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lunes, 21 de julio de 2025

Convocatorias M'illumino d'immenso 2025 Premio Internacional de Traducción de Poesía del italiano al español y viceversa

Como cada verano del hemisferio norte, se convocan los premios l “M’illumino d’immenso – Premio Internacional de Traducción del italiano al español y viceversa”, que organiza con la traductora italiana Barbara Bertoni con el poeta mexicano Fabio Morábito. 




VIII Edición MIDI del italiano al español

https://iicmessico.esteri.it/wp-content/uploads/2025/06/Bando-MIDI-spagnolo-2025-in-spagnolo.pdf




-III Edición MIDI del español al italiano

https://iicmessico.esteri.it/wp-content/uploads/2025/06/Bando-MIDI-italiano-2025-in-spagnolo.pdf

En ambos casos el premio es de 1000 euros.

Las convocatorias cierran el 20 de agosto.

jueves, 30 de noviembre de 2023

Para quienes estén en Ciudad de México mañana


Literarture Ireland, conjuntamente con las editoriales Universidad de Guadalajara, Yarumo y Del Lirio, mañana presentan Cuentos irlandeses contemporáneos, una selección de Sinéad MacAodha y Jorge Fondebrider, con traducción de éste, Matías Battistón, Jan de Jager, Andrés Ehrenhaus, Pedro Serrano e Inés Garland.

El acto tendrá lugar en la Casa Refugio y contará con la presencia de los escritores José María Espinasa, Fabio Morábito y Pedro Serrano, además de los antólogos.

La entrada es libre.



martes, 27 de junio de 2023

Premio M'illumino d'immenso 2023: castellano/italiano



El Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México, la Embajada de Suiza en Méxicoy el Laboratorio Trādūxit, bajo el patrocinio de Biblioteche di Roma, la Embajada de México en Italia yla IILA, con el fin de fomentar la traducción y difusión de la poesía en lengua española,

Al ya tradicional premio de traducción "M'Illumino d'immenso" del castellano al italiano, el Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México, la Embajada de Suiza en México y el Laboratorio Trādūxit, bajo el patrocinio de Biblioteche di Roma, la Embajada de México en Italia yla IILA, con el fin de fomentar la traducción y difusión de la poesía en lengua española, convocan a la primera edición de un nuevo premio

Premio Internacional de Traducción de Poesía del español al italiano

 BASES

1. Se premiará la mejor traducción alitaliano de dos poemas en lengua española, uno de Eduardo Lizalde (México)y otro de Daniel Samoilovich (Argentina).

2. La selección de ambos poemas estuvo a cargo del poeta Fabio Morábito.

3.Los participantes tienen que traducir al italiano los dos poemas que se encuentran al final de la presente convocatoria.

4. Podrán participar concursantes de cualquier país.

5. Los concursantes deberán enviar sus propuestas de traducción en un archivoWord(Times New Roman, 12 puntos, interlineado doble) a milluminodimmenso.italiano@gmail.comcon el asunto “M’illuminod’immenso 2023”. El archivo que contiene la traducción debe llamarse “Traducción” y no debe incluir ningún dato del participante ni notas al pie de las traducciones. En un archivo aparte del mismo correo, que se llamará “Datos personales”, se deberán incluir los siguientes datos:

APELLIDO:

NOMBRE:

FECHA DE NACIMIENTO:

LENGUA MATERNA:

NACIONALIDAD:

PAÍS DE RESIDENCIA:

TELÉFONO:

EMAIL:

MEDIO DONDE SE ENTERÓ DE LA CONVOCATORIA (página web, red social o correo electrónico, etc. Especificar de qué institución):

 

6. La convocatoria se cierra el 20 de agosto de 2023 a las 23:59 (GMT). No se recibirán propuestas después de esta fecha y hora.

7. El jurado es internacional y está conformado por poetas y traductores: Barbara Bertoni (Italia), VanniBianconi (Suiza), Valerio Magrelli (Italia) y Fabio Morábito (México).

8. El fallo se dará a conocer a más tardar el día6 de octubre de 2023a través de la página web del Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México (https://iicmessico.esteri.it/iic_messico/it/).

9. La ceremonia de entrega del premio será el viernes 20de octubre de 2023a las 19:00en el Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México, ubicado en Francisco Sosa #77, Col. Villa Coyoacán, Alcaldía Coyoacán, Ciudad de México, en el marco de la XXIII Semana de la Lengua Italiana en el Mundo.

10. El premio consiste en:

a)      1000 euros[1];

b)      constancia de reconocimiento;

c)      publicación de las traducciones en los siguientes medios: Biblit. Idee e Risorse per Traduttori (Italia) y Specimen. The Babel Review of Translations(Suiza).

11. Se aceptará solamente una propuesta de traducción de los dos poemas por concursante.

12. El premio puede declararse desierto.

 

Canción del burócrata

 

Amanuenses amigos, tómenlo seriamente en cuenta:

no pasará a la historia una maldita línea

de todos esos górgoros y espasmos oratorios;

ni una sola frase de toda esa esplendente

bazofia literaria, que alumbra oídos albos,

consignarán los siglos justicieros.

