyen contenidos para la televisión). Allí, la propiedad de la lengua no se decide ni por el nacimiento ni por el uso, sino por el rendimiento (los subtítulos se elaboran en dos versiones: español peninsular y español latino, sin que se sepan bien los fundamentos de esas decisiones).

Transformada de medio de comunicación o de expresión (que no son la misma cosa) en mercancía, los dueños de la lengua pasan a ser quienes someten a ella a la mayor explotación, y la más exitosa.

Vuelvo a mi curso de italiano, en la plataforma más importante del mundo (hay más norteamericanos estudiando idiomas a través de ella que en todas las escuelas estadounidenses). Es una máquina, que funciona con algoritmos diseñados alguna vez por lingüistas y pedagogos expertos y que ahora funciona de manera más o menos automática, asistida por inteligencias artificiales. Cada error que cometo me quita una “vida” en el proceso de aprendizaje (ese vaciamiento vital pretende que pague una cuota mensual de dólares para seguir aprendiendo, sin terror a la muerte).

Hay un botón que permite “reportar” errores, pero esa función, lejos de transformarnos en una autoridad, nos transforma en trabajadores gratuitos (esclavos) de y para la máquina. Es lo mismo que sucede cuando Google Maps nos pide que reportemos, confirmemos o desechemos alguna circunstancia en un trayecto que estamos realizando.

Lo que se nos aparece es una nueva forma de apropiación: ya no son ni los hablantes nativos, ni los usuarios, ni las compañías multimediáticas quienes toman decisiones sobre las lenguas (y sus equivalencias) sino directamente el sujeto abstracto y maquínico que habita en los algoritmos.

jueves, 4 de septiembre de 2025

Educar al soberano: una cruzada de papanatas

Los fragmentos que siguen a continuación constituyen un breve fragmento introductorio de un artículo publicado en el diario argentino InfoBAE el pasado 29 de abril. Lo firma una tal Jenifer Nava, periodista mexicana que publica en el medio desde 2020, luego de haber sido redactora de Televisa. Como podrá leerse, parece una publicidad de la Real Academia Española y de la FUNDEU, el brazo armado de esa institución, dedicado a "enseñar" a los periodistas de lengua castellana a redactar correctamente, según las pautas fijadas por la RAE. 

Todo llevaría a pensar que se trata de una misión altruista. Pero si uno acerca la lupa, se comprueba que se trata de una manera de uniformar la lengua de acuerdo con un único criterio: el español, empobreciéndola increíblemente. Luego, cabe preguntarse por la pertinencia de esta introducción más bien larga para luego ejemplificar con el uso correcto de la expresión "hotel cápsula". La explicación es sólo una: es una manera de permitirle al medio en cuestión ocupar espacio sin pagar la nota, malamente redactada por alguien de la casa, presentándola como un servicio. Así, la RAE, la FUNDEU, InfoBAE y la pobre Jenifer Nava dan pena.

Tip de la RAE: hotel cápsula, escritura adecuada

En un mundo regido por la inmediatez parecería que la ortografía ha dejado de tener importancia, sin embargo, el escribir textos con coherencia y sin erratas siempre será benéfico en todos los ámbitos.

En lo laboral, el escribir de forma correcta deja ver a los demás las habilidades y conocimientos que se poseen; además, ayuda a construir una imagen óptima a través de la cual puedes parecer más serio y confiable. El tener errores de ortografía y sintaxis pueden, por el contrario, dar un pensamiento negativo que te haría parecer descuidado o poco preparado.

Por otro lado, el tener la capacidad de hacer un texto bien redactado habla también de la personalidad, al mostrar interés por siempre construir un buen puente de comunicación con los interlocutores.

Aunque escribir bien no es una tarea sencilla, requiere de mucha práctica y de conocer las estructuras de la lengua, por lo que leer puede ser un gran apoyo para la riqueza del léxico.

En este sentido, la Real Academia Española (RAE) se ha convertido en la institución más relevante para la regularización lingüística, a través de la promulgación de normas para fomentar la unidad idiomática del mundo hispanohablante.

La Fundación del Español Urgente (Fundéu), una institución sin ánimo de lucro que tiene como objetivo el impulsar el buen uso del español en los medios de comunicación, se ha aliado con la RAE y emite en su página web y de manera constante diversas recomendaciones para que los ciudadanos puedan resolver sus dudas sobre cómo se escribe correctamente cierta palabra, cómo se usa una expresión o tips de temáticas varias.

martes, 17 de diciembre de 2024

Javier Cercas: conservador en la Real Academia

El pasado 15 de diciembre, el suplemento de cultura del muy conservador diario La Prensa, de Buenos Aires, publicó una entrevista, previamente aparecida en la agencia española EFE, a propósito de la entrada en la Real Academia del escritor Javier Cércas. En la bajada se lee: "La lengua castellana goza de una salud magnífica, asegura el autor de Soldados de Salamina. Recuerda que no es función de la Academia imponer términos inclusivos".

“El lenguaje no se cambia por decreto”

Hace tiempo que el idioma es uno de los territorios en los que se disputa la remanida “batalla cultural”. De un lado, se alinean los partidarios del “lenguaje inclusivo”, fuerza de choque del progresismo mundialista potenciado en las últimas décadas, pese a algún reciente traspié en las urnas. Del otro, una alianza informe y variopinta que aglutina a quienes se aferran -muchas veces sin saberlo- a nociones que sus rivales querrían ver sepultadas, como el “orden natural” o el “sentido común”.

En la entrevista que se publica en estas páginas, el escritor español Javier Cercas confirma con claridad de qué lado se ubica en la contienda, aunque no sea de los que siempre empuñan el fusil en la primera línea de la resistencia.

Autor de libros consagratorios como Soldados de Salamina o Anatomía de un instante, Cercas ingresó el pasado 24 de noviembre en la Real Academia Española (RAE).

