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martes, 2 de junio de 2026

Canadá, siempre a la vanguardia de lo ilegal

Marçal Font, en su depósito

"Una compañía canadiense ha irrumpido en librerías de todo el mundo comprando miles de ejemplares sin recorrido comercial. Los libreros denuncian que su objetivo es alimentar un algoritmo y deshacerse de los volúmenes." Con esta bajada, comienza el artículo de Pol Pareja, publicado en eldiario.ar, el pasado 23 de mayo.

La misteriosa empresa que compra libros viejos para entrenar a la IA y los destruye: “Es un expolio literario”

El primer pedido le pareció normal, el segundo ya le hizo sospechar. Marçal Font, propietario de la librería de viejo Fènix de Badalona, lleva semanas viendo cómo una misteriosa empresa canadiense le compra libros extraños: principalmente ejemplares en catalán que llevan años en su almacén, todos de no ficción y sin apenas salida comercial.

“Me pueden llegar siete pedidos seguidos del mismo comprador, con un minuto de diferencia entre ellos”, apunta este librero, que sospecha que quien hace las compras es un robot.

No es el único al que le ha ocurrido. Hay una veintena de librerías de viejo en España que también han vendido ejemplares a esta compañía desde finales de abril. Algunas incluso han recibido pedidos de más de mil libros, muchos de ellos descatalogados. Lo mismo está ocurriendo en tiendas de Alemania, EEUU, Nueva Zelanda, Australia…

Los libros elegidos van desde una edición sobre el mundo de los castellers en Granollers (Barcelona) en los años 70, hasta un manual técnico sobre cómo hacer vino, actas de congresos celebrados hace 50 años o dietarios de la Guerra Civil. 

“De media suelen ser libros de unos cinco o diez euros, con poco valor”, apunta Font, “y muchos son prácticamente imposibles de encontrar”.

El sector está desconcertado. ¿Para quién está comprando esta empresa decenas de miles de libros y los hace mandar a un centro logístico de EEUU? ¿Para qué quiere estos ejemplares que llevan años pillando polvo?

Este viernes, otra compañía de Silicon Valley (EEUU) vinculada a la IA ha contactado con una librería de viejo española, que prefiere no revelar su nombre, y le ha planteado un pedido de más de 3.000 libros.

El objetivo, según apuntan diversas fuentes, es entrenar modelos de Inteligencia Artificial (IA) antes de destruir estos volúmenes y reciclar su papel.

La apuesta no es nueva. Una investigación de The Washington Post desveló en enero un proyecto secreto de la startup Anthropic, que opera la herramienta de IA Claude, para “escanear y destruir todos los libros del mundo”, según señalaba un informe interno de la compañía.

 “No queremos que se sepa que estamos trabajando en esto”, remachaba el documento. 

La estrategia se enmarca en la necesidad de seguir alimentando esta tecnología una vez ya se ha nutrido de toda la información disponible en Internet. 

“Cuando el conocimiento gratuito se agotó, las empresas corrieron a repositorios piratas de e-books para seguir alimentando sus modelos”, explica Xavier Vinaixa, experto en IA y una de las personas que han tirado del hilo de este caso. “El uso de estos recursos desencadenó demandas millonarias por violación de derechos de autor”, añade. 

Las tecnológicas se enfrentaron entonces, explica Vinaixa, a lo que se conoce como el “data wall”: sin textos nuevos, inéditos y largos para entrenar el algoritmo, la IA corría el riesgo de sufrir un estancamiento cognitivo y acabar incluso alimentándose de documentos creados por su propia tecnología. 

La solución que encontraron estas compañías fue comprar en librerías de segunda mano de todo el mundo, normalmente ejemplares totalmente marginales de no ficción.

Un juez federal de EEUU dictaminó que la práctica es legal porque el uso que se hace de los libros es “transformativo”. Es decir, que no sustituye a las obras originales, sino que las emplea para crear algo nuevo: en este caso, un modelo de inteligencia artificial.

El magistrado llegó a comparar el entrenamiento del algoritmo con “enseñar a escribir a estudiantes”.