¡Y miren quién lo dice!

Este burócrata, este Bartleby aterrado

que a su mesa se agarra en la tormenta

y cuyos pálidos poemas

naufragarán, es previsible y justo,

bajo las mismas ondas del odio y del olvido

que a los serviles cubren con el tiempo,

como un manto bajuno,

un estigma bestial y deplorable.

Este maltrecho creador, de pequeñeces con cuello de jirafa,

es el burócrata eterno:

y sólo oficios, lápices, registros, memoranda,

discursos de ocasión, estigmas, folios, pruebas de galera,

pasan bajo sus manos durante media vida,

sin la gloria del sueño metafísico,

la angustia heroica de la auténtica miseria material.

No quisiera decirlo frente a nobles testigos,

pero es obvio que este discurso involuntario

y desgarbado constará en mi expediente marrullero

como la más nostálgica y sonora canción de náufrago

y como el menos entusiasta y verdadero canto a mí mismo.

Salve, Walt Whitman.

 

Eduardo Lizalde,Nueva memoria del tigre (poesía 1949-1991), FCE,México, 1993.

 

Ypacaraí

 

En decenas de sombreros

tendidos a lo largo de un alambre

vuelan los pájaros en detenidos círculos

entre letras encantadas:

 

     CARAÍ RE,

 ERDO DE YPACA,

   CUERDO DE Y,

      RAÍ RECU.

 

Pero ni un alma se desliza sobre el lago

y parece improbable que alguien quiera

recordar mañana lo que no quiere vivir hoy,

no hay cabezas para estos sombreros,

la feria fracasa, y con ella

el romántico prestigio del lago, fracasa este país,

el subcontinente en el que está ubicado, salvo

que no estuvieran acá para triunfar,

se tratara tan sólo de las notas redondas

de un pentagrama de alambre, la música

colorida, ritual, que toca el viento

en la mañana de un áspero domingo.

 

Daniel Samoilovich, Siete colinas de jade. Antología 1973-2013, Conaculta, México, 2015.



[1] Menos gastos de transferencia bancaria.

miércoles, 21 de octubre de 2020

Un premio a la traducción de poesía italiana que se otorga en México , como aperitivo, una mesa redonda sobre traducción de poesía

 

El Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México tiene el gusto de invitarlos a la ceremonia de premiación via ZOOM de la III edición de “M’illuminod’immenso. Premio Internacional de Traducción de Poesía del italiano al español” que será precedida por un diálogo entre tres poetas traductores

Jueves 22 de octubre de 2020. A las 12:00 (hora de la Ciudad de México), 14 (hora de Buenos Aires), 19:00 (hora de Roma).

Participan: Hernán Bravo Varela, Jorge Fondebrider y Fabio Morábito

Modera: Barbara Bertoni

En el marco de la vigésima semana de la lengua italiana en el mundo, Hernán Bravo Varela, Jorge Fondebrider y Fabio Morábito, poetas y traductores con larga trayectoria, entablarán vía ZOOM un diálogo sobre poesía y traducción.

Al finalizar, tendrá lugar la ceremonia de premiación de la tercera edición de “M’illuminod’immenso. Premio Internacional de Traducción de Poesía del italiano al español”, un concurso pensado con el fin de fomentar la traducción y la difusión tanto de la poesía italiana como de la poesía suizo-italiana en los países de habla hispana. El premio es organizado por los poetas Vanni Bianconi (Suiza) y Fabio Morábito (México), y por la traductora Barbara Bertoni (Italia), directora del Laboratorio Trādūxit, gracias al apoyo del Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México y de la Embajada de Suiza en México, y bajo el patrocinio de Biblioteche di Roma.

En este premio de traducción italo-suizo, los concursantes deben traducir un poema de un autor italiano y otro de un autor suizo de lengua italiana; en esta ocasión se trató de los poemas “Gliireosgialli” de Luciano Erba (Italia) y “La carta dellearance” de Pietro De Marchi (Suiza). 

En esta tercera edición hubo 183 concursantes de 18 nacionalidades residentes en 21 países distintos (Alemania, Argentina, Bolivia, Canadá, Chile, Colombia, Cuba, Ecuador, España, Estados Unidos, Francia, Guatemala, Italia, México, Panamá, Perú, Reino Unido, Suecia, Suiza, Uruguay y Venezuela).El jurado eligió como merecedora del premio Teresa Lanero Ladrón de Guevara (España) y concedió una mención honorífica a Jorge Yglesias García (Cuba).

En la ceremonia de premiación intervendrán también el poeta suizo Pietro De Marchi y Teresa Lanero (España), la traductora que ganó este año.

Para participar sólo es necesario enviar un correo electrónico a: iicmessico@esteri.it a más tardar a las 11 hrs. del día del evento.El evento se transmitirá también en vivo en la página de Facebook del Instituto Italiano de Cultura de la Ciudad de México (facebook.com/iicmessico).