Lo hizo convencido de que el lenguaje no se cambia “por decreto” y formulando una exhortación -dirigida en primer término a políticos y gobernantes- a entender que “el español es nuestra mayor riqueza” en el vasto ámbito llamado Hispanoamérica.

“El lenguaje no se cambia por decreto, son los hablantes los que lo cambian”, declaró en respuesta a un cuestionario escrito presentado por la agencia EFE poco antes del acto de ingreso en la RAE, que el escritor coronó con la lectura del discurso “Malentendidos de la modernidad”.

Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) paso a ocupar la silla R, vacante desde el fallecimiento de Javier Marías el 11 de septiembre de 2022.

Su candidatura, propuesta por Mario Vargas Llosa, uno de sus primeros y más grandes valedores en el mundo literario; Clara Sánchez, y Pedro Álvarez de Miranda, fue aceptada el pasado 13 de junio. Aquí se reproduce la entrevista completa.

—¿Qué significa para usted ser académico y, en concreto, tomar el relevo de Javier Marías?
—Nunca se me pasó por la cabeza ser académico de la RAE pero, quizá por eso mismo, ahora estoy encantado de serlo: obviamente, se trata de un gran honor. En cuanto a Marías -a quien apenas conocí personalmente-, fue uno de los grandes escritores de las últimas décadas, así que ocupar su sillón supone una responsabilidad añadida.

SERVICIO PUBLICO

—¿Impone la perspectiva de un cargo vitalicio?
—Me parece estupendo. Por lo demás, le recuerdo que la Academia es una entidad público-privada, que los académicos trabajamos gratis et amore -sin sueldo, sin despacho, sin secretaria, sin nada de nada- y que, para mí, se trata ante todo de hacer un servicio público, consistente en cuidar de lo más importante que poseemos: nuestra lengua.

—¿Sigue teniendo sentido el lema fundacional de “limpia, fija y da esplendor” o habría que inventar uno nuevo? ¿Alguna idea?
—Gómez de la Serna, que creo que estaba bastante cabreado con la Academia porque no pudo ingresar en ella, decía que el lema famoso parecía el lema de una asociación de limpiabotas. A mí en cambio me parece muy bien.

—¿Cómo ve la salud del español? ¿Cuáles cree que son las principales amenazas para su preservación?
—El español goza de una salud magnífica, que no para de mejorar porque no para de crecer su número de hablantes. Necesitamos prestigiarlo (cosa que deben hacer antes que nada los creadores y los científicos). Y, sobre todo, necesitamos que los políticos entiendan de una vez por todas que el español es, a años luz, nuestra principal riqueza, y que obren en consecuencia.

—¿Le preocupa el creciente uso de anglicismos?
—No. Bueno, me preocupa si son innecesarios o gratuitos o estúpidos, si se usan mal. Las lenguas no son organismos fosilizados: están vivas, en permanente renovación, y a menudo se renuevan con préstamos o adaptaciones de otras lenguas, y las adaptaciones pueden ser buenas, malas o regulares, fecundas o infecundas. Siempre ha sido así.

—Se debate mucho ahora sobre la carga ideológica de algunas palabras, ¿le parece positivo? Casos como “judío”, en su acepción como avaro, denunciada recientemente por un juez argentino o el uso de las terminaciones de género.
—Me parece estupendo que se discuta sobre el lenguaje, sobre las palabras que empleamos y cómo las empleamos, pero naturalmente hay discusiones valiosas e inteligentes y otras tontas e inútiles.
Pero mucho me temo que aquí hay un malentendido: que yo sepa, la Academia no se dedica a decirle a la gente cómo debe hablar; se dedica a decir cómo habla la gente: la Academia describe, no prescribe, aunque puede recomendar o desaconsejar determinados usos (los únicos ámbitos en que tiene capacidad prescriptiva son, me parece, la ortografía y la puntuación, por razones obvias).
¿Se usa todavía la palabra judío en la acepción denigratoria de avaro? Pues entonces la Academia tiene la obligación de no ocultarlo, de constatarlo, igual que tiene la obligación de no ocultar o constatar cualquier uso insultante o denigratorio de una palabra.

LA UNIDAD
—¿Debería la Academia aceptar el uso de la terminación -e para dar cabida al género no binario?
—¿Usted conoce a mucha gente que diga “todes”? Yo, a nadie. El lenguaje no se cambia por decreto: son los hablantes los que lo cambian; no la Academia.

—En tiempos en que se alienta la división desde la política, ¿puede ser el idioma un lugar desde el que fomentar la unidad?
—La lengua es por definición el lugar de la unidad, porque es el instrumento que nos permite entendernos. Pero hay que usarla para decir la verdad, no para contar trolas (mentiras); para revelar lo que nos une, no para inventar lo que nos separa.

—¿Qué puede adelantar de su próximo libro?
—Será una novela sin ficción titulada El loco de Dios en Mongolia, un libro donde, como en otros míos, se mezclan diversos géneros -el ensayo, la crónica, la historia, la biografía, la autobiografía etc.. Un thriller en cuyo centro se hallan el papa Francisco y el mayor misterio del que tengo noticia: la resurrección de la carne y la vida eterna. Se publicará el 1 de abril.

viernes, 15 de noviembre de 2024

Cuando ya no parecía posible, los idiotas de la Real Academia se superan en imbecilidad

El pasado 12 de noviembre, Marc Mestres publicó en La Vanguardia, de Barcelona, un breve suelto que sintetiza una vez más la capacidad ociosa y la imbecilidad de los miembros de la Real Academia. Se trata de algo tan pero tan pelotudo que ni ganas dan de anticipar el contenido. Lean y saquen sus conclusiones.

La razón detrás del cambio

La Real Academia Española (RAE) ha sorprendido a todos al anunciar un cambio en la manera correcta de expresar la risa escrita en español. Para muchos, el uso de “jajaja” es una forma habitual y directa de reírse en mensajes de texto y chats.