La práctica, sin embargo, genera rechazo en parte del sector porque implica la destrucción física de los ejemplares para optimizar el proceso: cuando los libros llegan a la planta de procesamiento, se les corta el lomo, las páginas se escanean de forma automatizada y, posteriormente, los volúmenes se trituran para convertirlos en pasta de papel.

Contradicciones en el sector

Los libreros de viejo llevan semanas inmersos en una profunda contradicción: por un lado, nunca habían vendido tantos libros. Por otro, tienen serias dudas sobre el destino de estos ejemplares. Hasta el punto de que han alertado al Ministerio de Cultura de lo que está ocurriendo.

“No somos sólo comerciantes sino que tenemos funciones de preservación, conservación y restauración del patrimonio bibliográfico”, apunta Miguel Ángel Ortega, librero y presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguo.

“Resultaría muy contradictorio que estuviéramos vendiendo libros con la finalidad de destruirlos”.

“Estamos ante una forma de expolio literario”, opina Font, el librero de Badalona, que mientras habla con este periódico recibe otro pedido de la empresa canadiense.

“Estamos viendo el tsunami que viene, creo que las instituciones deben intervenir”.

Font explica que con estas prácticas no se perderá, por ejemplo, lo que publicó Mercè Rodoreda. “Lo que está en riesgo es el libro que explica qué hizo Rodoreda el día que fue a algún lugar”, precisa. “De lo que se alimenta esta IA es de esta literatura secundaria”.

En foros especializados de todo el mundo hay cientos de mensajes de libreros asustados ante un aumento inusual de los pedidos. Los mensajes en Reddit, de libreros americanos, empezaron en enero. Al principal foro de Alemania las dudas llegaron a finales de abril.

“Ayer recibí un pedido (un libro). Lo envié. Durante la noche, recibí diez pedidos distintos, cada uno de un libro, algunos de los cuales eran consecutivos y estaban relacionados temáticamente”, escribe un librero alemán en un foro especializado. 

Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguo, el pasado jueves en Barcelona. Kike Rincón

Las primeras publicaciones versaban sobre si las compras podían ser un timo. Pasadas unas semanas y tras constatar que el dinero llegaba a los vendedores, el debate se ha centrado en quién está comprando miles de volúmenes sin recorrido comercial y por qué lo hace de una manera tan extraña: de manera escalonada y con costes de envío que en ocasiones triplican el precio de un ejemplar. 

“Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre”, alerta Ortega, que define como “perversa” la situación a la que se enfrentan. “Te entran escalofríos si te hacen un gran pedido y no sabes qué ocurrirá con los libros”.

Carlos Hernández, propietario de la librería de viejo Mautalos en Madrid, ha vendido a esta empresa unos 200 libros en el último mes y no es tan pesimista. “Mucha parte de nuestro stock son libros que la gente quiere tirar”, explica por teléfono. “Incluso muchos de los que vendo los recoge gente en los contenedores”.

Puede que no nos demos cuenta y estemos perdiendo una parte muy importante del patrimonio bibliográfico para siempre

La compañía no responde a las preguntas La empresa que está adquiriendo de forma masiva estos libros, Zoom Books, tampoco explica abiertamente cuál es el destino final de estos ejemplares que, en muchos casos, carecen de salida comercial. Formalmente, Zoom Books se dedica al reciclaje y la compraventa de libros, pero la empresa tenía hasta cinco publicaciones en su web sobre comprar ejemplares de segunda mano para alimentar algoritmos de IA y después destruirlos. Los posts también recordaban que a través de su plataforma se cumplían los requisitos legales para hacerlo.

Ninguna de estas publicaciones está ya disponible en la web de Zoom Books, pero esta redacción ha podido acceder a su contenido tras introducir las direcciones en tres modelos de IA —Gemini, ChatGPT y Claude: todos coinciden a la hora de describir el contenido eliminado. 

“Zoom Books es una librería de segunda mano; compramos excedentes y existencias usadas y las revendemos”, explica la empresa en un comunicado remitido a elDiario.es, en el que niega colaborar directamente con Anthropic.

Este periódico preguntó a la compañía si podía confirmar que sus libros no se destruían o se utilizaban para entrenar modelos de IA. También preguntó por las publicaciones eliminadas de la web en las que defendían estas prácticas. 