LOS POETAS INVITADOS A DIALOGAR SOBRE TRADUCCIÓN Y POESÍA

Hernán Bravo Varela nació en la Ciudad de México yes autor de seis libros de poemas y tres de ensayo literario. Ha traducido al español y publicado diversos títulos de Emily Dickinson, Christina Rossetti, Gerard Manley Hopkins, Oscar Wilde, T. S. Eliot, Seamus Heaney y Leonard Michaels, entre otros autores. Obtuvo el Premio Nacional de Poesía Joven Elías Nandino en 1999 y el Certamen Internacional de Literatura Sor Juana Inés de la Cruz 2010, en el área de ensayo literario. Actualmente es Asesor Cultural de la Casa del Poeta "Ramón López Velarde", editor del Periódico de Poesía de la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México) y miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte.

Jorge Fondebrider nació en Buenos Aires y es poeta, ensayista, traductor y periodista cultural. Ha publicado varios libros de poemas, una gran cantidad de ensayos y ha sido compilador de 4 antologías de poesía argentina, 1 de poesía francesa posterior a la década de 1940 y una antología de poesía irlandesa contemporánea. Ha traducido a los poetas Henri Deluy, Yves Di Manno, Peter Sirr, Richard Gwyn, Moya Cannon y Tom Pow, entre otros. Asimismo, a Gustave Flaubert (Madame Bovary y Tres cuentos, ambas ediciones anotadas), Georges Perec, Bernard-Marie Koltès, Morris West, Paul Virilio, Claire Keegan, Anthony Cronin, Patricia Highsmith, Owen Martell, Jack London, Joseph Conrad y Patrick MacGuinness.


LOS ORGANIZADORES DEL PREMIO “M’ILLUMINO D’IMMENSO” - ESPAÑOL”

Barbara Bertoni (Génova, Italia)

Ha traducido más de cincuenta volúmenes de narrativa del español, inglés, francés, portugués y catalán al italiano. Desde 2015 coordina el Laboratorio Trādūxit, laboratorio de traducción literaria colectiva del italiano al español en el Instituto Italiano de Cultura Ciudad de México con participantes presenciales y a distancia. Los objetivos del Laboratorio Trādūxit son formar traductores literarios del italiano al español y difundir la literatura en lengua italiana en los países de habla hispana. 

Vanni Bianconi (Locarno, Suiza)

Es poeta y traductor. Sus poemas han sido traducidos al inglés, ruso, polaco, árabe, español, francés, alemán, húngaro y croata. Algunos de suslibros son Ora prima. Sei poesie lunghe (Casagrande, 2008), Il passo dell’uomo (Casagrande, 2012), Londonas a Second Language (Humboldt Books, 2016) y Sono due le parole che rimano in ore (Casagrande, 2017). Es el director artístico de Babel, festival de literatura y traducción, y uno de los animadores de Specimen, revista en línea de traducción.

Fabio Morábito (Alejandría, Egipto)

Transcurrió su infancia en Milán y a los quince años se trasladó a México, donde vive desde entonces. A pesar de que su lengua materna sea el italiano, ha escrito toda su obra en español. Es autor de varios libros de poesía, cuento, ensayo y dos novelas. Tradujo la poesía completa de Eugenio Montale y Aminta de Torquato Tasso. Ha residido largas temporadas en el extranjero y varios de sus libros han sido traducidos al alemán, inglés, francés, portugués e italiano.

jueves, 26 de marzo de 2020

Una encuesta para traductores de poesía (IV)

Cuarto día de la encuesta para traductores de poesía.

Jorge Aulicino
Traductor de Guido Cavalcanti, Dante Alighieri y una enorme cantida de poetas italianos contemporáneos.

1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Soy un aficionado, de manera que traduzco lo que siento afín a mi propio interés. En otras palabras, traduzco poemas, libros, que me gustan, para que se asienten mejor en mi lengua materna. Según como yo la hablo, claro. Digamos que eso es un ejercicio para mis propios fines creativos.

2)  ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Pocas veces recibí encargos. Cuando lo hice, siempre fue sobre textos que me interesaban.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
En el caso del único contrato importante que hice en mi vida por una traducción, que fue por la de los tres libros de la Divina Comedia, recibí un adelanto y luego la liquidación de los derechos de autor. Los recibí puntualmente. El porcentaje era menor que el que se considera recomendable, pero como estaba cerca de esa cifra, lo tomé. En resumen, fue un trato que consideré más o menos bueno en el contexto de las formas extravagantes y leoninas que asume el pago a los traductores en este país.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
¿Se puede hacer algo? Creo que los traductores se allanan a lo que se les ofrece o discuten sus derechos individualmente hasta donde pueden. El contexto es horrible, porque cada vez menos obras se traducen al castellano en la Argentina, que fue un país de traductores buenos, pasionales, quizá producto de una industria hoy en decadencia, producto a su vez de la emigración española en gran parte, que eligió este lugar de la costa atlantica porque era aún una región próspera. Con un agregado de tipo cultural: la educación terciaria gratuita, el acceso a la educación. Si se agrega el componente cosmopolita que la inmigración puso en la sangre local, ese territorio era prometedor, y en gran medida cumplió sus promesas: hasta los años 70 éramos realmente una nación culta, que gestionaba su industria cultural y por consiguiente su propia cultura. Desde los 50 los sucesivos golpes militares, que fueron asimismo económicos, especialmente el último, destruyeron casi por completo la economía y la cultura.