Sin embargo, la RAE ha establecido que esta expresión no es fiel a las normas de la lengua española y ha propuesto un nuevo estándar que los hablantes deberían adoptar.

La risa y la lengua española. 
Para la RAE, la representación correcta de la risa en  español debe ser “ja, ja, ja”, con comas entre cada “ja”. De acuerdo con la Academia, esta forma separada respeta las reglas de acentuación y evita la creación de una palabra compuesta.

Cuando escribimos “jajaja” en bloque, estamos generando una palabra llana que, según las normas, llevaría tilde, ya que cae en la penúltima sílaba. Al utilizar la forma con comas, la secuencia de “ja, ja, ja” no constituye una palabra independiente, sino una serie de expresiones individuales de risa, eliminando así la necesidad de acentuación.

El emoji de las lágrimas y la risa es el más usado en todo el mundo

La evolución de las onomatopeyas. 
La RAE, como autoridad en el uso correcto del español, tiene la misión de ajustarse a la evolución del lenguaje. Las onomatopeyas, como representaciones de sonidos, buscan reflejar con precisión el sonido al que hacen referencia. En este caso, “ja” es la forma más precisa de expresar la risa en español. La “h”, aunque presente en la risa escrita en inglés (“hahaha”) y en francés (“hahaha”), es muda en español y no representa ningún sonido.

Las variantes de la risa. 
La RAE también destaca que la risa escrita puede adoptar diferentes formas según el tono o la intención. Variaciones como “je, je, je” para risas irónicas, “ji, ji, ji” para una risa tímida o contenida, y “jo, jo, jo” para una risa más profunda o sarcástica ofrecen al hablante español maneras de matizar su risa en texto. Esto permite que cada tipo de risa tenga su propio matiz y significado, lo cual enriquece la comunicación escrita.

jueves, 28 de septiembre de 2023

"No quieren complicarse la vida, no quieren enfrentarse a la sociedad"

El pasado 27 de septiembre, el plagiario español Arturo Pérez Reverte fue entrevistado por Laura Ventura, para el diario La Nación, de Buenos Aires. Las preguntas trataban sobre su última novela, salvo una, referida a la Real Academia, institución a la que pertenece y que parece decepcionarlo. Pobre, ¿no? 

"La Academia se está impregnando de la cobardía de los últimos tiempos"

-Usted es miembro de la Real Academia Española. ¿Tiene alguna iniciativa específica desde este cargo que ocupa?
-Las he tenido, pero ya no. La Academia se está impregnando de la cobardía de los últimos tiempos. Por miedo a la presión social calla demasiado a menudo, no se atreve a plantar cara a determinadas exigencias de la sociedad. Esa dejadez de la Academia Española y de otras Academias, a la hora de señalar y decir que algo se está haciendo mal, no me gusta. No quieren complicarse la vida, no quieren enfrentarse a la sociedad. Cada vez me siento menos vinculado con muchas decisiones de la Academia, incluso hay normas de la Academia que no respeto a la hora de escribir.

viernes, 3 de marzo de 2023

Estos tipos bien se podrían meter sus respectivos curriculums en el culo

Según ya es deporte, muchas veces este blog se dedica a revelar en que andan las mentes siempre en ebullición de los académicos españoles. Así, viendo hoy en InfoBAE un suelto sobre la escritura de una palabra, acudimos a la fuente y dimos con el sitio de la FUNDEU, esa rama gurka del la Real Academia, cuyos esbirros se dedican a "aconsejar" a los periodistas hispanoamericanos, ay, siempre tan propensos a esribir el mal castellano que se habla en sus países. 

Currículo y currículum

Currículo y currículum se escriben con tilde y en redonda, mientras que la locución curriculum vitae no se acentúa gráficamente, de acuerdo con la Ortografía de la lengua española.

En los medios de comunicación es habitual encontrar frases como «La oposición ha pedido que se revise el currículum vitae del consejero», «Redactar el currículum vitae puede ser una de las tareas más complejas» o «Su currículum vitae debe ser conciso, no parecer recargado de información».

Pese a que el Diccionario panhispánico de dudas (2005) establecía el uso de la tilde en esta locución, la actual Ortografía (2010) ha modificado este criterio y aboga por escribir las locuciones latinas en cursiva y sin tilde, de modo que lo apropiado en los ejemplos anteriores habría sido curriculum vitae.

En esta locución la pronunciación corriente del segundo elemento es /bíte/, propia del latín vulgar, aunque también se emplea /bítae/, correspondiente al latín clásico. En cambio, no es adecuada la pronunciación /bitáe/.

Los plurales de currículo y currículum son currículos y currículums, respectivamente; el de la locución, sin embargo, es invariable y tiene género masculino: los curriculum vitae. Se considera inadecuada la variante currícula.

Por otro lado, se recuerda que currículo, currículum y curriculum vitae solo son sinónimas con el significado de ‘relación de los títulos, honores, cargos, trabajos realizados, datos biográficos, etc., que califican a una persona’. La voz currículo es además ‘plan de estudios’ y ‘conjunto de estudios y prácticas destinadas a que el alumno desarrolle plenamente sus posibilidades’.

Cabe señalar, finalmente, que las voces videocurrículum y videocurrículo se escriben con el elemento compositivo video- unido a currículum y sin tilde.

martes, 13 de diciembre de 2022

Alicia Zorrilla entrevistada: agarren y lean

El pasado 11 de diciembre, con la excusa de la aparición de un nuevo libro con su firma, Alicia Zorrilla fue entrevistada por Mónica López Ocón, para el diario virtual Tiempo Argentino. A continuación, lo que dijo.

“Las academias dan guías, pero el hablante es libre”

¿Qué quiere decir “hablar bien”? ¿Cómo se establecen los criterios de corrección e incorrección? ¿Cuál es la función de las academias de la lengua? En esta nota, Alicia María Zorrilla contesta a estas y otras preguntas a propósito de la publicación de su último libro,¡¿Por las dudas…?! (Libros del Zorzal).