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“No hacemos comentarios sobre nuestros clientes ni sobre nuestros acuerdos comerciales, que están sujetos a acuerdos de confidencialidad”, se ha limitado a responder la compañía.

viernes, 6 de febrero de 2026

"Ya son muy pocas las cosas que se consiguen a bajo precio"

El pasado 9 de febrero, Juan Mendoza publicó un artículo en el diario Clarín, de Buenos Aires, sobre los coleccionistas de libros. En la bajada se lee: "Es una pasión en baja. Implica entrar en gastos suntuosos: ya son muy pocas las cosas que se consiguen a bajo precio. Cuando no es así, se pueden encontrar verdaderos tesoros tirados en la calle".

El arte de coleccionar libros antiguos

Era una tarde de verano en la librería. El propietario del local, después de cerrar al público, juntó a los tres habitués que quedaban y les pidió que por favor lo acompañaran hasta la sala contigua. Un pequeño recinto pegado a la entrada que hace las veces de despacho u oficina personal. Y desde cuyo escritorio hace sus traducciones o realiza sus pesquisas de ejemplares raros por Internet. Una vez allí, el librero comenzó a sacar de a uno los libros que traía en una caja. Apollinaire: La Roma de los Borgia; Poe: Cuentos extraordinarios; Samuel Becket: Esperando a Godot. Cuando iba ya por el quinto libro pronunció la frase: “ Hoy terminé de reunir el catálogo completo de Ediciones Del Mediodía. Diez años de investigación”.

F., otro de los coleccionistas que se encontraba allí, hizo notar un error. A ese catálogo le falta todavía un libro. Fue en ese momento cuando el propietario del local miró a quien esto escribe y dijo: “¿Para qué estoy haciendo esta reunión si no?” Era un acto de interesada generosidad. El único ejemplar que falta está en manos de F. La colección “casi” completa le estaba poniendo un nuevo precio al libro faltante. Suelto, muy poco o mucho menos valía.

El arte de coleccionar libros antiguos es una pasión en baja. Implica entrar en gastos suntuosos: ya son muy pocas las cosas que se consiguen a bajo precio. Cuando no es así, se pueden encontrar verdaderos tesoros tirados en la calle.

Siempre reaparece la historia de aquel famoso coleccionista a quien, cuando murió, le pusieron en venta la casa. Para hacer más rápido el trámite, la inmobiliaria mandó a tirar todos sus libros a un container. La leyenda cuenta que, aquella vez, la inmobiliaria vendió una casa. Y arrojó a un container, dos.

Ediciones del Mediodía fue una editorial argentina, activa entre fines de los 60 y principios de los 70, reconocida por publicar antologías de autores como Baudelaire o René Char. La nueva colección es tan completa, que también incluye los “falsos” mediodías. Libros que se editaron con el nombre de la editorial pero que no formaron parte del catálogo original. Las falsificaciones son un anexo opcional, un bonus track para el coleccionista que adquiera el lote.

Bajo la dirección de Juan Carlos Cícero, sus publicaciones destacadas formaron parte de los últimos años de la edad de oro del libro argentino, que fue de los años 30 hasta la mitad de los 70. El nombre de la editorial tiene un eco nietzcheano. Para Nietzsche, el mediodía era un sinónimo de verdad: el punto culminante donde el sol está en su cenit, representando el cese de las sombras y el momento máximo de encuentro con el saber.

Anochecía. Este cronista ocasional partió de la librería con otros libros. Entre ellos, un ejemplar de El Congreso, el cuento más largo de Jorge Luis Borges. Publicado por Cuadernos del Archibrazo, 1971. Y en donde el narrador alude a detalles de un “romance” suyo con “Norah Lange”.

Y un ejemplar de Aguafuertes españolas, 1936. En una página interior, como una broma del tiempo, venía con una firma de Roberto Arlt.

lunes, 19 de febrero de 2024

Marcha atrás: los bouquinistas se quedan

En la entrada correspondiente al 28 de septiembre de 2021, este blog explica qué son los bouquinistas; vale decir, los célebres kioscos de libros usados que existen en las márgenes del Sena, en París. Luego, en la entrada del 21 de noviembre de 2023, se anunció la decisión de las autoridades francesas de retirar los kioscos por temor a que pudieran at contribuir de alguna manera atentados terroristas durante los inminentes Juegos Olímpicos de este año. Sin embargo, el presidente Emmanuel Macron dio marcha atrás. Así se explica en esta nota sin firma publicada por el diario Página 12, el pasado 14 de febrero.