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Recibí solo un subsidio del gobierno municipal de Buenos Aires para la primera edición mi versión del Infierno de la Comedia, que salió en un sello independiente. Un subsidio que cubría, creo, solo 70 por ciento del costo de edición. No estoy al tanto de las políticas de subsidios. Me irrita pensar que haya que suplicar subsidios para algo que debería ser un trabajo muy bien remunerado.

Fabio Morábito
Traductor de Eugenio Montale y de Torquato Tasso, entre otros


1)  ¿Por qué razón traduce poesía?
Cuando he traducido poesía por puro gusto, lo he hecho como la manera de apropiación del texto más profunda que estaba a mi alcance, aunque no significa que sea la mejor. De hecho, no lo es.

2)  ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Las traducciones más importantes que he hecho han sido encargadas por una editorial.

3)  ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
Lo desconozco. Proponen un precio y uno lo acepta o no lo acepta, según le lata a uno.

4)  ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
Cuando he negociado con una editorial, no ha sido por dinero, sino por tiempo. He exigido el triple del tiempo de lo que estaba dispuesta a concederme la editorial y lo conseguí.

5)  ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
Conozco los apoyos a la traducción que existen en México y son apoyos que solicitan las editoriales, no los traductores, pues una de las condiciones para otorgarlos es que el texto que se va a traducir cuente con un compromiso de publicación. Con esos apoyos, las editoriales pagan la traducción o una parte de ella. Antes, en México, existían becas de traducción, que eran solicitadas, ésas sí, por los traductores, y consistían en una paga fija y en la obligación de entregar la obra traducida dentro de un plazo definido. Entraban a concurso y los ganadores se aseguraban una buena paga durante un año. Luego se vio que se corría el riesgo, al no existir un compromiso editorial de por medio, de que esas traducciones acabaran en el cajón del escritorio del traductor, por eso se comenzó a exigir el aval de un editor, y de ahí en adelante fueron los editores quienes solicitaban directamente el apoyo.

Armando Roa Vial
Traductor de buena parte de la literatura anglosajona medieval y un enorme número de poetas de lengua inglesa.

1) ¿Por qué razón traduce poesía?
Traduzco poesía porque lo veo como un privilegiado ejercicio de reescritura que me ayuda a encontrar mi propia voz y, al mismo tiempo, me transforma en un lector especialmente atento de lo que traduzco. Traducir, para mí, es entonces indisociable de la creación, una apuesta legítima de apropiación, con credenciales propias, y no un ejercicio derivativo o de segunda mano. 

2) ¿Cómo llega a la traducción? ¿Propone usted mismo al autor? ¿Recibe encargos de parte de la editorial? ¿De quién es la iniciativa?
Siempre he propuesto yo a los autores y, como se comprende, se trata de figuras por las que siento complicidad y admiración. Jamás podría traducir a un autor por el que no me una un vínculo afectivo, estético o intelectual. La iniciativa, entonces, ha sido generalmente mía.

3) ¿Qué criterio emplean las editoriales para considerar la paga que usted recibe?
Respecto al pago de honorarios de las traducciones publicadas en Chile, nunca he recibido un peso. Las editoriales me han remunerado con los derechos de autor correspondientes a la venta de ejemplares pero no por la traducción misma. Diferente ha sido el caso de traducciones publicadas fuera de Chile, donde se me ha pagado basándose en la cantidad de versos por página y en la dificultad del autor.

4) ¿Hace usted algo para mejorar esas condiciones?
En los últimos años he discutido bastante con la gente del Fondo del Libro, no sé si con mucho éxito, para cambiar y mejorar las políticas referentes a la traducción. Y es que en Chile, aunque tenemos muy buenos traductores, la conciencia en la importancia de desarrollar esta área es, desgraciadamente, mínima. 

5) ¿Conoce las políticas de subsidios a la traducción que tienen muchos países del mundo? ¿Los recibe?
De algunos países tengo información, más bien general, pero nunca he recibido un subsidio. 

martes, 17 de septiembre de 2019

"La traducción es un músculo que hay que ejercitar"

Desde el 2015, el Laboratorio Trādūxit, laboratorio de traducción literaria colectiva del italiano al español, es coordinado “a cuatro manos” por Barbara Bertoni y Tomás Serrano Coronado en el Instituto Italiano de Cultura Ciudad de México, con participantes presenciales y a distancia (de España y Argentina). En el marco de sus actividades, el 2 de mayo de 2018 tuvo lugar la siguiente conversación a varias voces con el poeta y traductor Fabio Morábito, de la cual se publican algunos fragmentos–, también publicados en el sitio del Periódico de Poesía, de la UNAM.