Zorrilla es miembro de número de la Academia Argentina de Letras y presidenta de esa institución; miembro correspondiente hispanoamericana de la Real Academia Española; doctora en Letras por la Universidad de El Salvador; licenciada en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid, por enumerar solo algunos datos de su extenso currículum que consigna, además, numerosas distinciones y diversos libros publicados, tanto obras literarias como lingüísticas.

Aunque sus títulos y honores resulten intimidantes, Zorrilla quiebra la solemnidad de sus antecedentes académicos con un particular sentido del humor que ya había desplegado en su libro anterior destinado no al ámbito académico sino al gran público lector: Sueltos de lengua (Libros del Zorzal).

Ella atribuye su sentido del humor a la mezcla de sangre andaluza con sangre gallega, aunque –y esta es solo una opinión personal– quizá sea la única forma que encuentra para sobrellevar los martirios que los hablantes solemos infligirle a la lengua y que en ella producen la misma sensación desagradable que el chirrido de una tiza o de una uña sobre un pizarrón.

Sobre todo en el último tiempo, la corrección lingüística tiene mala prensa. Un cierto hipismo intelectual o una teoría supuestamente transgresora que se levanta contra toda norma proclama que se pueden inventar de la nada palabras por cuenta propia como si se tratara de un microemprendimiento, atropellar los verbos, repartir comas sin ningún criterio, usar y abusar del potencial, transpolar impunemente criterios de otras disciplinas a la lengua como si esta no constituyera un sistema autónomo y, lo que es aún peor, como si no fuera un bien común, quizá el repartido de manera más equitativo, porque para ser un hablante no se requiere tener un abultado depósito bancario, vivir en un country, ni rendir ningún tipo de examen de admisión.

En su último libro, Zorrilla vuelve a emprender la quijotesca empresa de “desfacer agravios y enderezar entuertos” lingüísticos para evitar que todos, pero fundamentalmente quienes nos arrogamos el pomposo título de comunicadores sociales, no perpetremos crímenes lingüísticos como el que la autora detecta en el Faro de Vigo: “Calcula el Instituto Nacional de Estadística (INE) que este año va a morir gente que no había muerto nunca, pero en mucha mayor cantidad”. La pandemia, según parece, también tuvo inesperadas consecuencias en la lengua.

–¿De qué modo se establece el criterio de corrección o incorrección en el campo de la lengua?
–Cuando una oración cumple con el sistema gramatical en cuanto al orden de las palabras, es gramatical. Por ejemplo: “La casa es de madera”. Cuando la sintaxis no respeta el orden que deben tener las palabras en la oración se da la agramaticalidad. Por ejemplo: “La mujer pone” es agramatical porque a esa oración le falta un elemento. Lo mismo sucede cuando surgen anacolutos que revolucionan la sintaxis.

–¿Podría explicar el concepto de anacoluto?
–Es la inconsistencia que se establece cuando no se relacionan bien las palabras en la oración.

–¿Cuáles son las instituciones encargadas de pronunciarse acerca de los errores en la lengua?
–En otros momentos de la historia la regla era monocéntrica. La Real Academia Española dixit. Ahora, desde hace varios años, la norma es policéntrica. Las 23 academias trabajamos conjuntamente. Formamos parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española y entre todas conformamos la normativa. La academia de cada país le entrega a la academia española las normas en uso. Me refiero a las palabras y expresiones más difundidas. Los periodistas suelen decir que la Academia Española hoy dice A y mañana dice B. Pero no es así. Lo que sucede es que como ahora se respeta el español de la Argentina, el de Bolivia, el de Uruguay, etcétera, cada país envía su léxico y sus normas.

–¿Podría dar un ejemplo?
–Sí. La Academia Española comenzó con “vídeo” que realmente es la pronunciación correcta. Pero en la Argentina todos dijimos video y ya se introdujo. ¿Por qué? Porque la Academia Española respeta lo que nosotros le enviamos desde la academia argentina.

–¿En función de qué criterio se establece que “vídeo" es la pronunciación correcta? ¿De su etimología?
–Sí, exactamente, de su etimología.

–¿Es decir que el criterio de corrección también está dado por el uso?
–Sí. Si se difunde un uso es porque hay una necesidad. Si esa necesidad está dentro del sistema gramatical, se aprueba. Se respeta lo que se usa en el país. Por ejemplo “agarrar”, que es algo que trato en el libro: “Yo agarré y fui al hospital con mi nene”. Antes esa oración era considerada incorrecta. Ahora no. Significa tomar una decisión y la Real Academia Española ya lo registró como una norma nuestra. A mí siempre esa expresión me llamaba la atención, no la entendía. Lo mismo sucede con “ciudadano de a pie”. Yo prefiero “ciudadano común”, pero no hay ningún error en esa expresión y se la utiliza mucho en la Argentina, aunque no está en el Diccionario de la Lengua de la Argentina que edita la Academia Argentina de Letras. Pero el año que viene, seguramente en marzo, vamos a tratar el tema para ver si se puede incluir, porque está bastante difundida. Algunos periodistas usan “republicanos de a pie”. Yo no le encuentro error, aunque no esté registrada. Otra palabra sobre la que me preguntaban siempre mis alumnos es “preocupante”. Lo que me preguntaban era por qué no está en el diccionario de la lengua. Pero está “preocupar” y “preocupante” es un participio de presente. Las academias no podemos registrar todo, porque serían tomos y tomos y no hay editorial que tolere eso.

–¿Cuál es el método por el que se establece la difusión de un vocablo o una expresión?
–La Real Academia Española nos manda a cada academia listas de palabras de posible inclusión en la futura edición del diccionario académico o en el diccionario digital y nos pide que nos fijemos en las definiciones para ver si están de acuerdo, en nuestro caso, con el uso argentino. Si hay diferencias se aclaran. En la Argentina –se informa– esta palabra no se usa, o a veces decimos que no se usa con ese significado, pero sí con otro. Esas aclaraciones se envían indicando las fechas. De eso se encarga el Departamento de Investigaciones Linguísticas y Filológicas.