Francia renuncia a retirar los libreros del Sena con motivo de los JJOO

Los libreros a orillas del Sena en París mantendrán sus icónicos cajones verdes durante los Juegos Olímpicos, después que las autoridades renunciaran a su controvertida retirada por motivos de seguridad, anunció este martes la presidencia francesa.

"El presidente (Emmanuel Macron) pidió al ministro del Interior y al prefecto de policía de París preservar el conjunto de libreros y que no se obligue a ninguno de ellos a desplazarse", ante la ausencia de una "solución de consenso", precisó esta fuente.

Con motivo de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos el 26 de julio, que tendrá lugar a lo largo de 6 kilómetros del río Sena a su paso por la capital, las autoridades preveían la retirada "durante días" de casi 600 de los 900 cajones por motivos de seguridad.

Sin embargo, los "bouquinistes" --hay unos 230-- rechazaban esta medida, máxime cuando algunas de las cajas tienen hasta 150 años de antigüedad y se espera la presencia esos días unos 15 millones de visitantes en la capital.

Macron, que calificó a estos libreros de "patrimonio vivo de la capital", pidió así cambiar el dispositivo de seguridad, después de que las autoridades redujeron en enero a la mitad el aforo para la ceremonia de apertura a unos 300.000 espectadores, según la presidencia.

Herederos de los vendedores ambulantes de libros del siglo XVI, los "bouquinistes" que venden libros de segunda mano e incluso souvenirs turísticos pueblan los muelles del Sena y se han convertido en un símbolo de la capital francesa.

La decisión se conoció solo unas semanas después de que la Asociación Cultural de "Bouquinistes" de París anunció que iba a recurrir a la justicia administrativa para tratar de impedir el desplazamiento forzado de sus puestos.

Dicha medida había causado una gran polémica al hacerse pública en el verano de 2023, a un año de la cita olímpica, ya que los puestos de madera pintada de verde que pueblan las orillas del Sena son una estampa tradicional para los parisinos y los turistas.


jueves, 15 de febrero de 2024

Un nuevo curro cordobés: alquiler de libros

Antes, quienes no tenían dinero para comprar libros recurrían a las bibliotecas públicas o municipales. Ahora, según se lee en la nota publicada el 28 de enero pasado, en el diario La Voz del Interior, de Córdoba, por Analía Martoglio, se alquilan. En la bajada, se lee: "Cuando por la crisis económica comprar libros nuevos resulta inalcanzable, alquilarlos se vuelve una opción útil para los lectores ávidos. A la par, crece el circuito de compra, venta y canje de usados".

Alquiler de libros a domicilio, una alternativa práctica y novedosa para los amantes del papel

Leer en papel se ha vuelto un hábito cada vez más difícil de conservar, no solo por lo que hoy sale comprar un libro nuevo (cuyo valor parte de los $ 10.000 en adelante) sino también por la explosión del formato digital y los audiolibros. Sin embargo, todavía quedan estrategias para los amantes del papel, como la compra y venta de usados, el trueque, las bibliotecas populares y ahora también, la opción de alquilar.

Hace seis años una pareja de jóvenes cordobeses lleva adelante un emprendimiento basado en esta última opción y la cantidad de lectores interesados en aprovecharlo no deja de aumentar.

“La demanda creció en estos años, llegan clientes nuevos mes a mes y nos sorprendió que se suman muchos jóvenes, no solamente la gente grande que es el público con el que más trabajamos”, cuenta a La Voz Agustina Chanquia, diseñadora gráfica y parte de “Libros Lipé”.

El 90% de las clientas de Lipé son mujeres a partir de los 40 años que “devoran” los libros, pero el público infanto-juvenil también tiene su espacio y es durante los meses de calor que resurge con más fuerza.

“En verano tenemos un mix con las personas que se quedan en Córdoba y buscan leer, y las que se van a otro lado y se llevan libros para disfrutar en donde estén”, suma Agustín Saavedra, publicista y también coordinador del proyecto.