El músculo del traductor:
una conversación con Fabio Morábito

Fabio Morábito (1955) nació en Alejandría, Egipto, de padres italianos y a los tres años su familia regresó a Italia. Transcurrió su infancia en Milán y a los quince años se trasladó a México, donde vive desde entonces. A pesar de que su lengua materna es el italiano, ha escrito toda su obra en castellano. Es autor de varios libros de poesía, cuento, ensayo y novela. Tradujo la poesía completa de Eugenio Montale y Aminta de Torquato Tasso. Ha residido largas temporadas en el extranjero y su obra ha sido traducida al alemán, inglés, francés, portugués e italiano.

Barbara Bertoni: –¿Te acercaste primero a la poesía o a la traducción?
–Me acerqué primero a la traducción. Mi caso es un poco raro porque yo traduzco de una lengua materna a no materna. Traduzco del italiano al español, que no es mi lengua materna pero quiero creer que se ha vuelto mi lengua materna. Y creo que ha sido así en parte por la traducción; fue mi primera manera de agarrar confianza con la lengua española. Hubo un periodo de mi vida en el que yo no sabía muy bien qué hacer; estaba estudiando sociología, que no me interesaba mucho. Abandoné la carrera y de pronto se me ocurrió traducir poetas italianos: Ungaretti, Pavese, Saba, muy poco Montale (que se me hacía muy difícil). Traducirlos al español fue mi manera de agarrar confianza. El italiano todavía era mi lengua más fuerte; ahora ya no.

BB: –Y cuando decidiste ser escritor elegiste escribir en español...
–Era inevitable. Yo llegué a México a los quince, de manera que con tan pocos años y con una vocación todavía tan frágil –a esa edad uno quiere ser muchas cosas–, hubiera sido muy raro que yo escribiese en italiano. Lo hice con muchos cuentos porque el primer año en México fue de mucha soledad. No conocía a nadie y entonces escribía y leía mucho. Iba prácticamente todos los días a la Dante Alighieri, sacaba un libro, lo leía y al día siguiente sacaba otro, y escribía cuentos que mandaba al profesor de música que había tenido en la secundaria —un hombre muy culto y generoso que se tomaba el trabajo de leer esos cuentitos y me hacía sugerencias—. Eso es lo único que he escrito en italiano. Un día quemé esos tres cuadernitos, cosa de la que me arrepiento porque ahora me gustaría ver esos primeros ejercicios. De ahí en adelante todo lo que he escrito ha sido en español.

BB: –Aunque te acercaste a la traducción de forma autodidacta, sí tienes formación como traductor…
–Fue posterior. Estudié en el Colegio de México. Debo decir que ahí aprendí cosas mucho más interesantes, pero lo que menos aprendí fue a traducir. Sí fue una formación autodidacta; no dolorosa, pero sí problemática, porque cuando uno empieza a traducir se enfrenta a un problema, para mí irresoluble, y es que, en un sentido, la traducción es imposible. Ni siquiera la traducción de poesía sino la llana, como decir “Me gusta un perro”. Una frase tan simple pareciera que no daría problemas, pero sí los hay porque se traduce culturalmente. No traducimos sólo un idioma sino una cultura. Al principio te enfrentas con el hecho de que las palabras coinciden más o menos, pero uno siente que el sentido no es el mismo y eso paraliza. Yo he notado que algunos alumnos míos, en el curso que doy de traducción en la Licenciatura de Lenguas y Literaturas Modernas (Letras Italianas) de la UNAM, tienen todas las premisas técnicas para ser buenos traductores; conocen bien el idioma de llegada y de partida, pero hay algo, un problema metafísico, que los inquieta tremendamente. Hay muchas personas que no pueden traducir por eso: la conciencia de que la traducción es una traición los inhibe. Para traducir hay que aceptar que se traiciona.

BB: –¿Qué te inspira a escribir un poema y qué te empuja a traducir un poema?
–Si no hay un encargo editorial de por medio, como en el caso de Montale, traducir un poema es casi siempre porque te gusta mucho ese poema y lo quieres masticar, apropiarte de él casi orgánicamente. La mejor forma es traduciéndolo; es decir, reescribiendo lo que ya fue escrito. Es una forma de entender algo que no termina de entenderse en una simple lectura, para tratar de captar aquello que uno siente que se le escapa.
No sé por qué uno escribe un poema. Los estímulos son muchos: puede ser algo oído en la calle, una frase, algo leído, o destellos, así de repente. Montale decía que él escribía los poemas de golpe, cosa que a mí siempre me ha sorprendido porque son poemas tan complejos, tan trabajados, que uno los pensaría escritos después de muchas versiones. Él decía: “Lo que pasa es que tengo los poemas incubados, sin saberlo yo mismo, mucho tiempo, y de repente cuando escribo ya estaban casi hechos en mi cabeza de un modo inconsciente”. Ésa es una manera de escribir poesía: uno está escribiendo todo el tiempo, se fija y almacena cosas todo el tiempo, y de repente, a la hora de escribir, sale todo eso que estaba guardado.