–En su último libro usted se refiere a los medios, al área judicial con su exageración de gerundios y a la publicidad. ¿Son estos los mayores transmisores de errores lingüísticos?
–Siempre digo que hacemos docencia desde todos los ámbitos. La televisión se ve mucho. La publicidad se oye y se escucha mucho, porque algunas personas le prestan mucha atención. Si no cumplen una labor docente como deberían hacerlo, van a seguir introduciendo errores porque, como dijo John Locke “No hay ningún error que no haya tenido sus seguidores”. Los errores se propagan.

–Uno de los mitos que circulan entre los periodistas gráficos es que no es bueno utilizar adverbios terminados en -mente. Creo que eso viene en parte de García Márquez, al que no le gustaban y no los usaba, pero entiendo que eso formaba parte de su ideolecto, pero de ninguna manera es una regla universal. ¿Qué piensa usted?
–El abuso de este tipo de adverbio viene del inglés. Lo que hay que evitar es su abuso. Se pueden utilizar uno o dos en una página, pero no veinte como conté en una oportunidad. Está mal el abuso, pero el uso de ese tipo de adverbio es perfecto. Una pregunta frecuente de los alumnos es por qué no están en el diccionario, pero sí está el adjetivo, se forma con el agregado del sufijo. No es necesario que esté registrado en el diccionario para ser correcto.

–Contrariamente a lo que podría creerse, muchas veces los errores provienen de gente culta. Por ejemplo, en los últimos tiempos se ha propagado la expresión “al interior de” y tengo la sensación de que eso proviene, sobre todo, de quienes pertenecen a las ciencias sociales. Se ha transformado en una especie de jerga como si “al interior de” fuera distinto de “en el interior de” o tuviera otro estatus.
–Puede ser que lo piensen, sí, pero “al interior de” es un italianismo y la gramática normativa lo corrige siempre. Es como “en base a” que también viene del italiano. Otro error frecuente es usar el verbo “detentar” cuando alguien tiene un cargo porque significa haberlo obtenido de una manera que no es la lícita. También suele usarse mal el verbo “suplantar” como sinónimo de reemplazar o suplir, aunque “suplantar” significa ocupar el lugar de otro con malas artes y también falsificar un documento.

–Pero estas expresiones están impuestas por el uso. ¿En ese caso las academias de la lengua deberían aceptarlas?
–No, porque tenemos los elementos para vetarlas. “Al interior de”, “en base a” y “detentar” en el sentido de poseer son italianismos. La expresión muy usada por los periodistas como “relacionado a” en lugar de “en relación con” viene del inglés. “Es por ello que” es francés puro. Todo eso lo vetamos porque son calcos de otra lengua y la nuestra tiene su propia estructura. Por lo tanto, defendamos la nuestra.

–Estamos en la era de la comunicación, de las redes sociales. ¿Esto hace que los errores se multipliquen?
–No, creo que siempre los hubo. Lo que pasa es que las redes sociales se descuidan, se manejan libremente sin tener en cuenta las normas, argumentan que la economía verbal es importante. A mí me preocupa más que no sepan escribir un informe en una empresa, que no sepan redactarlo porque el que redacta es quien tiene en cuenta las normas. Mal o bien, todos escribimos. Pero redactar es escribir bien, de acuerdo con las normas.

–¿Y qué pasa con el gerundio de los abogados? El ejemplo típico de mal uso del gerundio es usarlo como adjetivo, por ejemplo “una caja conteniendo” en lugar de “una caja que contiene”.
–Sí, pero los abogados lo utilizan mucho más como posterioridad.

-¿Por ejemplo?
–“El ladrón robó el banco huyendo hacia la avenida”. Lo correcto sería “robó el banco y huyó hacia la avenida”. Se lo llama también gerundio copulativo porque se corrige con la “y” más un verbo conjugado.

–Últimamente ya no se dice “bolitas”, sino “canicas”; no se dice “tiroteo”, sino “balacera”. ¿Estamos más en contacto con la virtualidad que con la realidad?
–Sí, le he escuchado decir a mis sobrinos nietos “mamá, bota ese papel”. Lo toman de las películas o de la publicidad de otros lugares.

–Hay gente que suele enojarse con la Real Academia de la Lengua Española porque no acepta, por ejemplo, el lenguaje inclusivo. Pero la Academia no le cobra multa a quien no lo usa, no lo sanciona. ¿Cuál es la función de una academia de la lengua?
–Cuidar el uso del idioma. Entonces damos orientaciones o guías a través de las normas para que no nos salgamos del sistema gramatical. Pero el hablante es libre. Lo importante es que use esa libertad para que lo entiendan, y para que lo entiendan tiene que hablar en español.

jueves, 3 de febrero de 2022

" La ortografía en sí no es más que 'un código convencional'"

El pasado 17 de enero, Gabriela Mayer publicó una nota en InfoBAE cultura a propósito de la ortografía en tiempos digitales. Según se pregunta en la bajada, “¿Cómo inciden las nuevas tecnologías en la ortografía? ¿Cuáles son los errores ortográficos más frecuentes? En diálogo con InfoBAE Cultura, una serie de especialistas revelan cuáles son las consultas más usuales y las más desopilantes”.

Ortografía, errores y dudas, 
¿se escribe peor que antes?

Gabriel García Márquez pidió jubilar la ortografía, “terror del ser humano desde la cuna”, en su célebre discurso pronunciado en Zacatecas. “Enterremos las haches rupestres, firmemos un tratado de límites entre la ge y la jota, y pongamos más uso de razón en los acentos escritos, que al fin y al cabo nadie ha de leer lagrima donde diga lágrima ni confundirá revólver con revolver”, reclamó el premio Nobel de Literatura.