La idea de crear un alquiler de libros surgió en el año 2018, cuando los emprendedores vieron la estantería llena de libros que la mamá y la abuela de Agustín tenían sin saber que hacer con ellos. Pensaron en venderlos o publicarlos pero les resultó engorroso.

“Un día a la mamá de Agus se acordó de un hombre que siempre pasaba por el barrio con un carrito lleno de libros. Era como una biblioteca andante y pensamos que podía ser una buena idea. Se veía en otros países pero no en Córdoba”, relata Agustina.

Así fue que averiguaron si era posible legalmente y cuando todo estuvo en regla se lanzaron, apelando a
sus habilidades en diseño y marketing. Al principio les costó y todo se manejaba de boca en boca pero con el tiempo llegaron a mas personas y el amplio recibimiento fue inesperado.

Primero iniciaron en barrio Poeta Lugones y en otros barrios de la zona norte como Márques de Sobremonte, San Martín y Villa Cabrera. En pandemia se animaron a los envíos en toda la ciudad impulsados por el poco tránsito que había en las calles.

“Ahora hacemos entregas en Carlos Paz, Villa Allende, Jesús María, Mendiolaza, Montecristo y próximamente estamos terminando una web para la entrega a nivel nacional”, dice Agustín entusiasmado. “Nos han hablado muchas personas de Buenos Aires, del sur, del norte, de Misiones. Les encanta la idea y preguntan cómo podemos hacerles llegar los libros hasta allá”, agrega.

El alquiler en este caso sería anual con una cantidad de libros establecida, mientras que los envíos se coordinarían a través de Mercado Libre o de encomiendas.

¿Cómo se alquilan los libros?
En Lipé hoy cuentan con más de 3.000 títulos. Más de 2.000 son novelas de todos los géneros y el resto se divide en libros de política, finanzas, juveniles y de autoayuda o psicología.

Aunque la mayoría conoce el proyecto a través de Instagram, Facebook o el boca en boca, el contacto principal se hace por Whatsapp. Por ese medio se comparte la página web donde el lector puede consultar el catálogo dividido en categorías.

Aunque todavía están trabajando en el desarrollo de un buscador que agilice el encuentro con el libro deseado, los jóvenes asesoran, guían y ofrecen recomendaciones de lectura para quienes lo necesiten.

Hay dos tipos de alquileres: por un mes y por dos meses. El primero incluye de 3 a 5 libros y cuesta $ 6.000 y el segundo incluye un máximo de 3 libros con un costo de $ 9.000. También está la opción especial de alquilar hasta 10 libros por $ 9.000 durante un mes. Todo depende del ritmo de lectura de cada persona.

En caso de no terminar de leer todo, se puede renovar un próximo mes re-alquilando los títulos viejos y agregando nuevos o extender una semana más el plazo. No es necesario ser socio o pagar una membresía mensual, el servicio se puede dejar y retomar cuando el lector quiera.

Los pedidos encargados se arman una vez por semana y tanto la entrega como el retiro se realiza a domicilio.

“Lo que hacemos es acordar una fecha y horario para llevarlo a domicilio. Pasados los 30 o 60 días volvemos a contactarnos por Whatsapp para avisarles que vamos a buscar los libros y preguntar si quieren hacer un nuevo pedido. Este servicio está incluido en el precio”, explica Agustina.

Para renovar el stock no solo compran sino que también reciben donaciones siempre que sean de libros de las categorías que actualmente ofrecen.

“Muchos tienen una biblioteca llena, quieren hacer limpieza y no saben qué hacer con esos libros. Les da lástima tirarlos, o regalarlos cuando no saben si los van a guardar. Con nosotros saben que hay personas esperándolos que los van a leer. Nuestros libros son valiosos porque sabemos que cada uno viene de una familia distinta. Los cuidamos como si fueran nuestros”, asegura Agustín.

La "magia" del papel
“Nosotros trabajamos exclusivamente libros físicos, no nos vamos a abrir a los digitales. Hay mucho de eso y queremos mantenernos en este tipo de lectura que la gente y también nosotros amamos. Tenemos 27 años y desde siempre hemos leído libros en papel, los virtuales son incómodos, te cansan la vista y te dan tener dolor de cabeza”, dice Agustín.