BB: –¿Qué sientes cuando lees un poema tuyo traducido a otro idioma? ¿Es todavía tuyo o alguien se apropió de tu poema?
–Es una sensación a la que uno tiene que acostumbrarse. Ahora me están traduciendo al francés y he llegado a un acuerdo con la traductora, que vive en México, de trabajar juntos después de una primera versión, porque a mí me interesa mucho la musicalidad de la poesía. Lo primero que se pierde en la traducción es justamente el elemento sonoro. Los traductores tendemos a respetar el significado, temiendo no perderlo, y muchas veces sacrificamos ritmo y musicalidad. Por ejemplo, Stefano Strazzabosco, que tradujo una antología mía al italiano, hizo un muy buen trabajo con mis poemas. Aprovechando mi conocimiento, yo le hacía muchas sugerencias de cambios, que eran invitaciones a que traicionara más el original, cosa que él no se hubiera permitido si yo no le hubiera dado ese permiso a fin de que tuviera más libertad de trabajo con la sonoridad.

BB: –¿Consultas tus dudas con los poetas vivos que traduces o piensas que el lector (y también el traductor) tiene interpretar sin consultarlas?
–Cuando hay una duda lo mejor es consultar. Si uno no entiende una palabra, un verso, lo más honesto es, si se puede, preguntarle al autor lo que quiso decir. Realmente la poesía de Patrizia Cavalli es muy sencilla, pero en un par de ocasiones había palabras que yo no entendía. Le escribí y ella aclaró mis dudas. Más allá de eso, uno siempre está interpretando y cambiando las cosas. Eso es inevitable y no debe tentarse el corazón para hacerlo; si no, caemos en esas traducciones muy serviles, muy correctas, pero muertas.
Ahora, por ejemplo, estoy haciendo algo que nunca había hecho. Yo trabajo en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM. Ahí hay un Centro de Estudios Clásicos, que de hecho es un centro de traducción donde se traducen griegos y latinos. Para mí, se hace de un modo deplorable. Es una escuela de traducción en donde se calca prácticamente la sintaxis del griego y del latín. El resultado es, desde mi punto de vista y con honrosas excepciones, ilegible. Más o menos intuimos cómo era la sintaxis del griego y del latín, pero en esas traducciones no se nos está dando poesía, sino una cosa híbrida que no sabemos muy bien qué significa.
Hay un joven doctor del Instituto que está traduciendo líricos griegos arcaicos (Safo, Anacreonte, Arquíloco, etc.) y lo hace de esa manera, siguiendo esta escuela muy dura y filológica. Pero con la diferencia de que a él no le satisface nada. Como él no es poeta, ni se siente poeta, ni aspira a ser poeta, no se atreve ni quiere hacer una traducción poética. Entonces me propuso que hiciéramos un trabajo a cuatro manos. Es decir, que él ofreciera su traducción filológica y, sobre ella, yo hiciese una traducción más lírica y potable. Es un trabajo muy interesante: yo no sé una palabra de griego, él me ayuda a desentrañar las peculiaridades de cada verso y luego yo improviso. Los resultados son, desde luego, muy distintos. La traducción filológica y la lírica se parecen poco. Creo que es un ejercicio necesario para restituir algo de lo que era la poesía en sí: hecha para disfrutar, no para rescatarse como un documento académico.
Al traductor le interesa ser fiel y respetuoso hacia el original; o sea, no aprovecharse de él para alardear de sus propias virtudes literarias sino respetar el texto lo más posible, pero no al extremo de volver ilegible el producto de esa traducción. La traducción siempre va a oscilar entre esos dos polos: ser respetuosa del original y, al mismo tiempo, construir un texto autónomo.
Cuando uno traduce autores clásicos, la complejidad está en que uno ya pueden consultarse dudas con el autor. Grave problema. A menos de que haya una exitosa sesión espiritista, que no es tan mala idea. En este trabajo que estoy haciendo me di cuenta de algo que no sabía. Estoy consultando muchas traducciones, no solamente la de mi colega, y me doy cuenta cómo cambian de una a otra; hay versos que cada traductor entiende o aprovecha a su manera. Eso es una ventaja porque me da permiso de ser también un poco arbitrario. No sabemos cómo se oían y cómo se vivían esos poemas. En concreto, los poemas griegos pertenecían a una cultura sobre todo oral, donde la poesía no se leía: se recitaba, se oía, se aprendía de memoria. De pronto, convertida en papel, cambia profundamente. Son muchas las mediaciones que nos alejan de ese producto original, y quererlo rescatar es una quimera. Sucede lo mismo la música griega antigua: nunca vamos a saber cómo sonaba, porque nunca hemos podido escuchar una lira.
Cuando traduje a Montale tenía el propósito de rescatar, dentro de lo posible, su musicalidad. Porque Montale ha sido, probablemente, el poeta italiano más musical de todos los tiempos. La suya es una musicalidad muy torturada, no cantarina; es muy seca, con muchas rimas internas. Montale es un maestro, por ejemplo, en recoger el sonido de una rima que está seis o siete versos arriba, cuando pareciera que ese sonido ya desapareció en la mente del lector. Era cantante de ópera; nunca se presentó, nunca debutó como tal, pero tenía un oído finísimo que le permitía hacer eso en la poesía. Entonces, me dije: “Si no hacemos una traducción que rescate la musicalidad, no estamos traduciendo a Montale sino inventando a otro poeta”. El resultado, por supuesto, me deja insatisfecho: la musicalidad en cualquier estrofa de Montale es mil veces superior a lo que yo pude lograr. Pero hice ese esfuerzo, cuando otros traductores de Montale ni siquiera lo intentaron. Ellos, muy correctitos, tradujeron palabra por palabra. No todas las traducciones son así: hay algunas más vivas pero muchas son sordas, y yo creo que el propio Montale diría “ése no soy yo”.
En el caso de Tasso tuve una polémica por escrito, muy interesante, con Antonio Alatorre, quien junto con Margit Frenk ha sido uno de los más grandes filólogos en México. Cuando publiqué un fragmento de mi traducción de Aminta en una revista, él la criticó por escrito. Alatorre me decía, por ejemplo: “No usas ‘zagalejo’, una palabra que quiere decir ‘muchacho’ y que aparece en la traducción anterior, hecha por Jáuregui, una de las grandes traducciones del italiano al español, elogiada por el propio Cervantes en El Quijote”. “Zagalejo” era una palabra viva en ese momento, la decían en la calle. Hoy nadie la usa. Había que poner “muchacho” —tampoco iba a poner “chavo”—. Él decía que “zagalejo” nos trae el sabor del Siglo de Oro. Pero no se trata de traer el sabor del Siglo de Oro, se trata de meter a Tasso en nuestras palabras y sensibilidad. Tuvimos un intercambio que luego se publicó y en el que, según él, hubo un empate técnico, cosa que me dio mucho orgullo: yo estaba debatiendo con un gran filólogo, un hombre muy inteligente y sensible. Hay tantos filólogos que no tienen sensibilidad literaria; él sí la tenía.
Traté de modernizar —no sólo traté: era inevitable que lo hiciera— y, sobre todo, de respetar el verso de Tasso, aparentemente amable pero en el fondo cargado de gran ingeniería poética: Tasso corta los versos, igual que Montale, con muchas rimas internas. El texto de Tasso es muy complejo y la extraordinaria traducción de Jáuregui es mucho más amable y light. Es decir, sus versos son muy apacibles, y la prueba de eso es que alarga la traducción en unos setenta u ochenta versos. Se toma todo el tiempo y su cadencia es más sinuosa. Me parecía el momento de hacer una traducción más moderna que reflejara lo que vivimos: un mundo más tortuoso y complejo. Esa fue mi apuesta con Tasso.