Unos años atrás, el periodista y escritor Álex Grijelmo opinaba en El País: “Quien tiene un problema de ortografía no sufre solamente ese problema. Los errores con la puntuación o las letras van siempre asociados a una deficiente expresión sintáctica y a un vocabulario pobre. La ortografía es el mercurio que sirve para señalar la fiebre. Se podrán abolir las haches y las tildes, como propuso García Márquez, pero no por romper el termómetro bajará la temperatura”.

Santiago Kalinowski puntualiza en entrevista con Infobae Cultura que la ortografía en sí no es más que “un código convencional”. Y cita el ejemplo de Roberto Arlt, “quien escribía de manera brillante con errores de ortografía”. Sin embargo, aclara que la buena ortografía “viene de la frecuentación de los textos, que hace que las personas sean más competentes en la lectura y la escritura. De modo que no suele darse el caso de una persona que escriba muy bien, con mucha claridad y capacidad de síntesis, y tenga muchos errores de ortografía”.

Entretanto, las normas ortográficas, lejos de disfrutar de su jubilación, interactúan en escenarios que presentan nuevas complejidades. Desde las redes sociales a las aplicaciones de mensajería instantánea, donde reina una profusión de emoticones y abreviaturas. Lejos de los tiempos de la imprenta, cuando la escritura debía superar muchos filtros antes de su circulación pública, las palabras escritas se multiplican a toda velocidad.

El director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas (DILyF) de la Academia Argentina de Letras señala que, “lo que los hablantes hicieron toda la vida oralmente, a partir de la irrupción de las nuevas tecnologías lo están haciendo por escrito. Es decir, es necesario poder tener por escrito una conversación vulgar, una conversación coloquial, una conversación neutra y una conversación formal. No solo neutro-formal como era antes, cuando había que ir a la imprenta. Hoy la escritura que tiene circulación pública abarca todo el abanico y esa es la gran novedad que introducen las redes sociales”.

El lingüista y lexicógrafo especifica que no porque alguien utilice “una ortografía no canónica en el WhatsApp tiene mala ortografía. Va a ir variando su codificación ortográfica de acuerdo con el contexto en el que está escribiendo. La persona que es competente sabe que no puede usar la ortografía de WhatsApp en el examen de la universidad o en el currículum”.

“Cuando uno ve ‘casa’ escrito con ‘k’ en un chat, no es que esa persona no conoce la ortografía de ‘casa’, porque no hay palabra más fácil de escribir. No hay ningún conflicto ahí, no es que se equivocó. Lo que hizo fue alterar, intervenir la ortografía”, para adoptar un registro informal. Y agrega que el hablante tiene muchos recursos: el tono de voz, la expresión, la cara, las cejas. “Esa necesidad que antes estaba limitada cuando la escritura pública debía ir a la imprenta, ahora se volvió una necesidad comunicativa por escrito”.

Kalinowski explica que entonces “aparecen nuevos códigos ortográficos, aparece una codificación ortográfica”. “Todos sabemos lo que significa poner llorar con ‘sh’, tiene un valor expresivo. Hay un matiz comunicativo que aparece cuando uno interviene la ortografía. Entonces ese código intervenido empieza a ser compartido por los hablantes y resulta mucho más eficaz”.

Por lo tanto, “la misma persona que a la mañana da una conferencia, a la tarde habla con su jefe y a la noche se enoja con el árbitro es capaz de cambiar su registro en esas distintas situaciones comunicativas sin ningún problema. Consecuentemente, si una persona escribe un contrato a la mañana, una nota para el consorcio a la tarde y después escribe un tuit y chatea con los amigos, puede ir usando distintos códigos ortográficos que sean adecuados a esas distintas situaciones de enunciación”.

InfoBAE Cultura también dialogó con Laura Rajchman, de @policía.de.la.ortografia, y con Natalia Imperiali, de @lacorrectoraok, creadoras respectivamente de estas cuentas de Instagram que detectan errores ortográficos y brindan recomendaciones para evitarlos. “Me hacen mal los errores de gramática y de ortografía”, se presenta Rajchman en su cuenta con más de 45.000 seguidores; mientras que Imperiali alienta a sus casi 20.000 followers: “escribir bien es fácil”.

Respecto de las nuevas tecnologías, Rajchman –traductora e intérprete de inglés y correctora de español– considera: “Creo que la comunicación por WhatsApp muchas veces no ayuda, porque la gente tiende a abreviar mucho todas las palabras. Además, el corrector del celular también nos juega en contra muchas veces. Por ejemplo, cada vez que quiero escribir ´mi casa´, el corrector me cambia ese mi y le agrega una tilde. Y, a veces, estamos muy apurados y no llegamos a releer lo que escribimos antes de enviarlo”.

Imperiali, traductora de inglés, correctora y docente, matiza: “Por un lado, ahora leemos y escribimos más que nunca. Por el otro, es cierto que la inmediatez nos ‘obliga’ a descuidar un poco la lengua. Son las nuevas reglas del juego y no creo que haya que indignarse, esa es una guerra perdida. Sí me parece importante saber en qué contextos hay que prestar más atención a lo que escribimos (un trabajo para la facultad, un mail de trabajo), además de tener curiosidad y ganas de aprender siempre. Eso solo ya es un montón”.

Dudas frecuentes, dudas insólitas: Del Scrabble a la milanesa y el flan
La Academia Argentina de Letras (AAL) ofrece el Servicio de Consultas a cargo de los lexicógrafos que integran el DILyF, tanto por teléfono como a través de un formulario online, para colaborar en la resolución de dificultades con las que suelen tropezar los hablantes.

Antes de la pandemia se recibían unas 2.000 consultas telefónicas anuales, detalla Kalinowksi. “Las consultas por correo electrónico rondan las 600 anuales. A diferencia de lo que predomina en las telefónicas, las consultas por escrito suelen requerir la elaboración de un informe más largo y complejo”.