Agustina agrega que sus clientas los eligen porque tienen esa misma preferencia. “Siempre nos dicen que el papel tiene esa magia con el olor a las páginas, la posibilidad de ponerles un señalador, ponerlos en la mesita de luz. Tienen un encanto con el que los digitales no cuentan”.

La opción de alquilar es una alternativa más económica que la compra y se suma a las ya habituales estrategias que los amantes del papel aplican como la compra y venta de usados y el canje.

En esa visión mágica coinciden también algunos referentes del circuito de libros usados en Córdoba que consultados por este medio, refirieron como a pesar del auge virtual no solo no perdieron clientes, sino que además aumentaron impulsados por la crisis económica.

“Hay mucha insistencia sobre el papel. Atrae su mística y la magia de tenerlo en la mano. No es lo mismo leer en la compu o en un e-book, son prácticas de lectura diferentes. Igualmente no creo que una vaya en desmedro de la otra sino que conviven. No me parece que porque el libro digital tome relevancia se haya dejado de leer en papel”, afirma Augusto Rocamora, dueño de La Rosa de Cobre, librería dedicada a la compra, venta y canje de usados en calle Tucumán 379.

Y agrega: “el libro usado tiene una demanda constante por varias razones. Una es porque es una alternativa al precio del libro nuevo y otra tiene que ver con la búsqueda de libros extraños o de nicho, primeras ediciones o títulos agotados”.

Hoy comprar un libro usado sale un promedio de entre $ 3.000 y $ 6.000 dependiendo el lugar, la edición y el título. También se pueden encontrar algunos a precios irrisorios de entre $ 500 y $ 2.500 y excepciones raras de títulos muy actuales en $ 8.000 o de ediciones caras en $ 20.000.

Los libreros también acuerdan en que, contra todo pronóstico, el público joven es ávido del formato papel. Así lo afirma Elizabeth Triay duela de librería San Martín ubicada en Ayacucho 14: “Está la gente grande acostumbrada al formato físico, pero mucha gente joven viene una vez al mes a comprar su lotecito de libros. Son chicos de secundaria o que están en los primeros años de la universidad que les gusta tener el libro en sus manos”.

“El que es lector no compra un libro, compra cinco y viene todos los meses o semanas. Necesita una alternativa más barata”, suma.

En ese sentido, Mariana Bocco remarca la atracción que genera en el público la posibilidad del canje. Como dueña de la librería Nuevo Siglo ubicada en General Paz 264, observa constantemente a los clientes que traen sus libros para cambiarlos por otros que quieren leer.

“Nosotros se los tasamos a la mitad del valor que tiene el libro que van a comprar y estamos recibiendo mucha demanda ahora en verano y también por la crisis. Así como la falta de plata favorece algunos rubros y vuelven a resurgir los que arreglan bicicletas, las costureras y los zapateros, nosotros notamos que la gente que antes compraba todo nuevo ahora viene acá a comprar libros de segunda mano”, cuenta.

martes, 28 de septiembre de 2021

Una brevísima historia de los "bouquinistes"


El pasado 26 de septiembre, en La Jornada Semanal, de México, Vilma Fuentes publicó un artículo que resume la historia de los kioskos de libros que se amontonan en los bordes del Sena, en París.