BB: –¿A qué español traduces? ¿A un español “neutro”? ¿Te corrigen tus traducciones en España?
–Yo tenía ese miedo con Montale porque era una editorial española. Pero ahí la suerte es que Nicanor Vélez, un extraordinario editor, era colombiano. Él era el primero en oponerse a esa costumbre ibérica de corregir a todos los que no escribimos en español peninsular. A mí me lo han hecho con mis libros de cuentos. Publiqué un libro de cuentos en Tusquets México, lo republicaron en Tusquets España y, para la nueva edición, me pidieron que corrigiera algunas palabras. En algunos casos se entiende: si uno pone “banqueta”, el lector español, colombiano y venezolano se imagina un banquito y no se entiende nada; hay que poner “acera”, que es la palabra neutra. Pero existe ese vicio, un poco colonialista, del que dice: “Venga aquí al español que vale, al verdadero español”. Por suerte, con Montale no tuve ese problema.
La pregunta que haces es conflictiva. Yo siempre me pregunto eso, no sólo en poesía, sino también en prosa: a qué español traducir. Siempre hay una oscilación. No podemos traducir a un español tan estándar que se vuelva incoloro, pero tampoco a uno demasiado local porque corremos el riesgo de, entre tantas variantes del español, volvernos provincianos y que sólo nos entiendan los de nuestro país.

BB: –¿Eres de los que piensan que sólo los poetas pueden traducir poesía?
–Hay una antología muy interesante de poesía italiana en la que, por primera vez, he visto que se antologa a traductores de poesía que no son poetas. Me parece un gesto muy interesante. Son traductores a los que, por alguna razón, no les interesa escribir su propia poesía pero son poetas al momento de traducir. No hay que pedirle a un traductor de poesía que te muestre sus credenciales de poeta o sus libros de poesía.

BB: –¿A qué poeta te hubiera gustado traducir y aún no lo has hecho?
–Tuve mis ínfulas dantescas. Empecé a traducir el primer terceto de la Comedia y me fue imposible. Porque hay que tomar muchas decisiones al traducir a Dante. Yo no lo traduciría con rima consonante: eso es limitar enormemente y no me sentiría capaz, con esa prisión, de traducirlo bien. Haría una rima libre, lo más sonora que se pudiese. Pero me gana mi ignorancia filológica. Para traducir a Dante hay que documentarse, consultar ediciones críticas; es un trabajo titánico al que habría que dedicar demasiado tiempo. Sería maravilloso poder traducir a Dante. Acaba de salir una traducción en Argentina de Jorge Aulicino donde, curiosamente, no suele respetarse el endecasílabo. Sí me ha impactado un poco el hecho de que el ritmo mismo esté roto. Puede ser una apuesta interesante, alejarse incluso del endecasílabo para obtener alguna ganancia en otro campo.