Y destaca que, “por razones históricas, la ortografía y la corrección lingüística en general tienen un rol social muy importante en la manera en que se evalúan las personas y sus aptitudes. Por eso hay tanto escándalo si algún político comete un error de ortografía”.

El público que recurre al servicio de consultas es diverso. “Hay gente que ayuda a los hijos a hacer la tarea, hay hijos haciendo la tarea, gente que llama porque tiene una disputa en el Scrabble. También sucede que hay gente que se interesa muchísimo en esos temas y quiere que básicamente trabajemos de contestar sus preguntas, lo cual tampoco es el espíritu del servicio”. Y el lingüista aclara: “No es un lugar donde uno manda un texto y se lo devuelven corregido. Para eso hay que pagar un corrector, que es un profesional que se dedica a eso y hay muchísimos excelentemente formados en la Argentina”.

Rajchman, de @policia.de.la.ortografia, cuenta que le envían todo tipo de consultas. “Desde cómo se conjugan ciertos verbos hasta gente que quiere que revise algunos textos que se están por tatuar y quieren asegurarse de que estén bien escritos. También me llegan preguntas sobre tildes”.

“A veces me escribe una seguidora y me dice que hizo una apuesta con su novio sobre cómo se escribe algo y que soy la única que los puede ayudar a ver quién tiene la razón”. Entre las preguntas graciosas que le formularon, cita la siguiente: “Si digo ‘me comí una milanesa seguido de un flan’, ¿qué comí primero? ¿La milanesa o el flan?” Una duda que resolvió respondiendo: “Me comí una milanesa seguida (la milanesa) de un flan. Primero la milanesa y después el flan”.

Inicialmente Rajchman utilizaba un blog y Facebook. “Ahora la única (red) que uso es Instagram porque encontré muy buena interacción con la gente. Me sorprendió que tanta gente estuviera interesada en mi contenido. Lo empecé como algo para mí porque me hacía mal ver tantos errores, pero nunca me imaginé que iba a tener la cantidad de seguidores que tengo”.

Imperiali también recibe todo tipo de consultas, aunque le llegan más dudas relacionadas con la gramática que con la ortografía. @lacorrectoraok –asimismo está en Facebook, Twitter y LinkedIn– comenta que, aunque desarrolla más actividad en Instagram, “en todas las redes tuvo buena recepción”.

“Me sorprendió mucho porque no sabía que había tanto interés en el estudio de la lengua. Jamás me imaginé que iba a llegar a casi veinte mil seguidores…” Y apunta: “No me gusta la exposición en general, me da nervios pensar que tantas personas van a leer mis publicaciones. Igualmente, recibo siempre tanta buena onda que me dan ganas de seguir”.

Tildes, mayúsculas, puntuación & cía.
Kalinowski destaca que el español es relativamente transparente y su ortografía es bastante cercana a la pronunciación. “De modo que al mismo tiempo que es una enorme ayuda, trae aparejadas algunas trampas, porque hay momentos donde la pronunciación no ayuda, por ejemplo, para poner la hache. Entonces, como no suena, por ahí la olvidamos, sobre todo si está en el medio de una palabra, como ‘rehusarse’, ‘trashumancia’”.

Y el lingüista agrega que más o menos el 95 por ciento de los hablantes de español no distingue en la pronunciación la zeta, la ese y la ce ante “e” o “i”, a partir de lo cual también se generan muchos errores.

Otras faltas muy frecuentes se relacionan con el uso de las comas. “Algunas requieren cierto conocimiento sintáctico para saber dónde van, para no separar el sujeto del predicado. Uno tiene que tener conciencia acerca de cuáles son las estructuras que forman la frase y eso trae muchas dudas y suele ser fuente de muchas consultas también”.

Asimismo percibe “bastante ansiedad” respecto de las mayúsculas. “Hay muchas que son protocolares o de respeto. En general las recomendaciones que hace la ortografía de la Real Academia Española tienden a bajar lo más posible las mayúsculas, tratar de hacer que seamos menos ‘mayusculeros’”, señala el director del DILyF.

Kalinowski recuerda que la Ortografía de la lengua española (2010) recomienda suprimir ciertas tildes, pero hay mucha gente que se resiste. Entre ellos el miembro de la RAE Arturo Pérez-Reverte, quien no dudó en tuitear: “Sólo opino que no estoy solo cuando escribo sólo con tilde, lo que hago sin complejos cada vez que lo necesito; algo que, como escritor profesional que soy, me ocurre a menudo. A mí me enterrarán con las tildes puestas, demostrativos pronominales incluidos, que ésa es otra”.

Entre los errores más comunes, detalla Rajchman, de @policia.de.la.ortografia, “la mayoría de la gente dice y escribe ‘hubieron’ y ‘habían’ en lugar de ‘hubo’ y ‘había’”. “Uno de los errores gramaticales que escucho más seguido es el condicional mal conjugado. Cuando dicen ‘Si sería más joven…’ en vez de ‘Si fuera o fuese más joven…’”.

“Otro es la conjugación del verbo apretar. Mucha gente no sabe que debe decirse ‘yo aprieto’ y dicen ‘yo apreto’. Ahora está muy de moda decir ‘la primer dosis’ y la forma correcta es ‘la primera dosis’. Siempre que el sustantivo sea femenino, debe decirse primera o tercera. También hay una gran tendencia a escribir algunos monosílabos con tilde, como vio, dio, vi, fue y ninguno de ellos debe escribirse con tilde”, agrega.