Les bouquinistes: los caminos de la lectura

El más distraído de los viajeros que se dirige a la capital francesa, por carretera o por tren, sabe que está llegando a París cuando ve de lejos la Torre Eiffel. La fisonomía parisiense afina sus rasgos cuando se penetra en la ciudad y los monumentos aparecen con nitidez, imponentes en toda su realidad, descubriendo las múltiples facetas de su vida. El palacio del Louvre, donde se aloja el más grande museo del mundo con la exhibición permanente de 35 mil de sus obras, la basílica del Sacré-Coeur en lo alto de una colina al norte de París, la Catedral de Notre-Dame escondida por el momento tras los gigantescos andamios levantados para su reconstrucción después del terrible incendio, la bella avenida de Champs-Elysées entre el Arco del Triunfo y la Plaza de la Concorde con su obelisco… Y, desde luego, el ondulante río Sena que atraviesa París de este a oeste, recorrido por sus barcos para turistas y sus largas péniches o barcazas fluviales. El paseo a lo largo de los muelles permite descubrir otra de las curiosidades más típicas de París: los bouquinistes, esos vendedores de viejos libros de ocasión, a veces auténticas rarezas de la bibliofilia. Estos peculiares libreros guardan su mercancía en grandes cajas de fierro o madera instaladas sobre las balaustradas del muelle a lo largo de una buena parte del Sena. En esos mismos cofres, una vez abiertos, exhiben sus libros extendidos en su interior y sobre mesas y bancas colocados contra la parte baja de la balaustrada. No hay paseante que no se detenga, aquí o allá, para hojear un libro viejo o una revista vuelta histórica con la edad: “Es imposible, para un parisiense, resistir al deseo de hojear viejas obras expuestas por un bouquiniste,” escribe Gérard de Nerval en Les filles du feu (1854).

El término bouquin, que originalmente significa “liebre”, toma el significado de libro, boucquain, en 1459, para designar un viejo volumen de poco interés, y no será sino hacia 1866 que designará cualquier libro en general.

Vendedores al aire libre, estos libreros ambulantes tiene un aire familiar que los hace reconocibles: “El bouquiniste tenía verdaderamente una cara de bouquiniste: un viejo tipo huraño con anteojos, tan polvoriento como su tienda”, señala Bernard Grasset con un tinte irónico. Más generoso, Anatole France, en El crimen de Sylvestre Bonnard (1881), nos dice de estos vendedores de libros de ocasión: “Los bouquinistes colocan sus cajones sobre el parapeto. Estos bravos marchantes del espíritu, que viven sin cesar afuera, la blusa al viento, son tan bien trabajados por el aire, la lluvia, las heladas, las nieves, las neblinas y el gran sol, que terminan por parecerse a las viejas estatuas de las catedrales.”

Hoy día, con sus novecientas cajas verde botella provistas de unos 400 mil bouquins, estos vendedores ambulantes, verdaderos símbolos de los muelles del Sena, aparecen en el siglo XIII como libreros juramentados y bajo la vigilancia de la Universidad de París con autorización de exponer sus manuscritos originales en tiendas portátiles. Con el nacimiento de la imprenta, el comercio de libros toma otro giro y los vendedores ambulantes aumentan, instalados principalmente en el Pont-Neuf. Pero los libros establecidos en direcciones fijas les hacen la guerra. Se reglamenta la venta de libros y se prohíben los vendedores ambulantes. A principios del siglo XVII son autorizados a vender a cambio de un impuesto, pero la tregua es corta y se ven a punto de extinguirse durante la Fronda. Por un lado, autoridades, libros y policías tratan de suprimir las tiendas portátiles clandestinas; por otro, los panfletistas no sometidos a la censura y las gacetas de escándalos intentan comerciar. Entre persecuciones y treguas, la suerte de los ambulantes evoluciona con la Revolución francesa y el término bouquiniste entra en el diccionario de la Academia Francesa en 1789. Es un período próspero para estos marchantes, cada vez más numerosos sobre el Pont Neuf, centro de todas las diversiones; lecturas públicas, animaciones musicales y espectáculos callejeros. Bajo Napoleón I ganan terreno con los nuevos muelles, y bajo Napoleón III son autorizados a ejercer su oficio. Al fin, en 1859, la alcaldía de París establece concesiones para instalar sus cajas en lugares fijos. En 1930, el largo de las instalaciones era de ocho metros. Hoy son tres kilómetros de libros, antiguos o contemporáneos, revistas, grabados, timbres, cartas postales, pero también souvenirs, juguetes y objetos diversos como gorras, camisetas y ropa diversa con imágenes de la Torre Eiffel u otro monumento parisiense.

Los nuevos gustos de los turistas evolucionan: las imágenes y otros objetos ganan terreno sobre los libros. Y no sólo los bouquinistes se ven obligados a vender artilugios diversos para sobrevivir: las grandes librerías están hoy invadidas por juegos de video y aparatos numéricos de todo tipo. Se puede sentir un cierto pesar cuando se piensa en el verdadero bouquiniste, hombre libre por excelencia, viejo anarquista amoroso de libros expuestos al aire libre.