BB: –¿Qué traducción tuya te enorgullece más?
–La de Montale, por el esfuerzo. Tardé un año en decidirme; tenía mucho miedo. Finalmente me decidí cuando logré que el editor español me diera tres años de plazo. Ellos querían que lo hiciera en ocho meses. ¿Cómo se puede traducir la obra completa de Montale en ocho meses? Sí, se puede hacer, pero va a salir una porquería. Cuando logré que me dieran ese tiempo, entonces me animé. Creo que es un trabajo del que, con sus altibajos, estoy orgulloso.

BB: –¿Qué consejos le puedes dar a un joven traductor?
–La traducción es un músculo que hay que ejercitar. Después de dos clases con mis alumnos ya sé la calificación que va a tener cada uno de ellos. Con dos clases me doy cuenta quién es muy bueno, quién no es tan bueno, quién es malo. Eso no va a cambiar en un semestre, pero quizá sí en un año. Es una cosa muy lenta, como escribir. Nadie puede escribir mejor en dos meses. Es un trabajo muy lento y paciente. Mi curso es práctico: no vemos nada de teoría de la traducción. La teoría de la traducción no sirve para nada a la hora de traducir. Mi único consejo es seguir traduciendo y leer.

Jorge Issa: –¿Has sentido alguna vez la tentación, la necesidad de “mejorar” un texto cuando lo traduces porque juzgas que hay insuficiencias, errores? Hay traducciones mejores que el original y uno agradece que existan. Borges decía enorgullecerse más de lo que había leído que de lo que había escrito, pero se permitió “corregirle la página” a Herman Melville, cortar párrafos, añadir pasajes…
–¿Qué significa mejorar? Si se trata de añadir con impunidad, creo que es algo que ya nadie hace. O como en muchas traducciones, sobre todo decimonónicas, cuando el traductor pulía moralmente el texto original, las partes “indecentes”. En la cultura de la época existía ese permiso.
Pero el alarde del traductor sigue siendo un riesgo. Milan Kundera, en Los testimonios traicionados, cuenta que cuando llegó a Francia y aprendió francés, ya habían sido traducidas una o dos novelas suyas. Por primera vez pudo leer en francés su novela y brincó porque el traductor había pecado de virtuosismo. Donde el personaje decía “tomó un vaso de agua”, el otro decía “el vaso lanzaba reflejos de luz”. Kundera exigió a la editorial que retiraran esa traducción por ser barroca, sobre todo por tratarse de un autor que más bien se caracteriza por su sequedad y economía. Exigió que se retradujera y ahora podía él cotejar esa traducción. Es probable que el traductor pretendiese mejorar a Kundera: pensó que le faltaba la sensibilidad del rayo de luz atravesando el vaso. Hay que tener cuidado.
Cuando veo y releo mi traducción de Montale siempre pienso: “Qué lástima, este verso pude haberlo traducido mejor así”. Pasa lo mismo con lo que uno escribe. Uno puede estar perfeccionando todo el tiempo lo que ha hecho.

JI: –Me refería a la falta de modestia de pensar que pueden subsanarse insuficiencias.
–No hay traductor que se salve de eso. Hay que controlarse, pero a veces hay que darse también ese gusto, pensar en el lector. Eso justifica que, en algunas traducciones, me robe un trozo de otro traductor porque lo hizo muy bien. Si así fue, por qué no utilizarlo. Al final está la posibilidad de decir a dónde pertenece ese verso; uno decide si rinde cuentas o se hace pato.

Eleonora Biasin: –¿Cómo traducir un dialecto?
En México no tenemos dialectos, al menos del español. No queda más remedio que achatar el original porque, si no, tendríamos que inventar. Lo que más se parece a un dialecto es una jerga juvenil o gremial, un lenguaje dentro del lenguaje. El salto estilístico es enorme. Si yo traduzco, por ejemplo, a Trilussa y digo a qué lenguaje específico lo voy a traducir en México –un lenguaje que tenga un remoto parecido con lo que es un dialecto en Italia–, a lo mejor decido traducirlo a una jerga juvenil como de José Agustín. Es un experimento interesante porque, al menos, respeta eso: saltarse el lenguaje estándar. Traducir un dialecto a una jerga juvenil es traicionarlo de base, pero puede que el resultado lo justifique. El traductor tendría que decir que, puesto ante la necesidad de no traducir a un español pulcro, tuvo que escoger una jerga de algún tipo; advertirle al lector la enorme libertad que se ha tomado. Yo acentuaría el localismo porque un dialecto es un lenguaje ultra local.