Desde @lacorrectoraok, Imperiali afirma que se cometen muchos errores, “pero tampoco todas las personas pueden ser expertas en ortografía. Si no, no existiría la profesión del corrector. Es habitual confundir símbolos y abreviaturas, por ejemplo, decir las 18 hs., cuando lo correcto es 18 h, sin plural ni punto. También es común pluralizar las siglas (las ONGs, lo correcto es las ONG). El uso de prefijos suele generar dudas. También es frecuente encontrar errores de acentuación, pero algunas reglas han cambiado en el último tiempo, así que es entendible. Y la puntuación es un tema aparte, pero, bueno, la realidad también es que es menos fácil de lo que parece”.

En Signos de civilización. Cómo la puntuación cambió la historia, que acaba de publicar Ediciones Godot, el académico noruego Bård Borch Michalsen propone que, en pos de una buena comunicación, “se deben aprovechar al máximo las posibilidades que ofrecen los signos de puntuación: el reflejo a partir de un punto y coma, la reorientación cuidadosa y momentánea de una coma, la maravilla de un signo de interrogación, la expectativa generada por los dos puntos, la emoción que provoca un signo de exclamación, y, por último, la conclusión del punto”.

¿Se cometen más errores de ortografía que antes?
Kalinowski se muestra cauto ante esta pregunta y cree que se trata más bien de una percepción. “Es un poco difícil hablar de evolución diacrónica en la ortografía y en la corrección por escrito en general. No son muchos los estudios longitudinales que se han hecho, es decir, a lo largo de mucho tiempo, que permitan establecer eso con algún grado de certeza”.

“Lo que circula generalmente es la idea de que siempre se habla y se escribe peor y es una percepción que suele no tener nada que ver con la realidad y las prácticas de escritura en general”, aclara el director del DILyF.

Y menciona un estudio que se hizo a lo largo de 100 años, “que está en un podcast de dos lingüistas, que se llama lingthusiasm. Ellas citan un estudio longitudinal de un siglo que analiza la escritura, la ortografía, de los ensayos de ingreso a la universidad de 1910 hasta 2010″. Según Kalinowksi, esos resultados no reflejan en absoluto que se cometan más errores de ortografía que antes. “De hecho, hacia 2010, los ensayos son diez veces más largos y por lo tanto muchísimos más complejos y exigentes que lo que se pedía a principios del siglo XX”.

El lingüista subraya que lo que sucede es que “se está codificando una ortografía diferente para que las cosas tengan el aire de ser coloquiales, que uno, al leer algo en un tuit o en un chat, ya sienta que es una conversación como podría tener en la calle con un amigo. Poner todos los puntos, las tildes y las comas en un chat lo hace ver como excesivamente formal para el contexto donde está, de modo que los hablantes crearon nuevos códigos, muchas veces violando las reglas tradicionales de la ortografía, para crear ese registro de informalidad por escrito”.

A la pregunta de si los argentinos incurrimos en más errores que otros hispanohablantes, Kalinowski observa: “La ortografía finalmente es una gimnasia, que se va perfeccionando en la medida que uno se ejercita en eso, es decir leyendo y escribiendo mucho. No hay ninguna razón por la cual a priori un país deba tener peor ortografía que otro, a menos que haya un gran abandono de la lectura y la escritura, un colapso de las instituciones educativas, lo cual es un análisis para que haga alguien que se dedica a temas de educación”.

Imperiali, de @lacorrectoraok, considera que “es posible que la enseñanza de la ortografía ahora sea menos ‘estricta’”. “Mi abuela, por ejemplo, tiene grabadas algunas reglas a fuego. Pero no por eso me animaría a afirmar que ahora se cometen más errores. No me dedico a la investigación, así que sería irresponsable de mi parte decir que en Argentina cometemos más o menos errores. Suele haber una tendencia a creer que acá todo es peor, pero a mí no me consta”.

“De todas maneras, con total sinceridad, los errores de ortografía no me preocupan tanto como los problemas de comprensión de textos y escritura. Cada vez recibo más consultas por estas cuestiones y me parecen mucho más graves que confundir un símbolo con una abreviatura, por ejemplo”, opina.

Y desde @policia.de.la.ortografia, Rajchman cree “que se cometen más errores que antes porque la gente lee menos”. Y agrega: “Uruguay y Argentina son los únicos países hispanohablantes en los que viví, así que no sabría decirte de otros países. Una diferencia que encontré entre esos dos países es que en la Argentina muchísima gente dice ‘Voy de mi abuela’, entiendo que viene del italiano, pero no es correcto en español. En Uruguay no es común ese error”.

Autocorrectores: ¿aliados… o enemigos?
¿Y en qué medida los autocorrectores pueden salir al rescate de nuestra ortografía o, al menos, convertirse en herramientas útiles?

Según explica Kalinowski, pese a que se trata de una herramienta fundamental, “muchas veces nosotros sabemos más que el corrector. Y muchas veces sabemos más que el Diccionario de la lengua española, que a veces pone palabras en el diccionario como si fuesen generales y las usan solo los españoles”, como por ejemplo el verbo “abroncar”.

Por eso, propone recurrir “a los instrumentos sabiendo que uno es un hablante perfectamente competente de la lengua y que muchas veces el instrumento puede saber más, pero muchas veces uno puede saber más que el instrumento”.

El director del DILyF menciona el autocorrector de Google, “pésimo para establecer la concordancia”. “Nunca sabe con qué está concordando el adjetivo y el verbo, entonces uno no le puede hacer caso. Muchas veces uno va al Diccionario de la lengua española pensando que todo el saber está del lado del diccionario y el diccionario se equivoca mucho. En principio, porque los que lo escriben son hablantes de una sola variedad del español”.

Para Kalinowski, el gran problema que suele enfrentar la lengua es que, como “todos somos hablantes perfectamente competentes, nos hace pensar que somos también especialistas en lingüística y eso es completamente diferente. Una cosa es saber manejar el auto y otra es saber dónde está el carburador. Una cosa es ser usuario de la lengua y otra es saber lingüística. Esa separación en los debates lingüísticos suele estar borrada. La gente piensa que, por ser hablante, ya sabe lingüística, lo cual no es así”.